LA CULPABILIDAD.

Apunte basado en la obra del profesor Mario Garrido Montt “Derecho Penal, parte general, tomo II”.

Es el cuarto elemento del delito y se refiere específicamente a las
circunstancias subjetivas en que ha actuado el autor de una conducta
típica y antijurídica.
La concurrencia de la tipicidad y de la antijuridicidad determina el
carácter delictivo de un hecho, pero no permite sancionar al sujeto que
aparece como su autor, a menos que pueda personalmente
reprochársele ese comportamiento, y esto exige, no analizar el hecho,
sino el sujeto en sus condiciones particulares. Culpabilidad es reproche
del acto a su autor. Desde tal punto de vista podría decirse que
"culpabilidad es el reproche personal que se dirige al autor por la
realización de un hecho típicamente antijurídico".
No siempre es punible la ejecución de una actividad típica y
antijurídica; la tipicidad y la antijuridicidad son características que debe
cumplir el hecho para ser delito. Pero para imponer sanción al sujeto
que la ejecuta se requiere, además, que ese sujeto cumpla con algunas
condiciones que son las que lo hacen a él -individualmente- merecedor
de la pena. De modo que no se castiga al autor por la simple ejecución
de un hecho, sino cuando lo realiza en determinadas circunstancias.
La exigencia de culpabilidad significa que ese hecho puede
atribuirse subjetivamente a su autor, porque él estaba en condiciones de
obrar diversamente.
A diferencia de la antijuridicidad, que casi exclusivamente se
integra con elementos negativos (excluyentes), es decir, con la ausencia
de causas de justificación, la culpabilidad se integra no solamente con
elementos negativos, esto es, con la ausencia de causas de exculpación,
sino también con elementos positivos (fundamentadores), en los que se
apoya la imputación subjetiva: el dolo y la culpa.
Cury la define como “la reprochabilidad del hecho típico y
antijurídico, fundada en que su autor lo ejecutó, no obstante que en la
situación concreta pudo someterse a los mandatos y prohibiciones del
derecho”. En otras palabras, el culpable es aquel que, pudiendo, no se ha
motivado ni por el deber impuesto por la norma, ni por la amenaza penal
dirigida contra la infracción a ella. Se traduce en la posibilidad de
reprochar al sujeto la realización de un comportamiento prohibido por la
ley.
Sobre la base de estos cuatro elementos, el delito puede definirse
como una conducta (acción u omisión) típica, antijurídica y culpable.

LA CULPABILIDAD COMO FUNDAMENTO, ELEMENTO
REGULADOR Y FIN DE LA PENA
La culpabilidad se alza en el derecho penal moderno como su pilar
fundamental. El Estado encuentra limitado el ejercicio de su facultad de
castigar en este principio: no puede imponer sanción si no hay culpa y
esa sanción ha de ser la adecuada a esa culpabilidad. Se parte del
principio de que la responsabilidad penal es individual del sujeto que
responde del acto típico e injusto personalmente, y sólo en cuanto es
culpable y únicamente hasta el extremo de esa culpabilidad. Lo que
significa que es especialmente graduable.
La culpabilidad es entonces fundamento de la pena. Conforme al
criterio clásico, el Estado puede sancionar a sus súbditos porque siendo
libres, pudiendo determinarse a su albedrío, escogen realizar actos
típicos e injustos. Se les castiga porque son personalmente responsables
de un acto realizado de propia decisión, lo que presupone que son
racionalmente normales, que han alcanzado madurez para ejercitar su
libertad y determinarse conforme a ella. Esto permite eximir de
culpabilidad a los que carecen de capacidad -como el loco o demente- y
a los que no han logrado el desarrollo adecuado de su personalidad -los
menores de edad-; en general, a todos los que han obrado sin libertad.
La pena se impone al que es culpable -al que actúa en libertad-; al que
no puede ejercer su libertad -el inculpable- no puede castigársele; para
estos últimos el Estado cuenta con las medidas de seguridad.
Como la pena se impone al sujeto porque no hizo un uso adecuado
de su libertad, se constituye en una retribución, en un castigo que la
sociedad le impone por el mal causado. Se alza así la culpabilidad como
fundamento de la pena y como su reguladora. A mayor mal, mayor
culpabilidad y, por lo tanto, mayor castigo. En la comisión de un
homicidio hay mayor culpabilidad que en la de un simple hurto, por ello
tiene también una sanción más grave.
La concepción de culpabilidad en el alcance que se ha señalado ha
sido materia de críticas, por cuanto parte de un presupuesto no
comprobado y que no es posible demostrar: el libre albedrío del ser
humano. Nadie puede garantizar que el hombre se autodetermina o, al
contrario, que es determinado. El libre albedrío y el determinismo son
posiciones existenciales que constituyen hipótesis por las cuales puede
optarse intelectualmente, pero hasta el momento quedan fuera de lo
demostrable. Se estima peligroso construir un derecho penal fundado en
una premisa de tal naturaleza. Las críticas que esta situación ha
motivado desde tiempo atrás, han llevado a algunos autores a sostener
que la culpabilidad está en crisis, y se hacen esfuerzos dirigidos a
fundamentarla de otra manera.

ELEMENTOS DE LA CULPABILIDAD

La culpabilidad importa tres elementos: 1.- La imputabilidad; 2.- la
conciencia de la ilicitud (dolo o culpa) y 3.- La exigibilidad de la conducta
conforme a derecho.

