La clase de Alternativa a la Religión o el poder de las amonestaciones

Por supuesto, este texto está dedicado a los chicos de Alternativa a la Religión, que serán ya hombres bastante formales.

- ¿Qué es una amonestación? - Es un profesor que le dice al chico: “Como no hagas lo que te digo, me chivo a tu padre.” Circunstancias de las clases. Bastantes alumnos de las dos clases se unen. Una de las clases está formada por muchos alumnos que repiten que, en algunos casos, tienen francamente difícil el sacarse el graduado, y que, por tanto, van al Instituto con pocas ganas y con poca voluntad de cooperación. La otra es de diversificación, lo que implica que estos chicos saben cómo comportarse bien, puesto que en su clase lo hacen, pero que pueden también portarse mal. Le doy clase a la mayoría de ambas, con un casi absoluto predominio de alumnos varones, que son bulliciosos y juguetones. La Alternativa es uno de esos ratos en los que no hay marcado un objetivo claro. No tiene contenidos, no se evalúa… de modo que los alumnos entienden que no hay situación de aprendizaje y no tienen nada que hacer. Dotarla de contenido es muy difícil. La clase de alternativa se daba, el curso pasado, en el aula de Informática. Cuando empezó el curso, los alumnos prácticamente me exigían que les llevara al aula de informática. Les dije que no, en parte por que no me “secuestraran” la clase desde el primer día y en parte porque tenía la idea de hacer algo de lo que está contemplado en la legislación: trabajar letras de canciones y conocimiento de sí mismo, que les podía ayudar en su toma de decisiones vocacional. El primer día fue estupendo. Les pedí sus datos personales en una breve redacción y les pregunté que qué opinaban que sería bueno hacer y no hubo conflictos. Primeras estrategias y obstáculos. El primer obstáculo con el que me encontré fue que no podía controlar quiénes estaban en mi clase. Por un lado, me fue entregada una lista equivocada. Hasta que identifiqué el error pasaron varias sesiones. Después había –según me decían- alumnos que bailaban, de una clase a otra. Además, pasaba lista y, con el bullicio, era difícil enterarme de si los alumnos estaban o no. No quería poner amonestaciones, y se lo hice saber a los alumnos. Otro obstáculo: los alumnos de diversificación venían de su clase sin los materiales. Entonces tenían que salir a buscarlos, y otros también salían con cualquier excusa.

1

La cerradura de la puerta está rota, y, cada vez, yo tenía que abrir y cerrar. Así, había interrupciones constantes. En general, todos los alumnos eran muy impuntuales, con lo cual yo no percibía que la responsabilidad de la tardanza fuera de ninguno en especial, pero la situación era muy incómoda. No había forma de cambiarles de sitio, y, en los sitios en que estaban, hablaban y armaban jaleo, se tapaban unos a otros, encendían la radio del móvil… En medio de estas situaciones que yo no podía controlar, el profesor del aula contigua apareció un día e, ignorando por completo mi presencia, se dirigió en tono de amistosa complicidad a los alumnos para pedirles que no chillaran tanto para que él (¿él?) pudiera dar su clase. Esto fue una gota de agua más en el proceso de mi desautorización. Primeros planes y negociaciones. Los alumnos seguían insistiendo en ir a los ordenadores. Pensando que la primera hora de los lunes habría muchos que faltarían, decidí llevarles esa hora a los ordenadores, con la idea de animar a alguno a venir. Compré unos cuadernos para alternativa con la idea de que ellos me trajeran el euro que cada uno valía, pero muchos no se acordaban de traérmelos. Aún así, la cosa empezó a marchar más o menos bien. Pero desgraciadamente tuve que faltar a varias sesiones seguidas. Cuando volví, se había vuelto a enrarecer el ambiente. Yo había olvidado sus nombres, tampoco me había preparado suficiente lo que quería hacer con ellos… Cosas demasiado infantiles, impropias de personas con aspecto de hombres y mujeres Enumero en tono jocoso estas conductas, pero se hacen muy pesadas, e irritan muchísimo. Son: El silbador: hay una persona que silba pero no normalmente, sino de una forma tan estridente que parece el sonido del tren. Cuando silba, no se puede dar clase. No lo detecto porque, además, lo hace sin manos. El que se orina: hay varias personas que no tienen conseguido el control de esfínteres, según parece, que incluso pueden llegar a tratar de orinar en papeleras. El sensible al toque: hay alumnos que, si les toca un profesor, se sacuden con repulsión o sienten el deseo de denunciarlo, y así se lo expresan. El racista: se declara racista y asesino potencial para escandalizar a todo el que se deje. El que pierde todos los lápices. El decorador de pupitres: decora las mesas, sin pensar en que eso le supone mucho trabajo a las personas que limpian.

