Número suelto € 1,00.

Número atrasado € 2,00
L’O S S E RVATOR E ROMANO
EDICIÓN SEMANAL
Unicuique suum
EN LENGUA ESPAÑOLA
Non praevalebunt
Año XLVI, número 31 (2.376) Ciudad del Vaticano 1 de agosto de 2014
En el Ángelus el Pontífice lanzó un nuevo llamamiento por el fin de las violencias en Oriente Medio, Irak y Ucrania
Es hora de detenerse
Ante las persecuciones de los cristianos
Martirio en la indiferencia
El Papa en Caserta
SIGUE EN LA PÁGINA 3
mens Joseph David, y con un prefa-
cio del metropolita caldeo de Amid
(Diyarbakir), Jirjis Abdisho Kha-
yyat, es un texto importante que in-
cluye libros que no se encuentran
en la Biblia hebrea.
Hoy, cuando la vida de los cris-
tianos en Mosul y en toda esa re-
gión de la Mesopotamia se ve atro-
pellada, perseguida y violentada,
esa edición bíblica adquiere un va-
lor de testimonio ante el martirio de
esas mujeres y esos hombres que
desde hace casi dos mil años confie-
san al único Dios, Padre, Hijo y Es-
píritu Santo, y lo hacen en la len-
gua que fue la lengua del Verbo de
Dios encarnado. Mosul, ciudad que
custodia la Palabra de Dios, hoy se
ha convertido en custodia de la san-
gre de los mártires: incendiadas las
casas, incendiadas las bibliotecas,
incendiada y destruida una tradi-
ción cristiana de casi dos milenios.
En todo el Cercano y Medio
Oriente hay zonas cristianas pobla-
das por monjes y monjas, por fieles
de numerosas confesiones católicas
y ortodoxas: siro-orientales, siro-oc-
cidentales, armenios, latinos, herma-
nos nuestros que en veinte siglos
han aprendido a vivir juntos y a
compartir una vida cristiana senci-
lla, pobre, no fácil, pero siempre
marcada por la tolerancia, la recon-
ciliación y la fraternidad. Y hoy la
voz de los pastores de las Iglesias
no sólo lanza la alarma sino que
nos dice que los cristianos en Mo-
sul y en las cercanías ya no están.
El patriarca siro-católico Ignace
Youssif III Younan ha denunciado
con fuerza lo que sucede: «¡Es terri-
«¡Deteneos, por favor! Os lo pido
con todo el corazón. ¡Es hora de de-
tenerse! ¡Deteneos, por favor!».
Cuando el Papa Francisco, el domin-
go 27 de julio, desde la ventana del
estudio privado del palacio apostóli-
co, relanzaba este sentido llamamien-
to a quienes tienen responsabilidad
en las atormentadas tierras medio-
rientales, iraquíes y ucranianas, cier-
tamente tenía en el corazón las imá-
genes de esos cientos de niños tortu-
rados por la violencia de las guerras
en curso. «Hermanos y hermanas
—dijo al final con voz grave— ¡jamás
la guerra! ¡Jamás la guerra! Pienso
sobre todo en los niños, a quienes se
les quita la esperanza de una vida
digna, de un futuro: niños muertos,
niños heridos, niños mutilados, niños
huérfanos, niños que tienen como ju-
guetes residuos bélicos, niños que no
saben sonreír».
Y para reafirmar que «todo se
pierde con la guerra y nada se pierde
con la paz», hizo referencia a la con-
memoración del centésimo aniversa-
rio de lo que Benedicto XV definió
«una inútil masacre», la primera gue-
rra mundial.
Y el pensamiento del Pontífice se
dirigió a la tragedia vivida por las
poblaciones devastadas por los dra-
máticos acontecimientos que marcan
la crónica de estos días y también a
la aflicción por la suerte de esta gen-
te, que se transformó en la enésima
petición de oración: «Os pido
—dijo— que sigáis uniéndoos a mi
oración para que el Señor conceda a
las poblaciones y a las autoridades de
esas regiones la sabiduría y la fuerza
necesarias para poder llevar adelante
con determinación el camino de la
paz, afrontando toda diatriba con la
tenacidad del diálogo y la negocia-
ción y con la fuerza de la reconcilia-
ción. Que en el centro de toda deci-
sión no se pongan los intereses parti-
culares, sino el bien común y el res-
peto de cada persona».
ÁNGELUS EN PÁGINA 3
MANUEL NIN
P
ara mi ordena-
ción sacerdo-
tal un amigo
monje eremita me
regaló una Biblia de
Mosul, que retoma-
ba y completaba al-
gunas ediciones de
la Escritura según la
antiquísima versión
siríaca llamada
«Peshitta». Editada
por el metropolita
siro-católico de Da-
masco, Mor Cle-
Niños palestinos en el campo de refugiados de Jabaliya al norte de Gaza (Ap)
El sábado 26 de julio el Papa dedicó toda la tarde a la comunidad diocesa-
na de Caserta. En primer lugar se reunió con los sacerdotes en la capilla
de la histórica casa real, y los invitó a ir por los caminos del mundo como
hombres creativos que siguen al Señor. Luego con la comunidad eclesial
reunida en la plaza Carlos III, para la celebración de la misa. El P0ntífice,
consciente de los dramáticos efectos sobre la población de la crisis econó-
mica, pero también y sobre todo de los comportamientos de la criminali-
dad organizada, exhortó a los habitantes a tener el valor de gritar un «no»
a toda forma de mal, violencia, atropello y corrupción. Por último anunció
que este año visitará Nápoles.
Y el lunes 28 el Pontífice volvió a Caserta, ocasión en la que dio el ené-
simo testimonio del grande respeto que tiene por cada persona, prescin-
diendo del credo religioso, la raza, la cultura, los convencimientos políti-
cos. En esta nueva visita se encontró con el pastor evangélico Giovanni
Traettino, su amigo, y pidió perdón a la comunidad evangélica pentecostal
por los atropellos sufridos durante el período del fascismo en Italia.
PÁGINAS 6 A 10
L’OSSERVATORE ROMANO
EDICIÓN SEMANAL
Unicuique suum
EN LENGUA ESPAÑOLA
Non praevalebunt
00120 Ciudad del Vaticano
e d . e s p a n o l a @ o s s ro m .v a
http://www.osservatoreromano.va
TIPOGRAFIA VATICANA EDITRICE «L’OSSERVATORE ROMANO»
GIOVANNI MARIA VIAN
d i re c t o r
Carlo Di Cicco
sub director
Marta Lago
redactor jefe de la edición
don Sergio Pellini S.D.B.
director general
Redacción
via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano
teléfono 39 06 698 99410
Servicio fotográfico
p h o t o @ o s s ro m .v a
Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A.
System Comunicazione Pubblicitaria
Via Monte Rosa 91, 20149 Milano
s e g re t e r i a d i re z i o n e s y s t e m @ i l s o l e 2 4 o re . c o m
Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América
Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00.
Administración: 00120 Ciudad del Vaticano, teléfono + 39 06 698 99 480, fax + 39 06 698 85 164,
e-mail: suscripciones@ossrom.va.
En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios,
222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 5594 11 25,
+ 52 55 5518 40 99; e-mail: losservatore@prodigy.net.mx, or.mexico@ossrom.va.
En Argentina: Arzobispado de Mercedes-Luján; calle 24, 735, 6600 Mercedes (B), Argentina; teléfono y fax
+ 2324 428 102/432 412; e-mail: osservatoreargentina@yahoo.com.
En Perú: Editorial salesiana, Avenida Brasil 220, Lima 5, Perú; teléfono + 51 42 357 82; fax + 51 431 67 82;
e-mail: editorial@salesianos.edu.pe.
página 2 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 1 de agosto de 2014, número 31
Juan Pablo II y Gianna Beretta Molla patronos del encuentro mundial de Filadelfia 2015
Santos para la familia
Serán los santos Juan Pablo II y
Gianna Beretta Molla los patronos
del octavo encuentro mundial de las
familias, en programa en Filadelfia
del 22 al 27 de septiembre de 2015.
Lo comunicaron a través de Twitter
la archidiócesis estadounidense y el
comité organizador que trabaja en
estrecha colaboración con el Consejo
pontificio para la familia. Y el do-
mingo 20 de julio el arzobispo
Charles J. Chaput relanzó la noticia
al celebrar la misa en la basílica ca-
tedral, dedicada a los santos Pedro y
Pablo, durante la cual bendijo y ex-
puso a la veneración de los fieles
una reliquia del Pontífice polaco,
particularmente amado en Pensylva-
nia, también porque hasta ahora ha
sido el único Papa que la visitó en
1979. Los dos santos elegidos —re c o r -
dó el prelado en la homilía— «se en-
tregaron con profundidad y constan-
cia por la familia, sosteniéndola con
amor».
Así, pues, en el curso de las cele-
braciones del próximo año —que
tendrán por tema «El amor es nues-
tra misión: la familia plenamente vi-
va»— y en todo el itinerario de pre-
los que siguieron los del Papa Rat-
zinger en Valencia (2006), Ciudad
de México (2009) —aunque en esa
ocasión fue enviado como legado
pontificio el cardenal secretario de
Estado Tarcisio Bertone— y Milán
(2012).
La segunda patrona es la mujer
oriunda de Milán (1922-1962), quien
rechazó los tratamientos necesarios a
causa de un tumor en el útero por
salvar a la hija que llevaba en el se-
no. Tras morir antes de cumplir 40
años, poco tiempo después de haber
dado a luz a la niña Gianna Beretta
Molla ofreció al mundo un testimo-
nio de santidad heroica que ha cami-
nado al mismo paso de la historia de
los encuentros mundiales de las fa-
milias: fue beatificada, en efecto,
precisamente en 1994 y canonizada
diez años más tarde por el Pontífice
p olaco.
Mientras tanto, continúan a pleno
ritmo los preparativos con vista al
encuentro del próximo año. Los or-
ganizadores locales han establecido
el «Pensylvania Convention Center»
como la estructura de referencia para
acoger los principales acontecimien-
tos: 93.000 metros cuadrados de es-
pacio transitable, 46.000 sitios para
sentarse, 79 salas de reuniones y un
hotel de 1.200 habitaciones. Inaugu-
rado en 1993 y ampliado entre el
2006 y 2011, se sitúa en el centro de
la ciudad y se encuentra en una po-
sición estratégica, en cuanto que el
40% de la población estadounidense
vive a sólo una hora en coche de
distancia. También los enlaces ferro-
viarios son excelentes, con puntos de
llegada en la «Amtrak’s 30th street
Station» —la tercera estación más
concurrida de la región— y en la
Market east regional rail Station. Es
también muy fácil el acceso a la es-
tructura congresual para quien viaja
en avión: el aeropuerto, en el sur de
la ciudad, dista, en efecto, a pocos
kilómetros del lugar.
Iniciativas del Instituto en Roma
Cursos Cervantes para el Vaticano
Juan Pablo II con las hijas y el marido de Gianna Beretta Molla
durante la beatificación (24 de abril de 1994)
paración que con-
ducirá a la cita, se
invita a los fieles a
pedir en la oración
la intercesión de
dos grandes testi-
gos de la importan-
cia de la familia co-
mo célula funda-
mental de la socie-
dad. Por lo demás,
fue precisamente el
Papa Wojtyła, hace
exactamente veinte
años, quien «inven-
tara» los encuen-
tros internacionales
de las familias, pre-
sidiendo cuatro:
Roma (1994), Río
de Janeiro (1997),
Roma (2000) y
Manila (2003); a

DOÑA FILOMENA
CROUS BO AT E L L A
Miembro del instituto secular
Operarias Parroquiales
Primera sucesora de la sierva de Dios
Magdalena Aulina y directora general
emérita.
Después de una larga vida consagra-
da a Dios y siguiendo fielmente el le-
gado de la Fundadora, el 30 de julio de
2014, en Barcelona, en la Casa central
del Instituto, ha terminado su carrera
terrena para gozar de la paz del Señor,
confortada con los santos sacramentos
y la bendición apostólica. El sr. carde-
nal de Barcelona, nos acompaña desde
Roma.
La directora general, Pina Milana, el
consejo y miembros del instituto secu-
lar Operarias Parroquiales - Magdalena
Aulina y sus familiares lo comunican a
sus amigos y conocidos y les ruegan un
recuerdo en sus oraciones.
El velatorio se ha instalado en la Ca-
sa central. El entierro tendrá lugar en
la capilla de la misma Casa central del
Instituto el sábado día 2 de agosto de
2014 a las 11 h (Pasaje Torras i Bages, 7
- 08017 Barcelona).
Cursos de español (regulares o in-
tensivos) pero también ciclos de lec-
ciones dedicadas al español teológi-
co o jurídico: para el período 2014-
2015 el Instituto Cervantes de Roma
ofrecerá cursos ad hoc y tarifas ase-
quibles para los empleados de la
Santa Sede y sus familiares, además
de cursos de catalán, gallego y vas-
co.
«El acuerdo con la Gobernación
del Estado de la Ciudad del Vatica-
no —explica el administrador Raúl
Alonso Alonso— se firmó en junio».
La sede romana del Instituto —diri-
gida desde 2012 por Sergio Rodrí-
guez López-Ros— se integra en una
red mundial de setenta centros: en
Italia el Cervantes está presente tam-
bién en Nápoles, Palermo y Milán.
«Nuestra institución —explica Alon-
so— es una institución cultural crea-
da por el Estado español en 1991 pa-
ra difundir la enseñanza del idioma
y la cultura de los países hispanoha-
blantes»; la sede central se encuen-
tra en Madrid y en Alcalá de Hena-
res, ciudad de nacimiento del autor
de «El Ingenioso hidalgo don
Quijote de la Mancha».
«Desde el punto de vista de la
programación cultural —explica el
responsable del sector, José Cantos
Mansilla— pienso que es importante
recordar algunos de los eventos or-
ganizados durante el año académico
concluido recientemente, como las
«Conversaciones en el Palacio de
España», organizadas en colabora-
ción con la Embajada de España an-
te la Santa Sede, nacidas con el fin
de ofrecer una visión articulada de
los cambios y transformaciones de la
sociedad, la economía, la cultura y
los medios de comunicación social.
Estas conferencias vieron implicados
a importantes personajes españoles,
italianos y de la Curia romana». El
ciclo musical «Música y espirituali-
dad», continúa explicando Cantos
Mansilla, «llevó la música culta de
nuestra tradición al interior de los
lugares relacionados con la presencia
española en Roma como la iglesia
de San Pedro en Montorio, la de
San Carlos en las Cuatro Fuentes, o
la iglesia de Monserrat».
Hay que recordar además «Lati-
nografías»: una iniciativa, que a tra-
vés de una serie de muestras fotográ-
ficas presentó al público italiano una
visión distinta de los estereotipos de
la realidad latinoamericana. Prose-
guirá en el otoño próximo. También
en otoño el Cervantes participará en
el «Short Theatre Festival» y en el
«Romaeuropa Festival», con el baile
contemporáneo de Israel Galván.
