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Aproximación al trabajo social light .


César Barrantes

Se trata de unas notas, inconclusas como mi cuerpo, suscitadas a propósito del Primer
Encuentro Latinoamericano de Trabajo Social, organizado por la Asociación de Estudiantes de
Trabajo Social de la Universidad Nacional de Colombia en octubre de 2005.
En un trabajo anterior (Barrantes 2006b) dimos cuenta de una trama fabulada que puso en
escena la alienación en el interior mismo de las prácticas de los trabajadoras sociales y las
trabajadoras sociales, algunos o muchas de los cuales se han perdido en el entramado confuso
de objetivos, intereses, prácticas y discursos societales que, aparentemente, no les pertenecen y
para los cuales no han sido formados y, posiblemente en diversos países, no lo serán en los
próximos lustros.
En dicho trabajo, introdujimos la reflexión sobre el desafío que tenemos los y las agentes del
trabajo social de desenredar nuestros propios bloqueos internos (asumidos muchas veces como
exogeneidades y, por ello mismo, imposibles de ser procesados, tematizados, problematizados
u ontoepistemologizados en, desde y a través del campo problemático que es el trabajo social
mismo que transversaliza a la sociedad considerada en su conjunto más inclusivo) al mismo
tiempo que asumimos la realidad de los ovillos externos (por lo general asumidos como
interior excluido o exterior interiorizado)1; ello a fin de que el trabajo social no se pierda en
entramados confusos y densos –vgr., el de las propuestas de imágenes societales objetivo u
horizontes para América Latina y/o para el mundo- cuyo virtual abordaje sólo adquiere sentido
de realidad si bien a la luz de enfoques inter-multi y transdisciplinarios, fundamentalmente

Extraído de “¿Es el sur el norte del trabajo social? Entre el angloeurocentrismo y la geopolítica de la
producción de conocimientos y saberes en la alborada latinoamericana (un texto cualquiera que apenas desea
ser escrito)”, ponencia central presentada al Primer Encuentro Latinoamericano de Trabajo Social “El Trabajo
Social Crítico en el Contexto Latinoamericano. Propuestas Alternativas para la Construcción de una Nueva
Sociedad”, organizado por la Asociación de Egresados de Trabajo Social de la Universidad Nacional de
Colombia, Bogotá, 5-8 de octubre de 2005. Versión ampliada de la conferencia magistral presentada al LIII
Congreso Ordinario de la AMETS, León, Guanajuato, mayo de 2005. google.com/search?hl=es&rlz=1T4-
WZPA_en___VE279&pwst=1&q=cesar+barrantes&start=240&sa=N

Trabajador social, planificador social, analista de política social, profesor investigador de la Escuela de Trabajo
Social de la Universidad Central de Venezuela, Investigador III del Programa de Promoción al Investigador del
Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y la Tecnología. Ha sido profesor de grado y posgrado en
universidades de Costa Rica y Venezuela e invitado a una diversidad de universidades de nuestra América.
1
Sobre el éxtimo-íntimo, ver Miller (2003:10) “En sicoanálisis hace ya mucho tiempo que este afuera se
convirtió en interior. Y podemos incluso decir que se convirtió en éxtimo (el afuera que está dentro, de ex:
externo y timo: íntimo (C. B.)”.
2
desde nuestros heterogéneos trabajos de campo (micro, macro y mega, estatales y civiles,
públicos y privados, sectoriales y regionales, cotidianos y domésticos, locales y globales),
nuestras ambiguas prácticas académicas, nuestro fenoménico ejercicio profesional y nuestras
tenues y frágiles empresas investigativas.
