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PERFIL DEL AL COMPETENCIA SOCIAL DE LOS EDUCADORES

(Cuál debería ser el educador ideal)

1. Resumen:
- Citas Introductorias:
a. Stewart enfatiza la necesidad de ser hombre por encima de la profesión. En
efecto no se puede llegar a ejercer una profesión en la que se tenga que
tomar decisiones morales si la misma persona no está cargada de tales
principios.
b. Marquez enfatiza la educación continuada reflexiva e inconforme
(¿indagadora?), canalizando la energía creadora despilfarrada en
depredación (¿segregación?) y violencia.

- Un antes y un Después
Una dualidad en cuanto a intentar analizar cómo es la educación: si es actual
entonces cuáles son los momentos antes, hoy y después. Si por el contrario si
se estratifica la historia de la educación, habría que preguntarse si el actual. Sin
embargo independiente del sentido de la pregunta se logra ver que las
problemáticas en esencia son las mismas dada por la inmovilidad de las
instituciones y las personas. En esa línea la evaluación que se haga sobre la
educación remonta inmediatamente sobre lo que es el educador lo que lleva a
reflexionar sobre el perfil del educador. Este perfil no puede ser meditado y
reflexionado sobre el profesor de antaño reconocido más por características
físicas que por su impacto social. La reflexión deberá orientarse hacia el
docente que se está formando en las universidades.

El primer inconveniente que se presenta es debido a la cierta inmovilidad y no
renovación de las mentes de las personas. Era de filosofía escolástica calificar
a los profesores por su actitud y su saber enseñar. Tal calificación sólo lleva a
considerar la profesión como algo pobre. Por lo que se debe pensar que el perfil
del docente debe ser una persona preparada en su aspecto integral. Esto
último lleva a que tal perfil debe apoyarse en la posición de Celaya: una
persona integral. Y en ambos casos no se da una respuesta de rigidez y
cientificidad sobre el quehacer docente.

Sin embargo la descripción del quehacer docente no es sencilla sin divorciarse
de la teoría. En general se le puede pedir al docente que explique lo que hace
en su clase y eso no será otra cosa que teoría. Así la dignificación de la
profesión docente para por una tecnificación que puede ser provechosa por un
lado pero peligrosa por otro. Sin embargo el camino es sorteable si unido a una
planificación y una metodología eficaz en el contexto adecuado. Entonces el
resultado es una enseñanza con aprendizaje al cambio. Por lo tanto se debe
hacer clara diferencia entre lo que es enseñar y educar y cual va antes de que:
En últimas se busca el desarrollo integral de la persona. Primero se educa y
luego se enseña.

El preguntarse por el antes y después lleva irremediablemente a aclarar la
simbiosis “Educación del futuro” entendida como el bagaje recogido por las
anteriores y proyectada hacia el “Futuro de la educación”, entendido como el
desarrollo posterior a partir de tal información; en esta línea el debate en torno a
la didáctica y la organización de los centros escolares plantea si los docentes
están preparados para los nuevos desafíos.

A pesar del carácter docente en cuando a su resistencia a los cambios
curriculares, no significa que tal inmovilismo sea perjudicial. Al contrario
equilibra sinrazones y busca el progreso de la sociedad. Así en el análisis del
antes y después, se encuentras diferencias no sólo físicas (mobiliario y avances
tecnológicos) sino además aspectos relacionados con la innovación curricular,
la formación permanente aspectos tecnológicos entre otros.

En ese Antes y Después se identifica que el actor principal y responsable es el
educador: ¿Cómo se prepara?, y, ¿para qué se prepara?, ¿quién es ese
docente al que se prepara y capacita? ¿Cuáles son los conocimientos que le
preparan integralmente de tal manera que antes de enseñante sea educador?

Antes de resolver a estas preguntas, es claro que la sociedad espera del
educador que sea: a) Formador de Valores, b) Conocedor de los problemas
medioambientales, y c) que esté volcado al conocimiento de tecnologías. Si se
consigue este tipo de educador, se tendrá una especie de “escuela
universalista” con características con fundamentos en 1) La educación hace
feliz a las personas; 2) El diálogo universal es una forma de aprender: esto se
logra gracias a la tecnología de la que se dispone ahora; 3) Aprendizaje
Universal no precisa de metodologías unidireccionales: por lo que el trabajo
cooperativo se hace preciso y necesario. El principal reto es que todos
aprendan de todos; 4) contenido en valores consensuados y admitidos por
todos: ya que la ausencia de valores implican crisis, así que la educación
universal tendrá énfasis en los valores, haciendo que las materias tradicionales
sean un medio que lleve a la reflexión de los métodos existentes.

