Capítulo 1

Hombre eres y no Dios
VINO A Mí PALABRA DE JEHOVÁ, diciendo:
Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Así ha
dicho Jehová el Señor: Por cuanto se enalteció tu
corazón, y dijiste: Yo soy un dios, en el trono de
Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo
tú hombre y no Dios), y has puesto tu corazón
como corazón de Dios; he aquí que tú eres más
sabio que Daniel; no hay secreto que te sea
oculto.
Con tu sabiduría y con tu prudencia has
acumulado riquezas, y has adquirido oro y plata
en tus tesoros. Con la grandeza de tu sabiduría en
tus contrataciones has multiplicado tus riquezas;
y a causa de tus riquezas se ha enaltecido tu
corazón.
Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por
cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios,
por tanto, he aquí yo traigo sobre ti extranjeros,
los fuertes de las naciones, que desenvainarán sus
espadas contra la hermosura de tu sabiduría, y
mancharán tu esplendor.
Al sepulcro te harán descender, y morirás con la
muerte de los que mueren en medio de los mares.
¿Hablarás delante del que te mate, diciendo: Yo
soy Dios? Tú, hombre eres, y no Dios, en la mano
de tu matador. De muerte de incircuncisos
morirás por mano de extranjeros; porque yo he
hablado, dice Jehová el Señor.
Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de
hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y
dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el
sello de la perfección, lleno de sabiduría, y
acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de
Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu
vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito,
berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y
oro; los primores de tus tamboriles y flautas
estuvieron preparados para ti en el día de tu
creación. Tú, querubín grande, protector, yo te
puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en
medio de las piedras de fuego te paseabas.
Perfecto eras en todos tus caminos desde el día
que fuiste creado, hasta que se halló en ti
maldad. A causa de la multitud de tus contra-
taciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por
lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de
entre las piedras de fuego, oh querubín protector.
Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura,
corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor;
yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te
pondré para que miren en ti. Con la multitud de
tus maldades y con la iniquidad de tus
contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues,
saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió
y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de
todos los que te miran. Todos los que te
conocieron de entre los pueblos se maravillarán
sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de
ser.
Ezeq
u
iel 28.1-19
Tiro era una nación ubicada al norte de Israel,
sobre la costa del mar Mediterráneo. En tiempos
de esta profecía (aproximadamente el ario 570
antes de Cristo) el rey de Tiro desarrollaba, con
mucha inteligencia y sabiduría, una agresiva
política de comercio exterior. Había construido
grandes y hermosos barcos mercantes. Y con esos
navíos impresionantes comerciaba con todas las
naciones. La balanza de pagos le era muy
favorable. A través de su
dominio sobre el mar, Tiro se engrandeció de
manera extraordinaria, alcanzando el apogeo de su
grandeza, esplendor y riquezas. Y el corazón del
rey se enalteció.
Para el hombre es más difícil conducirse
adecuadamente en riquezas que en pobreza. No le
resulta fácil permanecer humilde una
vez que ha logrado el éxito, ni mantener el
corazón donde corresponde en medio de la
prosperidad. El problema del rey de Tiro no era la
prosperidad sino su corazón, que se había
enaltecido hasta llegar a decir: "Yo soy un dios."
Resulta embriagadora esa sensación de poder, ese
saber que se está en el trono, que se tiene el
mando y los recursos económicos para tomar
decisiones, y que a los demás sólo les queda
someterse. El orgullo produce más orgullo.
Fueron la soberbia y la arrogancia los que
llevaron al rey de Tiro a la blasfemia: "Yo soy un
dios." Se sentía omnipotente. "En el trono de Dios
estoy sentado en medio de los mares." Había
colocado un trono en el barco más lujoso, y desde
allí dirigía, gobernaba, con el corazón infatuado y
la boca llena de arrogancia. "Estoy sentado en
medio de los mares en el trono de Dios."
¡Es terrible no saber ocupar el própio lugar y
confundirse! Como cuando la mujer usurpa el
lugar del marido o el marido el de la Mujer. O
cuando los hijos se desubican y "se sientan en la
silla equivocada," es decir, asumen una postura
incorrecta.
Dios reprendió al rey de Tiro: "Has puesto tu
corazón como corazón de Dios." Y antes de emitir
juicio, el Señor le dirigió algunas frases irónicas:
"Tú eres más sabio que Daniel; no hay secreto que
te sea oculto. Con tu sabiduría y con tu prudencia
has acumulado riquezas..."
Resulta muy peligroso el hombre no reconozca
quién le ha dado sabiduría, riquezas y todo lo que
tiene
:

Finalmente Dios decretó sentencia sobre el rey:
"Por cuanto pusiste tu corazón como corazón de
Dios... morirás con la muerte de los que mueren
en medio de los mares. ¿Hablarás delante del que
te mate, diciendo: Yo soy Dios? Tú, hombre eres,
y no Dios, en la mano de tu matador."
De manera concluyente el Señor le aclaró las
cosas: No te confundas, eres un hombre y no un
dios.
En la segunda parte de la profecía, Dios le mandó
a Ezequiel levantar endechas sobre el
rey. Las endechas son lamentos, canciones fú-
nebres que se cantan en los funerales.
Pero al leer con cuidado lo que sigue, uno se
pregunta: ¿De quién habla realmente el texto? La
descripción que se hace del rey de Tiro no parece
coincidir con él. "Tú eras el sello de la perfección,
lleno de sabiduría y acabado de hermosura. En
Edén, en el huerto de Dios estuviste... Tú,
querubín grande, protector, yo te puse en el santo
monte de Dios..., perfecto eras en todos tus
caminos desde el día que fuiste creado, hasta que
se halló en ti maldad..." ¿A quién se refiere?
Todos los estudiosos de la Biblia coinciden en
señalar que la referencia es a Lucifer, el querubín
grande. Lucifer, antes de convertirse en Satanás,
era uno de los ángeles principales en el monte de
Dios, un querubín (véase Isaías 14.11-15).
Probablemente él dirigiera la alabanza y la
adoración celestial. Era perfecto en santidad y en
hermosura hasta que se halló en él maldad. Porque
un día se enalteció. Al tomar conciencia de su
hermosura y santidad y darse cuenta de que era el
ángel más cercano al trono, se envaneció y quiso
ser Dios. La soberbia y el orgullo lo llevaron a la
rebelión,
y ya no aceptó más su propio lugar. Quiso escalar y
ocupar el lugar de Dios.
Allí se encuentra el origen de toda maldad. La
soberbia y el orgullo generan rebelión.
Y como Lucifer se enalteció, Dios lo destituyó.
Quitó de él su santidad y el querubín santo y bello
se transformó en el ser horrible, maligno, perverso,
que hoy es. En Satanás. Y el Señor sentenció:
"Espanto serás."
Ahora bien, ¿por qué decirle todo esto al rey de
Tiro? Porque él se enalteció, incitado por Satanás.
Y cuando uno toma esa actitud soberbia, el diablo
se adueña del corazón. El rey de Tiro quedó
endemoniado.
Satanás existe, es real. Él tiene una función que
cumplir en la tierra (y Dios lo permite): potenciar la
maldad del malo, potenciar la soberbia del
soberbio, potenciar la rebeldía del rebelde.
El rey de Tiro fue poseído por Lucifer. Por - eso
cuando el profeta se dirigió al rey de Tiro, en
realidad le habló a aquel que estaba dentro
i
de él, a
Satanás.
Un mismo final desgraciado les sobrevino tanto a
Satanás como al rey de Tiro. Uno fue arrojado de la
presencia de Dios y el otro
asesinado. Porque nada aborrece Dios más que la
soberbia y el orgullo del corazón.
Por lo tanto, es importante ubicarnos, no
confundirnos. Distinguir la diferencia entre Dios y
nosotros.
Dios le señaló al rey de Tiro: "Tú hombre eres y no
Dios." Necesitamos diferenciar las cosas. Sólo nos
conocemos a nosotros mismos cuando conocemos a
Dios. Porque todo conocimiento de nosotros
mismos parte del conocimiento de él.
SIETE DIFERENCIAS
ENTRE DIOS Y EL HOMBRE
1) Dios es el creador de todo, y el hombre una
simple criatura
"En el principio creó Dios los cielos y la tierra"
(Génesis 1.1). Dios es el único ser con facultad
creadora. El hombre apenas una simple criatura. No
puede crear absolutamente nada. Compone cosas a
partir de los elementos creados por Dios. Los une,
los mezcla, les da forma, pero no crea. Todo lo que
existe en el universo ha sido hecho por Dios. La
Biblia nos declara que él lo hizo todo por medio de
su palabra, partiendo de la nada. Simplemente
dijo y fue hecho. En ocasiones el hombre ha
intentado crear, pero siempre terminó en fracaso.
Puede tomar, por ejemplo, los mismos elementos
contenidos en un grano de trigo y unirlos, pero no
logra formar un grano que tenga vida, que pueda
ser sembrado y se transforme en planta que a su vez
produzca fruto.
Estamos tan acostumbrados a ver vida en la
naturaleza que ya ni somos conscientes de ella.
¿Nos detenemos a contemplar las maravillas que
aún hoy Dios sigue creando? Nacen niños, pájaros,
animales, brotan nuevas plantas, se llenan de flores,
se cargan de frutos. Dios está vivo y presente, y él
es creador. La tierra exhibe su gloria. Todo expresa
su grandeza.
¿Cuántas veces hemos comido un huevo frito?
Cuando lo partimos sobre la sartén sólo vemos una
yema y una clara. Sin embargo, si una "tonta"
gallina se sentara sobre ese huevo durante veintiún
días, dándole calor, esa yema y esa clara
emergerían transformadas en huesos, cartílagos,
tendones, nervios, cerebro, músculos, sangre,
corazón, aparato circulatorio, aparato digestivo,
piel, plumas, patas, pico, ojos, oídos... ¡un pollito!
¡Y hasta dice "pío, pío"! ¡Parece mágico! ¡Sólo
Dios puede hacerlo!



2) Dios es el sustentador de todo cuanto existe, y el
hombre un ser sustentado por Dios
Él mantiene en su lugar las galaxias, las
constelaciones, los astros. Sustenta todas las cosas
con la palabra de su poder. El hombre, en cambio,
es un ser sustentado, dependiente. Nos guste o no,
dependemos de Dios.
Si Dios cortara nuestra respiración, apenas
aguantaríamos uno o dos minutos. ¿Cuántos
millones de veces nos ha latido el corazón desde
que nacimos? ¿O el corazón de nuestro perrito?
¿Quién nos da vitalidad, inteligencia, salud mental?
Somos dependientes de Dios en todo. Es bueno
reconocerlo. Algunos buscan lograr la
independencia. ¡Pobres! ¡Menos mal que Dios no
les lleva el apunte!
Recuerdo que cierta vez, de niño, cuando tenía unos
diez arios, me enojé con mis padres. Me ofendí y
les dije: "De aquí en adelante no quiero nada de
ustedes. ¡Voy a vivir por mí mismo, con mi propio
dinero!" Yo trabajaba en el negocio de mi papá, y
él me pagaba. Así que ese mediodía de sábado me
fui a la fiambrería, compré jamón cocido, pan lactal
y un poco de mayonesa. "¡Voy a vivir por mi
propia cuenta!"

