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La agenda del desarrollo local (1

)
por José Luis Coraggio (2)
Los lugares y el capital global
En primer lugar quiero agradecer a los organizadores por la posibilidad de participar en este encuentro
sobre la problemática del desarrollo local, en una ciudad tan querida como Montevideo. Justamente en
1987 estuvimos en Montevideo en otro Seminario Europeo!atinoamericano sobre "escentralizaci#n $
"esarrollo !ocal. %&uánto avanzamos en 1' a(os, $ adonde iremos con el desarrollo local si seguimos el
mismo camino)
!a claridad anal*tica de los e+positores que me precedieron nos a$uda a pensar lo local, a ubicarlo
conceptualmente. ,ambi-n en aquel Seminario .ubo importantes contribuciones conceptuales sobre el
tema. /ero me parece que $a el problema no está tanto en la concepci#n te#rica, en la anticipaci#n de las
posibilidades que o0rece el desarrollo local, sino en las prácticas, porque esas ideas tan claras que .emos
o*do se van incorporando al discurso universal, pero no se traducen en una práctica que est- trans0ormando
de una manera visible e igualmente generalizada las realidades locales de 1m-rica !atina. ,al vez la brec.a
entre teor*a $ práctica está provocada por el generalizado escepticismo sobre la posibilidad de revertir las
tendencias negativas que .o$ marcan el presente $ se pro$ectan .acia el 0uturo de nuestras sociedades.
Su0rimos un proceso de revoluci#n tecnol#gica $ econ#mica de gran violencia, que, en aras de los
equilibrios macroecon#micos, está violentando equilibrios psicosociales $ trans0ormando traumáticamente
nuestras vidas cotidianas. 2n proceso que es, a la vez, de di0erenciaci#n $ de uni0ormaci#n. !a di0usi#n, en
el mundo del discurso, del "esarrollo !ocal $ su vinculaci#n con el discurso de "esarrollo 3umano, podr*a
ser celebrada como parte del proceso de uni0ormaci#n. /ero .a$ otra uni0ormaci#n, simultánea $ dolorosa,
en el mundo real4 la de la e+tensi#n de la pobreza. 2na pobreza agudizada que $a no es un 0en#meno
t*picamente rural, ni atribuible a ciertas localidades comparadas con otras. 15n en el centro de las ciudades
más grandes $ más desarrolladas de nuestro continente .a$ áreas de pobreza, con poblaciones comparables
a las de ciudades $ regiones enteras, si es que no de pa*ses.
!a 0uerza que impulsa estos procesos es la del proceso de acumulaci#n de capital $ su revoluci#n
tecnol#gica, proceso que está atravesando la recta 0inal .acia la con0ormaci#n del mercado capitalista4 el
mercado global. En este conte+to, un apurado pragmatismo puede convertir al "esarrollo !ocal en un mero
instrumento de la competencia entre lugares para atraer las inversiones del capital global.
Es como si el capital estuviera navegando por el mundo, oteando el .orizonte en busca de localidades que
o0rezcan aquellas oportunidades de inversi#n que me6or combinen rentabilidad $ riesgo inversi#n
0inanciera, comercial o productiva, especulaci#n con t*tulos $ moneda, instalaci#n, compra $
reestructuraci#n 7o cierre8 de establecimientos productivos, compra $ trans0ormaci#n de servicios básicos,
etc.. Muc.as de esas localizaciones son de una gran inestabilidad, porque están cont*nuamente sometidas a
la competitividad de otros lugares $ oportunidades, $ porque para las decisiones cortoplacistas que las
gobiernan el desarrollo .umano es s#lo un 0actor más, aunque puedan tener enorme impacto en la vida $ las
posibilidades de desarrollo de una comunidad.
E0ectivamente, algunas inversiones basan su competitividad en la desregulaci#n del medioambiente, en
mano de obra de ba6o costo, con ba6a cali0icaci#n, 0le+ible en el sentido de ser dispensable sin derec.os ni
costos, en subsidios directos e indirectos provistos por los gobiernos a costa de las clases populares. ,odo
lo cual está generalmente asociado a naciones poco desarrolladas, social $ territorialmente polarizadas, con
una democracia 0ormal sostenida por el clientelismo 0ocalizado en los sectores de má+ima pobreza $ no por
una ciudadan*a participante.
Sin embargo, las inversiones pueden prosperar e incluso en algunos casos requieren de condiciones locales
asociadas con un alto grado de desarrollo .umano4 sociedades integradas, más equitativas, social $
pol*ticamente estables, con una poblaci#n con altos niveles de educaci#n $ capacitaci#n, buenos niveles de
vida $ un medioambiente equilibrado, que pueden proveer mano de obra 0le+ible por su 0ormaci#n básica $
su capital cultural.
Mientras se mantengan las enormes desigualdades entre regiones del mundo, el desarrollo local apelando a
inversiones del primer tipo puede tener -+ito, pero la degradaci#n de la sociedad $ el medioambiente que
generan pueden ser irreversibles, $ terminarán por descali0icarlas en la competencia de largo plazo.
/romover un 9desarrollo local9 mediante programas dirigidos a dualizar las regiones urbanas, creando
islotes de modernidad e+portadora en oc-anos de pobreza, puede conducir al incremento de indicadores de
inversi#n o actividad econ#mica, pero asociados a altas tasas de desocupaci#n, a la pauperizaci#n $ la
desintegraci#n social: en suma, a un crecimiento local sin "esarrollo 3umano, sin sustentabilidad.
&ompetir por las inversiones que requieren los 0actores asociados a localidades con alto grado de desarrollo
.umano es, en cambio, co.erente con el "esarrollo !ocal que propugnamos.