Por último, el Instituto, en colabora-
ción con las embajadas latinoameri-
canas y la embajada de Portugal, or-
ganizará la tercera edición romana de
la Muestra del cine iberoamericano.
número 31, viernes 1 de agosto de 2014 L’OSSERVATORE ROMANO página 3
En el Ángelus nuevo apremiante llamamiento del Papa para poner fin a la violencia en Oriente Medio, Irak y Ucrania
Es hora de detenerse
«¡Deteneos, por favor! Os lo pido con
todo el corazón». Es el nuevo y sentido
llamamiento del Papa Francisco a las
autoridades responsables de las
tragedias que devastan las poblaciones
de Oriente Medio, Irak y Ucrania.
«¡Jamás la guerra!», imploró de
nuevo el domingo 27 de julio durante
el Ángelus en la plaza de San Pedro.
Y poco antes de la oración mariana
quiso llamar una vez más la atención
de los fieles sobre la importancia de la
lectura del Evangelio.
Queridos hermanos y hermanas,
¡buenos días!
Las breves semejanzas propuestas
por la liturgia de hoy son la conclu-
sión del capítulo del Evangelio de
Mateo dedicado a las parábolas del
reino de Dios (13, 44-52). Entre ellas
hay dos pequeñas obras maestras:
las parábolas del tesoro escondido
en el campo y la perla de gran valor.
Ellas nos dicen que el descubrimien-
to del reino de Dios puede llegar
i m p ro v i s a m e n t e como sucedió al cam-
pesino, que arando encontró el teso-
ro inesperado; o bien después de una
larga búsqueda, como ocurrió al co-
merciante de perlas, que al final en-
contró la perla preciosísima que so-
ñaba desde hacía tiempo. Pero en un
caso y en el otro permanece el dato
primario de que el tesoro y la perla
valen más que todos lo demás bie-
nes, y, por lo tanto, el campesino y
el comerciante, cuando los encuen-
tran, renuncian a todo lo demás para
poder adquirirlos. No tienen necesi-
dad de hacer razonamientos, o de
pensar en ello, de reflexionar: inme-
diatamente se dan cuenta del valor
incomparable de aquello que han
encontrado, y están dispuestos a
perder todo con tal de tenerlo.
Así es para el reino de Dios:
quien lo encuentra no tiene dudas,
siente que es eso que buscaba, que
esperaba y que responde a sus aspi-
raciones más auténticas. Y es verda-
deramente así: quien conoce a Jesús,
quien lo encuentra personalmente,
queda fascinado, atraído por tanta
bondad, tanta verdad, tanta belleza,
y todo en una gran humildad y sen-
cillez. Buscar a Jesús, encontrar a Je-
sús: ¡este es el gran tesoro!
Cuántas personas, cuántos santos
y santas, leyendo con corazón abier-
to el Evangelio, quedaron tan con-
movidos por Jesús que se convirtie-
ron a Él. Pensemos en san Francisco
de Asís: él ya era cristiano, pero un
cristiano «al agua de rosas». Cuan-
do leyó el Evangelio, en un momen-
to decisivo de su juventud, encontró
a Jesús y descubrió el reino de Dios,
y entonces todos sus sueños de glo-
ria terrena se desvanecieron. El
Evangelio te permite conocer al ver-
dadero Jesús, te hace conocer a Je-
sús vivo; te habla al corazón y te
cambia la vida. Y entonces sí lo de-
jas todo. Puedes cambiar efectiva-
mente de tipo de vida, o bien seguir
haciendo lo que hacías antes pero tú
eres otro, has renacido: has encon-
trado lo que da sentido, lo que da
sabor, lo que da luz a todo, incluso
a las fatigas, al sufrimiento y tam-
bién a la muerte.
Leer el Evangelio. Leer el Evange-
lio. Ya hemos hablado de esto, ¿lo
recordáis? Cada día leer un pasaje
del Evangelio; y también llevar un
pequeño Evangelio con nosotros, en
el bolsillo, en la cartera, al alcance
de la mano. Y allí, leyendo un pasa-
je encontraremos a Jesús. Todo ad-
quiere sentido allí, en el Evangelio,
donde encuentras este tesoro, que
Jesús llama «el reino de Dios», es
decir, Dios que reina en tu vida, en
nuestra vida; Dios que es amor, paz
y alegría en cada hombre y en todos
los hombres. Esto es lo que Dios
quiere, y esto es por lo que Jesús en-
tregó su vida hasta morir en una
cruz, para liberarnos del poder de
las tinieblas y llevarnos al reino de la
vida, de la belleza, de la bondad, de
la alegría. Leer el Evangelio es en-
contrar a Jesús y tener esta alegría
cristiana, que es un don del Espíritu
Santo.
Queridos hermanos y hermanas,
la alegría de haber encontrado el te-
soro del reino de Dios se transparen-
ta, se ve. El cristiano no puede man-
tener oculta su fe, porque se trans-
parenta en cada palabra, en cada
gesto, incluso en los más sencillos y
cotidianos: se trasluce el amor que
Dios nos ha donado a través de Je-
sús. Oremos, por intercesión de la
Virgen María, para que venga a no-
sotros y a todo el mundo su reino
de amor, justicia y paz.
El llamamiento en favor de la paz en
las zonas devastadas por la guerra el
Pontífice lo relacionó con el recuerdo de
la conmemoración del estallido de la
primera guerra mundial. Así, antes de
saludar a algunos de los grupos de
fieles presentes en la plaza de San
Pedro pronunció las siguientes
p a l a b ra s .
Queridos hermanos y hermanas:
Mañana se conmemora el centési-
mo aniversario del estallido de la
Primera Guerra mundial, que causó
millones de víctimas e inmensas des-
trucciones. Tal conflicto, que el Papa
Benedicto XV definió una «inútil
masacre», desembocó, después de
cuatro largos años, en una paz que
resultó más frágil. Mañana será una
jornada de luto en el recuerdo de es-
te drama. Mientras recordamos este
trágico acontecimiento, deseo que
no se repitan los errores del pasado,
sino que se tengan presentes las lec-
ciones de la historia, haciendo pre-
valecer siempre las razones de la paz
mediante un diálogo paciente y vale-
ro s o .
Hoy mi pensamiento se dirige, en
especial, a tres zonas de crisis: la
medioriental, la iraquí y la ucrania-
na. Os pido que sigáis uniéndoos a
mi oración para que el Señor conce-
da a las poblaciones y a las autori-
dades de esas regiones la sabiduría y
la fuerza necesarias para poder llevar
adelante con determinación el cami-
no de la paz, afrontando toda diatri-
ba con la tenacidad del diálogo y de
la negociación y con la fuerza de la
reconciliación. Que en el centro de
toda decisión no se pongan los inte-
reses particulares, sino el bien co-
mún y el respeto de cada persona.
Recordemos que todo se pierde con
la guerra y nada se pierde con la
paz.
Hermanos y hermanas, ¡jamás la
guerra! ¡Jamás la guerra! Pienso so-
bre todo en los niños, a quienes se
les quita la esperanza de una vida
digna, de un futuro: niños muertos,
niños heridos, niños mutilados, ni-
ños huérfanos, niños que tienen co-
mo juguetes residuos bélicos, niños
que no saben sonreír. ¡Deteneos, por
favor! Os lo pido con todo el cora-
zón. ¡Es hora de detenerse! ¡Dete-
neos, por favor!
Dirijo un cordial saludo a todos
vosotros, peregrinos provenientes de
Italia y de otros países.
A todos deseo un feliz domingo.
Y no os olvidéis de rezar por mí y
buen almuerzo. ¡Hasta la vista!
Ante las persecuciones de los cristianos
VIENE DE LA PÁGINA 1
ble! Esto es una vergüenza para la comunidad interna-
cional». Además, el patriarca caldeo Louis Raphaël I
Sako y todos los obispos caldeos, siro-católicos, siro-or-
todoxos y armenios del norte de Irak reunidos en An-
kawa, en la periferia de Erbil, piden la tutela necesaria
de los cristianos y de las demás minorías perseguidas,
para evitar la destrucción de iglesias, monasterios, ma-
nuscritos, reliquias y de toda la herencia cristiana, pa-
trimonio de Irak y de toda la humanidad.
Bibliotecas, iglesias e iconos ya están destruidos, y
con ellos muchos libros escritos sobre pergamino, la
piel de oveja desecada, extendida, trabajada, donde los
antiguos monjes transcribían la Palabra de Dios, los
textos de los Padres y los cantos de alabanza de las
Iglesias cristianas. Esas pieles benditas que contenían
la alabanza del pueblo de Dios ya se han perdido, des-
truido, quemado; surge decir que permanece sólo la
piel de los cristianos, lavada, ungida y alimentada por
el bautismo, por la unción con el crisma y por la santa
eucaristía, piel lista para que en ella se escriba no ya
con tinta sino con sangre.
Malula y Saydnaya en Siria hace algunos meses per-
dieron iglesias, monasterios, bibliotecas, iconos y, sobre
todo, muchos de los auténticos iconos del Señor que
son los cristianos. Hoy en Mosul, y en muchos otros
lugares de Irak, a las poblaciones les roban, las humi-
llan, las dejan en medio del desierto: el desierto físico,
árido y sin agua, casi como haciendo resonar el salmo,
y sobre todo el desierto espiritual, creado a su alrede-
dor por el silencio, la indiferencia de muchos, incluso
cristianos, que callan, que no pueden, no se atreven o
no quieren hacer escuchar su voz.
La voz de las Iglesias cristianas y de sus pastores se
eleva, en cambio, en la oración, en la petición de no
caer en el olvido y en la omisión, en la denuncia de un
sufrimiento y de una persecución que está delante de
los ojos de todos los hombres. Voz dolorida y angus-
tiada de quien ve a sus propios hijos escapar, sufrir y
morir por el sólo hecho de llevar el nombre de Cristo y
de vivir como cristianos.
En los primeros siglos del cristianismo hombres y
mujeres iban al desierto para encontrar allí la vida ver-
dadera en el encuentro con el Unigénito, en soledad y
en comunión con los hermanos. Hoy a muchos cristia-
nos —hombres, mujeres, ancianos y niños— se los tira
para que mueran en el desierto, un desierto donde en
la fidelidad encuentran al verdadero testigo, Aquel que
desde la cruz perdonó a sus perseguidores. De nuevo,
después de la miríada de mártires del siglo XX, en el
Cercano y Medio Oriente, pero también en muchos
otros lugares, la fe cristiana pasa por la experiencia de
la prueba.
«Es una vergüenza», alertó el patriarca siro-católico,
y añadió: «Pedimos a la comunidad internacional que
sea fiel a los principios de los derechos humanos, de la
libertad religiosa, de la libertad de conciencia. Noso-
tros estamos en Irak, en Siria y en Líbano: nosotros
cristianos no hemos sido importados, estamos aquí des-
de hace milenios y tenemos, por lo tanto, el derecho de
ser tratados como seres humanos y ciudadanos de estos
países». Hagamos nuestra esta voz que se eleva desde
el dolor.
página 4 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 1 de agosto de 2014, número 31
El purpurado piamontés tenía 85 años
Fallece el cardenal
Francesco Marchisano
Colegio episcopal
Pésame del Papa
El Papa Francisco tras recibir la noticia de la
muerte del cardenal Francesco Marchisano, se
recogió en oración. Luego envió a monseñor
Cesare Nosiglia, arzobispo de Turín, el siguiente
telegrama de pésame.
Al recibir la noticia de la muerte del cardenal
Francesco Marchisano, ilustre hijo de esa tie-
rra, deseo expresar a vuestra excelencia, al
presbiterio y a toda la comunidad diocesana,
así como a los parientes y a los amigos del fa-
llecido purpurado, sentimientos de profundo
pésame. Pienso con afecto en este querido
pastor que durante muchos años prestó su di-
ligente colaboración a la Sede apostólica, es-
pecialmente en la Congregación para la edu-
cación católica, luego como arcipreste de la
basílica vaticana y por último como presiden-
te de la Oficina del trabajo de la Sede apos-
tólica. Él deja el testimonio de una vida en-
tregada en la adhesión generosa a la propia
vocación, como sacerdote y obispo solícito
por las necesidades de los fieles y sensible al
mundo del arte y la cultura. Elevo oraciones
de sufragio para que el Señor lo acoja en el
gozo y en la paz eterna, y envío a quienes
participan en el dolor por su muerte la con-
fortadora bendición apostólica.
Nombramiento
p ontificio
dente de la Comisión
permanente para la
tutela de los monu-
mentos históricos y ar-
tísticos de la Santa Se-
de. En octubre de
2003 el Papa aceptó
su renuncia al cargo
de presidente de la
Comisión pontificia
para los bienes cultu-
rales de la Iglesia.
Juan Pablo II lo
creó cardenal de la
diaconía de Santa Lu-
cía del Gonfalone en
el consistorio del 21 de
octubre de 2003.
En febrero de 2005
fue nombrado presi-
dente de la Oficina
del trabajo de la Sede
apostólica. Con moti-
vo de su nueva res-
ponsabilidad, el Pon-
tífice le concedió un
coadjutor en su minis-
terio de arcipreste de
San Pedro y nombró
en dicho cargo al en-
tonces arzobispo An-
gelo Comastri, que le
sucedió más tarde.
Tras participar en el
cónclave que eligió a
El cardenal Francesco Marchisano, arcipreste emérito de la basílica papal de
San Pedro en el Vaticano, falleció el domingo 27 de julio, por la mañana, a los
85 años. El funeral, presidido por el cardenal decano Angelo Sodano, se celeb ró
el miércoles 30 en el altar de la Cátedra de la basílica vaticana. Al término el
Papa presidió el rito de la «Ultima commendatio» y de la «Valedictio».
COMUNICACIONES
RENUNCIA:
El Papa ha aceptado la renuncia al
gobierno pastoral de la diócesis de
Bareilly (India) que monseñor AN-
THONY FERNANDES le había presen-
tado en conformidad con el canon
401 § 1 del Código de derecho ca-
nónico.
Anthony Fernandes nació en Ka-
lathur, diócesis de Udupi, el 6 de
julio de 1936. Recibió la ordenación
sacerdotal el 2 de diciembre de
1964. Juan Pablo II le nombró obis-
po de Bareilly el 19 de enero de
1989; recibió la ordenación episco-
pal el 29 de marzo del mismo año.
EL PA PA HA NOMBRAD O:
—Obispo de Bareilly (India) al
presbítero IG N AT I U S D’SOUZA .
Ignatius D’Souza nació en Basri-
katte, diócesis de Chikmagalur el 4
de agosto de 1964. Recibió la orde-
nación sacerdotal el 7 de abril de
1991, incardinado en la diócesis de
Lucknow. Se doctoró en teología
bíblica en la Universidad Urbania-
na de Roma. Ha sido colaborador
parroquial, párroco, vicerrector de
un seminario menor, director del
centro diocesano pastoral; miembro
del colegio de consultores, docente
y vicario general de Lucknow.
—Obispo titular de Lisinia y auxi-
liar de Ranchi (India) al padre
THEOD ORE MASCARENHAS, S.F.X.
Theodore Mascarenhas, S.F.X.,
nació en Camurlim, archidiócesis de
Goa, el 9 de noviembre de 1960. In-
gresó en la Sociedad de San Fran-
cisco Javier, donde recibió la orde-
nación sacerdotal el 24 de abril de
1988. Se doctoró en Sagrada Escri-
tura en el Pontificio Instituto Bíbli-
co de Roma. Ha sido colaborador
en diversas parroquias, director de
una escuela, procurador general de
su congregación, miembro del Co-
mité pontificio para los congresos
eucarísticos internacionales y docen-
te de Sagrada Escritura en la Uni-
versidad Gregoriana y en el An g e l i -
cum de Roma. En el último período
prestaba servicio en la Santa Sede
como oficial del Consejo pontificio
para la cultura.
—Obispo titular de Monte di Numi-
dia y auxiliar de Hong Kong (Chi-
na) al presbítero MICHAEL YEUNG
MINGCHEUNG.
Michael Yeung Mingcheung na-
ció en Shanghai el 1 de diciembre
de 1946. Recibió la ordenación sa-
cerdotal el 10 de junio de 1978. Ob-
tuvo un máster de comunicación so-
cial en la Universidad de Siracusa
de Estados Unidos y un máster de
filosofía de la educación en la Uni-
versidad de Harvard. Ha sido vica-
rio parroquial, párroco, director de
la oficina de comunicación social y
de la oficina de educación y la es-
cuela de la diócesis, director de Cá-
ritas diocesana y vicario general de
Hong Kong. Además, desde 2003,
era miembro del Consejo pontificio
«Cor unum».
—Obispo titular de Nove y auxiliar
de Hong Kong (China) al presbíte-
ro STEPHEN LEE BUN SANG.
Stephen Lee Bun Sang, de la
prelatura personal del Opus Dei,
nació en Hong Kong el 10 de no-
viembre de 1956. Recibió la ordena-
ción sacerdotal el 20 de junio de
1988. Obtuvo el doctorado en dere-
cho canónico en la Universidad de
Navarra (España). En su ministerio
ha desempeñado, entre otros, los si-
guientes cargos: director de una es-
cuela; defensor del vínculo en el
Tribunal diocesano de Hong Kong
y vicario del Opus Dei para Asia
oriental.
—Obispo titular de Simittu y auxi-
liar de Hong Kong (China) al pa-
dre JOSÉ HA CHI-SHING, O.F.M.
José Ha Chi-shing, O.F.M., nació
en Hong Kong el 4 de marzo de
1959. Ingresó en la Orden de Frailes
Menores, donde recibió la ordena-
ción sacerdotal el 9 de septiembre
de 1990. Obtuvo la licenciatura en
teología espiritual y cultura francis-
cana en la Pontificia Universidad
«Antonianum» de Roma. Ha sido
vicario parroquial, párroco en diver-
sas parroquias, docente en el semi-
nario, consultor de la comisión para
la Iglesia en China y miembro del
consejo presbiteral de la diócesis,
definidor provincial y maestro de
novicios. En el último período era
superior regional de su Orden en
Hong Kong.
El Santo Padre ha nombrado vi-
cario judicial del Tribunal de pri-
mera instancia para las causas de
nulidad del matrimonio de la re-
gión del Lacio al presbítero LU-
CA SANSALONE, del clero de la
diócesis de Roma, hasta ahora
vicario judicial adjunto en el
mismo Tribunal.
Formación y cultura fueron las di-
rectrices de su servicio eclesial. Na-
ció en Racconigi, archidiócesis de
Turín (Italia), el 25 de junio de
1929. Cursó los estudios eclesiásti-
cos en su archidiócesis. Recibió la
ordenación sacerdotal el 29 de junio
de 1952. Luego completó sus estu-
dios en Roma, donde fue alumno
del Pontificio Seminario Lombardo;
se licenció en Sagrada Escritura en
el Pontificio Instituto Bíblico y se
doctoró en teología en la Pontificia
Universidad Gregoriana. En 1956
fue llamado a trabajar en la Con-
gregación para los seminarios y las
universidades como ayudante de es-
tudio en la sección «Seminarios»; el
3 de junio de 1969, Pablo VI lo
nombró subsecretario de dicho di-
casterio, actualmente denominado
para la educación católica.
Juan Pablo II lo nombró obispo
titular de Populonia y secretario de
la Comisión pontificia para la con-
servación del patrimonio artístico e
histórico de la Iglesia el 6 de octu-
bre de 1988; recibió la ordenación
episcopal de manos del Santo Padre
el 6 de enero de 1989 en la basílica
de San Pedro. El 4 de septiembre
nombró presidente de la nueva Co-
misión. El Papa, el 9 de julio de
1994, lo elevó a la dignidad arzobis-
pal, conservándole la misma sede ti-
tular. El 24 de abril de 2002, el
Santo Padre lo nombró arcipreste
de la basílica vaticana, vicario gene-
ral suyo para el Estado de la Ciu-
dad del Vaticano y presidente de la
Fábrica de San Pedro. El sucesivo 8
de marzo lo nombró también presi-
de 1991 lo nombró, además, presi-
dente de la Comisión pontificia de
arqueología sacra. El Santo Padre,
el 25 de marzo de 1993, creó la Co-
misión pontificia para los bienes
culturales de la Iglesia, que sustitu-
yó a la Comisión pontificia para la
conservación del patrimonio artísti-
co e histórico de la Iglesia, y lo
Benedicto XVI, en 2006 renunció al
cargo de arcipreste de la basílica
Vaticana y en 2009 al de presidente
de la Oficina del trabajo de la Sede
apostólica. En el consistorio del 12
de junio pasado había optado por
el orden de los cardenales presbíte-
ros, manteniendo la diaconía eleva-
da pro hac vice a título presbiteral.
Audiencias pontificias
EL SANTO PADRE
HA RECIBID O EN AU D I E N C I A :
Jueves 31 de julio
—A monseñor Pio Vito Pinto,
decano del Tribunal de la Rota
ro m a n a .
número 31, viernes 1 de agosto de 2014 L’OSSERVATORE ROMANO página 5
Coloquio con el cardenal Coccopalmerio
Para una reforma espiritual
La Curia romana es, evidentemen-
te, un organismo complejo, que
siempre necesita ser monitorizado y,
si fuera necesario, corregido y actua-
lizado. La Curia no es, ni puede ser,
una estructura de poder contrapues-
ta al Papa, porque en esta hipótesis
no tendría ningún sentido. En cam-
bio, la Curia es sólo una estructura
de servicio que ayuda al Papa y su
actividad de servicio a la Iglesia uni-
versal, a las diócesis, a los pastores y
a los fieles. La Curia romana no es
autónoma, no tiene actividades pro-
pias, sino que depende del Papa, tie-
ne las actividades del Papa, ayuda al
Papa a realizarlas. Sin embargo, da-
do que los campos de acción son
tantos y tan diferentes, la Pastor bo-
nus, promulgada el 28 de junio de
1988, organizó la Curia en varios di-
casterios y asignó a cada uno una
en el período de veintiséis años pa-
sados desde la promulgación de la
constitución apostólica, el Consejo
pontificio ha desarrollado una praxis
múltiple, y esto lo ha llevado, por
una parte, a precisar sus competen-
cias y, por otra, a encontrar algunas
nuevas. ¿Cómo podemos expresar
hoy, de modo satisfactorio, las com-
petencias y las actividades del Con-
sejo pontificio? Teniendo en cuenta
la comprensión lograda y siguiendo
el principio hermenéutico de la ayu-
da de la Curia al Papa, se pueden
indicar los siguientes capítulos de
actividades del Romano Pontífice
acerca del derecho de la Iglesia y,
por lo tanto, de las actividades del
dicasterio: actividades de legislación,
actividades de vigilancia, actividades
de interpretación, actividades de
promoción del conocimiento y de la
instrumentos, repito, existen, pero es
necesario que se comprendan bien y,
por consiguiente, se apliquen opor-
tunamente. En nuestro dicasterio es-
tamos haciendo un gran trabajo de
revisión del Código sobre las nor-
mas penales contenidas en el libro VI
y el procedimiento penal, para hacer
más clara esta materia, más completa
y, en consecuencia, para poner a dis-
posición instrumentos más eficaces.
Sobre todo, queremos hacer más ac-
cesible esta delicada materia, más
comprensible, más fácilmente aplica-
ble por parte de los obispos.
Entre estos instrumentos, Benedicto XVI
dijo que había que usar el «bastón» y
el «cayado» para reaccionar ante el
mal.
También el Papa Francisco, en
una ocasión reciente, habló del bas-
tón. Pero fue Jesús el primero en ha-
blar, y de modo aún más radical, de
instrumentos para reaccionar al mal.
Recordemos los escándalos y la pie-
dra de molino. El bastón, pues, es
una imagen del derecho penal: fren-
te a una acción negativa, que perju-
dica el bien de las personas y, por
ende, de la Iglesia, el derecho penal
prevé una reacción, es decir, la apli-
cación de una pena canónica por
parte del pastor. En realidad, si el
pastor no reaccionara al delito me-
diante la aplicación de una pena, en
cierto modo estaría de acuerdo, o al
menos parecería estarlo, con el mal
cometido. Una acción negativa exige
necesariamente ser condenada, exige
una reacción. La Iglesia no puede
permanecer inactiva, debe tomar po-
sición, de lo contrario —como decía—
parecería que permitiese el mal. De
todas maneras, la pena también tie-
ne otra finalidad: exhortar a la con-
versión a quien ha cometido el deli-
to. A veces también tiene la finali-
dad de reivindicar el derecho de las
personas que han sido ofendidas.
Entre los temas del próximo Sínodo de
los obispos dedicado a la familia están
también los aspectos jurídicos y canóni-
cos del vínculo matrimonial. En el pla-
no práctico se verifica un aumento de
las peticiones de nulidad y, sobre todo,
de las expectativas de solución a corto
plazo. ¿Es posible dar una respuesta a
dichas peticiones?
Ciertamente, es de desear un pro-
cedimiento más rápido para la decla-
ración de anulación del matrimonio.
Toda mejora es oportuna; pero esta
debe salvaguardar siempre la finali-
dad esencial del proceso, que es la
búsqueda de la verdad, es decir, sa-
ber si determinado matrimonio es
válido o no. Estamos dando pasos
adelante. Desde hace tiempo, en la
comisión especial de nuestro dicaste-
rio estamos reflexionando sobre la
posibilidad de agilizar el procedi-
miento. Aún no hemos conseguido
resultados considerados satisfacto-
rios, pero hemos hallado dos solu-
ciones hipotéticas: reducir a uno so-
lo los grados de juicio —aunque lo
considero poco oportuno— o favore-
cer al juez único, en lugar del juez
colegial. Pero, repito, son sólo dos
hipótesis que aún hay que profundi-
Lucas Cranach el viejo «La ley y la gracia» (1529)
NICOLA GORI
«La reforma de estructuras exige la
conversión pastoral», escribió el Pa-
pa Francisco en la Evangelii gau-
dium. Porque «las buenas estructuras
sirven cuando hay una vida que las
anima, las sostiene y las juzga». Hoy
cuando el tema de la reforma de la
Curia está en el orden del día, el
cardenal Francesco Coccopalmerio
propone volver a partir de aquí: de
una auténtica «formación permanen-
te, sobre todo de naturaleza espiri-
tual —explica a nuestro periódico el
presidente del Consejo pontificio pa-
ra los textos legislativos— de todos
los agentes de la Curia: laicos, pres-
bíteros y obispos».
Usted ha hablado a menudo del Códi-
go de derecho canónico como un texto
de eclesiología, reflejo del Concilio Vati-
cano II. ¿Podría explicarnos esta afir-
mación?
Cuando leemos el Código de de-
recho canónico, que está formado
por muchos cánones, es decir, por
numerosas afirmaciones relacionadas
con varias temáticas, encontramos
también cánones que podemos lla-
mar «doctrinales» y que son afirma-
ciones con contenido eclesiológico,
relativas a las personas en la Iglesia
y a las estructuras de la Iglesia. Es-
tas afirmaciones sencillamente decla-
ran algo que ya existe en la realidad.
Evidentemente se trata de la eclesio-
logía del Vaticano II. Hay cánones,
por lo tanto, que reflejan afirmacio-
nes del concilio. Un ejemplo para
todos podría ser el del canon 212 §
3, que es una afirmación del capítulo
31 de la Lumen gentium, donde se di-
ce que los laicos, es decir, los bauti-
zados y confirmados, tienen la atri-
bución, es decir, la capacidad, el de-
ber y el derecho de ofrecer consejos
a los pastores. Tienen, por lo tanto,
el deber y el derecho de cooperar
con los pastores en el gobierno de la
Iglesia. Si se comparan estos dos
textos, se ve que son casi iguales. En
este sentido, juntando todos los de-
más cánones que son afirmaciones
de eclesiología provenientes del Vati-
cano II, podemos decir que el Códi-
go es un espejo del concilio, porque
lo refleja y lo repite bajo forma de
cánones.
¿Considera necesaria una actualización
del Código a distancia de más de
treinta años de su promulgación?
Antes de reformar el Código de
derecho canónico, hay que trabajar
mucho para comprender qué es el
derecho canónico. Muchas veces se
nota aún cierta resistencia en com-
prender exactamente su naturaleza.
Soy el primero en reconocer que no
es fácil comprender con profundidad
el derecho canónico. En realidad,
hay muchas ideas preconcebidas que
lo han ofuscado. Comoquiera que
sea, también son responsables los ca-
nonistas y los profesores. La batalla
sigue siendo difícil. Cuando se haga
la reforma de la Curia romana, este
punto será muy importante y habrá
que controlarlo de modo particular.
A propósito de la reforma de la Curia,
¿qué idea tiene usted?
competencia específica, es decir, una
actividad del Papa que debe realizar
para ayudarlo. Por este motivo la
Curia debe ser idónea, cualificado su
personal y eficientes las estructuras
que la componen. Esta debe ser la
índole fundamental de la Curia, si
quiere ayudar efectivamente al Ro-
mano Pontífice a realizar de modo
óptimo sus múltiples actividades al
servicio de la Iglesia universal. Aho-
ra bien, está claro que hay que adap-
tar esta estructura compleja a las exi-
gencias siempre nuevas de la Iglesia
y del mundo de hoy. Me urge desta-
car, entre las numerosas cosas que se
podrían decir al respecto, la necesi-
dad de la formación permanente, so-
bre todo de naturaleza espiritual, de
todos los agentes de la Curia, laicos,
presbíteros y obispos.
¿Y cuál es el papel del Consejo pontifi-
cio en el ámbito de la Curia romana?
Las competencias y las actividades
del Consejo pontificio están indica-
das en la constitución apostólica
Pastor bonus, en los artículos 154-158.
Sin embargo, debemos observar que
aplicación del derecho canónico. El
Consejo pontificio para los textos le-
gislativos ayuda al Papa a realizar de
la mejor forma posible dichas activi-
dades. Podemos afirmar sintética-
mente que la finalidad esencial del
dicasterio es la de garantizar la orto-
praxis canónica tanto al promover, al
inicio, la elaboración de normas ade-
cuadas, como al vigilar, después, que
dichas normas se apliquen.
En el reciente encuentro con algunas
víctimas de abusos, el Papa Francisco
recordó a los pastores el deber de vigi-
lar «con sumo cuidado» sobre estos
delitos. ¿Cree que los obispos disponen
de todos los medios normativos necesa-
rios para intervenir?
Los obispos tienen hoy todos los
instrumentos necesarios para interve-
nir en los casos mencionados. El
problema no es tanto los instrumen-
tos a disposición cuanto el conoci-
miento de dichos instrumentos y su
aplicación correcta. Muchas veces
los obispos, que no siempre conocen
bien el procedimiento penal canóni-
co, se encuentran en dificultad. Los SIGUE EN LA PÁGINA 11
página 6 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 1 de agosto de 2014, número 31
El Papa en Caserta invita a los fieles a tutelar su tierra rechazando toda forma de mal y de violencia
La valentía de decir no
Acoger a Jesús dentro de sí quiere
decir tener el valor de decir no a toda
forma de corrupción, de ilegalidad,
de mal y de violencia. Lo dijo el Papa
Francisco a los fieles de Caserta
durante la misa que celebró el sábado
26 de julio en la plaza Carlos III.
Jesús se dirigía a quienes le escucha-
ban con palabras sencillas, que to-
dos podían entender. También esta
tarde —lo hemos escuchado— Él nos
habla a través de breves parábolas,
que hacen referencia a la vida coti-
diana de la gente de esa época. Las
semejanzas del tesoro escondido en
el campo y la perla de gran valor
tienen como protagonistas a un po-
bre jornalero y a un rico comercian-
te. El comerciante está desde siem-
pre en búsqueda de un objeto de va-
lor, que colme su sed de belleza, y
da vueltas por el mundo, sin rendir-
se, con la esperanza de encontrar lo
que está buscando. El otro, el cam-
pesino, nunca se alejó de su campo
y hace el trabajo de siempre, con los
mismos gestos cotidianos. Sin em-
bargo, el resultado final es el mismo
para los dos: el descubrimiento de
algo precioso, para uno un tesoro,
para el otro una perla de gran valor.
Ambos se ven unidos por un mismo
sentimiento: la sorpresa y la alegría
han encontrado! Es la alegría de ca-
da uno de nosotros cuando descu-
brimos la cercanía y la presencia de
Jesús en nuestra vida. Una presencia
que transforma la existencia y nos
hace abiertos a las exigencias de los
hermanos; una presencia que invita
a acoger a cada una de las demás
presencias, incluso la del extranjero
y del inmigrante. Es una presencia
acogedora, es una presencia alegre,
es una presencia fecunda: así es el
reino de Dios dentro de nosotros.
Vosotros podríais preguntarme:
¿Cómo se encuentra el reino de Dios?
Cada uno de nosotros tiene un itine-
rario especial, cada uno de nosotros
tiene su camino en la vida. Para al-
guno el encuentro con Jesús es algo
esperado, deseado, buscado por lar-
go tiempo, como nos lo muestra la
parábola del comerciante que da
vueltas por el mundo para encontrar
algo de valor. Para otros ocurre de
forma improvisa, casi por casuali-
dad, como en la parábola del cam-
pesino. Esto nos recuerda que Dios
se deja encontrar de una manera o
de otra, porque es Él el primero que
desea encontrarnos y el primero que
busca encontrarnos: vino para ser el
«Dios con nosotros». Y Jesús está
entre nosotros, Él está aquí hoy. Lo
go una pregunta, pero no quiero que
la respondáis: ¿cuántos de vosotros
leéis cada día un pasaje del Evange-
lio? Y cuántos de vosotros, tal vez,
tenéis prisa por acabar el trabajo con
el fin de no perder la telenovela…
Tener el Evangelio entre las manos,
tener el Evangelio sobre la mesilla,
tener el Evangelio en la cartera, te-
ner el Evangelio en el bolsillo y
abrirlo para leer la Palabra de Jesús:
así viene el reino de Dios. El contac-
to con la Palabra de Jesús nos acerca
al reino de Dios. Pensadlo bien: un
Evangelio pequeño siempre al alcan-
ce de la mano, se abre en un punto
por casualidad y se lee lo que dice
Jesús, y Jesús está allí.
¿Qué se puede hacer para poseer el
reino de Dios? Sobre este punto Jesús
es muy explícito: no basta el entu-
siasmo, la alegría del descubrimien-
to. Es necesario anteponer la perla
preciosa del reino a cualquier otro
bien terreno; es necesario poner a
Dios en el primer lugar de nuestra
vida, preferirlo a todo. Dar el prima-
do a Dios significa tener el valor de
decir no al mal, no a la violencia, no
a los atropellos, para vivir una vida
de servicio a los demás y en favor de
la legalidad y del bien común.
Cuando una persona descubre a
que se manifiesta en la entrega de sí
y en la atención al pobre y al exclui-
do. ¡Dedicarse al pobre y al exclui-
do! La Biblia está llena de estas ex-
hortaciones. El Señor dice: vosotros
hacéis esto y esto otro, a mí no me
interesa, a mí me interesa que el
huérfano esté atendido, que la viuda
esté atendida, que el excluido sea
acogido, que se proteja la creación.
¡Esto es el reino de Dios!
Hoy es la fiesta de santa Ana, a
mi me gusta llamarla la abuela de
Jesús y hoy es un hermoso día para
festejar a las abuelas. Cuando incen-
saba vi algo hermoso: la estatua de
santa Ana no está coronada, la hija,
María, está coronada. Y esto es her-
moso. Santa Ana es la mujer que
preparó a su hija para convertirse en
reina, para convertirse en la reina de
los cielos y de la tierra. Hizo un
buen trabajo esta mujer. Santa Ana,
patrona de Caserta, ha reunido en
esta plaza a los diversos componen-
tes de la comunidad diocesana con
el obispo y con la presencia de las
autoridades civiles y representantes
de diversas realidades sociales. De-
seo alentaros a todos a vivir la fiesta
patronal libre de todo condiciona-
miento, expresión pura de la fe de
un pueblo que se reconoce familia
de Dios y afirma los vínculos de la
de la fraternidad y la solidaridad.
Santa Ana tal vez escuchó a su hija
María proclamar las palabras del
Magníficat, que María seguramente
repitió muchas veces: «Derriba del
trono a los poderosos y enaltece a
los humildes, a los hambrientos los
colma de bienes» (Lc 1, 52-53). Que
Ella os ayude a buscar el único teso-
ro, Jesús, y os enseñe a descubrir los
criterios del obrar de Dios; Él invier-
te los juicios del mundo, viene en
ayuda de los pobres y de los peque-
ños y colma de bienes a los humil-
des, que confían su vida a Él. Tened
esperanza, la esperanza no defrauda.
Y a mí me gusta repetiros: ¡no os
dejéis robar la esperanza!
Al término de la misa, antes de la
bendición final, el Pontífice dirigió
espontáneamente estas palabras.
Agradezco al obispo sus palabras:
gracias, muy generosas sus palabras.
¡Muchas gracias! Y agradezco a vo-
sotros la calurosa acogida de herma-
nos. ¡Gracias! ¡Muchas gracias! Y
por favor, os pido que recéis por mí.
Gracias también al cardenal arzobis-
po de Nápoles. He oído que tal vez
los napolitanos están un poco celo-
sos por esta visita, pero quiero decir
a los napolitanos que seguramente
este año iré a visitarlos.
Dios, el verdadero tesoro,
abandona un estilo de vi-
da egoísta y busca com-
partir con los demás la
caridad que viene de
Dios. Quien llega a ser
amigo de Dios, ama a los
hermanos, se comprome-
te en salvaguardar su vi-
da y su salud incluso res-
petando el medio am-
biente y la naturaleza. Sé
que sufrís por estas co-
sas. Hoy, al llegar, uno
de vosotros se acercó y
me dijo: Padre tráiganos
la esperanza. Pero yo no
puedo daros la esperan-
za, yo puedo deciros que
de haber encontrado la satisfacción
de todo deseo. Al final, no dudan
los dos en vender todo para adquirir
el tesoro que han encontrado. Me-
diante estas dos parábolas Jesús en-
seña qué es el reino de los cielos, có-
mo se le encuentra y qué hay que
hacer para poseerlo.
¿Qué es el reino de los cielos? Jesús
no se preocupa por explicarlo. Lo
enuncia desde el comienzo de su
Evangelio: «El reino de los cielos es-
tá cerca»; —también hoy está cerca,
entre nosotros— sin embargo nunca
lo deja ver directamente, sino siem-
pre de manera indirecta, narrando el
obrar de un propietario, de un rey,
de diez vírgenes… Prefiere dejarlo
intuir, con parábolas y semejanzas,
manifestando sobre todo los efectos:
el reino de los cielos es capaz de
cambiar el mundo, como la levadura
oculta en la masa; es pequeño y hu-
milde como un granito de mostaza,
que, sin embargo, llegará a ser gran-
de como un árbol. Las dos parábo-
las sobre las cuales queremos refle-
xionar nos hacen comprender que el
reino de Dios se hace presente en la
persona misma de Jesús. Él es el te-
soro escondido, es Él la perla de
gran valor. Se comprende la alegría
del campesino y del comerciante: ¡lo
dijo Él: cuando os reunís en mi
nombre, yo estoy entre vosotros. El
Señor está aquí, está con nosotros,
está en medio de nosotros. Es Él
quien nos busca, es Él quien se deja
encontrar incluso por quien no lo
busca. A veces Él se deja encontrar
en sitios insólitos y en momentos
inesperados. Cuando encontramos a
Jesús quedamos fascinados, conquis-
tados, y es una alegría dejar nuestro
acostumbrado modo de vivir, tal vez
árido y apático, para abrazar el
Evangelio, para dejarnos guiar por
la lógica nueva del amor y del servi-
cio humilde y desinteresado. La Pa-
labra de Jesús, el Evangelio. Os ha-
donde está Jesús allí está la esperan-
za; donde está Jesús se aman los
hermanos, se comprometen en salva-
guardar su vida y su salud incluso
respetando el medio ambiente y la
naturaleza. Esta es la esperanza que
nunca defrauda, la que nos da Jesús.
Esto es particularmente importante
en esta vuestra hermosa tierra que
requiere ser tutelada y preservada,
requiere tener el valor de decir no a
toda forma de corrupción y de ilega-
lidad —todos conocemos el nombre
de estas formas de corrupción y de
ilegalidad—, pide a todos ser servi-
dores de la verdad y asumir en cada
situación el estilo de vida evangélico,
Una calurosa acogida
Un festivo encuentro del Papa con la comunidad diocesana de Caserta
tuvo lugar el sábado 26 de julio por la tarde. El primer encuentro lo
dedicó a los sacerdotes en la capilla Palatina de la casa real. Al salir sa-
ludó a numerosos enfermos y se dirigió a la plaza Carlos III para la ce-
lebración de la Eucaristía. Y lunes 28 por la mañana el Pontífice vol-
vió a Caserta, en esta ocasión para mantener un encuentro con el pas-
tor Giovanni Traettino y la comunidad evangélica pentecostal. En el
edificio dedicado al culto, aún en construcción, tuvo lugar una cele-
bración de la Palabra; a su término el Papa almorzó con la comunidad
p entecostal.
número 31, viernes 1 de agosto de 2014 L’OSSERVATORE ROMANO página 7
A los sacerdotes la invitación a ir con alegría por las sendas del mundo
Hombres creativos abiertos al Espíritu
El Papa Francisco, el sábado 26 de
julio, por la tarde, realizó una visita
pastoral a Caserta. Al llegar se reunió
con los sacerdotes de la diócesis en la
capilla palatina del palacio real y
mantuvo con ellos un diálogo. Introdu-
jo la conversación el obispo Giovanni
D’Alise con estas palabras.
Santidad, no he preparado nada es-
crito porque comprendí inmediata-
mente que usted quiere una relación
cercana y profunda con los sacerdo-
tes. Por lo tanto, le digo: bienveni-
do. Esta es nuestra Iglesia, los sacer-
dotes, y luego iremos a ver el resto
de la Iglesia, en tanto celebraremos
la Eucaristía. Para mí este momento
es importante, porque hace dos me-
ses que estoy aquí, y comenzar este
episcopado con su presencia y su
bendición es para mí una gracia en
la gracia. Y ahora esperamos su pa-
labra. Sabiendo que usted desea un
diálogo, los sacerdotes prepararon
algunas preguntas para usted.
El Papa Francisco dio las gracias
al prelado e invitó a los presentes
a formular sus preguntas.
He preparado un discurso, pero lo
entregaré al obispo. Muchas gracias
por la acogida. Gracias. Estoy con-
tento y me siento un poco culpable
de haber causado tantos problemas
el día de la fiesta patronal. Pero yo
no sabía. Cuando llamé al obispo
para decirle que quería venir a reali-
zar una visita privada, aquí, a un
amigo, el pastor Traettino, él me
dijo: «Ah, precisamente el día de la
fiesta patronal». E inmediatamente
pensé: «Al día siguiente en los pe-
riódicos aparecerá: en la fiesta patro-
nal de Caserta el Papa estuvo con
los protestantes». Un buen titular,
¿eh? Y así hemos acomodado la
cuestión, con un poco de prisa, pero
el obispo me ha ayudado mucho, y
también la gente de la Secretaría de
Estado. Cuando llamé al sustituto le
dije: «Por favor, quítame la cuerda
del cuello». Y lo hizo bien. Gracias
por las preguntas que haréis, pode-
mos comenzar; se hacen las pregun-
tas y yo veo si podemos agrupar dos
o tres, de lo contrario respondo a ca-
da una.
Siguió el diálogo con los sacerdotes,
del cual publicamos la traducción
de la transcripción.
