SESIÓN DEL 25/11/2010

Médium: Jorge Olguín.
Interlocutor: Horacio Velmont.
Entidad que se presentó a dialogar: Radael, Thetán de Horacio Velmont.
Relataron unas vivencias en Aldebarán IV como Ligor (guerrero) y Lormo (explorador)
respectivamente. Fueron a otro continente donde ayudaron a los indígenas a defenderse de
un pueblo guerrero. Explicaron su dolor por la maldad gratuita de ese pueblo.
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Interlocutor: ¿Radael?
Radael: Estoy aquí, presente, y tengo a mi lado –si bien en el plano
suprafísico no tenemos un cuerpo material como vosotros pero es una manera
de expresarme- tengo a mi lado a Raeldan, que es otro espíritu cuyo 10%
también está encarnado en Sol 3. Y ambos hemos encarnado, causalmente, en
un mismo mundo, tanto el 10% de Raeldan como tú, 10% en un rol anterior,
y ambos queremos hablar a través de este receptáculo. Obviamente, de mi
parte no creo que este decodificador esté preparado para recepcionar a los
dos al mismo tiempo pero sí podemos intercambiar impresiones.
Interlocutor: Está bien.
Radael: No tengo engramas pero sí tengo situaciones de dolor, porque
hasta el propio Maestro Jesús ha dicho, en los planos de Luz no se sufre por
uno, se sufre por el otro.
Interlocutor: ¿Esos dolores repercuten en mí como 10% tuyo?
Radael: No repercuten a nivel engrámico porque, insisto, son
sufrimientos por el otro, como todo ser de Luz que sufre por aquel que en el
plano físico tiene problemas.
Interlocutor: ¿Pero hay momentos de angustia, míos, que pueden ser a
causa de eso, ¿es posible?
Radael: Hace muchísimos siglos atrás encarnamos en un mundo
llamado Umro, que en su zona central estaba en una eterna edad media y en
la zona norte, en una edad antigua. Mi nombre era Lormo y era explorador,
incluso me vestía con una ropa que vosotros llamaríais kaki muy similar a
aquellos exploradores de Sol 3 de hace un siglo cuando iban al continente
vuestro llamado África.
Interlocutor: ¿Estás hablando de raza humana?, ¿estamos hablando
tipo humano?
Radael: Sí, directamente, homo sapiens. Y en distintas barcazas iba con
algunos acompañantes al gran océano y recorríamos otras islas buscando
distintas razas de animales. Y me hice amigo de un joven que se había criado
en el desierto, llamado Amer. A él le gustaban mucho las plantas, montaba en
unos animales llamados gromodans -eran muy similares a los camélidos
terrestres- y yo era más grande que él, era mayor en edad y hemos hecho
varias cosas juntos. Y un día me comentó que iban a ir en varias naves a lo
que llamaban el Nuevo Mundo, un continente que quedaba al oeste. El trecho
que separaba el continente este del oeste, para que tengas una idea, es
similar al que en Sol 3 separa Europa de América.
-¿Por qué -le pregunté a Amer -van a viajar al nuevo continente?
-Porque hace bastantes revoluciones atrás –planetarias-, un guerrero
llamado Ligor ha hecho un viaje y ha descubierto un nuevo continente donde
había indígenas.
Pero a diferencia de los indígenas de Sol 3, era una raza más parecida a
los neanderthal de Sol 3 y al comienzo fueron resistidos, incluso tuvieron
pequeñas batallas hasta que este guerrero Ligor les convenció de que venían
en son de paz y confraternizó con ellos.
Pero luego hubo un nuevo viaje de un explorador llamado Umcor que
fue en dos naves, fueron como cincuenta tripulantes en las dos naves y
descubrió que había habido en alguna de las aldeas de estos indígenas una
masacre. Así como en nuestro continente este, en el norte hay nórdicos, -para
que tengas una idea, eran muy similares a vuestros vikingos- en el norte del
continente oeste también había unos nórdicos muy corpulentos que tenían
una cadena de ADN homo sapiens pero eran de una contextura mucho mayor:
la mayoría medía dos metros como mínimo.
