UNIVERSIDAD AUSTRAL DE CHILE

FACULTAD DE FILOSOFÍA Y HUMANIDADES
ESCUELA DE ANTROPOLOGÍA
MÓDULO: LECTURA COMPRENSIVA Y EXPRESIÓN ESCRITA








‘‘CRÍTICAS DESDE FEMINISTAS DE LA SEGUNDA OLA A LA TEORÍA
PSICOANALÍTICA FREUDIANA DEL GÉNERO FEMENINO’’













Rocío Godoy Pérez
Valdivia-Chile
2014

1

Introducción
El feminismo se ha estado consolidando y expandiendo progresivamente
desde el siglo XVII como teoría crítica y movimiento social, al menos, en la cultura
occidental. Como teoría crítica, esta fue uno de los motores principales para el
surgimiento de los estudios de género (pues en sus inicios, la teoría crítica se
basó primordialmente en los ‘‘estudios de la mujer’’) en el ámbito académico. El
objetivo que movilizaba a los y las (en mayor medida) feministas para formular
aquellas teorías, en el principio, fue el propósito de demostrar que las mujeres
también eran partícipes de la historia, escrita por historiadores que pertenecían a
un ámbito académico dominado por figuras masculinas, y de la cual estuvieron
ausentes en gran medida (Garrido, 1998).
Dada la característica de formular teorías críticas del feminismo, los teóricos
y las teóricas feministas no quedaron exentos de criticar al psicoanálisis,
especialmente a las teorías sobre el género y la sexualidad femenina que vieron la
luz en aquella disciplina (fundamentalmente las de Sigmund Freud). A pesar de las
diversas críticas hacia el psicoanálisis freudiano, se debe destacar que esta
disciplina fue y sigue siendo importante para el desarrollo de la psicología.
Dicho lo anterior, el principal propósito de este trabajo es exponer la
discusión que se generó entre dos sectores que se interesaron y que se siguen
interesando por el estudio del género, incluso convergiendo en la actualidad: por
una parte, la teoría psicoanalítica del género femenino, representada por Sigmund
Freud, y por otra, las críticas por parte de feministas como Germaine Greer,
Simone de Beauvoir, Betty Friedan, Shulamith Firestone, Eva Figes y Kate Millet.
No se incluirán estas dos últimas, pues el material para leer a estas no se
encuentra al alcance tanto de forma física, virtual y económica. Sin embargo, se
considera que es necesario nombrarlas, pues también fueron actoras reconocidas
e importantes dentro de la crítica a la teoría freudiana.
Adicionalmente, es de esperar que con la exposición de la discusión se
respalde el punto de vista que aquí se plantea, este es, que la teoría freudiana es
una representación del contexto cultural, social y económico en el que Freud la
desarrolla, y que lo que el médico intenta explicar mediante la biología y la
2

psicología, encuentra más bien su explicación en lo social y lo cultural; esto quiere
decir que el médico intentó generar leyes universales (y por tanto,
generalizadoras) en la psicología y complementándose con la biología, a partir de
situaciones que ocurren debido a factores sociales y culturales, y particularmente
mediante la observación del contexto propio, este fue el de la época victoriana de
Viena, Austria.
La importancia de exponer en este informe la teoría psicoanalítica de Freud
y la discusión entre sectores del feminismo, es la de situarnos en la historia del
debate y la crítica de este movimiento, que desde sectores específicos intentó y ha
estado intentando derrumbar los paradigmas de una sociedad patriarcal y
androcéntrica. Estos paradigmas fueron sustentados, en parte, por el psicoanálisis
desde finales de la Primera Guerra Mundial.



















