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Identidad e imagen del trabajo social en tiempos de globalización y posmodernidad


AUTOR: César A. Barrantes A

RESUMEN
Se trata de un proyecto investigativo de carácter ético-estético-geopolítico, cuyo desiderato es la búsqueda
de opciones a las epistemologías que hemos venido asumiendo como base de institucionalidad del oficio que
denominamos trabajo social y/o asistencia social. Aquél se enmarca dentro de un determinado sistema
históricosocial, actualmente de carácter planetario o global, cuyas relaciones ostentan dos rasgos relevantes:
su asimetría e inequidad. Una expresión de ello es que las publicaciones científicas de los países del sur, se
ven cada vez más excluidas de los índices internacionales. Motivado por esta cuestión nos propusimos dos
objetivos que originan las dos secciones en que subdividimos el documento: Conocer 1) las representaciones
sociales que nos hemos construido en tanto y en cuanto agentes de la práctica social que denominamos
trabajo/asistencia social. 2) Las temáticas de su interés, las formas de sus abordajes, los alcances de sus
síntesis y propuestas, a la luz de la problemática históricosocial arriba mencionada y de los criterios de
publicación establecidos por las revistas académicas de ciencias sociales más importantes.

Nuestra reflexión apunta al Trabajo-Social-Que-Está-Por-Hacerse-en-nuestra-América-Latinoiberoeuroindo-
afrocaribeña,

“LA CIENCIA JAMÁS ES UNA SOLA MIRADA SOBRE EL MUNDO. HAY OTRAS MUCHAS”. Werner Heisenberg, Premio
Nobel de Física, 1932. ¿CUÁL ES LA MIRADA DE LOS TRABAJADORES SOCIALES Y LAS TRABAJADORAS SOCIALES?,
PREGUNTO YO...


Conferencia inaugural del Congreso Internacional de Trabajo Social, organizado por la Escuela de
Trabajo Social de la Universidad del Zulia con el auspicio de la Asociación Venezolana de Escuelas de
Trabajo Social y la Red Latinoamericana y Caribeña de Trabajadores Sociales. Maracaibo, 24-28 de
octubre de 2000. Aquí retomamos partes sustantivas de dos trabajos anteriores (Barrantes, 2000a, y
2000b) que fueron presentados a la Conferencia Conjunta de la Asociación Canadiense de Escuelas de
Trabajo Social y la Federación Internacional de Trabajadores Sociales, celebrada en Montreal del 28 de
julio al 2 de agosto de 2000. Publicada en la Memoria del Congreso, Editorial de la Universidad del Zulia.

Ciudadano de las Américas con estudios de licenciatura, especialización, maestría y doctorado en trabajo
social, planificación social, análisis de política social, gerencia social y estudios del desarrollo. Exprofesor
asociado de la Universidad de Costa Rica. Profesor investigador de grado y posgrado de la Universidad
Central de Venezuela, profesor invitado de la Universidad del Zulia. Consultor social. Coordinador de la
Red Latinoamericana y Caribeña de Trabajadores Sociales, director de la Revista Latinoamericana de
Trabajo Social e Intervención Social. Actualmente está promoviendo la creación de la Universidad
Internacional de los Trabajadores Sociales, con sede en Caracas, Venezuela.
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1. INTRODUCCIÓN TEÓRICOPOLÍTICA
La presente comunicación forma parte de un proyecto ético-estético-geopolítico-
científico1 en marcha que, en estos tiempos de globalización y condición epocal
posmoderna, tiene varios desideratos, a saber:
1. Producir, difundir y consumir conocimientos mediante los cuales buscamos opciones a
las epistemologías que -en los pluriversos ámbitos donde se realizan las diversas
prácticas de eso que llamamos trabajo social (Barrantes, 1985; Colmán, 1998)- hemos
venido asumiendo –y algunos sufriendo no siempre acríticamente- como base de la
institucionalidad del oficio que denominamos –aún ambiguamente en diversos países
como España, Brasil, Uruguay, Paraguay, Argentina y Chile- trabajo social y/o
asistencia social2.
2. Constituir una nueva forma de mirar nuestros mundos de vida global, nacional y local y,
por lo tanto, contribuir a la construcción, consolidación y cotidianización de lo que,
desde hace varias décadas denominamos sin ambages, El-Trabajo-Social-Que-Está-Por-
Hacerse-En-Nuestra-América-Latinoiberoeuroindoafrocaribeña (Barrantes, 2000; Re-
latis, 2000; Uits, 2000; Relats, 1999; Barrantes, 1979)3.
1
“Debemos luchar contra la disyunción y a favor de la conjunción, es decir, establecer ligazones entre
cosas que están separadas. Esto obliga a crear lo que llamo macroconceptos —conceptos ensamblados,
articulados unos con otros— que a veces provocan grandes dificultades de asimilación. Por ejemplo, para
hablar de la organización viva, utilizaría el macroconcepto auto-geno-feno-ego-eco-re-organización.
Cuando escribo esto, nueve de cada diez lectores piensan que es totalmente ridículo. No estamos
acostumbrados a hacer estas articulaciones y debemos hacer un esfuerzo para habituarnos a esos
macroconceptos” (Morin, 1995:88).
2
Esta problemática no es propia de los trabajadores sociales del sur, sino también de los diversos sujetos de
conocimiento de las denominadas ciencias sociales, naturales, básicas, ingenieriles y tecnologías de la
información y comunicación. Los límites de este trabajo nos impiden desarrollar estas implicaciones, pero
remito, además de los textos citados en la nota anterior, a RNS (1995), Wallerstein (coord., 1996), Briceño
y Sonntag (1998, 1999), Sonntag (1998), Follari (1998), LMD (2000).
3
Esta denominación, no pretende en este trabajo ser más que una hipercondensación de las diversas
representaciones sociales (ideológico-simbólicas) que, sobre la supuestamente única y homogénea
identidad latinoamericana, han venido construyendo tanto actores globales y locales gubernamentales y
privados como panamericanos, multilaterales y trasnacionales, desde los cuales se emiten discursos
diferenciales que procuran institucionalizar una diversidad de planes (políticas, programas, proyectos,
políticos en tanto propuestas de satisfacción de necesidades), cada uno absolutizando diferencialmente
alguna identidad particular como si fuera total, así sea iberoamericana, euroamericana, indoamericana,
caribeñolatinoamericana, latinoamericana, hispanoamericana, afroamericana... Con esta
hipercondensación no pretendemos solucionar el problema de las identidades de la América que no es el
norte geográfico pero sí es el SUR que se está construyendo epistemológicamente. Con ella damos cuenta
de la complejidad de la construcción de identidades en y de nuestras configuraciones societales
poscoloniales, algunas de cuyas características más relevantes en estos tiempos de globalización y de
condición epocal posmoderna, son el mestizaje, la multiculturalidad, la hibridación cultural, la
colonialidad del poder, la diferencia colonial y el poder colonial. Sobre estos temas –hoy geopolíticamente
problematizados desde lugares que los centros de poder pudieran juzgar como fuera de lugar- hay una
3

