X.

SOCIEDAD, ESTADO Y UNIVERSIDAD COLONIAL
Jaime Ríos Burga154
I. UBICACIÓN CONCEPTUAL
Las relaciones entre Sociedad, Estado y Universidad en el Perú
colonial nos permiten sacar a luz conceptos como civilización, comuni­
dad, etnicidad, Estado, cultura, clase, estamento, grupo social, actores,
identidad, movimiento social, institucionalidad, etc., producto de su interac­
ción histórica. Conceptos como realidad de los actores bajo determina­
da posesión material (propiedad, posesión) y espiritual (ideología, men­
talidad), es decir, intereses comunes y diferenciados en la vida social.
El pueblo de españoles y el pueblo de indios entrecruza en este
sentido una estructuración de clase, estamento y casta diferenciado por
el color de piel, la actividad, la lengua y la jerarquía en la sociedad.
Proceso que unido al sentido de étnia expresado en su lengua, valores,
tradiciones, costumbres tejidas las redes más o menos sólidas de rela­
ciones sotiales percibiendo el mundo social desde sí mismo o en su
propio estamento. Modelo cultural de existencia, control o dominación
que niega la presencia del otro.
Pero, los conceptos anteriormente señalados no bastan para re­
construir la problemática, su génesis nos plantea también ubicarla como
parte de un determinado campo social de fuerzas. Un sistema de rela­
ciones estructurales o actores sociales de un campo específico de rela­
ciones objetivas y subjetivas, de alianzas económico-sociales, político-
culturales o de conflicto, competencia o cooperación, según los distin­
tos espacios y posiciones ocupados por los actores en cada momento,
154 Trabajo en sus dos partes fundamentales inédito publicado por el autor por primera
vez. La última parte con algunos agregados en RÍOS BURGA, Jaime (2001), «La
Sociología en San Marcos. Hacia una revolución teórica del quehacer sociológico»,
Lima, J.R.B. Editor.
Jaime R. Ríos Burga
es decir, su acción de interacción acorde con el tipo de capital económi­
co, social, cultural y simbólico. El campo pertenece a las instituciones.
La universidad es un tipo de campo específico.
Sobre esta base institucional los actores reproducen hábitus cual
esquemas de percepción y de apreciación, estructuras cognitivas y
evaluativas a través de sus experiencias o producción de prácticas. Un
sistema estructurado en disposiciones para actuar, sentir y pensar de
una determinada manera. El «individuo» de la sociedad colonial interioriza
e incorpora esta estructuración social en el transcurso de su historia. Se
mueve, actúa y orienta según la posición que ocupa en el espacio social
colonial.
La sociedad colonial no fue un campo homogéneo de fuerzas so­
ciales. Su complejidad se entrecruza con la complejidad que heredó de
la estructuración civilizatoria andina. La estructura social colonial cons­
truye relaciones complejas de clase, estamento, casta, etnia, asignando
a los actores determinados privilegios o condiciones comunes de orden
económico, social, político, identidad y cultura. Un sistema de posicio­
nes sociales basadas en relaciones de explotación y dominación,
desencuentro y encuentro sociocultural múltiples. Sistema colonial que
se configura a partir de principios de diferenciación y distribución en
grupos sociales, estamento, instituciones y personas, basadas en la ren­
ta, la raza, el conocimiento, con sentido de reconocimiento, conformi­
dad y distinción. Pero a pesar de esta estructuración densa, la vida se
construía según los diferentes modos de visión y clasificación de los
entornos socio-étnicos, de estamento y clase social más que de deci­
sión de los individuos.
Por tanto, la reproducción sociocultural de los actores en la colo­
nia se da acorde con el tipo de apropiación cultural y el tipo de igualdad
o desigualdad social estamental. Un «juego» de los actores que depen­
de de las estrategias de los jugadores de acuerdo al capital que dispo­
nen (económico, social, cultural y simbólico) y de las tácticas acorde
con el campo específico creando procesos de sentido y legitimidad ba­
sadas en la violencia o el reconocimiento ya de dominantes o domina­
dos. En este curso sus diferentes etapas procesan determinadas ideolo­
gías y mentalidades. La universidad fue el centro de creación ideológi­
ca cultural acorde con la socialización económica, política, religiosa y
educativa de la sociedad colonial. Los actores universitarios en tra-
La universidad en la etapa colonial
* yectorias y posiciones legitiman o cuestionan este orden bajo una men­
talidad e ideologia pensada como una desigualdad natural.
II. SOCIEDAD-ESTADO COLONIAL
LA CONQUISTA
La conquista corresponde a la etapa pugnaz del tercer ciclo de
conquista y presenta un proceso similar al de la conquista mexicana;
aparece como resultado del desarrollo cultural occidental que, fruto del
desarrollo social y tecnológico sobre todo en el arte de la guerra, supo
establecer sus relaciones de poder hegemónicos y de alianza temporal
con las clases, grupos étnicos y las élites internas opuestas al poder
estatal inca e imponer el sistema colonial155.
La conquista se impone como producto del vigor físico, la superio­
ridad de anuas de guerra, la inferioridad práctica y psicológica de los
indios, el deseo del conquistador de «ir a valer más» y la idea hecha
conducta de la supuesta superioridad material y espiritual del blanco
castizo europeo156. Creencia que opera y perdura como una actitud
discursiva de construcción España/Europa/Occidente y el Otro, el indio
como posición privilegiada de pertenecer al poder imperial157.
La conquista significó una verdadera tragedia para los conquista­
dos. La destrucción del desarrollo autónomo de la civilización andina
transformó las bases sociales de la estructuración sociocultural-étnica
de los actores a lo largo dekoda la etapa colonial. Según anota Wachtel
«una vez asesinado este centro, (La muerte del hijo del sol) desaparece
el punto de referencia del mundo, y es ese orden universal que resulta
brutalmente destruido»''5*'. Una lucha de poder material y simbólico donde
15S BENNASSAR, Bartolomé (1985), La América Española y la América Portuguesa
(Siglos XV1-XVW). Madrid, Sarpe, Pag. 72.
5,1 ROMANO, Ruggiero y Alberto TERENTI. (1983), Los fundamentos del mundo
moderno, Madrid, Siglo XXI Editores.
157 MIGNOLO, Walter (2000), «La colonialidad a lo largo y a lo ancho: el hemisferio
occidental en el horizonte colonial de la modernidad», en: LANDER: 2000.
155 WACHTEL, Nathan (1976), Los vencidos. Los indios del Perú frente a la Conquis­
ta Española (1530-1570), Madrid, Alianza Editorial.
Jaime R. Ríos Burga
el mundo mítico es desplazado por el poder hegemónico del modelo
castellano europeo de conquista. Un nuevo poder racional basado en la
utopía religiosa y militar del conquistador y el poder de ¡a corona metro­
politana como ideología hegemónica.
Los ciclos de la economía peruana colonial pueden seguirse en la
historia159 desde la evolución de la servidumbre, caracterizada por oí
paso del vínculo estrictamente personal hacia un vinculo solariego (re.M*
con ¡a tierra piecipitada por la intervención enérgica del rey y de Sos
teólogos juristas contra la encomienda según lo concebían los conquis­
tadores. es decir, el paso de un señorío primitivo que creaba vínculos
personales con el encomendero señor a la modalidad indio-vasallo-vi­
llano nos lo destaca Francois Chevalierlí,c.
Podemos, en base a las Crónicas del Perú publicadas por Raúl
Porras, mostrar este choque intercultural. Proceso que encierra en su
conjunto la génesis de la transición de una mentalidad premodema mítica
a otra mentalidad premodema utópica racional en el marco cultural de
transición del feudalismo al capitalismo y del naciente capitalismo occi­
dental.
Acto Io. Poder, dominación, violencia, destrucción e incomunica­
ción como cesencuentro cultural entre 1a «civilización» y la «barba­
rie», e! yo occidental y el otro («Indio»):
«El gobernador y el capitán general andaban requiriendo los apo­
sentos de los españoles, viviendo como estaban apercibidos para sai ir
cuando fuese menester diciéndolcs a todos que Inciensen de sus cora­
zones fortalezas pues no tenían otras, ni otro socorro sino el de Dios,
que socorre en sus mayores necesidades a quien anda en su servicio; y
que aunque para cada cristiano había quinientos indios, que tuviesen e;
esfuerzo que los buenos suelen tener en semejantes tiempos, y que
esperasen, que Dios pelearía por ellos, y que ai tiempo de acometer
fuesen con mucha furia y tiento, y rompiesen sin los de caballo, se
encontrasen unos con otros». (XEREZ: 95)
150 Véase mi trabajo (1986), Ciclos productivos en eí espacio peruano colunia!, Limn.
Ediciones Trabajo.
CHEVALIER. Fiancois (1986). Servidumbre de ia tierra y rasgos señonaies el Alio
Perú Hispánico: Apuntes comparativos sobre los yanaconas, VII Simposio inter­
nacional de Historia Económica. CLASO/iEP. Lima.
La universidad en la etapa colonial
Acto 2”. Poder simbólico del dominio religioso católico cristiano
castellano:
«Yo soy sacerdote de Dios, y enseño a los cristianos las cosas de
Dios, y asi mismo vengo a enseñar a vosotros. Lo que yo enseño es lo
que Dios nos habló, que está en este libro. Y por tanto por parte de Dios
y de los cristianos te ruego que seas su amigo, porque así lo quiere Dios,
y venirte ha bien de ello, y ve a hablar al gobernador que te está espe­
rando. (El Gobernador) le echó mano diciendo: «Santiago». En todo
esto no alzó indio armas contra español, porque fue tanto el espanto que
tuvieron de ver entrar al gobernador entre ellos y soltar de improviso la
artillería y entrar los caballos de tropel, como eran cosa que nunca
habían visto, con gran turbación procuraban huir por salvar las vidas
que de hacer guerra» (XEREZ: 97)
En una clara oposición entre una cultura civilizatoria mítica oral y
otra religiosa utópica de discurso bíblico del texto:
«Tomó su libro y abajo su cabeza, y fuese para donde estaba el
dicho Pizarro, casi corriendo y díjole: ¿No veis lo que pasa? Para qué
estáis en comedimientos y requerimientos con este perro lleno de so­
berbia, que vienen los campos llenos de indios? ¡Salid a él, que yo os
absuelvo.» (SANCHO: 108)
Acto 3o. La mentira como mecanismo de dominio:
Según Xerez el gobernador habí ó a Atabaliba, diciendo: «Qué trai­
ción es ésta que me tienes armada? Habiéndote yo hecho tanta honra
como a hermano, y confiándome de tus palabras? Y declaróle todo lo
que había sabido y tenía información». Atabaliba respondió diciendo:
«Burlaste conmigo siempre me hablas cosas de burlas? Qué parte so­
mos yo y toda mi gente para enojar a tan valientes hombres como voso­
tros. No me digas esas burlas» (XEREZ:97-98)
Acto 4o. Muerte del poder Inca:
«Presente el cuerpo, llegaron señores, hermanas, mujeres suyas,
y otros privados con gran estruendo, tal que impidieron el oficio, y dije­
ron que les hiciesen aquella huesa muy mayor, porque era costumbre
cuando el gran señor moría, que todos aquellos que bien le querían se
enterrasen vivos con él: a los cuales se les respondió que Atabaliba
había muerto como cristiano, y como tal le hacían aquel oficio, que no
había de hacer lo que ellos pedían que era muy mal hecho y contra
cristiandad que se fuesen de allí y que no les estorbasen y se le dejasen
enterrar; y así se fueron a sus aposentos y se ahorcaron todos ellos y
ellas. Las cosas que pasaron en estos días y los extremos y llantos de la
gente, son muy largos y prolijos y por eso no se dirán aquí» (SAN­
CHO: IOS)
Ruptura cultural que el tiempo como resistencia da lugar a la
reelaboración o creación de nuevos mitos como el imaginario simbólico
del Nakaq («el degollador»). Hombre que por oficio se dedica al desgüello
de víctimas animales. En su versión ayacuchana, presenta un ser
semihumano, montaraz y cruel. Vive solitario en lugares inaccesibles,
es blanco o mestizo de larga barba, cabellos desgreñados y rostro temi­
ble. Viste una saya ceñida en la cintura, sus armas son un lazo de cuero
humano y un cuchillo. Espera a los viajeros nocturnos o transeúntes en
caminos y puentes, desgüella a sus víctimas y les extrae la grasa, luego
las hace desaparecer. La grasa la usa para fundir campanas de gran
sonoridad, artículos de cobre o como medicamento de boticario. Es
mortal. Puede tener un solo hijo que lo reemplaza en ei oficio cuando el
padre muere. Como destacan los estudiosos del mito, el héroe encarna
en el tiempo distintos modelos sociales (fraile, cura, autoridad civil o
política, hacendado, gamonal, mestizo, policía, militar, presidente de la
república), por tanto, es continuamente llamado a expresar situaciones
sociopolíticas conflictivas.