Si falta cualquiera de los presupuestos de la culpabilidad, no será
posible reprochar al autor el comportamiento típico y antijurídico en que
ha incurrido.

1.- LA IMPUTABILIDAD

Es la aptitud de la persona para captar, en general, la significación
jurídica de sus actos y para determinar su comportamiento, conforme a
ese conocimiento.
La doctrina mayoritaria nacional, como se señaló
precedentemente, asienta el criterio de la imputabilidad en dos
circunstancias: a) la normalidad de las facultades psíquicas de las
personas en el plano intelectual, que permite comprender o captar la
licitud o ilicitud del actuar, y b) la aptitud o capacidad de adecuar ese
actuar a la comprensión que adquiere del mismo. Imputabilidad es
capacidad intelectual -de comprensión y volitiva- de dirigir sus
comportamientos conforme a ese conocimiento. Imputabilidad es, en
esencia, facultad de motivación del sujeto conforme a la norma. La ley
parte del entendido de que la generalidad de las personas son
imputables, o sea tienen las capacidades a que se ha hecho referencia, y
que sólo excepcionalmente carecen de ella, de modo que la
inimputabilidad es la que debe constatarse y establecerse, no la
imputabilidad. Todo sujeto que ejecuta un acto típico e injusto en
principio es imputable, a menos que conste lo contrario.



Al hablar de imputabilidad, en consecuencia, nos estamos refiriendo
específicamente a la captación del sentido jurídico de los actos.
Presupone en el individuo un cierto grado de madurez y de normalidad (o
de lucidez) mental. La aptitud para captar la licitud de los actos puede
verse alterada por la concurrencia de factores patológicos o de factores
exógenos que afectan la lucidez necesaria para discernir entre lo lícito y lo
ilícito.
Más adecuado es referirse a la ausencia de imputabilidad, toda vez
que el principio general es que en el sistema nacional se presupone la
imputabilidad; su ausencia es la excepción, y los casos en que falta
están expresamente enunciados por la ley.

Se necesita, entonces, que el actor sea imputable, esto es, capaz
de culpabilidad, condición que no existe como veremos, en el sentido de
nuestra ley, si faltan la salud mental (art. 10 N° 1, relativo a la
enajenación) y la madurez o desarrollo suficiente de la personalidad
(art. 10 Nº 2o, relativo a los menores), casos para los cuales existen
causales de exención de responsabilidad penal. En esos casos la
culpabilidad está ausente por concurrir una causa de inimputabilidad.
Ello se explica: quien por su escasa edad o por perturbaciones graves en
su aptitud para entender el mundo circundante no es capaz de dirigir
sus acciones con arreglo a esa comprensión no puede ser objeto de
reproche.

I.- Minoría de edad

Es práctica de todas las legislaciones establecer una edad mínima
en que se margina a una persona de la posibilidad de responder penal-
mente. Esta causal es la única que en la culpabilidad no admite
graduación: se es o no menor de edad para los efectos de la
imputabilidad. En general, las legislaciones siguen el criterio
denominado biológico, que establece una edad determinada desde la
cual se es imputable, y otro denominado psicológico, que considera las
circunstancias personales de un sujeto para establecer si ha adquirido
madurez psíquica o aptitud para discernir, sin perjuicio de que se
establezca una edad que, para todos los efectos penales, de derecho se
presume que no se es responsable por carecer del desarrollo mental
adecuado.
El artículo 10 Nº 2 del Código Penal dispone que estará exento de
responsabilidad criminal el menor de dieciocho años. La
responsabilidad de los menores de dieciocho años y mayores de catorce
se regulará por lo dispuesto en la ley de responsabilidad penal juvenil (Ley
20.084)

En consecuencia, en el ordenamiento jurídico chileno, son
inimputables todas las personas que no han cumplido los catorce años.

SITUACIÓN DEL MENOR QUE DELINQUE.

La ley 20.084 establece un sistema de responsabilidad de los
adolescentes por infracciones a la ley penal.

PROMULGADA: 28.11.2005

PUBLICADA: 7.11.2005

AMBITO DE APLICACIÓN DE LA LEY.-


1.- La ley se aplica a quienes, al momento en que se hubiere dado
principio de ejecución del delito sean mayores de 14 y menores de 18
años, los que, para los efectos de esta ley, se consideran adolescentes.
(Art 3º inciso 1º)

2.- En el caso que el delito tenga su inicio entre los 14 y los 18 años del
imputado y su consumación se prolongue en el tiempo más allá de los
18 años, la legislación aplicable será la que rija para los imputados
mayores de edad. (art. 3º inciso 2º)

3.- Faltas: sólo serán responsables por ellas los adolescentes mayores
de 16 años y exclusivamente tratándose de aquellas tipificadas en los
artículos 494 nºs 1, 4, 5 y 19, 494 bis, 495 nº 21 y 496 números 5 y 26
del Código Penal y de las tipificadas en la Ley 20.000 (ley de drogas).
Podemos concluir de esto que entre los 14 y los 16 años no responden
por las faltas.

CATALOGO DE SANCIONES Y SU DETERMINACIÓN.-

Clases de penas.-

Penas privativas de libertad:
a) Internación en régimen cerrado;
b) Internación en régimen semicerrado;

Penas no privativas de libertad:
a) Libertad asistida especial;
b) Libertad asistida;
c) Prestación de servicios en beneficio de la comunidad;
d) Reparación del daño causado;
e) Multa;
f) Amonestación.

Igualmente se contemplan penas accesorias:
a) Tratamientos de rehabilitación por adicción a las drogas o al
alcohol;
b) Prohibición de conducir vehículos motorizados.



INTERNACIÓN EN REGIMEN CERRADO CON PROGRAMA DE
REINSERCION SOCIAL.-

Consiste en la privación de libertad en un centro especializado
para adolescentes, bajo un régimen orientado a la integración social del
menor. Art 17 LRPA

Esta sanción debe garantizar al menor:
a) Continuidad de sus estudios básicos, medios y especializados;
b) Participación en actividades de carácter socioeducativo y de
preparación para la vida laboral;
c) Tratamiento y rehabilitación del consumo de drogas para quienes
lo requieran y accedan a ello.



INTERNACION EN REGIMEN SEMICERRADO CON PROGRAMA DE
REINSERCION SOCIAL.-

Consiste en la residencia obligatoria del adolescente en un centro
de privación de libertad, sujeto a un programa de reinserción social a
ser desarrollado tanto al interior del recinto como en el medio libre. Art.
16 LRPA.

Debe garantizar al menor:
a) Continuidad de sus estudios básicos, medios y especializados;
b) Participación en actividades de carácter socioeducativo y de
preparación para la vida laboral;
c) Tratamiento y rehabilitación del consumo de drogas para
quienes lo requieran.

Presupone la aprobación judicial de un programa personalizado
presentado por el director del centro donde vaya a cumplirse la sanción,
persona responsable por la ejecución del programa.

Esta sanción difiere de la anterior en que las actividades
socioeducativas pueden desarrollarse tanto en el centro de privación de
libertad como en el medio libre. En este último caso, en horario diurno
(entre las 07:00 y las 22:00 horas)

LIBERTAD ASISTIDA.-

Consiste en la sujeción del adolescente al control de un delegado
conforme a un plan de desarrollo personal que favorezca su integración
social. Art. 13 LRPA.

Debe garantizar al menor:
- Participación en actividades de carácter socioeducativo y de
preparación para la vida laboral;
- La actividad de orientación y motivación por parte del
delegado.

Presupone la aprobación de un programa personalizado
presentado por el delegado, el que debe incluir actividades
socioeducativas y terapéuticas. Dicho programa puede incluir la
prohibición de visitar determinados lugares , de asistir a ciertas
actividades, de aproximarse a la víctima o a otras personas “u otras
condiciones similares”.

LIBERTAD ASISTIDA ESPECIAL.-

Consiste en la sujeción del adolescente al control de un delegado
conforme a un plan de desarrollo personal que favorezca su integración
social y familiar. Art. 14 LRPA.

Debe garantizar al menor:
- Participación en actividades de carácter socioeducativo y de
preparación para la vida laboral;
- La actividad de orientación y motivación por parte del
delegado.
- El acceso a programas de tratamiento y rehabilitación de la
adicción a drogas.

Presupone la aprobación de un programa personalizado más
estricto que el de la libertad vigilada simple, presentado por el delegado,
el que debe incluir actividades socioeducativas y terapéuticas. Dicho
programa puede incluir la prohibición de visitar determinados lugares,
de asistir a ciertas actividades, de aproximarse a la víctima o a otras
personas “u otras condiciones similares”.


PROHIBICIÓN DE CONDUCIR VEHÍCULOS MOTORIZADOS.-

Art. 12 LRPA.
Es una pena accesoria que debe aplicarse cuando la conducta en
que se funda la infracción por la cual se le condena haya sido efectuada
mediante la conducción de dichos vehículos.

Su duración no está determinada, pero podrá extenderse hasta el
período que le faltare al adolescente para cumplir 20 años.


SERVICIOS EN BENEFICIO DE LA COMUNIDAD.-

Art 11. LRPA.

Consiste en la realización de actividades no remuneradas a favor
de la colectividad o en beneficios de personas en situación de
precariedad.
No pueden extenderse de 4 horas diarias y tendrá una duración
mínima de 30 horas y máxima de 120.
Para su imposición requiere el acuerdo del condenado.
Debe garantizar la posibilidad de que el individuo estudie o ejerza
una actividad laboral remunerada.


REPARACIÓN DEL DAÑO CAUSADO.-

Art. 10 LRPA

Consiste en la obligación de resarcir a la víctima el perjuicio
causado con la infracción, sea mediante una prestación en dinero, la
restitución o reposición de la cosa objeto de la infracción o un servicio
no remunerado en su favor.

En este último caso, la imposición de la sanción requerirá de la
aceptación previa del condenado y de la víctima.

No excluye la posibilidad de que la víctima ejerza la acción civil,
pero el monto de la reparación se imputa a la indemnización.


MULTA.-

Art. 9 LRPA.

Consiste en el pago a beneficio fiscal de una suma que no puede
exceder de 10 UTM

El juez, a petición del adolescente o de su defensor, podrá
autorizar el pago de la multa en cuotas.

Es conmutable, a solicitud del infractor, por la sanción de servicios
en beneficio de la comunidad, a razón de 30 horas por cada tres UTM.


AMONESTACIÓN.-

Art. 8 LRPA.

Es la representación enérgica al adolescente hecha por el juez, en
forma oral, clara y directa, en un acto único, dirigida a hacerle
comprender la gravedad de los hechos cometidos y las consecuencias
que los mismos han tenido o podrían haber tenido, tanto para la víctima
como para el propio adolescente, instándole a cambiar de
comportamiento y formulándole recomendaciones para el futuro.

