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Pérez-Concepción, Hebert Ramiro
HAITÍ EN JOSÉ MARTÍ
Ciencia en su PC, núm. 4, octubre-diciembre, 2010, pp. 61-72
Instituto de Información Científica y Tecnológica
Santiago de Cuba, Cuba
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Ciencia en su PC, №4, octubre-noviembre-diciembre, 2010, p. 61-72.
Hebert Ramiro Pérez-Concepción

Recibido: diciembre de 2009; Aceptado: septiembre de 2010,
p. 61
HAITÍ EN JOSÉ MARTÍ
HAITI IN JOSÉ MARTÍ
Autor:
Hebert Ramiro Pérez-Concepción, hebertramiro@fie.uo.edu.cu. Profesor
Titular. Doctor en Ciencias Históricas. Centro de Estudios Cuba-Caribe.
Facultad de Ciencias Sociales. Teléfono 646352. Universidad de Oriente.
Santiago de Cuba. Cuba.
RESUMEN
A través de un estudio de los principales escritos en los que nuestro
Héroe Nacional aborda el tema de Haití, el trabajo se propone conocer
su percepción de ese país; particularmente, el lugar que le asignaba en
su concepto de 'Nuestra América'. La hermenéutica es el método
utilizado. El principal resultado del trabajo es el análisis de la identidad
haitiana vista por Martí. El examen realizado permitió concluir que para
nuestro Héroe Nacional, Haití es parte integral de su concepto de
'Nuestra América'.
Key words: “Nuestra América”, Haiti, independencia, antillanismo,
ABSTRACT
By means of a study of the main writings by which our National Hero
approaches the topic of Haiti, this work purports to know his perception
of this country, particularly the place he assigned it in his concept of “our
America”. Hermeneutics is the method used in this essay; the result is an
analysis of Haitian identity as seen by Marti; and the conclusion is that
for our National Hero, Haiti is an integral part of his concept of “our
América”.
Key words: our América, Haiti, independence, Antillanismo.
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INTRODUCCIÓN
La conciencia de una identidad americana en José Martí es uno de los temas más
trajinados en los estudios sobre su pensamiento y acción.
Con el respaldo de múltiples textos martianos, distintos autores han observado
como - en un proceso ininterrumpido de adquisición de conocimientos y desarrollo
personal, desde las primeras vivencias de niño y adolescente en Cuba, hasta su
madurez plena luego de su residencia en España, México, Guatemala, Venezuela
y Estados Unidos -, nuestro Héroe Nacional fue enriqueciendo su pensamiento
sobre la identidad hasta culminar en el concepto de ‘Nuestra América’, un rincón
del continente diferente de Europa o de la ‘otra’ América, la anglosajona; urgido de
una acción cultural y política para defenderle la autoctonía de su civilización y su
independencia.
1

Se han señalado estaciones o momentos importantes en el desarrollo del
concepto martiano de ‘Nuestra América’. En Cuba conoce la esclavitud del negro y
la de la nación y se consagra a la redención de ambas; en España llega a
comprender lo irreconciliable que son los intereses entre la colonia y la metrópoli y
se convierte en un separatista radical; en México conoce la realidad del indio, no
menos oprimido por ser parte esencial de la constitución de nuestras repúblicas, y
aboga por hacerlos andar porque "si no se detendrá la marcha"; en Guatemala
profundiza en el carácter mestizo de nuestra civilización y arrecia la campaña por
su rehabilitación y autoestima; en Venezuela se rebela contra el espejismo de las
naciones desarrolladas y el servilismo de los déspotas, y aboga por gobiernos
demócratas y populares; en los Estados Unidos penetra en los vicios de esa

1
Véase, entre otros, a Lamore, Jean: José Martí et l'lAmérique (recherches sur la formation et le
contenu de lídée de "Nuestra América"chez José Martí (1853-1895). These de doctora d'état sur la
direction de Noel Salomon et Robert Jammes, 1982. Université de Toulouse, Mirail; Fernández
Retamar, Roberto: Introducción a José Martí. Centro de Estudios Martianos y Casa de las
Américas, La Habana, 1978; Rodríguez, Pedro Pablo: De las Dos Américas (Aproximaciones al
pensamiento martiano. Centro de Estudios Martianos, La Habana, Cuba, 2002; Le Riverend, Julio:
José Martí: Pensamiento y Acción. Editora Política, La Habana, 1982; Estrade, Paul: José Martí,
militante y estratega. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1983; Morales, Salvador: Martí en
Venezuela, Bolívar en Martí. Editora Política, La Habana, 1985; Salomón, Noel: Cuatro Estudios
Martianos. Centro de Estudios Martianos y Casa de las Américas, La Habana, 1980.

