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Heráclito

Pags. 16 a 18 de “Historia de la Filosofía” de Nicolás Abbagnano. Vol.


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La especulación de los jonios culmina en la doctrina de Heráclito, que por


primera vez aborda el problema mismo de la investigación y del hombre que
la emprende. Heráclito de Efeso perteneció a una familia noble de su ciudad,
fue contemporáneo de Parménides y, como él, floreció hacia el 504 – 501 a. C.
Es autor de una obra en prosa que fue después conocida con el acostumbrado
título “Acerca de la naturaleza” constituida por aforismos y sentencias breves y
tajantes, no siempre claras, que le valieron el sobrenombre de “oscuro”.

El punto de partida de Heráclito es la comprobación del incesante devenir de


las cosas. El mundo es un flujo perpetuo : “No es posible ingresar dos veces en
el mismo río, ni tocar dos veces una sustancia mortal en el mismo estado; sino
que por la vivacidad y rapidez de su cambio, se esparce y de nuevo se recoge;
antes bien, ni de nuevo ni sucesivamente, sino que al mismo tiempo se
compone y se disuelve, y viene y se va” ( fr. 91 ). La sustancia que sea
principio del mundo debe explicar el incesante devenir de éste con su propia y
extrema movilidad; Heráclito la identifica con el fuego. Pero puede decirse que
en su doctrina el fuego pierde todo carácter corpóreo: es un principio activo,
inteligente y creador. “Este cosmos, uno mismo para todos los seres, no lo hizo
ninguno de los dioses ni de los hombres, sino que siempre ha sido, es y será
fuego eternamente viviente, que se enciende según medida y se apaga según
medidas.” ( fr. 30 ). Así que el cambio es un valor del fuego o un retorno al
mismo. “Del fuego son cambio todas las cosas y el fuego es cambio de todas,
así como del oro ( son cambio ) las mercancías y de las mercancías el oro” (fr.
90 ).

La afirmación de que “este mundo” es eterno y de que la mutación es un


intercambio incesante con el fuego, excluyen evidentemente el concepto, que
los estoicos atribuyeron a Heráclito, de una conflagración universal, mediante
la cual todas las cosas retornarían al fuego primitivo. En efecto, el incesante
intercambio entre las cosas y el fuego implica que no todo se reduzca al fuego,
así como el intercambio entre las mercancías y el oro implica que no todo se
reduce al oro.

