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Jesús Alberto Martínez Jiménez

Una Vida Como Cualquier Otra

Índice

UNA VIDA COMO CUALQUIER OTRA 1


Una Vida Como Cualquier Otra



Dedicatoria:


Este libro va dedicado a todas esas personas que han estado conmigo en cada
momento, en cada etapa dura, en la evolución de mi pensamiento y en la
metamorfosis de mis sentimientos. A mis hermanos Guadalupe, Diana, Michael,
Carlos y Rodrigo que crecieron conmigo y siempre anduvimos en el mismo
camino. A mis padres por haberme dado la vida y hoy ser quien soy a pesar de
no contar con ellos.

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Una Vida Como Cualquier Otra


Prólogo

Todos alguna vez tenemos problemas de familia, algunos de esos conflictos son
fáciles de resolver pero, otros como la separación, el narcotráfico y la prostitución
son un poco más difíciles de encontrarles una solución, esa que nos indique que
tendrán hijos con una vida sana. El ser parte de una familia disfuncional me hace
pensar y ver la vida con una perspectiva diferente, una visión que una persona
común y corriente podría serle de nula importancia o simplemente un aspecto que
pasa como desapercibido.

Uno nunca piensa en los demás hasta que esta en su condición. Para vivir sin
padres siempre debemos de estar dando lastima a otros, y gracias a esta lastima y
apoyo que nos dan otras personas, hoy día somos hombres de éxito. Por más que
he querido fracasar en esta vida, ella me ha escogido para ser un ejemplo de vida,
y hoy me doy cuenta que al fallar yo, le estoy fallando a toda esas personas, esa
gente que algún día confío en mi, y es gracias a ellos que hoy los traigo a la
memoria, para recordarlos en este texto con un estandarte que va clavado en mi
corazón, como la bandera que represento y a mi querida nación.

Piensa cuando te has tocado el corazón para ayudar a alguien más, recuerda
aquel niño que se te acercó cuando estabas comiendo y te pidió dinero, tu solo le
hiciste una cara de mal gusto y le dijiste que no, piensa en ese limpia parabrisas,
que tiene que arriesgar su vida ante miles de autos que a diario circulan la ciudad
solo para ganarse unas cuantas monedas, piensa en aquel anciano que dedico su
vida entera en mantener a sus hijos a su familia, y para ellos este día solo es
olvido. Como estos hay muchos casos más, pero lo importante es pensar a quien
le va hacer un bien ayudar, a ti mismo o a la humanidad.

Nos quejamos de la economía, del trabajo, del gobierno, en realidad nos quejamos
de todo, si hace frio, si hace calor, porque llueve, porque estoy feo, porque ella es
flaca o esta gorda, esto es un problema gigante de los mexicanos es que no
sabemos lo que queremos, no sabemos nada. Lo que pasa es que crecemos y
nos desarrollamos con una educación diferente, no se crece con un libro o con
padres que te estén ayudando a mejorar tu léxico u ortografía, se crece con
padres que están tomando alcohol, drogándose y tratando mal a su esposa. Es
ahí donde estamos mal, ¡EN TODO! Porque no exiges a tus hijos que estudien,
porque si lo tienes todo se lo das, sin que batalle para que consiga lo que quiera, y
según tu, se lo das para que no sufra como tu has sufrido.

Esta me parece una basta forma de pensar, todos tenemos que luchar por lo que
queremos, yo luche por un hogar, por comida, por escuela por una vida en familia,
por un buen trabajo y por una vida. Ahora la tengo y no es gracias a esas
personas que me ayudaron, es por mi, porque yo decidí que no necesitaba de
padres para poder vivir, para poder hacer lo que quisiera, para poder estudiar,

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nunca me fueron indispensables para nada y ahora se porque pienso de esta
manera, porque nunca los he tenido, nunca he sabido lo que es una navidad, una
fiesta de cumpleaños, el día de las madres, tantas fechas que para mi son
insignificantes.