LA SOCIEDAD COLONIAL
El modelo colonial se caracterizó por cinco rasgos característicos:
1. Un sistema económico rentista basado en la hegemonía de la pro­
ducción minera, el sistema de hacienda y la comunidad indígena «redu­
cida» orientada al comercio mundial y al consumo interno colonia!,
trasfiriendo gran parte dei excedente al Estado metropolitano y a las
clases dominantes internas. 2. Una organización social de clase y de
raza dividida en estamentos y castas: españoles, indígenas, negros,
mestizos y otras castas. 3. Una organización político administrativa di­
ferenciada donde el Estado Colonial se gesta, estructura y desarrolla al
margen de las bases sociales de la sociedad en una forma de organiza­
ción socio espacial urbana centralizada. 4. Una organización jurídica
Jaime R. Ríos B u r g a -----------------------------------------------------------------------------------
La universidad en la etapa colonial
diferenciada de acuerdo al origen social. 5. Una ideología y mentalidad
basada en el modelo católico, judeo-cristiano-castellano161.
Es decir, una economía mercantilista rentista basada en la mine­
ría, las haciendas y los obrajes; una sociedad estamental dividida; una
ideología y mentalidad social subordinada al poder metropolitano colo­
nial y la Iglesia Católica qyien asume el papel de dar seguridad y con­
suelo individual y colectivo; una política burocrática metropolitana ba­
sada en «la pluma, la tinta y el papel»; un ejercicio del poder basado en
el terror, la intriga, el soborno y la venta de cargos públicos; una adhe­
sión al rey y a la élite en el poder; y, una cada vez mejor reforma y
centralización fiscal y político-administrativa de las instituciones colo­
niales1''2.
La sociedad colonial creó un rígido sistema de estratificación so­
cial caracterizado por la diferenciación racial y de clase estamental
entre los grupos sociales dominados (indios, negros, otras castas) y los
grupos dominantes (blancos, mestizos). Estructuración social y econó­
mica que surge como producto de la organización del Estado colonial a
partir de una serie de procesos estrucairales: la integración forzada de
las poblaciones de los grupos étnicos en «indígenas», la esclavitud, la
organización de la comunidad corporativa, el sistema de hacienda
colonial, la urbanización, el desarrollo de la cultura colonial, indígena,
negra, etc.
En su pluralidad socio-étnica y cultural produce y reproduce una
dinámica de colonialismo interno donde el grupo dominante impone al
grupo dominado la teoría de los tres órdenes que según el historiador
Duby elegía a unos para rezar por la salvación de las almas, a otros
para combatir en defensa de la población, y a otros destinados a traba­
jar para mantener con su trabajo a los agentes de la Iglesia y a los
agentes de la guerra y el Estado’63. Estado y sociedad que se encarna
en diferentes trayectorias de personalidad como la de Pizarra, Lope de
" 1 RÍ OS BURGA. Jaime (! 990), La formación de los mercados internos y del Estado
nacional en el Perú. LiC.V!. Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, tesis Docto­
ral, Madrid, pag. 1-5.
i-LLAREN, Peter í2U04), Nación y sociedad en la historia del Perú, Lima. IEP.
1 DUüY. Georges í 1983), Guerreros y campesinos. Desarrollo inicial de la economía
europea (500-1200). España, Siglo XXI Editores, págs. 206-208.
Jaime R. Ríos Burga
Aguirre en contraste con la reivindicación ideatitaria étnica de Felipe
Guamán Poma de Ayala o la concepción humanista intercivilizatoria del
Inca Garcilaso de la Vega. Una construcción contradictoria de identi­
dades que da origen a la peruanidad y a que los peínanos comiencen
dolorosamente a ser universalesIW.
La idea de integración al «cuerpo de nación» española bajo la idea
del dominio de Dios, del Rey, del pueblo y su representante principal en
la colonia, el Virrey, ordena ia organización de la República de los espa­
ñoles y la República de los indios y de las otras castas de una manera
jerárquica y estamental, limitando la movilidad social. Situación que pro­
fundiza la marginación sociocultural, la lucha étnica y de clases entre
los diferentes grupos sociales y/o castas. En base a los aportes~de¡
historiador Waldemar Espinoza16- podemos reconstruir su dinámica.
Es decir, la posición que ocupan las castas, caracterizadas por el color
de la piel y el linaje; los estamentos como grupos jerarquizados y legiti­
mados por el nacimiento, la raza y la dominación de unos sobre otros: y,
las ciases sociales en cuanto relación social de propiedad, poder econó­
mico sociocultural, ideología y mentalidad.
ESQUEMA GENERAL DE ESTRATIFICACIÓN
GRUPOS DOMINANTES
(Españoles y criollos)
Aristocracia colonial
GRUPOS DOMINADOS
(Indios, negros, cholos y otras castas)
Plebe mal urbana
IM NEIRA, Hugo (1997). Hacia ía tercera mitad, Perú XV1-XX. Lima. Banco de!
Progreso.
11,5 ESPINOZA. Waldemar (1997), «El sistema de castas y el mestizaje cultural en el
virreinato del Perú», en: Varios: Peruanidad e Identidad. Lima. Universidad
Nacional de Educación «Enrique Guzmán y Valle».
La universidad en la etapa colonial
Los chapetones eran el grupo de migrantes españoles y europeos
de diferentes naciones. Los criollos eran los hijos de migrantes nacidos
en el territorio. La aristocracia colonial surge de este agrupamiento,
ubicándose en el campo social dominante. Su capital económico y po­
lítico se origina en las encomiendas, la propiedad de la tierra, el capital
comercial y control del poder político en una compleja articulación en­
tre el sistema de hacienda, la minería, las comunidades indígenas y las
ciudades, principalmente Lima. Todo un sistema colonial166donde los
conquistadores españoles y criollos de «alcurnia» sueñan convertirse
en «señores nobles» o «aristocracia colonial» más que en una burgue­
sía comercial bajo la idea de superioridad de la raza blanca, la menta­
lidad rentista, noble, religiosa y militar feudal y esclavista de la vida.
El individuo se reproduce en el estamento clase al que pertenece,
es decir, se procesa una débil movilidad social bajo una moral «flexi­
ble», ruda e intolerante que despreciaba el trabajo, promovía el sentido
personalista y burocrático por el control del poder político administrati­
vo en alianza estratégica con gran parte del alto clero. Sus prácticas
sociales se caracterizaban por afirmar gustos por el barroco, el lujo, el
boato, el dispendio, la ambición, junto con la idea de alcanzar la fama. El
sentido de nobleza conforma una de las tendencias del carácter de esta
personalidad histórica. El conquistador postergado y resentido se rebe­
la en su ambición contra el poder central imperial para luego someterse
a su control. El capital simbólico de sus instituciones recoge todos estos
elementos vinculados estrechamente a la estructuración feudal colonial
de «señor» o «señorío» y la profunda fe: religiosidad católica-cristiana
de sus lugares de origen, como lo expresan Francisco Solano. Santo
Toribio de Mogrovcjo, entre otros.
La hegemonía de clase se basó en la posesión de haciendas, mi­
nas, estancias ganaderas, obrajes y una gran masa de mano de obra
servil y esclava. El idioma y la religión operaban como mecanismo de
control cultural y simbólico. Pero, la diversidad y heterogeneidad social
colonia! hizo que la dominación hegemónica de la Corona no se repro­
dujera en el conjunto social, integrando diferenciadamente a los núcleos
ASSADOURIAN. Scmpal (1982). El sistema de economía colonial. Lima, IEP.
GLAVE, Luis (1986). El virreinato peruano y la llamada «Crisis General» del siglo
XVII. Cuadernos de Historia, Lima, Universidad de Lima.
Jaime R. Ríos Burga
de élite curacales, por tanto, en el tiempo diluyendo o desintegrando los
rasgos de las culturas dominadas sobre todo andina, es decir, buscar
una aculturación colonial. Las diferencias socioeconómicas y cultura­
les originaron una profunda brecha sociocultural que pervive aún hoy
en el tiempo. Hábitus que se hace legítima primero por las armas y
luego, por la conversión religiosa forzada. La distinción social entre el
dominante y el dominado aparece como algo natural.
El capital simbólico, producto de los títulos nobiliarios, le posibilita­
ba a la aristocracia colonial incrementar sus rentas y propiedades terri­
toriales, muebles e inmuebles. Concentración rentista que unida al mo­
nopolio del Estado colonial, el papel de la Iglesia y la Universidad, les
permite ejercer el poder, acaparar los cargos públicos más importantes,
regulando así los conceptos y los valores en la educación, el arte, etc.,
en la sociedad colonial. Una estructuración que poco a poco se interioriza
como hegemónica sin ser en lo social y cultural predominante, es decir,
se construye un sistema económico, social, político e ideológico que
legitima el orden social colonial.
La lucha simbólica bajo la proyección de un tipo de hábitus nabílico
de origen peninsular marca su especificidad con relación a los otros
grupos sociales en términos de identificación. Ideología y mentalidad
que se distingue de las demás clases y/o castas en la vida cotidiana
(criollos, indios, mestizos, cholos, negros y otras castas) o están presen­
tes en la lucha por el control del poder burocrático administrativas del
estado colonial o instituciones centrales de la sociedad.
A diferencia de esta aristocracia, los criollos y los españoles
migrantes no aristocráticos, reproducían en parte o menor escala una
estructura económico- social, cultural y simbólica de mentalidad aristo­
crática colonial, diferenciándose del resto de la población. La diferen­
ciación con la aristocracia produce, desde muy temprano, contradiccio­
nes con este grupo por afianzar su capital social basado en la rentabi­
lidad esclavista, feudal, mercantil y su participación en la administra­
ción política de orden colonial. El acceso al capital cultural a través de
la educación en la Universidad, fue posibilitándole cada vez una mejor
movilidad social y concentración de la renta y el capital económico, así
también su participación en el control del capital simbólico-religioso.
La universidad en la etapa colonial
Otros grupos sociales como los criollos, campesinos, pequeños y
medianos agricultores se adentran a los pueblos afirmando poco a poco
la renta y el capital bajo sus diferentes formas, diferenciándose y distin­
guiéndose de la población indígena y negra. Nace así larvariamente una
burguesía incipiente y débil que afirma su capital en el comercio, desa­
rrolla su herencia de capital social y cultural en la educación familiar y
adhiere predominantemente al capital simbólico religioso católico. El
caso del valle de OUantaytambo también ilustra todo este proceso167.
También la trayectoria de personajes como Don Juan de Acuña, Juan
Francisco Bodega y Cuadra, Pablo de Olavide, Hipólito Unánue en lo
social y Santa Rosa de Lima, Sor Ana de los Ángeles Monte Agudo,
María de Jesús Paredes y Flores, Antonio Ruiz de Montova.
A diferencia de la aristocracia que gusta de la crianza de caballos,
la corrida de toros, la pelea de gallos, este grupo social en sus pueblos
imitan ios gustos aristocráticos pero sincretizándose con las costum­
bres míticas populares de los pueblos andinos de la costa, la sierra, la
selva y las poblaciones migrantes de origen africano. Surge así la rica
y compleja diversidad socioeultural de cada uno de los pueblos del Perú
colonial. Mundos culturales donde la racionalidad mítica coexiste
sincréticamente con la creciente aculturación religiosa cristiana caste-
Uano-europea y afro-peruana-americana en toda su diversidad.
Por otra parte, criollos y españoles no aristocráticos mantenían su
distinción con otros agrupamientos en un velado odio a la aristocracia
española y un abierto racismo a la población mayoritaria. Su limitada
movilidad social ascendente la lleva a formar tardíamente una burgue­
sía rentista incipiente sobre la base del capital comercial. Una continui­
dad de su campo y hábitus social a través de la educación comercial de
sus hijos, desarrollar su prestigio, carisma, reputación, notoriedad, ho­
nor en las relaciones sociales. Pero, al igual que otros grupos, buscó
relacionarse con la aristocracia auténtica a través del matrimonio, e
imitar su estilo de vida. Nace así una de las vertientes sociales por
construir una identidad que fluctúa entre la adhesión a la «madre pa­
tria» o eí idea! de una «patria criolla peruana-americana».
GLAVE, Luis yREMY, María (1983), F.ífractura agraria y vida rural en una región
andina. OUantaytambo entre los siglos XVI y XIX, Cusco, Centro Bartolomé de las
Casas.
Jaime R. Ríos Burga
Los indios, actores étnic¿os y estamento, resistieron y adecuaron
al régimen social y estatal colonial. La mentalidad mítica de los grupos
étnicos convertidos en «indígenas» se entrecruza, poco a poco, con un
mundo religioso católico-cristiano y mítico-africano en complejos pro­
cesos de sincretismo, aculturamiento, simbiosis y asimilación, acorde
con cada espacio sociocultural. El hecho colonial de nombrar a la po­
blación como «indígena» significaba la conformación de una identidad
sociocultural y simbólica de dominación, en relación con el espacio con­
quistado y el sentido sociocultural y simbólico de un Otro, diferente o
desconocido: el indio. Imagen de identidad colonial que hoy es negaaa
con la imagen de la consecución de la identidad peruana.
Los «indios» ocupaban una posición subordinada en el espacio
social colonial. La expropiación étnica subordina en alianzas estratégi­
cas el poder de algunos Curacas con el poder colonial que apoyaron la
conquista. Un premio del poder metropolitano y colonial por su apoyo a
la conquista y su consolidación. Mientras la nobleza cuzqueña y los
grupos étnicos que apoyaban al imperio incaico pasaron a formar pane
del pueblo «indígena», otros grupos dominados pasaron á beneficiarse
del nuevo poder. Pero todavía en las primeras décadas de la conquista,
a pesar de la ruptura, el poder de la nobleza incaica se distinguía del
común de las «runas» o pueblo indígena.
La desigual distribución del poder ubica al conjunto de los indios
en una situación de explotación rentista168, dominación sociocultural con
respecto a los españoles, criollos y «kurakas coloniales». Pero a su vez
los nobles de origen inca y los curacas regionales, reproducían los nue­
vos y viejos mecanismos de control económico, social y cultural. La
lucha y diferenciación étnico racial de la etnia cuzqueña con otras etnias
históricamente diversas (Chancas, Huancas, Chachapoyas, Chipchas, \
Limay, Tallanes, etc.) posibilitó el control por un reducido grupo con­
quistador. El capital simbólico reproducía el sentido de explotación y
dominio con la complicidad de ciertos grupos de la sociedad dominada,
asimilando las diferentes formas de control y regulación económica,
social, política y cultural.
1 Véas e por ejemplo: HUERTAS. Lorenzo ( 1985). «Tributación indígena en Huamanga
Colonial», en: Revista del Archivo general de la Nación. Lima.
MARTÍNEZ HAMPE. Teodoro (1985). «Notas sobre la encomienda real de Chincha
en e! siglo XVI». en: Revista Histórica. N“ i 00, Instituto Panamericano de Geogra­
fía e Historia.
La universidad en la etapa colonial
En dicha estructuración social, la mujer indígena profundizó las
relaciones de servidumbre doméstica y social, incorporándose sólo un
reducido grupo de mujeres nobles indígenas a los conventos para servir
a las mujeres del estrato eurocriollo dominante, según ocurrió en el
beatario de Nuestra Señora de Copacabana, donde aprendieron a leer
y escribir con el objetivo de convertirse en monjas. Algunas de ellas,
conscientes del tipo de capital cultural y simbólico-hegemónico en la
sociedad, prefirieron casarse con español o criollo que con mestizo,
cholo, indígena, negro u otras castas, con el claro objetivo de incorpo­
rarse subordinadamente al estilo de vida de la sociedad dominante. Fa­
milia, Iglesia, Estado, Escuela ordenan un mundo social de dominación
masculina asignándole a la mujer el papel de sierva del varón por origen
divino. Violencia simbólica que se consolida con la aceptación de la
dominación como una relación naturall69. Relaciones que son asumidas
y aceptadas crecientemente, no sólo en el plano objetivo y físico (sexua­
lidad como reproducción), sino aprehendidas y asimiladas en el plano
subjetivo o inconsciente colectivo con temor del castigo de Dios.
El indio pobre de comunidad fue quien soportó el peso de la explo­
tación y dominación colonial. Los antiguos curacas transformados en
caciques en su mayor parte, gozaron de una u otra manera, en la lucha
social y simbólica de una serie de ventajas y privilegios concedidos por
la Corona y el propio sistema colonial’70 cual reconocimiento de sus
derechos y prerrogativas que tuvieron antes de la conquista. Las runas
o indios pobres vivían y sentían esta diferenciación como un problema
de desigualdad sociocultural, evidente en los espacios de dominación
simbólica colonial.
Durante los siglos XVI y XVII, algunos caciques afianzaron su
renta y capital, creando un creciente campo económico''' y sociocultural
similar al que disfrutaban españoles y criollos. La estrategia del poder
del Estado colonia! fue, precisamente, dividir al grupo y la elite
BOURDIEU, Pierre (2000). La dominación masculina, Barcelona, Editorial Ana­
grama.
7,1 Véase GOLTE. Jiirgen (1980), Repartos y rebeliones, Lima, IEP. Del mismo autor
(1980|. Túpac Amaru y las contradicciones de la economía colonial, Lima, IEP.
71 MSDRANO, Miguel y MALAMUD, Carlos. (1.988), «Las actividades de los
cinco gremios mayores en el Perú. Apuntes preliminares», en: Revista de Indias,
Vol. XLVIll, N" 182-183, España, CS1C.
Jaime R. Ríos Burga
mayoritariamente indígena sobre la base de un trato diferente y espe­
cial para con este pequeño grupo dirigente, sojuzgando así a ia mayoría
de la población. Sistema de control de poder que perdura durante dos
siglos, pero que a partir de la segunda mitad del siglo XVIII entra en
crisis por el desarrollo del movimiento nacional indígena172. Movimiento
que desemboca en levantamientos y rebeliones bajo el renacimiento del
orgullo inca. Curacas y pueblo indígena construyen una identidad pro­
pia una utopía andina173parte de la naciente peaianidad en imaginario
nacional174.
La idea del pueblo negro en la sociedad colonial es una construc­
ción producto de un doble proceso histórico cultural. Por un lado, la
interiorización socio-étnica diversa de migrantes africanos; y, por otro
lado, su relación con el exterior a partir de un estilo de vida cotidiana
diferente a otros grupos sociales. Grupo dominado y marginal en térmi­
nos de clase, raza y casta en una estructura social predominantemente
jerárquica entre república de indios y república de españoles. Fuerza
social esclava colonizada, campo social, que se consideraba una mer­
cancía más, es decir, un medio de producción que poseía un valor, parte
de un capital económico rentista de las clases-estamento dominantes.
Su procedencia diversa (negros españoles ladinos, africanos bo­
zales y criollos de las Antillas) y función clave en la producción rentis­
ta, ante la falta de mano de obra, lo ubica en una situación de reproduc­
ción favorable en relación con la población tributaria indígena. Pobla­
ciones que mayoritariamente en la costa, Lima-Ica, y en los valles
cálidos de la sierra y selva se dedicaron a la producción en las hacien­
das y plantaciones, el artesanado y a la servidumbre femenina en las
” O ’PHELAN, Scarlett (1976), Túpac Amaru y las sublevaciones del S. XVIII, en
Flores Galindo: Túpac Amaru II, Lima, INIDE. Asimismo. (1985), «El mito de la
Independencia concedida»: Los programas políticos del siglo XVIII y del temprano
XIX en el Perú y Alto Perú (1730-1814). en Histórica. Vol. IX, N" 2. Lima. PUCP.
! FLORES GALINDO, Alberto ( !9R7). Buscando un inca: identidad y utopia en los
Andes, Lima, Instituto de Apoyo Agrario. Asimismo véase BURGA, Manuel (1988),
Nacimiento de una utopia: muerte y resurrección de ios incas, Lima. Instituto de
Apoyo Agrario.
174 RÍOS BURGA, Jaime y MOLINARI, Tirso (1990), Patria, nación y mesiamsmo
inca, en las ideologías de los procesos anticoloniales en el Perú 17S0- i 814, Lima,
Universidad de Lima.
La universidad en la etapa colonial
ciudades. No poseían un capital social debido a que eran tratados igual
aue esclavos, pero en la sobrevivencia supieron reconocerse y diferen­
ciarse en su identidad étnica racial de origen, de los otros grupos socia­
les. Situación que condicionó su organización en las cofradías merced a
estrategias de resistencia, fuga, cimarronaje y bandolerismo.
Amo
i Mayordomo
Esclavos
La diversidad de origen, género, edad y salud, los calificaban para
ubicarse en diferentes espacios del campo social. Su heterogeneidad —
no permitía considerarles una unidad sociocultural. Sus diferentes for­
mas de origen y situación posibilitaron su integración y homogenización
como forma de sobrevivencia, hasta el punto de parecer un solo grupo.
De una población que 110 poseía inicialmente un capital económico, sus
formas de integración y sus luchas crearon una serie de mecanismos
(mercado, trato) en la relación amo-esclavo. Una parte fue adquiriendo
recursos propios que posibilitaron comprar su libertad. Pero como ten­
dencia general, son pocos los libertos que acrecientan sus propiedades
y elevan su estatus, la mayoría se mantiene en su campo social domina­
do sin perspectivas de movilidad y ascenso social. Pero según muestra
el estudio de Manarelli, no podemos dejar de destacar el papel de la
mujer negra en el cuidado de los niños, la higiene y la cocina criolla.
