Universidad de la

República

Facultad de Psicología


Curso: Antropología filosófica
Seminario: Reflexiones filosóficas sobre el problema
del mal
Docente: Laura Silvestri
Tema: Análisis de Adolf Eichmann en relación a
autores dados en el seminario








Introducción

El presente trabajo tiene como objetivo hacer un análisis de la persona Adolf Eichmann
en relación a varios ejes: el régimen totalitarista nazi, la razón instrumental, ética
kantiana, perspectiva psicoanalítica sobre las pulsiones en el modo de actuar, moral
genealógica desde Nietzsche.
La relación de estos puntos, tiene como intencionalidad lograr una articulación que
pueda dar cuenta a modo de reflexión, como estudiante de psicología, de entender y/o
cuestionar este personaje, donde si se quiere, a raíz de una ideología, fue tomando
metodologías que se asocian por ejemplo al concepto de razón instrumental.
A su vez, es posible y necesario realizar una breve descripción de cada uno de estos
pilares, generando un espacio teórico apropiado para ello, porque claramente cada uno
tiene elementos de estudio que pueden ser realizados de forma independiente. Es
importante aclarar que hechos tan trascendentes como el régimen totalitarista nazi, el
concepto de razón instrumental, el personaje Adolf Eichmann, así como el resto de las
obras a utilizar, podrían en sí mismo ser motivo de elaboración de una monografía, por
tal razón es que haré un recorte a modo de lograr una equilibrada articulación, tratando
de ajustar lo necesario para que dicha articulación pueda ser lograda satisfactoriamente.
Con respecto al porqué de la elección del tema, en un primer momento había dirigido mi
intención hacia la temática del aborto, pretendía hacer un análisis sobre las cuestiones
éticas y políticas, desde las argumentaciones tanto a favor como en contra, pero sentía
que la concepción del Mal en esta práctica, no sabría si podía ser capaz de enfocarla
desde el punto de vista trabajado a lo largo del semestre; también sentía que la reflexión
no sería muy rica en contenido, ya que se trata de una práctica muy polemizada y donde
mi propia capacidad de análisis podría verse influida por el desconocimiento de este
fenómeno y por mi posicionamiento en particular. En definitiva, no sabía si había “Mal”
propiamente dicho. Lo que sí tuve claro desde un primer momento era mi inclinación
por trabajar con el concepto de razón instrumental.
No tengo dudas que en estos tiempos, donde los modelos económicos determinan en
gran manera nuestro estilo de vida, y por supuesto que el modelo capitalista prevalece
por sobre los demás, la idea de razón instrumental está fuertemente implícita con este
sistema político-económico, siendo recurso a utilizar incluso por los regímenes
totalitarios, donde el nazi no fue la excepción.
Es aquí donde hago un giro con respecto a la temática, y empiezo a encauzarla sobre lo
mencionado al principio de la introducción (análisis de Adolf Eichmann bajo los ejes
mencionados).
Siendo fiel a lo que de introducción se pretende, puedo mencionar que el régimen
totalitarista nazi, no dejó de ser un modelo político con claras intenciones de acumular
capital. Para lograrlo, hizo todo lo que a su alcance estaba, y sobre los recursos
humanos, la metamorfosis de Eichmann es un claro ejemplo de esto.
Realizar este análisis conllevará a remitirme con autores dados en el curso, donde sus
planteos enriquecerán el presente trabajo. Autores como Arendt, Nietzsche, Freud,
Kant, y sus respectivas obras, serán necesarias para que este análisis pueda tener la
mayor cantidad de aristas posibles, tratando de elaborarse de una manera compleja,
como semejante personaje lo requiere.
El desarrollo pretende tomar elementos teóricos y a la vez elaboración propia, con
hipótesis que irán surgiendo a lo largo del trabajo. En un principio creí que lo mejor era
separar en dos partes el trabajo, siendo uno todo el material teórico y la otra parte la
producción propia, pero me dejo la impresión de que podría quedar muy esquemático, y
la idea es completamente la contraria, se trata de intercalar elementos teóricos con el
establecimiento de hipótesis que surgen al tener en cuenta dichos autores elegidos. De
esta forma queda claro que el recorrido no pretendo que sea lineal, sino lo que procuro
es que las diversas puntualizaciones me hagan “ir y venir” utilizando a más de un autor
a la vez para ratificar o rectificar mis hipótesis, que no tienen pretensión de ser más que
eso, hipótesis y cuestionamientos en los que puedo permitirme el análisis de Adolf
Eichmann con postulados de autores dados durante el semestre de curso.