Lo local y el desarrollo
%Será que tenemos que seguir repreguntándonos qu- es lo local) 1clararlo no terminará de resolver el
problema del desarrollo local, porque la cuesti#n central no está en el signi0icado de lo local sino en el
sentido del desarrollo. /odemos con0rontar diversas concepciones de las virtudes de lo local4 como
idealizaci#n de una vida superior, como ámbito más e0iciente de la organizaci#n de ciertas relaciones4 la de
representaci#n pol*tica, la de la comunidad, la de la convivencia, como escala más e0icaz para actuar $
operar ciertos e0ectos. Menos valorativamente, lo local puede ser visto como un ámbito territorial,
delimitado por el alcance de ciertos procesos. En especial, podemos destacar lo local como ámbito de
posibilidad de la interacci#n cotidiana cara a cara entre distintos actores.
Este mismo concepto presenta di0icultades. /orque, si vamos a delimitar lo local con ese criterio, en la
ciudad de ;uenos 1ires lo local abarca el centro $ toda la peri0eria de una ciudad de 1< millones de
.abitantes, porque, aunque relativamente desconectados entre s*, los .abitantes de los barrios peri0-ricos
están interactuando cotidianamente a trav-s del centro. = cuando 9lo local9 puede ser una regi#n de 1<
millones de .abitantes, no estamos .ablando de comunidades peque(as $ e+perimentables igualmente por
cada uno de sus integrantes, sino de una sociedad con una gran di0erenciaci#n $ 0ragmentaci#n interna, con
una gran di0icultad de articulaci#n.
,ambi-n .a$ problemas si se pretende asociar lo local con una identidad positiva. En la 2niversidad
>eneral Sarmiento, ubicada en la peri0eria de ;uenos 1ires, rodeada por tres municipios que tienen 8''
millones de .abitantes, la mitad de los cuales está por deba6o de la l*nea de pobreza, .a$ algo que
caracteriza a la 6uventud4 quiere escapar de su localidad, ve a la 2niversidad como trampol*n para 0ugarse
al centro: es decir, no .a$ muc.o de positivo en esta identidad aunque es un rasgo de identidad.
Esta problemática no se resuelve con acuerdos conceptuales, pues está re0le6ando una realidad que se .ace
di0*cil entender en qu- sentido se puede seguir planteando 9lo local9 como alternativa. %1lternativa a qu-)
&oincido totalmente con lo que acaba de e+presar 1rocena, que 7sea lo que sea8 lo local no es la alternativa
a lo global, que no es a esa opci#n a la que estamos en0rentados, global versus local. /ero entonces la
pregunta inicial misma deber*a ser desplazada. ,endr*amos que preguntarnos por algo más trascendente,
por el desarrollo, $ ubicar lo local como un ámbito espec*0ico dentro de esa problemática más amplia. 1 eso
tambi-n se .a apuntado en las e+posiciones anteriores.
El ob6etivo trascendente es el desarrollo, $ en particular el desarrollo .umano. /ero no en la versi#n que de
.ec.o ve al desarrollo .umano como la satis0acci#n aparente de unas necesidades m*nimas, o el incremento
de ciertos indicadores sociales. /or desarrollo .umano nos re0erimos a la reproducci#n ampliada de la vida,
la reproducci#n sin limites de la calidad de vida, que es la 5nica 0uerza que puede contraponerse a la 0uerza
del capital que acumula sin limites, o a la 0uerza del poder que tambi-n acumula sin limites. 3ace 0alta esa
0uerza equivalente para contraponerla a la l#gica del capital pol*tico $ a la l#gica del capital dinero. /ara
denotar esa pretensi#n es que aceptamos usar el t-rmino de 9capital9 .umano.
3o$ coe+isten gran cantidad de intervenciones en los terrenos de lo econ#mico, lo social, lo pol*tico, la
participaci#n, la cultura, que pueden converger con la propuesta de desarrollo .umano. El problema es que
están aisladas o, en todo caso, que son 0ácilmente aislables. /or lo tanto, su sentido de con6unto, si surge
alguno, será un resultado emergente. En otros t-rminos, no resultará del intento colectivo de m5ltiples
agentes por avanzar guiados por un mismo ob6etivo estrat-gico, de manera articulada, con vocaci#n
sist-mica $ no meramente local, de modo de potenciar la cantidad $ la calidad de los recursos que se están
aplicando buscando la sustentabilidad de las nuevas estructuras resultantes.
3ace $a tiempo que venimos multiplicando e+periencias aisladas a la vez que reducimos la articulaci#n
entre ellas a este encontrarnos para socializar nuestros logros $ di0icultades. Sin embargo, es evidente que
la pobreza persiste $ se ampl*a, mientras que el desarrollo, como proceso autosostenido, no surge de esas
intervenciones. El enigma de la pobreza eterna $ del desarrollo ausente no parece resolverse en el mero
encuentro de las e+periencias, salvo la recurrente re0erencia a la perversidad de las pol*ticas econ#micas $ a
la escasez de los recursos compensatorios.
La posibilidad de una estrategia y sus recursos ocultos
/ara que nuestra re0le+i#n pueda superar esta situaci#n, parece necesario pensar en t-rminos de estrategia,
t-rmino ca*do en desuso porque, se dice, 0racas# la ingenier*a social, $ as* se cumpli# la a0irmaci#n
/opperiana de que era imposible construir voluntariamente las instituciones o las estructuras sociales. Esa
descali0icaci#n de la voluntad es di0*cil de aceptar cuando al mismo tiempo estamos su0riendo una
operaci#n de ingenier*a social in-dita, en la que se están re0ormando los estados, las sociedades, los
mercados. "ebemos entonces recuperar el derec.o a pensar las otras posibilidades que encierra esta misma
realidad, pero que no se dan sin una acci#n persistente $ convergente de m5ltiples agentes.
