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El trabajo social desafiado.


Una aproximación desde la diferencia epistémica

César Barrantes

I.

En nuestra América –signada, para unos, por una época de cambios y, para otros, por un cambio
de época referido a la práctica de la reorganización del planeta, de las relaciones internacionales y
de la producción misma de la vida social- las nuevas formas y contenidos de las demandas de
satisfacción de carencias y potenciación de aspiraciones sociales (individuales, colectivas),
sistémicas (institucionales, de la sociedad considerada en su conjunto más inclusivo) y ecológicas
(la madre tierra o pachamama), han adquirido un sentido cultural, societal, civilizacional, que le
está exigiendo a pensadores, ductores e intelectuales así como a operadores políticosociales y
socioculturales (pedagogos, educadores, promotores, gestores, gerentes, programadores, eva-
luadores y trabajadores sociales, competencias noseológicas orientadas al logro de óptimos
niveles de eficiencia, eficacia y efectividad en sus acciones e impactos sustentables en la calidad
y el modo de vida de las clases, pueblos, naciones y multitudes, especialmente interétnicas,
interculturales, mestizas, híbridas, sincréticas, populares.
A la luz de los drásticos corrimientos de plataformas i o placas tectónicas que se vienen
experienciando en la cartografía política de nuestra Américaii este siglo veintiuno está siendo
caracterizado por intensas –moleculares y multitudinarias- movilizaciones sociales, significando
con ello que nos encontramos ante desafíos inéditos que están deconstruyendo no sólo los cimi-
entos patriarcales, oligárquico-coloniales y (neo)(pos)modernos sino también los de los
regímenes jurídico-políticos tanto como los de los dispositivos públicos –civiles y estatales- que
median los modos de traducción y resolución de los problemas (necesidades problematizadas)
propios de la convivencia social en diversos países.
Lo anterior ha puesto sobre la palestra de la discusión intercontinental lo siguiente:
• El papel protagónico de los sujetos societales que vienen construyendo registros imaginarios,
simbólicos y reales distintos, en especial a los de la segunda mitad del siglo veinte.
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• La invención de lenguajes que están apuntando más a una práctica de la ruptura con el
pasado, que a una con el presente y respecto del cual nos hacemos responsables.
• La resemantización de todos y cada uno de los momentos co-constitutivos de la sociedad
considerada en su conjunto más inclusivoiii
En nuestra América de siglo veintiuno hay nuevos ámbitos constituyentes de subjetividades y
sensibilidades, es decir, de sujetos, agentes y actores que han venido construyendo vínculos con
las nuevas fuentes de constitucionalidad, legitimidad, legalidad, institucionalidad, estatalidad y
nacionalidad, y desde estos habitáculos le vienen también planteando a los dispositivos (neo)co-
lonizados un desafío de tal envergadura y perdurabilidad como nunca antes se nos había
presentado en la historia continental, incluso considerando la importancia crucial que tuvieron los
movimientos sociales de los años sesenta y setenta del siglo pasadoiv y la denominada
reconceptualización del servicio/asistencia social, producidos al influjo del segundo redespliegue
industrial o segunda ola modernizadora del capitalismo –tardío para algunos- y, por ende, de
recomposición de las relaciones de poder mundial.
Y este último elemento viene marcando una tendencia definida a que el estadocratismo y el
estadofobismo estén dando paso –lento, incierto, promisorio- a sociedades tendencialmente
inclusivas y dispuestas a apropiarse de los estados y hacer de estos estados sociales, éticos, de
derecho y de justicia cuyo sujeto no es ya el sujeto cosificado y sujetado al malestar, la carencia,
la disfonía social y la alienación, sino el sujeto de derecho, de dignidad, de reconocimiento en y
por el Otro, es decir, el sujeto de aspiración que desea autoafirmar su condición humana y ejercer
su libre voluntad de compromiso con la realización plena de su deber ser.
No obstante que la formación y práctica del trabajo social en diversos países lleva la marca del
asistencialismo bienestarista-desarrollista especialmente cepalino, en algunos países neomoderni-
zado, y, en otros, la de la desarticulación propia del divide-y-vencerás neoliberalv, es posible
pensar que si tiene sentido la expresión de uno de los eméritos representantes de la cuarta herida
narcisista de la humanidadvi: Werner Heisenberg, Premio Nobel de Física en 1932, de que la
ciencia no es una sola mirada sino que hay otras muchas, parecieran tener sentidos soportables
los dos conjuntos de preguntas siguientes:
1. ¿Cuál es la mirada del trabajo social, mejor dicho de los trabajadores sociales y las trabajado-
ras sociales?, ¿desde dónde mira el trabajo social (si es que mira)?, ¿desde dónde se construye
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la mirada del otro que nos mira?, ¿desde dónde somos constituidos por la mirada del otro?,
¿cuáles son los lugares de encuentro de estas miradas que pudieran resultar ciegas?vii
2. ¿Qué pasa con el trabajo social que se institucionalizó al alero del estado bienestarista, desa-
rrollista y asistencialista cepalino, si éste no es (quizás nunca lo fue) lo que quiso ser?, ¿deter-
mina la crisis de dicho estado la del trabajo social y sus prácticas diferenciales?
3. ¿Qué buscamos, cuál es nuestra ambición o aspiración?, ¿a qué tipo de poder aspiramos?, ¿a
qué racionalidad y problemáticas intentamos responder?,
4. ¿A qué nivel, espesor y/o dimensión realizamos nuestra inserción social y practicamos el
trabajo social?, ¿desde dónde nos representamos el trabajo social y la realidad de la que
somos productores y producto: desde un paradigma de la carencia –es decir, del pobre que no
tiene posibilidad real de acceso a los bienes materiales que son significados como signos del
bienestar y el éxito económico- que persiste en legitimar e institucionalizar el estatuto
caritativo y neofilantrópico o, por el contrario, desde uno de la aspiración societal que procura
legitimar, institucionalizar y socializar la práctica del derecho a tener todo el mundo todos los
derechos?
5. Es decir pero en otras preguntas, ¿miramos la realidad societal desde un paradigma del sujeto
que es constituido en tal en tanto sujetado a la voluntad del otro asistencialista, mediador,
terapista, gestor, solucionador de problemas, politicógrafo y pobretógrafo social?, ¿desde
dónde construimos realidades, desde dónde tratamos de hacer propuestas de sociedad: desde
el paradigma de la ciudadanía asistida o desde el de la ciudadanía emancipada?
6. ¿Cómo nos representamos la relación con otros profesionales, cientistas, promotores, gesto-
res, trabajadores socioculturales, luchadores y artesanos sociales que se ocupan también de la
intervención socialviii y están implicados en la satisfacción de carencias y el potenciamiento de
aspiraciones sociales que no es propiedad de ninguna disciplina, profesión, oficio, arte,
artesanía, ciencia o tecnología humanosocial?
Son algunas preguntas que nos pueden abrir caminos a la refundamentación del campo
problemático que es el trabajo social mismo, a la constitución de éste en una práctica societal
liberadora, emancipadora, descolonizadora; asimismo, a la construcción de los fundamentos de
una epistemología del indicio y del acompañamiento a los sujetos individuales y colectivos en los
lugares en donde intentan realizar sus proyectos de reproducción social e individual o, mejor, de
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inmortalidad; ello a fin de ir encarnando, cotidianizando, socializando un proyecto ético-estético-
geobiopolítico de producción, circulación y consumo de conocimientos y saberes en el proceso
mismo –que, como ya dijimos, no es propiedad privada de disciplina científica, ingenieril,
tecnológica o gestoral alguna- de creación, traducción y satisfacción de necesidades sociales y
ecosistémicas.

