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Reflexiones sobre las últimas palabras de Jesús
Testimonio de Catalina



Propiedad registrada © 2004 y 2007. Todo derecho
reservado. Este libro se publica en EEUU por Love and
Mercy Publications en coordinación con El Apostolado
de la Nueva Evangelización (ANE).
De conformidad con los decretos del Papa Urbano
VII, los editores reconocen y aceptan que la
autoridad final sobre las revelaciones privadas a las
que se hace referencia en este libro, la tiene la Santa
Sede de Roma, a cuya decisión se someten
totalmente.
Si Jesús habló a tu corazón mientras leías este libro,
por favor comparte estas palabras fotocopiándolo
para difundirlo a las personas que quieran abrir su
corazón a la Nueva Evangelización. Invoca al
Espíritu Santo para que te guíe y te conceda los
dones que necesitas para una buena conversión.
2
Permiso es otorgado para reproducir este libro en
su totalidad, sin haber sufrido cambios o adiciones,
y siempre y cuando la reproducción y distribución
sean hechas únicamente sin fines de lucro. Este
documento está disponible sin costo ninguno, a
través del Internet. Se puede entrar en línea e
imprimir de los siguientes sitios en el WEB:
www.LoveAndMercy.org
Los libros están disponibles tanto en inglés como
en castellano. También se pueden hacer pedidos de
estos y otros ejemplares (Ver la ultima pagina) al
siguiente ministerio de publicaciones religiosas que
no tiene fines de lucro.
Love and Mercy Publications
P.O. Box 1160
Hampstead, NC 28443 USA
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Indice
Imprimátur
2
Presentación
2
Prólogo
4
Dedicatoria
5
Introducción
6
Parte 1: Primera Palabra: “Padre,
perdónalos, porque no saben lo que
hacen…”
6
Parte 2: Segunda Palabra: “En verdad te
aseguro que hoy mismo estarás Conmigo
en el Paraíso”
10
Parte 3: Tercera Palabra: “Mujer, ahí tienes
a tu hijo… Hijo, ahí tienes a tu Madre…”
12
Parte 4: Cuarta Palabra: “Tengo Sed…”
15
Parte 5: Quinta Palabra: “Señor, Señor…
¿Por qué Me Has abandonado…?”
17
Parte 6: Sexta Palabra: “¡Todo está
consumado…!”
20
Parte 7: Séptima Palabra: “Padre… ¡En Tus
manos encomiendo Mi Espíritu…!”
21
Palabras finales de Catalina
27
Citas referidas a Jesús
28
Apéndice A - Decreto de Derecho Canónigo
Dando Personería Jurídica Eclesiástica al
Apostolado de la Nueva Evangelización (ANE)
32
Apéndice B - ¿Qué es los ANE y sus
Ministerios?
33
Apéndice C – Nota de el ANE
34
Apéndice D - Ayuda al ANE a ayudar
34
Apéndice E - Libros y Videos Disponibles
35

Abbreviations used for Scriptural Citations: NAB – New American
Bible (1986); RSV – Revised Standard Version (1966); DRB – Duray-
Rheims Bible (1609)


IMPRIMÁTUR

Curia Episcopal
2a. Av. Norte, 10
San Vicente, El Salvador, C.A.
IMPRIMATUR
La lectura del libro “Del Sinaí al Calvario”
conforma un itinerario de inédito crecimiento
espiritual. En su contenido no encuentro nada
contrario a las Sagradas Escrituras ni a la doctrina
de la Iglesia.
Sólo encuentro principios y conceptos que
pueden ayudar al enriquecimiento interior de los
fieles, por lo que otorgo mi Imprimátur, pidiendo
bendiciones especiales del Creador para cada
lector.
San Vicente, El Salvador, 9 de febrero de 2004
Mons. José Oscar Barahona C.
Obispo de San Vicente
El Salvador, C.A.

PRESENTACIÓN
odos los escritores sagrados y místicos, que han
deseado ardientemente penetrar en el corazón,
la mente y el alma de sus lectores, ofreciendo un
verdadero alimento que reconforte el espíritu, han
T
3
acudido primeramente a Dios, para pedirle las
luces necesarias y sus divinas inspiraciones, a fin
de poder iluminar con la luz de la fe, las
inteligencias y las voluntades de quienes desean
recibir con humildad estos saludables mensajes,
que han sido escritos bajo la inspiración de Dios y
que revelan su santísima voluntad, para el bien y
provecho de la humanidad.
El presente Libro, escrito por Catalina, tiene la
característica de los textos de aquellos quienes,
viviendo la intimidad con Dios, no han dudado
bajo ninguna circunstancia en internarse en las
profundidades del Ser Divino, para constituirse en
transmisores de las inspiraciones que a Él le place
concederles.
El Evangelio es la fuente de donde nace la fe y nos
lleva al conocimiento profundo de la Persona de
Jesucristo, que con su vida, pasión, muerte y
resurrección, consiguió la Redención del género
humano.
En el Evangelio se recapitula toda la infinita
grandeza de Dios Trino, manifestada en la Persona
de Cristo. El Evangelio, como sabemos los
creyentes, es la fuente de donde se extraen todas las
infalibles enseñanzas de la Iglesia. De este Libro
Sagrado, que es la Palabra de Dios, han brotado
innumerables escritos, tendientes a fomentar la fe y
hacer que la vida cristiana esté en conformidad con
la voluntad Divina.
Dios ha suscitado y escogido a algunas personas,
para que sean sus mensajeros y testigos de la única
Verdad, y ha querido confiar a ellos algunas
riquezas del depósito de la fe.
Los cristianos conocemos el Evangelio; sin
embargo, no todos lo viven ni lo comprenden en
toda su dimensión y por eso es necesario ir
recorriéndolo, paso a paso, para comprenderlo
mejor y hacerlo norma de nuestra vida. ¡Cuántas
veces hemos leído sobre la Pasión de Cristo...!
¡Cuántas de ellas han pasado como una simple
lectura de historia o de novela, sin haber impactado
en nuestra vida!
En este Libro de Catalina, verdaderamente
inspirado por el Señor, encontramos una profunda
reflexión sobre la Pasión de Cristo, especialmente
sobre aquellas Siete Palabras que Jesús, agonizante
en la Cruz, exclama para llamar a la conversión al
género humano.
El eco de ese clamor Divino se extiende a todo el
mundo, y seguirá resonando a través del tiempo y
del espacio, aunque una inmensa mayoría de la
humanidad tape sus oídos para no escuchar.
Catalina, cumpliendo con el sagrado deber de ser
“pregonera de Cristo”, quiere llevar esas palabras
sagradas del Señor a todos los lugares, a todos los
ambientes, a todos los hombres y mujeres del
mundo, para que comprendan que lo único
necesario en la vida es la amistad con Dios.
Catalina ha sido llamada por esa voz de Jesucristo,
e inspirada por Él quiere hacernos vivir su
experiencia de Dios, quiere introducirnos al
Misterio de nuestra Redención, llevándonos a
aquellos solemnes y dolorosos momentos de la
Pasión de Jesucristo.
Esas escenas y sus interpretaciones, están descritas
en una forma vivencial y como arrancadas de lo
profundo de su ser, para que aquellos que las lean,
sientan de veras la presencia de Cristo, su llamado
a la conversión y la fuerza del mandato a sus
elegidos, para que sean los portavoces del Redentor
en un mundo tan tristemente secularizado, tal
como los editores lo apuntan en el prólogo de este
libro:
“Observando este mundo, nos damos cuenta de que
necesita un freno -como dice el Papa Juan Pablo II-
necesita una nueva evangelización que haga
resplandecer con renovadas fuerzas la presencia de Dios,
que reoriente al mundo hacia Cristo, nuestra esperanza;
hacia su misericordia; invitando a todos para que
vuelvan a mirar la Cruz, para poder calmar la tormenta
que el enemigo común ha desatado sobre el mundo y para
enderezar los caminos de los hombres.”
Cada frase de las Siete Palabras, tiene un contenido
profundo que me lleva a recomendar el leerlo con
detenimiento, pensando que estamos al lado del
Señor, para sentir en nuestra vida el amor Divino
de Jesucristo que, en el momento supremo de su
vida, tenía la mirada puesta en nosotros.
Es posible que algunos quieran calificar este libro
como “un escrito pietista”. No es eso. Este texto,
además de no contener ningún error dogmático,
nos lleva a la presencia de Cristo para unirnos a
todos en la fe, en el amor y en la esperanza de una
vida perfecta en Dios.

Mons. René Fernández A.
ARZOBISPO EMÉRITO DE COCHABAMBA
4
PRÓLOGO

uien se sumerge en el Misterio de la Pasión del
Señor, no puede evitar los sentimientos de
dolor y compasión, por los terribles tratos que los
hombres dieron a su Salvador.
Como hombre, Jesús experimentó los peores
dolores que pueda soportar un ser humano:
ultrajes, golpes, ofensas, heridas en todo su
cuerpo... Fue tratado como si hubiera sido un
asesino, un enemigo de la humanidad.
Con expresiones muy impactantes, los evangelistas
nos describen las circunstancias que acompañaron
a Jesús en aquellos momentos fatales. Seguramente
estos textos pasaron en reiteradas ocasiones bajo
nuestros ojos, pero muchas veces en forma tan
fugaz que no hemos podido penetrar en el mensaje
profundo que contiene aquella realidad histórica.
El presente libro narra y describe algunos de los
acontecimientos más relevantes de nuestra
Redención. Durante dos meses, por varias horas
diarias, Jesús invita a Catalina –la autora de estas
páginas- a vivir, a contemplar sus últimos
momentos en la cruz, y al mismo tiempo a meditar
sobre sus últimas palabras.
Aquellas “últimas palabras”, que jamás perderán
su fuerza, adquieren un significado particular a la
luz de los acontecimientos que vive el hombre de
hoy, empañado de materialismo, de violencia, de
pérdida de sentido; enceguecido por su soberbia, al
punto de atribuirse el derecho de manipular la
vida, de sofocarla, de decidir sobre el destino de los
demás…
Sin duda, vivimos en un mundo marcado por la
cultura de la rivalidad y de la muerte, que
promueve el hedonismo en sus expresiones más
aberrantes, mientras se formulan leyes cada vez
más alejadas de la fe, de los verdaderos valores. Es
como si en todo lo que el hombre hace, procurara
excluir en forma sistemática y obstinada a su
Creador, al grado que para muchos, hablar de Dios
en la cultura de hoy, resulta un anacronismo, un
atropello a la razón.
Mientras tanto, quienes creemos, estamos
conscientes de que hay un gran debilitamiento en
la práctica de nuestra fe, de nuestra capacidad y
disposición para orar; de nuestro compromiso con
Dios. La ausencia de razones para sostener la fe
nos viene conduciendo a la pereza espiritual, a la
pérdida del celo por las cosas del Señor, a la
confusión y a las más diversas maneras en que se
manifiesta el mal.
Observando este mundo, nos damos cuenta de que
necesita un freno; necesita -como dice Juan Pablo
II- una nueva evangelización, que haga
resplandecer con renovadas fuerzas la presencia de
Dios, que reoriente al mundo hacia Cristo, nuestra
Esperanza; hacia su Misericordia; invitando a todos
para que vuelvan a mirar la Cruz, para poder
calmar la tormenta que el enemigo común ha
desatado sobre el mundo, y para enderezar los
caminos de los hombres.
Estas páginas son una invitación especial para ti,
hermano sacerdote, hermano consagrado, hermano
laico -que estás involucrado en la efervescencia de
la actividad y del pensamiento humano- un
llamado para que redescubras el significado del
trabajo por los intereses de Cristo.
Hemos olvidado el valor de la cruz, del
sufrimiento, de la penitencia; por esto no estamos
respondiendo como debiéramos al mandato
recibido, que es el de ir por todo el mundo y
predicar la Buena Nueva del Evangelio.
Cuando Jesús le habla a Catalina refiriéndose a los
consagrados le dice: “Di a las almas consagradas
que la cruz que llevan no es solamente para que
adorne su pecho […] deben revestirse de ella,
deben aprender a ‘acomodarse’ en ella en lugar de
huir de ella […] no pueden ambicionar el Tabor
sin antes pasar por el Gólgota [...] En la cruz es
donde se aprende la caridad, la humildad, la
pobreza de espíritu, la templanza…”
Pero resulta que, con la mentalidad de hoy, todo lo
referido a la cruz, al sufrimiento, a la renuncia, nos
parece obsoleto; huimos de todo aquello que
implica penitencia o mortificación, no le vemos
sentido...
Sin embargo, las palabras de Cristo en el Evangelio
“¡Si quieres seguirme toma tu cruz y sígueme!” no
han perdido vigencia. Si de veras estamos
dispuestos a configurar nuestra vida a la Suya,
entonces veremos que son muchas las vestiduras
mundanas de las que tendremos que despojarnos y
liberarnos.
Cristo sigue sufriendo en los miembros de su
Cuerpo místico, sufre en el anciano abandonado, en
el pobre, en el enfermo, en el encarcelado, en el
hambriento, en el huérfano… ¿Será que podemos
Q
5
aliviar este dolor? Tomar conciencia de ello es
comenzar a curar las llagas y las heridas mismas de
Cristo.
La actitud pasiva es propia de aquel que está
siendo domado por el enemigo. El enemigo común
no molesta a quienes ya tiene sujetados, éstos de
hecho niegan su existencia, niegan el infierno, creen
estar libres de las tentaciones porque ya todo les
parece normal; han perdido la conciencia del
pecado y por ello no necesitan evangelizar; están
convencidos de que su vocación consiste, en el
mejor de los casos, en amar a su prójimo como a
ellos mismos, pero olvidándose de cultivar su
relación personal con Dios a través de la Cruz.
Ha llegado el momento de abrir los ojos a esta
realidad terrible que está diezmando a nuestra
Iglesia. La falta de convicciones, la ausencia de un
compromiso serio, la falta de oración, son síntomas
que muestran claramente que nuestro enemigo no
está dormido, sino que obra incesantemente para
arrebatar almas y arrancarnos de nuestros deberes.
Este texto es un grito desesperado de Jesús a la
Iglesia y a la humanidad, para que todos
reconozcamos nuestra necesidad de vivir una
verdadera y profunda conversión.
Los editores

DEDICATORIA
A Su Santidad, Juan Pablo II,
Con profundo respeto, gratitud, cariño y
admiración... Por enseñar heroicamente al Pueblo
de Dios a llevar su Cruz con amor cada día.
A:
Su Eminencia Rev. Antonio María Cardenal
Javierre Ortas Prefecto Emérito de la
Congregación
para el Culto Divino y de la Disciplina
de los Sacramentos.

Su Excelencia Rev. Mons. José Oscar Barahona
Castillo
Obispo de San Vicente, El Salvador, CA.

Su Excelencia Rev. Mons. René Fernández Apaza
Arzobispo Emérito de Cochabamba

Su Excelencia Rev. Mons. Abel Costas Montaño
Obispo Emérito de Tarija

Su Excelencia Rev. Mons. Manuel Revollo Crespo
Obispo Emérito Castrense

Con inmensa gratitud por su gran calidad humana,
su sabiduría, su sencillez, y su admirable vocación
de Pastores y guías.

Rvdo. Padre Dr. Miguel Manzanera y García SJ.
Director del ANE- PROVIDA, Capítulo Bolívia

Rvdo. Padre Lic. Renzo Sessolo Chies SDB
Director Gral. Del Apostolado de la Nueva
Evangelización ANE

Con especial cariño y respeto por su extraordinaria
paciencia para guiarme en este difícil camino.

A la memoria de:

Su Eminencia Rev. Augusto Cardenal Vargas
Alzamora
Arzobispo Primado de Perú

S. E. Mons. Nino Marzoli
Obispo Auxiliar de Santa Cruz de la Sierra,
Bolivia

A los Obispos, sacerdotes y a todas aquellas almas
consagradas, hombres y mujeres, que en algún
momento tuvieron una palabra de aliento para esta
pobre pecadora.
Pidiendo al Señor los premie a todos
abundantemente en el Cielo, donde, ansío llegar
contando con la intercesión de sus oraciones.
Catalina
11 de enero de 2004
Día del Bautismo del Señor



6
INTRODUCCIÓN

8 de diciembre de 2003
Día de la Inmaculada Concepción

e insta nuestro Señor a escribir este nuevo libro,
cuyo contenido está basado en todo lo que me
fue revelado durante casi dos meses y medio.
Por mucho tiempo no supe cuándo ni cómo debía
comenzar a escribir este testimonio; aunque estaba
segura de que lo haría en una fecha de gran
importancia para la historia de nuestra Salvación.
Y resultó ser justamente hoy, cuando la Iglesia
conmemora el día de la Inmaculada Concepción de
aquella Mujer, que con Su “Sí” hizo que se
cumpliera el mayor acto de Misericordia de Dios
para con los hombres: la venida de nuestro
Redentor al mundo.
Este pequeño libro contiene nuevas enseñanzas
acerca de las Palabras de Amor y Sabiduría, de
Abandono a la Voluntad del Padre en medio del
más atroz dolor, de Piedad y Misericordia hacia la
humanidad, de Valentía y de Donación al hombre.
Estas son las últimas horas de Jesús en la Cruz y
que hoy son recreadas, con el objeto de que medites
sobre ellas, que profundices y vivas junto a nuestro
Salvador los últimos momentos de Su vida como
Hombre, antes de retornar al Padre y enviarnos al
Espíritu Santo.
A Este Santo Espíritu de Dios encomiendo nos guíe
a través de estas páginas, suplicando Su asistencia
y consagrándole mi pobre trabajo, para que de
alguna manera pueda ayudar en la salvación de las
almas.
“Cuando llegué al Gólgota, Me encontré con que
acababan de crucificar a dos reos. Gritaban, se
retorcían y Me inspiraban lástima, a Mí que estaba
en peor condición física que ellos…”, me había
dicho el Señor al empezar mi meditación de aquel
Primer Viernes.
Pude ver cientos de personas, hombres que iban a
ser crucificados, caminando lenta pero
desesperadamente, gritando, blasfemando; con los
ojos llenos de terror y de odio, de deseos ciegos de
venganza. No iban todos juntos, me daba cuenta
de que eran escenas de distintos días y horas. Pero
había un común denominador en ellos: todos eran
condenados a la cruz, y casi todos decían las
mismas palabras y proferían similares insultos y
amenazas a quienes se habían convertido en sus
verdugos.
En más de tres ocasiones vi que se acercaba uno o
varios soldados a alguno de estos condenados y
sacando un cuchillo o espada le cortaba la lengua
para que se callase, y todo aquel camino hacia la
muerte, se hacía aún más horrible y doloroso.
Apareció ante mis ojos la escena del Viernes Santo.
Este condenado a muerte era distinto. Golpeado…
mil veces más herido que cualquier otro, coronado
con un casco lleno de espinas largas que habían
destrozado su piel, incrustándose en su carne; lleno
de sangre y polvo, afiebrado, temblando y con los
ojos muy irritados por el sudor y las heridas; pero
Su mirada estaba llena de paz, de piedad, de
tristeza, y en ciertos momentos hasta se percibía en
ella alegría, cuando volvía a Él la certeza de que ese
sufrimiento salvaría a la humanidad de la muerte
eterna.
Los otros insultan, maldicen, se retuercen. Él calla,
no sale una queja de su boca, tan solo bendiciones y
palabras de perdón. Contrariamente a lo que nos
dirían los valores de este mundo, podía verse
claramente que Él es el Gran ganador, el Vencedor
de la muerte; sus verdugos son los pobres
instrumentos del demonio, quien junto a Judas, es
el gran derrotado.