!a conciencia de las posibilidades de un cambio estrat-gicamente orientado estará apuntalada por una
nueva s*ntesis de toda esta riqu*sima $ e+traordinaria e+periencia acumulada, s*ntesis que no parece .aber
surgido de encuentros en que nos limitamos, a(o tras a(o, a volver a establecer nuestros puntos comunes, a
reconocer nuestras di0icultades en las di0icultades del otro $ nuestras posibilidades en sus logros. Esa
s*ntesis permitirá plantear, con bases emp*ricas, un nuevo punto de partida para el pensamiento, un marco
de sentido 0irme para la acci#n de promoci#n del desarrollo desde instancias locales, que provea nuevas
claves en el momento de e+aminar nuestras e+periencias $ dise(ar 0uturas acciones.
=o no vo$ a .acer esa s*ntesis, pues e+cede mis capacidades. ?uiero simplemente proponer algunas ideas
iniciales sobre c#mo pensar ese marco para reorientar las intervenciones. En primer lugar, la estrategia no
puede ser pensada como la resultante del con6unto de oposiciones a las tendencias negativas de cambio que
se vienen registrando 7centralizaci#n vs. descentralizaci#n, local vs. global, solidaridad vs. competencia,
estatizaci#n vs. privatizaci#n, participacionismo vs. democracia representativa 0ormal, etc. etc.8 sino que
tiene que aprovec.ar los recursos movilizados por los procesos que generan esas tendencias modi0icando
sus resultados.
En particular, se trata de aprovec.ar los recursos 0inancieros, las .abilidades, las capacidades, la 0uerza de
las organizaciones que se están instrumentando para la implementaci#n de las pol*ticas sociales. /ara ello
es necesario intervenir activamente dentro de procesos contradictorios que están en marc.a 7como el de
descentralizaci#n, o el de 0ocalizaci#n de las pol*ticas sociales8, para darles un sentido distinto. Esto supone
que .a$ márgenes pol*ticoinstitucionales para .acerlo.
En otra oportunidad .e planteado la posibilidad de aprovec.ar el espacio $ los recursos que genera el
proceso de descentralizaci#n del estado, lo que implica tanto superar la visi#n administrativa $ e0icientista
que la orienta como superar una visi#n pol*tica estrec.amente oposicionista. En todo caso, alrededor de la
descentralizaci#n se e6ercen 0uerzas $ se están movilizando recursos que antes que pensar en pararla
debemos pensar como canalizarla para un pro$ecto de desarrollo distinto.
@gualmente, .a$ un gran potencial en las llamadas 9nuevas pol*ticas sociales9, las pol*ticas sociales
compensatorias 0ocalizadas en los sectores más pobres, de las cuales son parte muc.os de los programas $
e+periencias que se presentan en este encuentro, o porque sus agentes son parte del estado local, o porque
participan del proceso de tercerizaci#n de la pol*tica social que en buena medida está rede0iniendo a las
AB>.
10irmamos que el principal obstáculo no es de recursos. Cecursos .a$, el problema es que están mal
invertidos, que son usados para paliar, para compensar, no para superar la crisis masiva de reproducci#n de
los sectores populares.
Junto con las nuevas pol*ticas se están dando re0ormas en los sistemas educativos, en los sistemas de salud,
en los sistemas previsionales, .a$ 0uerzas .acia la privatizaci#n de los servicios p5blicos, .a$ un proceso
de tercerizaci#n del estado. En tanto estos cambios están asociados por un gran proceso socialmente
regresivo, parece l#gico pensar en obstaculizarlos, en pararlos. /or mi parte pre0iero pensar que una
alternativa viable es 9cabalgar9 sobre esas 0uerzas, para redirigirlas $ cambiar cualitativa $
cuantitativamente sus resultados, logrando as* e0ectos en una escala social signi0icativa, algo casi imposible
por el mero agregado de emprendimientos o programas aislados.
Se trata entonces de reorientar los recursos que estos procesos desarraigan $ movilizan, redireccionándolos
.acia un desarrollo de otro tipo. 1s*, es posible canalizar el poder de compra del estado 70avoreciendo la
competitividad de las microempresas o las redes de producci#n $ servicios no capitalistas en las
licitaciones8, incidir en las 0ormas que asume la tercerizaci#n $ la privatizaci#n 70avoreciendo las redes de
empresas autogestionarias de servicios, o creando entes reguladores de los servicios p5blicos en lugar de
dar el monopolio a grandes empresas a veces estatales pero de otro continente8, evitar la dispersi#n
clientelar de los recursos, 0avoreciendo su coordinaci#n $ adecuaci#n con pro$ectos de desarrollo desde las
comunidades.
E+iste, entonces, un espacio de acci#n $ de resigni0icaci#n de esos procesos $ recursos que, para ser
aprovec.ado, requiere no s#lo de la voluntad pol*tica para intervenir $ codeterminar los resultados de la
reestructuraci#n en marc.a, sino tambi-n de un marco estrat-gico $ metodolog*as compartidas para la
generaci#n de propuestas espec*0icas e0icaces.
3a$ un punto que es visto como di0icultad $ como obstáculo, pero que tambi-n creo puede ser visto como
un recurso, que es el pragmatismo de las masas 7si es que el t-rmino todav*a se puede usar8, esa primac*a de
la necesidad inmediata, ese inmediatismo que 0acilita la vigencia $ e+tensi#n de los mecanismos
clientelares.