II.
En nuestra América estamos convivenciando y experienciando un cambio epocal signado por una
geopolítica deconstructiva de la ideología legitimadora del capitalismo: el neoliberalismo, y la
realpolitik del imperio, del poder colonial y de la colonialidad del poder, si bien de innegable
centralidad iberolatina fundamentalmente indo-afro-caribeña y una disyuntiva, ya
dramáticamente planteada por Rosa Luxemburgo a mediados del primer veintenio del siglo
veinte: socialismo o barbarie, cuya praxis ha tomado cuerpo en países que, como la República
Bolivariana de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, han optado constitucional y
multitudinariamente por una transición al socialismo denominado del siglo veintiuno y, con
diversos matices pero definitivamente unionistas, integracionistas e indoafroamericanistas,
acompañados por países como Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Honduras, Guatemala y
algunos países anglófonos y francófonos del Caribe, y Cuba.
A contrapelo de esta tendencia, un grupo de países ha optado por aferrarse a la vía capitalista bajo
el auspicio de la ideología legitimadora del capitalismo: el neoliberalismo: Chileix, Colombiax,
Méxicoxi y otros a los que se han sumado países con gobiernos socialdemócratas neoliberalizados
de derecha, como Perú y Costa Ricaxii. Todos ellos y otros que no mencionamos aquí, con
potentes movimientos de resistencia interna y pensamiento crítico antineoliberal.
En el caso de la República Bolivariana de Venezuela, a propósito de los procesos geopolíticos
mencionados, se vienen realizando serios cuestionamientos al conocimiento que se (re)produce y
trasiega como repetición en y desde los claustros universitarios, en especial porque estos –además
de reproducir el discurso de la iglesia (Lacan)- se han constituido en reductos de partidos
políticos sin vigencia electoral y áreas de coto de élites intelectuales y seudointelectuales
renuentes a toda reforma que coloque a la enseñanza superior, de cara al constitucional estado
social de derecho y de justicia y de democracia protagónica a la que aquellas quisieran no
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pertenecer; esto en tanto y en cuanto que no aceptan el signo de los tiempos ni el proceso
sociopolíticocultural multitudinario en marcha desde hace diez años.xiii
La nueva época de la venezolanidad, el bolivarianismo, la indoafroamericanidad, en fin, la
sureñidadxiv, vienen significando una multiplicidad de procesos –insólitos, inefables, banales,
promisorios- en todos los ámbitos y espesores de la vida nacional; entre estos los siguientes:

1. Desajuste de las relaciones de poder entre las fuerzas sociales; reconstitución de los poderes
imaginarios, simbólicos y reales de los actores sociales, políticos, económicos, militares,
eclesiales, culturales, étnicos y populares sobre la base ética del protagonismo democrático de
todos los venezolanos.

2. Reconfiguración de las identidades y diferencias, contradicciones y antagonismos, disensos y
consensos, carencias y aspiraciones sociales.

3. Agudización de un enconado, difícil y doloroso reacomodo de los estilos de vida, cuya base
de sustentación también está siendo objeto de modificaciones estructurales: el mercado que,
paradójicamente desde hace décadas viene siendo sometido a procesos de segmentación por
los mismos capitalistas, como estrategia de incremento compulsivo de su tasa de ganancia
pero también de relegitimación política frente a la masiva receptividad que viene ostentando
el discurso de la construcción del socialismo del siglo veintiuno.

4. Construcción de nuevas representaciones sociales –individuales y colectivas- sobre la
nacionalidad, la estatalidad, la socialidad, la culturalidad, la politicidad, la etnicidad, la
economicidad, la colectividad, la cotidianidad, la interregionalidad, la internacionalidad, la
mundialidad.

5. Fragua y revaloración larga y difícil del nuevo estado venezolano –todo hace supones que
será socialista- cuya integralidad e inclusividad (unidad en la diversidad) en marcha está
pasando necesariamente por el refacultamiento y habilitación exitosa de las instancias for-
males e informales de la sociedad venezolana (diversidad en la unidad); asimismo, por el
cambio del modo de resolución tanto de los problemas propios de la convivencia en sociedad
como de los del ecosistema terráqueo.
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Dicha forja sigue transitando por una fase -esperamos más de mediano que de largo plazo- de
recentramiento político y estatal cuyo efecto más inmediato -según las imágenes que han sido
construidas por la heterogénea oposición gubernamental mediática y financieramente oxigenada
por el régimen estadounidense- es la acusación de que dicha fase no significa otra cosa más que
caudillismo, populismo, clientelismo, autoritarismo, dictadura, facismo, castrocomunismo, terro-
rismo de estado y totalitarismo. Sin embargo, se trata de un cambio de timón ante los efectos
desintegradores provocados, por un lado, por la crisis terminal del régimen puntofijista nacido a
partir de 1958 y por la tardía reforma formal del estado venezolano, tal como se intentó practicar
con más contramarchas que marchas durante el último decenio del siglo pasado y, por otro lado,
por las inestabilidades, incertidumbres y antagonismos propios del reacomodo de los poderes de
clase y de estado, provocados a propósito del proceso sociopolíticocultural en marcha.

En otras pero en el mismo sentido, Venezuela estaba siendo descuartizada en lo político,
económico, social y cultural en aras de los intereses de la oligarquía y el imperio.