PARTE 1: PRIMERA
PALABRA

uando le arrancaron la ropa, todos esperaban
en absoluto silencio que Aquel Hombre se
rebelara o que pidiera perdón, misericordia ante
sus adversarios. Unos esperan eso, que Él se rebele
o suplique el perdón para aquella sentencia. Otros
esperan que, como Hijo de Dios que dice ser, le
suplique a Su Padre que haga llover fuego del
Cielo, para castigar a quienes lo maltrataron tanto.
Parece haberse detenido el tiempo para ellos, sin
embargo Este Hombre apenas mueve los labios:
silenciosamente, reza…
Pero hay cuatro personas que esperan otra cosa:
Juan, María Magdalena, María de Cleofás y la
Virgen María. Y me parece que Jesús también
espera algo distinto… También Él…
M
C
7
Esperan ver a aquellas personas que fueron
sanadas por esas Manos que ahora están siendo
traspasadas. ¿Dónde están aquellos que
escucharon Sus enseñanzas en el Monte de las
Bienaventuranzas? ¿Dónde, aquellos que recibieron
el perdón de Sus labios? ¿Dónde están los hombres
que convivieron con Él por casi tres años?... ¿Dónde
están los que Él había resucitado en el cuerpo y en
el alma?
Lo que veo me lastima y sé que estoy lagrimeando.
Entonces escuché la voz de Jesús, que habló y me
dijo que no había pensado únicamente en ellos,
sino en toda la humanidad; en todos nosotros, los
de ayer y de hoy, aquellos que, a pesar de haberlo
conocido y recibido tantos beneficios de Él, un día
habrían de darle la espalda: unos por cobardía, por
temor a la persecución, otros por miedo a las burlas
por aceptarse Cristianos, otros por comodidad,
otros porque creen que todo lo merecen y su
egoísmo no los lleva sino a pensar en sí mismos. La
mayoría, por indiferencia, por tibieza o por
incredulidad y falta de fe.
Entonces me repitió las Palabras del Evangelio:
“…y no tengas miedo, pues no hay nada oculto que
no llegue a descubrirse. Lo que te digo de noche,
dilo a la luz del día y lo que te digo al oído,
predícalo desde las azoteas…”
Por eso estoy aquí escribiendo, ayudada por Él,
para que no estés entre aquellos a quienes Jesús se
refiere con tanto dolor.
Habían terminado los soldados de colocar a Jesús
sobre la Cruz. Hasta unos minutos antes, sólo se
había escuchado el golpe de los clavos, primero
amortizado por Su Carne virginal y luego secos,
contra el madero. Él no contestaba, Él perdonaba,
Él rezaba y el silencio crecía en las gargantas
esperando las primeras palabras o los alaridos del
crucificado.
Cuando levantaron la Cruz en alto, el llanto de las
mujeres rompió el silencio y entonces comenzó
nuevamente el horror: los gritos, los insultos, las
burlas, los escupitajos, ¡El desafío a Dios, en ese
preciso instante en el que se enfrentan el odio y el
Amor, la soberbia y la Humildad, lo diabólico y lo
Divino, la rebelión y la Obediencia a la Voluntad de
Dios!
Jesús me miró, y fue como si Sus ojos claros me
levantaran, me despertaran de mis despojos para
sentir que me perdía en la profundidad de aquel
dolor… Comenzó a hablarme nuevamente, Sus
Palabras hacían eco en mi corazón, como si de
pronto se hiciera un enorme agujero. Tristemente
dijo:
“Fui sometido a un juicio en el que no tenían de qué
acusarme, puesto que nada malo había hecho.
Jamás hubo en Mi boca una mentira, y aún los
falsos testigos que fueron convocados ante ese
juicio infame, para hablar en contra de Mí,
carecían de toda coherencia en sus testimonios. Mi
único pecado y la causa de Mi condena a muerte
fue el afirmar algo que no podía haber negado ante
nadie, que era el Hijo de Dios.”
Calló y yo sentía que estaba quebrada ante aquel
tormento moral y físico. ¡Cuántas cosas pasaban
por mi mente en segundos! ¡Cuántos sentimientos
que tal vez nunca podré explicar!
Poco después Su voz, con un tono varonil y calmo,
con Palabras entrecortadas, despertó mi tiempo y
escuché lo que tal vez nadie de los que allí estaban
esperaba oír de labios de este condenado a muerte:

“Padre, perdónalos, porque
no saben lo que hacen…”
Todos quedaron mudos ante estas Palabras,
muchos de ellos estremecidos por el impacto,
acababan de reconocer ante Quién se encontraban.
¡Qué injusta ironía! Su sentencia fue por
proclamarse Hijo de Dios. Porque osó llamar a
Dios “Padre”, “Abba”, o amado Papá, “Papito”,
como muchos diríamos hoy. Por eso lo han
sentenciado… Y sin embargo está pidiendo a Su
Padre, que tenga Misericordia para Sus verdugos.
Está pidiendo que ese grave pecado no les sea
tenido en cuenta por Su Padre Dios. Y con este acto
está dejando el mejor ejemplo de todo lo que
transmitió en Sus años de predicación: Esta dando
testimonio vivo, en los hechos, de lo que nos
enseñó: Amar y pedir por los enemigos, por los que
nos hacen daño.
Las Palabras que un día se oyeron de Sus labios en
el Monte de las Bienaventuranzas, las estaba
convirtiendo en hechos ahora, en el Monte llamado
“Gólgota” o “de la Calavera…”
¡Cuánto había gozado satanás con la Pasión del
Hijo de Dios! Sin embargo, si antes lo había hecho
reír el dolor de Jesús, ahora con estas Palabras
aullaba de ira, corriendo a meterse en aquellos
8
monstruos que torturaban al Hijo del Hombre, a
Aquel Hombre, por Quien “el ángel malo” o
“diablo” fue echado del Cielo.
De este modo quería conseguir que la crueldad de
los verdugos aumentase contra Jesús, al punto de
desafiarlo y tentarlo a que se bajara de la Cruz. Ese
hubiera sido el triunfo del demonio: que Jesús
aceptara el desafío y con ello cayera en la tentación
de la desobediencia y la soberbia.
El enemigo de las almas se retuerce de rabia porque
se ha cumplido la sentencia: el Hijo de la Mujer
del Génesis, estaba pisando su cabeza contra el
suelo al ganarnos la entrada al Cielo y no con
espadas ni armas; no con tanques ni aviones de
guerra, como se ganan las batallas en la tierra para
justificar nuestras miserias, sino con un Hombre
destrozado en esa Cruz…
Ese Hombre que, así como perdonó a Pedro, a la
mujer adúltera, a la Magdalena y a tantos otros…
de la misma manera pide perdón humildemente al
Padre, para enseñarnos que la dulzura y el amor
pueden más que la soberbia, que las humillaciones
a los demás, que el látigo, la postura autosuficiente
y la prepotencia.
Para enseñarnos que al noble, al sabio y al Santo se
los reconoce por su sencillez y humildad y no por
sus gritos o posesiones terrenas; por su calidad al
aceptar el sufrimiento y no por hacer sufrir a los
demás.
No, no hay Misericordia para Él. Pero Él sí pide
Misericordia para ellos, para todos nosotros los
hombres y mujeres, desde Adán y Eva hasta el
último hombre que nacerá antes del fin del mundo.
Sabe que de este profundo dolor nacerá una Iglesia;
ese es el grande y sabroso fruto -consecuencia feliz
de la mezcla de agua y sangre que luego manará
del Costado abierto- fruto de Amor de quien está
dejando dos mandamientos en los que se resumen
los diez dados por Su Padre también en otro monte:
en el Sinaí a Moisés.
Si tú cumples esos dos mandamientos, se
derramará sobre ti todo un río de Misericordia y
serás salvado. Hay una sola condición para ganar
esa Misericordia: “AMAR A DIOS POR SOBRE TODAS
LAS COSAS Y AMAR A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO”.
Él no Ha venido a abolir las leyes de los Profetas,
sino a dar cumplimiento de ellas. Toda Su vida no
ha sido otra cosa que dar cumplimiento a las
profecías que sobre Él se dijeron en tiempos
anteriores. Desde Su concepción en el vientre puro
de una doncella…
A los seres humanos nos ha costado tanto aceptar
diez reglas a cambio de tanto Amor, de tantas
bendiciones, del don de la vida, de la libertad de
elección… que Dios mismo Ha decidido encarnarse
en un vientre humano para demostrarnos que sí se
pueden cumplir esos mandamientos.
Pero como nuestra miseria y egoísmo son tan
grandes, Ha dado un paso más a favor nuestro, Ha
decidido simplificarnos las cosas: nos dice
“Reconoce que tienes un solo Padre al que debes
amar por sobre todas tus comodidades, por sobre
todos tus seres queridos, por sobre todo el poder, el
honor y el placer que te pueda ofrecer el mundo, y
trata a los demás como si fueras tú mismo.”
“Ámalos con el mismo amor con que te amas, no
menos. Respeta a los hombres y mujeres con el
respeto y consideración que exiges de los demás. Sé
capaz de dar todo lo que pides para ti y no hagas
con los otros lo que no quisieras que hagan
contigo…” Así de simple, así de sencillo, para que
aún los niños y los que no son letrados, lo puedan
comprender.
Yo sé que a este punto de tu lectura, hermano,
sabrás que esto no va a ser fácil, no es empresa
pequeña el despojarse de todo en favor de los otros:
¡Es heroísmo! De eso se trata precisamente la
búsqueda de la santidad, y todo bautizado debe
buscar el ser santo.
Si has tenido el valor de aceptarlo, no permitas que
nada se interponga en tu camino. Vas a encontrarte
con momentos en los cuales muchas circunstancias
y demasiadas personas –queridas y no queridas,
conocidas y desconocidas; de tu mismo credo y de
otras religiones, de tu misma Patria y de otros
pueblos- intentarán detenerte. Este es el momento
en el que la virtud de la perseverancia es tan
necesaria.
¿Cómo lo harás...? Tienes la certeza de que Jesús te
ha dejado una Iglesia, para que te guíe cuando no
sepas por dónde ir, te levante cuando estés caído, te
perdone en Su Nombre; te acoja cuando busques
albergue para tu alma, te forme con Su Palabra y te
nutra con Su Cuerpo y con Su Sangre… Para que
puedas convertirte en una prolongación Suya, en
una diáfana manifestación de Su Presencia viva,
para que irradies esa claridad y resplandor que es
sello de quien es Testigo, de quien ha recibido los
destellos de Su Luz y de Su Amor.
9
No pueden salvarnos nuestros méritos, porque no
los tenemos ante la inmensidad de la Omnipotencia
Divina. No vamos a salvarnos porque fuimos
buenos padres, hermanos, hijos o amigos. Esa es
nuestra obligación. Seremos salvados porque Jesús
Fue, Es y Será el Amor y está a la espera de que así
lo aceptemos. Este Amor, con Sus infinitos méritos
Ha ganado el perdón para nosotros, lo Ha pedido a
Su Padre desde la Cruz.
Muchas veces es tan grande el reproche de nuestra
conciencia por un pecado cometido, o por toda una
vida de pecados, que no pensamos que Dios pueda
perdonarnos, que ya nos ganó el perdón, clavado
en la Cruz del Amor…
Jesús dijo que cuando pidamos el perdón de
nuestros pecados durante la oración del
Padrenuestro, recordemos que Él fue capaz de
pedir el perdón para nosotros porque jamás sintió
rencor contra nadie…
Sólo un alma sencilla y humilde es capaz de pedir
perdón por las ofensas de los enemigos. Eso
requiere de mucho valor y entrega, que es la
fórmula para despojarse de los bajos instintos que
buscan lo ordinario: la venganza, el hundir a los
otros para tratar de sobresalir o al menos salir a
flote uno mismo...
¡Ah, pero eso sí! Absolutamente todos, estamos
obligados a perdonar las ofensas que nos hacen, en
la medida en que queremos que Dios nos perdone.
Si decimos que “perdonamos pero que no
olvidamos”, estamos pidiendo al Padre que haga lo
mismo con nosotros. Si, por el contrario, de
corazón perdonamos las ofensas que nos hacen y al
rezar pedimos que Dios nos perdone, así como lo
hacemos, entonces sí estamos en condiciones de
suplicar que, al haber actuado con Misericordia,
Dios nos otorgue Su Misericordia.
Jesús dijo después: “En Mi Corazón atormentado
por el sufrimiento, hubo un sentimiento de piedad
por otro ser que sufría cerca Mío: el hombre que
estaba crucificado a Mi derecha, Dimas, llamado
‘el Buen Ladrón’. Me contemplaba con piedad, él
que estaba también sufriendo.”
“Con una mirada aumenté el amor en ese corazón,
pecador, sí, pero capaz de sentir piedad por otro
hombre. Ese malhechor, ese bandido que pendía de
una cruz fue otra Magdalena, otro Mateo, otro
Zaqueo… otro pecador que Me reconocía como al
Hijo de Dios… y por eso quise que Me acompañara
en el Paraíso aquella misma tarde, para estar
Conmigo cuando Yo abriera las puertas del Cielo
para dar entrada a los justos.”
“Esa era Mi Misión y esa es la misión de ustedes:
abrir las puertas del Cielo para los pecadores, para
los arrepentidos; para los hombres y mujeres que
son capaces de pedir perdón, de poner su esperanza
en la existencia de la vida eterna y colocarla junto
a Mi Cruz…”
“Dimas, el Buen Ladrón a Mi derecha y Gestas, ‘el
Mal Ladrón’ a la izquierda. El de la izquierda
lleno de odio, el de la derecha, cambiado en un
instante, al escucharme decir aquellas Palabras:
‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen’.”
“Ese hombre, ante Mi Presencia serena, sufriente sí,
pero no desesperada -la Presencia del portador de
la Paz- sintió quebrarse muchas cosas dentro de él.
Ya no quedaba lugar para el odio, no había lugar
para el pecado, para la violencia, para la
amargura.”
“Sólo un corazón bueno es capaz de reconocer lo
que viene del Cielo y Dimas lo estaba reconociendo
ante sí. Yo pedía perdón para quienes Me estaban
crucificando, estaba clamando Misericordia para
los pecadores como él y su pequeña alma se abrió
para aceptar esa Misericordia.”
“Por eso, cuando oye decir a Gestas, el Mal Ladrón
burlándose de Mí, que si Yo era el Hijo de Dios Me
salvara y los salvara también a ellos, Dimas siente
temor de Dios, sabe que la vida de ellos ha sido
miserable, tan sucia que tal vez merecían un
sufrimiento mayor del que estaban pasando.”
“Ese temor, ese reconocimiento de la Luz que
brillaba frente a él, lo hace contestar: ‘¿Es que no
temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y
nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido
con nuestros hechos; en cambio éste, nada malo ha
hecho’.”
En este punto, el Señor me permitió presenciar la
mirada que Él cruzó con el Buen Ladrón. Una
mirada de gratitud, una mirada de perdón, la
mirada de un padre que se siente complacido con
la respuesta de su hijo.
Hay una nueva escena ante mis ojos, y comprendo
que Jesús me permite ver lo que estaba recordando,
lo que había sucedido no mucho tiempo atrás,
cuando Él comenzó a convivir con Sus discípulos…
Veo a Jesús eligiendo a Sus seguidores. Uno a uno,
los mira, profundamente, amorosa pero
firmemente, con mansa autoridad, aquella
autoridad que no es prepotencia, sino el fruto de
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una convicción ante la que nadie puede negarse, y
los invita a seguirlo.
De aquellos días, dijo Jesús: “Quise que fuesen Mis
discípulos, Mis hermanos, Mis amigos. Es uno
mismo quien elige a sus amigos y Yo elegí a los
Míos… ¡En cuántas oportunidades tuve que poner
paz entre ellos para enseñarles el valor de la
amistad! Aún hoy trato de enseñarles a los
hombres el sentido comunitario y agápico de esta
relación: amistad Conmigo y con los demás.”
“Los amaba, no sólo como Dios, sino también
como Hombre. Podía conversar con ellos, podía
jugar con ellos, y de hecho, lo hice… Cuando
bajábamos a bañarnos en el río, jugábamos
echándonos agua, como niños. Tirábamos piedras,
como en un concurso y festejábamos con aplausos
y risas las piedrecillas que más velozmente y más
lejos saltaban.”
“Trepábamos a los árboles, como lo hace cualquier
joven. Hacíamos carreras, subíamos a los montes
para orar o para comer nuestra pequeña merienda.
Compartíamos anécdotas y risas, como todos los
hombres lo hacen cuando viven en comunidad, pero
siempre concluíamos esos encuentros con una
oración de gratitud al Padre, por permitirnos vivir
aquellos momentos.”
“Tampoco fueron pocos los días en que no
teníamos tiempo ni siquiera para comer, pero
siempre procuré hacer las tareas de ellos para que
apreciaran el ejemplo. Mi alimento era hacer la
Voluntad de Mi Padre, ese era Mi objetivo, Mi
descanso, Mi felicidad...”
“Podía instruirlos y escuchar sus inquietudes, sus
secretos, y aunque veía en el fondo de ellos, Me
sentía feliz de que quisieran hacerme partícipe de
su intimidad. A Mi vez, les di tanto amor,
paciencia, instrucción, abrazos… Todo lo que
puede darse a un amigo… Pero, no era suficiente,
debía dar la vida por ellos y no dudé en hacerlo.”
“Por eso estoy clavado agonizando en esta Cruz,
por ellos, por todos ustedes…”
¡Dios mío, cuánto dolor y cuánto Amor!
Vi resbalar dos lágrimas de los grandes ojos de
Jesús y hubiera dado la vida por secarlas con mis
labios. ¡Tan dolorosas y llenas de Amor! Entonces
comprendí que nadie merece las consideraciones
de Jesús. No las merecieron Sus discípulos y
amigos entonces, no las merecemos nosotros hoy.
PARTE 2: SEGUNDA
PALABRA
esús estaba solo y en ese momento encontraba en
Dimas todo el amor que habría querido encontrar
en Sus Apóstoles. Aquel hombre hasta se había
atrevido a defenderlo, mientras los otros, los que Él
amaba, excepto Juan, cobardemente habían huido
para no comprometerse y caer junto a Él.
Tal parecía que los suyos, en más de 2 años no
habían sido capaces de creer verdaderamente en
Sus Palabras, de lo contrario estarían allá, junto a
Él.
Este hombre, Dimas, en unos minutos había creído
en Su parte Divina, con oír de sus labios unas
palabras, una súplica al Padre; había descubierto la
Verdad y el Camino hacia la Vida…
Estaba viendo a Jesús agonizar, con la Paz de los
que no tienen nada qué temer, con la Esperanza de
los que saben que hay algo en qué esperar. Dimas
quiso creer en ese “algo” porque estaba frente a la
Esperanza misma.
Con mucho cansancio por el esfuerzo y por el
dolor, pero con la emoción de haber visto la Luz,
pronunció las palabras que lo llevarían a la
santidad: “¡Jesús, acuérdate de mí cuando estés en
Tu Reino…!”
Esas palabras equivalen a las que hoy decimos en el
confesionario “Padre, perdóneme, porque he
pecado”.
La noche anterior, mientras Jesús sufría el principio
de Su Pasión para salvar a pecadores como cada
uno de nosotros y como Dimas, el “buen ladrón”
no sospechaba siquiera que saldría de su prisión
insultado, escupido, repudiado, en calidad de “un
maldito más”, para encontrarse con la Fuente del
Amor Misericordioso. Ignoraba que al atardecer
llegaría al Palacio del Rey de Reyes, del brazo del
Príncipe de la Paz.
Y Jesús miró en ese malhechor al amigo. Porque
amigo es aquel que confía en uno, que le entrega su
confianza sin temores. Amigo es aquel que se
apiada de ti en tus momentos de sufrimiento, no
aquel que añade sal a tus heridas…
Amigo es el que quiere permanecer a tu lado y
llegar contigo hasta el final, sin escuchar los gritos
de los condenados, de los que acusan, injurian,
J
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insultan y quieren verte morir de la forma más
terrible, porque su corazón está lleno de crueldad.
Esa mirada de Jesús reemplazó el abrazo que
ansiaba darle, así como hoy abraza a todo aquel
que le confía y consagra su alma. En medio de Sus
lágrimas y espasmos, sonrió y con una voz llena de
ternura prometió:

“En verdad te aseguro que hoy
mismo estarás Conmigo
en el Paraíso”
Una vez más, Jesús tendiendo Sus brazos amantes
al pecador; ensalzando aún por encima de los
justos al que se arrepiente y humilla.
En efecto, no va a ser el más santo de los que hasta
ese día murieron quien entre primero en la Gloria.
Ni siquiera van a ser los Profetas y Mártires
quienes ocasionen la “fiesta en el Cielo.” Es un
ladrón, un asesino tal vez, un hombre repudiado
por la sociedad… el primer Santo canonizado en
vida y por el mismo Jesús: “San Dimas”.
Dicen que los polos opuestos se atraen: La pobreza
cautiva al Señor, la miseria lo atrae, el pecador es
Su gran desafío. Por eso se abajó hasta nuestra
condición humana, para que unidos a Él nos
liberásemos de toda atadura. Por eso, nuevamente
se encuentran las dos orillas: de un lado las manos
vacías del hombre y del otro, el Amor Infinito de
Dios. Dos orillas tan sólo unidas por dos
sentimientos, por dos actitudes: la humildad y la
Misericordia, que juntas construyen siempre el
puente de la salvación.
¡Dichoso tú, Dimas, que fuiste merecedor de la
primera gota salvífica de la Sangre del Redentor,
tan sólo por la fuerza de tu Fe y Su infinita
Misericordia! Feliz tú, hermano mío, que no
ocasionaste a Jesús la decepción que le
proporcionan hoy muchos de aquellos que
deberían reconocer Su voz y amarlo más.
Bienaventurado tú, Buen Ladrón, que fuiste capaz
de olvidar tus sufrimientos, para compadecerte de
otros.
Por eso mereciste la Gracia de que Dios mismo te
diera la absolución, transformando tu pecado en
hoguera resplandeciente del Amor Divino: porque
fuiste valiente aún para dar una enseñanza a tu
compañero Gestas y por tanto, desde tu cruz,
estabas evangelizando, a ejemplo de Aquel a quien
acababas de conocer.
Así pues Dimas estaba dando a su compañero, todo
su patrimonio a la hora de la muerte; le ofrecía todo
cuanto poseía: fe, una fe nueva pero firme; la
esperanza en la Misericordia del Señor para
obtener la vida eterna y la caridad, al invitarle a
compadecerse con el Sufriente.
Ahora me pregunto y pregunto a todos mis
hermanos: ¿Y nosotros, qué somos capaces de dar
por este Amor que se entrega para salvarnos? ¿Tal
vez lo que nos sobra...?
Y nos sentimos “generosos” cuando damos algunos
alimentos o vestuario u otro tipo de ayuda material
a quienes más la necesitan, pero... ¿Cuántas veces
estamos conscientes de que es obligación nuestra el
dar a nuestros hermanos algo más que pan y ropa?
No me cabe la menor duda, estas cosas son
necesarias y mucho más en tiempos de carestía, de
hambre o de dificultades, pero tendremos que tener
presente que “no sólo de pan vive el hombre…”
Y si estamos conscientes de que las riquezas
materiales, o el tener mucho qué comer y beber, no
producen la felicidad verdadera en el hombre; que
existe una permanente insatisfacción en los que
viven en la lujuria, en la avaricia y otras
concupiscencias de la carne...
Si aprendimos que la fama y los honores no nos
conducirán a la verdadera felicidad, porque son
glorias efímeras, transitorias...
Si comprobamos que no es imprescindible ni la
salud del cuerpo, ni la risa grosera y el bullicio, ni
las amistades únicamente mundanas, para vivir
feliz de verdad….
¿Por qué no estamos llevando a Dios a nuestros
hermanos, por qué no les estamos llevando Su
Palabra, el Amor que hemos conocido, la Fe que
nos hace testigos? ¡No nos damos cuenta de la
gravedad de nuestra omisión!
Dios ama a quien da con alegría. Dios cubre
nuestras necesidades. Cuando damos con
felicidad, con alegría, nuestra fe y nuestro amor,
entonces estamos llenos, como un granero inmenso
del cual otros podrán venir a recoger buen grano
para llevarlo, a su vez, a los más necesitados.
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Durante uno de los encuentros que tuvimos en
estos días, al llegar a este punto Jesús me dijo: “El
núcleo de Mi Mensaje fue esa felicidad de la que Yo
gozaba y que era fruto del Amor y la entrega a Mi
Padre y a ustedes, los hombres. Todo lo que dije e
hice, fue para que de Mi profunda alegría se
contagiasen también los demás; para que el gozo de
Mis discípulos fuese verdadero y llegase también a
su plenitud, como el Mío.”
“Hija Mía –continuó el Señor- esta dura lucha que
Estoy viviendo, con la carne lastimada que clama
sus derechos, con las tinieblas que se ciernen a Mi
alrededor y lejos de aquellos por quienes doy la
vida, hacen que sienta una angustia de muerte,
llevando en Mi Ser todo el Amor que siento por las
criaturas que esperan redención. La angustia y la
pena añaden dolor a Mi Cuerpo, cada vez más
debilitado por toda esta sangre que se escurre por
Mi piel a consecuencia de esta durísima prueba.”
“Felices de ustedes, los que aceptan compartir Mis
dolores y Mis amores; dichosos quienes aceptan
voluntariamente esta comunión con Mis
sentimientos más hondos, este compenetrarse con
Mis deseos de entrega más profundos; este vivir Mi
misma condición de crucificado en la
extraordinaria lección que no se acaba nunca.”
PARTE 3: TERCERA
PALABRA
i Señor levantó un poco la cabeza como
queriendo liberar Sus ojos de la sangre que
entraba en ellos, para mirar una vez más a esos dos
seres que tanto había amado y que ahora se
quedaban como testimonio Suyo: Su Madre y Juan,
el hermano, el amigo, el hijo... quien, tal vez por ser
el más joven y el más puro entre los Apóstoles, se
identificaba mejor con Jesús.
Precisamente Juan, después escribiría el Evangelio
del Amor de Dios y hablaría de María, la Mujer del
Génesis: la Madre del Hijo de Dios, la “Llena de
Gracia”, la perfecta colaboradora, discípula y a la
vez educadora de Jesús. María, nuestra amorosa y
dulce Madre.
Jesús me dijo en ese instante: “Cuando hablé en la
montaña aquel día sobre las Bienaventuranzas,
tenía a Mi Madre frente a Mí, escuchando atenta,
aprendiendo… -Felices los pobres en el espíritu…
Felices los puros de corazón… Felices los humildes
y sencillos… Felices los que sufren y lloran…
Felices los que son odiados y perseguidos por mi
causa…- Y pensaba en todos los hombres que
serían llamados Bienaventurados o Felices,
tomando como modelo a María.”
En ese momento, Ella se acercó más hacia la Cruz
donde estaba clavado ese Cuerpo que era carne de
Su carne. Sabiendo que quedaba poco tiempo,
María le dice interiormente: “¡Hijo Mío y Señor
Mío, llévame Contigo…!”
Jesús la miró con una ternura y un dolor inefables.
Ahí estaba Ella, la Mujer del Génesis, la Mujer de
las Bodas de Caná, la Mujer del Apocalipsis; la
Mujer que había sido destinada, elegida, formada
para ser Su Madre en la tierra...
Esa mirada de Jesús reclama de todos un respeto
profundo y verdadera piedad por quien ahora está
viviendo los dolores profetizados por Simeón en el
Templo el día de Su Presentación... ¡Una espada
está atravesando su alma!
Después de haber tenido la visión de ese momento,
el Señor me dijo: “Mi Madre estuvo siempre
destinada a ser la Mujer que con Sus sufrimientos
Me ayudaría en la redención de los hombres...
Deben saber que aquel día, en la Boda de Caná,
cuando le dije que no había llegado aún Mi hora,
me refería precisamente a este momento: la hora en
la que Me marcharía para que Ella continuase Mi
Obra en la Iglesia que nacería de Mi Costado.”
“Quiso el Padre convertirla en Madre del “Fruto”
de Su Amor, Yo quise convertirla en Madre del
Fruto de Mi Pasión y Mi Cruz: Mi Iglesia. Madre
de la Iglesia y Madre de los que creen en Mi
Nombre y se hacen Hijos de Dios.”
“Esta Mujer, que habiendo dicho Sí a la Voluntad
del Padre cuando le fue anunciada Mi Encarnación,
que toda Su vida no fue otra cosa que un ‘Sí’ al
Divino Querer, va a convertirse ahora en la
primera cosechadora del fruto del grano de trigo
muerto. Y para ello tendrá que ser igual a Mí en
Misericordia para con el mundo.”
“Ya lo ves, pequeña nada, ahora contemplando este
momento puedes comprender con mayor facilidad
por qué el sufrimiento humano tiene sentido
cuando es sobrellevado por amor, queriendo dar
cumplimiento a la Voluntad Divina; y es que el
mayor dolor, por intenso que sea, no mengua la
felicidad en el corazón de alguien que se dulcifica
con el mayor Amor.”
M
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“La verdadera felicidad radica en el amor a Dios y
como consecuencia a los hombres. Un amor que es
donación generosa, capaz de dar la misma vida por
agradar al Padre.”
“Ha llegado Su hora y Mi hora: Yo vuelvo al Padre,
pero Ella deberá quedarse y suplicar como Yo
suplicaba para que no se pierdan los Míos. Debía
decirle, debía recordarle que era la Mujer del
Génesis, que si bien Nuestros Corazones se estaban
desgarrando de dolor, Yo debía marcharme y Ella
quedarse para que se cumpla la sentencia de Dios:
“Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu
linaje y su linaje; él te pisará la cabeza mientras
acechas tú su calcañar.” (Gen 3,15)
“Di a todos Mis hijos que postren su corazón ante
esta meditación, porque es uno de los momentos
más culminantes en la historia de la salvación del
hombre. Voy a encomendar la humanidad a la
queserá ‘Medianera’ entre el hombre y Yo.”
“Ha llegado la hora del Génesis, la hora de
completar el milagro iniciado en Caná. Es el
momento en el que debo pedirle que adopte a Juan y
en él, que adopte por hijos Suyos a todos los hijos
de Dios, a todos Mis hermanos. Mi camino se
transformó en Su camino, y deberá beber hasta la
última gota del cáliz amargo del sufrimiento: Está
entregando a Su Hijo por cumplir la Voluntad
Divina y deberá convertirse en Madre de la
humanidad; pero luego la humanidad, representada
en Mi Iglesia, repetirá Sus laudes y Su gloria
resplandecerá cuando el Universo se incline ante la
Reina de todas las virtudes.”
“Es preciso que nuevamente Su Corazón
Inmaculado se abra a la Voluntad Divina y Su
obediente Amor sea más fuerte que Su humilde
Dolor… Ella debe recordar que es la Mujer de ayer,
de hoy y de mañana: Antiguo Testamento,
Evangelio y Apocalipsis…”
“Es preciso que Ella tenga un nuevo parto:”

“Mujer, ahí tienes a tu hijo…
Hijo, ahí tienes a tu Madre…”
Nuevamente la Virgen Ha obedecido, Juan se
arroja en Sus brazos llorando y Ella, muy agotada
por la tristeza, pero digna, Señora como siempre,
majestuosa en su sencillez, que no necesita de
artificios para mostrar su hermosura… serena y
dulcemente abraza a Juan.
Sabe que el parto llegó nuevamente para Ella. Sabe
que este parto es muchísimo más doloroso que el
otro. En el primero, se le encomendaba al Hijo de
Dios, al Santo, a un niño puro como Ella que le
traería alegría, sabiduría, risas y bendiciones en
cada uno de Sus besos.
En este otro parto se convertirá en Madre de la
humanidad entera y muchísimos no sólo no
querrán reconocerla, sino que la ofenderán. Otros,
por atacar a la Iglesia de Su Hijo, la llamarán
“demonio”, cuando Ella venga una y otra vez a la
tierra en busca de las ovejas perdidas que ama el
Pastor.
En el primer parto, Sus brazos acunaron una
hermosa criatura que en Su carne fresca, tierna,
recibía los besos dichosos de una joven Mamá.
Ahora Sus brazos recibirán a Su Hijo muerto,
torturado y ensangrentado por salvar a hombres
miserables, que por culpa de sus pecados lo dejan
así, irreconocible, como un día había sido
profetizado por Isaías.
Sabiendo todo esto y viendo a Su Hijo en ese
estado, moribundo, oyéndolo… obedece y
consiente en adoptar como hijos suyos a todos los
hombres, también a los malhechores, a las
prostitutas, a los ateos, a los asesinos, a los
ladrones, a los mentirosos, a los que sucesivamente
y por todo el tiempo que dure la vida en la tierra,
irán ofendiendo, combatiendo y negando a Dios.
Nos recibe a los de ese y a los de este tiempo, y con
ello viene el parto: Acaba de dar a luz a la Iglesia
de Su Hijo. Así como un día el Espíritu Santo
depositó en Sus purísimas entrañas al Verbo para
traer la salvación al mundo, hoy el Hijo deposita
en Su Corazón Inmaculado a la humanidad, para
que en Ese Recinto sagrado pueda hallar refugio
el pecador que quiere salvarse.
No, no es fácil lo que le encarga el Señor y Ella lo
sabe porque Dios la colmó de dones; pero además,
le regaló el Don de ser la “Omnipotencia
Suplicante”. Ese don que consiste en la súplica
permanente fue, y aún es hoy, la llave secreta para
abrir el Corazón de Jesús.
El Señor me dijo: “Ella sabía que tendría que
suplicar por cada uno de ustedes y deberían
aprender de María… De niño Yo seguía Sus pasos,
para que después Ella siguiera los Míos. Fue tan
íntima Nuestra unión, tan perfecta, que sentía
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todos Mis sentimientos y conocía todos Mis
pensamientos, porque en Mi Santo Espíritu, del
cual estaba llena, todo le era conocido. Así es
como Ella estaba en Dios y Dios estaba en Ella.
Por eso Su vida era silenciosa y orante.”
“El hombre de hoy, cuando encuentra dificultades
en la vida, reflexiona, vacila o discute, en lugar de
rogar. Muchas veces el demasiado reflexionar
sobre los problemas es una huída a lo imaginario,
mientras que la verdadera oración es siempre el
retorno a lo real.”
“Cuando Mi Madre se encontraba en una situación
difícil, no se ponía a reflexionar y a planificar, sino
que oraba. Por eso podía donarse en una forma
total, porque súplica y donación están
íntimamente unidas.”
“La súplica de María tiene el valor del regalo que
Dios espera de ella: es el mayor regalo, la manera
más perfecta de darse. La súplica no es verdadera,
no es pura, deja de ser cristiana, si no es una
manera de darse.”
Contemplo nuevamente a Jesús y me viene a la
memoria el Salmo 22, 16-17, que dice: “Seco está
como un tejón mi paladar, mi lengua está pegada a las
fauces, y me has echado al polvo de la muerte. Me
rodean como perros, me cerca una turba de malvados,
han taladrado mis manos y mis pies…”
Qué madre, frente a algo tan atroz como el ver a Su
Hijo crucificado, habría podido soportar tal
sufrimiento? Contemplé a la Virgen y sentí tanta
piedad que el amor por Ella iba creciendo en
intensidad, en respeto, en admiración. Pensé que
Su espíritu, a pesar de tanto dolor, albergaría la
esperanza en la Omnipotencia Divina, pero Su
humanidad sufría profundamente esa enorme
prueba.
Recordé una meditación del Vía Crucis que recita
una parte del Cantar de los Cantares: “Buscaba al
amor de mi alma, lo busqué y no lo encontré. Me levanté
y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando al
amor de mi alma. Lo busqué y no lo encontré... Me
encontraron los centinelas, que andaban de ronda por la
ciudad. ¿Han visto a mi amado? Apenas los había
dejado cuando encontré al amor de mi alma.”
Recordé también al Profeta Jeremías que dice: “...
Ustedes que pasan por el camino, miren, fíjense bien si
hay dolor semejante al dolor con el que el Señor me ha
herido...”
Años atrás Jesús, al revelarme lo que sucede
durante la Celebración de la Eucaristía, había dicho
que ninguna Madre alimentó nunca a su hijo con su
carne y que El sí había llegado hasta ese extremo
del Amor dándonos como alimento Su Cuerpo y Su
Sangre.
Ahora, al contemplar ese Cuerpo del cual colgaban
lonjas de piel y carne, apreciaba exactamente lo que
quiso decirnos, y mi corazón se sintió tan culpable,
que pedía dejar de latir en ese momento para no
sufrir lo que estaba yo sufriendo. ¡Imaginemos lo
que estaría sintiendo en ese momento la Santísima
Virgen!
Hoy, cuando comprobamos cuánto se ha
degradado la mujer, pisoteando su pudor, para
entregarse desvergonzadamente a la mirada sucia
de tantos hombres...
Cuando vemos a todas esas jóvenes que se
vanaglorian de exhibirse en fotografías desnudas
porque están orgullosas de que sus cuerpos, a veces
perfectos en belleza, hayan sido elegidos para
mostrarse cual barata mercancía, o como si fuera
carne fresca colgada de ganchos en los mercados…
¿Es que no se nos ocurre pensar, ni queremos
creerlo, que ese cuerpo es TEMPLO Y MORADA DEL
ESPÍRITU SANTO...?
Nuestro amor debería admirar más la pureza de
María. No debería ser tal o cual modelo la que
inspire a nuestras hijas, porque la carne es carroña
que se pudre y la belleza más grande se envejece
para acabar convertida en polvo.
Todas las mujeres deberíamos tener como modelo a
María, imitar Su pureza, Sus delicados y auténticos
movimientos realizados siempre con aquella
femineidad y sobriedad que da mayor Gloria a la
Creación de Dios y no entristece al Espíritu Santo.
Y es que lamentablemente muchas mujeres, al
convertirse en entes que se mueven por el mero
instinto y el puro afán de seducción, con ademanes
que de tan exagerados resultan groseros, terminan
por atentar contra la misma estética que
supuestamente buscan.
No podemos convertirnos en piedras de tropiezo,
pues un día deberemos rendir cuentas a Dios por
cada uno de los hombres que a causa de nuestro
impudor pecaron, ya que no es tan culpable aquel
que peca mirando como aquella que se descubre
incitando al pecado.
Que Dios se apiade de nosotras, las mujeres que no
tuvimos el interés de reconocer a María, la Llena de
Gracia, como un posible modelo a imitar.
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“¡Oh!, ustedes, por quienes He dado Mi vida,
Tienen ahora una Madre a la que pueden recurrir en
todas sus necesidades. Los He unido a todos con
los más estrechos lazos, al darles a Mi propia
Madre.”