Esas actitudes $ disposiciones pueden ser vistas como obstáculos $ tratar de sustituirlos mediante una luc.a
cultural basada en intervenciones ideol#gicas. A puede ser vista como puntos de partida, como otros tantos
puntos de apo$o, como 0uentes de energ*a social. /orque la resoluci#n de los problemas de todos los d*as de
la gente no debe ser a6ena a la pol*tica, no debe aparecer como una opci#n a la luc.a cultural. /odemos
integrar la b5squeda de me6ores condiciones de vida 6unto con el desarrollo de me6ores 0ormas societales,
pol*ticas, t-cnicas, organizativas, de comunicaci#n, siempre que muestren su e0icacia para encarar aquellos
problemas. 1s*, la capacidad movilizadora de la resoluci#n de problemas sentidos se convierte en un
recurso para el cambio de las estructuras que generan esos problemas.
"el mismo modo, .asta la tendencia a la dualizaci#n $ a la e+clusi#n que se viene mani0estando puede ser
vista como un recurso, porque implica un a0lo6amiento de las tenazas de la dominaci#n, a trav-s de la doble
legitimidad de un sistema que era integrador a la vez que di0erenciador $ marginante de sectores más o
menos signi0icativos. 1.ora .a$ una di0icultad estructural del sistema para integrar a trav-s del traba6o,
para generar la solidaridad orgánica $ las e+pectativas de ascenso resultantes de la participaci#n compartida
en un sistema dinámico de divisi#n social de traba6o. /or eso se apela crecientemente a estrategias de
legitimaci#n simb#lica $ a pol*ticas clientelistas de compensaci#n social, lo que es un signo de la debilidad
pol*tica estructural del nuevo sistema de producci#n $ reproducci#n. Esto genera un espacio donde se
pueden construir otras relaciones, donde pueden germinar estructuras que sin pretender sustituir a las
estructuras predominantes del capital, con las que tienen una relaci#n abierta, contradictoriamente
complementaria o competitiva, integran lo que por otro lado es una e+clusi#n desintegradora.
/or 5ltimo, el mundo de las nuevas tecnolog*as, que por un lado genera graves tendencias a la precarizaci#n
del traba6o, al subempleo $ al desempleo, $ que .a contribuido a la desindustrializaci#n de nuestros pa*ses,
es a la vez un recurso, como $a se planteaba en el seminario del 87, porque abre muc.as posibilidades a
nivel local, a nivel micro, para el desarrollo de redes $ para una me6or articulaci#n de lo local con lo
interlocal $ lo global. Sin embargo, puede ser que no las estemos aprovec.ando.
Si el conocimiento es un recurso 0undamental para la inserci#n en las nuevas estructuras tecnol#gicas,
econ#micas $ sociales, nuevamente podr*amos establecer una condici#n de partida negativa4 los sistemas
de investigaci#n, de educaci#n $ capacitaci#n están en crisis. 1 esto contribu$en las tendencias a la
privatizaci#n o al cierre de los organismos p5blicos de investigaci#n $ las reducciones de su presupuesto en
el conte+to del a6uste, pero tambi-n el burocratismo $ el corporativismo de esos sistemas, que di0icultan la
reorganizaci#n de sus recursos para encarar la transici#n. !a respuesta .a sido emprender re0ormas 0uertes
del sistema, $ dentro de ese proceso es posible replantear activa $ no de0ensivamente el papel de la
universidad, de los centros de investigaci#n, de la escuela, de los centros tecnol#gicos, de las redes de
capacitaci#n laboral, de los sistemas de 0ormaci#n cont*nua, de las redes de educaci#n popular, desde la
perspectiva del desarrollo .umano $, dentro del -l, del desarrollo local.
1unque de manera contradictoria, .a$ entonces recursos que, reencauzados, pueden operar como 0uerzas
contrarrestantes de las tendencias no deseadas de la reestructuraci#n. 1provec.ar todos estas posibilidades
$ recursos implica su redireccionamiento colectivo. Esto supone involucrar a muc.os $ mu$ diversos
actores, que vienen actuando aut#nomamente, con ob6etivos institucionales $ sectoriales diversos, pero que
podr*an lograr el e0ecto de con6unto si operaran de manera consistente con el ob6etivo estrat-gico del
desarrollo .umano sustentable. !ograr esta unidad en la diversidad es, de .ec.o, una tarea pol*tica, pues
supone iniciativas, propuestas orientadoras, convocatorias, la b5squeda de consensos o de acuerdos en la
es0era p5blica, o bien el surgimiento de una .egemon*a dentro de las prácticas del con6unto.
En esto, la pol*tica partidista puede ser una limitante. !a competencia entre partidos .ace que incluso los
me6ores pro$ectos progresistas, una vez instalados en el gobierno, comiencen a reorientarse por el
imperativo de ganar la pr#+ima elecci#n $ de atender los compromisos corporativos que permiten 0inanciar
las campa(as electorales. Esta l#gica, intr*nseca al sistema de competencia entre partidos pol*ticos, se
agrava en la sociedad in0ormacional o supersimb#lica, $ debe ser contrarrestada dentro mismo del sistema
democrático.
El diagn#stico sugiere entonces la e+istencia de otro obstáculo, de otra ausencia de condiciones, esta vez
para la acci#n pol*tica4 el rec.azo de la ciudadan*a a los pol*ticos $, con ellos, de la pol*tica. En eso
coinciden algunos promotores del desarrollo local al a0irmar la conveniencia en principio de permanecer 9a
salvo9 de los pol*ticos pro0esionales, del clientelismo, del electoralismo, todo lo cual asocian tambi-n con
9la9 pol*tica. Esta pretensi#n de incontaminaci#n consolida la separaci#n entre el sistema pol*tico $ la
sociedad, .ace di0*cil ligar las prácticas del desarrollo con las de un co.erente cambio estructural.