El capital cultural lo vemos representado en su música. Arte que
crea e integra diversos instrumentos que en el tiempo, con un creciente
mestizaje, dió lugar a importantes ritmos populares urbano-rurales, prin­
cipalmente en la costa. Entre la racionalidad mítica de sus orígenes, la
influencia judeo-cristiana religiosa y Ja música mítica andina, nacen las
danzas afro-peruano-americanas que para el español criollo, al igual
que las danzas andinas, eran consideradas ritos satánicos de ruido y
lujuria. La comida basada en visceras y menudencias del ganado, la
procesión del Señor de los Milagros, la corrida de toros, ordenan sus
ritos de vida en una población cada vez más mimetizada y mestiza.
Jaime R. Ríos Barga
Su distinción se manifiesta (en un primer momento), en las mar­
cas o cariabas, señal de diferenciación ante sus dueños. Ei oculto te­
mor y desconfianza por la amenaza latente de una rebelión que destru­
yera haciendas, plantaciones y ciudades llevó, a la fracción dominante,
a estimular los enfrentamientos culturales y simbólicos entre los dife­
rentes grupos con relación al «pueblo negro». La estigmalización de su
incapacidad intelectual y de adaptación a la siena, su potencial sexual,
entre otros prejuicios construidos por la clase dominante, profundizó k
margmación y el abuso, llevó a que los otros grupos tengan miedo o
temor a lo negro asociándolo con el cimarronaje y el bandolerismo.
La dominación colonial con el tiempo lleva a la asimilación, la
aculturación, los sincretismos y la osmosis sociocultxiral de la población
negra. La actitud de la imitación de la concepción y los estilos de vida
de la clase dominante, sentirse parte del mundo colonial, hablar caste­
llano, bailar como ellos, etc., da origen al sincretismo negro-español
como vertiente de la cultura «criolla». A lo largo de la etapa colonial,
negros e indios, por encontrarse en los estratos más bajos de la socie­
dad, se vieron con desconfianza y recelo, fueron enfrentados por el
poder junto a las otras castas. La esclavitud y la violencia, bajo una
férrea disciplina, donde los capataces aplicaban sin ningún remordi­
miento o culpabilidad y temor el castigo a través del látigo y el cepo.
La miscegenacicmse desarrolló desde la conquista en toda la eta­
pa colonial. Tal concepto expresa la mezcla de razas identificadas su­
puestamente como puras: españoles, indios, negros. Surge así la cate­
goría de casta, que irá estrechamente unida al sentido de la categoría
de racismo con la idea de una supuesta superioridad e inferioridad de
determinada raza. Las calidades de relación entre los diferentes tipos
de capital ubicaban en condiciones de mayor exclusión e inferioridad a
las castas en relación con los grupos «puros». El grupo dominante: blanco,
mestizo, por su color, linaje, educación, prestigio, accedía a los puestos
claves ejerciendo su poder simbólico como hábito.
Esta situación originó reducidos casos de movilidad social. El blan­
queamiento: fenómeno biocultura! y la aceptación de la dominación ra­
cial por parte de los dominados creaba, de una u otra forma, una
estructuración en función de lo que hacen y no hacen los actores de piel
blanca, negándose a sí mismos. Una pérdida de identidad por parecerse
o ser el Otro. La restringida movilidad social hacía evidente la exclusión
La universidad en la etapa colonial
y marginalidad. Un negro podía llegar a ser rico económicamente, pero
por la falta del capital simbólico de lo blanco unido al sentido de linaje no
se ¡e permitía acceder ai capital social y cultural del grupo dominante y
mucho menos al hegemónico.
E! proceso de cholificación también estuvo presente en la colonia
desde muy temprano. La sociedad colonial creó conjuntamente con la
transformación étnica y estamental el nacimiento de un nuevo actor: el
cholo. Grupo social con propiedades especificas por su posición en el
campo social de los dominados. Ubicación que dependió de las disposi­
ciones adquiridas por el tipo de capital económico, social, cultural y
simbólico, es decir, desde su nacimiento fue, al decir de Goffman, pose­
sionándose de un sense o f one 's place y un sistema de esquemas de
percepción y apreciación para afrontar la lucha y el consenso con los
otros grupos sociales.
Su posesión de dominado en el mundo social le fue nutriendo de
una experiencia y sentido social, es decir, definiendo su identidad y per­
cepción de los otros como diferentes, sobre todo los grupos dominantes
de poder (Chapetones, criollos) o dominados (Indios, negros, castas)
del campo social colonial. Nos refiere Waldemar Espinoza que en el
siglo XVI la palabra cholo era el mestizo o la mezcla del negro con
india. Para a mediados de! siglo XVII, nombrar a los hijos de mestizos
en mujeres indias. Cabe señalar que en el siglo XVI los chapetones y
criollos llamaban cholos o perros a los mestizos y a las castas por
proceder de supuestas uniones ilícitas o no legalizadas por matrimonio
eclesiástico.
El cholo colonial basa su capital social en su típico entrecruza-
mi enío entre un mestizo e india. Cruce que para la cultura social domi­
nante era considerado un «monstruo antinatural». Racialmente era mar­
ginado por mantener rasgos físicos y tonalidad de piel que se corres­
pondía con lo indígena. A diferencia clel sentido que esta palabra irá
asumiendo con el tiempo en la vida social donde «cholo» o «cholito» era
muestra de piedad, interés, galanteo, vecindad, ternura, amistad. En esta
etapa colonial, y para los estamentos dominantes, significaba insulto
mientras en los dominados se identificaba a signo de distinción.
En sus orígenes, su capital económico era nulo, debido a la dificul­
tad de ser contratado para un trabajo; luego su capital se reduce a la
Jaime R. Ríos Burga
lógica de la dependencia y subordinación rentista. Desigualdad y domi­
nación bajo una aceptación de su «inferioridad». Su capital cultural pro­
ducto del rescate del complejo proceso de transformación cultural lo
asimila, acultura, más que apropiarse creativamente de las diferentes
expresiones culturales. La cultura oficial, al no reconocerle una pose­
sión en la cultura social, le impone una escala de valores de servidum­
bre y subordinación al régimen colonial.
Fue a fines de! s;g!o XVHT que esta mentalidad empezó a cambiar
para ser reconocidos y aceptados a través del matrimonio como seres
subordinados al poder reai y divino. Los cholos eran reconocidos a pe­
sar de la discriminación, a través de espacios y un menor distancia-
miento social con respecto al grupo dominante. Una situación diferente
al cholo o «perro americano» al decir de Guamán Poma de Avala, don­
de la palabra esconde una connotación despectiva y de insulto. Pero, en
perspectiva el grupo social heterogéneo que es, le permitió cada vez
más apoderarse del capital simbólico-mítico de nuestra tradición y de la
civilización castellana europea e ilustrada del siglo XVIII.
El cholo y el mestizo debían vivir en los pueblos y las chacras al
lado de sus manchas indias por ser considerados ineptos para el trabajo,
«... los criollos pensaban que el indio era un trabajador mucho mejor
que el cholo... los cholos eran más lentos». Caracterización que fue
cambiando a fines del siglo XVIII, donde la palabra cholo era sinónimo
de criado o sirviente. Fue sobre esta base de reproducción material y
simbólica de dependencia y subordinación que los chelos construyen su
mundo social, dándole sentido a sus esquemas de percepción y aprecia­
ción mediante la producción de prácticas contradictorias entre los gru­
pos dominantes y dominados, conformando un conjunto de hábitus en­
tre la desconfianza}' la débil movilidad social.
La racionalidad del cholo en esta etapa se circunscribe a un mundo
marginal cuyo eje es la dependencia y/o subordinación al colonizador,
actitud que lo lleva a adoptar estrategias instrumentales conscientes
entre la timidez y la astucia. Waldemar Espinoza, cita a los hermanos
Jorge, Juan y Antonio Ulloa (1748) y señala el temor que sentían los
cholos dedicados al pastoreo ante los españoles a «...cuya presencia
huían despavoridos por quebradas y riscos, abandonando rebaños y se­
menteras con el fin de no dejarse maltratar». La violencia es el medio
La universidad en la etapa colonial
Guarnan Poma: Pisca Pachaca Camachicoc. Mandón mayor
Jaime R. Rios Burga
de control social. El temor al castigo divino refleja la gran distancia
social entre las castas estamento inferiores y superiores en ¡a sociedad
colonial.
El capital simbólico de! grupo fue construyéndose progresivamen­
te a partir de un conjunto de signos distintivos. Por ejemplo, el sentido
de parecerse a! civilizado, lavarse la cara, peinarse, cortarse las uñas,
usar camisas limpias de tocuyo, etc. Proceso que se reproduce en
indios que buscan pasar como cholos. Característica sociocultural de
aceptación de la cultura dominante, pero también de transgresión: una
nueva fuerza social en la sociedad. Se fue gestando así el proceso de
integración sociocultural de los pueblos del Perú colonial. En otras pala­
bras, la construcción de la identidad chola a sufrido en sus permanen­
cias cambios en un contexto de dominación y control cultural.
El mestizaje es otro de los procesos fundamentales que atraviesa
nuestro desarrollo social. Surge de la transformación étnica colonia:,
desde el primer instante en que los conquistadores pusieron sus pies en
el territorio. Sabemos que en la etapa de conquista no existía una cen­
sura al mestizaje. Los indígenas no censuraron tal actitud, dado que los
Curacas ejercitaban la libertad sexual prematrimonial (Sirvinacuv) con
los linajes, con las runas y los vencidos en las guerras quienes tenían
que entregar a sus esposas a los héroes vencedores. Por otra parte, los
europeos «españoles», que en verdad procedían de diferentes espacios
étnicos nacionales, tenían la vocación inconsciente de mezclarse entre
estamentos e incluso con otros, es decir, debido a que el «español» era
racial y culturalmente mestizo por la tradición cristiana, mora y judía.
Las primeras décadas de la conquista el conquistador y el indíge­
na tenian escasos prejuicios raciales que el ordenamiento colonial alte­
ró sustancialmente. Ya a inicios del siglo XVI, la ley no permitía el
matrimonio mixto o de dos razas diferentes. El acrecentamiento dei
nacimiento de mestizos llevó al poder dominante (Aristocracia colonia!')
a profundizar su ilegitimidad. Sólo un pequeño porcentaje fue reconoci­
do hijos naturales recibiendo el amparo o desamparo del padre. El Inca
Garcilaso de la Vega encama el caso típico.
El aumento de los mestizos preocupó a la aristocracia y los
criollos, temerosos que se convirtieran en competidores en el campo
económico, social, político y cultural, construyeron todo un discurso de
La universidad en la etapa colonial
negación del Otro: los mestizos. Surge así el desprecio, una arma
defensiva que propagaba ideas: que los mestizos eran seres crueles,
traidores, mentirosos, tramposos, etc. Hechos y calificativos que termi­
naron por estigmatizar)' restringir el campo social de este grupo social,
encasillándolos en una casta, hasta aislarlos y convertirlos en unos mar­
ginados sociales, sin opción de constituirse en República como los in­
dios o los españoles.
El capital económico, social, cultural y simbólico determinaba la
ubicación predominante del individuo restringiendo la movilidad social
de un grupo social dominado. El mestizo se encontraba al margen de
esta jerarquía por el hecho de ser considerado ilegítimo e impuro de
sangre. Sólo unos pocos mestizos nobles poseían ciertos privilegios, dado
a que en largos procesos legales exigieron a la Corona su reconoci­
miento, que su sangre era limpia y no poseían ningún tipo de mezcla,
fundamentando que procedían de nobles curacas o nobles «españoles».
