EDITORIAL

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DOMINGO 9 DE MARZO DE 2008

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El Siglo de Torreón

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LOS DÍAS, LOS HOMBRES, LAS IDEAS
FRANCISCO JOSÉ AMPARÁN

-Borrachita, me voy/hacia la capital... -Pus sí, pero ¿pus cuál?
U
na de las tantas anomalías que presenta este país es el ser uno de los pocos en este planeta que tiene nombre de ciudad. Lo cual ilustra de manera tajante la importancia que la capital ha tenido tradicionalmente en la evolución del Estado y la nación mexicanos: no sólo lo ha sido desde tiempos de Acamapixtli; sino que además concentra los Poderes de la Unión, buena parte de la economía (así sea porque fiscalmente se ubican ahí las oficinas de las mayores empresas, no porque produzca mucho), las principales manifestaciones culturales y, con su zona metropolitana, una quinta parte de la población. Semejante megacefalia ha hecho de ese entorno una de las urbes más contaminadas, inseguras, caóticas, neuróticas e invivibles del mundo. Y a los provincianos nos ha impuesto un aplastante centralismo que de la ineficiencia hace virtud; y la eterna y detestable soberbia de quienes creen ser los únicos en tener luz eléctrica al sur del río Bravo. Eso sí, el América es hoy en día una vergüenza y el Santos está en segundo lugar de la tabla general. O sea: pa’ lo que les sirve. La excesiva concentración de poderes políticos, económicos y fácticos (ahora que está de moda el conceptejo) ha generado en ciertos momentos la propuesta de instalar la capital en otra parte. O, de perdido, mover algunas secretarías de Estado. ¿Qué hace la Secretaría de Marina a 2,200 metros sobre el nivel del mar y a 350 kilómetros de Veracruz? ¿Y la Secretaría de Agricultura en un valle donde las únicas plantas crecen en camellones y jardineras? La cuestión es: ¿adónde desplazar los Poderes de la Unión? La opción típica, por simples criterios geográficos, sería El Bajío. O si se quiere ser de plano preciso, en el mero Aguascalientes, el verdadero ombligo de la República, en donde hay un obelisco que marca el centro exacto del país. Los problemas para realizar este desplazamiento serían múltiples e inmensos: nuestros políticos se niegan a respirar aire puro, dado que ello pondría en evidencia lo poco oxigenada que han tenido la corteza cerebral a lo largo de su vida; los mexicanos todos nos sentiríamos entre confusos y angustiados a la hora de decir “Silao, Distrito Federal”; y claro, ninguna ciudad se muere por hospedar a esa pandilla de ladrones, cínicos, ignorantes y patanes que constituyen el Honorable (¡Juar, juar, juar!) Congreso de la Unión. Así pues, se antoja remoto el que la Ciudad de México deje de ser la capital. Los brasileños hicieron de tripas corazón hace casi cincuenta años y, para desconcentrar la densamente poblada franja costera sudoriental, y promover la apertura y colonización de los inmensos espacios vírgenes de la Amazonia, movieron la capital desde la jacarandosa Río de Janeiro a una llanura rodeada de selva y moscos, equidistante entre la costa y el Amazonas. Ahí construyeron una ciudad a la medida, llamada Brasilia. Que, según se quejan sus habitantes, es de una monotonía apabullante, está hecha para automóviles y no para peatones, y después de décadas sigue sin tener carácter ni color local. Los objetivos para los que fue creada han sido alcanzados de manera desigual: la Amazonia ha sido sometida a una depauperación atroz debido a la emigración; y la costa sigue sin despoblarse: en una década, São Paulo será la megalópolis con más habitantes del planeta, con unos 36 millones de ellos. ¡Imagínense darle servicios y seguridad a ese gentío! ¡Y con la mitad de ellos jugando futbolito en la calle! ¡Y casi todos creyéndose Ronaldinho! Una auténtica pesadilla urbana. Algunos países han tomado el ejemplo, desplazando sus capitales a lugares más céntricos para promover (en teoría) un desarrollo más armónico entre las regiones; y para restarle importancia a la que tradicionalmente ha sido la urbe más chipocluda… y así minar las bases de ciertos grupos de poder. No se crean, si todo está fríamente calculado. Así, Nigeria movió la capital desde Lagos, un puerto supersucio que presenta los peores embotellamientos de tránsito del mundo, situado en el sur cristiano