La vida me enseño que venimos a sufrir y la vida se vive o se entiende no las dos
cosas al mismo tiempo. Cuando eres un huérfano vives la vida al límite, pasas
días sin comer y cuando vas a probar un plato con sopa, la saboreas como si
fuera el ultimo que comieras en toda tu vida, a pesar de lo bien o mal que te sepa,
es lo que menos te importa. No hay peor encierro que el que nos hacemos
nosotros mismos, no hay que tener miedo a vivir siempre, haz lo que quieras
hacer, sin que te limiten, no tengas miedo de hacerlo, sonríe y no tengas miedo,
porque tu estas aquí para ser feliz y estar siempre en este juego tirando primero,
siempre debes de decir ¡SI PUEDO!, recuerda si caigo me levanto y si caigo de
nuevo, me vuelvo a parar para luchar contra todo aquel que este en contra de mis
ideales y nunca creas que dios no existe, el siempre esta contigo pero si quieres
que el te solucione los problemas, entonces ¿Para qué estas vivo?


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Capitulo I
Noches tristes

Mi padre me despierta con un caído beso de buenos días, abro lentamente mis
pequeños ojos y lo veo fijamente. Tiene una expresión en su rostro algo rara, me
quedé pensando y no le tomé mucha importancia. Me lleva en brazos a la mesa,
me sirve un plato grande de cereal y vierte un poco de leche tibia en el. Me lleva al
baño a ducharme, me ayuda a bañarme. Vamos al cuarto me postra en la cama,
en seguida me cambia. Salimos de casa y vamos rumbo a el jardín de niños (no
estaba tan lejos de mi hogar).

Como siempre, el caminando apresuradamente de tras de mí y yo corriendo
ansioso por ver a mis amigos. Cuando íbamos en marcha sonaron las sirenas de
lo que parecieron ser ambulancias, para mi sorpresa una patrulla policiaca se nos
empareja y nos evita el paso.

—¿Papá que esta pasando? —muy asustado le cuestiono.
—Nada hijo, no pasa nada, no te asustes verás que todo estará bien —con un
tono de tranquilidad me lo dice.

Decenas de oficiales comenzaron a abalanzársele a mi padre, yo muerto de miedo
y paralizado no supe que hacer, era tan pequeño que no podía asimilar lo que
estaba sucediendo. De pronto un policía se acerca a mi cautelosamente y me
toma del brazo. Me jala para que no me vaya a pasar nada, protegiéndome con un
abrazo, solo recuerdo haber cerrado fuertemente los ojos. Cuando tuve el valor
suficiente, giré la cabeza para observar que estaba sucediendo. Asustado veo
como le propinan una tremenda golpiza. Todavía recuerdo sus gritos de dolor, esa
cara que imploraba piedad. Mi padre pedía que pararán, pero los oficiales no iban
a complacerlo, mucho menos acatar sus peticiones, ya tenían el plan bien
estructurado.

Al terminar de ponerle la golpiza de su vida, a mi me suben a una patrulla y en ella
me llevan a mi destino: el jardín de niños. Llegamos y entré sin voltear a ver que
pasaba, con temor de que algún amigo mío me viera y me preguntara algo, con
temor de que alguna maestra me cuestionara las mismas cosas.

Recibí clases pero en mi mente no estaba más que esas imágenes de dolor. En mi
mente ver pasar una y otra vez como esos malditos despiadados masacraban a mi
padre, cuanto dolor sintió él y cuanto dolor psicológico sigo teniendo hasta hoy en
día.
Se aproximó la hora del descanso. Como cada día yo me fui a la puerta
esperando a mi padre para que me llevara algo de almorzar, me sentía tan

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hambriento que estaba dispuesto a comerme una res entera, pero tanta fue la
espera que se llegó la hora de volver a clases y el se olvido de mi. En el salón de
clases lo único que pensaba ¿Qué hiso mi papá? ¿Por qué se lo han llevado? Y
me quedé con esa inquietud, ese estrés en mi cabecita de apenas cinco años de
edad, todo un infante, me costaba mucho poder asimilar que estaba sucediendo,
me ponía en conflictos existencialistas, tanto que salía de mi mundo y vagaba por
cualquier tonta idea que invadiera mi mente.

Salí de clases, y en la puerta estaba mi hermano el mayor (de los hombres), en mi
un escalofrío que me decía que algo no iba bien, que algo no estaba normal. Se
me quedo mirando con una ternura inexplicable, unos ojos verdes brillantes
inundados en llanto, me abrazó y se le escaparon algunas lagrimas que mojaron
mi pequeña playera casi desgarrada.

—Vamos a casa —Me dijo con una voz quebrantada por el llanto.
—¿Qué pasa Michael? ¡Dime!, ¡te exijo que me digas que es lo que va mal! —con
una desesperación gigante le dije abrazándolo contra mi cada vez más fuerte.
—Vamos a casa he dicho, hay muchas cosas que hacer. —insistió con una mirada
fija.
—Muy bien. —dije con tono de resignación.

En mi mente una revolución de ideas, no sabía ¿Qué pensar? ¿Qué hacer?.
Regresamos a casa los dos viéndonos el uno a el otro y en silencio, yo notaba que
algo pasaba en mi hermano, que tenía algo en su rostro, no conocía esas marcas
rojas, esas manchas moradas con sangre y llegué a una conclusión. ¡Mi propio
padre lo había golpeado!

Yo con la ignorancia de un pequeño niño de cinco años, no podía determinar que
había pasado. La noche anterior llegó papá cayéndose al suelo, chocando con
todo a su paso, ahogado en alcohol, ni siquiera podía abrir el cerrojo de la puerta.
Sin dinero, y con un rostro que no demostraba sentimientos. Quebró todo a su
paso, el vidrio de la puerta, platos, vasos, la mesa, y muchas otras cosas más. Mi
hermano Michael despertó al escuchar los ruidos, se paró sigilosamente de la
cama y se asomó para darse cuenta de lo que pasaba, sacó la cabeza por debajo
de una cortina que estaba colgando de la puerta de la cocina, pudo ver a ese viejo
tirado al suelo. Viendo como ese tonto fracasaba cada vez que intentaba ponerse
de pie. Mi padre observó el movimiento de las cortinas y le habló.

— Michael ¡Ven cabrón! — Con rabia y enojo inexplicables.

Obedientemente fue y se puso a sus ordenes, esperó haber que le comentaba u
indicaba. Otro de mis hermanos escuchó que lo comenzó a regañar a gritos,
después de esto terminó la discusión y comenzó a escuchar golpes. Asustado se
asomó y vio que la persona que nos había dado la vida se había convertido en el
mismo demonio, alguien que ahora pretendía quitárnosla.

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Una y otra ves azotaba a mi hermano contra la pared, contra el suelo, lo
abofeteaba, agarró una cadena que estaba en un baúl cercano a el y comenzó a
propiciarle una golpiza, lo estaba torturando de una manera brutal. Agarró el palo
de un talache viejo que había en la cocina y le pegaba directamente en la cabeza.
Llego ese momento en que mi hermano Michael quedó inconsciente ya no hacia
nada, ni siquiera se movía.

Carlos (mi hermano que observó la golpiza) ya no sabía si Michael estaba vivo o si
este desgraciado que tanto odiamos lo había matado. Rodrigo mi padre se cansó
de pegarle y se fue a el baño. Después de unos minutos Michael volvió en si,
consecuentemente se salió de la casa y fue a pedir ayuda con los vecinos y con
las personas que pudiera pero no encontró a nadie, era un fin de semana en la
madrugada, a una hora donde todos comúnmente están durmiendo. Con grandes
heridas y casi sin poder caminar, se dio prisa y fue a el hospital local. Al llegar ahí
le preguntaron que había sucedido y que dónde estaban sus padres, el les contó
lo que pasó y pidieron apoyo a la autoridad, así es como se enlaza con el principio
de la historia.



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Capitulo II
La peor noticia

Pasaron los días, las semanas, los meses y papá no regresaba. Michael decidió
dejar la escuela y se puso a trabajar en lo que fuera y pudiera: vendiendo donas,
gelatinas, dulces, todo con tal de sacarnos adelante, y darnos de comer pero
ahora que estoy grande me pregunto a mi mismo ¿cómo un niño de 10 años iba a
poder mantener a otros cinco hermanos? (Entre ellos yo).

Somos seis en total, yo el más pequeño me llamo Jesús, después sigue Rodrigo
(como mi progenitor), Carlos, Michael, Diana y Guadalupe. Pero había otro dato
extraño en esto, en lo que va de el relato de esta historia poco creíble ¿Han
escuchado hablar de mi madre? No verdad, mi madre murió cuando yo tenía un
año de edad. Murió de una maldita enfermedad causada por el cáncer se le llama
Leucemia. Todas y cada uno de las noches ella lo esperaba a que papá regresara
de la parranda, el llegaba borracho y la golpeaba. Esto era una historia de nunca
acabar, ella ni siquiera comía, dormía y todo por esperarlo, ella lo único que
recibía era el maltrato por este canalla.

La enfermedad fue haciéndose cada vez más grave, pero no le importaba, ella
siempre esperaba a su amado a pesar de que la golpeara, ella le era fiel. Hasta
que llego el día en que su estado de salud se comenzó alterar, rápidamente la
llevaron a que la asistieran. Los doctores diagnosticaron que le quedaban pocas
horas de vida. Su estado de salud era muy malo, el cáncer le había invadido el
cuerpo y que no se podía hacer nada. Mi padre con un rostro inexplicable, sin
sentimientos, frio como hielo no dijo nada, no estaba preocupado, ni siquiera les
dio ánimos a mis hermanos.

— Vengan aquí — Llegó a casa muy gritando.
—¿Qué pasó papá? ¿Dónde está mamá? — todos mis hermanos preguntaban
repetitivamente.
— Es muy difícil decirles esto, pero tengo que hacerlo — dando un trago amargo
de saliva nos dijo.
— Su madre esta muriendo, ella no volverá — se generó un silencio enorme,
estas palabras les cayeron como un balde de agua fría en mis hermanos.

Comenzó a rodar el llanto en todos y cada uno de mis hermanos. Comenzaron a
gritar con desesperación, sin poder hacer nada, se sentían impotentes. Rogando e
implorando a Jesucristo. Pidiéndole que se la devolviera, que se portarían de la
mejor manera, que serían buenos hijos, los mejores. Pero estas suplicas fueron
inútiles. Nadie los estaba escuchando, ellos miraban en dirección a la pared, ahí
solo había una figura repleta de polvo y telarañas que estaban sobre un viejo
cristo que colgaba a lo alto. Esperando un milagro de vida, esperando tan siquiera
un consuelo de quien los engendró y finalmente no recibieron nada.

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Pasaron algunos días, la predicción le había fallado al doctor, pero mamá se
encontraba en un estado de coma, no se podía mover, no sabíamos si pensaba, si
nos escuchaba o si quería hacer algo. Mi padre Rodrigo se desesperó tanto que
empezó a gritar con rabia y coraje.

— Ya denla de alta, aquí no va a estar bien. Yo la puedo cuidar mejor en mi hogar
— decía a si mismo con un tono muy alto y molesto.
— No hay otro lugar donde este mejor su esposa señor, por favor tranquilícese —
dijo un medico que se acercaba tratando de calmarlo.
— Cómo quiere que me calme si mi mujer esta muriendo — con lagrimas en los
ojos le contestó.
— Mucha suerte, le digo esto porque en verdad la va a necesitar, estos son los
momentos más dolorosos para nosotros, ver cuando los seres queridos lloran sin
fin por alguien que va a morir, por alguien que no podría salvarla ni un milagro del
creador de la vida. — Dijo el medico perplejo y con seriedad.

Al quinto día de estar internada en el hospital, decidieron dejar que se le cuidase
en mi casa a mamá. Llegó la ambulancia y la dejo en recostada en su cama.
Todos mis hermanos estaban felices, creyeron que el milagro y las promesas que
tanto pidieron a ese crucifijo fueron cumplidas. Al paso de unas horas, comenzó a
convulsionar hasta llegar a el punto de lanzar espuma por la boca. Todos en el
hogar se asustaron y mi padre se molestó, tanto que salió de la casa y no supimos
a donde fue. Cuando regreso llego con la carrosa fúnebre y una caja de muertos.

— ¿Qué es eso papá? ¿Para que es? ¿Qué pretendes? — preguntaron mis
hermanos.

Mi padre sin responder a la serie de cuestionamientos de sus hijos solo giro la
cabeza hasta con los señores de negro que traían la caja.

—Ya entiérrenla a la culera, ya no tiene caso de que siga sufriendo. Sin
sentimientos y frío, los hombres solo lo miraron y acataron la orden.

Pusieron el cuerpo de mi madre en la caja. Cuentan mis hermanos que ellos veían
la caja y parecía que el vidrio se empañaba, se notaba que seguía respirando,
pero como papá Rodrigo era un hombre muy peligroso y nadie quería problemas
con el le hicieron caso, ¡La enterraron viva!.
Esta imagen es la que más ha quedado grabada en la mente de mis hermanos,
pobres de ellos siento empatía y un sentimiento raro al visualizar en mi mente esta
imagen.

Tristes fueron a el entierro, lloviendo, con lodo entre los zapatos, lo único que no
se distinguía era si lloraban o eran gotas de lluvia las que les escurrían por el
rostro. Regresaron a casa, sin decir nada, hasta el silencio se escuchaba más que
ellos, mi padre estaba ahogado en el alcohol, atormentado por lo que le estaba

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pasando. Viendo como sus seis hijos sufrían por una pena, una pena que afectaría
toda su vida.

Volviendo con la historia, papá seguía en la cárcel. Michael cada día más cansado
trabajando para darnos de comer a cinco bocas y con tan poco dinero que ganaba
en su trabajo. Perdiendo la infancia, haciéndose responsable de nosotros. Así tubo
que madurar, aprender que la vida no te da todo en las manos, de que debes
luchar a pesar de que todo va mal, la vida nos dice que aunque la corriente vienen
en contra debamos ceder a ella, no, debemos de ponernos en condición para
demostrarle que somos más fuertes.

Solo nos dejaron una casa, grande, fría y con pocas cosas materiales. En la
cocina solo se aprecia una estufa, una mesa, dos sillas, un gabinete y pocos
trastes. En el cuarto solo dos camas grandes, un sofá, un ropero y pocas prendas
dentro de el, ahora recuerdo que también habían algunos documentos de mis
padres pero no parecían importantes. Así pasábamos los días con nuestra
soledad, un maldito frio embrutecedor que hacia sentir que la vida no tenia un
sentido, ni siquiera se que pensaba yo, tengo algunas imágenes pero se
desvanecen al tratar de recordarlas.

Es muy duro cuando pasan días, fechas importantes ó simplemente en la vida
diaria cuando hay que pensar en alguien o sentir alguna caricia de esos que son
tus padres. Un cumpleaños de uno de mis hermanos o el mío mismo. No tener
recursos para comprar ni siquiera un pequeño pastel. Igual que antes y ahora
siempre nos han dolido el día de las madres y del padre. Siempre tuve la ilusión
de festejar con mi mamá su día, imaginé que salíamos de noche y la llevábamos a
cenar a el mejor restaurant del lugar, que todos estábamos juntos y felices. Y
ahora me decepciona esta triste realidad. Envidio a algunos cuantos desgraciados
que se avergüenzan de sus padres, que se alejan de ellos y que ni siquiera
quieren saber de su existencia.

Amigo lector/a no sabes como me lleno de coraje al ver esta situación pero trato
de ignorar esos momentos, cada fecha importante. Siempre que acontece algo y
hace falta alguno de mis padres, solo me encierro en mi cuarto, trato de olvidarme
que existo un segundo. Apago la TV, la radio cierro las redes sociales y me pongo
a divagar en mi mente. Tratando de crear un mundo. Tratando de diseñar historias
que hacen que la vida tenga sentido aunque sin padres y sin un amor no hay
sentido por supuesto.

Aún recuerdo mi primera navidad. Comenzó a nevar, no había sentido un frío tan
diferente como la ausencia, no era tanto el frío de la nieve como el la ausencia del
calor de que no estaban los que me vieron nacer. Comenzamos a jugar.
Agarramos la nieve y la hicimos bolitas de nieve. Ni siquiera teníamos suéteres o
chamarras que nos protegieran de alguna enfermedad, pero eso no impidió que
estuviéramos divirtiéndonos. Algunos días mi hermano no podía trabajar por el
clima. Esto hacia que no tuviéramos comida. Lo que hacíamos era ir con los

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vecinos a limosnear, a pedir las sobras de su comida o los desperdicios, de esto
nos alimentábamos.

Se acercaba noche buena, Michael angustiado porque no tenía dinero y no sabía
que hacer. Se sentía mal totalmente porque no tenía nada que comprarnos para el
obsequio, solo compró lo que le alcanzo con un dinero que tenia guardado para
esa fecha. Al día siguiente amaneció diferente. Se sentía paz, amor en el hogar,
se sentía un clima cálido a pesar de que había nieve. Despertamos y vimos tres
cajitas en la esquina de la pared que decían nuestros nombres.

— Para Jesús — Yo no sabía leer pero mi hermano Rodrigo (tres años mayor que
yo) me ayudó a darle lectura. Yo emocionadísimo lo tomé y no lo abrí, me dio
tanta emoción que lo quería tener así para siempre.
— Para Rodrigo — Observe y era otra caja igual pero con una envoltura diferente,
al igual que yo estaba impresionado.
— Para Carlos — Rodrigo tomó el regalo idéntico al de el y se lo llevo.
—¡Carlos despierta, despierta mira lo que nos trajo el niño dios! —Decíamos
emocionados.

Michael se le observaba triste, ya que pensaba que lo que compró no les
parecería. Salimos a la calle y veíamos. Bicicletas nuevas, camioncitos todo
terreno y de control remoto, ropa nueva, muchísimos juguetes. Nosotros abrimos
los regalos de nosotros y observamos lo que contenía el empaque. Una pistola
con balas de goma, dardos y monitos a los que le teníamos que disparar. Nuestro
rostro quedo inexpresivo, no creíamos que estábamos viendo, algo tan simple, tan
diferente. De repente Carlos me disparo a la cabeza y comenzamos a reír, al
mismo instante comenzamos a cargar de balas de goma las pistolas e inició la
guerra, todos contra todos. Entramos emocionados disparándonos a todas las
partes del cuerpo, y se nos hiso muy raro, mi hermano Michael estaba llorando de
sentimiento.

— Pensé que no les gustarían — Con un llanto quebrantado dijo.
— Michael no llores, te queremos mucho gracias por hacernos tan felices, te
queremos demasiado hermano, eres el motor que nos da vida, no sabemos que
haríamos sin ti. — Dijimos, lo abrazamos fuertemente y borramos las lagrimas
frías que escurrían por su alargado rostro.

El mi hermano el mayor, esa persona que siempre trató de que viviéramos de la
mejor manera, como olvidarlo si diario esta en nuestra mente, cuando lo veo o
cuando estoy con el tengo mucho temor de decirlo cuanto lo quiero y de
agradecerle por hacer muchas casas que solo el y yo sabemos. El también me
quiere mucho, pero como somos hombres no nos demostramos el cariño como se
lo muestran otras personas.

Pasaron las fiestas y año nuevo. Llegaron los Reyes Magos, ese día lo recuerdo
muy bien. Enfrente de mi casa vivían los pingüinos unos amigos que les

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apodábamos así por su color de piel obscura. También tenían problemas
familiares, pero ellos solo carecían de padre. Con ellos nos juntábamos mis
hermanos y yo. Salíamos a pedir dinero, a buscar cosas que se pudieran reciclar a
los contenedores de basura, buscábamos periódico, aluminio y cartón. Seguíamos
siempre una ruta en la basura, ese día observé un contenedor retacado de basura,
para mi era como oro. Les dije a mis hermanos y amigos que hurgáramos en el y
me ignoraron. Pero algo me decía que buscara en el, que había algo.

Comencé a separar la basura en “cosas que sirven y cosas que no”. A un lado
periódico, cartón, fierros y aluminio y al otro todo aquello que no me interesaba.
Continúe con mi búsqueda de cosas y al fondo saque una bolsa se plástico,
estaba sucia y llena de no se cuanta porquería. No tengo la mínima idea porque
hacia eso pero algo me seguía insistiendo que la abriera, al hacerlo cual fue mi
sorpresa ¡Joyas, encontré joyas y oro! Estaba emocionadísimo no sabia que
hacer, pero algo seguía insistiendo sigue buscando Jesús algo me decía al oído,
no sé me hacia estremecer.

Comencé a apartar las cosas que me servían, agarre el periódico y comencé a ver
los sociales, toda esa gente llena de sonrisas, esas sonrisas que nunca había
visto en mi gente, en mi familia. Seguí ojeando y derrápate apareció un billete de
esos grandes ¡quinientos pesos!, eso era una emoción inexplicable, gire la hoja
que seguía ¡otros quinientos pesos! Maldición parece ficción pero es la mera
realidad, así como ustedes no lo creen ni yo lo podía creer, así paso varias veces
más. Me sentía tan rico que deje todo el material que llevaba a reciclar, me di ese
lujo. Lo que hice primeramente fue ir a la tienda.

Llegué a una de esas gigantescas minisúper y observe la variedad de cosas,
cuanta hambre tenía, sentía mi estomago rugir tan fuerte que quería comerme
todo, veía las frutas, los panes, yogurts y botanas ¡Lo quería todo!. Compré dos
panes, manzanas, plátanos, de todo tanto que llevé hasta mi casa. Mis hermanos
estaban impresionados.

— Jesús de dónde te has robado todo eso — decían viéndome fijamente a los
ojos.
— Coman, por eso no se preocupen — decía yo con un tono burlesco.

Agarraron las cosas y desaparecieron en un segundo todo lo que había comprado
ya no existía y mis hermanos con un rostro que mostraba saciedad. Después de
no haber comido bien por días, este comimos como dioses.

— Jesús ahora dinos de dónde has sacado todo eso — insistieron.
— Bueno les voy a contar — y comencé a contarles, es tan simpática la mueca
que ponían de incredulidad.

Cuando les enseñe las joyas al instante fuimos y las cambiamos por dinero y
tuvimos muchos recursos para poder alimentarnos por un buen periodo de tiempo,

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mientras que cambiaba el clima y mi hermano Michael se tomaba un descanso.
Nosotros comenzamos a comer el manjar de los dioses, lo que nunca o no muy
frecuentemente comíamos, frutas, verduras, panes y ¡Oh, deliciosa soda sabor
cola! Aún puedo saborear el sabor con solo recordarlo.

Los días seguían pasando y papá no volvía, se nos terminó el dinero y mi
hermano tuvo que volver a el trabajo después de una etapa de descanso. A
primera hora del día entraba a trabajar en una panadería local. Estaba listo para
vender donas por la calle a la gente que pasara, después gelatinas o lo que fuera.

Recuerdo claramente que no sacaba mucho dinero y comenzamos a batallar. Mis
hermanos un día conocieron a una señora a la que le llamaban “Lupita” ella,
comenzó a darles de comer, a bañarlos y a vestirlos, tanto así que optó por
adoptarlos. En casa solo quedó Michael, Diana y Guadalupe. Michael llegaba y ya
no traía dinero, traía cosas que compraba de regreso a la casa, frutas, comida y
cosas por el estilo.

Un día Michael como acostumbraba salió a trabajar nos dejó dormidos, para eso
escuchamos que tocaron la puerta, me paré y me asomé por la ventana ¡Cuanta
emoción! Mi papá ya había salido de la cárcel y estaba de vuelta en casa, para
eso todos nos paramos y saltamos de felicidad al parecer, papá ya estaba de
regreso, y esta aquí ahora para hacernos un bien, ha tenido platicas con
psicólogos y sus evaluaciones dicen que ya esta otra vez sano y dispuesto a vivir
una vida saludable.

Al parecer aquel viejo ya se había compuesto, las primeras semanas todo
marchaba excelente, ya hasta mi hermano había dejado de trabajar porque el que
sostenía ahora la casa era mi padre. Todos los sábados llegaba a eso de medio
día y a todos nos daba dinero para que fuéramos a comprar lo que quisiéramos,
mientras que el se quedaba solo en casa, pero a nosotros no nos daba mucha
importancia así que ignorábamos esa situación.

Recuerdo esas tardes en que iba a la papelería y me gastaba el dinero que me
daba, cuadernos, lápices, gomas y sacapuntas; mientras mis hermanos gastaban
el dinero en los videojuegos. Cada quién hacia lo que quería, en otra ocasión no
sabía ni que hacer con el dinero que me daba, me fui directo a la tienda y me
compre un cepillo dental y una pasta. Nunca me había lavado la boca, ahora me
arrepiento tanto, algunas muelas están picadas y algunas otras ya están hasta
tapadas