La solidaridad de las personas sostenida en ideas como el bien, la justicia y la
verdad es lo que mantiene viva a la sociedad, lo afirmaba Aristóteles; así los
valores que se logran transmitir crecen en la medida del trato de las personas
cimentadas en tales. Este aspecto al hablarlo entre iguales se logra mantener,
sin embargo al tratar diferentes personas de diferentes estamentos comienza a
presentarse la crisis. El principal problema mediático es la misma sociedad de
consumo en el que está sumido el sistema educativo. Así, los valores que
vendrían a ser algo sencillo se vuelven insignificantes.

En últimas: La educación impactará sí: “Sólo el educador libre, solidario,
comprometido y responsable, que al mismo tiempo de educar se educa, que
enseña y aprende, será capaz de educar primero y enseñar después, en la
libertad, la solidaridad, el compromiso y la responsabilidad”

- Concepto de Competencia Social
Aspectos Preliminares: implica diversas dimensiones humanas y afectivas que
implique la integración social. Por lo tanto favorecen la adaptación, la
percepción de autoeficacia y la aceptación de los otros.
Tal conducta adaptativa: Conductas interpersonales (entendida como
aceptación de la autoridad, destrezas conversacionales… ); Conductas
relacionadas con el mismo individuo (para expresar sentimientos y actitudes
positivas hacia sí mismo), conductas relacionadas con la tarea (Seguir
instrucciones trabajo independiente…)

Así, el desconocimiento ó incapacidad para promover competencia social
generará problemas de de diversa índole (inadaptación, inseguridad,
enfrentamientos…)

Definición: Conjunto de conductas que expresan sentimientos y otros de modo
adecuado, y que “generalmente” minimiza la probabilidad de futuros problemas.
Tiene tres componentes las CCSS: Dimensión conductual [Conducta, actitud];
Dimensión Cognitiva [conocimientos, pensamientos…]; Contexto Ambiental
[Sociedad].

La competencia social erigida sobre una capacidad cognitiva-emocional explica
el desarrollo saludable de la personalidad y adaptación a diferentes ámbitos.

- Pilares de la competencia social
Las acciones educativas deberán enfocarse a la mejora de las competencias
sociales desde la escuela de manera continua e integral, lo cual se basa en
cinco pilares:

a. EMPATÍA: Capacidad de identificarse con los demás. Es el punto de partida
de las relaciones sociales positivas y del altruismo. El profesional de la
educación al ejercitarse desde la empatía le hará maduro, equilibrado,
sensible y abierto.
b. ASERTIVIDAD: Estar seguro de sí mismo. Por lo tanto hay expresión clara,
comportamiento positivo y se evita ser ignorado por los demás. Así el
profesional asertivo supera obstáculos y desempeña su propio papel.
c. AUTOESTIMA: Es el aspecto nuclear de la personalidad, llevando a que
avance en su proceso de maduración y autorrealización.
d. COMUNICACIÓN: Tiene un papel relevante dentro de las competencias
sociales, teniendo varios niveles: Habilidades no verbales (prerrequisitos en
la conversación y en la interacción comunicativa), competencia en
conversación (capacidad para despertar interés de alguien hacia la
conversación); habilidades lingüísticas y de persuasión (Aptitud verbal y
conocimiento de los diversos tipos de situaciones conversacionales)
e. MORALIDAD: El crecimiento moral está muy vinculado con el desarrollo de
la competencia social y emocional, dada como la capacidad de adscribirse
voluntariamente al bien, interesarse por los demás y rechazar acciones
orientadas a producir daño.

- Formación del docente en el nuevo milenio
En principio la formación del docente destaca la importancia de ser inicial y
continua como desencadenantes de la innovación institucional, que a la vez
llevará a la transformación de actitudes del profesorado. La razón más que
válida para este aspecto es el continuo cambio cultural y social y por lo tanto
educacional que lleva al profesor a una formación consistente, rigurosa y
fundamentada.
Con estos parámetros de consistencia, rigor y fundamentación se pretende
globalizar el sistema, y así el saber docente se convertirá en una cultura
docente y a la larga en una forma de hacer educación.

Desde esta reflexión aparecen dos aspectos: Acercarse a la formación de los
docentes desde la comprensión y el entendimiento de cómo han llegado a
pensar, actuar y aprender como lo hacen y observar como aprenden los
formadores dado que ellos mismos se consideran enseñantes y se les dificulta
aprender.

