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LIBRO I

Prologo
1. Cuando Jeroboal
1
estaba bajo la encina desgranando el trigo con el mayal, según se lee (en la
Escritura), recibió el oráculo de liberar al pueblo de Dios del poder de los extranjeros
2
. Y no tiene
nada de extraño que haya sido llamado a la gracia, cuando, encontrándose a la sombra de la que ya
entonces era la cruz y la venerable sabiduría, — pues estaba anunciando el misterio de la futura
encarnación—, estaba limpiando de su vaina el trigo material de una mies abundante y separando la
elección de los santos de la escoria de la paja inútil. Estos probados como por la vara de la verdad
despojándose de lo superfluo del hombre viejo
3
con sus actos se reúnen en la iglesia como en un
lagar
4
. En efecto, la iglesia es el lagar de la Fuente eterna y en ella se vierte el fruto de la vid celeste
5

2. Movido por esta profecía, después de oír que el Señor, aunque carecieran de miles de soldados,
con un solo hombre liberaría de los enemigos a su pueblo, Gedeón ofreció un cabrito y según la
orden del ángel puso su carne y los panes ácimos sobre la piedra y vertió el caldo encima. Tan pronto
como el ángel del Señor los tocó con la punta de la vara que tenía en la mano, salió fuego de la piedra
y se consumió así el sacrificio que se ofrecía. Parece que con esta señal se declara que aquella piedra
prefiguraba tipológicamente Es EI cuerpo de Cristo, ya que está escrito: «Bebían de La piedra que los
seguía, y La piedra era Cristo
6
». Y esto ciertamente no se refiere a su divinidad, sino a su carne que
con el eterno fluir de su Sangre ha inundado los corazones de los pueblos sedientos.
3. Así pues, ya entonces se dio a conocer en el misterio que el Señor Jesús, crucificado, destruiría en
su carne los pecados del mundo entero
7
, y no solo los pecados de obras, sino también las pasiones
del corazón
8
. En efecto, la carne del cabrito se refiere a la culpa de las obras, el caldo a la seducción
de las pasiones, según está escrito: «Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo,
y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne!
9
» Y
entonces el ángel extendió la vara y tocó la piedra de donde salió fuego, indica esto que La Carne del

1
Según Jc 6:32 Se Trata De Gedeón
2
Cf. Jc 6: 11-22
3
Cf. Col 3:9
4
Cf, Jc 6:11
5
Cf. Jn 15:1-5
6
Cf. 1Co 10:4
7
Cf. Col 1:22
8
Cf. Mat 5:28
9
Cf. Núm 11:4
Señor, llena del Espíritu divino, consumiría todos los pecados de la humanidad caída. Por lo cual
también, el Señor dijo en una ocasión: «Fuego vine a echar sobre la tierra
10
»
4. Luego el hombre instruido y habiendo previsto lo que sucedería, observa los misterios del cielo.
Tomó un toro del hato de su padre y cortó los ídolos; luego en su lugar, edificó altar a Yahveh; y
tomando el segundo toro, lo sacrificó con la misma madera del ídolo
11
. Al hacer esto mostró que
después de la llegada del Señor cesarían los sacrificios que ofrecen los gentiles y el único sacrificio, la
pasión del Señor, sería ofrecido por la redención de las multitudes. Por eso el toro era un símbolo de
Cristo, en quien, como dijera Isaías, estaba lleno de los siete dones del Espíritu
12
. El toro también fue
ofrecido por Abrahan cuando vio el día del Señor y se alegró. Él fue quien se ofreció en el tipo de la
Cabra, otra vez en la oveja, en el tipo del toro.
La cabra porque Él es el sacrificio por los pecados, de la oveja, porque es la víctima que no se resiste
y en el toro porque Él es inmolado sin mancha.
5. Gedeón cuando vio el misterio profetizado. Luego escogió 300 hombres para la guerra y así mostró
el mundo deberían liberarse de sus peores enemigos, no por la multitud si no por el ministerio de la
Cruz. Y ahora aunque era valiente y lleno de fe, pidió al señor pruebas de su victoria, diciendo: « Si
has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho, he aquí que yo pondré un vellón de lana en la
era; y si el rocío estuviere en el vellón solamente, quedando seca toda la otra tierra, entonces
entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho
13
» Y aconteció así, pues cuando se
levantó de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el rocío, un tazón lleno de agua.
6. Alguien dirá que Gedeón no parece haber esperado en Fe, siendo que después de haber sido
instruido por muchos signos pidió más señales ¿Pero como nos puede parecer incrédula su actitud o
si esperando en la Fe de alguien que estaba hablando misterios? El no fue incrédulo si no cuidadoso
de que nosotros no dudáramos ¿Por que como duda aquel cuya oración fue eficaz? Y como podría
comenzar una guerra sin luchadores, a menos que se mueva bajo el mensaje de Dios?
7. Por tanto, cuando el orbe entero estaba seco causa del calor estéril de la superstición de los
paganos, aquel recio que visita desde el cielo estaba sobre el vellón. Pero después que perecieron las
ovejas de la casa de Israel, aquellas ovejas, digo, abandonaron la fuente de agua viva
14
, el rocío de la
fe rezumante se secó en el corazón de los judíos y aquella fuente divina desvió su curso hacia el
corazón de los paganos. Por eso, de entonces todo el mundo rezuma del rocío de la fe, mientras que
los judíos han perdido a sus profetas y consejeros

10
Cf. Lc 12:49
11
Cf. Jc 6:25-26
12
Cf. Is 7:2
13
Jc 6:36
14
Cf. Jer 2:13
8. Y no tiene nada de extraño si padecen la sequía de la incredulidad aquellos a los que el Señor Dios
privó de la abundancia de la lluvia profética, diciendo: «Ordenaré a mis nubes que no lluevan
sobre
15
» esta viña. De hecho, es benéfica la lluvia de la nube profética16, como también dijo David:
«Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; como el rocío que destila sobre la tierra
17
» Las
Escrituras divinas nos prometían para todo el mundo esta lluvia que cuando viniera el Señor y
Salvador, regaría el orbe con el rocío del Espíritu divino. Es así que ya vino el Señor, vi no también la
lluvia, vino el Señor trayendo consigo las gotas celestes. Y por eso nosotros, los que antes estábamos
sedientos, apagamos ya nuestra sed y con sorbos del corazón bebemos aquel divino Espiritu.

9 Así pues, lo que Gedeón vio de antemano era que los pueblos y naciones, al acoger la fe, habían de
beber el verdadero rocío espiritual. Y por eso indago con tanta diligencia; ya que la prudencia se hace
necesaria en los santos. Por lo demás también Josué, después de ver al capitán de la milicia celestial,
Ie pregunto: «¿Eres de los nuestros o de los enemigos?
18
» para no dejarse engañar por algún truco
del enemigo.
10 Y no fue en vano que pusiera el vellón en el campo o en el prado, sino que lo puso donde era la
recolección del trigo ya que «La mies es abundante, pero los obreros son pocos» pues por medio de
la fe del Señor habría de ser fecunda la mies de las virtudes.
11. Ni tampoco era ocioso que exprimiera el velón judaico y su rocío lo echara en un lebrillo, hasta
llenarlo de agua, pero él no lavó los pies de nadie con aquel rocío. Era otro el que estaba v reservada
la prerrogativa de tan gran misterio. Se esperaba a aquel que es el único con poder para limpiar la
suciedad de todos. Gedeon no era tan grande como para reivindicar para si este misterio. Pues no fue
Gedeon, sino el hijo del hombre quien vino no a ser servido, sino a servir. Así pues, sepamos en quien
se han cumplido esos misterios. No en el santo Jeroboal
19
. En efecto, aquello era aún el comienzo.
Por eso, los pueblos gentiles eran vencidos, porque lo que había en ellos era todavía la sequedad; y al
contrario Israel venció, porque el rocío aun permanecía en el vellón.