del país, hacia el interior, más cerca del norte musulmán. ¿La nueva capital? Se llama Abuja. Que a mí me suena a avena instantánea, pero ésos son prejuicios míos. Nuestro vecino Belice también trasladó la capital al interior, fundando una nueva población, Belmopan, por la mejor de las razones: cada cinco años Belize City era arrasada por los huracanes. Y eso de andar reconstruyendo capitales a cada rato (así sean del tamaño de Lerdo) resulta bastante engorroso. Algo así hizo Tanzania: su centro neurálgico tradicional, Dar Es Salaam, históricamente uno de los puertos más activos de África Oriental, pasó a ser solamente la capital administrativa. La capital legislativa, o sea donde se reúnen las ratas del Kilimanjaro de por allá, se localiza tierra adentro, en Dodoma. O sea que Tanzania tiene una capital administrativa y otra legislativa, dado que unos poderes están en una ciudad, y otros en otra. ¿Y saben qué? No es el único ejemplo. Aquí en América tenemos el caso de Bolivia: La Paz es la sede del Ejecutivo, y Sucre la del Poder Judicial. Qué tanto ayuda eso a los bolivianos, francamente está por verse. De cualquier manera, para el caso que le hace Evo Morales a las leyes y el sentido común… Caso semejante se presenta en Costa de Marfil, país de África Occidental que insiste en ser llamado por su nombre en francés, Cote d’Ivoire. Este país se distingue por tres cosas: ser el principal exportador de cocoa; contener el mayor templo católico del mundo, que es dos metros más largo que San Pedro en Roma por órdenes de su longevo dictador, Félix Houphouët-Boigny (el cual, con tal de entrar al Libro Guiness, era capaz de cualquier babosada… sí, como Marcelo Ebrard); y el tener dos capitales: la administrativa, Abidján, que fue la que nos aprendimos en primaria y se halla en la costa; y Yamoussoukro, en el interior, que es la capital legislativa. Peor está Sudáfrica: la sede del Mundial 2010 (en donde Hugo conquistará la Copa nomás porque ya lo dijo, ¡macho!) tiene tres capitales: la administrativa que es Pretoria; la judicial que es Bloemfontein; y la legislativa que es Ciudad del Cabo. Qué ganas de hacerse la vida difícil… Kazajistán, el noveno país más grande del mundo, tenía una característica desconcertante: pese a su enorme extensión, su capital (llamada Alma Ata en tiempos soviéticos, hoy Almaty, otra manía) se hallaba en una esquinita de ese territorio… a unos kilómetros de la frontera con Kirguistán. Hagan de cuenta que la capital de México fuera Tapachula. Para remediar tan enfadosa situación, desde 1997 la capital kazaja es Astana, mucho más al norte y al centro. Claro, eso no les ha evitado las vergüenzas pavorosas de Borat… Los bolcheviques, esos eternos enemigos de lo bello, no se sentían a gusto en San Petesburgo, por más que esa hermosísima ciudad hubiera cambiado su solariego nombre al espantoso de Petrogrado. Y por eso movieron la capital a Moscú. Algo así como cambalachear a Keira Knightley por Elba Esther. Y ya no hablemos de los cambios de nombre de las capitales. Fenómeno que, como decíamos, en las últimas tres décadas se ha vuelto una manía más o menos prevalente. La de Mozambique se llamaba Lourenco Márquez y luego adoptó el horrendo apelativo de Maputo. Zimbabwe transformó el muy británico nombre de Salisbury en el muy africano (suponemos) de Harare. Fort Lamy, capital de Chad en nuestra infancia, se convirtió en la impronunciable N’Dajema. Leopoldville fue la capital del Congo hasta que al dictador Mobutu Sese Seko se le ocurrió rebautizarla Kinshasa. Y la lista sigue y sigue, cual conejo de Energizer. La cuestión es que, siendo el mundo tan confuso, ¿por qué fomentar el desorden cambiando de lugar o de nombre las capitales? ¿O será una treta para despistar al enemigo? Quizá Colombia debería mover la capital a alguna aldea de las controladas por las FARC. Así, si Hugo Chávez da la orden de bombardear la sede de los poderes colombianos… sí, quizá sea tan bruto como para hacerlo. Quede como asesoría gratuita. Consejo no pedido para ganarse unas vacaciones gratuitas en Damasco (la capital más antigua aún habitada: más de cinco mil años): Lea “The poisonwood Bible”, de Barbara Kingsolver (no sé si ya haya traducción al español; yo supondría que sí), genial novela sobre las cuitas del África tutelada por los blancos. Provecho. Correo: anakin.amparan@yahoo.com.mx