Mis padres me dejaron jugar un poco. La
independencia me duró tres horas. Muchos buscan
una independencia parecida. ¡Menos mal que Dios
no les presta atención! Les tiene paciencia.
3) Dios es el único dueño de todo cuanto existe y el
hombre no es dueño de nada
No le ha pedido prestado nada a nadie. El Salmo 24
declara: "De Jehová es la tierra y su plenitud, el
mundo y los que en él habitan." Dios es dueño por
derecho inherente, ya que lo creó todo de la nada.
El mismo hombre es propiedad de Dios.
Nos engañamos cuando creemos poseer loque
tenemos. Decimos: "Mi casa," "mi auto," "mi
cuerpo," "mi familia," "mi negocio." Pensamos:
"¿Acaso no trabajé y compré todo lo que tengo?"
Nos equivocamos. Dios es el único dueño de
todo. Frente a él muchas veces el hombre se
desubica. ¿De quién es tu cuerpo? ¿Quién lo hizo?
¿Tú? No. Dios te formó. ¿De quién es tu esposa o
tu marido? ¿De quién tus hijos? ¿Quién creó a cada
uno de ellos? Todo le pertenece a Dios.
Tu casa fue hecha con ladrillos fabricados con la
tierra creada por Dios y cocidos con leña tomada de
los árboles que Dios colocó en nuestro planeta.
No hay nada que no proceda de las manos del
Creador. Tal vez digas: "¡Un momento! Este es un
planteo tramposo. A mí nadie me regaló los
ladrillos. Yo los tuve que pagar. También la arena, el
cemento y el jornal del albañil. Yo compré el auto y
todos los otros bienes que poseo. No me fueron
obsequiados. Son míos porque pagué por ellos."
Muy bien, los compraste con dinero que obtuviste
por tu trabajo. ¿Con qué trabajaste? Con el cuerpo
que te dio Dios. Con la salud que te dio Dios. Con la
inteligencia que te proporcionó Dios. Con el tiempo
que él te concedió. ¿Te das cuenta de que ninguna de
las cosas que tienes es tuya sino de él? Cuando ' el
hombre se siente dueño de lo que posee es como si
se sentara en la silla que le corresponde a Dios.
Nada es tuyo. El día en que escuches la campana
señalando que se acabó tu tiempo, ¿qué te llevarás?
¡Ni las medias! Porque todo es de Dios, y tendrás
que dejarlo aquí. Él es el único dueño de todo cuanto
existe.
4) Dios es el rey universal, y el hombre un súbdito
que le debe obedecer
El universo no marcha a la deriva. Existe un trono, y
hay alguien sentado sobre él reinando. Su reino es
por todos los siglos y su señorío por todas las
generaciones. Él gobierna su creación; todo cuanto
existe responde a la autoridad de Dios. Él es el rey
universal. El mundo material, visible, obedece a
Dios de modo inconsciente, involuntario,
automático, porque no tiene mente, ni voluntad. Él
gobierna sobre todo y mantiene todas las cosas en su
lugar con la autoridad de su palabra. Las órbitas de
los planetas han sido establecidas por Dios. Él le
pone límite y término a todo lo creado. Aún en el
pequeño mundo del átomo y de la molécula, Dios
reina. Nada ha quedado librado al azar.
Dios también es rey sobre el mundo invisible, sobre
la esfera de los ángeles, sobre el mismo Satanás, sus
principados y sus potestades. El diablo no puede
hacer lo que quiere sino lo que Dios le_ permite, en
el lugar que Dios le permite, y en el tiempo y con los
límites señalados. Dios es rey universal por encima
de los soberanos de la tierra. Él pone a Faraón en el
trono y él lo quita. Él coloca a Nabucodonosor y lo
derroca también.
Él es el Rey de reyes y Señor de señores. Sobre las
circunstancias. Sobre todo cuanto existe. Nada
puede resistir la autoridad suprema, soberana, de un
Dios que es rey universal.
Y el hombre es súbdito de este rey. Le debe
sumisión. Precisamente la rebelión constituye el
pecado básico del ser humano; nace de su orgullo, y
atenta contra la autoridad de Dios sobre su vida.

5) Dios es la fuente de todo bien y virtud,
y el hombre sólo un receptor que le debe agradecer y
adorar
La Biblia declara que "toda buena dádiva y todo don
perfecto desciende de lo alto,' del Padre de las luces,
en el cual no hay mudanza ni sombra de variación"
(Santiago 1.17). Todo lo bueno procede de Dios. La
vida, la salud, la sabiduría, la inteligencia, la paz, la
armonía, la riqueza, el poder, la autoridad, la unidad,
la gracia, el perdón, la salvación, la bendición. No
existe nada bueno que no tenga su origen en Dios. Él
es fuente de todo bien.
El hombre, en cambio, es un simple receptor del
bien que viene de lo alto. Por eso Pablo pregunta:
"¿Qué tienes que no hayas recibido?" (1a Corintios
4.7).
Muéstrame una sola cosa buena que tengas y no
hayas recibido del Señor. La gracia de Dios, los
favores de Dios, las virtudes de Dios, las bondades
de Dios nos llegan de manera abundante. Él nos
corona de favores y misericordia (Salmo 103.4). Por
lo tanto somos responsables de darle toda la gloria.
Y eso es lo que el rey deliro no quiso hacer. Se sintió
Dios. Creyó que era su sabiduría la que le había
proporcionado riquezas, prosperidad y el
engrandecimiento de su reino. No glorificó a Dios.
Se envaneció.
El rey de Tiro se sintió superior, y su enaltecimiento
trajo como consecuencia la caída. Lo mismo le
sucedió a Nabucodonosor rey de Babilonia. Se puso
a contemplar la grandeza de la ciudad de Babilonia
desde su terraza y dijo: "¿No es ésta la gran
Babilonia que yo edifiqué para casa real con la
fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?"
(Daniel 4.30).
A Dios le desagradó profundamente y ordenó a un
ángel que "le desconectara un cablecito."
Nabucodonosor se volvió loco, perdió la razón. Y
junto con el juicio perdió todo: su sabiduría, el reino,
sus riquezas. Se fue al campo a vivir entre las bestias
salvajes. Dormía a la intemperie bajo el rocío de la
noche. Le
creció pelo en todo el cuerpo como plumas. Sus uñas
semejaban garras como las de las aves de rapiña. Por
siete arios permaneció loco, vagando por el campo.
"¿Cómo decías, Nabucodonosor? ¿Con la fuerza de
quién edificaste Babilonia?"
Después de siete años Dios le devolvió la razón. Y
Nabucodonosor se dio cuenta de su desvarío. Se
arrepintió. Se humilló delante del Señor y se
convirtió. Reconoció que Dios era la fuente de todo
bien. Que la riqueza, el poder, la sabiduría, la
autoridad y el reino procedían de Dios y que él los
daba a quien quería. Y glorificó al Señor.
Dios le devolvió todo. Se sentó otra vez en el trono
porque se humilló. Entonces escribió estas palabras:
Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis
ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije
al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para
siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por
todas las edades. Todos los habitantes de la tierra
son considerados como nada; y él hace según su
voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes
de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le
diga: ¿Qué haces?
En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la
majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza
volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros
me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor
grandeza me fue añadida. Ahora yo Nabucodonosor
alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, por-
que todas sus obras son verdaderas, y sus caminos
justos; y él puede humillar a los que andan con
soberbia.
Daniel 4.34-37
Nabucodonosor nos dejó este testimonio escrito para
que no nos pase lo mismo que a él. ¡Gracias,
Nabucodonosor!
¿Tienes alguna capacidad, algún don, alguna virtud?
¿Hermosura o inteligencia? ¿Tienes una buena
familia? ¡Cuidado! ¿A quién le vas a dar la gloria?
Toda le corresponde a él.
6) Dios es el único legislador moral,
y el hombre debe sujetarse a sus leyes
Los legisladores establecen las leyes cívicas de una
nación. Pero existe un solo ser capaz de legislar en
cuanto a la moral: Dios. El hombre muchas veces se
confunde y se siente llamado a legislar. Cree que
puede determinar lo que está bien y lo que está mal.
Equivoca su rol. Es
función de Dios, y sólo de Dios, establecer las leyes
morales. Al hombre le corresponde únicamente
acatar y obedecer.
Dios les prohibió a Adán y Eva comer del árbol del
conocimiento del bien y del mal. El hombre no
puede determinar por sí mismo lo que está bien y lo
que está mal. Eso le toca a Dios. ¿Quién es el
hombre para ocupar el lugar de Dios?
Por ejemplo, Dios dice que "cualquiera que repudia
a su mujer y se casa con otra, comete adulterio
contra ella" (Marcos 10.11). ¿Quién es el hombre
para decir alguna otra cosa? Dios ordena: "No
fornicarás," porque él ha establecido que la relación
sexual se dé únicamente dentro del marco del
matrimonio. "¿Qué tiene de malo?" puede
argumentar alguien. "Si un hombre y una mujer
quieren hacerlo y se piensan casar, ¿por qué no?
Para mí no está mal." ¿Quién es el hombre para
decidir lo que está bien y lo que está mal? No es
apropiado tomarse atribuciones que a uno no le
corresponden. Si Dios dice que algo es malo, es
malo. Y si él declara que es bueno, entonces es
bueno.
Él manda a las casadas: "Estad sujetas a vuestros
maridos" (Colosenses 3.18). ¿Por
qué? ¿Acaso no somos iguales? Dios lo determina y
así debe ser.
En su afán por legislar sobre moral, el hombre ha ido
tan lejos que dice: "¿Qué hay de malo en ser
homosexual? Algunos han nacido con cuerpo de
hombre pero con alma de mujer, ¿y qué es más
importante, el alma o el cuerpo?" Este razonamiento
parece lógico. Casi convence. Pero no nos toca a
nosotros determinar entre el bien y el mal sino a
Dios.
Si el Señor ordena: "No hablarás contra tu prójimo
falso testimonio," (Éxodo 20.16) eso es final. No lo
hagas jamás en tu vida. No digas "para mí no está
mal." Tú no eres Dios, sino hombre.
7) Dios es el juez supremo, y todo hombre un día
será juzgado por él
Un día tendremos que rendir cuentas ante Dios.
"Está establecido para los hombres que mueran una
sola vez, y después de esto el juicio" (Hebreos 9.27).
¡Y no se salvará nadie! Habrá un juicio, y la Biblia
dice que todos compareceremos ante el tribunal de
Cristo. Entonces los secretos de los hombres serán
sacados a la luz por Dios. El hombre puede creerlo o
no, pero habrá un día de juicio final. Nadie podrá
decir: "Un momento, yo no creí en Dios en toda mi
vida; no es justo que ahora se me juzgue." Toda
lengua callará. Toda rodilla se doblará. Y todos
compareceremos en aquel día. Así lo ha establecido
el soberano Señor del universo.
