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Pactar para sobrevivir

:
Manuel María Gándara y los indígenas sonorenses
(1856-1866)

Zulema Trejo Contreras*

Manuel María Gándara es un personaje poco conocido en la historia de Sonora, a pesar
de que sus acciones fueron protagónicas en las décadas de 1840, 1850 y la primera
mitad de 1860. En la historiografía su figura está ligada a los levantamientos indígenas
ocurridos durante los años mencionados líneas arriba, es lugar común culparlo de
alentar a las etnias yaqui y ópata a tomar las armas en contra de los notables sonorenses,
a fin de que respaldaran sus propias ambiciones. Si embargo esta interpretación debe
matizarse en dos sentidos. En primer lugar la relación de Manuel Gándara con las etnias
sonorenses no nació durante los años de su enfrentamiento con José Urrea (década de
1840). Los vínculos de la familia Gándara con los indígenas sonorenses datan de fines
del siglo XVIII,
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cuando el padre de Manuel María, don Juan Gándara, se estableció en
los alrededores de Ures e instauró buenas relaciones con las etnias asentadas en
territorio sonorense. (Trejo, 2004: p. 10)

En segundo lugar debe considerarse que los ópatas, conjuntamente con los yaquis
conformaban la mayor parte de los empleados de la hacienda de Topahui, propiedad de
Manuel Gándara. A causa de la Ley de Sirvientes promulgada durante la década de
1830, los peones de las haciendas no estaban sujetos a las autoridades judiciales del
estado, ya que al interior de éstas eran sus propietarios quienes impartían justicia. Hay
testimonios de que al menos los yaquis perseguidos por el gobierno pesqueirista, solían
refugiarse en las haciendas propiedad de Gándara, ya que las autoridades no podían
entrar en ellas y mucho menos ordenar la detención de los sirvientes que laboraban en
las mismas. Es probable que los ópatas, al igual que los yaquis, hubiesen buscado
refugio en las haciendas de la familia Gándara en caso de necesitarlo.

Por otra parte cada vez que Manuel María Gándara ocupaba la gubernatura los
indígenas sonorenses, especialmente los ópatas, aprovechaban para demandar una serie
de peticiones que, de una u otra manera, contribuían a preservar su estilo de vida. Por
ejemplo cuando Gándara ocupó la gubernatura a fines de la década de 1840 los
indígenas ópatas del pueblo de Onavas, solicitaron que les permitiera seguir cultivando
tabaco, dado que ese cultivo constituía su principal fuente de ingresos. Por esa época el
cultivo de tabaco era prerrogativa del gobierno federal, y estaba prohibido su cultivo a
particulares, salvo a aquellos que solicitaran y obtuvieran, mediante un pago, el permiso
para hacerlo. La respuesta de Gándara a los indígenas de Onavas fue explicarles que no
estaba entre sus facultades concederles lo que pedían. Las palabras que escribió al
gobernador de los ópatas, dejan entrever de manera bastante clara el tipo de relación que
éste tenía con la etnia, así como su intención de favorecerlos siempre que le fuera
posible, y conveniente hacerlo:

Manifiesteles U. igualmente que tengo la mejor disposicion pa atender á sus
necesidades, quiero un gobno [gobierno] justo y paternal, pero que en esta vez no me
queda otro recurso que descuidar (ilegible) en solicitud de la gracia que pretenden y

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En este sentido se puede plantear que Manuel María Gándara “heredó” de su padre el vínculo con las
etnias sonorenses. Algunos autores como Fernando Martínez Rueda denomina a este tipo de herencia
patrimonio simbólico.
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ejercer la suprama resolucion, no pudiendo hacer pr [por] ahora otra cosa en beneficio
de esos indigenas que librarlos pr [por] esta vez de la multa que debieron exhibir por
haber sembrado tabaco, sin hacer estensiba esta gracia á los demas que no son
indígenas. (Archivo General del Estado de Sonora, fondo Ejecutivo, sin ramo, t. 199,
1848)