MARCO PENAL DE LAS SANCIONES.-


- Para los efectos de la ley en estudio, se entiende que la pena asignada
al delito cometido por un adolescente es la inferior en un grado al
mínimo de los señalados por la ley para el delito correspondiente.
Similar a lo dispuesto en el artículo 72 CP.
- A partir de la sanción determinada en la forma antes señalada, se
deben aplicar las normas para la aplicación de las penas previstas en los
artículos 50 a 78 del CP.
- El artículo 18 de la Ley establece que las penas de internación en
régimen cerrado y semicerrado no podrán exceder de cinco años si el
infractor tuviere menos de 16 años, o de 10 años, si aquél tuviere más
de esa de edad.
- Los artículos 13 y 14 de la ley establecen que la duración de las penas
de libertad asistida y libertad asistida especial no puede exceder de 3
años.
- El artículo 11, en su inciso 2º, señala que la sanción de servicios en
beneficio de la comunidad no puede exceder de 4 horas diarias y que
tendrá una extensión mínima de 30 horas y máxima de 120.
- Tratándose de la multa deberán considerarse la condición y facultades
económicas del infractor y de la persona a cuyo cuidado se encontrare.


II.- Locura o demencia

El artículo 10 Nº 1 dispone que está exento de responsabilidad
criminal "el loco o demente a no ser que haya obrado en un intervalo
lúcido".
Una interpretación sistemática de los conceptos de locura o
demencia permite concluir que ellos aluden a una alteración de las
facultades mentales lo suficientemente intensa como para privar a quien
la sufre de su capacidad de razonamiento acerca la licitud de sus
actuaciones. A esta conclusión se llega si se tiene presente que el mismo
artículo 10 Nº 1 hace referencia a los conceptos de "lucidez" y de
"privación total de razón".

El término demencia incluye todas aquellas situaciones en las que
el individuo sufre una paralización del desarrollo intelectual a
consecuencia de una malformación patológica, y que suelen englobarse
bajo la denominación de oligofrenias. El término locura, por su parte,
alude a todas aquellas enfermedades mentales que provoquen en el
individuo una privación de sus facultades intelectivas o volitivas.
Pertenecen a esta última categoría la esquizofrenia, la paranoia y la locura
maniaco-depresiva. Tanto en uno como en otro caso, queda entregado a
los especialistas determinar si su intensidad es de tal magnitud que deje a
la persona incapacitada para captar la ilicitud de sus actos (no basta,
pues, con la simple certificación de que el sujeto padece una de tales
patologías). En sus etapas menos avanzadas, todas las afecciones recién
indicadas no operan como causales de exención de responsabilidad penal,
pero sí pueden operar como causales de atenuación la misma (caben
dentro del género de las circunstancias atenuantes).
El Código Penal dispone que la eximente de locura o demencia no
opera cuando el sujeto ha actuado en un intervalo lúcido. En términos
generales, la doctrina se muestra contraria a la inclusión de esta cláusula,
a raíz de que las investigaciones psiquiátricas demuestran que la anomalía
no deja de estar presente por mucho que el paciente no dé,
temporalmente, muestras evidentes de sus síntomas. Esto adquiere
particular relieve en el caso de los epilépticos, respecto a los períodos
comprendidos entre uno y otro ataque.
Loco o demente son voces que en su alcance natural se refieren a
los enfermos de la mente, pero tampoco es posible extenderlas a todos
ellos, ya que existe un amplio espectro de afecciones mentales que no
siempre alcanzan trascendencia penal. Al hacer un cuidadoso análisis de
la disposición y su contexto, su sentido queda reducido exclusivamente
a los enfermos que sufren anomalías de orden patológico o psicológico
que afectan a la "lucidez". Lucidez es claridad de razonamiento, de
modo que la expresión locura o demencia alude a los enfermos mentales
que carecen de claridad en su razón o juicio.
Las enfermedades mentales
Sólo enunciaremos esta materia por corresponder a medicina
legal; es útil, en todo caso, señalar que de acuerdo a las conclusiones
antes indicadas, no todo enfermo mental es inimputable.
Lo será exclusivamente aquel que por su afección queda privado
en forma ostensible de las facultades intelectivas o volitivas.
Enfermedad mental es un proceso patológico o morboso que trae como
resultado una intensa alteración de la personalidad del paciente, con
cierta permanencia.
En el grupo de los denominados trastornos funcionales, que
genéricamente se conocen como psicosis, las más frecuentes son la
paranoia, la esquizofrenia o demencia precoz, la locura maníaco-
depresiva (denominada también locura circular) y la oligofrenia. Estas
enfermedades, como son de naturaleza progresiva o evolutiva, para que
el que las sufre se considere inimputable deben haber alcanzado cierto
grado de desarrollo; de no ser así, sólo atenúan la imputabilidad. Por
ejemplo, en las oligofrenias (retraso mental), sólo los grados de
imbecilidad e idiotez, en que la persona logra un desarrollo mental no
superior al de un niño de unos seis o siete años en el primer caso y de
unos dos años en el segundo, constituyen causales de incapacidad penal
plena (inimputabilidad); no así tratándose del débil mental, cuyo
desarrollo psíquico es de un menor de entre ocho y once años, que
disminuye la imputabilidad, pero no la elimina (art. 10 N° 1 en relación
con el art. 11 N°1 ) y configura una eximente incompleta (art. 73).
Existen las llamadas afecciones mentales, que son simples alteraciones,
de la personalidad, conocidas con la denominación genérica de
psicopatías, entre las cuales están las personalidades esquizoides,
paranoides, la locura moral. El criterio mayoritario de la doctrina y de la
jurisprudencia es no reconocerlas como causales de inimputabilidad,