3. Discutir sobre y a propósito de los pequeños y grandes temas o thematas4 regionales y
subrregionales que requieren ser problematizados en la perspectiva de las
especificidades y diferencias que están por ser construidas por los trabajadores sociales y
las trabajadoras sociales, y, sobre esta base, reinventar el arte y la artesanía de construir
puentes de rencuentro con otros profesionales que se ocupan de la Intervención-Acción-
Implicación Social5 en otros países y otras regiones.
4. Contribuir a que -desde nuestros propios mundos de vida socioprofesional- nos capacite-
mos y potenciemos en el ejercicio mismo de un nuevo modo de vivir, mirar, sentir, hacer
y encarnar la cultura de la pluriversidad, del debate fraterno, dialógico pero sin concesio-
nes, mucho menos clientelares, populistas, burocratistas y tecnicistas.
Dicho proyecto se enmarca dentro de un determinado sistema históricosocial de poder
(dominación-explotación-antagonismo), actualmente y desde sus inicios, de carácter
mundial o global (Wallerstein, 1996; Quijano, 1993, 2000), cuyas relaciones (culturales,

abundante literatura en inglés, francés y castellano -muy poco conocida por los trabajadores sociales y las
trabajadoras sociales-, la cual enriquece a la ciencia social moderna centroeuropea y potencia la
producción de conocimientos alternativos a las epistemologías hegemónico-dominantes. Dados los límites
de esta comunicación, sólo me permito recomendar la lectura de Quijano y Wallerstein (1992), Quijano
(1997, 2000), Wallerstein y Balibar (1998), Klor de Alva (1992), Rivera y Barragán (1997), Lander
(2000, 1998, 1997), Mignolo (2000, 1999, 1998, 1997, 1995), Castro Gómez (1997), Dussel (1998, 1995),
Mato (1995, 1994), Jácome (coorda., 1993), Girola (2000), Guzmán G. (1998), García Canclini (coord.,
1996), Piscitelli (1998), Varios (1998), Guadarrama y Pereliguin (1998), Lanz (1997), Seoane (2000).
4
Themata: “Término acuñado por Gerhard Holton (1983). Como complemento del análisis contingente de
los hechos y de las teorías, Holton propone elaborar un análisis ‘thematico’ de la ciencia. Se trataría de
examinar la dimensión de los presupuestos fundamentales, las nociones, los términos, los juicios
metodológicos y las decisiones que no derivan, ni tampoco son reductibles, ya sea a la observación, ya sea
al razonamiento analítico formal. La problemática de los ‘themata’ no es privativa de la ciencia
experimental moderna. Posee antecedentes ejemplificadores en la Teogonía de Hesiodo y en el Génesis
bíblico. La continuidad que existe entre la cosmogonía y la cosmología evolucionista actual es una
continuidad ‘themática’ y no de contenido o de método. Así como existe una ruptura paradigmática entre
ambas perspectivas, existe una no menos fuerte continuidad ‘themática’. Prolongando la analogía
sostenemos que la composición/complementación entre las categorías de la modernidad/posmodernidad
es otra de estas alternancias metaepistemológicas que exhiben continuidad o ruptura según se privilegie
una lectura themática o paradigmática” (Piscitelli 1988:69, cita No. 1).
5
De manera muy operacional, con este complejo terminológico, queremos representar el momento a través
del cual un actor individual y/o colectivo que es arte y parte de la trama social, pone en marcha acciones
de promoción, organización, innovación y gerencia estratégica y operativamente planificada de procesos –
llámense éstos planes de políticas, programas, proyectos u operaciones-, con el afán de facilitar la
decodificación y explicación de los mundos de vida, la traducción, comprensión y resolución de carencias
y realización de aspiraciones, así sean éstas imaginarias, simbólicas, reales o masmediáticas individuales,
grupales, colectivas y ecosistémicas. A través de estos procesos, los sujetos sociales construyen sentido, es
decir, significado, intencionalidad y direccionalidad a sus mundos de vida y, a partir de éstos, al
movimiento de la sociedad. Al mismo tiempo, resignifican y agregan valor a sus relaciones cotidianas
consigo mismos y con otros actores; con la sociedad y la naturaleza, pero, fundamentalmente, con las
diversas instancias formales e informales del estado, el sistema político, la nación, el mercado y la
sociedad civil (RELATIS, 1999).
4

económicas, políticas, tecnocientíficas, sociales, ideológico-simbólicas e institucionales
capitalistas y no capitalistas) han venido siendo articuladas en torno al capital –que, como
ya sabemos, es una relación específica de poder entre quienes controlan el trabajo
asalariado y quienes poseen la fuerza de trabajo manual e intelectual- y cuya configuración
ostenta, al menos, dos características relevantes: su asimetría e inequidad.
Dicho sistema de relaciones son incontestablemente beneficiosas para los habitantes de
los países del norte y maleficiosas para los del sur, los cuales vamos quedando, cada vez
más, sometidos a una condición de usufructo regresivo de los frutos del árbol de la vida,
que parece haberse enraizado en la cultura occidental eurocéntrica, cuyo principal éxito es
el presentarse seductoramente como universal.
En el campo de la producción de conocimientos –tanto en ciencias básicas, tecnologías e
ingenierías como en el campo del pensamiento social y las ciencias sociales- dichas
asimetrías vienen siendo asumidas por amplios grupos académicos como normales, en el
sentido de que las aceptamos –o se nos pretende hacerlas ver así por parte de actores
globales y locales- como el producto de una natural división internacional del trabajo.
Una expresión de tal situación es el hecho de que las publicaciones científicas de los
países del sur -específicamente de nuestra América Latinoiberoeuroindoafrocaribeña-, se
ven cada vez más excluidas de los índices internacionales establecidos por los centros de
producción académica del norte.
Entre las razones existentes, González Vegas (1999:13) visualiza el carácter progresiva-
mente ultraselectivo de los criterios aplicados para su inclusión en las –por lo general adje-
tivadas como prestigiosas- bases de datos internacionales.
Varios ejemplos apuntalan esta afirmación: del total de alrededor de un millón de
publicaciones periódicas del mundo (Ramos, 1988), sólo tres mil trecientas se encuentran
en el Social Science Citation Index y de éstas sólo veintiocho –es decir, el 0.28% de las
diez mil publicadas en América Latina- son de la región (González Vegas, 1999:13). Para
1998, en el Science Citation Index sólo fueron incluidos dieciséis títulos latinoamericanos,
lo que significa sólo el 0.3 % del total de revistas indizadas en esa base de datos.
En la Biblioteca Británica, de un total de trecientos sesenta mil publicaciones periódicas
indizadas, sólo figuran mil ciento cincuenta y cuatro títulos de ciencia y tecnología y
5

ochocientos treinta y dos de ciencias sociales latinoamericanas; esto representa el 0.2% de
visibilidad de las publicaciones regionales en este Catálogo (Ramos de Francisco, 1999:29).
Para González Vegas (1999:13), el 70% de las diez mil revistas latinoamericanas
existentes no se encuentra en ningún índice y de ellas, sólo alrededor del 57% puede
considerarse activo (Ramos de Francisco, 1999:29), y, no obstante que los países del sur
tienen el 24.1% de los científicos mundiales y aportan el 5.3% del gasto mundial en
investigación, el porcentaje de sus revistas catalogadas, por ejemplo en el Social Science
Citation Index, ha caído en 40% desde 1981.
Completando estos datos, Ramos de Francisco (1999:29) concluye que la invisibilidad
de las publicaciones latinoamericanas en los índices del norte, tiene –además de las
imposiciones de que somos objeto- otras causas. Entre éstas, el bajo potencial científico de
la región, la ausencia o insuficiencia de políticas de desarrollo tecnocientífico y de
innovación social, el desconocimiento del verdadero volumen de las publicaciones
científicas y, más aún, de la producción y productividad de nuestras universidades;
asimismo, la carencia de directorios nacionales actualizados y directorios de revistas y
obras universitarias.
Si bien examinar el itinerario de las ciencias sociales y, particularmente, de la
investigación, docencia y acción o extensión social de las más de quinientas universidades
(Rivera, 1998) existentes en nuestra América Latinoiberoeuroindoafrocaribeña, está fuera
de los objetivos que orientan esta comunicación, no por ello podemos dejar de referenciar
que la tradición socioinvestigativa se ha visto fuertemente bloqueada por la represión
políticomilitar en la gran mayoría de los países, por el brutal incremento de la megadeuda
externa y por los programas no menos brutales de ajuste estructural. De acuerdo con Rivera
(1998), el promedio actual invertido por estudiante universitario en la región es de $649 en
contraste con los $6.000 invertidos por Canadá y los $4.000 a $5.000 de la mayoría de los
países europeos. Asimismo, el promedio del apoyo a la ciencia y la tecnología no supera el
0,5% del PIB regional mientras que en Japón y otros países industrializados es mayor al 3%
anual (Tunnerman, 1997:112 y 139).
Esta insuficiencia presupuestaria ha obligado a los cientos de centros de investigación,
especialmente privados, creados en los decenios sesenta y setenta, a depender del
financiamiento externo –bilateral, multilateral y privado, bastante disminuido en estos
6

