En esta obia se esboza, por primera

vez en nin?stro idioma, la verdadera
tray^ctofia revolucionaria de León
Trotsttj' antes de 1917, sus luchas acer.
bas contra los bolcheviques colocado
en una posición centrista cercana a la
de los ir.encheviqucs, con los que a
veces se confundía, encarando la revo-
lución en forma abstracta y literaria
y coinctienCiO gruesos errores que lue-
go babría de reconocer; su circunstan-
cial coincidencia con Lenin en ocasión
de la caitin del zarismo en • Ruiia,
arrastrado por los acontecimientos re-
volucionarios que culminaron con la
touia del i>oder por los bolcheviques
en Octubre, asi como sus nuevos erro-
res con pobterioridad a este hecho en
las distintas ocasiones en que so apartó
de Lenin, errores, también, por él mis-
mo reconocidos. Más tarde, con el
atemperauiiento de la situación revo
Uicionarin i usa—expresión del reflujo
producido por el fracaso de la revolu-
ción europea, que provocó el triunfo
de la burocracia soviética— se mues-
tra n Trotsiíy tratando de presentarse
como continuador de Lenin, sostenien-
do en escritos y discursos posicionei
levolucionarias e internacionalistai
frente al oportunismo nacionalista de
Stalin. iiccióii que desempeñó con eíi-
OB RA S DEL . A U T OR
PRONTUARIO (Una autobioí/rafía), 2'>edición, 1956
ESTRATEGIA REVOLUCI ONABI A fLncíia por la unidad y por la
liberaciónnacional y social de ia ATiiéricaLatina^, 1957
(Estas obras puedensolicitarseal distribuidor.
D I S T R I B U Y E
E D I C I O N E S G U R E
Vi AMONTE 411- T. E. 31- 225S
BUENOS AIRBB
Q U E B R A C H O
LEON TROTSKY
Y WALL STREET
CÓMO EL LIDER DE LA CUARTA
INTERNACIONAL SE PUSO AL SERVICIO
DEL IMPERIALISMO YANQUI EN MEXICO
"En la lucha no se trata de analizar
la condición del adversario; se trata
de eliminarlo."
C. M A R X : COnij-iblición a la cri-
tica de la Filosofía del Dere-
cho, de Hegel.
"Los centristas son revolucionarios
de palabra y reformistas de hecho."
W. 1. LíNiN: La Revolución de
1917.
E D I C I O N E S B A D A J O
Buenos A ires
Queda hecho el depósito
que marca ío ley 11.723
I M P R R S O EN LA AR G E N T I N A
DOS PALABRAS
Hace aproxinmda:nente dos años, en el libro "Estrategia
Reiyolncionaria", subtitulado "Lucha por la unidad y por la
liberación nacional y social de lo América Latina", el autor
diseñe el proceso en nuestros países y, especialmente, en la
Argentina, del moiñmiento inspirado por León Trotsky, que
se presentaba como vanguardia del movimiento revolucionario
mundial, aspirando a sustituir a tos Partidos Comunistas, an-
quilosados por el stalinismo. En Las páginas de ese libro se
empezaba estudiando las posiciones de los partidos latinoame-
ricanos llamados de izquierda jrente al problema de la libe-
ración nacional y social de la América Latina y se hacía un
análisis del trotskysmo, destacando su carácter (yportunista y
su comtiucTicia con. el imperialismo yanqui, al mismo tiempo
que se exponían aspectos de su trayectoria que hasta entonces
habían sido cuidadosamente silenciados por los propios trots-
kystas. También se anunciaba la publicación de un segundo
volumen en el que se estudiaría "a la luz del marxismo-leni-
nismo, la estrategia revolucionaria en relación con los aconte-
cimientos nacionales y continentales posteriores a la segunda
guerra mundial, avalizando, en particular, el desarrollo y
actuación de la Cuarta Internacional trotskysta y las corrientes
afines a la misma".
La prim.era •¡)arte del libro amtncñado es, precisamente, la
que aparece ahora y que el autor juzga fundamental y de
importancia decís^iva para el juturo desarrollo del movimiento
revolucionario en la ATTiérica Latina. L a causa de la quiebra,
degeneración e inoperancia del trotskysmo —quiebra qne, pa-
radójicamente, se hace palpable cuando entre nosotros recién
se empieza a hablar de él, aunqiie no como consecuencia de
su actividad revolucioríaria, sino ríesu oportunismo— no debe
buscarse, conio podría parecer, en la- inconducta de los trots-
kystas, sino en el mismo Trotsky. Es lo que, a base de prueba.s,
sin exchiir lo priraero y a pesar de que pnedaparecer sacrilego
y aún sensacional para más de uno, se expone en las página:s
que siguen. Y, dada la circunstancia de que Trotsky desarrolló
en la América Latina (México) la parte culminante de su
acción política, que fundó, estando en ella, la Cuarta Inter-
nacional, y que aquí murió, habiendo logrado el trotskysmo
alcanzar su mayor preponderancia mundial en el proceso revo-
lucionario más profundo que haya tenido lugar hasta ahora
entre nosotros (Bolivia), debía ser un latinoamericano, preci-
samente, el que escribiera esta obra, la que se publica —no
hay reparo en decirlo— como una co7itribución de nuestros
patses al desarrollo del pensamiento político revolucionario
internacional.
Las ideas básicas del presente libro debieron liaber apare-
cido en 1943, cuando el autor, como lo dejó establecido en "Es-
trategia Revolucionaria:', rompió con el trotskysmo. Pero,
aparte de que diversas circunstancias personales lo impidieron,
había otro aspecto que tener en cuenta: ¿quién hubiera puesto
atención en ellas, en esa época, aunque hubieran sido una
necesidad para el futuro desarrollo de la acción política del
proletariado en el continente? Marx lo dijo con justeza: ''No
basta que ta idea clame por manifestarse: es necesario que la
realidad misma clame por la idea".
Hoy íto solo la idefí. flota en el ambiente, sino que la misma,
realidad la reclama. Pero esa idea, aunque latente en las con-
ciencias más esclarecidas de las nuevas generaciones, no puede
alumbrarse por si sola. Necesita un agente exterior que ayude
a darla a luz, agente que no "^lede ser sino la madura expe-
riencia que proporcionan años de pensamiento y de acción
vividos hacia una meta a la que no se ptiede llegar en el
espacio de una sola existencia y que el autor duda que pueda
alcanzarse dentro de la suya.
Pero no importa. Los hombres no son indispensables más
que en relación con el aporte que pueden dar al progreso co~
m.ún. En la eta?pa en que vivimos, el progreso común es sinó-
nimo de marcha hacia el socialismo. Y, si el motcyr para esa
marcha es €¡ proletariado revolucionario, la guía es el marxis-
mo leninismo, comprendido y encarado como ciencia por muy
pocos, aunque, por intermedio de ellos, se orienten las grandes
masas.
Para orientación de las mismas a través de esos pocos, cons-
tituidos en vanguardia de la vanguardia, se ha escrito este
libro. Pues "lo importante —según Lenin— no es que sean
pocos ni 7nuchos, sino que den expresión exacta a las ideas
y a la política del proletariado verdaderamente revolucionario".
Eso es lo que cuenta. Porque Ja revolución —lo he dicho ya
y lo repito— es un problema de inteligencia y sólo la intelt-
gencia, aplicada a tan alto propósito, será capaz de resolverlo.
La segunda parte de esta obra, que aparecerá dentro de
breves meses, estará dedicada al estudio de la actiiación del
í rotskysmo en miestros países, a su actitud frente a moui mí eí i -
Ins tan iniporlantes como el peronismo en la Argentina y la
revolución boliviana, presentando el primer enfoque marxista
que se haya hecho de ésta, así como al análisis del papel del
stalinismo en la revolución guatemalteca, todo ello seguido por
nna síntesis de la evohición y descomposición de la Cuarta
Internacional trotskysta, examinando en seguida las perspec-
tivas revolucionarias que encara la América del Sur, para
terminar sosteniendo: Ni stalinismo ni trotskysmo: marxi smo-
leninismo y hacia una nueva internacional.
Buenos Aires, mayo de 1959.
I - L E ON TROTSKY COMO REVOLUCIONARIO
RUSO ,
Decía Federico el Grande que la guerra era una ciencia paia
los hombres superiores, un arte para las medianí as y un oficio
para los ignorantes.
L o mismo podemos decir de la política, ya que la guerra, de
acuerdo con ia clásica definición de Clausewitz, no es más que
la continuación de la política por otros medios.
Es evidente que la política fué una ciencia para Carlos Marx.
También fué una ciencia para L enin. Y , para L eón Trotsky,
¿qué fué la política?
En parte fué una ciencia.
Pero, en otra, aún mayor, fué un arte.
Las semblanzas de distintas épocas de su vida y, aun su pro-
pia historia, lo demuestran. Más que la profundidad de la idea,
hasta determinado punto, buscaba su brillo; más que la reali-
dad, parecía atraerlo la apariencia extema.
En su destacada figura hay mucho despliegue de cualidades
brillantes, pero, también, hay mucho teatro y apreciable vani-
dad. No era el hombre que cumple con su deber lo mejor que
puede, en cualquier lugar en que lo hayan colocado las circuns -
tancias y acomoda su vida a ese deber. No, Trotsky tení a nece-
sidad de hacer saber que él estaba allí y destacar su figura. Era
evidente una tendencia hacia lo frivolo en Trotsky, lo cual, a
pesar de la importancia del papel que le tocó desempeñar en
la historia, da a su personalidad un matiz superficial cuando
se la compara con la granítica del fundador del socialismo
científico y la talentosa del conductor de la Revolución de Oc-
12 Q U E B R A C H O
tubre. Ambos fueron grandes sin proponérselo, cual fluye Ja
verdadera grandeza, nada más que como resultado de la mag-
nitud de la propia obra. E n cambio, Trotsky buscó ser grande,
con lo cual demostró su limitación.
Carecí a de esa solidez silenciosa que se expresa, ante todo,
en ser, no en aparecer, y así seexplica que fuera tan fácilmen-
te vencido cuando el desarrollo de los acontecimientos deter-
minó su eliminación de las funciones dirigentes en la U.R.S.S..
lo que puso en descubierto, asimismo, su fragilidad. Porque sí
a los hombres ¿e los puede engañar con apariencias —aparien-
cias que, a veces, llegan aengañar a los mismos que las crean—
a los hechos históricos, no.
Es que, en realidad, a pesar de toda su j erarquí a, I -eón
Trotsky nunca pasó de ser un segundo víolín. Si n L enin a
quien siempre habí a combatido, ¡y cómo!, no hubiera podido
desempeñar el papel que le correspondió en la Revolución do
Octubre porque, como él mismo lo ha dicho, esa Revolución,
seguramente no se hubiera producido.("¿Nos habrí amos apo-
derado del poder en octubi'e si Lenin no hubiera podido llegar
a Rusia en tiempo oportuno? No pocos signos demuestran que
no." L . TR OTSK Y , E l gran organizador de derrocas, Madrid,
1930, pág. 141.) A demás, ambas figuras aparecen como total-
mente opuestas, en carácter y en temperanxento, y si, llegado
el caso, pasaron a tolerarse, fué porque mutuamente se nece-
sitaron: Lenin no encontró en su partido sino mediocridades
de la talla de Zinoviev, StaUn o Bujarin, y Trotsky, aislado y
sin partido, debió allanarse a ingresar en el que reconocía coniu
jefe aL enin a fin de poder desempeñar la parte culminante de
su rol histórico. Y aquí , completando lo dicho sobre L enin en
la Revolución de Octubre, podrí a ponerse en duda si éste hu-
biera logrado sostenerse en el poder sin la decisiva colabora-
ción de Trotsky. Lo cual, en condiciones dadas, es una demos-
tración del papel del individuo en la historia.
¡Qué personalidades distintas eran Lenin y Trotsky! Distin-
tas hasta el punto de que en esas diferencias, principalmente
en lo que se refiere al hecho particular de laRevolución, tene-
mos explicado, en parte, el móvil de su conducta política. Uno
(Lenin) lo encaraba como una imperiosa necesidad histórica;
el otro (Trotsky) como una forma de desarrollar su personali-
dad y su talento literario. Para Lenin, la Revolución era una
L E Ó N T R OT SK Y Y W A L I . E T RE E T
13
acción concreta a realizarse frente a los hechos inmediatas y
cuando hablaba lo hací a directamente para quienes lo escu-
chaban; para Trotsky parecí a ser una acción abstracta para
desempeñar un papel en la historia y cuando hablaba lo hacía,
principalmente, para ésta. L os recuerdos de quienes lo conocie-
ron, amigos o enemigos, son unáni mes al respecto.^Y esecons-
traste en relación con L eni n, lo es, tambi én, respecto a Marx,
' J'tibikMiUiw aqiii tUratlD.s úv s?]ii!iiaii/..ii de l . púi i Trotsky dchidiis, I;i 1)) a N.
Tai i i i , revolucionario ru.so. la que ai^arece como pi Alogo al libro Eí triunfa del hot'
tiievánio, de Trotsky, odí t adn por l.i Biblioteca Xueva, Madri d. 1919; U 2' ) es-
crita por el di putado socialista Argentino Enri<iiie Di ckmai i i i y publi cada en la Recí í f ' i
,Socialist;i, de liuenos A ÍTM, en septicmbro de 1936; la 3?) f orma parte del l i br»
Silurinx rei-olucionariat. de An.UoIio Lunat.^hursky, Cnmi.s:uio de EAl ucaci ó n. de l.i
UniiSfi Sovi é ri t i i , en to,< primeros añ os de la hc vol uc i ó n de 1917; la 4?) tomada del
libro La Nucvn Rusia, de J. Al^arez del Vayo, aparecido en Madri d, en 1926, y la
) dehida a Boris Uajanov, n:so blanco que llegA a ser secretario deí Pol i t bt i ró df
la Ü. H. S. S. , publi cada eii el libro Al xcrcicio de Sltilin, zar roía de todas iíi.s- Butias,
Kl i í ado en M. i dri d, oii 1!)30.
En cuanto a la silueta de Leni n que va en sexto lu;;ar, es debi da al comunista
i sp ü ñ ol E . Torrjilva IJeci, quien concurri ó con;o delcg.ido de su pais a! Tercer CO TI -
^'reso do la Tercera Internacional, rivalizado en Mos cú el a ñ o 1921. y aparece como
parte de !a i nt roducci ó n a las "Tesis, acuerdos y resoluciones" del Congreso publ i ca'
.las ese añ o, en Madri d, por ta Biblioteca Ni i cva, con el t í t ul o Las nuevas sendas
del comunismo. En s é p t i mo t é rmi no se reproduce otra silueta de Leni n debi da «
.Staliji, la que sirve, ademá s , para retratar a ¿sU- a t raxé s del concepto inferior
que pone de manifiesto respecto a lo que el consideraba un "gran hombre" y l a
manera en que, de acuerdo con ese conceplo, é st e de b í a omiducirse. Es t á tomada
del í ot l et o de Edi c. t!deya. Barcelona, reiiroducieudo el discurso pronunci ado por
Slalin pocos dí as des p ué s del fallecimiento de Lenm.
1 —"Líi pri n- tra vez que yo oí hablar de Trotsky f ué en 1903, en Siberia, adonde
líic habí a deportado el gobierno del 7,ar. Trolsky acaba de hui r al entranjero con un
pasaporte falsu. Sus comp añ eros me hablarmi de é l como de un hombre de gran
porvenir,
' —¡ Y a lo \ era usted! Ese muchacho llegara a ser uno de los jef e» del movi mi enlo
rc\.
"—Tiene alj:o di" Lasalle.
"—y trata de aumentar el parecido.
"Tales juicios mi- intrigaban, des p ert á ndome grandes deseiw de conocer al Lasa-
llc raso.
' ' Desp ué s tie vencer una p orci ó n de obst á cul os, l l egué , seis semanas <l espuó s. a
Berlín. Y la primera cosa que me propusieron mis amigos, f ué i r a una confeiremna
que daba Trotsky.
' "-Pero, .Jeslá en Berl í n?
"—Sí. Y esta tarde dará una conferencia sobre Lasalle.
" ¡ Trot sky hablando sobre Lasalle! No cabí a duda de que el destino me era
muy favorable.
"Aquella noche tuve el gusto de conocer a Trotsky. Nuestra convers aci ó n gi ró
alrededor de la vi da en SilieriH y de mi fiiRa. Todo c! ti empo que duró nuestra
charla estuvo con sus ojos fijos en mf , como si quisiera tomarme la medi da. Yo tain-
hi é n lo estudiaba con ta mi rada. Me produjo la i mp res i ó n de un hombre fuerte,
orgulloso, duro, tenaz, implacable. Sus labios finos y apretados, sus cejas f nmci das
sobre los ojos f rí os y penetrantes, todo su rostro nervioso y expresivo revelaban un
carácter má s que batallador, agresivi). En su cara ha b í a algo de mef i st of é l i co: sus
facciones descamadas, su alta frente, su mi rada a)0'da, su barba mó vi l , adornada
con una p equeñ a perilla, me recordaba la cabeza de NÍ ef i st ó f et es, obra del cé l ebre
escultor ruso Antokolsky.
"A los pocos minutos Trotsky s ubi ó a la tribuna. La sala estaba llena de un
p ú bl i co bullicioso. El nonferenciante, con un gesto imperioso, hizo el silencio y
comenzó a hablar. Desde las primeras palabras se vio que OTa un verdadero orador,
dueñ o del arte de dominar a su auditorio, f lali laba con extraordinaria í aci l i dnd, f in
14 Q U K B R A C H O
pintado así por su discípulo W. Liebknecht: "Mai x era uno de
los pocos hombres, grandes, medianos y pequeños, que he co-
nocido, que no era vanidoso. Para ello era demasiado grande
y poderoso, y excesivamente orgulloso. No adoptaba nunca una
actitud de "pose" y se presentaba siempre tal cual era."
Cerrando su libro Eí Estado y la Revolución, dejado incon-
cluso por los sucesos de 1917, Lenin expresaba: "Es más agrá-
oinisu)tar las notas (|ut; Icniu sobre la mesa. Las frases se s uced í an redondas y peifi-
ladas en orden perfecto, llenas de brillo. De ve?, en cuando levantaba la voz y enten-
ei-s sus palabra'; semeiaban un fuego de artificio qut> caí a en estrellas de colores
sobre los oyentes.
"hli i mpresi ó n de que Trotsky ei, un artista se couf i nuó a medida que fui coer-
ci é nd ol e. Es un artista siempre y en todos los niomentos. Los estrados de los circuios
politices, las tribunas de tos mí t i nes populares, basta las barricadas, son para é l oomo
un escenario testral. Y basta en las barricadas compone cuidadosamente sus posturns
> sus gestos."
2 —" C onocí a Tiolsky en el mes de octubre de 1911. En mi visita a Alemani-i.
tui invití tdo, como delegado del Partido Soci: tlÍ sta argentino a asistir al con^TMn
socialista al emá n, que se celebraba en la pe que ñ a y pintoresca ciudad de Jena. Al l í
luve la feliz oportunidad de conocer y tratar a las principales figuras del socialisnii'
i ní cmaci onal . Trotsky era delegado de una de las mut^asi fracciones del partidi<
Eoci al -d emocrá l i co niso. Con é l t rabé relaciones de camarad erí a y casi de amistad.
Recuerdo su figura elegante de "publicista'" europeo —tal era su prof esi ó n—, ñ l t o.
esbelto, de una hermosa cabeza coronada de una magní f i ca cabellera, con su perita
incí istcrfélica que le daba uu aire i la vez imi>ciativo e i ró ni co. Tend ri a, eti aqnel
entonces, unos 35 añ os. El congreso d uró ocho d í aj y tuve oportunidad de conversiir
con Trotsky larganieale. Nos reuní amos, en pequeñ a tertulia, con el i ngl é s Quclcb, •:!
francé s Bracke, los nisos Axerold y A ngé l i ca Balabanov, y el italiano -de resí denci i i
en Alemania— Pclussn. En esta tertulia se hablaba de todo, y Trotsky no era de los
que menos participaba « i ella. En tal oportimidad pude apreciar bien sus sentimientos
e ide.is. Trotsky no pert enecí a al gnipo dn sociulistus ortodoxos y d ogmá t i cos . Hablabii
con cierta iiTeverencia de Kautsky y Gm-sdf. Gran admirador de la potlerosa y disci-
plinada organi zaci ó n obrera y socialista de Alemania, hablaba despectivamente del
empirismo i ngl é s y se encogí a de hombros cuando se mencionaba al socialismo frao-
cé s. Del socialLsrno niso h abl ó poco. En general me hizo la i mpres i ó n de un gc nuaná -
filo y angl ó f obo. De las cosas ^idamericanas apenas se i nt eresó , no así de las norte-
americanas. En literatura sus preferencias iban a los rusos y alemanes y h abl ó des-
d eñ osa e i ró ni cament e de la literatura inglesa y sobre todo de G. Beniord Shaw. Antt.-
tal irTe\erencia, el vieio Quel cí i gni ñ í a. el francé s Bracke se biirlaba, el ruso A i e l i «d
se mostraba desconfiado. A ngé l i ca Balabanov aprobaba y Pelusso y yo es cuch á bamos
en silencio. Una ve?. Polusso me dij o:
" —¿ No le parece un "poseur" este Trotsky?
" 1 Evidentemente, nadie de uosfilros h abí a sospcchadij ni ri-uiotamento el destino
que esperaba a este hombre!"
3 —" Enc onh é pm primera vez a Trolsky en 1905, d es pué s de los sucesos de
enero l l egó a Ginebra, no recuerdo de d ó nd e , y t ení amos que hablar los dos en una
;!ran asamblea convocada para discutir aquella tragedia. Trotsky. a diferencia clt!
todos nosotros, eru «i i tonces inusitadamente elegante y buen mozo. Esa elegancia
suya y, en especial, un dejo altanero, despectivo y negligente en el hablar, me cbooó
en forma muy desagradable. Mi ré con disgusto a ese petimetre que cruzó una pietDA
sobre otra y borroneó un esbozo del discurso que iba a improvisar en la reuni ó n.
Pero Trotsk>' h abl ó extraordinaria mente bien. . .
. . , "Una tremenda arrogancia y cierta ineptitud o d es preocupaci ó n do ser amabl*
y al ent ó con la gente, tma carencia de aijuel atractivo quo siempre caract eri zó u
Lenin. condenaron a Trotskj ' « una relatisa soledad. No hay que olvidar que hasta
algunos de sus amigos personales (me refiero en el orden pol í t i co, naturalmente)
llegaron a ser d espué s sus encarnizados enemigos. . .
. , . "Sienipre he considerado que Trotsky era un gran hombre. S í , eco es. ¿ Qui é i i
puede dudar de ello? En Parí s (durante la guerra) h abí a crecido extratvdinaria-
mente a mu 0)oc como estadista. Y, niAs tarde, si gui ó creci nd o continuanient^ va
L E Ó K T H OI SK Y Y W A L L ST RE E T
15
dable y másúti l vi vi r laexperiencia de una revoluci ón que
escribir sobre ella." Habi a preparado los medios necesarios
para tal fin ytení a las armas másimportantes quehabí a for-
jado en lalucha contra lastendencias oportunistas y centristas
de supropio movimiento: lateorí a y partido. Querí a que el
proletariado llegara al poder en Rusia y sabí a con quéfin ese
poder sería utilizado.
IHMqut; l l t g ué a conowrio iiit-jür. y pui(|ue é l purio mostrar mejor totla 1* niedk!. !
lie su hicrza en el ancho campo que l a historia le of recí a, ya porque l a experiencia de
U revol ución y sus probl emas lo enal t eci ó y le dio mayor \'uelo.
' X a obra de ag i t aci ó n durante l a primavera de 1917, no corresponde al pl an
de esta silueta, ñ ero debo decl arar que gracias a sus vastos al cances y su é s i t o de. i-
lumbraiile, mucha gente que estaba cerca de Trotsky se incl inaba a ver en é l al
(¡ cnuino l í der de la R ev ol uci ó n Rusa. Así M. C. Uritsky, que sent í a por Trotsky
Liunenao respeto, me dijo una vez a mí y creo que t ambi é n a Manuil sky: . Ya ve, l . i
gran rev ol uci ó n se ha producido, y no obstante l oda svi intel igencia, Leni n empieza a
velarse un poco (unto al genio de Trot sky» . Este juicio resi dt ó inexacto, no porque
iiageruia el talento y el poder de Trotsky, sino porque, entonces, l a medida del
jenio pol í t ico de Lenin no era aún evidente. , ,
"Los principales done; de Trotsky son su genio oratorio y su tal ento de esciitor.
Considero que Trotsky es, probabl emente, el más grande orador de nuestro tiempo.
He !ení do ocasi ó n de escuchar a todos los grandes parl amentarios y oradores popu'
l am socialisla.'i y a niucbisimos oradores famosos de l a burg uesí a y no podrí a citar,
luera de Jaurcs. a ni ng ún otro comparabl '. : a Trotsky. Acci ó n de presencia, bel l eza
y amplitud de adenkanes, potento ribno expresivo, voz sonora y total mente inf atigabl e,
nuuaví l l osa solidez, sentido l iterario de l a frase, riqueza do i mág enes , i roní a cái t s-
lica, patetismo natural y una l ó g i oi f ormidabl e en absol uto j unto a una \'erdader i
íinaeíA de acero: tales eran las cual idades de l a oratoria de Trotsky.
"Puede habl ar af orí st i ca mente, disparar al gunas f iedl as con notabl e punt erí a >•
jnxmunciar discursos pol í t i cos tan magistrales como só l o se loa ho oí do a Jauré s. He
visto hablar a Trotsky durante más de dos horas y media ante nn auditorio absoUi-
t.-unenle silencioso que estaba de pie escucl iaudo hechizado una l arga di sert aci ó n
pol í tí e. i,
"Por su esl ructura í nt i ma de l í der, Trotsky era, s eg ún l o tengo dicl io. i nhábi l e
incapaz para las funciones menores de ta oí cani z aci ó n partidaria. Se oponia a el l o
el perfil extraordinario de su personal idad. . .
. . . " Creo que X^nin nunca se contempl a a s¡ mismo, nunca se pone ante el
mpejo de l a historia y no piensa nunca lo <iue l a posteridad di rá d<- é l . Cumpl e
simplemente su tarea. La cumpl e imperiosamente, no por gusto del poder, sino por-
que está seguro de que l iene raz ó n y no puede aceptar que se eche a perder su tarea.
Su apego al poder nace de su tremenda seguridad y de l a f irmeza de sus principios
y, si se quiere, de s>i incapacidad (muy út i l en un l í der pol í t i co) de « docars e en el
punto de \ista de su opositor.
''Por el contrario, "Trolsky se contempl a a menudo. Adora, sin duda, su papel
hi. stór)u> y es capaz de cual quier sacrificio —incluso tA de su vida— para quedar en
la memoria de l a humanidad con la aureol a de un genuino l í der revol ucionario. Su
iipcRO al poder es semejante al de Leni n, con l a dif erencia de que puede equivocarse
con más frecuencia, porque no posee el instinto casi inf al ibl e de Leni n y porque
siendo un hombre de temperamento col é ri co, suele enceguecerl o la pasi ó n, aunque
só l o transitoriamente, mientras que Leni n, ecu áni me y siempre du e ñ o de si, no se
irrita casi nunca. "
A —" La úl t i ma vez que l e v i f ué una tarde en que yo esperaba a l a puerta del
Kreml in poder telefonear a f^adek. Ya se ha dicho que para entrar en el KrenrUin haci.^
falta penniso especial .
"Aquel dí a l ardaron en despacharme más de lo ordinario. No perdí , sin em-
bargo, el tiempo, pues el aut omó v i l do Trotsky se detuvo frente al Kreml in y eW.i
tnu p« ; mi t ¡ ó observail e de oerca una vez más . Iba solo y parecí a preocupado. De
pronto v ol v i ó la cal>eza en mi movimiento n'u>' su>o >' que bastaba para sacarle
»ma kistantancn psi col ó g i ca. Era et Trotsky de siempre: suprema encrj i í a heciia
houibre.
16
Q U E B R A C H O
E n cambio, Trotsky, sólo se preocupó de escribir sobrel a
Revolución y poco preparó para hacerla efectiva. Así, cuando
a través de la intervención de Lenin y del partido de éste,
pudo llegar aJ poder, el hecho leresul tó sorpresivo. E l mismo
lo ha confesado: "L a conquista del poder meplanteaba a mi,
entreotras cosas, l a cuestión dela labor quepudiesedesem-
peñar en el Gobierno. Es curioso que j amás se me hubiera
' L e l i abi H o í d o Ii abUr d í a s airá. s en una asamblea eonvocada con objeto de
popul ari zar Ja cre aci ó n de una gran industria i i uí ni i ca al servicio de l a defensa na-
ci ó n al-
' E l tema de su discurso no po d í a d<'Spertar singular e x pe ct a ci ó n en aquellos d í a s
en que la a t e nci ó n general se fijaba en el pró x i mo Congres o comunista, donde se
cre í a iba a resurgir l a :mtigua po l é mi ca entre Trots ky y el Co mi t é Central .
"Pero bastaba el simple anunci o de que babl ari a —el tema no h a cí a al cas o -
para que l a genle se disputase el o í rl o .
"E ra el l í d e r ti¡-ts popul ar entre las masas, y l a o \ ' aci ó n delirante con que le
s al ud ó el auditorio de tres •iií i personas que lleii. ibau aquella tarde el Te ati o Aca-
d é mi c o nos lo co nf i rmó .
"Su ascendencia, particularmente fuerte entre el elemento joven, nace de su
propi a y extraordinaria personalidad. Los otros te ní a n l a hi erza que les daba sus
respectiva.^ posiciones: Stalin, porque en sus luanos se hal l a el secreto del buen fun-
cionamiento del partido; Zi no ví e ff, por el apoyo que re ci bí a de l a Tercera Intei -
nacional y por l a imi>ortancia de Le ni ugrado, donde domi naba; Ka me ne f í , porque
hasta el XI V Congreso de l parti do (di ci embre 1925), en que se pas a abiertamente
u l a o po s i ci ó n, simbolir-aha el e s pí ri tu conciliador. L a fuerza de Trotsk\ó
siempre en ser Trots ky.
"E n el ocaso de los dioses que sigue a l a muei te de Le ni n, acentuáji d(. >s e a me di -
da que los jefes de segundo orden, d e s pué s de varios añ o s de oscura eol aboraci i m
e i ncondi ci onal obediencia, comi enzan a querer decidir en l a o ri e ntaci ó n del parti do,
es el ú ni co que co nt i nú a ejerciendo sobre el ampl i o frente i a f a s ci na ci ó n de su pode-
rosa y casi irresistible pers onal i dad. "
5 —"Al gui en ha di cho quo Trotskj' inereceri:i ser cantado en \ ersos blancos.
Iro ní a. Hagamos justicia al adversario: Trotsky es una fuerte personalidad.
"Las primeras sesiones del Po l i tburó a que i i s i s tí me asombraron por l a enorme
diferencia intelectual entre Trots ky y kis i ki i i á s miembros. Trots ky e s tá muy por
enci ma de li>s Stalin. los Zi novi ev, los Ryko v. . . L e falta, eso si , po nd e ra ci ó n. E s
una mezcl a de grandes Lualidades >' verdaderos defectos. Pero no deja de ser una
ri goros a ú i d i vi d ua l i d a d .
"Trots ky gusta repetii las palabras de BuHo n: «E l estilo es el h o mb r e » . Y al
citarlo piensa en s í mismo, yui s i e ra tener l a espiritualidad y el bri l l o de su verbo.
Armoni zar el continente con el contenido. L a manera como se expresa y l o qii'j
expresa. E s jjiucho má s un actor que nn verdadero y profundo po l í ti co .
"A Stalin lo devora l a pa s i ó n del poder. Qui e re gozarlo en secreto. Trots ky es
un hombre de pose. E s po l í ti co porque l a po l í ti ca es escenario, porque permite
brillar, exhibirse, glorificarse. . .
"E l arte de Trol s ky es i a pal abra. Sin embargo, no es lo que se suele l l amar ',in
gran orador. Su pal abra no evoca el rí o caudaloso lleno de majestad. E s una l l ama.
No tÍ Ml fi a admitirse en los debates parlamentarios. Trots ky, dentro del hemi ci cl o,
s e rí a constantemente l l amado al orden. Su lugar e s tá en las barricadas, en l a calle,
ante l a muchedumbre rebelde. Su voz honda, cl ara, tunante, incisiva, es admi rabl e
para electrizar a las masas. Posee el vocabl o hiriente, grave, preciso, penetrador. . .
. . . " E l tahnto de Trol s ky le permite e l cars e a grandes alturas, pero le falta
el sentido do l a medi da. E n el seno de los grandes acontecimientos, el orador pro-
nunci a discursos formidables, arrastra a las masas, impone s « pose. E s una pose
hi s tó ri ca. Mandando el E jé rci to Rojo, Trots ky pasaba revistLt a las tropas sobre un
a ut o mó vi l bl i ndado. L o cual era una pose tolerable. Mas l a desgracia de Trots ky es
que esa pose ha penetrado dentro de su carne y de su sangre. Trots ky a ct ú a para
la Historia aun cuando realiza cosas ajenas a l a Hi s tori a, como sentarse en una
silla o sacar su pa ñ ue l o de l bolsillo. , .
. . . " L a cara da Trots ky recuerda l a de Me f í s tó f e l e s . Ti e ne l a mi rada penetrante.
L E Ó N T H OI SK Y y W A L L ST RE ST 17
Xuni do pensar en esto. A pesar de laexperiencia de1905,
•.u mehabí a pasado nuncapor las mientes el asociar el mañana
Lün el problema del gobierno. iVIi sueño, desdemi mástem-
prana juventud, yadesdemi niñez, erallegar aser escritor.
Más tarde, sometí mis trabajos deescritor y todo lo demás a
mi labor revolucionaria. E l problema delaconquistadel Poder
por nuestro partido no seborraba denuestraspreocupaciones.
i mental) de una vi eja, la barbi lla de nn cl»i vi >. Pero lo que asombra es el mo<l<i
( ó nm lleva la cabeza. ;Con qué majestad, con qu6 fi ereza alti val Trotsk>' no olvi d. i ,
ni un i nstante, que la i li sfori a est á a l l í . . . ent oc á ndol e su aparato f ot og rá f i c o, y le
pi de una acti tud di ^na. ¡ Al t a la cabezal í La r evol uc i ó n marcha bi en, qué di ablo!
Trotsky há l l ase convenci do de que él , nu só i c la ctmdujo. si no que la encarna de
hi ani Ta soberbi a.
"F]s un gran oi 'jí ani zador, pero un or} í ani zadi )r apasi onado. Puede si i gesti oni i r
a tas masas con un vi brante di scurso, lanzar la c ont raseñ a preci sa, aguda c omo una
flecha. Puede levanli i r los corazones y dupl ¡ c : i r las energ í as. Es un grande hombre
en las horas cnti uas. Nu si rve, empero, para una labor normal y coti di ana. . .
, . , "El punto mas débi l de Trotsky es, qui zá s , la falta de ori gi nali dad en el
terreno de las i deas, Trotsky se nutre del stock de los pensami entos de Leni n. Asi -
nti sni u, no obstante sus di sti ngui das dotes i ntelectuales, hu cometi do torpezas, tor-
pe/as verdaderamente sorpn;ndentes por su candi dez.
Tu d a su lucha contra Stali n lo hace evi dente. Trotsky nn c t Hnprendi ó que las
ci rcunstanci as habi an cambi ado. Para conqui star la fti er/a en el seno del parti do
rec urri ó a mét odos ranci os, mgenui dades pol í t i c as, tendenci as, di vi sas, fi nes y mi r.ts
Uí janas, et c ét era, . . y vabéndos e de esos mt^Ii os no i i odí u consegui r la suj ec i ó n
de las palancas di rectri ces del parti do. Se e<i ui \ <)c ó en los procedi mi pnto. s. Por eso
fué tan f á c i l ment e venci do. "
fi - "Leni n, en un di scurso i nolvi dable, expuso todos los lados de esta polí ti c-. i
i Mi omerandn los beneí i c i i >s que i i odí a aportar, si n olvi dar tani poco de presentar sus
peli gros. Ya antes habi amos teni do oc asi ó n <U' oí r hablar u Leni n. Fué con moti vo
(le la di sc usi ó n de la c uest i ó n i tali ana. P;! tero al mente, si n descomponerse \m mo-
ni ento, con una fi u^. a i rresi sti ble de persuasi ó n, repi ti endo un moti vo só l i do y defi -
IIÍ Í Í M) \ ei nlo veces para dejarlo bi en i nculcado tu las mentes de los que le oi an,
puso al desnudo las fi guras de los reformi stas de Itali a e hi zo ver c ó mo el ú ni oo
c ami ó n de sal vac i ó n para el parti do era presci ndi r de ellas, si n dejarse llevar por
los la/i K de ami stades y convi venci as arrai gadas desde hac í a añ os y atendi endo de
modo exclusi vo a la salud del comuni smo, a i us exi genci as de la revc j noi ó n y al i nte-
rés i nmedi ato del proletari ado. Si n embargo, en aquella i nt er \ c nc i ó n ci rcunstanci al nt/
vi mos realmente a la gran fi gura, a la ní as alta fi gura de la n- vol uc i ó u ru.sa, al poli -
ti co c undi ré: cuando, en reali dad, l;t pudi mos apreci ar en todo su valor, en toda su
l¡[ui!<!fy\i. f ué en esla oc asi ó n de I.T expl anac i ó n de la nueva pol í ti c i t.
"El aspecto de Lrni n está tan g rá f i c ament e descri to en la sobada tmse de que
parece tui obrero ei nloi Ti i nCTadi i , que no qui rri ci os buscai otra para prí -stMli arlo. En
sus OJOS pe qu« i os y separudoí í , en /o» que i a íniiadn esí J aga;£ajrada y es tan pronto
i róni c a como escrutadora, bondadosa como severa, exi ste mi poder que . subyuga y
atrai -, .Su gesto es parco, pero, en general, al hablar, no es de esos hombres que
.se ubstya« n y hablan para sí mi smns. en v</z alta, es c udt á ndos e, es deci r, no es de
esos oradores que hablan para i a hi stori ai hai >lfl para los que ti ene ai lelante. Por
rso se di ri g í a constantetnente, con la expresi ó n del conversador que qui ere convencer
y persuadi r hasta <-l mi smo a qui en est á flagelando, a los adversari os do sus tesi s.
N"ad,i d;- acti tudes fri buni ci as. nada de efectos oratori os, de malabari smos de len-
i ;uai e, de lumi nari as ni de f raseol og í a reti i mbante. La senci llez era lo que daba
doble vi gor al razonai ni cnlo. Y c uando su gesto cobraba vi veza y habi a bri llo en
sus ojos medi o cerrados y acci onaba r á pi dament e con sus brazos y ,se adelantaba
en el escenari o con pasos cautelosos, no era buscando con ell<i efectos artí sti c os, si no
arraNIrado por la ui i sma fuerza de sus razonami entos que uno tras otro, i ncesi mtes.
marti lleaban, c aí an sobre el audi tori o como ti na lluvi a. . Acabado su di sc uno se sent ó
modestamente ti -as la ni esa presi i leuci al, en la que par ec í a i m .secretari o má s . Y pn
ella at endí a a los que le hablaban, escuchaba los di scursos de los otros, l eí a papeles,
redfi etaba notas. apro\ eehai i do el ti empo, no dejndo perder ni uu mi nuto, en un-i
I S Q U E B R A C H O
Decenas y cientos deveces escribí y habl é acerca del pi'oblema
que habrí a de desarrollar el gobierno revolucionario. Y, sin
embargo, ni unasola vez se mevino a las mientes l a acción
personal que, desde el Poder, pudiera realizar yo. La realidad
me tomaba desprevenido (L. T R OT SK Y , "Mi vida. Ed. Ercüia.
t. T il , pág. 104.)
Es decir queLenin hacia un fin de l aRevolución, a l a que
todo lo subordinaba. Trotsky, en cambio, parecí a hacer un fin
de los medios para llegar a el l a: el estrado que le proporcio-
naba y su labor depublicista. Por eso l arealidad leresultaba
sorpresiva.
Respecto a su desafección por ios medios concretos para
llevar a lapráctica sus ideas, Trotsky confesaba ante la Co-
misión Dewey, en México, en 1937:
"No estoy hambriento de poder personal. Estoy satisfecho
actividiid incansable, pero no febril, sino -ieicna, lli:na de cubna y de posesi ó n ú>- si
mismo. En nada daí>a la idea de que i r a, en cieilo modo, el "jefe del Estado", l.i.s
cortesanos de nuestros paí ses capitalistas se escandal i z arí an ante aquella falla de
ost ent aci ó n y aparato. Hablaba con cuantos se acercaban a ól como de c ompañ ero
a compañ era. [N'efajida cosa para los enamorados de las reglas que deben gviardyr
las jerarquí as! Es más ; al bajar por la esplendida escalera deí palacio real del Krem-
lin, mezclado con todos los demás delegados dtd Congreso, en animada conversaci ó 't
con un grupo de ellos, los centinelas rojos que estaban a la puerta en diversa.s pos^i -
ras, seguí an ini las postura.^ í j ue t ení an, sin moverse, sin acudir a presentir .i nnas,
como si el <)ne bajara no fuera otra cosa que un c ompañ ero como otro cualquier.! .
Y es que, en efecto, era asi, un c ompañ ero para kw congresistas, un c ompañ ero pai.i
los soldados, un c ompañ ero para cualquiera de los afiliados a ia Internacional Comu-
nista, y no otra cosa. El c ompañ ero encargiulo de estar al frente <Ie las funciones dol
gobierno. Se le querí a y se le admiraba por sus merecimientos, p^n su talento, ptir si^
dedi caci ó n abnegada a la causa c omú n, por su val í a y por sus virtudes. Pero est.'
cari ñ o y esta admi raci ó n no significaban el tributo de un resi>eto y de un acatamientn
humillante. E n el partido de la lucha de clases, de la al x ) l i ci ó n de las clases, ni i
serí a compatible la creaci ó n do una clase especial superior; la casta de los gobernan-
tes. Serí a i ma ofensa para él que se le tributaran homenajes que no estuvieran dentro
de la esfera del compañ eri s mo. Era el igual de todos."
7 - "Me encont ré con Leni n por primera vez en diciembre de 1905, en la Cou
ferencia Bolchcviqi^e de Tamcrfors (Fi nl andi a) . Esperaba ver el águi l a de las rmin-
tahas de nuestro Partido, al grande hombre, grande no só l o d i ^e el punto de vistt
Xiolitico, sino grande si se quiere en la ac epc i ó n t í si ca del vocablo, pues me lo i ma-
ginaba como un coloso de gran talla, fuerte y lepresentativo. ¡ Cuan grande seria
mi desi l usi ó n al encontrarme frente a un hi ni bre c omú n, más bajo do estatiu'a quo
el t érmi no medio de Li genle y que no se di st i nguí a en nada de los de más mortali.'s!
Es costumbre que un "gran hombre" debe llegar tarde a las reuniones, p.-ira qui-
los miembros de esa reuni ó n esperen con el aliento retenido, y antes de sii IleRad.i
los concurrentes a la reuni ó n avisen su llegada con un "¡ Chi s t ! ¡ Si l enci ol . . . Y.t
viene". Ese rito no me parecí a mal, pues impone, inspira respeto. ¡ Q ué dcsQusi ó n
tuve cuando supe que Lenin habí a llegado a la reuni ó n antes que los delegados y,
escondido en un ri ncó n, hablaba sobre el tenia más corriente con los delegados más
comunes de la confercncial No ocul t ai é que. en aquel momento, esto me pareci ó
una i nf racci ó n a ciertas realas indispensables. . . Só l o más tarde c omprendí que esa
sencü l ex y modestia de Leni n, este deseo de pasar ú i advert i do, o, en todo ciuio, de
no llamar ia at enci ó n ni subrrayar su alta posi ci ó n, que este rango const i t uí a uno
d« lot Indos más fuertes de Leni n como nuevo jefe de las nuevas masas sencillas v
ctnnunes de los "fondos" más profundos de la humani dad. "
L K Ó V T ROT SK Y Y W A L L ST REET lí)
con mi trabajo literario. El poder es una carga, pero un mal
necesario e inevitable. Cuando las ideas que uno sostiene ven-
cen, uno debe aceptarlo. Pero la mecánica del poder es una
cosa miserable. Permítanme estaobservación personal: Duran-
te el tiempo que estuve desempeñando un cargo, los mo-
mentos más agradables para mi fueron durante las vacaciones
cuando escribía mis libros. A hora me encuentro como en lar-
gas vacaciones. Escribo mis libros. Ello me proporciona plena
satisfacción." (The case oj León Trotsky, Report of hearings on
the charges made against himin the Moscow trials-New Y ork,
1937, pág. 278.)
Es decir, que Lenin prefería hacer la Revolución a escribir
sobre ella y Trotsky, escribir sobre la Revolución, a hacerla.
Este criterio distinto, concreto en uno y principalmente abs-
tracto en otro, fué, en esencia ,el fondo político de las disputas
enconadas y largas que, siguiendo un breve período de cola-
boración —luego de conocerse en L ondres en los primeros añoá
del siglo actual— sostuvieron durante el lapso de tiempo que
precedió a la Revolución de1917.
No era que no existieran entreellos diferencias teóricas. L as
había como la referente al carácter de laRevolución en Rusia.
L enin sostenía en 1905, que, siendo la revolución que se plan-
teaba en ese país, democrático burguesa, el Partido Social-
demócrata debía luchar por el establecimiento de una "dictadu-
ra democrática de obreros y campesinos", con el fin de ayudar
a liquidar el régimen feudal imperante entonces en Rusia. Es
decir, propiciaba lahegemonía del proletariado. ("Establecíase
una división marcada entre la hegemonía del proletariado en
la revolución democrática y la dictadura del proletariado, con-
traponiéndose, polémicamente, lapríjnera a la segunda". L E Ó N
T R OT SK V , Historia de la Revolución riisa, Madrid, 1931, t. I ,
pág. 2Z7.) En cambio, Trotsky, siguiendo a Parvus, consideraba
que era el proletariado el que debía tomar directamente el po-
der, apoyado por los campesinos. Es decir, que debía estable-
cerse la dictadura del proletariado. Era la base de la famosa
teoría de laRevolución Permanente, según laterminología y el
concepto de Carlos Marx, actualizado por Parvus y Trotsky.
("Diez años mayor que Trotsky —dice la viuda de éste— Par-
vus era a la sazón uno de los jóvenes marxistas rusos más
notables... Espíritu científico, enteramente occidental, des-
20
Q U E B R A C H O
plegaba la audacia de su pensamiento. J unto con Trotsky for-
muló la teorí a de la "revolución permanente", destinada a
orientar la primera fase de la revolución rusa." ( V. S E R G E . Vida
y muerU de Trotsky, Buenos Aires, 1954.) Respecto a esta
teoría dice Trotsky que "no era mí a. sino de Marx". (Mi vida.
Ed. Ercilla, t. V, pát;. 16.) Más tarde, en 1917, fué el crite-
rio de Parvus (que durante la guerra 1914-18 terminó como
agente del gobierno alemán) y el de Trotsky el que se i m-
pu.so, y aún Lenin, según una carta de A . J offé, hecha conocer
por Trostky, debía reconocerlo.
No obstante, a pesar de la importancia del asunto, como lo
expresó el mismo Trotsky, "lo que nos habí a mantenido sepa-
rados no era la teorí a de la revolución permanente, sino otra
cuestión secundaria, importante también: la posición ante el
menchevismo" (L. TR OTS K Y , Mi vida. Ed. Ercilla, t. III, pá-
gina 97.)
Lenin consideraba que el Partido revolucionario debí a orga-
nizarse como un ejército conspirativo preparado para condu-
cir, en el momento propicio, la insurrección y tomar el poder.
Sostenía que la clase obrera debí a trabajar bajo el control >'
Ja dirección del Partido: "Nuestra larea —escribí a— es de
formar un círcxHo clandestino de dirigentes y poner en movi-
miento la mayor masa posible." Fué el criterio bolchevique.
Trotsky, por su parte, entendí a que el Partido revolucionario
como una organización laxa donde cabí an todos los que, no
solamente luchaban sino también simpatizaban con el Par-
tido. Contrariamente a Lenin, escribía que la dictadura del
proletariado "no será la toma del poder por algunos conspira-
dores, sino el reinado político de la clase obrera organizada,
formando la mayorí a de la nación". Fué el criterio menche-
vique.
Por tales circunstancias, en el decisivo Segundo Congreso
de la Socialdemocracia rusa, realizado en 1903, L enin pro-
puso, en el artí culo 19 de los Estatutos del Partido, que éste
reconociera como miembro únicamente a "cualquiera que pro-
fesa su programa y sostiene el Partido, no sólo materialmente,
sino con su participación personal en una de las organizacio-
nes". Martov, representante de los que deseaban hacer del
Partido algo más amplio y elástico, consideraba que era sufi-
ciente para ser miembro "aportar un concurso personal regu-
L E Ó N T HOT SK Y Y WA I . L ST RE E T
21
lar bajo la dirección de una de sus organizaciones". Es decir,
que pudieran ser miembros del Partido todos los oportunistas
y conciliadores que circulaban a su alrededor.
Fué sobre l a base de esa diferencia de criterio que el Parti -
do Soci al demócrata ruso se dividió, desde entonces, en las dos
alas en que habí a de distinguirlo la historia: los mayoritarios
(bolcheviques) siguiendo el concepto de L eni n, y los mi nori -
tarios (mencheviques) detrás del de Martov. ¿Cuál era l a
posición de L eón Trotsky en esta circunstancia? Se alineó con
los mencheviques en contra de L eni n. Y aun cuando, poco des-
pués, se apartó de ellos, en adelante siempre se mantuvo en
una posición de "centro", entre bolcheviques y mencheviques,
aunque, en general, se uní a con estos úl ti mos contra los bol -
cheviques.
Sus disparos se di ri gí an, particularmente, contra L eni n, a
quien llamaba "Maxi mi l i ano L eni n", parangonándol o con Ro-
bespierre. E n su folleto de entonces, Nuestras tareas políticas,
inencontrable hoy pero del que tenemos i nformaci ón a través
del importante y documentado libro de Boris Suvari n: Stali-
ne-Aper^u historique du bolchevisme, Parí s, 1935, Trotsky ca-
lificaba a L eni n como el "jefe del ala reaccionaria de nuestro
partido" y lo culpaba de "vulgar caricatura de l a intransigen-
cia trági ca del jacobinismo". L os métodos de L eni n conducí an,
según Trotsky, a una disciplina de cuartel. "E l rigorismo en
materia de organi zaci ón —escri bí a— opuesto a nuestro opor-
tunismo, no es otra cosa que el reverso de l a estupidez pol í -
tica". Según Trotsky el proletariado se i ba a organizar es-
pontáneamente en el curso de la lucha. L os jacobinos "eran
utopistas y nosotros queremos solamente ser la expresi ón do
tendencias objetivas. Eran idealistas de los pies a la cabeza y
nosotros somos materialistas de l a cabeza a los pies. El l os eran
racionalistas y nosotros somos dialécticos. Cortaban cabezas y
nosotros las aclaramos por la conciencia de clase." "Por las
tácticas de los jacobinos bolcheviques, todo el movimiento
internacional del proletariado será acusado de moderaci ón ante
el tribunal revolucionario y l a cabeza leonina de Marx caerá
la primera bajo el golpe de l a guillotina."