sin
perjuicio de que puedan atenuarla (arts. 11 N° 1 y 73) como eximente
incompleta.
Otra anormalidad psíquica es la neurosis, que consiste en
situaciones de conflicto del sujeto consigo mismo o con el mundo
circundante, que lo presionan emotivamente, provocando los estados de
angustia cuyo origen no siempre se logra determinar; frecuentemente
llegan a causarle efectos orgánicos, como parálisis, ahogos u otros. Las
neurosis no siempre afectan a la aptitud razonadora y, por ello, no
repercuten en la imputabilidad, sin perjuicio de que al alcanzar
intensidad puedan provocar efectos psíquicos que constituyan pérdida o
privación temporal de la razón,

pero no locura o demencia.
MEDIDAS QUE PUEDEN ADOPTARSE EN RELACIÓN AL LOCO O
DEMENTE

El Nº 1º del Art. 10 del Código Penal estatuye que se encuentra
exento de responsabilidad criminal el loco o demente, a no ser que haya
obrado en un intervalo lúcido y el que, por cualquier causa
independiente de su voluntad, se halla privado totalmente de razón.
La participación de un "loco o demente" en un delito -términos
legales, no médicos -, plantea de inmediato el problema de determinar
el estado de su salud mental durante la perpetración del hecho ilícito o
después de cometido para resolver la continuación o suspensión del
procedimiento y para la aplicación de las medidas de seguridad que
procedieren.
Por otra parte, si bien, en definitiva dicha persona puede resultar
exenta de responsabilidad criminal si se comprobare que se hallaba en
estado de demencia o privada totalmente de razón por una causa
independiente de su voluntad a la fecha de la comisión del delito, o
cayere en estado de enajenación mental durante el procedimiento -
situación que imposibilitaría aplicarle una sanción penal – el hecho ilícito
imputado debe ser igualmente investigado, así como la participación que
pudo haberle cabido a dicha persona, para determinar, en definitiva, por
una parte, la existencia o no del delito atribuido y, por otra, la
participación efectiva que pudo tener en aquél.
Sólo en la segunda de estas hipótesis -existencia del delito y
participación efectiva en el hecho ilícito - será posible sobreseer
definitivamente al imputado o absolverlo si ha sido acusado, por causa
de su salud mental.
Asimismo, sólo en esta hipótesis, sería posible aplicarle una
medida de seguridad, en atención a que el Art. 455 requiere, como
requisito de procedencia de esta clase de medidas, que el imputado sea
un "enajenado mental que hubiere realizado un hecho típico y
antijurídico" y siempre que existieren antecedentes calificados que
permitieren presumir que atentará contra sí mismo o contra otras
personas.

MEDIDAS DE SEGURIDAD. ART.457 CPP

Las medidas de seguridad son aquellas que deben aplicarse al
enajenado mental que ha cometido un hecho ilícito, o, como dice el Art.
455, "que hubiere realizado un hecho típico y antijurídico” y siempre que
existieren antecedentes calificados que permitieren presumir que
atentará contra sí mismo o contra otras personas.
Las medidas de seguridad que contempla el Código Procesal Penal son:
a) Internación en un establecimiento siquiátrico; y
b) Su custodia y tratamiento por su familia, guardador, o alguna
institución pública o particular de beneficencia, socorro o caridad.

La internación se efectuará en la forma y condiciones que se
establecieren en la sentencia que la impone. Cuando la sentencia
dispusiere la medida de custodia y tratamiento, fijando igualmente, las
condiciones de éstos y entregará el enajenado mental a su familla, a su
guardador, o a alguna institución pública o particular de beneficencia,
socorro o caridad.
En ningún caso la medida de seguridad podrá llevarse a cabo en
un establecimiento carcelario. Si la persona se encontrare recluida,
deberá ser trasladada a una institución especializada para su custodia,
tratamiento o internación. Si no lo hubiere en el lugar, se habilitará un
recinto especial en el Hospital Público más cercano.

IMPUTADO ENAJENADO MENTAL.- Art.458 CPP

Cuando en el curso del procedimiento aparecieren antecedentes
que permitieren presumir la inimputabilidad por enajenación mental del
imputado, el ministerio público o juez de garantía, de oficio o a petición
de parte, solicitará el informe psiquiátrico correspondiente, explicitando
la conducta punible que se investiga en relación a éste.
El juez ordenará la suspensión del procedimiento hasta tanto no se
remitiere el informe requerido, sin perjuicio de continuarse respecto de
los demás coimputados, si los hubiere.


DESIGNACIÓN DE CURADOR.- Artículo 459 CPP

Existiendo antecedentes acerca de la enajenación mental del
imputado, sus derechos serán ejercidos por un curador ad litem
designado al efecto.

ACTUACIÓN DEL MINISTERIO PÚBLICO.-

Si el fiscal del Ministerio Público hallare mérito para sobreseer
temporal o definitivamente la causa, efectuará la solicitud respectiva
una vez que se haya agotado la investigación y la haya cerrado.

REQUERIMIENTO DE MEDIDAS DE SEGURIDAD.- Art. 461 del CPP

Si al concluir su investigación, el fiscal estimare concurrente la
causal de extinción de responsabilidad criminal prevista en el artículo
10, número 1°, del Código Penal y, además, considerare aplicable una
medida de seguridad, el fiscal la requerirá mediante solicitud escrita
que debe contener, en lo pertinente, las menciones exigidas en el
escrito de acusación.
El fiscal no podrá, en caso alguno, solicitar la aplicación del
procedimiento abreviado o la suspensión condicional del procedimiento.
En todo caso, el querellante puede acompañar al escrito de
acusación particular o de adhesión a la acusación, los antecedentes que
considere demostrativos de la imputabilidad de la persona requerida.