Desarrollo

Creo conveniente a modo de contextualizar la temática, describir las generalidades del
régimen totalitarista nazi, y luego comenzar la articulación con las obras de los diversos
autores a fin de complementar para lograr una reflexión sobre Adolf Eichmann.
El nazismo, es una abreviatura de nacionalsocialismo (Nationalsozialismus). El régimen
abarco desde 1933 hasta 1945, coincidiendo con el término de la Segunda Guerra
Mundial. Su intención como gobierno totalitarista era que en torno a un líder, se rigieran
todas las decisiones de poder político, negando o sin reconocer la existencia de otros
partidos. No hay existencia de jerarquía de poderes, porque solamente existe uno, y es
ese poder político total. Con respecto al Estado como característica institucional, este
toma la potestad de omnipotente.
El nazismo en particular, adopta no solo medidas exclusivamente políticas, sino que
también determina supuestos sobre aspectos étnicos y racistas. Teniendo como uno de
los fines más importantes la preservación de la pureza racial, se propone establecer
ideales a través de acciones que se reafirman en políticas racistas o antisemitas.
Acerca de su concepción jurídica sobre el Derecho, adoptan una postura en la que
afirman que sólo existe un derecho positivo que el Estado otorga a las personas.
Significa esto que no existen derechos naturales a las personas, y por tanto al ser el
Estado solamente quien es capaz de otorgar derechos, se trata de un posicionamiento de
derecho positivo (Wikipedia, 2012).
Esta información es muy pertinente, ya que a la hora de instaurar las prácticas el
personal militar tiene en cuenta estas cuestiones, y comienza por matar, primero, a la
persona jurídica; segundo, a la persona moral. Haciendo referencia al pensamiento de
Arendt, quien comprueba empíricamente que los totalitarismos son capaces de erradicar
la espontaneidad y natalidad; aquí hago la primer puntualización, esto sucede en todos
los individuos, tanto el personal militar (donde está ubicado Adolf Eichmann), así
como también en las víctimas judías.
Siguiendo los planteos Arendtianos que dan elementos que promueven a analizar un
totalitarismo, como lo fue el período nazista, es interesante seguir esta línea de doble
afectación en las prácticas instauradas, tanto para quienes las ejecutaban como para
quienes las recibían. Enfocado ahora hacia una de las tres manifestaciones de “la vida
activa”, en la acción puede apreciarse cómo esta se ve limitada debido a prácticas de
una política totalitaria. La acción es la única de las tres manifestaciones que requiere de
Otro(s) para poder llevarse a cabo. Lo podemos resumir en las textuales palabras de
Arendt: “mediante la acción y el discurso, los hombres muestran quienes son, revelan
activamente su única y personal identidad y hacen su aparición en el mundo humano”
(Arendt, 2005). Es gracias a esta acción donde las personas pueden sentirse únicos, y a
través de ese sentir, comprobarlo en la mera interacción con otros, en una práctica
donde los discursos de ambos participantes, termina por evidenciar esa distinción entre
unos y otros.
Siguiendo con la importancia del concepto de acción, la que tiene gran privilegio es la
acción política, justamente porque permite la capacidad de debate, de intercambio y
abre las puertas para que se dé en un ámbito público, el más propicio para esta
circunstancia. Es en estos espacios donde la libertad logra su máxima expresión y, por
tanto, donde el nazismo, así como cualquier régimen totalitario, se encarga de limitar
hasta suprimir su existencia. La libertad es la posibilitadora del surgimiento de la
espontaneidad, también de la natalidad, la capacidad para iniciar algo nuevo,
introduciendo novedad en el mundo, donde esto nuevo se realiza a través de la acción,
anteriormente mencionada, posibilitando el intercambio de ideas, dando lugar a la
crítica.