Pero estos fundamentos de una teoría de la naturaleza son presentados por


Heráclito como resultado de una sabiduría difícil de adquirir e ignorada por la
mayor parte de los humanos. En las palabras iniciales de su libro, Heráclito se
lamentaba de que los hombres, a pesar de haber escuchado al lógos , la voz de
la razón, se olvidan de ella tanto en las palabras como en las obras de modo
que no saben lo que hacen despiertos, de la misma manera que no saben lo
que hacen dormidos. “ Aún siendo este lógos real, siempre se muestran los
hombres incapaces de comprenderlo, antes de haberlo oído y después de
haberlo oído por primera vez. Pues a pesar de que todo sucede conforme a
este lógos, ellos se asemejan a carentes de experiencia, al experimentar
palabras y acciones como las que yo expongo, distinguiendo cada cosa de
acuerdo con su naturaleza y explicando cómo está. En cambio, a los demás
hombres se les escapa cuanto hacen despiertos, al igual que olvidan cuanto
hacen dormidos” ( Frag. 1 ).
A lo largo de toda la obra se mantenía una polémica contra la sabiduría
aparente de quien sabe muchas cosas pero no comprende ninguna : a tal
sabiduría se opone la investigación de los filósofos, que se dirige efectivamente
a múltiples objetos ( fragmento 35), pero los reduce a todos a una unidad
( frag. 45 ). Heráclito es verdaderamente el filósofo de la investigación. ( Nota
de Cano: Abbagnano no aclara en ningún momento qué entiende por
“investigación” en el contexto de Heráclito ).
En él alcanza por primera vez la investigación filosófica conciencia de su
naturaleza y de sus supuestos. No en vano el mismo término “filosofía” es
usado y explicado por él en su sentido propio: “Por eso conviene seguir lo que
es general a todos, es decir, lo común; pues lo que es general a todos es lo
común. Pero aún siendo el lógos general a todos, los más viven como si
tuvieran una inteligencia propia particular.” ( frag. 2 ). Según Heráclito, la
misma naturaleza exige la investigación : en efecto, a ella “le gusta ocultarse”.
( Frag. 123 ). A la investigación se le abre el más vasto de los horizontes: “Si
uno no espera lo inesperado nunca lo encontrará, pues es imposible de
encontrar e impenetrable” ( frag. 18 ). Más no se oculta la dificultad y el riesgo
de la investigación : “Los que buscan oro cavan, pues, mucha tierra y
encuentran poco”. ( frg. 22 ). Se detienen especialmente en las condiciones
que la hacen posible. La primera consiste en que el hombre se observe a sí
mismo. “Me he investigado a mí mismo” ( frag. 101 ).
La investigación dirigida al mundo natural está condicionada por la luz que el
hombre pueda lanzar sobre su propio ser. La investigación interior descubre
profundidades infinitas : “Los límites del alma, por más que procedas, no
lograrías encontrarlos aún cuando recorrieras todos los caminos : tan hondo
tiene su lógos” ( frag. 45 ). La investigación interior abre al hombre sucesivas
zonas de profundidad, que nunca se agotan : la razón , la ley última del yo ,
aparece contínuamente más allá , en una profundidad cada vez más lejana y al
mismo tiempo cada vez más íntima. Pero esta razón, que es la ley del alma, es
además ley universal. La segunda y fundamental condición de la investigación
es la comunicación entre los hombres. “El pensamiento es común a todos”
( frg. 113 ).
( Idea que ya vimos aparecer en el fragmento 2 )
“Los que hablan con inteligencia es menester que se fortalezcan con lo que es
común a todos, así como una ciudad ( una polis ) con la ley, y mucho más
fuertemente. Pues todas las leyes humanas son alimentadas por la única ley
divina : ésta, en efecto, impera tanto cuanto quiere, y hasta a todas las cosas y
las trasciende.” ( frg. 114 ).
Así pues, el ser humano no sólo debe dirigir la investigación hacia sí mismo ,
sino también y con el mismo impulso, a aquello que lo vincula a los demás: el
lógos que constituye la esencia más profunda del nombre individual es también
lo que une a los humanos entre sí en una comunidad de naturaleza. Este lógos
es como la ley para la ciudad ( polis ), es él mismo la ley , ley suprema que lo
rige todo : el ser humano individual, la comunidad de los hombres ( la Polis ), y
la naturaleza toda. No es solamente la racionalidad sino el ser mismo del
mundo ( cósmos )
Así es como se manifiesta en todas las facetas de la investigación. Heráclito
plantea constantemente al ser humano la alternativa de estar despierto o
dormido : entre el abrirse, mediante la investigación, a la comunicación
interhumana, que le descubre la auténtica realidad del mundo objetivo; y el
encerrarse en su propio pensar aislado, en un mundo ficticio que no tiene
comunicación con los demás ( frgs. 2, 34, 73 y 89 ). El sueño es el aislamiento
del individuo, su incapacidad para comprenderse a sí mismo, a los demás y al
mundo. La vigilia es la investigación atenta que no se limita a las apariencias,
que aúna la realidad de la conciencia, la comunicación con los demás y la
sustancia del mundo en la única ley ( lógos )que lo rige todo. Tal alternativa
establece el valor decisivo que la investigación tiene para el ser humano. No es
sólo pensamiento ( noesis ) sino sabiduría para la vida ( frónesis ); determina el
temperamento del ser humano, el ethos, que es su destino mismo ( frg. 119 ).