A propósito de lo anterior y de la problematización del malestar y la queja, de la alienación y
la barbarie como experiencias del trabajo social, aquí nos preguntamos por la necesidad
histórica de inaugurar, como parte del campo de las propuestas para la construcción de una
nueva sociedad americana con sentidos latinoiberoindoafrocaribeños, que recuperen y
coloquen en su justo lugar la producción de sentidos (míticos, fabulatorios, imaginarios y
reales de las culturas inca, araucana, aimara, quechua, maya, azteca..., tanto como postulamos
hacer lo mismo con la producción cultural asiática, arábiga, ibérica, latina,…en el proceso de
construcción mismo en el aquí y el ahora de nuestra América, si bien tendencialmente
poscolonial esencialmente descolonial) en el interior mismo de la constitución de un
pensamiento y una práctica de un trabajo social que derive en trabajosocialogía,
trabajosocionomía, trabajosociodoxa, trabajosociofronesis y, por qué no,
trabajosociosicoanalítico2 de la liberación sin fronteras, al igual que existen desde hace
décadas una filosofía de la liberación, una teología de la liberación, una sicología de la
liberación, una sociología de la liberación…, pero con una diferencia histórica respecto del
sistema mundial de los años sesenta y setenta, y es que hoy nos encontramos –como nunca
antes- con algunos quantas de adentramiento epocal en el sistema de relaciones mundiales
reordenado por el poder hegemónico mundial yanquicéntrico y cuyo rasgo esencial es lo que
denomino neoposglo, sea la condensación de los prefijos de neoliberalismo, posmodernidad y

2
Con estos términos significamos no una propuesta rebuscada de cambio de nombre del trabajo social (que en
todo caso ya realizamos en el Congreso de Trabajo Social realizado en la Universidad del Zulia en noviembre
de 2000), sino un cambio de su sentido que apunte a la búsqueda de estrategias de articulación del carácter
prudente y convivencial del sentido común y la sabiduría popular con el carácter segregado y elitista de la
ciencia y la universidad, fundamento de una nueva noción o concepción del trabajo social, mejor dicho, del
trabajo societal (¿ciencia o saber societal?). Se trata de una provocación o llamado de atención sobre la libertad
que cada uno tiene de querer asumir, más allá o más acá de los discursos de la universidad y de la ciencia, el
compromiso que está implicado en la definición del trabajo social como disciplina académica, una de cuyas
actividades esenciales es la producción, circulación y consumo individual y colectivo de conocimientos y
saberes que, siendo prácticos no dejen de ser esclarecidos y siendo sabios no dejen de estar socialmente
producidos, pero fundamentalmente democráticamente distribuidos (cfr. De Sousa, 1996; Morin 1994) en y a
propósito del proceso mismo de traducción, satisfacción y creación de necesidades (carencias y aspiraciones)
sociales (individuales y colectivas) y sistémicas (la sociedad considerada en su conjunto más inclusivo). Se trata
de asumir endogénicamente, es decir, desde el adentro mismo, desde lo más íntimo de las prácticas de los y las
colegas pensantes y no pensantes (¿quizás podríamos decir de las prácticas del sujeto del inconciente?) del
trabajo social (societal) el exterior, lo exógeno que para los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales ha
venido significando el logos y la nosis, la doxa y la episteme, la mayéutica y la fronesis, especialmente en la
América nuestra que se está construyendo en y a partir de la diferencia pos y descolonial.
3
globalización, todos asimilados al neoconservadurismo liberal, razón por la cual adquieren
nuevos sentidos la liberación como hecho ideológico-simbólico y político-cultural
especialmente desde adentro y desde abajo de nuestros pueblos y naciones en esta era que
recién estamos iniciando y que visualizo como la alborada de nuestra América del siglo
veintiuno.
Es la perspectiva que nos permite parafrasear al Mires de 1998:253 –un intelectual chileno
residenciado en Alemania desde hace varias décadas y que, a mi juicio, se ha acostumbrado
mucho al aire acondicionado propiciado por el modelo socialdemócrata eurocéntrico y por los
aires neoliberales del socialismo chileno3- diciendo que esta fuerza histórica que es el malestar
en tanto miedo y deseo al mismo tiempo, tenemos los trabajadores sociales y las trabajadoras
sociales que asumirla, concientizarla, compartirla, organizarla y epistemologizarla en el centro
mismo de las muchedumbres, hoy paradójicamente multitudinarias4 y transvesalizadas por
valores tales como la solidaridad y autoayuda no utilitarista ni economicista, en el nombre de
las cuales se legitimó e institucionalizó la asistencia/servicio/trabajo social propio de la
sociedad moderna, ultramoderna y posmoderna; asimismo, alimentar dicho malestar con la
pasión subversiva de saber que somos hablados por la historicidad de nuestra existencia tanto
como por la transhistoricidad en tanto sujetos del inconciente. Sólo así podremos estar en
condiciones de darle rienda suelta a nuestros poderes creadores y asumir –cada quien al nivel,
dimensión y espesor que le corresponde y de acuerdo con sus propias circunstancias- la misión
de contribuir a cambiar el curso de las cosas que tanto nos molesta y que tanto malestar causa
a billones de seres humanos en el mundo.