Algunos encontraron estrategias de acción para ubicarse alrededor del
poder o movilizar al pueblo indígena y urbano. Pero la ilegitimidad y el
prejuicio se convierten en la traba principal para su ascenso social.
Mientras el número de hijos ilegítimos crecía, el desprestigio de los mes­
tizos aumentaba, limitando su participación en los cargos públicos. Los
mestizos vivían entre dos mundos: el indígena y el español.
A pesar de la marcada estratificación estamental étnica y de
clase de la sociedad colonial los actores dominados crearon sus estra­
tegias de movilidad y acción social contra el orden dominante. Por ejem­
plo, los indígenas desde el mismo momento de la conquista empezaron
a subvertir la explotación y la dominación colonial, transformando e
integrando sus mitos a la nueva'racionalidad utópica-religiosa
premodema y la débil dinámica de modernización dependiente de la
segunda mitad del siglo XVIil. Proceso que se evidenció en el crecien­
te mestizaje cultural. Un imaginario heterogéneo que diferencia y en­
trelaza herencias de clases, castas y estamentos en diferenciados cam­
pos de acción social y hábitus que se entrecruzan en la sociabilidad de
la familia de generación a generación.
El espacio social colonial a través de su estructura de poder dife­
renciado determina o legitima lo que es bueno o malo para uno u otro
grupo social. La cultura dominante desprecia hábitus, gustos y valores
de la cultura dominada, pero contradictoriamente, la cultura hegemónica
Jaime R. Ríos Burga
bajo la influencia castellana, andaluza, morisca, etc., poco a poco se
entrecruza con la herencia cultural andina y africana. La población
andina produce y reproduce sus hábitus y gustos en el tiempo mientras
la población negra, por su condición de esclavos, se alimenta de las
menudencias del ganado y la pesca. El cebiche y los dulces de influen­
cia árabe se difunden y siacretizan con oíros platos. Distinción e inte­
gración culinaria, cultura alimenticia múltiple en unapompleja estructu­
ra social.
Las fiestas reproducen este entrecruzamiento bajo el control cul­
tura! y simbólico-religioso católico. Fuente de integración, movilidad
estamental y sujeción al poder simbólico pero también de renacimiento
de nuevas expresiones rituales de los actores. Unidad y reciprocidad
contradictoria entre el mundo de arriba y el mundo de abajo en un en­
cuentro paternalista de! dominante con el dominado. Cambio y perma­
nencia que cada comunidad o colectividad reproduce en sus fiestas
cada año adorando al santo patrón en ritos particulares que muestran
de manera viva toda nuestra rica y diversa heterogeneidad cultural.
EL ESTADO COLONIAL
La formación y el desarrollo del Estado colonial se dan sobre la
base de la destrucción de la sociedad andina que había alcanzado un
alto grado de desarrollo social autónomo. Como modelo recoge la ex­
periencia histórica castellana-europea con su guerra de reconquista y
ia historia política estatal interna. La ruptura colonial se produjo por
medio de tres mecanismos fundamentales: 1. El exterminio intencional
de ia antigua clase gobernante y sacerdotal; 2. La división étnica y de
clase: «divide y vencerás»; y, 3. La creciente disminución de la pobla­
ción175. El modelo ideal que orientó su construcción fue por su estructu­
ra, funcionamiento e historia el Estado monárquico y la Iglesia Católica
castellana española176.
El Estado colonial organizado en sus comienzos bajo el modelo
austríaco de organización social se caracterizó por la verticalidad
política-religiosa. Modelo que sufre los efectos de fragmentación y
1,5 R1BEIRO, Darcy (1976), Configuraciones histérico-culturales Americanas, Bue-
no:> Aires. Arca/Cal icaníc Editorial.
,ln BECKliR, Jerónimo (1920). La política española en las Indias (rectificaciones his­
tóricas), Madrid, Publicaciones de la Real Academia de Historia.
La universidad en la etapa colonia)
horizontalidad del Eslado Metropolitano a partir, sobre todo, del segun­
do tercio del siglo XVI177, no altera en su estructura y funcionamiento
la verticalidad como permanencia constante en la sociedad colonial. El
principio románico de administración colonial fundado en el clásico
divide et vinces le da su carácter178.
El Estado colonial como parte del Estado metropolitano sufre el
impacto de dos fuerzas latentes, por un lado, la fuerza cohesiva del
derecho, de la norma, que era la esencia del sistema, nacida del influjo
de! Imperio Romano al que totovía se sentía unida por ¡a tradición (Mo-
nárquica-Cristiana); y, por otra parte, el fiero individualismo de hom­
bres que arrastraban tras de sí sentimientos y actitudes medievales y .
modernas179. En su desarrollo el Estado colonial reprodujo dos factores
ajenos a la tradición de los pueblos de España e inherentes al carácter
del Estado Metropolitano: el centralismo político administrativo y la in­
transigencia religiosa católica180.
111 Rodríguez, resalta al respecto: «No olvidemos que el modelo austríaco de organiza­
ción social llevó también al influjo de la degeneración del modelo clásico feudal. Va
a surgir en el segundo tercio del siglo XVI frente a la idea de verticalidad austríaca,
tanto en lo político como en la religión, el concepto político religioso de la fragmen­
tación y de la horizontalidad... del predominio en España sobre todo y ante todo de
la idea del catolicismo a ultranza, avasalladora de cualquier acicate innovador en la
política y 1a sociedad. La presión estaba en los estamentos altos y desde allí impreg­
naba el quehacer del español medio y se derramaba, inutilizando para la moderniza­
ción del estilo de vida, sobre el ciudadano desposeído económica e intelectualmen-
tc». Por su parte para Usiar Pietri. «Esa organización fue el fiel reflejo de la estruc­
tura tradicional monárquica española. España fue una suma heterogénea de reinos
que vinieron a quedar bajo la soberanía del rey deCasiilia. En realidad, conservaron
muchas de sus propias instituciones y tradiciones y, desde luego, sus propias
lenguas. El elemento uni f icador era la monarquía castellana y el factor de di versifi­
cación y particularismo se manifiesta en diferentes circunstancias locales» (USLAR
PIETRI: 1989).
17x ORTEGA, Juan ( 1981). El conflicto anglo-españo! por el dominio oceánico (Siglos
XVI y XVII, México, UNAM.
I7‘' MADAR1AGA. Salvador de (1977), El auge y el ocaso del Imperio Español en
América, Madrid, Espasa Calpe S.A.
!' n En este aspecto precisa Maravall desde Villalar: «en que fueron derrotados los
elementos populares de las ciudades castellanas, el absolutismo monárquico, a!
encontrar libre en adelante su camino, fue conviniendo cada vez más el Estado en un
mecanismo de represión sobre sus propios súbditos. La grave circunstancia sobre la
que se levanta la construcción política del Estado absoluto no era la de una sólida
unidad interna es por lo pronto, un aparato represor, la monarquía absoluta perfila
Jaime R. Ríos Burea
La herencia castellana influyó en el modelo de organización colo­
nial. Señala Urquijo, con referencia a ¡as Ordenanzas del Consejo de
Indias de 1571 reiterado en las de 1636 y la recopilación de 1680, «sien­
do de una Corona los reinos de Castilla y de las Indias, las leyes y orden
del gobierno de unos y de los otros debe ser el más semejante y confor­
me que ser pueda». El ordenamiento estatal y político-administrativo
peruano colonial sigue en parte un paralelismo con el ordenamiento
castellano. Pero una vez establecido y afianzado, el paralelismo obra, a
veces con fuerza propia y escapando a ese esquema general, funciona
en sentido inverso, o sea, que ocasionalmente algunas soluciones del
ámbito indiano van a servir de precedente -o, por lo menos, a ser pro­
puestas como tal- para reglar situaciones peninsulares. Recordemos
que ya Carande destacaba que:
«En las tierras de uno u otro continente le corresponde a Carlos V im­
plantar un nuevo régimen. La organización administrativa adoptada es
un trasunto de la administración local y central, castellana. Respeta Car­
los ¡o que sus abuelos habían ideado sobre aquel patrón, y aunque ai
emperador se debió la creación, en ias Indias de las Audiencias, no cabe
olvidar e¡ antecedente de Santo Domingo (5 octubre 1511 i. Las audien­
cias van estableciéndose sucesivamente, y las siete creadas por Carlos V
nacen entre 1526 y 1549. El presidente de cada una ostenta, dentro de su
demarcación, los máximos atributos de la autoridad colonial. Al crearse
los virreinatos, quedaron los territorios que comprendían varias audien­
cias subordinadas al virrey. A diferencia de su modelo castellano, la juris­
dicción de estos tribunales en las Indias se extendía a la totalidad de las
materias de gobierno. En asuntos administrativos y políticos asesoraban
al presidente, o ai virrey, con deliberaciones y consultas. Las resolucio­
nes dictadas por las audiencias dieron cuerpo a la legislación indiana»1**.
sobre un fondo de violenta tensión interna, sobre un fondo de lucha social». Por su
parte Rodriguez-Moñino. al referirse ai papel ideológico del Estado monárquico
español se preguntaba: «¿Cómo no iba España a presentar en Trento e! piante! más
copioso y completo de la magna asamblea1? Sus teólogos estaban instruidos, no en
principios de la España medieval sino en las ideas de la España que nació a finales
del siglo XV. No antes. La España moderna aportó a la medieval dos factores ajenos
a su ser intrínseco en materia de religión. Ambos factores destruyeron en ella ia
tolerancia, la convivencia entre los pueblos y las libertades».
1 CARANDE. Ramón (¡943). «Carlos V y sus banqueros, la vida económica de
España en una fase de su hegemonía 1516-1556», Revista de Occidente. Madrid,
La universidad en la etapa colonial
Pero en síntesis, ¿Cuál fue el modelo de organización estatal cas­
tellana que influyó en el ordenamiento colonial?
En España la organización estatal y social castellana-medieval
depende de las singularidades del rescate y restauración de lucha con­
tra el Islam. La forma estatal se caracterizó porque en la cumbre esta­
ba una monarquía poderosa; en el centro un pequeño número de gran­
des señores, jurídicamente en estrecha subordinación de la realeza; y,
en la base, una masa enorme de pueblo, integrada por los habitantes de
los municipios y por los hidalgos que, aunque nobles, al cabo pueblo
eran182.
La especificidad histórica colonial le asigno un carácter peculiar
al Estado a pesar de la determinación metropolitana. La estructura de
poder político administrativo nace y se desarrolla desde el mismo «des­
cubrimiento»185bajo la dinámica de los conflictos étnicos y de clase. Él
ordenamiento estatal estuvo lejos de reflejar el sistema propuesto des­
de la metrópoli. Las instituciones creadas se adecuaron a una estructu­
ra acorde con el reparto de poderes, la fiscalización y la desconfianza,
en un equilibrio inestable. El sistema impuesto coexistió con rezagos de
las estructuras de origen prehispánico transformadas y/o destruidas en
su beneficio.
El sistema estatal político-administrativo funcionó sólo en parte
del sistema social colonial a pesar de su hegemonía y determinación
institucional en el conjunto de la sociedad. En este sentido si leemos la
SÁNCHEZ ALBORNOZ, Claudio (1983). La edad media española y la empresa de
América. Madrid, ICI-Edicioncs Cultura Hispánica.