Este último señalamiento da cuenta de que la República Bolivariana no puede considerarse más
que en incipiente, ambivalente y frágil (aunque cada vez parece ser menos incipiente, menos
ambivalente y mucho menos frágil) proceso de instauración, consolidación y, utopía mediante, de
redespliegue humanizador que, en la práctica del estado –hoy en sustantivo proceso de
centralización societal- está adquiriendo fuertes matices sincréticamente cristianos,
étnicopopulares, antimperiales, soberanistas, indoafroamericanistas y socialistas de cara al siglo
veintiuno.
Proceso sociopolítico y económico-cultural que contiene en sí mismo la posibilidad de la fuga a
cualquier pasado u origen, en especial si consideramos que las salidas a las crisis y las innova-
ciones democráticas, autonómicas y soberanistas están determinadas no sólo por los propios tér-
minos que las suscitan (su geometría del poder en términos del proyecto bolivariano nacional en
marcha, o su propia gramática en términos del filólogo político marxista italiano, Antonio
Gramsci), sino, también porque estamos atados sicoanalíticamente a la repetición de nuestras
formas de pensar, oír, hacer, sentir y soñar, que son las mismas que condujeron a las situaciones
que se desean superar. No es casual que el Marx del Dieciocho Brumario haya escrito que “Los
hombres hacen su propia historia (aunque no sepan qué historia es la que hacen, C. B.), pero no la
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hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo (aquellas) en
que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”, y, condición
imprescindible para la concreción de lo real, en vinculación orgánica con la voluntad social, el
estado de la producción de conocimientos y saberes y las cambiantes correlaciones de fuerza
política, social, económica y cultural.
Dichas circunstancias se encuentran enraizadas en el viejo sistema (neo)colonial-oligárquico de
relaciones sociales que, resistiéndose a ser olvidado, continúa prolongándose y dando coletazos,
cada vez más desesperados y moleculares, hasta que el nuevo sistema de relaciones societales se
consolide multitudinaria y protagónicamente, pero en cuyo ínterin continuarán suscitándose –ojalá
no por largo tiempo- síntomas morbosos y anómicos pletóricos de puntos de estrangulamiento,
turbulencias y entropías, a veces insospechadas.
La crítica al capitalismo y a la racionalidad neomoderno/colonial euroangloyanquicéntrica, ha
abierto espacios para el reconocimiento, la validación y el redespliegue de los saberes étnico-
populares (urbanos, campesinos, indígenas, afrodescendientesxv) secularmente subalternizados
que, devinieron en excluidos en tanto disonantes de la lógica que sustenta esa práctica académica
legitimadora de sistemas opresivos –anteayer coloniales, antier gomecistas, ayer
socialdemócratacristianos, hoy neoadjetivados de tales y, por ello mismo, deslegitimados como
consecuencia de haber agotado sus capacidades de dar cuenta de un mundo cada vez más
heterogéneo, plural, protagónicamente democrático y, por ello, problematizador de la
globalización neoliberal, del posmodernismo neoconservador y la homogeneización imperial
desarticulante.
Es así que en nuestro país está planteado el encuentro dialógico y recíprocamente enriquecedor
de conocimientos y saberes en la praxis societal misma y no exclusiva ni reductivamente en la
universidad: ámbito privilegiado de la ciencia tecnoburocráticamente organizada y del trabajo
social tradicionalizado, pragmatizado y laigtizado. Esto significa que lo global y lo local, lo
universal y lo particular, lo singular y lo colectivo no son entidades prexistentes ni, mucho
menos, excluyentes, sino niveles, dimensiones y espesores que se alimentan
multidimensionalmente al momento mismo de imaginar, simbolizar y concretar realidades (que
no son de principio ni subjetivas ni objetivas a priori) que, en el momento mismo de ser
subjetivadas se objetivan y, a propósito de ello, exigen nuevas formas de abordaje, intervención,
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debate y construcción colectiva que suponen el diálogo, la interpelación, la construcción de
puentes o vasos comunicantes entre los saberes disciplinarios, interdisciplinarios,
transdisciplinarios, poscientíficos, interdóxicos y, por qué no, transhistóricos si asumimos la
existencia freudiana del sujeto del inconciente.
Entre los variados referentes empíricos del mencionado encuentro dialógico de saberes,
conocimientos y civilizaciones, encontramos, al menos, los siguientes:
• Nuevos y profundos cambios que se vienen produciendo en la cartografía política, social,
cultural y económica venezolana, encarnados por densos conglomerados humanos que están
construyendo y redesplegando nuevas subjetividades y sensibilidades, nuevos imaginarios,
ilusiones, mitos y sueños, nuevas aspiraciones, afectividades, absolutos y espriritualidades.
• Configuración de nuevas formas de interpelación política, social, cultural, científica, religiosa
e ideológica, de nuevas articulaciones del estado, el sistema político, el mercado y la sociedad
civil ahora fundados sobre lo micro y comunitario, lo molecular y lo multitudinario.
• Construcción incipiente de un nuevo modo estatal-societal de alimentación recíproca de la
satisfacción de carencias y el potenciamiento de aspiraciones sociales con el desierato
humanizador de la sociedad venezolana.
• Nuevos espacios y tiempos de alimentación del trabajo social académico-universitario
(fuertemente teoricista, metodologicista y pragmatista) con el trabajo social operativo-
gerencial estatal y civil (fuertemente administrativista, practicista, asistencialista) y,
fundamentalmente con los nuevos tipos de demandas, antes considerados servicios
asistenciales y hoy societalmente politizados como derechos, que han desbordando el campo
tradicional del trabajo social.
Lo anterior significa que si la sociedad venezolana está experimentando cambios estructurales y
sistémicos de largo alcance, estos están demandando de los trabajadores sociales y a las
trabajadoras sociales –que forman parte de la ciencia técnica social y humanística- nuevas
habilidades, facultades, competencias y formas de actuación en el complejo campo del trabajo
socialxvi; asimismo, nuevas formas de pensar, ejercer y vivir el oficio en el que fuimos formados;
finalmente, nuevas agendas de debates y fraguas de modelos alternativos de intervención-acción-
implicación comunal y societal. Esto de alguna manera nos habla menos de LA práctica DEL
trabajo social y más de sus plurales (el hecho social, el hecho comunicacional –y el trabajo social
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como el periodismo son un hecho social indiscutible- no es propiedad de ninguna categoría
profesional, científica o política) que, hoy como ayer, se nos presentan como promisorios.
Promisorios porque quizás no tengamos que esperar demasiado para que nuestras competencias,
habilidades o facultades teóricas, técnicas, políticas y éticas (mediatizadas aún por las estructuras
sicosociales que la cultura política gestada a partir de 1958 creó en diversos sectores
poblacionales a los cuales pertenecen no pocos trabajadores sociales y trabajadoras sociales) nos
permitan en el corto plazo, colocar las frágiles prácticas de investigación, extensión, enseñanza,
aprendizaje y ejercicio tecnoprofesional que se realizan en y a partir del campo problemático que
es el trabajo social mismo, a tono con las estrategias de vida y el cambio epocal que
convivenciamos y experienciamos en nuestro país.
Se trata, en fin, de referentes empíricos que están interpelando la inventiva y actuación
decididamente humanística, científica, poética, praxiológica, profesional, comunitaria, barrial,
institucional pero esencialmente societal de los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales
que, al igual que amplios grupos de agentes de la pedagogía, educación, sicología, promoción,
gestión, terapia sociales así como técnicos superiores y licenciados de otras áreas del saber, están
implicados en la satisfacción de carencias y el potenciamiento de aspiraciones individuales y
colectivas -que, al igual que lo social, la cuestión o problemática social, la asistencia, el bienestar
y la seguridad social (individual, pública, colectiva) no son propiedad de ciencia o tecnología,
disciplina o profesión, arte o artesanía, oficio o vocación, técnica o gestoría social o humana
alguna-; asimismo, están planteando la necesidad de reconocer la fragua de un trabajo social –
mejor dicho societal- que viene siendo realizado por otros medios no tecnoburocráticamente
organizados; se trata de un trabajo social práctico-empírico que –con carácter societal- está
siendo realizado por amplios colectivos de artesanos y artesanas, constructores y constructoras,
luchadores y luchadoras, líderes y liderezas, emprendedores y emprendedoras sociales,
productores y productoras de procesos económicos, familiares, políticos y culturales
especialmente comunitarios, cuyo particular tipo de razonamiento lógicosocial o socio-lógico,
articulado a la singularidad de sus inserciones –vgr., mediante mesas técnicas, comités de salud,
comités de agua, asambleas de barrio, consejos comunales, parlamentarismo de calle, etc.- en la
trama societal, pareciera estarles potenciando un modo de toma de decisiones singular-colectivas
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sustentadas en el diálogo fraternamente crítico-autocrítico, en la deliberación sensiblemente
razonada y racionalmente sensible, a partir de una multiplicidad de posicionalidades y miradas.
Todo un reto al discurso de la universidad para el cual La Ciencia produce un conocimiento que
sólo les pertenece a los más esclarecidos, esto es, a los sabios ilustrados. Todo un desafío –ojalá
tan estremecedor como el Pachakutik- para los amplios grupos de trabajadores sociales y
trabajadoras sociales que VIVEN, por un lado, subsumidos en las urgencias del día a día y han
hecho del lamento su modo de comunicación quejumbroso, y, por otro lado, obnubilados por el
discurso del capitalismo tratando de hacer –con éxito nada despreciable- del trabajo social una
práctica reproductora y expansiva de la lógica de la modernidad, la libre iniciativa privada y del
imperioxvii. Asimismo, para quienes se encuentran en incipiente y focal proceso de búsqueda de
estrategias de articulación de la sabiduría étnico-popular con el carácter segregante y elitista de la
ciencia y la universidad, fundamento de un incipiente modo de producción, circulación y
consumo de conocimientos y saberes prácticos, esclarecidos, prudentes y sabios que den sentido
y significado a un nuevo ser, pensar y decir en el mundo.

III.
Un nuevo escenario principal de la historia en Venezuela y nuestra América se está configurando
y en él estamos intentando colocarnos en situación de poder comenzar a representar la trama del
TRABAJO SOCIETAL, uno que desde nuestra tesis de licenciatura en Costa Rica hace varias lunas y
que hasta hace pocos soles, denominé EL TRABAJO SOCIAL QUE ESTABA POR HACERSE y que hoy
feminizamos y denominamos, a manera de provocación fraterna y, más aún, de irreverencia
epistémica, LA TRABAJOSOCIETALOGÍA DE LA LIBERACIÓN/EMANCIPACIÓN SIN FRONTERAS QUE ESTÁ

