JUAN C.

DE MORA
Juan Carlos de Mora
Causillas, nació en el
distrito de Chincha Baja,
fue hijo del teniente
coronel colombiano José
La Rosa de Mora, que
perteneció al
ejército grancolombianodel
general Simón Bolívar y de
doña Antonia Causillas.
Siguió la carrera de las
armas en la Marina de
Guerra del Perú. Entró
como guardiamarina y al
tiempo de la guerra con
Chile, era alférez de
fragata; estuvo embarcado
en la “Independencia”, el
“Huáscar”, en la lancha
“Meteoro” y en la
torpedera “Alianza”.
En Arica, luego de

la batalla fue comisionado
para hacer volar la
torpedera para evitar que
caiga en manos chilenas.
Posteriormente, fue
nombrado Capitán de
puerto de Cerro Azul y
tuvo que hacer gala de su
temperamento en una
zona ocupada. Al hacer
escala el vapor “Arequipa”,
un soldado chileno se
encolerizó al ver el
uniforme naval peruano e
impuso tenazmente que el
“Arequipa”, zarpase de
inmediato. El joven Juan
C. de Mora se impuso,
diciendo: “Aquí flamea el
pabellón peruano, las
órdenes del Perú se
cumplen y el vapor
zarpará cuando yo lo
ordene”. Murió terminada
la guerra y fue sepultado
en el Cementerio de
Chincha Baja.




























2014
“Año de la Promoción de la Industria
Responsable y Compromiso
Climático”


Nombres y Apellidos:
Luis Piero Vásquez Benavides.
Profesora:
Giovanna Loyola Almeyda.




“Los conflicto en la familia”
La familia, como toda institución social,
está sometida a procesos de
crecimiento, momentos de crisis y de
estancamiento. La familia suele ser un
factor de protección y cuidado de las
personas, pero también es fuente de
conflictos cuando desconoce o no
satisface los deseos y necesidades de
alguno de sus miembros.


¿Los conflictos son siempre
negativos?
El término “conflicto” suele recibir una
carga negativa, asociado a problemas
y enfrentamientos. Ciertamente, ese
es su significado primero y más
habitual. Pero, cuando de relaciones
familiares se trata, el conflicto es
mucho más que eso: es una
oportunidad para salvar las diferencias
y crecer juntos.

Normalmente, las personas piensan
que lo más saludable para una familia
es no tener conflictos entre sus
miembros. Pero, muy por el contrario,
los conflictos no son expresión de
enfermedad, sino una muestra de que
la familia está viva, con personas que
pueden tener muchas coincidencias
pero que son diferentes más allá de
que formen parte de un mismo grupo
familiar.

Los miembros de la familia crecen y se
desarrollan a lo largo de sus vidas.
Obviamente, todo cambio individual
supone a la vez una transformación en
las relaciones con los demás, que
como toda situación nueva requiere de
una adaptación y una constante
búsqueda del equilibrio. Estos cambios
pueden darse tanto por la experiencia
de desarrollo personal de cada
integrante de la familia como por la
modificación de la configuración de la
familia, que puede producirse por
motivos tan variados como el
nacimiento de un/a hijo/a, la
separación de los padres, el
alejamiento del hogar de alguno de los
integrantes o la muerte de alguno de
ellos.








¿Cuáles son las causas más
habituales de conflictos?

Una de las causas más habituales de
los conflictos familiares son los
intereses contrapuestos o la sensación
de que la familia no satisface las
necesidades individuales. Es el caso,
por ejemplo, de una pareja que nunca
se pone de acuerdo sobre qué hacer
en los ratos de ocio el fin de semana,
porque uno de los dos prefiere salir a
pasear e ir al cine y el otro quedarse
en casa leyendo un libro. En esos
casos hay que intentar que ninguno de
ellos sienta que siempre cede a los
intereses del otro, porque se irá
generando una “deuda” de
necesidades insatisfechas que pondrá
en riesgo la relación.

Otro motivo de conflicto, muy habitual
en las relaciones entre padres e hijos,
son las expectativas frustradas. Los
padres suelen ver a sus hijos como
una prolongación de ellos mismos y
pueden sentirse defraudados si estos
actúan de manera distinta a lo que
esperan de ellos. Es, por ejemplo, es
caso de la hija que decide estudiar
para chef cuando su padre había
soñado que fuera Licenciada en
Derecho como él. Lo importante en
estos casos es que los padres dejen
de lado el futuro que soñaron para sus
hijos y escuchen lo que ellos realmente
desean y necesitan.

Un tercer motivo de conflicto es la
dificultad para establecer con claridad
los límites de lo que estamos
dispuestos a dar como individuos en
pos del bien de la familia. Suele ser un
conflicto muy habitual de la mujer,
particularmente en los casos de
aquellas que se han dedicado a
facilitar la vida al resto de la familia
(crianza de los hijos, tareas del hogar,
colaboración con el trabajo de su
pareja) y que en determinado momento
se plantean conciliar su rol de jefa de
hogar y madre con su vida laboral y
profesional. Por ello, es importante
dejar en claro desde un primer
momento cuáles son las aspiraciones
personales, porque si aceptamos todo
sin expresar lo que deseamos se
desarrollará la sensación de malestar y
pensaremos que los demás no tienen
en cuenta nuestros deseos.


¿Cuáles son las vías para resolver
los conflictos?
Aunque pueden servir para el
desahogo, está claro que el reproche y
la queja no son las mejores vías para
resolver los conflictos en la familia. El
diálogo y la negociación son
herramientas más adecuadas para el
crecimiento familiar y la resolución de
conflictos.

Los padres cumplen un rol
fundamental, ya que son los
encargados de generar ese diálogo
desde una actitud tolerante y abierta a
las distintas demandas, que permita a
los miembros de la familia asumir que
la diferencia es algo que suma y no
que resta. Uno de los desafíos más
importantes es educar a los hijos en la
responsabilidad, para que
paulatinamente vayan asumiendo las
tareas que pueden hacer. Esto
redundará muy positivamente en la
salud mental de la familia, pero
también en el logro de autonomía y en
la capacidad de establecer relaciones
responsables..