Es evidente que en l a revol uci ón de 1905, en Rusi a —ensayo
general de l a de 1917— la que se produjo dos años después del
famoso Segundo Congreso de la Socialdemocracia rusa, los
22 Q U E B R A C H O
mencheviques tuvieron un papel de primer orden y fueron lo¿
iniciadores de los soviets, que los bolcheviques, entonces, cam-
batieron como órganos a formarse después de la revolución y
no antes. Los bolcheviques, en cambio, apenas se destacaron y
Lenin, prácticamente, no desempeñó ningún papel en ella.
Quien lo tuvo, e importante, fué Trotsky, llegando a desempe-
ñarse como presidente del Soviet de Petrogrado.
Con posterioridad a la revolución de 1905, aunque a conse-
cuencia del retroceso revolucionario, que fué el resultado i n-
mediato del fracaso de aquella, se realizó una momentánea
unificación de ambas tendencias, la lucha continuó acerba
entre sus dirigentes. Trotsky —siempre, según Suvarin— coló -
cado en su posición centrista entre bolcheviques y menchevi-
ques, aunque más cerca de éstos, continuaba atacando a Lenin
por "el espí ritu sectario, el individualismo de intelectual, e!
fetichismo ideológico", mientras los mencheviques, con Martov
a l a cabeza, lo acusaban de querer establecer en Rusia una
"secta" al estilo del Partido Socialista Obrero, de Daniel d*:
León, en los Estados Unidos, de representar "un triunfo de la
incultura blanquista y anarquista sobre la cultura marxista"
y de que "la Social democracia rusa hubiera hablado demasia-
do a la rusa" y poco "a la europea".
Lenin respondí a con crudeza: "Martov y Trotsky confunden
los períodos históricos diferentes oponiendo Rusia, que efectúa
su revolución burguesa, a Europa que hace mucho que termi nó
la suya". "Pero —dice B. Suvarin (op. cit.. pág. 119) se en-
frentaba principalmente con Trotsky en el que condenaba. ..
las frases sonoras y vací as a la Tartarí n de Tarascón, la diplo-
macia de camarilla, el peor espí ritu de entrometido y a quien
reprochaba de querer ahogar los desacuerdos en lugar de bus-
car sus causa»." Y aún trató, en el Congreso Internacional de
Copenhague, en 1910. de que la delegación rusa lo condenara
por algunos artí culos que habí a publicado en el órgano del
Partido Socialdemócrata alemán atacando a bolcheviques y
mencheviques. "Las personas de la clase de Trotsky —escribí a
Lenin— con sus frases ampulosas sobre la Socialdemocracia
rusa, son la plaga de nuestra época." "Trotsky plagia hoy la
ideología de una fracción, mañana la de otra y así se declara
por encima de las fracciones." "No se puede discutir con Trots-
ky sobre el fondo, puesto que no tiene ninguna concepción. Se
L E Ó N T K OT SK Y y W A L L ST RE ST
23
puede y se debediscutir con los derechistas y los izquierdistas
convencidos, pero no con un hombre que juega a disimular las
faltas de unos y otros; se le descubre como un diplomático de
la más baja ley.*' "Trotsky no hu tenido jamás ninguna fiso-
nomía política: va y viene de los liberales a los marxistas, con
párrafos de frases sonoras arrancados de la derecha y de la iz-
quierda." "No todo lo que brilla es oro. Hay mucho oropel y
ruido en las frases de Trotsky, pero ningún contenido."
Mientras tanto, Trotsky, encarando una acción decidida con-
traL enin, habí a convocado ima conferencia que tratara la uni-
ficación de la Socialdemocracia rusa —donde llegaron a existir
ocho fracciones—, la que sereunió en Viena en agosto de1912,
y donde se dieron cita —L enin se negó a asistir— todas las
tendencias dentro del partido Socialdemócrata ruso hostiles ni
bolchevismo. Fué el'famoso "bloque de A gosto" de Trotsky.
"Ustedes deben conocer la historia del «bloque de A gosto» del
camarada Trotsky —recordaba Stalin, ya en la época de la
campaña contra aquél— en el que martovistas y otsovistas,
liquidadores y trotskystas trabajaban en amable colaboración
pretendiendo ser un '"verdadero" partido. Como bien se sabe,
este "partido" tenia por fin destruir al partido Bolchevique."
{ST A L I N , ¿Leninismo o trotskysmo? en The October Revolution,
New Y ork, pág. 89.) Y . no habiendo logrado ningún éxito,
Trotsky continuó atacando durí sí mamente a L enin. En una
carta a Chjiedze, fechada en abril 19 de 1913, hablaba de L e-
nin como "explotador profesional de todo lo que hay de retar-
datario en el movimiento obrero ruso", diciendo, además, que
"Todo el edificio del leninismo está actualmente levantado so-
bre mentiras y falsificaciones y lleva en sí el germen envene-
nado de su propia descomposición". (B. S UV A R I N , op. cit. y
S T A L I N , The October Revolution, New Y ork, págs. 88 y 89.)
J uicios severí simos, para los que L enin siempre tení a répli-
ca, y que conviene recordar y analizar con atención para ubi-
cai" revolucionariamente a Trotsky: "Jamás ni en un solo pro-
blema serio del maroñsmo ha tenido Trotsky una opinión fir-
me", siempre «se ha metido por la rendija» de tales o cuales
divergencias, pasándose de un campo a otro. A hora anda entre
bundistas y liquidadores. Sabido es que estos señores no tienen
muchos miramientos con el Partido." ( L E N I N , Sobre eí derechíí
de autodeterminación de las naciones, Buenos A ires, 1942, pá-
24 Q U E B R A C H O
gina 72.) Y en una Carta abierta a Boris Suvarin, respecto a
l a posición de Trotsky frente a l a primera guerra mundial de
1914, escribí a: ''Yo nunca til dé de chovinista l a posición de
Trotsky. De lo que yo lo acusé es de representar con demasiada
frecuencia, en Rusia, la política del «centro». He aquí l os he-
chos. Desde enero de 1912 l a escisión del Partido Obrero So-
cial demócrata ruso existe formal mente. Nuestro Partido (que
.^e agrupa al rededor del C.C.) acusa de oportunismo a otro
grupo cuyos dirigentes más conocidos son Martov y Axel rod.
Trotsky pertenecí a al partido de Martov y sól o lo abandonó en
1914". . . "Habiendo roto con el Partido de Martov continúa
reprochándonos que seamos disidentes. Poco a poco se despl aza
hacia l a izquierda y propone romper incl uso con los dirigente^
social demócratas rusos. Pero no dice en definitiva si desea l a
unidad o l a separación respecto a l a fracción de Chjiedze". . .
"En Zimmerwal d, Trotsky no quiso adherirse a l a «izquierda
de Zimmerwal d». Trotsky y el camarada G. Rol and-Hol dsí
representan el «centro»." ( L E NI N, Obras completas. Bueno-s
Aires, t. X X ni , págs. 204 y 205.)
Fué refiriéndose a esa época de su acción revol ucionaria que
Trotsky debí a escribir posteriormente: "Yo forrné parte de l a
"minorí a" del I I Congreso, minorí a de donde más tarde nació
el menchevismo. Permanecí pol í ticamente l igado a esta mino-
rí a hasta el otoño de 1904, poco más o menos hasta l o que ha
dado en l l amarse «l a campaña provincial de l a nueva I skra»;-
fué entonces cuando se precisó mi desacuerdo absol uto e irre-
ductibl e con el menchevismo en las cuestiones del l iberal ismo
burgués y de l a perspectiva de l a Revol ución. En 1904, es decir,
hace veintitrés años, rompí con el menchivismo tanto en l o
referente a l a pol í tica como a l a organización. Yo no me he
l l amado nunca menchevique ni me he estimado tal "... "No
cabe duda alguna que yo he coinetido errores sobre muchos
problemas particul armente durante l a época de mi l ucha con-
tra el bol chevismo".. . "Como he decl arado no pocas veces, en
los desacuerdos que tuve con el bolchevismo sobre una serie de
cuestiones de principios, l a sinrazón estaba de mi parte." (L .
TR OTSK Y , La revolución desfigurada. Madrid, 1929, págs. 152,
153 y 154.)
Este acto de contricción de Trotsky, según él mismo l o dice,
ha sido repetido en múl tipl es oportunidades. "En el modo de
L t ü T K o r s K Y Y W A L I , S T R E E T 25
apreciar la suerte que aguardaba al menchevismo y los proble-
mas de organización planteados al partido, confieso que la
Pravda (periódico que publicaba Trotsky en Viena) no llego
nunca a la claridad de un L enin. Yo esperaba, todaví a, quo
una nueva revolución obligara a los mencheviques —como en
1905— a abrazar la senda revolucionarí a. No sabí a apreciai
debidamente la importancia que tení a l a disciplina ideológica
y el endurecimiento político como preparaci ón. En punto al
desarrollo interior del partido, cometí el pecado de entregarme
a una especie de fatalismo socialrevolucionario. Reconozco que
era una posición falsa." (L . T H O T S K Y , Mi vida. Ed. Erci l l a, t. I I ,
pág. 116.) En otra de sus obras más conocidas lo repite: "En
casi todos los casos (al menos los más importantes) donde yo
me he opuesto a Lenin desde el punto de vista de la táctica o
de la organización, fué él quien siempre tenia razón." (L .
T R O T S K Y , La Révolutioyi Permanente. Parí s, 1932, pág, 66.) Y
más adelante, en la misma obra, página 75, le recalca: "Mi
posición en el interior del Partido fué conciliadora, y es sobre
esta base que, en cierto monaento, tendí a formar un grupo.
Mí actitud era determinada por una especie de fatalismo revo-
lucionario social. Yo consideraba que la lógica de l a lucha do
clases obligarí a a las dos fracciones a seguir una sola lí neu
revolucionaria. En ese tiempo no comprendí a aún el gran sen-
tido histórico de l a polí tica de L eni n que exigí a una implacable
línea de demarcación ideológica y aún, en l a oportunidad, l a
escisión para sostener y fortificar el armazón de un partido
verdaderamente proletario." "Buscando la unidad a cualquier
precio idealizaba, inevitablemente y a mi manera, las tenden-
cias centristas del movimiento." Concepto completado en l a pá-
gina siguiente con estas sentencias: " Y ahí está l a lección que se
puede sacar de todo esto; es inadmisible y desastroso romper o
atenuar la lí nea política con el fin de un vulgar conciliacionis-
mo; es inadmisible embellecer el centrismo que hace zigzags a
izquierda; es inadmisible exagerar e inflar las disidencias con
los camaradas que son verdaderos revolucionarios, para correr
atrás de los fantoches del centrismo. Tales son las verdaderas
lecciones que se pueden sacar de los verdaderos errores de
Trotsky. Conservan todo su valor aún para estos dí as." A sí se
expresó L eón Trotsky de sí mismo y de su pasado revolucio-
nario en una de sus obras teóricas más difundidas.
26 Q U E B R A C H O
Pero esto habrí a derepetirlo con frases aún más terminantes
en sus declaraciones antela Comisión Dewey. En algunas res-
puestas ante esa Comisión, que lo inquirí a respecto a las acu-
saciones del fiscal stalinista Vyshinsky, Trotsky se expresó de
esta manera:
"Dewey: La otra acusación que se le hace, respecto a su
nuevo ataquecontra Lenin, está relacionada con el Bloque de
Agosto que usted organizó en 1911 y 1912. E l acusador cí ta a
Stalin. ¿Qué tiene usted que decir sobre esteBloquede A gos-
to que estaba dirigido directamente contra las ideas de Lenin','
"Trotsky: Sí, eí Bloque de Agosto fué una consecuencia de
mis tendencias conciliadoras. Traté de unir a los bolcheviques
y mencheviques. Esa fué la idea del Bloquede Agosto. Lenin
rehusó participar. Yo desarrollé alguna agitación aun en Rusia
misma. Fué en el perí odo de la mayor reacción. Tení amos po-
cas conexiones con Rusia. Algunos meses después la situación
cambió, pero en el momento del Bloquede Agosto tení amos
malas relaciones obreras con Rusia. Estaban casi totalmente
interrumpidas. Todo el trabajo fue hecho entre los emigrados.
Traté de unificarlos —los bolcheviques y los mencheviques—
pero Lenin no aceptó. Lenin tení a toda la razón en este punto,
como lo demostró el posterior desarrollo de los acontecimien-
tos. Yo pei'manecí en la Conferencia con los mencheviques.
Pero, en seguida, comencé a disputar con ellos y el Bloquefué
destruido. No quedó nada de tal tentativa.
"Dewey: Se cíta a Lenin en relación con eso. Escribió que
el Bloqueestaba levantado sobre falta de principios, sobre hi -
pocresía y sobre frases vací as.
"Trotsky: Sí, creo que ese estilo es absolutamente el deLe-
nin. Tenía razón. E l Bloquefué una tentativa estéril y Lenin
no aceptó el juego. Dio golpes serios a sus adversarios.
"Dewey: E l señor Vyshinsky. . .
"Trotsky: Pero esto no es una evidencia criminal.
"Dewey: . . .también declara que este Bloquefué formado
por lacayos del imperialismo, por mencheviques, por aquellos
que habí an sido expulsados del partido Bolcheviquey por la
basura de los partidos de la clase obrera. Usted ha dicho que
eran mencheviques. ¿Eran lacayos del imperialismo?
"Trotsky: Bueno, es un calificativo para los reformistas.
Lenin llamaba a todos los reformistas como lacayos del i m-
L t ó N T R OT SK Y Y WA I . L ST REET
27
peiialismo, y Uamó de esta manera a los mencheviques que
participaban en la conferencia. Es un asunto de apreciación
política y no de pensamiento cri mi nal ." (The case of León
Trotsky, págs. 60 y 61.)
En conclusión, siempre, en todas las cuestiones de tácti ca
y de organización en que habí a disputado con L eni n, Trotsky
reconoció que l a razón habí a estado de parte de aquél . En un
solo punto ha considerado ser él quien la tuvo: en su caracteri-
zación de la Revolución rusa. Tambi én lo ha expresado en las
audiencias de la Comisión Dewey:
"Stolberg: ¿Puedo hacerle otra pregunta? Es de un interé-.í
histórico y filosófico. Entiendo que su teorí a de l a revol uci ón
permanente, de acuerdo con sus escritos, era muy similar a la
de L eni n. Tambi én surge de esos escritos que exi stí an cierta^
diferencias de una menor importancia. ¿Cuál es, en su opinión,
oran esas diferencias?
"Trotsky: Creo que en este ponto yo tení a razón frente a
L enin. Y o habí a elaborado, desde fines de 1904, l a teorí a y l a
convicción de que la Revolución rusa no podí a triunfar excepto
por medio de la dictadura del proletariado.
"Stolberg: ¿Sólo por medio de ella?
'Trotsky: Sí, sólo por medio de ella. No podí a triunfar como
una simple revol uci ón burguesa. L a perspectiva de una dicta-
dura proletaria en Rusi a zarista atrasada, se presentaba como
bien fantásti ca. L os mencheviques y tambi én los bolcheviques
llamaban "trotskysmo" a la perspectiva de una dictadura del
proletariado en Rusia.
"Stolberg: ¿Si entiendo bien, "trotskysmo" desde 1904 a
1917 significaba la posibilidad de saltar sobre la democracia
burguesa en Rusia?
"Trotsky: "Trotskysmo" querí a decir la perspectiva de l a
dictadura del proletariado en Rusia.
"Stolberg: Entonces, en su opinión, ambos puntos de vista
no pueden ser presentados, después de todo, en térmi nos de
un choque de personalidades. Cada imo tomó algo del otro y
esto se uni ó en l a revol uci ón.
"Trotsky: Creo que l a parte de L eni n fué inmensamente
mayor que l a m|ía.
"Stolberg: ¿Porque era estratégi ca?
28 Q U E B R A C H O
"Trotsky: Es unasunto demasiado importante para encarar-
lo ahora. El era el viaestro. Yo el discípido."
Tales declaraciones sitúan el problema de laacción pol í tica
de León Trotsky ensuverdadero lugar. Lenin era el maestro
y Trotsky únicamente su discípulo. '
' Es ijilfresantc recordar que estas expresiones son nniy .semejantes a las que
Enseis hacia respeeln a Marx. Se( { ún Engels, al escribir el Anti-Üiihrinñ desarrollaba
"un mé t odo y una coneepc¡ c>n que habí an sido cimentados y desenvueltos principa'
Itsiinamente por Mai'y y xólo en parte muy pequeña por mi". ( F. EN C EL S . P ró l ogo a
la 2* edi ci ó n del Anti-Dührins, L ondres. 23 de mayo de 1885. Ed. C é ni t . Madri d,
1932, pág. 18.) Y. en la carta a W L iebknecht del 14 de marzo de 1883, a raí z de
1,1 muerte de Marx, escri bí a: "Todo lo que somos se lo debemos a é l ; y el movimiento
tal como es hoy, es producto de su trabajo teó ri co y prácti co. Si no hubiera sido por
é l, todos nosotros segui rí amos tanteando a oscuras en nn laberinto de confusiones.
( M A R X VE. N G EL Í . , "Cone'ipondencio, Buenos A ires, 1947, pág. 431.)
I I - LEON TROTSKY EN LA REVOLUCION
DE OCTUBRE
Llegaron los días de l a Revolución de Febrero de 1917, en
Rusia, y León Trotsky, que a pesar de compartir los puntos de
vista de la "izquierda de Zi mmerwald", que encabezaba Leni n,
no había querido unirse a ella, se hallaba deportado, momen-
táneamente, en los Estados Unidos. Y, habiendo encontrado,
luego, su camino a Petrogrado, pudo darse cuenta de que l a
coincidencia de Zi mmerwald, con Leni n, se repetí a ahora en
relación con las famosas "Tesis de A bri l " de éste, y su decisión
de no apoyar al gobierno provisional surgido de la caída del
zai-ismo, como ya lo habí an hecho los mencheviques y los pri n-
cipales dirigentes bolcheviques, entre los que .se contaba el en-
tonces oscuro Stalin.
Esta coincidencia lo llevó a manifestar su adhesi ón a los
puntos de vista de su anterior adversario —puntos de vista
que, en el fondo, habian sido tambi én suyos (o de Parvus) des-
de tiempo atrás— y acercarse y más tarde ingresar al Partido
Bolchevique, algunas de cuyas principales figuras, como Zi no-
viev y Kamenev, no sólo di sentí an con Leni n respecto a l a
línea política a seguir, sino que, en determinado momento,
como en oportunidad de la i nsurrecci ón de Octubre, se levan-
taron abiertamente contra él, acercándose al enenñgo. En cuan-
to a Stalin, se mantuvo prudentemente en segundo piano.
Fué León Trotsky quien, en defección de tales lí deres bol -
cheviques, preparó y organizó l a mencionada i nsurrecci ón
—inspirada por Leni n— lo cual, no sólo fué reconocido por
el mismo Leni n, sino hasta por sus futuros adversarios. "Cuan-
do el Soviet de Petrogrado hubo pasado a manos de los bol-
cheviques, Trotsky fué elegido presidente y, en calidad de tal.
30 Q U E B K A C H O
organizó y dirigió la i nsurrecci ón del 25 de Octubre." ( L E N I N , ^
Obras covipletas, t. X V I , Citado por Trotsky en La revolución
desjigurada, pág. 49.) Y Stalin, en el Pravda, N 9241, al cum-
plirse el primer aniversario de la Revolución y bajo el titulo
de El papel de ios principales mililantes del Partido, escri bi ó;
''Todo el trabajo de organi zaci ón prácti ca de la i nsurrecci ón
se efectuó bajo la dirección inmediata de Trotsky, presidente
del Soviet de Petrogrado. Puede decirse con seguridad que la
adhesi ón de la guarni ci ón al Soviet y la hábi l organi zaci ón del
trabajo del Comi té de guerra revolucionario se los debe el
Partido, ante todo y sobre todo, al camaiada Trotsky."
Esto no i mpi di ó, sin embargo, al mismo Stali n, afirmar más
tarde: "N o niego el papel importante del camarada Trotsky
en el levantamiento. Pero debo decir que el camarada Trotsky
no desempeñó ni ngún papel particular en la i nsurrecci ón do
Octubre: que en su calidad de presidente del Soviet de Petro-
grado se limitaba a ejecutar la voluntad de las instancias inte-
resadas del Partido, las cuales dirigieron todos los pasos del
camarada Trotsky.'' Y aún más adelante: "E l camarada Trots-
ky, hombre relativamente nuevo para nuestro Partido, durantc-
el período de Octubre, no desempeñó ni pudo desempeñar ni n-
gún papel particular ni en el Partido ni en l a i nsurrecci ón de
Octubre." ( STA L I N , 7'he Octobcr Revolution. N ew York. 1934.
págs. 71 y 72.)
Pero, con todo su i mportantí si mo papel en esa i nsurrecci ón,
el mismo primer dí a de la toma del Poder, cuando L eni n, con
quien se hallaba en privado, le ofreció el lugar que, a su jui ci o.
le correspondí a en el nuevo gobierno, Trotsky puso, en tan
extraordinario momento, un sorprendente reparo que nos ayu-
dará a interpretarlo como revolucionario.
"Yo lo contradije —cuenta en Mi vida, E d. E rci lla t. ÍI I ,
pág. 104— aduciendo, entre otros argumentos, el problema de
raza, pues parecí ame que no merecí a la pena poner en manos
del enemigo el ai-ma que suponí a mi estirpe judí a. L eni n. al
oír aquello, casi se i ndi gnó.
—¿De modo que hemos hecho una gran revoluci ón inter-
nacional para que salga usted ahora con esas minucias?
"A propósi to de este tema cruzamos, medio en serio y medio^
en broma, las palabras tiguientes:
L E Ó N T R O T S K Y Y WA I . I . S T R E E T 31
" —L a revol uci ón no hay duda que es grande; pero no ha
acabado, ni mucho menos, con los i mbéci l es —repuse yo.
" — Y qué, ¿qui ere usted que nos pleguemos a su voluntad?
— me replicó él.
"—No, eso no; pero alguna que otra pequeña concesión a la
estupidez no tendremos más remedio que hacerla. ¿Para qué
crearse, ya desde el primer día, i núti l es complicaciones?"
L a i ndi gnaci ón de L eni n se justificaba ante un prejuicio
como el manifestado por Trotsky en tales ciicunstancias, pre-
juicio que hubiera sido incomprensible en Carlos Marx, poi'
ejemplo, otro revolucionario de estirpe judía, pero que se había
liberado, como correspondía, de tales "minucias". Este episo-
dio, como otros parecidos que es posible señal ar en su vi da
revolucionaria, es una clara demostraci ón, además de la exi s-
tencia de prejuicios inadmisibles, que Trotsky no obraba sola-
mente en función de sus propias ideas, como hubiera corres-
pondido a un revolucionario de su categoría, sino tambi én, y en
un grado tan importante como para modificar su conducta, de
las ajenas. ¡Qué contradi cci ón exi stía entre este proceder y lo
que habría de escribir a menudo con su brillante pl uma de l i -
terato! "Hay que guiarse —dice, por ejemplo, en Problems of
ihe Chínese Revolution, New Y ork, 1932, pág. 55— por las ne-
cesidades objetivas de la revol uci ón, pero no por lo que di rá
el enemigo."
Apenas formado el nuevo gobierno, eí pri nci pal papel de
Trotsky jué apoyar a Lenin, ayuda'iido a éste a mantener sus
posiciones, como lo había hecho antes para encarar la insurrec-
ción. "Durante toda la tarde —dice un testigo famoso— L eni n
y Trotsky tuvieron que combatir las tendencias al compromiso.
Una parte notable de los bolcheviques pensaban que debí an
hacer las necesarias concesiones para lograr la consti tuci ón de
un gobierno de coalición socialista.
•'—No nos podemos sostener —exclamaban—. Todos están
contra nosotros. No tenemos los hombres que hacen falta. Que-
daremos aislados, todo se hundi rá.
"Así hablaban K amenev, Riazanov y otros.
"'Pero L eni n —Trotsky al lado— se mantení a firme como
una roca.
"—Que todos los que quieren un compromiso acepten nues-
tro programa y los admitiremos. No cederenros ni una pulgada.
32 Q U E B Ü A (, H o
¡Si hay aquí camaradas que no tienen el valor y la voluntad
de atreverse a lo que nosotros nos atrevemos, que vayan a
reunirse con los poltrones y los conciliadores! ¡Con el apoyo
de los obreros y los soldados, nosotros seguiremos adelante."
(J O H N R E E D , Diez días que conniuvieron al mundo. E d. B iblos,
Madrid, pág. 80.)
N ombrado Comisario del Pueblo para los N egocios E xtran-
jeros, sostuvo, con motivo de la fi rma del tratado de paz, en
B rest-Litowsk, una disputa enconada y i-uidosa con la dele-
gación alemana. Y luego, al frente del Comisariato de Guerra,
realizó aquella labor épica en la que, cambiando la pluma por
la espada, creó y condujo el E jérci to R ojo en los irmumcrables
frentes de la contrarrevoluci ón armada durante varios años y
por toda la extensi ón de las fronteras rusas —¡qué teatro para
un actor de su categorí a!— llegando al punto más alto de su
fama y de su acción revolucionaria en forma espectacular v
deslumbradora. Fué al frente del E jérci to-R ojo y haciendo un
gigantesco despliegue de energí a, que transmi tí a a sus subor-
dinados, que Trotsky logró salvar l a R evolución de O ctubre.
Vestido con su imponente uniforme de soldado rojo, el publi -
cista Trotsky superaba las hazañas de todos los jefes militares.
Según Máxi mo Gorki , en sus memorias sobre Leni n, éste,
que habí a dado a Trotsky carta blanca para actuar en forma que
hacía de él un dictador implacable, habrí a de decir de su labor
en el E jérci to R ojo; "D ando un puñetazo sobre la mesa gri tó:
•^¿Podría indicarme usted otro hombre capaz de organi í ar en un
año un ejército casi modelo y, además, capaz de captarse la si m-
patí a de los especialistas militares N osotros hemos encontrado
este hombre. Tenemos todo lo que necesitamos. Y ha de vei'
usted hasta milagros»."' (Citado por el mismo Trotsky: La
resolución desfigurada. Madri d, 1929, págs. 104 y 105.
"La organización del E jérci to R ojo habí a llegado a ser una
necesidad urgente —escribió un brillante comentarista— con
fuerzas armadas contrarrevolucionarias que amenazaban a la
joven república desde todos los rincones de su vasto territorio.
H ubo veces en que los ataques se produjeron en diez y siete
frentes distintos. D urante esos tres años de guerra contra los
ejércitos contrarrevolucionarios y ios invasores extranjeros,
Trotsky tuvo oportunidad de desplegar sus dotes excepcionales.
Su arrebatadora energía, su oratoria fascinante, la i mpulsi va
LEúrJ T R O T S K Y Y W A L I . S T R E E T 33
fueiza de sus llamados, su intrépido coraje fisico, su fría
crueldad —todo contribuí a para formar una personalidad tan
excepcional y tan indispensable para el sostenimiento del nue-
vo régimen, como era el genio y la calidad de estadista de
L enin; y L eni n fué el primero en reconocer el hecho. Parecí a
como si la Revolución necesitara estos dos tipos discí miles; el
idealista impersonal que, como L eni n confundí a su estatura
sobrehumana con la causa, y el ambicioso egoísta que. como
Trotsky, identificaba la causa con su propia personalidad sobre-
humana. Durante esos años se levantó, con L enin, a la estatura
de un semi Dios; sus fotografías aparecí an por todas partes y
en toda ocasión, y sus hazañas eran celebradas en encomi ás-
ticas alabanzas por algunos de los más destacados lí deres y
escritores."
Y continuaba: "Trotsky conocía su propia importancia y la
hacía sentir a los que lo rodeaban... No habí a en él ni una
chispa de esa amabilidad humana que hicieron a grandes re-
beldes como Bakunin o Malatesta, L enin o L iebknecht, no sólo
admirados, sino tambi én queridos por sus contemporáneos.
Para Trotsky esos rasgos humanos eran ni ñerí as indignas de
un gran hombre, obligado a asegurar E U grandeza manteniendo
a los mortales menores a una rí gida distancia. Desde luego hací a
una excepción con L eni n al que rendí a la misma refunfuñante
reverencia que Napoleón, por razones de Estado, daba ocasio-
nalmente al Ser Supremo.
"A diferencia de L enin, su ascendencia no era aceptada sin
reparos. E n verdad, para los intelectuales jóvenes. . . él era el
símbolo de lo que cada uno en su grupo hubiera deseado ser:
el héroe militar, la personalidad fascinante y vi ri l , el gran
orador, ei escritor brillante, el erudito versátil. No aspiraban
a ser tratados como iguales, así como uno no aspira a ser Dios.
Era diferente, sin embargo, con los viejos militantes del Partido
Bolchevique, los Zinoviev, K amenev, Rykov, Frunze, Voro-
shilov, Bubnov, etcétera, que habí an presenciado todas las
agrias disputas entre L eni n y Trotsky. Estos siempre conside-
raron al brillante franco tirador como un juglar y no se ave-
nían a la idea de ser sus subordinados... E l peligro de Bona-
partismo contra, digamos, el legalismo revolucionario, se pre-
sentaba a la vieja guardia. . . L eni n mismo, tambi én, parece
haber llegado a sentir inquietud por el éxito meteorice de su
34 Q L' E B B A C H o
invalorable ayudante. No eran celos. Estaba, en verdad, arriba
de la envidia, así como su propio maestro Marx, tuvo su pre-
ocupación respecto a Ferdinand LassaUe, el Lieón Trotsky de
su tiempo." ( MA X NO MA D , Rehels and renegades. New Y ork.
1932, pág. 229.)
Lílegó pues un mom^ento, en la U.R.S.S., en que la propia
personalidad de Lenin quedó oscurecida tras la intensidad del
brillo de la de Trotsky. Este se paseaba a sus anchas y hacien-
do todo el despliegue posible de sus cualidades, por el escena-
río más grandioso que podía haberle proporcionado la Historia.
Pero, no obstante, como se ha dicho, Trotsky acató siempre la
autoridad de Lenin. No es que no existieran desacuerdos. Los
hubo. Pero, en los puntos capitales, era Leni n quien prevalecía.
Y , como casi siempre había ocurrido antes de O ctubre, la ra-
zón estuvo de su parte. A este respecto el mismo Trotsky ha
escrito: "No quiero decir con esto que no hayan existido des-
acuerdos entre Leni n y yo. Ha habido discrepancias entre los
dos. Los desacuerdos sobre l a paz de B rest-Litowsk se prolon-
garon varias semanas y hubo días en que revistieron, incluso,
carácter violento.". ( L. TRO TSK Y , La revolución desfigurada,
pág. 71.)
Pero, aparte de los desacuerdos mencionados, hubo otros
como los que surgieron respecto a los "Ej ércitos del trabajo",
que Trotsky organizó al térmi no de la guerra ci vi l , contra la
opinión de Lenin, y que luego fracasaron. No obstante, la dife-
rencia principal, que colocó a Trotsky casi en abierta oposi-
ción a Lenin, fué l a que se refería al papel de los sindicatos
en la U.R.S.S. A este respecto dice Trotsky en Mi vida: "He de
detenerme un poco en otra disparidad de criterio surgida entre
nosotros a fines de 1920 y comienzos del 21. . . y que mantuvo
separados nuestros campos por espacio de unos dos meses. Es
indudable que la llamada "discusión" acerca de los sindicatoí;
empañó por algún tiempo nuestras relaciones." Trotsky sos-
tenía que los sindicatos, en un Estado obrero, no tenían razón
de ser como órganos independientes, y, en consecuencia, debían
ser incorporados a ese Estado con un nuevo carácter; estimular
la producción. Leni n replicaba que laU.R.S.S. no era aún una
república obrera, sino "una república obrera con distorsiones
aún una función que cumplir; proteger a los obreros de esa-s
burocráticas" y que, frente a este hecho, los sindicatos teníeív
Lt ó N T B O T S K Y Y W A L I , E T I E C T
distorsiones. L aabstracta posición de Trotsky frente a la ente-
ramente realista de L enin, fué reconocida, más tarde, por el
mismo Trotsky: " Mi propuesta de introducir el aparato sindi-
cal en el sistema de administración económica. . . no presen-
taba la solución necesaria". (L . T R OT SK Y , L aresolución desfi-
gurada, pág. 76.) "Si Trotsky equivocó su posición en el deba-
te —dice V. Serge en Vida y muerte de Trotsky, Buenos A i -
res, 1954, pág. 115— ello se debió a exceso de optimismo re-
volucionario."
En cambio, donde la compenetración de Trotsky con L enin
fué casi completay donde pudo secundar aéste con mayor am-
plitud y unidad de miras, fué en la dirección de la Tercera
I nternacional, organizada en 1919 por los bolcheviques que
habían pasado a adoptar, ahora, el nombre de comunistas,
nombre que también utilizó la nueva I nternacional. Para los
revolucionarios rusos, que se habí an apoderado del poder en
1917, se abrí a la necesidad de impulsar la revolución mundial
como forma de salvar su propia revolución y completar su
obra. "Sin larevolución europea pereceremos", escribí a L enin,
que no imaginaba que luego en la U.R .S.S. hubiera quien le-
vantarí a laconsigna delaposibilidad de organizar el "socialis-
mo en un solo paí s". En la orientación de la Tercera I nter-
nacional, de acuerdo con las ideas directrices de L enin, Trotsky
desempeñó un papel muy importante. R especto a esta labor,
respondiendo a una pregunta de laComisión Dewey, el mismo
Trotsky tuvo oportunidad de responder: "Desempeñé un papel
directo y activo en los cuatro primeros Congresos de la I nter-
nacional Comunista. En tiempos de L enin. los informes más
importantes referentes ala situación internacional y las tareas
de laI nternacional Comunistafueron compartidos entre L enin
y yo. Todos los manifiestos programáticos de ios cuatro Con-
gresos fueron escritos por mí. A lgunas importantes tesis sobre
la estrategia de la Comintern, también las escribí yo." (The
case of L eón Trotsky, pág. 25.)
Como lo hemos dicho, L enin, al frente del proletariado, se
apoderó del poder en R usia no con el propósito inmediato de
establecer el socialismo, sino de resolver en ese paí s los proble-
mas delarevolución democrática y encender latea que provo-
caría la revolución europea, lo que permitirí a a R usia, a su
vez, pasar al socialismo. Dado su peso «n l a economí a mun-
36 Q U E B R A C i l O
di al , consideraba l a revol uci ón en A l emani a como mucho más
i mportante que en Rusi a, y aún se mostraba dispuesto a sacri -
ficar l a revol uci ón en este paí s con tal de provocarl a en A l e-
mani a.
Si n embargo, el papel contrarrevol uci onari o de l a Soci al -
democracia europea, l l amada urgentemente al poder por l a
burguesí a, sal vó al capi tal i smo del derrumbe, mi entras el mo -
vi mi ento revol uci onari o al emán era decapitado con el brutal
asesinato desus pri nci pal es di ri gentes: l a extraordi nari a mujer
que fué Rosa Luxemburgo, que todaví a no ha sido reconocida
como una delas más destacadas figiu-as femeninas de l a Hi sto-
ri a, y Carl os Li ebknecht. La fal ta de propagaci ón de l a revo-
l uci ón dejando ai sl ada a l a U.R.S.S. en medi o de un mundo
capitalista tuvo, fi nal mente, intensa repercusi ón en esta. Pasa-
dos los años trági cos del l l amado "comuni smo deguerra", en los
que hubo que vencer con las armas a l a contrarrevol uci ón, el
descontento empezó a cundi r dentro del mi smo puebl o ruso,
descontento del que fué un terri bl e sí ntoma l a subl evaci ón
de Krondstadt, en 1921, l l amado de al erta que los dirigentes
del Parti do Comuni sta ruso, con Leni n a l a cabeza, no podí an
dejar de escuchar. Se dio, entonces, marcha atrás en l a pol í -
ti ca que hasta entonces se habí a l l evado; el Déci mo Congreso
del Parti do, por sugesti ón de Leni n, prohi bi ó las fracciones
dentro del mi smo; y se i nauguró l a Nueva Pol í ti ca Económi ca
(N.E.P.) restableciendo en forma rel ati va y momentánea las
relaciones económi cas capitalistas, contempori zando, además,
con los campesinos sobre ias medidas de soci al i zaci ón. Esto no
sólo significó un alto, sino tambi én un momentáneo retroceso
en l a transformaci ón revol uci onari a de l a U.R.S.S., el que se
afianzó en 1923 a consecuencia del reflujo del movi mi ento re-
volucionario mundi al provocado por l a guerra 1914-18. Todos
estos acontecimientos coi nci di eron con l a i ncapaci dad físi ca de
Leni n, a causa de l a enfermedad que habí a comenzado a mani -
festarseen él ya en 1922, y su muerte en enero de 1924.
Fué entonces que todas las desventajas del hecho de haber
triunfado l a di ctadura del prol etari ado, por pri mera vez, en
un país atrasado, con más de 90 % de masa campesina, como
Rusi a, y que había quedado solo contra el i mperi al i smo mun-
di al , salieron al frente y comenzaron a tener deci si va reper-
cusi ón en los nuevos acontecimientos dentro del mi smo. Esto
L E Ó N T R O T S K Y Y W A L L S T R E E T
37
fué particularmente apreciable en las propias filas del Partido
gobernante, el Partido Comunista, del que, desde 1922 habí a
sido designado secretario general, Stalin, mediocridad que has-
l a entonces habí a actuado oscuramente y que fué llevado a la
dirección como consecuencia del retroceso que señalaron, no
sólo los acontecimientos adversos para larevolución, sino tam-
bién ladestrucción de lademocraciaen los soviets y el adveni-
miento al seno del Partido Comunista gobernante de nuevos
elementos procedentes de los favorecidos con la N.E ,P. y cam-
pesinos ricos, quienes significaron un afianzamiento de los pi -
lares de l a burocracia. L aidea de la revolución mundial, que
habí an sostenido L enin y Trotsky, fué abandonada, y la Inter-
nacional Comunista, a través de sus Partidos, dejó de lado su
función de promoverla para tratar ahora solamente de "neu-
tralizar" a las burguesí as imperialistas. L a burocracia, de la
que Stalin sólo era una expresión destacada, declaró por boca
deéste y en contrade los principios más elementales del mar-
xismo-leninismo, que el socialismo podí a construirse "en un
solo paí s" y, a tal fin, sacrificó los intereses del proletariado
mundial.
Ese retroceso en el proceso revolucionario ruso, producto de
las nuevas circunstancias nacionales einternacionales y del que
surgió el entronizamiento de la burocracia, habí a llegado a
alarmar al mismo L enin, según Trotsky, cuando, después de
un breve paréntesis, provocado por su primer ataque, retornó
por breve tiempo a sus funciones al frente del gobierno sovié-
tico, año y medio antes de su fallecimiento, llegando a propo-
nerleaTrotsky laformación de un bloque contraella y contra
Stalin, que larepresentaba. Y , atento a los sucesos posteriores,
poco antes de su retiro definitivo, escribió una carta para ser
leída en el Congreso del Partido, carta conocidacomo su Tes-
tamento Político. E n ella, fechada el 25 de diciembrede 1922,
L enin, previendo ladivisión del Partido, recordaba queel mis-
mo "se apoyaba en dos clases y por esta razón, de no existir
acuerdo entre ambas, su caída es inevitable". "De laestabili-
dad del Comité Central —escribí a— depende que subsista o no
la amenaza deuna división." Y declaraba: "Opino que los fac-
tores principales de los cuales depende esa estabilidad son los
dos miembros del Comité Central, Stalin y Trotsky. L as rela-
ciones existentes entreambos constituyen, ami juicio, la causa
38
Q U E B K A C II o
principal de l a división que amenaza al Partido. . . El cama-
rada Stalin, promovido al cargo de secretario general, ha con-
centrado en sus manos un poder enorme; y no estoy convencido
de que sepa siempre utilizar ese poder con l a cautela necesaria.
Por su parte, el camarada Trotsky, conforme demostró en su
lucha contra el Comité Central a propósito de la cuestión del
Comisariato de Vías de Comunicación, se ha distinguido no tan
•sólo por una capacidad excepcional —si n ninguna duda es el
más capaz de todos los miembros del actual Comité Central—
sino tambi én por su excesiva confianza en si mismo y por su
propensión a dejarse arrastrar por los aspectos puramente ad-
ministrativos de las cuestiones.
"Estas distintas cualidades de los dos jefes más capaces del
actual Comité Central podrí an, muy fácilmente, originar una
división. Si nuestro Partido no adopta las necesarias medidas
para evitarlo, esta división podrí a producirse inesperadamente."
Y , en un post scrí ptum fechado algunos días después, el 4
de enero de 1923, Lenin calificó a Stalin de "demasiado rudo"
y propuso al Partido sustituirlo por "otro hombre que difiera
de él en todos sentidos y que sea, sobre todo, más paciente,
más lea!, más cortés y atento con los camaradas, menos capri-
choso, etcétera". "Esta medida —finalizaba— podrá parecer
una nimiedad, pero yo considero que teniendo en cuenta la
necesidad de evitar una división y las relaciones que median
entre Stalin y Trotsky, no es en modo alguno una nimiedad
o es, en todo caso, una nimiedad tal que puede revestir una
importancia decisiva."
No corresponde aquí hacer una relación de la lucha enta-
blada entre Stalin y Trotsky, la que, como lo preveí a Leni n,
llevó a la división del Partido gobernante. Esta división ya
habí a tomado cuerpo antes del fallecimiento de Leni n, reem-
plazado en las funciones del gobierno por una "troika" inte-
grada por Stalin, Zinoviev y K amenev, representante de los
factores regresivos dentro de la U.R.S.S., en tanto que Trotsky
aparecí a encabezando la denominada Oposición de Izquierda,
tambi én llamada bolchevique-leninista, que se presentaba como
continuadora de Lenin y depositarí a de los principios revolu-
cionarios.
En su opúsculo Nuei^o Curso, carta dirigida al Partido, pu-
blicado aún en vida de Lenin, pero cuando éste se encontraba
L E Ó N T R O T S K Y Y W A L L S T R E E T
ya mcapacitado, refiriéndose al cáncer del burocratismo, Trots-
ky decía: "E l burocratismo mata la iniciativa y traba así la
elevación del nivel general del Partido." "Es necesario que el
Partido vuelva a la iniciativa colectiva, al derecho de crítica
ubre y fraternal, que tenga la facultad de organizarse a sí mis-
mo.". A gregando: "Nuestra juventud no debe limitarse a repe-
tir nuestras fórmulas; debe conquistarlas, asimilarlas, for-marse
una opinión, su fisonomía propia, y ser capaz de luchar por
sus puntos de vista con el valor qve dan la convicción profunda
y la independencia completa de carácter. ;Fitcra del Partido Ta
obediencia pasiva que hace m/ircar mecánicamente el paso de-
trás de los jefes! ¡Fuera del Partido la impersonalidad, el ser-
i'ibsmo, el carrerismo!
"E l bolchevique no es solanirente un hombre disciplinado:
es un hombre que. a cada paso y sobre cada pregunta, se forja
una opinión concreta y l a defiende valerosamente, no sólo
contra sus enemigos, sino dentro de su mismo Partido.
"'Nuestro Partido no podrá realizar su misión histórica si se
dividiera en fracciones. No se disgregará así porque, colectivi-
dad autónoma, se opone su organismo. Pero no combatirá con
cxito los peligros del fraccionamiento más que desarrollando
y consolidando en su seno ia aplicación de la «democracia obre-
ra». E l burocratismo del aparato es precisamente ima de las
.principales fuentes del fraccionamiento." L . T R OT SK Y , Cours
nouveau. Parí s, 1924, págs. 99 y 102.)
Y más adelante agregaba: "E l Partido vive, en cierto modo,
en dos pisos: el piso superior es el que decide y el piso infe-
¡ior se limita a enterarse de las decisiones." Señalando que:
'i a fuente de la burocracia reside en la concentración creciente
de la atención y de las fuerzas del Partido sobre las institucio-
nes y aparatos gubernamentales y en l a lentitud del desarrollo
de la industria". Y , respecto a la prohibición de fracciones,
escribía: "Si las fracciones son peligrosas (y esto es así ) es
criminal cerrar los ojos ante el peligro que representa la frac-
ción burocrática conservadora." (Id., id., pág. 43.)
En octubre de 1924, como prólogo a la recopilación de sus
escritos sobre la Revolución de Octubre, L eón Trotsky escribió
laF llamadas "L ecciones de Octubre", en las que poní a en des-
cubierto el rol negativo de los componentes de la "troika",
entonces gobernante, en los días capitales de la Revolución.
40
Q U E B R A C H O
Sedetenía, particularmente, en Zinoviev y Kamenev, a quienes
acusaba de "ala derecha" y de "casi socialdemócratas". Este
escrito de Trotsky tuvo gran repercusión, no sólo en la masa
del pueblo ruso, donde habí a desaparecido ya el espí ritu heroi-
co de los días de la Revolución y la discusión entre los di ri -
gentes fué calificada de "literaria", sino en las esferas gober-
nantes que levantaron el fantasma del "trotskysmo", como
opuesto al leninismo, sacando a relucir todas las antiguas
disputas deLenin con Trotsky y obligando a éste a retractarse
en sus expresiones, así como los habí an obligado a desmentir
la existencia del "testamento" de Lenin, cuando Max Eastman
3o hizo conocer en los Estados Unidos.
A l año siguiente, en el octavo aniversario de la Revolución
Tiotsky, publicó "¿Hacia el capitalismo o hacia el socia-
lismo ", editado en el extranjero con el tí tulo de "¿A donde va
Rusia?", en el que analizaba la marcha del proceso económico
dentro de la U.R.S.S., y en setiembre de 1927 presentó una
brillante exposición anteel Comité Central de las Uniones del
Partido, conocida como "Plataforma de la Oposición" y publi-
cada en español con el título de "L a situación real de Rusia".
En el último de los libros mencionados, en el que hacía un
detenido análisis económico social deia situación dela U.R.S.S.,
citaba a Lenin cuando escribía que "la única base material
para el sociaüsmí) estriba en un vasto mecanismo industrial,
capaz de reorganizar la agricultura", y afirmaba: "Las ten-
dencias oportunistas en el Partido Comunista ruso se apoyan,
en las presentes circunstancias, en los hechos siguientes: 1) E l
medio burgués internacional y la parcial y temporal estabili-
dad del capitalismo que predisponen a crear una estabilidad
completa. 2) L a Nueva Polí tica Económica, absolutamente ne-
cesaria para avanzar hacia el socialismo, pero queha resucitado
en parte al capitalismo, aviva también las fuerzas hostiles ul
socialismo. 3) Los elementos pequeburgueses, en un paí s donde
predomina en grado sumo la clase rural, no pueden dejar de
abundar, no tan sólo en los Soviets, sino también en el Parti-
do. 4) E l hecho de que el Partido monopolicela dirección po-
lítica —una cosa absolutamente necesaria para la Revol uci ón-
engendra otra serie de peligros especiales. E l XI Congreso del
Partido, en época de Lenin, señalaba franca y claramente que
existían ya en nuestro Partido grupos considerables de ciuda-
L E Ó N T R O T S K Y Y W A L L S T R E E T
t i
danos (campesinos acomodados, altos empleados, intelectua-
les) que sehabrí an pasado a los Partidos social revolucionario
y menchevique, si estos Partidos no fuesen ilegales. 5) E l apa-
rato del Estado dirigido por el Partido introduceen éste mucho
de burgués y de pequeño burgués, infestándolo de oportunis-
mo. 6) Gracias al personal técnico y a los empleados e inte-
lectuales de elevada categoría, indispensables todos para nues-
tra labor constructiva, fluye hacia nuestro aparato una co-
rrientecontinuadeinfluencias no proletarias". (L . T R OT SK Y , La
situación real de Rusia. E d. A polo, Barcelona, 1931, págs. 227
y 228.) Sostenía, además, que: "E l grupo de Stalin y Buj arin,
alejándose más y más de los principios deL enin, trata de em-
baucar al Partido dándole a entender que esta es una lucha
entre el L eninismo y el Trotskysmo. L a lucha, en realidad,
existe entreel L eninismo y el oportunismo de Stalin." (Id. id.,
página 220.)
E n su acción contra la burocracia, L eón Trotsky, que ya
iiabía sido relevado el 2 de enero de 1925 de sus funciones de
presidente del Consejo Superior de Guerra y Comisario del
Pueblo del Ejército y la Marina, aparecí a como el principal
defensor de la necesidad de la industrialización en la U.R.S.S.
y de que esa industrialización fuera planificada. A demás, en-
carando el panorama mundial, hacía brillantes análisis de la
situación internacional, destacando el aplastante predominio
de los Estados Unidos. E n un. famoso discurso pronunciado el
28 de julio de 1924, a esterespecto, decí a: "Quier.quiera qu¿;
desee o trate de discutir hoy el destino del proletariado mun-
dial sin tomar en cuenta el poder y el significado de los Esta-
dos Unidos, está, en cierto sentido, haciendo un inventario sin
consultar al amo. Pues, el amo del m^indo capitalista —y en-
tendamos esto claramente— es Nueva York, con Washington
como su Departamento de Estado". Y agregaba: "La prepon-
derancia que Inglaterra, en el cénit de su prosperidad, tenía
sobre Europa y el resto del mundo, no es nada comparada con
ia preponderancia de los Estados Unidos sobre todo el mundo,
incluso Inglaterra, hoy. Y esto, camaradas, es la cuestión cen-
tral de la cuestión europea y mundial. Sin comprender esto, es
imposible comprender los destinos de la historia moderna en
sus próximos capitulas." (L . T R OT SK Y , Europe and América.
Ferspectives of World Der^eloprneíit. Págs. 11 y 12.)
42 Q u E E K A C i l O
A l comienzo de su campaña contra Trotsky y l a Oposi ci ón
de Izquierda, Stal i n habí a teni do el apoyd total de los otros
miembros de l a "troi ka", Zi novi ev y K amenev, quienes habí an
sido los más acérri mos enemigos de aquél y los pri nci pal es
inventores del "trotskysmo". Pero l a posterior premi nenci a de
Stal i n, que pasó a ser l a fi gura dominante de l a burocraci a
sovi éti ca, hizo que Zi novi ev y K amenev, que nunca se habí an
distinguido por l a profundi dad ni l a fortaleza de sus convi c-
ciones, cambi aran de frente y pasaran a combatir a Stal i n,
ofreciendo ahora su apoyo a Trotsky.
Para asombro de quienes juzgaban esa l ucha en el terreno
de las ideas, Trotsky, que los habí a calificado de "derechistas"
y "casi soci al demócratas", aceptó. ¿Sobre l a basedeal gún pri n-
cipio? No. Solamente como expresi ón vul gar de ambiciones
personales por el poder. Reflejo de ese asombro, en los medios
revol uci onari os mundi al es son estas palabras de Víctor Serge,
mi l i tante francés que col aboró en los primeros años de l a Re-
vol uci ón con los bolcheviques y que luego fué perseguido y
encarcelado por l a burocraci a stal i ni sta por su adhesi ón a l a
Oposi ci ón de Izquierda. Escri bi ó Víctor Serge: "En 1927 se
vio producirse un reagrupamiento inesperado que, en cual qui er
otra parte, hubi era sido i ncomprensi bl e a menos de denotar
!a más triste ausencia de pri nci pi os pol íti cos. Los inventores
y perseguidores del "trotskysmo" de l a ví spera, Zi novi ev y
K amenev, vol vi éndose haci a Trotsky, le ofrecieron su al i anza,
reconociendo que él habí a tenido razón contra ellos, hi ci eron
el elogio de su probi dad revol uci onari a y recl amaron con él
el "nuevo curso" en el Parti do." ( VÍ CTOR SERG E, Destí n d'une
Rér>oluüon. Parí s, 1937, pág. 179.)
Este bloque sin pri nci pi os, mío de los tantos que debí an i r
jalonando l a vi da revol uci onari a de Trotsky, éste trató de ex-
pl i carl o con frases en l a forma siguiente: "La presi ón de los
obreros empujó a Zi novi ev y K amenev a enfrentar a Stal i n.
Son los fundamentos del Soci al i smo. No es posible expl i car
esto por Jas ambiciones personales. No niego el papel del factor
de l a ambi ci ón personal, pero ellas desempeñan un papel
úni camente a través del empuje de las fuerzas sociales. Si n
ello son puramente ambiciones personales." (The case of León
Troíshy, pág. 31.)
L E Ó N T R O T S K Y Y W A L L S T R E E T
43
Pero el progresivo afianzamiento de Stalin y su burocracia,
¡1 laluchacontraTrotsky y lallamadaOposición de Izquierda,
permitió a aquél lograr la fuerza necesaria para expulsarlo,
junto con Zinoviev, en octubre de 1927, del Comité Central
lel Partido Comunistaruso. Fué el comienzo de un plan poli-
, tai para su anulación.
E l 7 de noviembre de 1927, décimo aniversario de la Revo-
jución de Octubre, laOposición salió alacalle llevando incluso
cartelones "Por el cumplimiento del testamento de L enin". Fué
violentamente reprimiday ello significó el fin de lavida polí -
tica de Trotsky en la U.R.S.S. y su destierro a A l ma A ta, en
•\a Central. E l mundo contempló con verdadero estupor
:ómo la figura resplandeciente de los dí as de Octubre y del
"comunismo de guerra" partí a sin brillo y sin gloria, mansa-
mente, rumbo al ostracismo.
y pocos días después de aquel acontecimiento, el 16 de no-
viembre de 1927, cuando la represión se desataba con toda
su furia contra la Oposición, que él encabezaba, L eón Trotsky
pudo rescatar una carta de despedida dejada por A dolfo J offé,
iejo revolucionario, colaborador suyo en Viena y miembro
jel Comité militar de la insurrección de Octubre, así como de
la delegación que discutió lapaz de Brest-L itowsk. Más tarde,
fué embajador soviético en Berlí n, delegado a la Conferencia
de Ginebra, etc. L asituación polí tica por laque atravesaba el
país y su malasalud lo impulsaron apegarse un tiro. "Querido
L eón Davidovich —decí a entre otras cosas— estamos unidod
poi diez años de trabajos en común y creo también por amistad
personal, y esto me da derecho a decirle en este momento de
despedida lo que juzgo en usted una debilidad". "J amás he
iudado del acierto de su opinión, y bien sabe que desde hace
•nás de veinteaños, incluso desde lacuestión de la «revolución
permanente», he estado siempre a su lado. Pero siempre me
ha parecido que le jalUiba a usted la inflexibilidad, la intran-
sigencia de Lenin, su resolución de continuar la tarea sólo a
ser preciso par el camino que él indicaba, seguro de una mai/o-
ria jutura, seguro del futuro reconocimiento unánime de la
justeza de ese camino. . . Frecuentemente usted ha renunciado
a su certera posición en favor de un acuerdo, de un compro-
miso cuyo valor ha sobreestimado. Eso era un error." Y termi-
naba diciéndole: "No se descorazone si alguno lo abandona hoy
44
Q U E ü R A C H Ü
y, sobre todo, si lamayorí a no se pone de su parte tan pronto
como todos quisiéramos. Usted está en lo cierto; pero la segu-
ridad del triunfo de su opinión estriba precisamente en una
intransigencia estricta, en la más severa rigidez, en la dene-
gación de todo compromiso, cosas que constituí an siempre el
secreto de los triunfos de I lych (Lenin)." L. T RO T S K Y , L a si-
tuación real de Rusia. Ed. Aguilar, Madrid, s/f., págs. 27f>
y 277.)
Una vez León T rotsky en el destierro y laO posición de I z-
quierda reprimida brutalmente, S talin y la burocracia sovié-
tica, como movimiento de autodefensa frente al peligro de las
tendencias retrógradas representadas por los hombres de la
NEP y los K ulaks (campesinos ricos), sevieron obligados a dar
un brusco viraje a la izquierda con el fin de enfrentarlas y,
para ello, no encontraron otro camino que pasar a adoptar la
Plataforma de la mismaO posición que habí an destruido, desde
luego que caricaturizándola, llevando a la práctica planes
quinquenales a realizarse en cuatro años, cuando antes los
habí an combatido como \m error de los "superindustrializadore&
trotskystas".
Mientras tanto, en su destierro de Al ma Ata, librado am-
pliamente a su pasión literaria, León T rotsky escribió, uno
tras otro, varios de sus brillantes análisis de costumbre, adop-
tando las posiciones políticas de Lenin y tratando de presen-
tarse como su uerdadero continuador. En uno de esos escritoL;,
analizando las "Causas de la derrota de laO posición", es decir,
las causas de su propia derrota, repetí a: " A partir del otoña
de 1923, el ala izquierda proletaria del Partido, que expuso sus
puntos devista en toda una serie de documentos, de los cuales
el principal es «Plataforma de los bolcheviques-leninistas
(O posición)» fué sistemáticamente liquidada como organiza-
ción. Los procedimientos de represión estaban determinado-s
por el carácter del régimen interior del Partido, cada vez má-s
burocrático a medida que aumentaba la presión ejercida por
las clases no proletarias contra el proletariado." "L a primera
devastación de la O posición vino directamente después de la
derrota de larevolución alemana (1923) y fué, en cierto modo,
su consecuencia." "El desarrollo de la presión económica y
política ejercida por los círculos burocráticos y pequeñobur-
gueses en el interior del país, paralelamente con las derrotas.
L E Ó N T K O I S K Y Y W A L L S T R E E T
15
de la revoluci ón proletaria en Europa y en A si a, he ahí el
encadenamiento hi stóri co que, dm-ante estos últi mos cuatro
años, se cerró como un nudo corredizo en torno a la garganta
de la Oposición. E l que no comprenda esto, no comprende
nada." (L . T ROT SK Y , The Third International after Lenin",
New Y ork, 1936, págs. 160 y 163.)
K asta que, en enero de 1929, como culmi naci ón de la lucha
contra el "trotskysmo", Stalin resolvió expulsar a Trotsky de
la U.R.S.S. T urquía lo recibió en su seno, pasando el jefe de la
msurrecci ón de Octubre a habitar en Constantinopia y, luego,
en la isla Pri nki po, cerca de esa ciudad.
I I I - LEON TROSTSKY Y LA FUNDACION
DE LA CUARTA INTERNACIONAL
Cuenta Max Eastman, el pseudo marxista yanqui, quien fue
e] primero en dejar traslucir la situación soviétiva en su libro
Siíice Lenin died, en el que se hizo conocer en el extranjero el
"testamento de Lenin", que a la noticia de la deportación de
Trotsky de la U.R.S.S., las acciones de las concesiones indus-
triales y aun lo=titulos de la deuda del viejo rágimen ruso ex-
perimentaron un alza en la Bolsa de Londres. Además, como
lo recordó el mismo Trotsky en La situación real de Rusto:
"Empezando por el diario burgués más poderoso, el ^New York
Times» y acabando por el más fluctuante de los periódicos de
la Segunda Internacional, Workers Gazette (Otto Bauer) de
Viena —todos los órganos de la burguesí a y de los social-
demócratas felicitaron al "gobierno de Stalin" por su lucha
contra la Oposición." En esa forma se registraba un hecho que
se consideraba favorable para el imperialismo mundial y per-
judicial para la U.R.S.S.; la derrota de Trotsky.
Es evidente que, de acuerdo con el desarrollo del piocoso
histórico, la tendencia de León Trotsky muy difí cilmente podía
haber trmnfado en la U.R.S.S. Pero su increí ble eliminación
se produjo con una facilidad tan asombrosa y sin lucha, que
estaba mostrando las bases deleznables sobre las que se asen-
taba la deslumbrante personalidad de Trotsky. Es que, en rea-
lidad, colocado éste en el terreno ampuloso y abstracto a que
.siempre tendía, habí a preferido hacer de cigarra, como "héroe
nacional" para magnificar su figuración histórica, mientras
Stalin. ayudado por los hechos, habí a actuado como hormiga,
poniendo pacientemente, uno a uno, todos los elementos ne-
48 Q U E B R A C H O
cesaiios para su triunfo. Y cuando éste llegó, fué decisivo y
aplastante.
Pero, ¿quién era ese Stalin que así, sorpresivamente y so-
bre l a base de un aparato burocrático consolidado con tesón
y paciencia, se levantaba para ocupar el lugar de Lenin, quien
no solamente, en su "testamento", aconsejó retirarlo del cargo
de secretario general del Partido, sino que, poco antes de que-
dar inhabilitado físicamente para siempre, lehabía escrito una
carta rompiendo toda clase de relaciones personales con él?
Trotsky, muchas veces, lo ha repetido: "Stal in era l a más no-
toria mediocridad del Partido", agregando: "Puede decirse
que Stalin, desde que entró en contacto inmediato con él, que
fué principalmente después del movimiento de Octubre, se
mantuvo siempre en una tendencia bastante aguzada, aunque
recatada hipócritamente, de oposición a Lenin. Dadas sus am-
biciones, grandes y colmadas de envidia, Stalin tenía que sen-
tir por fuerza y a cada paso, su insignificancia moral e intelec-
tual. E ra evidente que hacía esfuerzos por acercarse a mí. Yo
tardé en darme cuenta de que pugnaba por entrar conmigo en
relaciones casi familiares. Merepel ía, por aquellas cualidades
que más tarde .iniciada ya l a franca decadencia, habían de ser
su fuerza: la mezquindad de sus miras, el empirismo, l a tos-
quedad psicológica y aquel especial cinismo de pequeñoburgués
a quien el marxismo ha liberado de muchos prejuicios, pero
sin alcanzar a sustituirlos por un sistema ideológico bien dige-
rido y compenetrado con l apsicología personal." (L . TR OTSK Y ,
Mi vida. Ed. Ercil l a, t. V. pág. 16.)
A si sujgió el mediocre Stalin al frente del gobierno de la
U.R.S.S., como expresión concreta del retroceso revoluciona-
rio soviético provocado por las circunstancias adversas que
siguieron a l a primera etapa de la Revolución de Octubre, la
que debía traer la caída y desaparición sucesiva de los pri n-
cipales dirigentes de la época de Lenin, quienes, fuera de
Stalin, comenzaron a ser eliminados y sustituidos por elemen-
tos que muchas veces habían sido ajenos al Partido Bol chevi-
que y hasta militado entre sus enemigos.
Pero, ¿por qué Stalin no procedió con Trotsky en la misma
forma que lo había hecho con los demás? Sin duda, en parte,
porque el renombre que Trotsky había conquistado al lado de
Lenin era todavía grande y, a pesar de l a insistente- campaña
L E Ó N T H O I S K Y Y W A L L S T R B K T
43
de desprestigio que precedió y siguió a su caída, aún debí a
apai'ecer como adversario demasiado importante para ser tra-
tado de aquella manera.
E l plan de Stalin fué más maquiavélico. E l mismo Trotsky.
sobre la basede las actas del Comité Central, lo ha expuesto:
"Stalin se dijo: E n el extranjero Trotsky estará aislado; ten-
drá que colaborar en la prensa burguesa y esto nos permitirá
comprometerlo: la socí aldemocracia tomará su defensa y nos-
otros lo desacreditaremos a los ojos del proletariado mundial;
si hace revelaciones, lo denunciaremos como un traidor." (L .
T ROT SK Y , Les crimes de Stalin, Parí s, 1937, pág. 66.)
Desterrado, pues, a Turquí a, Trotsky siguió desplegando sus
extraordinarias facultades literarias. A llí prologó y dio forma
delibro avarios desus trabajos deA l ma A ta, como ¿Y ahora?,
cartaal Sexto Congreso delaI nternacional Comunista, y Cri ti -
ca ai Proyecto de Programa de la Internacional Comunista,
subtitulado: ¿Programa de la Revolución Internacional o pro-
grama del socialismo en un solo país? E n este último libro
publicado con el nombre de La Tercera Internacional después
de Lenin (en español Eí gran organizador de derrotas) se ha-
cía, también un estudio de la "estrategia y táctica de la época
imperialista" y seanalizaban los errores de laI .C. bajo Stalin,
que habí a de iniciar la época "ultraizquierdista" llamada del
"tercer perí odo". T ambién se incluí an los análisis de su autor
.sobre la revolución china, el problema más trancendental que
debió resolver entonces la I nternacional Comunista y enca-
rando el cual Trotsky combatió brillantemente lapolí tica opor-
tunista de Stalin al propiciar el sometimiento del Partido Co-
munista chino a la burguesí a nacionalista, representada por el
K uo Mi n Tang, encabezado por Chiang-K ai Shek. Todo un
conjunto de escritos que se cuentan entrelo más brillante sa-
lido de su pluma.
Pero, Trotsky deseaba dejarlo bien establecido: su labor la
hacia únicamente considerándose discí pulo de Marx y conti-
nuador de L enin, rechazando la terminologí a de "trotskysmo"
con que laseñalaban siempre sus adversarios. E n el prólogo a
su libro L a revolución desfigurada, que incluí a los aspectos
má.s destacados de laluchade seis años como jefe de l a Opo-
sición de I zquierda, prólogo fechado en Constantinopla el 1^
de Mayo de 1929, L eón Trotsky decía: "L aotra misión que se
50 Q U E B R A C H O
han impuesto los plumí feros stalinianos consiste en presentar
la defensa ulterior y el desarrollo de las ideas de Lenin como
doctrina hostil a Lenin. E l mito del "trotskysmo'' ha servido
para realizar esa tarea histórica. ¿Es necesario repetir que no
hepretendido nuncani pretendo hoy crear una doctrina espe-
cial? En teoría, soy un discí pulo de Marx. Y respecto a los
métodos de ia revolución, he pasado por la escuela de L enin.
Si se quiere, el "trotskysmo" es, para mí , un nombre bajo el
cual sedesignan las ideas de Marx y de L enin por los legule-
yos deseosos de emanciparse a toda costa de esas ideas, perú
sin atreverse a hacerlo todaví a de una manera abierta." (L .
T R OT SK Y, La Revolución desjigurada. Madrid, 1929, pág. 25.)
Denegada la visación de su pasaporte, que habí a solicitado
para pasar a A lemania, Francia, Inglaterra y otros paí ses de
Europa, instalado en la isla de Prinkipo, T rotsky prosiguió
sin descanso su labor depublicista escribiendo obras de laca-
tegoría de su Historia de la Revolución rusa, verdadero mo-
numento literario y L a revolución permanente, una de I- UL;
obras más difundidas y consistentes. Pero también produjo
otras como Mi vida, que carece de verdadera envergadura,
apartándose del concepto de Rosa Luxemburgo que reproí luce
al final del libro: "U n luchador es quien más tiene que es-
forzarse en mirar las cosas desde arriba, si no quiere dar de
bruces a cada paso contra las pequeneces y miserias. . . siem-
pre y cuando, naturalmente, que se trate de un luchador de
verdad."
No es, precisamente, lo que, en Mi vida hace T rotsky, que
termina lanarración de su existenciacon esta poco feliz cita
de Proudhom: "¿Como puede usted pretender que me lamen-
te de mi suerte, que me queje de los hombres y los maldiga?
¿La suerte? Merío deella. Y en cuanto alos hombres, son de-
masiado necios y están demasiado enservilecidos, para que yo
puedareprocharles nada." "Pese al regusto del patetismo ecle-
siástico quehay en ellas, también estas son palabras muy bien
dichas, y yo las suscribo", comenta T rotsky poniendo punto
final asu autobiografía.
Pasemos de alto el dudoso gusto y belleza literaria de la
frase. ¿Es posiblequeun revolucionario marxistasaquea cola-
ción con carácter tan decisivo un juicio del teórico de la pe-
queña burguesí a, refutado victoriosamentepor Marx, ("No es
L E Ó N T H O T S K Y Y W A L L S T R E E T
51
sino el pequeñoburgués zarandeado entre el capital y el tra-
bajo", decía Marx refiriéndose a Proudhomen L a miseria de
la Filosofía), juicio que refleja, precisamente, el descreimiento
y pesimismo de esa clase.
Pero dejemos esos matices, importantes, sin embargo, como
síntoma, y pasemos a la lucha de Trotsky contra Stalin, quien,
asimismo, a pesar de su falta de capacidad intelectual e i n-
cultura, trataba de presentarsecomo discí pulo de L eni n: "Sólo
soy un discípulo de L enin y mi propósito es serlo dignamente",
dijo al biógrafo E mi l L udwi g. Esas formas dignas de ser dis-
cípulo de L enin llevaron a Stalin a vincularse con los partidos
campesinos más oportunistas de lo.^Balcanes, a establecer el
Comité A nglo-Ruso y a sostener la política de sometimiento
del Partido Comunista al K uomintang, en China, donde ese
Partido, inspirado por lafracción stalinista, habí a resucitado la
fórmula de la "dictadura democrática de obreros y campesi-
nos" auspiciada por L ienín en 1905 y desechada luego por é!,
en 1917, declarando "trotskysmo" el establecimiento de la dic-
tadura del proletariado en China, según el procedimiento leni-
nista de 1917. Este no fué más que el comienzo de una larga y
trágica cadena de errores, producto de las circunstancias que
provocaron el surgimiento del staliní smo, que llevaron, bajo
las banderas de la Revolución de Octubre, a derrota tras de-
rrota al proletariado revolucionario internacional.
Mientras tanto, la prensa burguesa, la misma que habí a sa-
ludado con satisfacción lacaí da en desgracia de Trotsky, como
J O calculaba Stalin, recibió ahora con interés los escritos del
desterrado, particularmente sus críticas al stalinismo y su régi -
men en la U.R.S.S. y se puso de parte de Trotsky. Este ya !o
había previsto y, al efecto, al alejarse de la Unión Soviética
rumbo a Turquí a, escribió una Carta a los obreros de la U.R.
S.S, en la que, entre otras cosas, decí a: "E n la primavera de
1917, encerrado dentro de la jaula suiza, L enin utilizó el vagón
"precintado" del Hohenzollern para escaparsede ella y acudir
a la cita de los obreros rusos. L a prensa chauvinista acusó a
I litch y no lo llamaba de otra manera que "el mercenario ale-
mán" y "Herr L eni n". Encerrado por los termidorianos en la
jaula de Constan tinopla, yo me he servido del vagón precin-
tado de la prensa burguesa para decir la verdad al mundo
entero. E l acoso de los stalinianos contra "Mí ster Trotsky",
52 Q U E B R A C H O
estúpi do en ausencia de cordura, no constituye sino una repe-
tición del que los burgueses y los socialrevolucionarios ejercie-
Ton contra "H err Leni n." (L . T R O T S K Y , De Octubre rojo a mi
úestierro. Madri d, 1931, pág. 222y 223.)
Y en Mi vida aclara: "ParaLudendorff esto era una pequeña
aventura que le dictabael i nterés de A lemani a en su situación
militar difícil. Leni n aprovechó de los cálculos de Ludendorff
para ponerlos al servicio de los suyos propios. Ludendorff pen-
saba: Que Leni n derroque a los patriotas, que yame encargaré
yo luego de acabar conél. Y Leni n: A cepto laoferta de cruzar
por A lemani a en el vagón con que me brinda Ludendorff, y
ya le pagaré el favor a mi manera."
A sí fué como, según laviudade T rotsky, "León Davi dovi tch
escribió una serie de artí culos para la prensa norteamericana
explicando los motivos políticos de su expulsi ón de R usi a;
anunció, al mismo tiempo, que los ingresos provenientes de
sus derechos de autor serí an destinados a mantener las publi -
caciones de laOposición. Los contratos de edición suscriptos en
diversos países nos aseguraron la subsistencia material". (V.
S E R G E . "Vi da y muerte de Trotsky". B s. A i res, 1954, pág. 176.)
E s decir, que los órganos de laOposición enel extranjero, desdo
un comienzo, se mantuvieron con el aporte económi co de la
prensa imperialistayanqui, según confesión de los propios i n-
teresados que logiaronsolventar su "subsistencia material", a
su vez, enforma parecida con contratos coneditoriales capita-
hstas de otros países.
Desde su salida de la U .R .S .S ., T rotsky vio que en su lucha
política, el destierro, le abrí a nuevas y más amplias perspec-
tivas para su acción. A hora podí a dirigirse directamente al
proletariado mundial. Pero no aspiraba, todaví a, según sus
propias declaraciones, a organizar una nueva entidad revolu-
cionaria internacional. C onsideraba, entonces, que S tali n y su
política iban a derrumbarse: "Ni la burocracia más poderosa
puede salvar una política desesperada. E ntre el marxismo y el
socialpatriotismo sólo hay lugar para el stalinismo. Después de
pasar por una serie de pruebas y de crisis, l aInternacional co-
munista sacudirá el yugo de una burocracia sin ideas, capaz
solamente de hacer una polí ti ca de zig-zags, de entregarse en
la represión y de preparar derrotas. "No tenemos necesidad de
crear una Cuarta Internacional." E so escri bí a en el prólogo a
L E Ó N T R O I S K V Y W A L L S T R E S T 53
El gran organizador de derrotas, fechado en Constaní i nopl a el
15 de abri l de 1930.
Si n embargo, la llamadaOposición de I zquierda del Partido
Comunista ruso, personificada ahora casi exclusivamente por
Tiotsky, trató de encontrar apoyo en otros paí ses y poco a poco
lo fué hallando, con lo que se formó l a denominada Oposición
de I zquierda I nternacional. No eran, en general, elementos
verdaderamente revolucionarios, sino descontentos del stal i -
nismo. Tambi én l aSocí al democraci a, que habí a saludado opor-
tunamente su caída, reci bi ó ahora con benepl áci to las publ i -
caciones de Trotsky y a ella vinieron a sumarse mul ti tud de
pseudo revolucionarios, intelectuales y literatos que pul ul a-
ban difusamente por l a izquierda y hallaban en las crí ti cas de
Trotsky contra Stal i n y el stalinismo un argumento a su ver-
dadera actitud anticomunista.
E l mismo lo reconocí a: "Si n duda, en toda una serie de
casos, l a socí al democraci a ha tratado de uti l i zar las crí ti cas
formuladas por l a Oposición. L o extraño serí a que no l o hu-
biera hecho, pues tiene aún suficiente ingenio y habilidad
para ello. L asocí al democraci a es actualmente un partido pa-
rasitario en el sentido hi stóri co y amplio de esta palabra. A l
ejecutar la misión encaminada a asegurar a l a sociedad bur-
guesa desdeabajo, es decir, protegi éndol a por el lado esencial,
la socí al democraci a de l a posguerra, y sobre todo después de
1923, cuando seenvileció manifiestamente, vi ve de los errores
y de las equivocaciones de los partidos comunistas, de sus
capitulaciones en los momentos decisivos, o, al contrario, de
¡as tentativas de los aventureros que tratan de hacer volver
una situación revolucionaria pasada.
''.. .L asocial democracia habrí a dejado de ser lo que es si
no fuera incluso más lejos en ese sentido, si no expresase a
veces, por medio de su al a izquierda, que ejerce las funciones
de vál vul a de seguridad en el partido soci al demócrata, el cual
desempeña en su conjunto el mismo jiapel en l a sociedad bur-
guesa, alguna falsa si mpatí a por l a Oposi ci ón... L a socí al -
democracia actual no tiene y no puede tener una l í nea de con-
ducta propia en las cuestiones esenciales .En éstas es l a bur-
guesía quien le dicta su l í nea de conducta. Pero si l a socí al -
democracia no hiciese otra cosa que repetir simplemente lo
que dicen los partidos burgueses dejarí a de ser úti l a la bur-
54
Q U E b B A C H o
guesí a. . . Apoderándose de al gún juicio de la Oposición, la
socíaldemocracia espera, además, provocar i ma escisión en e!
Partido Comunista. Para todo hombre que comprenda el fun-
cionamiento de este mecanismo, las tentativas de comprometer
a l a Oposición basándose en que cualquier soci al demócrata de
izquierda cita una frase de nuestra crítica, aprobándol a, son
propias de pobres de espí ri tu." (L. T R OT S K Y , El gran organi-
zador de derrotas, pág. 14.)
S in embargo, en la lucha contra el fascismo, personificado
por el avance de H i tl er en Al emani a, los principios del mar-
xismo-leninismo indicaban hacer frente común con l a S ocí al -
democracia, lo que negaba entonces l a T ercera Internacional
stalinista de acuerdo con el concepto ultraizquierdista que go-
bernaba lo que se l l amó el "tercer periodo" de acuerdo con e¡
cual los Partidos Comunistas atacaban a l a S ocí al democraci a
como al principal enemigo, calificándola de "ala izquierda del
fascismo" y de "socialfascista". En su acción pol í ti ca el sta-
linismo se aliaba con H i tl er contra l a S ocí al democraci a que
gobernaba en Alemania, ayudándol o, en l a prácti ca, a subir
al poder, como ocurri ó, en tanto que en la prédi ca acusaba
a sus enemigos, precisamente, de ser "agentes del fascismo".
El triunfo de H itler, en Al emani a, fué, así, producto de l a
propia política cri mi nal de l a T ercera Internacional, caí da en
manos de la burocracia stalinista, y significó un golpe terrible
para el movimiento revolucionario mundi al . El fracaso de la
Internacional Comunista se hizo evidente para l a vanguardia
revolucionaria consciente en los países donde ésta ya existía,
así como la necesidad de coordinar sus esfuerzos con ví as a
reemplazarla en el futuro. Así fué como en los primeros días
del mes de febrero de 1933, .se reuni ó en Parí s una Preconfe-
rencia do la Oposición de Izquierda Internacional, l a que desig-
nó un Secretariado Internacional y preparó un documento de
discusión para la Conferencia que se reuni rí a meses después,
concretados en once puntos.
Esta Conferencia se realizó los dí as 19, 20 y 21 de agosto
en Parí s, resolviendo, l a Oposición, cambiar su nombre por
el de Li ga Comunista Intemacionalista y orientarse hacia
l a formación de la Cuarta Internacional. Para construir ésta,
la nueva Li ga Comunista Intemacionalista resol ví a "conside-
rarse como embri ón de verdadero Partido Comunista; estable-
L E Ó N T K O T S K Y Y W A L I . S T R E E T 5i>
cer en cada sección nuestro programa de acci ón. . . , orientar
nuestra actividad principalmente contra la influencia de la
socialdemocracia, ser los propagandistas, los vulgarizadores del
comunismo y del internacionalismo, procurar arrebatar al Par-
tido toda su base obrera para una acción real contra la bur-
guesía y sus servidores.. . Hay que combatir con energí a la
roncepción de una uni ón sin principios. , . No se trata de un
arreglo entre la I I y l a I I I I nternacionales, sino más bien de
iin reagrupamiento sobre la basedel aI I I I nternacional, aban-
donada por l a I .C. stalinizada, los cuatro primeros Congreso?,
en sus grandes lí neas, enriquecidos por la experiencia de los
diez últi mos años y condensada en los once puntos de la Pre-
conferencia de la Oposición de I zquierda I nternacional." Y
terminaba: "Es necesario, en las relaciones con los grupos que
se orienten hacia el comunismo, demostrar, al mismo tiempo
que lamayor elasticidad pedagógi ca, lamás firme intransigen-
ciapolítica." (RevistaComunismo. Madri d, año I I I , NP 29.)
Respecto a la misma Conferencia en el International Bulle-
tln oí the League oj Communist Internationalist, publicado en
Nueva Y ork, en abri l de 1934, se decí a: "E l Pleno de laOpo-
sición de I zquierda I nternacional (Bolchevique-leninista), en
agosto de 1933, decidió al mismo tiempo que abandonar sus
esfuerzos para reformar la I nternacional Comunista, orientar-
se hacia la formación de la Cuarta I nternacional, cambiar su
nombre de Oposición de I zquierda por el de L i ga Comunista
I ntemacionalista, una transformaci ón importante y esencial.
"No se trata de una nueva organi zaci ón; la Oposición de I z-
quierda I nternacional conti núa su trabajo, adaptando sus for-
mas externas y su contenido a las nuevas tareas planteadas
por el hecho histórico establecido de que la Tercera I nter-
nacional, sometida a la burocracia de Stalin, es decir, a la
teoría del "socialismo en i msolo paí.s" ha demostrado por la
derrota de la Revolución alemana y el trÍLmfo del hitlerismo,
su fracaso total e irremediable.
"Mientras existió cualquier esperanza o posibilidad de vol-
ver a la I nternacional Comunista a los principios y la línea
establecida por los primeros Congresos, la Oposición do I z-
quierda luchó dentro de la I nternacional Comunista como una
fracción, buscando regenerarla y reformarla. E l hecho de quo
la I nternacional Comunistano hayamostrado el menor sí ntoma
56
Q U E B R A C H O
de reacción al veneno stalinista aún después de tan pesada y
decisiva derrota como la sufrida por la clase obrera alemana,
revela claramente que no es más un organismo vi vo, sino un
cadáver podrido. La salvación de todo lo sano y vivienteen el
movimiento obrero internacional, la reorgani zaci ón delas fuer-
zas revolucionarias desperdigadas y, finalmente, el traer un
poco de luz en el caos provocado por las derrotas del proleta-
riado, puedeser logrado solamente por intermedio deuna nue-
va Internacional.
"Para señalar esta nueva orientación, estenuevo rumbo fun-
damental de la Oposición, ésta ha tomado el nombre de Li ga
Comunista Intemacionalista (Bolchevique-leninista). E l cam-
bio denombre corresponde así al cambio derumbo del a orga-
nización."
Pocos días después de la Conferencia de la Oposición de Iz-
quierda Internacional, se reuni ó tambi én en París, el 27 y 28
de agosto una Conferencia Internacional de Partidos Socialis-
tas revolucionarios que no pertenecían ni a la II ni a l a III I n-
ternacionales. Tambi én en ella parti ci pó l a nueva Li ga Comu-
nista Intemacionalista, l a cual, junto con otros Partidos que se
adhirieron, lanzó un manifiesto redactado por Trotsky y cono-
cido con el nombre de Declaración de los Cuatro, el que, bajo
el título deHacia la Cuarta Internacional, comenzaba diciendo:
"Para la realización total de la enorme responsabilidad hi stó-
rica que pesa sobre ellas, las organizaciones abajo firmantes
han decidido unáni memente unificar sus fuerzas para el tra-
bajo en común para la regeneraci ón del movimiento revolu-
cionario del proletariado en una escala internacional." "E l
avance del fascismo en A lemani a colocó a las organizaciones
dela claseobrera en una prueba decisiva. La Socíaldemocraci a
una vez más confirmó la designación que lediera Rosa Luxem-
burgo y se mostró nuevamente como "un cadáver hediondo".
La superaci ón delas organizaciones, ideas y métodos del refor-
mismo es el prerrequisito necesario de la vi ctori a de l a clase
obrera sobre el capitalismo." Y terminaba: "La posición del
capitalismo mundi al; la terrible crisis que ha hundido a las
masas trabajadoras en xma sin igual miseria; el movimiento
revolucionario de las masas coloniales oprimidas; el peligro
mundial del Fascismo; la perspectiva de un nuevo ciclo de
guerras que amenazan destruir toda la cultura humana, tales
L L Ó N T H O T S K Y Y \ V A I . L S T R E E T
57
son Jas condiciones que imperativamente demandan la unifi-
cación del avanguardia proletaria en una nueva (Cuarta) I n-
ternacional. L os suscriptos se obligan a dirigir todas sus fuer-
zas para la formación en el plazo más breve de esta I nter-
nacional sobre la basefirme de los principios teóricos y estra-
tégicos de Marx y de L enin.'" Y , junto con la Oposición de
I zquierda I nternacional (L iga Comunista I ntemacionalista).
firmaban, el Partido Socialista Obrero alemán, y los Partidos
Socialista I ndependiente y Socialista Revolucionario de Holan-
da. (International Biilletin oj the League oj Communist Inter-
nationalist. New Y ork, april 1934.)
Y en una extensa carta a "un grupo de camaradas del Par-
tido Socialista Obrero alemán", uno de los que habí an concu-
irido a la Conferencia de Parí s y firmado la Declaración
de los Cuatro, L eón Trotsky declaraba: "Serí a una pretensión
ilegal por no decir auenturerisrí^o, proclamar que laNueva In-
ternacional ha sido ya establecida. Natiu-almente ustedes no
quieren esto. Estamos solamente poniendo los cimdentos y pre-
parando los materiales. Pero sobre estos materiales nosotros,
desde ya, desplegamos la bandera de l a Cuarta I nternacional
así todos pueden saber qué clase de edificio se está levan-
tando." (I d. id. New Y ork, april 1934.)
Para dar fundamentos teóricos a sus propósitos, L eón Trots-
ky, que ya habí a ido comentando y dando directivas frente a
los principales sucesos mundiales, produciendo una notable
colección de libros y folletos con el brillante despliegue de su
acostumbrada fraseología (La revolución española, ¿Y ahora?
¿Quién vencerá en Alemania? ¿El jascismo o el comunismo?.
La única salida de la sií uación alemana, etcétera) comenzó a
dar fundamentos teóricos a sus nuevos propósitos escribiendo
La Unión Soviética y la Cuarta Internacional y L aguerra y la
Cuarta Internacional.
En este último, un extenso documento de notable factura
literaria, como casi todo lo suyo, plantea la situación mundial
y los principales problemas revolucionarios a la luz del mar-
xismo-leninismo. Refiriéndose a la Socí aldemocracia, dice: "Si
el proletariado europeo no derrocó a la burguesí a al terminar
la gran guerra; si la humanidad crepta ahora en la agoní a de
la crisis; si una nueva guerra amenaza transformar las ciuda-
des y pueblos en una masa de ruinas, la principal responsa-
58 Q U E B R A C H O
bilidad por esoscrímenes ycalamidades caesobre l a Segunda
Internacional." Y respecto al centrismo, después depasar re-
vista a susdiversos matices, termina: "Los centristas dei z-
quierda quiene.s sedistinguen a su turno por una serie dema-
tices (el Partido Socialista Obrero al emán, el Partido Socia-
lista Revolucionario, deHolanda, e! Partido Laborista Inde-
pendiente, deInglaterra, losgrupos deZyronski yMarceau
Pivert, en Francia, etcétera) llegan depalabra a l a renuncia
de la defensa dela patria. Pero deesta desnuda renuncia no
sacan las necesarias consecuencias. L a mayor parte desu inter-
nacionalismo esplatónico. Temen romper con loscentristas de
derecha; en nombre del a lucha contra el "sectarismo" em-
prenden una lucha contra el marxismo, rehusan luchar por una
Internacional revolucionaria y conti núan en l a Segunda I n-
ternacional a l a cabeza dela cual está el vasallodel rey: Van-
dervelde. Expresando en cierto momento el cambio hacia l a
izquierda delasmasas, en úl ti mo análisis loscentristas ponen
un freno al reagrupamiento revolucionario en el proletariado
y, en consecuencia, tambi én en la lucha contra la guerra."
¡Quién di rí a que, apenas unos meses antes, León Trotsky
había alineado detrás desushermosas frases, en l a llamada
Declaración de los Cuatro, en una supuesta lucha por una nue-
va Internacional, a los mismos queahora condenaba comocen-
tristas! Y lomáscurioso era queesos partidos centristas en
tal Declaración, habí an proclamado que"l a Nueva Internacio-
nal nopodía tolerar ninguna conciliación hacia el reformismo
o el centrismo"! Otra vez, comotintes deOctubre, el concilia-
dor Trotsky, "buscando la unidad a cualquier precio", ideali-
zaba lastendencias centristas", según suspropias palabras.
Pero esa "tendencia hacia l a conciliación. . . que, según el
criterio deLenin, mealejaba del bolchevismo" (L. TR O TS-
K Y, La Revolution Permanente. Parí s, 1932, pág. 78), volvió a
reproducirse agudamente esemismoaño1934, cuandoTrotsky,
escribiendosiempre con brillo contra el centrismo y el refor-
mismo ("La lucha consecuente contra el reformismo; ni l a más
mí ni ma concesión al centrismo. ¡He ahí loqueestá escrito en
la bandera dela Cuarta Internacional!' L . TR O TSK V, K eviSia
Conmnismo. Madrid, marzo de1934) pero, como siempre, en
la práctica, concillandocon el centrismo y el reformismo, con
siderando quelas fuerzas que lo seguían eran demasiado i m
L E Ú N T R O I S K Y Y W A L L S T R E E T
59
potentes ante los hechos, y como una demostraci ón más del
derrumbe del movimiento revolucionario mundial, producido
por el triunfo de Hi tler en A lemani a, aconsejó, a sus partida-
rios deFrancia, ingresar como individuos en el Partido Socia-
lista de ese paí s, disolviendo su organi zaci ón y silenciando su
prensa. Es decir, que la Oposición de I zquierda del Partido
Comunista se transformaba en Oposición de I zquierda de la
Socialdemocracia por tantos años vilipendiadacomo "cadáver
hediondo" y como agrupaci ón envilecidaal servicio dela bur-
guesía. Fué el llamado "viraje francés" en las filas de la L i ga
Comunista I ntemacionalista. Pero, en seguida, el "viraje fran-
cés" comenzó aser imitado por los otros grupos trotskystas do
todo el mundo —fuera de los escasísimos núcleos verdadera-
menterevolucionarios que lo resistieron— los que fueronl i -
quidando sus organizaciones con el benepláci to de Trotsky,
para hacer "entrismo" en cuanto partido centrista y reformis-
ta circulaba penosamente por ahí , tratando de buscar en tan
podridas fuentes, según decí an, elementos para la construcci ón
delaCuarta I nternacional.
Mientras tanto, L eón Trotsky, que yahabí a visto algunos de
sus colaboradores asesinados, así como varios de sus familiares
muertos o impelidos al suicidio, y su propia vi da amenazada
por lapolicía polí tica soviética, acusado en los peores térmi nos
por laburocracia, acosado por todas partes por lamisma, se-
guí a la lucha contra el "Caí n Stalin", concentrando sobre él
todos los fuegos y consi derándolo su principal enemigo, siem-
pre al frente, teóri camente, de laL i ga Comunista I ntemacio-
nalista, dirigida, enapariencia, por unSecretariado I nternacio-
nal. L aprensa burguesa continuaba si rvi éndolede "vagón pre-
cintado" y recogí auno auno todos sus escritos y aun sus pala-
bras. Sus libros circulaban por el mundo burgués en grandes
tirajes. L as agrupaciones centristas y reformistas, donde se ha-
bían acercado sus huestes, reci bí an conbenepláci to sus traba-
jos sobre el stalinismo, y en ellas encontraba Trotsky sus me-
jores aliados, así como en los liberales burgueses.
Y a el año 1932, invitado por las juventudes socialistas do
Dinamarca, Trotsky habí a podido dejar momentáneamente su
refugio en Turquí a, para dar una conferencia sobre laRevo-
lución de Octubre. Y el año 1934, finalmente, fué admitido en
Francia, paí s que, luego, debió abandonar para pasar a residir
co Q U E B R A C H O
en Noruega, donde escri bi ó La revolución traiciotiada, en 1936-
Pero sucesos de tremenda gravedad debí an comenzar a te-
ner por teatro a l a Uni ón Sovi éti ca, reflejo, a su vez, del tri unfo
de Hi tl er en Al emani a, sucesos que repercuti eron i ntensamen-
te en el movi mi ento revol uci onari o m-undi al. Esos sucesos tu-
vi eron su i ni ci aci ón aparente en el asesinato de K i rov, j erarca
burocráti co ruso —ocurri do en 1934 y al que el stal i ni smo con-
cedi ó gran i mportanci a—, fueron tomando cuerpo en el pro-
ceso de represi ón y persecuci ón i nterna que le si gui ó y empe-
zaron a cul mi nar en los j ui ci os públ i cos de las más i mportantes
figuras pol í ti cas, empezando con Zi novi ev y K amenev que, l ue-
go de su efí mero acercami ento a Trotsky, nuevamente habí an
capi tulado ante Stal i n. A estos si gui eron l a casi total i dad de
los l í deres sovi éti cos de l a época de L eni n, sal vándose úni ca-
mente Trotsky por encontrarse desterrado. Se los acusaba de
los peores crí menes contra l a U.R.S.S., i ncl uso de querer resta-
blecer el capi tal i smo, de conni venci a con el enemi go fascista,
de sabotage, terrori smo y cuanta burda patraña era posi bl e
i magi nar. Y lo más i nverosí mi l aún era que los propi os acu-
sados aceptaban las cul pas —que hací an extensi vas a Trots-
ky— y hasta se decl araban autores de otras mayores, antes de
ser li qui dados fí si camente. Fué el comi enzo de los famosos
procesos que tanto conmovi eron al mundo y lo l l enaron de ver-
dadero asombro. Nunca l a hi stori a habí a presenci ado un espec-
tácul o semejante. Para l ^ón Trotsky, según su vi uda, éstas
"Fueron jornadas de del i ri o, un súbi to hundi rse en l a pesadi l l a
más i nsensata y aberrante. L o desori entaba esa caí da haci a un
abismo de l ocura que el dí a anteri or hubi era pareci do i ncon-
cebi ble." (V. SER G E, Vi da y vmerte de Trotsky.) Y , en ese
momento ál gi do, casi próxi mo a ser entregado a l a G . P. U. por
Noruega, Trotsky pudo abandonar eso paí s para trasladarse al
continente ameri cano que le ofrecí a asi lo. Así se i ni ci ó un
nuevo ci clo en l a vi da pol í ti ca del compañero de L eni n du-
rante los dí as mol vi dabl es de Octubre.
Mi entras tanto, l a L i ga Comuni sta I ntemaci onal i sta habí a
convocado una nueva Conferenci a I nternaci onal , reuni da en
Gi nebra el 29, 30 y 31 de j tüi o de 193tí a l a que asi sti eron úni -
camente representantes de di versas paí ses de Europa. En esa
conferenci a que se denomi nó l a Pri mera Conferenci a I nterna-
ci onal por l a Cuarta I nternaci onal , l a L i ga Comuni sta I nter-
L E Ó N THOTPFIY Y W A L L S TRE E T Cl
nacionalista vol vi ó a vari ar nuevamente su nombre pasando a
llamarse Movi mi ento por l a Cuarta I nternaci onal , agrupando,
según decí a, oí ros núcl eos que hasta ahora habí an exi sti do
ajenos a l a prim.era. En esa Conferenci a se votaron vari as
Tesis como l a ti tul ada " E l nuevo l evantami ento revol uci onari o
y las tareas de l a Cuarta I nternaci onal ", " L a Cuarta I nter-
nacional y la Uni ón Sovi éti ca" y "L a evol uci ón de l a Comi n-
tern. De Pai 'ti do de l a revol uci ón mundi al a i nstrumentó del
i mperi al i smo". Tambi én se di scuti ó l a posi ci ón del Movi mi ento
por l a Cuarta I nternaci onal frente al "Bureau I nternaci onal
para l a Uni dad Soci al i sta Revol uci onari a", conocido con el
nombre de "Bureau de Londres", por estar establecido en esta
ciudad, y al que se habí an afi l i ado vari os grupos y parti dos
centristas, i ncl usi ve algunos que antes pertenecieron a l a L i ga
Comuni sta I ntemaci onal i sta, como l a secci ón español a de ésta,
que habí a pasado a i ntegrar el Parti do Obrero de Uni fi caci ón
Marxi sta (P.O.U.M.)
Así estaban las cosas cuando un buen di a, los pocos mi l i -
tantes comunistas internacionalistas que exi stí an en el mi mdo
(entre ios que se contaba qui en esto escribe, que no habí a
aceptado el "entri smo" real i zado por los demás) , en un mo-
mento verdaderamente crí ti co y de pleno retroceso del movi -
miento revol uci onari o mundi al , supimos sorpresi vamente ¡que
la Cuarta I nternaci onal habí a sido fundada! Era el año 1938 y
por las publi caci ones parti dari as que nos l l egaban de los Esta-
dos Uni dos y Europa, en las que fi guraban grupos y organi za-
ciones trotskystas que nosotros sabí amos tan inexistentes o sin
i mportanci a como los que conocí amos en l a A méri ca Lati na,
pudimos enterarnos de que, bajo l a i nspi raci ón de L eón Trots-
ky y recibiendo su bendi ci ón apostól i ca, unos cuantos seí í ores
que no conocí amos y que sabí amos totalmente desvi nculados
dol movi mi ento obrero y con un espí ri tu di gno de su reciente
"entri smo" en el cadáver de l a Soci al democraci a, reuni dos en
"un lugar de Sui za" y después de "i mportantes" deliberaciones
que habí an durado ¡seis horas¡ (en sólo seis horas se habí an
resuelto todos los probl emas de l a revol uci ón mundi al ) habí an
declarado fundada l a Cuarta I nternaci onal, poni éndol e por
nombre "Parti do Mundi al de l a Revol uci ón Soci al i sta". A mé-
ri ca Lati na aparecí a representada, como una uni dad, por el
brasi l eño Lebrun, que ocasionalmente se encontraba en Euro-
52 Q U E B R A C H O
pa, i ndi vi duo pomposo ymedi ocre que luego hubo dearrastrar
a toda l a secci ón de su paí s detrás del "anti def en si smo" de l a
U. R. S. S. , propi ci ado por Max Shatchman, al produci rse l a di vi -
si ón del Soci ali st Workers Party, delos Estados Uni dos.
L a "fundaci ón" de l a Cuarta I nternaci onal, objetada enton-
ces por qui en esto escri be ^ycal i fi cada por algunos grupos
europeos responsables como "golpe teatral", fuéabi ertamente
defendida por el mi smo Trotskyque sal i ó a enfrentar a qui enes
sostení an que el movi mi ento debí a conti nuar denomi nándose
"Por l a Cuarta I nternaci onal " yconsi deraban prematura l a
anunci ada "fundaci ón" deésta. Así , en una carta refutando
ese concepto, Trotsky, si empre ampuloso yabstracto, escri bi ó:
"¿Por l a Cuarta I nternaci onal? ¡No! ¡L a Cuarta I nternaci onal !"
Y daba como razones: "Nadi e nos l l ama "Por l a Cuarta I nter-
naci onal". L a prensa burguesa, l a Comí ntern, los Soci al demó-
cratas, todos nos denomi nan si mplemente Cuarta I nternaci o-
nal. Nadi e agrega l a pequeña pal abra «por». Por todas estas
consideraciones, yo memantengo completamente en l a posi -
ci ón dellamarnos como somos denomi nados por los obreros y
por los enemi gos declase, es deci r, l a Cuarta I nternaci onal .
Coyoacán, marzo 31de1938." (J nl ernaí i oí i al Bulleün of thc
Socialist Workers Party. New Y ork, 3.)
Sobre l a base detan "poderosas" razones para un marxi sta-
leni ni sta, es deci r, defrases, sefundó el 15 desepti embre de
Í 938, l a ti tul ada Cuarta I nternaci onal como un pseudo orga-
ni smo burocráti co más, alejado delas masas, ycomo un nuevo
golpe teatral deTrotskyante l a Hi stori a. L a "nueva organi za-
ción del proletari ado", naci da como no lo fuéni nguna otra que
pretendí a representar a l a clase obrera, l anzó un mani fi esto y
votó una Tesis ti tul ada Laagonía mortal del capitalisTno y la¿
tareas de la Cuarta Internacional, debi das a l a pl uma deTrots-
ky, a qui en l a Conferenci a deFundaci ón, para no ser menos
que los Congresos reali zados en l a U. R. S. S. , con su tan cri ti -
cado "culto al J efe", envi ó un mensaje redactado en estos
térmi nos: " L a Conferenci a defundaci ón de l a Cuarta I nter-
naci onal teenví a su más fervoroso saludo. L a bárbara repre-
si ón que rabiosamente ataca a nuestro movi mi ento en general
' '"Estüj- lejos (¡e co lisie lernr que lii íiuidaciót! áe la 4* JntcrnaciiMia!, en tu r.r-
unión efectuada en Suiza en septiembre de 1938, sea real ydefinitiva." (QUEBRACHO,
Cómo »atÍT del pantano. Bueuos Aires, enero de 1939.)
L K Ü N TROTS K Y Y W A L L S T K E E T
33
y a ti en parti cul ar, te ha i mpedi do estar con nosotros y el
traer a nuestros debates las contribuciones del fundador del
Ej ército Roj o, del organizador de l a i nsurrecci ón de Octubre,
del teórico de l a revol uci ón permanente y del sucesor directo
de L eni n. L os enemigos staJ inistas, fascistas e i mperi al i stas te
han sometido a severas pruebas. L eón Sedoff, E rwi n Wol f,
l í udol ph Kl ement han muerto ví cti mas de l a contrarrevol uci ón
.•>íalinista, Ta- Thu Than sufre en las prisiones del i mperi al i smo
francés; nuestros camaradas alemanes y griegos son torturados
en las fascistas y tií eres obj eto de constantes intentos de ase-
^:inato, pero toda esta persecuci ón, aunque nos prodi ga terribles
golpes, no obstante tiene sól o por fi nal el verdadero fortal eci -
miento de nuestras convicciones sobre el val or del programa
marxista, del cual eres tú, en nuestra opi ni ón, desde l a muerte
de L eni n, el i ntérprete pri nci pal . Esta es l a razón por l a cual
nuestro saludo es más que una simple, j usta y cari ñosa apre-
ciación haci a el gran teóri co del marxi smo revol uci onari o. . .
Expresamos grandes esperanzas en que participes por l argo
tiempo en sus triunfos así como has parti ci pado en sus vi ci -
situdes.'" ("Boletí n de Injormación. Publ i cado por el Buró A me-
ri cano-Ori ental de l a 4^I nternaci onal . Departamento l ati no-
americano, 4, New Y ork, s/f.)
Mi entras tanto un grupo de comunistas internacionalistas
belgas di fundi eron, por esa época, un documento que l l evaba
¡a fi rma de uno de ellos (De Pauw). en el que declaraban-
"En l a carta bi en conocida «por l a I V I nternaci onal », publ i -
cada en 1935, l a organi zaci ón i nternaci onal , escri bí a: «Es nece-
.sario construir sobre nuevas bases nuevos partidos y una nue-
va I nternacional, tal es l a cl ave para resolver todas las otras
tareas. A qué ri tmo y en qué plazo se cumpl i rá l a edi fi caci ón
revolucionaria, eso depende, bi en entendido, de l a marcha ge-
neral de la l ucha de clases, de las vi ctori as y de las derrotas
futuras del prol etari ado».
"Al gún tiempo después, en l a época del Congreso I nter-
nacional de j ul i o de 1936, el camarada Trotsky proponí a, si n
embargo, procl amar l a I V I nternacional. Pero esta proposi ci ón
no fué apoyada y se comprometi eron a los térmi nos y al espí -
ri tu de la conti nuaci ón de un «Centro por l a I V I nternaci o-
nal ». A pesar de esta deci si ón, el camarada Trotsky y ciertas
secciones del Centro habl aron en nombre de la I V I nternaci o-
C4 Q U E B R A C H O
nal como si el l a hubi era sido real mente procl amada. En ni ngún
momento, estos camaradas, fueron l l amados a l a di sci pl i na, al
contrario.
