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P A S O S P E R D I D O S
Barataria


- 2 -





Título original: Manifeste d’économistes atterrés


Segunda edición: marzo de 2011


© De la edición original, Les Liens qui libèrent, 2010
© De esta edición, 2010, Editorial Pasos Perdidos S.L.
en coedición con Ediciones Barataria S.L.


© De la traducción, Santiago Martín Bermúdez

Maquetación: Joan Edo


ISBN: 978-84-92979-11-0
Depósito legal: M-6214-2011



Por desgracia todo libro que no comparte las ideas o los cánones de conducta
dictados por quienes tienen el poder (que tampoco son conocidos porque prefieren
mantenerse fuera de foco) suelen pasar muy desapercibidos al carecer de publicidad.
De todas formas, todos los libros tienen unos derechos de autor que deben ser
respetados, por lo que te recomiendo que adquieras un ejemplar. Este tipo de libros
son muy económicos y le harás un gran favor a todas aquellas personas que
arriesgan su dinero para dar a conocer cosas que por desgracia, se tratan de ocultar
o, al menos, tratan de que pasen lo más desapercibido posible por quienes detentan
el poder.


- 3 -

Í N D I C E


INTRODUCCIÓN ........................................................................................................................... 4
FALSA EVIDENCIA Nº 1: LOS MERCADOS FINANCIEROS SON EFICIENTES .............. 8
FALSA EVIDENCIA Nº 2: LOS MERCADOS FINANCIEROS FAVORECEN EL
CRECIMIENTO ECONÓMICO. ....................................................................................... 13
FALSA EVIDENCIA Nº 3: LOS MERCADOS SON BUENOS JUECES DE LA
SOLVENCIA DE LOS ESTADOS. .................................................................................... 16
FALSA EVIDENCIA Nº 4: EL ALZA EXCESIVA DE LA DEUDA PÚBLICA ES
CONSECUENCIA DE UN EXCESO DE GASTO ........................................................... 19
FALSA EVIDENCIA Nº 5: HAY QUE REDUCIR LOS GASTOS PARA REDUCIR
LA DEUDA PÚBLICA........................................................................................................ 22
FALSA EVIDENCIA Nº 6: LA DEUDA PÚBLICA TRASLADA EL PRECIO DE
NUESTROS EXCESOS A NUESTROS NIETOS ............................................................. 25
FALSA EVIDENCIA Nº 7: HAY QUE TRANQUILIZAR A LOS MERCADOS
FINANCIEROS PARA PODER FINANCIAR LA DEUDA PÚBLICA ........................ 28
FALSA EVIDENCIA Nº 8: LA UNIÓN EUROPEA DEFIENDE EL MODELO
SOCIAL EUROPEO ............................................................................................................ 31
FALSA EVIDENCIA Nº 9: EL EURO ES UN ESCUDO CONTRA LA CRISIS ................... 35
FALSA EVIDENCIA Nº 10: LA CRISIS GRIEGA HA PERMITIDO POR FIN
AVANZAR HACIA UN GOBIERNO ECONÓMICO Y UNA VERDADERA
SOLIDARIDAD EUROPEA ............................................................................................... 39
CONCLUSIÓN: DEBATIR LA POLÍTICA ECONÓMICA, TRAZAR CAMINOS
PARA REFUNDAR LA UNIÓN EUROPEA ................................................................... 44





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INTRODUCCIÓN


PHILIPPE ASKENAZY (CNRS)
THOMAS COUTROT (CONSEIL SCIENTIFIQUE D’ATTAC)
ANDRÉ ORLÉAN (CNRS, EHESS)
HENRI STERDYNIAK (OFCE)

La crisis económica y financiera que ha sacudido al mundo
en 2007 y 2008 no parece que haya debilitado el dominio de los
esquemas de pensamiento que orientan las políticas
económicas desde hace treinta años. No se han puesto de
ninguna manera en cuestión los fundamentos del poder de las
finanzas. En Europa, por el contrario, los Estados, bajo la
presión de las instituciones internacionales y de las agencias de
calificación, aplican con renovados bríos unos programas de
reformas y de ajustes estructurales que ya demostraron en el
pasado su capacidad de incrementar la inestabilidad y las
desigualdades. Estas medidas van a agravar aún más la crisis
europea.
Aterrados al constatar esta situación, hemos querido
favorecer la expresión pública de los numerosos economistas
- 5 -
que provienen de horizontes teóricos muy diversos y no se
resignan a aceptar la consagración de la ortodoxia neoliberal y
consideran necesario cambiar el paradigma dominante de las
políticas económicas en Europa.
Los economistas tienen que asumir sus responsabilidades
ante la sociedad. La mayor parte de los «expertos» que
intervienen en el debate público lo hacen para justificar la
actual sumisión de las políticas económicas a las exigencias de
los mercados financieros. Pues las hipótesis esenciales que
sustentan estas políticas son las de la eficiencia de los mercados
financieros y el peso excesivo del Estado.
Con la crisis bancaria y financiera esta doble hipótesis se ha
hundido de manera definitiva. A semejanza de las crisis que la
han precedido, esta gran crisis exige una refundación del
pensamiento económico. Numerosos investigadores se han
propuesto trabajar en esa dirección. Y para servir de estímulo a
esos necesario y nuevos planteamientos hemos redactado este
Manifiesto de economistas aterrados.
Este breve texto no pretende constituir un programa de
acción inmediata que sirva para fundar una estrategia de
investigación científica o para trazar una política económica
progresista. Se limita a criticar algunas de las falsas evidencias
–hemos destacado diez entre las que se repiten con más
insistencia– que se invocan para justificar las políticas que
actualmente se llevan a cabo en Europa, y esbozar algunas
propuestas para otra estrategia económica y social. Está
dirigido a la comunidad de los economistas, y más de
- 6 -
setecientos colegas nuestros lo han firmado
1
, pero también se
dirige, y de manera más amplia a nuestros conciudadanos.
Desde el estallido de la crisis, se ha hecho patente el desfase
entre el carácter perentorio de las afirmaciones que realizan los
«expertos» y la fragilidad de sus diagnósticos. Deseamos que
este manifiesto pueda ayudar a los ciudadanos
proporcionándoles palabras y conceptos que les sirvan para
expresar sus dudas, que contribuya a confirmarles que existen
otras opciones y que puedan debatirse.
En nombre de la ciencia, desde hace treinta años, se han
aplicado políticas, a menudo de manera ciega, en numerosos
países. En la visión neoliberal todavía dominante, que dibuja
un mundo hecho de agentes económicos individualistas y
clarividentes en competencia los unos con los otros, la
liberalización general de los mercados tenía que conducir
matemáticamente al máximo crecimiento y a una situación
económica óptima. Se trata sin duda de una ficción cómoda
para escribir sobre modelos matemáticos, pero esta visión es
un instrumento poco fiable para guiar las decisiones de los
políticos elegidos por el pueblo. Si la ciencia económica
empieza a poner en cuestión sus hipótesis y métodos, tiene
también que recordar que corresponde a los ciudadanos, y no a
los expertos, determinar colectivamente mediante la
deliberación democrática los objetivos de la actividad
económica, los criterios de su eficacia y los medios para
alcanzarlos.

1
Era el número de economistas que se habían adherido al Manifiesto en septiembre de 2010. Ahora se ha abierto a otras profesiones y
cuenta con más de 3.000 firmantes. (N. del T.)
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Somos conscientes de que la actual crisis es mucho más
que una crisis económica. Es también una crisis social, que se
destaca sobre el fondo de las crisis ecológica y geopolítica, y
que, sin duda, viene a confirmar una ruptura histórica. Nuestro
texto está lejos de responder a todos estos desafíos. Pero, si
permite desarrollar la idea de que la ciencia económica tiene
que clarificar la pluralidad de las opciones posibles, y no
pretender elegir una en lugar de los ciudadanos, este
manifiesto habrá sido útil.


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FALSA EVIDENCIA Nº 1:
LOS MERCADOS FINANCIEROS SON EFICIENTES

Un hecho se impone hoy a todos los observadores: el papel
primordial que desempeñan los mercados financieros en el
funcionamiento de la economía. Es el resultado de una larga
evolución que empezó a finales de los años setenta. Sea cual
sea la forma en que la midamos, esta evolución marca una
clara ruptura, tanto cuantitativa como cualitativa, con respecto
a los decenios precedentes. Bajo la presión de los mercados
financieros, la regulación de conjunto del capitalismo se ha
transformado en profundidad, y ha dado lugar a una forma
inédita de capitalismo que algunos han llamado «capitalismo
patrimonial», «capitalismo financiero», y también «capitalismo
neoliberal».
Estas mutaciones han hallado su justificación teórica en la
hipótesis de la eficiencia informacional de los mercados
financieros. En efecto, según esta hipótesis, es importante
desarrollar los mercados financieros y conseguir que puedan
funcionar lo más libremente posible, porque constituyen el
único mecanismo de asignación eficaz del capital. Las políticas
que se han llevado a cabo obstinadamente desde hace treinta
años se ajustan a esta recomendación. Se trataba de construir
un mercado financiero mundialmente integrado en el cual
- 9 -
todos los agentes (empresas, particulares, Estados,
instituciones financieras) pudieran intercambiar todo tipo de
títulos (acciones, obligaciones, deuda, productos derivados,
divisas) a cualquier plazo (largo, medio, corto). Los mercados
financieros se parecían al mercado «sin fricción» de los
manuales: el discurso económico lograba crear la realidad. Al
ser los mercados cada vez más «perfectos» en el sentido de la
teoría económica dominante, los analistas creyeron que el
sistema financiero, desde ese momento, era mucho más estable
que en el pasado. La «gran moderación» –reducción
simultánea de la volatilidad del PIB y de la inflación que
vivieron los Estados Unidos entre 1990 y 2007– pareció
confirmarlo.
Todavía hoy, el G20 continúa manteniendo que los
mercados financieros son el mecanismo adecuado de
asignación del capital. La primacía y el carácter integral de los
mercados financieros siguen siendo los objetivos finales que
persigue su nueva regulación financiera. La crisis se interpreta
no como el resultado inevitable de la inestabilidad propia de
los mercados financieros desregulados, sino como el efecto de
la falta de honradez y de la irresponsabilidad de algunos
agentes financieros mal controlados por los poderes públicos.
Sin embargo, la crisis se ha encargado de demostrar que los
mercados no son eficientes y que no permiten una asignación
eficaz del capital. Las consecuencias de este hecho en materia
de regulación y de política económica son inmensas. La teoría
de la eficiencia descansa en la idea de que el precio que se
- 10 -
forma en un mercado constituye una buena estimación del
verdadero valor de los títulos, lo cual supuestamente resume
toda la información necesaria para orientar la actividad
económica, y también la vida social. Así, el capital se invierte
en los proyectos más rentables y abandona los proyectos
menos eficaces. Tal es la idea central de esta teoría: la
competencia financiera genera precios justos que constituyen
señales fiables para los inversores y orienta eficazmente el
desarrollo económico.
Pero la crisis ha venido a confirmar los diferentes trabajos
críticos que habían puestos en duda esta proposición. La
competencia financiera no produce necesariamente precios
justos. Peor aún: la competencia financiera es a menudo
desestabilizadora y lleva a evoluciones de precios excesivas e
irracionales: las burbujas financieras.
El mayor error de la teoría de los mercados financieros
consiste en trasponer a los productos financieros la teoría
habitual de los mercados de bienes ordinarios. En estos últimos
la competencia es en parte autorreguladora en virtud de lo que
llamamos la «ley» de la oferta y la demanda: cuando el precio
de un bien aumenta, entonces los productores aumentarán su
oferta y los compradores reducirán su demanda; de manera
que el precio descenderá entonces y volverá a situarse cerca de
su nivel de equilibrio. Dicho de otro modo, cuando el precio de
un bien aumenta, un mecanismo de retroceso tiende a frenar, y
después a invertir, esa alza. La competencia produce lo que
llamamos «feedbacks negativos», fuerzas que van en el sentido
- 11 -
contrario del impacto inicial. La idea de eficiencia nace de una
transposición directa de este mecanismo al mercado financiero.
Ahora bien, para este último la situación es radicalmente
distinta. Cuando el precio aumenta, es frecuente observar no
un descenso, ¡sino un aumento de la demanda! En efecto, el
alza del precio significa un incremento de la rentabilidad para
los que poseen el título, debido a la plusvalía realizada. El alza
del precio atrae entonces a nuevos compradores, lo que
refuerza aún más el incremento inicial. Las promesas de bonus
futuros empujan a los operadores de mercador a amplificar
aún más el movimiento. Y así hasta que un incidente,
imprevisible pero inevitable, provoca la inversión de los
resultados que se habían anticipado y, en consecuencia, el
crack. Este fenómeno, digno de los corderos de Panurgo, es un
proceso de «feedbacks positivos», que agrava los desequilibrios.
Es la burbuja especulativa: un alza acumulativa de los precios
que se alimenta a sí misma. Este tipo de procesos no produce
precios justos, sino, al contrario, precios inadecuados.
Por consiguiente, la posición dominante de los mercados
financieros no puede conducir a ningún tipo de eficacia. Aún
más, es una fuente permanente de inestabilidad, como lo
demuestra con claridad la serie ininterrumpida de burbujas
que hemos conocido desde hace veinte años: Japón, sudeste
asiático, internet, mercados emergentes, inmobiliario,
titularización de la deuda. La inestabilidad financiera se
traduce así en fuertes fluctuaciones de los tipos de cambio y de
la Bolsa, que claramente no guardan relación con los
- 12 -
fundamentos de la economía. Esta inestabilidad, que nace en el
sector financiero, se propaga a la economía real mediante
numerosos mecanismos.