Acerca de Adolf Eichmann, su personalidad nos daba a entender que debía tener como
prioridad el cumplimiento de sus tareas, careciendo de la capacidad de crítica, generada,
entre otras, por la ausencia del ámbito público antes explicitado. Su importancia estaba
en cumplir con las órdenes asignadas, y con respecto a la población judía, él los
interpretaba como números, donde su preocupación era lograr tener una estricta
estadística de todos ellos, siendo esta favorable, usando como medición las órdenes
recibidas por autoridades superiores. Es llamativo el hecho de no ser un antisemita
declarado, incluso, se tiene información sobre su vida en la que se encontraba
relacionado con judíos. Este punto es interesante, porque se empieza a vislumbrar esta
capacidad en donde su actuar comenzó a verse influido, fruto de las políticas del
régimen totalitario, dando lugar a un análisis paralelo con la idea de razón instrumental.
Si bien como mencionaba anteriormente, la imposibilidad de espacio público, o si se
quiere solamente de intercambio de ideas, en Eichmann se pudo ver esta falta, de
detenerse a pensar en lo que estaba haciendo, y no solo eso, sino que configuró su
accionar cayendo en parámetros de eficiencia.
Sobre la razón instrumental, es importante destacar que la razón pierde su vínculo con la
crítica. Aparece una racionalidad que no se plantea ni se cuestiona sobre los fines
(valores involucrados), sino solamente sobre los medios para conseguir determinados
fines. Esta racionalidad está enfocada exclusivamente en la eficacia, de los medios para
llegar a los fines, sin cuestionarse por los fines en sí mismos. Como dice Max
Horkheimer “Cuanto más automáticas y cuanto más instrumentalizadas se vuelven las
ideas, tanto menos descubre uno en ellas la subsistencia de pensamientos con sentido
propio” (Horkheimer, 1973).
Según Habermas, la consecuencia de todo esto es que se pierde la capacidad crítica,
generando así un pensamiento tecnócrata, y dando origen a los especialistas. De tal
manera, ciencia y técnica funciona en torno a una ideología. El nazismo, como
ideología, y Adolf Eichmann, como técnico y aplicador de métodos, que tienen como
base rigurosidad científica, son claros ejemplos de esta relación.
La racionalidad instrumental implica la “alienación de la alienación”, el énfasis esta
puesto en la ausencia de crítica. Es desde dicha carencia que puedo entender el
posicionamiento de Eichmann en su modo de actuar. Lejos de un entendimiento con
empatía, sino un entendimiento desde lo instrumental, como parte de una pieza o
engranaje de todo un sistema maquínico de funcionamiento. Donde los fines eran claros
y los medios no necesitaban de un pensamiento crítico, lo único que importaba era
cumplir con los fines, sin importar a qué precio.
No hay que dejar de reconocer que como pieza de un sistema, de este sistema en
particular, Eichmann se ajustaba a la perfección, armónicamente; fue desde la ausencia
de cuestionamiento o razón autónoma, donde su perfección como pieza, sumada al total,
producía un buen funcionamiento de la misma. Refuerzo esta idea con la siguiente cita:
“cuando la misma razón se instrumentaliza, adopta una especia de materialidad y
ceguera, se torna fetiche, entidad mágica, más aceptada que experimentada
espiritualmente” (Horkheimer, 1973).
Comienzo en este espacio a vincular la falta o carencia de crítica, con el término o idea
de ética Kantiana. Entendiendo la ética como la rama de la filosofía que se encarga de lo
moral, pensar la situación y acciones de Eichmann me resulta muy curioso.
Teniendo en cuenta la idea de moral kantiana “obrar de manera que la máxima de buena
voluntad sea una ley universal”, me cuestiono cuánto de “buena voluntad” hay en su
accionar, también si su modo de actuar pretendía que fuera “ley universal”. Creo que el
juicio que se puede emitir depende exclusivamente desde donde pensemos esta
situación. Sin embargo, hay que tener en cuenta que según Kant “la moderación en
afectos y pasiones, el dominio de sí mismo, la sobria reflexión, no son buenas solamente
en muchos aspectos, sino que hasta parecen constituir una parte del valor interior de la
persona, no obstante lo cual están muy lejos de poder ser definidas como buenas sin
restricción […], sin los principios de una buena voluntad pueden llegar a ser
extraordinariamente malas, y la sangre fría de un malvado no sólo lo hace mucho más
peligroso sino mucho más despreciable” (Kant, 1990). Implicado desde dentro del
régimen totalitario, probablemente haya actuado de forma ética conforme a un deber, el
que todos sabemos sobre lo que pretendía el nazismo. Puedo establecer que no deja de
justificarse su accionar, por más contexto social o político que haya vivido. También es
pertinente decir que en ese mismo contexto, es muy probable que poco importase lo que
a ética se refiere, mas en términos de productividad y eficiencia instrumental. Es una
situación compleja, porque al tomar la ética kantiana en relación a esta situación, la
crítica que se le hace al propio Kant acerca de pensar en un sujeto a-histórico, en
Eichmann es una variable más que trascendente.
Si bien Kant reconoce que hay máximas buenas y malas, estas son producto del libre
albedrío, y este es otro elemento por el cual no puede justificarse el modo de actuar de
Eichmann. A su vez, es este libre albedrio el que hace que no terminemos actuando por
causalidad, es decir, nos permite que sigamos siendo seres humanos, culturales, y no
meramente animales de instinto. Hay una evidente máxima mala, referida a una
inclinación personal, o lo que es igual a no actuar por deber, que refiere a su continua
intención de escalar posiciones de rango en su labor militar, actuando en definitiva en
forma heterónoma.
Algo llamativo en todo lo que sucedió en torno a Eichmann, fue la ausencia de
sentimiento de culpa que experimentó, ya a mitad de análisis, desde la racionalidad
instrumental se puede encontrar una explicación a este fenómeno. Se dificulta un poco,
y a la vez se vuelve más interesante, decir que la “culpa” es fruto de la cultura, y como
todos los seres humanos, estamos impregnados de esta.
Refiriéndome a una de las obras de Nietzsche, podemos hacer un breve análisis
genealógico de la culpa, y vemos que esta es fruto de un intercambio comercial, entre
un acreedor y un deudor, donde este último debe poner otro bien como garantía para
poder llegar a un acuerdo comercial.
Tendemos a ver a Eichmann desde la posición de deudor, lo juzgamos prejuzgándolo a
que él se encontraba del lado del deudor. No es así. Su ausencia de sentimiento de culpa
demuestra en sus propias manifestaciones todo lo contrario, Eichmann estaba
posicionado en el lugar de “acreedor” y desde esa ubicación, es entendible que no haya
la más minima intención de mea culpa o autocrítica. Porque como buen hombre
“acreedor”, estaba en una posición superior, esta posición suponía ciertos valores,
ideales, donde la culpa no existía, por el motivo de la moral de linaje noble, que a raíz
de ellos mismos, daban lugar a los inferiores, personas de origen judío que padecieron
todo tipo de torturas físicas y psicológicas.
Los estudios psicológicos mostraron que no había patología, nada sobre trastornos de
personalidad, o psicosis alguna. Analizando el aparato psíquico desde la corriente
psicoanalítica, estamos en presencia de un Yo para nada débil, donde el Super yo no
tiene los valores éticos de cualquier individuo corriente, “sano” si se quiere, pero que a
su vez no se ubica en lo patológico. Volviendo al asunto de lo cultural, entra en juego
un término psicoanalítico como es la pulsión. Contextualizando a Eichmann bajo el
régimen nazi, durante la Segunda Guerra Mundial, ocurre que no solo él, sino que un
conjunto de personas (llegando incluso a niveles de naciones), pueden actuar de forma
extrema, porque la situación que se vive es extrema.
Al decir de Einstein “pienso especialmente en ese pequeño pero resuelto grupo, activo
en toda nación, compuesto de individuos que, indiferentes a las consideraciones y
moderaciones sociales, ven en la guerra, en la fabricación y venta de armamentos, nada
más que una ocasión para favorecer sus intereses particulares y extender su autoridad
personal” (Freud, 1932). Los procesos que ponen en juego las adquisiciones culturales,
están relacionadas con prácticas desarrolladas en ese contexto. Bajo la institución
Estado, al ser totalitarista, absorbe con un solo propósito demás instituciones, como las
educacionales o medios de comunicación, movilizando a su criterio a todas las masas.