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sociedad, advierte sobre los peligros que encierra para la soberanía de nuestros
pueblos y se convierte en un luchador antiimperialista.
"Grosso modo", en Martí 'Nuestra América' o 'Madre América' se extiende desde el
Río Bravo hasta la Patagonia, incluyendo el Caribe. Pero en ese extenso territorio
se encontraba una nación independiente como Brasil, que no es de origen
hispánico; y las Guyanas, tres colonias en el norte de Suramérica, que tampoco lo
eran; al igual que parte de una isla independiente, Haití, y decenas de otras islas,
aún en estado colonial, que no eran parte de la América española aunque
compartían un pasado colonial, y, en algunos casos, una economía parecida.
Cabe preguntarse qué percepción tenía Martí de esas tierras, qué lugar les
asignaba en su concepto de "Nuestra América", sobre todo a las islas no
hispánicas del Caribe, y en particular de Haití, país tan cerca de su Cuba amada y
que visitó en sus trajines revolucionarios entre septiembre de 1892 y marzo de
1895.
DESARROLLO
Cuando se medita sobre este tema, lo primero que acude a la mente es el análisis
de la posición de Martí acerca de cualquier región del mundo sobre la que no se
haya expresado de forma explícita, a partir de su frase: 'patria es humanidad'. Sin
lugar a duda la universalidad de su pensamiento y acción, al servicio de la justicia,
el progreso y los humildes, es radical y no excluye región alguna del mundo de su
interés y benevolencia. Haití, por tanto, como otros pueblos, tiene un lugar en el
corazón de Martí.
Sin embargo, hay que recordar que esa frase está tomada de un texto en el cual
Martí polemiza contra los anarquistas
2
, quienes se oponían a la lucha por la
independencia de Cuba con el argumento engañoso de la prioridad de la lucha
internacionalista. Ante este argumento, Martí, responde con la necesidad de
aplicarse el hombre a la lucha por un territorio concreto, aquel donde se

2
Para un análisis de la polémica con los anarquistas, consúltese a José Cantón Navarro: Algunas
ideas de José Martí en relación con la clase obrera y el socialismo, p. 101-125. Instituto Cubano
del Libro, La Habana, 1970.
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desenvuelve su vida de manera inmediata y donde sus esfuerzos pueden ser más
útiles.
Escribe Martí:
Cada cual se ha de poner, en la obra del mundo, a lo que tiene más
cerca; no porque lo suyo sea, por ser suyo, superior a lo ajeno, y más
fino o virtuoso, sino porque el influjo del hombre se ejerce mejor, y más
naturalmente, en aquello que conoce, y de donde le viene inmediata
pena o gusto: y ese repartimiento de la labor humana, y no más, es el
verdadero e inexpugnable concepto de la patria. Levantando a la vez las
partes todas, mejor: y al fin, quedará en alto todo: y no es manera de
alzar el conjunto el negarse a ir alzando una de las partes. Patria es
humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más de
cerca, y en que nos tocó nacer: - y ni se ha de permitir que con el engaño
del santo nombre se defienda a monarquías inútiles, religiones ventrudas
o políticas descaradas y hambronas, ni porque a estos pecados se dé a
menudo el nombre de patria, ha de negarse el hombre a cumplir su deber
de humanidad, en la porción de ella que tiene más cerca. (1973, p. 468)
Entre los anarquistas, patria y humanidad aparecían como conceptos
contrapuestos. Para Martí, ellos forman una síntesis dialéctica, entre cuyos
extremos se mueve su pensamiento y acción de manera concreta, real, sobre los
distintos países del mundo. El espacio y las circunstancias históricas en que nació
y le tocó batallar por una mayor dosis de felicidad en el mundo determinan su
posición práctica. Lo realmente novedoso e interesante estriba entonces en
conocer el lugar concreto que ocupaba Haití en el pensamiento y acción martianos
sobre "Nuestra América". ¿En qué medida es Haití parte de la identidad de
"Nuestra América" y medio y objeto de defensa contra los peligros imperiales de
dominación extranjera? ¿Qué lugar ocupa en su praxis revolucionaria?