) ;
profetizaba que el Señor Jesús lavaría los pies de sus discípulos con aquel rocío celestial.

15
Cf. Is 5:4-7.
16
Para La Mentalidad De Ambrosio, Los Profetas Son Nubes (Is 5:6 Y 60:8) Que Con Su Lluvia, Es Decir, Con
Su Palabra, Riegan Al Pueblo De Israel. Los Profetas Solo Anuncian La Lluvia, Pero No Son La Liuvia. Más,
Porque La Anuncian Son Nubes Profeticas. La Liuvia Que Se Anuncia En Profecía Es Ia Palabra De Dios.
17
Cf. Sal 72:6
18
Cf. Jos 5: 13.
19
Gedeón.
Y ahora presentemos los pies de nuestra alma. EI Señor Jesús quiere lavarnos también a nosotros los
pies. Pues no solamente a Pedro, sino a cada uno de los creyentes dice: «Si no te lavo a. ti los pies, no
tendrás parte conmigo»

13. Ven, pues, Señor Jesús, despójate del vestido que revestiste por mí; quédate tu desnudo, para
vestirnos con tu misericordia. Cíñete por nosotros la toalla para vestirnos con la inmortalidad de tu
gracia. Echa agua en el lebrillo. «Lávanos no solo los pies, sino también La cabeza », y no solo los pies
de nuestro cuerpo, sino también los del alma. Quiero despojarme de toda la suciedad de nuestra
debilidad para poder decir también yo: «Me he desnudado de mi ropa; ¿cómo me he de vestir? He
lavado mis pies; ¿cómo los he de ensuciar?
20
»

14. ¡Que majestad tan grande! Como un criado lavas los pies de tus siervos, y como Dios envías el
rocío desde el cielo. Y no sólo lavas los pies, sino que también nos invitas a sentarnos contigo y por el
gran ejemplo de tu dignidad, nos animas diciendo: « Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís
bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también
debéis lavaros los pies los unos a los otros
21
»

15. Luego, yo también quiero lavarme los pies de mis hermanos. Deseo cumplir el mandato de mi
Señor, no estaré avergonzado de mí, ni menospreciaré lo que primero Él hizo. Provechoso es el
misterio de la Humildad porque mientras Él les lavaba la contaminación a los otros, yo estaba lejos.
Pero todos no fueron capaces de comprender este misterio. Abraham estaba, listo para lavar los pies
pero por sentido de hospitalidad
22
. También Gedeón quería lavarle los pies al Ángel del Señor que se
Ie había aparecido, pero quería lavárselo a uno solo, quería hacerlo como quien presta una atención,
no como quien crea lazos de comunión
«Grande es este misterio
23
» que ninguno llegó a comprender. Por lo demás, Él dijo a Pedro: «Lo que
yo hago, no lo comprendes, lo entenderás después
24
». Este es, digo, el misterio divino que lo
preguntan incluso a los que han lavado los pies. No es, por tanto, un agua común la del misterio
celestial, por cuyo medio conseguimos merecer tener parte con Cristo
25


16. Hay también un agua que debemos echar en el barreno de nuestra alma
26
, el agua que procede
del vellon y del libro de los Jueces, el agua del libro de los Salmos: El agua es el rocío de la proefecía
celestial. Que venga, Señor Jesús, este agua a mi alma, a mi carne, para que con la humedad de esta

20
Cf. Cnt 5:3
21
Cf. Jn 13:13 -14
22
Cf. Gen 18:4
23
Cf. Ef 5:32
24
Cf. Jn 13:7
25
Cf. Jn 13:8.
26
Cf. Sal 67:27
Iluvia reverdezcan los valles de nuestras almas y los campos de lo profundo del corazón. Que vengan
a mí tus gotas que destilan la gracia y la vida eterna. Purifica los pasos de mi alma, para que no vuelva
a peca r. Limpia el talón de mi alma, para que pueda abolir la maldicion; y no sienta la mordedura de
la serpiente en los pies de mi interior
27
, sino que, como tu mandaste a los que te siguen, pueda yo
pisar serpientes y escorpiones sin herir mis pies. Has redimid o el mundo, redime el alma de un solo
pecador.

17. Esta es la excelencia especial de tu misericordia, con que me has redimido al mundo entero, uno
por uno. Elías fue enviado a una viuda y uno limpió Eliseo: Pero Tú, oh Señor, en ese día has limpiado
miles, A Cuántos en la ciudad de Roma! ¡A Cuántos en Alejandría!, ¡A cuántos en Antioquía!, cuantos
muchos también en Constantinopla! Porque incluso Constantinopla ha recibido la palabra de Dios, y
ha recibido pruebas evidentes de tu juicio. Durante el tiempo que ella bebía el veneno de los
arrianos, inquieta por guerras vecinas, hacia resonar los muros con las armas de los enemigos. Pero
tan pronto como rechazó aquellos que estaban alejados de la fe, al enemigo mismo, al juez de los
reyes, ante el cual siempre había temblado, lo ha visto entregado, lo ha acogido suplicante, muerto lo
ha sepultado y conserva su sepultura ¡ A Cuántos, entonces, has purificado en Constantinopla! ¡A
cuántos, por último, en este día en el mundo entero! No los ha limpiado [Bautizado] Dámaso, no los
ha limpiado [Bautizado] Pedro, no los ha limpiado [Bautizado] Ambrosio, no los ha limpiado
[Bautizado] Gregorio pues lo nuestro es un servicio, más los sacramentos son tuyos. Ni es obra del
poder humano comunicar los bienes divinos, sino don tuyo, Oh Señor y delPadre. Tu que has hablado
por medio de los profetas, diciendo: «Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán
vuestros hijos y vuestras hijas
28
» Este es en figura, aquel rocío celestial, esta la lluvia voluntaria
cuando leemos: «Poniendo aparte, oh Dios, una lluvia voluntaria para tu heredad
29
»




27
Cf. Gen 3:15
28
Cf. Joel 2:28
29
Cf. Sal 68:9
Capítulo I
El Espíritu Santo no se cuenta entre las criaturas ni en el de todas las cosas, si no que está por
encima de todos.

19. En efecto, el Espíritu Santo no está sometido al poder o autoridad de otro si no que es dueño de
su libertad, y con la autoridad de su propia voluntad según leemos [En la Escritura] que el disttibuye
todas las cosas «a cada uno según le place
30
»
19. Por tanto El Espiritu Santo no se cuenta entre las cosas si no que está por encima de todas.
Puesto que sobre el Hijo de Dios, clementisimo emperador
31
, estás tan bien instruido hasta el punto
de poder tú mismo enseñar a otros, no voy a hacer esperar al que desea y pretende oir algo más
explícitamente sobre el Espiritu, en particular porque recientemente has testimoniado haberte
agradado con una tal afirmación hasta el punto de que sin, que nadie te lo sugiriese, has ordenado se
restituyera la basílica a la Iglesia
32


20. De modo que ya tenemos como premio de nuestra Fe la gracia de la tuya. Y no podemos decir si
no que esta ha sido una gracia del Espiritu Santo, porque sin que nadie lo supiera has devuelto la
Basilica. Digo que esto es un don y una obra del Espiritu Santo, del que bien es verdad que entonces
yo predicaba, pero que estaba en ti.