últimos tiempos-, con sus consecuentes manipulaciones teóricas, metodológicas y
temáticas, y rendimientos teóricos y prácticos muy desiguales.
En el ámbito del trabajo social, resulta patética la queja sostenida –expresada en
seminarios y congresos y, en el último año, a través de la Red Latinoiberoamericana y
Caribeña de Trabajadores Sociales (Relats, en línea)- de estudiantes y profesores acerca de
la secular ausencia de parámetros y la insuficiencia de las evaluaciones del rendimiento
docente, de las reformas curriculares y de la exigua investigación realizada en sus escuelas.
Por otro lado, las formas institucionales y organizacionales de los grupos que
tradicionalmente vienen copando los organismos académicos y gremiales nacionales y
regionales, tampoco ayudan mucho a la agregación de valor ni a la puesta en pie de
igualdad con otros sujetos de conocimiento, a los pocos colegas que, desde diversas
posicionalidades y, por lo general, sin resonancia académica, gremial o institucional,
pudieran estar empujando hacia la constitución de algún pensamiento y alguna práctica
alternativa de trabajo social, ético-estético-científico-geopolíticamente orientado a la
producción de conocimientos y saberes y a la crítica al poder colonial y a la colonialidad
del poder6.
Pero la crítica al poder colonial y a la colonialidad del poder, es una discusión de futuro
abierto que no se refiere únicamente a las relaciones externas de nuestra América
Latinoiberoeuroindoafrocaribeña con los países hoy denominados poscoloniales.
Se refiere también a la crítica a la colonialidad interna de las relaciones de poder en cada
configuración societal, y, específicamente, ya que formamos parte de éstas, en el caso que
nos ocupa, las que trabajadores sociales y trabajadoras sociales ejercemos sobre los sujetos
que definimos –y nos son definidos y asignados por los poderes de la neoasistencia social-

6
El concepto de colonialidad del poder fue introducido al debate internacional por Quijano (1992) y luego
por Quijano y Wallerstein (1992. Ver también Mignolo (1997), Lander (1998) y Quijano (1998). “El
colonialismo fue el escenario y el marco que permitió la constitución de la idea de raza como el
instrumento universal de clasificación social básico de toda la población del planeta. Y esa clasificación
probó ser, hasta ahora, el más eficaz mecanismo de dominación dentro del poder mundial capitalista. De
esa manera el patrón mundial de poder capitalista se constituyó en su carácter de colonial/moderno.
Cuando el colonialismo fue eliminado, la relación colonial de dominación entre razas no sólo no se
extinguió, sino que se hizo en muchos casos mucho más activa y decisiva en la configuración del poder,
desplazándose de una institucionalidad (el colonialismo) a otra (países independientes y/o estados-nación)
y en consecuencia rearticulándose a escala global. De eso da cuenta el concepto de colonialidad del poder”
(Quijano, 2000).
7

como objeto de nuestras intervenciones profesionales, pero especialmente, sobre nuestros
propios colegas7.
Asimismo, se vincula al develamiento del cómo opera la gestión nacional e internacional
del trabajo social, cómo y qué tipo de decisiones se toman y cómo estas afectan nuestro
estatuto epistémico, académico, profesional y gremial8 y la producción, circulación y
consumo de conocimientos, pero, fundamentalmente se articula al modo mediante el cual
hemos venido construyendo las representaciones sociales acerca a) de nosotros mismos en
tanto y en cuanto trabajadores sociales y trabajadoras sociales, b) del papel que
desempeñamos y el habitáculo que ocupamos en el concierto de las relaciones de poder
intra-inter-multi-trans-disciplinares del sur y entre estas y las del norte, c) y de la
comprensión de la relación existente entre los retos societales de los trabajadores sociales y
las trabajadoras sociales y la calidad y cantidad de nuestra producción de conocimientos.

2. LA ESTRATEGIA METODOLÓGICA
Motivados por las cuestiones esbozadas en el apartado anterior, nos propusimos conocer
las representaciones sociales9 que nos hemos construido -y, por lo tanto, proyectamos en
7
Para ello es necesario partir -ya no de problemas ajustados a métodos apriorísticos y dogmatizantes, rele-
vantes sólo en función de la división artificial de la ciencia social en disciplinas o compartimentos
estancos- si no, de los que seamos capaces de reinventar a partir de nuestras prácticas socioprofesionales y
cuya sola problematización y sistematización nos podría colocar en condiciones de superar el déficit que
tenemos los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales, de sistemas de comunicación, información y
producción de conocimientos que nos permitan compartir y alimentar de manera pluriversa las experien-
cias que desplegamos cotidianamente en nuestras vidas profesionales. Esto tiene como exigencia pensar,
fundamentar y relanzar epistémicamente el oficio que tanto nos duele (Barrantes, 1985; 1999; 1999c; 19-
99d).
8
Consideramos este punto realmente crucial. Realizar su crítica y develar sus mecanismos nos podríamos
colocar en posición de poder llegar a influir en la organización misma de las conferencias y congresos de
la Asociación Internacional de Escuelas de Trabajo Social, la Asociación Internacional de Escuelas de
Trabajo Social y de la Federación Internacional de Trabajadores Sociales. Sólo así podríamos dejar de
seguir admitiendo –no sin resistencias sintomáticas- que tales eventos sigan siendo los lugares en los que
los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales del norte –al igual que sucede en las ciencias sociales
(Sonntag, 1998)- continúen celebrándose a sí mismos.
9
Si bien este concepto tiene su uso genérico en algunas disciplinas como la sociología y el trabajo social al
menos en Costa Rica de cuya Universidad de Costa Rica fui docente hasta 1989. En Venezuela, a partir de
1993 realizamos diversas discusiones docente-estudiantiles y realizamos algunas sistematizaciones de
experiencias de diversos centros de práctica profesional integradas, basadas en las representaciones
sociales de los sectores populares. Entendemos por éstas las ideas, pensamientos, imágenes, concepciones,
visiones y nociones de los agentes-actores-sujetos sociales acerca de sus relaciones consigo mismos, los
otros y la realidad socialmente construida. Con Mato (2000), quien desde hace muchos años también lo
utiliza de manera genérica aunque referido a ámbitos muy distintos a los nuestros, decimos que la “idea ha
sido objeto de variados tratamientos y formulaciones por diversos autores, en cualquier caso es
conveniente señalar que tres hitos bibliográficos salientes en su genealogía han sido la formulación de
Durkheim sobre la idea de representaciones colectivas (1968 [1912]), la de Althusser (1967 [1965]), y la
8

nuestros entornos relacionales-, respecto de nosotros mismos en tanto y en cuanto agentes-
actores-sujetos10 de esa específica -¿quizás debiéramos decir inespecífica?- práctica social
que denominamos trabajo social, pero también –al menos en España y algunos países del
Cono Sur de nuestra América Latinoiberoeuroindoafrocaribeña- servicio social.
Asimismo, nos propusimos conocer las temáticas de interés de los colegas, las formas de
sus abordajes, los alcances de sus síntesis y propuestas; asimismo, establecer si sus
esfuerzos reflexivos, sistematizadores e investigativos se insertan en la problemática menci-
onada; finalmente, valorar la eficiencia y efectividad de dichos esfuerzos, a la luz de los
criterios que las revistas académicas de ciencias sociales más importantes, tienen
establecidos para seleccionar los documentos que le son enviados para su publicación
(Relatis, 1999; Lakatos y de Andrade, 1992; Camejo, 1990; Serafini, 1989; Unesco,
1983)11.
Nuestras preguntas generadoras, son las siguientes: ¿Qué tipo de actividades realizamos
los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales para autodefinirnos como tales?, ¿cómo
nos representamos a nosotros mismos la propia práctica del trabajo social?, ¿nos permite