Cuando este guerrero Ligor se entera que esas huestes del norte
querían acabar con los indígenas, junta varias naves, junta varios
mercenarios y propone viajar.
Y yo le dije a Amer: -Me gustaría ir con vosotros.
Y Amer me dice: -Apenas voy yo porque me interesa el tema de las
hierbas y aparte tengo conocimientos de curaciones, sé sanar problemas
estomacales... ¿Tú, a qué irías?
Y yo le respondí: -Soy un explorador, es innato en mí y aparte, llevo
pequeños... son como hojas que saco de los árboles...
Lo que hablaba mi 10% era similar aunque muy en bruto al papel
terrestre, obviamente que en Umro no existía la tecnología como para hacer
papel pero podíamos, de alguna manera, hacer croquis. Y esto es lo que hacía
ese rol mío en Umro.
Viajamos -ya no en gromodans, porque era muy incómodo en la costa viajar
en gromodans, viajamos en hoyumans, que eran cabalgaduras similares a
vuestros caballos- y llegamos al norte tras varias jornadas y ahí es cuando
conozco a Ligor. Me impresionó su juventud, su musculatura y le planteé que
quería ir en una de las naves, como para testimoniar.
Me respondió muy secamente: -Ocuparías lugar y gastarías comida. De
uno de mis bolsillos saqué un montón de monedas y le digo: -Mira.
Vi que su semblante cambió. –¿Darías todo esto para comestibles?
-Sí, por supuesto. Y dure lo que dure el viaje, sé que con todo esto hay
alimentos para cinco personas, ida y vuelta. Pero lo doy todo. No tengo
problemas con tal de que me llevéis.
Y empezó el viaje, que como dice un libro terrestre, fue una odisea.
¿Me permites darle paso a Raeldan?
Interlocutor: Sí, ¿cómo no?
Raeldan: Es un gusto estar nuevamente comunicado con el plano físico.
No es la primera vez que me comunico a través de este receptáculo. Mi 10%,
en esa encarnación en Umro, fue Ligor. Mi aura era tan extensa que tenía
como una especie de magnetismo en las manos al punto tal de poder despedir
descargas eléctricas, pero era homo sapiens.
Cuando tu 10% encarnado se presenta a mí, lo que veo es un estorbo y
me molestó, porque me faltaban guerreros. Eran varias naves las que
llevábamos, para que te des una idea, eran naves pequeñas muy similares a
vuestras carabelas en la época que hipotéticamente se descubrió América,
aunque sabemos que fue antes. Pero cuando tu 10% me muestra que podía
comprar, inmediatamente cogí su dinero y mandé a varias personas al
poblado más cercano a traer más viandas, más bebidas, porque no nos
podíamos quedar sin raciones de comida o de bebida, ya bastante teníamos
con Amer, con sus hierbas, sus pretensiones, sus cosas, y encima llevar a un
supuesto explorador que, en realidad, compró su pasaje.
Amanecer tras amanecer, guerreros vomitando, los barcos se mecían como si
fueran las cunas de los bebés, de los pequeñuelos.
Y finalmente llegamos. Y una avanzada marchó hacia el norte armados
con hachas, cimitarras, espadas.
Nos cruzamos con una familia de indígenas que ya me habían conocido
de un viaje anterior. Nos abrazamos. La mujer nos contó que tenían cinco
niños y dos de ellos habían muerto de fiebre.
Llegamos a apreciar a esa raza que apenas si sabían dominar el fuego.
Vivían en pequeñas chozas. No tenían poblado como en nuestro continente
pero sí llegaban a fabricar como algunas cabañas, es como que desde el viaje
anterior habían progresado gracias a nuestra ayuda.