5X3 Estudios como ios de José Ma Oís. han resaltado para las primeras expediciones de
descubrimiento, conquista y colonización, como la iniciativa individual suple a la
acción oficial del Estado. Las capitulaciones como fuente principal de estudios en
esta coyuntura en la investigación en su análisis ponen de relieve ia supervivencia
de un derecho social señorial que ic da las características específicas ai conjunto de
las instituciones económicas, políticas y estatales castellana y «españolas», es
decir, la permanencia en la estructura social como un todo de un derecho social
señorial con resabios medievales ya superados o en vías de superación en ia España
peninsular. Privilegio y particularismo que pronto hubo de chocar, cuando la colo­
nización avanzó, con las prerrogativas inalienables de 1a Corona y con las aspiracio­
nes democráticas de los que pudiéramos llamar el Estado llano de ios colonizadores.
Jaime R. Ríos Burga
recopilación de las leyes de Indias de 16801*4en su contenido nos muestra
la «racionalidad» de la propuesta del proyecto metropolitano. La rela­
ción entre el virrey y los oidores de la audiencia en términos normativos
es clara. El virrey no vota en una cuestión jurisdiccional. Sí lo hacen los
oidores de la audiencia. El virrey dirige, enmarca la sentencia, aún en
ausencia, pero no decide.
En materia gubernativa, el virrey informa a los oidores. La media-
tizacíón virrey-oidores está presente. El virrey actúa en relación a la
audiencia. A su vez el acuerdo de los oidores informa al virrey. El virrey
y el consejo a su vez están informados de la función de otros cargos. El
virrey resuelve en materia de gobierno. La interrelación de poderes
queda establecida en todos los órdenes en un equilibrio inestable185. El
plan de organización estatal colonial prepuesto por Toledo recogió las
experiencias existentes. Si bien se ajustó al modelo metropolitano y
tomo referencia de ios proyectos andinos fue producto directo de la
experiencia colonizado! a.
El esquema estatal se caracterizó por su visión geopolítica admi­
nistrativa global, donde la organización vertical y jerárquica por un lado,
y la diversidad de cargos por otro lado; buscó mantener el equilibrio del
gobierno prestando de acuerdo a cada coyuntura específica una impor­
tancia central a las instancias políticos militares y económicos para el
control de ia población colonizada. El control y luego la regulación de la
vida universitaria es un claro ejemplo.
Las relaciones y orden de funciones político-administrativas de la
organización administrativa y jurisdiccional en general, quedaba esta­
blecida en el siguiente sentido:
!8Í Ediciones Imprentó Real 1681 e Imprenta [barra S. XIX en sus limites de recopila­
ción permiten una reconstrucción jurídica del modelo de gobierno (PÉREZ
PRENDEZ: 1988, clases de! doctorado).
1,0 PÉREZ PRENDEZ, José y MUÑOZ de ARRASCO (1986), Las estructuras polí­
tica administrativas de la colonial y la formación de los Estados Nacionales. S. XVII
(1689-1 y II), Madrid, ICÍ, Ediciones Cultura Hispánica.
A
La universidad en la etapa colonial
REY
Administración Gobernación
de Justicia
. 1 . _ J .
Defensa
1
Hacienda
!
i
CONSEJO OI- INDIAS Casa de la
Contratación
A
A - Administración central de España.
B - Administración central en UJtramnr.
C - Administración provincial.
D = Administración comarca] y iocaí.
FUENTE: Pérez Prendcz: 198S:Madrid.
Jaime R. Ríos Burga
Por otro laclo, la organización en relación a las magistraturas y
órganos era:
A - Administración central de España.
B - Administración centra! en Ultramar.
C - Administración provincial
D = Administración comarca! y local.
E = Reai Patronato y Vicariato local.
FUENTE: Pérez Prendez: 19SS: Madrid
La universidad en la etapa colonial
El Estado colonial articula una estructura altamente centralizada
donde el Rey, e! Consejo de Indias, la Casa de Contratación se vincula­
ban con el virrey, las audiencias, los corregidores, los funcionarios ma­
yores y menores, los caciques, los cabildos, la Iglesia. La raza y el
nacimiento tenia un papel central para ocupar los primeros puestos (blan­
cos españoles y criollos). Un modelo que desde la perspectiva imperial
colonial asumía una definida relación de raza y clase en una situación
que no elimina la cultura de los conquistados y por el contrario utiliza los
patrones andinos de asignación de recursos, modificándolos acorde con
el nuevo sistema político colonial186. Un modelo donde lo virreynal en­
vuelve a los dominadores y dominados de otrora. La política tributaria,
fiscal y territorial administrativa centralista le da forma histórica al
Estado colonial.
Políticas que facilitan la coacción y la movilización forzada de la
mano de obra indígena, favoreciendo la captación de la renta en sus
diferentes formas, en un contexto de mercados reducidos, segmentados
y discontinuos. La coacción extraeconómica patrimonial consolida los
intereses metropolitanos y coloniales sobre indígenas, esclavos y de­
más castas. La república de españoles y la república de indios jerarqui­
zados estamentalmente eran controladas a partir de fueros privativos
especiales de carácter corporativo y gremial.
El rey encarga a sus súbditos administrar los patrimonios de la
Corona. La dispersión de la fuente de poder entre múltiples instancias
gubernamentales y sociales fue uno de los mecanismos de su reproduc­
ción. Sistema fiscalizado por diferentes instancias del sistema político-
administrativo colonial. Proceso que en su desarrollo real fragmentó los
intereses sociales impidiendo el logro de una identidad común. Por tan­
to, una formación social y política estatal contraria a un desarrollo so­
cial y político de naturaleza burguesa y liberal187. Su permanencia afir­
mó, más que una clase burguesa con un proyecto nacional de sociedad,
una corte, en el sentido de control áulico del favor del Estado: protec­
cionismo. mercados cautivos, corrupción, patrimonialismo y compadrazgo.
Is" SPALDING, KLaren (1976). De indio a campesino: Cambios en la estructura social
del Perú colonial. Lima. IEP.
' COTLER. Julio f 197S), Clases. Estado y nación en el Perú, Lima, IEP.
Jaime R, Ríos Burea
Desde otro ángulo podemos presentar la estructura polílica-admi-
nistrativa estatal en los siguientes términos:
ORGANIZACIÓN DEL ESTADO COLONIAL
¡ rey) CONSEJO DE INDIAS ¡
r
(Gobierno) |
CONTRATACIÓN j
(Comercio) j pVÍRREy]
i I ~ I " T !
1EDUCACIÓN! iGUHRRAj ii GLESlAj 1ECONOMÍ a]iPOLÍT1CAíi JUDIC? AL
n !
UNIVERSI­
DAD
j Ja r m a d a

ARZO­
BISPO
¡ TRI BUNAL DE
I CUENTAS
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1 CIA
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í EJÉRCITO OBI SPO TESORERÍ A
DE CUENTAS
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Imilicl^ I paj^roquíasIítesqreríaIíCacíquesP uecesI
CLERO REGULAR
i _ _ 1_ _ í_ _ í_ _ 1_ _ 1_ _ t_ _ t í t t t t
INDIOS: SOSTÉN Y BASE DEL SISTEMA
ESCLAVOS
FUENTE: Macera: 2: La Colonia.
La universidad en la etapa colonial
El mundo urbano basado en el municipio integró verticalmente a
la población. El modelo de cuatripartición fue sustituido por el asenta­
miento bajo la forma castellana de la cuadricula. Todo vinculado a la
ciudad de Lima y costera que miraba a la metrópoli. Aldeas, villas,
burgos, puertos, organizaron el espacio para la administración tributaria
y el control sociopolítico de la población indígena y esclava. Ciudad
colonial y sistema de hacienda rural que producen y reproducen funda­
mentalmente, el imaginario metropolitano. Pero, no se agota, en sí mis­
mo esconde profundas influencias de la herencia andina sobre la vida
de los pueblos. A nivel del cabildo asumía la siguiente organización:
FUENTE: Pérez Prendez y Muñoz de Arrasco:
Jaime R. Ríos Burga
III. LA UNIVERSIDAD COLONIAL
La Universidad colonial formó parte de la estructura de poder de
la sociedad colonial:
REY-GOBERNADOR-VÍRREY-RECTOR
l
I
GOBIERNO-HJÉRC1TO-IGLESIA-UNIVERS1DAD
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ i_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
MECANISMOS: Renta, fisco, centralización,división
étnica y racial, guerra, alianzas, leyes nuevas, ideología religiosa,
mentalidad colonial.
¿Qué papel y función cumplió la Universidad en la colonia?
*1
Ubiquemos algunos rasgos centrales: La Universidad colonial, prin­
cipalmente la Universidad de San Marcos, desde un primer momento
fluctuó entre el humanismo de Bartolomé de las Casas, Santo Tomás y
el aristoteíisino y la teoría de los tres órdenes del Padre Sepúlveda y el
cronista Juan Polo de Ondegardo, es decir, contribuyó a la destrucción
creciente del imaginario andino; sus profesionales criollos (teólogos, fi­
lósofos .juristas. médicos, etc.) consolidaron el orden colonial, pues en
integración y oposición a los funcionarios españoles que en un primer
momento tenían la hegemonía se convirtieron en la élite de poder buro­
crático y cultural colonial, el monopolio intelectual exclusivo de españo­
les y criollos excluía a las castas y mujeres; dar distinción, cohesión y
solidaridad a la familia española criolla colonial; afirmar un aparto y
espíritu burocrático que unido a la Iglesia a partir de sus corrientes
(Franciscanos, Dominicos, Agustinos, Mercedarios. Jesuítas) dieron
certidumbre y seguridad al poder colonial o buscaron reformarlo.
En la segunda mitad del siglo XVIU la Universidad se ve inmersa
en los nuevos movimientos sociales de la época. Situación que se agudiza
y polariza con la política de reformas promovida por la dinastía Borbónica,
que al desplazar de los cargos a los funcionarios e intelectuales criollos
producto de la política «anticriolla» del ministro de Indias de Carlos ni
La universidad en la etapa colonial
(1776-1787) José de Calvez. El movimiento universitario criollo crea y
promueve una conciencia criolla nacional, es decir, una conciencia
anticolonial y protonacionalista introduciendo el debate ilustrado sobre
el destino del hombre en la sociedad moderna como también el signifi­
cado del movimiento social-milenarista y utópico-andino en este con­
texto de cambios. No olvidemos que Túpac Amaru 11 visitó San Mar­
cos antes de su gesta de liberación nacional donde como comentó su
esposa Micaela «los ojos (de Gabriel) se abrieron»1**. La resistencia al
proyecto civilizador, el temor de las élites al desorden social y un des­
precio visceral por las clases bajas de piel oscura endurecieron las j e ­
rarquías en términos de clase, raza, género y geografía en la tardía era
colonial189. La Universidad en sus actores expresó en su vida institucional
toda esta gama de contradicciones.
Entre los siglos XVI a las siete primeras décadas del siglo XVIII,
la Universidad colonial en el Perú se orientó en el marco de una menta­
lidad de transición entre el feudalismo colonial y el capitalismo comer­
cial. Mentalidad mas premodema que moderna, pues la fe y la razón
teológica ordenan el sistema de pensamiento y acción. La Universidad,
en sus primeras etapas, produjo y reprodujo esta trayectoria sin negar
la existencia de otras trayectorias bien de coexistencia o propiamente
moderna en su sentido individual190.
1KK KLARÉN, Meter (2004), Nación y sociedad en la historia del Perú. Lima, IEP, pág.
15?.
Ifl' WALK.ER, Charles (2007). «¿.Civilizar o controlar?: El impacto duradero de las
reformas urbanas de los borbones» en ALJOVÍN, Cristóbal y JACOBSEN. Nils
(2007), Cultura política en los Andes (1750-1950), Fondo Editorial UNMSM-
1FEA.
l"" Para Dussel. el mito de la modernidad se expresa en: 1) La civilización moderna se
autocoinprende como más desarrollada, superior (lo que significará sostener sin
conciencia una posición ideológicamente eurocéntnca). 2) La superioridad obliga a
desarrollar a los más primitivos, rudos, bárbaros, como exigencia moral. 3) El cami­
no de dicho proceso educativo de desarrollo debe el ser seguido por Europa y a la
euiopea. 4) Como el bárbaro se opone al proceso de civilizador, la praxis moderna
debe ejercer en último caso la violencia si fuera necesario, para destruir los obstácu­
los de tal modernización (¡a guerra justa colonial). 5) Esta dominación produce
victimas (de muy variadas maneras! violencia que es interpretada como el acto
inevitable, y con el sentido cuasi-ritual de sacrificio: el héroe civilizador inviste a
sus mismas víctimas del carácter del ser holocaustos de un sacrificio salvador. 6)
Para el moderno, el bárbaro tiene una «culpa» (el oponerse al proceso civilizador)
Jaime R. Ríos Burga
Los intelectuales universitarios de la colonia eran en gran parte un
sector dominado de la clase dominante en toda su expresión111'. Su po­
der y privilegios se proyectaban acorde con su relación al poder político
y económico. Su papel de hacer creer y ver le daba un lugar acorde con
su posición de clase. Así en un primer momento la lucha por el control
de! capital cultural entre las diferentes congregaciones religiosas se da
bajo ia hegemonía del pensamiento escolástico. Paradigma teológico
más que un modelo de cultura científica. Desde 1551 se difunde en la
Universidad de San Marcos como producto de ia dominación colonial.
Concepción y pensamiento premoderno que produce y reproduce la
ideología religiosa católica como revelación divina. Una misión sagrada
donde el intelectual se subordina al poder rea! y simbólico del Imperio
Español y de la Iglesia Católica.
Escribe el Sanmarquino Felipe Barreda y Laos:
«... esa escolástica vencida en Europa se refugió en América. En el Perú,
merced al esfuerzo del sacerdocio católico, imperó soberanamente, con
todos sus vicios y errores casi en todo el período colonial. Había que
formar de estos pueblos un inmenso rebaño, porque era indispensable
que el santo pastor dominase en convivencia con el Estado; porque la
felicidad, el porvenir y engrandecimiento de tantas naciones, no signifi­
caba nada ante la seguridad política y religiosa necesaria para mantener
la dominación colonial. ¿Cuál fue la triste consecuencia de esta pernicio­
sa educación absorbente y egoísta? Nuestra vida independíente ha dado
al mundo sabia respuesta y saludable consejo»|l)2.
que permita a la «Modernidad» presentarse no sólo como inocente sino como
«emancipadora» de esa «culpa» de sus propias Víctimas. 7) Por último, y por el
carácter «civüizatorio» de la «Modernidad», se interpreta como inevitables los
sufrimientos o sacrificios (los costos) de la «modernización» de los otros pueblos
«atrasados» (inmaduros), de otras razas esclavizables, del otro sexo por el débil,
etcétera. Véase DUSSEL: 2000: 48-49.
iU! BOURDIEIJ. Fierre (1990), «Cómo liberara los intelectuales libres'?», en Sociolo­
gía y cultura., México. Grijalbo, pág. 109.
1 BARREDA Y LAOS, Felipe (1964), Vida intelectual del Virreinato del Perú, Lima.
UNMSM. págs. 24-25.
La universidad en la etapa colonial
La concepción global aristotélica del universo, la filosofía del or­
den natural, Ja teología y la doctrina moral de la salvación ubicaban la
premisa de un universo ilsico esencialmente unitario, admirablemente
organizado como un todo y sus partes. Idea que paralela a la hipótesis'
de Ptolomeo de la inmovilidad y centralismo de la tierra daban sustento
a la visión del mundo de la época. La influencia de Euclides, Hipócrates
y Galeno se subordina a este esquema cerrado, inmutable, donde la
«cultura (.Mentí fie3» no aparece como un campo autónomo de investiga- _
ción y reflexión sino como parte del campo de la cultura religiosa
hegemónica.
El principio de autoridad: Dios-Rey determina la unidad, bipartición
y el movimiento circular del universo. Paradigma que sólo algunos filó­
sofos y matemáticos criticaron en el siglo XIV bajo la influencia de
Guillermo de Ockan y en los siglos XV-XVI bajo la revolución científi­
ca moderna de Copérnico, Nevvton y Galileo. San Agustín, pensaba por
ejemplo en su Enchiridion ad Laurention: «para el cristiano basta con
creer que 1a única causa de todas las cosas creadas, del cielo y la tierra,
visibles e invisibles, es la bondad del creador, el Dios único verdadero; y
que nada existe, a excepción hecha de El mismo, que su existencia no
provenga de El». En esta misma línea Santo Tomás de Aquino, decía
que los «cielos» casi son «inmutables». Ambos no superaron esta visión
circular y organicista del mundo. Los primeros universitarios en la colo­
nia repetían este discurso.
El modelo según Barreda y Laos se caracterizaba por ¡os siguien­
tes rasgos:
F El supremo criterio de verdad es la revelación divina, en la que se
tiene plena fe.
2° La curiosidad humana ¿iebe satisfacerse con la revelación divina,
manifestada directa o indirectamente, en libros sagrados, escritos
por Dios mismo, o por hombres inspirados por la Divinidad.
3o Los supremos argumentos para contentar a la razón rebelde, es-
lán contenidos en la revelación divina.
4o La exposición de doctrina debe hacerse en forma de polémica.
5o Es verdadera toda conclusión fundada inmediata o remotamente
en la revelación divina.
Jaime R. Ríos Burea
6o La autoridad de Aristóteles es superior a la de todos los maestros.
7o Ei silogismo es el medio exclusivo de argumentación.
8° Es verdadera toda conclusión obtenida por silogismo1'13. La lógica
de la fe subordina toda racionalidad de la sociedad y cultura.
Un modelo de concepción religiosa que predominó como paradig­
ma cultural a lo largo de toda la etapa colonial. Esquema de racionali­
dad que podemos presentarlo bajo la siguiente forma:
FUENTE: Elaborado por Ríos Burga, Jaime (2001)
*1
BARREDA Y LAOS: 19(>4: 16.
1A
La universidad en la etapa colonial
El intelectual universitario sanmarquino del siglo XVI se vio in­
merso en esta racionalidad en un contexto de lucha por el poder cultural
entre el Papado y la Corona. El poder simbólico de la concepción reli­
giosa marca su sello a la vida universitaria desde sus inicios, como se
nota en la bula de Pío V que ordena al «Rey Católico» crear la «Uni­
versidad de humanas y divinas letras, para instruir en ellas y confirmar
en la fe y ley Evangélica al pueblo». El Rey Felipe II, por real cédula
fechada en Madrid el 30 de diciembre de 1571, advertía al Virrey Fran­
cisco de Toledo: «Conviene favorecer a las universidades y que no se
funden en monasterios de religiosos; y conviene haber quitado la recto­
ría que los religiosos dominicos tenían en Lima»194 Desde luego esta
tensión se profundiza con la presencia de los jesuítas.
La ciencia se gesta confundida con la religión, el mito y la utopía a
través de la retórica y la dialéctica como metodología. Un discurso que
tiene su origen en la oración y la fe en Dios. La realidad existe y se
comprende en última instancia cual verdad divina revelada. No existe
el ser y el otro sino sólo Dios. Gnoseológicamente no existe una verdad
objetiva, tampoco una verdad subjetiva, el sujeto y el objeto de conoci­
miento encuentran su origen y fuente de explicación en la obra divina y
sus libros sagrados. El conocimiento en el sentido epistemológico está
contenido en la lógica aristotélica que racionaliza la fe como revelación
divina. La teología y no la ciencia da fundamento a la socialización, la
individuación y la identidad intelectual.
Las cátedras de San Marcos a lo largo de los siglos XVI-XVI1
dan una idea de esta hegemonía cultural: Tres Teologías (Prima, Víspe­
ras y Escrituras); Tres Filosofías o Artes (Simulas o Principio de lógica,
Lógica y Filosofía); Tres Leyes (Prima, Vísperas e Instituía); Gramáti­
ca; Lengua indígena; Decreto; Nona de Teología. Es decir, las cáte­
dras: Trivium (Artes); Quadrivium (Teología); Prima de Teología; Pri­
ma de sagrada Escritura; Prima de Santo Tomás o Doctor Angélico;
Prima de San Agustín; Maestro de Sentencias, Sutil Escoto, Excimio
Suarez; Nona: Flora de Dios y Teología Moral195.
11,4 BARREDA Y LAOS: 1964:44.
195 En oíros centros como los Mcrcedarios del Cuzco se crearon las cátedras de Teolo­
gía, Sagrada Escritura, Gramática, Artes o Filosofía; los Jesuítas del convento de San
Pedro y San Pablo en Lima desarrollaron las cátedras de: Latinidad, Retórica, Artes,
Tcoiogia. Casos de conciencia. Lenguas del país (BARREDA Y LAOS: 1964: 47).
Jaime R. Ríos Burga
Fray Tomás de San Martín maestro fundador de San Marcos pro­
pagó la fe católica. Desde el primer rector seglar en el siglo XVI (1572)
el doctor Antonio Sánchez Renedo hasta el rectorado del siglo XV111
de Pedro de Peralta Bamuevo Rocha Benavidez (1663-1743) no hubo
un cambio sustancial en la racionalidad cultural teológica. La Teología
predominó en los estudios conjuntamente con la metodología escolásti­
ca, El carácter rentista de la economía y la dependencia sociopolítica y
cultural de la Metrópoli no posibilitó una revolución intelectual burguesa
en el sentido clásico. La carencia de una burguesía orgánica limito una
revolución cultural y científica. La obra de Diego'de ílojeda, Juan Pérez
Menacho, Juan de So'órzano y Pereyra, Antonio y Diego León Pinelo.
Feliciano de la Vega, muestran el predominio del paradigma teológico.
La racionalidad científica moderna penetra lenta y tardíamente produc­
to de ia adhesión de contados intelectuales Sanmarquinos que apuestan
por la reforma intelectual y moral de la Universidad196.
Las Facultades de teología, de artes, leyes y medicina se convier­
ten en los primeros cimientos de 1a Universidad. El debate de los pro­
blemas asume un carácter teológico evidenciando la naturaleza de la
educación colonial: la construcción de una socialización, individuación e
identidad al servicio del poder de la Iglesia católica y la sociedad feudal
colonial197.
La concepción simbólica-religiosa revelada pesaba como menta­
lidad e ideología contradictoriamente en un mundo que sobre todo a
partir de fines del siglo XVIII empieza aceleradamente a cambiar. La
ciencia moderna como paradigma se convertía en el timón o la brújula
en la organización de la vida social. El paradigma creado desde Leonardo
da Vinci, Nicolás de Cusa, Nicolás C-opémico, Giordano Bruno. Kepler.
I!"’ Véase EGUiGUREN, José Antonio. (1951). [V Centenario de la Fundación de la
Universidad Real y Pontificia y de su vigorosa continuidad histórica, Lima,
UNMSM. Sobre: tí! papel histórico de los criollos consúltese BRADÍNG, David.
(1991), Orbe Indiano, de la Monarquía católica a la República Criolla 1492-1867,
México, FCE. La medicina SALAVERRY, Oswaldo. (2000), Historia de la medicina
peruana en ei siglo XX, Lima, UNMSM. Y. la literatura GARCÍA BEDOYA,
Carlos. (2000), La literatura en el periodo de la estabilización colonial, Lima,
UNMSM.
RODRÍGUEZ CRUZ, Águeda. (1992), La Universidad en la América Hispánica,
Madrid, Ediciones MAFPRE.
La universidad en la etapa colonial
Newton y Galileo Galüei, transforma la concepción y visión del mundo
de la época. La ciencia ofrecía los instrumentos necesarios para llevar
adelante una crítica de las creencias «tradicionales», que la Ilustración
hará extensiva a todo el ámbito histórico y social desde un punto de
vista racionalista198.
El rector Sanmarquino Pedro de Peralta Barnuevo Rocha
Benavidez sintetiza esta transición cultural. Fue miembro calificador
del Santo Oficio; reemplazó como matemático al tudesco Koning:
entendido en medicina, prologó la primera edición del tratado médico de
Bottoni, acerca de la circulación de la sangre; sus versos y discursos
figuraban en todas las ceremonias; aprendió siete idiomas. Sus obras
nos dan una idea del proceso de cambio temático en las problemáticas:
«Observaciones Náuticas», «Regulación del tiempo en treinta y cinco
efemérides», «El nuevo beneficio de los metales», «Relación del
Gobierno del virrey marqués de Castel Fuerte», «Aritmética Espe­
culativa», «Arte de Ortografía», «Origen de Monstruos», «Historia de
España Vindicada», «Lima fundada o conquistada del Perú». La erudi­
ción barroca199y enciclopédica se abre paso limitada por una escolás­
tica absorbente y litúrgica, no posibilitando el desarrollo de la teoría y
los conceptos. Pero se desarrolla una transición marcada por la influen­
cia escolástica, la Inquisición, las luchas del movimiento social y el na­
cimiento del desarrollo de la cultura científica moderna. Proceso que
nace paralelo al desarrollo de la idea de nación y transformación social
a fines del siglo XVIII200.
Según Luis Alberto Sánchez «sólo a fines de! siglo XVÍ1I nace
Bacon, para el Perú. Por la ruta de la inducción se prepara un período
de naturalismo descriptivo que anclará, al fin y al cabo, en un nuevo
concepto de vida colectiva y del deber individual. La estética deviene
IVh Véase R.EL Darío (1978). La revolución científica, ciencia y sociedad en Europa
entre los siglos XV y XVII, Barcelona, Icaria.
|l,li EGUíGUREN: 1951: 109. Sobre e! barroco véase: DE LA FUENTE BENAV1DES
(MARTIN ADAN). (1968), De lo barroco en el Perú. Lima, UNMSM.
:un MAT1CORENA ESTRADA. Miguel. ¡20011, «Contribución cultural de la Univer­
sidad de San Marcos», Lima, UNMSM. Del mismo autor véase la rica información
histórica sobre (a presencia de Túpac Amaru en San Marcos y l¿¡ vida intelectual en
San Marcos Universidad Decana en América: (2000) Una argumentación Histórico-
Juridica. Lima. Fondo Editorial UNMSM.
Jaime R. Ríos Burea
ética, ergo: una revolución se insinúa en el horizonte. Comienza el «rea­
lismo»201. Pero, a pesar de esta hegemonía cultural religiosa de control
y dominio cultural, asistimos a fines del siglo XVIII al desarrollo de la
élite criolla andina afro-peruana en un proceso peculiar de universaliza­
ción del pensamiento «ufanando de poseer las mismas conquistas cul­
turales de los europeos» La reseña de la producción intelectual de los
profesores Sanmarquinos del siglo XVII presentada por Ricardo Falla
en base a José Mejia Valera¿ Augusto Salazar Bondv. J. T. Medina
Felipe Barreda y Laos y Emilio Barrantes son una prueba de la racio­
nalidad «teórica teológica» predominante2"2:
Dr. Fray José de Acosta, jesuíta: Crítica de Aristóteles, Imprenta
de Antonio Ricardo, Lima, 1585.
Dr. Fray Esteban de Avila, jesuita: Teología moral, imprenta de
Bemardino de Guzmán, Lima. 1604.
Dr. Fray Jerónimo Valera, franciscano: Comentarios a las univer­
sales, Aristóteles y el sutil Dr. Joannis Dunsti Scoti. Imprenta Fran­
cisco del Canto, Lima, 1606.
Dr. Francisco Carrillo, seglar: Aserciones teológicas. Imprenta Fran­
cisco Lasso, Lima, 1619.
Dr. Fray Alonso de Peñafíei, jesuita: Filosofía universa] (Teologica
moderatoris cursus intigri philosophici). Imprenta de Gerónimo
Contreras, Lima, 1635.
Dr. Fray Alonso de Peñaficl, jesuíta: Disputas teológicas, primera
parte del divino Thomas. Imprenta de Jorge López de Herrera.
Lima, 1662.
Dr. Fray Alonso de Peñafíei, jesuita: Diputationes Scholasticac et
moralis de virtute fídei divinae Hacreticorum. imprenta de jorge
López de Herrera, Lima, 1663.
Dr. Fray Alonso de Peñafíei, jesuita: Comentaría in Aristotclis
Metaphtsican. Imprenta de Jorge López de Herrera, Lima. 1632.
SANCHEZ. Luis Alberto. (1974), Panorama de la literatura del Perú, Lima, Edito­
rial Milla Batres. Pag. 65.
FALLA BARREDA. Ricardo. (2000). El Goce de la Razón de! X Vil. Lima. Edito­
rial San Marcos.
La universidad en ¡a etapa colonial
Dr. Fray Gaspar Cristóbal de Cuba y Arce, jesuíta: Teología uni­
versal, Imprenta de Jorge López de Herrera, Lima, 1676.
Dr. Fray Diego de Avendaño, jesuíta: Epitalamium Christi et saerac
sponsae sen explanationes Psalmi XLIV, Lugduni. Imprenta de
Jorge López de Herrera, Lima, 1643.
Dr. Fray Diego de Avendaño, jesuíta: Expósito Psalmi LXXXVII.
Illostriorum Sanactorum elogia theologici Excertus. Imprenta de
Jorge López de Herrera Lima, 1666.
Dr. Fray Francisco de 1a Cruz, dominico: Demostración teológica
privada de la concepción de Beatísima Virgen María, Madre de
Dios. Imprenta de Pedro Cabrera. Lima, 1632.
Dr. Fray Diego Andrés Rocha, dominico: Brevis paraphrasis 5.
loanasis Apostet Evangelistae. Imprenta de Jorge López de
Herrera. Lima, 1653.
Dr. Nicolás de Olea, seglar: Manual de filosofía. Imprenta de Juan
de Contreras, Lima, 1687.
Dr. Nicolás de Olea, seglar: Curso de artes. Imprenta de Juan de
Contreras. Lima, 1694.
Dr. Nicolás de Olea, seglar: Tneología scholasticac. Imprenta de
Juan Contreras, Lima, 1694.
Dr. Nicolás de Olea, seglar: Sumina tripartita scholasticae
philosophiac siva cursus philosophícus trienalis in Logicum,
Phicicam et Metaphisicam Aristotelis, luxia hodiemum scholorum
Sos Yesu morem Breviter exacte. Imprenta de Juan de Contreras,
dos tomos, Lima, 1693.
Dr. Nicolás de Olea, seglar: Theoiogía de los sacramentos. Im­
prenta de Juan de Contreras, Lima, s/f.
Dr. Nicolás de Olea, seglar: Summa theológica. Imprenta de Juan
de Contreras, Lima, S/f.
Dr. José de Aguilar. seglar: Cursus philosophi cus dictatus. Im­
prenta de Juan Francisco de Blas, tres tomos, Lima, 1702203.
FALLA: 2000: 42-47.
Jaime R. Ríos Burga
Si bien en Juan de Sepúlveda (Demócrates, de justis belli caussis
apud indios) el modelo aristotélico prima en todo su contenido como un
yo divino único. En José Acosta (Historia Natural y Moral de las In­
dias) el estudio empieza hacerse antropología, conocimiento natural, del
otro a partir del yo. pero sin salirse de la concepción tomista aristotélica.
Las reflexiones teológicas se combinaban con el estudio natural de la
geografía americana relegando Lis ciencias médica, matemática y físi­
ca a un segundo plano2'15. Las primeras cátedras de medicina funciona­
ron efectivamente en San Marcos recién en 1638 y apenas en 1678 se
funda la primera cátedra de mn!c>’i;Uic:rí,\ La ruptura de! eouilibrio
enire la razón y ia fe evidenciaba la fragilidad de la armonía, ;a impor­
tancia del empirismo, el conocimiento intuitivo, la autonomía y relatividad
de la lógica, todo producto de la nueva cosmología y el pluralismo indi­
vidualista206.
Fue con el autodidacta Ensebio Llano Zapata que se sientan las
primeras bases de la ciencia moderna en el Perú. Él estaba convencido,
que los estudios en la Universidad y los Colegios, dominados por los
dogmas, debían tomar la dirección del método experimental. El plan
educacional debía dar preferencia a las matemáticas, la química, la his­
toria natural. Pensamiento que junto a los sanmarquinos Pablo de Olavide
admirador de Montesquieu, Bayle, Rosseau, Voítaire y los
enciclopedistas; Vicente Morales Duárez, representante en las Cortes
de Cádiz de la Universidad de San Marcos y el Cabildo; José Baquíjano
y Carrillo, entre otros, fueron sentando las bases de la tradición moder­
na. Ideas científicas y políticas que desde el Mercurio Peruano propa­
gan las teorías de Newíon, Keplcr, Leibnítz, Wolf, Locke, la revolución
de ia independencia, la reforma de la Universidad y la sociedad. La
ciencia moderna y el liberalismo se enfrentan teórica, ideológica y
“,,J BARREDA Y LAOS, citando el Mercurio Peruano, T. V. pá¡¿. 195, destaca: «Hasta
1637 había producido la Universidad de San Marcos, crecido número de doctores en
teología, artes y leyes; contándose en Lima, en aquel año, más de 100. Hasta
entonces sólo se habían conocido tres o cuatro doctores médicos «que habían estu­
diado en otra parte, incorporados a e!!:;. En aquel tiempo, sólo concunian a) estudio
de la medicina, un bachiüer, un boiicario y un barbero»'.
GARCÍA BEDOYA: 2000:42.
:ít'' REALE, Giovanni y ANTíSERi, Darío {1995). Historia del pensamiento filosófico
y científico. T.I. Antigüedad y Edad media. Barcelona, Editorial Herder.
j
politicamente al escolasticismo y conservadurismo monárquico metro­
politano y aristocrático coloniaP7.
Una síntesis de conjunto nos llevaría a sostener que la relación
entre educación universitaria y sociedad colonial, encuentra su repro­
ducción más en las posiciones de origen de clase-estamento-casta, que
en !a posibilidad de una movilidad social de los actores dominados de la
sociedad. La Universidad se comporta más como una «caja negra»
distribuidora de títulos que distinguen a las fuerzas dominantes del
poder colonial.
—----------------------------------------------------------- La universidad en la etapa colonia'.
Euüí GUR LN: ¡951; BARREDA: 1 8 0 4 : 2 1 0 - 2 1 1 .