ARISTÓTELES 143

En efecto, aun en el caso de las menos favorecidas desde el punto de vista de la
apariencia sensible, la naturaleza que las ha producido ofrece gozos inefables a
quienes, considerándolas científicamente, saben comprender sus causas y son por
naturaleza filósofos... Se debe, además, tener presente que quien discute una parte
cualquiera o elemento de la realidad, no considera su aspecto material, ni éste le
interesa, antes bien, se fija en la forma en su totalidad. Lo que importa es la casa, no
los ladrillos, la cal y las vigas: así, en el estudio de (a naturaleza, lo que interesa es
la sustancia total de un ser determi nado y no sus partes que, separadas de la
sustancia que constituyen, ni siquiera existen." Estas palabras, que puede
decirse que forman el programa científico de Aristóteles, hallan su justificación
en la teoría de la sustancia, que es el centro de su metafísica. Esta teoría
demuestra, en efecto, que cada ser posee, en la sustancia que lo constituye, el
principio o la causa de su validez necesaria. Cada ser posee, pues, en cuanto tal,
su propio valor y, si se considera en él lo que precisamente lo hace ser, esto es, la
forma total o sustancia, es digno de consideración y de estudio y puede ser objeto
de ciencia. Por eso Aristóteles advierte en el paisaje referido que se debe mirar a
la forma y no a la materia, a la totalidad, en que se actualiza la sustancia, y no a las
partes.
Conforme con el programa que sus últimas y más maduras investigaciones
metafísicas habían especulativamente justificado, la actividad científica de
Aristóteles se dirigió cada vez más hacia las investigaciones particulares. Fijó sobre
todo su atención en el mundo animal, según se deduce de los numerosos
escritos de historia natural que nos quedan; y no se puede decir que le fuese
extraño ningún campo de la investigación empírica, ya que preparaba a la vez la
reunión de las ciento cincuenta y ocho constituciones políticas y se consagraba a
otras indagaciones eruditas, cual la compilación del catálogo de los vencedores en
los juegos píticos.
Pero no es posible ocuparnos de todas las vastas investigaciones naturalísticas
de Aristóteles, que como tales se salen del campo de la filosofía. Sabemos ya
que la física es para él una ciencia teorética, al lado de la matemática y de la
filosofía primera. Su objeto es el ser en movimiento, constituido por las dos
sustancias que están dotadas de movimiento, la engendrable y corruptible que
forma los cuerpos sublunares y la inengendrable e incorruptible, que forma los
cuerpos celestes.
El movimiento es, según Aristóteles, el paso de la potencia al acto y posee, por
tanto, siempre un fin (teloV), que es la forma o especie que el movimiento tiende a
realizar. Puesto que el acto como sustancia precede siempre a la potencia, cada
movimiento presupone ya en acto la forma que es su término final.
Aristóteles admite cuatro tipos fundamentales de movimientos; el movimiento
es de cuatro especies: 1.a movimiento sustancial, esto es, generación o
corrupción; 2.
a
movimiento cualitativo, o cambio; 3.
a
movimiento cuantitativo,
aumento o disminución; 4.
a
movimiento local o movimiento propiamente dicho.
Este último es, según Aristóteles, el movimiento fundamental al que se reducen
todos los demás; en efecto, el aumento y la disminución se deben al aflujo o al
alejamiento de una materia determinada; el cambio, la generación y la corrupción
suponen el reunirse en un lugar dado, o el separarse, de determinados
elementos. De modo que,

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