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La casa de las Sirenas

Es un palacete residencial del siglo XIX de estilo francés, situado hacia el centro de la
Alameda de Hércules de Sevilla. Se llamaba en su origen "Recreo de la Alameda", pero
popularmente es conocido como "Casa de las Sirenas" por las grandes figuras de estos seres
mitológicos que adornaban las rampas de acceso a la portada principal y otras menores en la
cima de las jambas de esta portada...


Fue mandado construir por Don Lázaro Fernández de Angulo, marqués de Esquivel. Se culmina
en 1864, y a los seis años el marqués de Esquivel vendió la casa. Desde entonces ha pasado
por diversos dueños, hasta quedar abandonada desde la década de 1980. El estado de
abandono llegó hasta la auténtica ruina, desplomándose los tejados e incluso parte de la
fachada sur. Se robaron las rejas de la portada principal y las famosas sirenas.



En 1992 la adquiere el Ayuntamiento de Sevilla, emprendiendo su reconstrucción.
Actualmente es Centro Cívico del Distrito "Casco Antiguo", con abundantes actividades
culturales: conferencias, conciertos, exposiciones, etc.

Pero realmente la historia que pesa bajos sus muros es otra bien distinta, vamos a desvelarla
a continuación.


Construido en sus orígenes como un hermoso palacete residencial en el año 1861, se finaliza
la obra en 1864. A los seis años de su construcción el marqués de Esquivel vendió la casa
pasando desde entonces por muy diferentes dueños y llegando a ser una de tantas casas de
citas que existían en la zona de la Alameda de Hércules.

Un guardia de seguridad que había trabajado hacía años en el edificio aseguraba que en su
interior había sentido presencias extrañas con tal fuerza que llegó un momento en el que se
sentía incapaz de hacer sus rondas.
Los vecinos no sabían que dentro de la construcción ocurriera nada anómalo y contaron que la
historia por la que se les preguntaba podría estar originada porque debajo de la casa pasaban
túneles que recorrían muchos metros. Este pudo ser el origen de la leyenda negra que
motivase los murmuraciones al fantasma entre algunos trabajadores del centro.



Según una primitiva leyenda, la mansión habría sido ordenada edificar por la princesa Ratazzi,
María Letizia Wyse Bonaparte, descendiente de Napoleón, al Barón Haussmann prefecto del
Departamento del Sena que en su día recibió el encargo Napoleón III de llevar a cabo un
programa de reformas en París, construyendo lujosas mansiones, y creando un nuevo tipo de
arquitectura afrancesada que se extendió por otros países, tanto europeos como latino
americanos, durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.


Tal vez la princesa quiso refugiarse en Sevilla una casa semejante al palacio que la cobijó en
París y esperar tristemente la muerte viendo pasar tras las vidrieras, berlinas y landós,
sombreros, miriñaques y encajes, por los majestuosos paseos que entonces se derrochaban
por la Alameda, siendo muy probable que sus lloros y lamentos quedaran apresados entre la
nobleza de tan sofisticado edificio.


Allá por el año 1853, la Alameda de Hércules de Sevilla era uno de los lugares más
emblemáticos de la capital, lugar de ocio y paseo y donde residía y de daba cita la flor y la
nata de la sociedad.
Estaba edificado sobre un terreno de mil ochocientos metros cuadrados, de los cuales mil
doscientos se destinaron una edificación con techumbre de pizarra de dos plantas más un
ático. Contaba con patio central y sendos jardines afrancesesados, aislados del exterior por
un muro culminado por motivos románticos y una rampa que daba acceso al interior, y que
soportaban las esfinges de dos sirenas de bronce, y otras menores en la cima de las jambas de
esta portada, que dieron origen al nombre popular con el que ya sería conocido: “La Casa de
las Sirenas”.
El conjunto se complementaba con dos edificios anexos que servían a su vez de tapia.
El uso de los mismos era seguramente de caballerizas o apeadero.


Sin embargo el Marqués de Esquivel no vivió en ella más de seis años y procedió a su venta,
pasando por ella diversos dueños, llegando a vivir durante muchos años en ella la familia de la
Portilla, una de las más renombradas de entonces.
Poco a poco la Alameda fue perdiendo el poderío de antaño, degenerando en la decadencia.
Se desconoce el motivo por el que la familia Portilla abandonó la mansión allá por los años
cincuenta del siglo XX, pero lo que sí se sabe es que La Casa de las Sirenas, al igual que la
Alameda, fue decayendo poco a poco, convirtiéndose en casa de citas en la España de la
posguerra.


De una manera o de otra, los últimos moradores, tal vez debido a la época de escasez y
miseria, tal vez por dejadez, la fueron dejando morir en su abandono, siento total su
decadencia posterior a 1980, fecha en la que dejó de estar habitada.
Ya por sobre los años cincuenta, corrían rumores de misterio sobre La Casa de las Sirenas. Los
vecinos colindantes, se hacían confidencias a media voz de ruidos extraños provenientes de la
casa, y la chiquillería jugaba a convertirse en valientes e intrépidos capitanes para reptar por
sus muros casi derruidos y adentrarse en su lúgubre interior, cubierto de polvo y telarañas,
con alguna que otra lámpara modelo Versalles que daba fe de lo que en otro tiempo había
sido.


Aún a pesar de tales actos de valentía, siempre salían precipitadamente de la misma, con la
cara pálida como la cera, los ojos desmesuradamente abiertos, y sobre todo, presas del miedo
y del pánico. Entre ellos se contaban lo que habían visto, lo que habían oído, lo que habían
percibido: Etéreas figuras que pululaban por la estancia, golpes provenientes de ningún sitio,
sonido de pasos inesistentes e incluso murmullos que se alejaban en el aire.


Las murmuraciones contaban, que debajo de la casa pasaban túneles, y que además en la
casa habitaba un fantasma, puede que proveniente de los mismos, o del mismo núcleo de la
familia de la Portilla.

La historia provenía de cuando esta familia habitaba en ella. Según decían, uno de sus
descendientes podría haber estado confinado dentro de la vivienda hasta el día en que murió.
Este descendiente, acomplejado y traumatizado desde su infancia por su condición
homosexual, habría optado por llevar una vida de reclusión dentro de su propia casa,
autocastigándose por ello. Pero existían otra versión similar aunque con una notable
diferencia: el enclaustramiento no había sido voluntario, sino obligado por sus propios
familiares, temeroso de que lo que entonces se consideraba una vergüenza saliera a la luz
pública, siendo muchos los que afirmaban que además lo mantenían atado para que no se
escapase.


Tal vez su muerte fuera natural, tal vez provocada, pero todos entonces aseguraban que el
supuesto fantasma que habitaba en las ruinas de la casa era el suyo. Ya fuera cierto o puro
juego de la fantasía, La Casa de las Sirenas siguió manteniendo un cierto aura de misterio
hasta el final de sus existencia, cuando ya totalmente derrumbada por falta de asistencia, fue
demolida a principios de los años noventa de la pasada centuria y reconstruida nuevamente,
fiel réplica del original, majestuosa y altanera, para convertirse en el Centro Cívico Las
Sirenas, lugar cultural que ha vuelto a hacer resurgir la sufrida Alameda de Hércules.


Actualmente han vuelto a circular los rumores de que el personal de seguridad del edificio
percibía fuerzas extrañas, e incluso alguien aseguró haber visto una figura etérea en las
caballerizas.


Tal vez, ahora que están tan en voga las leyendas sobre fantasmas y fenómenos
paranormales, estos rumores que resurgen de nuevo sean fruto del deseo popular de devolver
de nuevo a La Casa de las Sirenas, el mismo misterio que se le otorgó en otro tiempo, lo
mismo que se la ha devuelto la majestuosidad de entonces.

Como quiera que sea, el personal del Centro Cívico guarda silencio y no se pronuncia sobre el
tema. No se sabe si porque todo sea una mera leyenda urbana, o porque se vean “obligados”
a mantener la boca cerrada.


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