Pero Heráclito ha determinado también cual es esa ley cuyo significado debe
aclarar y profundizar la investigación. Éste fue el gran descubrimiento de
Heráclito ya a juicio de los antiguos; así lo atestigua Filón : “Lo que resulta de
dos contrarios es uno; y si lo uno se divide, se destacan los contrarios. ¿No es
éste el principio con que, por cuanto justamente afirman los griegos, su grande
y celebérrimo Heráclito encabezaba su filosofía, el principio que la resume toda
y del cual se vanagloriaba como de un nuevo descubrimiento?”
Así pues, el gran descubrimiento de Heráclito es que la unidad del principio
creador no es una unidad idéntica ni excluye la lucha, la discordia, la oposición.
Para entender la ley suprema del ser , el lógos que lo constituye y gobierna, es
preciso unir lo completo y lo incompleto, lo concorde y lo discorde, lo armónico
y lo disonante. Fragmento 10 : “ Conexiones : enteros y no enteros ,
convergente divergente , consonante disonante : de todos uno y de uno
todos”.
“Una misma cosa es – en nosotros – lo viviente y lo muerto, y lo despierto y lo
dormido, y lo joven y lo viejo; estos, pues, al cambiar, son aquellos y aquellos,
inversamente, al cambiar, son éstos” (frg. 88 ). De la misma manera que en la
circunsferencia cada punto es a la vez principio y fin, tal como el mismo
camino puede ser recorrido hacia arriba y hacia abajo ( ver frg. 103 y 60 ), así
todo contraste supone una unidad que constituye el significado vital y racional
del contraste mismo. “Lo que es opuesto une y lo que diverge unifica”.

“Es preciso saber que la guerra es común ( a todos los seres ), y la justicia es
discordia, y todas las cosas se engendran por discordia y necesidad” ( frg. 80 )
“Pólemos ( la guerra ) es el padre de todas las cosas y el rey de todas, y a unos
los revela dioses, a los otros hombres, a los unos los hace libres, a los otros
esclavos”
( frg. 53 ). En estas afirmaciones se encierra la enseñanza fundamental de
Heráclito, aquella enseñanza mediante la cual sostuvo que los humanos no
pueden elevarse sino tras una larga investigación. “( y que esto no lo saben
todos ni lo reconocen, se lo reprocha de la manera siguiente : ) “No
comprenden cómo lo divergente converge consigo mismo : armonía de
tensiones opuestas, como ( las ) del arco y de la lira” ( frg. 51 ). Al modo en
que las cuerdas del arco y las de la lira se tienden para reunir y apretar unas
con otras las extremidades opuestas, así la unidad de la sustancia primordial
vincula con el lógos a los opuestos sin identificarlos sino más bien
oponiéndolos. La armonía no es para Heráclito la síntesis de los opuestos, la
conciliación y anulación de su oposición ; sino que es la unidad que subyace
precisamente a la oposición y la hace posible.
( Nota de Cano: la misma idea central en el taoísmo ).
A Homero, que había dicho : “Ojalá pueda la discordia desaparecer entre los
dioses y entre los hombres “, contesta Heráclito : “Homero no se percata de
que ruega por la destrucción del universo; si su plegaria fuera escuchada,
perecerían todas las cosas”.
La tensión es una unidad ( es decir, una relación ) que sólo puede darse entre
las cosas opuestas en tanto que opuestas. La conciliación, la síntesis la
anularía. Según Heráclito, la unidad propia del universo es una tensión de este
género : no anula, ni concilia, ni supera el contraste, sino que lo hace ser y lo
hace entender como contraste. El primer anuncio de tal unidad se encuentra
en la doctrina de Anaximandro sobre la separación como proceso de
generación de las cosas a partir de la sustancia infinita ( ápeiron ), pero en
Heráclito esa misma doctrina se reviste de ua formulación filosóficamente
madura.