RESOLUCIÓN DEL REQUERIMIENTO.- Art. 462 CPP.

Formulado el requerimiento, corresponderá al juez de garantía
declarar que el sujeto requerido se encuentra en la situación prevista en
el artículo 10, número 1°, del Código Penal.
Si el juez apreciare que los antecedentes no permiten establecer
con certeza la inimputabilidad, rechazará el requerimiento.
Al mismo tiempo, dispondrá que la acusación se formulare por el
querellante, siempre que éste se hubiere opuesto al requerimiento del
fiscal, para que la sostuviere en lo sucesivo en los mismos términos que
este Código establece para el ministerio público. En caso contrario,
ordenará al ministerio público la formulación de la acusación conforme al
trámite ordinario.


REGLAS ESPECIALES RELATIVAS A LA APLICACIÓN DE MEDIDAS DE
SEGURIDAD.- Art. 463 CPP

Cuando se proceda en conformidad a las normas de este Párrafo,
se aplicarán las siguientes reglas especiales:
a) El procedimiento no se podrá seguir conjuntamente contra sujetos
enajenados mentales y otros que no lo fueren;
b) El juicio se realizará a puerta cerrada, sin la presencia del enajenado
mental, cuando su estado imposibilite la audiencia, y
c) La sentencia absolverá si no se constatare la existencia de un hecho
típico y antijurídico o la participación del imputado en él, o, en caso
contrario, podrá imponer al inimputable una medida de seguridad.

INTERNACIÓN PROVISORIA DEL IMPUTADO ENAJENADO.- Art. 464 CPP

Durante el procedimiento el tribunal podrá ordenar, a petición de
alguno de los intervinientes, la internación provisional del imputado en
un establecimiento asistencial, cuando concurrieren los requisitos de la
prisión preventiva y el informe psiquiátrico practicado al imputado
señalare que éste sufre una grave alteración o insuficiencia en sus
facultades mentales que hicieren temer que atentará contra sí o contra
otras personas.




LA PRIVACIÓN TEMPORAL TOTAL DE LA RAZÓN POR CAUSAS
INDEPENDIENTES DE LA VOLUNTAD

El mismo artículo 10 Nº 1 declara exento de responsabilidad penal a
quien "por cualquier causa independiente de su voluntad, se halla
totalmente privado de razón".

Actúa privado temporalmente de razón quien, al momento de
ejecutar la conducta típica y antijurídica, no se encontraba en situación de
discernir entre lo lícito y lo ilícito a consecuencia de estímulos exógenos.

A diferencia de lo que sucede en el caso de la locura o demencia, el
trastorno mental transitorio no implica un proceso de alteración
permanente de las facultades mentales, sino que se produce en forma
transitoria.

El trastorno mental transitorio opera como eximente sólo si la
situación no ha sido provocada por el propio sujeto que la sufre. Sobre la
base de esta exigencia, la doctrina considera que son punibles las
llamadas actio liberae in causa, es decir, aquellos actos que el individuo
ejecuta procurándose voluntariamente un estado de trastorno mental, con
el objeto de cometer un delito o sabiendo que en tales circunstancias
puede cometerlo (la situación de privación de razón pasa a ser, en el
fondo, un medio de ejecución del delito). En estas situaciones, la doctrina
postula que el juicio de imputabilidad ha de adelantarse al momento en
que el individuo pone consciente y voluntariamente en marcha el estímulo
que provoca su privación de razón.

La exigencia de que la privación de razón sea total debe
interpretarse, tal como ocurre en el caso de la locura o demencia, en el
sentido que ha de revestir una magnitud tal que deje al individuo en la
imposibilidad de discernir entre lo lícito y lo ilícito.
En el ámbito nacional se estima que para que concurra esta causal
de inimputabilidad deben reunirse las siguientes condiciones:
a) Han de perderse las facultades intelectuales y volitivas, esto es la
aptitud de conocer o comprender y la de obrar de acuerdo a tal
comprensión; normativamente la palabra "razón" debe equipararse a la
expresión "juicio", interpretación que en la situación en comentario
resulta valedera;
b) La pérdida del poder razonador debe ser total; si sólo es parcial, se
daría un estado de imputabilidad disminuida (arts. 11 N° 1º y 73);
c) La ausencia de razón debe tener como causa circunstancias ajenas a
la voluntad del afectado, y su origen puede ser doloso, culposo o
fortuito. Así se pretendió impedir toda posibilidad de que el ebrio
pudiera calificarse como inimputable.
La pérdida de la razón es consecuencia de una enfermedad, de una
situación de conflicto o de cualquier otra circunstancia apta al efecto; no
está sujeta a la voluntad de la persona, nadie pierde o recupera la razón
por una mera actividad volitiva; lo que puede depender de ella es la
causa provocadora de tal estado, como embriagarse o drogarse, y esta
voluntad alcanzará trascendencia penal si va acompañada de la
conciencia de que en ese estado se delinquirá. Lo expuesto permite
inferir que la finalidad de la norma es excluir la imputabilidad
únicamente del que se provoca ese estado en conocimiento de que
puede delinquir.
El alcoholismo patológico no calza en la pérdida total de la razón
por causas independientes a la voluntad, sino en la del loco o demente,
de modo que si bien es inimputable, lo es por la primera causal y no por
la segunda. Otro tanto sucede con aquel que se embriaga
específicamente para cometer un delito determinado, cuyo actuar es
doloso y, por ende, imputable.
En las demás formas de alcoholismo se distingue entre:
i) Embriaguez dolosa: aquí el bebedor ingiere alcohol con el objetivo de
embriagarse, de consiguiente su estado se debe a su voluntad;
ii) Embriaguez culposa: el individuo bebe y quiere hacerlo pero sin
pretender embriagarse, aunque en el hecho, por no poder controlarse,
se embriaga, habiendo estado en condiciones de prever este posible
resultado. Tampoco en este caso su estado -según el criterio tradicional-
podría calificarse como provocado por causas independientes a su
voluntad; y
iii) Embriaguez fortuita: el individuo se embriaga al ingerir substancias
cuyo poder en tal sentido ignoraba.
Generalmente se concluye que sólo la embriaguez fortuita es causal de
inimputabilidad, asimilándose a tal situación aquella en que el sujeto es
forzado materialmente a beber. La alternativa de embriaguez dolosa y
culposa carecería de consecuencia en la imputabilidad porque ésta no
tendría su razón en causa independiente a la voluntad del ebrio.
En el caso del hipnotizado, hay opiniones en el sentido de que
están privados de razón.

