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Crítica de Arte

Definición
En el sentido estricto, la noción de crítica de arte se refiere a análisis y juicios de valor emitidos sobre las
obras de arte que, en el límite, reconocen y definen los productos artísticos como tales. Abarca
interpretación, juicio, evaluación y gusto. La crítica de arte en este sentido específico surge en el siglo XVIII,
en un entorno caracterizado por los salones literarios y artísticos, acompañando las exposiciones
periódicas, la aparición de un público y el desarrollo de la prensa. Los escritos de Denis Diderot (1713-1784)
ejemplifican la manera de actuar de la crítica de arte especializada, que se ancla en formulaciones teórico-
filosóficas, aunque trae la marca del comentario hecho en el calor del momento sobre la producción que se
presenta ante los ojos del espectador. En este momento, se observan los primeros intentos de distinguir
más nítidamente entre crítica de arte e historia del arte, que surgen como dominios distintos: el historiador
dirigido hacia el arte del pasado y el crítico comprometido con el análisis de la producción de su tiempo. A
pesar de este esfuerzo por marcar diferencias, las dificultades de establecer límites claros entre los dos
campos se mantienen hasta hoy. Si bien son distintos, los campos de la historia y de la crítica de arte están
imbricados; al final, el juicio crítico es siempre histórico, a medida que dialoga con el tiempo, y la
reconstitución histórica, inseparable de los puntos de vista que imponen elecciones y principios. Las
meditaciones sobre lo bello, en el dominio de la estética, alimentan las formulaciones de la crítica y de la
historia del arte.

En una acepción más general, escritos que se ocupan del arte y de los artistas se incluyen en la categoría
crítica de arte, como se puede observar en los diccionarios y enciclopedias dedicados a las artes visuales. La
historia del arte abarca la historia de la crítica, de los estudios y tratados que emiten directrices teóricas,
históricas y críticas sobre los productos artísticos. Los primeros escritos sobre arte remiten a la Antigüedad
griega. Biografías de artistas (como las que escribe Duride di Samo, siglo IV a.C.), tratados técnicos sobre
escultura y pintura, de Senocrate di Sicione y Antigono di Caristo, siglo III a.C., a los cuales se junta, en la
época romana, el tratado de arquitectura de Vitrúvio, De Architectura, y "guías" artísticas (como la que
escribe Pausaniam, siglo II a.C.) están entre los primeros textos dedicados al arte. En este contexto, el
pensamiento estético de Platón y Aristóteles plantea problemas fundamentales sobre el hacer artístico: el
tema de la fantasía (o imaginación creadora), del placer estético, de lo bello y de la imitación de la
naturaleza (mimesis).

El periodo medieval no ofrece una teoría del arte o crítica de arte sistemática, sino que dominan las
meditaciones de orden teológico, las formulaciones técnicas y los repertorios iconográficos, con la
indicación de ejemplos a seguir. En la Italia florentina del siglo XIV, las condiciones económico-sociales
renovadas se expresan en un entorno artístico más rico y en escritos sobre arte originales. Filippo Villani
escribe un libro en homenaje a su Florencia natal, 1381-1382, en el que resalta la vida de artistas de la
Antigüedad. Cenino Cennini (ca.1370-ca.1440), con descripciones detalladas de la pintura al temple y de la
pintura al fresco, abre posibilidades para un análisis del material artístico. La época renacentista trae
interpretaciones científicas de la naturaleza, apoyadas en las matemáticas y en la geometría. Leon Battista
Alberti (1404-1472) y Leonardo da Vinci (1452-1519) son los principales teóricos del periodo, notables por
los intentos de conferir fundamento teórico y base científica a las obras. Además, se esbozan historias del
arte construidas por el filón de la vida de artista, como Comentarios, de Lorenzo Ghiberti (ca.1381-1455), y
Las Vidas de los más Excelentes Pintores, Escultores y Arquitectos, de Giorgio Vasari (1511-1574), que se
convierten en modelos para la producción de Andréa Palladio (1508-1580).

La aparición de las das academias de arte coincide con la crisis de los ideales renacentistas expresada en el
manierismo - teorizado por Giovanni Pietro Bellori (1613-1696) y Luigi Lanzi (1732-1810) - y marca un
cambio radical en el estatus del artista, personificado por Michelangelo Buonarroti (1475-1564). Los artistas
ya no se consideran artesanos de las corporaciones, sino teóricos e intelectuales, lo que altera el carácter
de los escritos sobre arte. Las nuevas instituciones juegan un rol fundamental en el control de la actividad
artística y en la fijación de criterios de gusto. En la academia francesa, fundada en 1648, se observa una
asociación más nítida entre el organismo y una doctrina particular, con base en el clasicismo y en la obra
del pintor francés Nicolas Poussin (1594-1665). Controversias tienen lugar en el interior de las academias,
por ejemplo, la que involucra a Roger de Piles (1635-1709), admirador de Rubens (1577-1640), contra los
defensores de Poussin.

En los siglos XVIII, apogeo de las academias, y XIX los teóricos del neoclassicismo Anton Raphael Mengs
(1728-1779) y, sobre todo, Joachim Johann Winckelmann (1717-1768) rompen definitivamente con el
modelo suministrado por la "vida de artista" y apoyan sus interpretaciones en testimonios históricos y en el
esfuerzo de comprensión del lenguaje artístico propiamente dicho. Tanto lo clásico como lo romántico se
teorizan entre mediados del siglo XVIII y mediados del siglo XIX. El contexto en el que se arraigan las nuevas
ideas es prácticamente el mismo: las contradicciones promovidas por la Revolución Industrial y la
Revolución Francesa. El romanticismo es sistematizado de forma histórica y crítica por el grupo reunido con
los hermanos Schlegel en Alemania, a partir de 1797, al que se vinculan Novalis, Tieck, Schelling y otros. La
filosofía de Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) está en la base de las formulaciones románticas alemanas y
tiene un fuerte impacto en el prerromanticismo del sturm und drang [tempestad e ímpetu].

El siglo XIX presencia la expansión de las exposiciones de arte y la ampliación del campo de actuación del
crítico. Vale recordar que los pintores están involucrados en el debate crítico con sus obras y escritos, por
ejemplo, Eugène Delacroix (1798-1863) y sus consideraciones sobre lo romántico y Gustave Courbet (1819-
1877), responsable del establecimiento de un estándar de arte realista. A partir de entonces, los literatos
pasan a tener un rol destacado en las discusiones sobre arte en general, entre los cuales se encuentran
Stendhal (1783-1842), los hermanos Edmond Goncourt (1822-1896) y Jules Goncourt (1830-1870) y Émile
Zola (1840-1902), el crítico del impresionismo. Incluso en los movimientos de vanguardia de los primeros
decenios del siglo XX, escritores y poetas mantienen sus posiciones de críticos de arte actuantes -
Apollinaire (1880-1918), cuyas formulaciones son fundamentales para el cubismo, y André Breton, escritor
y teórico del surrealismo. La crítica de Charles Baudelaire (1821-1867), en especial su célebre ensayo El
Pintor de la Vida Moderna, sobre Constantin Guys (1805-1892), se revela fundamental para la definición de
arte moderno y de la misma idea de modernidad. Lo moderno, declara Baudelaire, no se define por el
tiempo presente - ni todo el arte del periodo moderno es moderno -, sino por una nueva actitud y
conciencia de la modernidad.

Seguir la historia de la crítica de arte en el siglo XX obliga a una detenida consideración de diversas
perspectivas teórico-metodológicas, que informan tanto la crítica propiamente dicha como la historia del
arte, así como al análisis de la crítica más militante, difundida en los periódicos y revistas especializadas. En
Brasil, la aparición de la crítica de arte se vincula a la creación de la Academia Imperial de Belas Artes (Aiba)
[Academia Imperial de Bellas Artes], en Río de Janeiro, en 1826, que inaugura la enseñanza artística formal
en el país. Su primer representante es el pintor, crítico e historiador de arte Manuel de Araújo Porto-Alegre
(1806-1879), quien la dirige entre 1854 y 1857. Porto Alegre confiere importancia destacada a la pintura de
paisaje que debería, según él, salir de la copia de estampas y de los cuadros de la pinacoteca y enfocarse en
el registro de la naturaleza nacional, sin embargo él defiende el establecimiento de una tradición de pintura
histórica brasileña.


http://www.itaucultural.org.br/aplicexternas/enciclopedia_ic/index.cfm?fuseaction=termos_texto_esp&cd
_verbete=13821

actualizado en 16/01/2012