"Para evitar todo mal entendido, subrayamos desde l uego
que no es el l ado formal de l a cuesti ón el que nos guí a. Nos-
otros estamos lejos de creer que l a I V I nternacional sol amente
estará formada cuando el acta consti tuti va haya sido regi stra-
da sobre papel ti mbrado. No aceptando total mente, por otra
parte, el criterio según el cual es necesario esperar l a vi ctori a
defi ni ti va del prol etariado en un paí s y dejar al proceso hi s-
tóri co l a tarea de constituir l a nueva I nternacional , estimamos,
si n embargo, que era un error en aquel momento l l amarse I V
I nternacional y que hoy todaví a l a hora de l a procl amaci ón
no ha l l egado. Las condiciones objetivas y subjetivas i ndi s-
pensabl es para pasar a este acto hi stóri co todaví a no están
dadas. L a organi zaci ón i nternaci onal aún no tiene raí ces pro-
fundas y sól i das en el prol etariado i nternaci onal . Sol amente
dispone de agrupaciones débi l es, en su mayorí a al ejadas de las
masas obreras. A demás, si el prol etariado i nternaci onal está
descontento y si n sal i da frente a l as I I y III I nternacional es,
serí a inexacto afi rmar que vuel ve resuel tamente l a espal da a
estas organizaciones y, sobre todo, qut: adquiere conciencia de
l a necesidad de l a creaci ón de una nueva I nternacional . Se
debe reconocer, por el contrario, que es sól o una pequeña mi -
norí a en este asunto.
"L o que es más grave, aún, es que l a desapari ci ón de l a
conciencia de cí ate del prol etariado prosigue a medi da que l a
burguesí a .ayudada por l os reformistas y l os stal inistas, l ogra
constituir l a uni ón sagrada en vi sta de l a guerra i mperi al i sta.
"Pero, se di rá ¿cuál es son las condiciones que deben exi sti r
para l a pi 'ocl amaci ón de l a I V I nternacional ? Para que una
nueva I nternacional pueda crearse, vi vi r, desarrol l arse y trans-
formarse en el instrumento pol í ti co del prol etariado, es nece-
sario que sea l a emanaci ón y el producto mi smo de este pro-
l etariado, l a expresi ón real de sus l uchas contra el capi tal i smo
y sus l acayos. £1 Centro actual por l a I V I nternacional no es
todaví a esto. Se compone sol amente de mi l i tantes expul sados
de l a I I y pri nci pal mente de l a I I I internacional es. No es el
producto directo de las l uchas entre el capi tal y el trabajo,
sino, en gran parte, el resul tado de l as l uchas de tendencias
L E Ó N TROTS KY Y WAL E , S TRE E T
05
en el seno de las vieias organizaciones obreras degeneradas; no
es el producto directo de las luchas sociales, sino el producto
indirecto. Y as! como lavanguardi a no puede sustituir al pro-
letariado parahacer larevoluci ón, tambi én es incapaz decrear,
sin el apoyo de las masas, su parte más activa, el i nstrumento
de larevoluci ón. Unavanguardi aquesustituye alaclase entra
en un camino contrario al marxi smo.
"Esta pri sa por proclamar laI V Internacional, mientras la
organi zaci ón i nternaci onal semueve todaví a sobre bases tan
frágiles, así como los métodos y medios que han sido emplea-
dos en estos últi mos años por Trotsky y el Secretariado Inter-
nacional con el f i n deapresurar lacreaci ón deesta Internaci o-
nal, son para nosotros laprueba de que el camarada Trotsky
y sus compañeros depensamiento toman demasiado poco en
cuenta«lamarchageneral de lai uchadeclases, de las victorias
y de las derrotas futuras del proletari ado». {Cartapara laI V
Internacional.)
" A lo quenosotros queremos contri bui r es alaproclamaci ón
de unaI V Internacional que—por las razones que nosotros
acabamos deexponer— está todaví a en un perí odo degermi -
nación muy débi l y manifiestatendencia alo arti f i ci al; laten-
tativaqueella representa nos parece, así , destinada aun nue-
vo fracaso. Las con.secuencias de ladesapari ci ón de la1^y de
ladegeneraci ón de la2^y 3^Internacionales i ntentan más que
nunca i mpedi r al proletariado construir, al f i n, unaorganí za-
fión vi vi ente, sanay durable. Nosotros no queremos por núes-
ira contribución a la pi'ocLaniación prematura de la' I V Inter-
n4icional y el fracaso que, según toda probabilidad, seguirá,
obstaculizar todavía más el camino hacia la liberación de nues-
tra clase.
" La crisis del movi mi ento obrero y, por consiguiente, detoda
la civilización, es unacrisis de di recci ón revoluci onari a. Por
ello no hay queentender solamente ladescomposi ci ón y ladi -
solución de laparte revoluci onari ade laclase obrera, sino
tambi én y particularmente, lacrisis deconcienciadel prole-
tariado entero. Son los aspectos de un solo y mi smo problema.
Lejos denosotros, sin embargo, laopi ni ón de que el proleta-
riado posee en todas las circunstancias ladi recci ón revoluci o-
naria quecorresponde asu ni vel deconcienciadeclase. La
historiahademostrado más de unavez que lamasa, puestaen
1)6 Q U E B R A C H O
movi mi ento por condiciones objetivas, sobrepasa en conci enci a
a ladi recci ón, la cual ha quedado pri si onera del perí odo ante-
ri or. A la hora presente, l a debi li dad general del movi mi ento
revoluci onari o es el reflejo de la debi li dad general y trági ca
del proletari ado entei o. Nunca, tambi én, las clases domi nan-
tes lograron tanto como hoy i mponer su i deologí a de clase a
través del engaño de las organizaciones obreras que fueron
creadas para combati rla. La II y la III Internacionales son hoy
los agentes más preciosos de la burguesí a en las filas de la
clase obrera. Ellas son los grandes obstáculos en el cami no de
la li beraci ón de la clase obrera y, por consiguiente, de la hu-
mani dad.
'Construi r naci onal e i nternaci onalni ente ladi recci ón revo-
luci onari a del proletari ado fué y os la tarea esencial de todo
revoluci onari o marxi sta. Sólo que, si es un error abandonar al
proceso hi stóri co la tarea de crearla, es i gualmente nefasto el
querer crearla artificialmente. Laproclamaci ón de la IV In-
ternacional en las circunstancias y en las relaciones de juerzas
actuales, será solamente un gesto teatral. Pero, lo más grave,
es que ella vendrá, a su turno, a obstaculizar el camino qm
conduce a la creación de una Internacional verdadera.
" Si nosotros queremos salvar un mí ni mo de cohesi ón de las
fuerzas revoluci onari as, es necesario estar listos para poder
contri bui r con éxi to a laaceleraci ón del desarrollo de la con-
ciencia de clase del proletari ado y del movi mi ento revoluci o-
nario, en el momento del cambi o de la coyuntura polí ti ca. Es
solamente entonces, según nuestra opi ni ón, cuando se plan-
teará ¡acuesti ón de la creaci ón de los Parti dos y de una I n-
ternacional.
"Esta polí ti ca exi ge i mperi osamente: la i n/orí ri ocí ón obj e-
Liva y la democracia proletaria, dos condiciones que, desafor-
tunadamente, ya no existen en el Centro por la IV Interna-
cional.
"Conscientes de esta si tuaci ón, los mi li tantes revoluci onari os
que han fi rmado este documento, se han puesto al trabajo. Pero
como nosotros estamos persuadidos que exi sten fracciones y
obreros revoluci onari os que piensan como nosotros, hemos de-
cidido por la presente, di ri gi rnos a ellos para que todos j unta-
mente podamos ponernos en esta tarea.. . Más que nada nos
damos cuenta de que somos úni camente una í nfi ma parte de
L E Ó N TI I OTSKY Y W A L L S T E KI T
67
las fuerzas llamadas a crear el futuro parti do revol uci onari o
que abati rá al capi tal i smo."
Magní fi cos y proféti cos conceptos que entonces se perdi eron
en la noche oscura del receso revol uci onari o por el que pasaba
el mundo y que señal an vari os hechos capitales: a) que l a
procl amaci ón de l a I V I nternaci onal era prematura; b) que
sólo podí a ser considerada como un golpe teatral a los que
tan afecto fué siempre L eón Trotsky; c) que éste era el más'
ansioso por construir en el papel el nuevo organismo basado
en frases buscando laureles para engrandecer su fi gura; d) que
el Secretariado por l a Cuarta I nternacional ya entonces estaba
viciado de falsedad y burocratismo, ye) que l a "nueva I nter-
nacional" trotskysta, en l ugar de favorecer el proceso revol u-
cionario mundi al se transf ormarí a en un obstácul o para l a for-
mación de una I nternacional verdadera.
IV - LEON TROTSKY Y EL CARACTER CENTRIS-
TA DEL MOVIMIENTO TROTSKYSTA
E l año 1939. enel fol l eto Cómo salir del pantano, el autor
deestel i bro, recordando l afrase deL eni n ensuspol émi cas
conTrotsky: "No esi ntel i genteni di gno deunparti do obi 'ero
ocul tar susdesacuerdos", escri bí a: "No debemos asustarnos si
la realidadnos demuestra qwehasta ahora el trotskysmo enla
Argentina (y podí a haber di cho entodo el mundo) ha sido una
verdaderaíragedia- deinsignificancia, demediocridad, deinep-
titud, desimulación, dei nerci a y desimpleza". Y agregaba
l especto a esemovi mi ento, conel quehabí a estado enrel aci ón
desdedos años antes: "El trotshysvu>enlaArgentina es una
cloaca a la quelianT)enido aparar, enpintoresca comparsa,
lodos los literatos yrevolucionarios fracasados, todos los diri-
gentes sindicales desprestigiados, toda laescoria del ^tercer
período» sialirásta y todos los trepadores pequeñoburgueses
queandan por ahí. E l pri nci pal defecto del trotskysmo enl a
Argenti na es sucomposi ci ón puramente pequeñoburguesa, de
(^carreri stas» (aspi rantes ahacer «carrera» pol í ti ca) quehan
vi sto una puerta abi erta y por el l a sehanl anzado enbusca de
un encumbrami ento quel esnegó su cl asedeori gen. L a l ucha
por el soci al i smo setransforma enesta genteenuntoni eo
para l ograr posi ci ones personal es. .. Ypara poder al canzar su
aspi raci ón, y tambi én para supl i r su pequenez y el evarseel l os
mi smos a l aal tura enquesequi erencol ocar y l amagni tud de
l a obra quetratandeadjudi carse, necesi tanagrandéu-se arti fi -
ci al mentepara estar atono conel l a. . . songal l i nas quequi e-
ren vol ar como águi l as."
Tambi én decí a queasi como l osstal i ni stas "sonepí gonos
deStal i n, el l os l o sondeTrotsky".
70 Q L Í K B R A C H O
Y , al año siguiente (1940), en un nuevo folleto ti tul ado
Ceiitrisino, oportunismo y bolcheristno, vol ví a sobre el tema:
"He exami nado, en otra oportunidad, el proceso i ni ci al del mo-
vi mi ento trotskysta en l a Argenti na. No vol veré a hacerlo aquí .
Me bastará señal ar, en conf i rmaci ón de mí acertó, que todos
bUs componentes de l a pri mera hora no tení an nada que ver,
en realidad, con el marxi smo-l eni ni smo, l o cual se fueron en-
cargando de demostrar los hechos posteriores. Si el pretendido
movi mi ento trotskysta l l evó aquí , en sus pri meros años, l a vi da
l ángui da, opaca y estéri l que lo caracteri zó l l enándol o de des-
prestigio ante l a cla.se obrera, fué debido, úni camente, a esa
ci rcunstanci a. . . En ese insignificante ambiente de opereta
vegetó el titulado trotskysmo, no uno, ni dos, sino seis o siete
años. A los nombres mencionados vi ni eron a agregarse unos
cuantos i ndi vi duos recolectados de las más diversas proceden-
cias, destacables sólo por su aterradora medi ocri dad, quiene-í
tambi én tomaban l a acti vi dad pol í ti ca como una di stracci ón
de sobremesa, así como otros se dedican a comentar sobre las
carreras de caballos o sobre fútbol . Nada es de extrañar, pues,
que a ellos vi ni eran a agregarse todos los desechos del stal i ni s-
mo, incluso los expulsados del P. Comuni sta como provoca-
dores, los que, entre nosotros, se hací an trotskystas y se uní an
a la comparsa."
Y , respecto al aspecto teóri co del movi mi ento trotskystn,
que negaba l a l i beraci ón naci onal en l a Argenti na, el año 1941,
en los Documentos para la uni]icac¡ón del movimiento cuarta-
hite moción alista argentino, I parte, escri bí a: "Todas las mani -
festaciones del pensamiento del titulado movi mi ento cuarta-
internacionalista argentino, son expresiones tí pi cas del cen-
trismo pequeñoburgués viciadas de oportunismo y confusionis-
mo." Y llegaba a las siguientes conclusiones: "a) Que el ti tu-
lado movi mi ento bol chevi que l eni ni sta argentino que anal i za-
mos se movi ó siempre en un terreno de i nternaci onal i smo abs-
tracto, de teorí a «pura», especulativa, pendiente de los acon-
tecimientos y artí cul os del extranjero, en pri mer térmi no de
los de L . Trotsky, repitiendo sus escritos si n comprenderlos y
que, cuando quiso adaptarse al medio en que debí a desarro-
liarse, lo hizo en forma arti fi ci al y mecáni ca, trasplantando
si n meditarlas las consignas de los maestros del socialismo
L E Ó N TROTS KY Y W A L L S TRE E T
71
p¿: a ios paí ses i mj >eri al í stas, si n adaptarl as a las caracterí s-
ticas de l a Argenti na como paí s semí col oni al opri mi do;
"b) Que el terreno abstracto en que se desarrol l ó el movi -
miento fué un campo f érti l para los más i nverosí mi l es deva-
neáis doctri nari os y para l a f ructi f i caci ón de l a seri e de «ge-
nios» pseudo marxi stas que apareci eron aquí como «superado-
res- o «ref ormadores» de Mar x o de L eni n, de revi si oni stas
ocuitos o decl arados o de antí l eni ni stas. . . o de «maestros
marxi stas» que hay que tomar con reservas:
"c) Que en su mi smo i nternaci onal i smo abstracto —acen-
tuado por el ori gen extranj ero de gran parte de sus mi l i tantes,
que traí an l a mental i dad de su paí s i mperi al i sta de ori gen si n
adaptarse ni comprender los probl emas del paí s semí col oni al
fcn el que actuaban— si gui ó el cami no del soci al i smo ref ormi s-
ta, con el que tuvo tantos puntos de contacto, el cuc^l tampoco
hace di sti nci ón entre paí ses opri mi dos y opresores y deri vó de
él sus concepci ones sobre el carácter di rectamente soci al i sta
de l a Revol uci ón en l a Argenti na;
"d) Que el terreno abstracto, centri sta, pequeñoburgués en
que se desenvol ví a l o mantuvo compl etamente al ej ado del pro-
l etari ado —real i sta por excel enci a— y f ué l a causa pri nci pal
de su exi stenci a mezqui na y raquí ti ca en el seno de l a peque-
ñaburguesí a, de su l ángui do desarrol l o y de su fal ta de vi gor;
"e) Que ese carácter abstracto, pequeñoburgués, centri sta,
se muestra tambi én en el confusi oni smo, en l as constantes va-
ci l aci ones, en l a perpetua i rresponsabi l i dad, en l a estrechez
naci onal , en l a di sgregaci ón, en el amorfi smo, y en l a i nesta-
bi l i dad orgáni ca;
"h) Que toda l a exposi ci ón que hemos hecho demuestra,
además, no sól o i ndi genci a doctri nari a. . . si no tambi én con-
fusi oni smo respecto al carácter de l a revol uci ón en el paí s,
entremezcl ando l a revol uci ón democráti ca con l a soci al i sta, ne-
gando l a l i beraci ón naci onal . . ., atacando l a revol uci ón agrari a
anti i mperi al i sta, sosteni endo que en un paí s semí col oni al opri -
mi do el pri nci pal enemi go está dentro del propi o paí s y que
no es el i mperi al i smo; propi ci ando el derroti smo revol uci ona-
ri o en una guerra con éste, etcétera."
E l cuadro que hací a del movi mi ento trotskysta argenti no,
no era en nada peor del que podí a hacerse del movi mi ento
trotskysta sudameri cano, en pri mer térmi no del de Chi l e y
72 Q Uf. B R A C H o
Uruguay, particulai-mente del pri mero de estos paises donde
exi sti ó una "I zqui erda Comuni sta" (trotskysta) que contaba
con vari os representantes en el Congreso, l a quetermi nó por
ingresar en el Frente Popul ai ', fi nal i zando su l i der, el senador
Hi dal go, como mi ni stro chi l eno en Méxi co.
Pero, en realidad, el cuadro sudamericano no era más que
una cl ara evi denci a de l a indigente categorí a de todo el mo-
vi mi ento trotskysta i nternaci onal , que, desde 1934, con Trotskv
a l a cabeza, habí a adoptado un rumbo defi ni do haci a l a derecha,
que tuvo como expresi ón concreta el l l amado "vi raj e francés",
el cual, a su vez, era una evi denci a del retroceso del movi mi ento
revolucionario del proletariado mundi al , a consecuencia del
triunfo del fascismo en Al emani a el año anterior, retroceso que
tambi én habí a hal l ado mani festaci ón en el cami na oportunista
del Frente Popul ar tomado por el stal i ni smo.
Pero el "viraje francés", que luego setransf ormó en viraje
internacional, por el queL eón Trotsky arri ó sus banderas, di -
sol vi ó sus cuadros y resol vi ó que los mi embros deéstos i ngre-
saran en masa en los Parti dos de l a Soci al democraci a, afi l i ada
a l a Segunda I nternacional —partidos de los que él mi smo ha-
brí a de expresar conceptos como estos: " El Parti do Soci al i sta
no es xin Parti do obrero ni en rel aci ón con su pol í ti ca ni su
composi ci ón social. Es un Parti do del nuevo estado medi j
(funcionarios, servidores ci vi l es, etcétera) y en parte de l a pe-
queña burguesí a y aristocracia obrera" fWhi tfi er France? New
Y ork, 1936, pág. 42)—, no fué aceptado por los mejores el e-
mentos que se contaban en lasfilas de esa vanguardi a, quienes
rechazaron l a nueva ori entaci ón de Trotsky y pasaron, desde
entonces, a combati r lo que l l amaban ahora el "trotskysmo".
En este caso se encontraba, en pri mer térmi no, Al bert Wei s-
bord, revol uci onari o norteamericano, de ampl i a i nformaci ón
marxi sta, quehabí a formado parte del C. C. del P. Comuni sta
de los Estados Uni dos y habí a di ri gi do, luego, l a huel ga de los
obreros textiles en Passaic, años antes. Wei sbord, que encabe-
zaba l a Communi st L eague of Struggl e, como al a i zqui erda del
movi mi ento Comuni sta I ntemaci onal i sta de los Estados Uni dos,
del que era el al a derecha l a oportuni sta Ameri can Communi st
League, encabezada por J ames P. Cannon y Max Shatchman,
decí a en el número de novi embre de 1934, de "Cl ass Struggl e",
órgano de l a Communi st L eague of Struggl e, bajo el tí tul o
L E Ó N T ÜOT S KY Y W A L L S TRE E T
"Rompemos con Trotsky", l o siguiente: "L a Oposi ci ón de I z-
qui erda I nternacional, encabezada por León Trotsky, se está
desintegrando. Está sui ci dándose con su i gnomi ni osa pol í ti ca
de arrastrarse hacia los partidos Socialistas y reformistas, como
lo está haciendo en los tres pri nci pal es paí ses. L a L i ga fran-
cesa ha ingresado ai Parti do Soci al i sta de Franci a, i ncondi ci o-
nalmente y como i ndi vi duos. L a L i ga bri táni ca ha reci bi do l a
orden de ingresar al Parti do Labori sta I ndependí ente y, ante
Ja negati va de l a mayorí a de seguir esa orden de Trotsky, l a
mi norí a fué separada y mandada, al Parti do Labori sta I nde-
pendiente de todos modos. En los Estados Uni dos, l a L i ga norte-
ameri cana (gi-upo Cannon) se está uni endo al Parti do Obrero
Norteameri cano, de Muste. Como lo escri bi ó Trotsky reci en-
temente: «Nosotros admi ti mos honestamente que nuestra or-
gani zaci ón es demasiado débi l para desempeñar, por sí mi sma,
un papel independiente y prácti co en ias luchas que se ave-
ci nan».
" Para los stalinistas esta capi tul aci ón de Trotsky al men-
chevismo y reformi smo era, hace mucho, una concl usi ón pre-
vista. Para ellos Trotsky está revi vi endo su vi ej a caracteri za-
ci ón de «renegado centrar revol uci onari oa. Para nosotros, si n
embargo, este colapso del trotskysmo es sól o parte de l a terri bl e
capi tul aci ón de las fuerzas revol uci onari as de que ha sido
testigo Europa. E l hecho es que la vi ctori a del fascismo en
Europa Central y su gran surgi mi ento por todas partes, ha
l anzado l a totalidad del movi mi ento revol uci onari o a una te-
rri bl e confusi ón y derrota. Si el gran general Trotsky ha con-
duci do su ej érci to del Parti do Comuni sta al Parti do Soci al i sta,
esto es sólo una parte del colap.so total de ambos partidos So-
cialista y Comuni sta.
" No es el caso que los stalinistas vengan a gri tar gozosa-
mente: «Ya l o habí amos di cho», porque es cl aro como el dí a
que l a I nternaci onal Comuni sta está muerta como una fuerza
j evol uci onarí a, habiendo sido cerrado su perí odo de degene-
raci ón (1924-1932) con el perí odo de colapso señal ado por l a
naás negra cobardí a y trai ci ón en el fracaso de l uchar contra
l a vi ctori a de Hi tl er. Compl etamente impotente en las revol u-
ciones en España y Austri a, habiendo destruido toda apari en-
ci a de democraci a prol etari a en l a Uni ón Sovi éti ca, y que-
brantado y paral i zado a l a clase trabajadora en todo el mxmdo,
Q U E B R A C H O
si n haber convocado más que un soi o Congreso en medi o de
acontecimientos más trascendentales, l a I nternaci onal Comu-
ni sta está condenada a ser una fuerza contrarrevol uci onari a
que uti li za la Revol uci ón rusa contra l a revol uci ón mundi al ,
los soviets rusos para evi tar los sovi ets y l a vi ctori a del prol e-
tariado en otras partes.
" En cuanto a l a Segunda I nternaci onal, tambi én está muer-
ta—no como una fuerza revol uci onari a, porque como tal muri ó
hace vei nte años, en 1914, al estallar l a guerra mundi al — si no
aún como una fuerza contrarrevol uci onari a ha sobrevi vi do su
uti li dad. No son los Soci ali stas que rehusan ayudar a los capi •
talistas, son los capi tali stas, empujados contra el muro de un
sistema económi co agoni zante, qui enes desechan a los Soci al i s-
tas y uti li zan otros agentes menos costosos...
" . . . L a funci ón de una nueva I nternaci onal Comuni sta debe,
desde el pri nci pi o, evi tar cual qui er forma de transformarse en
un refugio para los centri stas y ser una I nternaci onal Segunda
y medi a que i ntentarí a conci l i ar las di ferenci as entre los cen-
tristas oportuni stas por un lado y los verdaderos revol uci ona-
rios por el otro. L a fusi ón con los parti dos centri stas, l i qui dando
así la acci ón i ndependi ente, es una pol í ti ca completamente i m-
posible para los Comuni stas I nternaci onal es...
". . .L a tarea de construi r una nueva I nternaci onal no será
fáci l. Su formaci ón puede ser lograda solamente en el curso
de un largo y duro proceso de esci si ones tanto en los Parti dos
«Soci ali stasí como '.«Comuni stas». El núcl eo revol uci onari o
debe permanecer i ntacto con el fi n de atraer esos elementos
hacia si . En muchos aspectos l a tarea será mucho más di fí ci l
hoy que en los dí as de Leni n. Podemios vol vernos haci a la
si tuaci ón que encaró Leni n en los años 1914-1919 para apreci ar
la enorme di ferenci a entre el l eni ni smo y el trotskysmo...
" . . . Hoy la si tuaci ón es completamente di sti nta. Es mucho
más di fí ci l transformar los Parti dos Soci ali stas en verdaderas
organizaciones revoluci onari as. Tanto en el aspecto objeti vo
como en el subjeti vo las condi ci ones demuestran que se pre-
senta ante nosotros un trabajo mucho más duro en muchos as-
pectos. El presente quebranto de l a economí a no puede ser
comparado en i ntensi dad con l a si tuaci ón durante e i nmedi ata-
mente después de l a guerra 1914-18. L a amenaza del fasci smo
no puede ser comparada con el horror de una guerra ya expe-
L E Ó N T ROT S KY Y W A L L S TRE E T
75
ri i ri entada y que ya ha di smi nui do enormemente l a pobl aci ón.
L a ol a revol uci onari a ha dado lugar a un avance agresivo de
l a reacci ón. Si nos vol vemos haci a l a Uni ón Sovi éti ca vemos
que L eni n ha sido reemplazado por Stal i n y que no es más el
bol chevi smo i ntemaci onal i sta el que predomi na, sino el mayoí '
oportuni smo y pesi mi smo centrista. L as circunstancias que
fueron capaces de transformar a los grupos centristas en revo-
luci onari os, no exi sten hoy como en 1919.
" A demás de todo esto no podemos ol vi dar l a hi stori a del
movi mi ento revol uci onari o en los úl ti mos 2 años. L a formaci ón
de l a I nternaci onal Comuni sta y las luchas mutuas entre los
Parti dos Socialistas y Comuni stas, bajo L eni n, qui taron pe-
ri ódi camente sus mejores elementos revol uci onari os a los Par-
tidos Socialistas. Todo lo que quedó de ellos fué, pri nci pal men-
te, un esqueleto pequeñoburgués. Si los obreros si gui eron a los
Parti dos Socialistas, no fué con el fi n de l l egar al socialismo,
sino de obtener reformas sociales. Ci ertamente, hoy, después de
todos estos años, aunque una nueva generaci ón ha crecido, no
puede decirse, a pesar del espantoso fracaso de l a I nternaci onal
Stali ni sta, que los obreros revol uci onari os no saben sobre qué
fue l a di sputa y no conocen el verdadero significado de los
Parti dos Socialistas. Tal opi ni ón muestra una l amentabl e des-
esti maci ón de l a clase trabaj adora. . .
" . . .Es cuando Trotsky menci ona a Marx y a L eni n que se
eleva a las mayores alturas de l a audaci a. Escri be que L eni n
habí a aconsejado, en un momento, al parti do Comuni sta, de
I nglaterra, i ngresar en el parti do L abori sta. ¡Qué evidente
deshonestidad nos muestra este ejemplo! Trotsky sabe muy
bi en que el parti do L abori sta de I ngl aterra era un& organi za-
ción l axa a l a que el Parti do Comuni sta podí a uni rse, pero
conservar su derecho de crí ti ca y su organi zaci ón intacta. Si no
lo dice di rectamente, Trotsky da a entender l a menti ra de que
L eni n favoreci ó l a l i qui daci ón del parti do Comuni sta i ngl és y
que el Parti do L abori sta si gni fi có el fi n del Parti do Comuni sta.
Nada puede estar más lejos de l a verdad qua esto,
" L o mi smo ocurre con el ejemplo de Marx. En sus dos con-
ferencias en l a L i ga Comuni sta, en 1850, Marx recal có l a tre-
menda i mportanci a de l a separaci ón del prol etari ado de l a
pequeñaburguesí a y del Parti do Comuni sta del Democráti co.
Nunca Marx abandonó esta organi zaci ón independiente. A gre-
76 Q U E B R A C H O
guemos que. en esa época, era necesario ayudar a l a l ucha de!
capitalismo democráti co contra el feudalismo y sus resto^. E l
proletariado aún no estaba maduro para tratar de tomar el
poder por su propio derecho. ¡Cuan diferente es l a si tuaci ón
hoy, cuando la di ctadura del proletariado se ha sobrepasado
hi stóri camente! Entonces eran los partidos del progreso los
que l i mpi aban el cami no entre el capi tal y el trabajo. Hoy l a
lucha ha llegado a su punto culminante. Y , ¿no es acercarse a
ser un renegado i mpul sar al partido proletario a que se l i qui de
y entre en el partido democráti co?. . .
" . . .Fi nal mente, todos saben ahora que Trotsky organiza un
grupo revol uci onari o sól o para l i qui darl o cuando llega el mo-
mento del combate. ¿Qui én puede confiar ahora en él ? ¿Qui én
buscará unirse a ese grupo y dar su vi da por él ? Un l í der que
no puede di sti ngui r entre l a tácti ca que puede cambi ar en
cualquier momento y l a bási ca estrategia, un comunista que
declara que l a organi zaci ón de vanguardi a debe ser abando-
nada en beneficio del «trabaj o de masas», sól o puede traer
rui na a l a totalidad del movi mi ento revolucionario. Que ese
l í der pueda ser Trotsky muestra cuan correcto era el j ui ci o
sobre el de que era bueno en tiempo de ascenso revol uci onari o
y bajo fi rme control, y podrido en perí odos de derrota y de-
sastre."
Pero esta reacci ón provocada en los Estados Uni dos frente
al "viraje francés", tambi én fué i mi tada en algunos paí ses do
Europa por otros pequeños grupos de conjunistas i nternaci ona-
listas. Al gunos militantes alemanes del "Unser Wort", por
ejemplo, en una decl araci ón del 20 de setiembre de 1934, pu-
blicada en el número de enero de 1935 de "Cl ass Struggle",
New Y ork, expresaban: "Tal tácti ca, l l evada a cabo en mo-
mentos tan inoportunos, es sostenida con argumentos que f al -
sean l a verdadera si tuaci ón. Este falseamiento de l a si tuaci ón
casi inevitablemente envuel ve un falseamiento de pri nci pi os y
l l eva a una pol í ti ca que sirve a aquellos que se oponen al mo-
vimiento revol uci onari o"... " L a propaganda por el «gran
paso adel ante» del partido unificado, en l ugar de l a l ucha con-
tra las peligrosas ilusiones sobre l a base de las experiencias
húngaras y austrí aca, en lugar de l a l ucha por un frente úni co
de acción, es l a más completa capi tul aci ón frente al centrí smo
en sus clásicas formas, el abandono traidor del l eni ni smo y el
L E Ó N T ROI S KY Y W A L L S TRE E T
77
extraví o mayor para los obreros que se pueda concebir en este
momento"... (Class Straggle. New Y ork, november 1934.)
Tambi én en Franci a —donde ya una f racci ón denomi nada
"Acci ón Comuni sta" se habí a separado, en 1933, de las filas
trotskystas en desacuerdo con l a forma, que consideraba opor-
tunista, de encarar l a f ormaci ón de l a Cuarta I nternaci onal —
el grupo "Acci ón L eni ni sta", así como otro enBél gi ca, se ne-
garon a ingresar en los Parti dos Socialistas.
Mi entras tanto, en los Estados Uni dos, l a Ameri can Commu-
nist League, trotskysta, bajo l a di recci ón de J . P. Cannon, se
unificaba con el Ameri can Workers Party, un organismo de
carácter l i beral y nacionalista, di ri gi do por el ex pastor Muste,
parti do que aspiraba a ser "genuinamente americano". De esa
uni f i caci ón surgi ó el Workers Party, del que f ué designado
secretario general el ex pastor Muste.
Respecto a esta sorprendente fusi ón decí a l a Communi st
League of Struggle, por boca de Al bert Wei sbord: "Mano a
mano con l a vergonzosa capi tul aci ón de Trotsky y del Secre-
tariado I nternacional, el grupo de Cannon, como ratas dejando
el barco que se hunde de l a Revol uci ón, tambi én han di spara-
do". .. " El grupo de Cannon ha abandonado l a organi zaci ón
y di recci ón i nternaci onal ; sus secciones hermanas han hui do
hacia las organizaciones reformistas; ha perdi do suprograma
y sumoral . De sujactancia de ser l a Oposi ci ón de I zqui erda
del Parti do Comuni sta ha quedado reducido a jactarse de ser
l a Oposi ci ón de I zquierda del Parti do Soci al i sta"... " El grupo
de Cannon está llegando a sufi nal . A pesar de suadhesi ón a
los Comunistas I ntemacionalistas, desde el pri nci pi o l l evamos
una l ucha incesante para exponerlo como unfalso grupo cen-
trista <;de i zqui erda» que uti l i zaba a Trotsky como una máscara
para cubri r susectarismo de derecha'".. . "L a uni f i caci ón del
grupo de Cannon con el Ameri can Workers Party, de Muste,
es un acto f i nal de l í qui dací oni smo menchevique. Del l eni ni s-
mo al campo de l a contrarrevol uci ón, tal es el digno cami no
de l a Ameri can League." (Class Struggle. New Y ork, enero
de 1935.)
Ese mi smo año, respondiendo a una i nvi taci ón cursada por el
Secretariado de l a L i ga Comuni sta I ntemaci onal i sta a f i n de
que se adhi ri era al l l amado hecho en l a "Carta para l a f orma-
ci ón de l a Cuarta I nternaci onal ", l a Communi st L eague of
78
Q U E B R A C H O
Struggle, através de su secretario, respondi ó: "L aCommuni st
League of Struggl e opi naque unaCuartaI nternacional puede
ser úti l al aclase trabajadora úni camente en el caso que
represente un verdadero avance comunistaen l ateorí ayen l a
prácti ca sobre las I nternacionales Soci al i sta yStal i ni sta.
" Con l aqui ebradeambas I nternacionales yel surgimiento
del fascismo, todaclase degrupos centristas sepresentan cl a-
mando por unanueva I nternacional . Esos grupos no son gru-
pos marxistas revol ucionarios intransigentes sino organi zaci o-
nes intermedias quepueden conversar respecto aunanueva
I nternacional, pero en laprácti ca tienen todos los vicios pol i -
ticos de laSegunda yTercera. En real i dad esos grupos pro-
testan por ladestrucci ón por parte del fascismo de las orga-
nizaciones reformistas, más bi en quel l evan unal uchasin
compromisos para acabar con el capital ismo. Esos grupos con-
ciben l aCuarta I nternacional como un l ugar dereposo para
todos los grupos centristas, así como elementos ami tadde
camino delos partidos Social ista yComuni sta.. .
" . . - En rel aci ón con esto debemos declarar que los trotskys-
tas han hecho al movi mi ento revol uci onari o mundi al un seña-
lado perjuicio l i qui dando su organi zaci ón en Franci a, en I n-
glaterra, en Bél gi cayen todas partes yenvi ando sus secciones
dentro de los Partidos Socialistas con l ai l usi ón de que ios
Partidos Socialistas pueden ser «reformados». Se haperdi do
un tiempo precioso mientras los trotskystas se han expuesto
como centristas oportunistas de l apeor especie. . .
". . .Como Comunistas I ntemacional istas estamos por l auni -
daddetodos los genuinos internacionalistas en un nuevo centro
y nosotros mismos estamos haciendo esfuerzos para formar
uno que l evantará como condi ci ón previ al aruptura con todos
los grupos afiliados alos Socialistas, Stal inistas yTrotskys-
tas centristas ysu pol í ti ca.' (Class Struggle. New Y ork, 1935.)
Por esetiempo, el Workers Party, de los Estados Uni dos
—que habí a tenido unavergonzosa actuaci ón en l ahuel ga
automovi l í sti cadeToledo (Ohi o)—, comenzabaadesintegrar-
se bajo l ai nfl uenci a pri nci pal de l afracci ón Cannon- Shatch-
man y, buscando un nuevo camino resol vi ó seguir el rumbo
del trotskysmo i nternaci onal , ingresando en el podri do Parti do
Social istanorteamericano, di ri gi do por Norman Thonrvas.
] j E u N TROTS KY Y \ A I, I. S TRE E T
79
TaiTibién aquí , como en Europa este paso fué resistido por el
aia i zqui erda, encabezada por Hugo Oehl er y T. Stamm, que
fué separada del Worl í ers Party pasando a formar l a "Revol u-
ti onary Workers League", a fines de 1935. Esta fracci ón tuvo
como ói-ganos a "Fi gthi ng Worker" y uno en español , " C l ari -
dad Prol etari a", que antes edi tara el W. P. En l a pri mera Con-
ferencia Naci onal de l a R . W. L ., reuni da en febrero de 1936,
en Chi cago, se di scuti ó una tesis; " El cami no a l a Cuarta I n-
leí nacional y l a L i ga Comuni sta I ntemaci onal i sta", en l a que se
decí a: " L a tarea central de nuestros tiempos es el agrupa-
miento de los cuadros revol uci onari os dentro de un parti do
marxi sta según ideas y métodos de Leni n. Esto es, en nuestros
dí as, el úni co camino haci a l a conquista de las masas y haci a
el derrocamiento de l a sociedad capitalista. El parti do de la
revol uci ón prol etari a sól o puede ser un parti do i nternaci onal
formado por secciones nacionales centralizadas bajo control
de un centro mundi al que guí e, di ri j a y coordine l a l ucha
para derri bar el capi tal i smo, l ucha que avanza por el sendero
de l a revol uci ón pernwi ente tanto en los paí ses i mperi al i stas
como en los paí ses coloniales y semicoloniales. Después dei
fracaso de l a Tercera I nternaci onal que se ha pasado a las
filas del i mperi al i smo, los cuadros revol uci onari os sól o pueden
reagruparse dentro de una nueva i nternaci onal que, basándose
en las enseñanzas de Marx, L eni n y l a Revol uci ón Permanente,
esté aparte y sea distinto e independiente, pol í ti ca y orgáni ca-
mente, de todos los demás partidos, grupos y tendencias del
movi mi ento obrero mundi al . Esto si gni fi ca hoy dí a l a consigna
de l a Cuarta I nternaci onal ".
Más adelante, agregaba: " L a doctri na l eni ni sta apl i cada al a
construcci ón de l a Cuarta I nternaci onal gi raba alrededor de l a
L i ga Comuni sta I ntemaci onal i sta, y al éxi to o fracaso de l a pol i -
tica de ésta. L a L . C. I. fué l a úni ca fuerza marxi sta mundi al ,
puesto que los conceptos bási cos de Marx y de Leni n se encon-
traban en su programa; conceptos que tendrá que adoptar l a
Cuarta I nternaci onal en su programa. L a L i ga Comuni sta I n-
temaci onal i sta consti tuí a el cuadro bási co para l a Cuarta I nter-
nacional, el embri ón i nternaci onal del parti do l eni ni sta mun-
di al de nuestros dí as, el úni co foco de uni dad revol uci onarí a".
Y agregaba: " L a i ncapaci dad del movi mi ento haci a l a Cuarta
I nternaci onal de avanzar más al l á del "Pacto de los Cuatro"^
80 Q U E B R A C H O
se debe, esencialmente, a l adecadencia, desi ntegraci ón yfra-
caso de l aL i ga Comuni sta I ntemaci onal i sta como resul tado
directo yfatal de su nueva ori entaci ón. Esta, a su vez, es un
reflejo de l adesmoral i zaci ón general queempezó a i nfi l trarse
en el movi mi ento obrero mundi al después de las derrotas en
Al emani a yAustri a".
Y . luego decri ti car el proceso dedegeneraci ón de l aL i ga,
parti cul armeni e el "vi raj e francés", resol ví a: "a) Adoptar l a
l í nea proscri pta por L eni n para l l evar acabo l aedi fi caci ón de
l a I nternaci onal ... c) Rechazar teóri ca, pol í ti ca y orgáni ca-
mente el régi men burocráti co de l aL i ga Comuni sta I ntema-
cionalista ydel Workers Party delos Estados Uni dos. . . g)Re-
organizar l aComi si ón deContacto, etc., etc.". (Cl ari dad Prole-
taria, Segunda Epoca, W1. New Y ork, febrero de1936.)
En el proyecto dePrograma discutido yaprobado en l aSe-
gunda Conferenci a de l aRevol uti onai 'yWorkers L eague, re-
uni da en Chi cago, en di ci embre de1937, al hacer el anál i si s
de las distintas tendencias, refi ri éndose al "trotskysmo cen-
tri sta", decí a: "Baj o l adi recci ón deTrotsky, l aOposi ci ón de
I zqui erda fué el al amarxi sta de l aComí ntern. Después de su
expul si ón en 1927-28, l aOposi ci ón deI zqui erda I nternaci onal
conti nuó l al ucha por el marxi smo. Pero errores en el terreno
de l aorgani zaci ón tuvi eron l ugar en l amayor escala en l a
Oposi ci ón. . . Pero el cambio decisivo del marxi smo al cen-
trí smo ocurri ó tras de l aderrota en Al emani a yse expresó
en el "viraj e francés" que lesi gui ó, cuando l amayor parte
de las secciones trotskystas sel i qui daron en los organismos de
l a Segunda I nternacional sobre l a base revi si oni sta de que l a
socialdemocracia podí a llegar a ser un i nstrumento de l arevo-
l uci ón proletaria. Desde este momento todos los conceptos
básicos del marxi smo fueron revisados: el rol del Parti do, l a
cuesti ón del derrotismo revol uci onari o, el rol del Estado, de l a
dictadura del proletariado yunnúmero deotros puntos fun-
damentales. L os trotskystas, aunque todaví a aspi ran a una
Cuarta I nternacional, sólo pueden formar unaI nternaci onal
centrista, si es quel l egan aformarl a después detodo. El mo-
vi mi ento trotskystta no puede ser uti l i zado como i nstrumento
de l arevol uci ón prol etari a; es unobstácul o para el l a. Afi l i arse
o l i qui darse en los organismos trotskystas es unacapi tul aci ón
y unarevi si ón del marxi smo". (Draft Programof the Revo-
L E Ó N T K O T S K Y Y W A L L S T B E E T
81
'uüonary Workers League of the United States-Issued by the
Political Commitee. Chi cago, III, 1939.) LaRevol uti onary
Workers League f undó una"Comi si ón Internaci onal de Con-
tacto por unaNueva (4^) Internaci onal Comuni sta", con el
objeto deconstruir ésta sobre bases revol uci onari as, frente a
la Cuarta Internacional centrista quehabl an fundado en 1938
los trotskystas, lo cual tambi én i ntentó realizar si néxi to l a
Communi st League of Struggl e, deA . Wei sbord. LaComi si ón
Internacional deContacto por unaNueva (4^) Internaci onal
pl anteó 14puntos bási cos, comenzando a editar un órgano,
"International News", en Chi cago, en setiembre de1939.
A mediados de1938, l aRevol uti onary Workers League se
r.sbí a di vi di do en dos grupos con el mi smo nombre, uno que
editaba el peri ódi co "The Marxi st", bajo l ai nspi raci ón de H.
Oehler, en Chi cago, y otro quepubl i caba "Re\'ol t", di ri gi do
por T. Stamm, en Detroi t.
E l pri mer grupo, en unaresol uci ón sobre l af ormaci ón de
una nueva Internacional que aparece publ i cada en "The
Marxi st", Chi cago, abri l de 1939, decí a: " E l movi mi ento
trotskysta que, por decreto papal , hace pocos meses, f ué trans-
formado de movi mi ento "Por l a Cuarta Internaci onal " en
"Cuarta Internaci onal ", es en l amayorí a de los paí ses, un
organismo en el papel. Desde l aderrota en Al emani a y el " vi -
raje f rancés" (ori entaci ón haci a l aSegunda Internaci onal y
l i qui daci ón en el l a), Trotsky y sus adeptos se han desplazado
rápi damente haci a l aderecha en unatentati va desesperada de
mantenerse cerca del movi mi ento stalinista y conservar su
funci ón de "crí ti cos de i zqui erda"... E l trotskysmo es una
fuerza pol í ti ca sin esperanzas. No puede ser reformado o ga-
nado. Debe ser combati do si n pi edad para abri r el cami no
para unanueva (4^) Internaci onal Comuni sta". Y, bajo el
titulo: " E l pri nci pal enemigo es el i mperi al i smo", decí a: " La
tarea central denuestros dí as es reuni r los cuadros revol uci o-
narios en unanueva (4^) Internaci onal comuni sta. Si ello va
a servir los intereses unificados del proletariado, debe ser en-
carado sobre l a base de l ai ndependenci a pol í ti ca y organi zati va
de iodos los otros partidos, de l aacci ón independiente, declase
del proletariado. Debe l uchar contra el capitalismo como su
principal enemAgo. E l trabajo deedificar l ai nternaci onal revo-
l uci onari a no puede ser considerado si mpl emente como una
82 Q U E B R A C H O
l ucha contra el stal i ni smo yel trotskysmo. Esas fuerzas cen-
tristas yreformistas deben ser desenmascaradas ycombatidas,
pero sól o como una partedel al ucha contra el capi tal i smo.
Encarar lo que es esencialmente una parte —concentrar la
lucha principal contra el stalinismo—es negar la lucha contra
el todo".
Y, agregaba: "La I nternaci onal (4?)Comuni sta no existe
hoy. En las circunstancias actuales «procl amar» l aI nternaci o-
nal será, en el mejor delos casos, unapostura parecida al
aventuri smo deTrotsky (qui en procl amó uña I nternaci onal
centrista). Pero las bases pueden ser colocadas".
Por su parte, el grupo deStamm, bajo el tí tul o de"Pal abras,
palabras, pal abras", refi ri éndose a l aanunci ada procl amaci ón
del aCuarta I nternaci onal trotskysta ya su congreso defun-
daci ón, decí a: "El movi mi ento obrero, internacional mente, no
supo nada acerca del Congreso antes dequetuvi era l ugar y
mientras sesi onaba..- Sol amente cuando termi nó las masas
trabajadoras yopri mi das del mundo supi eron del a auto de-
si gnaci ón del adi recci ón del arevol uci ón mundi al veni dera.
Los obreros pueden tomarl a o dej arl a: es unapredi cci ón se-
gura queno harán caso deel l a". .. "Los trotskystas nunca han
conducido grandes movimientos de masas y nunca lo harán.
Por una muy buena razón: las masas se mueven contra el sis-
tema capitalista y sus injusticias. Los trotskystas están pre-
ocupados con algo más. Desde 1927-28. cuando Stal i n dio
muerte a l aoposi ci ón deTrotsky, vi ven solamente para una
cosa, como los capitalistas franceses después del aderrota por
Al emani a en l a guerra de1871. Qui eren l arevancha, destrozar
al stal inismo; son anti stalinistas, pri meramente, úl ti mamente
y en todo ti empo; l uchar contra el stal i ni smo es su pri nci pal
y úni co trabajo; son especialistas en exponer al stal i ni smo.
Pero son peores queun aficionado en construi r un movi mi ento
revol uci onari o para l uchar contra el sistema capital ista. Su
organi zaci ón es unobstácul o en esecami no". (Reuol t, 12,
Detroit, novi embrede1938.)
Mi entras tanto, el Workers Party, delos Estados Uni dos,
quesehabí a disuel to ingresando sus mi embros en el Parti do
Social ista norteamericano, seseparaba ahora deesteorgani smo
para constituir el Soci al i st Workers Party, teniendo como
Secretario general a J ames P. Cannon ycomo principale.s teó-
L E Ó N T ROT S KY Y W A L L S T RE E T
83
ricos aMax Shatchman y aJ ames Burnham, recogido, este
úl ti mo, de l as fi l ss del Ameri can Workers Party, del ex pastor
Muste. Como una de l as expresiones de su carácter, el Soci al i st
Workers Party estaba organizado por centros, como el soci a-
l i smo reformi sta, y no sobre l abase de cél ul as, de acuerdo con
los pri nci pi os de l aorgani zaci ón l eni ni sta. L eón Trotsky reci -
bió con verdadero al borozo l af ormaci ón del S. W. P. yal efecto
escri bi ó un artí cul o que termi nabacon un ; " V i va el Soci al i st
Workers Party de ios Estados Uni dos!"
Y , haciendo un bal ance del movi mi ento que encabezaba, en
agosto de 1938, en un artí cul o bajo el tí tul o: " L a f undaci ón
de l aCuartaI nternaci onal ", el mi smo Trotskyescri bí a: '"L a
«Oposi ci ón de I zqui erda» rusa se creó hace 15años. No l l egan
a 10años en los que se haefectuado un trabajo correcto en
escal ai nternaci onal . L ahi stori adel movi mi ento precursor de
l a CuartaI nternaci onal se di vi de propi amente en tres etapas.
En el curso del pri mer perí odo, l a"Oposi ci ón de I zqui erda"
todaví a tení a esperanza en l aposi bi l i dad de regenerar" l a
Comi ntern y se consi deraba así mi smacomo su f racci ón mar-
xista. L arepugnante capi tul aci ón de l aComi ntern en A l ema-
nia, aceptadatáci tamente por todas sus secciones, pl anteó cl a-
jamente el probl ema de l anecesidad de l acreaci ón de l aCuar-
taI nternaci onal . Si n embargo, nuestras pequeñas organi zaci o-
nes, habiendo crecido através de l asel ecci ón i ndi vi dual en el
proceso de l acrí ti cateóri ca, prácticamente al margen del mo-
vimiento obrero, resul taron por sí mi smas i nsufi ci entemente
preparadas, por el momento, paraunaacti vi dad i ndependi ente.
El segundo perí odo se caracteri zapor l os esfuerzos paraencon-
trar un verdadero campo pol í ti co para esos aisl ados grupos
propagandistas, aunque fuese sacri fi cando momentáneamente
l a i ndependenci aformal . L aentrada en los Parti dos Social istas
aumentó i nrrxedi atamenté nuestras fil as, yaunque no fué tan
grande el número de l os nuevos mi embros como pudo haber
sido, estaentrada fué unai mportantí si ma etapa en l aeduca-
ción pol í ti ca de nuestras seccione.-;, l as que sometieron aprueba
tanto asus organizaciones como asus ideas cara acaracon l as
real idades de l al uchapol í ti ca y sus vi vas necesidades. Como
resul tado de l aexperi enci aadqui ri danuestros cuadros ganaron
mucho. Un tri unfo nadadespreciabl e fué tambi én el hecho de
habernos desembarazado do sectarios i ncorregi bl es, confusi o-
84 Q U E B R A C H O
nistas y embaucadores que acostumbran sumarse a todo nuevo
movi mi ento en sus comienzos, con el solo propósi to de com-
prometerl o y paral i zarl o.
" Las etapas del desarrollo de nuestras secciones en los di fe-
rentes paises no pueden, por supuesto, coi nci di r cronol ógi ca-
mente. Si n embargo, l a creaci ón en los Estados Uni dos dol
Parti do Soci al i sta Obrero (Socialist Workers Party) puede ser
considerada como el fi n del segimdo perí odo. De aquí en ade-
lante confrontan cara a cara a l a Cuarta I nternaci onal las
tareas del movi mi ento de masas. El programa del perí odo de
transi ci ón refleja este i mportante viraje. Su i mportanci a reside
en que, en vez de ser un pl an teóri co a pri ori , es el balance de
l a experi enci a naci onal de nuestras secciones y de que, basán-
dose en esta experiencia, abre perspectivas mternacionales más
amplias.
" L a aceptaci ón de este programa, preparado y asegurado
previ a extensa di scusi ón, o mejor dicho, por toda una serie
de discusiones, representa nuestra conquista más importante.
L a Cuarta I nternacional es ahora l a úni ca organi zaci ón i nter-
naci onal que no sólo toma en cuenta con toda cl ari dad las
fuerzas generatrices de l a época i mperi al i sta, sino que está
armada con un sistema de demandas transitorias capaces do
efectuar la uni ón de las masas por l a conquista revol uci ona-
ri a del poder. No tenemos que engañarnos. L a di screpanci a
presente entre nuestras fuerzas y las tareas del futuro cercano,
es comprendida con mucha mayor cl ari dad por nosotros que
por nuestros crí ti cos. Pero l a ri gurosa y trági ca di al écti ca de
nuestra época trabaja en nuestro favor. Arrastradas la.': ma-
sas al úl ti mo extréhi o de exasperaci ón e i ndi gnaci ón, no encon-
trarán otra di recci ón que l a Cuarta I nternaci onal ".