Hay una palabra que resume en sí estas siete
características de Dios: Señor, en el hebreo Adonai,
en el griego Kyrios. Sintetiza todo lo que Dios es:
creador, sustentador, dueño, rey, fuente de todo bien,
legislador, y juez.
Si Dios es Señor, nosotros no podemos ser otra cosa
que siervos. No somos dueños de nada. Estamos
sujetos a obediencia, bajo su autoridad, y un día
seremos juzgados por él.
Satanás les lanzó a Adán y Eva una propuesta:
"Seréis como Dios" (Génesis 3.5). La intención era
desubicar al hombre y llevarlo a sentarse en la silla
de Dios, y a arrogarse atribuciones que no le
correspondían. Y él codició ser como Dios. "Yo soy
dueño de mi vida y de mis cosas; a mí nadie me
manda. Yo determino lo que está bien y lo que está
mal."
¡Cuidado! Quien desarrolla tal actitud está
intentando sentarse en la silla de Dios.
Jesucristo, en cambio, siendo Dios se hizo hombre.
El creador tomó forma de criatura. Dependió en todo
del Padre. Siendo dueño de todo, se volvió pobre. El
rey se hizo siervo, se sujetó, obedeció hasta la
muerte y muerte de cruz. Y a través de su ejemplo
nos enseñó a comportarnos. Él se humilló y Dios lo
exaltó hasta lo sumo. Ordenó que todos los seres del
universo doblaran sus rodillas ante él, y confesaran
que su hijo Jesucristo es el Señor (véase Filipenses
2.5-11). Ese Jesús Señor es el mismo hoy. Y
nosotros somos sus siervos. La voluntad del Padre es
que doblemos nuestras rodillas ante él.
Capítulo 2
La ideología que envenenó a occidente

i OH, PROFUNDIDAD de las riquezas de la
sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán
insondables son sus juicios, e inescrutables sus
caminos! Porque, ¿quién entendió la mente del
Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a
él primero, para que le fuese recompensado?
Porque de él, y por él, y para él son todas las cosas.
A él sea la gloria por los siglos. Amén.
Así que, hermanos, os ruego por las misericordias
de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en
sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es
vuestro culto racional. No os conforméis a este
siglo, sino transformaos por medio de la renovación
de vuestro entendimiento,
para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de
Dios, agradable y perfecta.
Romanos 11.33 — 12.2
Todas las cosas son de él, por él y para él. A fin de
que sólo él sea glorificado. El universo entero fue
hecho por él. Es creador de todo cuanto existe y su
sustentador; la fuente de todo bien. A él le
pertenecen todas las cosas, sin ninguna excepción.
Todo es de él porque todo fue hecho por él y para él.
¡A él sea la gloria eternamente!
Como consecuencia de esta declaración, el apóstol
les dice a los romanos (y el Espíritu Santo nos lo
dice a nosotros): "Ya que todo es de él, por él y para
él, les ruego por las misericordias de Dios que
presenten sus cuerpos en sacrificio vivo, santo,
agradable a Dios." Sacrificio vivo indica una entrega
continua, permanente de nuestro cuerpo. Santo
significa separado de, y separado para, consagrado.
Algo santo es una cosa apartada para Dios,
consagrada a él.
Cuando habla de presentar el cuerpo incluye todo el
ser. Nuestro cuerpo y la totalidad de nuestra persona
han de ser continuamente entregados al Señor,
continuamente apartados del pecado y del mundo, y
continuamente
consagrados a él porque todo es de él, por él y
para él. A Dios le agrada que nos entreguemos a
él en una acción constante, con todo lo que somos
y tenemos. La traducción literal de "vuestro culto
racional" es "vuestro culto lógico." Si todo es de
él, por él y para él, resulta lógico que
permanentemente, momento tras momento, nos
entreguemos a él y vivamos únicamente para su
gloria. Culto no es lo que ofrecemos en el templo
cuando alabamos y adoramos a Dios. Eso es sólo
una parte pequeña, ya que son pocos los minutos
que pasamos allí. La mayor parte de nuestro
tiempo lo vivimos fuera de las reuniones, y si todo
es de él, por él y para él, lo lógico es que
continuamente nos entreguemos a él.
Luego viene una expresión negativa: "No os
conforméis a este siglo." Lo que significa: "No
tomen las formas de este siglo, el estilo de este
siglo, la manera de vivir de este siglo, el modo de
pensar de este siglo, la forma de razonar de este
siglo." Tiene que haber en nosotros una clara y
enérgica actitud de renuncia, un definido ¡NO! a
las características de esta época. La advertencia es
clara: no se conformen, no se acomoden, no se
parezcan, no tomen el estilo de vida la mentalidad
la forma de hablar, la forma de comportarse, la
forma de razonar, la forma de conducirse que
tienen los hombres de hoy, porque ustedes son
diferentes. Han conocido a Dios y él se les ha
revelado. Por eso deben ser transformados.
34 Hombre eres y no Dios
Conformarse es tomar las mismas formas que este
mundo. Transformarse es desecharlas, cambiar de
forma.
La palabra clave es metamorfosis. Tiene que
producirse una transformación en nuestra vida, en
nuestra conducta, en nuestra manera de ser, de
actuar, de hablar, de sentir, de ver las cosas; un
cambio total. ¿Cómo? Pablo señala: "por medio
de la renovación de vuestro entendimiento." La
mente juega un papel decisivo en nuestra manera
de vivir y ser.
Satanás es el príncipe de las tinieblas. Andar en
tinieblas significa vivir en ignorancia. Esto
implica acomodamos al mundo, seguir la co-
rriente, hacer como hacen todos, vivir como los
demás, volvemos pasivos. Pablo declara enfáti-
camente: "Ustedes deben decir ¡NO! a la forma de
vivir de este siglo. Tienen que cambiar, trans-
formarse por medio de la renovación del enten-
dimiento." Necesitamos entender la voluntad de
Dios, el propósito de Dios, la verdad de Dios. Y
es precisamente el oír la verdad y conocerla
íntimamente lo que nos libera de las formas de
este mundo y nos transforma. Precisamos ser
transformados para poder comprobar (la versión
antigua lo traduce experimentar) "la buena
voluntad de Dios." Tenemos que experimentar la
voluntad de Dios, no la del diablo, no la de este
siglo, sino aquella que nos es revelada por su
verdad. Al conocerla, entenderla, creerla,
abrazarla, hacerla nuestra, vivirla, proclamarla y
enseñarla a otros somos transformados y podemos
experimentar, comprobar cuál es la voluntad de
Dios, buena, agradable y perfecta. No hay nada
más hermoso que vivir en la voluntad de Dios.
Nada en esta tierra lo supera.
Teniendo como referencia estas verdades
absolutas de la palabra de Dios y la exhortación
del apóstol a no conformarnos a este siglo,
analicemos ahora las ideologías que envenenan
nuestra sociedad occidental y "cristiana," y que
lamentablemente aún se infiltran en las iglesias.
CORRIENTES IDEOLÓGICAS
PREDOMINANTES
El humanismo
Hace aproximadamente quinientos años hizo su
aparición en Europa, centro de occidente, un
veneno mortal y muy sutil: el humanismo.
Durante cuatro siglos y medio esta ideología
permaneció dentro del círculo de las élites
intelectuales, en los niveles más altos.
Pero en los últimos cincuenta arios este veneno se
ha desparramado por todo occidente. Hoy ya no
está circunscrito exclusivamente a las esferas
intelectuales. Se ha esparcido a través dé toda la
sociedad occidental. Los dos canales principales
por medio de los cuales ha alcanzado difusión son
los centros de educación y los medios masivos de
comunicación.
Cincuenta arios atrás pocas personas llegaban a
cursar estudios secundarios. Tampoco eran
muchos los que completaban la escuela primaria.
Existía un gran número de analfabetos. La mayor
parte de la gente concurría durante algunos años a
la escuela primaria, donde básicamente aprendía a
leer, escribir, sumar y restar y adquiría algunas
nociones generales de geografía, historia, etc. En
los
últimos tiempos la enseñanza media se ha
popularizado. También se está generalizando la
enseñanza terciaria y universitaria. Los conceptos
filosóficos lanzados por el humanismo a través de
los centros de educación de nivel medio y
terciario inculcan una filosofía totalmente anti-
cristiana. Y eso es lo que hoy predomina en los
principales centros educacionales.
El segundo canal a través del cual se ha
desparramado el humanismo es aún más efectivo:
los medios masivos de comunicación (en especial
la televisión). Ellos presentan este veneno no ya
como ideología sino como propuesta práctica. De
tal modo que la mayor parte de los hombres del
mundo occidental, aún sin saber nada de
humanismo a nivel ideológico, se ha convertido
en humanista a nivel práctico.
Hoy en el pueblito más lejano y en el rancho más
pobre hay un aparato de televisión. Y las
propuestas del humanismo y del materialismo
inundan las mentes y continúan infectando cada
población. Los efectos que esto produce en la
sociedad deberían preocuparnos:
1) Niega que Dios se haya revelado
Si bien el humanismo no combate de frente la
creencia en Dios, sin embargo sostiene lo si-
guiente: Si Dios existe o no, no lo sabemos. Tam-
poco podríamos saberlo. Aun si existiera, nada
cambiaría, porque no se nos ha revelado con la
suficiente claridad como para que podamos fun-
damentar nuestra vida en él. El humanismo niega
a nivel ideológico lo que constituye la piedra
fundamental de la fe cristiana: que Cristo es la
revelación de Dios. La realidad es que Dios se ha
dado a conocer a todos los hombres sólo a través
de su hijo Jesucristo.
A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que
está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
Juan 1.18
El humanismo niega esa revelación de Dios en
Jesucristo. Como ideología, esto no ha trascendido
demasiado, pero sí en su propuesta práctica.

2) Coloca al hombre en el centro
El término humanismo proviene de la palabra
humano. Hasta hace unos siglos, en la sociedad
occidental prevalecía la idea de que Dios
constituía el centro de todas las cosas. El
humanismo ha quitado a Dios del centro y ha
colocado en su lugar al hombre. Hoy declara que
todo es del hombre, por el hombre, y para el
hombre. Señala que el ser humano es quien debe
solucionar sus problemas por sí mismo y no
esperar ayuda de afuera.
La concepción actual del mundo occidental tiene
al hombre como centro, como fin de todas las
cosas. Por eso la vida del ser humano gira en
torno a sí mismo. Lamentablemente esta propuesta
ha afectado también a la iglesia, y más allá de lo
que imaginamos, pues muchas veces aún invade el
púlpito sin que los predicadores siquiera se den
cuenta.
Hoy tenemos cristianos que en la teoría declaran a
Dios como el centro, el dueño de todo, pero que
en la práctica son humanistas. Ellos ocupan el
centro y todo gira a su alrededor.
3) Ha llevado a la iglesia a predicar un
evangelio centrado en el hombre
Según Jesús, debemos predicar el evangelio del
reino de Dios, del gobierno de Dios. La-
mentablemente en la mayor parte de occidente ha
cundido un evangelio de ofertas en el que el
hombre y sus necesidades constituyen el punto
central: "Cristo te ofrece paz, felicidad,
salvación, vida eterna, sanidad, liberación,
prosperidad." Todo se enfoca pensando en el
beneficio del hombre. Para muchos, Cristo ha
llegado a ser su mejor adquisición. Tienen lám-
paras que les proporcionan luz. Un ventilador que
los refresca en verano y un calefactor que los
preserva del frío en invierno. Una cocina donde
elaboran sus alimentos y una heladera para
conservarlos. El panadero les hace el pan, el sastre
la ropa, el tintorero les limpia los trajes, el
plomero les arregla los desperfectos de las
cañerías de agua y gas. ¡Y Cristo les da paz, los
guarda, los sana, los protege, los guía, los ayuda!
Es verdad que Cristo da paz, sana, salva, bendice
y guarda. Pero la cuestión gira en torno a quién
Constituye el centro de la vida. ¿Nosotros o
Cristo? En la práctica, para muchos Cristo es el
siervo y ellos los señores. Le piden, y "el siervo"
les da. La oración puede llegar a ser nada más que
una forma de comunicación entre el hombre (el
señor) y Jesús (su siervo). Le pedimos que nos
guarde al salir de viaje, que proteja nuestra casa,
que cuide de nuestra familia, que nos dé salud,
que nos prospere, que nos bendiga; Cristo es
nuestro servidor. Y si nos llega a negar alguna
cosa,
40 Hombre eres y no Dios
¡hasta somos capaces de protestar y enojarnos!
Algo se ha desfasado. ¿Quién vive para quién?
¿Cristo existe para mí o yo existo para él? Pablo al
momento de convertirse le dijo a Jesús: "Kyrios,
¿qué quieres que haga?" Esto es conversión:
reconocerlo a él como Señor y considerarse a uno
mismo como esclavo. Nuestra vida es para él,
estarnos a su disposición. Eso es lo que Dios
demanda de nosotros a través del evangelio del
reino.
Yo nací en un hogar cristiano en Haifa, Palestina,
actualmente Israel. Desde niño concurrí a las
reuniones de la iglesia y a la Escuela Dominical.
En mi casa siempre se leyó la Biblia y se oró.
Escapando de la guerra árabe-israelí llegamos a la
Argentina en el ario 1948, cuando yo tenía siete
años. Seguimos reuniéndonos aquí, tanto en la
iglesia armenia como en congregaciones de los
hermanos libres.
Me convertí a los quince arios en una campaña
que duró seis meses. Teníamos reuniones todas las
noches en una de las dos iglesias armenias. Un
ario después comencé a predicar, junto con un
grupo de jóvenes, en plazas, calles, cárceles,
hospitales. También ómnibus, tranvías y trenes.
Siguieron siete u ocho años de intensa actividad
evangelística. Realiza-
mos muchas campañas. Recorrimos el país.
Presencié grandes cruzadas en estadios. Escuché a
los predicadores más famosos del mundo. Estudié
cuatro arios en el Instituto Bíblico de la Alianza
Cristiana y Misionera. Oí y prediqué muchas
veces el evangelio hasta la edad de veintiséis años.
Pero en todo ese tiempo nunca escuché predicar el
evangelio del reino de Dios. Ni siquiera sabía lo
que era el reino de Dios. En el seminario, en
escatología (materia que trata de los
acontecimientos futuros) estudié algo acerca de él,
pero sinceramente no entendí demasiado. Porque
en occidente el único evangelio que se había
predicado hasta entonces era un evangelio de
ofertas, que le hablaba al hombre sobre todos los
beneficios de la salvación sin presentarle
juntamente las demandas del reino de Dios.
Evangelio con el hombre y no Dios en el centro.
¡Cómo agradecemos a Dios por el viento fresco de
su Espíritu que empezó a soplar en Argentina a
partir del ario 1967! Poco tiempo después el Señor
nos reveló sus verdades en la Biblia, abrió
nuestros ojos por el Espíritu Santo y nos llevó a
comprender el evangelio del
42 Hombre eres y no Dios
reino de Dios, que presenta a Jesucristo como el
Señor, como el centro de todo.

El racionalismo
El humanismo generó otra corriente llamada
racionalismo.
El término proviene de la palabra razón. Al quitar a
Dios del centro y poner al hombre, hubo que
exaltar su razón, su intelecto. Se colocó entonces la
razón por encima de la fe. Se relativizaron la fe y la
revelación de Dios. Se redujeron la grandeza y el
poder de Dios. Se comenzaron a mirar las sagradas
escrituras y las enseñanzas apostólicas con ciertas
reservas. El hombre creció y su razón se convirtió
en la corte suprema de apelaciones. La verdad
estaba en lo que la razón del hombre decía.
El racionalismo fue matando la fe en Dios,
apagando el Espíritu, creando escepticismo. Hoy
tenemos muchos cristianos racionalistas, sin vida,
sin poder, sin fe en un Dios vivo, presente,
poderoso, que habla, que obra, que hace milagros,
cuya revelación y palabras siguen siendo vigentes y
supremas.
La razón ocupó el lugar de la palabra de Dios. Y el
hombre se consideró a sí mismo capaz de legislar
en asuntos morales. En la
actualidad occidente está dominado por el ra-
cionalismo. Cada uno declara su verdad; determina
qué está bien y qué está mal, qué es lo que se debe
hacer y qué no. A causa de este racionalismo hay
padres que aparecen por televisión diciendo:
"Consideramos bueno que nuestra hija de dieciséis
arios mantenga relaciones sexuales con un amigo;
eso forma parte de su desarrollo emocional y
afectivo. Como padres, la instruimos para que sepa
qué hacer y cómo cuidarse."
El hombre dictamina qué es bueno y qué es malo.
Poco tiempo atrás, en Inglaterra, se arribó a esta
conclusión: "La familia ha muerto." Proclamar la
muerte de la familia es más dañino para la sociedad
que declarar la muerte de Dios, porque a Dios no se
lo puede destruir, pero a la familia sí.
Hoy, a causa del racionalismo, los hogares se
deshacen. Hombres jóvenes, inteligentes, se
plantean: "¿Para qué casarme? Puedo trabajar
tranquilamente durante la semana y buscar una
chica para los fines de semana. Si me gusta, sigo
con ella. Si no, no tengo compromiso."
Hoy el racionalismo aprueba la homosexualidad.
La considera una opción de vida legítima. Y señala:
"Lo malo es ser homosexual y
esconderlo. Hay que vivir abiertamente; no es
vergüenza ser homosexual." ¡Ay de nuestros hijos
en este siglo que termina y en el que viene!
Todavía no nos damos cuenta cabal de lo que ha
sucedido en occidente en estos últimos cincuenta
arios. El veneno del racionalismo lo ha infectado
todo. Se desparrama a través de la televisión, que
no realiza propuestas ideológicas, no discute sobre
religión, no presenta argumentos. Sólo extiende
propuestas prácticas: una vida como la de
Hollywood, riquezas, fama, placer, sexo libre.
Cualquier persona opina sobre cualquier tema. Sea
un jugador de fútbol, un escritor, una actriz o un
deportista, tiene acceso a decir lo que se le antoje, y
su opinión pesa dentro de la sociedad.

El secularismo
El humanismo ha dado origen aún a otra corriente
predominante en occidente: el secularismo.
El término secularismo viene de la palabra século,
que en latín significa siglo. Debido a su tradición
cristiana, occidente siempre había tenido una visión
global del hombre, de la
vida, dela historia: Todo era de Dios y él era el
centro de todas las cosas. Pero con el advenimiento
del humanismo eso cambió.
El secularismo propone una visión humana natural
y racional de todas las cosas, un dualismo. Una
división entre lo sagrado y lo secular. Tal división
nunca había existido antes porque se consideraba
que Dios gobernaba sobre todas las cosas. Pero el
secularismo hoy señala: "Si alguien quiere creer en
Dios, está bien; es asunto suyo, de su intimidad
personal."
Se crea así en la vida del hombre un pequeño
departamento, el "departamento religioso." A ese
departamento pertenecen Dios, la fe, la oración, el
perdón de pecados, el ir a la iglesia, y algunas
cositas más. Ese es el terreno religioso. Y Dios
tiene que ver exclusivamente con él. El resto de la
vida, el resto de las actividades, es secular,
pertenece a este siglo. "No mezclemos lo sagrado
con lo secular." A este "século" pertenecen la
economía, los negocios, las finanzas, la política, la
sociedad, el gobierno, la familia, el sexo, la crianza
de los hijos, las ciencias, las artes, el estudio, la
educación, la sociología, la psicología, etc., según
la concepción del secularismo.
Yo fui pastor durante varios arios antes de
experimentar la renovación del Espíritu. En ese
entonces nunca se me hubiera ocurrido predicar
desde el púlpito acerca del sexo. ¡Cómo iba a
hablar de eso! Sería mezclar lo profano con lo
sagrado. Tampoco pensé jamás en enseñar sobre el
trabajo, sobre la administración del dinero, sobre la
economía, sobre el gobierno, la política, los
estudios, el oficio, la profesión, la crianza de los
hijos. ¿Acerca de qué predicaba? Del cielo, del
perdón de los pecados, de la oración, de la iglesia.
Los mensajes eran devocionales, de esos que no le
hacen mal a nadie y sí un poquito de bien a todos.
De allí no salía. Y lo mismo los demás pastores.
Pero, ¡bendito sea el Señor!, el Espíritu Santo nos
visitó y abrió nuestros ojos. Nos mostró el
evangelio del reino. Por no entender sus principios
existen tantos cristianos domingueros, aquellos que
no mezclan a Dios con "su semana" ni con sus
negocios. Cristianos religiosos, de una fe secreta,
personal, reservada para los domingos. Y con una
vida que manejan según sus propios criterios,
según pautas seculares. Se ha reducido el evangelio
a una dimensión mínima, y limitado a Dios al
departamento
espiritual. Sin embargo, la palabra de Dios declara:
"porque de él, por él y para él son todas las cosas."
Todas las cosas son de Dios, son por Dios y son
para Dios. Ese es el evangelio del reino.
Nuestra familia es de Dios, nuestra casa es de Dios,
nuestro trabajo, nuestra empresa, nuestro dinero,
nuestras finanzas, nuestra profesión, nuestros hijos,
todo cuanto existe le pertenece. Por lo tanto,
debemos devolverle a Dios todo lo que le
corresponde. Vamos a escuchar predicar este
evangelio por todas partes durante los próximos
arios. "Y será predicado este evangelio del reino en
todo el mundo, para testimonio a todas las
naciones; y entonces vendrá el fin" (Mateo 24.14).
Oiremos acerca de él en nuestra propia casa, en
nuestro propio barrio, en nuestro propio pueblo o
ciudad. En nuestra nación y en todas las naciones
del mundo. La palabra no puede fallar. Jesucristo lo
ha anunciado y él lo hará. "De Jehová es la tierra y
su plenitud; el mundo, y los que en él habitan"
(Salmo 24.1).
El materialismo
Hay una cuarta corriente también producida por el
humanismo: el materialismo.
En el hombre encontramos dos dimensiones: una
material y otra espiritual. Ambas han sido creadas
por Dios. El materialismo exalta la dimensión
material del hombre por sobre la espiritual. A tal
punto, que en la mayoría de los casos lo espiritual
queda relegado a un lugar mínimo, o absolutamente
ignorado.
Para el hombre moderno, lo importante es comer
bien (¡los argentinos sabemos mucho de esto!),
vestir bien, tener una buena casa y un buen
automóvil. También se preocupa por su salud.
Busca una buena cobertura médica y asiste a clubes
o gimnasios para mantener su estado físico. Y
procura alcanzar todo el confort moderno que la
sociedad de consumo le pueda brindar.
Realmente no hay nada de malo en comer o vestir
bien. Tampoco en tener un buen auto o una buena
casa. ¡Ojalá todos pudiéramos! Pero lo malo es que
lo material ocupe el primer lugar en nuestras vidas,
y a veces el único. El hombre llena su mente sólo
con lo material. Piensa en sus vacaciones, en la
jubilación, y hasta en adquirir una tumba en un
cementerio jardín. Se preocupa aún por el lugar
donde será enterrado después de muerto. ¡Tonto!
Sólo muestra interés por el cuerpo, que al
final se va a pudrir y acabar
comido por gusanos. Pero a lo espiritual no le
dedica ni un pensamiento.
La gente cada vez se concentra más en el aspecto
material. Muchos viven pendientes del cuerpo: la
dieta, el peso, los alimentos de bajas calorías, la
gimnasia. Se cuida la higiene del cuerpo y la
limpieza de la casa. Tenemos jabones y champús
de todas las marcas. Nos bañamos, nos lavamos el
pelo y le ponemos acondicionador. ¿Y qué de lo
que hay debajo del pelo? ¿Cuándo nos lavamos los
pensamientos sucios? Comemos para alimentar el
cuerpo. Pero nos olvidamos de que "no sólo de pan
vivirá el hombre." En casa desayunamos,
almorzamos y cenamos todos los días.
Pero, ¿hay comida espiritual con la misma
frecuencia?
Hoy encontramos muchos cristianos materialistas
cuya primera preocupación es el progreso
económico. ¡Hasta se escucha predicar el evangelio
de la prosperidad material! ¿Y la propuesta de
Jesús dónde queda? ¿Y qué del Sermón del Monte?
El Señor nos ha dicho:
Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra
vida, qué comeréis, ni por el cuerpo, qué vestiréis.
Porque todas esas cosas buscan las gentes del
mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis
necesidad de estas cosas.
Lucas 12.22,30
Y si él alimenta a las aves, y viste a las flores,
¿no cuidará de nosotros? Dios sabe que necesi-
tamos lo material. Su propuesta no es que nos
volvamos hippies o abandonados. Quiere orde-
nar nuestra vida. Por eso nos dice:
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su
justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Mateo 6.33
No podemos ser cristianos teóricos que viven
un materialismo práctico. "No os conforméis a
este siglo." Es decir, no tomemos las
características de este siglo. Nuestra primera
preocupación como individuos, como familias,
como iglesia, como nación tiene que ser el
reino de Dios y su justicia. Lo otro vendrá
también, pero en segundo lugar.
El hedonismo
Quiero mencionar una corriente antigua hecha
resurgir en occidente por el humanismo: el
hedonismo.
El término proviene de una palabra griega, hedon,
que significa placer. Propone el placer como valor
supremo de la vida. Puede adquirir dos distintas
modalidades: un hedonismo inmoral o un
hedonismo moral.
El hedonismo inmoral señala que el placer es el
valor supremo de la vida sin importar lo que se
haga para obtenerlo. Sea que se incursione en
adulterio, homosexualidad, drogas o sexo libre. Sea
que se destruya la familia, que se provoque un
divorcio o un aborto. Sea que se cometa un crimen,
un robo, una estafa, un engaño. Todo vale. Lo
único que importa es obtener placer. Y como en
nuestra sociedad moderna se accede a muchas
cosas por dinero, el dinero se constituye entonces
en el medio a través del cual se alcanza todo el
placer posible.
Hoy muchos se han enrolado en esta corriente de
hedonismo inmoral. No les importa de Dios, ni de
la religión, ni de las leyes de Dios, ni de la moral,
ni de la ética. Sólo cuenta el placer. Gracias a Dios,
los cristianos estamos lejos de la práctica del
hedonismo inmoral (aunque con deshonrosas
excepciones).
Pero existe un hedonismo moral, que también es
peligroso. Muchas veces no lo detectamos por ser
menos obvio. Este postula el
placer como valor supremo de la vida, pero "sin
pecar." Por eso tenemos cristianos egoístas,
individualistas, avaros, cómodos, que buscan su
propio bienestar y placer y el de su familia, sin
importarles nada de los demás. Se han colocado a
sí mismos en el centro, y procuran obtener todo lo
que pueden para su propio placer, comodidad y
bienestar.
Muchos cristianos no miran hoy la avaricia como
un pecado. Sin embargo, la Biblia declara que la
avaricia es idolatría. Es egolatría, o sea colocar el
ego en lugar de Dios. Por haber escuchado un
evangelio de ofertas, algunos que eran hedonistas
inmorales antes de convertirse, ahora se han
transformado en hedonistas morales. Han dejado el
adulterio, la fornicación. Han desechado el
divorcio, el aborto, la mentira, la estafa. Pero
siguen siendo hedonistas. Viven la cultura del
confort. Jesús vino a predicar otra cosa: el
evangelio del reino. Y él dijo:
Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí
mismo.
Mateo 16.24
Necesitan dejar de ser el centro. ¿Buscan
comodidad, placer? "Tome su cruz" es la orden de
Cristo. No hay mucho placer en una
cruz. Todo lo contrario. "El discípulo no es más que
su maestro" (Mateo 10.24), declaró Jesús, y:
"Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo
que posee, no puede ser mi discípulo" (Lucas
14.33) ¿Renunciar a cuánto? ¡A todo!
Cierta vez le prediqué el evangelio del reino a un
joven. Él me dijo:
- ¡Pero Jesucristo pide mucho!
- Creo que todavía no has entendido —le
respondí—. Jesucristo no pide mucho; él
pide TODO.
¿Se puede ser un cristiano egoísta, un cristiano
avaro, un cristiano materialista, un cristiano
hedonista? Según Jesús, NO.
El que ama a padre o madre más que a mí, no es
digno de mí.
Mateo 10.37
Si alguno... no aborrece a su padre, y madre, y
mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun
también su propia vida, no puede ser mi discípulo.
Lucas 14.26
Si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros
pies, vosotros también debéis lavaros los pies los
unos a los otros.
Juan 13.14
Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de
todos y el servidor de todos.
Marcos 9.35
Esto no tiene nada que ver con el hedonis-
mo. Constituye la propuesta radical de Jesús,
el reino de Dios.
NUESTRA RESPUESTA
No nos conformemos a este siglo; la pro-
puesta es engañosa. El humanismo parece
muy bueno. El racionalismo resulta
atractivo. El secularismo inteligente, el
materialismo lógico y agradable el
hedonismo. Pero todo no es más que un
burdo engaño de Satanás. No existe nada
más hermoso, más agradable, más
maravilloso que vivir y experimentar la vo-
luntad de Dios. ¿Qué es mejor, guardar
rencor o perdonar? ¿Ser avaro o ayudar a los
pobres? ¿Ser servido o servir? ¡Qué preciosa
es la voluntad de Dios! Por eso Pablo
exhorta:
No os conforméis a este siglo, sino transformaos
por medio de la renovación de vuestro
entendimiento, para que comprobéis cuál sea la
buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Romanos 12.2
Para que esta transformación se produzca son
necesarias dos cosas: una, la renovación de nuestro
entendimiento, y la otra, el presentar nuestros
cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios.

Compromiso con el reino

DESPUÉS QUE JUAN fue encarcelado, Jesús vino a
Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,
diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de
Dios se ha acercado: arrepentíos, y creed en el
evangelio. Andando junto al mar de Galilea, vio a
Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red
en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús:
Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de
hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron.
Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo
hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos
en la barca, que remendaban las redes. Y luego los
llamó; y dejando a su padre
Zebedeo en la barca con los jornaleros, le si-
guieron.
Marcos 1.14-20
Después volvió a salir al mar; y toda la gente
venía a él, y les enseñaba. Y al pasar, vio a Leví
hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos
públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le
siguió. Aconteció que estando Jesús a la mesa en
la casa de él, muchos publicanos y pecadores
estaban también a la mesa juntamente con Jesús y
sus discípulos; porque había muchos que le
habían seguido.
Marcos 2.13-15
Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo:
Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí
mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el
que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que
pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la
salvará.
Marcos 8.34,35
Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te
seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús:
Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos
nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde
recostar la cabeza.
Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame
que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le
dijo: Deja que los muertos entierren a sus
muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios.
Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor;
pero déjame que me despida primero de
los que están en mi casa. Y Jesús le dijo:
Ninguno que poniendo su mano en el arado
mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.
Lucas 9.57-62
Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les
dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su
padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y
hermanas, y aun también su propia vida, no puede
ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene
en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque
¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre,
no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si
tiene lo que necesita para acabarla? No sea que
después que haya puesto el cimiento, y no pueda
acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer
burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a
edificar, y no pudo acabar.
¿O qué rey, al marchar a la guerra contra
otro rey, no se sienta primero y considera si
puede hacer frente con diez mil al que viene
contra él con veinte mil? Y si no puede, cuan-
do el otro está todavía lejos, le envía una
embajada y le pide condiciones de paz. Así
pues, cualquiera de vosotros que no renuncia
a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
Lucas 14.25-33

EL EVANGELIO DELREINO DE DIOS
Una de las cosas más importantes que Dios ha
hecho por nosotros en este movimiento de
restauración de la iglesia ha sido revelarnos el
evangelio del reino de Dios. Anteriormente, según
el estilo generalizado dentro del mundo
evangélico, predicábamos un evangelio de
ofertas, una salvación sin sujeción a Dios.
Ofrecíamos las bendiciones que Cristo da sin
acompañarlas con las demandas del reino de Dios.
Habíamos ensanchado un poco la angosta puerta
de salvación, y en nuestro deseo de ayudar a los
pecadores a entrar, habíamos ampliado y
facilitado el camino. Dios entonces abrió nuestros
ojos, nos mostró que la condi-
ción bíblica para experimentar la verdadera
conversión es reconocer a Jesucristo como Señor,
como Kyrios, como el dueño de nuestra vida, como
la autoridad absoluta. Bien lo señaló el apóstol
Pablo en Romanos 10.9:
Si confesares con tu boca que Jesús es el
Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le
levantó de los muertos, serás salvo.
Cuando el carcelero de Filipos les preguntó a
Pablo y Silas: "¿ Que debo hacer para ser salvo?",
Pablo inmediatamente le respondió: "Cree en ; el
Señor [Kyrios] Jesucristo, y serás salvo." Los
apóstoles eran muy cuidadosos de presentar a
Jesucristo como Señor. Recién cuando alguien
confesaba su nombre y lo reconocía como Señor,
lo consideraban salvo. Sólo entonces Cristo se
convertía en su salvador.
Los pasajes incluidos al principio del capítulo
ilustran la manera en que Jesús predicaba el reino
de Dios. Él proclamaba a Dios como dueño de
todo cuanto existe: los cielos, el mundo, los
hombres, las familias. Lo declaraba rey universal.
Al escuchar esa buena noticia los seres humanos
debían arrepentirse, cambiar de actitud, entender
que no eran dueños,
de sí mismos y dejar de manejar su propia vida
para someterse a la autoridad de Jesucristo
El mensaje más corto del evangelio del reino que
jamás se haya escuchado duró apenas un segundo.
Constaba de una sola palabra, y fue pronunciada
por Jesús. Se paró delante de ciertas personas y le
dijo a cada una: "Sígueme." ¡Qué sermón tan
breve! Pero en esa sola palabra estaba resumido y
condensado todo el evangelio del reino. Esos
hombres, que hasta entonces habían vivido a su
antojo y habían hecho con sus vidas lo que les
había parecido, ante la autoridad de Cristo tuvieron
que tomar una definición: seguir y sujetarse
definitivamente a Jesús o rebelarse.
Según el evangelio del reino, conversión significa
el reconocimiento de Cristo como Señor, la
decisión de seguirlo sin ningún tipo de
condicionamientos. Implica someterse totalmente a
su autoridad, llevar su yugo sobre uno,
transformarse en su discípulo, en un alumno, un
aprendiz. Alguien que aspira a ser como Jesús,
manso y humilde de corazón. Conversión significa,
según lo expresara Cristo, negarse a uno mismo,
salir del centro, tomar la cruz, renunciar a todo lo
que uno posee y perder la vida. Cristo señaló
claramente:
Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y
todo el que pierda su vida por causa de mí y del
evangelio, la salvará.
Marcos 8.35
Para poder salvarse hay que perder la vida, hay que
entregarlo todo, hay que renunciar a manejar uno
las cosas. Así se convirtieron Pedro y Andrés. Eran
pescadores, y mientras pescaban Jesús se paró y les
dijo: "Venid en pos de mí, y os haré pescadores de
hombres" (Mateo 4.19). Seguramente no
entendieron mucho. Pero comprendieron que
tenían que dejar lo que estaban haciendo, seguir a
Jesús y ponerse a su disposición completamente.
Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, también
recibieron este llamado. Mateo (o Leví) escuchó un
"sígueme", y dejó lo suyo para ir en pos de Jesús.
Él era cobrador de impuestos y abandonó sus
funciones. Al joven rico Cristo le dijo: "Vende lo
que tienes y dalo a los pobres... y ven y sígueme"
(Mateo 19.21). Él no quiso. No se convirtió porque
decidió no sujetarse a la autoridad de Jesucristo.
Conversión es entregarlo todo, renunciar a todo,
someterse al Señor en todo y seguir a Jesús.
¿PORQUÉ NOS
PIDE TODO JESÚS?
Porque todo es de él. Él es el dueño. Él nos hizo. Y
a nuestros hijos también. La casa que tenemos no
es nuestra, ni el auto, ni el tiempo, ni el cuerpo.
Nada nos pertenece. Cuando él nos pide todo, no
está demandando que le regalemos lo que es
nuestro sino que le devolvamos lo que es suyo.
Contraponiendo su propuesta a la del humanismo,
que ha colocado al hombre en el centro, Jesús
exige: "Niéguese a sí mismo." Tenemos que
renunciar a ocupar el centro. Tampoco nuestra
familia puede ser central. Sólo Jesús. Porque todo
es de él, todo es por él, y todo es para él. La única
forma de salvación es a través de la verdad. Y la
gran verdad es que nosotros no somos dueños
de nada, y él es el dueño de todo. Parecería que
está llegando él año del jubileo, cuando se le
devuelve al antiguo dueño lo que le pertenece. ¡Es
el ario de la buena voluntad de Dios!
Tenemos que predicar y vivir este evangelio.
Cuando comprendí estas realidades, hice un
inventario de todo lo que tenía y le dije a Dios:
"Señor, dime lo que debo hacer con todo
lo que tengo, porque en verdad es tuyo, y yo soy
sólo tu siervo." Cambió mi actitud ante la vida,
ante las cosas, ante los planes y proyectos que
tenía. Finalmente me había dado cuenta de que
todo era de él. "Conoceréis la verdad, y la verdad
os hará libres" (Juan 8.32).
El Señor me dijo entonces: "Tienes mucha ropa en
tu ropero y hay hermanos a los que les falta."
Empecé a regalar. Había trabajado y ahorrado
dinero durante diez arios, de los dieciséis hasta los
veintiséis, y lo había colocado en el negocio de mi
papá. Yo era soltero. Vivía en la casa de mis padres
y no tenía gastos. El Señor me dijo: "Quiero que
me entregues todo el dinero que has ahorrado." Ha-
blé con mi padre. Él hizo la liquidación de todo lo
ahorrado, con sus intereses, y me lo dio. Yo
entregué la totalidad a la tesorería de la iglesia. No
era mío sino de él.
Yo le preguntaba a Dios: "¿Señor, con quién me
voy a casar ahora? ¡Pobre la chica que me toque...
no tengo un peso!" Un día el Señor me dijo:
"Nunca me preguntaste si te tenías que casar..."
¿También eso? ¡Pero yo siempre había soñado con
casarme, tener una familia, hijos...! Me costó más
que entregar mi dinero. Luché un
poco, pero llegó el momento en que le dije al
Señor: "También eso te entrego. Si es tu voluntad
que me case, me casaré. Si no, mi vida te
pertenece. Sólo quiero hacer tu voluntad."
Después de dos arios el Señor me autorizó a
casarme y me mostró con quién. Pero primero tuve
que pasar por .la entrega. El Señor pide todo para
luego guiamos a su voluntad. Él es el Señor.
¿PARA QUÉ NOS PIDE TODO?
El por qué nos lleva a la causa, el para qué al
propósito. ¿Para qué entregamos todo?
Algunos de los pasajes que incluí parecen un poco
exagerados. Un muchacho se acercó a Jesús y le
dijo: "Señor, te seguiré a donde quiera que vayas;
¿dónde vives?" Jesús le respondió: "las zorras
tienen guaridas y las aves de los cielos nidos; mas
el hijo del hombre no tiene donde recostar la
cabeza." Seguirle significa estar dispuesto a no
tener ni siquiera donde reclinar la cabeza.
Jesús continuó su camino y vio a otro joven.
Entonces le dijo: "Sígueme." El muchacho le
contestó: "Señor, ¿me puedes esperar un poco?
Tengo que enterrar primero a mi padre, y des-
pués te seguiré." Esto se puede interpretar de dos
maneras: Una, que recién hubiera muerto su padre
y como la ceremonia de sepultura duraba algunos
días, que él estuviera pidiendo un poco de plazo
para ir a enterrarlo. La otra, que el padre fuera
muy viejito y el muchacho sintiera su
responsabilidad con respecto a él. Como si dijera:
"Señor, una vez que papá se muera, entonces te
voy a seguir."
Cualquiera sea el caso, la respuesta de Jesús parece
terrible. Le dijo al muchacho: "Deja que los
muertos entierren a sus muertos; y tú ve y anuncia
el reino de Dios."
¿Por qué le pidió tanto Jesús? Porque él es el
Señor, el dueño, quien manda. Y si el dueño de ese
joven, de su padre, de la muerte y de la vida, le
dijo: "Deja que otros hagan ese trabajo," era
porque otros podían realizarlo. Pero él tenía que
hacer lo que otros no podían: anunciar el reino de
Dios. Allí estaba el para qué.
A Andrés y a Simón, su hermano, les dijo: "Venid
en pos de mí y haré que seáis pescadores de
hombres." Tenían que dejar sus redes; tenían que
dejar su oficio. ¿Por qué? Porque él era el Señor.
¿Para qué? Para pescar hombres.
Existe un para qué, un propósito. ¿Para qué perder
la vida? Para el avance del evangelio.
Compromiso con el reino 67
Hay una urgencia mayor que la de enterrar a un
padre. Hay una necesidad mayor que la de pescar.
Lo verdaderamente importante no es nuestra
propia vida nuestra propia familia, sino el
cumplimiento del propósito de Dios.
De lo demás se encarga él.
Los hombres se hunden y es necesario ir en su
rescate. Es urgente. La sociedad se pierde. Por eso
es preciso entregar todo, aligerarnos del peso
excesivo y quedar libres y disponibles para hacer
lo que él nos indique. ¿Y qué nos manda hacer?
Anunciar el evangelio a toda criatura, "pescar
hombres," salvar a los que se están ahogando, a
los que se están hundiendo. Los individuos, las
familias, la sociedad, la nación nos necesitan.

DECLINACIÓN DE LA SOCIEDAD ACTUAL
Durante los últimos veinticinco a treinta arios,
nuestras naciones han experimentado el más
grande descenso moral y espiritual registrado en
su historia. En realidad, la sociedad occidental
toda ha entrado en una declinación. La
corrupción, la degradación moral y espiritual ya
habían comenzado en los países del
68 Hombre eres y no Dios
norte hace unos cincuenta años. En América latina
se produjo algo después. Pero en los últimos
veinticinco arios se ha vuelto evidente. La
corrupción es terrible, tanto a nivel del pueblo
como del gobierno. Las familias experimentan una
destrucción como nunca antes. El sexo libre se ha
generalizado y vuelto aceptable. Presenciamos un
avance arrasador de la droga, del SIDA, del
crimen, de la violencia en las calles, del aborto, de
los divorcios (ya legalizados en casi todos los
países), de los recasamientos, de la
homosexualidad. Ya no se habla de matrimonio
sino de pareja.
La inseguridad ha aumentado en forma alarmante.
Los niños son destruidos; los adolescentes
animados e inducidos a una práctica sexual
temprana. Se ha incrementado el número de chicos
abandonados en las calles y de madres solteras.
Además, ni siquiera podemos imaginar todo lo que
sucede detrás de las cosas aparentes o visibles.
Nos encontramos ante una sociedad pos-cristiana
en la que todavía se celebran la Navidad y la
Pascua, pero no por auténtica espiritualidad sino
por una conveniencia comercial. "Conviene" que
haya Navidad. "Conviene" que se celebren las
Pascuas. Se
Compromiso con el reino 69
sigue sustentando la celebración de esos días sin
convicción y sin fe; y sus sustentadores son el
comercio y la industria.
Hoy la tabla de valores se ha invertido. A lo malo
se lo llama bueno y a lo bueno malo. No existen
ideales. El materialismo y la sociedad de consumo
han hecho estragos en todos los valores
tradicionales que sostenían a la sociedad y casi los
han destruido.
La generación actual marcha sin rumbo, sin
caminos ciertos, sin esperanza, sin soluciones. En
los padres se nota resignación. Se cruzan de brazos,
impotentes, ante esta degradación, y no hacen
nada. Sólo acompañan ese estilo de vida, porque
ponerse en contra de la sociedad moderna y de los
hijos podría resultar peor.
