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Cuando la estructura familiar se transforma, los adultos se enfrentan a la difícil tarea de
reconstruir el entorno de convivencia
. Se forman entonces las denominadas familias ensambladas o
segundas familias
. En ocasiones, la llegada de una nueva pareja o de hijos aportados por cualquiera de los
miembros desestabiliza a los más pequeños de la casa. Si es tu caso, presta atención a
los riesgos que con más frecuencia hacen
peligrar la armonía
.Una separación mal gestionada puede sedimentar en los hijos como una
experiencia traumática
. Cada niño es un mundo, y las actitudes que desarrolla para hacer frente a la nueva
situación no siempre muestran de una forma clara cómo la ha asimilado.
Cambios de comportamiento o de carácter pueden estar escondiendo frustración,
dolor, o el deseo latente de reconstruir, a su manera, el único modelo de familia que ha
conocido hasta la fecha. Ármate de paciencia y comprensión, pero si observas que tus
propias herramientas se quedan cortas, acudid a un especialista infantil o terapeuta
familiar: es muy posible que os ayude a todos.Es importante que la estabilidad
emocional del niño prime sobre cualquier otra consideración, así como transmitirle que
sus padres biológicos siguen siendo su referencia inequívoca de afecto, protección y
seguridad.
Cuando los adultos se embarcan en una nueva pareja o matrimonio, el niño o
adolescente puede sentir amenazada su relación, el espacio propio que ha compartido
hasta ese momento con sus padres. Cuida el tiempo compartido con tu hijo e
intensifica el diálogo, es la clave para crear una relación de confianza que le permita
abrirse a ti incluso en los momentos más difíciles.El nuevo hogar que se construye con
otra pareja puede conllevar un cambio de casa o incluso de lugar residencia. Lo que para
los adultos significa un ilusionante empezar de cero, el niño o adolescente puede
interpretarlo como un vendaval de cambios en los que su vida se tambalea.
Ayúdale a proteger su mundo: desde las actividades extraescolares que realiza
periódicamente a la relación con su pandilla de amigos. Intenta que sus rutinas diarias
no se vean afectadas dramáticamente.Evita que la segunda familia fuerce el
distanciamiento del niño con el progenitor que no tiene su custodia. Las visitas no
son un instrumento para resarciar facturas pendientes de la anterior relación de pareja.
Si es posible, organizad el tiempo compartido con la mayor flexibilidad, de modo que
pueda naturalizarlas en su vida cotidiana y no las sienta como una obligación o un
espacio acotado sobre el que no tiene capacidad de decisión.La convivencia entre
hermanastros no es siempre tan idílica como en la famosa serie de 'Los Serrano'.
Excluir y sentirse excluido o sentir que peligra su sitio en el seno familiar son
sentimientos frecuentes frente al desembarco de esos desconocidos que a partir de ahora
serán sus hermanos.
Los agravios comparativos no harán sino afianzar en el medio y largo plazo los
sentimientos de celos y envidia entre hermanastros, de modo que la nueva pareja tendrá
que hacer frente a la situación con altas dosis de estrategia y ecuanimidad, y evitar a
toda costa convertir los conflictos entre chavales en una guerra fría de bloques (tus hijos
versus los míos).No es infrecuente que el niño focalice su resentimiento en el nuevo
cónyuge de su padre o madre biológicos, y desarrolle sus sus propias tácticas para
seguir siendo el centro de atención. Algunos adolescentes se pueden convertir en
verdaderos expertos de la manipulación.
Intensificad la comprensión, pero cuidado con caer en una permisividad excesiva: suele
disfrazar de forma encubierta cierta culpabilidad de los adultos y puede fabricar
pequeños déspotas.Es importante hacerle comprender con hechos, más que con
palabras, que la responsabilidad principal de su educación sigue correspondiendo a
su padre y a su madre biológicos.
Mantén la cabeza fría y no mezcles roles: la nueva pareja debe participar de la vida
familiar, pero no se trata de un sustituto para reemplazar la autoridad del padre o de la
madre de tu hijo. Si conseguís crear una buena relación etre todos los adultos que
forman parte de su vida, el niño será el mayor beneficiado, pues obtendrá directrices
claras y consistentes desde todos los ángulos que conforman sus referencias vitales.No
sólo los padres influyen en cómo los hijos asimilan una segunda familia. Si se quieren
construir relaciones positivas, el resto de los familiares también debe colaborar a que
los hijos comprendan la nueva situación y la vivan sin dramatismos.
Abuelos, tíos y amigos de la familia son frecuentes puntos de referencia de los chavales,
por lo que es importante que los padres promuevan que también ellos naturalicen el
ensamblaje.Evita a toda costa la descalificación entre los adultos que rodean al niño o
adolescente. Se sentirá perdido, o comenzará a atesorar argumentos para manipular en el
futuro vuestros afectos.
Aunque sea a través de comentarios aparentemente inofensivos, hacerle elegir entre su
nueva familia y el cónyuge anterior es una carga demasiado grande, que sentirá como
una responsabilidad emocional aunque no pueda (ni deba) hacerse cargo de ella.Del
mismo modo que en los trabajos se promueve la cultura de empresa, las familias son, en
cierto modo, corporaciones en las que no está de más un poco de trabajo en equipo.
Tomar decisiones en familia promueve que todos se sientan parte de la decisión, y al
mismo tiempo, aprendan a responsabilizarse con ese núcleo al que pertenecen.
Conseguir el consenso es siempre más complejo, pero sin duda fomenta que cada
miembro de la familia se sienta involucrado.
Terra Mujer/ T.S.