COMENZANDO A GERMINAR –HAY INDICIOS O SÍNTOMAS DE ELLO- EN ALGUNOS LUGARES DE NUESTRA

AMÉRICA.xviii
Con éste y otros términos significamos no una propuesta rebuscada de cambio de nombre del
trabajo social, sino un cambio en la producción de su sentido que apunte a la búsqueda de
estrategias de articulación del carácter prudente y convivencial del sentido común y la sabiduría
popular con el carácter segregado y elitista de la ciencia, la universidad y del derecho xix,
fundamento de una nueva concepción y práctica del trabajo social, mejor dicho, de la
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trabajosocietalogía de la liberación sin fronteras –pero no sin itinerarios basados en principios-
que intentamos simbolizar.
Se trata de una provocación liberalógica no disciplinarista, a la que le hemos asignado una doble
función:
1. Llamar la atención sobre la extensa, diversa y ampliamente difundida literatura sobre teología
de la liberación, sicología de la liberación, sociología de la liberación, filosofía de la
liberación, humanidades de la liberación y, aunque los sicoanalistas postulan que el
sicoanálisis es por definición liberador del sujeto en tanto sujetado al inconciente, no está de
más reiterar su carácter liberador, especialmente significado en el dicho de Freud cuando, al
llegar en 1909 a Nueva York y viendo el jolgorio con el que se le recibía, le dijo a su
discípulo Carlos Gustavo Jung “lo que no saben es que les traemos la peste” (es decir, la
subversión)xx.
Esta es la cuestión: liberación versus represión; bloqueo versus desbloqueo; invención versus
repetición. En este sentido preguntamos si existe entre los y las agentes del trabajo social –en
la perspectiva de un tipo o género de ciencia o modo no paradigmatizado de producción,
circulación y consumo de conocimientos y saberes y, por ende, de una trabajosocietalogía de la
liberación/emancipación- un malestar problematizado como experiencia societal, y si la
respuesta es afirmativa como esperamos que sea, podremos parafrasear muy mediatizadamente
al Miresxxi freudiano diciendo que esta fuerza que es el malestarxxii en tanto miedo y deseo al
mismo tiempo, tenemos los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales que asumirla,
concientizarla, compartirla y organizarla con pasión subversiva en el centro mismo de las
multitudesxxiii. Sólo así podremos estar en condiciones de darle rienda suelta a nuestros poderes
creadores y asumir –cada trabajador social y trabajadora social al nivel, dimensión y espesor de
la realidad a la que hemos sido lanzados o ido a parar- el deseo de contribuir a cambiar el curso
de las cosas que tanto nos molestan. Y creo que este deseo comienza con el debate, fraterno
pero sin concesiones, de los supuestos básicos constitutivos de la singularidad-especificidad
del trabajo social como de los generales constitutivos de su universalidad.
2. Llamar la atención sobre la libertad que cada uno tiene de querer asumir el compromiso
implicado en la refundamentación misma del trabajo socialxxiv: encarnar y profundizar la doble
ruptura epistemológica (también ontológica y hermenéutica), consistente en la deconstrucción
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de la arrogante hegemonía de la ciencia moderna pero rescatando la promesa que ella genera y
frustra al mismo tiempo, y que está significada en la producción, circulación y consumo de
conocimientos y saberes prácticos, esclarecidos, sabios, socialmente producidos y
democráticamente distribuidosxxv en el proceso mismo de creación, traducción y satisfacción de
carencias y aspiraciones sociales (individuales y colectivas), recíprocamente
sobredeterminadas por las necesidades de humanización de la sociedad considerada en su
conjunto más inclusivo y por las de la vida misma de la naturaleza, la pachamama, nuestra
madre-patria tierra.
3. Endogenizar –refundamentándolas- la doxa y la episteme, la mayéutica y la fronesis, el logos y
la nosis, la ontología y la hermenéutica en y a partir de las prácticas pensantes del trabajo
social, pues de lo que se trata hoy es de un proyecto ético-estético y geo-bio-político de
producción de conocimientos y saberes a partir de las cuestiones que, desde las raíces
profundas de su sabia doxa multiétnica y pluricultural, mestiza y sincrética, nuestros pueblos y
naciones han colocado en la agenda de discusión local y global.
Finalmente, pero no para cerrar el discurso sino para redesplegar el debate, preguntamos ¿cuáles
son los desafíos implicados en esta convocatoria que sólo intenta atenerse a los procesos de
cambio epocal en marcha de los que estamos siendo arte y parte, así sea que seamos capaces o no
de soportarlos? Puntualizamos los siguientes cuyo referente empírico si bien es lo real
venezolanoxxvi, nos parece que tienen pertinencia para los colegas de nuestra América:
1) Refundamentar ética, ontológica, epistemológica y hermenéuticamente el trabajo social y
remitir sus inagotables prácticas: científica, técnica, profesional, académica, poética,
ecosocial y biopolítica, a las nuevas plataformas de vida democrática participativa y
protagónica.
2) Relanzar la relación de conocimiento del trabajo social consigo mismo, con las comunidades
productoras de conocimientos y saberes y con el clima político-cultural e ideológico-simbóli-
co de la época que recién estamos transitando a inicios del siglo veintiuno.
3) Resemantizar las leyes de ejercicio del trabajo social y de los colegios de trabajadores
sociales (y, por qué no, de los profesionales de las denominadas tecnologías y ciencias
sociales y humanidades), a los fines de que dejen de ser instrumentos meramente gremialistas,
reivindicacionistas, corporatistas, economicistas y representacionistas.
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4) Resignificar la figura unitaria pero plural, democrática y transdisciplinariamente
integralizadora de los colegios nacionales, instaurando en la praxis del trabajo social la ética
de la efectividad y el redespliegue de las capacidades innovativas sobre la base del
involucramiento en los asuntos que nos concierne como ciudadanos, académicos y
profesionales.
5) Instaurar novedosos dispositivos de poder compartido en los colegios, tales como los
observatorios nacionales de política social y desarrollo social así como la construcción de
redes sociales de participación y contraloría social, mediante las que podríamos vincularnos
orgánicamente a los procesos constitucionales en cada país.
6) Instaurar afinamientos éticos, ideológicos, políticos, académicos, científicos y sociales que
potencien al trabajo social (práctica disciplinaria, interdisciplinaria, multidisciplinaria y
transdisciplinaria de la intervención-acción implicada en la trama societal); asimismo, la
alianza estratégica con quienes realizan el trabajo social (una específica práctica social, un
campo problemático de actuación societal y praxiológica) por otros medios: técnicos y
licenciados en promoción social, educación social, orientación social, mediación social y
familiar, terapia social, gerencia social, gestión social, urbana y local, pedagogía social,
desarrollo humano y otras carreras consustanciales al trabajo social.
7) Optimizar la formación, capacitación y facultamiento de los y las agentes del trabajo social
para agregarle valor a su praxis y, por ende, a las capacidades de las organizaciones
académicas y profesionales del trabajo social, de la sociedad civil y el estado.
8) Innovar formas de ruptura de los encapsulamientos que mantienen bloqueada la invención
indómita de amplios grupos de trabajadores sociales y de trabajadoras sociales; ello a fin de,
por un lado, constituir al trabajo social en una práctica social trans(meta)disciplinaria
recíprocamente alimentada por los conocimientos de la ciencia-técnica y los saberes étnico-
populares, y por otro lado, construir los fundamentos de una epistemología del indicio y del
acompañamiento a sujetos individuales, institucionales y colectivos pertenecientes a
multitudes, clases, pueblos y naciones, que incluyen también a trabajadores sociales y
trabajadoras sociales, en sus proyectos de sobrevivencia y de vida, de reproducción social e
individual.
Dicha epistemología se refiere especialmente a lo siguientexxvii:
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a. Los modos en que las sociedades alimentan recíprocamente la satisfacción de carencias y el
potenciamiento de aspiraciones sociales con el desierato humanizador del vínculo social, la
protección y fortalecimiento de la biodiversidad y la autosustentabilidad del globo terráqueo.
b. El debate fraterno pero sin concesiones éticas, políticas ni intelectuales entre verdades,
conocimientos y saberes, como base de creación y redespliegue de sociedades sociocráticas
de estado social de democracia participativa y protagónica, derecho y de justicia.
c. La construcción de una cultura de paz, justicia, multietnicidad, pluriversalidad e integración
fraterna sobre bases eco-geo-biopolíticas fundamentales del desarrollo biosicosocial, cultural
y económico endógeno y autosustentable.
d. La construcción de mundos de vida fundados en la práctica cotidiana del bien-estar, bien-ser,
bien-tener, bien con-vivir, de la solidaridad, cooperatividad, fraternidad, equidad y justicia y
de las normas que regulan y potencian la convivencia pacífica en sociedad
e. La construcción de bienestares y plenitudes individuales y colectivas que se basen en el
ejercicio inalienable de la democracia, libertad de conciencia y de pensamiento, del derecho a
la propiedad individual, social y colectiva; asimismo, a la diferencia, autonomía, soberanía y
al disenso.

A Modo de Inconclusión
Hemos seguido nuestra propia subjetividad y recorrido un mapa noseológico ribeteado de puntos
suspensivos y fronteras espectrales, que nos ha servido para proyectar una problemática crucial
para los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales (pero también para los y las agentes de
las denominadas ciencias y tecnologías sociales y humanísticas), sin pretender llegar a respuestas
mucho menos definitivas.
Quizá en este recorrido hayamos dejado la impresión de complicar más que facilitar, la
comprensión de las razones por las que nos sentimos desafiados por una realidad que, en sí
misma, es irreverente y, por ello mismo, nos desborda si no aprendemos a surfiar rápidamente
sobre las olas de su movimiento histórico.
No obstante, como descargo compartimos una paradoja sencillamente humana, que resumimos
-evocando el doble sentido sicoanalítico- de la siguiente manera: lo que aquí hemos dicho no es
15