3

Planteamiento teórico
La lucha por parte de las feministas, para acabar con la desigualdad social,
política y simbólica a la que ha estado sometida históricamente la mayor parte de
las mujeres, también ha significado realizar estudios y formular críticas a discursos
presentados como generales e inmanentes (Segarra, 2000); el psicoanálisis no fue
ni ha sido la excepción.
Específicamente, este trabajo tratara un aspecto en común que tanto el
psicoanálisis como el feminismo han estudiado y teorizado hasta el día de hoy: el
género y la sexualidad femenina. Actualmente, ambos paradigmas han llegado a
unificarse en determinados casos, conformando así una ramificación específica de
ambas disciplinas. Sin embargo, aquí se tratará particularmente la perspectiva de
cierto sector de las feministas de la segunda ola, que se distinguieron por haber
realizado duras críticas al psicoanálisis freudiano y su teoría. En tal sentido, en
este caso no habrá unificación.
Como se ha indicado, en este trabajo se expondrán dos perspectivas sobre
el género y la sexualidad femenina que se contraponen. Por una parte, se
encuentra la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud, que consiste en equiparar el
clítoris al pene, y otorgar a la sexualidad de la niña un carácter masculino, al que
debe renunciar en la pubertad para dar vía a la mujer, teniendo esto como
consecuencia una fuerte envidia del pene por parte de la niña y el deseo de ser un
niño. Esta teoría queda expuesta, principalmente, en su obra Sobre la sexualidad
femenina publicada en 1931. Dicha obra constituye una reformulación de los
hallazgos que el psicoanalista había escrito previamente, enfatizando ahora en la
intensidad y prolongada duración de la ligazón preedípica de la niña con su madre,
y además efectúa un extenso examen del elemento activo de la niña hacia la
madre y de la feminidad en general.
Por otra parte, se encuentran las críticas
1
feministas, que si bien son
diversas y provienen de distintas mujeres, hallan un punto de convergencia: la
crítica a la convicción de que la mujer es un hombre sin falo, un hombre castrado:

1
No se le llamará ‘‘teorías feministas’’, pues aquí no se analizarán las teorizaciones de las feministas sobre el
género y la sexualidad femenina, sino que se estudiarán las críticas hacia la teoría freudiana.
4

el carácter falocéntrico de las teorías psicoanalíticas y el paternalismo de éstas; el
‘‘revisionismo neo-freudiano’’ descontextualizado que predominó en EE.UU en la
década de 1940 y la biologización del rol femenino. Estos últimos fueron los
principales puntos de convergencia, sin embargo, existen otros elementos que
serán descritos con mayor detalle en el desarrollo del trabajo.
Las principales representantes de estas críticas fueron, por una parte, Kate
Millet con su obra Política Sexual (1970), Shulamith Firestone con La Dialéctica
del Sexo (1976) y Betty Friedan con La Mística de la Feminidad (1963), que
enfatizaron en la Revolución sexual de la segunda mitad del siglo XX. En este
periodo, la insurrección femenina perdió terreno ante la llegada del psicoanálisis
freudiano (Firestone, 1976), que se modificó y se implantó en Estados Unidos. De
esta manera, la Revolución sexual en el ámbito de lo femenino incidió tan solo en
aspectos superficiales, y el sistema interno de la sociedad patriarcal se mantuvo
intacto (Millet, 1969).
Por otra parte, se encuentra Simone de Beauvoir con El Segundo Sexo
(1949) y Germaine Greer con La Mujer Eunuco (1970), criticando directamente a
la teoría freudiana del género y la sexualidad femenina, enfocándose ambas en la
condición de ‘‘hombre castrado’’ de la mujer y en el carácter falocéntrico de la
misma teoría. De este modo, según Beauvoir (1949),
Freud no se preocupó demasiado por el destino de la mujer; está
claro que calcó su descripción sobre la del destino masculino, limitándose a
modificar algunos de sus rasgos (…) Los dos reproches esenciales que se
le pueden hacer a esta descripción vienen de que Freud la ha calcado
sobre un modelo masculino. Supone que la mujer se siente un hombre
mutilado, pero la idea de mutilación implica una comparación y una
valoración (p. 102-104).
De modo similar, según Greer (1970), los psicoanalistas siguieron
creyendo en el trauma genital, en donde la niña descubre que ha perdido su pene,
a pesar de las pruebas. Su sexualidad infantil es esencialmente masculina (…).