Otros ejemplos de las peticiones que se le hacían a Gándara cada vez que ocupaba la
gubernatura son las siguientes: se le solicitaba que ordenara el repartimiento de las
parcelas que correspondían a los indígenas de los pueblos, y que estaba establecido por
las leyes estatales desde la década de 1820, se le pedía asimismo que mandara medir los
ejidos de los pueblos, que exonerara a los indígenas de tales o cuales impuestos
municipales, etc. Todas estas peticiones eran diligentemente atendidas por Manuel
María Gándara, quien se tomaba la molestia de responder personalmente a las
autoridades de la etnia, y no a través del secretario de gobierno o los prefectos como
hacían otros gobernadores. Lo anterior demuestra que si bien los ópatas no tenían un
territorio ancestral que defender como los yaquis, sí tenían cosas que esperar a cambio
de su apoyo a Gándara.
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Tanto yaquis como ópatas tenían motivos para aliarse a Gándara en su lucha por el
poder; si éste gobernaba las oportunidades de defender o recuperar sus tierras, conservar
sus autoridades tradicionales, e incluso obtener privilegios que los mantuvieran a salvo
de las leyes liberales que no les convenían, no sólo se incrementaban sino que era
altamente probable que se materializaran en la forma de exenciones fiscales, títulos de
propiedad, leyes especiales para preservar sus autoridades tradicionales, etc. Las etnias
sonorenses no fueron actores pasivos que se dejaban convencer para seguir un líder a
una lucha de la cual no esperaban obtener ganancia.

Sin embargo contrario a lo que podría pensarse, la percepción de las etnias como actores
pasivos, fácilmente manipulables por parte de las facciones de notables que luchaban
por el control del poder político en la entidad,
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no nace en las interpretaciones
historiográficas hechas en el siglo XX, sino de la percepción que los notables opositores
a Gándara tuvieron de su relación con los indígenas. En 1858 se publicaron en La Voz
de Sonora, periódico oficial del estado, una serie de artículos con el título de “Apuntes
históricos” en ellos se decía:

Pudiera perdonarse á Gándara si para contrariar al general Urrea y á cuantos
comandantes generales vinieron despues de él, hubiera apelado siquiera una sola vez á
la opinion del pueblo sonorense en lugar de buscar el arrimo de las tribus semi bárbaras
para dar principio á esa serie de horrores en que se cuentan por nada las preciosas vidas
de centenares de ciudadanos; en que se cuenta por nada la descastacion y la ruina del

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En los años que se abarca en este trabajo los pueblos donde habitaban los ópatas no eran enteramente
indígenas, aunque los miembros de la etnia seguían siendo mayoría en algunos de ellos, en todos
habitaban personas no indígenas, la mayor parte de los cuales se habían apropiado de las tierras de los
indios al secularizarse las misiones. Por otra parte las peticiones de los ópatas a Gándara cuando ocupaba
la gubernatura, eran cuestiones que una vez concedidas les ayudaban a mantener su estilo de vida ya fuera
mediante la legalización de sus tierras, o la obtención de ciertos privilegios.
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“Instrumento del orden: existe y se legitima para mantener el orden constituido, ya este fin (que es el
oficio o función que cabe a su titular) va trenzando un conjunto de dispositivos institucionales, que son
así procedimientos o mecanismos, prácticas o instrumentos para realizar (hacer realidad) la concepción
jurisdiccionalista del poder político…” Carlos Garriga, “Orden jurídico y poder político en el Antiguo
Régimen?, en Istor, México, CIDE, No. 16, primavera de 2004, pp. 31-32.
3
país; pero quizo hacer del yaqui, del ópata y del pima una potencia anómala que fiel á su
devocion ha sido el gérmen de las rebeliones; una constante amenaza contra la sociedad,
el recurso, el instrumento obligado de sus maquinaciones ya para hacerse reelegir; ya
para sostenerse en el puesto o tomarlo por asalto… (La Voz de Sonora, periódico oficial
del estado, 16 de abril de 1858, Pesqueira, t. III, foja 8)

La opinión vertida por el autor de los “Apuntes históricos” era, por llamarlo de alguna
manera la opinión oficial de la época, respecto a la relación que Manuel María Gándara
y su familia mantenían con las etnias sonorenses. En esta versión no se tomó en cuenta,
porque no convenía a los intereses del grupo que la apoyaba, que si bien Gándara había
utilizado su influencia con los indígenas para apoyar su lucha por el poder, también la
había usado para evitar levantamientos de yaquis y/o mayos que perturbaran la
tranquilidad pública en la entidad. Por ejemplo a fines de la década de 1840 evitó por la
intermediación de Mateo Marquín, indígena yaqui, el levantamiento que promovía el
indígena mayo Miguel Esteban (Archivo General del Estado de Sonora, fondo
Ejecutivo, sin ramo, t. 199, año 1848). Por medio de Marquín, el gobernador Manuel
Gándara consiguió que Miguel Esteban se entregara a las autoridades estatales, después
de prometerle que ni a él ni a su familia los castigaría por el intento de rebeldía. La
única medida que se tomó en contra de Miguel Esteban fue obligarlo a vivir,
conjuntamente con su familia, en Ures. Dado el comportamiento paternalista de
Gándara para con los indios, es probable que Esteban y los suyos hubiesen sido llevados
a trabajar a algunas de las propiedades de la familia Gándara.

Prueba de la influencia que Gándara tenía entre los yaquis es el hecho de que durante su
gobierno o el de sus aliados, éstos nunca utilizaron el levantamiento para defender sus
derechos sobre el valle del Yaqui; por el contrario, recurrieron a los tribunales estatales
para dirimir sus conflictos por límites de tierras, con la seguridad de que Manuel
Gándara haría lo que estuviera en sus manos para favorecerlos. (Trejo, 2004: p. 48-52)
Como puede apreciarse en los ejemplos citados anteriormente, la relación establecida
entre Gándara e indígenas era de tipo clientelar, pero no vertical. (Feros, 1998: p. 30)
Las etnias yaqui, mayo y ópata estaban en un plan de igualdad con Gándara, dado que
poseían una estructura militar propia, que a Manuel María le era indispensable a la hora
de levantarse en armas contra el gobernador en turno. Si comparamos las exenciones
fiscales, los fallos favorables a las etnias en los tribunales de justicia, la promulgación
de leyes que favorecieran un gobierno autónomo con los cientos de soldados,
armamento, víveres y territorio que los indígenas ofrecían a Gándara en cada uno de sus
levantamientos, puede verse claramente que no había entre ellos un intercambio
desigual de servicios.

Negociaciones, pactos y planes

En el transcurso del periodo que abarca este trabajo Gándara se pronunció tres veces en
contra del gobernador en turno, a más de apoyar el establecimiento del segundo imperio
en el estado. En cada uno de sus levantamientos contó con el apoyo de ópatas y yaquis.
Ejemplo tangible de ello no es solamente el que estas etnias hayan participado en los
combates, sino el hecho más importante, en mi opinión, de que hayan sido precisamente
indígenas los que aparecen como firmantes de dos de los tres planes que abanderaron
los levantamientos de la facción gandarista. En 1857 fueron los ópatas quienes
proclamaron en el pueblo de Onavas el plan que llevó ese nombre, dos años después los
mismos ópatas proclamaron el plan de Tepupa en el poblado de igual nombre.
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Hasta el momento no se ha encontrado evidencia escrita del apoyo que los yaquis
prestaron a Gándara, sin embargo si han llegado hasta nosotros documentos que indican
a través de quienes tenía contacto Manuel María con la etnia yaqui. En l865, a pocas
semanas de la derrota de La Pasión, batalla en la que los franceses e imperialistas
sonorenses derrotaron a las tropas republicanas comandadas por Ignacio Pesqueira,
(Acuña, 1981: p. 110) Gándara escribió a José María Marquín:

Se ha establecido un gobierno que presta seguridades con su justicia, y esto me permitió
volver a mi patria; los habitantes de esos pueblos tienen el mérito de ser los primeros en
Sonora que le han reconocido y sometiendose a su autoridad sin necesidad de fuerza…
En todo entiendanse con el gefe francés que está en este puerto, cumplan sus órdenes y
esperen la organización del gobierno…Saluda a mi nombre á todos los de ese rio [se
refiere al río Yaqui], mas á tu familia y tu recibe el afecto que te profesa tu amigo…

En la carta se muestra que por lo menos desde veinte años atrás, Manuel María
mantenía un contacto estrecho con la familia yaqui Marquín. Dos de sus integrantes
murieron luchando en el bando gandarista, Mateo en el transcurso del levantamiento de
1857 y José María en el intervalo del segundo imperio. A parte de esta familia, otros
notables como Luis Redondo, Jesús Gándara y al menos un sacerdote cuyo nombre no
he podido identificar todavía, ayudaban a Gándara a mantenerse contacto con los
yaquis.

Por parte de los ópatas la relación se daba a través de la familia Tánori y otros jefes
militares ópatas. En la década de 1857 hay evidencia de que por lo menos uno de los
indígenas que incitaron a los ópatas de Onavas, Tónichi y Soyopa a oponerse al
reclutamiento en la Guardia Nacional era mayordomo de Santa Rita, una de las
haciendas de la familia Gándara. Otro indígena ópata, Facundo Piri, firmó una proclama
en la cual pidió a sus paisanos oponerse a formar parte de la Guardia Nacional (Córdova
Rascón, 1996: p. 99-101).

Estas actividades de los ópatas obstaculizando el reclutamiento de la Guardia Nacional,
meses antes de que se produjera el segundo levantamiento gandarista bajo el plan de
Onavas, muestra con claridad que el apoyo brindado por los indígenas sonorenses a
Gándara no se limitaba al campo de batalla, de la misma manera que los servicios que
las etnias recibían de Manuel María no estuvo restringido solamente a promesas; si
hubiera sido así, difícilmente Gándara habría podido mantener su apoyo desde la década
de 1840 hasta el fin del segundo imperio en la entidad en 1866.

Por último y a fin de mostrar que la posición de los indígenas sonorenses con respecto a
Gándara no era de sumisión, analizo dos documentos que muestran como las
autoridades sonorenses consideraban a los indígenas, en este caso ópatas y mayos, una
fuerza opositora importante, digna de ser tomada en cuenta como un enemigo aliado a
Gándara, pero no sometido a él. En octubre de 1857, apenas a unos días de que se
proclamara el plan de Onavas en el pueblo de igual nombre, los indígenas ópatas
mantuvieron una serie de negociaciones con el prefecto J. Juan Elías, las cuales estaban
destinados a apartarlos de su alianza con Gándara. En el transcurso de las negociaciones
los ópatas accedieron a reunirse con Elías en un punto intermedio entre la ciudad de
Ures y el pueblo de Onavas, de esta reunión el prefecto señaló:

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Vinieron los cabecillas y fui yo al sitio señalado, ellos en número de doce y yo con una
escolta de diez hombres y tomando la voz Francisco Palma, Felipe Catorce y Juan José
Tánori, tratamos del asunto, les escuché con calma cuanto expusieron (todo fue evasivas
y palabras sin fundamento), les hice por mas de dos hora serias reflecciones y por fin les
fije las terminantes condiciones de que rindiesen las armas y parque…a lo que
convinieron y se sujetaron los espresados cabecillas…y levantándose el acta del tratado
tuviese de luego su cumplimiento. (Pesqueira, t. VIII, año 1857).

Esta negociación se produjo exactamente siete días antes de la proclamación del Plan de
Onavas, el cual fue firmado por los mismos individuos a los que Juan Elías se refirió
como cabecillas de los ópatas. Si bien éstos suscribieron con el gobierno un tratado de
paz, lo repudiaron horas después. A las diez de la noche de ese día enviaron al prefecto
Elías un documento en el cual le informaron que estaban dispuestos a ir a la guerra, por
consiguiente desconocían el tratado firmado por la mañana y declaraban rotas las
hostilidades entre ellos y el gobierno sonorense. ¿Por qué se prestaron los ópatas a
firmar un acuerdo de paz con el gobierno?, puede plantearse a manera de hipótesis que
lo hicieron como una maniobra de distracción, misma que les permitió ultimar los
preparativos para el levantamiento que sin duda estaba planeado desde tiempo atrás. Lo
que importa destacar aquí es el hecho de que las autoridades sonorenses negociaron con
los ópatas de igual a igual, ello a su vez da pie para plantear que no los consideraban
aliados sumisos de Manuel María Gándara, aunque en la prensa se señalara lo contrario.

Once años después de ocurridos los acontecimientos narrados en los párrafos anteriores,
de nueva cuenta el gobierno optó por negociar por separado con otro grupo indígena,
esta vez los mayos. Como mencioné al inicio de esta presentación, Manuel María
Gándara apoyó el establecimiento del segundo imperio en Sonora, junto con él también
lo apoyaron los ópatas, yaquis y mayos. Al derrotar las fuerzas republicanas a los
imperialistas sonorenses en la batalla de Guadalupe en septiembre de 1866, la mayor
parte de los notables que reconocieron a Maximiliano como emperador, y participaron
en el gobierno imperial sonorense salieron de la entidad. En cambio las etnias que los
habían apoyado siguieron en pie de lucha, pues al retirarse unos al valle del Yaqui y
otros al del Mayo, no se consideraron derrotados. Ello obligó al gobierno a abrir una
nueva campaña militar, destinada a pacificar a las tribus semi-bárbaras, así se refería el
gobierno a yaquis, mayos, ópatas y pimas, que habitaban la entidad.

Para diciembre de 1866 los indígenas mayos solicitaron al gobernador Ignacio
Pesqueira el indulto, pero exigieron que éste les fuera concedido mediante la
celebración de un tratado formal entre las partes combatientes. El tratado se firmó en el
pueblo de Comuripo el 25 de diciembre de 1866, lo suscribió por parte del gobierno el
prefecto Quirino Corbalá, y por parte de los mayos el general Jesús Moroyoqui y el
teniente general Esteban Osuna. En este documento se declaró:

Reunidos el general del Rio Mayo con todos los oficiales, gobernadores y autoridades
de los ocho pueblos pertenecientes á este mismo Rio [río Mayo], protestamos
solemnemente…que reconocemos y nos sujetamos en todo al Gobierno Republicano y á
todas las autoridades establecidas por él, en el Distrito y en todo el Estado, ofreciendo
que prestaremos al Gobierno una ciega obediencia, como fieles servidores suyos,
protestando tambien que desconocemos enteramente al gobierno llamado imperial que
nos tubo engañados por algun tiempo…(Pesqueira, t. VII, 1867-1868, p. 009)

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Así como en el caso de los ópatas, este tratado firmado entre los mayos y el gobierno
estatal, demuestra que los primeros en ningún momento se consideraban sometidos a
Manuel María Gándara; aunque éste fue derrotado conjuntamente con sus aliados en la
batalla de Guadalupe, los indígenas que participaron en ella no se consideraron parte de
la derrota. Al retirarse a sus respectivos valles continuaron con la lucha, en el caso de
los mayos por tres meses más, hasta que probablemente agotaron sus reservas de parque
y víveres, por lo cual se vieron obligados a solicitar el indulto, mismo que
condicionaron a la firma de un tratado. Que las autoridades hayan accedido a esta
petición, es seña de que consideraban a la etnia una agrupación separada de la facción
gandarista, y por consiguiente fuera del control de Manuel María Gándara.

Comentarios Finales

El tema de la alianza de Manuel María Gándara con los indígenas sonorenses es tan
amplio y complejo, que no es posible tratarlo a profundidad en una ponencia. Lo que he
presentado aquí es un bosquejo de la manera como estaban interrelacionados estos dos
actores. El objetivo que me plantee al hacer este trabajo fue señalar que a diferencia de
lo que ha planteado la historiografía, las etnias sonorenses no se aliaban a Gándara en
un plan de sumisión ni tampoco lo hacían porque se dejaran manipular por promesas
falsas, o amenazas engañosas. Las alianzas que se establecieron entre Gándara y los
indígenas sonorenses se hicieron en un plan de igualdad, ni Manuel María consideraba a
los indígenas sus dóciles subordinados, ni éstos veían en Gándara una figura de
autoridad inapelable. El hecho de fueran capaces de mantener, por separado,
negociaciones con las autoridades estatales demuestra que se consideraban parte de una
alianza sí, pero no aliados inferiores sin poder de decisión como quedó demostrado
cuando una vez derrotado Gándara en la batalla de Guadalupe, yaquis y mayos
continuaron peleando hasta que consiguieron negociar una paz por separado con las
autoridades sonorenses.

El caso emblemático de los yaquis, que pelearon para sostener sus derechos de
propiedad sobre el valle del Yaqui, ha opacado hasta cierto punto la participación de los
ópatas en el escenario político sonorense del periodo analizado, es por ello que la mayor
parte del trabajo que presenté privilegió la participación de los ópatas. El análisis
realizado permite observar, que los ópatas obtenían de Gándara privilegios que les
permitían reafirmar sus cada vez más débiles vínculos de unión como etnia. Gándara les
permitió conservar su estructura militar y de gobierno, les otorgó privilegios que los
ponían a salvo de la igualdad ante la ley que pregonaba el proyecto liberal, asimismo les
ayudó a conservar la tierra que aún les queda en esos años.

Manuel María Gándara sí utilizó a las etnias sonorenses para respaldar sus propias
ambiciones, pero también éstas lo utilizaron para preservar sus formas de vida. En este
sentido el pacto establecido entre esta familia de notables y los indígenas que trabajaban
en sus haciendas, permitió que ambos sobrevivieran como actores principales, a lo largo
de décadas en un escenario conflictivo, en el cual probablemente hubieran sucumbido
de manera más rápida si no hubiesen contado con la ayuda que se prestaban unos a
otros.

Bibliografía

Acuña, Rodolfo
7
1981, Caudillo sonorense. Ignacio Pesqueira y su tiempo, Era, México.

Córdova Rascón, José René
1996, Sonorenses en armas la Guardia Nacional en Sonora durante el siglo XIX, 1821-
1882, trabajo inédito elaborado con la beca Escalante-Hoeffer en El Colegio de Sonora,
Hermosillo.

Feros, Antonio
1998, “Clientelismo y poder monárquico en la España de los siglos XVI y XVII”,
Relaciones, El Colegio de Michoacán, México, vol. XIX, No. 73:17-49.

Garriga, Carlos
2004, “Orden jurídico y poder político en el Antiguo Régimen”, Istor, CIDE, México,
No. 16: 1-21.

Pesqueira, Fernando (comp.)
Documentos para la historia de Sonora, tomos VII y VIII, s/publicar

Trejo Contreras, Zulema
2004, Redes, facciones y liberalismo. Sonora 1850-1876, tesis doctoral, El Colegio de
Michoacán, Zamora.

*Profesora-investigadora del Programa de Historia Regional de El Colegio de Sonora,
ztrejo@colson.edu.mx