todo lo que hemos hablado, no obstante que todo lo dicho es lo que pensamos, aunque pensamos
que, en verdad, sujetos del inconciente al fin, hablamos más de lo que siempre decimos.
Lo cierto es que esta comunicación está inscrita en la humildad de la búsqueda de un punto de
partida cuyo ojo del huracán es el equívoco y la incompletud: nuestro verdadero punto de apoyo
que, en todo caso, no es el único ni mucho menos el mejor; sólo es uno posible, ojalá creíble para
quienes han aceptado nuestra convocatoria y nos honran con su presencia, esperando que el
esfuerzo reflexivo realizado, parcial e inconclusamente, sea de alguna utilidad para los y las
participantes, al menos para alimentar desde la posicionalidad de cada quien, la faena de los días
subsiguientes.
 ♥
Conferencia Inaugural inédita que, con el nombre de “El trabajo social desafiado. Una aproximación desde la
diferencia epistémica”, que fue impartida en el Primer Foro Internacional de Trabajo Social de la Red
Latinoiberoamericana y Caribeña de Trabajadores Sociales (RELATS) y de la Primera Convención Nacional de
Trabajadores Sociales de la República Bolivariana de Venezuela, eventos realizados en Valencia del 29 de enero al
2 de febrero de 2008, organizados conjuntamente con la Asociación Nacional de Trabajadores Sociales (ANTS) y la
Escuela de Trabajo Social de la Universidad del Zulia con el aval del Instituto de Investigaciones Económicas y
Sociales “Rodolfo Quintero” y el apoyo financiero del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH),
ambos de la Universidad Central de Venezuela (UCV), del Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología del Ministerio
de Ciencia y Tecnología, y la Gobernación del Estado Carabobo.
Mi agradecimiento al CDCH por el financiamiento otorgado al proyecto de investigación dentro del cual se ubica
esta Conferencia; asimismo, a la colega argentina Laura Acotto, vicepresidenta de la FITS para América Latina, y al
venezolano Oscar Mago, abogado constitucionalista y pionero de la justicia de paz, por ayudarme a redondear estas
notas; asimismo a Susana Strozzi, antropóloga y sicoanalista, coordinadora-fundadora de la línea de investigación
“Sicoanálisis y Ciencia Social” adscrita al Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Central de Venezuela,
por el alimentador apoyo ofrecido a mi esfuerzo investigativo. Todos, por supuesto, eximidos de las incompletudes
que embargan a este modesto ensayo.