de Moscovici (1979 [1961]) sobre representaciones sociales”.
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Si bien utilizamos estos términos de manera genérica e inclusiva, la distinción entre uno y otros es
contextual y relacional. Vgr., el(la) actor(a) se refiere a personas físicas o jurídicas que también pueden
desempeñar papeles de agentes o sujetos, cuya clasificación no presume la existencia de tipos puros, si no,
sólo una diversidad de características que pueden ser compartidas por uno o varios de aquéllos(as), en uno
o varios momentos y variar su combinatoria, de acuerdo con los cambios del movimiento social y de los
campos de fuerzas, de poderes y contrapoderes. No obstante teniendo en cuenta la anterior relativización,
para efectos didácticos, entendemos lo siguiente: 1) Los agentes sirven de simple correa de trasmisión
ideológica, tecnológica y económica de proyectos que, sin ser propios, son asumidos y motorizados como
tales, determinados por la ley de la oferta y la demanda que es propia de los circuitos de producción y
acumulación, reproducción, legitimación e institucionalización dominantes. 2) Los actores representan, a
veces creativamente, papeles sociales que son asumidos con relativa independencia de los guiones
posibles, deseables y necesarios dentro de escenarios sociales que no intentan modificar más allá de lo
verosímil. 3) Los sujetos están sujetados(as), como los anteriores, a relaciones de poder y construyen altos
grados de conciencia histórico-política y variables de libertad, lo cual les permite, a partir de sus in-
serciones diferenciales en los niveles de realidad que les concierne, asumir los retos que pueden con-
ducirlos(las) a potenciar y direccionar procesos (proyectos) tendencialmente transformadores. A diferencia
de agentes (término muy utilizado por los economistas) y actores (muy utilizado por sociólogos políticos y
politólogos), los(las) sujetos (categoría utilizada básicamente por sicólogos, analistas, filósofos,
epistemólogos, educadores y trabajadores sociales con matices diferenciales) no ocupan posiciones presta-
blecidas de una vez y para siempre, sino que son constituyentes en cada periodo histórico construyendo
posicionalidades, es decir, posiciones dinámicas e inestables, siempre en relación con los otros (Lacan,
1984; Foucault, 1978; Jensen, 1986; Brauntein, 1986; Zemelman, 1995:11-28; Lanz, 1997).
11
Una sustantiva condensación de estos criterios integra la normativa de la Revista Latinoamericana de
Trabajo Social e Intervención Social: pertinencia del tema planteado, originalidad del planteamiento,
método y técnicas utilizadas, presentación de cuadros, tablas y gráficos; estilo de la redacción, adecuación
del título con el resumen, el contenido, el desarrollo y las conclusiones; organización lógica del artículo,
actualidad y pertinencia de la bibliografía (Relatis, 1999).
9

esta práctica producir, consumir y/o difundir conocimientos, informaciones y/o simples da-
tos?, ¿cuáles son los indicadores que nos permiten pensar que efectivamente los trabajado-
res sociales y las trabajadoras sociales producimos, consumimos y/o difundimos
conocimientos, informaciones o simples datos?.
Seguidamente, adelantamos unas inconclusiones problemáticas que -lejos de clausurar la
discusión- abren sin ambages, la polémica en torno a la tensa relación existente entre las
representaciones sociales, la productividad real y los retos societales a que se enfrentan los
trabajadores sociales y las trabajadoras sociales, en estos tiempos de globalización y
condición epocal posmoderna.

I. ANÁLISIS DE LAS PONENCIAS
1.1. Frecuencia de las categorías utilizadas

Diecinueve (47.50%) veces es utilizada la categoría de trabajo social, seis (15.50%) la
investigación, cinco (12.50%) la globalización, cinco (12.50%) la identidad profesional,
cinco (12.50%) la intervención profesional, cuatro (10 %) la formación profesional, tres
(7.50%) la ética, dos (5%) la metodología y los desafíos del trabajo social, dos (5%) la
educación, dos (5%) la racionalidad cientificista, cuatro (10%) la epistemología y la
subordinación del trabajo social al cientificismo, dos (5%) la ciudadanía, dos (5%) la
participación social, dos (5%) la sistematización, dos ( 5%) la producción de
conocimientos, una (2.5%) la economía popular, una (2.5%) la pobreza, una (2.5%) la
infancia y juventud, una (2.5%) la droga, una (2.5%) la decentralización de los servicios del
estado y una (2.5%) la acción social.

1.2. Tipos de ponencias
Del total de ponencias estudiadas, siete (17.5%) son ensayos: tres con base evaluativa e
investigativa y cuatro sin ella. Trece (27.5%) son análisis: una sin propuestas, cinco con
propuestas y siete con base descriptiva cualitativa. Cinco son propuestas (12.5%): cuatro
sin base evaluativa y una con base evaluativa.
Diez (20%) son reflexiones: una (2.5%) analítica, seis (15%) descriptivas sin base
evaluativa, una (2.5%) descriptiva con base evaluativa, una (2.5%) con propuesta, una
(2.5%) reflexión exploratoria.
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Tres (7.5%) ponencias son simples narraciones carentes de todo fundamento
académicocientífico, tres (7.5%) se presentan como sistematizaciones pero sólo una ( 2.5%)
reúne los requisitos teóricometodológicos para calificar como tal.
Solamente una (2.5%) de las cuarenta estudiadas, es investigación descriptiva cualitativa
con análisis y propuestas.

1.3. Consistencia teórica y empírica
Cinco (12.5%) ponencias desarrollan experiencias propias pero sin referencias
bibliográficas y veinte (50%) sólo hacen desarrollos con base bibliográfica, diez (25%) son
experiencias propias con referencias bibliográficas. Tres (7.5%) ponencias no desarrollan
ningún tipo de enfoque epistemológico y dos (5%) se basaron en historias de vida y oral,
pero sin desarrollos epistemológicos.
Veinticinco (62.5%) dieron evidencias de que sí hubo una búsqueda teórica adecuada,
tres (7.5%) realizaron la búsqueda de manera inadecuada, y doce (30%) no realizaron
búsqueda teórica alguna.
La consistencia interna entre teoría, tema, categorías, instrumentos utilizados,
metodología y resultados, califica como consistente en diez (25%) ponencias,
medianamente consistentes en dieciocho (45%) e inconsistente en doce (30%).
Las categorías utilizadas están definidas en catorce (35%) ponencias, en doce (30%) no,
y en catorce (35%) sólo se definieron algunas.
El desarrollo del tema del trabajo social, puede considerarse deficiente en doce (30%)
ponencias, insuficiente en veintitrés (57.7%), suficiente sólo en tres (7.5%), y ausente en
dos (5%).
La correspondencia empírica de los conocimientos con las definiciones teóricas
utilizadas, diecisiete (42.5%) ponencias muestran correspondencia y veintitrés (57.5%) no
la manifiestan.
La delimitación del problema y su correlativo universo empírico, está clara en veintitrés
(57.5%) ponencias mas no en diecisiete (42.5%).
Referente a las reflexiones que pudieran considerarse indispensables para la práctica del
trabajo social, aparecen incluidas en trece (32.50%) ponencias pero no en veintisiete
(67.50%).
11

En cuanto a si el discurso teórico opera en el terreno empírico, se evidenció que en
diecisiete (42.5%) ponencias sí existe consistencia y en veintitrés (57.5) esta no opera.