Continuando sobre las pulsiones, las de muerte prevalecen en estas situaciones de crisis,
“el ser vivo preserva su propia vida destruyendo la ajena […], la vuelta de esas fuerzas
pulsionales (de muerte) hacia la destrucción en el mundo exterior aligera al ser vivo y
no puede menos que ejercer un efecto benéfico sobre él” (Freud, 1932). Con esto
pretendo decir que no hay componentes de una persona sádica en Eichmann, sino que
todos nosotros poseemos esta mezcla de energías o pulsiones. En un contexto no solo
totalitario, sino al que se le suma el factor bélico, en Eichmann se manifiesta en forma
clara las pulsiones de muerte, para lograr subsistir en el medio, también hay agregar sus
propósitos o metas personales. Es verdad que habría distintas maneras de poder
sublimar esta pulsión, pero no se puede dejar de insistir en que en tiempos de guerra,
cualquier actividad recreativa, artística o cultural, se derrumba o desmorona fácilmente.
Y con respecto a la adhesión de las masas, “necesitan de una autoridad que tome por
ellos unas decisiones que las más de las veces acatarán incondicionalmente” (Freud,
2001). Con estas palabras, tenemos una visión explicativa, pudiendo entender el modo
de actuar de Eichmann, así como también del resto del personal nazi. Sin olvidar que
este movimiento logro la adhesión de gran parte de la población alemana.
Una vez más, somos como seres humanos tan virtuosos como defectuosos. Vuelvo a la
idea de libre albedrío, que es lo que nos da la libertad para actuar y es en ella donde
eventualmente equivocamos, fallamos, o acertamos, pero sin dejar de actuar con mayor
o menor libertad (esto que digo trasciende los regímenes totalitarios), convirtiéndose en
lo principal ante todo, la capacidad para actuar, tomar decisiones (y ser responsable de
ellas) como especie humana.
Ahora que empiezo a referirme al asunto de toma de decisiones, de capacidad de
actuación, nuestro sentido más primitivo e instintivo, refiere al hecho de que somos
animales. Bajo estos parámetros, las reglas que prevalecen son las del más fuerte, es
este quien impone lo que él cree necesario o adecuado.
Adentrándonos al análisis con la obra de Nietzsche “Genealogía de la moral”, hay que
destacar que son los buenos, los nobles, los poderosos, quienes valoraron a sí mismo y a
su obrar como propiamente bueno. De esta forma, por contradicción lógica, se dio lugar
a lo bajo, lo vulgar, lo malo. Mucho se ha dicho de la influencia de Nietzsche sobre la
ideología nazi fascista.
En el modo de actuar, como sistema y en cada uno de los actores, se refleja fielmente
esta manera de sentir, ver y pensar. En el caso particular de Eichmann, acató esta lógica
de sistematización y no se detuvo siquiera un segundo a pensar en la posición baja o
vulgar, porque no le correspondía, como persona ni como bando donde estaba
implicado, ni siquiera fue una negligencia. Aquí el pathos de la distancia es evidente.
Es ese “entre” el que delimita dos polos radicalmente opuestos, y lo termina de
comprobar Nietzsche cuando busca la etimología de donde provienen las palabras
bueno (noble)-bajo (plebeyo).
Siguiendo esta línea de análisis, en estos tiempos quienes conforman “el pueblo”, “la
plebe”, ha vencido conformando una moral de hombre vulgar. Para Nietzsche esto es un
golpe muy duro. Porque como sociedad hemos perdido los verdaderos valores veraces,
para convertirnos en una sociedad de resentidos. Si bien deja resonando cierta polémica,
el planteo de Nietzsche a través de su genealogía es válido. ¿A quién no le gustaría ser
superior como sociedad?, no comparándonos con otros grupos sociales, sino con
nosotros mismos, como especie humana.
Es fácilmente reconocible que en estos tiempos, donde hay tantas diversidades
culturales, religiosas, llevar a cabo esta tesitura sería ir en contra de un grupo social (con
sus valores implicados), lo que terminaría generando un claro rechazo. Esto fue lo que
sucedió con el Tercer Reich. Creo a modo de hipótesis que la idea no era mala para toda
la sociedad, cuando hablo de sociedad me refiero a humanidad, solo que tendría que
haber sido algo como empezar desde “el punto 0”, mas quedaría en algo utópico,
inalcanzable. Propiamente Nietzsche describe que “hubo en el Renacimiento una
espléndida e inquietante resurrección del ideal clásico, de la manera noble de valorar las
cosas […], pero enseguida volvió a triunfar Judea […]. Judea volvió a vencer otra vez
sobre el ideal clásico con la Revolución Francesa: la última nobleza política que había
en Europa, la de los siglos XVII y XVIII franceses, sucumbió bajo los instintos
populares del resentimiento” (Nietzsche, 1996).
Lo que a mí se me hace claro de analizar, la imposibilidad de llevar a cabo esta tarea,
evidentemente para un régimen totalitarista no lo fue. Me convenzo cada vez más que
fue el hecho de carecer de crítica, de reflexión, lo que llevo a impulsarse en ese desafío,
aferrándose de que era posible lograrlo, aunque posteriormente se pagó un precio muy
caro, con millones de muertes y daños de todo tipo para la humanidad.
Empero, es ahora cuando debe al menos aflorar la capacidad de crítica, como bien dice
el refrán “mas vale tarde que nunca”, para tratar de evitar que estos sucesos no vuelvan
a ocurrir jamás, sin embargo, no hay que dejar de tener presente que las fuerzas
destructivas habitan en todos nosotros, por tanto, vuelvo a relacionar esta temática con
el texto de la Banalidad del mal.
Este sentido banal, radicado en lo cotidiano, puede ser el “capullo” necesario para
engendrar un mal mucho más grave, llegando a niveles radicales de extremidad.
Remitiéndome nuevamente a Eichmann, esta banalidad se podía ver en su carácter, en
sus declaraciones. El hecho de considerarse un fiel ciudadano camuflaba todas estas
cuestiones político-ideológicas, viéndolo a raíz del texto: “Eichmann no era malo, ni
estúpido “únicamente, la pura y simple irreflexión –que en algún modo podemos
equiparar a la estupidez- fue lo que le predispuso a convertirse en el mayor criminal de
su tiempo” ” (Arendt, Eichmann en Jerusalén, un estudio sobre la banalidad del mal,
2006). Me resulta llamativo, y atreviéndome a inducir a la mayoría de los actores
militares, la manera en que culminaron adoptando esta negligente postura (hoy) y cómo
fue capaz de emerger semejante conducta pocas veces vista.
El régimen totalitarista es un invento humano, me deja la sensación en que se creó un
sistema tan gigantesco, que pudo haber sido “indomable” para el Hombre (a la vez
admirable por la complejidad de la capacidad humana, aunque en este caso en sentido
negativo). Pienso en el poder de la convicción, creer que uno está haciendo lo correcto,
lo adecuado porque “esos nobles aristocráticos usaron la expresión de “bueno” para
referirse a sí mismos y a sus propias actividades” (Bernstein, 2004), este planteo fue el
que adoptó el régimen nazista, desde su intuición (al decir de Kant, siendo mas
poderosa que la mera razón) para poder luego ser posible de llevarse a cabo a través de
la acción, politizando al Estado en pos de lograr establecer su pretensión.
Tampoco dejo de pensar en si estoy realizando este trabajo y manejando hipótesis en
forma “contaminada” por mi moral resentida al decir de Nietzsche, ya que la religión
cristiana en occidente ha tenido una influencia muy significativa. Muchos de mis
valores, se conjugan con mi capacidad de reflexión, al momento de pensar críticamente,
lo hago desde un posicionamiento, desde una cultura y como anteriormente dije, todos
tamos “enfermos” de cultura.

Conclusión

Estableciendo mi reflexión a raíz del trabajo realizado, mis líneas de análisis dejan
cierta incertidumbre con respecto a la persona de Eichmann. Me baso en mi experiencia
para decir que no puedo entender, en forma racional, cómo en ningún momento hubo un
mínimo pasaje de duda, de reflexión sobre lo que estaba haciendo. Es cierto que bajo un
régimen totalitario (algo que afortunadamente no tuve oportunidad de vivir), las
vivencias deben ser únicas, el valor de la vida debe verse tan frágil, quizá aquí pueda
encontrar una explicación con cierto sustento lógico para entender su postura, la
sensación de temor de todas las personas, quienes padecieron el totalitarismo así como
quienes fueron activos participes, imagino que es lo que sesga la capacidad de
pensamiento y no solo eso, sino que puede ser capaz de tornar “normal” un modo de
actuar totalmente despiadado. Sí tengo la capacidad de empatía suficiente para
reconocer que bajo esas situaciones vividas, uno mismo podría ser capaz de hacer todo
lo que hizo Eichmann y no me asombra si llega a niveles más extremos. Para mi la
cuestión no se trata sobre números, ni acerca de la frialdad de hacer lo que hizo. Lo que
me deja sin recursos, como estudiante de una carrera que pretende entender las acciones
del Hombre desde la psicología, para poder llegar a una conclusión de su persona, es su
falta de consciencia. Por momentos pienso exageradamente que era una máquina
encarnada en forma humana, y lo que me queda resonando es que como seres bio-psico-
sociales que somos, es el medio y el contexto en el que vivimos el que nos hace actuar
en la manera que actuamos. Tal vez si estas ideas vuelven a aflorar, siga habiendo seres
humanos capaces de asumir el rol que Eichmann alguna vez asumió. Es algo que nadie
está ajeno a eso, solo es cuestión que suceda algo igual. Por tal motivo creo que hay que
aprovechar estos tiempos, donde si bien las guerras existen y seguirán existiendo (como
anteriormente se expresó, es una capacidad propia al Hombre), no hay caos mundial.
Estoy convencido que así como un contexto hostil puede llegar a sacar lo peor de los
seres humanos, un buen ambiente puede sacar lo mejor de nosotros mismos, y quiero
creer que el límite de esas buenas acciones, de las máximas buenas, tampoco ha sido
conocido aún por nuestra especie. Considero que estamos en el medio de un camino, o
una balanza, donde transitamos o nos inclinamos en ocasiones por sobre un extremo, y
que a la mejor concepción cíclica, es algo que estamos predestinados a que nos ocurra.
Vuelvo a hacer énfasis en que es en esos momentos donde estamos inclinados hacia la
paz, o al menos cuando se da lugar a las libertades mínimas (yo creo en el Derecho
natural), en los que hay que aprovechar como especie para poder hacer uso de lo que
nos distingue, de nuestra consciencia y todo lo que esta conlleva, usar la razón a modo
de reflexionar sobre nosotros mismos.
Manejar la idea de relatividad, que vivimos el presente, y que somos lo que somos
gracias al pasado y que podremos ser lo que nos dispongamos porque sabemos que hay
un futuro, y en él trabajar desde un aquí y ahora. No hay que olvidarse de que somos
animales, sin embargo no hay poner a modo de excusa esto cada vez que ocurren hechos
atroces, pero sí tener presente que actuamos como tales (me refiero a los instintos mas
básicos) porque nuestra balanza, tiene dos sentidos, son el instinto y la cultura.
Complementar estas dos nos puede llevar a ser algo supremo, como llegar a hacer
simplemente el ridículo.
Bibliografía

- Arendt, H. (2006). Eichmann en Jerusalén, un estudio sobre la banalidad del mal. DeBolsillo.
- Arendt, H. (2005). La condición humana. Volumen 15 de Sucros/Paidos. madrid: Paidos .
- Bernstein, R. (2004). El mal radical: una indagación filosófica. Buenos Aires: Lilmod.
- Freud, A. E. (2001). ¿Por qué la guerra? Minúscula.
- Horkheimer, M. (1973). Crítica a la razón instrumental. Buenos Aires: Sur.
- Kant, I. (1990). Fundamentacón de la metafísica de las costumbres. Madrid: Espasa.
- Nietzsche, F. (1996). Genealogía de la moral. Madrid: Alianza.
- www.wikipedia.com. (21 de 12 de 2012). Recuperado el 03 de 12 de 2012, de
http://es.wikipedia.org/wiki/Nazismo