Para reducir la ineficiencia y la inestabilidad de los
mercados financieros, sugerimos cuatro medidas:
MEDIDA Nº 1: Separar estrictamente los mercados
financieros y las actividades de los agentes
financieros, prohibir a los bancos especular por
cuenta propia para evitar la propagación de las
burbujas y los cracks.
MEDIDA Nº 2: Reducir la liquidez y la especulación
desestabilizadora mediante controles de los
movimientos de capitales y fijando tasas sobre las
transacciones financieras.
MEDIDA Nº 3: Limitar las transacciones financieras a
aquellas que respondan a las necesidades de la
economía real (por ejemplo, CDS
2
únicamente para
los poseedores de títulos garantizados, etcétera).
MEDIDA Nº 4: Limitar la remuneración de los traders.



2
Credit Default Swap; productos derivados para proteger transacciones ofreciendo garantías de pago al vendedor. (N. del T.)
- 13 -


FALSA EVIDENCIA Nº 2:
LOS MERCADOS FINANCIEROS FAVORECEN EL
CRECIMIENTO ECONÓMICO.

La integración financiera ha llevado a las finanzas al cenit
de su poder por haber unificado y centralizado la propiedad
capitalista a escala mundial. Desde este momento, son ellas las
que determinan las normas de rentabilidad exigidas a todo
capital. El proyecto era que los mercados financieros
sustituyeran en materia de inversiones a la financiación
bancaria. Pero ese proyecto ha fracasado, puesto que hoy,
globalmente, son las empresas las que financian a los
accionistas, y no al contrario. La gobernanza de las empresas, sin
embargo, se ha transformado profundamente para llegar a
cumplir las normas de rentabilidad del mercado. Con el
aumento potencial del valor del accionariado se ha impuesto
una concepción nueva de la empresa y de su gestión, pensadas
al servicio exclusivo del accionariado. Ha desaparecido la idea
de un interés común a los distintos componentes vinculados a
la empresa. Los dirigentes de las empresas que cotizan en bolsa
tienen ahora como primera misión satisfacer el deseo de
enriquecimiento de los accionistas, y sólo ése. En consecuencia,
dejan ellos mismas de ser asalariados, como demuestra la
subida desmesurada de sus remuneraciones. Como adelanta la
- 14 -
teoría de «la agencia», se trata de conseguir que los intereses de
los dirigentes sean ahora convergentes con los del
accionariado.
Un ROE (Return on Equity, o rendimiento de los capitales
propios) del 15% al 25% es ahora la norma que impone el
poder de las finanzas a las empresas y a los asalariados. La
liquidez es el instrumento de este poder, que permite en
cualquier momento a los capitales no satisfechos marcharse a
otra parte. Frente a este poder, tanto el asalariado como la
soberanía política se encuentran, por su fraccionamiento, en
situación de inferioridad. Esta situación desequilibrada
conduce a exigencias de beneficios poco razonables, puesto que
limitan el crecimiento económico y conducen a un continuo
aumento de las desigualdades de renta. Por una parte, las
exigencias de beneficios inhiben notablemente la inversión;
cuanto más elevada sea la rentabilidad que se exija, más difícil
será encontrar proyectos lo bastante competitivos para
satisfacerla. Las tasas de inversión son históricamente débiles
en Europa y en Estados Unidos. Por otra parte, estas exigencias
provocan una presión constante a la baja en los salarios y en el
poder adquisitivo, lo que no favorece la demanda. El frenazo
simultáneo de la inversión y del consumo lleva a un
crecimiento débil y a un paro endémico. Esta tendencia se ha
contrarrestado en los países anglosajones mediante el
endeudamiento de los particulares y con las burbujas
financieras que crean una riqueza ficticia, que permiten un
crecimiento del consumo sin salarios, pero que terminan en
cracks.
- 15 -

Para remediar los efectos negativos de los mercados
financieros en la actividad económica planteamos el debate de
tres medidas:
MEDIDA Nº 5: Reforzar de manera significativa los
contrapoderes de las empresas, para obligar a los
directivos a tener en cuenta los intereses del conjunto
de sus componentes.
MEDIDA Nº 6: Incrementar de manera muy notable la
fiscalidad a las rentas muy altas para desalentar la
carrera en pos de rendimientos insostenibles.
MEDIDA Nº 7: Reducir la dependencia de las empresas
respecto a los mercados financieros mediante el
desarrollo de una política pública de crédito (tipos
preferentes para las actividades prioritarias en el
plano social y en el medioambiental).


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FALSA EVIDENCIA Nº 3:
LOS MERCADOS SON BUENOS JUECES DE LA SOLVENCIA
DE LOS ESTADOS.

Según los defensores de la eficiencia de los mercados
financieros, los operadores de mercado tendrían en cuenta la
situación objetiva de las finanzas públicas para evaluar el
riesgo de adquirir títulos de deuda de un Estado. Tomemos el
caso de la deuda griega: los operadores financieros y aquellos
que toman decisiones en este terreno se atienen tan sólo a
evaluaciones financieras para juzgar la situación. Así, cuando
los tipos exigidos a Grecia han subido a más del 10%, cada cual
ha deducido que el riesgo de quiebra estaba cerca: si los
inversores exigen tal prima de riesgo es que el peligro es
extremo.
Esto es un profundo error, si entendemos la verdadera
naturaleza de la evaluación que hacen los mercados
financieros. Dado que el mercado financiero no es eficiente,
produce muy a menudo precios totalmente desconectados de
los fundamentales. En estas condiciones no es razonable
atenerse tan sólo a las evaluaciones financieras para juzgar una
situación. Evaluar el valor de un título financiero no es una
operación comparable a medir una magnitud objetiva, por
ejemplo a estimar el peso de un objeto. Un título financiero es
- 17 -
un derecho sobre rentas futuras: para evaluarlo hay que prever
lo que será ese futuro. Es una cuestión de juicio, no de medida
objetiva, porque en el instante t el provenir no está en modo
alguno predeterminado. En las salas de mercado se trata sólo
de lo que los operadores imaginan que será. Un precio
financiero resulta de un juicio, es una creencia, una apuesta
sobre el porvenir: nada garantiza que el juicio de los mercados
tenga superioridad alguna sobre otras formas de juicio.
Sobre todo, la evaluación financiera no es neutral: afecta al
objeto medido, compromete y construye el futuro que imagina.
Así, las agencias de calificación financiera contribuyen en gran
medida a determinar los tipos de interés en los mercados de
renta fija al atribuir calificaciones cargadas de una gran
subjetividad, o incluso con la voluntad de alimentar la
inestabilidad, fuente de beneficios especulativos. En la medida
en que hacen caer la calificación de un Estado, incrementan el
tipo de interés exigido por los agentes financieros para adquirir
los títulos de la deuda pública de ese Estado y, por eso mismo,
aumentan el riesgo de quiebra que habían anunciado.

Para reducir la influencia de la sicología de los mercados
en la financiación de los Estados, planteamos dos medidas a
debate:
MEDIDA Nº 8: Las agencias de calificación financiera no
han de ser autorizadas a influir arbitrariamente en los
tipos de interés de los mercados de renta fija por el
hecho de disminuir la calificación de un Estado:
- 18 -
habría que regular su actividad exigiendo que esa
valoración sea el resultado de un cálculo económico
transparente.
MEDIDA Nº 8 bis: Liberar a los Estados de la amenaza de
los mercados financieros garantizando la compra de
los títulos públicos por parte del BCE.


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FALSA EVIDENCIA Nº 4:
EL ALZA EXCESIVA DE LA DEUDA PÚBLICA ES
CONSECUENCIA DE UN EXCESO DE GASTO

Michel Pébereau
3
, uno de los «padrinos» de la banca
francesa, describía en 2005, en uno de esos informes oficiales ad
hoc, una Francia asfixiada por la deuda pública, que sacrificaba
a sus generaciones futuras entregándose a gastos sociales
desmedidos. El Estado se endeuda como un padre de familia
alcohólico que bebe por encima de sus posibilidades: tal es la
visión habitualmente propagada por la mayor parte de los
editorialistas. La explosión reciente de la deuda pública en
Europa y en el mundo se debe, sin embargo, a algo muy
distinto: se debe a los planes de salvamento de las instituciones
financieras y, sobre todo, a la recesión provocada por la crisis
bancaria y financiera que empezó en 2008: el déficit público
medio en la zona euro no era más del 0,6% del PIB en 2007,
pero la crisis lo elevó al 7% en 2010. La deuda pública pasó en
el mismo período del 66% al 84% del PIB.
Sin embargo, el aumento de la deuda pública, en Francia y
en muchos países europeos, fue primero moderado y anterior a
esta recesión: proviene especialmente no de una tendencia al
alza de los gastos públicos –ya que, al contrario, éstos, en

3
Presidente de BNPP, el banco más importante de Francia. (N. del T.)
- 20 -
proporción al PIB, han permanecido estables o han disminuido
en la Unión Europea desde principios de los años noventa–,
sino de la caída de los ingresos públicos, como consecuencia de
la debilidad del crecimiento económico en ese período, y de la
contrarrevolución fiscal que la mayor parte de los gobiernos
han emprendido desde hace veinticinco años. Contemplada a
más largo plazo, la contrarrevolución fiscal ha alimentado
continuamente, de una recesión a otra, el crecimiento de la
deuda. Así, en Francia, un reciente informe parlamentario cifra
en 100 mil millones de euros en 2010 el coste de las
disminuciones de impuestos concedidas entre 2000 y 2010, sin
incluir siquiera las exoneraciones de cotizaciones sociales (30
mil millones) y otros «gastos fiscales». Los Estados europeos no
sólo no han armonizado su fiscalidad, sino que se han
entregado a la competencia fiscal, bajando los impuestos sobre
sociedades, sobre las rentas altas y sobre el patrimonio.
Aunque el peso relativo de estas variables difiere de un país a
otro, el alza casi general de los déficits públicos y de las ratios
de deuda pública en Europa en el curos de los treinta últimos
años no es, esencialmente, resultado de una deriva de la que
sea responsable el gasto público. Un diagnóstico que,
evidentemente, abre otras pistas para su solución que no sea la
sempiterna reducción del gasto público.

Para restablecer un debate público informado sobre el
origen de la deuda y con ello los medios para hacerle frente,
proponemos el siguiente debate:
- 21 -
MEDIDA Nº 9: Realizar una auditoría pública y ciudadana
de las deudas públicas para determinar su origen y
conocer la identidad de los principales poseedores de
títulos de la deuda y los importes respectivos.


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FALSA EVIDENCIA Nº 5:
HAY QUE REDUCIR LOS GASTOS PARA REDUCIR LA
DEUDA PÚBLICA

Incluso si el aumento de la deuda pública fuera en parte
consecuencia de un aumento de los gastos públicos, cortar
estos gastos no contribuiría forzosamente a solucionar el
problema, porque la dinámica de la deuda pública no tiene casi
nada que ver con la deuda de una familia: la macroeconomía
no es reductible a la economía doméstica. La dinámica de la
deuda depende en general de varios factores: el nivel de los
déficits primarios, pero también la diferencia entre el tipo de
interés y la tasa de crecimiento nominal de la economía.
Pues si esta última es más débil que el tipo de interés, la
deuda crecerá mecánicamente por el hecho del «efecto bola de
nieve»: el importe de los intereses se dispara, y el déficit total
(incluidos los intereses de la deuda) también. Así, a comienzos
de los años 1990, la política del franco fuerte sostenida por
Bérégovoy y mantenida pese a la recesión de 1993-1994 se
tradujo durante bastante tiempo en un tipo de interés más alto
que la tasa de crecimiento, lo que explica el salto de la deuda
pública de Francia durante ese periodo. Es el mismo
mecanismo que explicaba el aumento de la deuda en la
primera mitad de los años 1980, bajo el impacto de la
- 23 -
revolución neoliberal y de la política de tipos de interés
elevados dirigidas por Ronald Reagan y Margaret Thatcher.
Pero la propia tasa de crecimiento de la economía no es
independiente de los gastos públicos a corto plazo, la
existencia de gastos públicos estables limita la amplitud de las
recesiones («estabilizadores automáticos»); a largo plazo, las
inversiones y gastos públicos (educación, sanidad,
investigación, infraestructuras…) estimulan el crecimiento. Es
falso afirmar que todo déficit público incremente en igual
medida la deuda pública, o que cualquier reducción del déficit
permite reducir la deuda. Si la reducción de los déficits
compromete la actividad económica, la deuda se incrementará
todavía más. Los comentaristas liberales señalan que algunos
países (Canadá, Suecia, Israel) realizaron ajustes brutales de
sus cuentas públicas en los años 1990, y que conocieron
inmediatamente después un fuerte rebrote del crecimiento.
Pero eso sólo es posible en el caso de que afecte a un país
aislado, que recupera rápidamente competitividad frente a sus
competidores. Lo que, evidentemente, olvidan los partidarios
del ajuste estructural europeo es que los países europeos tienen
como principales clientes y competidores a los demás países
europeos, al estar la Unión Europea globalmente poco abierta
al exterior. Una reducción simultánea y masiva de los gastos
públicos del conjunto de los países de la Unión no puede tener
como efecto más que agravar la recesión y con ello un nuevo
incremento de la deuda pública.