5

Discusión
Como se ha mencionado anteriormente, este trabajo se enfoca en las
críticas que emanaron desde algunas feministas de la segunda ola, esto es,
aproximadamente, entre los años 1960 y 1980, y que tuvieron como objeto de
crítica la teoría psicoanalítica freudiana sobre el género y la sexualidad femenina.
Mientras que la teoría del psicoanalista y psiquiatra Sigmund Freud consistió, en
pocas palabras, en la equiparación del clítoris al pene, otorgando a la niña una
sexualidad masculina a la que más tarde debe renunciar para ‘‘convertirse’’ en una
mujer; las feministas criticaron el carácter falocéntrico de la teoría y la
biologización del rol femenino, el protagonismo que obtuvo esta teoría en
detrimento del movimiento feminista y la condición de ‘‘hombre castrado’’ que se le
atribuyó a la mujer.
De este modo, las ideas principales a tratar en esta discusión serán las
descritas en el párrafo anterior: por una parte, las de las feministas, y por otra, las
de Sigmund Freud. Por otra parte, el propósito de esta discusión es desarrollar la
propia postura, concretando esto a través de la presentación de la contraposición
de las posturas de los autores que se han citado, y por lo tanto, haciendo
referencia a ideas extraídas de las mismas fuentes bibliográficas.
Dicho lo anterior, la postura que se sostiene aquí, respecto a la discusión
sobre la teoría del género y la sexualidad femenina que propone Freud y critican
las feministas mencionadas anteriormente, es que Freud da explicaciones
biológicas y psicológicas a situaciones que, en cambio, tienen explicaciones socio-
culturales. En consecuencia, Freud cae en el error de intentar generar una teoría
universal a partir de las observaciones de su propio contexto histórico socio-
cultural. Esta idea se desarrollará en profundidad a continuación.
La teoría freudiana es un reflejo del contexto cultural e histórico en el que
Freud la desarrolla, la época victoriana en Viena. Pero quizás, este solo hecho no
es el discutible o el detonante de las críticas que se realizan, sino que lo es el
hecho de que el médico intentara generar una teoría universal (intento
característico de quienes siguieron el paradigma darwiniano) a partir de la
observación de un contexto determinado y particular, este fue, el propio: la época
6

victoriana de Viena, Austria. Este periodo es caracterizado por la Revista Topia
como una sociedad en donde recién nacía la burguesía capitalista, en la que se
debía mantener las apariencias de la vida pública a través de la vida privada,
influenciando esta situación también al ámbito sexual; en resumen, se buscaba
corregir la privacidad de la sociedad con el fin de que esta fuese ‘‘correcta’’
(Carpintero, 2009).
Esto derivó en que la sociedad de la época victoriana, una caracterizada
como una sociedad patriarcal, heterosexual y puritana, viviera inmersa en un ethos
en donde la moral era ‘‘relativa a la seguridad pública modelada por la ciencia y ya
no por la religión’’ (Carpintero, 2009: 1). La sexualidad de la época victoriana se
sostuvo en inhibiciones y represiones, esto es, una serie de síntomas agudos en la
época, y siendo sostenidos por una combinación de medicina (se consideraba, por
ejemplo, la masturbación y la histeria femenina como una enfermedad o una
degeneración, y la homosexualidad como una perversión), con pedagogía moral (y
el intento de inculcar una sexualidad normalizadora) (Carpintero, 2009).
En cuanto a este contexto socio cultural, la mayoría de las feministas aquí
citadas afirman algo sobre él, o le atribuyen exclusivamente un carácter social a
las situaciones que plantea Freud, y no carácter patológico, desviación o
perversión como lo hace el fundador del psicoanálisis. Este contexto consiste,
básicamente, en una sociedad en donde el poder en todos sus espectros recae en
el hombre, esto es, un orden patriarcal. Además, las relaciones sexuales que la
mujer mantiene, de acuerdo a lo correcto del orden moral, debía relegarse al
ámbito de la reproducción. Asimismo, dentro del núcleo familiar, la mujer debía
cumplir un rol en donde lo primordial era la crianza de los hijos y en general, el
estereotipo del rol de la maternal mujer dueña de casa. Por último, cabe
mencionar que dentro de este orden moral predomina la heteronorma,
categorizándose a la homosexualidad, como ya se ha dicho anteriormente, como
una perversión o desviación.
Así, por una parte, Germaine Greer enfatiza en el carácter infantil que le
atribuye Freud a las mujeres que tenían orgasmos con origen en el clítoris,
diciendo que a estas se les avergonzaba, y a las que perseguían metas activas se
7

