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La libertad

La libertad empieza cuando nosotros podemos comprender la magnitud de nuestro ser y
nuestros actos; quiénes somos, qué somos, dónde estamos.
Antes de colocarnos sobre nuestro entorno, antes de examinar y cuestionar nuestra
relación en el entorno, debemos definir quiénes somos.

¿Qué es la libertad?
Según Aristóteles la libertad:
Presupone la disposición de una posibilidad de elegir. Esa posibilidad de elegir
presupone a su vez la de disponer elementos de juicio que conduzcan a la
elección; lo que requiere la posesión del conocimiento de los componentes de
esos elementos de juicio, y de la inteligencia adecuada para valorarlos
debidamente y discernir acerca de la conveniencia de la elección.
Pero a su vez, puntualiza: "Al mismo tiempo, la libertad no es absoluta. El hombre no
dispone de una posibilidad absoluta de elegir: no es posible elegir en contra de lo que
disponen las leyes de la Naturaleza; ni es admisible ejercer una supuesta libertad en
perjuicio de otros."
Podemos revisar otros autores de la libertad que incurren en lo mismo; se es libre al obrar
de la manera que mejor nos parezca. Una libertad propia, que defiende nuestra
autonomía e identidad, que define quiénes somos y cómo valoramos.
Pero ¿hasta dónde llegan sus alcances? Existen fuerzas sociales que pisan sobre la
libertad de las personas por el bien de la mayoría ¿lo podemos hacer todos? ¿Es nuestra
responsabilidad, como individuos de una sociedad, pasar por encima de otros para
salvaguardad a la mayoría? ¿Defender la mayoría siempre es lo correcto?
El conflicto acerca de la definición se encuentra en la radicalización.
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Somos libres; pero la libertad no es absoluta. La extensión del concepto resulta
contradictoria. ¿Por qué aspiramos una libertad absoluta? Tenemos sentimientos y
convivimos en conjunto, es razonable que si se nos obliga a hacer a la fuerza algo que no
deseamos, haremos llamado de nuestro derecho de libertad, pero estos mismos
sentimientos son bajo lo que obramos; para bien o para mal, con o sin consciencia de las
consecuencias. Y nuestras obligaciones dentro de la sociedad también limitan nuestra
libertad, pues aunque no queramos, debemos aportar y ser funcionales ante el aparato
social omni abarcante y poderoso.

Desde que desarrollamos sentimientos imparcialmente en nuestro entorno, de alguna
manera estamos dejando de ser libres. Si una persona rompe su relación con otra, su
simple presencia puede ejercer fuerza y presión a la toma de decisiones y orillarnos a
elegir algo que no queremos; decisiones compulsivas, como el miedo, amor y odio sujetos
a nuestro convivir día con día.
El mundo no es más que el conjunto de personas individuales. Cada una actuando a su
beneficio, bajo las normas económicas y legales de una sociedad que busca la convivencia
sana, con nuestra particular noción de separar lo correcto de lo incorrecto y las limitantes
que eso dispone.
El camino que deseamos tomar hacía la libertad es el equivocado porque estamos llenos
de ideas erróneas y prejuicios.
La libertad es como una lancha que nos ayuda a navegar. Nosotros mismos forjamos sus
características en función de nuestro beneficio; el color, la forma, tamaño, tipo de motor.
Al usarla elegimos la dirección, si ir al norte o al sur, o detenerla. Pero no podemos elegir
cuando se viene una tormenta, no podemos controlar el clima, ni los fenómenos
naturales.

Creo que para llegar a una comprensión hay que valorar la libertad como nexo hacía el
mundo, reflexionando para qué nos sirve, sin ambicionar más de lo que no necesitamos. Y
aceptar (y si se puede amar, mejor) nuestro entorno, sus integrantes, sus problemas y su
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naturaleza para buscar una armonía que no transgreda a nadie. Que no se quede en la
tolerancia, sino comprensión. Somos humanos; y cometimos, cometemos y cometeremos
errores. Pensamos diferente, somos diferentes, pero tenemos las mismas características
que nos hace humanos.

La libertad es propia, pero se correlaciona con la de los demás y el sistema social. Somos
libres de hacer elecciones, pero debemos informarnos, observar y ser analíticos y aceptar
lo que nuestra decisión conlleve. Despojarnos de prejuicios, extender nuestra capacidad
de comprensión. La libertad empieza cuando entendemos que no hay libertad absoluta.






















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Bibliografía.
Revista
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Universidad Autónoma de Coahuila
Escuela de Artes Plásticas “Profesor
Rubén Herrera”
Licenciatura en Diseño Gráfico

La libertad
Ensayo

Ana Paola Santos Sánchez
Séptimo semestre


Lic. Margarita Molina Duque
Ética en el diseño

29 de Noviembre de 2013