EDITORIAL

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DOMINGO 26 DE AGOSTO DE 2007

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El Siglo de Torreón

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El fortalecimiento del rol docente
ROLANDO CRUZ

Control vs. mercado
LUIS RUBIO

A

l analizar los discursos tradicionales sobre el desempeño de los profesores y la importante función que desarrollan, se destaca la agotada disertación basada en el reconocimiento meramente retórico de la importancia del trabajo de los educadores, ya que existe una disociación entre reconocer la importancia de los docentes por un lado y por otro la evidente ausencia de los mismos en la participación de la gestión escolar, en el mejoramiento de los procesos educativos de las escuelas o en la propia formación de los profesores; finalmente nunca se les toma en cuenta. Dicha disociación tiene dimensiones muy significativas, básicamente en las políticas de ajuste presupuestal, que han producido un descenso muy importante en la inversión educativa y desgraciadamente la principal variable de ajuste ha sido el salario de los docentes; dicha restricción lo que provoca es desmoralización, abandono de la profesión, ausentismo, búsqueda de otros empleos, etc. Lo anterior, indudablemente que impacta de forma negativa en la calidad de la educación ofrecida a la población y este problema se agrava cada vez más, por lo que no es posible mantener el doble discurso del reconocimiento retórico hacia el profesorado y el deterioro real de las condiciones de vida de miles de maestros en México. El otro discurso tradicional es el que sostiene que los docentes son las víctimas del sistema educativo (por las pésimas condiciones en las que trabajan) o son culpables de los malos resultados (por el deplorable trabajo que realizan). ¿Usted, estimado lector, con cuál postura se queda? Un tercer enfoque, elaborado a partir de investigaciones serias, explica el rendimiento escolar como aquél en el que se subestima significativamente el papel del docente, según el cual el profesor no es víctima ni culpable, simplemente es poco importante. Este último enfoque sostiene que las estrategias de transformación educativa deben priorizar factores distintos al docente: los libros de texto, el equipamiento, los tiempos de aprendizaje, los enfoques educativos, los planes y programas de estudio, etc. Es

sorprendente constatar que de las seis líneas de cambio educativo postuladas por el Banco Mundial, en fechas recientes, ninguna de ellas se refiere a los maestros, a su selección, a su formación, a la supervisión escolar o la participación de los mismos en las reformas. En contraposición a lo anteriormente descrito, es importante recordar el informe Delors sobren educación para el siglo XXI, que define como uno de sus objetivos centrales el de aprender a aprender, lo que supone un cambio importante en las metodologías de enseñanza y en el papel del docente como guía, como modelo y como punto de referencia del proceso de aprendizaje. El actor principal de este nuevo enfoque es el alumno, pero requiere de una guía experta y de un medio ambiente estimulante, que sólo el docente y la escuela pueden ofrecer. Bajo estas perspectivas ya no es posible movilizar a los docentes con meros reconocimientos simbólicos, ni cerrarse en mutuas acusaciones, ni desconocer la importancia de su papel en el proceso de aprendizaje. En este debate subyacen tensiones que adquieren significados diferentes en contextos sociales, económicos y culturales distintos. Respecto a la masificación y diversificación de la profesión docente, Juan Carlos Tedesco (OIE-UNESCO 1996) establece que el papel de los docentes no está separado del papel de la educación en la sociedad, destacando la enorme dimensión que esta última ha alcanzado (cincuenta millones de personas en el mundo se dedican a la enseñanza) esta expansión está asociada a una profunda diferenciación interna, en cuanto al ejercicio profesional, a los distintos tipos de actividad, al trabajo áulico, a la gestión, la supervisión, la atención especializada etc. Además de estar asociada a la pérdida de prestigio y a la distinta valoración que los propios docentes dan a su trabajo. Para analizar los problemas y las estrategias de acción de esta compleja situación que resulta de la masificación de la profesión docente, es útil revisar la secuencia a través de la cual se construye un profesor: al momento de la elección de la profesión docente, se ha com-