2

-

El goloso: pretende siempre autorización para consumir chupachups. El vociferador: si un profesor le habla, considera que sólo está en su papel contestándole a gritos. Como además los alumnos a veces son más altos que el profesor, el resultado es que el profesor, desde abajo y con su delicado tono, no se puede imponer.

Cosas que ya suponen madurez: También hay alumnos que tienen una conducta más reflexiva y madura: - El que hace propuestas: hay personas que hacen propuestas para ver qué les parece a los demás. - El que ayuda a pasar lista. - El que saca el libro y lo hojea, manifestando una silenciosa desaprobación de la conducta desordenada de los demás. - El que no ríe las gracias que no son graciosas, porque perjudican a todos, tanto profesora como alumnos. - El que se preocupa por sus estudios. - El que no quiere bajo ningún concepto que le pongan una amonestación.

Nuevos planes. Llegó a mis manos el listado de pendientes y vi en qué difícil situación se encuentran los alumnos que tienen pendientes. Pensé que tal vez querrían que, en la hora de alternativa, les echara una mano en sus estudios: organizar el material, planificar el tiempo, etc. Quería hablar con los profesores que recuperan las pendientes a ver si los alumnos van a recuperar, y ver si los alumnos que no vienen a mi clase, vienen a las otras. Pensé que, puesto que el aula da impresión de abandono y deterioro, iba a coger las direcciones web que más visitan, imprimirlas y preparar cartulinas para decorar la clase. Lo hice así, y colocaron las cartulinas en la clase. En fin, me llené de proyectos porque aprecio a los chicos y los de 4º B me parece que requieren mucha atención. Hasta que llegó…

… la clase del 9 de noviembre. Entraron tarde, algunos ni siquiera entraron. Yo intentaba hablarles de las pendientes, y ellos hablando, levantándose, entrando y saliendo. Les digo que van a venir uno a uno a mi mesa a comentarme la situación en que están. Algunos responden bien, otros siguen de broma. Entonces me enfado, y puesto que algunos están:

3

-

Desobedeciendo claramente lo que les digo o Que se sienten o Que no coman más o Que dejen de hablar a gritos o Que no salgan de la clase o Que no coloquen cartulinas donde no deben Manifestando falta de respeto hacia mí o Contestándome a gritos y de malos modos o Dándome órdenes “tú lo que tienes que hacer es…” En definitiva, impidiendo que yo tenga la más mínima iniciativa de lo que está sucediendo en la clase

-

-

Me enfado, decía. Me enfado porque me indigna que sean tan insensibles a su propia situación con respecto al curso y las materias pendientes. Me enfado mucho, sincera y ruidosamente. Empiezo a gritarles airadamente, y les digo que voy a amonestarlos. Al instante, se sientan y algunos se quedan quietos y serios, otros se ríen, no entiendo por qué. Mando que vayan a buscar las amonestaciones. Sigo hablando, llegan las amonestaciones y suena la sirena. Varios alumnos se me acercan y me suplican que no les ponga la amonestación. Alguno ha acumulado suficientes como para ser expulsado. Me insisten e insisten. Parecen muy preocupados. ¿Qué debo hacer yo?

4

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful