EDITORIAL

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DOMINGO 2 DE SEPTIEMBRE DE 2007

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El Siglo de Torreón

| 7A

Sin proyecto
LUIS RUBIO

E

ntorno contencioso. Partidos alebrestados. Gobierno serio y profesional, pero sin un sentido político. Una realidad que se resume en la ausencia de una estrategia de desarrollo o de la visión que de ahí se derive. A poco más de un año del momento político más delicado en la historia moderna del país, el Gobierno del presidente Calderón ha logrado estabilizar la política nacional y ha mantenido control sobre las principales variables económicas, pero no ha logrado avanzar más que en temas aislados. En lugar de contar con un proyecto amplio, claro, convincente y creíble que establezca un rumbo y sume a los partidos y a la población en un esfuerzo común –y que cambie la lógica perversa del mundito político-, el Gobierno se ha dedicado meramente a mantener el bote a flote. Ese tipo de camino no lleva sino al cadalso, como ilustra patéticamente la Administración anterior. Aunque ha habido mejoría en muchos frentes, el país lleva años a la deriva. A diferencia de los setenta y ochenta, el país goza de estabilidad financiera, lo que garantiza que no habrá crisis, un valor inapreciable para millones de familias mexicanas. Sin embargo, una sociedad joven y con el perfil socioeconómico de la mexicana no se puede permitir aceptar la estabilidad económica como un fin en sí mismo. La economía mexicana requiere una estrategia integral de desarrollo que garantice tasas elevadas de crecimiento económico, fuentes de empleo y oportunidad para toda la población. Si una

Aunque ha habido mejoría en muchos frentes, el país lleva años a la deriva. A diferencia de los setenta y ochenta, el país goza de estabilidad financiera, lo que garantiza que no habrá crisis, un valor inapreciable para millones de familias mexicanas. Sin embargo, una sociedad joven y con el perfil socioeconómico de la mexicana no se puede permitir aceptar la estabilidad económica como un fin en sí mismo.
lección arroja la contenciosa disputa electoral del año pasado ésa es que la población está harta de la mediocridad, de la parálisis, de la falta de oportunidades y de los privilegiados que abrevan de esta situación. El presidente Calderón inició su gestión sin la certeza de que podría concluirla. Tan polarizado estaba el ambiente que su única opción realista y razonable al inicio era la sobrevivencia. Esa lógica le llevó a optar por una estrategia de conciliación política, combate frontal a la criminalidad y a la adopción de medidas y políticas con las que su oposición se sintiera cómoda. La estrategia fue tan exitosa que en tan sólo unas cuantas semanas logró no sólo garantizar su sobrevivencia sino también cosechar un elevado apoyo y reconocimiento por parte de la población en general. Se dice fácil, pero hace un año prácticamente nadie pronosticaba que el presidente se consolidaría con tal celeridad. El que lo haya logrado es prueba de la claridad con que él mismo comprendió el momento y supo responder a las circunstancias con excepcional liderazgo. Con la perspectiva que da el tiempo parece obvio que una población de la que se ha abusado tanto por tantos siglos supo de inmediato reconocer que lo crucial era contar con un Gobierno claro de miras y efectivo en su actuar en lugar de continuar con el sainete de la legitimidad electoral. Aunque no hay duda de que trabaja intensamente, el problema es que una vez lograda su consolidación el Gobierno parece haberse quedado sin proyecto. La ausencia de una estrategia de desarrollo ha sido la constante en los últimos años. Una estrategia de desarrollo implicaría la fijación de un objetivo y la articulación de un conjunto de políticas conducentes a lograrlo. Cuando un Gobierno construye una estrategia de esa naturaleza y la comunica debidamente, la población se entera de lo que el Gobierno busca lograr y de gustarle, se suma al proyecto, convirtiéndose en su principal fuente de sustento y legitimidad. Quizá más importante, cuando existe un claro sentido de dirección que es reconocido y compartido por la población, la construcción de cada escalón en el proceso se torna en un paso intermedio que adquiere sentido dentro del conjunto. En sentido contra-

rio, la ausencia de una estrategia se traduce en batallas campales permanentes hasta por la menor nimiedad. Nada ilustra mejor la falta de una estrategia de desarrollo que la negociación fiscal de las últimas semanas. El Gobierno se limitó a plantear una propuesta modesta, poco ortodoxa y estrictamente recaudatoria porque no tiene un proyecto general dentro del cual se pudiera inscribir algo más ambicioso, constructivo y congruente con el crecimiento económico de largo plazo. Incapaz de presentar el tema fiscal como un paso dentro de un proyecto integral, su propuesta acabó siendo canibalizada por todo tipo de actores: los empresarios para proteger sus intereses y los partidos políticos para intercambiarla por una escandalosa iniciativa de ley en materia electoral. De esta manera, en lugar de avanzar hacia un objetivo trascendente, acabamos con un conjunto de parches en materia fiscal y con un Gobierno que en su interacción con el legislativo se asume vulnerable en el Poder Legislativo. El electorado mexicano está ansioso de tener claridad de visión y mando: quiere y tiene que saber hacia dónde se propone avanzar el Gobierno y cómo ese objetivo se va a traducir en beneficios tangibles para la población. Independientemente del mérito o viabilidad de su propuesta, el atractivo de López Obrador residía precisamente en el hecho de que propuso una visión cautivadora de lo que el país podía ser; de no haber sido por lo insensato de su propuesta económica, estoy seguro de

que hubiera arrollado en las elecciones. El Gobierno del presidente Calderón tiene que construir una visión que entusiasme a la ciudadanía y obligue al Congreso a sumarse a su proyecto. Más de lo mismo no es opción. Una estrategia de desarrollo aclararía el panorama no sólo para la ciudadanía. El propio Gobierno súbitamente tendría a su alcance definiciones precisas de qué se vale y qué no; cada secretario sabría que hacer y tendría que dejar de pretender que las cosas cambiarán por sí mismas. Resultaría inmediatamente claro quiénes son aliados potenciales y quiénes no; qué estrategia fiscal (impuestos y gasto) contribuye a avanzar su objetivo y cuál no. Sobre todo, una estrategia de desarrollo permitiría enfocarse hacia el futuro, dejando atrás los vicios, mitos y obstáculos que hoy son materia de su actuar cotidiano. Por muchos años, el Gobierno se ha dedicado a proteger la planta productiva existente, con todo lo que eso implica: sindicatos abusivos, empresarios rapaces y burócratas corruptos. Lo ha hecho, al menos en parte, porque al no haber una estrategia integral, los riesgos de sacrificar lo ya existente así como la oposición de quienes se benefician del statu quo resultan insalvables. Pero esa manera de proceder no ha hecho sino condenar al país al conflicto, el estancamiento económico y a la frustración permanente de toda la población. Hay una mejor manera de salir avante por la que el país clama. Es tiempo de cambiar. www.cidac.org

SATIRICOSAS
MANÚ DORNBIERER

RELATOS DE ANDAR Y VER
ERNESTO RAMOS COBO

Calderón: otra oportunidad perdida
A mi nieto Bruno, en el arranque de su vida ciudadana.