Y , en artí cul os posteriores de su profusa producci ón anun-
ciaba enfáti ca y repetidamente: " A l cumpl i rse el centenario
del Mani fi esto Comuni sta (1948) l a Cuarta I nternaci onal será
l a fuerza revol uci onari a dominante en el mundo entero".
V - L E O N TROTSKV EN MEXICO
Seguramentej amás sospechó Trotsky que al guna vez l l egarí a
a resi di r en l a A méri ca L ati na y, menos aún, que mori rí a en
ella. Qui zás l a pri mera i nf ormaci ón de l a exi stenci a de estos
paí ses l a tuvo, en su i nfanci a, según l o cuenta en " M i vi da", el
di a que su padre, campesino ruso, vi no todo ensombreci do
comentando: "Di cen que. . . ¿cómo se l l ama?. . . ah, si, l a
Argenti na, ha lanzado esteaño al mercado mucho tri go". Pero,
en verdad, nunca tuvo ocasi ón de ocuparse luego de l a A mé-
rica L ati na y, de acuerdo con el testimonio del delegado soci a-
lista argentino que lo conoci ó en Europa antes de l a guerra
de 1914 (que publ i camos en las pri meras pági nas) , los probl e-
mas lati noameri canos apenas i nteresaban a este "publ i ci sta
europeo".
Pero, después de su meteóri ca y espectacular ascensi ón a l a
fama, al uni r su nombre al de L eni n en l a conducci ón de l a
Revol uci ón de Octubre, y de su tambi én espectacular caí da,
acosado en Europa por l a persecuci ón del stali ni smo, Trotsky,
refugiado entonces en Noruega, reci bi ó como un regalo del
cielo l a noti ci a de que Méxi co, el lej ano Méxi co l ati noameri ca-
no, bajo el gobierno del general L ázaro Cárdenas, lo reci bi rí a
en su terri tori o. " ¿No será una trampa?", le comentó su esposa.
"No lo creo", escri be él que respondi ó, no muy convenci do.
Antoni o Hi dal go y el conocido pi ntor Di ego Ri vera, reñi do
con el stalinismo, habí an obteni do l a necesari a vi saci ón de su
pasaporte. Así fué como L eón Trotsky, embarcado en un pe-
trolero, l l egó a Tampi co (Méxi co) el 9 de enero de 1937. En el
puerto fué reci bi do por representantes destacados del gobi erno
y autoridades de l a pol i cí a que le hi ci eron l a más cordi al re-
cepci ón, acompañándol o en su viaj e a l a capi tal . E l mi smo
86 Q U E B R A C H O
Trotsky hace notar lacordi ali dad del tratami ento: " El poli cí a
noruego que nos devolví a los pasaportes observaba, mani fi es-
tamente molesto, lacortesí a con que nos trataba un jefe de
poli cí a mexi cano". ( L . T R O T S K Y . Les crimes de Stáline. Parí s,
1937, pág. 129.)
En Tampi co, para llevarlo a lacapi tal, lo esperaba un tren
•con "unvagón especi al puesto a nuestra di sposi ci ón —di ce
Trotsky— por el general Mu]i ca, representante del mi ni stro de
Ví as y Comuni caci ones. El contraste entre laNoruega septen-
tri onal y el Méxi co tropi cal no se hací a senti r úni camente en
el cli ma". (Id. i d., pág. 129.)
El contraste, en reali dad, no podí a ser mayor, parti cular-
mente cuando serecordaba que eranada menos que el lí der
de laL i ga Comuni sta Intemaci onali sta, movi mi ento quese
presentaba como vanguardi a del proletari ado revoluci onari o
mundi al, y "Por laCuarta Internaci onal" qui en erareci bi do
por lapoli cí a de unpaí s capi tali sta con todos los honores y con
la pompa reservada a sus huéspedes más i lustres. Y , para co-
rresponder a tanta atenci ón, allí mi smo, en Tampi co, L eón
Trotsky fué hasta el telégrafo y despachó un mensaje al presi -
dente Cárdenas agradeci endo su hospi tali dad y rei terando su
i ntenci ón de abstenerse totalmente d-? i nterveni r en los asun-
tos i nternos del paí s que lo reci bí a.
A ún más. una vez en lacapi tal deMéxi co, según él mi smo
escribe, "Hi ce público que lu acción de la secci ón Tnexican.a d>;
la Cuarta internacional no empeñaba en ninguna forma mi
responsabilidad. Daba demasi ado valor a mi nuevo asi lo para
permi ti rme lamenor i mprudenci a. A dvertí , al mi smo ti empo,
a mi s ami gos deMéxi co y de los Estados Uni dos, que eranece-
sari o encarar una«defensa» enteramente extraordi nari a de
parte de los agentes deStali n en los dos paí ses". ( L . T R O T S K Y ,
Les crimes de Staline. Parí s, 1937, pág. 131.)
Así fué como L eón Trotsky sei nstaló en laci udad deMéxi co,
en el suburbi o deCoyoacán, habi tando en unacasa proporci o-
nada por Di ego Ri vera y preocupado úni camente por laacci ón
de los agentes deStali n, qui en seguí a haci endo desfi lar por el
patí bulo levantado enMoscú, como en unaverdadera parada
macabra ,a los últi mos restos de los "vi ejos bolchevi ques", a
generales del Ej érci to Roj o y aún a algunos de sus anti guos
colaboradores, casi todos los cuales seconfesaban autores de
L E Ó N T E Í O T S K Y YW A L L S T R E E T
S7
j i j s hechos más terribles y, asuvez, acusaban aTrotsky. La
i áa deéste aMéxi co parecí a proporcionarle, por el momento,
u n refugio seguro contralas iras del "Chacal del K reml i n".
U n ex latifundistamexi cano que por entonces se encontraba
e n Buenos Ai res yaqui en el autor deeste l i bro conoci ó acci -
de n talme n te enestaciudad, comentando el viaje deTrotskya
fcu paí s, quehabí a repercutido como noti ci ai mportante en l a
prensa mundi al , ledijo textualmente: "Lo hemos l l evado a
Trotsky aMéxi co para combati r el comuni smo".
Mi si tuaci ón como mi l i tante revol uci onari o en l aArgenti na,
erabi en curiosa. Estando enNuevaY ork, en1934, habí a teni -
do oportuni dad deapreciar l apodredumbre del movi mi ento
Trotskysta yanqui ydecomí parti r lasideas deWei sbordasu
respecto. Cuando éste, al frente deungrupo queapenas l l e-
gaba al adocena, rompi ó con Trotsky, lemani festé personal -
me nte mi adhesi ón por esepaso, y aún col aboré en superi ó-
dico Class Struggle, con unartí cul o en el número abri l -mayo
de 1937. Porque l a verdaderaque, si desde unpri nci pi o habí a
reconocido que, frente al aacci ón contrarrevol uci onari adeSta-
l i n, León Trotskytení a razón, noaceptaba l aideade aparecer
como suparti dari o.
M i actitudante Trotsky escandalizaba asusepí gonos l oca-
les queseguí an detrás del "V i ej o", ciegamente, obsecuente-
mente, como los epí gonos deStal i n detrás deéste y, enaquel
mi smo año 1937, con moti vo deuncomentario que publ i qué e n
l a revista Claridad, deBuenos Ai res, sobre el l i bro M i vida,
poni éndol e objeciones, semevi ni eron enci macomo lobos.
Pero, laposi bi l i daddemantener posiciones coincidentes con
mi pensamiiento, por esaépoca, eraaq u í i mposi bl e. No exi stí an
en Buenos Ai res más decinco o diez personas quesedecí an
trotskystas, quienes ni ungrupo serio habí an podido constituir.
(Acababa dedisolverse l adenomi nada Li ga Comuni staIn-
temacionalista, encabezada por Antoni o Gal l o.) ¿Qué posi bi l i -
dad habí a deplantear l al ucha contra el trotskysmo cuando
éste ape n as exi stí a (nosolamente en l aArgenti na, sino en
otros paí ses del a A méri ca del S ur), yexi gí a cierto heroí s-
mo ser trotskysta frente al stalinismo quel oatacaba, mono-
polizando en forma abrumadora l adi recci ón revol uci onari a
del movi mi ento obrero? No me quedó otro cami no que mi meti -
zarme, entrar a formar parte del trotskysmo ycombati r en
88 Q u E B R A C I i O
S U seno por las verdaderas posiciones marxi stas-leni ni stas, lo
que hice durante vari os años, en lamás acerba lucha expresa-
da enfolletos ypublicaciones de esaépoca yde laque di
cuenta en mi li bro Estrategia Revolucionaria (Buenos Ai res,
1957), tratando dedesempeñar un rol progresi vo dentro dei
trotskysmo, aún ariesgo detener quetransi gi r, momentánea-
mente, conalgunas manifestaciones doctri nari as secundarias
de Trotsky y de sus partidarios, hasta que el proceso hizo
crisis defi ni ti va conmoti vo de mi rompi mi ento conellos en
1943, cuando acusé alaCuarta I nternaci onal trotskysta de
agencia deWall Street, como habí a demostrado serlo.
Pero retomo el hi lo de mi exposi ci ón: el año que he men-
cionado, 1937, conmoti vo de unacarta que mehabí a llegado
de Méxi co, fi rmada porDi ego Ri vera, remi ti endo materi ales
de di scusi ón para no sé qué Conferenci a o Preconferenci a a
realizarse enaquel paí s, entonces, los trotskystas argentinos,
personalmente o por representantes, sereuni eron por i nvi ta-
ción mí a, ennúmero desiete u ocho, para contestarla. Y , como
la fecha de lareuni ón coi nci di ó con el 7 denovi embre, 29
aniversario de laRevoluci ón deOctubre, propuse que leenvi á-
ramos unsaludo aTrotsky, yaque nopodí a olvi dar quehabíí?,
sido el compañero deL eni n enlos dí as gloriosos de laRevolu-
ción Rusa. M i proposi ci ón fué aceptada, quedando yo encar-
gado dehacerla efectiva. Cuando fui alaagenci a telegráfi ca
y redacté el mensaje, al escri bi r el nombre yladi recci ón del
destinatario: "L eón Trotsky, A veni da L ondres 127, Coyoacán,
Méxi co D. F.", meparecí a algo así como envi ar unami si va a
la Hi stori a. A l fi rmarlo, vaci lé, decidiendo hacerlo, fi nalmen-
te, con el nombre Agustí n Bernal, queuti li zabaentre nosotros,
pero que eradesconocido enMéxi co. Si Trotsky reci bi ó el sa-
ludo alguna vez, ahí debe estar en su archi vo con esenombre.
Pero, envari os años demi li tanci a acti vaen lasfilas "trots-
kystas", j amás leescri bí ni sentí deseos dehacerlo, apesar de
que Trotsky erafáci lmente accesible, yfué esaci rcunstanci a,
precisamente, laque lecostó lavi da. Dentro de lo posi ble me
presentabacomo "cuartai nternaci onali sta", rechazando el tér-
mi no "trotskysta", uti li zado por losdemás y, si algunavez
hube deemplearlo yo mi smo, fué i mpulsado por lanecesidad,
ya que nohabí a otra forma dedi sti ngui rse polí ti camente ai -
tón ees.
L E Ó N T R O T S K Y Y W A L L STBEF. T
89
Cuando el di ri gente si ndi cal Mateo Fossa lo vi si tó en Méxi co,
en 1938, Trotsky iepreguntó con i nterés por el autor deeste
li bro —el úni co mi li tante argentino que, al parecer, conocí a y
por el quesei nteresó— y lehi zo una pregunta a su respecto.
('*¿Y L i bori o J usto? ¿Es sincero?", fueron sus textuales pala-
bras, según Mateo Fossa.) Seguramente, como a tantos otros,
le habí a llamado laatenci ón el agudo contrasteentremi s ideas
y lasi tuaci ón, entonces encumbrada, demi progenitor.
Cuando laG.P .U . stali ni sta lo asesi nó por mano deun mer-
cenario, escri bí dos artí culos apologéti cos como cuadraba a las
necesidades delaagi taci ón, pero la verdad era que, fuera dela
condenaci ón del cri men, mi verdadero pensamiento no estaba
expresado en ellos.
Pero, prosigo con í a trayectori a deL eón Trotsky en Méxi co.
I nstalado en la casa deCoyoacán y custodiado celosamente por
2 0 poli cí as del presidente Cárdenas, Trotsky dí ó ri enda suelta
a su labor deliterato y sus li bros, folletos, artí culos, cartas, en-
trevistas, etcétera, salí an di ari amente en profusi ón asombrosa
para publicarseen los medios dedi fusi ón del capi tali smo mun-
di al. Pero este torrente i nagotable depalabras era di ri gi do,
pri nci palmente, a atacar aStali n, qui en proseguí a en laU .R.S.S.
su acci ón contra el "trotskysmo". Trotsky, solo con su pluma.,
parecí a querer luchar mano a mano contra todas las armas de
que di sponí a Stali n, no sólo dentro delaU ni ón Sovi éti ca, sino
tambi én afuera; la Tercera I nternaci onal y la G. P . U . Pero,
asi mi smo hallaba ti empo para enfrentarse con Hi tler, queper-
seguí a a los j udí os, como él lo era, al queflagelaba sacando a
reluci r su flamí gera espada.
¿Y el im.peria.lismo yanqui , el amo del mundo, según é!
mi smo lo proclamara ya en 1924? L eón Trotsky pretendí a, al
parecer, querer seguir uti li zando el "vagón preci ntado" dela
prensa i mperi ali sta delos Estados Uni dos en su lucha contra
Stali n. Y esa prensa, con preferenci a la más reacci onari a, pu-
bli caba profusamente sus arti culos. Casi todas las revistas yan-
quis lucí an las publi caci ones del ex lí der sovi éti co converti do
en "best seller" en los Estados Uni dos. "L eón Davi dovi tch
—di cela vi uda deéste ( V. SER G E, Vida y muerte de Trotsky.
Buenos Ai res, pág. 2 30 ) — escribe duranteun ti empo artí culos
casi di ari os para el New York Times."Pero en ni nguno deesos
artí culos se decí a una sois palabra contra el i mperi ali smo
90 Q U E B R A t H O
yanqui. Cuando más en alguno de ellos se hacía alguna fant a-
sía como aquel sobre el tema: Si l os Estados Uni dos í i i eran
comuni stas, aparecido en una de las revistas de mayor ci rcu-
lación de Nueva York f Li bert y) , algunos de cuyos conceptos
analizaremos más adelante. O se estudiaba l a acción de los
monopolios en los Estados Unidos, como en la introducción
a El pensami eyi to vi vo de Marx. Del imperialismo yanqui sólo
se hablaba, ligeramente y de pasada, en algunos documentos
de la Cuarta Internacional que, aunque escritos por Trot sky,
no llevaban su firma. Pero nada más. Por otra parte, l a pr en-
sa capitalista estaba toda de parte de Trot sky, quien se dirigía
por intermedio de ella, no al proletariado, sino a l a "opinión
pública" niiundi£\l, es decir, a la opinión burguesa. E l mismo lo
ha reconocido: "Debo anotar con gratitud que la prensa mexi -
cana, lo mismo que la mayoría de los representantes de la
prensa extranjera (es decir, l a prensa imperialista. Not a del
autor), han demostrado el mayor entendimiento de las di f i -
cultades que me producen la necesidad, por un lado, de luchar
con todas mis energías contra las acusaciones que les son f a -
miliares y, por otra, de evitar cualquier paso que pudiera no
ser bien recibido por la opinión pública de este país." (The
case oí León Trotsky, pág. 6.)
Porque León Trotsky sabía muy bien, o por lo menos hay
que creer que había llegado a comprenderlo, que su viaje a
México había sido hecho con el beneplácito y aún, seguramen-
te, por sugestión del propio imperialismo yanqui , al que los
Com,unistas Intemacionalistas de México y los Estados Unidos
acusaban al presidente Cárdenas de estar sometido. Y, no hay
duda que, entre las condiciones que se le impusieron para
permitirle la entrada en México, figuraba la de no atacar a los
Estados Unidos. "¡Proclamo que no intervengo en la política
norteamericana!", se apresuró a contestar enfáticamente a una
pregunta de la Comisión Dewey, en 1937. (The case of León
Trotsky, pág. 437.)
Y, sobre la base de su claudicación, León Trot sky se dedi -
caba a prodigar grandes elogios al presidente Cárdenas, l epre-
sentante de l a burguesía nacionalista mexicana. E n el comen-
tario que escribió sobre el fallo final de l a Comisión Dewey,
fallo que lo absolvió de todas las acusaciones que se le habían
hecho en los procesos de Moscú, Trot sky decía: " Si n entrar en
L E Ó N T R O T S K Y Y W A L L S T I Í E E T
91
eí terreno de la política, no puedo dejar de expresar aquí mis
respetos sinceros para el jefe de este país, en quien la palabra
no difiere del pensamiento, ni el acto de la palabra. Mis obser-
vaciones me dicen que estadistas de este tipo no se encuentran
frecuentemente." (I V I nter naci onal . México, diciembre 20 de
1937.) Y respecto a su otro protector de entonces, Diego Ri ve-
ra, debía hacer, también ,el mayor encomio, a pesar de que,
según su esposa, sobre pintura era sólo un " dilettante" : " E n el
campo de la pintura, la revolución de Octubre ha encontrado
su más grande intérprete, no en la U. R. S. S. . sino en el lejano
México, no entre los «amigos» oficiales, sino en la persona de
un declarado «enemigo del pueblo» que la Cuarta Internacio-
nal está orguUosa de contar entre sus miembros. Educado en
las alturas artísticas de todos los pueblos, de todas las épocas,
Diego Rivera ha permanecido mexicano en las más profundas
fibras de su genio." Etcétera, etcétera. Veremos después cuan
baratos resultaron los elogios de Trotsky hacia su amigo de
entonces, y cómo le pagó Diego Rivera la facilidad con que los
hizo.
Mientras tanto, la L i ga Comuiústa Intemacionalista mexica-
na, la misma de cuyas acciones deseaba desentenderse Trotsky,
librándose de cualquier responsabilidad que pudiera compro-
meter su contubernio con la burguesía nacionalista mexicana
representada por el presidente Cárdenas, entraba en conflicto
con el pintor Rivera que deseaba llevarla a una política opor-
tunista acomodada a la posición de Trotsky y a la suya propia.
Y , como la L i ga no cejara en su empeño —dejando de lado
algunos errores que pudo haber cometido bajo la influencia
del mismo Rivera impulsada, principalmente, por su deseo de
mantener la lucha de clases y proseguir una política revol u-
cionaría— terminó por ser expulsada en conjunto de las filas
trotskystas, con ei beneplácito de Trotsky, y a través de l a i n-
tervención directa de los amigos yanquis de éste. Cannon y
Shatchman, dirigentes máximos tíel Socialist Workers Party,
de los Estados Unidos, que habían tomado cartas en el asunto
con el pretexto de mediar en las diferencias entre la L i ga me-
xicana y Diego Rivera. Así se resolvió, en forma drástica, una
situación que podía hacer peligrar la permanencia de León
Trotsky en México, dejándolo en libertad de mantener su
abierta connivencia con el gobierno burgués de Cárdenas. E n
92
Q U E B R A C H O
cuanto a Diego Rivera, se declaro oficialmente que ' i a devo-
ción y lealtad de Diego Rivera al programa de la Cuarta
Internacional no ha sido nunca puesto en duda" .
Pero, se presentó, entonces, un hecho de suma importancia,
en la historia económica mexicana, el que Trotsky recibió con
alborozo, ya que parecía traerle un justificativo para su con-
ducta de colaboración con el gobierno capitalista que lo prote-
gía: el presidente Cárdenas, a raíz de una huelga que se habia
prolongado por laigo tiempo, paralizando la producción petro-
lífera del país, la que se encontraba en manos de compañías
inglesas y yanquis, resolvió nacionalizarlas tomando a su cargo
la explotación. U n resonante golpe que tenía sus raíces pr ofun-
das en la lucha interimperialista y todas las circunstancias mos-
traban como un nuevo aspecto de la misma.
Para apreciar este hecho en su verdadero carácter conviene
recordar ante todo que la producción petrolífera de México,
que en la década 1920-30 había sido sobrepasada en el mundo
únicamente por la de los Estados Unidos, había descendido al
tercio colocando a México en séptimo lugar entre los produc-
tores petroleros, ya que muchas de sus fuentes se habían ago-
tado y parte de los pozos sobre el golfo de México fueron i n-
vadidos por el agua salada. E n segundo lugar también convie-
ne establecer que esas fuentes de explotación se encontraban
en la mayor proporción en manos de compañías inglesas —l a
Eagle, en primer término— o anglo-holandesas. Así, al nacio-
nalizar ei petróleo, el presidente Cárdenas daba, en primar
término, un golpe al imperialismo inglés y, secundariamente,
al yanqui, que, por otra parte, acababa de enunciar, por boca
de Roosevelt, su política de " buen vecino" . Evidentemente la
medida de Cárdenas era progi'esiva y debia ser apoyada por
los militantes revolucionarios. Pero éstos tenían la obligación
de exigir que la expropiación de las compañías extranjeras se
hiciera sin indemnización y no pagando al imperialismo, como
lo hizo Cárdenas. Además debían explicar el hecho. ¿Cómo
era que l a "retardada burguesía" mexicana llegaba a tomar
medidas de esa naturaleza? ¿Por qué no reaccionaba el i mpe-
rialismo yanqui, fuera de algunas de las propias compañías
afectadas, como había pretendido hacerlo el inglés?
No fué eso lo que hizo Trotsky, desde luego. Pero los C omu-
nistas Intemacionalistas, de México, y los grupos que habían
L E Ó N T K O T S K Y Y W A L L S T R E E T
93
roto con los trotskystas, en los Estados Unidos, lo dijeron: en
realidad, Cárdenas, al actuar en la forma en que lo hacía
estaba obrando con el asentimiento tácito de Washington, que
siempre ha estimulado los movimientos antiimperialistas en las
zonas de influencia de su rival inglés (lo hemos visto en los
últimos años en Persia y Egipto) buscando desplazarlo por i n-
termedio de la burguesía nativa con el propósito de tratar,
luego, de suplantarlo. En el caso de México alejaba de la pro-
ximidad de las propias fronteras de los Estados Unidos a los
intereses petroleros ingleses y favorecía a un país que le esta-
ba económicamente subordinado. Además, como lo puso eu
claro en su reciente visita a la Argentina el licenciado Jesús
Silva Herzog, de destacada actuación en la nacionalización
petrolífera en México, al poco tiempo de este hecho, el petró-
leo que antes había sido extraído por los ingleses, después de
nacionalizarlo comenzó a ser vendido por México a importantes
t;ompañías yanquis; La Eastern Petroleum Co., de Houston,
Texas, adquirió 15.000 barriles diarios, y la First National Oi l
Corporation nada menos que 2 millones de barriles, compras
hechas, todas, con autorización del Departamento de Estado,
de los Estados Unidos.^ Si los intereses yanquis hubieran estado
realmente en juego, jamás el gesto de Cárdenas hubiera sido
posible. Wall Street nunca hubiera quedado inactiva ante el
hecho y ya hubiera encontrado su coronel Castillo Armas, lisio
para libertar a su país del "comunismo", como pretendió ha-
1 E n un opnst i i lo tíiilado por la Univcrsidací dt! Bmi i o s Ai res co-.itciiiwndo laí
con í eren tías prciiiunciitíias por Jesúj Sil\ Her z ug eu l a mi sma, el año 1958, t s : ;
i' .\ plica (•'1 proceso de lucha i mperi ali sta ' i ue permitió a Méxi co naci ooaJi zar su
puUoIeí), en las siguientes térniinoá; " N o liay una acción coni pact a, enterameiiti-
íUrigida, en ta estructura económi ca de los países de Occi dent e. E l capi tali smo pr e-
senta si empre contradi cci ones, y así fué que conionj!a,nios a vender petróleo en ios
iJ^taiíM Uni dos. Celebramos un. pri mer coní i alo poi 15. 000 bari i les di ari os con l.i
Eai i i em Pet roleum Coni pany, empresa ref i nadora de Houst on, y p. i ra surti rla de
petróleo alqui lamos barcos. Tambi én l a Ci l y Servi ce Co mpa ny , empresa norteanu^-
li cana con más do mi l mi llones de dólares, necesi taba iinesfro retrói eo crudo do
Panuco. . . y formó entonces tina compaf i i a de paj a, que fué const i t ui da con c!
úni co obteto do compramos petróleo a nosotros. Y nosotros comeiizaTiios a venderle
petróleo a esa compañí a de paj a, con la que celebramos contratos por un millón y
i nedi o y i ' or dos mi llones de b a r r i l e s . . . "
. . i í l gobierno de ios Est ados Uni dos durant e l a presi denci a de F r a nkl i n Delan^i
Kooseveit acepló como acto legi t i co la expropiación de las empresas petroleras, pero
cúmi derando que el paso debí a ser equi t at i vo y habría de efectuarse pront o, , . Me
•. liri^i al Dcpart i i ni enlo de E : t a d o y conversé con ei señor I hi ggan, ¡efe de- la Di vi si ó' i
l.,alin<íamcricana. I.e diri<;t una nota verbal, como se llama en la Jerga diplomática, en
l a cual ie haci a esta pregunt a: ¿ Los Est ados Uni dos ti enen obj eciones que haxM;r a
México, si vende petróleo en este paí s? L a respuesta fué que no ha bi a ni nHuti a
i>bjeMÓn por parte del gobi erno de los E.stado.1 Ui t i dos" ( J . SI L V A HE R Z O* : . Mari co y
..H lictTolco. C'iiíí lección jtam Améri ca. Bs. Ai res, 19Í 9. )
94
Q U E B R A C H O
cerlo entonces ei general Cedillo por cuenta de Inglaterra, si
es que no hubiera intervenido directamente, como ya lo había
hecho el presidente Wilson, precisamente en México, algunos
años antes.
Fué entonces que León Trotsky salió a l a pedana con uno
de sus habituales gestos " a l a Tartarín de Tarascón" lanzán-
dose enfáticamente a enfrentar, en defensa de Cárdenas, a lo.-^
imperialistas, . . ¡ingleses! E n una carta rimbombante, fechada
en abril de 1938 y dirigida al director del Dai l y Her al d, de
Londres, agotaba toda su fraseología más detonante. " E s t i -
mado señor —comenzaba—. E n el vocabulario de todas las na-
ciones civilizadas existe la palabra ci ni smo. Como un ejemplo
clásico de cinismo impúdico, la defensa del gobierno británico
de los intereses de la pandilla de explotadores capitalistas ha
de ser introducida en todas las enciclopedias. Por esta razón no
me equivoco al decir que l a opinión pública mundial espera ! a
voz del Partido Laborista inglés sobre el escandaloso papel
de l a diplomacia británica en l a cuestión de l a expropiación
de la compañía petrolera Eagle por el gobierno mexicano. ". . .
" U na pequeña banda de magnates extranjeros succiona en
todo el sentido de la palabra la savia vital de México así comt>
de una serie de otros países atrasados y débiles. Los discursos
.solemnes sobre el capital que contribuye a la «civilización»,
sobre su ayuda al desarrollo de la economía nacional y por ahí
adelante, son del fariseísmo más consumado. E l asunto c on-
cierne, en la actualidad, al saqueo de la riqueza natural do¡
país. La naturaleza ha necesitado muchos millones de años para
depositar oro, plata y petróleo en el subsuelo de México. Ln?
imperialistas extranjeros desean saquear estas riquezas en t i
tiempo más corto posible, utilizando una mano de obra ba-
rata y la protección de su diplomacia y de su f l ota. " . . . " Las
notas del gobierno inglés hacen referencia a la «ley internacio-
nal». La ironía misma, impotente, deja caer las manos frente
a este argum.ento. ¿Üe qué ley internacional están hablando''
Evidentemente de la ley que ha triunfado en Etiopía y a la cua!
el gobierno inglés se prepara ahora para dar su sanción. E v i -
dentemente de la misma ley que los aeroplanos y tanques de
Mussolini anuncian ya en España durante el segundo año con
el invariable apoyo del gobierno británico.". . . "Actualmente
el gobierno británico ha pedido a Mussolini solamente una cosa:
L E Ó N T R O T S K Y Y W A L L S T B E E T
95
que retire sus ejércitos de España únicamente después que él
haya garantizado la victoiia de Franco. E n este caso como en
iodos los demás, el problema no consistía en defender la «ley
internacional» y la «democracia»^, sino en salvaguardar los
intereses de los capitalistas británicos en la industria minera
española de los posibles ataques de parte de Italia. " Y seguía
contra Inglaterra: " E l desarrollo futuro de los ataques del i m-
perialismo inglés contra la independencia de México dependerá
en alto grado de la conducta de la clase obrera inglesa. "
Y no contento con ese explosivo desahogo, dos meses más
tarde, con fecha 6 de junio de 1938, escribió un artículo t i t u-
lado, precisamente, Méxi co y el i mper i al i smo br i táni co, en el
que, después de comparar al presidente Cárdenas con Wash-
ington, Jefferson, Abraham L incol n y el general Grant, co-
nuenzaba diciendo: " L a campaña internacional que los medios
imperialistas llevan en torno a la expropiación de las empre-
sas petrolíferas mexicanas por parte del gobierno de México,
tiene todos los rasgos distintivos de agitación del imperialismo;
combina la impudicia, la mentira, la especulación sobre la i g-
norancia y la firme convicción de su impunidad. L a señal de
la campaña fué dada por el gobierno británico cuando declaró
el boicot al petróleo mexicano. . . E l gobierno de míster Ch am-
berlain ha demostrado con un cinismo absolutamente sin pre-
cedentes, que los beneficios de los bandidos imperialistas están
para él por encima de los intereses estatales. T al es la conclu-
.-^ión fundamental de que deben acordarse seriamente las ma-
sas y los pueblos oprimidos. . . L a doctrina de Monroe impide
al Almirantazgo británico tomar medidas de bloqueo marítimo
del litoral mexicano. Se hace necesario recurrir a los agentes
interiores, quienes, ciertamente, no enarbolan abiertamente el
pabellón británico, pero sirven los mismos intereses que Cham-
berlain: los intereses de una pandilla de petroleros. " Etcétera,
etcétera, etcétera. Palabras, palabras, palabras. Y siempre y
exclusivamente el imperialismo británico, el que, también, es
el único que Trotsky saca a relucir en el ejemplo que puso
al dirigente sindical argentino Mateo Fossa con el fin de con-
cretar un caso de lucha antiimperialista por parte de un país
latinoamericano, cuando Fossa lo visitó en México, por esa
misma época. Dijo Trotsky: " E n el B rasil existe hoy un régi-
men semifascista que ningún revolucionario puede ver sino
96
Q U E B R A C H O
con odio. Supongamos, sin embargo, que mañana Inglaterra
entrara en un conflicto militar con el Brasil. Yo le pregunto:
¿de qué lado del conflicto entre esos dos países estará la clase
obrera? Le contestaré por mí mismo personalmente: en este
caso yo estaré de parte del Brasil «fascista» contra la Ingla-
terra -ídemocrática»."
E n estos escritos de Trotsky la pregunta surge por sí misma;
¿y el i mper i al i stno yanqui ? ¿No era más justo plantear una
guerra entre el Brasil y los Estados Unidos, ya que el i mperi a-
lismo yanqui es el dominante en la América Latina? ¿No había
dicho en su famoso discurso de Moscú, en 1924, que sin tener en
cuenta a los Estados Unidos era imposible encarar la suerte
del mundo en sus próximos capítulos? ¿No había escrito, t am-
bién, en su libro Wher e i s Br i tai n goi ng? (London, 1926), que
la "continua y creciente declinación de su rol mundi al . . . la
está empujando (a Inglaterra) más y más a una posición de
potencia de segunda clase", citando a un diario inglés en el
que se decía que Gran Bretaña había quedado reducida a ser
el 49 Estado de los Estados Unidos?
No obstante, en 1938, cuando esa preponderancia de los
Estados Unidos aún se había acentuado, León Trotsky —que
sacaba a relucir sin una frase de condena a la famosa doctrina
Monroe bajo cuyo enunciado el imperialismo de Wal l Street
cubre su adjudicación imperialista de toda la América Lat i na—
parecía no querer comprender esto. E l imperialismo yanqui
era, para él, el imperialismo bueno que lo ayudaba activamente
en su lucha contra Stalin y acogía tan bien sus artículos publ i -
cados destacadamente en los Estados Unidos, donde León Trots-
ky era tan popular y respetado, siendo, precisamente, una C o -
misión presidida por el burgués liberal yanqui John Dewey,
profesor de la Universidad de Colunibia, de Nueva York, quien
habría de tomarlo bajo su amparo moral y reivindicarlo de las
acusaciones de Stalin. (" Para apreciar la importancia moral y
política del veiedicto —había dicho León Trotsky comentando
el fallo de la Comisión Dewey y demostrando, de paso, cómo
disponía de los medios de publicidad del imperialismo yan-
qui — me permito darles a conocer un breve telegrama qus
dirigí el nueve de diciembre a la Columbia Broadcasting Sta-
tion y que, en la misma hora que estoy conversando con uste-
des, es irradiado por cien estaciones de radio en los Estados
L E Ó N T R O T S K Y Y W A L Í , S T R E E T
97
Unidos de América del N orte" (I V I nter naci onal . México, d i -
ciembre 20 de 1937), acusaciones que por absurdas e i nvero-
símiles no necesitaban ser tomadas mayormente en cuenta y,
en todo caso, no era con la absolución de una comisión bm--
guesa que se iba a convencer al proletariado.
Pero los miembros de l a antigua L i ga Comimista Intemacio-
nalista mexicana, los mismos que habían sido expulsados de
las filas trotskystas por los dirigentes del Socialist Workers
Party, de los Estados Unidos, por poner en peligro, con su
actividad revolucionaria, el idilio de Trotsky con el presidente
Cárdenas, sí que lo comprendían y claramente le decían: " E l
problema es sencillo: asistimos a un aspecto de l a lucha i nter-
imperialista entre Estados Unidos e Inglaterra, que no es de
ahora. De esta lucha la burguesía mexicana se quiere aprove-
char para crecer y robustecerse; pero como el capitalismo
guarda una interdependencia innegable, la burguesía mexi -
cana se encuentra presa en sus propias redes y, quiera o no,
se mueve en la órbita de un imperialismo contra el otro. Por
eso la burguesía mexicana a pesar de sus posturas antiimperia-
listas, si r ve al i mper i al i smo nor teamer i cano contr a el i mpena-
l i smo i ngl és. He ahí por qué Cár denas gr i ta contr a el gobi er no
de «Su Maj estad», per o agacl i a l a cabeza ante el *Buen veci -
no»." (L iga Comunista Intemacionalista. Boletín interno N ? 3,
El pr obl ema petr ol er o, México, D. F. , julio de 1938.)
Y, en un manifiesto publicado en el mes de abril de 1938,
los camaradas mexicanos habían declarado:
"19 Los obreros deben apoyar internacionalmente la expro-
piación de la industria petrolífera, porque ella tiende a di smi -
nuir la preponderancia del capital imperialista en México,
porque ella da al proletariado la posibilidad de conquistar me-
jores posiciones en la lucha por el socialismo:
"2"? E l gobierno y la burguesía quieren que el proletariado
pague a las compañías imperialistas una cierta indemnización
que la miseria redobla;
"3'? Para lograr este fin, el gobierno y la burguesía, con la
complicidad de los reformistas y de los stalinistas, han puesto
fin al grandioso movimiento obrero petrolero;
•'40 Pretextando la expropiación, el gobierno y la burgue-
sía se esfuerzan en hacer cesar las luchas de los sindicatos
98
Q U E B R A C H O
contra ]os p atrone S j en terminar con las peticiones obreras, en
romper las huelgas, etcétera;
"59 E n cambio de la ilusión de que los obreros serán amol -
de la industria, los sindicatos de obreros petroleros han re nun-
ciado a muchas conquistas arrancadas a los empresarios imp e -
rialistas.
"69 Señalamos a los obreros el peligro que existe de que los
dirigentes se transformen en altos funcionarios.
"79 Los trabajadores deben luchar contra el pago de esa i n -
demnización, contra el aumento de las horas de trabajo, contra
el alza de los precios de las mercaderías, contra los reajustes,
contra la colaboración, contra la clase patronal, de manera que
naanteniendo esta posición combativa organizada, el prole ta-
riado llegue a hacer de la nacionalización un triunfo contra el
imperialismo, evitando así que la burguesía no haga de esta
medida un servicio rendido a la contrarrevolución.
"89 Recoraamos a los obreros que sol ai nente l a revol uci ÓH
prol etari a expropi ará si n i ndemni zaci ón a l os capi tal i stas ex-
tranj eros y mexi canos, poni endo el control de l a producci ón
en manos del prol etari ado."
Este manifiesto lo reproducían en el número de su periódico
I V I nternaci onal (México, D. F. , j unio de 1938), agregando:
" L a justeza de nuestra posición se ha probado a medida que la
presión del imperialismo internacional obligó al gobierno de
Cárdenas a develar los límites en los cuales se coloca, del solo
hecho de que somos un país semicolonial del imperialismo
yanqui. "
Y terminaban dando al líder de la Cuarta Internacional
esta magnífica lección de marxismo-le ninismo: " E s necesario
acabar con todas las maniobras tendientes a hacer de la e x-
propiación petrolífera un pretexto para poner fin a las huelgas
y otras luchas reivindicatorías del proletariado. Es necesario
mantener a todo precio la independencia de clase, es necesa-
rio combatir contra toda tendencia patriótica. E n la lucha con-
tra Cedillo y otros fascistas, agentes de los petroleros e xt ran-
jeros, el prol etari ado revol uci onari o se apresta a l uchar codo a
codo con l os sol dados de Cárdenas, pero no renunci a a combati r
pol í ti cavtente —por el momento— la base mi sma sobre l a que
se apoya el gobi erno."
L E Ó N - T K O T S K Y Y W A L L S T B E E T
99
Respecto a las publicaciones de Trotsky, decían: " L os artícu-
los del camarada Trotsky merecen \ m análisis especial, lo que
no podemos hacer en este Boletín; adelantamos, sin embargo,
que nos parecen incompletos por cnanto no se toca una par te
j undamentaL del pr obl ema: l a si tuaci ón del gobi er no de Méxi co
r especto al i mper i al i smo yanqui ."
Y proseguían: " L as declaraciones de Cannon y Shatchman
se caracterizan por el apoyo incondicional a l a medida tomada
per l a burguesía de Cárdenas. E n otros escritos ellos han man-
tenido igual posición. Nosotros no podemos coincidir con esas
personas."
E n cuanto a Diego Rivera, escribían: " L os artículos incone-
xos de Diego Rivera ya fueron comentados en parte. Cada uno
de nuestros camaradas puede juzgar sin dificultades l a trayec-
toria de un camarada que abandona a gi-andes pasos el camino
de la Cuarta Internacional y se convierte en servidor de l a
burguesía."
Porque Diego Rivera pasó, luego, a demostrar su " nunca
desmentida devoción por la Cuarta Internacional" rompiendo,
no sólo con los miembros de la L i ga Comunista Intemaciona-
lista, sino también, luego, con el mismo Trotsky y con el
trotskysmo, pasando a apoyar por entonces l a candidatura
burguesa del general Almazán a la presidencia de la Repú-
blica, en México, para luego, siem.pre en busca de mantener
a su alrededor una publicidad que le era indispensable, re-
ingresar al stalinismo, desde cuyas filas declararía que había
colaborado en el viaje de Trotsky a México sólo para favo-
recer su asesinato. ¡Así se pagan unos a otros los hombres va-
nidosos que buscan utilizar el movimiento revolucionario para
engrandecer su persona, en lugar de utilizar su persona para
engrandecer el movimiento revolucionario!
Mientras tanto León Trotsky proseguía infatigable l a lucha
contra Stalin, que absorbía casi todas sus preocupaciones y se
expresaba en los títulos de l a interminable serie de libros que
iba produciendo: L a escuel a de i al si j i caci ones de Stal i n, L os
cr í menes de Stal i n, L os gángster de Stal i n y ese novelón que,
bajo el nombre de Stal i n, estaba escribiendo cuando fué ase-
sinado. Y toda esa campaña literaria se hacía en el más crudo
frente común con el imperialismo yanqui, que l a difundía.
100
Q U E B R A C H O
Pero esa lucha debía acabar, finalmente, en desmedro de
Trotsky. Porque, por fin, después de un previo atentado que
se llevó a cabo bajo la dirección del pintor Al faro Siqueiros,
Stalin, una de las figuras más tenebrosas de todas las épocas,
logró ejecutar, en l a persona de Trotsky, un nuevo e ignominio-
so crimen, completando con él l a liquidación total de los pr i n-
cipales dirigentes de los primeros años de l a revolución de
Octubre, fuera de los pocos segundones que sobrevivieron como
sus partidarios. Este último crimen, llevado a cabo por medio
de l a mano de un mercenario, fué brutal y aún en medio de los
sucesos de la segunda guerra mundial imperialista, tuvo ampl ia
repercusión internacional. A pesar de l a protección que le
dispensaba ia policía mexicana, Stal in, por medio de su propia
policía política, la G . P. U . . había encontrado forma de abatir
para siempre al creador del Ejército Rojo y una de las plumas
más brillantes de la época, quien, como expresión del retroceso
del movimiento revolucionario mundial en ese momento, y
llevado por su natural conciliacíonismo y centrismo, la ten-
dencia abstracta de sus apreciaciones y su personalismo egolá-
trico, había llegado a perder totalmente l a orientación de su
brújula revolucionaria que no le señalaba ahora l a necesidarl
de luchar primeramente contra el imperialismo en su perso-
nificación predominante: Wal l Street.
E l general Leandro A . Sánchez Salazar, jefe del Servicio
Secreto de policía mexicana en esa época, recuerda el asesinato
de Trotsky con todo detalle en el l ibro que escribió, en col a-
boración con Julián Gorkín, titulado Asi asesi naron a Trotsky.
( Ed. del Pacifico, Santiago de Chil e, 1950):
" E l día 20 de agosto de 1940. como a las seis y cuarto de Ja
tarde, llegó a mí l a terrible noticia: ¡Trotsky ha sido herido
de muerte!
" Me conmovió profundamente, pero sin producirme sorpresa.
Me conmovió como hombre y como jefe del Servicio Secreto.
La G . P. U . había sido más fuerte que él, con toda su energía
y todas sus precauciones, y más fuerte que la policía mexicana,
que había tenido que asumir ia tarea do protegerlo. ¿Era grave
l a herida? ¿Lograría salvarse? ¿A cargo de quién había corrido
esta vez el atentado? Todo esto tenia que dil ucidarl o ahora. "
" Y fué entonces cuando el destino quiso también que me to-
cara —no podría decir la suerte— de actuar como investigador
Lt óN T K O T S K Y Y W A L L S T B E E T
101
en la postrer tragedia de don León, como con respeto y aprecio
llamé siempre a Trotsky. " (Págs. 10 y 113.)
Que el antes eterno perseguido por todas las policías capi-
talistas del mundo, el terrible agitador de sus primeros años
de "publicista europeo", el brioso revolucionario de Octubre, el
dictador implacable del Ejército Rojo, terminara su vida siendo
llamado cariñosamente " Don León" por el jefe del Servicio
Secreto de la policía de México, no deja de ser bien triste.
Pero eso se transforma en todo un síntoma cuando se recuerda
que también entonces, " Don León" se presentaba como líder
de un supuesto movimiento revolucionario del proletariado
mundial, la titulada Cuarta Internacional, movimiento que, a
través de él, aparecía protegido por la Policía de un país semi-
colonial sometido al imperialismo yanqui. Es deci r, en úl ti mo
térmi no, bajo l a protecci ón de éste.
Pero volvamos al asesinato de Trotsky. Un testigo de su
entierro nos ha dejado algunas ilustrativas reflexiones: " Tengo
la convicción —di ce— de que Trotsky no llegó a incorporarse
al país. Pocos hombres de la calle conocían el papel que des-
empeñó en la historia y la rica trayectoria política que refle-
jaban sus trabajos literarios. Trotsky tampoco tuvo ocasión de
conocer más de cerca a los mexicanos porque debía llevar una
vida apartada, como de cárcel: primero porque l a condición
esencial de su asilo en México residía en que no se mezclara
en la vida mexicana; segundo porque siempre temía los aten-
tados políticos de sus enemigos. E n Nueva York seguramente
el duelo por la muerte de Trotsky habría sido más profundo
y más general que en la ciudad de México; en Nueva York la
gente habría apreciado mejor lo que su vida y su muerte sig-
nificaban para todo el movimiento revolucionario. "
Nos dice, también, que en el velatorio "surgió espontánea-
mente el canto «La Internacionalv y todos levantaron los pu-
ños y un juramento. E n seguida se oyó gritar: ¡Viva Trotsky!
¡Abajo Stalin! E l grito fué coreado varias veces." " E l cortejo
que acompañó a Trotsky fué enorme. Mientras el ataúd cu-
bierto de flores atravesaba las calles de México, las ventanas y
las azoteas se veían negras de gente, si bien los humildet;
espectadores no demostraban una emoción especial, porque ia
muerte, para ellos, no es cosa extraordinaria. Camino del ce-
menterio surgía de rato en rato el grito de ¡Viva Trotsky:
102 Q U E B R A C H O
¡Abajo Stalin! ¡Abajo la G . P . U . ! " . . . " Junt o a la tumba, volví
a pensar otra vez para mi : ¡Qué distinto habría sido el entierro
de Trotsky en Nueva Y or k ! " . . . " Los oradores dieron cuenta
del antistalinismo de Trotsky condenando el sistema basado en
la G . P . U . y juraron llevar a cabo el ideal de Trot s ky. " Y nos
informa que hubo i m serio intento de llevar el cadáver de
Trotsky a Nueva Yor k con el fin de hacerle un gran entierro
allí, lo cual, a último momento, no se pudo llevar a cabo por
impedirlo algunas disposiciones legales respecto a l a i ntroduc-
ción de ataúdes a través de la frontera de los Estados Uni dos.
(Babel. Santiago de Chi l e, enero- abri l de 1941. Número home-
naje a l a memoria de León Trotsky. )
Digamos que las exequias de León Trotsky con sus gritos de
jVi va Trotsky! y ¡Muera Stal in! , en medio de l a indiferencia
de los " humildes espectadores", fueron una síntesis muy ex-
presiva de todo el movimiento trotskysla mundi al , de su prensa
en todos los países, lo mismo que de l a Cuarta Internacional:
un movimiento para vivar a Trotsky y apostrofar a Stal in. ante
la indiferencia de la clase obrera, así como el movimiento sta-
linista tenía por fin vi var a Stal in y a su burocracia y apos-
trofar a Trotsky. E n esa lucha, uno y otro se consideraron el
principal enemigo, recostándose sobre el imperialismo. E l pr o-
pósito de Stalin fué utilizar el nombre de Leni n para luchar
contra el ala izquierda que ponía en peligro l a estabilidad de
la bui'ocracia, que lo había erigido en su representante y, po..'
consiguiente, la suya propia. E l propósito de Trotsky fué luchar
contra Stal in y l a burocracia stalinista y, para eso, buscó y
encontró apoyo en el imperialismo yanqui , que terminó sin que
Trotsky reaccionara, utilizándolo como arma, no contra Stal i n,
sino contra la U. R. S. S. y la revolución mundi al . Por eso el i m-
perialismo yanqui , a través de sus representantes, pretendió
llevar el cadáver de Trotsky a Nueva York, como había llevado
antes sus escritos con iguales propósitos.
La disputa hubiera sido, en verdad, homérica: ¡Stalin, al i a-
do a Hitl er, en Moscú, con el cadáver de L-enin, y Wal l Street
y la Cuarta Internacional, en Nueva York, con el cadáver de
Trotsky!
V I - L E O N T RO T S KY C O MO I N S T R U ME N T O
C O N T R A L A R E V O L U C I O N ME X I C A N A
" Hemos presenciado también con la debida satisfacción —es-
cribia Federico Engels en L a Gaceta Al emana, de Bruselas, el
23 de enero de 1848. bajo el titulo L os movi mi entos r evol uci o-
nar i os de 1847--' la derrota de México por los Estados Unidos.
También esto representa un avance. Pues cuando un país em-
brollado hasta aquí en sus propios negocios, perpetuamente
desgarrado por guerras civiles y sin salida alguna para su
desarrollo, i m país cuya perspectiva mayor habría sido la su-
misión industrial a Inglaterra; cuando este país se ve arrastra-
do forzosamente al progreso histórico, no tenemos más remedio
que considerarlo como un paso adelante. E n interés de su pro-
pio desarrollo, convenía que México cayese bajo la tutela de los
Estados Unidos. L a evolución del continente americano no sal -
drá perdiendo nada con que éstos, tomando posesión de C ab-
fornia, se pongan al frente del Pacífico. Y volvemos a pregun-
tar: ¿Quién saldrá ganando con esta guerra? L a respuesta es
siempre la misma: la burguesía. Los Estados Unidos han ad-
quirido las nuevas regiones de California y Nuevo México para
la creación de nuevo capital. Esto significa que en esos países
surgirá una nueva burguesía y que la vieja verá aumentar sus
caudales. Y , en cuanto al canal que se proyecta en la penín-
sula de Tehuantepec, ¿quién saldrá ganando con eso? ¿Quién
puede salir ganando sino los magnates navieros de los Estados
Unidos? ¿Quién puede salir ganando con el mundo sobre el
Pacífico, sino esos magnates navieros? ¿Quién atenderá a las
necesidades de los nuevos clientes conquistados allí para los
productos industriales, de l a nueva clientela que se fornmrá
en los nuevos territorios anexionados ¿Quién sino los f abri -
I
104 Q U E B R A C H O
cantes de los Estados Unidos?" (Apéndice a la edición del Ma-
ni fi esto Comuni sta. E d. Cénit, Madr id, 1932, pág. 412.)
Y, como para explicar estas líneas, su biógrafo, G. Mayer,
refiriéndose a otro articulo de Engels aparecido en la Nueva
Gaceta del Rhi n en 1849, dice: " No aceptaba sin reservas el
derecho de autodeterminación que era el principio básico de la
política internacional democrático-burguesa. Le parecía absur-
do tomar un interés sentimental en «estrechos prejuicios na-
cionales», cuando era cuestión de «la existencia y libre des-
arrollo de grandes naciones». . . E n su opinión, no eran las
categorías morales las que hacían inclinar la balanza; «ellas
no probaban absolutamente nada». E r an los «hechos de i m-
portancia histórica mundial^' los que contaban. Los Estados
Unidos de América habían despojado a México de las minas
de oro descubiertas en California poco antes. Esto era injusto,
Engels lo reconocía, pero aprobaba l a anexión porque los
«enérgicos yanquis» estaban mejor capacitados que los «pere-
zosos mexicanos» para desarrollar las fuerzas latentes y para
abrir el Océano Pacífico a la civilización." (G. M A Y E R , Engels.
Santiago de Chile, 1939, págs. 121 y 122.)
Estas transcripciones de dos artículos del entonces juvenil
Engels merecen también, de nuestra parte, un comentario y
una explicación. Es evidente que el priníero de esos artículos,
es aceptable dentro del concepto de que en la época en que
escribió Engels, el capitalismo mundial estaba en pleno desarro-
llo y la burguesía todavía podía desempeñar un r ol progresivo,
especialmente en los Estados Unidos, que puede decirse que
recién iniciaban su violenta evolución, al punto de que, apenas
unos años antes, en 1835, Alexis de Tocqueville, en su famoso
libro L a democr aci a en Amér i ca había escrito que la signifi-
cación de ese país era aún tan escasa, que no muchos en E ur o-
pa se dignaban ocuparse de él. Es evidente que la formación
de grandes naciones en cualquier parte del mundo tenia, en-
tonces, un carácter progresivo para la humanidad y, en ese
sentido, Engels, desde el punto de vista del internacionalismo
obrero, apoyaba la conquista por los Estados Unidos de l a mi -
tad del territorio de México, pasando por alto el principio de la
autodeterminación de las naciones que, hoy, en la época del
capitalismo decadente, es decir, del imperialismo, es uno de
los puntos básicos del marxismo, enriquecido con el aporte
L E O N T R O T S K Y Y W A L L S T R E E T 105
del l e ninismo, corre spond ie nte , pre cisame nte , a esta época. De
iTiane ra que l a posición de E nge l s es, por lo me nos, ace ptabl t;
en l o que a ese aspecto se re fie re , aunque nos choque a nos-
otros, l atinoame ricanos.
No ¡o e ra, sin e mbargo, e n l o que se re fie re a cal ificar a ío^
yanquis de "e nérgicos" y a los me xicanos d e "pe re zosos" ya
que, de acue rd o con los conceptos científicos incorporad os por
su amigo Carl os Marx al pe nsamie nto pol ítico conte mporáne o,
l a pe re za o energía de un pue bl o nó es al go que sea inhe re nte
al mismo, sino que d e pe nd e d e l grad o de d e sarrol l o d e las fue r-
zas prod uctivas en que se e ncue ntre ese pue bl o y d e l a posibi-
hd ad de d e se nvol ve r su propia pe rsonal id ad e n rel ación con él .
el mismo Marx lo ha d icho; " L as fue rzas prod uctivas son e l
re sul tad o de l a energía práctica de l os hombre s, pe ro esta
energía misma está l imitad a por las cond icione s e n que los
hombres se e ncue ntran col ocad os por las fue rzas prod uctivas
ya ad quirid as, por l a forma social que existía antes que e l l os,
que e l l os no cre an y que es e l prod ucto de l a generación ante -
rior. " (C. MA R X , Car ta a P. ATnenkov, 1848, e n Etudes Phi l <>~
sophi ques. París, 1935, pág. 410.) Y mal podían, pue s, e spe -
rarse manife stacione s d e energía de parte d e l pue bl o me xicana
compuesto en su casi total id ad por masas indígenas se cul ar-
mente some tidas a una ve rd ad e ra e scl avitud , sobre l as que so
l e vantaba, e ntre nube s de incie nso y e ntorchad os de oro, una
anquil osad a supe re structura d e pe rsonaje s cai'gados d e me -
d al l as y e scapul arios, cl e ro e nrique cid o, grand e s te rrate nie nte s
y ge ne ral e s d e re l umbrón.
Porque l a e ne rgía d e l pue bl o me xicano pud o pone rse en e vi -
d e ncia ¡y en qué forma! sólo cuando intentó e mpe zar a d e struir
ese caparazón fe ud al que l o comprimía. Y a al go había d e mos-
trado e l sigl o pasad o, en l os años de l a Ind e pe nd e ncia, cuand o
siguió detrás d e los curas Hid al go y More l os. L ue go cuand o
apoyó l a Re forma d e aque l famoso ind io zapote ca que se l l amó
Be nito Juárez. Pe ro e l l a tuvo ' ma eclosión mayor y también
magnífica en l a re vol ución iniciad a en 1911, l a cual , en su
mome nto, l l egó a conce ntrar l a atención asombrad a d e l mund o,
constituye nd o uno de los prime ros grande s movimie ntos re vo-
l ucionarios que jal onan e l sigl o pre se nte . Fué entonces que
aque l l as masas indígenas d e l Anáhuac, mayas, te xcocanos, na-
huas, taráscanos, zapotecas, mixte cas, and rajosas y analfabetas,^
106 Q U E B R A C H O
"se levantaron del fondo pantanoso de tres centurias de ex-
poliación". A i grito de "¡Religión y fueros!" de las viejas cas-
tas predatoiias, opusieron el de "¡Tierra y l ibertad! " dirigidas
por el tolteca Emiliano Zapata o gobernadas por el yucateco
Felipe C arrillo Puerto. Los "pel-ados", los "latrofacciosos", los
"pelavacas", los "léperos", retratados en Los de ahaj o de Ma -
riano A zuela, en algunos libros de B . Traven y en los cuadros
de José Clemente Orozco, surgieron buscando barrer para si em-
pre con la pompa fastuosa de los prelados llenos de grasa, r i -
quezas e hijos naturales, la omnipotente oligarquía latifundista,
orgullosa y aristocrática, y los presidentes de ópera bufa ro-
deados de su eterna corte de adulones bien rentados.
E l espectáculo fué grandioso e impresionante. " Se improvisan
tropas —anotó un cronista—. Y como en los tiempos épicos de
don Miguel Hidalgo, multitudes descalzas, desordenadas, se
agrupan en los campos y obedecen a generales improvisados
en un minuto. O tra vez marchan juntos charros y pelados. Y los
inmensos sombreros de copa cónica sombrean rostros conges-
tionados por la rabia y el deseo de exterminio. . . E n los cam-
pos y en la? sierras, las maniguas o los pantanos, las montañas
o las estepas, resueltos a todo, comienzan a avanzar sobre la
capital los eternos humillados. "
Los "perezosos" mexicanos de Engels eran ahora, según el
yanqui Carleton Beals, " un pueblo que emerge de la supersti-
ción y la servidumbre para fundar una de las más bellas ci vi -
lizaciones de los tiempos modernos". Y agregaba: "México está
siempre palpitante de vitalidad, ansioso de vida, indiferente a
los medios incapaz de encauzar su torrente de energías en un
molde premeditado". . . " U no jamás descubre el corazón pro-
fundo de México, esc centro propulsor que ha llevado a esta
nación a cumplir uno de los más trágicos y sangrientos desti-
nos que recuerda la humanidad. H ay algo salvaje, indomado,
tal vez indomable, en la fuente inisma de la vi da mexicana.
La propia médula parece hervi r. " (C . B E A LS, Panor ama mexi-
cano. Santiago de C hile, 1942.)
Y el español Luis A raquistain también comentaba: " La per-
sonalidad de México, la de ayer como la de hoy, que tiende
a reanudar la tradición precortesiana, es una de las más or i -
ginales y vigorosas del Continente americano, sin excluir los
propios Estados Unidos. A l defender su nacionalidad y el de-
L E Ó N T R O T S K Y Y W A L L S T R E E T 107
recho de millones de indios, la Revolución mexicana lucha
también por l a conservación y el desenvolvimiento de esa
personalidad peculiarísima, de esa rara y hermosa flor del ca-
rácter de un pueblo que es uno de los tesoros más singulares
y ricos de la historia del mundo. " ( L . A R A Q U I S T A I N , L a revol u-
ci ón mexi ccna. Madri d, 1929.)
Así, pues, del resquebrajamiento de un orden anacrónico,
asentado en l a expoliación y el privilegio, surgió l a profunda
revolución mexicana uno de los movimientos político sociales
más interesantes de este siglo. Pero l a revolución mexicana
fué un típico levantamiento campesino, que tuvo su eclosión
inconsciente y prosiguió su camino tanteando en l a oscuridad.
" E n su punto de partida —comentaba M. E . Hubner — es un
movimiento de contenido social más intuitivo que consciente".
Y añadía: " E st a no ha sido, como l a rusa, una revolución ma-
durada a la luz del análisis y de l a crítica histórica. N o ha
nacido con una idea y un programa que l a orienten, un núcleo
organizado que l a impulso y uno o más jefes aguerridos que
la conduzcan. Aquí no hay marxismo, ni soviets constituidos,
ni partido bolchevique organizado, ni un L eni n o un Trotsky
que planeen el nuevo edificio y en seguida lo construyan co;i
sus propias manos. Sólo hay dolor, exasperación, deseos de
renovación, impulsos de Justicia, afán de libertar a México
de sus feudatarios seculares: el terrateniente, el cura, el nego-
ciante extranjero. E l grito primitivo fué "¡L ibertad y tierras! " ,
pero ¿cuántos lo comprenden y lo comparten? L a libertad ya
- a sienten en carne propia. Han triunfado. Ocupan l a capital.
E l antiguo orden social, con su deprimente jerarquía, se ha vol -
cado patas arri ba. " ( M. E . HU B N E R , Méxi co marcha. Santiago de
Chile, pág. 122.)
E l "agrarismo mexicano" , como se le llamó, fué, pues, un
movimiento espontáneo do las masas campesinas que se l evan-
taron contra una secular organización social que las mantenía
en l a esclavitud y por el reparto de las tierras que les daría
oportunidad de seguir existiendo en escala más alta y las l l e-
vaba a luchar en primer término contra la I glesia, que en Mé-
xico era el más rico terrateniente, y también contra el i mpe-
rialismo, que había logrado entronizarse en el país durante l a
larga dictadura de Porfirio Díaz. Pero, como movimiento cam-
pesino, carecía de doctrina y aun de l a posibilidad de tenerla.
IOS Q U E B R A C H O
L a experiencia de todos los movimientos campesinos de l a hi s-
toria muestra que por más que adopte medidas a pa rentemen-
te radicales y hasta trate de enfrentar a l imperia lismo, un
movimiento campesino, libra do a sí mismo, no puede sino re-
producir, en otra etapa, el mismo proceso contra el que luchó
anteriormente y termina r como instrumento del imperia lismo.
Sólo la dirección audaz, revoluciona ria de l a clase obrera, esta-
bleciendo l a dicta dura del proletariado, con el apoyo de esos
mismos campesinos, puede llegar a la transformación de las
bases sociales en forma que el triunfo del campesinado sea
efectivo, lo mismo que l a lucha contra el imperia lismo.
Es lo que estaba demostrando el ejemplo vivo del triunfo
de las masas rusas, que vino a agregar su experiencia a l a re-
volución mexicana, ya comenzada, derriba ndo l a caduca super-
estructura de archiduques, grandes terratenientes, banqueros,
popes y militares, a rriba de las cuales estaba el zar. L eni n,
apoyado por Trotsky, no había querido prestar su apoyo a l
gobierno que había surgido de ese derrumbe, que, con frases
y gestos radicales, trataba de acomodar al pueblo a la nueva
situación, sin modificar las bases sobre las que a quella super-
estructura estaba levantada, dejando, por consiguiente, abierta
l a posibilidad de que, pasado el momento álgido y perdida s
las frases, aquella superestructura se restableciera. A l frente
del partido Bolchevique se habían apoderado del poder en Oc -
tubre de 1917, no para hacer una revolución socialista —p a i a
la que Rusia todavía no estaba prepa ra da — sino como l a única
forma de destruir el régimen feuda l, que aún se mantenía, y
enfrentar a l imperia lismo, ante ei que el gobierno surgido de
la revolución de Febrero capitulaba.
Esa hubiera sido la misión a desempeñar en México, por
un partido revolucionario del proletariado, orientado por la
doctrina marxista, que se hubiera apoderado del poder, destru-
yendo realmente el viejo régimen de propieda d rura l y expro-
piando al imperialismo. Pero ese partido no existía ni surgió.
Y la propia pequeñaburguesía, que controlaba el movimiento
agrario y había sido lleva da a los cargos dirigentes en el país,
tomaba todas las medidas posibles pa ra evita r que surgiera ,
mientras que, con el fin de disfrazar sus intenciones, que se
reducían, como ocurrió, a l deseo de suplantar a las viejas castas
terratenientes, se adornaba con tintes democráticos y socia li-
L E Ó N T R O I S K Y Y W A L L S T R E E T
109
zantes y con frases sonoras simpáticas a las masas, con las que
trataba de convencerlas de que no debían aspirar a más y que
ya habían logrado alcanzar aquello por lo que luchaban.
Las verdaderas figuras representativas de la revolución me-
xicana, que no transigían y que aspiraban, sin tener conciencia
de cómo, a hacerla efectiva y que se mantuviera, como E mi l i a-
no Zapata y Felipe Carri l l o Puerto, habían sido asesinadas y
el movimiento obrero se encontraba domesticado en el vasto
cauce de l a Confederación Regional Obrera Mexicana, l a f a-
mosa C. R. O. M. , manejada por elementos amarillos que apoya-
ron los propósitos gubernamentales. Así, bajo l a dirección del
tristemente célebre L ui s Morones, típico burócrata sindical en-
riquecido, l a C. R. O. M. fué prácticamente incorporada como una
dependencia del Partido Nacional Revolucionario, que terminó
por ser la expresión política pequeñoburguesa de la Revolución
mexicana. Como jefes de este partido y presidentes de México
se fueron sucediendo los generales Obregón y Calles y varios
civiles y, para atar más al proletariado al carro gubernamen-
tal, Calles llegó a designar a Morones ministro de Industria,
Comercio y Trabajo, mientras l a C. R. O. M. , que en 1927, época
de su apogeo, alcanzó a contar con 2 millones y medio de mi em-
bros, para mostrar su verdadero carácter, se había afiliado a
la Federación Panamericana del Trabajo, organización some-
tida a l a Ameri can Federation of L abor, cuyos dirigentes eran
instrumentos descarados del imperialismo yanqui.
Si n embargo, había en México un importante núcleo de
obreros industriales, los cuales, en 1934, llegaban a l a cifra
de 500 a 550 mi l . Las primeras influencias que habían predo-
minado entre ellos habían sido anarquistas y sindicalistas, que
sostenían el apoliticismo. E l partido Comunista, nacido en 1919,
comenzó a querer concretar una dirección revolucionaria para
el proletariado mexicano. Pero esa aspiración nunca llegó a al -
canzarse, primero por su pequenez inicial y, segundo, porque
muy pronto dejó de representar los intereses revolucionarios
del proletariado mexicano para pasar, con el surgimiento del
stalinismo ,a representar únicamente los de l a burocracia so-
viética. Como una demostración de l a importancia que l a Te r -
cera Internacional concedía a l a revolución mexicana, pasaron
por México, como enviados de Moscú, figuras tan conocidas
como el japonés Sen Katayama y el hindú Manahendra Nath
110
Q U E B ! i A C ÍI o
Roy, que después debia escribir un grueso volumen sobre l a
revolución en Chi na.
Porque fué por esos años que un nuevo gran movimienti;
revolucionario habia venido para ensanchar el campo abierto
en América por la revolución mexicana: l a revolución en aquel
pais asiático. E l mártir Fel ipe Carri l l o Puerto, hablando e-^i
nombre de la revolución mexicana, que había sido la pri mera
en lanzar el grite de rebelión de las razas oprimidas en c!
siglo actual, ya lo había intuido: "Debemos restaurar los ant i -
guos monumentos —di j o — para que el pueblo tenga orgullo do
su raza y vuel va a construir como lo hizo ayer. Debemos h a -
blarles de sus hermanos de esclavitud, los pueblos de color doí
Asi a, el Af ri ca, la India, que luchan todos por la luz. Al gún
día, tal vez no lejano, formaremos una l iga de todas las razas
silenciadas de l a tiei'ra, para que sepan que su camino es recto
como el de los poderosos."
Bellas palabras que ahora tenían su confirmación: en Asi a, hi
China, la milenaria Chi na, se levantaba como México para r o m-
per seculares cadenas de esclavitud. E l movimiento era esen-
cialmente campesino y aparecía dirigido por l a pequeñaburgue-
sía revolucionaría representada por el Kuomintang, al frente
del cual estaba el general Ch i ang- Kai Shek. B ajo la influencia
de la burocracia stalinista, que manejaba la Tercera Interna-
cional, el Partido Comunista chino había abandonado la con-
signa de l a dictadura del proletariado a través de los soviets,
apoyada por los campesinos pobres, que había sido la con-
ductora de l a Revolución de Octubre, bajo l a inspiración de
Lenin, resucitando la vieja fórmula de "di ctadura democrá-
tica de obreros y campesinos", sostenida por Leni n en 1905, y
luego desechada por él en 1917. También sometió al Partido
Comunista chino al Kuo Mi n Tang, haciéndole perder su i nde-
pendencia de clase contra los principios más elementales del
marxismo-leninismo.
Fué entonces que el conipañero y colaborador de L eni n en
la Revolución de Octubre, León Trotsky, desplazado de la di -
rección por Stalin, pero aún luchando dentro de l a U. R. S. S.
por una línea revolucionaria, levantó su voz sosteniendo, en
magníficos discursos y brillantes escritos, las posiciones del
marxismo-leninismo tergiversado y aún traicionado por el sta-
linismo. Los discursos de Trotsky ocupan largas sesiones del
L E ó X T B o T S K Y Y W A L L S T It E E T
i i r
Comité Centr al y del Poli t Bur e&u y sus escritos llenan pági -
nas y páginas con expresiones deslumbrantes de i nflamado
pensamiento r evoluci onar i o. E l objeto er a demostrar que la
Ter cer a Internaci onal, bajo l a inspiración de Stali n, había
abandonado la línea leni ni sta, adoptando l a del peor opor tu-
ni smo. L a revolución chi na i ba a ser l a pi edr a de toque par a
demostrar el carácter menchevi que y contr ar r evoluci onar i o del
stali ni smo.
E l mi smo Tr otsky lo ha expr esado: " P a r a que el nexo que
une a los problemas de ayer con los de hoy cobre todavía
mayor reli eve es necesari o r ecor dar aquí, aunque sea en una
forma esquemática, lo que hi ci er on en Chi na los caudi llos de
la i nter naci onal Comuni sta; esto es Stal i n y B ujar i n. So pre-
texto de que Chi va ¿e hallaba abocada a un movi mento revo-
l uci onnri o de l i berac'ón naci oncd, a parti r de 1924 se cori cedl ó
que el papel di ri gente de ese movi vvento correspondí a a l a
burguesí a chi na. E l par ti do de l a burguesía naci onal, el K u o-
mi ntang, fué, pues, ofi ci almente reconoci do como di r ector . L os
menchevi ques rusos mi smos, en 1905, no se atr evi er on a hacer
tamaña concesión al par ti do Consti tuci onal democrático (los
" K adetes" ) que eran el par ti do de l a burguesía naci onal. Per o
los di ri gentes de l a Inter naci onal Comuni sta no se detuvi er on
allí. Obli gar on al Par ti do Comuni sta chi no a for mar parte de!
K uomi ntang y a someterse a su di sci pli na. Despachos especi a-
les de Stali n recomendaban a los comuni stas chinos fr enar el
movi mi ento agrari o. Fué pr ohi bi do a los obreros y campesinos
revoluci onari os crear soviets de mi edo a di sgustar a Chi ang-
K a i Shek, que Stali n defendía contr a l a Oposición, todavía a
comienzos de 1927, pocos días antes del golpe de E stado de
Shanghai y que él proclamó «amigo fiel» en una reunión del
parti do en Moscú. L a subordi naci ón oj i ci al del Parti do Comu-
ni sta a l a di recci ón burguesa y l a prohibición oj i ci al de crear
sovi ets consti tuyen una trai ci ón al marxi smo mucho más honda
y grosera que toda l a acti vi dad de l os menchevi ques de 1905
a 1917." (L . T R OT SK Y , L a Révol uti otL Permanente. París, 1932,
pág. 44. )
E n sus extensos escritos sobre la revolución chi na, pol emi -
zando con l a dirección stali ni sta de la Inter naci onal Comuni s-
ta, había di cho; " L e n i n exigía que se di sti nga entr e l a bur -
guesía del país opr i mi do y la del país opresor. Per o, en n i n -
112 Q U E B R A C H O
guna parte ha presentado este problema, y no habría podido
hacerlo, afirmando que la burguesía de un país colonial o
semicolonial en la época de la lucha por la liberación nacional
debía ser más progresista y m.ás revolucionaria que la bur-
guesía de un país no colonial durante un periodo de revolución
democrática.". . . "Presentar las cosas como si del yugo colonial
se desprendiese absolutamente el carácter revolucionario de la
burguesía nacional, es reproducir al revés el error fundamental
del menchevismo, que estimaba que la naturaleza revoluciona-
ria de la burguesía rusa debía deducirse absolutamente de la
opresión absolutista y f eudal . " . . . " U na revolución democráti-
ca o un movimiento de liberación nacional pueden dar a la
burguesía la posibilidad de intensificar y extender la explota-
ción de la clase obr e r a " . - - " E l marxismo enseña invariable-
mente que las consecuencias revolucionarias de ciertos actos
que la burguesía se ve obligada a realizar a causa de su si -
tuación, serán más completas, resueltas, innegables, sólidas, a
medida que la vanguardia proletaria sea más independiente de
la burguesía y se incline menos a dejarse coger los dedos con ia
puerta burguesa, o adornar a la burguesía exagerando su espí-
ritu revolucionario y la posibilidad de establecer con ella el
"frente único" para la lucha contra ei imperialismo. " . . . " No
se puede resolver este problema (el de la liberación nacional de
C hina) más que a través de la lucha encarnizada de las masas
populares oprimidas, hambrientas, perseguidas, bajo la direc-
ción directa de la vanguardia proletaria; luchando, no sólo
contra el iniperialismo mundial, sino también contra los agen-
tes económicos y políticos en C hina, contra la burguesía — i n -
cluso la indígena— y contra todos sus lacayos. Este es, pues, el
cami no que conduce a l a di ctadur a del pr ol etar i ado." ( L B Ó N"
T R O T S K Y , El gr an or gani zador de der r otas. Madrid, 1930, pági-
nas 212 a 228. )
Y , en lo referente al movimiento campesino escribía: " Par a
realizar las tareas nacionales fundamentales, l a burguesía, no
solamente la grande, sino la pequeña, no ha presentado una
fuerza política, un partido, una fracción al lado de los cuales
el partido del proletariado hubiera podido resolver los proble-
mas de la burguesía democrática. Precisamente la clave del
problema es que la conquista del movimiento campesino i n -
cumbe ya enteramente al proletariado, directamente al Par -
L E Ó N T R O I S K T Y W A L L S T R B K T
113
íido Comunista; para abordar la verdadera solución de los pro-
blemas burgueses democráticos de la revolución sería necesario
que todo el poder estuviese en manos del prolet ari ado" . . .
"toda or gani zti ci ói í campesi na que pr etenda r esol ver pr obl emas
político,? concer ni entes a todo el pai s, acabar á i nevi tabl emen-
te por comjenirse en un i nstr umento en manos de l a bur gue-
sí a". .. " P ar a llegar a la alianza revolucionaria con los campe-
sinos (y apenas se llega a ello) hace falta antes que la van-
guardia proletaria, y por ella el conjunto de la clase obrera,
se haga independiente de las masas populares pequeñoburgue-
sas. Esto no se obtiene sino educando al Partido proletario en
un espíritu bien templado de intransigencia de cl as e. " . . . " E n
el curso de las revoluciones burguesas, igual que durante las
contrarrevoluciones a partir de las guerras campesinas del
sigio XI V, y aún antes, la clase campesina, representada por
sus capas diversas, representó un papel considerable y algimas
veces decisivo. Pero ese papel no tuvo nunca valor propio. Di -
recta o indirectamente, la clase campesina sostuvo siempre una
fuerza política contra otra. Jamás tuvo por sí misma un poder
que tuviera valor propio capaz de resolver problemas políticos
extensivos a la nación e nt e r a. " . . . " E n la época de decadencia
del capitalismo hay aún menos razones de esperar que surjan
partidos campesinos provistos de valor propio, revolucionarios
y antiburgueses, que durante la época de ascensión del capita-
lismo." Y terminaba citando a L eni n cuando decía: " L a ciudad
no puede ser igual al campo. E l campo no puede ser igual a la
ciudad, en las condiciones históricas de esta época. Inevitable-
mente la ciudad arrastra detrás de sí al campo. Inevitablemen-
te el campo sigue a la ciudad. L a cuestión es simplemente saber
qué clase de entre las de la ciudad sabrá arrastrar al campo. "
Y bajo el título El yugo del i mper i al i stno y l a lucha de cl a-
se^-, discutiendo sobre " L a revolución china y las tesis del ca-
marada Stali n" escribía: " L a lucha revolucionaria contra el
imperialismo no debilita sino más bien fortalece la diferen-
ciación política de las clases. E l imperialismo es una fuerza
sumamente poderosa en las relaciones internas de China. L a
fuente principal de esta fuerza no son los barcos de guerra
surtos en el Yangtse Ki ang —éstos son sólo auxiliares— sino
los lazos económicos y políticos entre el capital extranjero y
la burguesía nativa. L a lucha contra el imperialismo precisa-
114 Q U E B R A C H O
mente a consecuencia de su poder económico y militar, exige
una poderosa manifestación de fuerzas desde lo más hondo del
pueblo chino. En realidad sólo es posible levantar a los obre-
ros y campesinos contra el imperialismo, conectando sus bá-
sicos y profundos intereses vitales con l a causa de la liberación
del país. Una huelga obrera —grande o pequeña— un levanta-
miento agrario, una demostración de las secciones oprimidas
de la ciudad o del campo contra los usureros, contra l a buro-
cracia, contra los sátrapas militares locales, todo lo que levanta
las multitudes, que las une, educa, fortalece, es un verdadero
paso adelante en el camino de la liberación revolucionaria y
social del pueblo chino. Si n eso los éxitos y derrotas militaies
de los generales de derecha, semiderecha y semiizquierda, serán
solamente espuma en la superficie del océano. Pero todo lo que
levanta a las masas oprimidas y explotadas de trabajadores,
inevitablemente empuja a l a burguesía nacional a un bloque
abierto con los imperialistas. La lucha de clases entre la bur-
guesía y las masas de los obreros y campesinos no se debilita,
sino, por el contrarío, se agudiza por la opresión imperialista,
al punto de llegar a la guerra ci vi l en cualquier conflicto serio
La burguesía china siempre tiene un sólido guardaespaldas en
el imperialismo.
"Sól o j i l uteoí ; ti r nor atxj s y si cofantes, que l l evan en su cor a-
zón l a esper anza de consegui r l a liheroción de Chi na como con-
cesi ón i mper i al i sta por l a buena condnci a de l as masas, pueden
cr eer que l a l i ber aci ón naci onal de Chi na puede obtener se mo-
der ando l a l ucha de cl oses, apl astando l as huel gas y l evanta-
mi entos agr ar i os, abandonando el ar mamento de l as masas, et-
céter a. Cuando el camarada Martinov propone que las huelga.s
y la lucha por l a tierra sean reemplazadas por una solución
obtenida por intermiedio de arbitraje gubernamental, no se
diferencia en nada de Dai Thi Tao, el inspirador filosófico de
Chi ang- Kai Shek" . . .
. . . " L a filosofía de Martinov, quien tiene el triste coraje de
¡levar a su conclusión final todos los errores de Stalin y Buj a-
rin en las cuestiones referentes a la política china, no hallan
un mínimo de objeción. Sin embargo equivale a aplastar con
los píes los principios fundamentales del marxismo. Reproduce
los aspectos más crudos del menchevismo ruso e internacional,
aplicados a las condiciones de l a revolución chi na" . . .
Lí'.óN T K O T S K Y Y W A L L S T R E E T
115
. . . " ' L a vieja táctica menchevique de 1905 a 1917, que fué
aplastada por la marcha de los acontecimientos, ahora es l l eva-
da a China por la escuela de Martinov, en forma parecida a la
que los desechos de la mercadería capitalista más inferior, que
no encuentra mercado en los países productores importantes
sino en las colonias. L a mercadería no ha sido renovada. E l ar-
gumento es el mismo, letra por letra, que hace veinte años.
Sólo que donde antes estaba la palabra "autocracia" se ha
puesto ahora la palabra «imperialismo»". . .
. . . " E n la práctica la política del menchevismo en la revol u-
ción consiste en ajustar el frente único a cualquier costo, tanto
como sea posible, al precio de adaptar su propia política a la
de la burguesía, al precio de desechar las consignas y la acti-
vidad de las masas, y aún, como en China, al precio de la
subordinación del partido de los obreros al aparato político de
la burguesía. El cami no bol chevi que, si n embargo, consi ste
en una demarcaci ón pol í ti ca y organi zati va i ncondi ci onal de
l a burguesí a, en un desenmascarami ento permanente de
l a burguesí a desde l os pri meros pasos de l a revol uci ón en l a
destrucci ón de todas l as iiusioues pequeñoburguesas sobre el
frente úni co con l a burguesí a, en una l ucha si n tregua con
l a burguesí a por l a di recci ón de l as masas, por l a expul san
(¡".spi aáada del Parti do Comuni sta de todos aquel l os el ementos
que si embran vanas esperanzas en l a burguesí a o l a i deal i zan."
(L. T R O T S K Y , Probl ems of the Chí nese Revol uti on. New Y ork,
1932, págs. 25 a 3 9. )
Todo eso escribía León Trotsky, con su acostumbrada y br i -
llante retórica respecto a la revolución en China cuando se tra-
taba de poner en descubierto los trágicos y trascendentales
errores de Stalin que condujeron a la más ignominiosa derrota
de la segunda revolución de aquel país asiático en el año 192 7.
Pero apenas diez años más tarde las circunstancias llevaron
a León Trotsky a otro país, también semicolonial, asimismo
convulsionado por la revolución impulsada por las masas cam-
pesinas y que, como China, debia enfrentar al imperialismo.
Allí, sobre el propio terreno y en persona tendría oportunidad
de poner en práctica las ideas que, expresadas con su acos-
tumbrada grandilocuencia, había lanzado a la cara del "Caín
de Moscú", que ya estaba preparando todos los terrenos para
darle el golpe final y liquidarlo como factor político dentro dj
116
Q U E B R A C H O
l a Unión Soviética. Las propias masas mexicanas han de ha -
berse sentido conmovidas en lo más íntimo a l a noticia de que
León Trotsky, nada menos que el propio León Trotsky, el jefe
de l a insurrección de Octubre, el espectacular creador del Ejér-
cito Rojo, el temible león de los días álgidos de l a más grande
revolución de l a historia, llegaría a su propio país a poner el
hom-bro, sin duda, para l iberarl as como había hecho en l a R u-
sia zarista, al lado de Leni n.
Pero, desgraciadamente para las masas mexicanas, el furioso
león de 1917, el impl acabl e fiscal de 1927, no era en 1937 más
que un sumiso felino que maul l aba y l evantaba l a col a apenas
se l e acariciaba el lomo.
Desde el momento de su desembarco en México, como hemos
visto en el capítulo anterior, estableció l a más estrecha col abo-
ración con el gobierno burgués que le daba asilo. Lógicamente,
al admitirlo en el país, ese gobierno debía asegurarse, como
corresponde con todo asilado político, que no entrara a inmis-
cuirse en l a política local. Pero León Trotsky lo hizo, y no en
interés de las ideas que había sostenido y de lo que represen-
taba como expresión de la'Revolución de Octubre, sino del go-
bierno burgués que lo acogía y que con ese fin, precisamente,
lo habia traído, con lo que León Trotsky traicionaba los inte-
reses de l a revolución mexicana y de las masas de obreros y
campesinos que podían haber esperado que se pusiera al lado
de ellas y no de sus opresores, como ocurrió.
Sin embargo, aún resonaban las palabras que había lanzado
a l a cara, roja de humillación, de Stal in, "palabras en las que
condensaba todo lo que había expresado sobre el rol ignomi-
nioso de aquél en l a revolución china. E n esas pal abras, que
repetimos, dándole una magnífica lección de ma rxismo- l eni-
nismo, le había dicho: " E í cami no bol chevi que consi ste en una
demarcaci ón pol í ti ca y organi zati va i ncondi ci onal de l a bur-
guesí a desde l os pri meros pasos de l a revol uci ón, en l a des-
trucci ón de todas l as i l usi ones pequeñoburguesas sobre el fren-
te úni co con l a burguesí a, en una l ucha si n tregua con l a bur-
guesía por l a di recci ón de l as masas, por l a expul si ón despi a-
dada del Parti do Comuni sta de todos aquel l os el ementos que
si embran vai i as esperanzas en l a burguesí a o l a ideal izan. "
Pero, ahora, para León Trotsky, no se trataba de pronunciar
frases sonoras, sino de hechos. Y, en contra de todo lo ante-
L E Ó N T R O T S K Y Y W A Í L S T R I I T
117
riormenle predicado, desde su llegada a México, renunciando
a la lucha de clases, estableció un sólido frente común con la
burguesía nacionalista de ese país, representada por el gobier-
no del general Cárdenas, desechó toda responsabilidad por las
actividades de ios Comunistas Intemacionalistas mexicanos,
que aparecían entonces como sus partidarios y, luego, fué cóm-
phce pasivo de su expulsión en masa de las filas de l a titulada
Cuarta Internacional, nada más que a causa de que trataban
de poner en práctica las ideas de L eni n y lo que él mismo an-
tes, había predicado. E n lugar de haber sido expulsado él, como
lo exigía en sus escritos sobre la revolución china para los
que "sembraran esperanzas en l a burguesía o l a idealizaran' ",
hizo expulsar a los verdaderos revolucionarios. E n lugar del
desenmascaramiento permanente de la burguesía que predicara,
hacía su elogio permanente en l a persona de su pri nci pal re-
presentante: " N o puedo dejar de expresar mis respetos sinceros
para el jefe de este país en quien l a palabra no difiere del
pensamiento ni el acto de l a palabra. Mi s observaciones dicen
que estadistas de este tipo no se encuentran frecuentemente."
(I V I nter naci onal . México, diciembre 20 de 1937.) A s i llevaba
Trotsky a la práctica, sobre el terreno de México, l a destruc-
ción de las ilusiones pequeñoburguesas sobre frente único con
la burguesía que exigía de Stalin, en Moscú, para l a lejana
China.
Y, mientras los Comunistas Intemacionalistas mexicanos, ex-
pulsados de las filas de l a Cuarta Internacional trotskysta, es-
cribían: " N adi e tiene derecho a olvidar que Cárdenas rompió
la huelga ferrocarrilera que era, por sí misma, una formidable
puja contra el imperialism.o norteamericano" (I V I nter naci o-
7i al . México, mayo de 1937), Trotsky continuaba repitiendo:
" E l general Cárdenas se encuentra en la serie de hombres de
Estado de su pais que han cumplido y cumplen la obra de
Washington, de Jefferson, de Abraham L i ncol n y del general
Grant " (México y el i mper i al i smo br i táni co.) Así emprendía
en la América L ati na, l a " l ucha sin tregua con l a burguesía
por l a dirección de las masas" que propiciaba para Chi na.
¿Habia alguna diferencia esencial entre el general Cárdenas
y el general Chi ang-K ai Shek, como para justificar un cambio
tan fundamental de conducta para ambos casos? N o había
ninguna. L os dos eran representantes de l a burguesía naciona-
118 Q U E E E A U I I O
lista de un país semicolonial, y, si algún ligero matiz podía
distinguirse entre el "ízquierdismo" de uno y otro, era a favor
del general Chi a ng- Ka i Shek de entonces, que era "ami go of i -
ci al " de la U. R. S. S. y simpatizante de l a Internacional Comu-
nista. ¿Por qué, Trotsky, que consideraba política menchevi -
que condenable y traidora l a sumisión de Stal in a Chi a ng- Ka i
Shek, no objetaba l a suya propia a Cárdenas? ¿O era que l a
"barata mercadería" que debía desecharse en Chi na podía
aceptarse en el México de l a América Lat i na?
E n sus declaraciones al dirigente obrero argentino Mateo
Fossa, León Trot sky había manifestado: " Pa r a el Kr eml i n, los
países latinoamericanos son poca cosa en el trato con los i mpe-
rialistas." Pero para Trot sky también los países l ati noameri -
canos parecían ser poca cosa, ya que les negaba lo que propi -
ciaba para otros países semicoloniales del mi mdo.
Porque L eóv. Trotsky, en su trato con el i mperi al i smo yan-
qui , con el presti gi o de su nombre, l l egó a reformar l a doctri na
marxi sta-l eni msta en orden a no crear perturbaci ones, en l a
zona de i nfl uenci a de ese i mperi al i smo, sobrepasando con cre-
ces l as posi ci ones más oportuni stas de l os menchevi ques, l as
que antes habi a condenado como trai ci ón, transformándose, de
revol uci onari o, en vul gar demócrata: " L a democracia para Mé -
xico, por ejemplo —decía en unas declaraciones a l a prensa
cubana, publicadas en Crí ti ca, de Buenos Ai res, el 21 de fe-
brero de 1940— significa el esfuerzo de un país semicolonial
por arrancarse de una dependencia servi l , entregar l a ti erra
a ios campesinos, elevar los indios a un ni vel más alto de
civilización, etcétera. E n otras paiabras, las tareas democráti-
cas en México, tienen un carácter progresivo y revol uci onari o. "
Y, en el ya mencionado artículo Méxi co y el i mperi al i smo bri -
táni co, escribía: " E l México semicolonial l ucha por su i ndepen-
dencia nacional política y económica. Ta l es, en el estado " a c -
t ual " , el contenido fundamental de la revolución mexi cana. "
Agregando: " Actual mente, l a revolución mexicana cumple l a
misma obra que los Estados Unidos, por ejemplo, cumpl ieron
hace tres cuartos de siglo, al comienzo de l a guerra ci vi l para
l a abolición de l a esclavitud y l a unificación naci onal . " Te r -
minando: " L a causa de México, como la causa de España, como
la causa de Chi na, es la causa de toda la clase obrera mundi al . "
Sólo que en la "causa de Méxi co", a diferencia de las otras, eu
L E Ó X T R O T S K Y Y W A L L S T R E E T
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i ' d s que exigía el establecimiento de la dictadura del proleta-
riado, León Trotsky se expresaba como un simple burgués l i -
beral que tomaba a México desarrollándose aisladamente en
plena época de la "agonía mortal del capitalismo" y cumplien-
Llapas, que otros países capitalistas más adelantados, habían
.-¡rnplido en siglos anteriores. Sin embargo, él mismo habia
dicho: " E n la época del imperialismo no se puede examinar el
destino do un país aislado más que tomando como punto de
partida las tendencias de la evolución mundial como un bloque
en el cual este país, con sus particularidades nacionales, está
• (luido y del cual depende." (L . T R O T S K Y , E l gr an or gani zad or
d er r otas. Madrid, 1930, pág. 108.)
también en el prólogo al libro de Harold Isaacs sobre la
.olucion china, Trotsky habia escrito: " Atraso histórico no
;;iica simple reproducción del desarrollo histórico de los paí-
avanzados. . . con un atraso de uno, dos o tres siglos. E n~
dra una formación " combinada" enteramente nueva en la
.1 ias últimas conquistas de la técnica y estructura capi -
;iía so arraigan en las relaciones del barbarismo feudal o
feudal, transformándolas, sometiéndolas y creando una re-
ón de clases peculiar. Ni una de esas tareas de la revolución
- iguesa" pueden resolverse en esos países atrasados bajo
ia dirección de la burguesía " naci onal " , debido a que ésta se
levanta en seguida con apoyo exterior como una clase hostil al
pueblo. Cada etapa de su desarrollo la ata más estrechamente
al capital financiero extranjero del cual es esencialmente la
agencia. L a pequeña burguesía de las colonias es la primera
en caer víctima de la lucha desigual con el capital extranjero,
declinando en su significación económica, desclasándose y pau-
perizándose. No puede ni pensar en desempeñar un papel polí-
tico independiente. E l campesinado, la clase más numerosa,
atomizada, atrasada y oprimida, es capaz de levantamientos
locales y de guerra partidaria, pero requiere la dirección do
una clase más avanzada y centralizada para llevar esta lucha
a un nivel nacional. Esta dirección recae en el proletariado
colonial, el cual, desde sus primeros pasos, se encuentra en
oposición, no sólo a la burguesía extranjera, sino también a la
suya propia nacional. " ( H. IS AACS , Tíic tr aged y of the Chi nese
Revol uti on, con una introducción por L . Trotsky. London, 1938,
pág. X VL )
Q U E B R A C H O
Y , en lugar de empezar por aplicar esasteorí as en el mismo
lugar donde las exponí a, Trotsky declaraba que México estaba
viviendo la misma etapa que los Estados Unidos en el siglo
pasado en tanto que calificaba a la burguesí a mexicana de
progresiva, elogiando a su jefe, Cárdenas, quien, según él, es-
taba cumpliendo el mismo rol que Lincoln.
¿No era esto también lo que sostení a el jefe del aprismo
peruano, Víctor R. Haya de la Torre? Para éste, asimismo, la
revolución mexicana señalaba el camino a seguir: "L a revolu-
ción mexicana —dijo repetidamente en sus obras— os nuestra
revolución." Y sobre esa base, como lí der de la pequeña bur-
guesía nacionalista de la América Latina, edificó sus teorí as,
creando el A PRA y el aprismo.
En su destierro, en México, León Trotsky, supuesto lí der del
proletariado revolucionario mundial y creador de la Cuarta I n-
ternacional, haciendo abstracción de todos sus escritos, lleg'.-
a compartir ampliamente los puntos de vista del pequeño-
burgués Haya de la Torre. Y aun en sus respuestas a M. Fosea,
expresó respecto al aprismo lo siguiente: "No conozco el apris-
mo lo suficiente para dar un juicio definitivo. En el Perú la
actividad de este partido tiene un carácter legal y, por consi-
guiente, difícil de observar. Los representantes del Apra en el
Congreso de Septiembre contra la guerra y el fascismo, reuni-
do en México, han tomado, tanto como yo puedo juzgar, una
posición digna y correcta junto con los delegados de Puerto
Rico. Queda la esperanza de que el Apra no caiga presa del
stalinismo porque esto paralizarí a el movimiento liberador en
el Perú." Esto deja entender que Trotsky consideraba que el
aprismo, y no el partido del proletariado revolucionario pe-
ruano, iba a liberar al Perú. ¡Toda esa trayectoria habí a reco-
rrido León Trotsky: de defensor de la "revolución permanen-
te", en Rusia, a aprista en la América Latina!
Y , mientras Trotsky seguí a elogiando al general Cárdenas
("Es precisamente porque México pertenece todaví a al número
de los países atrasados que aún deben conquistar su indepen-
dencia, que engendra entre sus hombres de Estado una osadí a
de pensamiento más grande que la de los epí gonos conserva-
dores de una grandeza pasada. ¡Tal fenómeno se encuentra
más de una vez en la historia!") fMétrico y el impeTialismo
británicoJ y apoyaba a la burguesí a que, según él, estaba l i e-
L E Ó N T Ü O T S K Y Y W A L L STRE E T 121
vando al triunfo a la revolución mexicana, los Comunistas I n-
temacionalistas, de México, tení an la "osadí a" de demxjstrar lo
contrario. Bajo el tí tulo Sólo los obreros en el poder entrega-
rán la Uerro a los campesinos, escribí an: "La Liga de Agróno-
mos Socialistas acaba de terminar un amplio estudio de la
aplicación de la Reforma Agraria realizada hasta 1933, estudio
del cual se saca la siguiente conclusión: Cero reparto de tierras
a los pueblos y ciento por ciento de supervivencia del latifun-
dismo. .. La revolución democráticoburguesa de México ha
sido incapaz de cumplir con una de sus principales tareas: dar
la tierra a los que la trabajan. Los grandes latifundios no han
hecho sino cambiar de manos y la reforma agraria sólo ha afee -
tado a medianas propiedades y, amaque parezca mentira, a pre-
dios de una hectárea de superficie. Y , en lo general, son las
tierras estériles las únicas que se han dado a los campesinos,
quienes están condenados, por esa situación ,a l a miseria má:,
espantosa.
"N i con ei Código Agrario, ni con la supresión de la Comi -
sión Agraria y el atole con ei dedo del nuevo Departamento,
han logrado la menor ventaja las masas campesinas; esto se
debe a que no existe el menor deseo de entregar toda la tierra
a los campesinos. Mientras tanto los nuevos latifundistas, gene-
rales y políticos, hacen cuanto pueden por evitar que se plantee
una nueva política agraria que permita a los campesinos tener
más tortillas y más frijoles.
"Como lo comprueba el estudio de los agrónomos, en Méxi-
co, sido una mentira el reparto de tierras. Sólo los campe-
sinos ¡aliados a la clase obrera, podrán expropiar a los lati-
fundistas para acabar con el hambre y la explotación feudal
de los trabajadores del campo." (IV Internacional. México,
mayo de 1937.)
Y , al año siguiente, al confirmar el titulado Congreso de Fun-
dación de la Cuarta Internacional trotskysta, la medida de ex-
pulsión adoptada contra ellos, los camaradas mexicanos dirigie-
ron una Carta a los militantes de la Cuarta Internacional ea
la que declaraban: "Los bolcheviques leninistas de México
declaramos que el aparato internacional aplasta, en el caso de
México, nuestra voluntad revolucionaria. . . Declaramos que
hay serio peligro de que los militantes bolcheviques de Méxi-
co seamos obligados a claudicar ante l a burguesí a nacional y su
122 Q U E B R A C H O
gobierno y que, en consecuencia, la independencia del movi-
miento revolucionario sea destruida. Declaramos que existe el
peligro de que los militantes bolcheviques mexicanos seamos
forzados a entrar en contubernio con lí deres traidores del peor
reforraismo oportunista, no sobre la base de acuerdos de fren-
te único revolucionario, sino de convenios que son el dominio
de la diplomacia secreta." (México, D.F., 5 de noviembre de
1938.)
Mientras tanto, el presidente Cárdenas, que habí a entrado
en lucha contra el dirigente Morones, de laC.R.O.M. —ya dis-
minuida en su importancia— por ser este partidario del gene-
ral Calles, tuvo que sustituir aquella como su necesario apoyo
obrero, buscándolo, momentáneamente, en la Confederación de
los Trabajadores Mexicanos, con la que también trató de ma-
niobrar. Y en todos esos manipuleos del gobierno de la burgue-
sía nacionalista, para frenar y tratar de dirigir para sus pro-
pios fines el movimiento obrero, León Trotsky desempeñaba un
rol de primera importancia.
Los grupos "Por una nueva (4^) Internacional Comunista",
de los Estados Unidos, lo poní an bien en evidencia: "Cárdenas,
a causa de la debilidad del capitahsmo mexicano, tiene que
desempeñar un papel más demagógico, para engañar a las ma-
sas, que Roosevelt. L a burguesí a mexicana es numéricamente
pequeña, en comparación a la población vasta campesina y tra-
bajadora. L a burguesí a mexicana no tiene tantos recursos,
tanto capital a su disposición para luchar contra las masas,
como los capitalistas norteamericanos. Esta debilidad dem.anda
el uso de medios más radicales para contener a la clase obrera.
Uno de los medios con que el gobierno de Cárdenas gana popu-
laridad y al mismo tiempo debilita el movimiento obrero es el
de dar apoyo temporal, primero a un dirigente obrero y luego
a otro para crear fricciones entre ellos, debilitando así a am-
bos y al movimiento obrero en general. El caso de Trotsky es
un ejemplo perfecto de la política astuta de Cárdenas. No sola-
mente ganó Cárdenas popularidad entre las masas dando asilo
a Trotsky, sino que con este acto logró afianzarse a sí mismo
contra el creciente movimiento obrero. Primero Cárdenas con-
siguió obtener concesiones políticas de los trotskystas, hacién-
dolos capitular y prometer no atacar al gobierno. En cambio, la
llegada de Trotsky es una advertencia a los stalinistas mexi-
L, EÓN T R OT S KY Y WA L I . S T RE E T 123
canos que tienen que humillarse mucho más si no quieren que
el gobierno ceda "concesiones" a Trotsky. Los stalinistas tienen
que demostrar más fe, más lealtad para obtener algunas pro-
mesas del gobierno que éste no "favorezca" más a los trots-
kystas. Aplicando la misma estrategia con los trotskystas, Cár-
denas los obliga a ponerse más "respetables", si no quieren que
el gobierno se declare por los stalinistas." (Desenvolvimiento
reciente del movimientü obrero en México, Claridad Proletaria,
Segunda Epoca, N*? 4, Chicago, agosto de 1937. )
Ese es el triste papel que desempeñó en la revolución mexi-
cana el compañero de Lenin en la revolución de Octubre, crea-
dor del Ejercito Rojo y dirigente destacado de los Cuatro Pri -
meros Congresos de la Internacional Comunista: el de vulgar
instrumento de la burguesí a nacional contra el movimiento del
proletariado revolucionario.
Así fué como los pelados y los charros, sin una vanguardia
obiera que los orientara y condujera, de acuerdo con las ense-
ñanzas de Marx y de Lenin, vieron perder todo su esfuerzo, el
que sólo sirvió para entronizar nuevos latifundistas en susti-
tución de los anteriores.
Sin embargo, el mismo Trotsky habí a escrito con todo énfa-
sis: "La ley íie hierro de la historia dice que un levantamien-
to campesino abandonado a si mismo, no puede elevarse hasta
!¿Tia rerdadera revolución. Aún en el caso de una victoria com-
pleta del levantamiento, el campesinado no es capaz más que
da instalar nuevas dinastías y de crear nuevas castas feudales:
tai es toda la vieja historia de la China. Es solamente bajo la
dirección de la clase revolucionaria de las ciudades que la guf-
rra campesina puede llegar a ser el in.'itrumento de tina trans-
formación de la sociedad." (L. T R O T S K Y , Víede Lénine. Parfc,
1936, pág. 10.)
Todo esto lo olvidó Trotsky muy fácilmente en México. Y , si
el prestigio de la Revolución de Octubre sirvió, en manos do
Stalin, para hacer fracasar la revolución en China, en 1927, y
en España, en 1936, en manos de Trotsky debí a servir para
hacer fracasar la revolución mexicana, la que hoy sólo ha
quedado como un recuerdo glorioso del esfuerzo trunco de un
pueblo por "desenvolver esa personalidad peculiarí sima" que,
según el comentarista español antes mjencionado, "es uno de los
tesoros más singulares y más ricos de l a historia del mundo".
124
Q L EB K A C HO
Todo eso lo olvidó Trotsky que, desde el propio México, eii
una Carta abierta a los obreros de la India, fechada en Coyoa-
cán, el 25 de julio de 1939, encarando los primeros sí ntomas de
levantamiento de las masas hi ndúes, que comenzaban a con-
vulsionarse, escribía en sus ampulosos térmi nos de siempre:
"En el caso de que la burguesí a de la India se vea obligada a
dar el más pequeño paso en el camino de la lucha contra el
dominio arbitrario de Gran Bretaña, el proletariado, natui'al-
mente, apoyará este paso. Pero lo apoyará en su propia mane-
ra: grandes asambleas, consignas audaces, huelgas, demostra-
ciones y las más decididas acciones de combate, de acuerdo con
las relaciones de juerzas y las circunstancias. Precisament:
para hacer esto el proletariado debe tener sus manos libres.
Completa independencia de la burguesía es indispensable para
el proletariado." (The New International. Vol . 5, Ní* 9, Nev;
Y ork, septiembre de 1939.)
¿Por qué no decía ahora que la burguesí a hi ndú, capita-
neada por Nehru, estaba cumpliendo la etapa de los Estado^:
Unidos de la época de Li ncoln? ¿Debemos sacar la conclusión
de que la línea política, revolucionaria para la India y opoi'-
tunista para México, que auspiciaba Trotsky se debí a al hecho
de que aquella tení a que enfrentar al imperisilísmo bri táni co, y
México y la Améri ca Latina, al imperialismo yanqui, con el
que se habí a aliado Trotsky contra Stalin? Todo indica que
así era.
VII - LEON TROTSKY Y EL TROTSKYSMO COMO
AGENTES DE WALL STRETT EN LOS
ESTADOS UNIDOS
E l año 1938, en l a revista The New Stateman and Nation,
de Londres, se publ icó una entrevista del izquierdista ingl és
Kingdl ey Marl in, con León Trotsky, que fué reproducida en
Hoy, de Santiago de Chil e, en esa misma época. K . Marl i n,
escribió en el l ai "Fui a ver a Trotsky en l a casa que Diego
Rivera y su esposa le han prestado en l os suburbios de México.
Está muy bien resguardado y no puede sal ir, según se me dice,
sin una escol ta de detectives, seguida por una patrul l a armada,
en motocicl eta. Cuatro centinel as con rifl es estaban en ía puer-
ta. Una vez adentro, constato que un desterrado no podría es-
perar un refugio más encantador. Trotsky estaba sentado en un
l argo, fresco cuarto que miraba al patio, un al egre y hermoso
patio, las mural l as de azul l igero y l as bugamvigl ias como una
gl oria, al sol . «E staba trabajando —me dijo— en mi nuevo
l ibro Los crimines de Stalin*. Los retratos de Trotsky pueden
sugerir l a escena revol ucionaria en el enredado cabel l o, y en
una cierta desarregl ada vehemen.cia cerca del cuel l o. Nada
puede estar más l ejos de l a verdad. Correcto, fué l a pal abra
que vino a mi mente cuando l o vi por prim.era vez. Parecía
como sí acabara de sal ir de un baño cal iente, como si acabara
de cortarse el pel o, su barba peinada y su traje pl anchado. Su
cabel l o y su barba son grises y su cara de col or fresco y rosa-
do. Tenía el aire de un francés. Pero más que eso, después de
pocos minutos reconocí que no de un pol ítico francés, a pesar
de su corrección, sino de un artista francés. Se diría de un
pintor.
126 Q U E B R A C H O
' ' A medida que hablamos reafirmé mi impresión de Trotsky,
como un artista, como un hombre intuitivo e imaginativo, muy
capaz, hombre de férrea voluntad e indomable temperam.ento.
Si yo me hubiera topado con él, sin saber quién era, o qué ha-
bía hecho, y sin haber leído sus libros, hubiera sido fuertemen-
te impresionado; pero dudo que hubiese reconocido su genio.
En la conversación creció en mí la idea de que le falta una de
las cualidades de grandeza que Lenin tení a en grado extraordi-
nario. Trotsky ha visto siempre los acontecimientos en relación
a su propia carrera. A un cuando puso su inmensa energí a en
la tarea de formar el ejercito soviético y reorganizar el semi-
arruinado sistema de ferrocarriles, debe haber estado diciéndose
a si mismo: «Yo, Trotsky, estoy haciendo esta gran obra, y ha-
ciéndola tan soberbia, como sólo yo la puedo hacer». Es un
actor dramático y representa su propio papel; dudo que su j ui -
cio haya sido jamás objetivo, pero, en el destierro la objetivi-
dad es casi imposible. L a destrucción de la objetividad es el
peor daño que el destierro inflige. Quizá Lenin es el único
refugiado político que nunca perdió su sentido de la propor-
ción".
Esta última semblanza de León Trotsky, en México, confir-
ma todas las que anteriormente hemos reproducido y ratifica
lo que sobre él se ha dicho: su concepto de la polí tica como
arte, su carácter de actor, su egocentrismo, y su alejamiento
de la realidad. Dentro de todo esto, y tení a razones de peso
para ello, habid asignado a su labor del destierro enorme i m-
portancia.
El iTiismo lo escribió entonces: "Creo que el trabajo que rea-
lizo actualmente, a pesar de su naturaleza extremadamente
insuficiente y fragmentaria, es el trabajo más importante de m.í
vida, más importante que 1917, más importante que el perí odo
de la guerracivil o cualquier otro. Para ser claro me expresaré
de este modo. Si yo no me hubiera encontrado en 1917 en Per-
tersburgo, la Revolución de Octubre ío mismo habrí a ocurrido, a
condición de que Lenin hubiera estado presente y en la direc-
ción. Si ni Lenin ni yo hubiéramos estado presentes en Peters-
burgo, no habrí a habido Revolución de Octubre: la dirección
del partido bolchevique habrí a impedido que se produjera,
¡de esto no cabe la menor duda! Si Lenin no hubiera estado en
Petersburgo, dudo de que yo hubiera podido superar la resis -
L E Ó N TI Í OTSKY Y SVALL S TRE E T
127
tencia de los dirigentes bolcheviques. La lucha contra el "trots-
kysmo" (es decir, contra la revolución proletaria) habrí a co-
menzado en mayo de 1917 y la salida misma de la Revolución
se habrí a visto comprometida. Pero, repito, una vez admitida
la presencia de Lenin, la Revolución de Octubre hubiera resul-
tado, de todos modos, victoriosa. Grosso miodo puede decirse lo
mismo de la guerra civil, aunque en su primer perí odo, espe-
cialmente después de l a caí da de Simbirsk y de Kazan, Lenin
vaciló y fué asaltado por la duda. Pero, esto nunca lo expresó
a nadie más que a mí. De manera que no puedo hablar del
"carácter indispensable" de mi actividad, ni aún para el perio-
do de 1917 a 1921. Pero ahora mi trabajo es «indispensable»
en todo el sentido de la palabra. El hundimiento de las dos
internacionales ha planteado un problema para cuya solución
ninguno de los dirigentes de esas Internacionales está capa-
citado en lo más mí nimo. Las vicisitudes de mi destino personal
me han colocado frente a este problema y me han dado una
importante experiencia para encararlo. No hay otra persona
fuera de mí para la misión de armar a una nueva generación
con el método revolucionario por encima de las cabezas di ri -
gentes de la 2^y de la 3^Internacionales. ¡Y estoy totalmente
de acuerdo con Lenin (o más bien con Turguenev) en que el
peor de los vicios es tener más de 55 años! Necesito, todaví a,
por lo menos cinco años de trabajo ininterrumpido para ase-
gurar ía continuidad". (L, T R O T S K Y , Diary in exile: 1935. New
York, 1958.)
León Trotsky, pues, derrotado y desterrado por las circuns-
tancias negativas que significaron el surgimiento de la buro-
cracia en la U.R.S.S. —resultado, como hemos visto, de la ad-
versa relación de fuerzas dentro del proceso revolucionario
mundial— comprendió que los acontecimientos lo colocaban en
una situación nueva e inesperada: la de lí der de la revolución
mundial comenzada en la Unión Soviética bajo la dirección de
Lenin, dirección que ahora, aparentemente, pasaba a sus ma-
nos. La historia, que le habí a dado la oportunidad de desta-
carse como segunda figura de la Revolución de Octubre, pare-
cía querer proporcionarle otra más grande aún: la de organi-
zar un nuevo Partido mundial de vanguardia y dar la batalla
final al capitalismo moribundo. ¡Qué empresa fabulosa para
12S Q U E B R A C H O
el Trotsky que gustaba contemplarse en el espejo de esa misma
historia!
Pero, para cumplir con l a misión que se habí a impuesto,
tení a que enfrentar, en una guerra a muerte, al amo del mundo
capitalista, al mismo que él habí a señal ado, acertadamente, en
su notable discurso de Moscú, en 1924: los Estados Unidos.
Recordemos otra vez sus palabras: "Quienquiera que desee o
trate de discutir ei destino del proletariado mundial sin tomar
en cuenta el poder y el signijicado de los Estados Unidos, está,
en cierto sentido, haciendo un inventario sin consultar al amo.
pues el amo del mundo capitalista —y entendamos etsto clara-
mente— es Nueva Y ork, con Washington como su Departa-
mento de Estado." "La preponderancia que Inglaterra, en el
cénit de su prosperidad ¡tenia sobre Europa y el resto del mun-
do, no es nada comparada con la preponderancia de los Estados
Unidos sobre iodo el mundo, incluso Inglaterra, hoy. Y esto,
caniaradtis, es el puiito central de ía cuestión europea y mun-
dial. Sin comprender esto, es imposible comprender los desti-
nos de la historia del m.undo en sus próximos capítulos"
Sin comprender eso, sin comprender l a aplastante prepon-
derancia de Wal l Street, habí a dicho entonces, Trotsky,
era imposible comprender l a historia del mundo en sus próxi -
mos capítul os. Ahora esos capí tul os estaban ahí y le presen-
taban sus páginas en blanco para que las llenara con las nue-
vas hazañas que su autoapreciación personal le imponí an.
León Trotsky, sin embargo, se hallaba muy lejos de encon-
trarse a l a altura de tamaña tarea. No era —nunca l o habí a
sido en el verdadero sentido del término— un revolucionario
marxista auténtico, sino un centrista elevado por las circuns-
tancias objetivas, y bajo l a dirección de uno que sí lo era.
Pasadas esas circunstancias y desaparecida esa dirección, Trots-
ky habrí a de retomar su equil ibrio político,es decir, retornar
a su centrismo. Y si en Ja primera década posterior a l a muert3
de Lenin, hubo de mantener, en l í neas generales, una l í nea
revolucionaria al amparo de las ideas y posiciones de éste, l a
primera circunstancia difícil —el triunfo de Hitl er en Al e-
mania— lo impul só ya a entrar en contubernio con l a podrida
socialdemocracia y su revolucionarismo terminó por desvane-
cerse en frases y en alharaca. Como todos los pomposos, mostró
que carecía de consistencia. Porque los fuertes son humildes,
L E Ó X TROTS KY Y WA L I . S TRE E T 129
como lo fué Marx, a pesar de su tremendo orgullo, y como lo
fue Leni n y, por serlo, no necesitan lodos esos abalorios con que
tratan de ensanchar su personalidad los débiles.
A si fué como Trotsky, en lugar de enfrentar al más pode-
roso amo capitalista, en beneficio de la revoluci ón mundial
que decía propiciar, pasó a aliarse con él y, en últi mo térmi no,
a servirlo. Y eso, precisamente, cuando éste estaba preparando
la gran guerra 1939-45, que le iba a dar preponderancia deci-
siva y definitiva en el campo capitalista, primer paso i ndi s-
pensable a su propósi to de preparar un asalto final contra la
U.R.S.S. para completar su domi naci ón mundi al.
L a abierta connivencia de León Trotsky con el imperialismo
de Wall Street, puesta de manifiesto a través de los hechos, es
uno de los aspectos más importantes y sorprendentes del des-
arrollo del movimiento revolucionario en los dí as que prece-
dieron a la segunda guerra mundi al y durante los primeros
tiempos de ésta, y no se puso claramente en evidencia para
nosotros, militantes cuartainternacionalistas, hasta algunos
años más tarde, aunque quien esto escribe, como primera y
sola voz en la A méri ca Lati na, y ya desde 1943, denunciara
públi camente a los trotskystas yanquis y a la Cuarta Inter-
nacional como agentes de Wal l Street en el continente. L a con-
ducta de Trotsky, ¿fué deliberada?, ¿fué inconsciente? Pode-
mos pensar que fué completamente deliberada. El mismo, como
queriendo justificarse, sin duda, llegó a escribir: "A nte todo es
necesario establecer aquí que, en determinadas condiciones
—hasta cierto grado y en cierta forma— apoyar a este o aquel
imperialismo seria inevitable aún para un Estado obrero com-
pletamente sano —en vi rtud de la imposibilidad de despren-
derse de las cadenas de las relaciones imperialistas. . . Un Esta-
do obrero aislado no puede dejar de maniobrar entre los cam-
pos imperialistas hostiles. Maniobrar significa apoyar tempora-
riamente uno de ellos contra el otro. Saber exactamente cuál
de los dos campos es más ventajoso o menos peligroso de apo-
yar en cierto momento no es una cuesti ón de principios, sino
de cálculos prácti cos y de clarividencia." (L. T R O T S K Y . Una vez
y otra más sobre la naturaleza de la U.R.S.S., The New Inter-
national. New York, february 1940.)
En cualquier forma, la funesta actitud de León Trotsky al
aliarse con el imperialismo yanqui, puede equipararse, sin ni n-
130 Q U E B R A C H O
guna vacilación, con la del propio Stal i n al unirse sucesiva-
mente a uno y otro de los campos imperialistas durante l a se-
gunda guerra mundial, que tantas diatribas mereci ó del mismo
Trotsky y de su Cuarta Internacional.
Fué como resultado de su connivencia con Wal l Street, que
el New York Times, "el diario burgués más poderoso", según
expresi ón de Trotsky, que antes habí a saludado con j úbi l o su
caída, pasó a ser su órgano de combate y Trotsky se transfor-
mó en su colaborador cuotidiano. ("León Davi dovi ch escribe
artículos casi diarios para el New York Times'\ó la
viuda de éste. ) Es cierto que Marx, en 1851 y 1852, habí a cola-
borado en el New York Trihune. Pero, en aquella época, como
ya lo henijOs expresado en rel aci ón con el articulo de Engels
sobre México, l a burguesí a yanqui, en primer térmi no l a bur-
guesía l i beral a la que pertenecí a el director de aquel peri ódi co,
Charles Dana, desempeñaba un rol progresivo, particularmente
frente a l a lucha que los Estados del Norte ya empeñaban con-
tra los Estados esclavistas del Sur. En cambio, en l a época de
Trotsky, el New York Times, era y es el vocero y aún la perso-
nificación de los intereses de Wal l Street, es decir, de la escla-
vización imperialista del proletariado de los Estados Unidos y
de las masas coloniales y semicoloniales del mimdo. Es cierto
que, en determinadas circunstancais, la tribuna reaccionaria
del New York Times, de acuerdo con el símil del "vagón pre-
cintado" de Leni n, que empl eó Trotsky, podí a haberse utilizado.
Pero cuando esa "uti l i zaci ón" se hace habitual, no somos nos-
otros quienes estamos utilizando al enemigo, sino el enemigo
quien nos está utilizando a nosotros.
Eso fué lo que ocurri ó con Trotsliy. Y no sólo el New York
Times se orlaba con sus artí cul os, sino que hasta l a prensa
amarilla de Wi l l i amRandolph Hearst, presentado por los mi s-
mos partidarios de Trotsky como "uno de los más poderosos
capitanes de la industria" y "una desti l aci ón pura de l a historia
del capitalismo norteamericano en su etapa imperialista" (The
New Í TiternatíonaL New York. Vol . III, Ni* 3) reproducí a a pá-
ginas enteras los artículos de Trotsky, quien en toda su profusa
producci ón literaria del destierro, como l o he señal ado ya, NI
U N S OL O ART Í CUL O ES CRI BI Ó CONT RA E L I M P E R I A L I S M O Y ANQUI ,
que lo amparaba (y lo podemos decir nosotros que poseemos
toda su bi bl i ografí a), pasando así por &lto el factor capital de l a
L E Ó N T R OT S KY Y W A L L S T F E E T
131
historia contemporánea, según él mismo habí a manifestado, en
tanto que despotricaba diariamente contra Hitl er y contra el
imperialismo inglés, además de sus constantes tiradas contra
Stalin, es decir, contra los principales enemigos del imperia-
lismo yanqui, en cuyo perro guardi án se habí a convertido.
No era, pues, de sorprender que no sólo los diarios, sino
también las más poderosas editoriales de Nueva Y ork se dis-
putaran, como lo he manifestado anteriormente, el derecho de
publicar sus libros. Y de esos libros y de los artí cul os que apa-
recían en l a prensa imperialista, viví a Trotsky. "L a fuente de
mi renta es mi trabajo literario. ¡Y eso sólo!", dijo en una
entrevista al Daily News, de Nueva Y ork.
Es decir, que el imperialismo yanqui financiaba l a labor de
Trotsky gratificándol o, así, por su silencio respecto a sus pre-
rrogativas, y proporcionando el dinero para l a campaña de
Trotsky contra Stalin, ya que el Bol etí n de l a Oposición, según
la propia decl aración de aquél --que hemos reproducido pági -
nas atrás— fué pagado desde un comienzo con esos fondos.
Hemos visto, también, que Trotsky disponí a libremente de
la red de emisoras de la Col umbia Broadcasting System; que
gozaba de las simpatí as de la burguesí a yanqui y que el pre-
sidente mexicano Cárdenas, sometido en úl tima instancia, a las
inspiraciones de Washington, y a quien Trotsky apoyaba abier-
ta y encomiásticamente, lo tení a como su huésped de honor,
custodiado por innumerables policías ("Recorriendo los al re-
dedores de l a Capital Federal, me^l l amó la atención que en el
silencio y tranquilidad de ese pueblo, hubieran tantos policías
custodiando una casa. Allí viví a el ex l í der soviético", escribió
el dipl omático boliviano Alfredo Sanjinés, que visitó a Trots-
ky en Coyoacán, en 19;í7. La reforma agraria en Bolivia. L a
Paz, 194.'i, pág. 21) con el fin de que nadie lo perturbara mien-
tras el l í der de la Cuarta Internacional, que habí a hecho ex-
pulsar de las filas de ésta a sus partidarios mexicanos, que
pretendí an llevar adelante la revol ución en el paí s, escribía
diariamente, bajo el amparo de ese aparato policial, cien ar-
tículos predicando la revol ución en la Unión Soviética, en Al e-
mania, en Inglaterra y sus colonias, en España, en Francia
—todo esto de palabra, porque, en los hechos termi nó al ián-
dose con la socialdemocracia— mientras reverenciaba al impe-
rialismo yanqui, contra el que nada decí a y aún ayudaba a
132 Q U E B R A C H O
frenar la revoluci ón en cualquier país, como México, que estu-
viera dentro de la esfera de influencia de Wal l Street.
Pero Trotsky fué aún más allá y se aprestó para colaborar
con los más negros medios de reacción de la plutocracia yanqui.
Tal es el caso de su proyectada i ntervenci ón en las audiencias
del famoso Comi té Dies, organizado por el Congi'eso de los
Estados Unidos para investigar y reprimir las llamadas "acti -
vidades antinorteamericanas", es decir, el comunismo. Y como
esto tiene inusitada importancia, deseo deslacai"lo.
Los hechos son los siguientes: el 12 de octubre de 1939,
Trotsky, según sus propias declaraciones (Soctaiist AppeaJ,
New York, december 16, 1939) recibió el siguiente telegrama:
"León Trotsky, México Ci ty. El Comi é Dies, de la Cámara de
Representantes de los Estados Unidos, lo i nvi ta a aparecei "
como testigo ante él en la ciudad de Austi n, Texas, ciudad
designada con vistas a su conveniencia personal... El Comi té
detíea tener un informe completo de la historia del Stalinismo
y lo i nvi ta a contestar las preguntas que le pueden ser hechas
de antemano si usted lo desea. Su nombre ha sido mencionado
frecuentemente por testigos tales como Browder y Foster. Este
Comi té le dará la oportunidad de responder sus cargos.. . - J .
B. Mathews, jefe investigador, Comi té especial sobre acti vi -
dades antinorteamericanas."
Desde luego, León Trotsky, en seguida, contestó aceptando.
¡Qué sensación para las audiencias burguesas! ¡Qué golpe re-
clamista para el actor Trotsky! ¡El organizador de la insurrec-
ción de Octubre y compañero de Leni n en los años críticos de
la U.R.S.S., presentándose para declarar contra Stali n en un
tribunal archirreaccionario, montado por el imperialismo yan-
qui para luchar contra el comunismo! Menos mal que una nue-
va resolución imperialista dejó sin efecto la i nvi taci ón y aho-
rró a Trotsky el triste papel que estaba dispuesto a desempe-
ñar. Porque presentarse como declarante ante el Comi té Dies
podía aceptarse, úni camente, cuando se hiciera con el propósi -
to de desenmarcarar al propio imperialismo yanqui, al "verda-
dero amo". Pero no era eso lo que se proponí a Trotsky, quien
seguía amparándose en ese imperialismo para luchar contra
Stalin. El mismo Trotsky, en un artí culo titulado Por qué con-
sentí presentarme ante el Comité Dies, publicado en el Soci a-
list Appeal, nombre entonces del órgano del Socialist Workers
L E Ó N T ROT S KY T W A L L S T RE E T 133
Party, de fecha 3Ü de diciembre de 1939, lo declaraba: "La
Comintern ha mentido, engañado y cometido traición en tal
grado que la cruda verdad es el arma más aguda contra ella.
Es precisamente la tarea que me he impuesto, decir la verdad
de las actividades del K reml i n y de la Comintern. No prometo
revelaciones sensacionales. Pero no son necesarias. ¿Qué reve-
laciones nuevas pueden sobrepasar los procedimientos de ios
procesos de Moscú, la liquidación de la vieja guardia bolche-
vique, el aniquilamiento de los generales rojos, la súbita alian-
za con Hitler y los escandalosos zig zags de la Comintern bajo
el látigo del Kremlin? Pero yo puedo ayudar a reunir los dis-
tintos asptectos de este cuadro en uno solo y poner en evidencia
su significado. Cuando los trabajadores entiendan el papel
reaccionario del stalinismo, se alejarán de él con aversión. Con
el fin de ayudar a los trabajadores a comprender esto es qu2
yo acepté aparecer ante el Comité Dies." La lucha contra Sta-
lin, pues, en la más inaudita colaboración con el imperialismo
yanqui.
Y si su colaboración con Wal i Street era tan estrecha, ¿qué
otra cosa podía esperarse de su parte que la actitud que adoptó
trente a la acción revolucionaria del proletariado de los Esta-
dos Unidos, tratando de canalizarla hacia la formación de un
Partido Laborista, es decir, de un partido reformista que sólo
podía significar, en último término, un Partido de repuesto
para la defensa de la plutocracia yanqui?
Pero sinteticemos el asunto: en la época en que mantuvo
posiciones revolucionarias, León Trotsky, seguido por sus par-
tidarios, se habí a opuesto terminantemente a la consigna de la
formación de un "partido obrero basado en los sindicatos", o
sea, un Partido Laborista del tipo británico, para los Estados
Unidos. Esta consigna, que entonces sostení an los stalinistas,
fué considerada completamente oportunista por Trotsky y los
trotsks'stas. Pero, con posterioridad al "viraje francés, en 1934,
cuando Trotsky abandonó sus posiciones revolucionarias para
inclinarse hacia un oportmiismo de derecha, desdiciéndose de
su prédica anterior, levantó la consigna del Partido Laborista,
que ahora estaba enteramente de acuerdo con sus nuevas posi-
ciones oportunistas. Esta actitud de Trotsky y de los trotskys-
tas fué adecuadamente expuesta por los pocos marxistas-leni-
nistas que quedaron en los Estados Unidos, quienes en la edi-
134 Q U E B R A C H O
ción mimeografiada de ínternaüonal News, vol. 5, Nó 9, publi -
cada en Chicago, en diciembre de 1943, escri bí an: "En 1934 la
convención stalínista votó 100 contra la consigna de la for-
mación de un Partido Laborista para los Estados Unidos. Unos
días más tarde, Earl Browder, secretario general del P.C. des-
embarcó procedente de Moscú y la misma convenci ón votó
100% por un Partido Laborista. Browder acusó a los "secta-
rios" del P.C. de no entender los nuevos acontecimientos. Los
tiempos han cambiado, dijo. Ahora necesitamos un Partido
Laborista. El argumento de Browder era vacío, naturalmente.
Nosotros, trotskystas, que i ntegrábamos, entonces, la Commu-
nist League of Ameri ca, hicimos mofa de esa hi pocresí a. Pro-
bamos, sobre la base de los principios marxistas. que un Parti -
do Laborista sería úni camente una edición norteamericana del
Frente Popular y que no podía ser sino un partido reformista.
iQuién iba a pensar que 9 años más tarde el apóstol de León
Trotsky, J ames P. CEmnon, resuci tarí a el mismo tipo de argu-
mentos que Browder!"
Pero, en realidad, los argumentos de Browder, resucitados
por Cannon, no eran de éste, sino del mismo León Trotsky.
En el Internal Bulletin N"? 2, del Socialist Workers Party, pu-
blicado en Nueva Y ork, en un artí culo que lleva l a significa-
tiva advertencia: "Para uso interno de la 4^ Internacional
úni camente" y titulado Discusión con Crux (León Trotsky) so-
bre el Partido Laborista de fecha 31 de mayo de 1938, se plan-
tean a Trotsky una serie de preguntas, la primera de las cuales
decia así:
"En las filas de nuestro Partido el asunto que parece ser más
discutido, en relación con la aprobaci ón con el Programa de
Demandas Transitorias, es el que se refiere a la consigna de la
formación de un Partido obrero basado en los sindicatos, es de-
cir, un Partido Laborista, en los Estados Unidos. Algunos cama-
radas sostienen que es incorrecto postular la formaci ón de ese
Partido dado que no existe evidencia alguna que indique una
aspiración difundida entre la masa respecto a ese asunto, que
no hay ni ngún partido de esa naturaleza en proceso de forma-
ción ni tampoco conciencia de que nosotros daremos a tal mo-
vimiento contenido revolucionario, y que, a falta de esos fac-
tores objetivos, esta parte de la Tesis es oportunista. ¿Puede
usted aclarar este punto?"
LEÓN" T ROT S KY Y W A L L S T RE E T 135
L a respuesta de L eón Trotsky, llena varias páginas de su
acostumbrado verbalismo, tratando de explicar su cambio de
posición con frases y, lamentablemente, no hay espacio para
reproducirla en esta oportunidad. Sintetizando, diremos que,
al igual que Earl Browder, sostenía que "los tiempos habí an
cambiado". Y cuando, finalmente, se le planteaba: "Algunos
camaradas aún han reunido pruebas tendientes a demostrar
que ei movimiento por un Paitido L aborista está declinando
entre los obreros, y, varios de esos camaradas, que proceden
del Partido Socialista se quejan de que. en l a época en que
sostenían la necesidad de un Partido L aborista, fueron conven-
cidos de su error discutiendo con los trotskystas y, ahora, deben
volver a su posición anterior", L eón Trotsky apelada a subter-
fugios escolásticos. Y respondí a: "Sí, es una cuestión pedagó-
gica, pero es una buena escuela para los camaradas. Ahora
pueden ver el desarrollo dialéctico mejor que antes."
Mientras tanto, un sector del propio Socialist Workers Party,
por intermedio de Hal Draper, hací a una decl aración contra la
consigna del Partido L aborista, en los Estados Unidos, en la
que, entre otras cosas, decí a: "L a decl inación acelerada de la
economía norteamericana desecha las bases mismas de l a pol í -
tica obrera reformista, pone en evidencia su carácter de auxi -
liar del capitalismo y demuestra su impotencia. Nuestra po-
sición respecto a la formación de un Partido basado en los
sindicatos (Partido L aborista) es que en el perí odo de decl i-
nación capitalista, un Partido de tal naturaleza no puede des-
empeñar un rol progresivo, ni resolver los problemas que debe
enfrentar el proletariado y si, sólo puede servir como un medio
para canalizar las aspiraciones de acción pol í tica del proleta-
riado hacia l a política del capitalismo y movilizar los obreros
detrás de la próxima guerra imperialista. Esto tiene más i m-
poitancí a en el presente momento cuando la decl inación capi-
talista toma formas más concretas. Mientras el movimientü
hacia una acción política independiente de parte de amplios
sectores del proletariado es una evolución progresiva para esos
obreros, la cristalilzación de este sentimiento en l a forma de
un Partido L aborista, sólo puede ser considerada como una
evolución reaccionaria que actuará como freno para cualquier
avance futuro. No hay otra perspectiva a largo plazo ante
el movimiento por un Partido L aborista; demasiado pronto
136 Q U E B R A C H O
—inmediatamente— debe enfrentar la dura alternativa que se
le presenta: Por el capitalismo o contra el capitalismo. Todo lo
más, sólo puede ser un fenómeno transitorio que terminará
en desconcierto y en desilusión para las masas.'' (Internal
Bulletin, NO 2, Socialist Workers Party, pág. 31.)
Pero, a León Trotsky, su connivencia con el imperialismo
yanqui le hacía ver las cosas de otra manera. Y , en conse-
cuencia, indicaba ahora para el proletariado norteamericano
un típico camino oportunista que antes él niismo habí a re-
chazado.
^Qué faltaba a León Trotsky para completar el cuadro de
su sumisión a Wal l Street? Que sus partidarios en los Estados
Unidos apoyaran al gobierno de Washington y que los emisa-
rios de la Cuarta Internacional trotskysta hicieran propaganda
a favor del imperalismo yanqui, dentro de lo que aquél con-
sidera su esfera de influencia exclusiva: la América Latina.
Y ambas cosas ocurrieron.
En la carta abierta dirigida a Bode, secretario del Partido
Obrero Revolucionario trotskysta, de Cuba, fechada en Buenos
Aires, el 27 de mayo de 1943, bajo el encabezamiento: "Los
titulados trotskystas del Socialist Workers Party, de los Esta-
dos Unidos, y el supuesto Comité Ejecutivo Internacional con
sede en Nueva York, no son más que descarados agentes do
Wall Street en el seno del movimento obrero de la Cuarta
Internacional" ,aparecí da en el Boletín Sudamericano, N9 5,
junio de 1943, de la Liga Obrera Revolucionaria argentina y
reproducida en el libro Estrategia Rei->olucionaria (Buenos A i -
res, 1957), el autor de este libro lo denimcí ó. Y , para poner en
evidencia todo lo que el tí tulo de esa carta sugiere, basta re-
producir algunos capítulos de la misma.
Pero antes deseo recalcar la importancia que tení a el Socia-
list Workers Party, de los Estados Unidos, para la política y
la acción de Trotsky, ya que, toda ella, estuvo basada princi-
palmente en el mismo. Cuando ese Partido se organizó, bajo la
dirección de J ames P. Cannon y Max Shatchman, después
del paso de sus componentes por diversos partidos reformistas
y oportunistas, Trotsky, como ya dijimos, saludó el aconteci-
miento com.o uno de los sucesos fundamentales del movimiento
orientado por él. Haciendo una reseña de este movimiento,
habí a escrito: "L a creación en los Estados Unidos del Socialist
L K Ó N T R OT S K Y Y W A L L S T R E E T
137
Workers Party puede ser considerada como el fin del segundo
periodo. De ahi en adelante confrontan cara a cara, a la Cuarta
Internacional, las tareas del movimiento de masas." Y res-
pecto a Cannon, había dicho en sudiscusión con la mi norí a:
"Cannon representa el partido proletario en proceso de forma-
ción." Habiendo exclamado en repetidas oportunidades: "¡Viva
el Socialist Workers Party de los Estados Unidos!"
De manera que veamos qué clase de partido proletario mar-
xista-leninista era ese Socialist Workers Party que León Trots-
ky, el teórico de la "revolución permanente" y líder de la Cuar-
ta Internacional, presentaba como su fuerza más representativa.
Son los propios jefes de ese Partido quienes van a exponerlo.
Para ello reproduzco los párrafos pertinentes de la carta a
Bode, anteriormente citada, y escrita en 1943, tal como apa-
rece enEstrategia Revolucionaria, de página 260 en adelante,
lamentando, dada la importancia del asunto, verme obligado a
ser tan extenso:
• E L SOCIALIST WORKERS PARTY DE LOS ESTADOS UNI-
DOS SEGUN SUS PROPIOS BUROCRATAS. ENSEÑANZAS DE LA
DIVISION DE 1940.
"En efecto, después de todas sus anda.izas por los partidos refor-
mistas y nacionalistas, manteniendo una política oportunista del peor
carácter, sin organización bolchevique el Socialist Workers Party de
los Estados Unidos debió vivir un nuevo episodio que vino a culmina'
su desprestigio: la división de 1040. De resultas de ella sus dos jefes
íitds conocidos, Cannon y Shachtnian, pasaron a encabezar dos partidos
diferentes que se proclamaron a si mismos .sección norteamericana de
ia Cuarta Internacional^ y se presentan tan podridos el uno como el
otro. Cannon y Cía. continuaron llamándose Socialist Workers Party,
y Shachtman y Cía. pasaron a denominarse Workers Party. Esta
división fué precedida por una disputa iJiterjio de yarios meses qup
tomó como pretexto (porque en realidad no fué otra cosa, ya que
ivego ella se amplió a otros aspectos doctrinarios y organizativos que
demostraron ser la causa principal de toda la lucha) la consigna de
.defensa incondicional dela U.R.S.S.. sostenida por Trotsky. repeíidíi
mecánicameníe por Car.non y repudiada por Shachtman.
'En el proceso de esa dispnia, enla que Trotsky infcTOíno activa-
mente y respecto a la cual se publicaron 13 gruesos Boletines Internos
y un sinnúmero de artículos y documentos de ambas partes, los anti-
guos compinches se hicieron una baja campaña de denigración mutua
en la que sacaron al sol todos los trapitos que, durante años, habían
r.wnienido bien guardados. El balance de esta ccmpaña de acusaciones
entre burócratas oportunistas no pudo ser más miserable. Y la iinica
133
Q U E E R A C H O
rejlexión que cabía al respecio era Que, si eso se decían entre si
quienes hasta entonces se habían presentado juntos como representan-
tes del movimiento cuarlainternacionalista en los Estados Unidos, es
decir, quienes querían presentarse como su vanguardia revoluxñonaria,
no era posible sino esperar que, sí alguna vez el proletariado habla
reparado en su existencia, diera ahora vuelta la cara definitivam,enie
con asco.
"Empecemos por el grupo que planteó !a disidencia el que, además
de Shachtman, estaba encabezado por Burnham (profesor universtía-
rto residuo en el S.W.P. de la unificación con Muste y Cía., que se
había convertido en el teórico más de¡:iacado y prestigioso del partido
y qy-^, junto con, Shaci'.tman, dirigía el órgano .The New Intematio-
Tifil*) y por Abern, t ambi é n conocido dirigente que, en unión de Can-
non y Shachímun habia formado el núcleo primitivo de la Oposición
de uquierda de donde procedía el S.W.P. ¿De qué acusaban éstos a
Cannou y Cía.? El extenso documento en el que plantean su di si dc «-
cift y hacen acusaciones, aparecido en el .Internal Bulletin,, Vol. 11
N" 6, January 1040, se titula: . La yuerra y el conservadorismo buro-
crático.. En este documento, firmado por Shachliruin, Burnham, Abern
y Bern ,enire otra muUitad de consideraciones, se dice: "La posición
que el grupo de Cannon ha lomado en la actual disputa es la mani-
íestacióH o la ecpTesi ón de un tipo de política que puede ser descripta
en la mejor forma como "conservadorismo burocrático". Sostenemos
que esta tendencoa burocrática conservadora ha existido en el partido
desde hace tiempo, que darante el ciirso de varios años gradualmente
se solidificó, manifestándose primero esporádicamente y cada vez sn
forma más continua; y que al estallar la guerra cristalizó y salió al
frente. El principal representante de esta tendencia en el partido,
sostenemos, es el camarada Cannon. La importancia de Cannon, sin
embargo, no es principalmente individual, sino precisamente como
personificación del conservadorismo burocrático". Y agregan: "cuando
denominamos la fracci ón de Cannon conservadora y burocrática, esta -
mos haciendo una caraclerización política. Pero esa Tendencia pol í t i ca
particular se manifiesta al mismo tiempo como conservadora en polí-
tica y burocrática en su régimen. . . csUts son las dos caras de la
misma moneda".
''En el extenso documento se acJtsa a Cannon de no tener ningttnn
clase de principios, de no escribir artículos ni exp^resar posiciones, de
ahogar cualquier discusión doctrinaria dentro del partido, de «t i l i sar
cl ási cos métodos stalinistas, de preocuparse burocrática, ruti mi na y
conscn;at i ra7i i er) í e sól o de mantener el aparato organizativo de su
camarilla, es decir, de buena parte del partido. De ese documento
extractamos los siguientes párrafos por demás iíustraíi^JOs:
. . ."La mayoría (Cannon y Cía. Nota de Q.) no ha tenido ninguna
posi ci ón /rente a los niás importantes acontecimientos". ..."Cannofi ,
en todas les ocasiones sin e,rcepci ón. acepta la política de Trotsky, ia
acepta inmediatamente y sin ninguna discusión". .. ."Para la fracción
de Cannon la pol í t i ca de Trotsky es un substituto de su propia polí-
tica. Como grupo burocrático conservador, utiliza la política de Trots-
ky como uí i fea la pol í t i ca, en ge^Leral, como un instrximento de su
L E Ó N T R OT S KY Y W A L L S T RE E T 139
régimen". ..."la mayoría en el pleno apoyó el extenso artículo de
Trotsky sobre la cuest i ón rusa. Algunos ni lo hablan leído en su tota-
lidad; ninguno lo habia estudiado y asimilado y ni aun el documento
completo estaba en sus manos". . . ."Su apoyo a ia política de Trotsky,
aquí, conio de costumbre al menos desde hace un par de años, es
esencialmente formal, verbal, ritual". ..."JVi en el Comité Central ni
en sus escritos poí i í i cos o discursos han hecho ellos un solo análi si s
esclarecido de un solo acontecimiento concreto; no han hecho pre-
dicciones, ni sugerido dirección alguna. Solamente repiten, como loros,
CH sus propias ¡rases y retórica, las ideas ya expresadas por Trotsky".
. . ."La fracción de Cannon cubre el conservadorismo de su propia po-
lítica y busca prestigio y control tratando de aparecer como un .firme
representante, de los puntos de risla de Trotsky". . . . "A menos que
lal dirección, y tales miHlantes cambieu —y no pueden cambiar bajo
el régimen de conservadorismo burocrático— la Cuarta Internacional
en este país está condenada de antemano a la esterilidad". .. ."'Política,
programa, son más o menos cuestiones ruí t nanas de los que otros
deben ocuparse; la única ocupación de Cannon es forzar la mayoría
y conservar el control del partido". ..."Ya hemos señalado que cL
ijrti-po de Cannon se encuentra en estado de desarrollo. Su conser-
vadorismo burocrático no es el producto de un día o de un año. Ha
llegado a cristalizarse, ha llegado a ser un sistema sólo gradualmente,
sobre largo periodo". ..."La fracción de Cannon (Morrow, Clarke,
etcéteraj es UÍWI caTiiariíIíí debido a que es un agrupamiento que
existe, que tiene una e.xistencia continua sin ninguna base política de
principios". ..."Sus acciones son influenciadas laj nbí én por una iner-
cia, aun cinismo, respecto a lo que pareci ó muchas veces un mal incu-
rable en el partido: falta de voluntad para tomar responsabilidad para
una lucha seria". ..."Somos los primeros en admitir que la compo-
•íición social de nuestro partido, particularmente su falta de verda-
deros proletarios, es una í rógi ca debilidad"".
Y agregan para demostrar que toda la lucha no es más que una
gresca entre burócratas: .Algunos miembros de la actual oposición,
particularmente Burnliam y Shachtman, no pretenden estar libres de
compartir la responíabiiidad de muchas acciones burocrát i cas de Can-
non y de haber ellos mismos actuado burocráticamente,. ...En lo
que ios individuos pueden ser responsables de este proceso, nosotros
no exceptuamos anadie, menos a nosotros mismos. Cuando Cannon no:;
replica diciendo: .Ustedes son responsables de los mismos crÍTn^nes
í i osoí ros coutesiflinos: .tomaremos nuestra parte en la responsabilidad,.
Seria absurdo que nosotros pretendiéramos estar libres de errores polí-
í í cos, prácti cas burocráticas y aún negligencias personales". ..."Cuan-
do Cannon sostuvo en una reunión de los militantes de Nueva York
que la actual minoría (Slwtchjuan, Burnham y Cía. Nota de Q.)
constituye una /nedionda burocracia de oficina,". . . .".Su respuesí a
es íÉpicauieíile burocrática: .¿Ustedes me llaman burócrata? ;Si uste-
des mismos no sólo son burócrní os, sino h.ediondos burócratas!,".
"Cannon, además de lo ya expresado por ellos mismos en io que
he transcripto y de lanzarles al rostro otras flores como .irresponsa-
bles,, ^pequeñoburgueses,, etcétera, contestó lo siguiente que aparece
140
Q U E B R A C H O
en el "Internal Bulletin" Vol. 11, N'^ 13, april 1940, en un extensísimo-
articulo que lo ocupa en su totalidad y que aparece bajo el título
de *La lucha por un partido proletario, (¡que partido proletario!).
Bvrnham llegó a ser miembro del Comité Nacional sin ningún apren-
dizaje de dedí eor su vida a una causa que podría no alcanzar a
triunSar durante ella". ..."He dicho que todos nosotros, incluso la.
mayoría, hemos demostrado iT^sít/icie/ife energía, iniciativa ,etcétera.
Por ello nosüíTos reconocemos que no somos bolcheviques en nuestros
hábitos y prácticas, sino únicamente estarnos tratando de llegar a ser
laies; dejadez, jlojedad son rasgos viencheviques". ..."Si la actua-
ción de los dirigentes de la mayorta en el fondo no es satisfactoria
para ellos (para los mí í t í aní es del S.W. P. Nota de Q.) —y sin dtida
que es ast—eilos no se apuran a cambiarlos por otros cuya actuación
ha sido peor. Son genie práctica; si tienen que elegir entre males,
eligen el menor". . . . "E s por eso que nos estamos quedando atrás.
Esa es la principal razón de que estemos sufriendo cierto estanca-
miento. Es por eso que estamos tocando el peligro de una degenera-
ción del partido sobre las lineas de pasividad conservadora, intros-
pección y futilidad".
"Esta poco edificante discusión (¡qué discusión para una preten-
dida vanguardia obrera revolucionaria!) terminó con la separación
de La minoría encabezada por Shachtman y Burnham, junto con la
que se fué casi toda la juventud del viejo partido, procedente, en su
mayor poiTe, del paso por el Partido Socialisía.
"¿Cuál fué la actitud de Trotsky en esta circunstancia? Como la
•niifioria, junto con sus criticas contra el régimen burocrático de Can-
non y su acusación a éste de repetir mecánicamente a Trotsky, quiso
iaii-sarse a iiacer lo contrario, es decir, a pensar por sí misma, conie-
iiendo gruesos errores que pusieron de manifiesto el bajo nivel teó-
rico del partido (Burham llegaba incluso a negar la dialéctica) Trots-
liy tuvo que salir contra ella a defoider los principios marxistas. y
lo hizo en una serie de artículos que se cuentan entre lo mejor salido
de su pluma. Por supuesto que Cannon y Cía., }a.mentablemente inca-
pacitados para encarar la polémica por si mismos, recibieron esta
ayuda, que cubría aparentemente sus culpas, con alborozo y se limi-
taron a repetir a Trotsky .como loros,, según su costumbre, para üai'
la impresión de que compren.dían sus posiciones. En cuanto a ía;t
acusaciones de burocratismo contra Cannon y Cía., Trotsky, con una
indulgencia para con su lacayo muy poco recomendable, por cierto,,
se contentó con decir, defendiéndolo, lo siauiente: cEs posible que eí
camarada Cannon peque de tendencias bi'rocraticas —-es difícil par'i
mi juzgar a la distancia—pero si la mayoría del Comité Nacional
y de todo el partido que no están interesados en los .prir'iiepios-
burocrát i cos, apoyan a Cannon, ellos lo hacen, no a causa de sus ten-
dencias burocráticas, sino a pesar de ellas,. ("Internal B ulí et i n, W11,
February 1940.) ¡Qué lejos estaba esta actitud conciliadora de la que
él mismo había tomado cuando se trató de encarar el peligro de la
naciente burocracia soviética, cuyas consecuencias directas él sufría!
Ya en su folleto "Coars Nouveau" publicado en 1924, antes de la muer-
te de Lenin, decia: .Es crimijiol cerrar los ojos frente al peligro que
L E O N T RO T S KY Y W A L L S T RE E T
14i
representa la fracción burocrático conservadora,. Pero en 1940 Trots-
ky los cerró, aunque se podría decir que desde hacia algunos años a
este respecto ya los tenia bastante cerrados.
"Desauíorizados doctrinariamente por Trotsky, los burócratas disi-
dentes de la minoría con Sliachtman. Burnham, Abern y Bern a la
cabeza y lanzados por su cuenta como Workers Party, sección norte-
americana de la .Cuarta InternacionaU, pronto vieron raleadas sus
filas: James Burnham, exteórico máximo del Socialist Workers Par-
íy durante muchos aiios, declaró que estaba convencido ahora de que
era marxista y abandonó el nuevo partido para pasarse a la re-
ció» fascista. ¡Triste destino el de la burocracia centrista: proveer
ce, enlre sus dirigentes, mercenarios para el ejército de los explo-
tadores!" I
Este capítulo es una demostraci ón del carácter del Partido.
En cuanto a las posiciones, ellas no podí an dejar deestar de
acuerdo conaquél . Tambi én serán expresadas por sus propios
dirigentes enotro párrafo de l a carta del autor deeste l i bro
al secretario del Partido Obrero Kevolucionario trotskysta, de
Cuba, en1943.
•EL SOCIALIST WORKERS PARTY DE LOS ESTADOS UNI-
DOS SEGUN SUS PROPIOS BUROCRATAS - ENSEÑANZAS DEL
^FAMOSO, PROCESO DE MINNEAPOLIS (1941).
"Volvamos nuevamente a lo quequedó del viejo Socialist Workers
Party bajo la dirección del veterano oportunista James P. Cannon.
Si no bastaran las -nanifestaciones de sus propios dirigentes: .stali-
Tiisías., .loros., ,repetidores de Trotsky,, .degeneración del parti-
do,, .Ti í í i na., . cstancami ení o. , .trági ca falta de obreros,, .no somos
bolcheviques,, .si somos malos, ellos son peor,, .sí SOTUOS burócratas
ellos son hediondos burócratas,, etcétera (¡qué amigos, camarada
Bode!) si no bastaran las expresiones transcriptas anteriormente y todo
lo manifestado en las páginas que preceden para caracterizar a ese
antro de podredumbre que i tsí ed pretende defender, serian más que
suficientes los dos folletos editados por el propio partido en cuestión
coní eni endo tas actas oficiales del proceso que se si gui ó a sus di ri -
gentes enMinneapolis {'Estado de Minnesota) para poder mcdiT- en
toda su .hedionda, rcoiidad a este equipo raquí ti co de miserables
oportunistas.
''Esos dos folletos, de alrededor de 100póeí nos cada uno, coní í eneu
la exposi ci ón íiecíiu por James P. Cannon y Albert Goldman (otro
de ios principales dirigentes del S.W.P.) en defensa propia y de sus
demás compañeros acusados ante la Corte Federal del Distrito de
Minneapolis, en 1941, de realizar propaganda .con el fin de derrocar
1 J Limes Biiriihaiii -.e hizo famoso mi'ts tarde como teórico favor ¡lo de Wail
Stred ysu último lihro, que lleva el sugestivo titulo La inevüabitr derrota fiel conm-
i i i í .si J Hi , Iiü sido un "best scller" del imperialismo yanqui.
142
Q U E B R A C H O
por la fuerza ai yobierno de los Estados Unidos.. Al encarar SÜ
defensa ,tanto Cannon como Goldman hicieron nna e xt e ns í s i ma v
hasta, agobiante exposición de sus propósitos politicos y de los de su
partido y del modo que entienden ellos las doctrinas del í narañsmo-
i ei i í ní smo —que dicen profesar—des/ÍÉiiirá7idoÍas hasta la caricatura,
quitándoles todo lo que tienen de rerohtcionario y tratando de pre-
sentar a Marx, Engels y Lenin, como mansos corderos de los cuales
—lo mismo que sus «di s cí pulos , dei Sociolist Worí cers Party—nada
deben temer los bandoleros de Wall Street. Por algo los jueces bur-
gueses de la Corte Federal del Distrito de Minneapolis (Estado de
Minnesota) se apresriraron a absolver, a los acusados, de toda culpa
y cargo y aún les dieron una bien gaviada palmadi í a en la espalda.
"¿Y a estos los presentaban con tintes rojos tan subidos?, se han
de haber dicho. ¡Si son tan inofensivos corneo el Ejército de Salva-
ción! ¡Vayan, hijos, vayan! Continúen su propaganda que n-osotrus
no los molestaremos por ahora, mientras aun podamos damos el luja
de no necesilar del fascismo. Ustedes saben que este es un «país de
iibertodv y que estamos en guerra .para defender la democracia-.
La de ustedes es la clase de propaganda socialista que nosotros nece-
sitamos para poder aquietar con ella a los obreros más resueltos y
combatiivos haci éndoles creer que representan los principios má-^
avanzados. Los st oli ni sí as est án ya muy desacreditados. Ahora nece-
sitamos cubrir la defensa de nuestros intereses imperialistas bajo la
bandera de Trotsky y de la Cuarta Internacional. Esto es más moder-
no y de técnica más aerodinámica, corao dijo el representnte de uste-
des y nuestro en la América del Sur, Terence Phelan. Vayan, y si lo
hacen bien í es daremos otros puestitos bien rentados como los que
ya les dimos a James Burnham y a Phelan. ¡Pero ya saben: tienen
que seguir portándose como hasta ahora!
"Pero pasemos a las actas oficiales reunidas en los dos folleto.?
mencionados. Empecemos por el de Albert Goldman titulado <ln
Defense of Socialism. The official court record of atorney Albert
Goldman's final speech of the defense in the famous Minneapolis
.Sedition. triai, (Pioneer Publishers. New York, 1942). Antes de
comenzar su lectura —de la que no doy más que una ligerisimu idea
para no ser más extenso de lo que me veo obligado a ser—creo con-
teniente que se Io?¡icn ¡os debidas precauciones. Son tan thediondas.•
las emanaciones que de allí se despiden que si usted Uega a leer esos
folletos, le aconsejaría, si es que su olfato, en el permanente contacto
con Cannon y Cia. no se ha embotado definitivamente, usar una
careta para gases. Hecho esto abramos la primera página y comeii-
cenios la tan ilustrativa lectura del autor de otro folleto (^Ibert
Goldman) t ambi én muy ilustrativo: .Del comunismo al soci a¡ í smo>
por eí ciíal en su época fué calificado de .renegado-, por su actual
camarada, Cannon. Apenes lo abrimos nos encontramos con una intro-
ducci ón de Félix Morrow que, entre otras cosas, dice: .Por primera
vez en este país los reuolucíoTwirios s i s í eí uát i cament e de/endieron sus
doctrinos rerolucionarias en un tribunal, utilizándolo como foro para
proclavuir sus ideas.. .jEsfos inspiradores gritos de reanimación por
el socialismo valen íiiús que uno sentencia a pri s i ón/ Leedios y haced-
L E Ó N T R OT S KY Y W A L L S T R E E T 143
ios leer a vuestros camaradas obreros,. Empecemos, pues, haciendo
constar que todos !os subrayados en estas citas, asi como todos lod
que se hagan en esia carta, a menos que se especifique lo contrario,
son míos.
"¡Se nos acusa de estar a favor de la dictadura del proleta-
riado! Natnralmenteeste no es más ({ue un térmi no técni co qne i i ^i ca
simplemente que el gobierno representando a los obreros y campe-
sinos tomará la riqueza productiva de manos de aquellos que la poseen
hoy, de manos de las Sesenta FoTnilias y sus catélites"...
...''Cuando nosotros declaramos que esta guerra es una guerra
imperialista, se desprende que nosotros no podemos, posi bIement«,
apoyar al gobierno en sus esfuerzos bélicos". . .
...'Transformar la guerra imperialista en guerra dvil. Esta ex-
presi ón no se encuentra en nuestra Declaraci ón de Principios. Yi»
nunca la uti li cé ni en mi folleto ni en cuaí qui ero de tas columnata
'iue escribí en .The iVíiíitant.".
..-"No somos noostros los que crearemos dificultades a Jas cla-
ites gobernantes de este país".
.. ."Derj oí i sí no revolucionario. .. Esto significa simplemente que
nosotros continuaremos abogando por la lucha de clases durante ia
guerra. Por ello se significa que si los obreros tienen cualquier queja,
deberán exigir la s:tti«fa«ción de las mismas y que si esa sati sfacci ón
no es dada, deben ir a la huelga, ¿ ruede esto interferir con el esfuer-
zo militar?". , .
..."En el artí culo yo expresamente declaro que nuestro partido
se opone a todo sabotaje, se opone a cualquier acci ón i ndi uí di ui t o de
grupo que pueda obstruir la guerra"...
..."Deseamos que eí Congreso vote leyes"...
''Etcétera, etcétera, etcétera".
"Pasemos ahora a la otra publi caci ón. Es la que contiene las res-
puestas de James P. Cannon ante el tribunal. Se titula .Socialism
on Trial. The official court record of James P. Cannon's testimony in
íhe famous Minneapolis ^Sedition. trial, (Pioneer Publishers, JVew
Yoríc, 1942). También lleva una i ní foducci óu taudatoria de Félix
Morrow. En ella se compara a Cannon con los mártires de Chicago,
con Bill Haywood, con Evgene V. Debs, etcétera. .Hoy tiene 51 años
de edad —dice—y 30 de duras batallas como dirigente obrero. Su pelo
es gris acero y está ligeramente encorvado. Pero fuera de eso los aí í os
de sacrificio y penurias han dejado pocas huellas duras en él. Su
cara es jo¡;eTi con la juventud del espíritu revolucionario. . L a reso-
luci ón es la primavera de la humanidad,, dijo una vez y esto es cier-
tamente verdad en él... El capitalismo decadente está aqui como
un dragón moribundo que, en su últi ma agoní a, puede aún causar
terribles daños en la vanguadia del mundo soci ali sí a por vanir. El
?r!otisíruo puede derribar a Jim Cannon. ¡Pero, miradlo! Radiante
como un juvenil guerrero, éste lucha,. Le ruego, camarada Bode, no
reírse. No hago más que citar traduciendo fielmente el original. Asi
es como estos monigotes pseudorrevolucionarios se elogian cuando
son compinches para pasar a acusarse de .hediondos burócratas, en
cuanto se disgustan.
144 QU E B R A t l i O
•'Veauios, pues, lo que el .juvenil guerrero, tiene que decirnos.
Después de hablar de la íormación de la Opos i ct óí i de Izquierda, cuya
iúsloria hace, de detallar la sinuosa trayectoria del Socialist Workers
Party: de mencionar continuamente al fascismo, pero sólo refiriéndose
al fascismo alemán, lo mismo que ei stalinismo, sin decir una sola
palabra de Wall Street, etcétera, etcétera, se expresa asi:
. . . ". i Vi i opi ni ón persojiol es que, si los obreros llegaran a alcanzar
ia mayoría, y enfrentan a los capitalistas privados propietarios de la
industria con el hecho de su ynayoria y de su poder, y entonces fue-
tan capaces de hacer un trato con los capifatisfas para indemnizarlos
por sus propiedades y dejarlos usufructuar de esto por el resto de sus
yidas, creo que sería un camino más barato, más barato y más satis-
factorio. de realizar la transformación necesaria, que una guerra civil.
Yo pe^sonalmenie votaría por el l o". . .
. . ."Fiscrti. —Cuando ustedes dicen: .no apoyo a la guerra., ¿qué
es concretamente lo que haria el partido durante una guerra, qué es
lo que i ndi corí a su no apoyo a la guerra?
"Cannon. — Bien, hasta dónde sean permitidos nuestros derechos
hablaremos contra la yuerra como una pol í t i ca falsa que deberí a ser
cambiada, en el mismo sentido, desde nuestro punto de vista, que otros
partidos podrían oponerse a la política exterior dei gobierno en
tiempo de guerra, oi í como Lloyd George. por ejemplo, se opuso a ia
giLerra Boer en conferencias y discursos públicos, y Ramsay McDonald
que más tarde llegó a ser primer ministro de Inglaterra, se opuso a la
política bél i ca de este país durante la Guerra Mundi al de 1914-18"...
.. ."iwtiestro partido nunca en ningún momento ha temado posición
en favor de obstrucción y sabotaje de las fuerzas militares en tiempo
de guerra...
..."Mientras seamos minoría no tenemos más remedio que some-
ternos a la decisión que ha sido tomada. Una decisión ha sido tomada,
y es aceptada por la mayoría del pueblo, de ir a la guerra. Nuestros
camaradas tienen que someterse a ello. En tanto sean reclutados deben
aceptarlo, jutito con el resto de su generación, e ir a desempeñar el
cargo que se les imponga, hasta que puedan convencer a la mayoría
para una política diferente"...
..."Un partido no puede intentar, mientras se encuentre en mi -
norí a, obstruir la real i zaci ón de las decisiones de la mayoría"...
..."En general, no ponemos ningunarconfianza en el grupo capi-
talista dominonte en este país"...
..."Como he dicho antes, es un proyecto legisiatiro nuestro.. Si
pudiéramos lo incorporaríamos a las leyes del p aí s " . . .
..."Deseamos una transformación pacífica. Si los procedimientos
deí i i ocrát t cos son mantenidos aquí, si no son quebrantados por ta
introdíicción de métodos fascistas por el gobierno, y la mayoría del
pueblo, apoyando las ideas del Socioiismo, puede asegurar una vic-
toria por el proceso democrático, no veo ninguna razón para que no
podamos proseguir, continuar prosiguiendo por el mé t o do de7nocrd-
lico de enjTiendar lo Cons t i t uc i ón pura adaptarla con el fin de adecuar
el nuevo régimen"...
..."Después que consigamos la mayoría y el poder, si el poder
L E Ó N T R OT S KV Y W A L L S T R E E T H5
llega a nuestras manos por medio de procesos pacíficos, democráticos^
en este caso cambiaremos radicalmente toda la estructura del gobier-
no reorganizándolo sobre una base de representación de consejos"...
..."Yo expliqué el otro dia que si la mayoría del pueblo decide
sobre la guerra y participa en ella, nuestros militantes y las personas
bajo nuestra influencia también participaron en la guerra. Nosotros
no saboteamos la guerra, nosotros no la obstruímos"...
"Etcétera, etcétera, etcétera."
"¿SON SOLO ADMINISTRATIVOS, PUES, LOS ERRORES DE
^UEVA YORK?
"En su afán de defender a los .hediondos burócratas, de Nueva.
Yorfc, usted nos dice: .no debeTnos ser tan insensatos que elevemos
a la categoría de principios ío que no pasa de ser uno de ios tantos
errores administrativos, con antecedentes en el pasado, y que, infor-
tunadamente, no faltarán en el porvenir,. Para usted, pues, la des-
trucción de la sección meoñcana, la tentativa de destrucción de la
sección argentina, la conducta dicíatoriol burocrática con todas las
secíones de la Améria Latina, la actitud de los representantes de
Nueva York haciendo propaganda en nuestros países a favor del im-
perialismo yanqui, etcétera, son sólo .errores administrativos, sin im-
portancia que han ocurrido y han de ocurrir siempre en una Interna-
cional revolucionaria. ¡Qué admirable criterio bolchevique, camarada
Bode! Esto bastaría y sobraría para retratarlo a usted como revolu-
cionario, pero como no se trata sólo de usted, sino P.O.R. de Cuba,
prosigo.
"Le he demostrado ya lo que es el Socialist Worícers Party yanqui
a través de sus actos en la América Latina, a través de mi propia
experiencia, a través de los juicios de sus dirigentes y a través de
las posiciones y propósitos jrio?ii/estados por eilos. ¿Es posible sos-
tener aún que los de Nueva York son sólo errores administratiuos?
Pasando por alto todas las acusaciones sobre la actitud del partido
en la A mérica Latina, sobre su .hediondo, carácter burocrático, su
.trágica, ausencia de obreros, su desprestigio ante el proletariado
yanqui, sus correrías por los partidos reformistas y aun nacionalís-
las, su total alejamiento de las masas negras norteamericanas, su
criterio racista iínpericlista (el S.W.P. y el titulado C.E.I. de Nueva
York siempre utilizaron ,adeTJiás de SUS representantes directos, a los
alemanes residentes en el Rio de la Plata para .supervigilar, a los
.nativos,), etcétera, quiero detenerme sólo en las posiciones manifes-
tadas por sus dirigentes en el proceso de Minneapolis, difundidas por
ellos mismos como un catecismo del pensamiento revolucionario, del
morxismo-leninismo, del que, en los Estados Unidos, con la mayor
desvergüenza burocrática, pretenden erigirse en representantes.
"He dicho que esas posiciones —como no podía dejar de ocurrir,
ya que la teoría corresponde a la práctica y viceversa— son tan
.hediondas, como los burócratas que las sostienen y si usted no está
en condiciones de poder apreciarlo por si mismo, dado su parentezco
con ellos, pase 'x demcz~~árzc\c.
1 «
Q U E B R A C H O
'Pero antes quiero recalcar el hecho de que estosindividuos, acu-
sados de procurar ^derrocar por la. tuerza el gobierno de los E sí ados
Unidos" (ellos que no son más que burócratas pacíficos y rutinarios),
se asustaron en tal forma que negaron y renegaron de todo. Llevador
ante un tribuna! capitalista demostraron ante él tan miserable co-
bardí o como habían demostrado prepotencia y altanería para traiar
el molimiento laí inoomericano. Ysi e! socialismo de Cannon y Gold-
man nunca habia tenido más que un ligero tinte rosado, pasó, según
el carácter de sus declaraciones, a tomar el más repugnante color
aiTiarillo. Si algo era necesario para lapidar dcfinitiuamCTlte a esta
cáfila de .hediondos, falsificadores, ahi están los cofficial cout re-
cords, de Minneapolis para hacerlo.
"Las doctrinas del marxisí fto-leninismo son exOTninadas . in exten-
so, ante ei tribunal, deformadas y grotescamente falsificadas a través
del lente de la burocracia. El mayor deseo de los declarantes es
demostrar ante los jueces capitalistas que ellos son gente pecífica.
legalista y de orden. Los agentes federales de Wall Street no deben
asustarse porque algunos de los militantes tjóvenes e inexpertos, del
partido (a los que desautorizaron por ccrmpleto) hayan hablado alguna
vez de reuolución y de yiolencia. No, el socialismo, según ellos, ven-
drá pacificamente a través de reformas de la ConstitíLciórt. ¿Carlo-^
Marx? Si no era más que un pacifico profesor muy sabio que se
dedicó a estudiar economía en Londres. El Socialist Workers Party
.acepta sus teorí as e ideas básicas, como sus propias ideas y feorí of.
Pero esto no prohibe al iKtrlido o a jniembros del partido desaprobar
cosas dichas o escritas por Marx* (en realidad toda su doctrina).
¿Lenin? ¡Oh! No se asuste, señor juez. Lenin también era un paci/ico
y tranquilo pequeñoburgvés que se dedicaba a pasear en bicicleta
por Ginebra y que, de vez en cuando, escribí a algún articulo en favor
de los obreros. Nuestro partido y siis miembros .difieren con Lenm
en importantes respectos. (Cannon). ¿Dictadura del proletariado? ¡Eso
no es más que .un término técnico,! ¿Que decimos aspirar a la nacicy-
naüz ación de la industria? ¡Oh! No se asuste, tampoco, excelentísimo
señor juez y dígale a sus amigos de Wall Street que tampoco se asus-
ten. Nosotros somos buenos y pacíficos tenderos del socialismo y esta-
mos dispuestos a indemnizar a los banqueros e industriales millona-
rios por las propiedades que se Ies confisquen y .dejarlos gozando de
la indemnización por el resto de sus vidas, (Cannon). A demá s, íe?
daremos, después que lleguemos pacificamente al poder, toda clase de
libertades y aún se las aseguraremos como minoría. ¿Lucha contra la
guerra? No. señor juez, nosotros no obstruiremos en ninguna forma
la guerra de Wall Street poro conquistar la primacía imperialista en
el mundo y someter a los pueblos oprimidos, en primer término la
América Latina. Si la mayoría acepta, nuestro partido y la gente
bajo nuestra influencia porticipardn activamente en ella. Nuestra dis-
crmformidad con la guerra es sólo teórica. No tenga miedo. Pedi-
remos ia cesación de la guerra, miejitras luchamos en ella, como los
evangelistas ruegan a Dios para que termine. Por algo tuvimos de
lí der hace poco tiempo al ex pastor Muste.
"Además, manifestaremos nuestra disconformidad sólo en la forma
L E Ó N T R OT S KY Y W A L L S T R E E T 147
que lo fiizo Lloyd George en la guerra anglo-boer o Ramsay McDon-
nald en la de 1914-18. Es decir, un político burgués liberal y un labo-
rista reformista que llegaron ambos a ser primeros ministros de Su
Majestad Británica. ¿Cree usted, señor juez, que nosotros tendremos
méritos suficientes, frente al imperialismo, como para poder seguir
la carrera de estos dos benefactores de la humanidad?
"¿Transformar la guerra imperialista en guerra civil? Esta expre-
sión no Se encuentra en uuestra Declaración de Principios ni yo
ia he utilizado nunca en mis escritos. (Goldman). Además, ,nosotros
no crearemos dificultades a las clases gobernantes de este país. (Gold.
man). ¿Derrotismo revolucionario? ¡Qué esperanza! .Debemos defen-
der la patria del enemigo de afuera.. Liebknetch y Lenin decían que
el principal enemifio, en un paí s imperialista, estoba dentro del mis-
mo. Pero para nosotros, el principal enemigo no está en Wall Street ni
en la Casa Blanca de V/ashington (¡oh, no, puede usted estar seguro
que nosotros somos patriotas, excelentísimo señor juez!). El principal
enemigo, lo inismo que dicen nuestros adversarios stalinistas, es Hit-
ler, el azote iV^ 1 de la humanidad, es decir, incluso de los banqueros
de Wall Street, y, usted sabe, ¡pobrecitos! hay que defenderlos, aun-
que, .en general, no los apoyemos.
"(,La revolución rusa? ¡Pero sí eso fué lo más inofensivo y tran-
quilo del mundo y el cambio de gobierno en Rusia se produjo como
cuando renuncia el primer ministro en Francia y sube otro. (.El
Comité Ejecutivo de los Soviets de toda Rusia repudió a MiiiuícoD,
que era el líder de la burguesí a. E l organismo soviético se oponí a a el
a causa de su polí tica exterior. Por consiguiente tuvo que renunciar
debido a que sin el apoyo de los Soviets, le faltaba autoridad; creo
que puedo comparar esto, como una analogía, con el sistema de re-
nuncio dct primer ministro en Francia cuando no tiene el apoyo d'i
la Cámara.) (Cannon). Asi Lenin y Trotsky llegaron al poder sim-
plemente como un cambio de primer ministro en Francia. ¿No es
esto para morirse de risa? También en Hungria ocurrió algo seme-
jante. (,El conde Karolyi como cabeza dei gobierno, espontáneamente,
fué a buscar al jefe del partido bolcfieuí que, o del partido comunista
mos bien, que estaba en la prisión y lo emplazó a hacerse cargo del
gobierno en una manera pacifica y legal, como el cambio de un gabi-
nete en el parlamento francés.) (Cannon).
"Ya ve usted, excelentísimo y dignísimo señor juez, que nosotros
somos gente tranquila, legalista y de orden. En ninguna forma nos
proponemos molestar a la burguesía yanqui ni a sus empresas impe-
rialistas. Por el contrario. Usted es testigo que las apoyamos. Ade-
más nuestros representantes en la América del Sur hacen propaganda
en favor del imperialismo y sirven para informarlo y aconsejarlo.
¡Esos méritos nos deben ser reconocidos/ iVuestro socialismo es un
socialismo cristiano. Se ganará sólo a través de reformas de la Cons-
titución y súplicas o la burguesía, asi como el cielo de los católico?
í-e gana a fuerza de plegarlos. .¿Puede esto interferir con el esfuerzo
mií í tor?. (Goldman). Ademas, nosotros, en nuestro socioiismoattspi-
ciamos directamente ía posición de preponderancia de nuestra patria.
Siempre habrá naciones industriales y naciones agrarias, es decir.
148 Q U E B R A C H O
naciones dominantes y naciones dominadas. .Son las leyes inexora-
bles que gobiernan a los hombres,, de acuerdo con nuestra caricatura
del materialismo di aléct i co. E n aquellas el desarrollo de las fuerzas
productivas será completo y en estas ajustado a las necesidades de
las prinicí-as. La diferencia entre ciudad y campo persi st i rá llevada
ahora al terreno de las naciones. Nuestro socialismo es un socialismo
del Que el mismo mister Roosevelt se puede mostrar orgulloso. Puede
usted creernos, excelentisimo y reverendí si mo señor juez, puede usted
creernos.
-'¡Asi se comportaron estos »hedioiidos. y cobardes pequeñobur-
guese^ ante el tribunal capitalista que los acusaba! ¡Y todavía esta
caterva de canallas tiene la osadía de publicar el testimonio de sus
íalsificaciones y claudicaciones y presentarlo como la expresión del
pensamiento revolucionario! ¡Qué puede extrañar que el .juvenil gue-
rrero" que a los 51 años todavía, de acuerdo con sus propias decla-
raciones, está tratando de llegar a ser bolcí i eui que, se presente, segú¿-
su apologista, Félix Morrow, ligeramente encorvado! ¡Eso no es la
huella de los años, sino la huella de su seruí li snt o, el signo de su
yenu/ I eci ón personal y de la de todo su partido frente al imperia-
lismo!
'Yo le pregunto a usted, camarada Boae, qué hubieran dicho estos
renegados, ellos que dicen que no interferirán con el esfuerzo militar
del imperialismo, que declarau que si la mayoría del pueblo decide
ir a la guerra (lo que decidió, sin duda después de Pearl Harbour)
ellos ia seguirán, que no sabotearán ni obstruirán la guerra de su
burguesía, etcétera, si el fiscal les hubiera señalado estos escritos
básicos de Lenin, por ejemplo cuando se refiere a la conducta de un
partido proletario respecto al .derrotismo revolucionario, que ellos
definen como el simple hecho de que Los obreros recurrirán al arbi-
traje en caso de queja, dice: ^Una lucha revolucionaria contra ia
guerra es una exclamación vacia y sin sentido, como aquellas en las
que los héroes de la Segunda Internacional son maestros en fabricar.
a menos que ella signifique acciones revolucionarias contra el propm
gobierno en caso de guerra... Cuando nosotros decimos acciones
revolucionarias en tiempo de guerra contra el propio gobierno, indis-
cutiblemente queremos decir, no solamente el deseo de su derrota,
sino acciones práct i cas llevando a tal derrota.. ("Lenin, "The Impe-
riaiist War". NewYorlí . 1930, pág. 197. i
"¿Cóni o no va a negar esta yente ia .transformación de Ja yuerra
imperialista en guerra ci ri l, (.Eso no está en nuestra Declaración
de Principios-^ si está dispuesta a dar a la burguesía imperialista de
Wall Street toda clase de libertades, en caso de llegar al poder
(.esto siempre que la maycyría esté de acuerdo y podamos alcanzarlo
en forma pacífica a través de reformas de la C onst i t uci ón y llegar
como un caí i i bi o en el ministerio francés,)? Desde luego que deben
contarse entre los .importantes respectos, en que difieren con Lenin
cuando éste dice al efecto: . La dictadura del proletariado ,la orga-
nización de ia vanguardia de los oprimidos como clase corriente con
el fin de aplastar a los opresores, no puede producirse por una mera
expansión de la democracia. Juntamente con una inmCTisa expa7i-
L E Ó N T R OT S KY Y W A L L S T R E E T
149
sion de la democracia... la dictadura del proletariado creará una
serie de restricciones de ia libertad para los opresores, earploíadore?
y capitalistas que deben desaparecer con el /in de librar a la huma-
nidad de la esclavitud del salario y cuya resistencia debe ser Que-
brada por la íuerza. Claro está que donde hay supresión también
debe haber violencia, y con semejante ré gimen no puede haber liber-
tad ni democracia... De^nocracia para la basta mayoría de la nación
y supresión por la fuerza, es decir, crcliisión de la democracia, de
los explotadores y opresores de la naci ó n. . . ésta es la Tnodificación
de la democracia que veremos durante la transición del capitalismo
al socialismo.. fLenin, "E l Estado y la Revolución", pág. 167).
"¿y qué decir de la indemnización que ofrecen a los explotadores
yanquis (además de toda clase de libertades) para el caso de .nací o-
nalización, de sus propiedades (programa típicamente burgués) con
el fin de que .gocen de ella por el resto de sus vidas.? En el propio
.Programa de Transición de la Ctuirta. Internacionalt que ellos mis-
mos difiincEen, se dice: . L a diferencia entre estos reiuindicaciones y
la consigna reformista demasiado vieja de «nacionalización., coTisisle
en que: l^j nosotros rechazamos la INDEMNIZACION (subrayado en
el original. —J VOÍ O de Q.); 2?) Prevenimos a las masas contra loa
charlatanes del Frente Popular que, mientras proponen la nacionali-
zación en palabras, siguen siendo en tos hechos, agentes del capital:
3^) Aconsejamos a las masas contar solamente con su fuerza revo-
lucionaria., ¿No seria también- conveniente prevenirla contra los char-
latanes centristas que se dicen cuartointeT^cionalistos?
"Porque hablar de legalismo, de transformación pacífica al socia-
lismo, de ganar la mayoría por predicación evangélica, de llegar a
ese socialismo a través de reformas de la Constitución, etcétera, es
colocarse en el terreno del más inmundo reformism^, en pleno do-
minio teórico del .revisionismo. bemsí eÍ J iiano, de las viejas ideas de
la socialdemocracia caduca, reeditóndola? en 3943 bajo el rótulo
de Cuarta Internacional." ¡
1 "La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin
una revolución violenta —escribió Lenin en El Estado y la Revotticíón. La necesída<l
de laucar sistemáticamente a las masas en LSÍ I I , precisamente esta idea sobre la
revolución violenta, es algo liásifo en toda la aoctrina de Marr y Engels. La trai-
ción conietida contra su doctrina por las corrientes social-cho%inistns y Icautskianas
hay imperantes se manifiesta con sing.ilar relieve en la tendencia da unos y otros
de olviditr rito propaganda y esta agitación." \: "También en Inglaterra y
los Estados Unidos es «condición previa de totia re\olución verdaderamente popular»
el fomprr, el dfstrttÍT la .máquina del Estado existente..
''Los deniócratas pequtñoburgueses, esto^ pseudo socialistas que sustituj'en It
lucha de clases por sueños sobre la reconciliación de clases, se han imaginado la
transformación socialista también de un modo soñador, no como el derrocamiento
de la dominación de la clase explotadora, sino como la sumisión pacífica de l.i
minoria a la mayoría, que habrá adquirido conciencia de su misión. Esta utopia
pequeñoburtiucsa, que va inseparablemente unida al reconocimiento de un Estado
situado por encima de las clases, ha condiicido, co la práctica, a la traición contra
los intereses de las clases trabajadoras."
C O N S I D E R A C I O N E S F I N A L E S
He mo s de l i ne ado s o me r ame nt e l a t r a y e c t o r i a r e v o l u c i o n a r i a
de L eón T r o t s k y ant es de 1917, sus l uc has ac er bas c o nt r a l os
bo l c he vi que s col ocado en u n a posi ci ón c e nt r i s t a c e r c a na a l a
de l os me nc he vi que s , c on l os que a veces se conf undí a, e n c a -
r ando l a revol uci ón en f o r ma a b s t r a c t a y l i t e r a r i a y c o me -
t i endo er r or es que l uego habrí a de r e c o no c e r ; s u c i r c u n s t a n c i a l
c o i nc i de nc i a c on L e n i n en ocasi ón de l a caí da d e l z a r i s mo e n
R u s i a , ar r as t r ado po r l os ac o nt e c i mi e nt o s r e v o l uc i o na r i o s que
c u l mi n a r o n con l a t o ma de l poder por l os bo l c he v i que s , así
como sus nuevos er r or es con po s t e r i o r i d a d a este hec ho e n l as
di s t i nt as ocasi ones en que se apartó de L e n i n , e r r o r e s , t ambi én,
por él mi s mo reconoci dos, Más t a r de , c on e l a t e mpe r a mi e nt o
de l a si tuaci ón r e v o l u c i o n a r i a r u s a —expr es i ón d e l r e f l u j o p r o -
duc i do por e l f r ac aso de l a revol uci ón eur opea, que pr o v o c ó e l
t r i u n f o de l a b ur o c r a c i a sovi ét i ca— hemos vi s t o a T r o t s k y t r a -
t ando de pr e s e nt ar s e como c o nt i nua do r de L e n i n , sost eni endo
e n escri t os y di s c ur s os posi ci ones r e v o l uc i o na r i a s e i n t e ma c i o -
nal i s t as f r e nt e a l o po r t uni s mo na c i o na l i s t a de S t a l i n , acci ón
que desempeñó c on e f i c ac i a en e l t e r r e no pu r a me n t e t eóri co,
aunque en l os hechos f ué f áci l ment e v e nc i do .
L ue g o , e xpul s a d o de l a U . R . S . S . y c o n f i r ma n d o l a def i ni ci ón
de L e n i n de que l os c ent r i s t as son r e v o l uc i o na r i o s de pa l a b r a
y r e f o r mi s t as de hec ho, en l ug a r de pr o s e g ui r a c t ua ndo i n t r a n -
si gent ement e, según l o sostenía en sus es c r i t os , pasó a i n t e g r a r -
se a l a S o c i a l d e mo c r a c i a c aduc a, que él mi s mo habí a c a l i f i -
cado de cadáver he di o ndo y, l uego, al e j ado de l a r e a l i d a d y
dej ándose l l e v a r por sus t e nde nc i as g r a ndi l o c ue nt e s y e g o l á -
t r i c as , en u n mo me nt o e nt e r ame nt e de s f a v o r a b l e y s o br e l a
base de el ement os c ent r i s t as y o po r t uni s t as de l a peor especi e,
152 Q U E B R A C H O
creó u n a C u a r t a I n t ern a ci o n a l en el p a p el , v i c i a d a desde u n
co mi enz o de b u ro cra t i smo , que sus mej o res p a r t i d a r i o s c o n s i -
d era ro n í i n a mb a j es co mo u n obst ácul o p a r a l a formaci ón de
u n a n u ev a I n t ern a ci o n a l v erd a d era . A demás, enf rent a nd o a
S t a l i n con encono de derro t a do , l l egó a p r o c l a ma r l a " r e v o l u -
ci ón t r a i c i o n a d a " , a pesar de que él mi s mo habí a escri t o : " S e -
ría c r i mi n a l negar l a o b r a p r o gr esi v a c u mp l i d a p o r l a b u r o -
cra ci a sovi ét i ca. S i n i n i c i a t i v a , si n ho ri z o nt es, si n u n a c o mp r e n -
sión de l as f uerz as di námi cas hi st óri cas, l a b u r o c r a c i a , después
de u n a t enaz resi st enci a, se encont ró o b l i ga d a por la lógica de
su pro pi o interés, a ado pt ar el p r o gr a ma de i ndust ri al i zaci ón y
col ect i vi zaci ón. P o r su n i v e l gen era l , p o r el caráct er de sus i n -
t ereses, l a b u r o c r a c i a st a l i n i st a es apenas sup eri o r a l a b u r o -
cra ci a de l os si ndi cat o s a meri ca no s, pero en cont radi cci ón con
ést os, sus raí ces est án asent adas en l os medi o s de pro ducci ón
naci o nal i z ado s y está o b l i ga d a a p reserv a rl o s y d esa r r o l l a r l o s.
H a l l ev ado a cabo est a t a rea burocrát i cament e, es d eci r, ma l ,
pero l a t a rea po r sí mi s ma , t i ene u n caráct er p ro gresi v o . L o s
éxi t os obt eni dos en est e rengl ón, que no f uero n prev i st o s p o r
l a b u r o c r a c i a mi s ma , ha n a u men t a d o su aut oest i maci ón, y se
co nso l i da ro n en t o rn o a l l í der que enca rna en l a f o r ma más
co mp l et a l os rasgos po si t i v o s y negat i v o s de l as cast as b uro crá-
t i cas. " ( L . T R O T S K Y , The Kirov Assessination. N e w Y o r k , 1 9 3 5 ,
pág. 2 5 . ) No obst ant e el l o , T r o t s k y encaró l a l u c ha c o n t r a S t a -
l i n como su p r i n c i p a l o bj et i v o , t ransformándose en el ement o
de co mbat e d el i mp er i a l i s mo y a n q u i , a l que se al i ó p a r a esa
l u c ha a pesar de ha b erl o p r o c l a ma d o a l guno s años ant es e l v e r -
dadero amo d el mu n d o i mp er i a l i s t a , t er mi n a n d o p o r a ct ua r
como u n agent e más út il. A sí fué como se prest ó p a r a serv i r
de i n st ru men t o c o n t r a l a revol uci ón mexi c a n a , a p o y a nd o a l a
burguesí a n a ci o n a l i st a y f rena nd o l a l u c ha r e v o l u c i o n a r i a d el
p ro l et a ri a d o y l a acci ón a n t i i mp er i a l i s t a f ren t e a l os E st a d o s
U ni d o s, a pesar de que, de acuerdo con s u t eorí a de l a r e v o -
l uci ón p erma nent e l os p r o b l ema s de l a l i beraci ón n a c i o n a l sól o
pueden reso l verse a t ravés d e l est a b l eci mi ent o de l a d i c t a d u r a
d el p ro l et a ri a d o , y de ha b er reca l ca do enfát i cament e en sus
decl araci ones que " l o s p a rt i d o s r ev o l u c i o n a r i o s en l a A mé ri ca
L a t i n a deben t o ma r u n a a c t i t u d i r r ec o n c i l i a b l e ha c i a t odos l os
grupos i mp er i a l i s t a s . " ( L . T R O T S K Y , Respuestas a M. Fossa.)
Y , en l os E st ado s U n i d o s se puso a l ser v i c i o de los i nt ereses de
L E Ó N T R O T S K V V W A I . L S T R E E T 15S
W a l l S t r e e t , con l os que col a bor ó mi e nt r a s sus p a r t i d a r i os e n
ese pa ís d e c l a r a ba n y d e most r a ba n que no e r a n e ne mi gos de l os
i nt ereses i mp e r i a l i st a s nor t e a me r i ca nos.
E n e l p r óxi mo v ol ume n, t i t ul a d o La Emancipación de la
América Latina y el jracaso de León Trotsky y el trotskystno,
ver emos cómo l a C ua r t a I nt e r na c i ona l t r ot s k ys t a , no sól o pa só
a ha cer p r op a ga nd a a l i mp e r i a l i s mo y a nq ui e n l a A mér i ca L a -
t i na , si no que tra tó de a p l a st a r l os gr upos r e v ol uc i ona r i os e n
e l l a , p r i nc i p a l me nt e e n Méxi co y e n l a A r g e nt i na . A s i mi s mo
ver emos cómo l os t r ot sk yst a s, si gui e nd o su l ínea op or t uni st a y
p r o i mp e r i a l i s t a , se i nc or p or a r on a l mo v i mi e nt o bur gués n a -
ci ona l i st a de Per ón e n este úl t i mo pa ís, cómo c ont r i buye r on
con su pol ít i ca errónea y t ípi ca ment e c e nt r i st a a l a d e r r ot a
de l a ma gnífi ca r evol uci ón bo l i v i a na , que ya a pa r e ce ca si e n -
t e r a me nt e l i qui d a d a , y cómo l a C ua r t a I nt e r na c i ona l si e t e -
me si na d e bi d a a l a p a t e r ni d a d de T r o t s k y —l a que ni ngún p a -
p e l desempeñó e n l os a cont e ci mi e nt os no obst a nt e l a s p r e -
di cci ones a mp ul osa s de su c r e a d or — t e r mi nó p or d e sc omp o-
nerse y d i v i d i r s e e n dos p ut r e f a ct os núcl eos bur ocr át i cos r i -
va l es, con sede e n Pa rís y N u e v a Y o r k , que se a cusa n, e l p r i -
mer o a l segt mdo, de s e r v i r a l i mp e r i a l i s mo y a nq ui , como nos -
otros y a l o p r oc l a ma mos ha ce más de qui nc e a ños, y e l se gund o
a l p r i me r o, de est a r some t i d o a l a bur o c r a c i a sovi ét i ca . Po r
úl ti mo ha r e mos un rápi do a nál i si s d e l pr oceso r e v o l uc i o na r i o
on nue st r os pa íses, p oni e nd o e n e v i d e nc i a e l r o l noc i v o d e l s t a -
l i ni smo e n l a r evol uci ón gua t e ma l t e ca —p a r a l e l o a l d e l t r o t s -
k ysmo en l a b o l i v i a n a — e st ud i a r e mos e l concept o de a mba s
cor r i ent es sobre e l ca ráct er y l a s condi ci one s de l a r evol uci ón
en l a A mér i ca L a t i n a y l a s p e r sp e ct i v a s que se a br e n a l a
mi sma (¿es Anxéri ca L a t i n a un pa ís, como d i c e n a l gunos f a s -
ci st i z a nt e s, o a sp i r a a se r l o, es d e ci r , a sp i r a a s u uni d a d , como
deci mos nosot ros? ¿De be l a r evol uci ón ser un he cho si mul t áneo
e n t od a l a A mér i ca L a t i n a como sost i ene T r o t s k y, l o mi s mo
que a quel l os el ement os, con e l f i n de f r e na r l a l uc ha r e v o l u-
c i ona r i a , o puede l l e ga r se a l a conqui st a d e l p od e r por e l p r o -
l e t a r i a d o p r i me r o e n a l guno de nue st r os pa íses a i sl a d a me nt e ,
p a r a e xt e nd e r l a l uego a l os demás, como sost enemos nosot r os?
¿Debemos e nca r a r l a for ma ci ón de un p a r t i d o r e v ol uc i ona r i o
úni co e n l a A ni ér i ca L a t i n a , de a cue r d o a l conce pt o de l os suso-
di chos, o debe ma nt e ne r se d i v i d i d o e n secci ones, ce nt r a l i z a d a s
154
Q U E 8 R A C H O
c o n t me n t a l me n t e , que e n f r e n t e n c a d a u n a a s u r e s p e c t i v a b u r -
guesía y c o o r d i n e n u n a ac c i ón c o n j u n t a c o n t r a e l i mp e r i a l i s mo ,
según e l nue s t r o ? ¿E s p o s i b l e l a r e vo l uc i ón e n l a Amér i c a L a -
t i n a ant es q ue e n l o s E s t a d o s U n i d o s o de be mo s e s pe r ar que se
d e r r u mb e W a l l St r e e t p a r a r e a l i z a r l a ? ¿ Te ndr á q ue i n t e gr a r s e
l a f u t u r a u n i d a d l a t i n o a me r i c a n a a l os E s t a d o s U n i d o s , c o mo l o
sost i ene Tr o t s k y ,o se i nt egrará a l a f u t u r a u n i d a d mu n d i a l ?
E t c ét e r a) , d e j a nd o b i e n e n e v i d e n c i a l a ne c e s i d a d de l a c r e a -
ci ón de u n n u e v o y v e r d a d e r o P a r t i d o d e l p r o l e t a r i a d o r e v o l u -
c i o na r i o , e n l a Amér i c a L a t i n a y e n e l mi md o , s obr e bases
ma r x i s t a s l e n i n i s t a s i n t r a n s i ge n t e s , c u y a or gani zac i ón es e l i m -
per i os o de be r de l a s n u e v a s ge ne r ac i o ne s . A esas n u e v a s ge n e -
r ac i ones y a ese P a r t i d o l es están a b i e r t a s , desde y a , l a s p u e r -
t as de l a Hi s t o r i a .
F I N
I N D I C E
PAC.
Dos palabras 7
I León Trotsky como revol uci onari o ruso 7
I I León Tr ot sky en l a Revolución de Octubre 11
Ti l León Trotsky y la fundación de l a C uar t a I nternaci onal . 47
I V León Trotsky y el carácter centri sta del movi mi ento trots-
kysta 69
V León Trot sky en México 85
V I León Trotsky como i nstrumento contra l a revolución mexi -
cana 103
V I I León Troísky y el trotskysmo como agentes de W a l l Street
en los Estados Unidos 125
Consideraciones finales 15L
VSTf. I I R R O SF, T E R M I N O
D E I M P RI M I R E L D I A 28
D E J U N I O D K l »59 E N
L OS T A L L E R P : S GRÁF I COS
¡MFRESÍONES " E L SO L",
l UI UY 7.11. B U E N O S AI RE S
cacia en el terreno puramente teórico,
aunque pn los hechos fué fácilmente
vencido.
Luego, expulsado de l a U. R . S . S . y
mostrando l a justeza de l a definición
de Leni n de que los centristas son
revolucionarios de pal abra y ref ormi s-
tas de hecho, en l ugar de proseguí.'
actuando intransigentemente, según lo
sostenía en sus escritos, pasó a i nte-
grarse a l a Socialdemocracia caduca,
que él mismo liabía calificado de ca-
dáver hediondo y, alejado de la real i -
dad y dejándose l l evar por sus t en-
dencias grandilocuentes y egolátricas,
en un momento enteramente desfavo-
rable y sobre l a base de elomentoi
centristas y oportunistas de la peor
üspecie. creó una Cuarta Internacional
en el papel, vi ci ada desde un comien-
zo de burocratismo, que sus mejores
partidarios consideraron sin ambages
cumo un obstáculo p a r a l a formación
ne una nueva Internacional revol uci o-
nari a. Además, e n c a r a n d o la luch.i
contra S t ai i n como su pri nci pal obje-
tivo, se transformó en elemento d¿
combate del i mperi al i smo yanqui , al
que se alió para esa lucha a pesar de
haberlo proclamado, algunos años an-
tes el vei" d ad e J " o amo de] mundo i m-
peri al i sta, terminando por actuar como
su agente más útil. As i fué como se
pv es l ó pav £ s e rv i r de m s t v u m eM ü c o n .
Ira l a revolución mexicana, apoyando
a la burguesía nacionalista y frenand;)
l a lucha revol uci onari a d e l prol etari a-
do y l a acción anti i mperi al i sta f r e n i f
a los Estados Uni dos, a pesar de que.
de acuerdo con su teoría de la revol u-
ción permanente, los problemas de ta
liberación naci onal ^ó!o pueden resol -
verse a través del establecimiento de.
la dictadura del proletariado. Y . en los
Estados Uni dos se puso al servicio de
los intereses de W a l l Street, con los
que colaboró mientras sus partidarios
en ese país declaraban y demostraban
que no eran enemigos de los intereses
imij erialistas norteamericanos.
Basada en una extraordi nari a y o r i -
gi nal bibliografía, esta obra se presen-
ta como un jalón en el desarrollo diíl
pensamiento político revol uci onari o d^
l a América Lat i na.
EDICIOÍÍES B ADAJ O
BUEN OS AIREIS
5 8 Q U E B R A C H O
b i l i d a d por esos crímenes y ca l a mi d a d e s ca e sob re l a S e g u nd a
I nt e r na ci ona l . " Y respect o a l ce nt ri s mo, después d e pa s a r r e -
v i s t a a sus d i v e rs os ma t i ce s , t e r mi na : " L o s ce nt ri s t a s d e i z -
q u i e r d a q u i e ne s se d i s t i ng u e n a s u t u r no por u na seri e d e ma -
t i ces {el P a r t i d o S oci a l i s t a O b r e r o a l emán, e l P a r t i d o S oc i a -
l i s t a R e v ol u ci ona r i o, d e H ol a nd a , e l P a r t i d o La b o r i s t a I nd e -
pe nd i e nt e , d e I ng l a t e r r a , l os g r u pos d e Z y r o ns k i y M a r c e a u
P i v e r t , en F r a nc i a , et cét era ) l l e g a n d e pa l a b r a a l a r e nu nc i a
d e l a d ef ensa d e l a pa t r i a . P e r o d e est a d e s nu d a r e nu nc i a no
sa ca n l a s necesa ri a s consecu enci a s. L a ma y o r pa r t e d e s u i nt e r -
na ci ona l i s mo es pl a t óni co. T e me n r ompe r con l os ce nt ri s t a s d e
d e r e ch a ; e n nomb r e d e l a l u c h a c ont r a e l " s e c t a r i s mo " e m-
pr e nd e n u na l u c h a cont r a e l ma r x i s mo, r e h u s a n l u c h a r por u na
I nt e r na ci ona l r e v ol u c i ona r i a y conti núan en l a S e g u nd a I n -
t e r na ci ona l a l a ca b e za d e l a c u a l está e l v a s a l l o d e l r e y: V a n -
d e rv e l d e . E i x presa nd o e n ci e rt o mome nt o e l ca mb i o h a ci a l a
i z q u i e r d a d e l a s ma sa s, en úl t i mo anál i si s l os ce nt ri s t a s pone n
u n f re no a l r e a g r u pa mi e nt o r e v ol u ci ona r i o e n e l pr ol e t a r i a d o
y, e n consecu enci a , t a mbi én en l a l u c h a cont r a l a g u e r r a . "
¡Qui én di ría q u e, a pena s u nos meses a nt es, León T r o t s k y
había a l i ne a d o detrás d e sus h e rmos a s f ra ses, e n l a l l a ma d a
Declaración de los Cuatro, en i ma s u pu e s t a l u c h a por u na nu e -
v a I nt e r na ci ona l , a l os mi s mos q u e a h or a cond e na b a como c e n-
t ri s t a s ! Y l o más cu i ' i oso e r a q u e esos pa r t i d os ce nt ri s t a s e n
t a l Decl araci ón, habían pr ocl a ma d o q u e " l a N u e v a I nt e r na ci o-
na l no podía t ol e r a r ni ng u na conci l i aci ón h a ci a e l r e f or mi s mo
o e l c e nt r i s mo" ! O t r a v ez, como a nt es d e O ct u b r e , e l c onc i l i a -
d or T r ot s k y, " b u s ca nd o l a u ni d a d a c u a l q u i e r pr e c i o" , i d e a l i -
za b a l a s t e nd e nci a s ce nt r i s t a s " , según sus pr opi a s pa l a b r a s .
P e r o esa " t e nd e nci a h a c i a l a conci l i a ci ón. . . q u e, según e l
cr i t e r i o d e L e ni n, me a l e j a b a d e l b ol c h e v i s mo" ( L. T R O T S -
K Y , La Révolution PerTjianente. Pa rís, 1 9 3 2 , pág. 7 8 ) , v ol v i ó a
r e pr od u ci r s e a g u d a me nt e ese mi s mo a ño 1 9 3 4 , cu a nd o T r ot s k y ,
e s cri b i e nd o . si empre con b r i l l o cont r a e l ce nt r i s mo y e l r e f or -
mi s mo ( " L a l u c h a consecu ent e cont r a e l r e f or mi s mo: ni l a más
mi ni ma concesi ón a l ce nt r i s mo. ¡H e ahí l o q u e está e s cri t o en
l a b a nd e r a d e l a C u a r t a I nt e r na c i ona l ! " L. T R O T S K Y , R e v i s t a
Comunismo. M a d r i d , ma r z o d e 1 9 3 4 ) pero, como s i e mpr e , en
l a prácti ca, conci l i a nd o con el ce nt r i s mo y e l r e f or mi s mo, c o n-
s i d e ra nd o q u e l a s f u e rza s q u e l o seguían e r a n d e ma s i a d o i m-
L E Ó N T R O T S K Y Y W A L L S T R E E T U Í
Comi té Central y del Polit Bureau y sus escritos llenan pági -
nas y pági nas con expresiones deslumbrantes de inflamado
pensamiento revolucionario. El objeto era demostrar que la
Tercera Internacional, bajo la i nspi raci ón de Stali n, habí a
abandonado la lí nea leninista, adoptando la del peor oportu-
nismo. La revoluci ón china iba a ser la piedra de toque para
demostrar el carácter menchevique y contrarrevolucionario del
staÜnismo.
El mismo Trotsky lo ha expresado: "Para que el nexo que
une a los problemas de ayer con los de hoy cobre todaví a
mayor relieve es necesario recordar aquí , aunque sea en una
forma esquemáti ca, lo que hicieron en Chi na los caudillos de
la Internacional Comunista; esto es Stali n y Bujari n. So pre-
texto fíeque China íe hallaba abocada a nn movimento revo-
lucionario de liberación nacional, a partir de 1924 se concedió
que el papel dirigente de ese movivúento correspondía a la
burguesía china. El partido de la burguesí a nacional, el Kuo-
mintang, fué, pues, oficialmente reconocido como director. Lo-^
mencheviques rusos mismos, en 1905, no se atrevieron a hacer
tamaña concesión al partido Constitucional democráti co (los
"Kadetes") que eran el partido de la burguesí a nacional. Pero
ios dirigentes de la Internacional Comunista no se detuvieron
allí. Obligaron al Parti do Comunista chino a formar parte de!
Kuomí ntang y a someterse a su disciplina. Despachos especia-
les de Stalin recomendaban a los comunistas chinos frenar ¿1
movimiento agrario. Fué prohibido a los obreros y campesinos
revolucionarios crear soviets de miedo a disgustar a Chi ang-
Kai Shek, que Stalin defendí a contra la Oposición, todaví a a
comienzos de 1927, pocos días antes del golpe de Estado de
Shanghai y que él proclamó «amigo fiel» en una reuni ón dei
partido en iMoscú, Lasubordinacujn oficial del Partido Comu-
nista a la dirección burguesa y la prohibición oficial de crear
soviets constituyen una traición al marxismo mucho más honda
y grosera que toda la actividad de los mencheviques de 1905
a 1917." (L . TR OTSKY , La Révolution Permanente. Parí s, 1932,
pág. 44.)
En sus extensos escritos sobre la revoluci ón china, polemi -
zando con la dirección stalinista de la Internacional Comunis-
ta, habí a dicho: "Leni n exi gí a que se distinga entre l a bur-
guesía del país oprimido y la del paí s opresor. Pero, en ni n-
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—inmediatamente— debe enfrentar la dura alternativa que ¿c
le presenta: Por el capitalismo o contra el capitalismo. Todo lo
más, sólo puede ser un fenómeno transitorio que terminar;'i
en desconcierto y en desilusión para las masas." (Internal
Bvlletin, N9 2, Socialist Workers Party, pág. 31.)
Pero, a León Trotsky, su connivencia con el imperialismo
yanqui le hacia ver las cosas de otra manera. Y, en conse-
cuencia, indicaba ahora para el proletariado norteamericano
un típico camino oportunista que antes él mismo habí a re-
chazado.
¿Qué faltaba a León Trotsky para completar el cuadro de
su sumisión a Wall Street? Que sus partidarios en los Estado.s
Unidos apoyaran al gobierno de Washington y que los emisa-
rios de la Cuarta Internacional trotskysta hicieran propaganda
a favor del imperalismo yanqui, dentro de lo que aquél con-
sidera su esfera de influencia exclusiva: la América Latina.
Y ambas cosas ocurrieron.
En la carta abierta dirigida a Bode, secretario del Partido
Obrero Revolucionario trotskysta, de Cuba, fechada en Buenos
Aires, el 27 de mayo de 1943, bajo el encabezamiento: "Los
titulados trotskystas del Socialist Workers Party, de los Esta-
dos Unidos, y el supuesto Comité Ejecutivo Internacional con
sede en Nueva York, no son más que descarados agentes de
Wall Street en el seno del movimento obrero de la Cuarta
Internacional" ,aparecida en el Boletín Sudamericano, 5.
junio de 1943, de la Liga Obrera Revolucionaria argentina y
reproducida en el libro Estrategia Revolucionaria {Buenos A i -
res, 1957), el autor de este libro lo denunció. Y, para poner en
evidencia todo lo que el título de esa carta sugiere, basta re-
producir algunos capítulos de la misma.
Pero antes deseo recalcar la importancia que tenía el Socia-
list Workers Party, de los Estados Unidos, para la política y
la acción de Trotsky, ya que, toda ella, estuvo basada princi-
palmente en el mismo. Cuando ese Partido se organizó, bajo la
dirección de J ames P. Cannon y Max Shatchman, después
del paso de sus componentes por diversos partidos reformista.s
y oportunistas. Trotskj', como ya dijimos, saludó el aconteci-
miento com.o uno de los sucesos fundamentales del movimiento
orientado por él. Haciendo una reseña de este movimiento,
había escrito: "L a creación en los Estados Unidos del Socialist
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representa la fracción bnroCTáíico conservadora,. Pero en 1940 Trots-
ky los cerró, aunque se podría decir iiue desde hacia algunos años a
esle renpecto ya los tenia bastante cerrados.
"Desautorizados doctrinariamente por Trotsky, los burócratas disi-
dentes de la minoría con Shachtvian, Surnham, Abern y Bern a U
cabeza y lanzados por su cuenta como Workers Party, sección norte-
americana de la tCuarta Intervxicional*, pronto vieron raleadas sus
jilas: Jumes Burnham, ex teórico máximo del Socialist Workers Par-
ty durante muchos años, declaró que e s t a b a convencido ahora de que
no era marxista y abandonó el j ! u e i ; o p a r t i d o p a r a pasarse a la re-
acción fascista. ¡Triste d e s t i n o e i d e i a burocracia centrista: proveer
de. entre sus dirigentes, mercenarios para el ejército de Jos e j - p l o -
¡ « d o r t s . ' " '
K s l e capítul o es un a demostración de l carácter de l P ar t i do.
E n cuan t o a l as pos i ci one s , e l l as no podían de j ar de e s tar de
acue rdo con aquél , l ambi én serán e x pre s adas por s us propi os
íürigentes e n otro párrafo de l a cart a de l aut or de e s te l i br o
al s e cre tari o de l P ar t i do O br e r o R e v ol uci on ar i o t r ot s k y s t a, de
C uba, e n 1943.
•EL SOCIAUST WORKERS PARTY DE LOS ESTADOS UNI-
DOS SEGUN SUS PROPIOS BUROCRATAS - ENSEÑANZAS DEL
.FAMOSO. PROCESO DE MINNEAPOLIS (1941).
"Volvamos nuevamente a lo que Qu e d ó d e l r í e j o So ci a l i s t Wo r íce r .í
P a r í y o a j o la dirección del veterano oportunista James P . Cannon.
Si no b a s t a r a n fas íTi an i fes Eaci o n es de sus propios dirigentes: .stali-
nislas,, t l oT OS i , ^repetidores de Trotsky., ^degeneración del parti-
do., .rutina., .estancamiento., ttrágica jaita de obreros,, .no somos
bolcheviques,, . s i s o m o s m a l o s , ellos son peor,, .si somos burócratas
ellos son hediondos burócratas,, e t t - ct e r a (¡qué amigos, camarada
Bode!) si no bastaran las expresiones transcriptas anteriormente y todo
lo manifestado en las páginas que preceden para caracterizar a ese
antro de podredumbre que tisíed pretende defender, serian más que
suficientes los dos folletos editados por el propio partido en cu e s t i ón
con f e n í e T ui o las actas oficiales del proceso que se s i g u i ó a sus diri-
gentes en Minneapolis (Estado de Minnesota) para poder medir en
toda s u .hedionda, realidad a este equipo raquítico de miserables
oportunistas.
''Esos dos folletos, de alrededor de 100 páginas cada uno. contienen
la e.rposi ci ÓTi h e ch a p o r James P. Cannon y Albert Goldman (otro
de los principales d i r i g e n t e s del S.W.P.) en defensa p r o p i a y de sus
demás compañeros acusados ante la Corte Federal del Distrito de
Minneapolis, en ¡941, de realizar propaganda .con el fin de derrocar
1 Ja i n e s B i i n i h a i i i -^c h i z o f a m o s o mí >^ t i i r d e co n ¡o t e ór i co f a v o r i t o d e Wa l l
Sl r cci y s u i i l t i m o l i b r o , une l l e v a e i s i i ce s t i v o t ít u l o La i neci t abí e d er r ot a d el comu-
iiii.sifn), h a s i t i o ti ti "b e s t s e l i e t " d e l i i n p «m l i : » i < o y a n q u i .