¿Hacia dónde vamos? La hora nos demanda con
urgencia. La situación se ha vuelto dramática. De
no ocurrir un cambio fundamental, dentro de
veinticinco o treinta arios esta sociedad estará en
una situación de destrucción inimaginable para
nosotros hoy. Con gran celeridad, lo que ocurre ya
en los países centrales comenzará a suceder
también en los países periféricos. Esta aceleración
impresionante se produce mayormente a causa de
los medios de comunicación.
70 Hombre eres y no Dios
o UNA IGLESIA VOLCADA
o HACIA AFUERA
»
Y nosotros como iglesia ¿qué hacemos? El
Espíritu Santo nos está visitando en estos días. Siento que
Jesucristo se para de nuevo delante de nosotros y nos dice:
"Sígueme. Deja tus redes. Deja de preocuparte por ti mismo
y de ser el centro de tu propia vida. Sígueme. Renuncia a
todo lo que posees. Toma tu cruz. Dispónte a sufrir, a
trabajar, a anunciar el evangelio. Haz del reino de Dios lo
primero de tu vida. No te preocupes tanto por lo que come-
rás y vestirás; el Padre sabe que lo necesitas y suplirá todo
lo que te haga falta. No te aflijas. Pero tú vé y anuncia el
reino de Dios. Sea tu preocupación principal salvar
hombres. Pescar almas a través de anunciarles el evangelio
del reino de Dios."
En general nuestras comunidades están volcadas hacia
adentro. Nuestro tiempo, nuestros ministerios, nuestros
dones, nuestras actividades, nuestros programas, nuestros
retiros, nuestras agendas, nuestra ocupaciones, en un 90 o
95 % de los casos apuntan hacia adentro. Y Dios hoy nos
dice: Eso tiene que cambiar.
Compromiso con el reino 71
Hay un mundo, una sociedad, que aún no hemos
tocado. Todos los avivamientos auténticos han
impactado a su generación y ala siguiente. ¿Qué
nos ha pasado a nosotros? Ni siquiera hemos
impactado a nuestra propia generación. Las
verdades preciosas que recibimos acerca del reino,
del señorío de-Cristo, del propósito eterno de Dios,
del discipulado, de la familia, del carácter cristiano,
de la formación de vidas, han quedado escondidas
en minúsculos grupos dentro de nuestras
comunidades. En realidad toda esa riqueza nos fue
confiada para que anunciáramos el reino de Dios a
toda la nación y a toda nuestra generación.
Algo fundamental tiene que cambiar en nuestra
vida, en nuestro ministerio, y en nuestras
comunidades. ¡Basta de apuntar hacia adentro! La
iglesia se está sirviendo a sí misma, en tanto que
debería estar aquí en la tierra con una misión:
servir al mundo, ser el instrumento de Dios para la
salvación de los hombres.
Jesús nos pide todo para que quedemos libres y
disponibles para él. Para que nos entreguemos a su
servicio con todo lo que somos y tenemos.
Si queremos evangelizar a nuestra generación
tenemos que entregarle todo al Señor. La
72 Hombre eres y no Dios
vida, el tiempo, y hasta nuestro derecho al
descanso. Necesitamos tomar la cruz, disponernos
a sufrir, a trabajar para la extensión del reino de
Dios. Él debe poder contar con nuestra casa,
nuestro dinero, nuestro auto, nuestra profesión,
nuestros dones, nuestras capacidades. Con todo lo
que somos y tenemos.
Conocí en San Pablo, Brasil a un joven llamado
Ulises. Él había heredado de su padre una pequeña
industria química que estaba en bancarrota. Le dijo
al Señor: "Yo me haré cargo de la química de mi
padre, pero quiero que sea para tu reino. Todo lo
que gane lo daré a tu reino, a tu causa." Tomó
aquella pequeña química en quiebra y la empezó a
levantar. Se impuso a sí mismo dos condiciones,
que a la vez serían una señal:
1°) Que una vez salido de las deudas, no compraría
nada al fiado, sino al contado, porque a causa de
las deudas se había hundido su padre.
2°) Que pagaría todos los impuestos, porque
entendía que un cristiano nunca debe decir que no
se puede ganar con un negocio que paga los
impuestos.
El Señor lo prosperó. Y él empezó por darle al
Señor el 0,1 % del total de su facturación,
Compromiso con el reino 73
cuando aún estaba en quiebra. Pronto comen-
zó a subir el porcentaje y llegó al 1 %, no de las E
ganancias sino del total de la facturación. Hoy
da el 10 % del total de la facturación. ¡Todos los meses
entrega a la iglesia miles de dólares! ¡Y Dios lo sigue
prosperando!
Algunos me preguntan: "¿Usted cree en la prosperidad del
creyente?" Sí, ¡claro que creo! La pregunta es para qué
querernos prosperar. ¿Para nosotros mismos o para Dios? A
algunos Dios les dice: "Reduce tus horas de trabajo y
sírveme más intensamente." A otros: "Mejora tu trabajo
para servirme más intensamente." Sea en un caso o en el
otro, el Señor quiere que bajo cualquier circunstancia,
llamamiento o vocación, entreguemos todo lo que somos y
tenemos al reino de Dios. Hay mucho por hacer.
Ulises vive sencillamente, tiene una casa como la tuya o la
mía. Tiene una esposa y tres hijos. Y da la mayor parte de
sus ingresos para la obra del Señor.
74 Hombre eres y no Dios
LOS OBJETIVOS DE DIOS
PARA NUESTRA GENERACIÓN
¿Cuál es la voluntad de Dios con respecto a nuestra
generación? Precisamos conocer los objetivos que
persigue Dios, y hacer de ellos nuestros objetivos.
Básicamente son cuatro:
1) Que todas las personas del mundo se
conviertan en discípulos de Jesús
Toda la gente de todas las naciones. Jesús nos
ordenó:
Id y haced discípulos a todas las naciones.
Mateo 28.19
No dijo: en todas las naciones, sino a todas las
naciones. No significa que todas las personas se
vayan a convertir, pero ese tiene que ser nuestro
objetivo. Tenemos el deber de predicar el
evangelio del reino a toda criatura. Jesús no nos
dijo que convirtiéramos a las personas en
evangélicos. Dios no es evangélico. Él nos mandó
a hacer discípulos. Y la única forma de hacer
discípulos es predicar el evangelio del reino, no un
evangelio de ofertas.
Compromiso con el reino 75
2) Que cada discípulo sea como Jesús
Hasta que todos lleguemos a la medida de la
estatura de la plenitud de Cristo (véase Efesios
4.13). Pablo declaró: yo anuncio a Cristo
"amonestando a todo hombre, y enseñando a todo
hombre en toda sabiduría, a fin de presentar
perfecto en Cristo Jesús a todo hombre"
(Colosenses 1.28).
3) Que todos los discípulos formemos en la
tierra una verdadera hermandad.
Sin divisiones, sin diferencias denominacionales.
Una verdadera hermandad en cada barrio, en cada
ciudad, en cada nación, y aun en el mundo entero.
Esto tiene que ver con la calidad de nuestras
relaciones como hermanos. Implica la unidad de la
iglesia, el amor, el servicio, la comunión. Para que
todos sepan cómo es el pueblo de Dios.
4) Que la comunidad de Jesucristo sea factor de
transformación dentro de la sociedad.
Dijo Jesús: "Vosotros sois la sal de la tierra...
vosotros sois la luz del mundo" (Mateo 5.13,14). Si
el mundo se ha corrompido y se sigue co-
rrompiendo más es porque le falta sal. Anti-
76 Hombre eres y no Dios
guamente la sal era el único medio de conservar las
carnes.
Si el mundo está en tinieblas, y las tinieblas se
vuelven cada vez más densas, es a causa de que
falta luz. Si en tu barrio hay oscuridad es porque
las luces están apagadas. La culpa no la tiene la
oscuridad sino la luz que ha dejado de alumbrar.
Nuestra sociedad está en oscuridad y los respon-
sables somos nosotros. Tenemos que evangelizar a
toda nuestra generación. No debemos saltear ni a
uno solo. Todos deben escuchar el evangelio; es
una orden del Señor. Pero si cada uno está muy
involucrado, preocupado, y enredado consigo
mismo y con sus cosas, esta misión nunca se va a
realizar.
Jesús nos envió a predicar el evangelio a toda
criatura, y no podemos dejar a nadie afuera porque
la orden es "a toda criatura." Es necesario alcanzar
a todo el barrio. Cada persona tiene que oír el
evangelio del reino y decidir si se va a convertir o
no. Nuestro estilo de vida y nuestra unidad como
iglesia tiene que ser tal que anime a la gente a
convertirse. Necesitan ver en nosotros que lo que
predicamos es real. Evangelizar a toda nuestra ciu-
dad, a todos los habitantes de nuestra nación
Compromiso con el reino 77
y del mundo es un mandato, y por tanto nuestra
consigna.
Como todos los mandamientos, esta no es una
orden fría, insensible. Dios nunca nos da una carga
más pesada de la que podemos llevar. "Sus
mandamientos no son gravosos" (l
a
Juan 5.3). Si
él nos envía a predicar a toda criatura, a todo el
mundo, es porque resulta posible hacerlo. Cada
generación de cristianos es responsable de
evangelizar a toda su generación. ¡Y es posible!
La iglesia primitiva en poco tiempo llenó Jerusalén
de la doctrina de Jesucristo. La gente ya casi había
quedado saturada de tanto escuchar el mensaje del
evangelio. Y cuando el tiempo fue suficiente, Dios
envió una persecución que los desparramó por
todas partes. Porque era necesario qué no sólo
Jerusalén sino toda Judea, Samaria, y hasta lo
último de la tierra fuesen evangelizados.
Pablo declara en Romanos 15.19:
Desde Jerusalén, y por los alrededores, hasta Ilírico
[al norte de Grecia, cerca de Italia] todo lo he
llenado del evangelio de Cristo.
¡Le resultó posible! Pablo fue a Éfeso, capital de
Asia Menor, y se encontró con doce semi-
discípulos. Empezó todo de nuevo con ellos.
78 Hombre eres y no Dios
Puso un buen fundamento. Les predicó el
evangelio del reino, fueron bautizados y recibieron
el Espíritu Santo. Entonces, junto con ellos,
comenzó a trabajar intensamente. Se metió tres
meses en la sinagoga. Predicó el reino de Dios, el
reino de Dios, el reino de Dios. ¡Hasta que explotó
la bomba! El reino de Dios define las cosas. Así
que a los tres meses se armó un gran lío. Echaron
a Pablo de la sinagoga y él salió con los discípulos
y se metió en la escuela de uno llamado Tiranno.
Así continuó por espacio de dos arios, de manera
que todos los que habitaban en Asia, judíos y
griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús.
Hechos 19.10
¿Todos? Sí, todos. Y aclara, por las dudas, tanto
judíos como griegos. Todos los habitantes de Asia
oyeron el mensaje. ¡Y Pablo no se había movido de
Éfeso! Éfeso era la capital de Asia Menor, centro
de rutas, centro comercial, centro religioso, y
estaba ubicada cerca del puerto.
Toda Asia escuchó. Porque Pablo predicaba el
evangelio del reino, y los que respondían no se
convertían en evangélicos sino en discípulos. Se
entregaban totalmente. Las personas que estaban
de paso se convertían y eran dis-
Compromiso con el reino 79
cipuladas. Luego volvían a sus ciudades y
predicaban. Por eso toda la región de Asia Menor
escuchó la palabra de Dios.
¿Es posible o no? ¿Creemos que todo nuestro barrio
puede ser evangelizado? ¿Toda la ciudad? ¿Toda la
región? Para eso hace falta que nos entreguemos
totalmente al Señor. Que perdamos la vida por causa
de Cristo y del evangelio para que muchos puedan
ser salvos y conocer al Señor.
TIEMPOS DE GUERRA
Hermanos, estamos en tiempos de guerra. Hace unos
arios el Señor me dio esta palabra: "No se puede
vivir en tiempos de guerra como en tiempos de paz."
Si nuestro país hoy estuviera en guerra, ¿cómo sería
nuestra vida? Seguiríamos comiendo, cocinando,
limpiando la casa, trabajando, pero todo sería
diferente. Estaríamos comprometidos en la lucha en
cada ciudad, en cada pueblo, en cada lugar. Se
modificaría nuestra manera de movernos, de actuar.
Quizás nunca hemos vivido una guerra dentro de
nuestro territorio, pero hay naciones que la han
sufrido durante arios. Y algunas la experimentan
continuamente.
80 Hombre eres y no Dios
Hermano: ¡Estamos en guerra! Y esto va a
continuar hasta el final de nuestros días. Las
vacaciones serán después que Cristo venga.
Entonces tendremos tiempo para descansar. Ahora
no. Es momento de lucha y de trabajo.
¿Qué características tiene esta guerra? Desde niño
me enseñaron que Satanás nos presenta batalla y
nosotros contamos con la armadura de Efesios 6
para protegernos. Yo pensaba que en la guerra
debíamos mantener una actitud defensiva. Pero he
descubierto que en realidad Satanás no quiere
guerra; él quiere paz. Porque él controla al 95 ">/o
de las personas. Tiene el dominio sobre la nación.
Ha introducido el humanismo en las universidades,
en los centros educacionales. Controla los medios
masivos de comunicación, maneja las leyes, el
comercio, las multinacionales, la mente de los
hombres. ¡Él no quiere guerra! ¡Si tiene dominio
sobre todo! Satanás es un defensor del status quo.
Quiere que todo permanezca como está, ya que es él
quien gobierna.
Entonces, ¿quién le va a declarar la guerra al
diablo? Jesucristo ya se la ha declarado. Después
de morir y resucitar, Jesús apareció a sus discípulos
y como comandante general dio la orden de guerra:
Compromiso con el reino 81
Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
Por tanto, id, y haced discípulos a todas las
naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y
del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que
guarden todas las cosas que os he mandado; y he
aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el
fin del mundo.
Mateo 28.19,20
Satanás tenía el dominio sobre el mundo, pero
Jesús lo venció en la cruz y a través de la
resurrección.
Ahora la orden es guerra. Nosotros le declaramos
la guerra a Satanás. No una guerra defensiva, de
protección, sino ofensiva. Tenemos que salir y
anunciar el evangelio a toda criatura. Somos los
participantes directos de una guerra ofensiva.
Cómo hacer la guerra
Hay dos formas, y se utilizan simultáneamente.
Una es la oración y la otra la predicación del
evangelio. En una guerra espiritual, las armas
deben ser espirituales.
Jesús nos enseñó a orar. Cuando habla de la
armadura que tenemos que tomar, Pablo con-
cluye su instrucción con esta frase:
82 Hombre eres y no Dios
Orando en todo tiempo con toda oración y súplica
en el Espíritu, y velando en ello con toda
perseverancia y súplica por todos los santos.
Efesios 6.18
No podemos distraernos. Esta guerra es per-
manente, continua. No podemos vivir sin orar
porque nuestra lucha no es contra personas sino
contra principados y potestades espirituales. Una
vez Vestidos con toda la armadura de Dios,
tenemos que orar al Padre en el nombre de Jesús,
por medio del Espíritu Santo.
Debemos orar en todo tiempo. A través de la
oración entramos en la guerra de forma indirecta.
Oramos al Padre, y el Padre que_oye__ la
oración mandaa sus ángeles y arcángeles a librar
batalla espiritual contra principados y potestades.
Esto nos enseñan los libros de Daniel y el
Apocalipsis.
Oramos a un Dios que responde la oración.
Pedimos que nuestra nación sea visitada, oramos
para que venga su reino, para que los ojos sean
abiertos y el Señor traiga luz a los hombres que
andan en tinieblas. Y el Señor contesta la oración.
Pero hay que orar en todo tiempo, y con toda
oración. Es decir, con toda clase de oración. Tiene
que haber acción de
Compromiso con el reino 83
gracias, alabanza, amor a Dios, adoración, in-
tercesión, petición, clamor, gemido, expresiones en
lenguas, rendición, guerra espiritual, proclama;
toda clase de oraciones tiene que subir
permanentemente delante de Dios.
La televisión y otras distracciones
Miramos mucha televisión. Apaguemos el televisor
y vayamos a orar, que es más importante. Satanás,
además de contaminamos con la televisión, nos
mantiene anestesiados, entretenidos, enajenados.
Mientras que estamos en guerra, coloca un
televisor para que los soldados nos quedemos en
casa haciendo nada. Ni oramos, ni salimos a
predicar. Hemos retrocedido en nuestra vida
espiritual desde que ese "maldito" aparato ha
entrado en nuestras casas. Perdernos el tiempo, en
vezdeorar y leer la palabra. Gastamos más horas
mirando televisión que ocupados con el reino de
Dios. ¿Qué hay de malo en la televisión? Aun- \
que no tuviera nada de malo, nos entretiene, nos
saca de la militancia y nos coloca fuera del
combate.
Y no sólo la televisión sino muchas otras cosas que
ocupan nuestra atención, nuestro tiempo, que nos
absorben. Que se convierten
84 Hombre eres y no Dios
en pasión, en entretenimiento. "Donde esté vuestro
tesoro, allí estará también vuestro corazón" (Mateo
6.21). ¿Dónde está nuestro corazón? ¿Qué es lo
que más deseamos? Ese es nuestro tesoro; aquello
que consideramos como valor supremo. Debemos
renunciar a todo y entregarnos a la oración y a la
predicación de la palabra de Dios.
Precisamos ordenar nuestro tiempo de oración.
Hacer cambios. Establecer un momento
_
todos los días para orar. Disciplinarnos. Debe-
mos tomar dominio sobre el cuerpo y no darle
el gusto. El cuerpo nos tiene que obedecer, y
_ _ _
no nosotros al cuerpo. Entreguémonos en sa-
crificio vivo, santo, agradable a Dios.
Para entrar en esta guerra necesitamos apartar un
tiempo para la oración todos los días, y luego orar
todo el día, velando, porque estamos en guerra.
Pablo dice: "Orando en todo tiempo con toda
oración y súplica por todos los santos; y por mí."
¿Para qué? ¿Qué pide Pablo para todos los santos
y qué pide para sí mismo? ¿Un apóstol solicita
oración por si mismo? Todos somos necesitados.
Él explica:
... a fin de que al abrir mi boca me sea dada
palabra para dar a conocer con denuedo el
Compromiso con el reino 85
misterio del evangelio.., que con denuedo hable de
él, como debo hablar.
Efesios 6.19,20
Oración y evangelización. "Oren por mí", dice
Pablo, "para que cuando esté delante de un
pecador Dios me dé justo la palabra que necesita;
para que pueda dar a conocer el misterio del
evangelio."
Comunicar el evangelio no es cosa sencilla. Le
hablamos a la gente y la gente no nos entiende.
Les hablamos del amor de Dios y no lo alcanzan a
comprender. Les hablamos del reino de Dios y no
les queda claro. Tenemos que orar para que en el
momento en que les prediquemos Dios nos dé la
palabra justa. Para comunicar el evangelio no
podemos depender de nuestros conocimientos
bíblicos. Ni de nuestra experiencia. Porque cada
persona es diferente. Cada persona está atada por
una mentira distinta. Necesitamos que Dios nos dé
gracia y denuedo para dar a conocer el misterio
del evangelio.
Tenemos que predicarle a todo el barrio, a todos
los compañeros de la facultad o de la escuela, a
quienes trabajan con nosotros en la fábrica, en la
oficina, etc.
86 Hombre eres y no Dios
¿Oramos por todos ellos? Pablo insistió a su joven
colega:
Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas,
oraciones, peticiones y acciones de gracias, por
todos los hombres.
la Timoteo 2.1
Nuestra oraciones pueden ser específicas, con
nombre y apellido, o genéricas. Oremos todos los
días: "Padre, que sea santificado tu nombre, que
venga tu reino a mi barrio, a mi vecindario, a mi
universidad, a mi fábrica, a mi comercio, al lugar
donde trabajo, donde vivo, donde actúo." Para eso
es necesario que perdamos la vida por causa de
Cristo y del evangelio.
Sígueme
Jesús entregó su vida, toda su vida, hasta la última
gota de sangre, por nosotros. Él pide que le
entreguemos toda nuestra vida, hasta la última
gota de sangre si fuera necesario. Esto significa:
"Señor, de aquí hasta que me muera, voy a vivir
para ti. Voy a vivir sólo para tu reino, para orar y
predicar la palabra. Te entrego mi vida. Te
entrego mi casa, mi tiempo, mi descanso, mis
legítimos derechos, mis bienes, el dinero que tengo
o pueda tener. Para que tu reino se acerque a
todos los hombres."
Compromiso con el reino 87
Cuando leo el Evangelio según San Marcos me
maravillo al ver que Jesús se movía por las casas. A
Mateo le dijo: "Sígueme", y él le siguió. Al poco
tiempo Jesús ya se había metido en la casa de
Mateo. ¿Estamós dispuestos a que Jesús entre en
nuestra casa? Con Jesús entraron también los doce
discípulos. ¿Estamos dispuestos a que los doce
discípulos se metan en nuestra casa? Pero detrás de
los discípulos llegaron los publicanos y pecadores.
¿Estamos dispuestos a que nuestra casa se llene de
publicanos y pecadores? ¿De quién es la casa
después de todo?
Cuando Jesús entraba a alguna casa, el lugar se
colmaba. ¿Estamos dispuestos a que nuestra casa se
colme de gente, se rayen los muebles, se ensucie
todo?
En una casa donde entró Jesús abrieron el techo
para bajar una persona y ser sanada. ¿Estamos
dispuestos a entregarlo todo?
Toma la decisión, delante de Dios, de vivir para
servirlo hasta el último instante de tu vida.
Dile ahora a Jesús: Señor, cuenta conmigo en la
causa de tu reino. Amén.

88 Hombre eres y no Dios