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Jue.

22 / 5 / 2014

La obediencia

La única voz que necesitamos escuchar es la voz de Dios, sólo sus palabras pueden
darnos una vida en abundancia, mantenernos caminando en la bendición y llevarnos hacia
donde necesitamos ir.

Jn. 6: 63
El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os
he hablado son espíritu y son vida.
¡La vida misma de Dios está en su Palabra!
Si eres salvo, eres una prueba viviente de esa verdad, “renacido no de simiente
(semilla) corruptible, por la palaba de Dios que vive y permanece para siempre”.

1 P. 1: 23
siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra
de Dios que vive y permanece para siempre.
La Palabra es la base de todo el reino de Dios. Es la clave para todos sus sistemas
y procedimientos. Jesús no dejó lugar a duda durante su ministerio terrenal, cuando las
personas les preguntaban: cómo Él les indicó una y otra vez el Poder de la Palabra de
Dios.
Él no dijo “Yo puedo hacer lo que quiero porque soy El Mesías y tengo un poder
sobrenatural especial”. Tampoco afirmó “Yo puedo obrar milagros cuando quiera, pues,
soy Dios manifestado en la carne”. Por el contrario, Jesús dijo entre otras cosas lo
siguiente:

Jn. 5: 30
No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo,
porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.
“No puedo yo hacer nada por mí mismo”. Jesús no dijo no lo haré, lo que Él expresó
fue “No puedo”… El Padre que me envió es verdadero; y yo hablo al mundo aquello que
he oído de parte de Él. Jesús en su humildad recibió toda autoridad del Padre, el juicio
que Él pronunció resultó de lo que Él oyó en su oído como se lo dio el Padre.

Isa. 50: 4
J ehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado;
despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los
sabios.
El propósito del Espíritu Santo en este capítulo es demostrar al hombre el Poder
inagotable de Dios que podría, si Él así quisiera, usar su poder en cualquier capacidad,
pero, más bien eligió enviar a su Único Hijo a redimir no solamente a Israel, como a la
totalidad de la humanidad. En este versículo Él está presentado como el discípulo
perfecto. Él solamente decía las palabras que le fueron dadas por Dios “para saber
hablar”. El afirmó esto 7 veces cuando estaba en la Tierra.

Jn. 8: 26, 28
v. 26 Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es
verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo.
Aunque ellos descartaron sus palabras como de poca importancia, sin embargo, se
cosecharían las consecuencias amargas; como lo trataba a Él y al Él sólo es lo que
determinará su destino, es así lo mismo para todos,, así como Dios es verdadero, Cristo
lo es también; el que respeta a Cristo acepta a Dios el Padre, y el que rechaza a Cristo
rechaza a Dios el Padre.
v. 28 Les dijo, pues, J esús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces
conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me
enseñó el Padre, así hablo.
Habla de la Cruz, aquel tiempo no ha llegado todavía, pero ocurrirá en la segunda
venida cuando miren al que ellos hirieron.
Cristo fue guiado completamente por el Espíritu Santo, aunque Él era Dios, Él era
también hombre y funcionó totalmente como un hombre mientras Él estaba en esta tierra,
como tal, Èl tuvo que aprender tal como todos nosotros.

Zac. 12: 10
Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de J erusalén, espíritu
de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora
por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.
“Yo derramaré” se refiere al Señor que derramará fuego sobre los adversarios de
Sión, pero el Espíritu Santo sobre sus habitantes. El Espíritu Santo señala el efecto moral
que se produce con la revelación “sobre la casa de David”.
La frase “Derramaré sobre ellos espíritu de gracia”, corresponde a la bondad de
Dios y significa que ya no confían en su Ley, sino en la gracia de Dios, que sólo se
encuentra en el Señor Jesucristo. “Y darramaré sobre ellos Espíritu de oración”, habla a
Israel que ruega al Señor y el Señor que ruega al Padre a favor de ellos. La palabra
significa “pedir con humildad y de todo corazón”.

Apo. 1: 7
He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y
todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.
La segunda venida de Cristo es el tema principal de este libro; la palabra “nubes”
representa grandes números de santos; se refiere a todos quienes estarán en las
inmediaciones de Jerusalén, y es hasta posible que mil millones podrían verlo por
televisión, los judíos, entonces sabrán que no cabrá sombra de duda de que Jesús es el
Mesías y Señor. El “lamento” ocurrirá debido al juicio que traerá Cristo al mundo por su
pecado y vergüenza.

Jn. 14: 10
¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo,
no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las
obras.
La clave es “creer” las palabras que salieron de la boca del Maestro son, en
realidad, las del Padre Celestial, el Padre lo hace por el Espíritu Santo.
¡Ése era el proceso que respaldó la vida y el ministerio de Jesús! Primero que nada,
prestaba atención y escuchaba las palabras de Dios. Luego, en fe, hablaba y actuaba en
base a esas palabras y el Padre que habitaba en Él las hacía una realidad.
Por esa razón Jesús consiguió siempre resultados en un 100 por ciento. Él nunca
dijo o hizo lo que Él quería. Jesús lo demostró en el estanque de Betesda. Cuando
caminó hacia el estanque, encontró una multitud de enfermos alrededor. Jesús amaba a
todos y seguramente deseaba sanar a cada uno de ellos. Sin embargo, caminó en medio
de la multitud y le habló a un solo hombre, y le dijo “¿Quiéres ser sano?”…

Jn. 5: 6 – 7
Cuando J esús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo:
¿Quieres ser sano?
Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se
agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
Levántate, toma tu lecho y anda…