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Padre, fuente de luz y calor, envíanos tu palabra viva,
y haz que la aceptemos sin miedo y aceptemos ser abrazados por ella.
Venga tu palabra, Señor y,
una vez encendido en nuestros corazones tu fuego inextinguible,
nosotros mismos seremos portadores de ese fuego unos para otros.

P. Ignacio Larrañaga
1




1
Aquel mismo día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del lago.
2
Como se reunió mucha gente, Jesús subió
a una barca y se sentó, mientras la gente se quedaba en la playa.
3
Entonces se puso a hablarles de muchas
cosas por medio de parábolas. Les dijo:
«Un sembrador salió a sembrar.
4
Y al sembrar, una parte de la semilla cayó en el camino, y llegaron las aves y
se la comieron.
5
Otra parte cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra; esa semilla brotó pronto,
porque la tierra no era muy honda;
6
pero el sol, al salir, la quemó, y como no tenía raíz, se secó.
7
Otra parte
de la semilla cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron.
8
Pero otra parte cayó en buena tierra,
y dio buena cosecha; algunas espigas dieron cien granos por semilla, otras sesenta granos, y otras treinta.
9Los que tienen oídos, oigan.»
10
Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron por qué hablaba a la gente por medio de parábolas.
11
Jesús les contestó:
«A ustedes, Dios les da a conocer los secretos del reino de los cielos; pero a ellos no.
12
Pues al que tiene, se
le dará más, y tendrá bastante; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará.
13
Por eso les hablo
por medio de parábolas; porque ellos miran, pero no ven; escuchan, pero no oyen ni entienden.
14
Así, en el
caso de ellos se cumple lo que dijo el profeta Isaías:
“Por más que escuchen, no entenderán,
por más que miren, no verán.
15
Pues la mente de este pueblo está entorpecida,
tienen tapados los oídos

1
Biografía del Padre Ignacio Larrañaga ofm cap, fundador Talleres de Oración y Vida.
Domingo 15 del Tiempo Ordinario - Ciclo A -
Julio 13 de 2014

“Tú tienes cuidado de la tierra; le envías lluvia y la haces producir”
Salmo 64
Mateo 13, 1-23

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y han cerrado sus ojos,
para no ver ni oír,
para no entender ni volverse a mí,
para que yo no los sane.”
16
»Pero dichosos ustedes, porque tienen ojos que ven y oídos que oyen.
17
Les aseguro que muchos profetas
y personas justas quisieron ver esto que ustedes ven, y no lo vieron; quisieron oír esto que ustedes oyen, y
no lo oyeron.
18
»Escuchen, pues, lo que quiere decir la parábola del sembrador:
19
Los que oyen el mensaje del reino y no
lo entienden, son como la semilla que cayó en el camino; viene el maligno y les quita el mensaje sembrado
en su corazón.
20
La semilla que cayó entre las piedras representa a los que oyen el mensaje y lo reciben con
gusto,
21
pero como no tienen suficiente raíz, no se mantienen firmes; cuando por causa del mensaje sufren
pruebas o persecución, fallan.
22
La semilla sembrada entre espinos representa a los que oyen el mensaje,
pero los negocios de esta vida les preocupan demasiado y el amor por las riquezas los engaña. Todo esto
ahoga el mensaje y no lo deja dar fruto en ellos.
23
Pero la semilla sembrada en buena tierra representa a los
que oyen el mensaje y lo entienden y dan una buena cosecha, como las espigas que dieron cien, sesenta o
treinta granos por semilla.»



Algunas preguntas para una lectura atenta…

¿Qué hizo Jesús cuando estaba sentado a la orilla del lago y vio mucha gente? ¿Qué contestó el Señor a la
pregunta de sus discípulos sobre por qué hablaba a la gente por medio de parábolas? De acuerdo a la
explicación que Jesús hace de la parábola del sembrador ¿Qué representa la semilla sembrada en buena
tierra?

Algunas pistas para comprender el texto…
P. Antonino Cepeda

Recordemos que los cinco discursos pronunciados por Jesús en el Evangelio de Mateo son la fundamental
enseñanza de Jesús. Aquí se inicia el tercer discurso, cuyo contenido son las parábolas del Reino de los
cielos. Esta parábola del sembrador es la primera de las aquí contadas. Ese solo hecho es de primordial
importancia para comprender la enseñanza de Jesús sobre el Reino de los cielos.

La parábola del sembrador responderá al rechazo que ha sufrido la palabra de Jesús particularmente por las
ciudades de Corazín, Betsaida y Cafarnaúm (Cfr. Mt 11,20-24). Por eso, será un llamado a la confianza y a la
esperanza en el Reino de Dios.