Voy a dar pequeños detalles de la batalla. Ramadar era un guerrero
gigantesco, me enfrenté con él. Él era el jefe de las huestes del norte pero era
imposible razonar. Por momentos yo me consideraba un gran guerrero y
sentía no miedo por mi vida sino temor de que si a mí me pasaba algo, ¿qué
pasaría con los indígenas? Y hay que ser honesto; en esas batallas cuerpo a
cuerpo, yo era corpulento, fuerte, pero mi contrincante me llevaba casi una
cabeza. Era mucho más pesado, mucho más robusto, y cada embate de él
apenas podía contenerlo. Entonces, no es la primera vez que lo hago: cargaba
eléctricamente mi espada y con cada embate mío él sentía un malestar en su
cuerpo, que era mi electricidad.
Finalmente los corrimos hacia el norte. Dejamos un tendal de
cadáveres. No tuve la fortuna de acabar con la vida de esta persona tan
indigna –si se le puede llamar persona- y encima, me avisan que otras
huestes, traicioneramente, habían ido por el lado de la costa y habían
quemado nuestras barcazas para que no podamos regresar a nuestro
continente.
Lo que ellos ignoraban era que yo no era tonto y teníamos más
barcazas escondidas para poder regresar. Las de adelante eran como un
señuelo y no estaban aprovisionadas y por otro lado, habíamos dejado de
nuestra parte tantos muertos, también...
Nunca nadie desafió mi autoridad pero mi lugarteniente y otros me
dijeron: -Ligor, ¿valió la pena esto?, al fin y al cabo, no conocemos a los
indígenas y han muerto muchos de los nuestros.
-Vale la pena el ser útil y a veces es cierto que no medimos donde
termina el servicio y donde empieza el sacrificio. Pero aquel que está más allá
de las estrellas, que fue quien nos dio vida, entenderá.
Le dejo paso a Radael.
Interlocutor: Hasta luego. Radael, te escucho.
Radael: Siempre sentí que uno debería hacer servicio en forma
permanente, lo que pasa es que a veces no sabes cómo hacerlo, no sabes
cómo hacerlo...
Interlocutor: Claro.
Radael: En un mundo tan atrasado como Umro, yo había elegido
explorar, conocer especies vegetales. Cuando vi por primera vez a los
indígenas me asusté, eran rostros brutos. Los dibujé y era para mí como un
tesoro tener los dibujos de esas familias. Uno de ellos me llama –hablaban un
lenguaje gutural- me toma de la mano, pero me toma de una manera suave,
caminamos varias líneas, le avisé a Amer que iba con uno de los indígenas,
que se llamaba Or, y veo cientos de palos clavados en tierra y me señala con
uno de sus dedos. Y no sabía cómo preguntarle y le hago gestos con mis
manos diciendo: -No entiendo, no entiendo. El indígena me señala los palos
clavados en la tierra, toca uno y pone sus dos manos cruzadas en el pecho
como si estuviera durmiendo y me doy cuenta de que eran tumbas. Así como
en Sol 3 puede haber una cruz o una estrella de David, allí había palos. Y
había cientos.
Y con señas le pregunto: -¿Cómo ocurrió eso?
Y me hace gestos de manipular un hacha y me señala al norte y me
señala altura, como diciendo: -Esto lo hicieron los guerreros del norte.
Sentí un tremendo dolor porque veía a una raza que estaba
evolucionando, de buen instinto, de mente –quizá- menos conceptual que la
del norte, porque vi en la costa cadáveres de guerreros del norte que las
huestes de este guerrero Ligor habían matado y no había comparación, la
especie del norte era mucho más evolucionada que los indígenas, su cráneo
era igual al nuestro mientras que el cráneo de los indígenas era como de una
civilización de hace más de cincuenta mil años de Sol 3, pero la palabra
humano yo no la considero un sinónimo de homo sapiens, esto lo estoy
diciendo de manera figurativa. Sentí que eran más humanos estos indígenas
que aquellas bestias del norte.
Siento una mano pesada en mi hombro y me sobresalto y miro hacia
arriba y era Ligor.
-Has visto las tumbas. –me dice.