Costarricense de origen, nicaragüense por mis afectos familiares, venezolano por opción, ciudadano de
Nuestramérica. Trabajador social con estudios de especialización en política social, de maestría en planificación
social y de doctorado en ciencias del desarrollo; actualmente es posdoctorando en sicoanálisis y ciencias sociales.
Exprofesor asociado de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Costa Rica y Exprofesor de la Maestría
en Intervención Social de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad del Zulia. Profesor
investigador de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Central de Venezuela. Investigador IV del Programa
de Promoción del Investigador del Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y la Tecnología. Presidente la Red
Latinoiberoamericana y Caribeña de Trabajadores Sociales (RELATS); http://reconceptualizacion.googlepages.c-
om/cesaraugustobarrantesalvarado; http://listas.reacciun.ve/mailman/listinfo/relats-l; www.relats-academica.org;
cbarran@reacciun.ve/; cesarbarrantes2021@gmail.com
i
Metáfora que tomo de Hardt, Michel y Negri, Antonio (2002), Imperio, Paidós, Barcelona, España.
ii
“Corrimientos” que no son medibles ni ubicables en la desespirituada y desexuada cuadrícula cartesiana; tampoco
son susceptibles de soluciones racionalistas y economicistas que pudieran ser extraídas del portafolio
tecno(crático)lógico de la ciencia moderna.
iii
Estos momentos son: la nación (la identidad, la conciencia, el alma nacional), el estado societalmente centrado, el
sistema político (la cultura política, el régimen jurídico-político, el escenario electoral, el mercado: que es societal o
no lo es pues, la concurrencia amoral de productores, distribuidores y consumidores que tampoco encarnan una
ética societal no tienen razón civilizatoria de existencia alguna)
iv
Vgr., los movimientos populares y cristianos de base interpelados por la teología de la liberación, estudiantiles y de
reforma universitaria, la revolución cubana, las guerrillas urbanas.
v
Los efectos encapsuladores del neoliberalismo, vgr., en sociedades sitiadas como la chilena, se expresan en una
fríamente bella y efectista imagen proyectada en la pantalla globalizada, que pretende mostrar a un país
angloeuropeo ineluctablemente ubicado en un continente llamado América Latina, en razón de los cual tolera las
fronteras que lo “unen” a las naciones indígenas que lo bordean y que son hermanas de la araucana-mapuche que los
chilenos holocaustizaron e hicieron desaparecer de la faz de su propia tierra aún a principios del siglo veinte, al
estilo de la conquista del oeste yanqui. La imagen ofrecida por esta ventana es la de un neoliberalismo que funciona
concertadamente y cuyo eslogan: “la libérrima empresa privada produce absoluta libertad”, es verídico porque es
real y es real porque es verosímil aunque no sea creible. Por ello, tras diecisiete años de dictasuave (término
socarrón acuñado por Pinochet para significar la fase militar del neoliberalismo) y otros dieciocho de la denominada
concertación (fase civil del neoliberalismo legitimado por un poder judicial copado por magistrados derechistas que
apoyaron la dictadura de Pinochet) entre demócratas cristianos y socialistas tipo Tony Blair como Lagos y Bachelet,
observamos que las fuerzas políticas populares contestatarias continúan estando excluidas del sistema político y que
el publicitado éxito macroeconómico no se traduce en justicia redistributiva, pues Chile ostenta el segundo lugar
después de Brasil y el décimosegundo del mundo con la distribución del ingreso más injusta (PNUD 2004, Informe
de Desarrollo Humano). Asimismo, visualizamos a una disciplinada sociedad de control que se autocensura o se
sublima represivamente (Marcuse, Herbert (1968), Eros y civilización, Grijalbo, México) bajo la tutela de la casta
militar y policial: los únicos supraciudadanos que, además, usufructúan sin control institucional un porcentaje de
algo no menos del 10% del producto de las ventas del cobre), lo que les da una suprautonomía a la que no tiene
derecho chileno alguno. Finalmente, observamos experiencialmente huellas sicosociales y simbólico-culturales del
dolor -que muchos chilenos quisieran olvidar y no todos pueden bien ocultar- provocadas por la larga y cruenta
noche pinochetiana en diversos sectores poblacionales, a los cuales pertenecen no pocos trabajadores sociales y
trabajadoras sociales tanto como escuelas de trabajo social, algunos de los cuales se han acostumbrado al aire
aclimatado (frío cuando hace calor y caliente cuando hace frío) y a los productos automotrices, telemáticos y
electrodomésticos que dan una represiva tranquilidad concertada por un socialismo posmolaigtizado.
Pero como también en la ideología del denominado estado de bienestar (que en nuestra América nunca ha existido,
excepto como falsa conciencia) se cocieron habas en su versión cepalina, importa señalar que la universitarización
de la formación del trabajo social significó a lo largo y ancho de nuestra América, un específico divide-y-vencerás
institucionalizado en nombre de la asistencia y bienestar realizados en nombre de pero no con ni para el pueblo. Nos
referimos al “desfase…reforzado por los radicalismos cientifizantes e ideologizantes que pusieron en la palestra
política nuestramericana dos grandes matrices del denominado movimiento de reconceptualización del
servicio/asistencia/visitaduría social: la modernizadora y la crítica...El desfase…estaba determinado por una dis-
continuidad de sentido entre tres tiempos sociales que parecían corresponderse con la discursividad de tres
correalidades…: el tiempo social del statu quo o establishment, el tiempo social de las clases sociales sujetadas a la
carencia y la exclusión, y el tiempo social de la universidad…(Hoy) la formación de los trabajadores sociales y las
trabajadoras sociales…continúa enclaustrada en el tiempo social de la academia (separada de los otros tiempos
socialmente construidos), mejor dicho, en las contradicciones y antagonismos de las prácticas y discursos academi-
cistas, pero ostentando rasgos pragmatistas, concretistas…practicistas, objetivistas (y hasta ilusionistas)” Barrantes,
César (2003), “La formación profesional en trabajo social. Un estudio de representaciones sociales en Venezuela”,
una versión revisada aparece en la Revista Venezolana de Trabajo Social, Universidad del Zulia, 2007.
vi
Las tres dolorosas heridas ontoepistemológicas clásicas: la cosmológica, la biológica y la sicológica, que
respectivamente despojaron al hombre de sus ilusiones geocéntrica, antropocéntrica y logocéntrica, fueron descritas
por Freud: a) No somos el ombligo del universo, tal como preconizó durante siglos la teoría geo(ombligo)céntrica
tolomeica y católica; b) La especie humana desciende nada menos que del mono; c) El hombre no es un ser
conciente y racional que puede autoconocerse de manera voluntaria y transparente y los niños y niñas son seres
sexuados, no querubines ni potenciales arcángeles. La cuarta herida narcisista (Susel, David (1997), La cuarta
herida narcisista, Psique, Buenos Aires): la indeterminación, el caos, la incertidumbre, la contingencia, el azar, el
des-orden (no es el desorden anómico sino el orden deconstruido y resignificado), que acabó con el sueño
omniciente de predecir con certeza –valga la redundancia- omnipredictiva el futuro del mundo con sólo conocer las
condiciones iniciales del sistema (Einstein, Heisenberg, Prigogine,…). En el umbral de las invenciones futuristas,
los avances tecnológicos nos ponen frente a una quinta herida, que sigue prepotentemente siendo anunciada por la
ciencia ficción: la continuidad entre máquina y hombre, de que los hombres cada vez funcionen más como máquina,
como seres digitales o binarios, y las máquinas siendo cada vez más inteligentes, o al menos capaces de simular
inteligencia (Baudrillard, Jean (1983), Simulations, Semiotext(e), New York; Negroponte, Nicholas (1997 [1995]),
A Vida Digital, Companhia das Letras, São Paulo; Piscitelli, Alejandro (1995), Ciberculturas en la era de las
máquinas inteligentes, Paidós Contextos, Buenos Aires. Las heridas narcisistas no civilizatorias, sino particulares de
cada uno de nuestros países (de las individuales dan cuenta exclusiva los sicoanalistas), es innumerable pero
citemos dos ejemplos de nuestro interés: 1) Venezuela, en donde el derrumbe del estado saudita petrodolarizado a
partir de 1983 y el Caracazo en 1989, nos llevó al descubrimiento problematizador de que éramos sencillamente
pobres y que el “tá´barato dame dos” y el “pa´mayami voy” no eran algo real para la mayoría, con lo cual se inició
una curva emocional depresiva que mantuvo, hasta hace poco tiempo, la autoestima nacional en niveles muy bajos,
según encuestas como Latinobarómetro y otras internacionales. 2) Argentina, cuya secular crisis la llevó en barrena,
desde la ilusión de ser un país centroeuropeo enclavado en una geografía conocida como América Latina a asumirse
-guerra de las Malvinas mediante- como parte histórica de lo real latinoamericano, pobre, tachado. A la innumerable
lista de heridas narcisistas, ontoepistémicas de la humanidad, no consignadas por los Anales de la Historia (para los
cuales el único Holocausto de toda la historia humana es el que fue ejecutado contra los judíos por los nazis,
cuestión que ignora a otros millones de no menos humanos que los judíos que fueron holocaustizados durante la
segunda guerra mundial), agregamos el pachakutik, término con el que los pueblos aimara y quechua (sin solución
de continuidad diseminados gracias a las fronteras impuestas por el imperio español entre Bolivia, Perú y Ecuador)
desde hace tres mil cuatrocientos años denominan a lo que hace temblar o estremecer a la Pachamama (http://www.-
pachakutik.org.ec/), a la Madre Tierra, a la Naturaleza, término que comenzaron a resignificar a raíz de haber sido
descivilizacionados, desepistemologizados, animalizados, cosificados, esclavizados, expropiados y colonizados por
el primer Holocausto de la modernidad/colonialidad, genocidio que trastornó brutalmente la totalidad del espacio-
tiempo de la civilización originaria de la Abya Yala (antiguo nombre de lo que hoy conocemos como América
Latina o simplemente nuestra América). Desguace civilizacional que no conllevó beneficio progresista alguno para
sus víctimas (como tampoco lo significó para los africanos esclavizados ni lo está significado para los iraquíes,
afganos, palestinos, libaneses, haitianos,…), que pudiera ser asociado a la misión civilizatoria de las revoluciones
estadounidense, francesa, industrial y tecnomicroelectrónica (Mignolo, Walter 2006, La idea de América Latina,