1.4. Consistencia Metodológica
Veinticuatro (60%) ponencias pueden considerarse metodológicamente coherentes y die-
ciséis (40%) inconsistentes.
Catorce (35%) ponencias desarrollaron los objetivos que se propusieron desarrollar en
coherencia con la problemática abordada, pero veintiséis (65%) no los desarrollaron porque
no se lo plantearon o por incoherencia con el problema planteado. Asimismo, la coherencia
de la metodología con los objetivos planteados y con el desarrollo teórico está evidenciada
en diecinueve (47.50%) ponencias, pero veintiuna (52.50%) carecen de ella.
En relación a los métodos utilizados, treinta y dos (80%) ponencias no contienen
ninguna explicitación al respecto, y si no hay guía, camino o procedimiento a seguir para
alcanzar un logro, no es posible hablar de investigación epistémicamente fundada.
Esta situación queda matizada, por el hecho de que diecinueve (47.5%) ponencias
utilizan metodologías cualitativas, aunque al margen de toda problematización y búsqueda
de opciones epistémicas; por esta razón aquéllas adquieren un énfasis técnico y operativo
que empobrece la producción de conocimientos.
Por otro lado, contrasta con el hecho de que sólo ocho (20%) realizan algún nivel de
desarrollo del método utilizado: una ponencia utiliza el marxismo dialéctico, dos la crítica
de la economía política, una la hermenéutica, una la planificación estratégica, una el
holísticosistémico y el pensamiento complejo, y una la intervención social.
Ninguna ponencia utilizó métodos cuantitativos.
Veinticuatro (60%) ponencias evidencian claridad en las ideas expresadas, catorce
(35%) además significan su discurso en el contexto de alguna teoría, y dos (5%) no poseen
ninguno de estos elementos.
En cuanto a las precisiones metodológicas, treinta y una (77.50%) ponencias no
expresan ninguna; sólo nueve (22.5%) abordan una o varias: dos (5%) el análisis de
resultados y la elaboración del informe, dos (5%) el levantamiento de información, el
ordenamiento, la codificación, el procesamiento de datos y el análisis de resultados; dos
(5%) abordan el levantamiento de información, el ordenamiento y la elaboración del
12

informe; y tres ( 7.5%) el levantamiento de información, el ordenamiento, la codificación y
el procesamiento de datos.
Desde el punto de vista metodológico, la literatura especializada ubica los distintos tipos
de técnicas en el contexto general de todo proceso investigativo, asignándole a la
bibliografía importancia crucial para una mejor modelación del instrumental investigativo.
A este respecto, sólo ocho (20%) ponencias explicitan los tipos de técnicas, y treinta y dos
(80%) no reflejan su utilización.
En cuanto a las técnicas de recolección de datos, treinta y cuatro (85%) ponencias no
cumplen con ninguno de los tres niveles básicos para su validez, los cuales son a) la
estructuración o diseño disponible de investigación, básico para la obtención de la muestra
necesaria durante el proceso; b) cédula de datos o mecanismo en donde descansan las
diferentes muestras reseñadas para ser utilizadas en la elaboración del análisis de datos e
información; y c) ejecución o ubicación de los elementos significativos, bien sean personas,
cosas u otros, a los efectos de extraer los mejores beneficios del análisis, las conclusiones y
recomendaciones que van a estar en buena parte representadas en la muestra (Martínez,
1991).
Solamente dos (5%) ponencias presentaron la estructuración, y cuatro (10%) realizaron
la cédula de datos y la ejecución. Once (27.50%) ponencias evidencian coherencia entre las
técnicas utilizadas y el diseño de la investigación, mientras que veintinueve (72.50%) no
tienen coherencia.

1.5. Criterios de publicación
Los criterios de discriminación positiva que utilizamos para seleccionar las ponencias
estudiadas para su publicación, son los siguientes: a) Pertinencia o importancia del tema. b)
Originalidad del planteamiento. c) Metodología utilizada. d) organización lógica de la
ponencia: adecuación y coherencia entre título, resumen, contenido y conclusiones o
recapitulaciones. e) Presentación adecuada de cuadros, tablas y gráficos. f) Calidad de la
redacción. g) Actualidad y pertinencia de la bibliografía.
De acuerdo con dichos criterios, sólo ocho (20%) ponencias de las cuarenta estudiadas –
previo a los arreglos que los autores deberían introducir para mejorar su producto- califican
para ser publicadas en revistas académicas periódicas.
13

II. ANÁLISIS DE LAS REPRESENTACIONES SOCIALES

2.1. Producción Intelectual
Al margen de la actividad laboral de los cuarenta cooperantes12, veintitrés (57.5%) han
realizado algún tipo de publicación. En coautoría catorce (60.86%) e individualmente
nueve (39.13%).
En cuanto al número de artículos, catorce (35%) han (co)escrito entre dos y siete
artículos, dos (5%) han (co)escrito diez artículos, dos (5%) quince, y sólo uno (4.34%) más
de treinta artículos.
Esta información contrasta con la aportada por García (1999:13): solamente el 3.57% de
los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales de Aragón, Extremadura y Galicia de
España publicaron durante 1999, como mínimo un artículo en una revista profesional.
Cuatro (17.39%) no especifican. Solamente ocho (20%) han (co)escrito entre uno y dos
libros, y sólo dos (5%) cuatro libros.

2.2. Autodefinición Como Trabajadores Sociales
La mayoría de las respuestas señalan que cada quien se define como trabajador social o
trabajadora social por las actividades laborales que desempeñan, así sea por cuenta propia o
en universidades, instituciones estatales, organizaciones privadas y organizaciones “de con-
tacto directo” con la población.
Algunos se autodefinen como tal porque “me interesa el cambio de situaciones de las
personas desde sus propias posibilidades y potencialidades”; asimismo, por su “dedicaci-
ón” y “preocupación” por “servir a los demás un poco”. Finalmente, por el solo hecho de

12
De los cuarenta cooperantes, diez personas (25%) definitivamente no hacen docencia. Los treinta
restantes (75%) la realiza a tiempo parcial (60%) y a tiempo completo (40%), con el siguiente escalafón:
instructor 10%, asistente 20%, agregado 20%, asociado 20%, titular o catedrático 30%. Lo anterior
contrasta con la información aportada por García (1999:13) para quien sólo el 6.35% de los colegas de
Aragón, Extremadura y Galicia de España habitualmente dan “clases o cursos en actividades docentes”.
Del total de docentes, de los cuales seis (20%) no respondieron, hacen investigación sólo ocho (26.66%).
De éstos, a tiempo parcial cuatro (50%), a tiempo completo dos (25%) y a dedicación exclusiva dos
(25%).Las respuestas obtenidas indican que de los docentes, quince (50%) son, además, empleados esta-
tales, nueve (30%) trabajan en organizaciones civiles de desarrollo social universitarias y privadas, y seis
(20%) trabajan por cuenta propia. De las diez (25%) personas que no hacen docencia, tres (30%) están
desempleadas.
14

ser graduados en trabajo social: “soy licenciada en trabajo social”, “De trabajo social
tengo sólo el título, pero marco pautas en trabajo social”.
Básicamente, se definen como trabajadores sociales y trabajadoras sociales porque
realizan actividades como las siguientes:
• Docencia, investigación, acción social o extensión en universidades.
• Consultorías y proyectos de desarrollo social.
• Coordinación de actividades sociales, sistematización de experiencias, establecimiento de redes sociales.
• Realización de diagnósticos situacionales o sociales y proyectos de formación y capacitación para el
sector publico y privado.
• Asesoramiento para planificar y desarrollar instituciones, programas y proyectos sociales.
• Intervención social. Abordaje singular de propuestas institucionales y comunitarias.
• Trabajo sobre la violencia familiar, salud reproductiva. Prevención de la salud...