Y creo que esta misión comienza –como decimos en RELATS- con la crítica-autocrítica y el
debate fraterno pero sin concesiones, tanto de los supuestos básicos constitutivos de la
singularidad-especificidad del trabajo social como de los supuestos generales (no menos
básicos que los primeros) constitutivos de su universalidad.
Es lo que haré con uno de los dos discursos extremos del trabajo social: el light5.

1) El discurso light

3
Gracias a la tutela militar y al pacto denominado La concertación, que no es más que el neoliberalismo
realizado por medios ya no manu militari sino civiles.
4
Ya no se trata de las muchedumbres solitarias a las que se refirió David Riesman, el eminente sociólogo
estadounidense que escribió The Lonly Crowd (La muchedumbre solitaria) en plena sociedad de masas de la
segunda posguerra mundial.
5
El otro discurso, que he denominado brasileños et alii, ha sido objeto de nuestra crítica en Barrantes (2006).
4
En este discurso sus protagonistas se autodefinen como energizados, optimistas y
maravillosamente positivos gracias a las socioterapias revolvedoras de conflictos
interindividuales y terapias cognitivas, sensorialistas y antiestresantes, a las técnicas de
meditación especialmente trascendental, al spa y al spinning.
Como expresión del esmerado cuido que tienen de su imagen especialmente corporal,
actitudinal y cosmética, ponen especial énfasis en lo bella o lo linda que es nuestra profesión,
que está hecha como anillo al dedo para quienes –desde su propia autorreferencialidad y no
desde la el otro social- son proclives a ayudar a quienes tienen más próximo, es decir, a
quienes se encuentran más cercanos a su entorno profesionalmente rentable, profesionalismo
al que le atribuyen virtudes sicológicas, socioterapéuticas, terapéutico-cognitivas y
socioingenieriles inmanentes, cuyo indicador de éxito es el propio trabajo social que en sí
mismo es una gran caja de herramientas contentiva de una enorme cantidad y variedad de
técnicas, instrumentos y recetarios tan efectivos y amigables que no admiten ningún desafío
ético, ningún malestar, ninguna queja. Ello gracias a la titularidad (asimilada por algunos a
cientificidad) que de ella tienen los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales, en virtud
de lo cual están certificados como instrumentógrafos, politicógrafos sociales, conductógrafos o
sociógrafos, pero fundamentalmente como eficientes resolvedores de problemas, operadores
de servicios asistenciales, satisfactores de carencias y fabricadores de ilusiones de armonía,
anunciadoras de un mundo para los pobres más feliz que el de cualquiera de las películas que
están por ser inventadas en Hollywood. Se trata del mundo de la buena vida, de la buena
sociedad, de la buena técnica, de la buena estética, que es el mismo en que ya nos encontramos
viviendo como expresión vívida del dejà vu (lo ya visto, como premonición, como adelanto de
futuro que se vivió sin saber que iba a suceder realmente) de una nueva humanidad tan
evidentemente real, tan verdaderamente sociable y gentil que no admite más explicación que
la que está expresada en la condición misma del ser que no es pero que cree ser porque tiene
(es decir, posee la propiedad de cosas, objetos materiales especialmente de última generación
o de punta).