PARTE 4: CUARTA
PALABRA
a enseñanza de Jesús en este momento consistía
en mostrarme Su Rostro y dejarme ver que
estaba muy pálido, detrás de ese baño de Sangre.
En ese momento el cielo empezó a oscurecerse,
hasta ponerse casi como si fuera de noche, era
como si hubiera un eclipse.
Los oscuros nubarrones presagiaban tormenta,
decenas de relámpagos zigzagueaban en el
horizonte y truenos muy fuertes retumbaban
haciendo temblar la tierra.
De pronto aparecieron centenares de Ángeles
alrededor de toda la escena. En un movimiento
conjunto, perfectamente sincronizado, todos ellos
se postraron para adorar a Jesús, con las manos
juntas y en silencio, mientras sus brillantes rostros
reflejaban una profunda tristeza. Él Tenía la lengua
y los labios muy secos, pastosos. Nuevamente Su
voz adquirió un matiz cansado, como si le costara
hablarme, y me dijo: “Contempla esta escena,
querida Mía y aprende que los Míos no pueden
marchar sin cruz por la vida.”
“Ve y dile al mundo lo que estás aprendiendo, y si
quieren callarte, grita más fuerte todavía, por la
fuerza del amor que te une a Mí, como unidos están
estos dos maderos para formar un instrumento de
salvación para el género humano.”
“Di a las almas consagradas, que la cruz que
llevan, no es únicamente para que adorne su pecho
o los identifique superficialmente Conmigo.
Primero deben revestirse de ella, aprender a
‘acomodarse’ en ella, en lugar de huir de ella. Diles
que no pueden ambicionar el Tabor si no han
pasado antes por el Gólgota; que aquí, en la Cruz,
es donde aprenderán la caridad, la humildad, la
pobreza de espíritu, la templanza en todos los
actos de su vida.”
“Asegúrales que Yo doy prueba y testimonio de
que, desde la experiencia de la cruz, se puede vencer
fácilmente al demonio. Contémplame: Soy
verdadero Hombre, en el cual la carne manifiesta
sus limitaciones, y verdadero Dios al demostrarles
la fuerza implacable del Amor agápico.”
“Oren por aquellos que no conocen de sufrimientos,
porque de cierto, no están entre los Míos…
Observa a estos dos condenados que Me flanquean
y medita acerca de las formas en que los hombres
llevan sus cruces.”
“Unos la llevan con rabia, con rencor, en medio de
mucho pesar. Quien carga una cruz en semejantes
circunstancias y con esos sentimientos, de hecho
carga una cruz que no tiene sentido, puesto que en
lugar de acercarlo, lo aleja de Mí. Por lo general
esa es la cruz de aquellos que se niegan a
comprender el sentido del sufrimiento que adquiere
dimensiones sobrenaturales. Esa es la cruz que
tiene el ladrón de Mi izquierda: es la cruz que
siempre será pesada y que nunca podrá redimir.”
“Dimas, a Mi derecha, acepta su cruz con
resignación, y hasta con dignidad, asumiéndola
primero, porque no le queda más remedio. Pero de
pronto, cuando Me reconoce y sabe que Soy el Hijo
de Dios, acepta esa cruz reconociéndose pecador y
pidiendo que a través de ella, la Misericordia se
acuerde de Él.”
“Finalmente, Me tienes a Mí aquí, frente a ti.
Abrazado a Mi Cruz redentora, para enseñarles a
cargar la suya. Los invito a ser corredentores
Conmigo, reparando sus propios pecados y los de
todos los hombres. Sepan que esta forma de cargar
la cruz se refleja en su conducta, cuando frente a
ustedes tienen contrariedades y dolores y a través
de ellos se acercan a Mí, y sacan utilidad de ellos
para testimoniar ante los hombres; cuando
abrazan su cruz y desde allá pueden sentir que lo
único que desean es fortaleza, porque la sed de
almas los abrasa a ustedes.”


“Tengo Sed…”

“Sí, tenía la boca y la lengua secas, estaba
deshidratado y la fiebre Me quemaba, por eso
tomaron una lanza y con un estropajo, pusieron en
Mis labios hiel y vinagre, para burlarse aún más
cuando se Me ampollase la boca.”
“Cuando dije tengo sed, aún tenía la vista fija en
Mi Madre, en Juan y un poco más allá, en la mujer
pecadora que ante semejante visión, ni siquiera se
sentía digna de acercarse para tocarme
compadecida. Tal era el sentimiento de culpa que
L
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la embargaba, que se limitaba a llorar mirándome
con impotencia. ¡Bendita Magdalena, que
permaneciste al pie de Mi Cruz dejando que tus
lágrimas se mezclaran con la Sangre redentora que
iba cayendo en tierra!”
“Por tu amor y tu dolor fuiste redimida y premiada
con Mi primera aparición ante los hombres. Por
haber amado tanto, tus pecados fueron lavados y
quiso el Padre premiar tu conversión y tu
sacrificio, colocándote en los Altares junto a Mi
Madre y a Juan, para que todos los que se creían
“justos y sabios” se inclinasen luego ante la que
condenaban, y así se cumpla el Magnificat de
María al decir que Dios “enaltece a los humildes” y
que a los “hambrientos los colma de bienes”.
Entonces Jesús empezó a explicarme los motivos y
los sentimientos que lo inundaban cuando dijo:
“Tengo sed”, y todo va muchísimo más allá de lo
que uno puede imaginar. Jesús no dijo: “agua”, que
hubiera sido lo más fácil y práctico, si de verdad
hubiese querido beber. De hecho, Él ni siquiera
pensó en agua, porque estaba diciéndonos que
tenía sed de nosotros, sed de almas, sed de que
entendiéramos todos, el infinito valor de aquello
que estaba sucediendo.
Quien ha sentido alguna vez verdadera sed... sed
de ingerir líquido, sabe lo que eso significa... Invito
al lector a que lo pruebe alguna vez, con la
prudencia necesaria y ofreciéndoselo al Señor…
Dentro de las necesidades humanas, quizás la sed
sea la más apremiante, y mucho más aún en
situaciones de fatiga extrema... Pienso que fue
precisamente por eso que el Señor lo dijo... Quien
tiene sed no puede esperar para satisfacerla, es un
ansia que devora...
Jesús tenía sed de vernos unidos en torno a Sus
enseñanzas, tenía sed de ver una Iglesia unida y no
dividida, “porque en este grupo hay mejores cantos
o los predicadores hablan más bonito y en un
lenguaje más moderno que los otros...”; “porque
estos trabajan con ese padrecito y esos otros con
aquel...”; “porque este grupo es muy pietista, en
cambio el otro se identifica más con los pobres...”;
“porque aquí no se me da el espacio que merezco y
allá sí...”
Tenía sed de ver a todos los que proclamamos a
Cristo como Salvador nuevo, unidos por el amor y
no separados por los intereses mezquinos, egoístas,
y materiales. Quería que aquellas
Bienaventuranzas proclamadas con toda la fuerza y
la dulzura de Su Corazón un día, como el único
camino de salvación para los hombres, hicieran
carne en los nuestros. Tenía sed, en fin, de vernos
ayudándonos, de hombre a hombre, de comunidad
a comunidad, de parroquia a parroquia, de
apostolado a apostolado, no compitiendo ni
destruyéndonos como si fuésemos enemigos
políticos que van en busca de un botín.
Tenía sed de ver a Sus Obispos y sacerdotes
uniendo, edificando, derramando Misericordia,
ayudando, apoyando, aconsejando, alentando a los
pecadores laicos, que muchas veces no sabemos
por dónde empezar a trabajar, porque nos ponen
cargas que muchos de ellos no pueden levantar,
con todo el camino que llevan recorrido,
supuestamente tratando de crecer en la Fe.
“Quería gritarle al hombre que venga tal como es y
que beba de Mi sed, de esa corriente de dolor que
nacía del Amor mismo. Tenía sed de ver que todos
los niños tuvieran un hogar feliz, no un padre o una
madre alcohólica. Tenía sed de ver niños
mentalmente sanos, sin traumas por haber visto
violada su intimidad y su inocencia. Tenía sed de
ver a esos pequeños que amaba tanto, con deseos de
construir un mundo mejor, y conociendo los
valores evangélicos.”
Jesús tenía sed de los jóvenes que habrían de
entregarle su vida renunciando al mundo, y de
aquellos que estando en el mundo proclamarían la
Buena Nueva, desde el lugar que libremente
hubieran elegido.
Cristo tenía sed de mujeres que, tomando como
ejemplo a otras santas mujeres, edificásemos –
comenzando por la Iglesia doméstica- una sociedad
más justa y con valores morales; enseñando a
nuestros hijos y a los ajenos a tener a Dios como
principio y fin de nuestro paso por la tierra.
Jesús tenía sed de almas, de todas las almas por las
cuales estaba derramando hasta la última gota de
Su Sangre. Desde lo alto de la Cruz, miraba tus
pecados y los míos y gritaba a la humanidad:
“Tengo sed de esta alma…” “Esta es el alma por la
que estoy sufriendo tanto, tengo sed, tengo hambre,
tengo necesidad de ella para poder aplacar este
calor que Me ocasiona la fiebre de las heridas, que
al infectarse han lesionado Mi humanidad…”
“Tengo sed de oración, de paz en las familias, en
las comunidades, en el mundo entero; sed de saber
que todos responderán a Mi llamado un día; sed de
almas generosas que se ofrezcan como
17
“Pararrayos” de la justicia Divina, para salvar a
las otras almas…”
“Tengo sed de ti, hija Mía, de tu ayuda, de tu
perseverancia. Pero, cuidado con los lobos vestidos
de ovejas. Si ves que, quien trata de detener tu paso
es un comerciante, ten mucho cuidado, No vaya a
ser que quiera cambiarte la Cruz que te he dado por
una corrupta y pretendida sabiduría.”
“Silenciosamente continúa tu camino, aunque con
mucha cautela, abrazando con mayor fervor el
madero que pesa sobre tus hombros, y sigue las
huellas de Mi Sangre para que te dirijan siempre
hacia Mí… Y si alguno de tus verdugos comienza a
golpearte de frente, no te cubras la cara contra el
insulto o el golpe, ni trates de defenderte… Ofrécele
también tus espaldas, para que el mundo te
reconozca Mía por tus heridas, porque te aseguro
que quienes te golpeen serán los mismos que Me
golpearon a Mí. ¡Alégrate por estar entre los que
pertenecen a Jesús!”
Esa sed que tenía Jesús era Su testamento,
dejándonos todos Sus méritos a nosotros, los
pecadores, para que en virtud de ellos nos
salváramos. Jesús tuvo sed incluso de aquellos
ateos y apóstatas que veinte siglos más tarde dirían
que el demonio y el infierno no existen; que la
Eucaristía es sólo un símbolo, una conmemoración;
que Él, siendo Dios, no sintió los dolores de Su
Pasión y que por ello no sufrió lo que hubiera
sufrido cualquier otro hombre; que se exagera
cuando se pintan retratos de un Cristo “demasiado
sufriente”; que el Cristo histórico es distinto del
Cristo idealizado por la devoción popular; que
Jesús no puede hablar ya a los hombres porque en
Su tránsito por esta tierra lo Ha dicho todo...
¿Y si no sabemos escucharle? ¿Si hemos perdido la
capacidad de asombrarnos con las enseñanzas del
Evangelio, de solidarizarnos con ese Cristo
sufriente, y de aprender a amar a nuestros
hermanos...?
Jesús tenía sed de ver cristianos que se
comprometieran a trabajar por difundir el Reino
de los cielos en el corazón de los hombres. No
quería nuestra cómoda mediocridad de
“asistentes a Misa el domingo” y nuestra
“membresía” a algún “Apostolado” como si se
tratase de la filiación a un club, para entablar
mejores relaciones sociales y de paso tratar de
mitigar el peso de nuestras conciencias.
Cristo nos veía desde Su eternidad y sentía sed,
verdadera y acuciante necesidad de sacudirnos,
para despertarnos del cómodo letargo de la tibieza
espiritual en que caeríamos la mayoría de nosotros,
los supuestos “buenos católicos”.
Esos y otros miles de motivos más, que alcanzarían
para llenar centenares de páginas, fueron los que
llevaron a Jesús a decir: “Tengo sed”.


PARTE 5: QUINTA PALABRA

enía el rostro muy pálido, deformado todo el
lado izquierdo, con el ojo casi completamente
cerrado por la hinchazón de la mejilla y el
párpado… -¡Tan brutal había sido el golpe recibido
que le había abierto el pómulo, que era como una
boca que dejaba ver la carne del Hijo de Dios!…
Jesús no abría los labios, pero yo lo escuchaba;
escuchaba esas Palabras que, dirigidas al Padre,
eran mezcla de amor, gratitud, resignación,
impotencia, dolor y mansedumbre... Yo sentía que
se me partía el corazón de pena.
“¡Padre Mío, mírame…! Como un sol eclipsado por
voluntad propia, Me Has dejado beber el amargo
cáliz de la gélida noche del espíritu, y Te doy
gracias por ello.”
Luego se dirigió a mí diciéndome: “En este
profundo dolor que va oscureciendo Mi vista, hasta
el punto de que no puedo ya ver claramente a estos
seres que amo y que permanecen al pie de Mi
agonía, Sé que el Amor Ha vencido, que vencerá por
siempre.”
“Ya lo ves, parece que no había sido suficiente
haber pasado por este mundo haciendo el bien a
todos. Llegué hasta el extremo del amor. Hice vida
aquello que había predicado antes: "Nadie tiene
amor más grande que el que da la propia vida por
sus amigos”. Y yo di también la Mía por Mis
enemigos, por aquellos que Me estaban
crucificando.”
“Precisamente por ese amor sin límites, en medio
de Mi insondable sufrimiento, no perdí la
confianza en Mi Padre, sino que Me invadía una
dicha inmensa al saber que estaba cumpliendo Su
Voluntad y demostrando así Mi Amor a Él y a los
hombres.”

T
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“Señor, Señor… ¿Por qué
Me Has abandonado…?”
El Señor me regaló la Gracia inmensa de poder
contemplar también ese momento. Sucedió así:
Estaba yo en oración con los ojos cerrados, frente al
pequeño altar de mi cuarto de trabajo, donde tengo
un crucifijo, una imagen de la Virgen, y una
pequeña cajita con las reliquias de algunos santos.
Abrí los ojos y frente a mí había otra cosa: No
estaba más aquel lugar, sino que veía un cielo
oscuro que relampagueaba, con truenos fuertes, y
tres hombres crucificados.
La imagen se acercó hasta casi tenerla a una
distancia que parecía de dos metros desde donde
yo estaba y solamente tenía a Jesús agonizante
frente a mí, tan cerca que estiré la mano, pero al
constatar que no llegaba, comprendí que era otra
visión.
Jesús jadeaba, y pude ver que hacía esfuerzos por
aspirar aire. Esto bien lo conozco por haberlo
vivido tantas veces… Sus ojos estaban
desorbitados, la boca tan seca que cada vez se le
dificultaba más el modular las palabras.
Comenzó a sollozar y las lágrimas ensangrentadas
corrían por sus mejillas heridas, cuando mirando al
cielo dijo: “Eli, Eli…lama sabactani… - Señor,
Señor... ¿Por qué Me has abandonado?”
No pude soportarlo y rompí en un sollozo, con un
llanto que pocas veces había derramado en mi vida.
Entonces escuché internamente Su voz:
“Hijita, hay muchas páginas escritas acerca de
estas palabras, que parecieran dar a entender que
únicamente sentí el abandono de Mi Padre en ese
momento, como Hombre. Esto iba mucho más allá.
Recuerda que desde la Cruz veía todos los tiempos
venideros y a todos los hombres y mujeres que
sufrirían: unos porque se fabrican cruces propias,
otros porque se las imponen sus hermanos, quienes
no pueden llevarlas…”
“En ese grito reclamé el abandono del Vía Crucis de
toda la humanidad. Sentí en Mis propias llagas
las infinitas llagas de todos los cuerpos que serían
torturados por el hambre y la miseria. Millones de
voces se unían a la Mía para decir: ‘Señor, Señor…
¿Por qué me has abandonado? me estoy muriendo
de hambre, cuando hay personas que se enferman
de gula… ¡Mi vida es un ayuno continuo y
forzado, mientras hay personas que no saben en
qué consiste el ayuno y se dicen cristianos…!’ ”
“Sentía las heridas que son consecuencia de la
injusticia y la crueldad que sufrirían los
crucificados de todos los tiempos en el destierro, en
los campos de refugiados; el dolor de las llagas de
los encarcelados, rechazados y despreciados por la
misma sociedad que los llevó a ese lugar con su
egoísmo…Y esas voces desde el silencio se unían a
la Mía diciendo: ‘Señor, Señor… ¿Por qué me has
abandonado? Tú no creaste fronteras, Tú no hiciste
cárceles, Tú no querías una sociedad de pocos ricos
y otra con multitudes de marginados…’ ”
“En Mis brazos y piernas sentía el dolor que siente
un minusválido, y en la cabeza, las espinas Me
enseñaban lo que sufrirían los deficientes o
enfermos mentales, a quienes, muchas veces, hasta
sus propios familiares humillan con su rechazo. El
grito de estos seres se unía al Mío: ‘¿Por qué,
Padre, permites que se rían de Mí, que me
marginen, que me encierren, si no tengo yo la culpa
de estar en este estado…? ¿No piensan que ellos
podrían un día estar como yo y sentir lo mismo?’ ”
“Sentía en Mi pecho el dolor que siente un anciano
cuando es olvidado por los suyos, por los propios y
extraños; cuando es abandonado en un asilo, a
merced de miradas y manos ajenas, porque ya sus
manos no son capaces de trabajar para dar de
comer a los suyos, o porque las nuevas y elegantes
amistades de sus hijos y nietos, no podrán entender
las limitaciones de una persona mayor.”
“Están cansados ya de prohibirle que hable, para
que no diga cosas ‘impropias’, porque la memoria
ya no le funciona… En algunos casos,
‘piadosamente’ se compadecen de ellos y los
asesinan ‘para que dejen de sufrir’ y entonces sus
voces se unían a la Mía para decir: ‘Señor, Señor,
¿Por qué me has abandonado? ¿Por qué permites
que me tiren a la calle aquellos a quienes enseñé a
caminar un día? ¿Por qué permites que los demás,
quienes pasan por mi lado, sientan asco de mi
pobreza, mis sucias vestimentas y me humillen,
haciendo gala de su juventud y su riqueza? ¿Por
qué este hijo mío quiere que me apliquen la
‘Eutanasia’ para acortar mis días y aumentar su
condena en los infiernos?’ ”
“Sentía en la piel el ardor de todos aquellos que
serían marginados por pertenecer a determinada
raza, y por lo mismo serían obligados a ubicarse en
la misma condición de un perro al que se le limita
el paso a determinados sectores de la casa. Sus
19
voces, llenas de impotencia y de dolor clamarían
junto a la Mía: ‘Señor, Señor… ¿Por qué me has
abandonado? ¿Por qué permites que otro hombre,
tal vez más pecador que yo, tal vez más infiel,
quizá menos inteligente, con instintos más
parecidos a los de las bestias que a los nuestros, se
rebaje de su condición de Hombre y me rebaje de mi
condición de ser humano porque no tengo la piel
como la suya?’ ”
“Sentía la angustia de todos aquellos hombres y
mujeres que en el momento de su muerte se
encontrarían con que ‘se habían equivocado’; con
que su vida fue una pérdida continua en el pecado,
en los placeres y en la negación de Dios y su
condenación sería inminente… ¡Por una eternidad
de eternidades, a cambio de haber vivido a su
antojo durante ‘x’ años! ¡Oh, dolor !...”
“Pero también sentía el dolor de aquellos
cristianos que en el momento de su muerte se
encontrarían con que estaban en lo cierto: que
habían creído, se habían alimentado y habían
vivido, supuestamente ‘como buenos cristianos’, es
decir, cumpliendo muchas cosas, pero omitiendo
otras tantas, como el llevar ese su conocimiento a
los demás, el pensar egoístamente en salvarse a sí
mismo pero desentenderse de lo que pase con el
vecino, que vive sin conocer nada de Dios. ¡Y la
justicia es para ambos grupos: para los que no
quisieron conocer a Dios y para los que no hicieron
nada por llevar la fe, por ser portadores de la
esperanza para los demás!”
“Sentía en cada centímetro de Mi Cuerpo el dolor
de cada niño asesinado en el cuerpo de su propia
madre. Y su inocencia se unía a Mi grito de
impotencia humana: ‘Señor, Señor, ¿Por qué me has
abandonado? ¿Por qué permites que esta mujer que
podría acunarme en sus brazos para calentar mi
pequeño cuerpo me condene a no ver la luz terrena
y se condene para no ver la Luz del Cielo?’
“Así, contemplando Mis heridas y las heridas de la
humanidad pensé en Judas y en todos los traidores
y también en todos los que serían traicionados por
sus amigos, vendidos por 30 monedas del infierno:
Por una situación económica mejor; a cambio de
mayor poder, para dejar salir a flote su soberbia;
por envidia que solo puede aplacarse con buscar el
desprestigio de la persona envidiada; por ambición
de poseer lo que no se posee…”
“Y entonces sentí el grito de aquellos que sentirían
el beso del traidor en su mejilla, como una baba
maloliente, como sentí el beso de aquel que un día
fue Mi querido hermano. En ese momento grité con
todas Mis fuerzas: ‘Señor, Señor… ¿Por qué me has
abandonado...?’ ”
“El atributo más admirable en el hombre, con
respecto a otro hombre, es la capacidad de sentirse
‘amigo’, al punto de poder recibir de él un consejo o
una llamada de atención con amor, sabiendo que
con amor también uno se lo daría; al punto de
poder corregir al amigo y decirle: no por ahí,
hermano, porque te vas a equivocar; al punto de
entenderse ambos con una mirada, con una sonrisa,
y apoyarse con un apretón de manos que quiere
decir: ‘aquí estoy, puedes contar siempre
conmigo’.”
“Amigo es aquel que se incomoda, que se priva de
algo o de muchas cosas para ofrecértelas. Amigo es
aquel que es capaz de privarse de sus horas de
descanso para trabajar por ti. Amigo es aquel que
puede en un momento renunciar a la comodidad de
su casa para hacer que te sientas cómodo, querido
y apreciado. Amigo es aquel que deja su tierra
para ayudarte a salvar la tuya. Amigo es aquel
que te confía sus penas y alegrías, que siempre es
transparente para ti y que siempre te llevará hacia
un crecimiento en la fe y en el amor a Dios. Amigo
es aquel que edifica, que une, que reúne… no el que
destroza, destruye, derriba para sentarse encima de
los escombros. Amigo es aquel que da la vida para
salvarte… como lo hice Yo.”
“Y porque Soy amigo de los hombres, cada una de
las heridas que sufren los Míos ocasiona Mi
compasión y Me obliga a buscar la medicina
apropiada. Quiero decir que tengo memoria muy
reciente y muy viva de cada injusticia, de cada
desprecio, de cada marginación, de cada ‘beso
falso’, de cada humillación…”
“¡No, Yo no Me olvido de aquellos a quienes
ustedes, los hombres olvidan! ¡Yo escucho a
quienes ustedes no oyen, porque los ruidos de sus
almas les impiden tener la paz para escuchar a los
otros y lo que sus acciones quieren decirles, por
irrazonables que les parezcan!”
“Yo coloco dulcemente en Mi Sagrado Corazón a
aquellos que ustedes dejan tirados por el camino, a
aquellos a quienes ustedes calumnian, a aquellos a
quienes ustedes destrozan por alcanzar lo que ellos
poseen: Bienaventuranzas!”
20
PARTE 6: SEXTA PALABRA
tro día Jesús me explicaba que no todos
subimos por el mismo sendero hacia la
santidad; que mientras algunos tienen que trabajar
con la humildad, otros deben hacerlo con la alegría,
otros deben trabajar con su falta de esperanza,
otros con el carácter, otros con la vanidad, otros con
la fortaleza para romper aquella cadena que los ata
a algún vicio… En fin, cada uno en lo suyo.
Decía el Señor que cada vez que nos sentimos
trabados en este camino, debemos hacer un análisis
para ver claramente cuál es el lugar en el que
tenemos colocados nuestros deseos; qué cosas son
las que más nos preocupan o nos hacen perder la
paz, la alegría; qué cosas y en qué momento se nos
presentan las mayores tentaciones...
Me habló de las tentaciones de algunas personas
que estuvieron cerca de Él. Habló de la tentación
de desconfianza que sufrieron los apóstoles,
cuando tuvieron la experiencia de verse en un
momento de peligro mientras estaban en la barca y
pensaron que se hundirían, que las aguas los
ahogarían y ellos no podrían salvarse porque
“Aquel” que podía ayudarlos estaba durmiendo.
Me habló de la tentación de la falta de fe de Pedro,
cuando comenzó a hundirse en las aguas en el
momento en que dudó de poder caminar sobre
ellas para alcanzar a su Maestro.
Me habló de la tentación de Santiago y Juan,
cuando discutían, deseosos de saber cuál se
sentaría a Su derecha, dejando que las tentaciones
de la envidia, la vanidad y el deseo de poder,
hicieran presa de ellos.
Se refirió a las tentaciones que sufrieron los escribas
y fariseos: envidia, temor y odio contra Él,
sentimientos que les llevaron a poner piedras en Su
camino para que se tropezara, de manera que todos
pudieran caerle encima a golpes; me habló de cómo
le hacían preguntas para pescarlo en ‘su error’ y
condenarlo por ello.
Me habló de Sus propias tentaciones sufridas
durante los 40 días que ayunó en el desierto y de
cómo con Su oración y rechazo al demonio pudo
superarlas.
Sobre todo esto que me iba contando, podría
escribir varias páginas, pero en todos los casos el
centro del mensaje era el mismo: que únicamente se
puede vencer a las tentaciones con la oración, y
buscando vívidamente el cumplir la Voluntad del
Padre.