Pregunta principal: “¿qué debe saber, conocer un educador?” Ya que los planes
de estudio pueden chocar con la realidad. No se trata de reducir la competencia
cognitiva del educador. Al contrario: Cuando un profesor no está formado
adecuadamente en una didáctica, cuando no posee los conocimientos
adecuados de la disciplina de la que imparte clases, su enseñanza se ve
afectada en presentar erróneamente el contenido y la naturaleza en sí de la
disciplina. Esto lleva a pensar que el educador no es un personaje instruido en
sí, sino que es una persona que debe estar en formación continua. Con esto se
busca el continuo reflexionar acerca del por qué, para qué y cómo aprender y
enseñar.

Si la formación en el docente se hace una prioridad, entonces se deben
considerar cuatro espacios de actuación: Formación Inicial, Formación
Permanente, Capacitación Docente, Investigación. (Una consideración
personal, es que realmente es un ciclo). Lo que busca estos aspectos es que
posibilite un modo de actuación único en el que todo docente vincule formación
inicial con la permanente, con capacitación de tareas y con la investigación en
el aula.

La capacitación docente acerca a situaciones didácticas que mejoran la actitud
profesional fortaleciendo la creencia en lo que se hace. Por lo tanto la
contextualización de la labor docente caracteriza la metodología empleada y la
didáctica al amparo de tres elementos: 1) Conocimiento de los procesos de
investigación; 2) conocimientos de los estados psicológicos de aprendizaje; 3)
conocimiento de los distintos modelos de enseñanza/aprendizaje y elección del
que más de adapte a los estudiantes.

Los procesos de formación docente no puede ignorar la referencia a la
comunidad educativa; de hecho las necesidades de la educación y desarrollo
de sus miembros se ordenan a través de los vínculos con la comunidad
educativa, encauzada por la organización escolar y regulada mediante
elementos indispensables y necesarios en la vida de los centros educativos.

Finalmente las funciones del profesor se estudian en cuatro ámbitos
potencializadores: Educador (dirigiendo la formación integral y armónica de la
personalidad de sus alumnos) – Instructor (divulgando conocimientos
adecuados a los alumnos) - técnico-pedagogo (preocupándose en realizar sus
programaciones y adaptaciones curriculares) – Miembro de la comunidad
educativa (participando en los órganos de gobierno del centro donde tiene
presentación.

Tal perfil requiere ambicioso planteamientos y proyectos diseñados a
conciencia.

- Colofón: “Debo a mi padre el vivir y a mi maestro el vivir bien” – Alejando
Magno.




2. Reflexión:

Aún puede venir a memoria el profesor que al entrar a clase inspiraba cierto grado
de respeto. La forma como tomaba la tiza en la mano, el saludo, el ambiente
magistral inspiraba en la mente joven que era una persona que realmente sabía lo
que enseñaba. Sabía lo que decía. Sin tacha. Sin errores. Sin un “lo siento, me he
equivocado”. Ese profesor que inspiraba seguridad. Todos alguna vez tuvimos ese
profesor. Y fue en su momento admirar lo que era. La exigencia a la que nos
motivaba (algunas veces nos obligaba) se sabe que dejaría las mejores semillas de
formación en nuestras vidas. Tiempo después, uno no recuerda una sola de sus
clases. No recuerda sus palabras. Sin embargo se remonta a la memoria la forma
como fruncía cuando alguien había hecho una comentario. Las expresiones que
con el tiempo se imitaban. Un profesor que quedaba en la memoria por su consejo.
Para algunos amargado, pero para otros y quizás muy pocos el que insistió en
moldear nuestras mentes clase a clase, semana a semana, mes a mes, y en
algunos casos, año a año.

Ese profesor en general ya no existe salvo en la memoria. Ahora hay una
generación de profesores que luchan si acaso por mantener valores en medio de
sus estudiantes en medio de este mundo lleno de crisis amoral.

Y entonces para aquellos están preparándose como profesores, y se encuentran
con esa imagen, se preguntan, ¿llegaré a ser mejor que mi maestro? La respuesta
es desconcertante. Porque hoy por hoy el reto del profesor en su diario vivir es
decidirse por cumplir el currículo ó intentar enseñar algo diferente. ¿Es posible
enseñar algo que no abandone los lineamientos sociales y gubernamentales y
quede en la mente de los que forman las futuras generaciones? Ciertamente la
respuesta está en manos del mismo profesor. Mantener cierto grado de moralidad
e integridad, sueños pero también coraje por marcar la diferencia en medio de sus
estudiantes nos es algo de lo que se escriba, como tampoco es algo de lo que
pareciera no comentarse. En el artículo se hace constante énfasis a hacer una
persona más humana, ¿pero acaso no lo es? ¿Quién más humano que un
profesor? ¿Quién con más corazón que él? ¿Quién más cerca de modelar esas
mentes y esas almas? Los hogares se desmoronan. La sociedad está corrompida.
La política sólo discute trivialidades. Y la religiosidad presenta la moralidad como
algo imposible de alcanzar.

El papel del profesor es más que fundamental y la comunidad educativa es la más
indicada para que esa diferencia en las generaciones se vea realmente marcada. Y
en efecto formar al profesor de tal manera que él mismo tome conciencia de
continua formación no está de más, sino al contrario será más que obligado. Pero,
¿qué tipo de formación? ¿Cuáles serán las materias y los cursos en los que se
formaría? ¿Cada cuánto entraría en este ciclo?

He encontrado una paradoja: Hace unos cuantos siglos algún conocimiento se
aprendía directamente del artesano. Cuando eso se fue convirtiendo en escuela, y
los secretos del artesano quedaron para un círculo muy selecto, que eran prácticos
y meramente eso. En la medida en que se iban formalizando los conocimientos la
práctica se iba intercambiando con conocimiento teórico. Y con el tiempo ese
conocimiento teórico se organizó en clases, pero la actividad artesanal
simplemente se había perdido. Se organizó ciertos saberes y a la vez los que se
encargaban de la enseñanza se vieron obligados a especializarse en alguna de
esas ramas. Y los secretos artesanales quedaron relegados a unos objetos de
apreciación en los museos. Da la ligera impresión que con el tiempo esas “vasijas”
llamada honradez, justicia, sencillez quede en los vitrales de las escuelas.

Por supuesto que el docente deberá iniciarse en una carrera de continua
preparación, pero ¿cuál será el otro lado de la moneda? Claro que el docente no
debe quedar reducido a una persona que enseña lo que es bueno ó malo, pero ¿a
costa de cuántos títulos? ¿Después de cuántos cursos?

Por supuesto que las futuras generaciones deberán apostar por la formación en
valores, solidaridad, ¿y cuál será el precio?

Tenemos otra variable que para mala pata, estará ahí: la burocracia y la política. La
escuela y la comunidad educativa no tienen la suficiente autonomía ni libertad para
formar las generaciones. Basta con mirar la disposición legislativa vigente. La
libertad es virtual (hay colegios concertados). En algunas autonomía se contratan
hay condiciones de oposición. Hay afán por tener un nivel en la calidad de la
educación, pero lo que los académicos alegan como imperioso en cuanto a la
formación en valores para sus docentes y sus campus académico, las instituciones
gubernamentales presionan por legalismo.

Y, ¿quién termina enterándose del verdadero trabajo en el aula? Si se controla por
el método de la preparación del profesor, al futuro simplemente no habrá un cuerpo
de profesores lo suficientemente amplio para cubrir las necesidades formativas e
informativas.

Yo también apuesto por la formación continua y permanente del profesor. Pero me
pregunto por los que “se queden obsoletos”. Es curioso que el proceso de
formación del profesor se parezca a lo que sucede con los ordenadores. “Descarga
el controlador, el programa ó la aplicación”. Si eso llega a suceder simplemente
quedará desactualizado. Los cambios tecnológicos e informáticos están haciendo
de las personas que no tienen derecho a permanecer “en un pasado”. ¿Será
posible que las necesidades tecnológicas terminen manipulando la humanidad del
profesor?

En este punto es posible que el panorama que se esté pintando sea sombrío. Y
hasta pesimista. Pero no es el punto. Pero cierto es que el sistema propuesto por el
artículo surtirá efecto si no es simple charla de los académicos. Si los partidos se
dejan de echar agua sucia y piensan que lo que hacen es perjudicar el sistema,
corroerlo, minimizarlo y no darle el verdadero realce que se alega debe tener.
¿Para qué un profesor debería permanecer en permanente formación, salvo por el
amor que tenga a su profesión y a su aula, cuando ni el gobierno ni las leyes
muestran respeto y molestia por esa dignidad merecida, y esa formación en valores
que tanto necesita el país?

Tal vez el único consuelo es todo profesor tenga la esperanza después de hacer su
trabajo durante años algún viejo discípulo aún le tenga presente en sus recuerdos y
termine afirmando con un suspiro de agradecimiento: “Debo a mi padre el vivir y a
mi maestro el vivir bien”