21. Y no me quejo de los daños de tiempos pasados, puesto que el secuestro de la basílica ha
producido sus intereses como si fuese un préstamo. De hecho, secuestraste la basílica para poner a
prueba nuestra fe. Pues tu piedad cumplió su propósito, la secuestró para ponerlo a prueba, la
restituyó. No he perdido el fruto y gano el juicio y y ha quedado patente a todos que nunca has
tenido un parecer diverso a pesar de la diversidad de comportamiento. Digo que ha quedado patente
a todos que cuando la secuestrabas no había sido cosa tuya, pero que era cuestión tuya cuando la
devolvías.

22. Así pues comencemos en primer lugar por lo más básico, para que nuestro tratado suba como por
escalones de modo que más fácilmente los que esbozan el asentimiento del arte al menos se
dobleguen ante la razón.
En efecto, pueden decir en primer lugar: «tampoco nosotros decimos que el Espíritu de desempeñe
funciones de siervo». Pero cuando dicen que Cristo hace funciones de siervo ¿cómo pueden decir lo
contrario del Espíritu? Y si piensan que Cristo, según la carne, existió «en forma de siervo
33
», esto es

30
Cf. 1 Cor 12:11
31
AI Emperador Graciano Dedica Ambrosio Esta Obra, Como Ya Ie Habra Dedicado Anteriormente El De
Fide.
32
Los Arrianos Habian Pedido Una Iglesia Para Celebrar Su Culto, Pero Ambrosio Se Negó. El Emperador
Graciano La Hizo Secuestrar, Pero Posteriormente La Restituyo A Ambrosio.
33
Cf. Flp 2:7
evidente y estamos de acuerdo. Por lo tanto, si Cristo en cuanto a su divinidad no desempeña
funciones de siervo, tampoco las desempeña El Espíritu. Y si el Espíritu no realiza funciones de siervo,
siendo que todas las cosas las desempeñan, entonces el Espíritu se halla por encima de todos los
seres puesto que El no es siervo y si lo son las demás cosas.

23. Esto mismo que hemos dicho apoyémoslo ahora con testimonios (bíblicos) . El principio de la
discusión es que todas las cosa están sujetas a servidumbre. Y que todas las cosas sean siervas, está
claro, puesto que está escrito: «Todas las casas están a tu servicio
34
». Esto lo dijo el Espíritu por
medio del profeta. No dijo «estamos a tu servicio», sino «están a tu servicio», para que entiendas que
Él está excluido de la servidumbre. Por consiguiente, dado que toda las cosas son subalternas, pero el
Espíritu no es siervo, es claro que el Espíritu Santo no se cuenta en entre esas cosas.

24. Pues si decimos que el Espíritu se cuenta entre las cosas, entonces, cuando leemos que el Espíritu
escudriña lo profunda de Dios
35
, estamos negando que el Padre esté por encima de toda las cosas.
Pues si el Espiritu proviene de Dios y es Espíritu de su boca
36
, ¿cómo podemos decir que el Espiritu
Santo se halle entre todas las cosas, cuando Dios, del que es Espíritu, esta sobre toda las cosas y es,
sin duda, de una perfección plena y de perfecta virtud?
25 Y para que no piensen que se equivocó el Apóstol, entérense cual fue el autor de total fiabilidad al
cual el apóstol mismo siguió. En efecto, en el Evangelio dijo el Señor: «Pero cuando venga el
Paráclito, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará
testimonio acerca de mí.
37
» Por lo tanto, el Espíritu Santo procede del Padre y da testimonio del Hijo.
También da testimonio del Padre el testigo fiel y verdadero
38
y no hay nada más perfecto que esto
para expresar la majestad divina, ni nada más evidente que indique la unidad del poder divino, pues
el Espíritu conoce lo mismo que también conoce el Hijo, porque es testigo e inseparable partícipe de
los secretos del Padre.

26. Así pues, (el Apóstol) excluyó del conocimiento de Dios la compañía y la multitud de las criaturas,
Pero al no excluir al Espíritu Santo mostró que este no es igual a la las criaturas. De donde también
aquello que se ha leído en el Evangelio, que a Dios nadie Lo ha visto jamás sino que El Hijo Unigénito
que está en el seno del Padre es el que nos Lo ha dado a conocer
39
, se exceptúa al Espíritu Santo.
Pues ¿Cómo no va a ver a Dios, el que escudriña incluso Lo profundo de Dios
40
? , ¿Como no va a ver a

34
Cf. Salm 118:91
35
Cf. 1 Cor 2:10
36
Cf. Sal 33:6
37
Cf. Jn 15:26
38
Cf. Apo 3:14
39
Cf. Jn 1:18
40
Cf.1 Cor 2:10
Dios, el que proviene de Dios
41
? Por tanto, cuando se ha escrito que a Dios no lo ha visto nadie jamás,
pero da a entender que el Espíritu santo lo ha visto, es claro que se excluyó al Espíritu. Así pues, está
por encima de todos, el que ha quedado excluido del grupo de todas las cosas.



41
Cf. 1 Cor 2:11
Capitulo II
No se puede aplicar al Espíritu Lo que está escrito del Hijo de Dios: « Todas Las cosas han sido
hechas por medio de EL», porque El Espíritu no es contado entre todas las cosas, sino que esta
sobre todas ellas.

27. Parece, ¡oh santo emperador!, que nuestra exposición está llena de religiosidad, pero a los
herejes no les parece así, por eso mismo, date cuenta de lo que se inventan. Suelen decir que
precisamente hay que Contar al Espíritu Santo entre todas las cosas, porque está escritor acerca del
Hijo de Dios: «Todas las cosas fueron hechas por medio de Él
42
».

28 ¡Que mal parado queda un alegato que no defiende la verdad y se ampara en la formulación del
texto anterior! En efecto, sería válida la afirmación de que el Espíritu Santo se halla entre todas las
cosas, si probaran que ha sido creado. Porque la Escritura da el nombre de «todas las cosas» que
existen por medio del Hijo a las que «han sido hechas»; pero como no se enseña que el Espíritu Santo
haya ido hecho, tampoco se puede probar que se halle entre toda las cosas el que ni ha sido hecho
como todas las cosas ni ha sido creado. Así pues, este testimonio (bíblico) me sirve para ambas cosas:
para probar que Él está por encima de toda la creación, porque no ha sido creado y puesto que esta
sobre todas las cosas no parece que haya sido creado ni que se deba contar entre las criaturas
43
.

29 Y si, porque el evangelista escribió que todas las cosas habían sido hechas por medio del Verbo,
alguien no exceptúa al Espíritu Santo, —aunque en Juan fue el Espíritu de Dios el que dijo: Todas las
cosas fueron hechas por medio de Él y no dice «todas las cosa hemos sido hechas», y que por medio
de los evangelistas habla el Espíritu de Dios. Eso enseña El Señor diciendo: «Pues no seréis vosotros
los que hablareis, sino el Espíritu de vuestro Padre, que habla en vosotros
44
»— tanto, como iba
diciendo, si alguien no exceptúa en este pasaje al Espíritu Santo, sino que lo cuenta entre todas la
cosa, entonces tampoco exceptúa al Hijo de Dios en el texto donde el Apóstol dice: «Ahora bien, para
nosotros hay un único Dios, el Padre, del cual vienen todas las cosas y nosotros somos para Él
45
» Pero
para saber que el Hijo no forma parte de todas las cosa , hay que leer lo que sigue. Pues cuando dice:
«Y uno es el Señor Jesús por medio del cual son todas las cosas
46
», evidentemente ha excluido de
entre todas las cosa al Hijo de Dios, porque ha excluido también al Padre.


42
Cf. Col 1:16
43
ATANASIO ,Epistolas A Serapión, 1 17 (PC 569C): «Es Una Locura Decir Que EI Espiritu Santo Es
Criatura, Porque Si Fuese Criatura, No Estaría Unido A La Trinidad Que Es Toda Ella Un Único Dios. Es
Suficiente Saber Que El Espíritu No Es Criatura Y Que No Se Cuenta Entre Las Obras De La Creación. En
Efecto, Nada De Extraño Hay Mezclado Con La Trinidad, Que Es Indivisible E Idéntica A Sí Misma».
44
Cf. Mat 10:20
45
Cf. 1Co 8:6
46
Cf. 1 Cor 8:6
30 Es la misma clase de impiedad quitarle algo al Padre o al Hijo o al EspIritu Santo. Pues no cree en el
Padre quien no cree en el Hijo, y no cree en el Hijo de Dios, quien no cree en el Espíritu. Ni puede
mantenerse en pie la fe sin la regla de la verdad. Pues quien comienza a negar la unidad de poder en
el Padre y el Hijo y El Santo Espíritu ciertamente no puede probar que este dividida la fe allí donde no
hay ninguna división. Por tanto, como la unidad de la piedad consiste en creer bien, así la unidad de
la impiedad consiste en creer mal.

31. Así pues, los que piensan que el Espíritu se cuenta entre todas las cosas, porque leen que todas
las cosas han sido hecha por medio del Hijo
47
, evidentemente piensan que también el Hijo debe ser
contado entre todas las cosas, ya que leen que todas las cosas vienen de Dios En consecuencia, ni
siquiera separan de entre todas las cosas al Padre los que no separan de toda las criaturas al Hijo,
porque como «todo viene del Padre», así también «todo existe por medio del Hijo». El Apóstol,
previéndolo en su espíritu, dijo esto mismo, para que no les pareciera a los impíos que habrá situado
al Hijo entre todas las cosas por haber oído que el Hijo dijo: «Lo que el Padre me dio es mas grande
que todas las cosas
48
».



47
Cf. Jn 1:3
48
Cf. Jn 10:29
Capitulo III
Que no se piense que el Espíritu está separado de la majestad de Dios Padre y del Hijo, porque está
escrito: «Pero para nosotros hay un solo Dios, el Padre, del que proceden todas las cosas y nosotros
somos para él, y un único Señor Jesús, por medio del cual existen todas las cosas
49
», porque la
Escritura habla en muchos pasajes del Espíritu y del Hijo sin mencionar en absoluto al Padre en el
mismo pasaje, o habla del Padre y del Espíritu y no dice nada acerca del Hijo de Dios.

32 Pero quizás podría uno preguntar que por qué motivo, cuando aquí dice que «todas las cosas
provienen del Padre» y que «todas las cosa existen por medio del Hijo», guarda silencio sobre el
Espíritu Santo, y basándose en estos textos desearía pronunciar de antemano la sentencia.
Y si continua interpretando maliciosamente, ¡Cuantos texto encontraría en los que se proclama la
potestad del Espíritu Santo, en los cuales la Escritura no expresó nada sobre el Padre o el Hijo, sino
que lo dejó como sobreentendido!
40
50
¿Acaso cuando se proclama la gracia del Espíritu, se niega la de Dios Padre o la del Hijo
Unigénito? Por supuesto que no, porque como el Padre está en el Hijo y el Hijo está en el Padre, así
también se ha derramado, dijo, el amor de Dios en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo,
que nos ha sido dado
51
. Y como el que es bendecido en Cristo, es bendecido en el nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo, porque solo hay un único nombre, una única potestad, así tambien
donde e indica alguna obra divina o del Padre o del Hijo o del Espiritu, no solo se refiere al Espiritu
Santo, sino también al Padre, y no solo se refiere al Padre, sino tambien al Hijo y al Espíritu.
41. Por esto, el etíope eunuco de La reina Candaces fue bautizado en Cristo y consiguió el misterio
pleno
52
, pero aquellos que negaron conocer al Espíritu Santo, aunque dijeran que hablan sido
bautizados en el bautismo de Juan, fueron bautizados después porque Juan bautizaba para perdón de
los pecados, no en nombre propio sino en el de Jesús que debla venir. Y por eso desconocían al
Espíritu, porque habían recibido no el bautismo en el nombre de Cristo, sin el bautismo que Juan solía
administrar. En efecto, aunque Juan no bautizaba en El Espíritu, sin embargo anunciaba no solo a
Cristo, sino también al Espíritu. Por eso cuando Ie preguntaron si acaso no era él El Cristo respondió:
«Yo os bautizo con agua. Pero viene quien es más fuerte que yo, al que no soy digno de llevarle las
sandalias. Él os bautizara en Espíritu Santo y fuego
53
»Por tanto, estos que ni habían sido bautizados
en el nombre de Cristo ni con la fe en el Espíritu Santo, no pudieron recibir el sacramento del
bautismo.


49
Cf. 1 Cor 8:6
50
Los Editores Maurinos Omitieron Por Error Los §§ 33-39.
51
Cf. Rom 5:5
52
Cf. Hch 19:2-9
53
Cf. Lc 3:16
42. Así pues, fueron bautizados en El Nombre de Jesucristo
54
Y no se les repitió el bautismo, sino que
se les administro por primera vez, pues sólo hay un único bautismo
55
, Donde no se da la plenitud del
sacramento, tampoco se piensa que hay principio o idea alguna de bautismo. Y hay plenitud, si
confiesas al Padre y al Hijo y al Espíritu. Si niegas a uno de ellos, socavas la totalidad. Y del mismo
modo que el sacramento de la fe está completo, si verbalmente mencionas a uno solo, al Padre o al
Hijo o Al Espíritu Santo (Por supuesto que desde la perspectiva de la fe no renuncies ni al Padre, ni al
Hijo ni al Espíritu Santo), así también todo el misterio se devalúa si nombrando al Padre, o al Hijo o al
Espíritu Santo, menosprecias el poder del Padre o al Hijo o del Espíritu Santo. Por eso, aquellos
mismos que habían dicho: «Ni siquiera hemos oído que haya un Espíritu Santo
56
», después fueron
bautizados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo
57
. Y esto redundó en su favor, porque ya con la
predicación de Pablo habían conocido al Espíritu Santo.

43. Y no debe parecer una contradicción, porque, aunque no se haya mencionado al Espíritu, sin
embargo se ha creído en El, y lo que de palabra se había silenciado, se había expresado con la fe.
Pues cuando se dice «En El Nombre De Nuestro Señor Jesucristo», el misterio se ha llevado a cabo
mediante la unidad del Nombre y el Espíritu no se separa del bautismo de Cristo, porque Juan bautizó
en arrepentimiento, Cristo bautizó en el Espíritu
58

44. Ahora consideremos si como leemos que está completo el sacramento del bautismo administrado
en el nombre de Cristo, así tampoco falta nada para la plenitud del misterio si se menciona solo al
Espíritu Santo, y demos la razón de porque si e nombra a uno solo, se ha indica también la Trinidad
completa. [Por ejemplo] Si mencionas a Cristo, has nombrado [en Él] no solo a Dios Padre, por el cual
ha sido ungido el Hijo, si no también al Hijo mismo, que fue ungido, y al Espíritu, con el que fue
ungido. Pues está escrito: «A este Jesús de Nazaret, al que Dios ungió con el Espíritu Santo
59
». Y si
nombras al Padre, has indicado igualmente a su Hijo y al Espíritu de su boca
60
, si es que los unes
también en tu corazón. Y si nombras al Espíritu, has mencionado no solo a Dios Padre, del cual
procede el Espíritu, si no también al Hijo, porque el Espíritu es también del Hijo.
45. Por tanto, para que a nuestra exposición se añada la autoridad, la Escritura indica que también
podemos rectamente bautizar en el Espíritu, como lo dice el Señor: «Pero vosotros estáis bautizados
en el Espíritu Santo
61
» Y el Apóstol dice: «Todos hemos sido bautizados en el mismo cuerpo en un

54
Cf. Hch 19:5
55
Cf. Ef 4:5
56
Cf.Hc 19:2
57
Cf. Hch 19:5
58
Cf. Mt 3:11; Lc 3: 16.
59
Cf. Hch 10:38
60
Cf. Sal 32:6
61
Cf. Hch 1:5
único Espíritu
62
». Una única obra, porque el misterio es único, y hay un único bautismo
63
, porque ha
habido una única muerte por el mundo. Por tanto, la unidad de la obra es unidad de predicación, que
no se puede separar.
46. Y si en es te pasaje, al Espíritu se Ie separa de la obra del Padre y del Hijo, porque se ha dicho que
«todas las cosas provienen de Dios y todas las cosas existen por medio del Hijo
64
», entonces cuando
el Apóstol en otro texto dice de Cristo que es «Dios sobre todas las cosas bendito por los siglos
65
»,
¿Lo ha referido no sólo a todas las criaturas, sino también al Padre? pero el solo decirlo es una
impiedad. ¡En absoluto! No se encuentra el Padre entre todas las cosas, no forma parte de la plebe
de sus criaturas: abajo se encuentra toda criatura, arriba la divinidad del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo. Aquella es sierva, esta reina, aquella está sometida, esta domina, aquella es una obra,
esta es el Creador de la obra, toda aquella adora, esta es adorada por todos.
47. Por eso se ha escrito acerca del Hijo: «Y que le adoren todos los ángeles de Dios
66
». No se dice
«que lo adore el Espíritu Santo». Y más abajo: ¿A cual de los ángeles dijo alguna vez: Siéntate a mi
derecha, hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies? ¿Acaso no son todos —dice—
ministros del Espíritu enviados a un ministerio? Cuando dice «todos» ¿es que abarca también al
Espíritu Santo? Ciertamente no, porque los ángeles y las demás potestades están destinados para
ministerio y servicio del Hijo de Dios, para que le sirvan. Pero el Espíritu Santo no es ministro, sino
que es testigo del Hijo, como de Él dice el Hijo: «El dará testimonio de mi
67
». Por tanto, el Espíritu es
testigo del Hijo. EI que es testigo lo conoce todo, como Dios Padre es testigo, como se dice más
adelante: « ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual,
habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,
testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos
del Espíritu Santo según su voluntad
68
». EI que reparte, ciertamente está por encima de todas las
cosas, no en el número de las mismas. Repartir es don del creador, no cuestión de la criatura.
49. Si el Hijo está por encima de todas las cosas, por medio del cual se impartió nuestra salvación,
para que fuese predicada, ciertamente también está fuera de la totalidad de las cosas el Padre, Dios
que testifica y confirma con signos y prodigios nuestra Salvación. De modo semejante también el
Espíritu que con el reparto de sus dones da testimonio de nuestra salvación no ha de ser contado con
la plebe de las criaturas, sino que debe ser considerado junto con el Padre y con el Hijo. Y Él cuándo
reparte sus dones, no se divide en trozos. Pues siendo indivisible, no pierde nada cuando se dona a

62
Cf. 1Cor 12:13
63
Cf. Ef 4:5; Rm 5:10-17.
64
Cf. 1 Cor 8:9
65
Cf. Rom 9:5
66
Cf. Hb 1:6
67
Cf. Jn 15:26
68
Cf. Heb 2:3-4.
todos, como tampoco el Hijo perderá nada cuando el Padre reciba el reino
69
, ni tampoco el Padre
pierde cuando entrega todo lo suyo al Hijo. Así pues, sabemos por el testimonio del Señor que no hay
ninguna perdida en el reparto de la gracia espiritual. En efecto, el que sopla donde quiere
70
, se halla
en toda partes sin alterarse. De esto hablaremos después más ampliamente.
50. Mientras tanto, ahora, puesto que siguiendo un orden nos hemos propuesto afirmar que el
Espíritu no se ha de comparar entre las cosas, aduzcamos como autor de esta afirmación al mismo
Ap6stol, de cuyas palabras hacen una objeción. En efecto, cuales son todas aquellas cosas visibles o
invisibles lo señaló el mismo aJ decir: « Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en
los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles;
71
». Sin embargo, para que a nadie le fuese
desconocido, añadió a que se referia: «Sean tronos, —Dijo— sean dominios, sean principados, sean
potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él » ¿Por ventura en este texto incluyó entre las
criatura al Espíritu Santo? o cuando dice que el Hijo de Dios «es antes de todas las cosas
72
», ¿acaso
se ha de pensar que habla dicho que es anterior al Padre? En absoluto, no. Pues como aquí dice que
por medio del Hijo han sido creada todas las cosas y que todo los seres del cielo tienen en el su
consistencia, así tampoco se puede dudar que el conjunto de los seres celestiales tiene su fuerza en
el Espíritu Santo, cuando leemos: « Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos, Y todo el
ejército de ellos por el espíritu
73
de su boca
74
» Así pues, esta sobre todas las cosas aquel del que
proviene toda la virtud de las cosa celestes y terrestres. Por tanto, el que Es sobre toda la cosas,
ciertamente no es esclavo, y el que no es esclavo, es libre, y el que es libre, tiene el derecho de
dominio.
52. Si esto hubiese dicho desde el comienzo, lo habrían rechazado. Pero como ellos niegan menor,
para que no se crea lo mayor, así también nosotros ponemos por delante lo más pequeño, para que
descubran su perfidia en lo menor o si se muestran de acuerdo en lo menor, deduzcamos de esto lo
más grande
53. Pienso, clementisimo emperador, que están plenamente refutados aquellos que se atreven a
contar al Espíritu Santo entre las criaturas [Entre todas las cosas]. Pero para que se den cuenta de
que no sólo están acorralados en virtud de los testimonios de los apóstoles, sino también de los del
Señor, como se atreven a contar al Espíritu entre las criaturas, siendo así que El mismo Señor dijo: « A
cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que
hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero
75
» Entonces

69
Cf.1 Cor 15:24
70
Cf. Jn 3:8.
71
Cf. Col 1:16
72
Cf. Col 1:17
73
Ruah Traduce Espíritu O Aliento.
74
Cf. Sal 33:6
75
Cf. Mt 12:32
¿Cómo pues, se atreve alguien a contar al Espíritu entre las criatura ? (Y quien, si ofende a una
criatura, se va a comprometer a no pensar que se Ie vaya a perdonar de algún modo? En efecto , los
judíos por haber adorado al ejercito del cielo fueron privados de la ayuda divina
76
, mas quien adora y
confiesa al Espíritu Santo es agradable a Dios, y el que no lo confiesa es condenado como reo de
sacrilegio sin posibilidad de perdón. De aquí se puede evidentemente pensar que el Espíritu Santo no
se halla en el número de todas las cosas sino sobre toda ellas, pues la ofensa contra Él se expía con
suplicios eternos.
54. Y advierte con diligencia porque dijo el Señor al que blasfeme contra el Hijo del Hombre se le
perdonara; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonara ni aqui ni en el futuro ¿Es
que hay una ofensa contra el Hijo y otra distinta contra el Espíritu Santo? Pues como hay una única
dignidad, así la blasfemia es una. Pero si uno engañado por el aspecto del cuerpo humano, se hace
acerca de la carne de Cristo una idea inferior a lo que conviene en realidad, —no debe parecernos vil
la carne que es aula de la virtud y fruto de la Virgen—, tiene culpa, pero no está excluido del perdon,
que puede conseguir mediante la fe. Pero si uno niega la dignidad, majestad y poder eternos del
Santo Espíritu y piensa que los demonios son expulsados no en el Espíritu de Dios, sino en Belcebú,
no puede haber petición de perdón donde se da el mayo r sacrilegio, porque quien ha negado al
Espíritu, ha negado al Señor Padre y al Hijo, porque el mismo que es Espíritu de Dios, es también
Espíritu de Cristo.
55. Ahora bien, nadie dudara que hay un único Espíritu, aunque muchos hayan dudado acerca de la
unidad de Dios. En efecto, algunos herejes dijeron que uno era el Dios del Antiguo Testamento y otro
distinto el del Nuevo. Pero como hay un único Padre que, según leemos «Dios habiendo hablado
muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros
días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el
universo;
77
», y como solo hay un Hijo, que según los datos del Antiguo Testamento fue ofendido por
Adan, visto por Abraham y adorado por Jacob, así también hay un único Espíritu Santo, que entro en
ebullición en los profetas, fue soplado a los Apóstoles y está unido al Padre y al Hijo en el sacramento
del bautismo. De Él dice también David: «No apartes de mí tu Santo Espíritu». Y también de él dice en
otro pasaje: « ¿A dónde iré Lejos de tu Espíritu?»


76
Cf. 2 R 17:16- 19.
77
Cf. Hb 1:1-2
Capitulo IV
EL Espíritu Santo es el mismo que el Espíritu de Dios, y el mismo es Espíritu de Cristo y el mismo es
Espíritu del Padre, el mismo es Paráclito, Espíritu de La Verdad y Espíritu de La Vida
56. Y para que aprendas que el Espíritu de Dios es idénticamente el mismo que el Espíritu Santo,
como lo leemos también en el Apóstol: « nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a
Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo
78
» Por eso, al mismo que el
Apóstol dijo Espíritu de Dios, a ese mismo lo llamo también Espíritu de Cristo, como leemos: «Mas
vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en
vosotros, Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
79
» y luego dice: «Y si el Espíritu de
aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo
Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros
80
», entonces
El Espíritu de Dios es el mismo Espíritu de Cristo.
57. Lo mismo es el Espíritu de la Vida, como dice el Apóstol: « Porque la ley del Espíritu de vida en
Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte81»
58. Él, entonces, a quien el Apóstol llama el Espíritu de la Vida, el Señor en el Evangelio llamó
Paráclito [Consolador], el Espíritu de la Verdad, como podemos leer: «Y yo rogaré al Padre, y os dará
otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de verdad, al cual el mundo no
puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros,
y estará en vosotros
82
» He aquí, pues, que el Paráclito, llamado también el Espíritu de la Verdad, y el
Espíritu invisible. Entonces, ¿cómo es que algunos piensan que el Hijo es visible en su naturaleza
divina, cuando el mundo no puede ver el Espíritu?
59. Recibe la palabra del Señor, que El Espíritu Santo Es el mismo Espíritu de la Verdad, porque
leemos al final de este libro: «Recibid el Espíritu Santo
83
». Y Pedro enseña que El mismo es el Espíritu
Santo que El Espíritu del Señor, cuando dice: «Ananías ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que
mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?84 » e inmediatamente después
de eso, Pedro le dijo a la esposa de Ananías: «¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor?
»"Cuando dice «a ti», muestra que está hablando del mismo Espíritu de la que había hablado con
Ananías. Él mismo es, pues, el Espíritu del Señor, que es el Espíritu Santo.

78
Cf. 1Co 12:3
79
Cf. Rom 8:9
80
Cf. Rom 8:11
81
Cf. Rom 8:2
82
Cf. Jua 14:16 -17
83
Cf. Jua 20:22
84
Cf. Hch 5:3
60. Y el Señor mismo dejó en claro que Es el mismo el Espíritu del Padre que el Espíritu Santo,
cuando según Mateo Dijo que no debemos preocuparnos durante la persecución por aquello que
debemos decir: «Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla
en vosotros» Y también dijo según san Lucas: «no os preocupéis de cómo habéis de responder o
hablar, porque el Espíritu Santo de Dios os enseñará en la misma hora lo que debáis decir». Por lo
tanto, aunque muchos son los llamados espíritus, como se dice: «el que hace a sus ángeles espíritus»,
el Espíritu de Dios no es más que uno. Ambos apóstoles y profetas que recibieron un solo Espíritu,
como el vaso de elección, el doctor de los gentiles, dijo: « Porque por un solo Espíritu fuimos todos
bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber
de un mismo Espíritu
85
» Él, por así decirlo, no puede ser dividido sino que se vierte en las almas, y
desemboca en los sentidos, para así poder apagar el fuego ardiente de la sed del mundo.



85
Cf. 1 Cor 12:13
Capitulo V.
El Espíritu Santo Es bueno, ya que Fue dado por el Padre y el Hijo.
62. El Espíritu Santo no es, pues, de la sustancia de las cosas corpóreas [criaturas], pues Él derrama la
gracia sobrenatural en las cosas naturales, ni, una vez más, es de la naturaleza [sustancia] de las
criaturas invisibles, para que reciban su santificación, y por Él son superiores a la otras obras del
universo. Si usted habla de los ángeles, sean dominios, sean potestades, todas las criaturas esperan la
gracia del Espíritu Santo. Somos hijos por medio del Espíritu, pues dice « Y por cuanto sois hijos, Dios
envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres
esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.
86
» De la misma manera,
también, «el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios
87
», a
quienes en verdad la gracia del Espíritu Santo hizo hijos [de Dios]
88
. Por lo tanto, también, todas las
criaturas pueden ser transformadas por la gracia del Espíritu, «porque también la creación misma
será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
89
»
63. Todas las criatura, entonces, es mutable, y no sólo, las que ya han cambiado por los pecados o
por sus condiciones externas, sino también, a las que están sometidas a la corrupción por las
concupiscencia de la naturaleza, aunque por cuidadosa disciplina no ha sido así, pues, como se ha
demostrado en un primer tratado de la naturaleza de los ángeles, evidentemente, ellos también
pueden cambiar. Sin duda, puede decirse que, como es la naturaleza de uno, es también la de los
demás. La naturaleza del resto, por consiguiente, es capaz de sufrir cambios, pero la disciplina [Del
Señor] es mejor
90
.
64. Cada criatura, por lo tanto, es capaz de cambiar, pero el buen Espíritu Santo es inmutable, pues
no podría cambiar por la concupiscencia [culpa] El que elimina los defectos de todos y que perdona
los pecados
91
. Entonces, Es capaz de transformar Ese que santificando a otros en la gracia
92
, no tiene
cambio en sí mismo.
65. ¿Cómo sería capaz de cambiar aquel que siempre ha sido bueno? Por el Espíritu Santo, por quien
las cosas que son buenas son ministradas a nosotros, Él nunca es malo. De ahí que dos evangelistas
en un mismo lugar, en palabras diferentes, hayan hecho la misma declaración, pues se lee en Mateo:
«Si tú, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está

86
Cf. Gál 4:6 -7
87
Cf. Rom 8:19
88
1Co 12:3 Cf. Jn 1:12
89
Cf. Rom 8:21
90
Cf. Heb 12:7
91
Cf. Jua 20:22-23
92
Cf. Rom 15:16, 1Co 6:11, 2Ts 2:13
en los cielos, dará buenas cosas a los que le pidan
93
» Sin embargo, en [El Evangelio de] Lucas
encontramos escrito: «¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo
pidan» observamos, pues, que al juicio del Señor se llama bueno al Espíritu Santo
94
por el testimonio
de los evangelistas, ya que el que en el lugar de las «buenas cosas» ha puesto al Espíritu Santo. Así
entonces Si, el Espíritu Santo es [llamado] bueno, ¿Diremos que no es bueno?
66. Tampoco deja de llamar nuestra atención que algunas copias tienen la misma manera, según San
Lucas: «¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará un buen regalo a los que se lo pidan» Este buen
don es la gracia del Espíritu que el Señor Jesús derramó desde el cielo, después de haber sido clvado
en el tormento de la cruz, volviendo con el botín de triunfo sobre la muerte privada de su poder,
como está escrito: « Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a
los hombres
95
», así es que dice «dones», porque el Hijo fue dado, como está escrito: «Porque un
niño nos es nacido, hijo nos es dado
96
» y también es dada la gracia del Espíritu Santo. Pero Y ¿por
qué debería dudar en decir que el Espíritu Santo también es dado a nosotros, ya que está escrito: « el
amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado
97
» Y
con un corazón cautivo, desde luego no podíamos recibirlo, así que el Señor Jesús primero llevó
cautiva la cautividad, para que nuestros corazones fueran liberados y poder derramar el don de la
gracia divina [en ellos].

67. Y dijo bellamente «llevó cautiva la cautividad». Pues la victoria de Cristo es la victoria de la
libertad, que ha reivindicado a todos para la gracia y no ha ocasionado a nadie mal alguno. Por tanto,
en la liberación de todos no queda ningún cautivo. Y puesto que al tiempo de la pasión del Señor
quedaba sin trabajo únicamente mal alguno, que había perdido a todos los prisionros que tenía, la
cautividad volviéndose contra si misma fue hecha ella misma cautiva, no sometida ya a Belial, si no a
cristo, en cuyo servicio consiste la libertad. De hecho « Porque el que en el Señor fue llamado siendo
esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo
98
»

68. Pero para volver a nuestro tema: «Todos se desviaron—Dice la Escritura— a una se han
corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno
99
». Si exceptúan al Espíritu Santo,
están confesando también ellos que él no forma parte de todas las cosas; si no lo exceptúan, que
entonces digan que, incluido en el «todos», también Él se ha desviado.


93
Cf. Mat 7:11
94
Cf. Neh 9:20, Sal 143:10
95
Cf. Efe 4:8
96
Cf. Isa 9:6
97
Cf. Rom 5:5
98
Cf. 1 Cor 7:22
99
Cf. Sal 14:3
69 Pero veamos, si posee la bondad, siendo Él la Fuente y el principio de la bondad. Como el Padre
posee la bondad y la posee el Hijo, así también posee la bondad el Espíritu Santo. Esto también lo
enseñó el apóstol cuando dijo: « Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe,
100
» ¿Quién, pues, va a dudar de que es bondadoso, aquel cuyo fruto es la bondad? En
efecto, todo arboL bueno produce frutos buenos.

70. Así pues, si Dios es bueno ¿cómo no será bueno el que es Espíritu de su boca y el que escruta
también lo profundo de Dios? ¿Acaso puede entrar en la profundidad de Dios alguien contagiado del
mal? Por eso también se entiende también que locos están los que niegan que sea bueno el Hijo de
Dios cuando no pueden negar que es bueno el Espiritu de Cristo, del cual dice el Hijo de Dios: «Por
eso dije, tomará de lo mío
101
»

71. Y no va a ser bueno el Espíritu, que de los muy malos hace bueno, cancela el pecado, destruye el
mal, excluye la culpa, infunde un don bueno; de los perseguidores hace apóstoles y de los pecadores
ministros? « Porque en otro tiempo —Dice la Escritura— erais tinieblas, mas ahora sois luz en el
Señor; andad como hijos de luz »
102

72. ¿Y para que los hacemos esperar? Pues si exigen que se prueben los textos, ya que no niegan los
hechos, sepan que está escrito que el Espíritu Santo es bueno. Así dice David: «Tu buen espíritu me
guíe a tierra de rectitud
103
» ¿Cómo es el Espíritu Santo sino [alguien] lleno de benevolencia? Siendo
inaccesible por naturaleza, sin embargo se hace capaz de ser recibido por nosotros a causa de su
bondad; todo lo llena con su justicia, más solo lo participan los justo; simple en su sustancia, rico de
virtudes, presente en todos y cada uno, reparte de lo suyo propio a cada uno y está presente todo
entero en todas partes.

73. Con razón dice el Hijo de Dios: « Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones,
bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo
104
», no menospreciando la
compañía del Santo Espíritu ¿Por qué, entonces, algunos toman a mal que aquel a quien el Señor no
desdeñaba en el sacramento del bautismo, debe estar unido en nuestra devoción para con el Padre y
con el Hijo?

74. Entonces bueno Es el Espíritu Santo, pero bueno, no como fruto de una adquisición sino como
quien es capaz de impartir la bondad [Bueno por naturaleza]. Porque el Espíritu Santo no recibe de
las criaturas, sino que Es recibido, y asimismo no es santificado, si no que Él es el que santifica,
porque es santificada la criatura, pero el Espíritu es quien la santifica. Y en materia, aunque la palabra

100
Cf. Gál 5:22 -23
101
Cf. Jua 16:15
102
Cf. Efe 5:8
103
Cf. Sal 143:10
104
Cf. Mat 28:19
que se utiliza es la misma, hay una diferencia en la naturaleza [de lo que se expresa]. Tanto para el
hombre que recibe como para Dios que da la santidad, [Ambos] se llaman «santo», como leemos:
«Sed santos, porque yo soy santo
105
» Ahora santificación [El santificador] y la corrupción [El
santificado] no pueden compartir la misma esencia, y por lo tanto la gracia del Espíritu Santo y la
criatura no puede ser de la misma naturaleza
106
.

75 Si, pues, toda la creación invisible, con la excepción de la Trinidad —Cuya naturaleza algunos
consideran racional e incorpórea—, no imparte sino que adquiere la gracia del Espíritu, y no la
comparte sino que la recibe, entonces toda la creación debe separarse de la agrupación con el
Espíritu Santo. Que se crea que el Espíritu Santo no es una criatura, o bien, si alguien piensan que es
una criatura, ¿por qué se le asocia con el Padre? Si ellos lo consideran una criatura, ¿por qué se unen
a Él con el Hijo de Dios? Pero si no creen que fuese separado del Padre y del Hijo, no lo consideran
una criatura, porque donde hay una única santificación, hay una única naturaleza.

Capítulo VI
A pesar de ser bautizados con agua y el Espíritu, el último es muy superior al primero, y no debe,
por tanto, ser separado [El Espíritu Santo] del Padre y del Hijo.

76. Pero hay algunos que, porque «somos bautizados en agua y en Espíritu», no piensan que haya
diferencia entre los dones del agua y del Espíritu y por lo mismo tampoco piensan que haya
diferencia de naturaleza ni se dan cuenta de que somos sepultados en el elemento del agua para
resucitar renovado pos medio del Espíritu
107
. En efecto, en el agua está la imagen de la muerte, en el
Espíritu La prenda
108
de la vida, de modo que mediante el agua, que incluye al cuerpo como en un
sepulcro, el cuerpo del pecado es destruido
109
, y mediante el poder del Espíritu somos renovados con
la muerte del pecado para nacer de nuevo en Dios.

77. Y porque estos tres testigos son uno, como dijo Juan: «El agua, la sangre y el Espíritu
110
», Uno en
el misterio, no en la naturaleza. El agua es, pues, un testigo del entierro, la sangre es un testigo de la
muerte, el Espíritu es un testimonio de vida. Por tanto, si hay alguna gracia en el agua, no es de la
naturaleza del agua, sino de la presencia del Espíritu Santo.


105
Cf. 1Pe 1:16
106
Consustanciales.
107
Cf. Rm 6:4; Col 2:12-13.
108
2 Cor 1:22
109
Cf. Rom 6:6
110
Cf. 1 Jn 5:6
78. Ahora entonces ¿Vivimos en el agua o en el Espíritu? ¿Estamos sellados en el agua o en el
Espíritu? Porque en él vivimos, y él mismo es las prenda de nuestra herencia, como dice el Apóstol,
escribiendo a los efesios: « En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio
de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,
que es la prenda de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de
su gloria
111
» Así fuimos sellados por el Espíritu Santo, no por la naturaleza, sino por Dios, porque está
escrito: «El que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado la prenda del
Espíritu en nuestros corazones
112
»

79. Hemos, pues, sido sellados por Dios con el Espíritu. En efecto, como morimos en Cristo para
renacer, así somos también sellados con el Espíritu para poder tener el esplendor, su imagen y gracia,
lo que evidentemente es el sello espiritual. Pero aunque aparentemente somos sellados en el cuerpo,
en realidad somos sellados en el corazón, para que el Espíritu Santo reproduzca en nosotros los
rasgos de la «la imagen del celestial
113
»

80. ¿Quién se atreve, pues, a decir que el Espíritu Santo este separado de Dios Padre y de Cristo,
cuando por su obra merecemos ser a imagen y semejanza de Dios
114
y por medio de Él se lleva a
cabo, como dijo el apóstol Pedro, «para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza
divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;
115
» Y en
esto ciertamente no se trata de la herencia de un legado carnal, sino de un comercio espiritual de
adopción y de gracia. Y para que sepamos que este sello es mas de nuestro corazón que del cuerpo,
nos ensena el profeta que dice: « Alza sobre nosotros, oh Señor, la luz de tu rostro. Tú diste alegría a
mi corazón
116
»

81. Siendo así que toda criatura está circunscrita por los limite concretos de su naturaleza, como
también aquellas criaturas invisibles, que no pueden ser delimitadas por el lugar ni los fronteras
117
,
sin embargo, se cierran en su propia naturaleza, ¿cómo puede alguien atreverse a decir que El
Espíritu Santo es una criatura, si Él no tiene un poder limitado ni circunscrito? porque Él siempre está
en todas las cosas y en todas partes, lo cual seguramente es propiedad de la [su] Divinidad y de [su]
Señorío, pues: «Del Señor es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan»
118



111
Cf. Efe 1:13
112
Cf. 2Co 1:21
113
Cf. 1 Cor 15:49
114
Cf. Gn 1:26.
115
Cf. 2 Pe 1:4
116
Cf. Sal 4:6b-7a
117
Se Refiere A Los Ángeles.
118
Cf. Sal 24:1
Y así, cuando el Señor designó a sus siervos los apóstoles, para que podamos reconocer que la
criatura era una cosa y la gracia del Espíritu era otro, Él los nombró a diferentes lugares, porque todos
no podían estar en todas partes a la vez. Pero les dio el Espíritu Santo a todos, y Él se ha derramado
sobre todos los apóstoles aunque estuvieran separados. Las personas, entonces, eran diferentes,
pero la realización de la obra fue una, porque el Espíritu Santo es uno de los cuales se dice: «pero
recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en
Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra
119
»

82. El Espíritu Santo es, pues, ilimitado e infinito, que se infunde a Sí mismo en la mente de los
discípulos pese a las distancias entre regiones alejadas, y pese a los límites de todo el mundo, a los
cuales que nada puede escaparse. Y por lo tanto santo David dice: « ¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?
120
» ¿Por lo que Ángel dice la Escritura esto? ¿de cuál de los
Dominio? ¿O de las potestades? ¿Qué ángel infunde poder sobre todos? Los ángeles fueron enviados
a pocos, pero el Espíritu Santo fue derramado sobre pueblos enteros. Entonces, ¿quién puede dudar
de que lo que sea divino, que es derramada sobre muchos a la vez y no se ve.

83 «Si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados
121
» Si
entonces seremos glorificados con Cristo por medio del Espíritu «que da testimonio a nuestro
espíritu, de que somos hijos de Dios», ¿cómo pues, nos negaremos a admitir que el Espíritu mismo
es glorificado juntamente con Cristo? ¿Nos distanciamos de la vida de Cristo y del Espíritu Santo,
cuando el Espíritu dice que hemos de convivir con el Hijo de Dios? Dice el Apóstol: «Si hemos muerto
con Cristo, creemos que también viviremos con Él», y de nuevo: «Porque si ahora sufrimos con él,
también viviremos con él, y no sólo viviremos con Él, sino que deberán ser también glorificados con
Él, y no sólo ser glorificado sino también reinarán con Él
122
»


Capitulo VII


119
Cf. Hch 1:8
120
Cf. Sal 139:7
121
Cf. Rom 8:17
122
Cf. 2Ti 2:11