“¡Todo está consumado…!”
Jesús habló así cuando llegó a la sexta palabra:
“Cuando dije que todo estaba consumado, resumía
con esas palabras todo lo que Mi pensamiento
decía al Padre. Está consumado el haber hecho Tu
Voluntad, Padre Mío… Vine al mundo a través de
las entrañas de una Virgen, en el cuerpecito de un
bebé Me hice Hombre como todos los mortales para
salvarlos…”
“Se cumplieron en Mí todas las profecías: Nací en
Belén, viví pobremente, Me hice bautizar por un
hombre, prediqué en Tu Nombre, Me enviaste y Te
di a conocer amoroso y bondadoso como eres.
Sufrí persecución, vine como médico de cuerpos y
de almas y sané a muchos enfermos. Fui
traicionado por un amigo íntimo, vendido por
treinta monedas falsas… Vine a demostrarles que
no está muerto quien en Ti y en Mí cree y resucité
muertos.”
“ ‘¡Telestai!’ ¡Todo se ha consumado! Vine a
salvar a los pecadores y aquí tienes a una, atada a
Mi Cruz, llorando de amor por Ti y de dolor por
Mí, junto a Mi Madre. Te Estoy llevando a un
ladrón para que abra las puertas del Paraíso a
todos los pecadores que quieran salvarse. ¡Todo
está consumado…!”
“Se han cumplido en Mí las profecías, que suman
más de 20 únicamente en el tiempo de Mi Pasión y
Mi agonía… Estoy dejando a Mi Madre como
Madre de toda la humanidad, para que los hombres
no se sientan huérfanos, y Estoy dejando a la
perfecta discípula que Me diste por Madre, en
manos de aquellos que Me amarán a través de los
siglos.”
“¡Telestai, Padre Mío…! (que quiere decir “¡Ya
estuvo!” “¡Todo está bien hecho!”, “¡Ya he
cumplido y he hecho lo mejor que he podido!”). La
humanidad ha visto la Luz, y aunque no han
sabido reconocerla, los iluminará a través de toda
la historia de la tierra. ¡He cumplido Contigo,
Padre, derrotando a la serpiente He abierto las
Puertas del Cielo.”
“Recuerda hija Mía a Job, cuando dice:
O
21
‘Da saltos el corazón,
salta fuera de su sitio,
oíd, oíd el estruendo de su Voz,
el rugido que de su boca sale,
debajo de todos los cielos lo lanza,
y su fulgor alcanza
hasta los extremos de la tierra’ ”
“Se Ha cumplido de manera perfecta, ya nunca más
el hombre tendrá que temer a ese Dios justiciero
que se empeñaron en mostrar por la cultura del
pueblo, personas que vivieron los días de las
amenazas… El Ángel Fuerte Ha cumplido, Padre y
aunque ahora viene Mi retorno a Ti, de Mi Costado
abierto nacerá la Iglesia sobre la cual no
prevalecerán las puertas del infierno.”
“Será una Iglesia santa, compuesta por hombres
santos y pecadores, pero en medio de la inmundicia
que es consecuencia de la miseria humana,
brillarán como astros muchos hombres y mujeres
que cumplirán sus votos y promesas… Tampoco
faltará en esta Iglesia el dolor, la traición, el
pecado… Sabes que todo está contaminado y todo
deberá pasar por un Getsemaní y un Gólgota. Pero
el resto fiel, esa porción de rebaño de esta Iglesia
que Yo desde ahora baño con cada gota de Mi
Sangre, llegará al Tabor para transfigurarla.”
“¡Todo está consumado Padre! Todo tenía que
cumplirse y todo tendrá que cumplirse, hasta las
horas de tinieblas que tanto asustarán al hombre,
porque es preciso que el hombre de la iniquidad se
haga presente en el mundo para combatir a los
Nuestros: a los Tuyos y Míos. Pero queda María,
Padre Mío, Tu perfecta colaboradora, para dar
cumplimiento a Tu Palabra. He sufrido todo en Mi
Cuerpo, todo lo He hecho libremente, no por
imposición Tuya, sino porque Yo lo He querido, por
Amor a Ti y por Amor al Hombre.”
“Todo está consumado y ahora debo volver a Ti,
Padre Mío, pero recuerda que Te He encomendado a
los Míos, para que ni uno sólo de ellos se pierda…”
“Yo Sé que se perderán los que habiéndome jurado
fidelidad se irán detrás de los placeres del mundo.
Se perderán los que, teniendo las manos
consagradas para poder traerme y darme como
alimento a los hombres, ensuciarán esas manos
lastimando a los inocentes y entonces sí tendrán
una soga con una piedra atada al cuello, para
tirarse a las profundidades de un río de lava.”
“Se perderán los que no pudiendo llevar sobre sus
hombros cargas pesadas, las echarán sobre las
espaldas de los débiles, para aplastarlos. Se
perderán los que no Me reconozcan ya en los
sencillos y los humildes, porque los ciega su
soberbia. Se perderán aquellos a quienes por haber
recibido más, se les pedirá mayores cuentas…”
“Pero aquellos que son capaces de llorar ante la
meditación de los dolores que ahora Me agobian,
los que viendo una anciana harapienta besarán su
mejilla en señal de hermandad e igualdad; los que
pudiendo dormir en una cama duerman en el suelo,
mortificando su carne en señal de reparación por
amor a Nosotros... Los que reconozcan Mi mirada
en la de los marginados, mi sonrisa pura en los
niños, Mi voz en medio de la confusión y el bullicio
del mundo, mi llanto en los pecadores
arrepentidos... “
“Aquellos que reflejen Mis manos en los perdones
otorgados, los que sigan Mis huellas como
misioneros, abriendo surcos de esperanza para
sembrar Mi semilla, sin confiar en su capacidad,
sino únicamente en Mi Providencia... Los que se
vuelvan como niños, al punto que su inocencia y
pureza los lleven a creer y a confiar plenamente en
Mi Presencia Omnipotente...
“Aquellos que siempre estén con los labios
dispuestos a una sonrisa, a un perdón, a una
bendición, a un reproche o corrección fraterna...
Aquellos que no vacilen en decir con fuerza Mi
mensaje de salvación, sin temor a que los callen, y
que son capaces de aguantar los golpes, las
infamias, las calumnias y los insultos sin
defenderse, sin albergar deseos de venganza… ¡Esos
se salvarán, porque están entre los que llamo Míos
y que fueron encomendados a Ti para que, siendo
del mundo, no estén en el mundo… para que no se
pierdan!