Jesús enseña a toda la gente sobre el Reino de los cielos en parábolas (13,1-3a), pronuncia la parábola del
sembrador (13,3b-9), da razón del por qué habla en parábolas (13,10-17) y explica la parábola del
sembrador (13,18-23).

Jesús es el sembrador de la Palabra de Dios. Notemos que en 13,1 se dice “salió Jesús de su casa…”, y luego
al inicio de la parábola “salió un sembrador a sembrar” (13,3).


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Él es sembrador incansable y generoso de la Palabra de Dios. Es lo que se expresa con esa siembra de la
semilla en todo tipo de terrenos: a lo largo del camino, en pedregal, en abrojos, en tierra buena.

Jesús habla en parábolas para que sólo los que estén bien dispuestos a escucharlo puedan comprenderlo;
mientras que aquéllos que estén cerrados en sí mismos y endurecidos sean incapaces de escucharlo a no
ser que se conviertan a Dios.

Jesús ya había dicho en su oración que el Padre revela los misterios del Reino a la gente sencilla, mientras
que lo oculta a los soberbios (Cfr. Mt 11,25). Dichosos son los discípulos porque pueden ver lo que
desearon ver los profetas y los justos.

Diversas actitudes ante la escucha de la Palabra de Dios.

Los tipos de terreno representan las diversas actitudes de los que escuchan la Palabra de Dios: quien no la
comprende, la recibe con alegría, las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas sofocan la
palabra, y el que la entiende, da fruto y produce.

Hay casi una total coincidencia en la explicación de la parábola en cada uno de los textos sinópticos (Mateo,
Marcos y Lucas).

La Palabra de Dios se ofrece a todos y de manera abundante. La Palabra de Dios no es para un círculo de
iniciados. La diferencia viene de parte de los oyentes de la Palabra.

Esta parábola del sembrador nos recuerda la imagen empleada por el profeta Isaías para referirse a la Palabra
de Dios como el agua que empapa la tierra y la hace germinar (Cfr. Is 55,10-11).

Estar dentro o estar fuera del Reino, no hace referencia en este caso a estar dentro o fuera de la Iglesia, sino
a escuchar o no la Palabra de Dios. Nosotros estamos llamados a escuchar la Palabra a la manera de un
terreno fértil que recibe la semilla.



En la audiencia general del 14 de mayo de 2014, en la plaza de San Pedro, el Papa Francisco invitaba a
pensar en lo que hace el Señor: “Él viene siempre a sostenernos en nuestra debilidad y esto lo hace con un
don especial: el don de fortaleza”
“Hay una parábola, relatada por Jesús, que nos ayuda a captar la importancia de este don. Como Jesús mismo
explica a sus discípulos, este sembrador representa al Padre, que esparce abundantemente la semilla de su
Palabra. La semilla, sin embargo, se encuentra a menudo con la aridez de nuestro corazón, e incluso cuando
es acogida corre el riesgo de permanecer estéril. Con el don de fortaleza, en cambio, el Espíritu Santo libera
el terreno de nuestro corazón, lo libera de la tibieza, de las incertidumbres y de todos los temores que
pueden frenarlo, de modo que la Palabra del Señor se ponga en práctica, de manera auténtica y gozosa. Es
una gran ayuda este don de fortaleza, nos da fuerza y nos libera también de muchos impedimentos”
2
.

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http://w2.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2014/documents/papa-francesco_20140514_udienza-generale.html

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Ahora preguntémonos:
¿Con qué tipo de terreno me identifico, de acuerdo a la explicación de la parábola? ¿Siembras
generosamente la Palabra de Dios, esparciendo la semilla tan ampliamente como puedes?


Señor, hoy vengo a recibir tu Palabra, que es una pequeña semilla.
Pero quiero que me hables claro sobre lo que necesito.
No quiero, por mi parte, cerrar el corazón a esta pequeña semilla, sino recibirla con alegría.
Para esto te pido fe, que me lleve a reconocer en tu semilla mi salvación
y me permita acogerla.
Necesito también confianza, para que tu semilla, Dios mío, crezca.
Y por último pido amor, ese amor que hace fructificar en mi vida el ciento por uno.
Así sea.
H. Jonas Massaneiro
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Cultiva mi corazón, Señor
y permite que tu Palabra pueda nacer, crecer y dar buena cosecha para mí
y para quienes me rodean.


Orar diariamente por las personas cuyos corazones se han cerrado a la verdad de Dios y, continuar
motivando a mi familia y comunidad para que las adversidades que hay en nuestra vida no ahoguen la planta
del Reino.




"La peor prisión es un corazón cerrado"
San Juan Pablo II

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http://es.catholic.net/imprimir/index.phtml?ts=5&ca=103&te=1241&id=51221