No hay dudas de que la expresión inmediata y singular del americanismo de Martí
lo constituyen las dos Antillas mayores: Cuba y Puerto Rico. Las dos eran las
últimas colonias de España en el continente americano, por la independencia de


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las dos se constituye el Partido Revolucionario Cubano. A las dos islas esclavas
Martí asocia también Santo Domingo, país de azarosa independencia; entre otras
razones por las amenazas de recolonización de España. Se trata de tres países
parecidos, pero no iguales, acercados por la geografía, la historia, la cultura y el
intercambio de poblaciones, incluso de libertadores. El Antillanismo - extensión a
lo más cercano del concepto "Nuestra América" - no hace más que retomar una
idea que ya se había abierto paso, la de la Federación Antillana, expresada, entre
otros, por Hostos y Betances; y que el cubano actualiza en la época del
nacimiento del imperialismo norteamericano, con la misión de frenar su expansión
en América Latina. Del destino común de las tres naciones escribe Martí en "Las
Antillas Libres y Baldority Castro":
/.../ las islas que han de sostenerse juntas, o juntas han de desaparecer, en
el recuento de los pueblos libres.
/.../ las tres Antillas que han de salvarse juntas, o juntas han de perecer, las tres
vigías de la América hospitalaria y durable, las tres hermanas, que de siglos atrás
se vienen cambiando los hijos y enviándose los libertadores, las tres islas
abrazadas de Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo.

(1981, pp. 109-110)
En este contexto de unidad y misión libertadora, Martí no parece referirse a las
otras tierras del Caribe. Se comprende que en el proyecto de su época, Martí deje
fuera de una visión antillana las islas inglesas, holandesas y francesas, que aún
no han surgido como naciones articuladas capaces de jugar un papel
independiente en el tablero de ajedrez de la región.

(1981, p. 226)
Haití es diferente. Se trata de una nación que comparte con Santo Domingo la
segunda isla en tamaño de las Antillas Mayores, que es república soberana y que
fue - después de Estados Unidos- la segunda nación que logra la independencia
en América, muchos años antes que las repúblicas latinoamericanas, con 87 años
de existencia cuando Martí publica ‘Nuestra América’. En su proyecto de liberación
americana ¿no cuenta Martí con Haití?
Indudablemente, Haití no se parece a ninguna de las Antillas españolas. Le separa
de estas el idioma: el francés o el creole; además, es también diferente en su
historia y su demografía. Surgida de una revolución de esclavos exitosa, la
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población de Haití es casi en su totalidad negra y mulata. Constituye - para los
opresores- un mal ejemplo de toma de poder por clases antes oprimidas. En el
momento de su aparición como estado independiente, la esclavitud era fuente de
las más grandes riquezas en el resto del Caribe, el Sur de los Estados Unidos y
Brasil, lo cual produjo que se concitara contra la pequeña república negra el odio
de las grandes potencias de la época. Se le satanizó como la fuente de todos los
males, se le aisló de la comunidad política internacional, se le bloqueó
económicamente, y se le mantuvo durante generaciones bajo la amenaza de
intervenciones militares extranjeras. Bajo estas condiciones, Haití hubo de crear
una economía que difería en mucho de las otras naciones de América Latina, así
como un arreglo político original entre la mayoría negra y la minoría mulata. Los
conflictos internos y externos, entre estos últimos las guerras y conquistas de la
vecina República Dominicana, eran otros elementos que venían a complicar la
inclusión de esta nación en cualquier proyecto de identidad antillana y, por
extensión, americana.
Nuestro Héroe Nacional, José Martí, tenía una sensibilidad que le facultaba de
forma excepcional para entender a Haití. Su comprensión era posible, en primer
lugar, por su antirracismo radical, que le permitía ver a todos los pueblos como
iguales, independientemente del color de su piel o diferencias en las formas
somáticas. Para él, las diferencias de desarrollo entre unas naciones y otras se
debían a razones históricas y no genéticas, y podían ser vencidas en condiciones
históricas favorables. De modo que el atraso de una nación respecto a otras no
era una condición irreparable, sino más bien anuncio de lo que un pueblo podía
llegar a ser. (Pérez, 2002, pp. 11-24)
Su ideología descolonizadora, tanto en lo político como en lo cultural, expresada
tantas veces a favor de otros pueblos, además del suyo propio; su curiosidad y
simpatías por otras culturas; su afán de obtener nuevos conocimientos para
ponerlos en función de su obra liberadora, son aspectos de su personalidad que le
pusieron en condiciones de superar los prejuicios de la época, particularmente los
usados contra Haití por el colonialismo español.
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Lo cierto es que en las páginas dispersas de sus escritos en los cuales hace
referencia a Haití, el patriota cubano muestra gran interés por conocer aquel país,
su historia, su cultura y sus problemas. Para Martí, Haití es un país de América,
tan digno como cualquier otro de reconocimientos y elogios por sus virtudes y
logros, no aquella nación de bárbaros que los enemigos de la libertad pintan para
sembrar el miedo a la independencia de Cuba o a los derechos de los negros en
América. Se siente en sus textos sobre Haití la intención de rescate, de
rehabilitación, de la nación hermana vilipendiada por la propaganda colonial y
racista.
Así, al regresar de un viaje por Jamaica, Santo Domingo y Haití en octubre de
1892, Martí se reúne en la sociedad cultural La Liga con los cubanos de Nueva
York para compartir sus vivencias y reflexiones. El propio Martí resume el
encuentro en un artículo que publica en Patria el 1ro. de noviembre de ese año:
Dos salones tiene La Liga, y los dos estaban llenos. Y allí, muy al pormenor,
respondiendo a lo que se le preguntaba, allí, con todo lo agrio y lo dulce de
la verdad, estudió hilo a hilo el Delegado [Martí], que iba como de mero
conferenciante sobre temas públicos, lo recóndito y causal de los problemas
peculiares de Jamaica, Haití y Santo Domingo. Él analizó los grados
sociales y funestos de las razas; las culpas o razones de este grado y del
otro; las causas de la cultura, y las insuficiencias de la cultura meramente
literaria; el desacomodo entre la política natural, que arranca de las
condiciones del país, y la política parcial y arrogante, aconsejada por la
soberbia primitiva o letrada, de unos o de otros. Él habló largamente de los
libros y los hombres de Haití, que tiene hombres y libros; de la política
ineludible, puesto que es el modo de integrar al hombre, y conducir los
elementos diversos de un país a la mejor suma de bienestar común, por la
satisfacción constante y equilibrada de las aspiraciones legítimas. (1981,
pp. 109-110)
En un texto de abril de 1894 (‘Los cubanos de Jamaica y los revolucionarios de
Haití’), destinado a negar la acusación de que los separatistas cubanos tenían
tratos con Haití, Martí no se deja tentar por las cobardes provocaciones
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antihaitianas, y, al contrario, aprovecha la oportunidad para refutar los estereotipos
de inferioridad y dar una explicación de la formación del vecino país:
Sobre esos miedos se apoya, sagacísimamente, el gobierno y creyó atizar
el de las razas, insinuando, con el alarde de un cablegrama, a propósito de
la encubierta salida del vapor Natalie, con rumbo a aguas haitianas, que los
revolucionarios cubanos estaban en tratos secretos con Haití. Es tierra Haití
tan peculiar como notable, y en sus raíces y constitución tan diversa de
Cuba, que sólo la ignorancia crasa puede hallar entre ellas motivo de
comparación o argüir con la una respecto de la otra. Hay diferencia esencial
entre el alzamiento terrible y magnífico de los esclavos haitianos recién
salidos de la selva de África, contra los colonos cuya arrogancia
perpetuaron en la república desigual, parisiense a la vez que primitiva, sus
hijos mestizos, y la isla en que, tras un largo período preparatorio en que se
ha nivelado, o puesto en vías de nivelarse, la cultura de blancos y negros,
entran ambos, en sumas casi iguales, a la fundación de un país por cuya
libertad han peleado largamente juntos contra un tirano común. Haití es
tierra extraña y poco conocida, con sus campos risueños como en la
soledad de flores de oro del África materna, y tan gentío ilustrado, que sin
que quemen los labios puede afirmarse que ese volcánico rincón ha
producido tanta poesía pura, y libros de hacienda pública, jurisprudencia y
sociología, como cualquier país de igual número de habitantes en tierra
europeas, o cualquier república blanca hispanoamericana. Callarlo sería
mentira, - o miedo. Pero la revolución cubana, que ha de entrar a su labor
sin confusiones ni sustos, no tenía con Haití los tratos que publicaban las
agencias españolas. (1981, p. 157)
Al igual que con otros países de América con los que se relacionó, llama la
atención cómo los juicios de Martí sobre la nación haitiana están acompañados de
una extraordinaria capacidad de conectarse personalmente con haitianos de carne
y hueso de todo el universo social. De las cualidades de muchos de estos:
hospitalidad, cortesía, bondad, sed de conocimientos, etc. escribe en tierra
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haitiana en una anotación en su Diario de marzo 2 de 1895, durante el proceso de
organización final de la expedición que lo trajera a Cuba:
Me entro por una enramada, a rociar el agua con ron de anís del ventorrillo,
y nadie tiene cambio un peso.- Pues ¿dejaré el peso porque he hecho gasto
aquí? Pas ça mosié. No me quieren el peso. Reparto saludos.- Bon blanc!
Bon blanc!- A las ocho me llamó hermano Nephtalí en Fort Liberté: a las
cinco, costeando la concha de la bahía, entro, por la arena salina, en Cabo
Haitiano. Echo pie a tierra delante de la puerta generosa.
Vadeé un riachuelo, que al otro lado tiene un jabillal, de fronda alta y clara,
por donde cae, arrasando hojas y quebrando ramos, la jabilla madura que
revienta. Me detengo a remendar las amarras de mi capote, que son de
cordel rabón, a poco de andar, a la salida del río, junto a un campesino
dominguero, que va muy abotinado en su burro ágil, con la pipa a los labios
barbudos, y el cabo del machete saliéndole por la rotura del saco de dril
blanco. De un salto se apea, a servirme. -Ah, compere! Ne vous dérangez
pas.- Pas ça, pa ça, l'ami. En chemin, garcón aide garcon. Tous sommes
haïtiens ici. Y muerde, y desdobla, y sujeta los cordeles; y seguimos
hablando de su casa y de su mujer y de los tres hijos con que Dieu m'ma
favorisé, y del bien que el hombre siente cuando da con almas amigas, que
el extraño de pronto le parece cosa suya, y se le queda en el alma recio y
hondo como una raíz.- Ah, oui! Con el oui haitiano, halado y profundo: -
Quand vous parlez de chez un ami, vous parlez de chez Dieu.
Por los fangales, que eran muchos, creí haber perdido el camino. El sol
tuesta, y el potro se hala por el lodo espeso. De la selva, a un lado y otro,
cae la alta sombra. Por entre un claro veo una casa, y la llamo. Despacio
asoma una abuela, y la moza luego con el niño en brazos, y luego un
muchachón, con calzones apenas, un harapo por sombrero, y al aire la
camisa azul. Es el camino. Dieciséis años tiene la madre traviesa. Por
dejarles una pequeñez en pago de su bondad les pido un poco de agua,
que el muchachón me trae. Y al ir a darle unas monedas, Non: argent no;
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petit livre, oui. Por el bolsillo de mi saco asomaba un libro, el segundo
prontuario científico de Paul Bert. (1973, pp. 197-199)
En Haití, Martí descubrió una nación con conciencia de sí y "el sentimiento fiero de
la independencia de la tierra". (1981, p. 15) A su derecho de ser libre de la
imposición extranjera, Martí le dedicó no pocas de sus páginas más meditadas y
sentidas. Al igual que a las Antillas españolas, la amenaza le venía a Haití de los
Estados Unidos. El gran llamado de alerta lo hace durante la Conferencia
Panamericana de Washington de 1889, convocada por Estados Unidos, a la que
califica de "el planteamiento desembozado de la era del predominio de los Estados
Unidos sobre los pueblos de la América".

(1973, p. 53)
Salta a la vista que en las crónicas que escribió sobre la conferencia, la agresión
norteamericana a Haití aparece como prueba de las verdaderas intenciones de los
Estados Unidos en América Latina. Haití no participa en la conferencia, dice en la
primera crónica, porque "como que el gobierno de Washington exige que le den en
dominio la península estratégica de San Nicolás, no muestra deseos de enviar sus
negros elocuentes a la conferencia de naciones". En la tercera crónica, Martí
examina las proposiciones norteamericanas a los delegados de América Latina y
señala que el arbitraje esconde el protectorado. En la cuestión de Haití demuestra
no querer realmente el arbitraje, pues no lo propone a los dos bandos en guerra
civil, y en su lugar provee de "armas al bando que le ha ofrecido cederle la
península de San Nicolás para echar del país al gobierno legítimo, que no se la
quiso ceder". Tres páginas más adelante escribe Martí: "En tanto, el gobierno de
Washington se prepara a declarar su posesión de la península de San Nicolás, y
acaso, si el ministro Douglas negocia con éxito, su protectorado sobre Haití". Y
unos párrafos más adelante: "en lo real del caso de Haití, iniciaron los demócratas,
a pesar de su moderación, la misma política de conquista de los republicanos". Y
de nuevo: "Y ahora cuando ya no hay esclavitud con que excusarse, está en pie la
liga de Anexión; habla Allen de ayudar a la de Cuba; va Douglas a procurar la de
Haití y Santo Domingo; tantea Palmer la venta de Cuba en Madrid". En la cuarta
crónica Martí comenta las noticias recientes en la prensa. "En Haití- escribe-,
como que no halla fácil el camino el mulato Douglass para que Hyppolite, que ya
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es el dueño, cumpla lo que parece que ofreció, a los poderes del norte que lo
proveyeron de ánimo, y de armas: y han ido a estrenarse por aquellos mares
cuatro buques de guerra". Para subrayar las intenciones imperiales
norteamericanas, Martí cita el periódico The Sun: "En que dirección se ha de
mover nuestra bandera? ?sobre el norte, o sobre el sur, o sobre alguna de las
Antillas?"

(1973, p. 33, 55, 58, 59-60, 62, 65)
CONCLUSIONES
Para Martí, Haití - por la cercanía e importancia de su posición geográfica, su
cultura original, que lo diferencia de la América "europea", su pertenencia al
mundo de los pueblos oprimidos, y más recientemente (como Cuba, Puerto Rico y
República Dominicana) amenazado por el naciente imperialismo norteamericano, -
es parte integral de su concepto de "Nuestra América". Aún más, Martí incluye a
Haití en el ámbito del Antillanismo, independientemente de la discreción a que le
obligaban las realidades políticas de la época de no ostentar públicamente sus
relaciones con Haití.
Por su lado, los patriotas haitianos conocían el pensamiento y la proyección de la
obra de Martí, como se advierte en este homenaje póstumo que escribió el
antillanista y luchador antirracista haitiano Anténor Firmin:
En 1892, tuve la oportunidad de conversar, en Cabo Haitiano, con el
incomparable José Martí. El gran patriota al cual Cuba agradecida ha
otorgado el título de Apóstol, se me presentó en nombre del Dr. Betances,
quien le había recomendado que me viera. Nuestra entrevistas versaron
sobre la cuestión de la independencia cubana y la posibilidad de una
confederación antillana. Salvo algunas reservas prácticas, estuvimos de
acuerdo sobre los principios. Ambos experimentamos una irresistible
simpatía recíproca. Puesto al corriente sobre la audaz empresa que este
hombre elocuente, instruido, inspirado, de una amplitud de espíritu poco
común, tan convencido como tenaz, fomentaba, preparaba y preconizaba
con un celo de iluminado y una dedicación apostólica, hice lo que debía en
nombre de una causa santa entre todas. (1981, p 32)
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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Martí, J. (1963-1973). Obras completas. Tomo 5. La Habana: Editorial Nacional de Cuba.
Martí, J. (1981). Sobre las Antillas. (Selección y prólogo de Salvador Morales). La
Habana: Centro de Estudios Martianos y Casa de las Américas.
Pérez-Concepción, H. (2002). José Martí, raza e identidad nacional. En Olga Portuondo,
Zúñiga y Michael Max P. Zeuske Ludwig (coordinadores). Ciudadanos en la Nación.
Santiago de Cuba: Fritz Thyssen Stiftung y Oficina del Conservador de la Ciudad.