2.3. Funciones Propias Del Trabajo Social
El 42.5% considera que los roles exclusivos de los trabajadores sociales y las
trabajadoras sociales son los siguientes: analista de coyuntura social, analista de política
social, investigador social, evaluador social, sistematizador de experiencias, ejecutor de
programas sociales, gerente social.
Los dos papeles que menos son percibidos como propios del trabajo social, son los de
terapeuta social (SÍ: 37,5%; NO: 20%) y terapeuta familiar (SÍ: 30%, pero mediando la
acotación de algunos de que sólo si se tiene posgrado que lo acredite como tal; NO: 25%).
Esta imagen contrasta con la ligeramente más positiva del trabajador social y la
trabajadora social como GESTOR y GESTORA tanto de procesos sociales como familiares,
posiblemente porque estas funciones connotan un sentido más práctico-empírico y
dinamizador de procesos sociocomunitarios que contrasta, por ejemplo, con los de gerente
social13 y terapeuta, éste porque denota los niveles mayores de especialización, tecnicidad y
teoricidad que caracterizan a los sicólogos, analistas y siquiatras, y, el primero, porque está
vinculado a la imagen del gerente o ejecutivo corporativo en el que se condensan la
13
Bueno es señalar que esta denominación es propuesta en diversos países por grupos académicos para los
cuales la gerencia social o la gerencia de programas sociales es un ámbito definitorio de una nueva
especificidad instrumental del trabajo social. Un caso extremo lo tenemos en Venezuela, en donde -con
pretensiones de decreto neorreconceptualizador- se ha postulado que los trabajadores sociales y las
trabajadoras sociales somos por definición LOS gerentes sociales por excelencia. “¿A qué tipo de gerente
social nos referimos?. ¿A uno operativo, medio, alto, nacional, internacional, global o trasnacional;
moderno o posmoderno?. ¿De qué calidad: de primera, segunda, tercera o cuarta clase?. Lo importante de
las categorías que construya(mos) es que estas no se reduzcan a las versiones oficiales ni...al sentido que
los decididores (nacionales, internacionales y multilaterales) de las políticas...le dan a ciertos términos que
no son necesariamente categorías de análisis desde el punto de vista del trabajo social, las cuales podrían
seguir operando y teniendo sentidos distintos más allá de la vida útil de los programas de gobierno o de los
organismos internacionales o multilaterales” (Barrantes, 1997).
15

virtudes y capacidades decisorias (eficiencia y eficacia) e innovativas del empresario
privado o industrial.
En el otro extremo de mayor aceptación, se conciben como propias de los(las) colegas,
las funciones –también de amplio sentido instrumental- de planificador social y promotor –
que, en esencia, es un gestor- social, ambas con el 50% de respuestas positivas y el menor
número de respuestas negativas (2.5%).
El 57.5% coincide en validar las siguientes representaciones sociales, cuyo rasgo común
pareciera ser la inespecificidad o difusividad del trabajo social14:

“no existen funciones exclusivas de profesiones”, “no hay nada exclusivo del trabajo social”, “el trabajo
social aborda problemáticas que deben ser, dada su complejidad, compartidas con otras disciplinas”, “algunas
de sus funciones también pueden ser hechas por sociólogos, politólogos, sicólogos, economistas, etc.”.

Al contrario del anterior énfasis, sólo una colega apunta al señalamiento de alguna
especificidad identitaria de nuestra práctica profesional:

“Não as considero exclusivas do trabalhador social, mas um bom trabalhador social não deve nunca
prescindir destas funções”.

14
Pareciera como si el tiempo fuera materia inerte, cuando reviso la siguiente cita de mi ¿Qué es eso que
llaman trabajo social?, escrito hace quince años: “Hasta hoy (y por algún tiempo más allá del futuro
mediato), los ts hemos venido trabajando con objetos y sujetos preconstituidos asignados por otros en
virtud de una específica división social y técnica del trabajo burocráticamente organizado. Hemos
asumido como propios nombres, definiciones, conceptos y categorías establecidas por cientistas, políticos
y organismos nacionales e internacionales sin que hayan sido procesados y sometidos a la crítica
epistemológica desde el punto de vista de la especificidad de la práctica político-científica -del TS.
Trabajamos con hechos, fenómenos, problemas o ´patologías´ sociales cuya aspiración a existir como
problemática o cuestión teórica desde nuestra perspectiva, es tanto más intensa cuanto mayor realidad
social adquiere la no-organización científico-política del conjunto atomizado de ts..., hemos
equivocadamente tomado...como marco conceptual definiciones que no son conceptualizaciones y que, en
puridad, deberían servir como simples puntos de referencia para construir nuestros propios marcos
teórico-conceptuales en y a través de los cuales adquieran significados sustantivos, específicos, las
prácticas diferenciales del TS. Lo anterior expresa la ausencia de criterios direccionales que permitan
discernir qué y cómo importamos y qué no de otras disciplinas. Dicha importación se realiza
acríticamente como una simple trasposición o trasferencia sin procesamiento o adaptación lo cual, por un
lado, produce deslizamientos que impiden centrar la construcción del(los) objeto(s) de estudio e
intervención del TS y, por otro lado, obnubila el problema de que si de lo que se trata es de instrumentar
teorías, teorizar métodos o estandarizar técnicas que enriquezcan la caja de herramientas del TS.
Asimismo, expresa la encrucijada en que se colocan los ts al aceptar ingenuamente la ubicación que
formalmente les define un espacio de actuación específica, asignada por quienes tienen el poder de
establecer la división técnica del trabajo burocráticamente organizado; dicho espacio, a la vez que media
entre la institución productora de bienes o servicios y los grupos subalterno-populares, mediatiza el
impacto de los programas denominados sociales; se constituye en una zona pletórica de indefiniciones, de
indiferencias que fácilmente hacen confundir los objetivos y funciones de la agencia contratadora con los
propios del TS...; es decir, se asumen aquéllos como propios” (Barrantes, 1985).
16

De esta última representación social pareciera derivarse como exigencia, el
reconocimiento de

“que no trabalho com a pobreza e a subalternidade, os trabalhadores sociais também acabam ficando
subalternos. Não ousan pensar programas de qualidade, alterativos e possuem muito a visão equipamentista,
que no nosso campo, considero muito obsoleta e restrita...”.

Se trata, pues, ni más ni menos, de la razón de ser del trabajo social, una realidad que,
siendo producto del producto social que somos, debemos con toda responsabilidad recrear y
resignificar, lo cual se constituye en un problema epistemológico de hondas raíces
prácticas; mejor dicho, en un problema práctico de hondas raíces epistemológicas.

2.4. problemas práctico-empíricos
En coherencia con el acápite anterior, pero mediando un alto grado de no respuestas, las
pocas aportadas coinciden en un señalamiento que queda expresado en la siguiente imagen:

“Teniendo en cuenta el muy amplio espectro en el que tiene lugar la práctica profesional y las múltiples
formas posibles de ser y hacer trabajo social, una delimitación muy precisa de los problemas propios del
trabajo social sería limitadora más que posibilitadora del desarrollo profesional”.

Sin embargo, algunas respuestas señalan dos tipos de problemas prácticos que los
cooperantes -a la luz de alguna epistemología que no explicitan- consideran definitorios del
trabajo social.
El primero, relacionado, por un lado, con

“la distancia significativa existente entre los profesionales en ejercicio directo y aquellos ubicados en el
campo de la academia, entre quienes tradicionalmente se han identificado notorias diferencias de intereses”.

Y por otro lado, mediando el sentido negativo de esta problemática, encontramos la
insuficiente metodologización y carencia de

“sistematização deste trabalho social e os instrumentos legais definidores da ética, da profissão e da forma
de fazer”.

Asimismo, la percepción de que los trabajadores sociales
17

“estudam pouco, não se reciclam e acabam se conformando com as instituições onde desenvolvem sua
prática do que com sua profissão em si. Dificilmente suas práticas são sistematizadas, e muitos tem sérias
dificuldades para elaborar um relatório da sua ação”.

El segundo tipo de problemas señalados son las “metodologias e abordagens
diferenciadas, de acordo com o segmento social onde sua prática é realizada”, lo cual, se
relaciona con la diversidad de prácticas profesionales que se encuentran determinadas por
las heterogéneas realidades siguientes:
• Las políticas sociales o públicas en los tres niveles de gobierno y la acción social de los sectores social y
privado.
• La interacción social, el desarrollo humano y los procesos sociales en cualquier contexto, espacio, nivel o
unidad social de intervención profesional.
• Las situaciones problemáticas, atentatorias de los derechos humanos, civiles y sociales.
• Las intervenciones y diagnósticos en el contexto. El análisis cualitativo de la realidad local. El trabajo de
campo. La coordinación, supervisión, gerencia y consultoría en equipos inter y multidisciplinarios.
• La modificación de conductas. La combinación de conocimientos existentes para los procesos sociales.
• La sobrevivencia cotidiana. La promoción humana, el mejoramiento del nivel y la calidad de vida. La
asistencia social y la satisfacción de necesidades básicas de los pobres.
• Las cuestiones éticas, la profundización en áreas metodológicas, la inscripción en las ciencias sociales,
pero sobre todo, el fortalecimiento de la capacidad anticipatoria en la determinación de problemas.
2.5. problemas epistemológicos
Al igual que con la pregunta anterior, en ésta el número de no respuestas es muy alto,
pero las aportadas coinciden en plantear que, al igual que no hay problemas prácticos
definitorios de la práctica del trabajo social, tampoco existen problemas epistemológicos
definitorios de la misma.
Sin embargo, siendo la realidad social un producto intersubjetivamente construido y
mediado por relaciones de poder, para algunos, “El hecho de que esta realidad y cuestión
social no puede ser abordada exclusivamente por ninguna disciplina”, constituye uno de
los problemas epistemológicos no resueltos por los trabajadores sociales y las trabajadoras
sociales; esto, por la razón siguiente:

“Durante muchos años pensamos que los problemas sociales eran propiedad de los trabajadores sociales, al
igual que trabajar con las situaciones de pobreza, conflicto, etc. Creo que lamentablemente por una parte
nosotros nos tomamos ese atributo, y por otra, se nos fue asignado”.

No obstante, ubicándose dentro del anterior marco de tensiones agonales entre
generalidad y especificidad, capacidades y retos, algunas respuestas apuntan al
planteamiento de una ventaja comparativa y competitiva que pudiera caracterizar la
práctica de trabajadores sociales y trabajadoras sociales, ya no sólo en el campo de la salud
18

a la que se refiere la siguiente cita, sino también en todos los ámbitos objeto de nuestras
necesidades de intervención social. Es que

“nuestra formación nos permite tener una visión más abarcativa de la realidad, por ejemplo, en el caso del
campo de salud, poder ver a la persona como un individuo inmerso en una situación dada y no como pasa en
nuestro país en muchos casos con la medicina hegemónica que sólo ven patologías”.

Sin embargo esta afirmación contiene en sí misma su propia contraparte crítica en
quienes piensan –planteando la tensión no resuelta entre ciencia y técnica, abstracción y
concreción- que dicha formación académica,

“en general está más destinada al CIENTÍFICO de lo social que al TÉCNICO SOCIAL (en sentido amplio y genuino de
quien OPERA sobre la realidad). Creo que es un error querer jerarquizar la profesión procurando que sea una
CIENCIA SOCIAL más (Paréntesis de la cooperante)”.

Es en este punto que adquieren pertinencia las opiniones de un grupo de colegas cuyas
ideas condensamos como sigue: para unos, el problema epistémico a que se enfrentan
trabajadores sociales y trabajadoras sociales, es la

“adecuación de los grandes paradigmas sociales a la interpretación de problemas específicos que
enfrentamos...lo cual exige sobreabundar en teoría de otras disciplinas”.

Pero para otros, el problema no está en llegar a “saber mucho” de estas ni -mucho
menos- asumir identidades ajenas. Por el contrario, el reto está planteado en la

“construcción teórica de las categorías relacionadas con la interacción social y los procesos sociales (con
todo lo que ello implica: problemática social, actores sociales, culturales, políticas sociales, económicas,
…)”.

Y dentro de este espectro,

“La producción de saberes acerca de la constitución, la historia y la proyección del trabajo social, es decir
que la profesión misma se constituye en nuestro propio objeto de estudio”.

Para el abordaje de la producción de categorías y saberes, resulta

“necesario argumentar teóricamente...desde diversas posturas epistemológicas...la pluralidad teórica y
metodológica (es) elemento fundamental para el desarrollo de la profesión, para avanzar en el proceso de
19

construcción de diferentes escuelas de pensamiento que enriquezcan el debate y favorezcan el diálogo de
saberes”.

Sólo así parecerían poder hacerse posibles varias cuestiones prácticas que son planteadas
como problemas epistemológicos: Potenciar “La capacidad para –manteniendo las
características artesanales propias del trabajo social, superando la conciencia
premoderna– poder dar cuenta de las nuevas génesis de los problemas sociales”. Superar
“La asistematicidad de su intervención social y comenzar a producir teoría y relegitimar
un estatuto científico para el trabajo social”. Resolver “La dualidad del papel por el lugar
que generalmente tiene en las agencias de gobierno: a la vez “combate” por paliar o
modificar condiciones de las cuales de hecho forma parte”. Y, finalmente, asumir
éticogeopolíticamente las potencialidades fronéticas de “La mediación social”, lo cual
implica “resignificar a sua profissão e ter a competência técnica y tecnológica que a
sociedade globalizada e postmoderna exige”.

2.6. El Trabajador Social Como Consumidor De Informaciones.
La frecuencia de las respuestas aportadas, define a los trabajadores sociales y a las
trabajadoras sociales si bien como productores (50%), fundamentalmente como
consumidores (70%) y difusores (65%) de conocimientos (70%), informaciones (75%) y
datos (65%).

• “Somos de todo un poco como en botica...Una gran parte de nuestra historia ha estado cerca de la
difusión de datos”. “Uno de los déficits de nuestra profesión, es la escasa producción de conocimiento,
por lo que en la mayoría de los casos, hemos sido consumidores” y “buenos contribuyentes con el boom
editorial”.
• “...la tendencia... histórica nos ha ubicado como más orientados hacia el uso de conocimientos
producidos en otras disciplinas que a la producción y a la construcción teórica... propia y contributiva con
el avance de la ciencia social”.
• “Aplicamos conocimientos, si acaso generamos información; no creo que pueda catalogarse como
generación de conocimiento científico”.
• “Consume conceptos y teorías desarrolladas en las disciplinas que acompañan el trabajo social:
sociología, sicología, antropología, política, ética, informes de investigación, hallazgos, tanto como datos
de investigaciones, etc.” (una socióloga).
• “Somos básicamente consumidores porque investigamos poco y nuestra investigación es poco relevante
si la relacionamos con la que hacen los sociólogos, sicólogos, antropólogos, etc., Sistematizamos poco y
escribimos poco. Repetimos mucho”.
• “Indicadores de consumo de conocimientos son los cursos de promoción comunitarios, la formación de
agentes de salud, la capacitación en autodiagnóstico comunitario. El cursillismo de los trabajadores
sociales y las trabajadoras sociales (en general en manos de profesionales no trabajadores sociales”.
20

Pareciera, al decir de uno de nuestros colaboradores, que

“Siempre andamos a la zaga de grandes intelectuales, eurocéntricos principalmente, para ponerlos como
paradigma del el trabajo social. Hacer científico al trabajo social es leerse unos cuantos libros y adscribirse a
sus autores, a veces malamente reificados”.