Ese doble rec.azo está dirigido en realidad al modo de .acer pol*tica predominante en nuestros pa*ses. /ero
ser*a un error concluir que es posible rec.azar la pol*tica en general, o lo pol*tico, para re0ugiarse en un
mundo ideal de puras gestiones $ de resoluci#n privada o quasiprivada de problemas. 3a$ que resigni0icar
la pol*tica, .a$ que reabsorber $ rede0inir lo p5blico, .a$ que adoptar otras maneras de .acer pol*tica, algo
sobre lo que .a$ e+periencias mu$ ricas en nuestro continente. En ese sentido, el rec.azo popular a las
prácticas pol*ticas tradicionales debe verse como una condici#n 0avorable para impulsar con6untamente una
re0undaci#n de lo pol*tico $ de la acci#n colectiva para el desarrollo.
En resumen, posibilidades .a$, pero 0alta e0ectivizarlas. 3a$ recursos, pero 0alta darles un sentido de
con6unto, articulando el accionar cotidiano que los moviliza. En la b5squeda de ese sentido de con6unto
puede ser 5til ir enmarcando las diversas acciones de desarrollo local en una estrategia com5n de desarrollo
.umano sustentable, que brinde una re0erencia para orientar sin-rgicamente los programas dentro de un
6uego de relaciones de cooperaci#n competitiva.
El desarrollo local y la economía popular
2n primer punto a plantear, en esa direcci#n, es el relativo al qu- .acer con la econom*a. !as tendencias
indican que, a5n si algunos sectores de la actividad econ#mica logran ser competitivos en el mercado
global, su reestructuraci#n o instalaci#n $ su propia dinámica econ#mica será insu0iciente para reintegrar a
una ma$or*a de los traba6adores. Esto .a llevado a centrar e+pectativas en ese con6unto de actividades
econ#micas que están 0uera del sector empresarial capitalista o sector moderno en proceso de integraci#n al
mercado global, que son las que .an mitigado el desempleo $ el subempleo que acompa(an la
reestructuraci#n de este sector $ de la econom*a p5blica. 1 ellas van dirigidas las e+tendidas pol*ticas de
9desarrollo del sector in0ormal9.
1l respecto, .e venido planteando la necesidad de superar la concepci#n de un proceso darDinista, de cu$as
cenizas resultar*a una nueva generaci#n de empresas, $ adoptar en cambio una visi#n centrada en la
con0ormaci#n de un sistema de econom*a popular. Bo vo$ a e+poner eso a.ora, porque no lo permite el
tiempo disponible, pero agrego algunas ideas al respecto.
!a econom*a popular no tiene que ver con la 0ormalizaci#n de lo 9in0ormal9, sino con la constituci#n de un
subsistema dentro de la econom*a, una econom*a del traba6o, por contraposici#n con la econom*a del
capital. "ic.a econom*a del traba6o está 0ormada no por empresas orientadas .acia la acumulaci#n sino por
las unidades dom-sticas, sus emprendimientos $ redes, orientadas por la reproducci#n ampliada de la vida
de sus miembros.
!as econom*as dom-sticas 7predominantemente con0ormadas en base a las 0amilias8 son la unidad
elemental de constituci#n de este sistema, pero sus redes interactivas, de circulaci#n de bienes, servicios e
in0ormaci#n, potenciadas por los centros que las apo$an, les dan organicidad. En esto, la palabra sinergia $a
está instalada en el discurso de los promotores del desarrollo. !o di0*cil es lograrla $ que pase del nivel del
discurso al del sentido com5n de las prácticas cotidianas. El concepto lo tenemos, $ tiene que ver con c#mo
lograr movimientos de con6unto con un sentido compartido sin recurrir a organizaciones o plani0icaciones
r*gidas, o al papel de activistas omnipresentes que mantengan la iniciativa, sostengan $ coordinen los
procesos comple6os del desarrollo. ,iene que ver con c#mo lograr una coordinaci#n en la interacci#n de
agentes aut#nomos, una competencia cooperativa, de modo que las actividades se estimulen $ apo$en
productivamente.
/ara promover un desarrollo .umano sustentable se .ace imprescindible vincular las intervenciones
orientadas por ese ob6etivo de largo plazo con la resoluci#n inmediata de las necesidades, con un desarrollo
visible de la calidad de vida, $ todo eso tiene un componente econ#mico. /ero aunque postulo la
centralidad de lo econ#mico en esta co$untura, el desarrollo de la econom*a popular que es un sistema de
econom*a del traba6o, pero tambi-n de vinculaci#n, de comunicaci#n, de representaci#n requiere un
en0oque integral, no economicista.
1rrastramos una .erencia, que se mani0iesta tanto en la organizaci#n del estado como en las
especializaciones que adoptan las organizaciones de la sociedad civil4 es la divisi#n entre lo social $ lo
econ#mico, entre las pol*ticas sociales $ las econ#micas. Sin embargo, los 9programas sociales9 mane6an
recursos escasos, resuelven necesidades, inciden directamente en los mercados o quasimercados.
1simismo, la educaci#n $ capacitaci#n, la salud, los seguros sociales, la vivienda, el transporte, la di0usi#n
de in0ormaci#n, participan en la generaci#n de una matriz de recursos materiales $ culturales sobre la cual
se con0orman capacidades $ disposiciones productivas, lo que obviamente incide en las posibilidades de la
econom*a. 3o$ se a0irma que la competitividad es sist-mica, $ que en el mercado global compiten no s#lo
empresas sino sistemas institucionales, $ dic.os sistemas son econ#micosociales 7$ pol*ticoculturales8.
!a di0erenciaci#n entre lo 9social9 $ lo 9econ#mico9, deber*a cambiar de sentido desde la perspectiva de
una promoci#n $ de una concepci#n del desarrollo .umano, centrada en la reproducci#n ampliada de la
vida. Esa di0erenciaci#n tiene ra*ces en la especializaci#n disciplinaria que acompa(# el desarrollo de las
ciencias sociales, pero tambi-n en la concepci#n impl*cita de que, mientras el mundo de la econom*a es un
mundo regido por le$es ob6etivas como las naturales, el mundo de la sociedad depender*a de contratos
sociales o acuerdos voluntarios entre las personas. = esto de re0le6a en la organizaci#n usual de los
gobiernos $ sus ministerios $ secretar*as4 los del 90rente econ#mico9 $ los del 90rente social9.
El sistema moderno .a re0le6ado esta dicotom*a a todo nivel: por e6emplo, en sus sistemas de registraci#n
de la actividad 9econ#mica9. &uando una necesidad es satis0ec.a a trav-s de bienes o servicios producidos
para el mercado, la actividad productiva es registrada como econ#mica, sea un servicio cultural como un
teatro, un servicio de salud o educaci#n, un sanatorio o una escuela privada, o la mercantilizaci#n de
actividades usualmente consideradas 9dom-sticas9 $ no registrables como econ#micas 7como una
lavander*a o las comidas para llevar8. Si en cambio es satis0ec.a dentro de un .ogar, o de una comunidad,
la actividad que genera los satis0actores es e+cluida del mundo econ#mico. /ero lo que di0erencia esas
actividades no es su carácter econ#mico o no econ#mico, sino la l#gica que las orienta4 la motivaci#n
pecuniaria, por un lado, o la de la satis0acci#n directa de necesidades por el otro.
Esta dicotom*a se presenta tambi-n en las versiones .o$ dominantes del "esarrollo 3umano. Arganismos
internacionales como el /B2" 7ver sus @n0ormes de "esarrollo 3umano8, recaen en esa dicotom*a, al
construir un indicador de "3 basado en variables que indican directa o indirectamente el grado de
satis0acci#n de algunas necesidades consideradas básicas para la vida, $ destacan que, si se .ace lo
necesario, esos indicadores pueden avanzar independientemente de la evoluci#n de la econom*a.
%&#mo ligar la promoci#n de una econom*a popular con el desarrollo local) Bo se trata de basar el
desarrollo local e+clusivamente en el surgimiento de un nuevo sector socioecon#mico, sino de verlo como
un e6e interactuante con otros subsistemas econ#micos4 la econom*a empresarial capitalista, la econom*a
p5blica del desarrollo de la sociedad $ la econom*a local en su con6unto. Más a5n, .a$ que superar la
tendencia a 0ocalizar los programas de promoci#n del desarrollo local en los sectores de má+ima pobreza.
/ara poner en marc.a un proceso de desarrollo autosostenido, .a$ que pensar en el desarrollo
socioecon#mico como necesariamente contradictorio $ desigual dentro de ciertos l*mites de equidad, que
inclu$e a mu$ diversos sectores. 15n as*, invertir recursos en el desarrollo de la econom*a popular asegura
que simultáneamente se está contribu$endo a garantizar una distribuci#n más equitativa de los 0rutos del
desarrollo, $ a poner en marc.a un proceso autosostenido.
En esa l*nea, es necesario distinguir entre la dinámica de un sector ligado $ subordinado directamente a la
l#gica de la acumulaci#n global, cu$o carácter local es circunstancial, $ la dinámica de un sector arraigado
o estrec.amente ligado al desarrollo generalizado de la sociedad local o regional. El desarrollo del primer
sector puede requerir la degradaci#n de las condiciones de vida de las ma$or*as locales 7cuando se basa en
la que &E/1! denomina 9competitividad esp5rea98, la neutralizaci#n de su participaci#n en los procesos de
decisi#n local $ la permanencia en el poder de grupos que garantizan la ausencia de restricciones a sus
e0ectos sobre la sociedad $ el medioambiente.
En cambio, el inter-s del segundo sector puede ser convergente con el me6oramiento de la calidad de vida
de la sociedad local $ con la estabilidad de una democracia que s#lo puede darse con plena participaci#n de
las ma$or*as como protagonistas en el desarrollo local. En este sentido, la con0ormaci#n de un sistema de
econom*a popular local puede contribuir a la constituci#n de nuevos su6etos pol*ticos, representantes
aut#nomos de los intereses ma$oritarios, condici#n 0avorable para la pro0undizaci#n de las instituciones
democráticas.
Eisualizar la econom*a local como 0ormada por tres subsistemas4 la econom*a popular, la econom*a p5blica
$ la econom*a empresarial, permite pensar en la necesidad de incidir sobre los t-rminos del intercambio
entre la econom*a popular $ la econom*a p5blica, o entre la econom*a popular $ la econom*a empresarial $
no s#lo sobre el salario real que es s#lo uno de los precios que a0ecta a la econom*a popular. Entre esos
subsistemas se dan intercambios de bienes materiales, de servicios, de in0ormaci#n, $ trans0erencias 7como
los subsidios o los impuestos8, cu$o balance agregado puede ser ob6eto de negociaci#n social $ pol*tica, o
de modi0icaci#n mediante el e6ercicio del poder econ#mico o pol*tico de los sectores populares. /orque los
denominados 9precios de mercado9 7más claramente los impuestos $ subsidios8 no son la e+presi#n simple
de costos $ e0iciencias comparadas, sino la resultante de relaciones de poder econ#mico $ pol*tico
desiguales.