probado que ésta ha perdido la capacidad de atraer jóvenes talentosos y se constituye actualmente como una actividad transitoria, en espera de empleos más prestigiosos. En la mayoría de los países se coincide en que la enseñanza es una actividad poco atrayente socialmente hablando, no muchos quieren ser maestros, entre los factores que explican este fenómeno está el deterioro salarial, el bajo reconocimiento social, el perfil bajo de personalidad, etc. La formación inicial conlleva que, en esta fase el problema sea más significativo por la enorme separación que existe entre la formación recibida y las exigencias de un desempeño eficaz e innovador, ya que la mayoría de los programas de formación inicial está muy alejada de los problemas reales que el docente debe resolver en su práctica cotidiana, particularmente con alumnos socialmente desfavorecidos. En la carrera profesional las perspectivas dentro de la docencia son limitadas ya que gran parte de los puestos destinados a satisfacer nuevas funciones es ocupada por profesionistas de distintas áreas y la promoción normalmente está asociada al abandono de la actividad para la cual (en teoría) es más competente; el buen docente (en el supuesto caso de que lo sea) debe abandonar la clase para ser director o supervisor, función más ligada a lo administrativo que al apoyo del proceso de enseñanza-aprendizaje. Lo que esto significa es una pérdida de la experiencia acumulada tanto para el docente como para la institución. Por otro lado existe la idea de ascender a través de los estudios de posgrado, en una franca “credencialitis” que en nada aporta a la mejora en la calidad educativa. En cuanto a la participación en las decisiones fundamentales de las instituciones, se ha demostrado que el grado de participación de los docentes es casi nulo y el maestro es prácticamente ignorado, además de existir una apatía generalizada para participar de manera activa en la toma de decisiones. ¿Bajo estas condiciones, cómo fortalecer el rol de los profesores? Agradezco sus comentarios a: rolexmix@hotmail.com

E

l discurso en torno a la llamada reforma del Estado es poderoso y atractivo. Lamentablemente en las propuestas que se han presentado hay, como elemento común, un total desprecio por el funcionamiento de los mercados. En lugar de alentar oportunidades interesantes de desarrollo político, profundizar la democracia y articular un esquema institucional propicio para el desarrollo de un mejor sistema de Gobierno, lo único que se busca a toda costa es el control. El divorcio entre el desarrollo económico y la nueva institucionalidad política propuesta es patente. Evidentemente, las propuestas de los diversos partidos políticos no son iguales ni parten de las mismas premisas. Cada uno ha articulado una oferta que, seguramente, concilia las corrientes partidistas internas y expresa un consenso entre sus distintos factores de poder. En dichas propuestas se puede apreciar la visión sobre sus expectativas y la percepción acerca de las posibilidades para el futuro mediato. Lo patente, sin embargo, es que no existe congruencia entre esas propuestas y el cambiante entorno económico que caracteriza al mundo en que vivimos. La propuesta del PRI muestra una dualidad que no acaba por resolverse. Parece claro que los priistas no han decidido si apostar por la recuperación de la Presidencia o encumbrarse en el Poder Legislativo. Algunas de sus propuestas parten del reconocimiento de un poder presidencial minado a causa de la división de poderes característica del país de hoy, razón por la cual plantean el fortalecimiento del Poder Ejecutivo como un factor imperativo para el desarrollo de un mejor sistema de Gobierno. Por otro lado, proponen una serie de medidas que buscan afianzar al partido en el Poder Legislativo y darle una capacidad de control sobre la toma de decisiones del presidente. Visto desde lejos, no cabe duda que hay un deseo de recomponer la estructura del poder en el país, pero sin perder la posibilidad de llegar a la Presidencia o en su defecto, controlarla desde afuera. Parece poco probable que ambos objetivos sean consistentes entre sí, por lo que su propuesta es fundamentalmente pesimista y

quizá, por ello más institucional (podría lograr un equilibrio aunque ése no sea su propósito), no por diseño sino como consecuencia de su propio entuerto. La propuesta del PRD es también titubeante, pero de otra manera. Por un lado, destaca la expectativa (¿será esperanza?) de ganar el Poder Ejecutivo en la próxima vuelta (lo que les llevaría a conferirle amplios poderes a la Presidencia). Al mismo tiempo, es perceptible la duda de si no sería mejor desarrollar un sistema institucional. Como los priistas, el PRD parece ofrecer una visión que refleja la duda de lo que será posible, de dos expectativas contrastantes, pero con una diferencia fundamental: el PRD no tiene duda sobre su interés en la Presidencia, cree que es factible y por ello invierte sus esfuerzos en fortalecer más al Poder Ejecutivo. Irónicamente, el PAN es el partido con la propuesta menos clara y acabada. Aunque por décadas los panistas propusieron esquemas de desarrollo institucional que el PRI nunca atendió, sus planteamientos reflejan una acusada ambivalencia. Por un lado, es evidente su ánimo de proteger y arropar al presidente surgido de su partido; por otro, la agenda tradicional del PAN apuesta por una mayor institucionalidad democrática. Es posible que esa ambivalencia se agudice por la lucha existente al interior del partido: entre la agenda social que para muchos panistas parece trascender el mundo terrenal y la agenda del poder que requiere la toma de decisiones y su ejecución en la vida real. También es posible que, en su calidad de partido en el Gobierno, el PAN haya optado por un conjunto de propuestas que hagan posible la convergencia de los otros dos partidos en un proyecto de reforma común. Lo que ninguno de los partidos contempla en sus propuestas y preocupaciones es el desarrollo de los mercados y de la economía en general. Por supuesto, su objetivo es reorganizar las estructuras institucionales del poder en el país tras la caída del viejo presidencialismo y eso quizá explique su concentración en temas propios del Gobierno y del poder. Pero uno tiene que preguntarse cuál es o debe ser, el objetivo del Gobierno y de la organización del poder sino la creación de un entorno apro-

piado y propicio para el desarrollo económico que es, a final de cuentas, lo único que importa para el 99% de los mexicanos. De hecho, no hay una preocupación por los temas de desarrollo económico, además de que destaca una perceptible y acusada nostalgia por los viejos esquemas de desarrollo iniciados, promovidos y controlados por el Gobierno. Esa nostalgia por la rectoría económica y por sus instrumentos terrenales son preocupantes, porque vienen asociados con mecanismos de colusión, ausencia de transparencia y una cultura de “consenso” que no es otra cosa que un contubernio entre el Gobierno o sus personeros y aquellos sindicatos o empresarios interesados en obtener prebendas y excepciones en vez de atender al consumidor y competir con calidad y precio por su preferencia. Es decir, las propuestas presentadas hasta el momento no sólo no convergen con las exigencias de una economía moderna que requiere de menos obstáculos, mejores condiciones para operar y un marco de reglas estables y confiables, sino que evidencian un fuerte sesgo anti-mercado. Es posible extrapolar las propuestas de reforma institucional al ámbito de la regulación económica e imaginar un escenario en el que se privilegia el endeudamiento sobre el acceso al mercado de capitales para el desarrollo de las empresas. Ese mismo prejuicio llevaría de inmediato a impedir que, por ejemplo, las Afores invirtieran en el mercado de valores, lo que dificultaría que el sistema de ahorro para el retiro optimizara los rendimientos para contar con fondos suficientes para un retiro digno. La toma racional de riesgo, que es la esencia de los mercados y de la inversión productiva, choca con la lógica abrumadora del control. Puesto en otros términos, las propuestas de reforma del Estado muestran que no hay preocupación por el desempeño de la economía y en todo caso, que prevalece un desprecio por las realidades económicas de nuestro tiempo. En lugar de preocuparse por el desarrollo del país, las propuestas manifiestan una obsesión por el poder y el mantenimiento del statu quo. De avanzar por ese camino, podemos estar seguros que no lograremos ni la institucionalidad ni el desarrollo.

RELATOS DE ANDAR Y VER
ERNESTO RAMOS COBO

La otra devastación de Dean
JORGE ZEPEDA PATTERSON

Ellas
E
se viaje que hicimos es ahora como un espejismo, una fracción de tiempo detenida y difusa. Probablemente no ocurrió, nada fue cierto, mas prefiero aferrarme a la sospecha de que sí las vimos (que estuvimos frente a ellas) y que las dudas de ahora son trampas que nos pone la memoria. No sé qué ha pasado. Ahora intentamos recordarlas desde la nostalgia hasta que la noche silenciosa nos devora. Entonces dormimos vapuleados por el tiempo. Creo recordar (difusamente) que tardamos algunos días en llegar a donde viven. Tuvimos que tomar un autobús nocturno, descender por las montañas y cruzar el Mar de Cortés en esa embarcación oxidada que quisimos como propia; incluso le arrojamos pan a las gaviotas que nos acompañaban. La perezosa y desértica península se acercó después a regalarnos el muelle. Bajamos con un rumor apresurado importándonos poco dónde pasar la noche. ¿Tú crees que las veamos? Ignoro el nombre de esa playa donde pasamos algunos días. Recuerdo sólo clavándose en mi piel las uñas de las campanas de la iglesia y que tú despertabas lentamente y que te perdías silenciosa playa abajo. Caminando hermosa por la playa, solitaria y hermosa, la espuma del mar bañaba tus rodillas. ¿Recuerdas que esa noche, al llegar a la posada, de tu cuello se comenzaron a caer mis manos quietamente? ¿Recuerdas los lejanos ladridos nocturnos? Estábamos ya cerca. Y tú sólo hablabas de ellas y de la forma en que alimentan a sus crías. Fuimos a verlas a una laguna azul de un horizonte alargado. En ese pequeño bote perseguimos sus confusas huellas durante el día entero, con la sensación de sumirnos a un tiempo íntimo y detenido, del cual ahora percibo su lejano esfumarse. Atardeció al regresar a tierra y tú sólo hablabas del color del cielo. La vastedad de la laguna permanecía allí, entre el desierto y el salar y las montañas de ese viaje concluyendo. Tuvimos todavía una noche de caricias, de sueño quieto, de paredes de adobe y por la mañana de viento. ¿Cuántas gaviotas alejaron su blancura de la cubierta del barco a nuestro regreso? ¿Dónde, en el pasado, habrá quedado ése nuestro viaje? Recuerdo sus manos: blancas, en un equilibrio delgado, recargadas en la cubierta y jugando con un trozo de tela; recuerdo la península alejándose lentamente. Había a su alrededor sol y todos los soles y el mar y todo el color del océano dando giros sobre ella. Aún ahora las seguimos recordando por las noches. Aferrados juntos a las trampas que quisiera ponernos la memoria. ramoscobo@hotmail.com

E

l paso del Huracán Dean no sólo dejó una estela de desolación a su paso por diez entidades de la geografía nacional. También constituyó una especie de tomografía de la sociedad mexicana, radiografía que revela un panorama preocupante en asuntos tan distintos como la política y el periodismo. Felipe Calderón abandonó su gira por Canadá, para montarse en la cola de Dean y recorrer personalmente tierras y calles devastadas. Durante dos días los medios de comunicación nos inundaron con la imagen de un Felipe con pantalones arremangados y cachucha militar enfundada, hablando con damnificados, ofreciendo consuelo, manoteando al aire para proferir órdenes perentorias a funcionarios y empleados azorrillados. En una menor escala, como una copia en pequeño, cada gobernador hizo lo propio en sus respectivas entidades. Las tragedias de grandes proporciones se han convertido en un asunto incómodo para los políticos y sus carreras. George W. Bush debe una porción importante de su impopularidad a la negligencia con que reaccionó ante la inundación de Nueva Orleans cuando fue azotada por el huracán Katrina. El desdén casi criminal que el presidente estadounidense mostró y la factura política que ha pagado desde entonces, se han convertido en una moraleja de la que han tomado nota todos los mandatarios del mundo. En ese sentido, puede entenderse la urgencia de Calderón para “mojarse” en la trinchera y dejarse inundar por el drama personal de las víctimas. De alguna forma tenía que hacerlo para evitar la crítica fácil que lo habría acribillado de haberse quedado

en Canadá. Tampoco puedo descartar el alivio que debe significar para una familia que ha perdido todo poder hablar con el presidente (aunque la mayoría de las veces sirva para nada). Pero el problema con este tipo de giras “solidarias”, es que terminan por convertir la tragedia ajena en mera escenografía política. Hay un uso propagandístico cuestionable pues convierte el dolor de los otros en un montaje para medrar políticamente. En Veracruz, que tendrá elecciones el próximo domingo, el abuso fue escandaloso. La clase política local hizo del drama de los damnificados una extensión de las campañas electorales. Bolsas de despensa descargadas por los programas de ayuda federal, fueron reempaquetadas en plásticos rojos para asociarlos al color y la tipografía de la campaña priista. En la gira presidencial por la entidad los organizadores intentaron saltarse comunidades con predominio perredista sin considerar la gravedad de los daños sufridos; en un acto de la gira, el Estado Mayor tuvo que quitar una manta colocada detrás del estrado que rezaba “Fidel Veracruz” (en clara alusión a uno de los lemas de campaña). Tendríamos que preguntarnos si el presidente y los gobernadores no serían más productivos en estas coyunturas concentrados en las “cabinas de mando” para orquestar a las distintas oficinas involucradas, para desatorar los trámites, para tomar decisiones estratégicas. Hacer visita de campo es loable, pero tiene más resultados publicitarios que prácticos. Después de todo, las zonas dañadas son tan amplias que los mandatarios terminan visitando simplemente un

botón de muestra. Pero son visitas que tienen un costo de oportunidad. Mientras están allí, carecen de la visión de conjunto y peor aún, quitan el tiempo a los responsables de las oficinas decisivas. Y es que los directores de las distintas áreas tienen que hacer de coro y dama de compañía del jefe de Gobierno. En Quintana Roo vimos a la titular de la Secretaría de la Sedesol tratar de seguir el paso de Calderón, enfundada en su traje sastre, entre los charcos inmensos y desiguales que dejó Dean en la zona maya. Su mayor preocupación en ese instante no era la tintorería (como la prensa de “mala leche” llegó a decir), sino el hecho de traer incómodas zapatillas de tacón. Uno tendría que preguntarse si en lugar de chapotear en los manglares “por si se le ofrece algo al presidente”, Beatriz Zavala no hubiese sido más efectiva coordinando los esfuerzos de las diversas oficinas de la Sedesol, desde una sala de juntas en el Distrito Federal o en la delegación regional. Sólo allí habría tenido pleno control de los recursos y la información, para movilizar la ayuda con oportunidad y eficacia. La logística que supone un desplazamiento presidencial a una zona devastada quita recursos, distrae al personal, desplaza infraestructura de comunicaciones para cumplir las exigencias de seguridad y movimiento del primer mandatario. Sin embargo, la búsqueda de la foto solidaria es una tentación irresistible para todo político, particularmente para uno que, como Calderón, está urgido de reconocimiento popular. La cobertura de los medios periodísticos no sale mejor para-

da que la de los políticos. La televisión optó hacer un despliegue presuntuoso de recursos, de su red de corresponsales, aunque todos estuvieran diciendo prácticamente lo mismo: el boletín de las autoridades locales aderezado con un par de testimonios de la población. Igual que Calderón, los principales conductores de noticieros fueron “a tomarse la foto” y transmitir desde el lugar de los hechos con el pelo despeinado por “los vientos huracanados”. Pero en todo ese despliegue carecieron de un buen especialista que explicara la naturaleza del fenómeno, sus alcances y su impacto (como lo hizo CNN, por ejemplo). Fue una cobertura basada en tres ingredientes: entrevistas aisladas a algunas víctimas, reportes de las autoridades sobre lo “bien preparados que están” y recolección de imágenes de casas y calles inundadas. Nada sobre los problemas de fondo, sobre la evaluación real de los daños, la manipulación de los programas de ayuda o la falta de preparación e infraestructura para enfrentar este tipo de desastres. Y desde luego, nada sobre el uso político de este tipo de tragedias. Ahora que Dean se ha disipado el impacto de otros daños igualmente graves comenzará a padecerse. La agricultura, las comunicaciones, la infraestructura, las actividades turísticas han resultado severamente afectadas y representan un serio descalabro en la vida de millones de personas en la región. Ojalá los políticos y los periodistas mantengan el grado de preocupación que mostraron mientras la nota ganaba raitings y acaparaba la atención. Lo dudo. www.jorgezepeda.net