Otros estiman que debe distinguirse entre
aquel cuya voluntad es dominada en plenitud de aquel que sólo es
sugestionado; en este caso prefieren desplazar el problema de la
imputabilidad al del error, sea de tipo o prohibición. Autores como
Novoa concluyen que corresponde analizar cada situación particular.

2.- LA CONCIENCIA DE LA ILICITUD.

La conciencia de la ilicitud consiste en la posibilidad de
comprender que tiene el sujeto imputable, en la situación concreta en
que actúa, la licitud o ilicitud de su comportamiento.
Nos remitiremos en este punto a lo dicho respecto del dolo.



3.- LA EXIGIBILIDAD DE LA CONDUCTA CONFORME A
DERECHO.-

Puede definirse como la circunstancia de ser (moralmente) posible
para una persona la ejecución de una conducta diversa de la realizada.
La exigibilidad de una conducta conforme a derecho (motivación
normal) implica la posibilidad de poder exigir a una persona el respeto y
sujeción a los mandatos o prohibiciones normativos, en las
circunstancias reales en que le correspondió actuar.
Respecto de este elemento tiene especial relevancia la consideración
de las motivaciones que impulsan a actuar a las personas. Porque todas
las causales de inexigibilidad se fundan en la concurrencia de una
motivación que privó al sujeto de la posibilidad de escoger entre una
opción lícita y otra ilícita.

En el ordenamiento jurídico chileno son causales de inexigibilidad de
otra conducta: la fuerza moral irresistible, el miedo insuperable, el
encubrimiento de parientes, la obediencia debida y el estado de necesidad
exculpante.


I.- La fuerza moral irresistible

Puede definirse como un estado de conmoción psíquica, originado
por un estímulo externo, que altera las posibilidades de elegir entre una
opción y una ilícita.

Esta eximente aparece contemplada en el artículo 10 Nº 9 del C.
Penal y a pesar de que esta disposición habla de fuerza sin distinguir entre
violencia física o moral, la doctrina entiende que ella se refiere
exclusivamente a la segunda. Ello, porque sólo la fuerza moral guarda
similitud con la otra situación que allí mismo se contempla (el miedo
insuperable). Para que la fuerza moral produzca efecto exculpante se
requiere que ella sea "irresistible". Este requisito debe entenderse como
una exigencia de que el estímulo sea superior a los márgenes de
tolerancia exigibles a un hombre normal. Ejemplo se amenaza a una
persona que se sabe que es claustrofóbica a encerrarla en un ascensor si
no comete determinado delito.

Condiciones necesarias para que la fuerza tenga carácter exculpante.
Debe reunir por lo menos tres características: a) ser de naturaleza
compulsiva; b) ser actual o inminente, y c) que alcance una intensidad
determinada.
1) Que la fuerza sea compulsiva. Puede ser de naturaleza humana o
fenoménica, esto es, debido a actividad de terceros o a fenómenos
naturales. Un aluvión, un incendio, un terremoto o cualquier otra
circunstancia análoga puede constituir la fuerza provocadora de una
reacción en el sujeto imposibilitado de resistir: el náufrago que pelea la
tabla de salvación impulsado por el instinto de conservación está
favorecido por dicha eximente.
La fuerza debe apreciarse en el caso concreto, en la realidad que
enfrenta el que la sufre.
2) La fuerza debe ser actual, no ha de corresponder a costumbres,
hábitos o a la educación adquirida por el afectado; ha de consistir en
estímulos que recibe en un momento determinado y que le causan como
efecto impulsos que no puede controlar.
3) La fuerza que ha de impulsar al sujeto debe tener intensidad
suficiente para que éste la sienta irresistible. Las inhibiciones del autor y
sus posibilidades motivadoras conforme a la normativa jurídica deben
resultar seriamente afectadas.



II.- El miedo insuperable. Art. 10 Nº 9 Código Penal.