Esta crítica es extendida también a los temas que hemos asumido como definitorios del
trabajo social en el trascurso de nuestra historia profesional:

“La concientización de Freire, el neopositivismo de Antolín López, el materialismo de tercera mano de
Martha Harnecker15; las teorías del estado más ortodoxas, instrumentalistas y esencialistas marxistas y no
marxistas; los movimientos sociales y el feminismo cuando estuvieron de moda, las políticas sociales al
influjo de los estudios de los consultores internacionales cuando el estado desarrollista comenzó a hacer agua,
y hoy son las nuevas tecnologías de la información (NTI) en sus versiones más instrumentales y
computarizadas, la globalización reificada de los economistas, los preciosismos esquematizantes y tecnicistas
de la gerencia social...”.

Sin embargo, la crítica anterior resulta matizada de positividad para quienes piensan que
la tendencia al consumo no tiene visos de problema teórico ni práctico; esto por cuanto en
virtud de que la misión del trabajo social es –mejor dicho, en el supuesto de que en efecto
lo sea- el “desarrollo social o societal integral”, debemos

“Produzir programas, projetos, políticas sociais, institucionais, etc., indicadores sociais de avaliação, imple-
mentação, etc. Devemos consumir informações e conhecimentos do nosso campo e também de outros campos
complementares ao nosso, e difundir nossa experiência profissional, investigadora, técnica, etc.. Em quaisquer
destes tópicos a pródução de dados é inevitável e não pode ser esquecida”.

Para quienes trabajan en el área educativa,

“...permanentemente, estamos incorporando en nuestra práctica profesional los avances teóricos y
metodológicos que producen las ciencias humanas y sociales y/o difundimos conocimientos, informaciones
y/o datos...; normalmente sustentamos nuestro trabajo con estos elementos”.

En esta perspectiva de positividad, para quienes se representan a los trabajadores
sociales y a las trabajadoras sociales como productores de conocimientos, adelantan que un
indicador de ello son las producciones mismas que se realizan en la vida “académica y
cotidiana del trabajo de campo, del territorio, de los talleres de las prácticas”; asimismo

15
El lector interesado en comprender a esta autora en perspectiva histórica, ver Harnecker (2000).
21

lo son “...las transformaciones constatables en las relaciones sociales a partir de métodos
propios de intervención".
La situación crítica que apuntan algunas es

“...que por nuestra historia..., el conjunto profesional viene sometido a las profesiones hegemónicas y no
puede ver su propia producción. Por otra parte el canibalismo, dispersión y aislamiento que se juega al interior
del trabajo social, hace que poco podamos ver y valorar esta producción (además de “malvenderla”)”.

Pero lo cierto de estos tiempos de globalización, de este presente futurible cuya
condición epocal es la posmodernidad, es que, poco a poco, pareciera que va adquiriendo
cuerpo –aunque no nos es posible saber si entre más o menos colegas hoy que antier- una
conciencia de necesidad de nuevas realidades, tales como la producción fronética16 de
conocimientos, saberes y verdades en escenarios de insospechada complejidad, multidi-
mensionalidad e incertidumbre.
A ello parecieran apuntar las dos representaciones sociales siguientes:

• “(Ello) nos exige, sin que lo estemos asumiendo con entusiasmo, el establecimiento de relaciones de
intercambio no subalterno con las disciplinas sociales y poder llegar a montar plataformas
epistémicamente fundadas que le den un estatuto mejor y distinto a la intervención de los trabajadores
sociales y superar la simple acción social paliativa, catequizante, controladora y asistencialista”.
• “Elas me suscitaram refletir sobre o que fazer dos trabalhadores sociais, as complexidades que envolvem
nossa atuação, as imensas responsabilidades que teremos pela frente para qualificar e requalificar os
profissinais do nosso campo. Grande parte dos trabalhadores sociais sequer ousam pensar nessa
complexidade e evidenciam uma visão muito reducionista da sua ação. Considero isso um grande
paradigma”.

III. A MODO DE IN-CONCLUSIONES PROBLEMÁTICAS
Hemos pensado en vos alta algunas preguntas generadoras y puesto en escena una
problemática crucial para los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales, pero también
para los sujetos de conocimiento que se ocupan de la intervención social.
El proceso seguido nos da cuenta de la cosmogonía expresada por las representaciones
sociales de los cuarenta cooperantes y cuarenta autores de las ponencias estudiadas, cuya
heterogeneidad se encuentra mediada por un dispositivo agonal el cual, a la vez que le da
unidad, tensiona las relaciones de todos y cada uno de los componentes puestos en escena.

16

Ver cita No. 13.
22

El estudio del material discursivo seleccionado no nos permite llegar a conclusiones,
mucho menos contundentes. Sólo nos confronta con respuestas que están por construirse
sobre los dos conjuntos problemáticos que en él se expresan:
Por un lado, la especificidad o inespecificiad, la identidad y la diferencia, la definición e
indefinición, la abstracción y la concreción, el arte y la artesanía, la diversidad y
heterogeneidad, la comparatividad y la competitividad, las capacidades y los retos a que se
ven enfrentados los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales en estos tiempos de
globalización, cuya condición epocal es la posmodernidad.
Por otro lado, la tensión entre producción, consumo y difusión de conocimientos,
informaciones y datos y la distancia existente entre los trabajadores sociales y trabajadoras
sociales que ejercen –muchas veces sin pretensiones de epistemologización- dos prácticas
para las cuales no acabamos de construir espacios de encuentro fronético: la del ejercicio
directo, práctico, empírico, profesional, institucional, de campo o laboral y la de la
academia universitaria.
Este último punto, plantea la no-resolutividad del círculo vicioso del dualismo ciencia-
cientificidad-cientificismo vs. técnica-tecnicidad-tecnicismo de los procesos de enseñanza-
aprendizaje y, por ende, de la práctica de la competitividad misma de los trabajadores
sociales y las trabajadoras sociales, en el mercado social de valores o bienes públicos
tangibles e intangibles de uso y de cambio.
Lo creamos o no, le demos la cara o no, estamos colocados frente a un reto societal, cual
es, reinventar en el aquí y ahora el futuro que necesitamos para nuestra América
Latinoiberoeuroindoafrocaribeña.
Este reto nos está exigiendo abandonar toda esperanza de resolución, si no media una
rigurosa y exhaustiva investigación ético-estético-geopolítica y epistémico-hermenéutica,
en especial aquella que tiene que ver con la liberación de a) nuestros sistemas de
significancia de la tradición lógicorracional; b) las prácticas del trabajo social de su relación
de subalternidad con las disciplinas sociales o humanas, en las que se encarna el espíritu de
la ciencia moderna y la razón occidental, hoy en crisis; c) la discusión sobre la necesidad de
recontextuar, resemantizar, revalorar, repensar y rescribir desde otras posicionalidades
integrativas –vgr., desde la diferencia colonial, la colonialidad del poder, la geopolítica de
23

la producción de conocimientos y verdades-, la razón de ser de esta específica práctica
social que, ambiguamente, persistimos en seguir denominando trabajo/asistencia social.
En otras palabras, finalmente nos estamos refiriendo a la construcción colectiva del
trabajo social que nos merecemos y queremos, pero fundamentalmente al trabajo social que
somos capaces de pensar, pero no con alteridades ajenas, si no, con nuestros propios len-
guajes; los que emanan de nuestra vinculación sinérgica con el pueblo.
Esto es lo que denominamos el trabajo-social-que-está-por-hacerse-en-nuestra-América-
latino-ibero-euro-indo-afro-caribeña.
Ustedes, caros lectores, tienen la palabra.

Bibliografía
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