Santidad, gracias. Soy el vicario gene-
ral de Caserta, don Pasquariello. Un
gracias inmenso por su visita aquí a
Caserta. Quisiera hacer una pregunta:
el bien que usted está trayendo a la
Iglesia católica con sus homilías coti-
dianas, los documentos oficiales, espe-
cialmente la Evangelii gaudium, están
marcadas, sobre todo, por la conversión
espiritual, íntima, personal. Es una re-
forma que compromete, según mi mo-
desto parecer, sólo el ámbito de la teo-
logía, de la exégesis bíblica y de la filo-
sofía. Junto a esta conversión personal,
que es esencial para la salvación eter-
na, vería útil alguna intervención, por
parte de Su Santidad, que implique
más al pueblo de Dios, precisamente
como pueblo. Me explico. Nuestra dió-
cesis, desde hace novecientos años, cuen-
ta con límites absurdos: algunos terri-
torios comarcales están divididos por la
mitad con la diócesis de Capua y con
la de Acerra. Incluso, la estación de la
ciudad de Caserta, a menos de un ki-
lómetro del municipio, pertenece a Ca-
pua. Por este motivo, Beatísimo Padre,
le pido una intervención que traiga so-
lución para que nuestras comunidades
ya no tengan que sufrir a causa de
traslados inútiles y no sea ulteriormente
mortificada la unidad pastoral de
nuestros fieles. Está claro, Santidad,
que usted en el número 10 de la Evan-
gelii gaudium dice que estas cosas
pertenecen al episcopado; sin embargo,
yo recuerdo que siendo joven sacerdote
—hace 47 años— fuimos a ver a mon-
señor Roberti —él había salido de la
Secretaría de Estado— y llevamos un
poco de problemas también allí; y dije-
ron, después de explicar la cuestión:
«Poneos de acuerdo con los obispos y
nosotros firmaremos». Esto es una be-
llísima cosa. ¿Pero cuándo se ponen de
acuerdo los obispos?
Algunos historiadores de la Iglesia
dicen que en algunos de los prime-
ros Concilios los obispos llegaron in-
cluso a los puñetazos, pero luego se
ponían de acuerdo. Y esto es un mal
signo. Es mala cosa cuando los obis-
pos hablan mal uno del otro, o for-
man cordada. No digo tener unidad
de pensamiento o unidad de espiri-
tualidad, porque esto es bueno, digo
cordada en el sentido negativo de la
palabra. Esto es feo porque se rom-
pe precisamente la unidad de la
Iglesia. Esto no es de Dios. Y noso-
tros obispos debemos dar el ejemplo
de unidad que Jesús pidió al Padre
para la Iglesia. Pero no se puede ir
hablando mal uno del otro: «Este lo
hace así y aquel hace la cosas así...».
Anda, y dilo de frente. Nuestros an-
tepasados en los primeros Concilios
llegaban a los puñetazos, y yo pre-
fiero que se griten cuatro cosas de
esas fuertes y luego se abracen y no
que se hablen a escondidas uno con-
tra el otro. Esto, como principio ge-
neral, o sea: en la unidad de la Igle-
sia es importante la unidad entre los
obispos. Usted destacó luego un ca-
mino que el Señor quiso para su
Iglesia. Y esta unidad entre los obis-
pos es la que favorece el ponerse de
acuerdo sobre esto y sobre aquello.
En un país —no en Italia, en otra
parte— hay una diócesis cuyos lími-
tes se establecieron de nuevo, pero
con motivo de la ubicación del teso-
ro de la catedral están en conflicto
aspectos fundamentales de la fe y de
incidencia en la vida social. ¿Qué suge-
rencia puede darnos para una pastoral
que, sin mortificar la piedad popular,
pueda relanzar el primado del Evange-
lio? Gracias, Santidad.
Se oye decir que este es un tiem-
po donde la religiosidad ha dismi-
nuido, pero yo no creo mucho en
eso. Porque son estas corrientes, es-
tas escuelas de religiosidad intimis-
tas, como los gnósticos, que hacen
una pastoral similar a una oración
pre-cristiana, una oración pre-bíbli-
ca, una oración gnóstica, y el gnosti-
cismo entró en la Iglesia en estos
grupos de piedad intimista: a esto
llamo intimismo. El intimismo no
hace bien, es algo para mí, estoy
tranquilo, me siento lleno de Dios.
Es un poco —no es lo mismo—, pero
va en cierto sentido por el camino
de la New Age. Hay religiosidad, sí,
pero una religiosidad pagana, o in-
cluso herética; no debemos tener
miedo de pronunciar esta palabra,
porque el gnosticismo es una herejía,
fue la primera herejía de la Iglesia.
Cuando hablo de religiosidad, hablo
de ese tesoro de piedad, con muchos
valores, que el gran Pablo VI descri-
bía en la Evangelii nuntiandi. Pensad
una cosa: el Documento de Aparecida,
el documento de la quinta Confe-
rencia del episcopado latinoamerica-
no, para hacer una síntesis al final
del documento mismo, en el último
párrafo, ya que los otros dos eran de
agradecimiento y de oración, tuvo
que ir cuarenta años atrás y tomar
un trozo de la Evangelii nuntiandi,
que es el documento pastoral post-
conciliar que aún no se ha superado.
Tiene una actualidad enorme. En
ese documento Pablo VI describe la
piedad popular, afirmando que la
misma algunas veces debe ser tam-
bién evangelizada. Sí, porque como
toda piedad existe el riesgo de ir un
poco por una parte y un poco por
otra y no contar con una expresión
de fe fuerte. Pero la piedad que tie-
ne la gente, la piedad que entra en
el corazón con el Bautismo es una
fuerza enorme, a tal punto que el
pueblo de Dios que tiene esta pie-
dad, en su conjunto, no puede equi-
SIGUE EN LA PÁGINA 8
en los tribunales desde
hace más de cuarenta
años. Por dinero: ¡esto no
se comprende! ¡Es aquí
donde festeja el diablo!
Es él quien gana. Es her-
moso que usted diga que
los obispos deban siempre
estar de acuerdo: pero de
acuerdo en la unidad, no
en la uniformidad. Cada
uno tiene su carisma, ca-
da uno tiene su modo de
pensar, de ver las cosas:
esta variedad a veces es
fruto de errores, pero mu-
chas veces es fruto del Es-
píritu mismo. El Espíritu
Santo quiso que en la
Iglesia exista esta varie-
dad de carismas. El Espí-
ritu mismo hace la diver-
sidad, luego logró formar
la unidad; una unidad en
la diversidad de cada uno,
sin que nadie pierda la
propia personalidad. De-
seo que lo que usted ha
dicho siga adelante. Ade-
más, todos somos buenos,
porque todos tenemos el
agua del Bautismo, tene-
mos el Espíritu Santo
dentro que nos ayuda a
seguir adelante.
Soy el padre Angelo Pisco-
po, párroco de San Pedro
apóstol y de San Pedro en
la Cátedra. Mi pregunta es
esta: Santidad, en la exhor-
tación apostólica Evangelii
gaudium usted invitó a
alentar y reforzar la piedad
popular, como precioso teso-
ro de la Iglesia católica. Al
mismo tiempo, sin embargo,
mostró el riesgo —lamenta-
blemente cada vez más
re a l — de la difusión de un
cristianismo individual y
sentimental, más atento a
las formas tradicionales y a
la revelación, privado de los
página 8 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 1 de agosto de 2014, número 31
Hombres creativos
abiertos al Espíritu
vocarse, es infalible in credendo: así
dice la Lumen gentium en el número
12. La piedad popular verdadera na-
ce de ese sensus fidei del que habla
este documento conciliar y guía en
la devoción de los santos, de la Vir-
gen, incluso con expresiones folkló-
ricas en el sentido bueno de la pala-
bra. Por ello la piedad popular está
fundamentalmente inculturada, no
puede ser una piedad popular de la-
boratorio, fría, sino que siempre na-
ce de nuestra vida. Se pueden come-
ter pequeños errores —es necesario,
por lo tanto, vigilar—, sin embargo,
la religiosidad popular es un instru-
mento de evangelización. Pensemos
en los jóvenes de hoy. Los jóvenes
—al menos la experiencia que tuve
en la otra diócesis—, los jóvenes, los
movimientos juveniles en Buenos Ai-
jesuitas, a quienes debo mi formación,
cultural y sacerdotal, digo primero mi
impresión, y luego una pregunta que
dirijo a usted de modo especial. El
identikit del sacerdote del tercer mile-
nio: equilibrio humano y espiritual;
conciencia misionera; apertura al diálo-
go con otros credos, religiosos o no.
¿Por qué esto? Usted ciertamente ha
realizado una revolución copernicana
por lenguaje, estilo de vida, comporta-
miento y testimonio sobre las temáticas
más destacadas a nivel mundial, inclu-
so de los ateos y de los alejados de la
Iglesia cristiano-católica. La pregunta
que le hago: ¿cómo es posible en esta
sociedad —con una Iglesia que desea
crecer y desarrollarse, en esta sociedad
en evolución dinámica y conflictiva y
muy a menudo lejana de los valores
del Evangelio de Cristo— ser nosotros
una Iglesia, con mucha frecuencia, con
cierto retraso? Su revolución lingüística,
po que no reza, un sacerdote que no
reza ha cerrado la puerta, ha cerrado
la senda de la creatividad. Es preci-
samente en la oración cuando el Es-
píritu te hace percibir algo, y viene
el diablo y te hace sentir otra cosa;
pero en la oración está la condición
para seguir adelante. Incluso si la
oración muchas veces puede parecer
aburrida. La oración es muy impor-
tante. No sólo la oración del Oficio
divino, sino la liturgia de la misa, se-
rena, bien hecha con devoción, la
oración personal con el Señor. Si
nosotros no rezamos, seremos tal vez
buenos empresarios pastorales y es-
pirituales, pero la Iglesia sin oración
se convierte en una ONG, no tiene
esa unctio Spiritus Sancti. La oración
es el primer paso, porque es un
abrirse al Señor para poder abrirse a
los demás. Es el Señor que dice: «Ve
por aquí, ve por allá, haz esto...», te
suscita esa creatividad que a muchos
santos les costó tanto. Pensad en el
beato Antonio Rosmini, quien escri-
bió Las cinco llagas de la Iglesia, fue
precisamente un crítico creativo,
porque rezaba. Escribió lo que el es-
píritu le hizo percibir, por esto fue a
la cárcel espiritual, es decir, a su ca-
cercanía. Cercanía es una palabra
clave: ser cercano. No asustarse de
nada. Ser cercano. El hombre de
Dios no se asusta. Pablo mismo,
cuando vio tantos ídolos en Atenas,
no se asustó, y dijo a esa gente: «Vo-
sotros sois religiosos, con tantos ído-
los... pero yo os hablaré de otro».
No se asustó y se acercó a ellos, y ci-
tó también a sus poetas: «Como di-
cen vuestros poetas...». Se trata de
cercanía a una cultura, cercanía a las
personas, a su modo de pensar, a
sus dolores, a sus resentimientos.
Muchas veces esta cercanía es preci-
samente una penitencia, porque te-
nemos que escuchar cosas aburridas,
cosas ofensivas. Hace dos años, un
sacerdote misionero en Argentina
—era de la diócesis de Buenos Aires
y había ido a una diócesis del sur,
en una zona donde no había sacer-
dote desde hacía años, y habían lle-
gado los evangelistas— me contaba
que fue a visitar a una mujer que ha-
bía sido la maestra del pueblo y lue-
go la directora de la escuela del po-
blado. Esta señora lo invitó a sentar-
se y comenzó a insultarlo, no con
palabras feas, sino a insultarlo con
fuerza: «Nos habéis abandonado,
nos habéis dejado solos, y yo que
necesito la Palabra de Dios me vi
obligada a ir al culto protestante y
me hice protestante». Este sacerdote
joven, que es humilde, es alguien
que reza, cuando la mujer acabó la
catarata, le dijo: «Señora, sólo una
palabra: perdón. Perdónanos, perdó-
nanos. Hemos abandonado al reba-
ño. Y el tono de esa mujer cambió.
Siguió siendo protestante y el sacer-
dote no mencionó el tema de cuál es
la verdadera religión: en ese momen-
to no se podía hacer eso. Al final, la
señora comenzó a sonreír y dijo:
«Padre, ¿quiere un café?» —«Sí, to-
memos un café». Y cuando el sacer-
dote estaba por salir, le dijo: «Qué-
dese padre, venga», y lo llevó a la
habitación, abrió el armario y estaba
la imagen de la Virgen: «Usted debe
saber que jamás la abandoné. La es-
condí por el pastor, pero en casa es-
tá». Es una anécdota que enseña có-
mo la cercanía, la mansedumbre hi-
cieron que esta mujer se reconciliase
con la Iglesia, porque se sentía
abandonada por la Iglesia. Y yo le
hice una pregunta que no se debe
hacer nunca: «Y luego, ¿cómo acabó
todo? ¿Cómo acabó la cuestión?».
Pero el sacerdote me corrigió: «Ah,
no, yo no pedí nada: ella sigue par-
ticipando en el culto protestante, pe-
ro se ve que es una mujer que reza:
que obre el Señor Jesús». Y no fue
más allá, no invitó a volver a la Igle-
sia católica. Es esa cercanía pruden-
te, que sabe hasta dónde se debe lle-
gar. Pero cercanía significa también
diálogo; hay que leer en la Ecclesiam
suam la doctrina sobre el diálogo,
que luego repitieron los demás Pa-
pas. El diálogo es muy importante,
pero para dialogar son necesarias
dos cosas: la propia identidad como
punto de partida y la empatía con
los demás. Si yo no estoy seguro de
mi identidad y voy a dialogar, termi-
no por canjear mi fe. No se puede
dialogar si no es partiendo de la
propia identidad; y la empatía, es
decir, no condenar a priori. Cada
hombre, cada mujer tiene algo pro-
pio para darnos; todo hombre, toda
mujer, tiene la propia historia, la
propia situación y debemos escu-
charla. Luego la prudencia del Espí-
ritu Santo nos dirá cómo responder
VIENE DE LA PÁGINA 7
sa: no podía hablar, no podía ense-
ñar, no podía escribir, sus libros es-
taban en el Índice. ¡Hoy es beato!
Muchas veces la creatividad te lleva
a la cruz. Pero cuando viene de la
oración, da fruto. No la creatividad
un poco a la sans façon y revolucio-
naria, porque hoy está de moda ser
revolucionario; no, esto no es del
Espíritu. Pero cuando la creatividad
viene del Espíritu y nace de la ora-
ción te puede traer problemas. La
creatividad que viene de la oración
tiene una dimensión antropológica
de trascendencia, porque mediante
la oración te abres a la trascenden-
cia, a Dios. Pero está también la otra
trascendencia: abrirse a los demás, al
prójimo. No hay que ser una Iglesia
cerrada en sí, que se mira el ombli-
go, una Iglesia autorreferencial, que
se mira a sí misma y no es capaz de
trascender. Es importante la trascen-
dencia dúplice: hacia Dios y hacia el
prójimo. Salir de sí no es una aven-
tura, es un camino, es el camino que
Dios ha indicado a los hombres, al
pueblo desde el primer momento
cuando dijo a Abrahán: «Deja tu
tierra». Salir de sí. Y cuando salgo
de mí, encuentro a Dios y encuentro
a los demás. ¿Cómo encuentro a los
demás? ¿De lejos o de cerca? Es ne-
cesario encontrarlos de cerca, la cer-
canía. Creatividad, trascendencia y
mildes son capaces de tener. ¡Esto es
grande! En los santuarios, por ejem-
plo, se ven milagros. Cada 27 de ju-
lio yo iba al santuario de San Panta-
león, en Buenos Aires, y confesaba
por la mañana. Volvía renovado por
esa experiencia, volvía avergonzado
por la santidad que encontraba en la
gente sencilla, pecadora pero santa,
porque decía los propios pecados y
luego contaba cómo vivía, cómo era
el problema del hijo o de la hija o
de esto o de lo otro, y cómo visitaba
a los enfermos. Se transparentaba un
sentido evangélico. En los santuarios
se encuentran estas cosas. Los confe-
sonarios de los santuarios son un si-
tio de renovación para nosotros sa-
cerdotes y obispos; son un curso de
actualización espiritual, por el con-
tacto con la piedad popular. Y los
fieles, cuando vienen a confesarse, te
dicen sus miserias, pero tú ves detrás
de esas miserias la gracia de Dios
que los conduce a ese momento. Ese
contacto con el pueblo de Dios que
reza, que es peregrino, que manifies-
ta su fe con esa forma de piedad,
nos ayuda mucho en nuestra vida
s a c e rd o t a l .
¿Me permite llamarle padre Francisco?,
porque la paternidad implica inevita-
blemente una santidad, cuándo es au-
téntica. Como discípulo de los padres
semántica, cultural y de testimonio
evangélico está suscitando ciertamente
en las conciencias una crisis existencial
para nosotros sacerdotes. ¿De qué modo
nos sugiere los caminos, soñadores y
creativos, para superar, o al menos pa-
ra atenuar, esta crisis que advertimos?
G ra c i a s .
Eso. ¿Cómo es posible, con la
Iglesia en crecimiento y desarrollo, ir
hacia adelante? Usted decía algunas
cosas: equilibrio, apertura dialógi-
ca... Pero, ¿cómo es posible cami-
nar? Usted mencionó una palabra
que me gusta mucho: es una palabra
divina, y si es humana es porque es
un don de Dios: c re a t i v i d a d . Es el
mandamiento que Dios dio a Adán:
«Ve y haz crecer la Tierra. Sé c re a t i -
vo». Es también el mandamiento
que Jesús dio a los suyos, a través
del Espíritu Santo, por ejemplo la
creatividad de la primera Iglesia en
las relaciones con el judaísmo: Pablo
fue un creativo; Pedro, ese día cuan-
do fue a ver a Cornelio, tenía un
gran miedo, porque estaba haciendo
algo nuevo, algo creativo. Pero él
fue allí. Creatividad es la palabra.
¿Y cómo se puede encontrar esta
creatividad? Antes que nada —y esta
es la condición si queremos ser crea-
tivos en el Espíritu, es decir en el Es-
píritu del Señor Jesús— no hay otro
camino más que la oración. Un obis-
res no funcionaban. ¿Por
qué? Se les decía: hagamos
una reunión para hablar... y
al final los jóvenes se abu-
rrían. Pero cuando los párro-
cos encontraron el camino
para implicar a los jóvenes
en las pequeñas misiones, ir
de misión en vacaciones, la
catequesis en los pueblos
que tienen necesidad, en los
poblados que no tienen sa-
cerdote, entonces ellos se su-
maban. Los jóvenes quieren
de verdad este protagonismo
misionero y de ahí aprenden
a vivir una forma de piedad
que se puede incluso llamar
piedad popular: el apostola-
do misionero de los jóvenes
tiene algo de piedad popu-
lar. La piedad popular es ac-
tiva, es un sentido de fe pro-
fundo —dice Pablo VI—, que
sólo los sencillos y los hu-
número 31, viernes 1 de agosto de 2014 L’OSSERVATORE ROMANO página 9
a ello. Partir de la propia identidad
para dialogar, pero el diálogo no es
hacer apologética, incluso si algunas
veces se nos presentan preguntas
que requieren una explicación. El
diálogo es una cuestión humana, son
los corazones, las almas los que dia-
logan, y esto es muy importante. No
tener miedo de dialogar con nadie.
Se decía de un santo, un poco bro-
meando —no recuerdo, creo que se
trataba de san Felipe Neri, pero no
estoy seguro—, que era capaz de dia-
logar incluso con el diablo. ¿Por
qué? Porque tenía esa libertad de es-
cuchar a todas las personas, pero
partiendo de la propia identidad.
Estaba muy seguro, pero estar segu-
ro de la propia identidad no signifi-
ca hacer proselitismo. El proselitis-
mo es una trampa, que incluso Jesús
en cierto sentido lo condena, en pas-
sant, cuando habla a los fariseos y a
los saduceos: «Vosotros que dais la
vuelta al mundo para encontrar un
prosélito y luego os acordáis de
aquello...». Es una trampa. El Papa
Benedicto tiene una expresión muy
hermosa, la dijo en Aparecida pero
creo que la repitió en otros lugares:
«La Iglesia crece no por proselitis-
mo, sino por atracción». ¿Y, qué es
la atracción? Es esa empatía humana
que luego la guía el Espíritu Santo.
Así, pues, ¿cómo será el perfil del
sacerdote de este siglo tan seculari-
zado? Un hombre de creatividad,
que sigue el mandamiento de Dios
—«crear las cosas»—; un hombre de
trascendencia, tanto con Dios en la
oración como con los demás, siem-
pre; un hombre de cercanía que se
acerca a la gente. Alejar a la gente
no es sacerdotal y de esta actitud la
gente, a menudo, está cansada, y, sin
embargo, viene igualmente a noso-
tros. Pero quien acoge a la gente y
es cercano a ella, dialoga con la gen-
te, lo hace porque se siente seguro
de la propia identidad, que lo im-
pulsa a tener el corazón abierto a la
empatía. Esto es lo que se me ocurre
decirle a su pregunta.
Queridísimo padre: Mi pregunta se re-
fiere al lugar donde vivimos: la dióce-
sis, con nuestros obispos, la relación con
nuestros hermanos. Y le pregunto: este
momento histórico que estamos vivien-
do, ¿tiene expectativas en nosotros,
presbíteros, es decir, de un testimonio
claro, abierto, gozoso —como usted nos
está invitando—, precisamente en la no-
vedad del Espíritu Santo? Le pregunto:
¿qué podría ser propiamente, según us-
ted, lo específico, el fundamento de una
espiritualidad del sacerdote diocesano?
Me parece haber leído en algún lugar
que usted dice: «El sacerdote no es un
contemplativo». Pero antes, no era así.
Por lo tanto, ¿puede darnos un icono
para tener presente con vistas al rena-
cimiento, al crecimiento en la comunión
de nuestra diócesis? Y, sobre todo, a mí
me interesa cómo podemos ser fieles hoy
al hombre, no tanto a Dios.
¡Bien! Usted ha dicho «la nove-
dad del Espíritu Santo». Es verdad.
Pero Dios es el Dios de las sorpre-
sas, siempre nos sorprende, siempre,
siempre. Leemos el Evangelio y en-
contramos una sorpresa tras otra. Je-
sús nos sorprende porque llega antes
que nosotros: nos espera antes, nos
ama antes, cuando nosotros lo bus-
camos, Él ya nos está buscando. Co-
mo dice el profeta Isaías o Jeremías,
no recuerdo bien: Dios es como la
flor del almendro, que florece antes
de la primavera. Es el primero, siem-
pre el primero, siempre nos espera.
Y esta es la sorpresa. Muchas veces
buscamos a Dios acá y Él nos está
esperando allá. Y ahora vamos a la
espiritualidad del clero diocesano.
Sacerdote contemplativo, pero no
como uno que está en la cartuja, no
me refería a esa contemplación. El
sacerdote debe tener contemplación,
capacidad de contemplación tanto
de Dios como de los hombres. Es
un hombre que mira, que llena sus
ojos y su corazón con esta contem-
plación: con el Evangelio ante Dios,
y con los problemas humanos ante
los hombres. En este sentido debe
ser contemplativo. No hay que con-
fundirse: el monje es otra cosa. Pero,
¿dónde está el centro de la espiritua-
lidad del sacerdote diocesano? Diría
que en la «diocesanidad». Es tener
la capacidad de abrirse a la diocesa-
nidad. La espiritualidad de un reli-
gioso, por ejemplo, es la capacidad
de abrirse a Dios y a los demás en la
comunidad: tanto la más pequeña
como la más grande de las congre-
gaciones. En cambio, la espirituali-
dad del sacerdote diocesano es abrir-
se a la diocesanidad. Y vosotros, re-
ligiosos, que trabajáis en la parro-
quia, debéis hacer las dos cosas. Por
eso el dicasterio de los obispos y el
dicasterio de la vida consagrada es-
tán trabajando en una nueva versión
de la Mutuae relationes, para que el
religioso pertenezca a ambas. Pero
volvamos a la diocesanidad: ¿qué
significa? Significa tener una rela-
ción con el obispo y una relación
con los demás sacerdotes. La rela-
ción con el obispo es importante,
necesaria. Un sacerdote diocesano
no puede estar separado del obispo.
«Pero es que el obispo no me quie-
re, el obispo esto, el obispo lo
o t ro …». Quizá el obispo sea un
hombre con mal carácter, pero es tu
obispo. Y debes encontrar también
en esa actitud no positiva un camino
para mantener la relación con él. De
todos modos, esta es una excepción.
Soy sacerdote diocesano porque ten-
go una relación con el obispo, una
relación necesaria. Es muy significa-
tivo que en el rito de ordenación se
haga voto de obediencia al obispo.
«Yo prometo obediencia a ti y a tus
sucesores». Diocesanidad significa
una relación con el obispo, que se
debe realizar y hacer crecer conti-
nuamente. En la mayoría de los ca-
sos no es un problema catastrófico,
sino una realidad normal. En segun-
do lugar, la diocesanidad comporta
una relación con los demás sacerdo-
tes, con todo el presbiterio. No hay
espiritualidad del sacerdote diocesa-
no sin estas dos relaciones: con el
obispo y con el presbiterio. Y son
necesarias. «Yo me llevo bien con el
obispo, pero a las reuniones del cle-
ro no voy porque se dicen estupide-
ces». Con esa actitud te falta algo:
no tienes la verdadera espiritualidad
del sacerdote diocesano. Esto es to-
do: es sencillo, pero al mismo tiem-
po no es fácil. No es fácil, porque ir
de acuerdo con el obispo no siempre
es fácil, porque uno piensa de una
manera y el otro piensa de otra, pero
se puede discutir… ¡y que se discu-
ta! ¿Y se puede hacer en voz alta?
¡Que se haga! Cuántas veces un hijo
discute con su papá, pero al final
son siempre padre e hijo. Sin embar-
go, cuando en estas dos relaciones,
con el obispo y con el presbiterio,
entra la diplomacia, no está el Espí-
ritu del Señor, porque falta el espíri-
tu de libertad. Hay que tener la va-
lentía de decir «yo no pienso así,
pienso de otra manera», y también
la humildad de aceptar una correc-
ción. Es muy importante. ¿Y cuál es
el enemigo más grande de estas dos
relaciones? Las habladurías. Muchas
veces pienso —porque también yo
tengo esta tentación de murmurar, la
tenemos dentro; el diablo sabe que
esta semilla le da frutos, y siembra
bien—, pienso si no es consecuencia
de una vida célibe vivida con esteri-
lidad y no con fecundidad. Un
hombre solo termina amargado, no
es fecundo y murmura de los demás.
Este es un aire que no hace bien, es
precisamente lo que impide la rela-
ción evangélica, espiritual y fecunda
con el obispo y con el presbiterio.
Las habladurías son el enemigo más
fuerte de la diocesanidad, es decir,
de la espiritualidad. Pero tú eres un
hombre, por lo tanto, si tienes algo
contra el obispo, ve y díselo. Luego
tendrá consecuencias, llevarás la
cruz, pero ¡sé hombre! Si eres un
hombre maduro y ves algo en tu
hermano sacerdote que no te agrada
o que crees que está equivocado, ve
y díselo en la cara, o si ves que no
acepta ser corregido, ve a decírselo
al obispo o al amigo más íntimo de
ese sacerdote, para que pueda ayu-
darle a corregirse. Pero no se lo di-
gas a los demás: porque es ensuciar-
se unos a otros. Y el diablo es feliz
con ese «banquete», porque así ata-
ca precisamente el centro de la espi-
ritualidad del clero diocesano. Para
mí, las habladurías hacen mucho da-
ño. Y no son una novedad posconci-
liar… San Pablo ya debió afrontar-
las. ¿Recordáis la frase: «Yo soy de
Pablo, yo soy de Apolo…»? Las ha-
bladurías son una realidad ya pre-
sente en el inicio de la Iglesia, por-
que el demonio no quiere que la
Iglesia sea una madre fecunda, uni-
da, gozosa. ¿Cuál es, en cambio, el
signo de que estas dos relaciones,
entre el sacerdote y el obispo y entre
el sacerdote y los demás sacerdotes
están bien? Es la alegría. Así como
la amargura es el signo de que no
hay una verdadera espiritualidad
diocesana, porque falta una hermosa
relación con el obispo o con el pres-
biterio, la alegría es el signo de que
las cosas funcionan bien. Uno puede
discutir, puede enfadarse, pero la
alegría está por encima de todo, y es
importante que permanezca siempre
en estas dos relaciones que son esen-
ciales para la espiritualidad del sa-
cerdote diocesano.
Quiero volver a otro signo, el sig-
no de la amargura. Una vez me de-
cía un sacerdote, en Roma: «Veo
que muchas veces somos una Iglesia
de enfadados, siempre enfadados
unos con otros; tenemos siempre al-
go por lo cual enfadarnos». Esto lle-
va a la tristeza y a la amargura: no
hay alegría. Cuando encontramos en
una diócesis a un sacerdote que vive
tan enfadado y con esa tensión, pen-
samos: este hombre, a la mañana, en
el desayuno toma vinagre; después,
en el almuerzo, verduras en vinagre;
y, por último, a la noche, un buen
jugo de limón. Así su vida no va
bien, porque es la imagen de una
Iglesia de enfadados. Al contrario, la
alegría es el signo de que funciona
bien. Uno puede enfadarse: incluso
es sano enfadarse alguna vez. Pero el
estado de enfado no es del Señor y
lleva a la tristeza y a la desunión. Y
al final, usted ha dicho: «la fidelidad
a Dios y al hombre». Es lo mismo
que hemos dicho antes. Es la doble
fidelidad y la doble trascendencia:
ser fieles a Dios es buscarlo, abrirse
a Él en la oración, recordando que
Él es fiel, que no puede renegar de
sí mismo, es siempre fiel. Y también
abrirse al hombre; es la empatía, el
respeto, escucharlo, y decir la pala-
bra justa con paciencia.
Debemos detenernos por amor
con los fieles que esperan… Os doy
verdaderamente las gracias y os pido
que recéis por mí, porque también
yo tengo las dificultades de cual-
quier obispo y también debo reto-
mar cada día el camino de la conver-
sión. La oración de unos por otros
nos hará bien para seguir adelante.
Gracias por vuestra paciencia.
página 10 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 1 de agosto de 2014, número 31
Discurso del Pontífice durante la visita a la Iglesia pentecostal en Caserta
Diversidad reconciliada
Es en la vida y no en el laboratorio donde se encuentra la verdad
«El Papa fue al encuentro de los
hermanos». De este modo resumió el
Papa Francisco el sentido de la visita
privada que realizó el lunes 28 de
julio a Caserta para reunirse con el
pastor evangélico Giovanni Traettino y
la comunidad de la Iglesia pentecostal
de la reconciliación.
¡Buenos días, hermanos y hermanas!
Mi hermano el pastor Giovanni
comenzó hablando del centro de
nuestra vida: estar en la presencia de
Jesús. Y luego dijo «caminar» en la
presencia de Jesús. Este fue el pri-
mer mandamiento que Dios dio a su
pueblo, a nuestro padre Abrahán:
«Ve, camina en mi presencia y sé
irreprensible». Y luego el pueblo se
puso en camino: algunas veces en la
presencia del Señor, muchas veces
no en la presencia del Señor. Eligió
los ídolos, los dioses... Pero el Señor
tiene paciencia. Tiene paciencia con
el pueblo que camina. Yo no com-
prendo a un cristiano inerte. Un
cristiano que no camina, no lo com-
prendo. El cristiano debe caminar.
Hay cristianos que caminan, pero no
en la presencia de Jesús; hay que re-
zar por estos hermanos. También
por nosotros, cuando en ciertos mo-
mentos no caminamos en la presen-
cia de Jesús, porque también noso-
tros somos todos pecadores, todos.
Si alguno no es pecador, que levante
la mano... Caminar en la presencia
de Jesús.
Cristianos inertes: esto hace daño,
porque lo que está inmóvil, lo que
no camina, se corrompe. Como el
agua que no corre, que es el agua
las habladurías. Y se comienza:
«¿Pero tú no sabes?». «No, no, yo
no sé nada de ti. Yo sé de aquí, de
allí…». «Yo soy de Pablo», «yo de
Apolo», «yo de Pedro»... Y de este
modo empiezan, así desde el primer
momento comenzó la división en la
Iglesia. Y no es el Espíritu Santo el
que causa la división; hace algo que
se asemeja bastante, pero no la divi-
sión. No es el Señor Jesús quien
causa la división. Quien provoca la
¿Qué hace el Espíritu Santo? He
dicho que hace otra cosa, que se
puede pensar tal vez que sea la divi-
sión, pero no lo es. El Espíritu San-
to construye la «diversidad» en la
Iglesia. La primera Carta a los Co-
rintios, en el capítulo 12. Él constru-
ye la diversidad. Y verdaderamente
esta diversidad es muy rica, muy
hermosa. Pero luego el Espíritu San-
to mismo construye la unidad, y así
la Iglesia es una en la diversidad. Y,
para usar una hermosa palabra de
un evangélico que yo quiero mucho,
una «diversidad reconciliada» por el
Espíritu Santo. Él hace ambas cosas:
produce la diversidad de los caris-
mas y luego construye la armonía de
los carismas. Por ello los primeros
teólogos de la Iglesia, los primeros
padres —hablo del siglo III o IV—,
decían: «El Espíritu Santo, Él es la
armonía», porque Él construye esta
unidad armónica en la diversidad.
Nosotros estamos en la época de
la globalización, y pensamos en qué
es la globalización y qué sería la
unidad en la Iglesia: ¿tal vez una es-
fera, donde todos los puntos son
equidistantes desde el centro, todos
iguales? ¡No! Esto es uniformidad.
Y el Espíritu Santo no construye
uniformidad. ¿Qué figura podemos
encontrar? Pensemos en el poliedro:
el poliedro es una unidad, pero con
todas las partes distintas; cada una
tiene su peculiaridad, su carisma.
Esta es la unidad en la diversidad.
Es por este camino que nosotros
cristianos realizamos lo que llama-
mos con el nombre teológico de ecu-
menismo: tratamos de que esta di-
versidad esté más armonizada por el
Espíritu Santo y se convierta en uni-
dad; tratamos de caminar en la pre-
sencia de Dios para ser irreprensi-
bles; tratamos de ir a buscar el ali-
mento que necesitamos para encon-
trar al hermano. Este es nuestro ca-
mino, esta es nuestra belleza cristia-
na. Me refiero a lo que mi amado
hermano dijo al inicio.
Luego habló de otra cosa, de la
Encarnación del Señor. El apóstol
Juan es claro: «Quien dice que el
Verbo no vino en la carne, no es de
Dios. Es del diablo». No es de los
nuestros, es enemigo. Hubo una pri-
mera herejía —digamos la palabra
entre nosotros— y fue esto lo que el
Apóstol condenó: que el Verbo no
haya venido en la carne. ¡No! La
Encarnación del Verbo está en la ba-
se: es Jesucristo. Dios y hombre,
Hijo de Dios e Hijo del hombre,
verdadero Dios y verdadero hombre.
Así lo entendieron los primeros cris-
tianos y tuvieron que luchar mucho,
mucho, mucho para mantener estas
verdades: el Señor es Dios y hom-
bre; el Señor Jesús es Dios hecho
carne. Es el misterio de la carne de
Cristo: no se comprende el amor al
prójimo, no se comprende el amor al
hermano, si no se comprende este
misterio de la Encarnación. Yo amo
al hermano porque también él es
Cristo, es como Cristo, es la carne
de Cristo. Yo amo al pobre, a la viu-
da, al esclavo, a quien está en la cár-
cel… Pensemos en el «protocolo» a
partir del cual seremos juzgados:
Ma t e o 25. Amo a todos ellos porque
estas personas que sufren son la car-
ne de Cristo, y a nosotros que va-
mos por esta senda de la unidad nos
hará bien tocar la carne de Cristo. Ir
a las periferias, precisamente donde
hay tantas necesidades, o hay —digá-
moslo mejor— tantos necesitados,
tantos necesitados... También necesi-
tados de Dios, que tienen hambre
—pero no de pan, pues tienen mu-
cho pan— de Dios. Ir allí, para
anunciar esta verdad: Jesucristo es el
Señor y Él te salva. Pero ir siempre
a tocar la carne de Cristo. No se
puede predicar un Evangelio pura-
mente intelectual: el Evangelio es
verdad, pero es también amor y es
también belleza. Esta es la alegría
del Evangelio. Esta es precisamente
la alegría del Evangelio.
En este camino hemos hecho mu-
chas veces lo mismo que los herma-
nos de José, cuando los celos y la
envidia nos han dividido. Ellos lle-
garon antes queriendo matar al her-
mano —Rubén logró salvarlo— y lue-
go venderlo. También el hermano
Giovanni ha hablado de esa historia
triste. Esa historia triste donde el
Evangelio para algunos se vivía co-
mo una verdad y no se daban cuen-
ta de que detrás de esa actitud había
cosas malas, cosas que no eran del
Señor, una mala tentación de divi-
sión. Esa historia triste, en la cual se
hacía lo mismo que hicieron los her-
manos de José: la denuncia, las leyes
de esta gente: «va contra la pureza
de la raza...». Y estas leyes fueron
aprobadas por bautizados. Algunos
de los que hicieron esta ley y algu-
nos de los que persiguieron y de-
nunciaron a los hermanos pentecos-
tales porque eran «entusiastas», casi
«locos», que arruinaban la raza, al-
gunos eran católicos... Yo soy el pas-
tor de los católicos: os pido perdón
por esto. Os pido perdón por esos
hermanos y hermanas católicos que
no comprendieron y fueron tentados
Siby Chacko «En camino» (2008)
SIGUE EN LA PÁGINA 11
Pienso en el nieto de
Abrahán, Jacob. Estaba
tranquilo allí con sus
hijos; pero en un momen-
to determinado llegó la ca-
restía y dijo a sus hijos, a
sus once hijos, diez de los
cuales eran culpables de
traición, por haber vendi-
do al hermano: «Marchad
a Egipto, caminad hasta
allí para comprar alimento,
porque tenemos dinero,
pero no tenemos comida.
Llevad dinero y compradlo
allí, donde dicen que se lo
puede encontrar». Y ellos
se pusieron en camino: en
lugar de encontrar alimen-
to, encontraron a un her-
mano. Y esto es hermosísi-
mo.
Cuando se camina en la
presencia de Dios, tiene
lugar esta fraternidad.
Cuando, en cambio, nos
detenemos, nos miramos
demasiado el uno al otro,
se da otro camino... horri-
ble, malo. El camino de
que se corrompe primero, el agua
que no fluye... Hay cristianos que
confunden caminar con «dar vuel-
tas». No son «caminantes», son
errantes y dan vueltas por aquí y
por allá en la vida. Están en el labe-
rinto, y allí vagabundean, vagabun-
dean... Les falta la p a r re s i a , la auda-
cia de ir adelante; les falta la espe-
ranza. Los cristianos sin esperanza
dan vueltas por la vida; no son ca-
paces ir adelante. Sólo estamos segu-
ros cuando caminamos en la presen-
cia del Señor Jesús. Él nos ilumina,
Él nos da su Espíritu para caminar
bien.
división es precisamente el Envidio-
so, el rey de la envidia, el padre de
la envidia: el sembrador de cizaña,
Satanás. El que se infiltra en las co-
munidades y provoca las divisiones,
siempre. Desde el primer momento,
desde el primer momento del cristia-
nismo existió esta tentación en la co-
munidad cristiana. «Yo soy de este»;
«yo soy de aquél». «¡No! Yo soy la
Iglesia, tú eres la secta»... Y así
quien nos conquista es él, el padre
de la división. No el Señor Jesús,
que rezó por la unidad (Jn 17), ¡re-
zó!
número 31, viernes 1 de agosto de 2014 L’OSSERVATORE ROMANO página 11
Cristianos en Japón
El ecumenismo
derriba los muros
RICCARD O BURIGANA
«Caminar juntos en el segui-
miento de Cristo para construir
la paz»: estas son las palabras
clave del compromiso ecuménico
de los cristianos en Japón, sobre
todo en estos últimos años, du-
rante los cuales han ido reforzán-
dose las relaciones entre las Igle-
sias y las comunidades cristianas
que representan a una pequeña
pero significativa parte de la so-
ciedad japonesa. Se trata de un
camino ecuménico que están re-
corriendo la Conferencia episco-
pal de Japón y el National
Christian Council of Japan (NC-
CJ), fundado en 1948. Está inte-
grado por treinta miembros (la
Iglesia católica no forma parte
de él) y organizado en cuatro
consejos regionales: Okinawa,
Kioto, Nagoya y Sendai.
El camino ecuménico prosigue
con gran sintonía, en el respeto
de las diferentes tradiciones, sin
olvidar las cuestiones pendientes,
con atención común al diálogo
con las comunidades de las de-
más religiones, a fin de superar
los prejuicios que durante siglos
han frenado la misión y, a veces,
discriminado a los cristianos en
Jap ón.
El calendario de las iniciativas
ecuménicas es muy rico de en-
cuentros, algunos de los cuales
constituyen etapas fijas que ayu-
dan a los cristianos a mantener
vivas sus propias raíces, es decir,
la relación con las comunidades
cristianas que han desarrollado
una intensa actividad misionera
en el país. Al mismo tiempo, los
encuentros ecuménicos se propo-
nen reforzar la labor en favor de
la paz, precisamente gracias a
una participación ecuménica que
muestra la voluntad de los cris-
tianos de compartir los momen-
tos conmemorativos de cada una
de las tradiciones, a fin de testi-
moniar la unidad en la diversi-
dad como paso fundamental pa-
ra superar la violencia y la into-
lerancia.
Precisamente con la perspecti-
va de mantener vivas las propias
raíces, el pasado 20 de julio se
celebró el encuentro anual de las
comunidades de lengua alemana,
que en 2010 festejaron los 125
años de su fundación por obra
de un grupo de misioneros sui-
zos en Yokohama. Esta comuni-
dad se ha destacado, sobre todo
en los últimos años, después del
terremoto de 2011, por su com-
promiso en la recogida de fondos
para ayudar a los necesitados y
reconstruir los edificios destrui-
dos, reforzando así las relaciones
con la «Evangelischen Kirche»
de Alemania, además de renovar
su compromiso para favorecer el
esfuerzo común de los cristianos
en la sociedad en defensa de los
derechos humanos.
Poco antes, a comienzos de ju-
lio, se celebró la jornada de la
Asociación de jóvenes cristianos,
que está presente en treinta y
cuatro universidades. Esta jorna-
da fue concebida como un mo-
mento público durante el cual se
relanzaron los principios de la
Asociación, que trabaja para la
creación de una cultura de la paz
en Japón y en el mundo median-
te la activación de programas
que es posible llevar a cabo tam-
bién por las relaciones del NCCJ
con otras organizaciones ecumé-
nicas internacionales. En esa cir-
cunstancia también se reafirmó la
importancia de la Asociación en
la difusión de la fe cristiana en
Japón, sobre todo entre los jóve-
nes. En varias ponencias se re-
cordó que el cristianismo no es
simplemente un hecho cultural,
sino una vocación espiritual y un
estilo de vida. Precisamente la
construcción de la paz constituye
desde hace muchos años el ele-
mento principal del camino ecu-
ménico en Japón. Desde este
punto de vista, el NCCJ y la Con-
ferencia episcopal de Japón han
trabajado en muchos frentes, a
partir de la reconciliación de la
memoria, tratando de desarrollar
el diálogo interreligioso.
Las directrices del diálogo in-
terreligioso, publicadas por la
Conferencia episcopal de Japón
en 2009, constituyen aún hoy un
punto de referencia fundamental
que ha promovido muchas inicia-
tivas, entre las cuales el naci-
miento de una red interreligiosa
en favor de la paz, en la que par-
ticipan cristianos, budistas y mu-
sulmanes. Esta nueva realidad
actúa no sólo para definir itinera-
rios formativos en la cultura de
la paz, sino también y sobre to-
do para oponerse a las propues-
tas legislativas que eventualmen-
te tiendan a autorizar una pre-
sencia militar cada vez más acti-
va de Japón en las crisis interna-
cionales.
También en este sentido, la
conmemoración de las víctimas
de las bombas nucleares de Hi-
roshima y Nagasaki constituye
seguramente el momento más in-
tenso y conmovedor de este ca-
mino ecuménico por la paz, que
se prepara con encuentros y
tiempos privilegiados, como los
«Diez días por la paz», promovi-
dos por los obispos japoneses.
Es una iniciativa que, este año,
ha asumido un valor particular,
desde el momento en que los
cristianos, todos juntos, han ex-
presado su firme condena del
proyecto de revisión del artículo
9 de la Constitución japonesa,
con el que se pretende permitir
la creación de un ejército con ta-
reas no exclusivamente de defen-
sa territorial. Como ya se conoce,
precisamente contra este proyec-
to los cristianos han confirmado
su compromiso en favor de la
paz contra toda forma de violen-
cia, para testimoniar la vocación
ecuménica de la Iglesia japonesa
en la construcción de una cultura
de la paz.
Diversidad reconciliada
Para una reforma espiritual
zar. Probablemente se deberá configu-
rar también una especie de interven-
ción más directa del obispo que, en al-
gunos casos, podría hacer más rápido
el procedimiento.
¿Qué proyectos tiene el dicasterio para el
futuro cercano?
Hemos hablado de la revisión del li-
bro VI del Código, o sea, de los cáno-
nes del derecho penal, que es un tra-
bajo que realizamos desde hace cinco
años. Procede con lentitud, no porque
no nos esforcemos, sino porque hay
una serie de cuestiones difíciles que re-
quieren prudencia. Es mejor hacer
bien las cosas, aunque con menos rapi-
dez. Al respecto, hemos instituido una
comisión específica formada por profe-
sores de derecho penal canónico, que
enseñan en las universidades romanas.
Nos reunimos una o dos veces al mes.
Quiero añadir que en el próximo mes
de septiembre se producirá el lanza-
miento del nuevo sitio internet
—www.delegumtextibus.va— que servirá
para promover un mejor conocimiento
y una praxis más eficaz de la normati-
va canónica vigente. Será un instru-
mento para poner en contacto el cen-
tro con la periferia, y la periferia con
el centro. En el sitio pondremos a dis-
posición todos nuestros datos, así co-
mo toda la documentación concernien-
te a la revisión de los dos Códigos, ya
publicada en la revista «Comunicatio-
nes», que se imprime en papel, y en
«Nuntia», que ya no se publica.
«Communicationes» se publica dos
veces por año a cargo del dicasterio y
contiene todas las noticias y las activi-
dades del Consejo pontificio: de modo
particular, informa sobre las normas
que han elaborado la Curia romana y
el Estado de la Ciudad del Vaticano
durante los últimos seis meses. En el
sitio también se proporcionará infor-
maciones sobre los canonistas en el
mundo, las academias, las facultades
de derecho canónico, las asociaciones
de derecho canónico y los congresos
que promueven. De este modo, todos
sabrán lo que sucede en el ámbito del
derecho canónico, y el dicasterio ten-
drá la posibilidad de estar presente
continuamente en la red.
VIENE DE LA PÁGINA 5
por el diablo e hicieron la misma cosa
que hicieron los hermanos de José. Pi-
do al Señor que nos dé la gracia de re-
conocer y perdonar... ¡Gracias!
Luego el hermano Giovanni ha di-
cho una cosa que comparto totalmen-
te: la verdad es un encuentro, un en-
cuentro entre personas. La verdad no
se construye en un laboratorio, se
construye en la vida, buscando a Jesús
para encontrarlo. Pero el misterio más
hermoso, más grande es que cuando
encontramos a Jesús nos damos cuenta
de que Él nos buscaba antes, que Él
nos ha encontrado antes, porque Él
llega antes que nosotros. A mí, en es-
pañol, me gusta decir que el Señor nos
p r i m e re a . Es una palabra española: nos
precede, y siempre nos espera. Él llega
antes que nosotros. Y creo que Isaías o
Jeremías —lo dudo— dice que el Señor
es como la flor del almendro, que es el
primero en florecer en primavera. ¡El
Señor nos espera! ¿Es Jeremías? Sí. Es
el primero que florece en primavera, es
siempre el primero.
Este encuentro es hermoso. Este en-
cuentro nos llena de alegría, de entu-
siasmo. Pensemos en el encuentro de
los primeros discípulos, Andrés y Juan.
Cuando el Bautista dijo: «He aquí el
Cordero de Dios, que quita el pecado
del mundo». Y ellos siguieron a Jesús,
permanecieron con Él toda la tarde.
Luego, al salir, al volver a casa, decían:
«Hemos escuchado a un rabino»...
¡No! «¡Hemos encontrado al Mesías!».
Estaban entusiasmados. Algunos
reían... Pensemos en esa frase: «¿Pue-
de salir algo bueno de Nazaret». No
lo creían. Pero ellos lo habían encon-
trado. Ese encuentro que transforma;
de ese encuentro viene todo. Este es el
camino de la santidad cristiana: cada
día buscar a Jesús para encontrarlo y
cada día dejarse buscar por Jesús y de-
jarse encontrar por Jesús.
Nosotros estamos en este camino de
la unidad, entre hermanos. Alguno se
asombrará: «El Papa visitó a los evan-
gélicos». ¡Fue a encontrarse con los
hermanos! ¡Sí! Porque —y esto que di-
ré es verdad— son ellos los que vinie-
ron primero a verme a mí a Buenos
Aires. Y aquí hay un testigo: Jorge Hi-
mitian puede contar la historia de
cuando vinieron, se acercaron... Y así
comenzó esta amistad, esta cercanía
entre los pastores de Buenos Aires, y
hoy aquí. Os agradezco mucho. Os pi-
do que recéis por mí, lo necesito... pa-
ra que al menos no sea tan malo.
¡Gracias!
VIENE DE LA PÁGINA 10
página 12 L’OSSERVATORE ROMANO viernes 1 de agosto de 2014, número 31
El Papa Francisco en el comedor de los trabajadores del Vaticano
Agrega un puesto
en la mesa
No sucede todos los días poder co-
mer en la misma mesa del Papa. Esa
oportunidad la tuvieron los emplea-
dos de la Ciudad del Vaticano que
habitualmente almuerzan en el co-
medor de la zona industrial.
La visita que nadie podía imagi-
nar tuvo lugar una mañana a finales
de julio, el viernes 25, cuando mu-
chos empleados en servicio se esta-
ban preparando para el almuerzo co-
tidiano. Algunos ya estaban senta-
dos a la mesa, otros hacían la fila
como todos los días delante de los
mostradores del self-service, cuando
vieron entrar al inesperado huésped,
que llegó hacia las 12.10.
Entre el estupor y la sorpresa de
todos, también el Papa Francisco se
colocó en la fila con la bandeja en la
mano. «Tomó pasta blanca, una por-
ción de merluza, verduras gratinadas
y un poco de patatas fritas. No tuve
el valor de presentarle la cuenta»,
confiesa aún emocionada Claudia Di
Giacomo, que en ese momento aten-
día la caja.
Inmediatamente lo rodearon los
presentes, cuyo número iba aumen-
tando a medida que pasaba el tiem-
po, y el Papa Francisco estrechaba
sonriente muchas manos. En la mesa
se sentó junto a cinco empleados de
los almacenes de la Farmacia vatica-
na, con polo azul y mangas cortas.
«Le contamos sobre nuestro trabajo,
cuántos somos y cómo se hace. Y él
nos habló de sus raíces italianas»,
explica uno de los comensales. Sus
colegas de trabajo añadieron que
también hablaron de fútbol —el Pon-
tífice es un hincha apasionado de
San Lorenzo de Almagro, equipo
que juega en el campeonato argenti-
no—, pero también de economía. En
diferentes momentos alguno se acer-
caba para el infaltable selfie. Cáma-
ras fotográficas, móviles, tabletas,
fueron tomando repetidas fotos. El
Papa Francisco no se molestó por
nada y siguió sonriendo y comiendo,
continuando la conversación con sus
interlo cutores.
Al final de la comida, hacia las
12.50, el Pontífice se levantó de la
mesa y posó con algunos empleados
para la clásica foto recuerdo en un
clima de gran familiaridad. Por últi-
mo, antes de despedirse, otra foto
con el grupo del personal del come-
dor en el umbral del ingreso. Tras
volver al coche de su ayudante de
cámara, Sandro Mariotti, que lo
acompañaba, el Papa Francisco re-
gresó a Santa Marta.
La visita duró, en su conjunto,
unos cuarenta minutos. Un tiempo
breve, pero suficiente para conocer
otro rincón del mundo vaticano y de
las personas que allí trabajan, des-
pués de que el 9 de agosto del año
pasado visitara el centro industrial,
donde mantuvo un encuentro con
carpinteros, herreros, fontaneros,
electricistas y empleados de L’O sser-
vatore Romano, cuya sede se en-
cuentra, precisamente, en el minús-
culo barrio industrial vaticano.
En Corea el Santo Padre con veinte jóvenes de Asia
Almuerzo en la fiesta de la Asunción
Los tuits en
@p ontifex_es
15 JUL [12.30 PM] Queridos
jóvenes, no caigan en la me-
diocridad; la vida cristiana es
para alcanzar nobles ideales
17 JUL [12.00 PM] La Iglesia
es misionera por naturaleza:
existe para que todo hombre y
mujer puedan encontrarse con
Jesús
19 JUL [12.00 PM] Dios ama
al que da con alegría. Apren-
damos a dar generosamente,
desprendiéndonos de los bie-
nes materiales
22 JUL [11.22 AM] El gran
peligro en el mundo actual es
el triste individualismo que na-
ce del corazón avaro
24 JUL [12.40 PM] Cuando se
vive apegado al dinero, al or-
gullo o al poder, es imposible
ser feliz
29 JUL [11.29 AM] Aprecie-
mos más el trabajo de los em-
pleados domésticos y de los
que cuidan a los menores, an-
cianos o inválidos: es un servi-
cio valioso
31 JUL [11.35 AM] Deseo que
cada familia redescubra la ora-
ción doméstica: esto también
ayuda a comprenderse y per-
donar
Del 12 al 19 de enero de 2015
Viaje apostólico a Sri Lanka y Filipinas
En la primera mitad del mes de enero de 2015 el Papa Francisco realizará
un viaje apostólico a Sri Lanka y Filipinas. Lo hizo público, el martes 29
de julio, un comunicado de la Oficina de prensa de la Santa Sede, donde
se especifica que «acogiendo la invitación de las autoridades civiles y de
los obispos» de los dos países asiáticos, el Pontífice estará del 12 al 15 en
Sri Lanka y del 15 al 19 en Filipinas. El comunicado se concluye con el
anuncio de que «el programa del viaje» —después del que tendrá lugar a
Corea del 14 al 18 de agosto próximo— «se publicará próximamente». Es
la confirmación oficial de las palabras pronunciadas por el obispo de Ro-
ma hace un año, el 28 de julio de 2013, durante el vuelo de regreso de
Río de Janeiro, cuando, hablando a los periodistas, había dicho: «He te-
nido una invitación para ir a Sri Lanka y también a Filipinas. Pero a Asia
se debe ir».
Veinte jóvenes participantes en la Jor-
nada de la juventud asiática (JJA),
que tendrá lugar en Daejón, almorza-
rán el 15 de agosto con el Papa Fran-
cisco con ocasión de su viaje a Corea,
el tercer viaje internacional del ponti-
ficado.
Entre ellos jóvenes provenientes de
India, Bangladesh, Pakistán, Taiwán,
Nepal, China, Japón y Mongolia; a
quienes se unirá también Boa Kwon,
famosa cantante internacional de mú-
sica pop coreana, en calidad de em-
bajadora honoraria de la sexta JJA,
que tendrá como lema: «Juventud
asiática, ¡despierta! La gloria de los
mártires brilla en ti». El almuerzo del
Pontífice con los jóvenes es una tra-
dición de las Jornadas mundiales de
la juventud que inició con Juan Pablo
II en el 2000 con ocasión del encuen-
tro de Roma - Tor Vergata. Siendo en
el mes de agosto, el Papa Wojtyła re-
cibió a un grupo de jóvenes de diver-
sas nacionalidades en la residencia es-
tival de Castelgandolfo. La experien-
cia se repitió luego en Canadá, du-
rante la Jornada de 2002 que tuvo lu-
gar en Toronto. Posteriormente tam-
bién Benedicto XVI almorzó con los
jóvenes en el contexto de las JMJ de
Colonia (2005), Sydney (2008) y Ma-
drid (2011). El Papa Francisco realizó
el mismo gesto en la edición de Río
de Janeiro (2013). Y precisamente en
estos días se celebra el aniversario del
primer viaje internacional del Papa
Bergoglio: el que realizó a Brasil del
22 al 29 de julio. También en esa
ocasión, la cita con las nuevas gene-
raciones fue el motivo de su viaje: la
XXVIII JMJ. Celebrada en la metrópo-
lis carioca, participaron más de tres
millones de jóvenes, acogidos con ge-
nerosidad por familias y parroquias
de Brasil. Una JMJ rica de iniciativas
como la semana misionera en las dió-
cesis del país y las catequesis imparti-
das por 278 obispos en 23 lenguas
distintas. Y la «ciudad maravillosa»,
como la llaman sus habitantes, en es-
tos días está recordando el aconteci-
miento con celebraciones, encuentros
con testimonios, exposiciones foto-
gráficas y documentales, en parro-
quias y comunidades. A nivel archi-
diocesano la cita tuvo lugar el sábado
26 de julio, con una gran fiesta en la
Quinta da Boa Vista, que culminó
con la misa vespertina celebrada por
el cardenal arzobispo Orani João
Tempesta. Desde entonces —dijo el
purpurado en una entrevista a Radio
Va t i c a n o — «todo ha cambiado: vemos
a los jóvenes participar más en la vi-
da eclesial, hemos visto su protago-
nismo, una mayor presencia en nues-
tros encuentros y una mayor asisten-
cia en las iglesias». Sin embargo, ad-
vierte, «hay todavía mucho trabajo
por hacer para cambiar esta ciudad»;
sobre todo «en lo que respecta la
cuestión social y la convivencia pací-
fica».
Y en un mensaje publicado en el
sitio web de la archidiócesis el carde-
nal Tempesta destaca cómo la expe-
riencia de la JMJ 2013 «quedará como
un momento importante no sólo para
los católicos, sino también para todos
los hombres de buena voluntad que
han visto que es posible un mundo
nuevo. Hay jóvenes —concluye el
purpurado— que quieren transformar
la sociedad respetando a las personas
y las instituciones en estos tiempos
oscuros y difíciles».

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful