You are on page 1of 12

Historia universal IV

Geoffrey Parker: La crisis en Europa. La guerra de los Treinta Años




Magdiel Martinez Gómez




Universidad Industrial De Santander
Facultad de Ciencias Humanas
Historia
Bucaramanga
2014



























I. El apogeo del imperialismo de los Habsburgo

1. La revuelta en bohemia (1618-1621)

Geoffrey Parker cuenta que una de las primeras señales de esta revuelta fue el creciente
número de iglesias que los protestantes empezaron a fundar en dicha región del sacro
imperio germánico y, muchas de esas veces, se ubicaban en terrenos o bienes que le
pertenecían a la iglesia católica o a la corona. Esto generó que entre católicos y protestantes
se produjera grandes rencillas por los cierres de las edificaciones eclesiásticas. Luego en
1618 algunos líderes protestantes se reunieron en asamblea para pedirle al emperador que
se hiciera cargo sobre los daños causados en estas disputas, sin embargo, esta petición no
fue bien vista y se revocó. Este hecho hizo que los protestantes acudieran a la legitimidad
de la carta firmada en 1609 como de 1611 en donde tenían parte de algunos derechos y, por
eso, decidieron convocar más asambleas. Para el 23 de mayo ocurre la famosa
defenestración de Praga. Una comunidad de protestantes invadió el palacio real de esa
ciudad y arrojaron por la ventana a los dos regentes católicos que se encontraban allí, a su
vez, esta acción resultaba como una justificación a las constantes agresiones que sufrían las
comunidades luteranas en territorio católico. Por temor a alguna represalia dado lo
ocurrido, los protestantes pidieron apoyo a algunas regiones de Bohemia como Moravia,
Silecia y Lusacia lugares en los cuales había un apoyo importante. Además, trataron de
contagiar a comunidades internacionales expresando una actitud de tolerancia frente al
fanatismo católico. Con esto, los luteranos poco a poco acrecentaron su fuerza militar a
medida que se aliaban con estos estados.
En 1619 el emperador Matías que hasta el momento había sido el regente dejo el cargo a
Fernando II quien con la ayuda de Alberto de Wallenstein provocaron grandes asedios a la
localidad de Moravia. Por este motivo, los protestantes siguieron en búsqueda de apoyo
para sus aspiraciones de prevalecer en el conflicto de, ahí que, estos enfrentamientos no se
limitaran solo al aspecto religioso sino político. Alrededor de julio de 1619 los ejecitos
protestantes depusieron a Fernando II en la regencia de Bohemia y la otorgaron a Federico
Palatinado que era un príncipe elector quien decidió apoyar a las comunidades luteranas de
ese lugar. La figura de Federico es crucial para el conflicto religioso en el sacro imperio, él
simboliza el respaldo político y militar para los protestantes, además, una oportunidad de
ganar más aliados con la influencia del príncipes es otros estados alemanes. Desde 1618 La
liga católica empezó a fortalecer sus fuerzas armadas para prevenir que la toma de Bohemia
se convirtiera en un ingrediente que amenazará la integridad del imperio; España y el
papado católico aportaron lo más que pudieron para mejorar la autoridad de Fernando II. El
8 de octubre de 1619 Fernando mantuvo una conferencia estratégica en Múnich con el
duque Maximiliano de Baviera en donde se acordó que el duque utilizaría el ejército de la
Liga Católica para ocupar el Alto Palatinado, que el emperador declararía revertido a los
Habsburgo en vista del comportamiento de Federico. A cambio, el emperador se
comprometía a sufragar los gastos de la Liga, a permitir que el duque conservara las tierras
que conquistaran sus tropas y a transferir la dignidad electoral de Federico a Maximiliano
y, fue así, como las tropas comandadas por Maximiliano incursionaron en territorios
protestantes; en especial Bohemia territorio que pertenecía a los Habsburgo, este conflicto
dio como resultado en el verano de 1620 que las fuerzas de la Unión Evangélica al mando
de Federico perdieran grandes zonas de Bohemia.

2. Años de victoria (1621-1623)

La victoria de los Habsburgo sobre los confederados del palatinado y sus aliados exteriores
quedó así cómodamente asegurada antes de que expirara la tregua de los doce años con los
holandeses el 9 de abril de 1621, porque este hecho será crucial para lo que resta de la
guerra entre protestantes y católicos ya que la alianza española a los ejércitos de Fernando
II se verán un poco disminuidos debido al conflicto reanudado con las provincias Unidas
que harán conducir todos los esfuerzos a retener las fuerzas rebeldes que han visto la
oportunidad de escapar al control español. De acuerdo con lo anterior, Federico Palatino
realizó intentos de reagrupar a sus seguidores en Lusacia y conseguir ayuda de Dinamarca
para aprovechar la situación española. El 27 de abril, el elector firmó un tratado por el cual
los Estados Generales aceptaban financiar una campaña para reconquistar las tierras de su
patrimonio (Bohemia), para ello, Federico habría de centrarse en la búsqueda de aliados
alemanes. No obstante, los Habsburgo y sus aliados estaban muy bien preparados. La
guerra con Holanda no impedía que los españoles siguieran apoyando al imperio germánico
y, mucho menos, el papado, por eso antes que Federico consiguiera reorganizar su ejército
las fuerzas de la Liga Católica emprendieron un nuevo ataque para evitar que los seguidores
de Federico pudieran unirse con él. Más adelante, el imperio de Fernando II quiso acabar
con las pretensiones protestantes atacando a los príncipes que se habían unido
temerariamente a Federico a lo largo de 1622. De igual modo, todos los restantes focos de
resistencia en el Palatinado y Bohemia fueron liquidados; había llegado el momento de
pasar la cuenta a aquellos que se habían revelado. En los siguientes años, el emperador
Fernando se dedicó a unificar el imperio después de las luchas constantes con los
protestantes, para esto incluye reformas en todos los aspectos político, económico, religioso
y militar. En 1621 Fernando denoto a Federico como un rebelde y decidió privarlo de su
dignidad electoral así como de sus tierras. Es claro que todo esto se hacía para no volver a
repetir los hechos que venían sucediendo desde 1618, por tanto, el emperador debía
asegurarse que este era el momento oportuno para desvanecer cualquier intento de
resurgimiento protestante.

3. Ascensión y caída de una coalición (1624-1629)

A finales de 1621 el ejército de Federico V Palatino intercepto un correo imperial que
llevaba un paquete de cartas altamente secretas del emperador y el nuncio en Viena.
Revelaban con embarazoso detalle los planes de los Habsburgo y el papado para la
reorganización del imperio, incluyendo la transferencia del electorado de Federico. De esto
surgió, una formación de coalición anti-Habsburgo que pretendía recuperar el palatinado y
Bohemia. Además, estas ideas de no rendirse tan fácil ante la posición que Fernando tenía
de reformar para perjuicio de los protestantes su imperio, dio como resultado que Federico
y algunos aliados que aún se encontraban en algunas partes de Alemania tuvieran la
intención de combatir de nuevo a Fernando para impedir las reformas que pensaba hacer en
su imperio. No hay duda, que esta supremacía del imperio sacro-germánico era un temor no
sólo para los protestantes sino para otros países que temían un ataque en respuesta el
pretexto religioso. Por esta razón, Cristian IV de Dinamarca prestó 300 000 táleros (75 000
libras esterlinas) a Federico V y compro algunas propiedades en territorio Alemán (Baja
Sajonia) y desde allí consiguió aliados vecinos para contribuir al fortalecimientos de los
ejércitos protestantes para poder hacer frente a las pretensiones imperiales. Cristián firmó
una alianza con los duques de Sajonia-Weimar y él se convirtió en el intendente general
que dirigió el ejército protestante. Como se esperaba, el duque de Baviera Maximiliano
enfrento a las tropas rebeldes pidiendo apoyo más apoyo militar a Fernando dado que las
fuerzas protestantes tenían gran número de hombres. No obstante, los ejércitos de Cristian y
sus aliados fueron desastrosamente derrotados en Lutter a, pesar del gran numero, de
fuerzas que tenían no podían hacer frente a los ejércitos que aporto Alberto Wallenstein al
emperador germánico (cerca de 50. 000 hombres).

4. La guerra fría por Italia

Italia tiene un papel importante en el desarrollo de la guerra de los Treinta Años. El
protestantismo llego a algunas penínsulas itálicas y, esto produjo, algunas divisiones
políticas, religiosas y económicas. Por otra parte, su importancia también radica en su
estratégica ubicación para la comunicación entre los Habsburgo de España y los alemanes
decisiva alianza para mantener su predominio en el conflicto religioso de la época. Por
ejemplo, algunas zonas itálicas unían a Venecia con las Ligas Grises, los cantones suizos y
Francia; otras unían a Lombardía con Alsacia, Austria y los Países Bajos. Esto hacia que la
zona fuera una de las encrucijadas de la política europea, donde los mensajeros, las tropas y
el tesoro del eje Habsburgo-católico que iban en una dirección se encontraban con los del
eje anti-Habsburgo. Una muestra de lo anterior, fue cuando estalló la revuelta de Bohemia
que convirtió a la Valtelina (zona alpina de Italia) en una pieza crucial para que los
españoles realizaran un pasillo militar seguro entre Lombardía y el Tirol de forma que
pudieran ser enviados hombres y dinero para ayudar a Fernando. Junto a esto, durante 1624
y 1630 el cardenal Richelieu planeó una guerra en las peninsulas itálicas para “detener el
proceso de la expansión española y proteger a Italia de las pretensiones de España” que ya
había tomado Lombardia, Tirol y la Valtelina. Después de convencer a algunos regentes
franceses que se oponían a un conflicto en Italia con los Habsburgo de España y de aliarse
con importantes países como Suecia, ya no que quedaba ningún obstáculo para que
Richelieu detuviera la expansión española en territorio italiano. En enero de 1631, Francia
firmó el tratado de Bärwalde con el rey de Suecia a cambio de unos subsidios regulares. De
esta manera, Gustavo Adolfo dirigiría 36 000 hombres contra el emperador Fernando II y
destruiría el control de los Habsburgo sobre Alemania y, así se esperaba, que España
quedara indefensa al no tener el apoyo de los Habsburgo Austriacos. Una importante guerra
europea estaba a punto de estallar.

I. La derrota de los Habsburgo (1629-1635)
1. Suecia y Polonia

En enero de 1628 una comisión de la Dieta sueca había resuelto que la intervención en
Alemania estaba justificada tanto para proteger los intereses suecos (impidiendo la
formación de una flota de los Habsburgo en el Báltico) como para devolver su lustre a la
causa protestante; el rey haría bien en determinar el momento adecuado. En 1630 Gustavo
Adolfo desembarcó en Alemania, concretamente en Peenemünde (Pomerania), reuniendo
rápidamente un ejército de 80. 000 hombres. Trataba de infligir una derrota aplastante a las
fuerzas imperiales para garantizar no sólo su expulsión del Báltico sino también la
imposibilidad de su vuelta.

2. Gustavo Adolfo y Wallenstein

Durante 1629 Fernando II después de haber acabado con las pretensiones protestantes de
realizar grandes cambios drásticos en el imperio, trata de volver a emprender un programa
de recatolización forzosa. Para ello, el 6 de marzo de1629 el emperador firmó el edicto de
restitución. Esta medida (esbozada en 1627), aspiraba a hacerse de golpe con todas las
propiedades eclesiásticas adquiridas por los protestantes desde 1552.El ejército de
Wallenstein había de poner en práctica la decisión de los enviados especiales en las dos
Sajonias, donde 30habían de ser devueltos doce obispados y arzobispados y más de 500
abadías. Además, los calvinistas habían de perder todos sus derechos políticos. Estaba claro
que el edicto no era sino una de 1as medidas destinadas a extirpar el protestantismo. No
obstante, para este periodo de reformas también se introduce la conspiración a Alberto
Wallenstein, su creciente poder y prestigio como administrador e intendente de guerra y
uno de los personajes más cercanos al emperador hizo que algunos príncipes católicos
persuadieran a Fernando de destituirlo y quitarle todas las posesiones que había conseguido
en las guerras. Estas acciones se llevan a conclusión el 13 de agosto cuando el emperador
decidió destituir a Wallenstein, reemplazándolo por Tilly; el general de la Liga católica.

Hasta el momento, los resultados de la cooperación franco-sueca no se habían establecido
aún. Por eso las relaciones entre los dos países de reanudaron firmando un nuevo tratado el
23 de enero de 1631 que prometía a Suecia un millón de libras (83 000 libras esterlinas)
anuales durante cinco años para financiar una guerra que “salvaguardara el mar Báltico y el
Océano, la libertad de comercio y la liberación de los Estados oprimidos del Sacro Imperio
Romano”. En 1628 Gustavo recorría impacientemente de arriba abajo la costa del Báltico,
conquistando Mecklemburgo y Pomeranía, con lo que el control de Suecia era ahora
completo desde Dinamarca hasta Finlandia: el Báltico era un lago sueco. Gustavo había
alcanzado el primero de los objetivos de su invasión. Ahora tenía que conseguir un acuerdo
que garantizara las ganancias de Suecia en el futuro: para ello requería el apoyo activo de
los dos electores protestantes. En vista de que Gustavo planeaba dirigirse hacia el oeste y
liberar a sus aliados de Magdeburgo, estrechamente cercados por los imperiales, la fuerza
católica invadió ese lugar (el 20 de mayo).El mundo protestante quedó desolado, porque
Magdeburgo había ocupado un lugar preeminente en la fe luterana desde la década de 1520.
La toma de Magdeburgo dejó nuevamente en libertad de acción al grueso del ejército
imperial, por lo que Gustavo decidió marchar sobre Berlín, donde obligó al tembloroso
elector a entregar todas sus fortalezas a las guarniciones suecas. Esta toma de territorios
será decisiva para la batalla de Breitenfeld el 17 de noviembre de 1631, la superior potencia
de fuego del ejército sueco resultó decisiva: las fuerzas de Tilly se derrumbaron. Perdieron
unos 20 000 hombres durante la batalla y después de ella unos 7. 000 fueron hechos
prisioneros que pasaron a engrosar posteriormente las filas del ejército vencedor. La
victoria de Breitenfeld es el primer éxito protestante de importancia desde el comienzo de
la guerra; empezó inmediatamente a rendir frutos. El reorganizado ejército sajón fue
enviado a la vecina Silesia y a la indefensa Bohemia: Praga fue ocupada el 15 de noviembre
y los exiliados de 1620 pudieron volver después de haber sido expulsados por Fernando II.
El constante crecimiento sueco en tierras germánicas hizo temer la soberanía del imperio
por un nuevo resurgimiento protestante liderado por Gustavo y, a causa de esto, el 13 de
abril de 1632 los consejeros de Fernando lograron persuadir a Wallenstein para que
volviera a hacerse cargo de los ejércitos del imperio. Desde 1619 las guerras entre
Wallenstein y Gustavo se hacían más decisivas hasta que en 1632 el regente sueco y sus
tropas se retiraron durante la guerra a pasar el invierno en guarniciones dispersas sin
ninguna clase de ayuda para sus soldados y para él; pereció, al parecer, por un disparo que
dio en su espalda a corta distancia en Lützen junto a otros 15. 000 combatientes. Al paso
de este hecho, se rumoreaba que Wallenstein tenía contacto con países enemigos y, esta
situación, fue mal interpretada por algunos consejeros del emperador. Fernando estaba
inseguro de todos estos rumores pero, si sabía, que Wallenstein no había conseguido ganar
en la batalla contra los suecos; pues muchos de ellos todavía permanecían en territorio
alemán. De ahí que, fue asesinado por los agentes del emperador el 25 de febrero de 1634.

3. El cardenal infante

Felipe III y Felipe IV fueron monarcas importantes durante la guerra de los Treinta Años,
su apoyo a los Habsburgo de Alemania fue crucial para aventajar en número de tropas a
muchos enemigos del imperio sacro-germánico. Desde otro punto de vista, los Habsburgo
de España o el imperio español de la época se fortalecía en Europa mediante una red
estratégica que se unía desde América hasta Alemania y las Provincias Unidas, a su vez,
cualquier desequilibrio en algunos de estos territorios podía causar gran daño en los demás.
De tal manera, que la guerra que de religión que ocurría dentro del imperio de Fernando II
era crucial no solo para el imperio germánico sino también para la supremacía de España en
Europa.

Por este motivo, sin la dirección de Wallenstein el ejército de Fernando necesitaría más
tropas para eventuales guerras con los protestantes que quedaban al sur de Alemania. Así,
en 1634 el ejército sajón había invadido Bohemia nuevamente, y los restos del ejército
imperial de Wallenstein mandado ahora por el hijo del emperador, Fernando, se debatían
entre la necesidad de defender las provincias patrimoniales y el deseo de unirse al
prometido ejército español que llegaba de Italia para limpiar juntos todo el sur de Alemania
de tropas protestantes. Al final prevaleció esto último, y el 2 de septiembre a pesar de todos
los esfuerzos de sus enemigos, el ejército español y el imperial unieron sus fuerzas en las
afueras de la ciudad de Nördlingen, al norte de Donauwörth, asediada por el ejército del
emperador. Como resultado final, esta batalla acabó en una catastrófica derrota para los
protestantes. La victoria de los Habsburgo trajo como consecuencia la paz de Praga que
buscaba unir de nuevo a los estados de Sajonia y Brandemburgo al imperio por lo ocurrido
en las guerras protestantes con los suecos. El resultado era el que se esperaba: los príncipes
protestantes de esos estados no se acogerían a esta Paz, por más, que el edicto de restitución
se anule. Pero esto no impediría que los estados aceptaran el acuerdo y, en efecto lo
hicieron.

Ahora bien, el fortalecimiento de los Habsburgo en Alemania y España, el lugar estratégico
que tenían ambos entre Italia y Viena, la inesperada derrota de Suecia y el debilitamiento
cada vez más de las fuerzas protestantes, causo que el cardenal Richelieu tomará medidas
más rigurosas para detener a los Habsburgo en todos sus frentes. Incentivo una vez más la
sublevación de los Países bajos. Invadió la Valtelina (lugar importante para el apoyo entre
España y Alemania) en 1635 e impidió la comunicación militar entre Milán y Viena. Por
último, por tratar de impedir una paz general en Alemania, Richelieu firmó en noviembre
de 1634, un acuerdo preliminar con la Liga de Heilbronn ofreciéndole los servicios de un
ejército de 12 000 hombres pagados por Francia durante la campaña de 1635. El 28 de abril
se firmó un tratado pleno de alianza con la Liga. Como quiera que se vea, Francia no solo
estaba dispuesta a combatir en varios frentes sino también a enlazar guerras trascendentales
para el rumbo de Europa.

III. Guerra y revolución

1. Al borde del desastre (1635-1640)

Francia inicio este preludio de guerra que se avecinaban en las Provincias Unidas al tomar
lugares importantes. España, mientras tanto, se debatía en sus problemas internos (la
economía era el principal factor). Al mismo tiempo, El 4 de octubre Suecia recuperó la
reputación perdida en Nórdlingen cuando su ejército derrotó a una fuerza superior de
sajones e imperiales en Wittstock y continuó hasta ocupar el electorado de Brandemburgo.
Su extraordinaria invasión no había provocado más que devastación. España no tenía como
pedir apoyo al Habsburgo de Alemania, pues éste, se encontraba en una guerra muy
decisiva de nuevo con Suecia (fuertemente financiado por Francia). Además, Holanda
retomo de nuevo la idea de expandirse por todos los corredizos españoles para tomar una
fuerte posición pensando en su independencia. España no podía ver peor las cosas. El
valido Olivares creía que el único medio para una eventual salvación era acordar una paz;
una tregua, con Francia y Holanda; paz que parecía muy lejos porque España quería poner
sus condiciones para permanecer en su soberanía.

2. El hundimiento de la monarquía española (1640-1643)

Uno de los conflictos que marca este hundimiento aparte de aquellos que venían desde el
exterior, era la revuelta interna de Cataluña que venía en conflicto con el gobierno de
Madrid desde 1600. A esto se agregaba, la revolución de Portugal en oposición al monarca
Felipe IV por los altos impuestos que exigía para financiar al ejército español. Además,
Portugal y Holanda se tomaban lugares importantes para el sostenimiento de la corona
española, por ejemplo, Pernambuco era una de estas ciudades donde la azúcar era un
principal elemento para la economía pero, dominadas por otros países, perjudicaban el
tesoro español. La situación se agravaba más cuando se supo que el que Cataluña era
apoyada por Francia; que apoyaba también a Holanda. De esta manera, Francia jugaba un
papel importante desde hacía rato en esta guerra de los treinta Años. Todas estas maniobras
de hundir la monarquía española junto con su gran aliado en Alemania eran de vital
importancia para el surgimiento de una nueva potencia europea.

3. El resurgir de Francia (1643-1646)

A pesar de que Richelieu fue una pieza crucial en este resurgimiento francés durante la
guerra de los Treinta Años. No alcanzo a ver todo proceso pues su muerte se dio el 4 de
diciembre de 1642. El 14 de mayo de 1643 muere el rey de Francia; Luis XIII, con estos
acontecimientos la regencia de Francia queda en manos de algunas personas cercanas a la
corte, sin embargo, ya se preparaba Luis XIV. Cabe recordar, que Mazzarino fue uno de los
regentes que quedo en el cargo después de la muerte del rey. Sus ideas no cambiaron.
Francia seguía presionando a España porque era el momento preciso; y así lo entendía
Mazzarino, de agotar las fuerzas militares y económicas españolas. No obstante, todas estas
ideas que buscaban la gloria de Francia; concebidas desde Richelieu, van a tomar un giro
inesperado. Holanda temiendo el gran crecimiento que tenía Francia prefiere acordar la paz
con España, pues prefería estar protegida por la corona de Castilla que mirar de nuevo una
colonización ahora por parte de los franceses que ya estaban, en buena parte, de algunos
territorios holandeses. España está dispuesta a negociar cualquier idea de paz; dada la
situación que venía sufriendo. Richelieu durante los últimos años de su vida había dejado
una considerable deuda por todas las aportaciones que hacía para llevar a cabo el
hundimiento de España apoyando, así, a los suecos, holandeses y protestantes en Alemania.
Estas consecuencias le tocaran vivirlas a Mazzarino quien no vera una salida a la deuda que
crecía más con el pasar de los años. De esto resultaba, una guerra interna; la fronda, que
nacía en respuesta de los malos momentos financieros que se vivían en Francia. Además,
hay que agregarle que Francia dejo de incentivar la guerra en Alemania y esto le favorecia a
España. Así, el resurgimiento francés se veía diluido por los acontecimientos inesperados
que sucedían en Europa y, a su vez, esto coincidía con el final de la guerra de los Treinta
Años pues en Alemania el conflicto ya había menguado. Francia quería ver la oportunidad
de entablar la paz con sus enemigos y España solo quería tratar de reestructurar sus asuntos
internos.

4. El fin de la guerra de los Treinta Años

En 1618 había habido cuatro tensiones fundamentales en el sistema político europeo: la
lucha entre España y los holandeses; la confrontación de príncipes y estados en gran parte
protestantes con los Habsburgo católicos en el imperio; la enemistad entre Suecia y
Polonia; y la rivalidad entre Francia y los Habsburgo. Una de las razones por la que todos
los conflictos duraron tanto fue la alineación de los grupos implicados en un conflicto con
los implicados en otro. Así, la guerra en el imperio duró casi treinta años, con muy pocas
interrupciones, fundamentalmente porque los enemigos de los Habsburgo fuera de
Alemania eran demasiado numerosos y estaban demasiado bien coordinados como para
permitir una victoria imperial, y en cualquier momento podían obtener algún apoyo dentro
del imperio dada la fragmentada estructura político-religiosa de éste.

En conclusión, la paz de Westfalia fue firmada el 24 de octubre. Sin embargo, la liberación
no se extendió a todo el mundo. La 1ucha entre Francia y España continuó, así como la
rivalidad entre Polonia y Suecia. Sólo las tensiones en los Países Bajos y el imperio
quedaron resueltas en 1648, e incluso allí la cosecha de 1649 fue la peor del siglo,
produciendo hambre generalizada y numerosas revueltas populares. Un prolongado pogrom
en Polonia llevó a la muerte de 100 000 judíos durante la década de 1648-58. La peste
bubónica asoló muchas regiones, diezmando con especial rigor las penínsulas italiana e
ibérica. Aquéllos que soñaban con lograr una paz universal entre los hombres, como Jan
Amos Comenius, exiliado tras la revuelta bohemia, vieron sus esperanzas frustradas una y
otra vez y su enfoque idealista y ecuménico estigmatizado como traición. Los
contemporáneos prestaron mucha más atención a los milenaristas -ya fueran cuáqueros,
místicos o judíos- que proclamaban que los tiempos en que vivían eran tiempos malditos,
un Siglo de Hierro, los años del Anticristo que (de acuerdo con la Biblia) precederían al fin
del mundo. El miedo a una destrucción inminente, que alcanzó su punto culminante al
acercarse el numerológicamente alarmante año de 1666, dio a gran parte de la cultura de
mediados del siglo XVII ese carácter febril y angustiado que fue tal vez su rasgo más
distintivo.