Gedisa, Barcelona, España). El topetón que Colón tuvo con el continente que posteriormente fue bautizado como
América y luego como América Latina (latinité, latin, latinos, hispanos…), fue un hecho furtivo, es decir para nada
cartesiano pero con consecuencias civilizatorias que no pueden ser sicoanalíticamente metaforizadas al estilo de
Lacan, para quien las revoluciones –al menos en el caso en que él se vio involucrado: la utopizada por los
estudiantes que protagonizaron los sucesos del famoso mayo francés de 1968- son como las manillas del reloj, que
si bien marcan cambios conforme avanzan en su marcha circular, vuelven a tornar al punto de las doce, es decir al
punto originario, a la génesis… y vuelta a repetir reinstaurando siempre al Amo, al Nombre del Padre que el mismo
Lacan pluralizó. En nuestra América el Amo imperial, primeramente hispano y hoy euroangloyanquicéntrico, se
entronizó instaurando una avasallante geometría del poder: militar, racial, económico, biológico, cultural, político,
religioso, ideológico-simbólico, territorial, temporal, corporal, neuronal, molecular, etc., cuyo calendario ha venido
marcando el tiempo no de la instauración del Amo por parte del Esclavo (los aborígenes estaban esperando a Cristo,
es decir al dominador, tesis que Benedicto VI ha tenido que corregir gracias a la réplica contundente del presidente
Chávez), sino de la imposición del Amo que se reinstaura a sí mismo. Hoy, siguiendo el discurso freudiano
tomamos partido por la desfamiliarización del sujeto con el Amo puesto que, en este campo –todo hace suponer- no
hay acuerdo posible: de allí el sentido del mito del parricidio cometido por la horda de homínidos en proceso
incipiente de humanización, pero también de su correlato: el padre asesinado sigue presentificado –sin solución de
continuidad- en las motivaciones que condujeron a sus hijos a matarlo. Al contrario de la mítica narrativa de Freud
en Tótem y tabú, los parricidas no establecieron ley o fraternidad entre sí, sino una identificación con el agresor
victimizado que se ha perpetuado hasta nuestros días como un plus-agresor, es decir, un agresor revalorado, plus-
gozado que ya premonizaba el plus de goce, la sonrisa del capitalista “descubierta” varios millones de años después
por Lacan en su Seminario 17, a propósito de su estudio sobre la plusvalía de Marx. Y así se ha venido perpetuando
la violencia gracias al silencio de los cómplices, que no sólo distorsiona cuando no impide su historización, sino que
permite escuchar la hedónica sonrisa del capitalista e ilusionar que las muecas de dolor y los llantos de los esclavos,
explotados, condenados de la tierra y dominados son jolgóricas risas que dan cuenta innegable de La felicidad en la
Cultura. En estas circunstancias pareciera que no es posible crear palabra nueva alguna en el lenguaje del
inconciente pues este resemantiza instaurando ¿por siempre jamás? el nombre del padre que Lacan ha pluralizado
para bien o para mal. ¿Cómo se de-familiariza el sujeto del Amo?, ¿cómo se sale de la dialéctica del amo y el
esclavo?, ¿cómo sacar al Amo, al (los) Nombre(s) del Padre del cuerpo del esclavo, del hijo?, ¿es posible que el
capitalista deje de seguir riendo hedonistamente a costa del proletario que sólo prole posee, o, al menos, que el
esclavo aprenda a reir su propia risa? Cierro esta nota fundamental preguntando ya no cómo asesinar al Amo que
asesina impunemente, sino evocando una de las numerosas frases lapidarias escritas en las paredes de edificios
parisinos durante la revuelta estudiantil de 1968: “matemos a nuestros padres”, es decir, matemos al amo que
somos, ¿es posible tan bella promesa, tan bello mito?
vii
“El ojo que mira es un ojo ciego” (Lacan). “Parafraseando al grupo musical Los Redonditos de Ricota, un graffiti
en una populosa esquina de Porto Alegre decía: ‘Te amo con mis ojos ciegos bien abiertos’, citado por el
sicoanalista bonaerense Sergio Rodríguez en “Tiempo de amores acorralados”, Tribuna Abierta, 22 de enero de
2002, clarin.com/
viii
Este término es polémico y muy criticado; por ello reproponemos su discusión en aras de la cual explicitamos el
sentido que aquí le damos: no está referido al intervencionismo autoritario propio del estado providencial o
bienestarista que se impone, desde el encima de la sociedad o desde el afuera suprasocietal (el Olimpo del
estadocratismo teologal), regulando asuntos tan pedestres como los socioeconómicos. Nuestro sentido no tiene
relación con la acción política del estado verticalista ni de ninguno de sus agentes, así sean los milicos chilenos que
se han constituido en supraciudadanos que aún mantienen sitiada a la sociedad chilena, o se denominen trabajadores
sociales y trabajadoras sociales, sicólogos, sociólogos o especialistas en terapia e (inter)mediación social, familiar,
comunitaria, etc., formados en ese paradigma. La intervención aquí significada es la acción-no-acción del sujeto que
se asume responsable del vínculo social y por ello decide presentificarse, es decir, intervenir, participar,
protagonizar, incidir existencialmente en la trama social en la que inexorablemente estamos implicados (Heidegger,
Martín 1962, Sendas Perdidas, Editorial Losada, Buenos Aires). En todo caso, para los efectos de la discusión
propuesta, asomamos las siguientes preguntas críticas del intervencionismo, las dos primeras sugeridas por mi
amigo Oscar Mago: ¿debe intervenirse a la sociedad o más bien sembrarle semillas de reflexión y cambio para
impulsar su revaloración, emancipación y su propia forma de entenderse y entender su relación con el estado que le
pertenece?, ¿la intervención social respeta las creencias, los valores y las costumbres de la comunidad o le implanta
modos oficiales de inserción societal?, y en este sentido agregamos nosotros: ¿violenta o respeta la intimidad,
privacidad y especificidad de los sujetos?, ¿genera en estos decisiones autogestoras o concentradoras de poder?, ¿se
cosifica a los sujetos o, por el contrario, se potencia el poder simbólico de su propia palabra?
ix
Ver nota 5.
x
Colombia es el tercer país del mundo que recibe más ayuda militar de los Estados Unidos de Norteamérica después
de Israel y Egipto. Su ejército alcanza a alrededor de 400.000 efectivos que no han podido derrotar a la guerrilla de
unos veinte mil militantes en más de cincuenta años.
xi
“Pobrecito México, tan cerca de los Estados Unidos y tal lejos de dios” dijo un presidente liberal mexicano a
finales del siglo diecinueve.
xii
Costa Rica es un país secularmente adoctrinado como proyanqui cuyo pueblo bipartidistamente socialdemócrata-
cristianizado –mejor dicho centristamente clasemediatizado (condensación de los términos clase media y
mediatización)- gracias a su eficiente sistema educativo público-estatal, hoy más privatizado y con gran influencia
empresarial que hace dos o tres decenios, ha obligado al gobierno de Arias –neomodernizado oligarca cafetalero que
desciende directamente de una de las cinco familias que desde la colonia gobiernan a este país- a realizar en octubre
de 2007, un referendo como condición sine qua non para aprobar o no el tratado de libre comercio con los Estados
Unidos de Norteamérica. Algo ha comenzado a cambiar en Costa Rica: la hegemonía oligárquico-modernizante se
ha fracturado y la nave del estado pareciera que se está empantanando. Ningún país con gobierno neoliberal en el
mundo puede contar con este haber en su balance de cuentas políticas. Cosas veredes, Sancho amigo.
xiii
Una sintética mirada sociopolítica y políticosocial de finales del siglo pasado se ofrece en “Crisis estructural y
desestructuración social en Venezuela. Comentarios para una reflexión”, capítulo II de Barrantes, César (1997), El
apoyo a la economía popular en Venezuela. ¿Hacia una política social orgánica de estado?, Editorial Tropykos,
FACES-UCV, Caracas.
xiv
El sur también existe, nuestro norte es el sur, pero también nuestro norte es el sur que vive en el norte y desde
dentro ha quebrado la homogeneidad de éste.
xv
Si bien los centroeuropeos, anglosajones y, más recientemente, los asiáticodescendientes, indúesdecendientes,
árabedescendientes, judeodescendientes, servodescendientes, croatasdescendientes, … forman parte de la gran pa-
tria que soñó Bolívar y todos los próceres, héroes y heroínas de los procesos independentistas, la verdad es que
estos grupos humanos forman parte de estatutos sociales, políticos y culturales de cierto privilegio y hasta elitismo
que contrastan con las condiciones de vida de las etnias originarias y mayoritarias a lo largo y ancho de nuestra
América. Pero aún y no sólo a pesar sino a propósito de este hecho histórico, la contribución de dichas culturas al
proceso de constitución de la Patria Grande son innegables.
xvi
xvi. Barrantes, César (2006) “Trabajo social de siglo veintiuno. Una crítica al discurso brasileños et. alli”,
Palimpsesto de Barrantes (2005b), en Revista Katálysis, 2º semestre de 2006, Universidad Estadal de Santa
Catarina, Brasil. 2007: Del trabajo social a la trabajosocietalogía. Una provocación epistémica en tiempos de
globalización, posmodernidad e imperio, Ponencia magistral presentada al Seminario Internacional de Trabajo
Social con motivo del lanzamiento de la Carrera de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Santo Domingo,
20-24 de mayo de 2007, con la cooperación de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Ryerson de Toronto.
xvii
Para un ensayo crítico a este tipo de trabajo social que denominamos light, ver el apartado “El trabajo social light”
de Barrantes (2005), “¿Es el sur el norte del trabajo social? Entre el angloeurocentrismo y la geopolítica de la
producción de conocimientos y saberes en la alborada latinoamericana (un texto cualquiera que apenas desea ser
escrito)”, ponencia central presentada al Primer Encuentro Latinoamericano de Trabajo Social “El Trabajo Social
Crítico en el Contexto Latinoamericano. Propuestas Alternativas para la Construcción de una Nueva Sociedad”,
organizado por la Asociación de Egresados de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 5-8
de octubre de 2005.
xviii
Tesis publicada sintéticamente en los tres artículos siguientes: (1979) "Anotaciones para una crítica a `La
Reconceptualización' del Servicio Social", Revista de Filosofía, Vol. XVII, No. 45, Universidad de Costa Rica;
(1984) “¿Qué es eso que se llama trabajo social?”, Revista de Servicio Social, Vol. 1, Nº 3, 1999, Universidad de
Concepción de Chile; (1994) “Trabajo social: ¿productor, difusor o consumidor de conocimientos? Notas
epistémicas”, Cuadernos de Trabajo Social, No. 7: 41-51, Universidad Complutense de Madrid. Referencias de mi
línea investigativa en los últimos años, ver (2005 [2000]) “Anotaciones para una reflexión sobre la geopolítica de la
producción de conocimientos y verdades”, Revista Colombiana de Trabajo Social, No. 19:83-97; (2001) “La Red
Latinoamericana y Caribeña de Trabajadores Sociales. Un espacio para producir conocimientos”, Revista
Venezolana de Trabajo Social, Vol. 1, No. 1:137-161, LUZ; (2002), “Proyecto de Ley del Trabajo Social de la
República Bolivariana de Venezuela”, Asamblea Nacional, julio-octubre, Caracas; (2005a), “Desafíos ¿del o al?
trabajo social en tiempos de imperio, posmodernidad y globalización”, en Ruiz, Ana (Coorda., 2005), Búsquedas
del trabajo social latinoamericano. Urgencias, propuestas y posibilidades, Espacio Editorial, Buenos Aires;
también en Revista Regional de Trabajo Social, No. 33, 2005, www.revistatrabajosocial.com, Montevideo; (2005b),
“Trabajo social en el contexto actual ¿Reinvención o repetición?”, Conferencia inaugural del LIII Congreso de la
AMETS, México, 5-7 de mayo; (2005c), “Pensar el trabajo social en la construcción de un nuevo paradigma”,
Revista Margen, No. 36/37, 2005, www.margen.org/, Buenos Aires; (2006) “El trabajo social de siglo veintiuno.
Una crítica al discurso brasileños et alii”, Revista Katálysis, vol. 9, No. 2, Florianópolis; (2007a) “Del trabajo social
a la trabajosocietalogía. Una provocación epistémica en tiempos de globalización, posmodernidad e imperio”,
Seminario Internacional de Trabajo Social, ETS, Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Domi-
nicana, 20-24 de mayo, con la cooperación de la ETS de la Universidad Ryerson de Toronto; (2007c), “Del trabajo
social al trabajo societal. Notas para un encuentro con los estados de derecho y de justicia”, ponencia magistral en el
Seminario Internacional sobre Trabajo Social y Política Social…Respuestas creativas”, organizado por la Escuela
de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Trujillo, Perú, del 23 al 25 de agosto.
xix
Santos, Boaventura De Sousa (2002), La globalización del derecho. Los nuevos caminos de la regulación y la e-
mancipación, ILSA-Universidad Nacional de Colombia, Bogotá; y (1996), Introducción a la ciencia posmoderna,
FACES, UCV, Caracas; Morin, Edgar (1994), Introducción al pensamiento complejo, Gedisa, España.
xx
Jacques Lacan comentó esas palabras: Freud se había equivocado: creyó que el sicoanálisis sería una revolución
para los estadounidenses, y en realidad Estados Unidos había engullido su doctrina, quitándole su espíritu
subversivo…Francia es el único país en el mundo en el cual, a través de los surrealistas y la enseñanza de Lacan, la
doctrina de Freud ha sido considerada "subversiva" y asimilada a una "epidemia" semejante a la revolución ocurrida
en Francia en 1789, y en todo caso irreductible a cualquier forma de sicología adaptativa, conductista, pragmatista
(Diccionario de Sicoanálisis, http://es.wikibooks.org/wiki/Diccionario_de_Psicoan%C3%A1lisis
xxi
Mires, Fernando (1998:253), El Malestar en la Barbarie, Editorial Nueva Sociedad, Caracas. Intelectual chileno
panegírico del imperio y el sionismo, deficiente analista político, residenciado en Alemania desde hace varias
décadas, quien, a mi juicio, se acostumbró al aire acondicionado propiciado por el modelo socialdemócrata
eurocéntrico y su primo hermano socialista chileno, hoy neoposmolaigtizado. Ver nota 3.
xxii
Varios (1989), Aspectos del malestar en la cultura. Sicoanálisis y prácticas sociales, Coloquio del CNRS,
Ediciones Manantial, Buenos Aires.
xxiii
Hardt, Michel y Negri, Antonio (2002), Imperio, Paidós, Barcelona, España.
xxiv
De acuerdo con el dictum de la furia reconceptualizadora del decenio de los sesenta del siglo veinte, el trabajo
social “es” parte orgánica de la ciencia moderna académica. Sin embargo, cincuenta años después nos encontramos
con dos situaciones extremas en cuyo ínterin –que no abordaremos en esta nota- encontramos un abanico de
circunstancias abiertas a la investigación. Me refiero al Chile, hoy ya no pinochetista sino pinochonómico, en donde
los y las agentes del trabajo social aún no pueden presentar a los organismos de financiamiento de investigaciones,
proyectos de investigación académica propios sino sólo bajo el alero de algún sociólogo u otro científico social.
Asimismo, aludo a la República Bolivariana de Venezuela en donde la política tecnocientífica y de innovación
social del estado -desde hace cuarenta años, pero no a propósito de la denominada reconceptualización del servicio
social que en nuestro país, como en muchos otros, fue marginal y rápidamente impracticada, sino al relanzamiento
actual de dicha política- tiene abiertas las puertas a las propuestas investigativas en trabajo social. La paradoja es
que en Chile existe importante oferta investigativa de trabajadores sociales que optan por el alero exigido con tal de
viabilizar sus proyectos de investigación, mientras que existe inopia en la República Bolivariana de Venezuela en
donde no más de cinco trabajadores sociales y trabajadoras sociales de los aproximadamente quince mil existentes,
se encuentran registrados en el Programa Nacional de Promoción al Investigador, que integra a más de cinco mil
investigadores de diversas disciplinas.
xxv
Sábato, Ernesto (1955), “Poderío e impotencia de Einstein”, Revista Atenea, Año 32, Vol. 121, No. 360:361-369,
http://homepage.mac.com/eeskenazi/poesia.htm, Concepción; Santos, Boaventura de Sousa (1996), Introducción a
la ciencia posmoderna, Cipost-Faces-UCV; Caracas; Morin, Edgar (1994), El pensamiento complejo, Gedisa,
España.
xxvi
Si bien kantianamente podemos decir que lo real es lo concreto sin las deformaciones perceptivas derivadas de las
limitaciones de los sentidos o del intelecto, y husserlianamente afirmar que lo real es la esencia o el fenómeno
posible de ser descrito con rigurosidad matemática tal, que toda suposición o juicio existencial queda en epoqué, es
decir, en suspenso o entre paréntesis (Toledo Nickels, Ulises, 2008, “Realidades múltiples y mundos sociales.
Introducción a la sociofenomenología”, en Revista Eheutheria, Universidad de Marroquín, España, en línea:
http://www.eleutheria.ufm.edu/), también lacanianamente podemos distinguir lo real de la realidad. Esta es lo que el
sujeto percibe, entiende o cree entender lo que se le presenta, a veces fantasmagóricamente, como espectro o
semblante, como lo existente, lo veraz, lo verdadero; la realidad es principalmente sentido común, que puede ser
cierto o incierto, válido o inválido, acertado o desacertado al igual que lo es el conocimiento denominado científico.
Para Lacan la realidad puede ir coincidiendo con lo real en la medida que se cualifica y optimiza el intelecto y la
conciencia, pero mientras la coincidencia –absolutamente improbable- no sea total, lo real es "lo imposible" de
traducir o transducir totalmente a las figuraciones propias del registro de lo imaginario, y menos aún a palabras u
otros símbolos propios del registro de lo imaginario. El concepto (me gusta más el término erotema que si bien
denotativamente remite a la pregunta retórica que no requiere una respuesta real, en el marco de este Foro
Internacional de Trabajo Social recuperamos la erótica implicada en el laberinto imaginario, simbólico y real que
media la relación del sujeto deseante y su objeto de deseo, lo que hace necesarias diversas tentativas antes de
alcanzar –nunca de una vez y para siempre- dicho objeto libidinal. Se trata de la dilucidación de sentido que pudiera
resultar válida y pertinente, a propósito del tiempo que está dimensionado erotemáticamente en el Foro
Internacional de Trabajo Social mismo) de lo real, se mantiene dentro de criterios racionalistas y científicos, permite
subsumirse en profundidades o espesores donde el positivismo zozobra. En mi línea de investigación, entiendo lo
real como la realidad objetiva pero socialmente acotada, es decir, en proceso de redefinición, conceptuación,
simbolización, intersubjetivación y socialización. El momento de mayor cualificación de la praxis constituida como
tal en tanto productora de sentido (significados, intencionalidades y direccionalidades no siempre concientes pero
que nos implican y comprometen). Es el todo posible, la racionalidad total mas no absoluta, de la siempre inconclu-
sa aproximación del sujeto al conocimiento, apropiación y potenciación de la realidad social a la que él es lanzado o
va a parar y en relación a la cual se hace responsable. El fundamento de lo real son las relaciones de extimidad –
condensación de ex: externo y timidad: intimidad- que contienen un hueco o vacío en su estructura y, por ello
mismo, no puede ser considerado como un bloque homogéneo sino incompleto, ello gracias a que contiene el hueco
de la incompletud, de la falta: Miller, Jacques-Alain (2003), “Un esfuerzo de poesía”, Mediodicho, año 7, No. 25,
Escuela de Orientación Lacaniana, Córdoba, Argentina- erotema que nos permite - más allá del pensamiento binario
y dualista de lo interno y externo, de lo endógeno y lo exógeno, uno de cuyos testimonios históricos fue la famosa
teoría de la dependencia externa de los años ´60 del siglo veinte- dar cuenta de los matices significados por lo
interior excluido, lo interior impuesto, lo exterior incluido, lo exterior impuesto así como de las discontinuidades
entre sujeto y objeto, conciencia y realidad, pensamiento y ser, teoría y práctica, poder y conocimiento; sociedad y
estado, régimen y nación; entre lo real y lo ideal; asimismo, entre lo económico, lo político, lo espiritual, lo ideoló-
gico, lo histórico y lo cultural. Se trata de una forma de razonamiento no esencialista que implica que lo dado
pertenece a una realidad dinámica, susceptible de ser captada, pero a la vez constituida, con significados y sentidos
inéditos articulados a la praxis, es decir, a la intencionalidad (no siempre conciente), a la direccionalidad (no
siempre deseada), y a la viabilidad (no siempre valorada o reconocida) de las opciones posibles en momentos
distintos del desarrollo históricosocial, en nuestro caso, especialmente de la praxis de los trabajadores sociales y las
trabajadoras sociales.
xxvii
Barrantes, César (2006b), “Segundo anteproyecto de ley de ejercicio profesional de los trabajadores sociales y las
trabajadoras sociales de la República Bolivariana de Venezuela”, presentado a la Mesa Técnica ad hoc de la
Comisión de Seguridad Social Integral de la Asamblea Nacional, 26 de febrero de 2006, Caracas; Barrantes, César;
Hidalgo, Gustavo; Parucho, María; Plaza de Rojas, Nelly (2006), “Anteproyecto de ley de ejercicio del trabajo
social, propuesta a la Mesa Técnica ad hoc de la Subcomisión de Seguridad Social, 21 de abril de 2006, Caracas.