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Para evitar que el saneamiento de las finanzas públicas
provoque un desastre social y político, planteamos el debate de
estas dos medidas:
MEDIDA Nº 10: Mantener el nivel de protección social,
incluso mejorarlo (seguro de paro, vivienda…).
MEDIDA Nº 11: Incrementar el esfuerzo presupuestario en
materia de educación, de investigación, de inversión
en la reconversión ecológica… para crear las
condiciones de un crecimiento sostenible que permita
un fuerte descenso del paro.


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FALSA EVIDENCIA Nº 6:
LA DEUDA PÚBLICA TRASLADA EL PRECIO DE
NUESTROS EXCESOS A NUESTROS NIETOS

Hay otra afirmación falaz que confunde economía familiar
y macroeconomía, aquélla según la cual la deuda pública sería
una transferencia de riqueza en detrimento de las generaciones
futuras. La deuda pública es, sin duda, un mecanismo de
transferencia de riqueza, pero lo es sobre todo de los
contribuyentes ordinarios hacia los rentistas.
En efecto, fundándose en la creencia raras veces
comprobada de que bajar los impuestos estimularía el
crecimiento e incrementaría in fine los ingresos públicos, los
Estados europeos han imitado desde 1990 a los Estados Unidos
en una política de rebajas fiscales sistemáticas. Las reducciones
de impuestos y de cotizaciones sociales se multiplicaron
(impuestos de sociedades, impuesto sobre las rentas más
elevadas, impuesto sobre patrimonio, cotizaciones
patronales…), pero su impacto sobre el crecimiento económico
resultó muy dudoso. Estas políticas fiscales anti-redistributivas
agravaron, al mismo tiempo y de manera acumulativa, las
desigualdades sociales y los déficits públicos.
- 26 -
Estas políticas fiscales obligaron a las administraciones
públicas a endeudarse con las familias acomodadas y con los
mercados financieros para financiar los déficits creados de ese
modo. Es lo que podríamos llamar «el efecto jackpot»: con el
dinero ahorrado en los impuestos, los ricos han podido
adquirir los títulos (que generan intereses) de la deuda pública
emitida para financiar los déficits públicos provocados por las
reducciones impuestos… El servicio de la deuda pública en
Francia representa así 40 mil millones de euros por año, casi
tanto como los ingresos del impuesto sobre la renta. Una
proeza que resulta aún más brillante, puesto que de inmediato
se consiguió hacer creer al público que la deuda pública era
culpa de los funcionarios, de los jubilados y de los enfermos.
Así, pues, el crecimiento de la deuda pública en Europa y
en Estados Unidos no es el resultado de políticas keynesianas
expansivas o de políticas sociales dispendiosas, sino más bien
de una política que favorece a las capas privilegiadas: los
«gastos fiscales» (bajadas de impuestos y de cotizaciones
sociales) aumentan la renta disponible de los que menos
necesidades tiene, que de paso pueden incrementar aún más
sus inversiones, en especial en bonos del tesoro, cuyos
intereses se remuneran mediante impuestos obtenidos de todos
los contribuyentes. El resultado es que se ha creado un
mecanismo de redistribución al revés, de las clases populares
hacia las clases acomodadas, a través de la deuda pública, cuya
contrapartida es siempre la renta privada.

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Para rectificar de manera equitativa la situación de las
finanzas públicas en Europa y en Francia planteamos a debate
estas dos medidas:
MEDIDA Nº 12: Recuperar el carácter altamente
distributivo de la fiscalidad directa sobre la renta
(supresión de nichos fiscales, creación de nuevos
tramos y aumento de los tipos del impuesto sobre la
renta…).
MEDIDA Nº 13: Suprimir las exoneraciones concedidas a
las empresas que no tengan efectos suficientes sobre
el empleo.


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FALSA EVIDENCIA Nº 7:
HAY QUE TRANQUILIZAR A LOS MERCADOS
FINANCIEROS PARA PODER FINANCIAR LA DEUDA
PÚBLICA

Considerado a escala mundial, el incremento de las deudas
públicas tiene que analizarse correlativamente con el proceso
de financiarización. Durante los últimos treinta años, gracias a la
total liberalización de la circulación de capitales, las finanzas
han acrecentado de manera considerable su dominio sobre la
economía. Las grandes empresas recurren cada vez menos al
crédito bancario y más a los mercados financieros. Los
particulares ven también que una parte creciente de sus
ahorros se deriva hacia los mercados financieros para sus
jubilaciones, a través de los distintos productos de inversión, o
incluso en determinados países a través de la financiación de
su vivienda (préstamos hipotecarios). Los gestores de carteras
que tratan de diversificar los riesgos buscan títulos públicos
como complemento de los títulos privados. No tenían
dificultad en encontrarlos en los mercados, ya que los
gobiernos llevaban políticas similares que conducían a un auge
de los déficits: elevados tipos de interés, disminución de
impuestos centrada en las rentas altas, masivas incitaciones al
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ahorro financiero de los particulares para complementar las
pensiones de jubilación mediante capitalización, etcétera.
En el ámbito de la U.E. la financiarización de la deuda
pública se ha incluido en los tratados: desde Maastricht, los
Bancos Centrales tienen prohibido financiar directamente a los
Estados, que deben encontrar préstamos en los mercados
financieros. Esta «represión monetaria» acompaña a la
«liberalización financiera» y supone justo el proceso contrario a
las políticas adoptadas después de la gran crisis de los años
1930, de «represión financiera» (restricciones drásticas a la
libertad de acción de las finanzas) y de «liberalización
monetaria» (con el patrón oro). Se trata hoy de someter a los
Estados, a los que se supone que malgastan demasiado por
naturaleza, a la disciplina de los mercados financieros a los que
se supone, también por naturaleza, eficientes y omniscientes.
Como resultado de esta opción doctrinaria, el Banco
Central Europeo ya no tiene derecho a suscribir directamente
las emisiones de renta fija pública de los Estados europeos.
Privados de la garantía de poder financiarse a través del Banco
Central, los países del sur han sido así víctimas de ataques
especulativos. Es verdad que desde hace unos cuantos meses,
después de haberse negado reiteradamente en nombre de una
ortodoxia sin fisuras, el BCE adquiere obligaciones de los
Estados a tipos de interés de mercado para calmar las tensiones
en el mercado europeo de renta fija. Pero nada nos dice que
bastará con esta medida si la crisis de la deuda se agrava y lo
tipos de interés de mercado se disparan al alza. En ese caso
- 30 -
podría ser difícil mantener esa ortodoxia monetaria
desprovista de fundamentos científicos serios.

Para buscar soluciones al problema de la deuda pública
planteamos el debate de las dos siguientes medidas:
MEDIDA Nº 14: Autorizar al Banco Central Europeo a
financiar de manera directa a los Estados (o a
imponer a la banca comercial que suscriba la emisión
de obligaciones públicas) a tipos de interés bajos,
aliviando de esa manera la presión que ejercen sobre
ellos los mercados financieros.
MEDIDA Nº 15: Si fuera necesario, reestructurar la deuda
pública; por ejemplo, limitando el servicio de la
deuda pública a un determinado tanto por ciento del
PIB, y discriminando entre los acreedores según el
volumen de los títulos que detenten: los mayores
acreedores (particulares o instituciones) tendrían que
prolongar sensiblemente el perfil de amortización de
la deuda, incluso conceder anulaciones parciales o
totales. Es preciso también renegociar los tipos de
interés exorbitantes de los títulos emitidos por los
países que desde la crisis han atravesado grandes
dificultades.


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FALSA EVIDENCIA Nº 8:
LA UNIÓN EUROPEA DEFIENDE EL MODELO SOCIAL
EUROPEO

La construcción europea se nos presenta como una
experiencia ambigua. Coexisten dos visiones de Europa que no
se atreven a enfrentarse abiertamente. Para los
socialdemócratas Europa tendría que haber asumido el
objetivo de promover el modelo social europeo, fruto del
compromiso social posterior a la segunda guerra mundial, con
su protección social, sus servicios públicos y sus políticas
industriales. Tendría que haber constituido una muralla frente
a la globalización liberal, un medio de proteger, de hacer vivir
y progresar ese modelo. Europa habría tenido que defender
una visión específica de la organización de la economía
mundial: la globalización regulada por organismos de
gobernanza mundial. Habría tenido que permitir a los países
miembros que mantuvieran un nivel elevado de gasto público
y de redistribución, protegiendo su capacidad de financiarlos
mediante la armonización de la fiscalidad sobre las personas,
las empresas y las rentas del capital.
Sin embargo, Europa no ha querido asumir su
especificidad. La actual visión dominante en Bruselas y en el
seno de la mayoría de los gobiernos nacionales es, por el
- 32 -
contrario, la de una Europa liberal, cuyo objetivo es adaptar las
sociedades europeas a las exigencias de la globalización: la
construcción europea es la ocasión para cuestionar el modelo
social europeo y para desregular la economía. La preeminencia
del derecho de la competencia sobre las reglamentaciones
nacionales y sobre los derechos sociales en el mercado único
permite introducir más competencia en los mercados de bienes
y servicios, permite disminuir la importancia de los servicios
públicos y organizar la competencia entre los trabajadores
europeos. Una vez establecido un sistema de competencia
social y fiscal, se redujeron los impuestos, en especial sobre las
rentas del capital y las empresas (las «bases móviles»), y se
aumentó la presión sobre los gastos sociales. Los tratados
garantizan cuatro libertades fundamentales: la libre circulación
de personas, de mercancías, de servicios y de capitales. Pero
lejos de limitarse al mercado interior, la libertad de circulación
de capitales se ha concedido a los inversores del mundo entero,
sometiendo así al tejido productivo europeo a los imperativos
de valoración de los capitales internacionales. La construcción
europea se revela como un medio para imponer a los pueblos
reformas neoliberales.
La organización de la política macroeconómica
(independencia del Banco Central Europeo frente a lo político,
Pacto de estabilidad) está marcada por la desconfianza hacia
los gobiernos democráticamente elegidos. Se trata de privar a
los países de cualquier autonomía en materia de política
monetaria, al igual que en materia presupuestaria. Hay que
alcanzar el equilibrio presupuestario, y con ello se destierra
- 33 -
cualquier política discrecional de relanzamiento, para permitir
tan sólo el juego de la «estabilización automática». No se ha
puesto en marcha en el ámbito europeo ninguna política
coyuntural común, no se ha definido ningún objetivo común
en términos de crecimiento o de empleo. Las diferencias de
situación entre los países no se tienen en cuenta, ya que el
pacto no se interesa ni por las tasas de inflación ni por los
déficits exteriores nacionales; los objetivos de las finanzas
públicas no tienen en cuenta las situaciones económicas
nacionales.
Las instancias europeas han tratado de impulsar reformas
estructurales (mediante las Grandes orientaciones de políticas
económicas, el Método abierto de coordinación o la Agenda de
Lisboa) con un éxito muy desigual. Su modo de elaboración no
era ni democrático ni movilizador, su orientación liberal no se
correspondía obligatoriamente con las políticas decididas a
nivel nacional, que tienen en cuenta las relaciones de fuerzas
existentes en cada país. Esta línea de actuación tampoco ha
conseguido a continuación los éxitos espectaculares que la
habrían legitimado. En consecuencia, el movimiento de
liberalización económica ha sido cuestionado (fracaso de la
directiva Bolkestein); algunos países han tenido la tentación de
nacionalizar su política industrial, mientras que la mayoría se
oponía a la europeización de sus políticas fiscales o sociales. La
Europa social se ha quedado en papel mojado, sólo la Europa
de la competencia y de las finanzas se ha consolidado
realmente.
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Para que Europa pueda promover de veras un modelo
social europeo, planteamos dos medidas para el debate:
MEDIDA Nº 16: Poner en cuestión la libre circulación de
capitales y de mercancías entre la Unión Europea y el
resto del mundo, negociando acuerdos multilaterales
o bilaterales si es necesario.
MEDIDA Nº 17: En lugar de la política de competencia,
hacer que sea la «armonización en el progreso» el hilo
conductor de la construcción europea. Poner en
marcha objetivos comunes de alcance obligatorio
tanto en materia de progreso social como en materia
macroeconómica (GOPS, grandes orientaciones de
política social).