PARTE 7: SÉPTIMA
PALABRA
espués de reflexionar sobre esta anterior
palabra de Jesús en la Cruz, comprendo que a
todos los cristianos, la cruz nos seguirá como si
fuera parte de nuestra propia existencia. Pero
también advierto que no todos somos capaces de
despertar, de desenterrar al Cristo que permanece
dormido dentro de nosotros.
Muchos vivimos llorando nuestras pequeñas o
grandes cruces, pensando en que lo que nos tocó
vivir es lo más triste, lo más doloroso, lo que nadie
D
22
más que nosotros sería capaz de soportar... Y lo
peor de todo es que creemos que Dios nos Ha
olvidado, que no nos escucha o que está enojado
con nosotros.
Sin embargo, no es así. Jesús dice que el
conocimiento que tiene de nosotros, especialmente
de los más dolientes, de los más sufridos, de los
más débiles, hace que Él ame, preferentemente, al
más pobre y al que más lo necesita.
Si tan sólo estuviésemos conscientes de que los más
necesitados no son los menesterosos, sino por lo
general los que tienen todo menos a Dios, entonces
nuestros caminos se dirigirían hacia esas personas,
que en realidad siendo los más ricos, muchas veces
son los más pobres.
No es tan difícil llegar hacia el menesteroso y
convencerlo de que confíe en Dios, pues por lo
general esta gente tiene el corazón muy abierto
hacia la Fe, y unas palabras, un simple gesto de
amor muchas veces son suficientes para mostrarle
el camino hacia el Padre. Lo difícil es convencer al
hombre que por tenerlo todo, o por haber hecho del
pecado la razón de su vida, está seguro de no
necesitar más...
Esta es la labor más dura para los evangelizadores,
cuando tienen que enfrentarse ante la soberbia, que
es como lidiar directamente con el príncipe de este
mundo, solapadamente escondido en el interior de
un pobre hombre rico, pero necesitado del amor de
Dios.
Cuánto bien nos haría meditar de vez en cuando
sobre la Pasión de Jesús, sobre el dolor de la
Santísima Virgen, que junto a Él, Ha sufrido el
martirio de los martirios, al ver a Su Señor y a Su
Hijo, crucificado por los hombres en el Calvario...
Y sin embargo, ha sido capaz de dejarnos el mejor
de los testimonios, pues con Su infinito Amor y Su
absoluta Obediencia al Padre, soportó
humildemente el descarnado dolor de ver morir en
espantosa agonía a Su Hijo. Más aún: Se Ha hecho
cargo de la humanidad como Madre, Ha querido –
en otras palabras- proyectar en nosotros el Amor
por Su Hijo. Debía sufrir como si fuese pecadora,
junto a Su Hijo, siendo inocente como Él, y todo
para que se cumpla, también en Ella, la Voluntad
del Padre.
Jesús dijo que es por este aciago momento que se
representan los dos Corazones unidos (símbolo de
nuestra espiritualidad apostólica, al igual que de
muchas otras comunidades y apostolados), porque
se unieron a través del dolor: en el Gólgota fueron
un solo Corazón herido, dos Corazones que se
atravesaron para transformarse en uno. Un solo
Corazón, en el sentimiento de dolor por el
sufrimiento, y un solo Corazón, en el sentimiento
de Amor, por obedecer al Padre y por salvar al
hombre.
Ahora me veo en la necesidad de explicar a los
lectores algo que, en principio, pareciera no tener
mucha importancia, pero que sin embargo encierra
una enseñanza crucial del Señor para todos
nosotros.
Muchos de ustedes, queridos hermanos, se habrán
preguntado por qué aparece Moisés en la tapa de
este libro. Para entrar en tema necesito primero
aclararles que jamás soy yo quien pone el nombre a
uno de estos libros, y que para elegir la portada,
hacemos mucha oración, pidiendo al Señor nos
asista en la elección.
Jesús me dijo una noche de viernes:
“Se acercan las tinieblas para el mundo, pero quien
vive abrazado a Mi Cruz, nada debe temer. Por eso
el hombre no debe contentarse con mirar una
imagen Mía o ir a una procesión de Viernes Santo,
sino que debe procurar tener Mis mismos
sentimientos: perdonar como Yo perdoné y pedir
perdón como Yo lo hice. Callar ante las infamias,
como callé Yo ante Pilatos; y sin embargo, sentir
un celo valiente para ser capaces de sacar con un
látigo a los mercaderes del Templo de Dios. Vivir
para hacer la Voluntad del Padre, como viví Yo.
Amar hasta dar la vida por los demás. Permitir
que trituren su cuerpo y con gozo darse en
alimento, para que otros se alimenten con ese pan.”
Luego de mi oración estaba yo meditando y
pensaba en Moisés. Siempre me ha impactado
mucho su misión, su vida... De pronto se abrió ante
mis ojos ese espacio que muchas veces se abre para
permitirme contemplar una escena, lejana al lugar
en el que yo estoy. Tenía frente a mí la escena de la
Transfiguración y al verla me pregunté ¿Por qué
Moisés y Elías? Y pensé que sería Elías por la
fuerza del “Profeta de fuego”, que necesitaría Jesús
para enfrentar lo que, como Hombre, tendría que
vivir.
Pero al ver a Moisés, mi limitado conocimiento no
alcanzaba a comprender qué hacía él allá. Fue como
si una luz me iluminara por dentro y en, lo que yo
23
considero pocos minutos, pasaron decenas de
imágenes intercaladas frente a mí.
Moisés, saliendo solo de Egipto... y luego Jesús
recibiendo el bautismo en el Jordán.
Moisés bajando de la Montaña, después de haber
recibido el encargo de sacar al pueblo de Dios del
cautiverio del Faraón... y luego Jesús, eligiendo a
los doce Apóstoles, enseñando, curando,
perdonando, viviendo entre Su pueblo.
Moisés sacando a su pueblo de Egipto... y luego
Jesús predicando en el Monte de las
Bienaventuranzas el llamado a la conversión, y
anunciando el Reino de Dios.
Moisés en el paso del Mar Rojo... y luego Jesús
devolviendo la vista a los ciegos, haciendo hablar a
los mudos, caminar a los cojos; resucitando a los
muertos.
Moisés comiendo con su pueblo el maná que Dios
les enviaba desde el Cielo para que no murieran de
hambre, en tanto caminaban hacia la tierra
prometida... y luego Jesús con Sus discípulos,
cenando por última vez con ellos e instituyendo la
Eucaristía, para quedarse con nosotros;
entregándonos Su Cuerpo y Su Sangre para
alimentarnos y salvarnos de la muerte eterna.
Pero vi que Jesús en ese momento no estaba solo
con Sus Apóstoles. De pronto aquella habitación se
hizo inmensa, abarcaba todo lo que mis ojos podían
alcanzar a mirar y junto a ellos, unos sentados en
sillas de ruedas a los lados de los Apóstoles y los
demás de pie detrás de Jesús y Sus discípulos,
cientos, miles de sacerdotes, revestidos con una
túnica blanca y estola de color rojo, con la mano
derecha extendida hacia el lugar en el que Jesús
levantaba el pan, repetían con el Señor las palabras
de la Consagración.
La voz de Jesús me dijo: “Cuiden de Mis hermanos,
porque a través de ellos permaneceré con ustedes
hasta el fin de los siglos.”
Luego volví a ver a Moisés en el Monte Sinaí,
descalzo porque así se lo había ordenado el Señor,
de rodillas, temblando al contemplar el dedo de
Dios escribiendo los Diez Mandamientos para los
hombres... y luego vi nuevamente a Jesús en el
Huerto de Getsemaní, de rodillas, mirando y
asumiendo todos nuestros pecados, contemplando
lo que le esperaba sufrir por nosotros los hombres,
temblando y sudando sangre.
Nuevamente volvió ante mis ojos la Última Cena,
Jesús con Sus Apóstoles y todos los sacerdotes,
repitiendo las Palabras de la Consagración. Jesús
me miró un momento y me dijo: “Yo Soy el Pan de
Vida y estos -levantó las dos manos como
queriendo abarcar a todos- serán quienes Me den a
los hombres como alimento de Vida Eterna.”
En ese momento todo mi cuerpo temblaba ante la
majestuosidad de lo que estaba presenciando y
entendiendo. Oculté mi rostro entre las manos,
llorando… y después de un tiempo, tal vez minutos
pero que me parecían horas, alcé la cara y volví a
ver lo anterior.
Vi a Moisés levantando en alto un palo con una
serpiente tallada, para curar con ella a los que eran
mordidos por las víboras... y luego a Jesús,
levantado allá frente a mí, en la Cruz, para curar el
alma de los que serían mordidos por satanás y
envenenados con el pecado.
“Recuerda lo que te dije al principio –me repitió el
Señor-, que se acercaban horas de tinieblas para la
humanidad, que sacudirán a las instituciones y con
ellas a las personas. También Mi Iglesia tendrá
que atravesar ese camino doloroso que ha iniciado
ya, porque así está escrito. ‘El Pastor será herido y
se dispersarán las ovejas…’ Pero recuerden que He
vencido al mundo.”
Otra vez contemplé la última Cena frente a mí.
Todos aquellos sacerdotes tenían el rostro
transfigurado, con la misma cara de Jesús.
Entonces se hizo la oscuridad total frente a mí y oí
la voz del Señor, muy triste cuando decía: “¡Judas,
lo que tienes que hacer, hazlo ya…!”
Volvió la imagen, pero en ese momento, junto a
uno de los discípulos, salían muchos de esos
sacerdotes, atropellándose, corriendo, ya no con el
rostro brillante y sereno de Jesús, sino con sus
propias caras, llenas de angustia y de dolor.
Desde lejos se oyó un alarido de mil voces juntas,
como si corrieran a un barranco y se despeñaran.
Asustada miré a los que estaban con el Señor,
parecían no haber visto ni oído nada, tan
sumergidos estaban en su oración, en el momento
que vivían, que la paz del Maestro les daba un
porte majestuoso, como de príncipes.
Entiendo que aquellos consagrados que
permanecían junto al Señor, eran los que se
mantendrían fieles a la opción que habían hecho
por Él, y son los que entrarán en esa jerarquía
divina, porque ganaron su derecho: porque el
24
derecho es fruto de la fidelidad; la fidelidad es
fruto de la unión estrecha, de la intimidad; la
intimidad es fruto de la donación y la donación es
fruto del amor agápico que se da sin pedir nada a
cambio, por el simple hecho de buscar la felicidad
del ser amado.
Finalmente, ese amor es fruto del conocimiento de
Aquel a quien serás fiel por el resto de tus días, sin
permitir que se apague el deseo de reproducir en ti
la donación perfecta de Aquel a quien te has
entregado.
Mis meditaciones se detuvieron de golpe cuando oí
al Señor dar Su último grito entre aspiraciones de
aire, cada vez más espaciadas:
“Padre… ¡En Tusk manos
encomiendo Mi Espíritu…!”
En el libro “Providencia Divina” editado hace 6
meses, relataba la muerte de mi madre y la
profunda evangelización que recibimos todos los
que estuvimos cerca de ella mientras agonizaba.
Para quien no lo ha leído, le comento que fue una
agonía feliz, tranquila, en paz, confiada plenamente
en el Amor de Dios; fue la agonía de una persona
impaciente por irse y encontrarse con la
Misericordia que estaba esperándola del otro lado
de la cama. Ella nos pedía oraciones y canciones,
mientras repetía una y otra vez, con los enormes
ojos azules muy abiertos el pedido de Jesús:
“¡Padre, en Tus manos encomiendo Mi espíritu!”
Cuando ella moría yo pensaba en la muerte de
Jesús… Ahora el Señor me permitía que yo, pobre
pecadora, presenciase aquel instante y reviviese así
el otro, unidas las dos circunstancias por la Infinita
Omnipotencia del que Todo lo puede y en el amor
del que es el Amor mismo. Pocos momentos en mi
vida habrán de ser tan impactantes y tan difíciles
de explicar...
En el Gólgota, el Cielo estaba casi negro, la tierra
entera temblaba y toda la gente había echado a
correr huyendo. Unos gritando de miedo por ver la
misma naturaleza sacudiéndose, otros llorando y
suplicando perdón, y repitiendo que
verdaderamente Este Hombre era el Hijo de Dios.
“Vuelvo al Padre”, me dijo Jesús, “y un día habrán
de comprender, aquellos malos hermanos que han
hecho un oficio de su vocación, el verdadero
sentido de Mi predilección por ellos, al concederles
la gracia de hacerme presente a través de sus
manos en la Eucaristía...”
“Entonces ya no usarán el Altar para lanzar una
homilía que pueda confundir en lugar de ayudar al
hombre, para hacer política, para justificar un
salario o simplemente para ‘cumplir con su deber’
cuando ya no pueden evitarlo, y lo hacen mirando
el reloj para salir corriendo a cumplir con sus otras
‘obligaciones’…”
“Esos tendrán que hacer un alto en su camino hacia
el abismo, y reconocerán que su amor por ellos
mismos es mayor que el amor y el deseo de servicio
a Dios y al hombre; porque con su actitud le quitan
la confianza y desaniman a aquel que decide ir –al
menos una vez por semana- al encuentro
Conmigo…”
“A ellos y a ustedes les digo desde Mi Cruz: No se
quejen de que las sectas se vayan llenado de gente,
sin preguntarse si es una consecuencia del
testimonio de ustedes…”
Volví a oír aquellas Palabras que representaban el
final y el principio de todo: “Padre, ¡En Tus manos
encomiendo Mi Espíritu!” y la cabeza del Salvador
de la humanidad, se recostó sobre Su hombro y Su
pecho, y así permaneció un momento antes de
descolgarse del todo sobre el pecho. Ese momento,
que podría haber sido interminable y que a veces
creo que vivirá por siempre junto a mí, estaba
absolutamente presente en mis ojos, en mis oídos,
cuando me dijo:
“Tenía todo el Cuerpo destrozado, pero Mi gozo
era tan grande que desde el otero de Mi Pasión
contemplé el Cielo y exclamé que habiéndose
cumplido todo perfectamente, en las manos del
Padre amoroso encomendaba Mi Espíritu.”
“Ese Espíritu, que fuera revelado a los hombres el
día de Mi Bautizo en el Jordán, retornaría al Padre
Conmigo para que nuevamente la Trinidad
estuviese Plena en la Gloria. Y así como se
abrieron los Cielos aquel día para que la Luz
irradiara al Amor de la Tercera Persona, como dice
el Evangelio, en forma de una paloma, ahora se
rasgaba el velo del Templo que cubría El Arca de la
Alianza, para sentenciar a los que Me habían
condenado y aquello sí los horrorizó por la cultura
y la educación de esa gente.”
“La misión del Verbo había concluido, la tremenda
batalla había llegado a su fin. Moría el Hijo del
Hombre, entregado voluntariamente por Amor. Me
depositaba, confiadamente en las manos de Mi
25
Padre, pacíficamente, dulcemente. Otro había
muerto horas antes ahorcado, desesperado; como
mueren los cobardes, los traidores, los que no aman
a Mi Padre y por tanto no confían en el perdón.”
De pronto, volvió la Luz, se disiparon las tinieblas
y al ver mi sorpresa, Jesús habló desde la Cruz.
“Esta Luz que ves llegaría en poco tiempo a Mis
Apóstoles, para iluminarlos y asistirlos a través de
este Mi Espíritu que depositaba en las manos del
Padre. Él vendría a recordarles todo cuanto de Mí
escucharon y a asistirles para que ese conocimiento
penetrara tan profundamente en ellos que les
permita, por Su Fuerza, adquirir toda la sabiduría
y santidad necesarias para prolongarme en ellos:
para seguir caminando entre ustedes, para seguir
sanando, para seguir bendiciendo, para seguir
salvando...”
“Todo esto tuvo que ser visto por testigos, para que
se llegara a comprender el valor real del sacrificio
de un Hombre que entrega voluntariamente su vida
en donación a Dios y a los otros hombres.”
El Señor no me lo dijo, pero comprendí que ese
mismo Espíritu era el que se derramaría luego
sobre los sucesores de los Apóstoles; pues de
alguna manera estaba refiriéndose a los sacerdotes
y laicos comprometidos...
Luego siguió Jesús diciéndome: “He cumplido,
vuelvo al Padre, y ustedes, los que Me aman, serán
también perseguidos, calumniados, humillados,
maltratados... Pero no están solos, permanezco con
ustedes y dejo con ustedes lo más precioso de Mi
Vida: Mi Madre, que desde ahora será su Madre.”
Cuando Jesús termina de decir esto, veo que se
acerca un soldado y tomando una lanza susurra
algo que no llego a entender, y con un gesto de
piedad, atraviesa el costado del Señor y cae una
cantidad de sangre y agua, salpicando la cara del
soldado que se cubre los ojos con la mano y cae en
tierra.
El pecho del Redentor estaba lleno de luz, con una
sinfonía de matices que no podría describir, sale de
ese costado abierto algo como agua pero que es
brillante y luego sangre que se mezcla con esa
agua. Va abriendo surcos en la tierra y por donde
pasa la sangre, se levantan unas azucenas
maravillosamente blancas.
Desaparece la Cruz de Jesús, en su lugar veo ahora
una enorme iglesia, y en ella van entrando estas
flores, como si se deslizaran. Pero por otro lado
también van entrando muchísimos jóvenes vestidos
de túnica blanca.
Repentinamente me veo dentro de esa iglesia y
contemplo: delante del Altar están todas esas flores
blancas, que ahora se convierten en mujeres
jóvenes, y del otro lado varones vestidos con albas.
Varones y mujeres están postrados en humilde
oración y tienen los brazos en cruz. Entiendo que
son las mujeres y varones que están siendo
consagrados, entregando sus vidas a Dios...
Oigo un coro maravilloso, como el que he
escuchado alguna vez durante la Santa Misa, y veo
a Jesús Resucitado, majestuosamente vestido, como
un Rey que al momento hace una seña y uno a uno
se le van acercando los jóvenes, para que Él mismo
unja sus manos mientras sonríe, con el amor que
alguna vez observo en los ojos de un papá mirando
a sus hijos.
Jesús me mira por unos segundos y dice luego,
mientras se dirige hacia el centro del Altar: “A
través del Orden Sacerdotal, con la fuerza del
Santo Espíritu, todos los pecados de los hombres
serán perdonados y ellos abrirán para ustedes las
puertas del Cielo… Pero Soy un amante celoso que
exige de ellos todo su querer. Espero todo de un
alma, de acuerdo con la vocación a la que fue
llamada un día y a la invitación que sigo
haciéndoles diariamente en su vida común a través
de las circunstancias.”
En ese preciso instante, la visión de Moisés y Jesús
volvió de manera terrible. Procuraré ser lo más fiel
posible al describirla.
Vi a Moisés, parado sobre una meseta del Monte
Sinaí, llevaba en las manos dos piedras grandes con
unos gráficos (supongo que son los
Mandamientos). Abajo estaba el pueblo en un
ruido horrible y unas escenas asquerosas. Más
parecían bestias que humanos. El rostro del Profeta
se puso casi morado, congestionado, lo vi
tambalearse y luego con fuerza y con rabia tiró las
dos piedras sobre el pueblo. Fue como si cien
cargas de dinamita cayeran sobre ellos porque
mucha gente volaba por los aires, y muchos caían
dentro de un gran hoyo en el suelo gritando.
Luego vi a Jesús, levantado sobre la Cruz y detrás
de Él dos enormes ángeles con el rostro muy
brillante, pero con una expresión muy fuerte de
enojo. Uno de ellos llevaba unas “tablas” (las
llamaremos así), como las piedras que llevaba
Moisés, pero eran de carne. Si se juntaban
26
formarían seguramente un corazón. En una de
ellas decía: “Amarás a Dios por sobre todas las
cosas” y en la otra “Amarás a tu prójimo como a ti
mismo”. El otro Ángel llevaba en las dos manos
una enorme Copa llena de Sangre.
Cuando los ángeles se disponían a tirar sobre el
globo terráqueo aquellas “tablas de carne” y el
Cáliz con Sangre, se oyó una voz varonil que decía:
“¡Alto!... Infundiré Mi Ley en sus corazones, ellos
serán Mi pueblo y Yo seré su Dios…”
Los dos ángeles, al escuchar la voz, se arrodillaron
bajando la cabeza y desaparecieron de mi vista.
En un instante pensé en el paralelismo entre Moisés
y Jesús. Y me horroricé de pensar en lo que habría
sucedido si los Ángeles lanzaban aquellos dos
mandamientos y el Cáliz de Sangre sobre la
tierra… Pienso que habríamos perecido todos,
recibiendo tal vez un castigo que, con nuestros
pecados, pareciéramos estar pidiendo a gritos.
Ante este recuerdo, no me mueve el sentimiento a
otra cosa que a pedir a Dios Misericordia para el
mundo.
Estoy segura de que, quien lea este testimonio,
comprenderá el momento que vivimos y coincidirá
conmigo en que si no nos arrodillamos ante Jesús,
vivo en el Santísimo Sacramento del Altar,
haciendo reparación y uniendo nuestras oraciones,
aquella copa rebalsará y se perderá gran parte de la
humanidad.
Entonces vi a la Virgen Santísima, sentada en el
suelo, con Jesús recostado sobre una tela y Su
cabeza en las faldas de la Virgen. Lo acariciaba y
besaba, derramando abundantes lágrimas.
Yo soy madre, y cuando alguna vez mis hijos han
tenido sufrimientos y han estado lejos mío, he
sentido un dolor espiritual y físico. Cuando trato
de explicarlo digo que me duelen los pechos que
alimentaron al hijo ahora sufriente o con
problemas.
Contemplar este cuadro y pensar en el Corazón de
nuestra Madre, me provoca tanto respeto, que creo
que uno no puede menos que postrarse en tierra.
Ahí está la Mujer, sosteniendo la cabeza de Su Hijo
muerto, aceptando el dolor que está traspasándole
el Corazón.
Cuando una persona querida muere, uno sabe que
el dolor se queda con uno. El que se va no lleva
dolor.
En este caso, desde el primer “Sí” de la Virgen
hasta este momento, la vida de ambos Ha estado
tan íntimamente unida que uno podía sufrir o
gozar con los sentimientos del otro.
Si la Iglesia proclama que todo dolor humano es
redentor, que sirve para la salvación de las almas
cuando es ofrecido a Dios con amor, ¿Cómo puede
alguien molestarse cuando oye decir que María fue
Corredentora al pie de la Cruz?
El lazo que une a la Mujer del Génesis, cuya
descendencia aplastaría la cabeza de la serpiente,
con la mujer vestida de sol del Apocalipsis, ¿no es
precisamente el de la “Corredención”, -el hecho de
que Ella haya participado activamente, también
como víctima, en aquel santo sacrificio- que se
perpetró a los pies de la Cruz?
Pido perdón por lo antedicho si ofendo a los
hombres, pero júzguelo nuestra Madre la Iglesia,
que mi formación no me da para esbozar siquiera
un criterio; pero el amor, reconoce al AMOR y para
eso no se necesita sabiduría.
Volvió la escena del Calvario y repitió la voz
majestuosamente: “¡… Infundiré Mi Ley en sus
corazones, ellos serán Mi pueblo y Yo seré su
Dios…!”
Entonces apareció ante mis ojos nuevamente la
gran iglesia donde entraban no solamente los
futuros sacerdotes y mujeres consagradas, sino un
sinfín de mujeres y hombres, viejos, jóvenes y
niños...
Algo me obligó a mirar hacia la cúpula del templo.
Allí estaba la Virgen María, majestuosa, cubriendo
con un manto azul claro toda la escena. Traía una
hermosa sonrisa, como una mamá que abraza a su
bebé protegiéndolo con muchísimo amor.
Adentro estaba Jesús, revestido como en la imagen
de Cristo Rey, celebrando la Santa Misa.
Concelebraban con Él todos aquellos jóvenes que
antes habían sido ungidos. Sentí una enorme
alegría en el corazón.
Jesús me dijo entonces: “Di a todos Mis hijos que
no es suficiente conocer de memoria las quince
estaciones del Vía Crucis, sino vivirlo y recrearlo
para que cada Santa Misa sea verdaderamente el
memorial de Mi Pasión.”
“Diles que desde la Cruz, me He inclinado ante
cada uno de ellos porque la fuerza del amor les Ha
concedido ser ‘Alteri Christi’…” (otros Cristos)
27
En ese momento vi un cuarto con una ventana no
muy grande, las paredes claras y Jesús,
resplandeciente, todo vestido de blanco, que
soplaba sobre Sus Apóstoles y les decía: “Reciban
el Espíritu Santo… A quien perdonen sus pecados,
les serán perdonados en el Cielo….”
Transcribo a continuación las últimas palabras de
Jesús, que acaba de darme para ustedes, mientras
termino de escribir este testimonio, en el amanecer
de la festividad del Bautismo de nuestro Señor.
“Querido hermano, para ti Ha sido este testimonio.
Para que logres vivir un tiempo de cuaresma
renovado, en la profunda meditación de la unión
que deseo tener contigo y a través de ti, con Mi
Pueblo.”
“No permitas que el racionalismo del mundo
cambie tus blancas vestiduras por una hoz y un
martillo. Tu biblioteca debe ser contemplarme en
la Cruz. Tus armas y las de todo cristiano deben
ser la oración, la compañía de Mi Madre, y el
puerto de salvación la Eucaristía.”
“Pero cuida siempre que tu celebración sea como
Aquella del Jueves Santo; esa celebración que
estremece los corazones de los laicos. Recuerda
que Mi pueblo quiere santidad en sus Pastores.”
PALABRAS FINALES
DE CATALINA
uy apreciados sacerdotes, queridos Padres:
Hasta aquí este pequeño libro, testimonio de
favores nunca merecidos, tan sólo por el
inmenso Amor de Dios hacia la humanidad y hacia
ustedes, las almas consagradas.
Con el favor de Dios, estas páginas serán
entregadas para su difusión el día de la Virgen de
la Candelaria, mi madrina. A Ella encomiendo la
protección de todos ustedes.
Vienen a mi mente distintos pasajes y diferentes
Palabras de Jesús, que quiero compartir con
ustedes.
Llamó Jesús a sus doce apóstoles, les dio poder y
autoridad sobre todos los demonios y virtud de curar las
enfermedades. Y los envió a predicar el Reino de Dios y
curar a los enfermos. Y les dijo: “No lleven nada para el
viaje, ni alforjas, ni pan, ni dinero, ni ropa”.
Después eligió a otros setenta y dos, a los cuales envió
delante de Él, de dos en dos, por todas las ciudades y
lugares adonde había de ir Él mismo. Y les decía: “La
mies es mucha y los obreros pocos. Rueguen, pues, al
dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Vayan
ustedes: he aquí que los envío como ovejas en medio de
lobos. Por lo tanto, deberán ser astutos como serpientes
y sencillos como palomas. El que los escucha a ustedes
me escucha a mí, y el que los desprecia, a mí me
desprecia. Y quien a mí me desprecia, desprecia a Aquel
que me ha enviado. Por mi causa los llevarán ante reyes
y gobernadores para dar testimonio de mí ante ellos. No
se preocupen de lo que tienen que decir, pues el Espíritu
Santo hablará por ustedes.”
“Todos los odiarán por causa de mi nombre, pero el que
persevere hasta el fin, ese se salvará.”
“No tengan miedo, pues no hay nada oculto que no
llegue a descubrirse. Lo que les digo de noche, díganlo a
la luz del día, y lo que les digo al oído, predíquenlo desde
los terrados. No teman a los que matan al cuerpo y no
pueden matar el alma; teman sólo a los que pueden
arrojar alma y cuerpo al infierno.”
“Todo aquel que me reconozca delante de los hombres, yo
también lo reconoceré delante de mi Padre que está en los
cielos, pero quien me negare delante de los hombres, yo
también lo negaré delante de mi Padre que está en los
cielos.”
Regresaron los setenta y dos llenos de gozo, diciendo:
“Señor, hasta los demonios mismos se sujetan a nosotros
por la virtud de tu nombre.”
Él les respondió: “Yo estaba viendo a Satanás caer como
un relámpago. Les he dado poder de tocar serpientes y
escorpiones y todo el poder sobre el enemigo y nada
podrá hacerles daño. Pero no se alegren tanto porque los
demonios se les sometan. Alégrense más bien porque sus
nombres están escritos en el cielo…”
Desde lo más profundo de mi corazón les doy las
gracias por todos los perdones otorgados a los
hombres en nombre de nuestra Iglesia, gracias por
entregar su vida a Quien es CAMINO, VERDAD Y
VIDA; por traernos a Jesús, Pan del Cielo, para
fortalecernos en este destierro temporal. Que Él sea
fuente de unión y caridad entre quienes
componemos Su Iglesia, para mayor Gloria de Dios
y la salvación de las almas.
Con profundo respeto y en el Amor Misericordioso
de Jesús,
Catalina
2 de febrero de 2004,
Día de la Presentación del Señor y
día de la Virgen de la Candelaria.

