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Dom.

18 / 5 / 2014

Prosperidad I

Hay mucha gente que se siente mal, se siente enferma, desanimada, y esto es debido a
que su situación económica no es buena; se han endeudado y piensan únicamente en cómo
cancelar su obligación, cómo salir de esa opresión y esto es debido a que no conocen lo que
Dios ha hecho por cada uno de nosotros, pero, cuando reaccionan y se reconcilian con Él, lo
primero que sucederá es que la deuda va a desaparecer.

Isa. 22: 22
Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará;
cerrará, y nadie abrirá.
Aquí la gente estaba en desánimo, en deuda. Todos estos hombres, cerca de
cuatrocientos, fueron llevados a David mostrándose descontentos, pero, al tener el
encuentro con Dios pudieron ser libres.
La llave de la casa de David tenía que ver con la promesa que Dios le había hecho
a él con respecto a la venida del Mesías, y que el Mesías vendría a través de su familia.

Habacuc 2: 7
¿No se levantarán de repente tus deudores, y se despertarán los que te harán
temblar, y serás despojo para ellos?
Cuando le debes a una persona y no puedes cumplir conforme le prometiste, a
veces, ésta quiere tomar venganza o tomar ventaja de ti porque no le has cumplido.
Cuando debemos a otras personas pasamos a ser esclavos de quienes les hemos
prestado, pero, si obedeces a la Palabra, esta deuda va a desaparecer.

I R. 17: 8 – 11
v. 8 Vino luego a él palabra de J ehová, diciendo:
v. 9 Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a
una mujer viuda que te sustente.
v. 10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la
ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó,
y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.
v. 11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me
traigas también un bocado de pan en tu mano.
Vemos cómo Dios envía a Elías a Sarepta de Sidón, donde encuentra a una mujer
viuda a quien Él ordenó que le sustente. Esta mujer era pagana y muy pobre, por lo que
no formaba parte del Pacto de Abraham; posiblemente dio la espalda a sus dioses
paganos y ahora clamaba a Jehová, Dios de Israel.
Independientemente de dónde esté, y de quién sea, Dios siempre honra la fe. El
Señor estaba probándola, así como Él nos prueba a todos nosotros.
v. 12 Y ella respondió: Vive J ehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un
puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora
recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo
comamos, y nos dejemos morir.
La viuda de Sarepta estuvo de acuerdo con el Señor de Elías y no consigo misma,
ella no había servido al Señor, sino a los ídolos paganos; pero, esas cosas estaban por
cambiar, por un pedazo de pan. Podemos darnos cuenta que su situación era de
desesperación.
v. 13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí
primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y
después harás para ti y para tu hijo
El pedido de Elías era una prueba para ella. ¿Cuál sería su decisión? La economía
del Señor estaba por ser presentada a esta mujer. El hombre dice, “déme a mí primero, y
luego, quizás, yo le devuelva algo a usted”. Sin embargo, el Señor dice: “Dame a mí
primero lo que sea que tengas, no importa cuán escaso pueda ser, aunque represente lo
mejor que tienes, y luego te lo daré de regreso”.
v. 14 Porque J ehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no
escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que J ehová haga
llover sobre la faz de la tierra.
v. 15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa,
muchos días.
v. 16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme
a la palabra que J ehová había dicho por Elías.
Dios dijo que la harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite disminuirá, y esto
sucedió porque la mujer obedeció dando de lo que no tenía al profeta de Dios. No pensó
que si le daba no quedaría algo para ella y su hijo, únicamente obedeció y lo que tenía se
multiplicó hasta que Dios haga llover sobre la faz de la tierra.

2 R. 4: 1 – 7
v. 1 Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo,
diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era
temeroso de J ehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por
siervos.
Muchos cristianos son como esta viuda. Hay depresión, pobreza y servidumbre en
sus vidas, en lugar de gozo, riqueza y libertad. En realidad, la situación difícil de sus
hogares no es la voluntad de Dios, es la voluntad de Dios que nosotros gocemos de
salud y prosperemos aun como nuestras almas prosperan.
v. 2 Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo:
Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite.
Para el cristiano la “casa” es nuestro cuerpo físico; el Espíritu Santo, representado
por la “vasija de aceite”, debe llenar la casa; esta mujer sólo tenía una vasija pequeña de
aceite y nada más.
v. 3 El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas
vacías, no pocas.
Muchas personas están satisfechas de vivir con escasos víveres espirituales,
cuando, si pudiéramos proveer más vasijas vacías, Dios las llenaría. “Presta… no pocas”.
v. 4 Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando
una esté llena, ponla aparte.
El Espíritu Santo, representado por el “aceite”, es inagotable; mientras hay vasijas
vacías, seguirá “derramándose”.
v. 5 Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le
traían las vasijas, y ella echaba del aceite.
v. 6 Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras
vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite
Nuestro problema es que reunimos muy pocas vasijas.
v. 7 Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y
paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede.
¡El Señor siempre da suficiente y más!
La mujer no sólo canceló su deuda, sino que sus hijos jamás fueron esclavos. Dios
es tu proveedor. Él te muestra de qué manera debes seguir adelante sin endeudarte, no
te hagas esclavo de las deudas.

Prov. 22: 26
No seas de aquellos que se comprometen,
Ni de los que salen por fiadores de deudas.
Tú sabes cómo suplir tus necesidades, aprende a sembrar, a darle a Dios lo mejor,
nunca le des miserias, ni tus diezmos se los des por partes, porque esto no tiene
bendición, al contrario, no llegas a ver los frutos y la pobreza sigue avanzando sin que tú
te des cuenta. Esta viuda obedeció lo que Dios le dijo a través de su siervo.
No aceptes ser fiador de nadie para pedir préstamo, nosotros somos más que
vencedores para desaparecer las deudas y desaparecerá la escasez de tu vida.

Prov. 21: 5
Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia;
Mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza
Sé diligente, sé sabio, que tus pensamientos te lleven a la abundancia; no hagas
las cosas alocadamente, pide dirección a Dios para que no vengas a la pobreza.

Sal. 34: 9
Temed a J ehová, vosotros sus santos,
Pues nada falta a los que le temen.
Ama a Jehová, nosotros que somos sus santos, que estamos separados para Dios,
nada nos faltará.

Hech. 4: 34
Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían
heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido
No había en medio de la iglesia algunos hermanos que tuvieran falta de algo, la
deuda estaba desapareciendo porque todo lo compartían.

Deut. 15: 4
para que así no haya en medio de ti mendigo; porque J ehová te bendecirá con
abundancia en la tierra que J ehová tu Dios te da por heredad para que la tomes en
posesión,
No habrá ningún pobre a tu alrededor, porque el Señor con toda seguridad te
bendecirá en la tierra que Dios te dio para poseerla