les consideraba, por definición, mal adaptadas a su ‘‘verdadero papel’’ e infantiles
(1970: 123). También añade, en relación a esta última categorización de la mujer,
que los sufrimientos de la misma se deben a la lucha que mantienen contra lo que
les impide vivir y trabajar de acuerdo con sus propias creencias, y no a que no
hayan logrado acceder a una feminidad ‘‘madura’’ (Greer, 1970: 129).
En tanto, Simone de Beauvoir menciona que el complejo de inferioridad
adopta la forma del rechazo vergonzoso de la feminidad, y que este complejo no
es provocado por la ausencia de pene como Freud afirma, sino que por la
situación en su conjunto: la niña envidia el falo como símbolo de los privilegios que
se le conceden a los niños; al lugar que ocupa el padre en la familia (el
‘‘patriarca’’) y el predominio universal de los varones (1949: 106). En resumen,
todo esto significa el predominio universal de los varones (Beauvoir 1949: 106).
Más adelante, Beauvoir menciona que ‘‘el psicoanálisis solo puede encontrar su
verdad dentro del contexto histórico’’ (1949: 111).
Betty Friedan alude a la relatividad cultural, mencionando el hecho de que
en la época de Freud no le era familiar este concepto; así, la teórica destaca que
‘‘la investigación moderna ha puesto de manifiesto que mucho de lo que Freud
creía ser biológico, instintivo e inmutable, es decir, característico de la naturaleza
humana universal, es en realidad consecuencia de unas causas culturales
específicas (…), esto es, de determinados hombres y mujeres de la clase media
europea a finales del siglo XIX (Friedan, 1963). Por otro lado, en cuanto a la
histeria, Friedan dice que ‘‘en tiempos de Freud, evidentemente la hipocresía
cultural obligaba a reprimir el sexo’’ (1963: 148).
Por último, Shulamith Firestone sugiere que el Complejo de Edipo puede
comprenderse únicamente, en toda su lógica, en términos de poder (1976: 64).
Así, reconoce que Freud observó un complejo común en donde todos los
individuos se desarrollan en el seno de la familia nuclear de una sociedad
patriarcal, mencionando también que existen algunas pruebas que demuestran
que los efectos del Complejo de Edipo se reducen en el seno de sociedades en
que el hombre dispone de menos poder (Firestone 1976: 64).
8

Igualmente, una crítica que se hace a la teoría de Sigmund Freud es que, al
leer Sobre la sexualidad femenina, el psicoanalista expone sus ‘‘conclusiones’’ de
manera que se dice ‘‘en esta etapa sucede esto; aquello es así’’ pero no se dice
‘‘esto es así y puede demostrarse de este modo’’. En otras palabras, al leer el
texto queda la sensación de que el autor no argumenta debidamente lo que
propone, sino que expone lo que escribe como hechos objetivos.

























9

Conclusión
En síntesis, aquí se han expuesto las críticas que surgieron desde
Beauvoir, Greer, Friedan y Firestone en contraposición a la teoría freudiana del
género femenino también expuesta. Es importante destacar que, en el apartado de
la discusión, el enfoque se centró en la influencia del contexto en el que Freud
desarrolla su teoría, y al que las feministas nombradas se refirieron aludiendo al
rol que la mujer tenía asignado en la Viena de la época victoriana. Por tanto, los
aportes teóricos de estas feministas resultaron fundamentales para sostener la
postura de que la teoría de Freud intentó generar leyes universales (y por tanto,
generalizadoras) en la psicología y complementándose con la biología, a partir de
situaciones que tienen respuesta en factores soci ales y culturales, y que por lo
demás, fueron situaciones que se dieron en un contexto específico y determinado.
Se cree, por tanto, que dicha postura es válida. El propósito de este trabajo
se ha cumplido primando los aspectos que Freud aborda en su teoría del género
femenino, y que perfectamente pueden ser abordables desde el punto de vista de
los factores sociales y culturales.
Si bien el paradigma freudiano nació y explicó una situación en particular, la
de la época victoriana, siguió influyendo desde la psicología a Occidente hasta
mucho tiempo después. Esto da cuenta de la importancia y las repercusiones que
tiene el hecho de que predomine una corriente determinada en una disciplina o
ciencia determinada y vigente. En el caso de Freud y en general del psicoanálisis,
la teoría relevó al género femenino a una posición de ‘‘la mujer/lo femenino es/se
desarrolla en función del hombre/de lo masculino’’. Esto, claramente, no aportó a
generar una visión en donde la mujer no posee un rol intrínseco a su sexo
biológico, y por tanto, a la ‘‘desbiologización’’ de los roles, que bien pareció
sostenerse bajo la corriente científica de la época en que nació y en la que influyó,
sino que todo lo contrario (esto bien lo ejemplifican, en los respectivos capítulos
citados en este trabajo, Friedan y Firestone, con la influencia que tuvo el freudismo
en Estados Unidos).
Tanto las ciencias como las disciplinas deben ser cuidadosas al guiarse por
una corriente u otra, pues estas afectan directa o indirectamente al modo en que
10

se construye la realidad de una determinada sociedad, y esto sobre todo, en las
ciencias sociales y las del comportamiento. Es importante, de este modo, que los
paradigmas dejen de desarrollarse androcéntricamente, que no sustenten la
invisibilización del género femenino, y que, por sobre todo, puedan aportar a
desmitificar los roles atingentes a los sexos y a los géneros, que conforman una
importante parte de la sociedad aun patriarcal, sexista y violenta que se debe
desmantelar. Esto último, a pesar de que suene como una consigna sumamente
repetida o un mero discurso de panfleto, es una realidad, y es la nuestra.
Por último, de este trabajo surgen cuatro ideas sobre posibles indagaciones
a realizar: en primer lugar, investigar sobre la actual situación del psicoanálisis; en
segundo lugar, indagar sobre la perspectiva actual de las ciencias en relación a la
teoría de Freud sobre el género femenino; en tercer lugar, investigar sobre cómo
confluye en la actualidad el psicoanálisis y el feminismo; y por último, cuál es el
paradigma que predomina hoy en día en la psicología.

















11

Bibliografía
Beauvoir, S. (1949). El punto de vista psi coanalítico. En T. López Pardina. (Ed.), El
Segundo Sexo (pp. 101-114). Madrid: Ediciones Cátedra.
Carabi, A. y Segarra, M. (2000). Prólogo. En A. Carabí, A. y M. Segarra (Eds.),
Nuevas Masculinidades (pp. 7-13). Barcelona: Icaria.
Carpintero, E. (2009). La sexualidad evanescente. Topia (54). Recuperado desde:
http://www.topia.com.ar/articulos/la-sexualidad-evanescente.
Friedan, B. (1963). El solipsismo sexual de Freud. En M. Martínez Solimán (Ed.),
La Mística de la Feminidad (pp. 145-169). Madrid: Ediciones Cátedra.
Freud, S. (1931). Sobre la sexualidad femenina. En J. Strachey (Ed.), Obras
Completas de Sigmund Freud (pp. 223-244). Argentina: Amorrortu editores.
Firestone, S. (1976). El freudismo reemplaza al feminismo. En R. Ribé Queralt
(Ed.), La Dialéctica del Sexo (pp. 80-92). Barcelona: Editorial Kairós.
Garrido, H. (2006). La historia de las mujeres y los estudios de género en la
Universidad Nacional de Tucumán. Actas del Primer Congreso sobre la
Historia de la Universidad Nacional de Tucumán (pp. 425-435). San Miguel
de Tucumán: Universidad Nacional de Tucumán.
Greer, G. (1970). La estafa psicológica. La Mujer Eunuco (pp. 119-130).
Barcelona: Editorial Kairós.
Millet, K. (1970). Sexual Politics. Nueva York: Doubleday.