Puede definirse como el temor que experimenta una persona de
verse expuesto a un mal, grave e inminente, no tolerable desde la
perspectiva de una persona común. Por miedo se entiende "un estado
emocional de mayor o menor intensidad producido por el temor fundado
de un mal efectivo, grave e inminente, que sobrecoge el espíritu, nubla
la inteligencia y domina la voluntad. El miedo es un estado emotivo que
debe distinguirse del simple "temor", aprensión o inquietud; estas
últimas posiciones psicológicas pueden calificarse como normales en un
estado de ánimo tranquilo. De otro lado, el miedo, si bien es un estado
emocional intenso, no debe alcanzar el grado de privar al sujeto de sus
facultades psíquicas, pues de así ocurrir, se encontraría en una situación
de privación total de razón temporal, reglado por el N° 1º del art. 10.
No basta cualquier temor para que se configure la eximente: ésta
exige la insuperabilidad, requisito que indudablemente alude a un cierto
margen de intensidad de la conmoción que experimenta la persona.
Como no se distingue acerca del estímulo que provoca el miedo,
éste puede obedecer tanto a causas naturales como a la acción de una
persona. Ejemplo: bombero aterrorizado por el fuego.

Atenuación de la culpabilidad si el miedo no alcanza el grado de
insuperable o la fuerza de irresistible
La culpabilidad es por naturaleza graduable, de modo que las
causas que la excluyen en principio también lo son. La fuerza y el miedo
son susceptibles de valoración en cuanto a su intensidad; el que no
logren el grado requerido para hacer inexigible otra conducta, no es
óbice para que puedan atenuar el reproche, lo que permite, según las
circunstancias del hecho, adecuarlas al art. 73 en relación con el art. 11
N° 1º.

III.- Encubrimiento de parientes

Artículo 17, inciso final, CP.
Encubridor es aquel sujeto que interviene con posterioridad a la
ejecución de un delito, con el objeto de favorecer la impunidad de su
autor o de aprovecharse, por sí mismo, de los efectos de la conducta
delictiva.

En razón de los vínculos de afecto que suelen unir a los cónyuges y
a determinados parientes entre sí, el legislador exime de responsabilidad
a quien incurre en un acto de encubrimiento con el propósito de favorecer
la impunidad de alguna de aquellas personas. No se aplica, en cambio, la
eximente si la motivación con que actúa el encubridor es el ánimo de
lucro.


IV.- La obediencia debida

Artículo 214 y 335 Código de Justicia Militar.
Consiste en la ejecución de una conducta típica y antijurídica en
cumplimiento de una orden impartida por un superior jerárquico a quien
uno tiene el deber jurídico de obedecer.


Como el hecho ejecutado en situación de obediencia debida es
antijurídico, la persona que imparte la orden tendrá que responder
penalmente. La causal de inculpabilidad que ahora estudiamos sólo
beneficia a quien ejecuta la orden impartida por el superior.

Por ejemplo, el artículo 55 letra f) de la ley Nº 18.834 (Estatuto
Administrativo), dispone que es obligación de todo funcionario público
"obedecer la órdenes impartidas por el superior jerárquico". El artículo 56
de la misma ley agrega que "si el funcionario estimare ilegal una orden
deberá representarla por escrito, y si el superior la reitera en igual forma,
aquél deberá cumplirla, quedando exento de toda responsabilidad, la cual
recaerá por entero en el superior que hubiere insistido en la orden".
El pensamiento de la Comisión Redactora en cuanto a que la
obligación de obedecer que tendría el subordinado está incorporada en
la justificante del N° 10 del art. 10, al declarar exento de
responsabilidad al que cumple con el deber, no corresponde en verdad a
la realidad jurídica. El subordinado cumple con su obligación sólo cuando
acata las órdenes lícitas, pero no así cuando realiza actos injustos,
aunque lo haga obedeciendo órdenes de su superior; de no ser así,
dicha orden podría quedar justificada por su cumplimiento, porque la
antijuridicidad lo es para todos o para ninguno: si el hecho es lícito para
el subordinado, también lo sería para el que ordenó su ejecución.
Condiciones para que opere la causal
Para que opere la causal de falta de exigibilidad, la doctrina exige que se
cumplan condiciones de carácter objetivo y subjetivo.
Las de naturaleza objetiva son las siguientes:
1) Es necesaria la existencia de una relación de subordinación en una
estructura jerárquica con vigencia jurídica valedera; no puede invocarse
como tal la subordinación que existe en la banda de delincuentes en
relación a la jefatura de la misma;
2) La orden impartida debe quedar dentro del ámbito de las funciones
que crea la relación jurídica de subordinación y siempre que cumpla con
las formalidades que le sean propias en cuanto a su extensión y
comunicación;
3) Que no aparezca manifiestamente como ilícita, que su contrariedad
con el derecho no sea evidente, pues de no ser así podría entrabarse la
administración al quedar el subalterno facultado para no acatar la orden
por la simple duda que se le pueda plantear sobre su legalidad. Este
principio se desprende de los casos reglados en el derecho positivo,
como el art. 226, que señala que los jueces y los fiscales no pueden
negarse a cumplir las órdenes de sus superiores, "a menos de ser
evidentemente contrarias a las leyes". Otro tanto sucede con el art. 335
del C. de J.M., que se refiere a "la orden (que) tienda notoriamente a la
perpetración de un delito". De manera que si la orden en apariencia es
legítima tanto substancial como formalmente, su cumplimiento por el
subalterno queda amparado por la causal de inculpabilidad.
En el aspecto subjetivo también han de concurrir ciertas condiciones
para que opere la causal: el ánimo y conciencia del subordinado de que
está cumpliendo una orden legítima, que no es típica ni contraria a
derecho