Al respecto anterior, algunos y algunos agentes objetivistas del trabajo social se ubican dentro
de la categoría académica de la pobretología (el estudio de los pobres –muy bien pagado por
los organismos multilaterales- que recomiendan acciones míserabilistas y parcheadoras a
cargo de trabajadores sociales y trabajadoras sociales –muy mal pagados por lo demás- que sí
tienen corazón para atender y canalizar con eficiencia y mesura esas demandas, especialmente
potenciales, C. B.) a la que no le interesa qué o cómo piensan y sienten los pobres, sino sólo lo
5
que estos hacen que pudiera ser articulable a la reproducción ampliada del capital, es decir a la
agregación de valor al vínculo social capitalista, a la ampliación de la sonrisa del capitalista,
del plus de goce de Lacan (2000) 6; asimismo, cuál es la cantidad mínima de calorías
suficiente para asegurar su alegre sobrevivencia y cuál es la cantidad tolerable o adecuada para
el régimen macroeconómico pero especialmente aquél considerado políticamente correcto.
Es así que dentro del contingente de pobretólogos latinoamericanos se ubican también las
almas sensibles que, haciendo gala de su intuición premonitoria (más femenina que masculina
pero hoy matizada por el enfoque de género) han logrado elaborar sus propias teorías sobre lo
mal que pudieran o debieran sentirse esos pobres pobres si no existiera el avance científico y
tecnológico aplicado a las ciencias y tecnologías humanas, sociales o de la conducta dentro de
las cuales se incluye a la sicología, al trabajo social y al sicoanálisis: me refiero al inagotable
recetario de técnicas de relajamiento, meditación (in)trascendental, mejoramiento actitudinal,
modificación de la conducta, gerencia emocional, gerencia familiar, gerencia de la vida
personal, gerencia matrimonial, bailoterapia,...
Según el discurso del trabajo social light, gracias a la razón instrumental de la tecnociencia y
con ella del buen trabajo social, la sociedad del futuro es la misma que ya hoy ha liberado de
su opresión a sus integrantes, es decir, la que ha abdicado a favor del mercado que sólo ya,
liberado de aquélla, puede hacer realidad su promesa de liberar a la humanidad con absoluta
autonomía de todo pasado; y una vez autonomizada del pasado, es decir, desmemoriada,
alienada, ineluctablemente anclada al futuro que ya ha sido inventado por tecnólogos y
tecnócratas y se encuentra inscrito en el último producto mercadotecniamente promocionado.
Así las cosas, el trabajo social del futuro sólo tiene que ser extraído del arsenal de
herramientas que, en sí mismo, es el trabajo social realmente existente; mediante la aplicación
eficiente y eficaz de sus técnicas de terapia y meditación social individualizada e
individualista se asegura que los individuos, ya libres del malestar que les causaba la sociedad
opresiva –que es la misma que paradójicamente se propone como alternativa- se ejercitan

6
“…Ustedes recordarán cuando expliqué el funcionamiento de la emergencia de la plusvalía, y cuando aduje las
razones por las que Lacan pensó el plus de gozar en términos de la plusvalía de Marx, el famoso circuito
Mercancía-Dinero-Mercancía-Dinero-Mercancía-Dinero, y el momento donde emerge la risa del capitalista:
Dinero-Mercancía-Dinero'. En esta comilla de la D, del tercer matema de Marx, es donde está la risa del
capitalista. porque ha descubierto allí que hoy una mercancía entre las otras que es la fuerza de trabajo que
vende el trabajador con su cuerpo, y que ha generado algo que es un plusvalor, que además, por otro lado, no se
puede cuantificar, pero que es el que termina transformando el dinero en capital. Y ahí es donde el capitalista
comprende esta escansión final del proceso y ríe, donde Lacan dice que ese es el plus de gozar, el momento
donde ese plusvalor se transforma en capital” Alemán (2006:28-29).
6
exitosamente en el uso de su libre albedrío, capacidad de elección racional y soberanía
absoluta.
Gracias a que la promesa tecnológica del capitalismo posmoderno, posindustrialista o
neocapitalista se ha cumplido en el Imperio, hemos sido constituidos en habitantes de la
Ciudad de Dios de San Agustín hecha mercado; ello a pesar del envidioso aquél de Marx que
definió al comunismo dentro de la riqueza de la evolución darvinista como humanismo
perfecto o perfecto naturalismo, como regreso del hombre para sí como ser social, es decir,
como un humano ser humano (evoco el título –no el contenido- de un texto de Niezstche: Ecce
homo).