Sin respuestas

P
taría en paz y unido. Felipe, el IFE, el Tribunal tuvieron la máxima oportunidad de implantar la paz, la confianza y la vida democrática en este país, quitándole toda arma a la Coalición Por el Bien de Todos. Sólo tenían que hacer algo que tanto pedimos en balde los 15 millones de ciudadanos que votamos a la izquierda, contar para limpiar, demostrar con ese conteo que ganaron ellos. Todos nos hubiéramos callado si Calderón hubiera resultado ganador. Pero sabían que no era así. No entendían ellos mismos “su” victoria en las elecciones de 2006 ¿por qué si no negarse tan tozudamente, tan sospechosamente a demostrarla? Los capitalinos no hubieran tenido ni siquiera la molestia de los plantones. Pero por aquel entonces, se comentó y hasta se escribió que Calderón le pidió a Fox: “Que se cuenten los votos” y que Fox le hubiera contestado “Nos seas p…, no ganaste”. ¿Verdad o ficción? En fin ya basta de perder el tiempo con el Informe que a quien le importa y que nadie ha creído jamás. No se dice en un Informe la verdad. Al contrario se la esconde detrás de cifras y demagogias. Y este lío del Informe de hoy es cortina de humo para ocultar cosas en extremo importantes. Felipe perdió otra ocasión de ganarse un aplauso si en lugar de buscar, como decíamos la legitimación y el brillo, que no tendrá con todo y Televisa y TV Azteca vociferando día y noche, hubiera tomado la iniciativa de entregarlo por escrito tranquilamente y sin historias como lo permite la Constitución. En vez de querer lucirse con su rollo de Palacio y demás, jugando el papel de víctima, debió tratar de crear un clima mejor en este país. Pero lo que es en verdad grave de todo este vaudeville, de este relajo anticuado, es que sirve de tapadera para que no se digan o se escuchen los peligros importantes en que se encuentra México. ¿O acaso en un Informe se habla del Comando del Norte, del sometimiento del Ejército Mexicano al gringo? ¿O del despido inminente de 30 mil trabajadores petroleros? Un joven periodista de Tabasco, Francisco Alfaro Ruiz, escribió para “Presente”, un reporte impresionante de lo que realmente está pasándole a Pemex. Lo tituló “En pie la privatización de Pemex” y nos ofrece todas las pruebas de que su aseveración es correcta. Búsquela lector, en mi página web, sección “periódico”. Por lo pronto, aquí le ofrezco el último párrafo: La información recibida que “finaliza asegurando que ya existe una compañía contratista que apoyó la campaña de Calderón, Zeta Gas, a la que ya le fue ofrecido trabajo en la paraestatal sin tener conocimiento de esta labor”. El trabajito sería, según el reportero, ocuparse de todos los ductos que transportan el crudo de México. ¿No informará desde Palacio el señor Calderón de detalles como éste? www.manudornbierer.com

C

alderón quiso a toda costa la estelaridad del día del Informe. Cuestión de aprovechar la fecha para otro intento de legitimarse, porque según se quejan amargamente allegados, no lo puede lograr después de nueve meses ejerciendo la función de presidente como si de verdad lo fuera. En su afán egocéntrico perdió la oportunidad de actuar con calma, inteligencia y discreción republicana. Sigue, como Fox, en campaña, creando más problemas superficiales sin resolver los profundos. Claro que para muchos ingenuos o volitivamente inconscientes, mulas de buena o mala fe que quieren seguir caminando con los ojos tapados, no hay problema. Quieren que todo esté en paz y en orden “dentro de la ley”. Sólo que precisamente se violó y viola a diario la ley y no existe el Esencial orden jurídico en este país. Así de fritos estamos -diría Aristegui-. No hay problema para los conchudos o perezosos mentales que no quieren ser molestados en su pachona realidad y en sus neoliberales privilegios por la discusión política. Ay, ya no hables de eso, ya por favor. Quieren regresar con los panistas (peores) al limbo político en que vivió México casi todos los 71 años de priismo, lo que le impidió desarrollarse como el gran y próspero país que podría ser. A los citados no les importan los 60 millones de pobres frisando la miseria, la desparecida industria nacional, el campo sólo financiable y productivo para las transnacionales, los bancos hiperprivilegiados extranjeros, los migrantes abandonados por México y perseguidos por USA. Y les vale que estemos a punto de perder Pemex, nuestra única gran riqueza. Para estos inconscientes la culpa del malestar sólo la tiene ese latoso PRD que no reconoce a Calderón ya que fue a ese partido al que le robó el triunfo y el país. Pero no sólo a él: sobre todo a los más de 15 millones de ciudadanos que votamos a la izquierda. El instrumento fue el presunto organismo ciudadano cooptado por Fox, el IFE, presidido por el inicuo sofista, Carlos Ugalde tanto o más ególatra que su amigo Felipe Calderón. Ahora grita con descaro que “le vale, grita, lo que piensen de él el PRD y el PRI” porque está a punto de ser despedido, como bien dice su subalterna Jana Latapí, por el fraude electoral. Pero el sofista Ugalde reta al Congreso a hacerle juicio político, lo que debió por supuesto hacerse tras las elecciones, pero hoy sería difícil porque México, gracias a él, tiene desde hace nueve meses “un presidente constitucional de facto”. ¡Qué bonito país! El juicio político al IFE se hubiera dado en 2006 si el PRI entonces no hubiera sido cómplice, aliado al PAN, conformando una vez más para el caso el PRIAN. Hoy como estamos en vísperas de elecciones el PRI se quiere de nuevo desligar para ganar puestos solito y sabe que en el

Para estos inconscientes la culpa del malestar sólo la tiene ese latoso PRD que no reconoce a Calderón ya que fue a ese partido al que le robó el triunfo y el país. Pero no sólo a él: sobre todo a los más de 15 millones de ciudadanos que votamos a la izquierda.
IFE, todos los consejeros, son sirvientes del PAN. Los mexicanos les hemos pagado sueldos y prebendas enormes para que nos traicionen y nos vean la cara. Ahora se defienden como gatos boca arriba para seguir medrando. Este IFE malnacido en 2003, fue siempre una farsa de ínfimo nivel moral, no sólo por las personalidades de algunos de los consejeros, sino porque se nombró para favorecer al PAN. Es incomprensible que no haya habido nunca dentro de esta versión de un instituto electoral ciu-da-da-no ergo “inparcial” un solo representante del PRD. ¿Por qué ese partido lo admitió? El PRI sí tuvo representantes dentro, pero recordemos que fueron nombrados por Elba Ester Gordillo, todavía secretaria del PRI, antes de su pleitazo definitivo con Madrazo. De manera que todos los consejeros actuales del IFE resultan gente que ya no es priista, gente de la amiga de Calderón. En las elecciones de 2006 no sirvieron estos “ciudadanos” ni para pararle el alto a Fox, al que después descararon éstos y los otros del Tribunal Judicial Electoral anterior el factor más contaminante de la elección más sucia que ha visto el país. Es pertinente precisar el significado de la palabra Sofista tan aplicable al hoy desesperado y por ende atontado Carlos Ugalde. Se siente y lo dice la encarnación de la República y de su independencia frente a los malditos partidos políticos. Un héroe, pues que encajaba dentro de la definición: un sofista es aquel que se vale de falsos argumentos para inducir a su interlocutor al error. Nada más les cuento que en la antigua Grecia la escuela de Elea imaginó sofismas para demostrar “la inexistencia del movimiento”. Era lógico que enfureciera el gran Sócrates. Y luchara contra estos absurdos cuentistas verborreicos. De haber conocido a Ugalde, le hubiera torcido el pescuezo como a un vil pollo. Ojalá los ingenuos mexicanos y sobre todo los anteriormente citados, defensores de sus privilegios, no se dejen apantallar por la labia del traidor que ahora resulta “salvador de la democracia”. Pero ¿cuál fue la primera y gran oportunidad que perdió Calderón frente a México? Evidentemente la de contar voto por voto, casilla por casilla, como se hace en países en verdad democráticos en circunstancias como las que vivimos en el 2006. De haberlo hecho, siempre y cuando hubiera realmente resultado vencedor, México es-

or más que vaya a verlos, por más que los visite y que pase el fin de semana con ellos, sigue sorprendiéndome (y fascinándome) el hecho de que hayan logrado dejar la ciudad para irse a vivir al campo. Ella es poblana, se llama Lucía y las carnes robustas que le cuelgan son perfecto instrumento para el frío de la montaña; él es asturiano, se llama Carlos y el paulatino formar adobes y cortar leña le han curtido ya las manos. Se conocieron en Puebla y se enamoraron y se marcharon. Sólo les bastó conseguir ese terreno de tres hectáreas, que tiene bosque, tierra de cultivo y pradera, que tiene una vista que no se deja de admirar, para ponerse a construir con sus propias manos. Lograron que su casa tuviera tapancos cálidos y una cocina circular que parece nido rodeado de ollas que se descuelgan. Tan pronto terminaron la Cabaña del Sol recibieron a los primeros huéspedes por una tarifa nocturna de comidas incluidas. Tardaron algunos años en ahorrar algo de plata. Construyeron la Cabaña de la Luna, un temascal de barro y los comunicaron con un angosto sendero. Tuvieron una hija y depuraron el huerto. Caminaron lentamente río abajo por Ellos ya están por las mañanas e hicieron pan y vieron el cielo fulgurante cumplir diez años por las noches. Terminaron en su refugio. Nos luego la Cabaña de las Esgusta ir a visitarlos, trellas rodeada de árboles, e intentamos hacerlo inclinada hacia una milpa y a menudo, no sólo siguieron caminando por un contiguo sembradío de para sentir ese magueyes que es el refugio frescor y ese de los pulqueros. Comenzapalpitar de viento ron a registrar a las visitas atolondrado, sino en un libro y tuvieron otra para continuar hija. Sacrificaron una oca atestiguando la para las fiestas y no se desmoronaron nunca. evidencia y la Ellos ya están por cumevolución de una plir diez años en su refugio. pareja que tuvo los Nos gusta ir a visitarlos, e pantalones de hacer intentamos hacerlo a melo deseado sin nada nudo, no sólo para sentir ese frescor y ese palpitar importarles. de viento atolondrado, sino para continuar atestiguando la evidencia y la evolución de una pareja que tuvo los pantalones de hacer lo deseado sin nada importarles. ¿Es que acaso son más “felices” ellos en su montaña? ¿Acaso es más “pura y placentera” la vida en ambientes apegados a la naturaleza y a los ritmos lentos? No he podido encontrar respuestas desde que los conocí hace años. No conozco ni sus intimidades, ni sus diarios cuestionamientos y aunque he percibido en ellos –al hablar sobre el estilo de vida que adoptaron— algunas frases salpicadas de subjetividad desconcertante, nunca ha sido suficiente como para entender la influencia de esos ritmos diarios en su personal acontecer. Los he observado y los he pensado y me he quedado mudo y sin respuesta. Incluso he intentado recurrir a algunas pequeñas señales: la destreza nocturna y solitaria de Carlos con el telescopio; el desaforado disfrute de ese costillar que compartimos; el rastro de Lucía en un amanecer rodeado de los magueyes; las niñas de pelos enmarañados después de correr durante todo el día. Mas nada es suficiente para encontrar una luz que permita conocerme más a mí mismo. Desde entonces desistí a la búsqueda de respuestas y voy más tranquilo a su refugio. A veces acompaño a Carlos en bicicleta a un valle cercano y nos estamos tranquilos conversando sobre alguna plaga, que él dice que vendrá pronto, pero de la cual yo no entiendo nada. Nos despedimos por la tarde del domingo o el día que sea, antes de marcharme a mi acontecer citadino, a mis propios días. En alguna ocasión los he invitado a la ciudad… mas su reiterada negativa, la aversión al pavimento que percibo, me recuerdan las preguntas que tuve desde el inicio, invadiéndome de nuevo un aire de sospecha. ramoscobo@hotmail.com