M
28
CITAS BÍBLICAS REFERIDAS
A JESÚS
GENESIS 22,6-8
6 Tomó Abraham la leña del holocausto, la cargó
sobre su hijo Isaac, tomó en su mano el fuego y el
cuchillo, y se fueron los dos juntos. 7 Dijo Isaac a
su padre Abraham: «¡Padre!» Respondió: «¿qué
hay, hijo?» - «Aquí está el fuego y la leña, pero
¿dónde está el cordero para el holocausto?» 8 Dijo
Abraham: «Dios proveerá el cordero para el
holocausto, hijo mío.» Y siguieron andando los dos
juntos.
SALMO 96,12 y ss
12 exulte el campo y cuanto en él existe, griten de
júbilo todos los árboles del bosque, 13 ante la faz de
Yahveh, pues viene él, viene, sí, a juzgar la tierra!
El juzgará al orbe con justicia, a los pueblos con su
lealtad.
SABIDURIA 2,12-14 y 19-20
12 Tendamos lazos al justo, que nos fastidia, se
enfrenta a nuestro modo de obrar, nos echa en cara
faltas contra la Ley y nos culpa de faltas contra
nuestra educación. 13 Se gloría de tener el
conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del
Señor. 14 Es un reproche de nuestros criterios, su
sola presencia nos es insufrible,
19 Sometámosle al ultraje y al tormento para
conocer su temple y probar su entereza. 20
Condenémosle a una muerte afrentosa, pues, según
él, Dios le visitará.»
SABIDURÍA 14,7;
7 Pues bendito es el leño por el que viene la justicia,
ISAÍAS 53,4-6
4 ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él
llevaba y nuestros dolores los que soportaba!
Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y
humillado. 5 El ha sido herido por nuestras
rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el
castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales
hemos sido curados.
6 Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno
marchó por su camino, y Yahveh descargó sobre él
la culpa de todos nosotros.
ISAÍAS 53,8
8 Tras arresto y juicio fue arrebatado, y de sus
contemporáneos, ¿quién se preocupa? Fue
arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías
de su pueblo ha sido herido;
ISAÍAS 53,7
7 Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca.
Como un cordero al degüello era llevado, y como
oveja que ante los que la trasquilan está muda,
tampoco él abrió la boca.
MIQUEAS 6,3
3 «Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he
molestado? Respóndeme.
SALMO 35,11-12
11 Testigos falsos se levantan, sobre lo que ignoro
me interrogan; 12 me pagan mal por bien,
¡desolación para mi alma!
JOSUÉ 7,10-12
10 Yahveh respondió a Josué: «¡Arriba! ¡Vamos!
¿Por qué te estás así rostro en tierra? 11 Israel ha
pecado, también ha violado la alianza que yo le
había impuesto. Y hasta se han quedado con algo
del anatema, y lo han robado, y lo han escondido y
lo han puesto entre sus utensilios. 12 Los israelitas
no podrán sostenerse ante sus enemigos; volverán
la espalda ante sus enemigos, porque se han
convertido en anatema. Yo no estaré ya con
vosotros, si no hacéis desaparecer el anatema de en
medio de vosotros.
LAMENTACIONES 3,11-15
11 Intrincando mis caminos, me ha desgarrado, me
ha dejado hecho un horror. 12 Ha tensado su arco
y me ha fijado como blanco de sus flechas.
13 Ha clavado en mis lomos los hijos de su aljaba.
14 De todo mi pueblo me he hecho la irrisión, su
copla todo el día. 15 El me ha colmado de
amargura, me ha abrevado con ajenjo.
SALMO 140, 5-6
5 Presérvame, Yahveh, de las manos del impío, del
hombre violento guárdame, los que proyectan
trastornar mis pasos, 6 los insolentes que me han
ocultado cepo y lazos, y tienden una red bajo mis
pies, y al borde del sendero me han emplazado
trampas.
SALMO 38,7-8; 12-13,20-21;
7 encorvado, abatido totalmente, sombrío ando
todo el día. 8 Están mis lomos túmidos de fiebre,
nada hay sano ya en mi carne.
12 Mis amigos y compañeros se partan de mi llaga,
mis allegados a distancia se quedan; 13 y tienden
lazos los que buscan mi alma, los que traman mi
29
mal hablan de ruina, y todo el día andan urdiendo
fraudes.
20 Aumentan mis enemigos sin razón, muchos son
los que sin causa me odian, 21 los que me
devuelven mal por bien y me acusan cuando yo el
bien busco.
JOB 19,25
25 Yo sé que mi Defensor está vivo, y que él, el
último, se levantará sobre el polvo.
CANTAR DE LOS CANTARES 6,1
1 ¿A dónde se fue tu amado, oh la más bella de las
mujeres? ¿A dónde tu amado se volvió, para que
contigo le busquemos?
LAMENTACIONES 1,15
15 Sámek Ha desechado a todos mis valientes de en
medio de mí el Señor. Ha convocado un concejo
contra mí para acabar con mis jóvenes. El Señor ha
pisado en lagar a la virgen, hija de Judá.
JEREMÍAS 14,17
17 Les dirás esta palabra: Dejen caer mis ojos
lágrimas de noche y de día sin parar, porque de
quebranto grande es quebrantada la doncella, hija
de mi pueblo, de golpe gravísimo,
ISAÍAS 53,2
2 Creció como un retoño delante de él, como raíz
de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; (le
vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar.
ISAÍAS 50,5-6
5 el Señor Yahveh me ha abierto el oído. Y yo no
me resistí, ni me hice atrás. 6 Ofrecí mis espaldas a
los que me golpeaban, mis mejillas a los que
mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos
y salivazos.
ISAÍAS 52,14
14 Así como se asombraron de él muchos - pues tan
desfigurado tenía el aspecto que no parecía
hombre, ni su apariencia era humana
ISAÍAS 53,3
3 Despreciable y desecho de hombres, varón de
dolores y sabedor de dolencias, como uno ante
quien se oculta el rostro, despreciable, y no le
tuvimos en cuenta.
SALMO 109,22-24
22 Porque soy pobre y desdichado y tengo dentro
herido el corazón; 23 cual sombra que declina me
voy yendo, me han sacudido igual que a la
langosta. 24 Por tanto ayuno se doblan mis
rodillas, falta de aceite mi carne ha enflaquecido;
ISAÍAS 22,9-16
9 Y las brechas de la ciudad de David visteis que
eran muchas, y reunisteis las aguas de la alberca
inferior. 10 Las casas de Jerusalén contasteis, y
demolisteis casas para fortificar la muralla. 11 Un
estanque hicisteis entre ambos muros para las
aguas de la alberca vieja; pero no os fijasteis en su
Hacedor, al que desde antiguo lo ideó de lejos no le
visteis.
12 Llamaba el Señor Yahveh Sebaot aquel día a
lloro y a lamento y a raparse y ceñirse de sayal, 13
mas lo que hubo fue jolgorio y alegría, matanza de
bueyes y degüello de ovejas, comer carne y beber
vino: «¡Comamos y bebamos, que mañana
moriremos!»
14 Entonces me reveló al oído Yahveh Sebaot: «No
será expiada esa culpa hasta que muráis» - ha dicho
el Señor Yahveh Sebaot -.
15 Así dice el Señor Yahveh Sebaot: Preséntate al
mayordomo, a Sebná, encargado del palacio, 16 el
que labra en alto su tumba, el que se talla en la
peña una morada: «¿Qué es tuyo aquí y a quién
tienes aquí, que te has labrado aquí una tumba?»
JOEL 2,12
12 «Mas ahora todavía - oráculo de Yahveh -
volved a mí de todo corazón, con ayuno, con
llantos, con lamentos.»
LAMENTACIONES 3,38-39
38 ¿No salen de la boca del Altísimo los males y los
bienes? 39 ¿De qué, pues, se queja el hombre? ¡Que
sea hombre contra sus pecados!
ISAIAS 51,17
17 ¡Despierta, despierta! ¡Levántate, Jerusalén! Tú,
que has bebido de mano de Yahveh la copa de su
ira. El cáliz del vértigo has bebido hasta vaciarlo.
JEREMÍAS 31,6
6 Pues habrá un día en que griten los centinelas en
la montaña de Efraím: «¡Levantaos y subamos a
Sión, adonde Yahveh, el Dios nuestro!»
ISAÍAS 61,1-2
1 El Espíritu del Señor Yahveh está sobre mí, por
cuanto que me ha ungido Yahveh. A anunciar la
buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar
los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la
liberación, y a los reclusos la libertad; 2 a pregonar
30
año de gracia de Yahveh, día de venganza de
nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran,
ISAÍAS 33,10
10 «Ahora me levanto - dice Yahveh - ahora me
exalto, ahora me elevo.
LAMENTACIONES 5,16
16 Ha caído la corona de nuestra cabeza. ¡Ay de
nosotros, que hemos pecado!
JOB 19,8-11
8 El ha vallado mi ruta para que yo no pase, ha
cubierto mis senderos de tinieblas. 9 Me ha
despojado de mi gloria, ha arrancado la corona de
mi frente. 10 Por todas partes me mina y
desaparezco, arranca como un árbol mi esperanza.
11 Enciende su ira contra mí, me considera su
enemigo.
ECLESIÁSTICO 5,14
14 Que no se te llame maldiciente, no pongas lazos
con tu lengua, que sobre el ladrón cae la vergüenza,
y dura condenación sobre la lengua doble.
ISAÍAS 1,6
6 De la planta del pie a la cabeza no hay en él cosa
sana: golpes, magulladuras y heridas frescas, ni
cerradas, ni vendadas, ni ablandadas con aceite.
GENESIS 37,31-32
31 Entonces tomaron la túnica de José, y
degollando un cabrito, tiñeron la túnica en sangre,
32 y enviaron la túnica de manga larga, haciéndola
llegar hasta su padre con este recado: «Esto hemos
encontrado: examina si se trata de la túnica de tu
hijo, o no.»
SALMO 22,7,18-19
7 Y yo, gusano, que no hombre, vergüenza del
vulgo, asco del pueblo,
18 Puedo contar todos mis huesos; ellos me
observan y me miran, 19 repártense entre sí mis
vestiduras y se sortean mi túnica.
ISAÍAS 61,10
10 «Con gozo me gozaré en Yahveh, exulta mi alma
en mi Dios, porque me ha revestido de ropas de
salvación, en manto de justicia me ha envuelto
como el esposo se pone una diadema, como la
novia se adorna con aderezos.
ISAIAS 52,7
7 ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del
mensajero que anuncia la paz, que trae buenas
nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: «Ya
reina tu Dios!»
ZACARÍAS 12,10; 13,6
12,10 derramaré sobre la casa de David y sobre los
habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de
oración; y mirarán hacia mí. En cuanto a aquél a
quien traspasaron, harán lamentación por él como
lamentación por hijo único, y le llorarán
amargamente como se llora amargamente a un
primogénito.
13,6 Y si alguien le dice: «¿Y esas heridas que hay
entre tus manos?», responderá: «Las he recibido en
casa de mis amigos.»
ISAÍAS 53,12
12 Por eso le daré su parte entre los grandes y con
poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se
entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado,
cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió
por los rebeldes.
EXODO 12,5-7
5 El animal será sin defecto, macho, de un año. Lo
escogeréis entre los corderos o los cabritos. 6 Lo
guardaréis hasta el día catorce de este mes; y toda
la asamblea de la comunidad de los israelitas lo
inmolará entre dos luces. 7 Luego tomarán la
sangre y untarán las dos jambas y el dintel de las
casas donde lo coman.
EZEQUIEL 17,22-23
22 Así dice el Señor Yahveh: También yo tomaré de
la copa del alto cedro, de la punta de sus ramas
escogeré un ramo y lo plantaré yo mismo en una
montaña elevada y excelsa: 23 en la alta montaña
de Israel lo plantaré. Echará ramaje y producirá
fruto, y se hará un cedro magnífico. Debajo de él
habitarán toda clase de pájaros, toda clase de aves
morarán a la sombra de sus ramas.
CANTAR DE LOS CANTARES 8,6-7
6 Ponme cual sello sobre tu corazón, como un sello
en tu brazo. Porque es fuerte el amor como la
Muerte, implacable como el seol la pasión. Saetas
de fuego, sus saetas, una llama de Yahveh. 7
Grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los
ríos anegarlo. Si alguien ofreciera todos los
haberes de su casa por el amor, se granjearía
desprecio.
NUMEROS 21, 8-9
8 Y dijo Yahveh a Moisés: «Hazte un Abrasador y
ponlo sobre un mástil. Todo el que haya sido
31
mordido y lo mire, vivirá.» 9 Hizo Moisés una
serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y si
una serpiente mordía a un hombre y éste miraba la
serpiente de bronce, quedaba con vida.
DEUTERONOMIO 21,23
23 No dejarás que su cadáver pase la noche en el
árbol; lo enterrarás el mismo día, porque un
colgado es una maldición de Dios. Así no harás
impuro el suelo que Yahveh tu Dios te da en
herencia.
ISAÍAS 1,10
10 Aquel día la raíz de Jesé que estará enhiesta para
estandarte de pueblos, las gentes la buscarán, y su
morada será gloriosa.
LAMENTACIONES 1,12
12 Vosotros, todos los que pasáis por el camino,
mirad y ved si hay dolor semejante al dolor que me
atormenta, con el que Yahveh me ha herido el día
de su ardiente cólera.
APOCALÍPSIS 5,6
6 Entonces vi, de pie, en medio del trono y de los
cuatro Vivientes y de los Ancianos, un Cordero,
como degollado; tenía siete cuernos y siete ojos,
que son los siete Espíritus de Dios, enviados a toda
la tierra.
JUDIT 15,9-10
9 En llegando a su presencia, todos a una voz la
bendijeron diciendo: «Tú eres la exaltación de
Jerusalén, tú el gran orgullo de Israel, tú la
suprema gloria de nuestra raza. 10 Al hacer todo
esto por tu mano has procurado la dicha de Israel y
Dios se ha complacido en lo que has hecho. Bendita
seas del Señor Omnipotente por siglos infinitos.» Y
todo el pueblo respondió: «¡Amén!»
SALMO 16,10
10 pues no has de abandonar mi alma al seol, ni
dejarás a tu amigo ver la fosa.
SALMO 30,6
6 De un instante es su cólera, de toda una vida su
favor; por la tarde visita de lágrimas, por la
mañana gritos de alborozo.
SALMO 24,7
7 ¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos,
portones antiguos, para que entre el rey de la
gloria!
ISAÍAS 40,1-2
1 Consolad, consolad a mi pueblo - dice vuestro
Dios. 2 Hablad al corazón de Jerusalén y decidle
bien alto que ya ha cumplido su milicia, ya ha
satisfecho por su culpa, pues ha recibido de mano
de Yahveh castigo doble por todos sus pecados.
ISAÍAS 53,12
12 Por eso le daré su parte entre los grandes y con
poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se
entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado,
cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió
por los rebeldes.

LA CORONA
DE LA DIVINA MISERICORDIA
esús le hizo promesas extraordinarias a Sta. Faustina
para aquellos que reciten la Corona de la Divina
Misericordia. La devoción usa las cuentas de
cualquier rosario común y comienza con el Padre
Nuestro, el Ave María y el Credo Apostólico. En la
cuenta grande antes de cada década del rosario se
dice:
Padre Eterno, te ofrezco el cuerpo y la
sangre, el alma y la divinidad de tu amado
hijo, nuestro Señor Jesucristo, en expiación
por nuestros pecados y los del mundo
entero.
En las diez cuentas pequeñas de cada década, se
dice:
Por su dolorosa pasión, ten misericordia de
nosotros y del mundo entero.
Después de rezar las cinco décadas, se concluye
diciendo tres veces:
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten
misericordia del mundo entero.

Para obtener gratuitamente un volante con la novena a la
Divina Misericordia envíe un sobre con su dirección a la
dirección que aparece en la siguiente página.



J
32
APÉNDICE A
DECRETO DE DERECHO CANÓNIGO DANDO PERSONERÍA JURÍDICA
ECLESIÁSTICA AL APOSTOLADO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (ANE)

ARZOBISPADO DE COCHABAMBA
Casilla 129-Telfs.: (042) 56562 (042) 56563
Fax (042) 50522-Cochabamba, Bolivia
DECRETO 1999/118
MONS. RENÉ FERNÁNDEZ APAZA
ARZOBISPO DE COCHABAMBA
Considerando que los promotores del “Apostolado de la Nueva Evangelización” (A.N.E.) han
presentado una solicitud con la correspondiente documentación para su constitución como
asociación Católica privada.
Que las finalidades y objetivos del “Apostolado de la Nueva Evangelización” concuerdan con los
señalados para el apostolado laical por el Concilio Vaticano II y por el Magisterio de la Iglesia
Católica.
Que según el Código de Derecho Canónico la autoridad eclesiástica legitima para constituir una
asociación de fieles con carácter privado y otorgarle personería jurídica es el obispo diocesano
dentro de su propio territorio (C. 312).
DECRETAMOS
Art. 1 – Aprobar la Constitución del “Apostolado de la Nueva Evangelización” (A.N.E.) con la
categoría de asociación Católica privada, con personería jurídica eclesiástica a tenor del Código de
Derecho Canónico (CC. 113-123, 298-329) y demás normas pertinentes.
Art. 2 – Dar por revisado el Estatuto del “Apostolado de la Nueva Evangelización”, anexo a este
Decreto.
Exhortamos a los promotores, directivos y miembros de ANE a cumplir fielmente las finalidades de
la Asociación y a promover la Nueva Evangelización bajo la guía del Magisterio de la Iglesia y de
sus legítimos pastores.
Es dado en el Arzobispado de Cochabamba el día primero de mayo de mil novecientos noventa y
nueve.
/Firmado/
[Sello del Arzobispado] + MONS. RENÉ FERNÁNDEZ A.
ARZOBISPO DE COCHABAMBA
Por mandato del Sr. Arzobispo / Firmado/
ENRIQUE JIMENEZ, CHANCELLOR



33
APÉNDICE B
¿QUÉ ES EL ANE Y SUS MINISTERIOS?
omos un movimiento apostólico de laicos, que
hemos escuchado el llamado del Señor, y hemos
decidido ponernos a su servicio.
Tratamos de llevar la Buena Nueva del Evangelio a
todos nuestros hermanos, para contribuir al
establecimiento del Reino de Dios entre los hombres.
Comprometidos con Jesucristo y con la Iglesia
Católica, respondemos al insistente llamado de Juan
Pablo II, manifestado en tres de las frases más repetidas
a lo largo de su pontificado:
“Sed santos”; “Es la hora de los laicos” y “Vamos a
promover la Nueva Evangelización del mundo”
Asumimos la responsabilidad de trabajar, con esfuerzo
y creatividad, en la Nueva Evangelización, procurando
utilizar estrategias y métodos eficaces para llamar a la
conversión a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Nuestros objetivos
Difundir entre los hombres la presencia viva de nuestro
Señor Jesucristo y ayudarlos a vivir su fe, de acuerdo
con el Evangelio, unidos a María en la oración.
Constituir pequeñas comunidades eclesiales
“Casitas de Oración”, donde nos formamos en la
oración y en el conocimiento del Evangelio, dentro de
los lineamientos del magisterio de la Iglesia, procurando
dar un testimonio de vida coherente con las enseñanzas
de Jesús.
Promover el crecimiento espiritual y humano de los
integrantes del Apostolado, incentivando la vida
sacramental de cada uno de ellos y propiciando el
estudio de las Sagradas Escrituras, los documentos de la
Iglesia, las biografías de Santos y el material
bibliográfico propio del ANE.
Los miembros del ANE tenemos el deber de
evangelizarnos, evangelizar y asistir es decir y ayudar a
los más necesitados, lo que no es otra cosa que
“evangelizar” a través del testimonio y del ejemplo.
Nuestros Ministerios
“Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del
Reino que ha sido preparado para ustedes desde el
principio del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me
dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber.
Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa.
Anduve sin ropas, y me vistieron. Estuve enfermo, y
fueron a visitarme. Estuve en la cárcel, y me fueron a
ver. [...] En verdad les digo que, cuando lo hicieron con
alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me
lo hicieron a mí” (Mt 25, 34-35. 40).
Entre estos Ministerios destacan principalmente los
siguientes:
Salud de los Enfermos:
Asiste espiritualmente a los enfermos y a sus familiares,
especialmente en hospitales y otros centros de salud: a)
Ayudando a “bienmorir” a los hermanos que se nos
adelantarán en el camino, a través de la oración y la
mayor frecuencia en la recepción de los Sacramentos; b)
Consolando y fortaleciendo en Dios a los familiares de
los enfermos. c) Invitando a los enfermos transitorios a
ofrecer su dolor al Señor y a acercarse a Él
aprovechando la circunstancia que están viviendo.
Apoyo a la Iglesia:
Busca los recursos para poder colaborar con la gente que
necesita ayuda material: parroquias, religiosos y
religiosas, seminarios, familias marginadas y de escasos
recursos en general.
Ministerio de Comunicación:
Produce los mensajes de evangelización destinados a la
difusión masiva, ya sea a través de la radio, la TV,
videos, diarios, nuestra revista, Internet, cintas de audio
y CD’s.
Catequesis:
Planifica, coordina y supervisa la formación catequética
de los agentes del ANE y los contenidos del Catecismo
en la evangelización que realizamos.
Labor Penitenciaria:
Acompaña a los hermanos que han tenido la desgracia
de perder temporalmente su libertad, invitándolos a
liberar el alma a través del Señor; recordándoles que hay
una realidad distinta a ese duro medio que les rodea, y
que nuestra verdadera esperanza debe estar puesta en
Dios. En el Reclusorio de Mérida, nuestro Apostolado
tiene a su cargo el módulo de enfermos de SIDA.
ANE Pro-Vida:
Trabaja incesantemente por difundir campañas en favor
de la defensa de la vida y la paternidad responsable, y
por lo tanto, en contra del aborto, la eutanasia y la
clonación.
CASANE
Son los “Centros de Asistencia del Apostolado de la
Nueva Evangelización”. Asisten en forma directa a los
más necesitados, a través de comedores y roperos
populares, dispensarios médicos, programas de
catequesis y evangelización, programas de
rehabilitación, planes de alfabetización, entrega de
despensas , y servicios de consejería.
S
34
Casitas de Oración:
Coordina el trabajo para el desarrollo ordenado de la
estructura del ANE y promueve el vínculo entre los
distintos grupos que conforman nuestro Apostolado.
Apostolado de la Nueva Evangelización
APÉNDICE C
NOTA DEL ANE
os libros de “La Gran Cruzada” forman parte de una
colección de textos, que cuenta ya con más de 15
volúmenes, cuyas enseñanzas transmiten la
espiritualidad del Apostolado de la Nueva
Evangelización (ANE), que se fundamenta en las
Sagradas Escrituras y el Catecismo de la Iglesia.
El ANE es un movimiento católico de laicos, que
surge como respuesta al insistente llamado de Juan
Pablo II a los bautizados, para que se comprometan en
la tarea de promover la Buena Nueva de que Cristo ha
muerto y resucitado para salvarnos del pecado.
Como católicos que somos, nos sometemos
completamente al Magisterio de la Iglesia, que sobre el
tema de las “Revelaciones Privadas” expresa lo
siguiente:
Canon 66: “La economía cristiana, por ser alianza
nueva y definitiva, nunca pasará; ni hay que
esperar otra revelación pública antes de la
manifestación de nuestro Señor Jesucristo”
(Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática
‘Dei Verbum’ 3 AAS 58)
Sin embargo, aunque la Revelación esté acabada,
no está completamente explicitada; corresponderá
a la fe cristiana comprender gradualmente todo su
contenido en el transcurso de los siglos.”
Canon 67: “A lo largo de los siglos ha habido
revelaciones llamadas ‘privadas’, algunas de las
cuales han sido reconocidas por la autoridad de la
Iglesia. Éstas, sin embargo, no pertenecen al
depósito de la fe. Su función no es la de ‘mejorar’
o ‘completar’ la Revelación definitiva de Cristo,
sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una
cierta época de la historia.
Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de
los fieles (sensus fidelium) sabe discernir lo que
en estas revelaciones constituye una llamada
auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia.
La fe cristiana no puede aceptar ‘revelaciones’ que
pretenden superar o corregir la Revelación de la
que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas
religiones no cristianas y también de ciertas sectas
recientes que se fundan en semejantes
‘revelaciones’. ”
Catecismo de la Iglesia Católica
cánones 66 y 67
Como puede verse en el interior de nuestros libros,
la mayoría de ellos cuentan con el debido
“IMPRIMATUR”, otorgado por Obispos de la Iglesia
Católica, de los Ritos Latino y Caldeo. Han sido
traducidos a más de seis idiomas y son recomendados
por varios obispos, quienes estiman que su lectura
ayuda al crecimiento espiritual de los fieles católicos.
Los primeros libros de esta serie de la “Gran
Cruzada” no fueron impresos con el sistema offset, sino
que se distribuyeron a través de fotocopias, tomadas
directamente de los primeros originales transcritos.
Con el correr del tiempo, muchas personas -
entendemos que con muy buena voluntad- colaboraron
“retranscribiendo y poniendo formato a los textos” para
luego fotocopiarlos, dado que “las copias de las copias”
ya resultaban en ciertas circunstancias ilegibles...
Lamentablemente, en estos procesos se cometieron
demasiados errores, no sólo de ortografía, sino también
de transcripción (tecleado), que en algunos casos
terminaron por modificar el sentido de los textos,
acarreándonos no pocos problemas.
Precisamente por ese motivo, el Apostolado de la
Nueva Evangelización, por sugerencia de algunos
sacerdotes y obispos, ha decidido pedir a los lectores
que, por ninguna causa y bajo ninguna circunstancia,
estos mensajes sean transcritos nuevamente, sin la
estricta vigilancia y la debida autorización de nuestro
Director General.
Apostolado de la Nueva Evangelización
APÉNDICE D
AYUDA AL ANE A AYUDAR
odos estos libros constituyen un verdadero regalo
de Dios para las personas que desean crecer
espiritualmente, y es por eso que el precio de su venta
apenas permite cubrir los costos de impresión.
Sin embargo, el Apostolado de la Nueva
Evangelización, en su seguimiento de Cristo, desarrolla
una vasta serie de obras de misericordia espiritual y
corporal, atendiendo a indigentes en siete comedores y
roperos populares, distribuyendo centenares de
despensas con productos básicos de la canasta familiar,
promoviendo las misiones evangelizadoras y
catequéticas en pueblos alejados, apoyando espiritual y
materialmente a nuestros hermanos de numerosas
L
T
35
cárceles y hospitales (principalmente en América
Latina), entre otras actividades...
Todo este trabajo puede ser realizado sólo gracias a
la generosidad de las personas que, atendiendo la Voz
del Señor, se solidarizan con los más necesitados y
donan su tiempo, su esfuerzo, y los recursos materiales
que pueden destinar a la caridad.
Si la lectura de este libro ha generado en ti el deseo
de ayudarnos en la edificación del Reino, contáctate por
favor con nosotros, a través de las direcciones y
teléfonos que se consignan en la última página de este
libro. Los obreros siempre serán pocos para la
abundante mies...
Asimismo, si deseas aportar económicamente con el
desarrollo de esta Obra, puedes enviando tu donación
deducible de tus impuestos a la Renta (IRS) a: Love &
Mercy Publications, P.O Box 1160, Hampstead, NC
28443, USA. Puede enviar su donativo juntamente con
su pedido de libros o videos, pero en cheque o giro
(money order) separado, a nombre del “ANE-USA”, ya
que las donaciones serán transferidas a la oficina
principal de ANE Internacional.
En el nombre del Señor, te agradecemos
anticipadamente por la colaboración que pudieses
brindarnos, y a El le pedimos que, generoso y
providente como es, te recompense al ciento por uno.
Que Dios te bendiga.
Apostolado de la Nueva Evangelización

LAS OFICINAS DE ANE
www.a-n-e.net - www.jesucristovivo.org
CASA CENTRAL:
Calle 1- H N° 104 X 20
Col. México Norte, C.P. 97128
Mérida, Yucatán, México
Telephone: (52) (999) 944 0540
(52) (999) 948 30 05
Telefax: (52) (999) 948 1777
MERIDA Y PEDIDOS DEL EXTERIOR
Merida - Mexico
anemer@prodigy.net.mx
Tel. (01999) 948-18-16
(01999) 944-05-40
Cochabamba – Bolivia
0591 04 4295130
ane.bolivia@gmail.com
La Paz – Bolivia
ane.lapaz.bo@hotmail.com
Oruro – Bolivia
ane.oruro.bo@gmail.com
Tarija – Bolivia
yrmteran@hotmail.com
Santa Cruz – Bolivia
myriamillescas@hotmail.com

CONTACTO PARA AYUDA:
ane.internacional@gmail.com
APÉNDICE E
LIBROS Y VIDEOS DISPONIBLES A
TRAVÉS DE “ LOVE AND MERCY
PUBLICATIONS”
ove and Mercy Publications es parte de una
organización religiosa, educativa sin fines de lucro
(aprobación IRS 501c) dedicada a la difusión de libros,
videos y otros materiales religiosos concernientes al
gran Amor y Misericordia de Dios. Como parte de su
misión, esta organización distribuye, con la debida
autorización, los libros que contienen los mensajes
dictados por El Señor y la Virgen María a Catalina
(Katya) Rivas, así como otros materiales relacionados a
este tema. El contenido de estos libros de Catalina, ha
sido revisado por autoridades de la Iglesia Católica
quienes han determinado que son consistentes con la fe
y enseñanzas de la Iglesia. Mayor información al
respecto se puede encontrar al principio de cada libro.
Todos los libros están disponibles sin costo alguno en el
Internet en: www.LoveAndMercy.org. Conforme vayan
saliendo las traducciones de los libros y folletos en otros
idiomas, se les irá colocando, en versión electrónica, en
la biblioteca de estas páginas Web, de donde las podrá
bajar sin costo alguno. Así mismo, estas páginas Web
contienen información sobre las direcciones de otras
organizaciones donde se pueden obtener copias de estos
folletos y otros libros de Catalina. Los libros y folletos
de “Love and Mercy Publications” que tenemos a su
disposición en este momento (o que lo estarán en un
futuro cercano) son los siguientes:
Libros testimoniales y devocionales
Palabras de J esús y Mary con las visiones a Catalina y
reflexiones de Catalina, publicó entre 1997 y 2009:
La Santa Misa: Una enseñanza profunda con un Imprimátur
sobre la Santa Misa, que contiene visiones durante la Misa y
mensajes dictados por la Virgen María y El Señor a Catalina,
que pueden profundizar nuestra experiencia espiritual durante
la Santa Eucaristía. Este es el mas leído de los libros de
Catalina.
Hora Santa: Una devoción hermosa con un Imprimátur para
leer y orar ante el Santísimo Sacramento que fue dictado por
la Virgen María a Catalina e incluye oraciones tradicionales y
L
36
versos de la Biblia. El lector puede ver y experimentar el gran
amor que la Madre de Dios tiene hacia el Santísimo
Sacramento.
La Pasión: Reflexiones sobre el misterio del sufrimiento de El
Señor y el valor que tiene en la Redención, como lo dictaron
El Señor, Dios Padre y la Virgen María a Catalina. Este es un
relato verdaderamente profundo sobre la Pasión de Cristo con
un Imprimátur que tocará y cambiará muy profundamente los
corazones, aumentando nuestro amor por J esús.
Las Estaciones de la Cruz (Vía Crucis): Las meditaciones sobre la
Pasión de Cristo en este libro fueron casi todas extraídas de
“La Pasión”, un libro que fue dictado por El Señor a Catalina.
El resto fue extraído de la Biblia. Estas meditaciones están
organizadas para seguir la tradicional devoción de “Las
Estaciones de la Cruz”, que proveerán al lector la experiencia
conmovedora de caminar con El Señor, y escucharle a Él
describir y explicar Su Pasión de acuerdo a como sucedió.
Providencia Divina: Una enseñanza profunda sobre la muerte y
el Sacramento de la Reconciliación incluyendo visiones y
mensajes dictados por El Señor a Catalina, como también su
relato personal sobre las muertes de su madre y hermano en
un plazo de días entre uno y otra en J unio 2003. Este libro
cuenta con una recomendación formal del Arzobispo Emérito
de Cochabamba. Este libro da mucha esperanza y consuelo a
todos, pues todos en la vida, experimentamos la muerte de
seres queridos, y en ultima instancia, experimentaremos
nuestra muerte y nacimiento a la vida eterna. El lector podrá
también obtener un entendimiento más profundo sobre los
Sacramentos de la Reconciliación y la Unción de los
Enfermos (o La Extrema Unción).
Del Sinaí al Calvario: Visiones y enseñanzas profundas dictadas
por El Señor a Catalina sobre Sus siete últimas palabras
durante Su Pasión, que fue dado a Catalina en el período entre
diciembre 2003-enero 2004. Completado en 2004 con un
Imprimátur.
Mi Cristo Roto camina sobre las aguas: Testimonio de Catalina
con un Imprimátur sobre la obra “Mi Cristo Roto” del P.
Ramón Cué, SJ . Completado en 2005 con un Imprimátur.
El Rostro visible del Dios invisible: Un testimonio que nos habla
de la importancia de vivir nuestro cristianismo
conscientemente y de profundizar nuestra conversión... Nos
invita a redescubrir el compromiso que, como bautizados,
hemos adquirido, para que así podamos asumir esta
responsabilidad con la seriedad que corresponde. El texto en
Español fue completado en 2005 con un Imprimátur.
En Adoración: Un nuevo aporte a la reflexión sobre nuestra fe
y sobre la Eucaristía. Es un testimonio de sublime enseñanza
sobre el amor a la Eucaristía y a la Misericordia del Señor. El
texto en Español fue completado en 2007 con un Imprimátur.
He Dado Mi Vida por Ti: Este libro es una recopilación de
mensajes que J esús dio a Catalina durante las Cuaresmas de
los años 2005, 2006, 2007, 2008, y el inicio de la Cuaresma
del 2009 y luego fue publicado en Español. Su precioso
contenido es un nuevo llamado del Señor a cada lector, para
unirse a Él en los dramáticos momentos en los que se disponía
a entregar Su Vida por la salvación de la humanidad.
Rezando el Rosario: Al comienzo de “La Santa Misa”, Catalina
relata que El Señor y La Virgen María le dieron instrucciones
de como rezar el Rosario, tales instrucciones aparecen en
mensajes que han sido publicados en varios de los libros,
todos los cuales recibieron un Imprimátur. Este libro es una
recopilación de un número de esos mensajes por Love and
Mercy Publications.
Libros de Enseñanzas Formativas
Los libros iniciales de enseñanzas dictados por J esús y María
a Catalina de 1993 a 1998:
Manantiales de Misericordia, El Arca de la Nueva Alianza, La Gran
Cruzada del Amor, La Puerta del Cielo, La Gran Cruzada de la
Misericordia y La Gran Cruzada de la Salvación: Entre el otoño de
1993 y la primavera de 1998 Catalina recibió un gran número
de profundas enseñanzas dictadas por J esús, La Virgen María
y por algunos santos. Los aquí nombrados son cuatro de seis
libros que contienen tales enseñanzas. Todos ellos han
recibido el Imprimátur.
Catalina continua recibiendo mensajes. Para obtener
información sobre la disponibilidad actual de los libros de
Catalina por favor visita: www.LoveAndMercy.org
Otro Libro Recomendado
Razones para Creer: Una estatua llora y sangra. Dios dicta a
Catalina Rivas mensajes y enseñanzas. Un trozo de pan se
transforma en carne. ¿Son verdaderas estas manifestaciones?
¿Qué tiene que decir la ciencia? Este es el fascinante viaje del
abogado Australiano, Ron Tesoriero, en la búsqueda de
respuestas. En el camino invita al famoso periodista de
investigación, Mike Willesee a reunirse con el. Lo que
descubren será un desafío para la mente y el corazón de cada
lector.
Videos y DVDs
Un Llamado a la Humanidad: Este video documenta recientes y
remarcables eventos sobrenaturales en Bolivia. El video fue
producido por un abogado Australiano y productor de
documentales, Ron Tesoriero. Este video también incluye
cobertura de 2-horas de la transmisión del canal “FOX TV”,
en horario principal (prime-time), de: “Señales de Dios – La
Ciencia examina la Fe”, concerniente a la imagen de Cristo, el
busto de Cristo que sangra, y sobre la experiencia y mensajes
de Catalina.
La Santa Eucaristía - En Comunión Conmigo: Este documental es
un instrumento educativo y de evangelización que ofrece clara
información sobre este importantísimo Sacramento. También
presenta determinados Milagros Eucarísticos que han sido
aprobados por la Iglesia Católica. Estos son poderosos
recordatorios de la presencia verdadera de Jesucristo en la
Eucaristía. Este documental fue producido por Michael
Willesee y Ron Tesoriero.
LIBROS Y VIDEOS
Por favor visite www.LoveAndMercy.org para la
información más actual sobre los libros y DVDs que
están disponibles y el costo e información para
comprar.

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itado de ‘La Pasión” como dictado por Jesús a Catalina :

“Contemplen como Me maltrataban… Contémpleme en la prisión donde paso gran
parte de la noche … Contémplenme en esta noche de tanto dolor, y consideren que
este dolor se prolonga en la soledad de tantos Sagrarios, en la frialdad de tantos
corazones…
“Contemplen Mis heridas y vean si hay alguien que haya sufrido tanto como Yo,
para demostrarles su amor.
“Contemplen un instante estas manos y estos pies ensangrentados ... Este cuerpo
desnudo, cubierto de heridas, de orines y de sangre. Sucio... Esta cabeza traspasada por
agudas espinas, empapada de sudor, llena de polvo y cubierta de sangre...
“Contempla a tu Jesús, tendido sobre la Cruz, sin poder hacer el más ligero
movimiento... desnudo, sin fama, sin honor, sin libertad...
“Si me amas de veras ¿a qué no estarás dispuesto para asemejarte a Mí? ¿Qué
rehusarás para obedecerme, complacerme y consolarme?...
“Contémplenme en la imagen del Cristo que llora y sangra. Allí y así, Me tiene el
mundo..
“Si me amas de veras ¿a qué no estarás dispuesto para asemejarte a Mí? ¿Qué
rehusarás para obedecerme, complacerme y consolarme?...
“Amados Míos, si no miran al Cielo, vivirán como seres privados de razón... Alcen la
cabeza y contemplen la Patria que les espera. Busquen a su Dios y siempre lo
encontrarán con los ojos fijos en ustedes; y en Su mirada hallarán la paz y la vida.”


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