-Sí.
Y en instantes dibujé los montículos de tierra y los palos, como
testimonio mientras Amer recogía muestras de plantas.
Le pregunté a Ligor: -¿Qué mueve a esta gente del norte a hacer esto?
Y me respondió: -Gente como Ramadar, este guerrero, que es un
asesino que mata mujeres y niños de estos indígenas que no molestan a
nadie, en nuestro continente hay iguales o peores en el norte, pero nosotros
tenemos cómo defendernos. Pero también asolan aldeas, poblados, violan
mujeres y niñas. Es así el mundo.
-Sé que tú eres guerrero y tal vez no me lo puedas responder – exclamé
-pero aquel que está más allá de las estrellas, ¿por qué permite todo esto?
También han muerto muchos de los vuestros...
-Di de los nuestros –me corrigió.
-Sí, lo que pasa es que yo no me considero guerrero.
Y Ligor me dijo: -No es que el que está más allá de las estrellas permita
o no permita, tenemos opciones, podemos elegir. Si yo tuviera que elegir un
medio de vida, hace muchas revoluciones atrás, conocí a una joven, una
doncella, que había hecho votos de castidad porque estaba de dama de
compañía de una princesa y si bien he tenido intimidad con las mujeres en las
tabernas, a veces me siento solo.
-Bueno –le respondí yo, -yo no tengo compañera pero me encanta
explorar y conocer lugares.
Ligor me dijo: -Ahora volveremos a nuestro continente y te mostraré en
la parte oriental algo que no conoces. Y si tú quieres, más adelante, tengo
planeado ir a la parte sur de nuestro continente donde hay unos seres que se
llaman los apartados.
Exclamé: -Escuché hablar de ellos. Sé que tienen una muy grave
enfermedad y por eso los han apartado.
-No –me dijo, -eso fue hace generaciones atrás. Las enfermedades
acaban contigo o te fortalecen y a ti que te gusta explorar, te avisaré.
-¿Y cómo me encontrarás?
-No te preocupes. Como Ligor, tengo amigos en todos los poblados.
Volvimos en los barcos a nuestro continente. Me sentí mal todo el
camino pensando en los palos clavados en los montículos de tierra, con los
ojos bañados en lágrimas, porque sabía que la historia no había terminado, el
líder no había muerto. Los indígenas todavía no estaban a salvo y me dolía mi
interior por no poder hacer nada por ellos. Miro hacia adelante y en la proa,
una espalda gigantesca, la cabellera, la espada calzada en la cintura, me
acerco. Cuando estoy a dos pasos, Ligor se da la vuelta: me asombré de su
oído. Me pregunta: -¿Quieres saber qué pienso?
-A eso venía.
-Pienso en los palos clavados sobre los montículos y en que Ramadar
quedó vivo.
-Vaya coincidencia, yo estaba pensando en lo mismo pero a diferencia
tuya yo ni siquiera tengo la fuerza física para levantar una de vuestras
espadas. ¿Harás otro viaje?
-No lo sé –me respondió. Y seguimos rumbo a nuestro continente. No
puedo decir a nuestro hogar, yo no tenía hogar, yo iba de un lado a otro y
tengo entendido que Ligor, lo mismo.
Amel me preguntó: -¿Qué te pareció el viaje?
-Tengo dos respuestas –le dije. Una: Hubiera preferido no ir, me
hubiera evitado ese dolor. No me gusta ver un pueblo masacrado. Respuesta
dos: Sí, valió la pena el viaje. Tengo dibujos que los voy a dar a conocer en los
distintos poblados para que sepan que más allá del mar hay otro mundo, hay
gente que ama, que sufre, que vive, que sueña, con su pequeña mente pero
sueña. ¿Sueñan los guerreros del norte o solamente viven para sus placeres y
para tomar la bebida espumante?. Amel no me respondió. Al igual que yo, él
tampoco tenía la respuesta.
Gracias por escucharme.
Interlocutor: Hasta Luego, Radael.

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