Las soledades de Calderón
JORGE ZEPEDA PATTERSON

RELATOS DE ANDAR Y VER
ERNESTO RAMOS COBO

E

l presidente se ha quedado solo. Un general rodeado de soldados, pero sin cuadros ni líderes para conducirlos a la batalla. Juan Camilo Mouriño, secretario de Gobernación, seguramente logrará sobrevivir al escándalo de esta semana, pero su capacidad para arbitrar a las fuerzas políticas del país y hacerse útil al Presidente ha quedado seriamente dañada. Mouriño se ha salvado simple y sencillamente porque el PRI así lo quiso. Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa, coordinadores de las bancadas priistas en las cámaras, protegieron al delfín de Calderón, de la misma forma que permitieron la reforma del ISSSTE, la reforma fiscal o la reforma judicial: ajustándolas a su gusto y exigiendo mayor poder a cambio de su voto. El resultado es que Mouriño queda como rehén del PRI. Por lo demás, la línea de argumentación que eligió para defenderse minó aún más las posibilidades de que se convierta en un interlocutor eficaz con las fuerzas de la Oposición. “Me atacan porque quieren dañar al país, no quieren que México avance”, fue la explicación que adujo en la entrevista a modo de Joaquín López Dóriga, el jueves pasado. Un secretario de Gobernación que no puede reconocer el derecho de otras fuerzas políticas para tener proyectos distintos de país y que identifica el porvenir de la Nación con el hecho de que a él le vaya bien o mal, es y será un muy pobre conciliador entre las legítimas diferencias que anidan en una sociedad que aspira a la democracia. Lo cierto es que en apenas quince meses de sexenio, el Presidente se ha quedado sin operadores para vincularse a las fuerzas políticas y sociales. Un secretario de Agricultura que es repudiado por los campesinos del país; un secretario de Sedesol traído de Hacienda perfectamente desconocido por los sectores sociales y las ONGs entre los que inspira desconfianza; una secretaria de Energía absolutamente desprovista de carisma o capacidad de seducción de la opinión pública en momentos en que se buscan apoyos para introducir cambios radicales en temas petroleros; una secretaría de Educación con amplio oficio, pero dedicada a parar los golpes del grupo de Elba Esther Gordillo que goza del permiso presidencial para hacer lo que le plazca; un secretario del Trabajo del

¿Quiénes son los verdaderos operadores políticos de Calderón? Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa y Beatriz Paredes (presidenta del PRI). Y no por que Felipe los haya escogido ni ellos se hayan ofrecido, sino simplemente porque en cada coyuntura ha tenido que recurrir a ellos para convencer a algún gobernador, firmar algún decreto o sacar adelante un nombramiento.
que se esperaba mucho, pero que apenas puede con los líderes sindicales, amén del desprestigio que le ha ocasionado su fama de buscapleitos. En fin, un secretario de Turismo desaparecido de la escena pública. Y si el Presidente carece de operadores dentro del Gabinete, no le va mejor dentro de las cámaras. En la de diputados Héctor Larios, herencia de Manuel Espino, opera (inopera) varios niveles por encima de su capacidad personal y muy por debajo del oficio de sus contrapartes priistas y perredistas. En la Cámara de Senadores, Santiago Creel navega en su propio mundo panista ajeno al círculo presidencial. ¿Quiénes son los verdaderos operadores políticos de Calderón? Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa y Beatriz Paredes (presidenta del PRI). Y no por que Felipe los haya escogido ni ellos se hayan ofrecido, sino simplemente porque en cada coyuntura ha tenido que recurrir a ellos para convencer a algún gobernador, firmar algún decreto o sacar adelante un nombramiento. En tales circunstancias no es de extrañar que Calderón haya tenido que apechugar abrazos con el gobernador precioso Mario Marín y celebrarle chistes al sátrapa de Ulises Ruiz de Oaxaca. Si con apenas 104 diputados de un total de 500 los priistas se sienten los dueños del rancho, hay razones para temer a la segunda mitad del sexenio, cuando posean 50 o 70 escaños adicionales, luego de las elecciones intermedias del año que entra. Porque no hay duda de quién será el ganador en esos comicios intermedios a juzgar por los resultados de las elecciones estatales recientes. A partir de 2009

Beltrones y Peña Nieto, gobernador del Estado de México, se montarán en sus respectivas precampañas presidenciales y dejarán de concederle ventajas políticas al PAN. Lejos de volver a salvarle el pellejo al Presidente, dentro de dos años los priistas desenvainarán el cuchillo para desollar. Serán ellos quienes encabecen las comisiones legislativas para investigar el escándalo de la semana del Gobierno de panista, en lugar de impedirlas, como hasta ahora lo han hecho. Calderón debe construir rápidamente nuevos puentes con la sociedad, hacerse de un mejor equipo, o de lo contrario le espera un fin de sexenio calamitoso una vez que Beltrones o Beatriz Paredes, gestores mercenarios o de conveniencia, le retiren su apoyo. Uno de los escasos recursos de maniobra de Calderón reside en el probable triunfo del ala reformista al interior del PRD. Ello le permitiría alcanzar acuerdos con este partido en algunos temas y no depender exclusivamente de una subordinación constante al PRI. Pero la presencia de Mouriño dificultará incluso tales posibilidades, luego de la defensa bravucona y descalificadora que éste ha realizado. Parecería que el enorme poder depositado en Mouriño ha resultado excesivo para sus 37 años. No sé si a los 45 o a los 50 habría podido, pero Calderón no puede permitirse invertir un sexenio para quitarse la duda. Habría que preguntarse si no ha llegado el momento de un golpe de timón radical de parte de Felipe Calderón, similar al que imprimió los primeros días de enero de 2006, cuando detectó que su campaña hacía agua. Al tomar el poder, el Presidente prefirió arrancar su Gobierno con un Gabinete cerrado, de figuras modestas, pero leales. No resultó. No es casual que la única cartera de las posiciones clave que ha reportado buenos saldos sea Hacienda, en donde se recurrió a un externo, pero dotado de prestigio internacional. Si Calderón no hace algo convertirá a su sexenio en una estafeta para ser entregada al PRI en 2012. Los golpes de timón entrañan riesgos, desde luego. Pero me parece que ya no hay opciones. Un presidente sin operadores está condenado a gobernar a punta de manazos autoritarios. Quiero pensar que agotará posibilidades antes de llegar a eso. (www.jorgezepeda.net)