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FALSA EVIDENCIA Nº 9:
EL EURO ES UN ESCUDO CONTRA LA CRISIS

El euro tendría que haber sido un factor de protección
contra la crisis financiera mundial. Después de todo, la
supresión de toda incertidumbre sobre los tipos de cambio
entre monedas europeas ha eliminado un factor capital de
inestabilidad. Sin embargo, no ha sido así: Europa está siendo
afectada de manera más dura y más prolongada por la crisis
que el resto del mundo. Esto tiene que ver con las propias
modalidades de construcción de la unión monetaria.
Desde 1999 la zona euro ha conocido un crecimiento
económico relativamente mediocre y, al mismo tiempo, un
incremento de las divergencias entre los Estados miembros en
términos de crecimiento, de inflación, de paro y de
desequilibrios exteriores. El marco de la política económica de
la zona euro, que tiende a imponer políticas macroeconómicas
semejantes a países en situaciones distintas, ha aumentado las
disparidades de crecimiento entre los Estados miembros. En la
mayoría de los países, en especial en los más grandes, la
introducción del euro no ha provocado la prometida
aceleración del crecimiento. En otros, ha habido crecimiento
pero al precio de desequilibrios difícilmente sostenibles. La
rigidez monetaria y presupuestaria, reforzada por el euro, ha
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permitido que todo el peso de los ajustes recaiga sobre el
trabajo. Se ha promovido la flexibilidad y la austeridad salarial,
se ha reducido la parte de los salarios en la renta total, han
crecido las desigualdades.
Esta carrera, digamos social, la ha ganado Alemania, que
ha sabido librarse de importantes excedentes comerciales en
detrimento de sus vecinos y, sobre todo, de sus propios
asalariados, al imponer un descenso del coste del trabajo y de
las prestaciones sociales, lo que le ha otorgado una ventaja
comercial con relación a sus vecinos, que no han podido tratar
a sus trabajadores con tanta dureza. Los excedentes
comerciales alemanes pesan en el crecimiento de los demás
países. Los déficits presupuestarios y comerciales de los unos
no son más que la contrapartida de los excedentes de los
otros… Los Estados miembros no han sido capaces de definir
una estrategia coordinada.
La zona euro tendría que haberse visto menos afectada que
los Estados Unidos o el Reino Unido por la crisis financiera.
Los particulares están claramente menos implicados en los
mercados financieros, que, a su vez, son menos sofisticados.
Las finanzas públicas estaban en mejor situación: el déficit
público del conjunto de los países de la zona era del 0,6% del
PIB en 2007, frente a cerca del 3% en Estados Unidos, el Reino
Unido o Japón. Pero la zona euro sufría peligrosos
desequilibrios: los países del norte (Alemania, Austria,
Holanda, países escandinavos) limitaban sus salarios y sus
demandas internas, y acumulaban excedentes exteriores,
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mientras que los países periféricos (España, Grecia, Irlanda)
experimentaban un crecimiento vigoroso impulsado por tipos
de interés débiles en relación con la tasa de crecimiento y, al
mismo tiempo, acumulaban déficits exteriores.
Mientras que la crisis financiera surgió en Estados Unidos,
este país trató de poner en marcha una auténtica política de
relanzamiento presupuestario y monetario, al tiempo que
iniciaba un movimiento de regulación financiera. Europa, por
el contrario, no ha sabido comprometerse en una política lo
bastante reactiva. Entre 2007 y 2010 el impulso presupuestario
ha sido del orden de 1,6 puntos del PIB en la zona euro; de 3,2
puntos en el Reino Unido; de 4,2 puntos en Estados Unidos. La
pérdida de producción debida a la crisis ha sido claramente
más intensa en la zona euro que en Estados Unidos. El
aumento de los déficits en la zona euro ha sido soportado, no
ha sido el resultado de una política activa.
Al mismo tiempo, la Comisión ha seguido abriendo
procedimientos por déficit excesivo a los Estados miembros, de
manera que a mediados de 2010 prácticamente todos los
Estados de la zona estaban sometidos a ellos. Y ha exigido a los
Estados miembros que se comprometan a situarse antes de
2015 o 2014 por debajo del listón del 3%, independientemente
de la evolución económica. Las instancias europeas han
continuado reclamando políticas salariales restrictivas y que se
modificaran los sistemas públicos de jubilación y de sanidad,
con el evidente riesgo de hundir al continente en la depresión y
de incrementar las tensiones entre los países. Esta ausencia de
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coordinación, y de manera aún más fundamental la ausencia
de un auténtico presupuesto europeo que permita la
solidaridad efectiva entre los Estados miembros, han incitado a
los operadores financieros a volverle la espalda al euro, incluso
a especular abiertamente contra él.

Para que el euro pueda realmente proteger a los
ciudadanos europeos de la crisis planteamos a debate tres
medidas:
MEDIDA Nº 18: Asegurar una auténtica coordinación de
las políticas macroeconómicas y una reducción
concertada de los desequilibrios comerciales entre
países europeos.
MEDIDA Nº 19: Compensar los desequilibrios de pagos en
Europa mediante un organismo que regularía los
préstamos entre países europeos.
MEDIDA Nº 20: Si la crisis del euro llegara hasta su
estallido y desaparición, y mientras no se estableciera
un sistema presupuestario europeo (cf. infra),
establecer un régimen monetario intraeuropeo
(moneda común de tipo «bancor») que organice la
reabsorción de los desequilibrios de las balanzas
comerciales en el seno de Europa.


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FALSA EVIDENCIA Nº 10:
LA CRISIS GRIEGA HA PERMITIDO POR FIN AVANZAR
HACIA UN GOBIERNO ECONÓMICO Y UNA VERDADERA
SOLIDARIDAD EUROPEA

Desde mediados de 2009 los mercados financieros han
empezado a especular con las deudas de los países europeos.
Globalmente, la fuerte alza de las deudas y de los déficits
públicos a escala mundial no ha entrañado (todavía) alzas
prolongadas de los tipos: los operadores financieros estiman
que los bancos centrales mantendrán mucho tiempo los tipos
monetarios reales a un nivel cercano a cero, y que no hay
riesgo de inflación ni de quiebra de un país grande. Pero los
especuladores han percibido los fallos de la organización de la
zona euro. Mientras que los gobiernos de los demás países
desarrollados pueden en cualquier momento financiarse
mediante su banco central, los países de la zona euro han
renunciado a tal posibilidad y dependen totalmente de los
mercados para financiar sus déficits. En consecuencia, la
especulación se ha desencadenado contra los países más
frágiles de la zona: Grecia, España, Irlanda.
Las instancias europeas y los gobiernos han tardado en
reaccionar, puesto que no querían dar la impresión de que los
países miembros tenían derecho a un apoyo sin límites por
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parte de sus socios y querían sancionar a Grecia, culpable de
haber disfrazado –con la colaboración de Goldman Sachs– la
amplitud de su déficit. No obstante, en mayo de 2010 el BCE y
los países miembros han tenido que crear con urgencia un
fondo europeo de estabilidad financiera para indicarle a los
mercados que estaban dispuestos a aportar ese apoyo sin
límites al país amenazado. En contrapartida, éstos han tenido
que anunciar programas de austeridad presupuestaria sin
precedentes, que los van a condenar a corto plazo al retroceso
de su actividad económica y a un largo periodo de recesión.
Bajo la presión del FMI y de la comisión Europea, Grecia tiene
que privatizar sus servicios públicos, y España flexibilizar su
mercado de trabajo. Incluso Francia y Alemania, que no sufren
ataques especulativos, han anunciado medidas restrictivas.
Sin embargo, la demanda, globalmente, no es en modo
alguno excesiva en Europa. La situación de las finanzas
públicas es mejor que la de Estados Unidos o Gran Bretaña,
permitiendo márgenes de maniobra presupuestaria. Hay que
reabsorber los desequilibrios de manera coordinada: los países
con excedentes del norte y del centro de Europa deben
emprender políticas expansivas –alzas salarias, gastos
sociales…– para compensar las políticas restrictivas de los
países del sur. Globalmente, la política presupuestaria no debe
ser restrictiva en la zona euro, puesto que la economía europea
no se acerca con velocidad satisfactoria al pleno empleo.
Pero los partidarios de las políticas presupuestarias
automáticas y restrictivas en Europa están hoy,
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desgraciadamente, reforzados. La crisis griega permite que se
olviden los orígenes de la crisis financiera. Los que han
aceptado sostener financieramente a los países del sur quieren
imponer como contrapartida un endurecimiento del Parto de
estabilidad. La Comisión y Alemania quieren imponer a todos
los países miembros que inscriban el objetivo de presupuesto
equilibrado en sus constituciones, y vigilar sus políticas
presupuestarias por comités de expertos independientes. La
Comisión quiere imponer a los países una larga cura de
austeridad para regresar a una deuda pública inferior al 60%
del PIB. Si hay algún avance hacia un gobierno económico
europeo es hacia un gobierno que, en lugar de escapar del
cerco de los mercados financieros, va a imponer la austeridad y
a profundizar las «reformas» estructurales en detrimento de las
solidaridades sociales en el interior de cada país y entre los
países de la Unión.
La crisis ofrece a las élites financieras y a las tecnocracias
europeas la tentación de poner en práctica una «estrategia de
choque», aprovechando la crisis para radicalizar la agenda
neoliberal. Pero esta política tiene pocas posibilidades de éxito:
- La disminución de los gastos públicos comprometerá el
esfuerzo necesario a escala europea para sostener los
gastos del porvenir (investigación, educación, política
familiar), para ayudar a la industria europea a
mantenerse y a invertir en los sectores de futuro
(economía verde).
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- La crisis permitirá imponer fuertes reducciones de los
gastos sociales, objetivo incansablemente perseguido por
los partidarios de neoliberalismo, con el riesgo de
comprometer la cohesión social, de reducir la demanda
efectiva, de empujar a los particulares a ahorrar para su
jubilación y su sanidad y ponerlas en manos de unas
instituciones financieras que son las responsables de la
crisis.
- Los gobiernos y las instancias europeas se niegan a
organizar la armonización fiscal que permitiría el
necesario aumento de los impuestos al sector financiero,
a los patrimonios importantes y a las rentas elevadas.
- Los países europeos instauran de manera duradera
políticas presupuestarias restrictivas que van a ser un
lastre que impida el crecimiento. Los ingresos fiscales
caerán. Además, el balance de las cuentas públicas
apenas mejorará, las ratios de deuda se verán
degradadas y los mercados no se sentirán tranquilizados.
- Los países europeos, como consecuencia de la diversidad
de sus culturas políticas y sociales, no han podido
plegarse todos a la disciplina de hierro impuesta por el
tratado de Maastricht; tampoco se plegarán todos al
reforzamiento de esa disciplina que ahora se está
poniendo en marcha. El riesgo de desencadenar una
dinámica generalizada de repliegue sobre sí mismos es
real.

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Para avanzar hacia un auténtico gobierno económico y una
solidaridad europea, planteamos a debate dos medidas:
MEDIDA Nº 21: Desarrollar una fiscalidad europea (tasa
carbono, impuestos sobre los beneficios…) y un
auténtico presupuesto europeo para ayudar a la
convergencia de las economías y tender hacia la
homogeneización de las condiciones de acceso a los
servicios públicos y sociales en los diversos Estados
miembros, tomando como base las mejores prácticas.
MEDIDA Nº 22: Poner en marcha un vasto plan europeo,
financiado por suscripción pública a tipos de interés
bajos pero garantizados y/o mediante emisiones
monetarias del BCE, para avanzar en el compromiso
de la reconversión ecológica de la economía europea.


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CONCLUSIÓN:
DEBATIR LA POLÍTICA ECONÓMICA, TRAZAR CAMINOS
PARA REFUNDAR LA UNIÓN EUROPEA

Europa se ha construido desde hace tres décadas sobre una
base tecnocrática que excluye a los ciudadanos del debate de la
política económica. La doctrina neoliberal, que descansa en la
hipótesis hoy indefendible de la eficacia de los mercados
financieros, tiene que ser abandonada. Hay que volver a abrir
el espacio de las políticas posibles y debatir propuestas
alternativas y coherentes, que contengan el poder de las
finanzas y organicen la armonización en el progreso de los
sistemas económicos y sociales europeos. Eso supone la
mutualización de importantes recursos presupuestarios,
liberados por el desarrollo de una fiscalidad europea altamente
redistributiva. Es necesario también liberar a los Estados de la
presión de los mercados financieros. Sólo así podrá el proyecto
de construcción europea esperar la recuperación de una
legitimidad popular y democrática de la que hoy día carece.
Evidentemente, no es realista imaginar que 27 países van a
decidir al mismo tiempo llevar a cabo una ruptura semejante
en el método y los objetivos de la construcción europea. La
Comunidad Económica Europea empezó con seis países: la
refundación de la Unión Europea necesitará también, en un
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comienzo, el acuerdo entre algunos países que desean explorar
vías alternativas. A medida que se hagan evidentes las
consecuencias desastrosas de las políticas adoptadas hoy día, el
debate sobre las alternativas se extenderá por todas partes en
Europa. Las luchas sociales y los cambios políticos se darán a
un ritmo diferente según los países. Algunos gobiernos
nacionales tomarán decisiones innovadoras. Los que así lo
quieran tendrán que adoptar cooperaciones reforzadas para
tomar medidas audaces en materia de regulación financiera, de
política fiscal o social. Mediante propuestas concretas le
tenderán la mano a los demás pueblos para que se unan al
movimiento.
Por eso es por lo que nos parece importante esbozar y
plantear el debate, desde ahora mismo, de las grandes líneas de
políticas económicas alternativas que harán posible esa
refundación de la construcción europea.


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NOTA A LA EDICIÓN EN ESPAÑOL
ADHESIONES AL MANIFIESTO DE ECONOMISTAS
ATERRADOS

Hasta el 22 de enero de 2011, el Manifiesto de economistas
aterrados ha sido firmado por 3.095 economistas y otros
profesionales cuya relación nominal completa puede
encontrarse en:
http://economistes-atterres.blogspot.com/2010/09/manifest-des-
economistes-atterres.html