Por fin, gracias al discurso del trabajo social light, ha quedado ya disuelta de una vez por todas
la controversia entre el hombre y el género, la sociedad y la cultura, la civilización y la
naturaleza, la esencia y la existencia, la libertad y la necesidad, entre el siempre y el nunca. El
malestar, la queja y la barbarie han quedado atrás; de ahora en adelante sólo nos espera la
felicidad que genera la doble constatación siguiente: en primer lugar, el proletariado ha sido li-
berado de la relación binaria capital-trabajo7 en virtud de lo cual ahora es el propietario
exclusivo de su propio tiempo que, por ello mismo, ha dejado de ser socialmente necesario; en
segundo lugar, que sus verdaderos alter egos: las oligarquías que se han superelitizado y
superestetizado, se han liberado a sí mismas de la jaula –para unos de hierro, para otros de
oro- del establishment industrial panóptico y fordista y de la composición orgánica del capital,
pudiendo por ello construir su propio mundo que ya no se basa en la expansión físico-
geográfica, sino en el plus de goce o plusvalía relativa (agregación de valor, optimización
simbólica), en fin, en la intensidad del espacio-tiempo que disminuye o desaparece a medida
que aumentan las fuerzas centrífugas y centrípetas propias de la innovación societal, hoy
sustentada en el trabajo desencarnado (internetizado, telematizado, robotizado) y en el
dominio del tiempo sobre el espacio (Bauman 2003).
El discurso light ostenta inconsistencias, entre las cuales puntualizamos las siguientes:
7
“Marx, a pesar de afirmar que la trinidad (trabajo/capital/ tierra) ´contiene en sí misma todos los misterios del
proceso social de producción´, termina por formalizar una concepción de la creación de riqueza…como una
relación capital/trabajo, dejando fuera a la naturaleza (que) no crea valor, (por lo tanto) la renta se refiere a la
distribución, no a la creación de plusvalía...´Sólo a partir de estas exclusiones es posible la concepción de lo
económico como una región ontológica separada tanto de la naturaleza como de la política´ (Coronil)…Al hacer
abstracción de la naturaleza, de los recursos, del espacio, y de los territorios, el desarrollo histórico de la
sociedad moderna y del capitalismo aparece como un proceso interno, autogenerado, de la sociedad europea,
que posteriormente se expande hacia regiones atrasadas. En esta construcción eurocéntrica, desaparece … el
colonialismo… el mundo periférico y sus recursos en la constitución del capitalismo, … se reafirma la idea de
Europa como único sujeto histórico. La reintroducción del espacio -y por esa vía la dialéctica de los tres
elementos de la trinidad de Marx…permite ver al capitalismo como proceso global (que) permite incorporar al
campo de visión a las modernidades subalternas” (Lander 2000:48-50).
7
Las características de la sociedad moderna son la expresión de las tendencias espontáneas,
naturales del desarrollo histórico de la humanidad. El (neo)liberalismo industrial
(¿pospanóptico, posfordista?) es no sólo el orden social deseable, sino el único posible y en el
cual ya hoy nos encontramos como punto de llegada a la sociedad sin ideologías, modelo
civilizatorio único, global, universal en el que se hace innecesaria la política gracias a los
portentosos mecanismos de la economía, de la ciencia y la tecnología.
No considera al régimen (político, económico, jurídico…) que media –una mediación entre un
complejo de mediaciones de diverso nivel, espesor, calidad- entre el estado y la sociedad a la
que aquél pertenece; el estado ni siquiera aparece como el gran empleador (el gran empleador
es cada quien si se promociona eficientemente), con lo cual el conjunto de necesidades (de
consumo por supuesto) objeto de los colegas light no coincide con las que se procesan selecti-
vamente mediante el campo problemático de los aparatos tecnoburocráticos estatales y civiles
de política socioasistencial.
Tampoco considera los dinamismos político-administrativos y financieros que no son contro-
lados por los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales en tanto tales, así como por nin-
gún grupo específico de técnicos, profesionales y especialistas que también hacen vida en el
campo socioasistencial. Salta a la vista la distancia abismal entre el modesto poder de los tra-
bajadores sociales y las trabajadoras sociales y el poder libertario del trabajo social (light o no
light) al que pudiera serle atribuido, al menos, alguno de los cambios societales que se han
producido y se están produciendo en estos tiempos de imperio, posmodernidad y glo-
balización.
Paradójicamente el portentoso instrumental que en esta fábula fundamenta el saber-hacer de
los agentes del trabajo social, resulta ser no adecuado y no suficiente para significar y resolver
proactiva y eficazmente los problemas que aquejan al trabajo social y a sus agentes. En su
defecto, el saber-hacer es desplazado hacia la práctica de un saber-estar que según Boltanski y
Chiapello (Bauman 2004:56) se ha convertido en factor decisivo para el reconocimiento y el
ascenso sociales. Sobre la base del supuesto de que todo buen instrumentólogo, terapista,
sociógrafo o politicógrafo social conoce con precisión lo que es políticamente correcto, los
colegas light saben moverse en el mundo moderno, estar bien conectados, ser capaces de
comunicarse fluidamente y contar con un amplio banco de personas igualmente bien conec-
tadas con las cuales puede contactarse al instante, pero sin generar compromisos exclusivos.
En aras de estos preceptos arribistas, apuestan por la efectividad y productividad al servicio
del descompromiso (o compromiso light) con la necesidad histórica de aportar a la solución de
8
las situaciones problemáticas del trabajo social y sus agentes y de los sujetos de su actuación
profesional. Asimismo, ocultan la existencia de toda incertidumbre, tensión o disyunción en
virtud de lo cual pragmáticamente buscan los denominados efectos Pigmaleón8. Para ello
acuden al expediente antiético del etiquetamiento, la estigmatización y la exclusión de quienes
son acusados de pesimistas, destructivos, desestabilizadores y autosubestimados por el sólo
hecho de mantener en el tapete de la discusión gremial, académica y epistemológica el
malestar y la queja: dos antivalores considerados así por aquellos a quienes no les gusta
desentrañar misterios, mucho menos problematizar los problemas propios de la convivencia
social cuya red causal pareciera contener verdades que nuestros colegas light no son capaces
de soportar. Entre éstos los siguientes:
Las asimetrías de las relaciones de poder que le asignan al trabajo social -con el concurso
inintencional pero no menos responsable de muchos de sus agentes- una posicionalidad
determinada (¿subalterna, dominante, hegemónica, ambivalente?) en la geopolítica de la
producción, circulación y consumo de conocimientos y saberes.
La existencia de males endémicos como la injusticia, el odio, el racismo, la prepotencia, el
hegemonismo, el dogmatismo, etc., frente a los cuales los trabajadores sociales y las tra-
bajadoras sociales se ven también –como cualquiera- negados en sus derechos, negación que
casi con un sentido de desolación, subyace a la queja genérica que está a flor de piel de
amplios sectores de colegas, entre los cuales regularmente escuchamos lamentaciones tales
como “nos hace falta esto, aquello y/o lo otro”, “no nos dan el valor que merecemos”, “las
condiciones de trabajo no nos permiten prestar servicios de calidad”, “el valor del tiempo y
calidad de nuestro trabajo no se traduce en buenos salarios”, etc.

8
Es aquel mediante el cual una persona empuja a otra a adoptar el comportamiento esperado. Es el efecto de una
concepción específica del poder autoritario para el cual la diferencia entre estilo, lenguaje, esencia y apariencia
sólo existe si sirve para imponer, codificar, cosificar, pulverizar, descalificar, distorsionar, ocultar, manipular,
disociar, violentar y agredir…La historia especialmente moderna está plagada de ejemplos. Sus consecuencias
nefastas en el sistema educativo y en el conjunto de las relaciones sociales son harto conocidas; esto en virtud
de que quien impone el efecto Pigmaleón no busca mediaciones ni intermediaciones, mucho menos dialécticas,
que potencien el desarrollo incondicionado de la persona humana (si algún desarrollo buscan, en todo caso es el
de quienes obedientemente piensan como el/la autócrata). Variantes del efecto Pigmaleón dan cuenta de que el
prejuicio, el estereotipo, el prurito, la prepotencia, la arrogancia, el autoritarismo, el autocratismo, el
totalitarismo si bien deforman realidades también crean éstas (como Stalin creó la suya con el Gulag, Pinochet
la creó en Chile, la Junta Militar construyó la suya en Argentina, Bush en los Estados Unidos, Afganistán,
Irak… Este recurso invalidatorio del otro diferente es muy frecuente entre amplios grupos de colegas (y otros
profesionales, pero estos no son mi problema. Mi problema es el trabajo social, los estudiantes de trabajo social,
los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales en tanto integrantes de la sociedad productora de
conocimientos y saberes que está por ser construida a partir de lo que estamos siendo), en especial por quienes
se arrogan la representatividad de la esencia originaria del trabajo social (crítico, anticrítico, hipercrítico y no
crítico), defienden áreas de coto ideológica, académica, teórica, política, técnica, etc., y son poco tolerantes de
las diferencias, el disenso y la autonomía de pensamiento.
9
Por último pero no por ello lo menos importante, los antagonismos sociales que median y
mediatizan contradictoriamente la reproducción diferencial de la lógica represiva
burotecnocrática- que caracteriza a todo régimen o paradigma, a toda organización humana,
cultura o civilización, en especial aquella que oculta y, más aún, pone en evidencia sus incon-
sistencias e irracionalidades, a propósito de las cuales impone su vigencia mediante el discipli-
namiento de los cuerpos y el control de las almas.
(…)
Posdata:
Parafraseando a Vitale (2003): Tengamos cuidado, no sea cosa que un día de estos nos
encontremos por ahí con una valla publicitaria que a todo candil diga más o menos así: “Sea
un eficiente trabajador social o trabajadora social por chat y e-mail: sonrisa garantizada”.

BIBLIOGRAFÍA
Alemán, Jorge (2006), El porvenir del inconciente (seminario “Angustia y Ètica”. Málaga, 2005). Trascripción
de clases: Dionisio Gutiérrez. Establecimiento y edición de textos: Alejandra Glaze. Grama Ediciones,
Buenos Aires.
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Revista Katálisis, 2º semestre de 2006, Universidad Estadal de Santa Catarina, Brasil.
Barrantes, César (2006b), “Trabajo social. Entre la perspectiva y la prospectiva”, primera parte revisada y
ampliada de la ponencia central presentada al Primer Encuentro Latinoamericano de Trabajo Social “El
Trabajo Social Crítico en el Contexto Latinoamericano. Propuestas Alternativas para la Construcción de una
Nueva Sociedad”, organizado por la Asociación de Egresados de Trabajo Social de la Universidad Nacional
de Colombia, Bogotá, 5-8 de octubre de 2005. Retomamos ampliamente a Barrantes (2005a, 2005b, 2005c).
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Lander, Edgardo (2000), “¿Conocimiento para qué?, ¿conocimiento para quién? Reflexiones sobre la geopolítica
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Miller, Jacques-Alain (2003), “La orientación lacaniana (2002-2003), un esfuerzo de poesía”, primera clase del
curso (miércoles 13 de noviembre de 2002), en Mediodicho, año 7, No. 25, junio de 2003, Publicación de la
Escuela de Orientación Lacaniana (EOL), Sección Córdoba, Argentina.
Mires, Fernando (1998), El Malestar en la Barbarie, Editorial Nueva Sociedad, Caracas.
Vitale, Fernando (2003), en Noches del Consejo: el Imperio y sus restos, Textos preparados para la noche el
jueves 29 de mayo de 2003, http://www.eol.org.ar/etextos/consejo/textos/ (lamentablemente la web fue
actualizada y esta sección no fue recuperada).
Zygmunt Bauman (2003), Modernidad líquida, Fondo de Cultura Económica, México, Argentina.
Zygmunt Bauman (2004), La sociedad sitiada, Fondo de Cultura Económica, México y Argentina.