No Country for Old Man
H
ace cerca de un año corrieron del trabajo a un buen amigo. Sin justificación alguna y así de simple, la estampa del firmazo concluyente sin que hubiera motivos. La decisión de los mandos medios de cerrar su división derivó en su inutilidad y a la calle, donde todo ha cambiado. Entre su mirada de otros días y la de ahora hay un abismo, porque no solamente le han quitado la quincena, sino que le han arrancado el orgullo y le han pisoteado la confianza. Hace días, cuando conversamos, en una terraza soleada al borde de un jardín, brillaron los silencios por su abundancia. Ensimismándose interrumpía la plática, volteando los ojos a los árboles del patio, y en su iluminada cara sobresalía la oreja cual pellejo guango de venas rojizas. Su desmoronamiento paulatino es reflejo de los efectos del orgullo pisoteado. Después de quedarse en la calle hubo extensas jornadas de filas en ferias de empleo, el dinero menguando, las carencias en casa que derivaron en divorcio, los niños ya no más, algo de alcohol, y ese tipo de cosas. Lamentables realmente las consecuencias que acompañaban una decisión utilitaria (aunque entendible) de cerrar una división por aquello de los ahorros, sin que importe en absoluto cualquier otra cosa. La confirmación de que al final de cuentas somos un número de fácil reemplazo, y que en esta jungla se precisa luchar agarrado de la liana y aferrarse a la chuleta cueste lo que cueste. Este año el Óscar de mejor película fue para “No Country for Old Man” de los hermanos Coen; “Sin Lugar para Débiles” en español, nombre más afortunado, por cierto, que la traducción literal que pudiera haber existido, confirmándose con la excepción la regla. Intentaré no desviarme de la historia de mi amigo, pero creo en términos generales que existe un contacto. La película es una historia lineal de violencia sin fin, de drama que estruja, donde el hueco en el estómago está desde el primer minuto, y donde la muerte no se detiene al ritmo de la ambición y del poder detrás del dinero. El utilitarismo no tiene segundas vueltas o corazón qué tentarse. El asesino dispara justo a la frente con pulso firme; la división de mi amigo cierra y sin

Su desmoronamiento paulatino es reflejo de los efectos del orgullo pisoteado. Después de quedarse en la calle hubo extensas jornadas de filas en ferias de empleo.
pensarlo le cortan la cabeza. El hombre, desubicado, simplemente vuelve los ojos como cuando sobre el hombro nos llama una palmada. Al final de No Country for Old Man, el personaje de Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones) cuenta a su esposa que soñó con su padre alumbrando con una antorcha un camino en la oscuridad. La película termina cuando despierta del sueño, mas la imagen queda allí, un camino rodeado de oscuridad donde estamos lejos de entender la locura que hay alrededor, y donde la confusión inunda ante la cruda realidad del mundo que no se detiene con sus latigazos replicantes. No hay control de lo que viene en el camino. Nosotros, los hombres, atónitos y frágiles, somos la imagen que voltea los ojos en ese poema inmortal de César Vallejo “Los Heraldos Negros”. El poeta peruano habla de los Golpes de la vida tan fuertes, yo no sé. Y su poema transcurre lineal hablando de lo trágico que pudiere suceder, de sorpresas o cosas incontroladas, y de la fragilidad del hombre ante ellas. Ante esos golpes, dice Vallejo: “el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; / vuelve los ojos locos, y todo lo vivido / se empoza, como charco de culpa, en la mirada”. En ocasiones siento que en realidad así es todo esto. Los golpes que se repiten, y una antorcha, y un camino de oscuridad donde avanzamos con piel flagelada, sin remedio, esperando por lo menos que no se difuminen las migajas del entusiasmo. Mi amigo, por su parte, allí sigue, luchando como todos, tratando de soportar los golpes que la oscuridad ha decidió lanzarle, y esperando encontrar un rellano apacible (y tal vez imposible) que le permita caminar algunos pasos en línea recta. ramoscobo@hotmail.com http://ciudadalfabetos.blogspot.com