Esta visi#n, 6unto con la de la dinámica congruente o contrapuesta al desarrollo local, permiten tambi-n
pensar otras alianzas estrat-gicas. /orque no s#lo el desarrollo .umano, sino tambi-n la competitividad de
la econom*a local en el mundo global, la democratizaci#n, la gobernabilidad $ la sustentabilidad
medioambiental, tienen que ser ob6etivos compartidos para el con6unto de la ciudad, de la localidad o de la
regi#n de que estemos .ablando. !a combinaci#n de ambas visiones indica como mu$ importante, por
e6emplo, la relaci#n de las econom*as dom-sticas $ sus redes, con el estrato de peque(as $ medianas
empresas. Es revelador que los intentos de e+portar las instituciones más 0ormales de las redes de peque(as
empresas tipo ,ercera @talia .an 0racasado, entre otras cosas porque no .ab*a en la regi#n recipiente la
invisible 7$ obviamente no e+portable8 matriz cultural $ social que les daba e0icacia. Esto sugiere la
necesidad de traba6ar en los dos niveles al mismo tiempo, promoviendo el desarrollo de esas redes de
cooperaci#n competitiva entre empresas $ 0ortaleciendo a la vez su sustrato de econom*as dom-sticas,
muc.as veces suturadas con relaciones 0amiliares, de vecindad, -tnicas, de clase.
Otros aspectos que deberían considerarse
En la misma direcci#n, les propongo que en esta b5squeda compartida revisemos las .ip#tesis del
organizacionismo, esa idea de que, para que sea sustentable, toda empresa .umana colectiva debe cua6ar en
una organizaci#n, con ob6etivos, recursos $ mecanismos de representaci#n $ direcci#n 0ormales.
!lama la atenci#n que en el lengua6e de las organizaciones sociales se denomine 9instituciones9 a las
organizaciones p5blicas, $ en cambio quede sin ese nombre el vasto con6unto de comportamientos
recurrentes, sistemáticos, pautados por usos $ costumbres, capaces de producir e0ectos de masas sin
requerir de una organizaci#n para tal 0in 7como lo que ,.ompson denomin#, para otra -poca, 9econom*a
moral de la muc.edumbre98.
&reo que debemos aprender de la di0icultad para mantener siempre activadas las organizaciones construidas
para reivindicar o para emprender colectivamente tareas del momento. "ebemos valorar las redes
relativamente libres pasando de una analog*a con mecanismos 0*sicos a una analog*a de redes neuronales,
donde se dan cone+iones que no podemos prever ni organizar, 0acilitando esa interacci#n, ese modo de
creatividad colectiva, en lugar de pretender cristalizarlas siempre en organizaciones, en corporaciones con
recursos más o menos centralizados.
En esto, la dimensi#n cultural es 0undamental. En la ponencia de Cicardo &etrulo que 2ds. van a o*r
ma(ana, se plantea esta di0*cil relaci#n entre lo econ#mico $ lo cultural. Bo s#lo no .a$ una opci#n entre la
acci#n en lo cultural $ la acci#n en lo econ#mico, sino que, en estas sociedades modernas, lo econ#mico .a
sido 0undante de buena parte de los valores que .o$ tenemos. !as instituciones econ#micas 7las de la
econom*a real, no las de los modelos8, deben ser consideradas desde una ciencia econ#mica no
economicista, porque la econom*a es un .ec.o cultural, $ su desarrollo 7o su ausencia de desarrollo8 tiene
componentes culturales constitutivos.
Einculado a esto está la cuesti#n de las recientes tendencias a la resigni0icaci#n de lo p5blico, algo que no
puede separarse de la construcci#n de una nueva institucionalidad en el desarrollo local. Esa resigni0icaci#n
se da, cuando la plaza da lugar al s.opping como espacio quasip5blico en el cual, por e6emplo, la polic*a
es polic*a privada, o cuando, a trav-s de la televisi#n, desde nuestras casas, participamos de los debates
pol*ticos 7no ser*a e+tra(o que terminemos votando a trav-s de la televisi#n interactiva8, o 9vamos al
05tbol9 para eludir la agresividad creciente de las canc.as. En la 1rgentina acabamos de pasar por un 6uicio
7el 9caso de Mar*a Soledad98 transmitido como espectáculo en vivo por televisi#n, donde a ciertas .oras del
d*a la poblaci#n de todo el pa*s estaba participando como p5blico sin voz, e incluso, de pronto, todos a una,
sali# a las calles de las principales ciudades a mani0estar a 0avor de una 6usticia imparcial. ,odas estas
nuevas 0ormas de la es0era p5blica nos .ablan de un proceso en el que es necesario incidir para 0ortalecer la
democracia $ evitar una nueva ronda de mercantilizaci#n de lo p5blico.
/orque la rede0inici#n de lo p5blico 7impl*cita o e+pl*cita8 es algo central en toda propuesta de desarrollo.
Se liga, por e6emplo, con la cuesti#n del qu- .acer ante el papel devastadoramente destructor de los
monopolios comerciales que están entrando en 1m-rica !atina. &uando en una sociedad local se instala un
monopolio comercial que va a ocupar F'' personas $ a la vez va a .acer quebrar a tres mil comercios, que
va a rede0inir el espacio p5blico, que va a rede0inir las pautas de consumo, desplazando una enorme
cantidad de productos de actividades artesanales $ de peque(as $ medianas industrias, introduciendo
marcas de la econom*a global, importando bienes producidos en pa*ses con otros sistemas de derec.os
.umanos 7$ otros costos del traba6o8, ese monopolio comercial está 6ugando el papel de 9&aballo de ,ro$a9
de un sistema global socialmente polarizador $ e+clu$ente, lo que impide ver su localizaci#n como una
celebraci#n de la modernidad.
1 pesar de la acuciante necesidad de los sectores e+cluidos, el proceso de desarrollo local debe incorporar a
los sectores medios. 1unque parece la respuesta socioecon#mica más e0icaz en lo inmediato, la
0ocalizaci#n de los programas sociales en la pobreza e+trema termina reproduciendo la pobreza, no genera
desarrollo ni permite el surgimiento de estructuras que sostengan una equidad estructural. /ara ello es
0undamental incoporar los recursos materiales $ culturales de los sectores medios, buena parte de ellos
tambi-n en proceso de degradaci#n. @gualmente importante nos parece dar un papel destacado a la
6uventud, no s#lo por ser el sector etario más a0ectado por la crisis, sino por su potencial como 0uerza
social. &uando a los 6#venes .a tenido la posibilidad de movilizarse para resolver problemas de la sociedad,
.an mostrado ese potencial e+traordinario.
/erseguir el desarrollo local en un mundo global nos llevará, por necesidad, a cuestionar la pol*tica
macroecon#mica, como mediadora entre los procesos econ#micos globales $ los locales. %&#mo vamos a
lograr el desarrollo local con pol*ticas macroecon#micas dirigidas a desarticular cualquier mecanismo
econ#mico autosustentado de desarrollo) @gualmente, se .ará necesario cuestionar el sistema normativo de
la actividad econ#mica. Muc.as prácticas de econom*a popular que podr*an ser e+itosas $ realimentar otro
desarrollo, son bloqueadas por las estructuras legales del poder. 2n poder que se presenta como regulaci#n,
o como cierta de0inici#n de lo que es propiedad, o de lo que es su6eto de cr-dito, o de lo que es contrato, o
por los usos del poder de polic*a o de la 6usticia.
En todo caso, no es su0iciente proponer una administraci#n más transparente $ leg*tima de la cosa p5blica,
sino que es necesario contrarrestar los e0ectos nocivos de la globalizaci#n. Bo se trata s#lo de administrar
sino de gobernar, es decir, de dar sentido al con6unto social. En otros t-rminos, a partir de cierto momento,
si no se producen cambios en el conte+to, la econom*a popular no podr*a desarrollarse ni el desarrollo local
autosustentarse. 1unque debemos evitar recaer en la propuesta de que debe cambiarse la totalidad o no
podrá cambiarse nada, estos 0actores conte+tuales son corresponsales de que las iniciativas de desarrollo
local no .a$an podido avanzar más a5n cuando los ob6etivos $ las metodolog*as .ubieran sido correctas.
Bos parece tambi-n esencial permitir $ 0omentar la pluralidad de iniciativas. /ara el desarrollo no .a$ un
su6eto, no .a$ una instituci#n, ni una 0orma de organizaci#n, ni un lugar privilegiado para la acci#n. 1l
desarrollo concurren quienes .acen teatro popular, asistencia social, medicina, o educaci#n, los pastores,
los investigadores, las AB>, las universidades, los gobiernos locales, los partidos, los dirigentes sociales.
"#nde va a iniciarse el proceso, qui-nes serán sus agentes, es algo que no podemos establecer aqu*
respondiendo a la pregunta de cuál es el nuevo su6eto. 3a$ que 0omentar la multiplicidad de iniciativas, la
posibilidad de una creaci#n colectiva sin camisas de 0uerza ideol#gicas ni su6etos predeterminados.
%?u- es un ámbito local de acci#n desde esta perspectiva) 2na ciudad, o una regi#n centrada en un área
urbana aparece como la unidad m*nima para desplegar e integrar sin-rgicamente este tipo de acciones,
superando el sectorialismo, buscando la integraci#n de las intervenciones, el sentido de con6unto en cada
práctica particular que requiere de las otras para e+istir. 2na unidad su0icientemente comple6a $ articulada
al todo social como para ser el punto de partida de otro desarrollo desde la sociedad local. /or e6emplo, no
es su0iciente con reivindicar la creaci#n de otra escuela a nivel local sin a la vez cuestionar qu- está
pasando en las escuelas del pa*s, qu- se está ense(ando, qu- pasa con el aprendiza6e, qu- 0ormaci#n se está
dando, qu- vinculaci#n tiene la 0ormaci#n con la posibilidad de ser ciudadano $ de integrarse a la
econom*a. !o mismo pasa con la salud, o con el presupuesto participativo, porque instalar un proceso de
desarrollo requiere no s#lo atraer recursos a determinados lugares sino resigni0icarlos co.erentemente con
el desarrollo deseado $ eso di0*cilmente puede alcanzarse a nivel local.
/ara ser sustentable, se requiere una escala al menos regional de acci#n. /or lo mismo, traba6ar para el
desarrollo local abre la necesidad $ la posibilidad de generar mesoestructuras, una articulaci#n de
comunidades e instancias m5ltiples, como un paso .acia estructuras capaces de con0rontar los procesos de
orden global o nacional. /ara ello, además de comprender $ seguir el movimiento de la globalizaci#n $ de
conocer a 0ondo cada realidad local, es preciso .acer una s*ntesis de lo me6or de las prácticas de promoci#n
del desarrollo, planteando una plata0orma revitalizada de sentido com5n para reorientar las intervenciones
0uturas.
&reo que .a$ mu$ poco de nuevo en todo lo que mencion-. !o novedoso ser*a .acerlo. !o novedoso ser*a
que realmente pusi-ramos en marc.a, en varios lugares, interconectadamente, un proceso universalista,
realmente sin-rgico de desarrollo local.
Muc.as >racias.
718 /onencia presentada en el Seminario sobre 9"esarrollo local, democracia $ ciudadan*a9, &entro de
/articipaci#n /opular 7&//8, FG de 6ulio de 199G, Montevideo, 2C2>21=.
7 <8 "irector del @nstituto del &onurbano, 2niversidad Bacional de >eneral Sarmiento, ;uenos 1ires,
1C>EB,@B1
H autogesti#n vecinal 7.ttp4IIDDD.c.asque.apc.orgIgui0ont8 MontevideoI2C2>21=
Edici#n @nternet 19974 >uillermo Jont
>uillermo Jont E!E&,C@&@S,1
&orreo Electr#nico4 gui0ontKc.asque.apc.org
Montevideo L 2C2>21=