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Universidad Panamericana
Sede Guadalajara



















“SENDEROS UNIVERSITARIOS
HACIA LA AUTÉNTICA POSTMODERNIDAD”


















Ensayo elaborado por:
Dra. Alicia Ocampo Jiménez
Filosofía Moral y Política
Julio del 2002.
2
INTRODUCCIÓN

El presente ensayo ha sido escrito con la finalidad de analizar aquellos aspectos que
atañen al desarrollo de la persona humana en un contexto comunitario, para suscitar
desde la misma Universidad, la edificación de una cultura auténticamente postmoderna.

Esto implica la revisión de aquellos rasgos decadentes de la Segunda Modernidad o
Tardomodernidad, con la finalidad de crear propuestas educativas que tengan su
fundamento en la Filosofía Política de aquellos autores que intentan crear puentes de
inclusión, ahí donde la Modernidad ha creado abismos o rupturas por sus planteamientos
antropológicos y sociales que no coinciden con las necesidades de las personas de
nuestro tiempo.

Así, a lo largo de estas reflexiones buscaremos conjuntamente aquellos senderos
universitarios que podrían conducirnos a la rectificación de ciertas actitudes y acciones
políticas, sociales y económicas, con vistas a la construcción de una sociedad más
humana; pero comenzando desde la primera comunidad en la que nos encontramos
inmersos: la universidad.

Es la universidad una comunidad de personas y de saberes, cuya finalidad es brindar un
servicio a las personas que confían en la labor educativa de la Institución. Sobre todo
hemos de considerar el compromiso que ésta tiene con el desarrollo de su entorno local,
nacional y mundial. Por eso resulta apremiante que la universidad mexicana se dedique al
estudio profundo de la situación de nuestra época, con la intencionalidad de detectar
aquellos problemas que se han suscitado a lo largo de estos últimos tiempos, a la vez de
proyectar las posibles vías de solución y superación del proyecto tardomoderno.

De esta manera, la Tardomodernidad se entiende en términos de exclusión de aquello
que se considera distinto a lo que el proyecto hegemónico ha planteado desde la
Modernidad, acentuando los problemas de ésta última época en ocasiones con
movimientos pendulares; ya que lejos de trascender el individualismo y el empirismo
modernos, propugna el instauración del pensamiento débil, el mercantilismo, la
objetivación de los sujetos y la erosión de la sensibilidad como prototipos de actuación
globales para el hombre del siglo XXI, entre otras cuestiones.

Sin embargo, la auténtica Postmodernidad consiste en una propuesta educativa,
antropológica y social, dirigida a la consolidación de una verdadera comunidad
caracterizada por la llamada epistemología ecuménica, cuyo rasgo principal es la creación
puentes basados en la complementariedad –no en la exclusión- de los otros y de lo otro
que han sido despreciados en el planteamiento anterior. Aparecen entonces propuestas
como la creación de una cultura basada en la capacidad de escucha del otro, el
Ecologismo Personalista que ve a la persona inserta y no ajena a la naturaleza, un
Humanismo Cívico dirigido hacia la búsqueda del bien común, las Terceras Vías como
superadoras de una mentalidad capitalista y comunista, que no han sido suficientes para
conseguir sociedades que relacionen de manera armónica la igualdad y la diferencia.

* * *



3
En este Tercer Milenio que comienza y cuya nota característica es la tendencia a la
globalización, resulta apremiante la reflexión de este acontecimiento desde el ámbito
universitario. Es la universidad una comunidad de personas y de saberes que nunca ha
de ser concebida como una entidad aislada, sino que invariablemente coexiste en un
entorno local, nacional y mundial. Por eso, el claustro universitario ha de estar abierto a su
comunidad para ofrecer los frutos de su investigación con vistas al florecimiento conjunto,
desde el contexto del trabajo interdisciplinario.

Así, corresponde a los profesores universitarios ofrecer a la sociedad aquellas vías que se
precisan para la consolidación de un modus vivendi acorde a nuestras necesidades
reales, buscando ante todo el respeto de lo inalienable en la persona, frente a los
totalitarismos de nuestro tiempo. Esta es la tarea que hoy nos atañe. Con el presente
ensayo, intentamos emprender el camino hacia la búsqueda de aquellos senderos
universitarios que puedan ofrecer vías de encuentro con la auténtica cultura postmoderna,
con las consecuentes propuestas en el orden filosófico, político, educativo, cultural y
social.

Por esta razón, nuestras reflexiones estarán impregnadas fundamentalmente por el
pensamiento de Jesús Ballesteros Llompart, Catedrático de la Universidad de Valencia
(España), quien desde el ámbito de la Filosofía Política se ha dedicado a abrir los
horizontes intelectuales en la consideración de esta compleja realidad que en lo sucesivo
analizaremos. En su excelsa obra titulada “Postmodernidad: decadencia o resistencia”
1
,
este autor de nuestro tiempo nos hace ser conscientes de que la aparición de la
Postmodernidad tiene un carácter de bipolaridad, como decadencia o como plenitud.

Así, entendemos por Tardomodernidad o Postmodernidad como Decadencia, a la
tendencia contemporánea que se manifiesta claramente en contra de toda pretensión de
universalidad. La actitud tardomoderna es resultado de un etnocentrismo intolerante e
intolerable porque parte de la creencia en la imposibilidad de superar los límites de la
propia cultura o concepción de la realidad y del mundo
2
, creando inmensos abismos y
rupturas de diversa índole. Esta actitud decadente del primer polo de la postmodernidad,
se sustenta en un relativismo cultural para el cual no existe la verdad ni el sentido, sólo la
búsqueda del poder
3
. Dicha postura hace imposible la trasformación de la realidad para el
bien de la persona humana y provoca que el hombre equívocamente llamado
postmoderno se anule a sí mismo a través de la exclusión de lo otro y de los otros que
son distintos al modelo dominante, porque tiende a suprimir la pluralidad y la diferencia
que existe naturalmente en toda realidad unitaria.

1
Cfr. BALLESTEROS, Jesús. Postmodernidad: decadencia o resistencia. Edición 2000. Toda la obra.
También la presencia de Octavio Paz será palpable. Lo que Jesús Ballesteros entiende como
Tardomodernidad, Paz lo identifica con la tendencia moderna a la exclusión; a la vez que coinciden en la
necesidad de dar paso a otro tiempo en el que sea posible el reconocimiento de lo otro y los otros marginados
por la mentalidad moderna (la otredad como inclusión). Sin embargo, nuestro escritor mexicano no está de
acuerdo con el uso de los términos Modernidad y Postmodernidad: “Si nuestra época es <<postmoderna>>,
¿cómo llamarán a la suya nuestros nietos: postpostmoderna? Se piensa generalmente que el conjunto de
ideas, creencias, valores y prácticas que caracterizan a lo que se ha llamado modernidad, experimenta hoy
una radical mutación. Si es así, este periodo no puede llamarse ni definirse simplemente como postmoderno.
No es nada más lo que está después de la modernidad: es algo distinto a ella. Algo que posee ya rasgos
propios, aunque en formación”. PAZ, Octavio. La otra voz. P. 6.
2
Dado que nuestra actual reflexión se realiza en un contexto eminentemente universitario, no podemos
olvidar que el sentido de la Universidad se encuentra íntimamente vinculado con la apertura hacia lo universal,
a la búsqueda de puentes que nos permitan comprender la realidad con una modalidad comunitaria ajena a
los absolutismos unívocos, rasgos predominantes de la Modernidad en lo que tiene de decadente.
3
Cfr. BALLESTEROS, Jesús. Postmodernidad: decadencia o resistencia. Edición 2000. P. 161 y ss.
4
Sin embargo, la segunda y auténtica postmodernidad consistiría en una actitud de
<<resistencia>> ante el planteamiento disyuntivo propio de la tardomodernidad. Es una
propuesta para que sea la conjunción el punto de referencia en la consideración del
mundo y la relación con los otros; y es lo que propone Octavio Paz cuando afirma que hoy
nuestra tarea es “tender puentes entre lo particular y lo universal, entre lo parcial y la
totalidad”
4
. Por eso, el planteamiento genuinamente postmoderno intenta recuperar
aquellas realidades que han sido excluidas por la valoración unívoca propia de la postura
moderna. Concibe a la persona como un ser abierto al otro y a aquellas dimensiones de
su existencia que trascienden la mera razón dominadora o el egocentrismo antropológico
y cultural. La búsqueda de la inclusión y la complementariedad es la nota distintiva de la
auténtica Postmodernidad como Resistencia.

Por eso, es cada vez más apremiante la necesidad de que los profesores universitarios
nos cuestionemos no sólo nuestro ejercicio profesional en su acepción meramente
docente, sino que es preciso tomar conciencia del deber implícito de los miembros de
cualquier comunidad universitaria con vistas al bien común de la sociedad entera. Hoy
más que nunca es preciso ofrecer alternativas para la consolidación de un estilo de vida
personal, familiar, empresarial y comunitario que sea capaz de salvaguardar la dignidad
humana con vistas a la mayor plenitud posible de todos los miembros. Pienso
especialmente en nuestros jóvenes alumnos, quienes expresan su necesidad de apoyo en
la tarea de comprenderse a sí mismos y al entorno que les rodea, ante la multiplicidad de
factores y circunstancias que conlleva la apertura del horizonte existencial, propio de la
etapa evolutiva en la que se encuentran.

Y es que muchas veces nos encontrarnos inmersos en la cultura a la que pertenecemos,
sin hacer un verdadero análisis crítico de la misma: jóvenes y adultos podemos asumir
irreflexivamente unos paradigmas de actuación que en vez de conducirnos a la vida
buena, pueden arrastrarnos a una vida carente de sentido, por no haber sabido detectar
los errores antropológicos y éticos del modelo predominante. Tal vez por esta razón,
Jean Guitton se atrevió a escribir algo que podría servir a nuestros alumnos para invitarlos
a la reflexión: “He aquí al mundo ante ti, joven, ¿y qué le falta para que tú comprendas?
Simplemente, falta que te admires. Para hacer el mundo más maravilloso, más habitable,
sólo falta transformar los ojos que lo contemplan. No es el universo el que se esconde, ahí
está: siempre ahí; silencioso, mudo, no es el universo el que se escapa y se desnuda: es
a ti a quien se le escapa el universo”
5
.

Ojalá que los profesores universitarios seamos capaces de fomentar una cultura en la que
los estudiantes sean capaces de descubrir por sí mismos la diferencia entre una vida
auténticamente humana y libre, como resistencia positiva ante aquellas conductas que los
pueden sumergir en la esclavitud de los otros o de nuestro propio egoísmo. Asimismo, es
fundamental considerar que “la felicidad es el fin último del hombre y, por ello, el fin último
de la educación. La posibilidad de una educación completa e integral del hombre se
asienta en la atención al fin último. Desconocerlo orientará la educación por otros fines,
acaso legítimos, pero subsidiarios”
6
.



4
PAZ, Octavio. Octavio Paz en su inquietud. Revista Vuelta n. 178. P. 12.
5
MANGLANO, José Pedro. Vivir con sentido. P. 49 Apud GUITTON, Jean. Nuevo arte de pensar. P. 38.
6
ALTAREJOS, Francisco. Educación y Felicidad. P. 24.
5
Por eso, los profesores universitarios hemos de recordar –una y otra vez- que la
educación consiste “principalmente en hacer crecer al educando, en educir y sacar de él
lo mejor que hay en sí mismo, en hacerle feliz. Y esta tarea tan grandiosa y magnánima
no debiera contemplarse desde una perspectiva cuando menos esforzada y, en bastantes
ocasiones, infeliz”
7
. Esto implicará ayudarles a desarrollar la capacidad de interiorización
8

reflexiva de conducta para conseguir la profunda contemplación sus propios actos y del
mundo que les ha tocado vivir. Asimismo hemos de ayudarles a ejercitarse <<desde
dentro>> en la capacidad de dar libremente una respuesta a las necesidades de nuestro
tiempo, fruto del ejercicio de la conciencia de que en sus manos está la posibilidad de ser
verdaderamente felices, y que de ellos depende el destino de las generaciones futuras.

Mucho se habla de la brecha generacional, que cada vez se considera más abismal
conforme han pasado las últimas décadas. Además, el término postmodernidad ha sido
ya acuñado por artistas, literatos, políticos, periodistas e intelectuales; incluso la mayoría
de los jóvenes se consideran a sí mismos postmodernos, y en muchas ocasiones no
saben lo que esta denominación significa. Sin embargo, podemos decir que en cierto
modo, postmodernidad es sinónimo de “crisis de civilización. Crisis para la que no se
atisba un futuro con esperanza. De ahí que el postmoderno viva al día, goce el momento
presente, experimente la mística de lo cotidiano. El hombre postmoderno es un hombre
solitario, hedonista, preocupado por sobrevivir, sin grandes ni duraderos ideales”
9
.

Por otra parte, hemos de considerar que el término “Post” siempre hace referencia a lo
que viene después. En este caso, se refiere a la época posterior a la Modernidad, cuyos
rasgos –especialmente los decadentes- hemos de analizar para poder dar el paso hacia
una propuesta educativa que nos conduzca hacia la auténtica Postmodernidad como
Resistencia. Esta tarea no es fácil. Se pueden definir algunas características de la
Modernidad a modo de tópicos, como son el asentamiento de la burguesía, el
redescubrimiento del hombre como un ser personal e histórico, la creencia en el mito del
progreso ilimitado, de la ciencia y la razón como protagonistas y motores de un hombre
que asume su mayoría de edad social con la emancipación, la primacía de lo económico,
la desestructuración simbólica de la realidad con el idealismo, y un largo etcétera.

No obstante, lo primero que podríamos decir al contemplar el horizonte actual, es que
nuestra época contemporánea tiende a la abolición de lo otro, porque la hemos edificado
a través de abstracciones y exclusiones que no pueden dar respuesta a las interrogantes
más fundamentales del hombre real. Siguiendo a Octavio Paz podríamos decir entonces
que “la Edad Moderna, desde el Renacimiento, ha sido la de la ruptura: Nuestro tiempo es
el de la conciencia escindida y el de la conciencia de la escisión. Somos almas divididas
en una sociedad dividida. La discordia entre las costumbres y las ideas fue el origen de
otra característica de la Edad Moderna; se trata de un rasgo único y que la distingue de
todas las otras épocas”
10
.

Esto se debe en gran medida a que desde la aparición del término <<Modernidad>>, ha
coincidido con la exigencia de exactitud y medida rigurosa
11
, como condiciones que se
impusieron para la pintura desde los Médicis (Florencia). Por su parte, Leonardo da Vinci
(1452-1519) afirmó que el ojo es superior al oído, porque el primero capta con exactitud

7
POLAINO, Aquilino. El sentido de la diversión en la familia. P. 1.
8
Cfr. WOJTYLA, Karol. Persona y acción. Capítulo II. P. 74ss.
9
BERZOSA, Raúl. ¿Qué nos espera en el siglo XXI? P. 19.
10
PAZ, Octavio. Itinerario. P. 43.
11
Cfr. BALLESTEROS, Jesús. Postmodernidad: decadencia o resistencia. P. 17ss.
6
los objetos mientras que el segundo es impreciso, conclusión que deriva en la
superioridad de la pintura sobre la poesía
12
. Más tarde, Galileo Galilei produce el tránsito
de lo cualitativo a lo cuantitativo, y acelera así la homogeneización de la realidad por
seguir la tesis de Leonardo, subrayando que el oído, el tacto y el gusto no pueden
proporcionar conocimientos rigurosos, sino tan solo confusos y ambiguos, y no merecen
el carácter de científicos; anulando como consecuencia el valor de la experiencia
sensorial (auditiva, gustativa y táctil) y el contacto con la realidad como fundamento del
conocimiento.

Esta nueva visión del arte tiene también profundas consecuencias en el ámbito del
pensamiento general, tratando de “desvalorizar progresivamente lo oral a favor de lo
visual, lo cualitativo a favor de lo cuantitativo, lo analógico a favor de lo disyuntivo. A cada
uno de estos procesos corresponde una figura destacada: respectivamente, Leonardo,
Galileo y Descartes”
13
. Desde entonces todo puede ser visto y ya nada se considera
sagrado. Todo puede ser dominado por el cálculo y la previsión. Desde este primado de la
vista, se pierde la conexión profunda del ser humano con aquellas realidades necesarias
para su realización como persona, como son el silencio, la música, la capacidad de
escucha, el encanto, el entusiasmo, la adoración y la grandeza del misterio, así como la
opacidad natural de aquellas dimensiones que superan la limitada capacidad humana
14
.

El proceso de Modernización con la consecuente desvaloración del pensamiento
analógico a favor del unívoco, tiene sobre todo su etiología en el dualismo cartesiano.
Descartes sistematiza la visión anterior para subrayar que el <<Yo>> es la primera
premisa antropológica, con su pretensión de certeza y voluntad de dominio racional. De
esta forma, el sujeto aparece radicalmente escindido en dos, como res extensa (el cuerpo
desvinculado del espíritu, y sometido al espacio y la geometría) y res cogitans (razón y
autoconciencia que se encuentra libre de la supuesta coacción del espacio y el tiempo)
por lo que en sus meditaciones afirmaba: “Yo soy una cosa que piensa o una sustancia,
cuya esencia es el pensar y carece de extensión. Tengo un cuerpo, que es una cosa
extensa que no piensa. De ahí que mi alma, por la que soy, es completamente distinta de
mi cuerpo y puede existir sin él”
15
.

Si nos detenemos un poco en la famosa frase cartesiana, podemos ser conscientes de las
catastróficas consecuencias que ha ocasionado este modo de concebir a la persona: ya
no somos considerados una unidad en la que cuerpo y espíritu convergen en una sola
existencia personal, sino que lo predominante es el pensamiento con sus abstracciones
absolutas y limitadas por el propio juicio. Por su parte, el cuerpo es considerado una
<<cosa>>, un no-yo reducido a la nada. La dimensión de la res cogitans (pensamiento,
cultura y conciencia) se identifica como la única válida, mientras que la res extensa
(cuerpo, naturaleza) será algo que se <<tiene y usa>> como una cosa material, reducida
a la sumisión y la dependencia de lo racional.

Ante este modo de pensar basado en la oposición y no en la complementariedad dentro
de la diferencia, no resulta extraño observar las aparentes disyuntivas provocadas por el
predominio del pensamiento –de corte dualista- y la cultura, sobre la naturaleza.
Situación que ha dado origen a una serie esquizofrenias entre las que podemos enunciar

12
Da Vinci afirma que “la poesía es fugaz como lo son las sensaciones auditivas, mientras que no lo serán las
sensaciones visuales”. Leonardo da Vinci. Aforismos. 34-37 y 314-450.
13
BALLESTEROS, Jesús. Postmodernidad: decadencia o resistencia. P. 17-18.
14
Cfr. Ibid P. 21.
15
DESCARTES, René. Meditaciones de prima philosophia. Tomo II, VI. P. 177.
7
el conflicto entre espiritualismos-mecanicismos
16
(en el ámbito filosófico y sociológico),
individuo-sociedad, deber-felicidad, razón-corazón, sujeto-objeto (en el conocimiento y el
trato de los otros), entre lo público –ámbito reservado para el varón poderoso- y lo privado
–dimensión despreciada y asignada exclusivamente a la mujer-, entre el tiempo lineal y el
tiempo cíclico, Occidente versus Oriente, Norte (sujeto-dominador) versus Sur (objeto-
dominado)
17
.

Esta situación que se revela a partir del planteamiento cartesiano, instaura la aparición del
racionalismo, el culto a la diosa razón. Así, podemos observar con Octavio Paz que el
siglo XVIII –un siglo después de Descartes- es la culminación del estado de conciencia
europeo que había nacido en el Renacimiento. “Es la época del racionalismo y de la
Enciclopedia, o sea de la utopía y de la crítica. No es necesario extenderse en la
descripción del fenómeno: es de todos conocido. Baste decir que en ese tiempo la religión
y el mito son combatidos y desplazados por la razón. La crítica racionalista corroe las
bases de la religiosidad y de la mitología; la utopía racionalista substituye estas
expresiones irracionales e imaginativas por sus construcciones geométricas”
18
.

De esta manera aparecen el cuantitativismo y el individualismo como las dos notas
centrales de la Modernidad, que se prolongan en la actitud tardomoderna. Con la primera,
el hombre se sumerge en las aguas del positivismo y el cientificismo, pretendiendo reducir
cualquier realidad al tratamiento técnico. Todo ha de ser medido y experimentado
empíricamente, lo que no se puede pesar y contar, no existe. Mentalidad pragmática que
sólo se atiene a los hechos materiales, rechazando la dimensión espiritual de la persona;
lo cual conducirá posteriormente al relativismo y escepticismo intelectual cuya presencia
es cada vez más evidente en el ámbito universitario. Tal como observaba Raïsa Maritain a
principios del siglo pasado, “los jóvenes salían de sus estudios instruidos e inteligentes,
pero sin confianza en las ideas si no era como instrumentos de retórica, y perfectamente
desarmados para las luchas del espíritu y para los conflictos del mundo”
19
.

La segunda nota tiene más consecuencias, incluso en el plano existencial de las personas
de nuestro tiempo. Este fenómeno del individualismo es considerado por Octavio Paz
como la etiología de la misma actitud moderna, afirmando que “el mundo moderno
comenzó cuando el individuo se separó de su casa, su familia y su fe para lanzarse a la
aventura, en busca de otras tierras o de sí mismo: hoy se acaba en un conformismo
universal”
20
. En este mundo moderno cada uno se siente aislado, indefenso, perdido en el

16
“El materialismo cartesiano suscitaba dificultades que todo el siglo XVII y XVIII intentaron resolver, y de
cuya solución el siglo XIX acabó por desesperar, así como de la filosofía misma. Un universo de la extensión y
del pensamiento no puede expresarse más que en una filosofía determinada, a la cual corresponde una
ciencia igualmente determinada. De una parte, un espiritualismo puro; de otra, un mecanicismo puro”.
GILSON, Etienne. El Realismo Metódico. P. 131.
17
En esta línea de reflexiones es preocupante que en ámbito educativo existe una disyunción tremenda entre
la erosión sentimental con la que llegan nuestros alumnos y el intelectualismo pedagógico; cuya única
pretensión educativa es perfeccionar los sistemas de adiestramiento, concibiendo al alumno como neuronas y
procesos de razonamiento que han que potenciar, pero sin buscar la integración con vistas a la educación de
la persona entera, que implica mucho más que la mera instrucción. Así nos olvidamos de que hay que educar
no sólo la razón, sino también el corazón, la sensibilidad y la corporeidad de nuestros educandos. Que no nos
extrañe entonces observar a nuestros eruditos alumnos que sufren de una escisión interior que puede
conducirles al vacío existencial, o fomentar actitudes despóticas en el caso de haber conseguido el tan
ansiado <<éxito profesional>> y creerse con el derecho de pisotear a los otros por considerarse superiores.
18
PAZ, Octavio. Obras Completas. Tomo XIII, Miscelánea I. P. 225.
19
MARITAIN, Raïsa. Les grandes amitiés. P. 87.
20
PAZ, Octavio. La democracia: lo absoluto y lo relativo. Revista “Vuelta”. México, D.F. 1992. N. 184. P.
13.
8
anonimato de las grandes ciudades. “Las democracias contemporáneas hacen de cada
individuo, moralmente, un fantasma, un alma en pena: los vínculos familiares y morales se
rompen, las viejas creencias se disgregan y la conciencia individual se vuelve conciencia
de nuestro vacío e insignificancia”
21
.

En esta ideología y estilo de vida eminentemente moderno, encontramos que sólo se
reconocen dos sujetos soberanos: el individuo y el Estado. Podemos considerar el
individualismo como la rémora más importante de la cultura moderna, que nace de una
errónea apología de la libertad humana cuyo fundamento es el individuo aislado,
desarraigado y desentendido de los otros
22
. De esta manera, el principio rector de las
acciones es el interés pragmático, en detrimento del bien
23
de las personas, de tal modo
que el otro se convierte de fuente de limitación y las relaciones humanas se entienden
muchas veces desde la perspectiva de intereses encontrados
24
.

Este individualismo reemplaza a la noción de participación
25
e integración en la sociedad,
porque el individuo ya no adquiere el sentido y valor de esa totalidad. Tiene, por lo tanto,
que descubrir su propia identidad en un proceso de crítica y oposición a las ideas
heredadas, cuestionándose continuamente las formas de decisión comunitarias y
entendiendo la libertad como negación a servir por decisión o sugerencia ajena
26
. Es la
autorreflexividad de la que nos habla José Pérez Adán, que incapacita al hombre para
salir de su encerrado mundo de cristal; y cuya consecuencia es el mimeísmo, una actitud
en la que el individuo sólo sabe conjugar los pronombres posesivos (yo-mi-me-para mí-
conmigo) caracterizado por la búsqueda desordenada de satisfactores propios. Este estilo
de vida que ha elegido el hombre moderno y tardomoderno “es una especie de soledad
cosmológica a la que se ha llegado por atrofiamiento de la capacidad de comunicarnos
con cualquier tipo de alteridad. Es una muestra de supina intolerancia con lo diverso y de
egoísmo mayestático”
27
.

Por su parte, Alvaro de Silva recoge una de las afirmaciones de G. K. Chesterton en
contra del individualismo, afirmando que su origen está en la mentalidad capitalista que
atenta contra el núcleo fundamental de la comunidad: la familia. “<<El peligro>>, escribía
ya Chesterton en los años veinte, <<no está en Moscú sino en Manhattan>>. El enemigo
de la familia no ha sido sólo el colectivismo socialista, sino también y sobre todo el
individualismo, la obsesión enfermiza con uno mismo aceptando y fomentado un egoísmo
infantil que no ve más allá de sus propias narices y que acaba naturalmente en la
destrucción moral y espiritual de uno mismo: <<Y si hay una cosa en el mundo que odie
más que ser comunista, es ser capitalista>>”
28
. Crítica que es compartida por Karol

21
PAZ, Octavio. Obras Completas. Tomo IX, Ideas y costumbres I. P. 230.
22
Cfr. PEREZ Adan, José. Diez temas de sociología. P. 19.
23
La búsqueda del bien de la persona, permutado en nuestro tiempo por la mera consecución del interés
propio, es uno de los rasgos más característicos del individualismo contemporáneo. Sin embargo, hemos de
reconocer que el bien trasciende los beneficios materiales o sociales que este contexto pragmático sólo sabe
ofrecer la satisfacción de necesidades materiales desde la perspectiva de una conducta egoísta. El primero
es una exhortación a la autorrealización por la búsqueda del bien comunitario desde la actuación con los
otros, mientras que el segundo nos encierra en el inmanentismo.
24
Podríamos hablar de dos tipos de individualismo: el cuantitativo, entendido como la obsesión personal por
vivir inmerso en el propio “yo”; y el cuantitativo, cuyas manifestaciones son la masificación, el colectivismo y la
manipulación de las masas. Cfr. CONILL, Jesús; Et. Al. Las terceras vías. P. 140.
25
WOJTYLA, Karol. Persona y Acción. P. 320.
26
Cfr. VILLORO, Luis. El poder y el valor. Fundamentos de una ética política. P. 371-372.
27
PEREZ Adán, José. Socioeconomía. P. 85.
28
CHESTERTON, G. K. El amor o la fuerza del sino. P. 31. Prólogo de Álvaro de Silva Apud
CHESTERTON, G. K. The Other Questions. En G.K.’s Meekly. 8 octubre 1932. P. 71. De esta manera,
9
Wojtyla cuando señalaba a un periodista polaco en 1993 que “el comunismo ha tenido
cierto éxito en este siglo como reacción contra una clase de capitalismo desenfrenado,
salvaje, que todos conocemos muy bien. Los partidarios de un capitalismo a ultranza
tienden a ignorar también las cosas logradas por el comunismo: sus esfuerzos por
superar el desempleo, su preocupación por los pobres. Durante la época del comunismo
hubo una preocupación por la comunidad, a diferencia del capitalismo, que es bastante
individualista”
29
.

Por eso, resulta apremiante para padres de familia y profesores universitarios, llevar a
cabo la gran misión de manifestar a los otros
30
dada la tendencia contemporánea al
individualismo, incluso en las relaciones más cercanas como son las del ámbito del hogar.
“La familia ha sido instrumentalizada primero, y sustituida después por el complejo
tecnoestructural, que la ha convertido en una instancia suplantable y prácticamente
superflua, precisamente porque se ha prescindido sistemáticamente del reconocimiento
de los vínculos estables de responsabilidad personalizada, que constituyen la médula de
las relaciones familiares”
31
.

Esta actitud marcadamente individualista en la cultura occidental, incluyendo a la porción
desarrollada de los países de la periferia de Occidente –entre los cuales, podríamos
considerar a México- se acentúa por el predominio de la tesis progresista a lo largo de
ésta época. La idea de progreso se ha convertido en una de las categorías claves de la
modernidad, especialmente a partir del siglo XVIII. El progresismo pretende anular la
correlación de la persona con los ciclos naturales y la apertura hacia la eternidad,
sustituyendo ésta última por el tiempo lineal y la búsqueda de la felicidad intramundana:
“Podemos decir ahora con cierta certeza –afirma Octavio Paz- que la época moderna
comienza en ese momento en que el hombre se atreve a realizar un acto que habría
hecho templar y reír al mismo tiempo a Dante y a Farinata degli Uberti: abrir las puertas
del futuro”
32
.

Este confiado optimismo en el progreso, es fruto de una confianza no menos optimista en
la razón –en los progresos de la razón-, que modifica la actitud de la filosofía moderna
33
y
hace también comprensible la obsesión del hombre moderno por vivir en el tiempo lineal
con vistas al futuro. El futuro se convierte entonces en la categoría fundamental que
introduce la Modernidad: todo lo que está por llegar se considera mejor que lo acontecido
en el presente y el pasado: “Continuo ir hacia allá, siempre allá –no sabemos dónde. Y
llamamos a esto: progreso”
34
.

Sin embargo, este modo de concebir la realidad ha ocasionado graves consecuencias en
nuestra época. Al asentarse sobre la premisa del desarrollo indefinido, el progreso se ha
convertido en un atentado directo contra la persona real y concreta, que siempre es un ser
biográfico que se encuentra incardinado en un presente, pero con la necesidad de arraigo

Chesterton nos advierte sobre el peligro que significa el vivir en nuestra propia <<casa de muñecas>>, ya que
la persona solo se encuentra a sí misma dándose a la comunidad en la que se encuentran personas
singulares, y la verdadera vida tiene más que ver con la capacidad de entendimiento con las otras personas
que nos hacen salir de nuestro castillo de cristal hacia el mundo real.
29
Cit. por GUERRA, Pablo; BARG, Gabriel; Et. Al. Las terceras vías. P. 28, n.p.
30
“Otros. Manifestarlos, realizarlos, es la tarea del hombre y del poeta”. PAZ, Octavio. El arco y la lira. P.
155.
31
LLANO, Alejandro. La nueva sensibilidad. P. 70.
32
PAZ, Octavio. Los hijos del limo. P. 46.
33
Cfr. SANZ, Víctor. Historia de la Filosofía Moderna. P. 28-29.
34
PAZ, Octavio. Obras Completas. Tomo I, La casa de la presencia. P. 355.
10
en el pasado y una natural trascendencia que clama una felicidad de carácter estable y
permanente. Consideraciones de este tipo, son las que condujeron a Hanna Arendt a
aseverar que “el Progreso llega a ser el Proyecto de la Humanidad, actuando a espaldas
del hombre real”
35
; coincidiendo a la vez con Octavio Paz quien afirma que nuestro mundo
flota sin dirección vivimos bajo el Imperio de violencia, mentira, agio y chabacanería
porque hemos sido amputados del pasado
36
. ¿Qué nos queda ahora, después ver que
hemos seguido a ese tiempo que no es, el tiempo del progreso inasequible
37
? Paz
responde de la siguiente manera: “la filosofía del progreso muestra al fin su verdadero
rostro: un rostro en blanco, sin facciones. Ahora sabemos que el reino del progreso no es
de este mundo: el paraíso que nos promete está en el futuro, un futuro intocable,
inalcanzable, perpetuo”
38
.

Otro de los rasgos decadentes de la Modernidad que convendría subrayar, es el afán de
dominio racional desarrollado en el pensamiento hobbesiano, con la consecuente
pretensión de sometimiento de aquellos que se consideran inferiores al individuo o cultura
dominadora. Así, es notoria la tendencia a pretender absolutizar el sentido de propiedad
dada la tendencia de la sociedad contemporánea a convertir todo en sistema. Todos los
sistemas parciales tienen apetito de hegemonía universal:
“El uno quiere devorar al otro, como diría Machado. Los sistemas enfrentan media
humanidad a la otra media; una mitad del pueblo a la otra; y en cada conciencia hay
también dos mitades, dos medios hombres, que pelean porque cada uno se cree el
hombre total y único. El resultado es el vacío: empezamos por negar al<<otro>> y
terminamos por negarnos a nosotros mismos. El <<espíritu de sistema>> quiere decir
idolatría de la fracción. Sus frutos son el planeta dividido, el hombre escindido: el
fragmento del hombre. El sistema pretende que la verdad parcial sea una verdad general
y para lograrlo no tiene más remedio que abstraer (sería más justo decir: escamotear) la
otra mitad de la realidad. La auténtica universalidad consiste en reconocer la existencia
concreta de los demás y aceptarlos, aunque sean distintos a nosotros; la universalidad
abstracta aspira a la abolición de los otros. El espíritu de sistema es absolutista”
39
.

Las implicaciones de esta mentalidad regida por el espíritu de sistema en el ámbito de
esta cultura global que queremos construir en el Tercer Milenio, suscita la aparición del
Etnocentrismo o mentalidad hegemónica por parte de los países del Norte
40
ya que desde
la Modernidad, Occidente se había organizado sobre las bases de la superioridad de la
trilogía de la raza (blanca), el género (masculino) y la clase (la más poderosa). El
fundamento de esta mentalidad imperialista se encuentra en la Filosofía de la Historia de
Federico Hegel, quien afirma que “sólo un pueblo es el portador del espíritu universal en
cada época de la historia, por lo que el espíritu de los restantes pueblos carece de
derechos frente a él”
41
y en la época Moderna, el turno era –y sigue siendo- para los
países de Occidente. Así, Hegel afirma que África no tiene interés histórico, ya que sus
miembros viven en la barbarie y el salvajismo, sin suministrar ningún ingrediente a la
civilización; por eso los africanos salen ganando al convertirse en esclavos de los
europeos. Por su parte, Asia ha estado demasiado encerrada en sí misma, y de ahí su

35
ARENDT, Hanna. La vida del espíritu. P. 598.
36
Cfr. PAZ, Octavio. El arco y la lira. P. 80.
37
Un tiempo que no existe.
38
PAZ, Octavio. Obras Completas. Tomo VIII, El peregrino en su patria. P. 275.
39
PAZ, Octavio. Obras Completas. Tomo II, Excursiones /incursiones. P. 140.
40
En la comunidad europea sólo se reconoce como parte de Occidente a los miembros de Europa y a los
Estados Unidos. México es considerado desde ésta perspectiva hegemónica, como un país del Sur.
41
BALLESTEROS, Jesús. Postmodernidad: decadencia o resistencia. P. 38 Apud HEGEL, Federico.
Filosofía de la Historia. N. 26.
11
despotismo; mientras que América muestra su inferioridad tanto en los hombres como en
sus animales
42
.

De esta manera se justifica la imposición de Occidente sobre las otras culturas, al
considerar imposible la posibilidad de superar los límites de la propia cultura o concepción
del mundo ya que, según sugiere Marc Guillaume, en esta mentalidad “el otro, se
considera como extraño –aquel que no soy yo, que es diferente de mí, pero al que puedo
comprender e incluso asimilar- y asimismo se incluye una alteridad radical, inadmisible,
incomprensible e incluso impensable. Y el pensamiento occidental no deja de tomar al
otro por el extraño, de reducir al otro a extraño. Resulta difícil no caer en la tentación de
reducir al otro al extraño, tanto más que la alteridad radical constituye siempre una
provocación y que, por consiguiente, está condenada a la reducción, a la ausencia, al
olvido en el análisis, la memoria, la historia. <<El otro es el ausente de la historia>>”
43
.

La xenofobia se ha visto estimulada en la Modernidad desde la idea de perspectiva única,
en la que las relaciones entre culturas se da desde la contraposición entre sujeto y
objeto
44
como consecuencia del planteamiento dualista del que hemos hablado en
párrafos anteriores
45
. El paradigma de individuo moderno es el varón, blanco,
emancipado, propietario y protestante. El blanco se ve a sí mismo como sujeto situado en
el estado de privilegio con respecto a los otros y contempla a los demás como puros
objetos: “la oposición entre los países pobres y los países ricos quiere decir, desde el
punto de vista de la historia y la cultura: países centrales o imperiales y países periféricos
o marginales, países sujetos y países objetos”
46
.

De esta manera, la globalización como finalidad de nuestro tiempo podría verse en el
grave peligro de fomentar el desarrollo de algunos países situados en ese estado de
privilegio, en detrimento de la mejora del resto de los países del mundo. Mentalidad
racista que implicaría la marginación carencial de los países del Sur con respecto a los del
Norte, tal como subrayaba Octavio Paz en 1969 al observar la dominación de los Estados
Unidos sobre el resto del continente americano, que no hemos dejado de ser una mera
fuente de producción de materias primas para los países del Norte: “el imperialismo puede
desaparecer mañana, ya sea por un cambio de régimen en los Estados Unidos o, más
probablemente, porque la técnica y la ciencia acabarán por descubrir substitutos para
nuestras materias primas y porque las economías de los países desarrollados será
progresivamente autosuficientes. Tal vez en un futuro no demasiado lejano los países
adelantados ni siquiera esquilmarán a los subdesarrollados: los abandonarán a su miseria
y a sus convulsiones”
47
.

Sin embargo, este Imperialismo se puede observar claramente a nivel Internacional,
especialmente en la pretensión de Richard Rorty de crear un nacionalismo USA cuyo
esquema sigue siendo la separación-oposición entre nosotros y ellos, partiendo de la
primacía de la identidad incontaminada del grupo. Esta postura imperialista se encuentra

42
Ibid, Cfr. HEGEL, Federico. Ibid. N. 213-222; Filosofía del Derecho. N. 177 y 351.
43
GUILLAUME, Marc. El otro y el extraño. Revista de Occidente. N. 140. 1993. P. 44.
44
BALLESTEROS, Jesús. Postmodernidad: decadencia o resistencia. P. 120 Apud VON WEIZSACKER,
Carl Friedrich. La imagen física del mundo. Tr. Eutimio Martino y Joaquín Sanz Guijarro. BAC. Madrid, 1974.
P. 170ss.
45
Vid Infra, p. 2.
46
PAZ, Octavio. Obras Completas. Tomo VIII, El peregrino en su patria. P. 241.
47
Ibid. P. 288.
12
apoyada en la compasión de los poderosos
48
basada en la seguridad de las rentas y el
escepticismo de las convicciones; aunada a una extraña <<condescendencia>> de los
Estados Unidos sobre el resto del mundo: “de acuerdo con lo cual los estadounidenses se
sentirá orgullosos de lo que los Estados Unidos podrían llegar a ser por sí mismos y por
sus propios medios no por su obediencia a cualquier autoridad, ni siquiera a la de Dios”
49
.

Sin embargo, frente a lo que afirma Rorty, Jesús Ballesteros responde apostando por el
respeto a la persona y a la comunidad internacional entera, especialmente de los países
llamados del Sur: “parece más bien que Occidente mantiene una gran indiferencia ante
las desgracias ajenas, defendiendo la tesis de la culpabilidad del Sur a consecuencia de
su política natalista. Por ello no se ve que esta condescendencia vaya a proponer unas
reglas de comercio más justas y una atención mayor al medio ambiente. La
condescendencia parece proyectarse más bien sobre el tráfico de armas y la subsistencia
de las hambrunas. En el fondo Rorty considera que no existe la humanidad”
50
; y es lo que
afirmaba el mismo Ballesteros en otra de sus obras, haciéndonos caer en la cuenta de
que “los niños y los pobres, como vio genialmente Bernanos, son los dos grandes
enemigos del mundo moderno, en cuanto éste exalta el egoísmo y el éxito crematístico
como principales valores”
51
.

Esta sería la otra cara de la globalización
52
, ya que contamos con evidencias de que el
pretendido desarrollo de los pueblos, en realidad se ha convertido paulatinamente en el
enriquecimiento de unos países –los industrializados- a costa de los otros –productores
de materias primas- que seguimos pretendiendo poner todo nuestro empeño en conseguir
el Estado de Bienestar que ya han conseguido los países de Occidente. “Podríamos
afirmar que lo primero que se ha globalizado es la pobreza. Abandonamos, por tanto, de
entrada el simplismo bobalicón de quien se felicita de continuo porque, al fin, se nos ha
metido en el mismo <<globo>>, sin darse cuenta quizá de que sus paredes son de
deleznable material sintético y de que lo lleva un niño atado a su mano con una cuerda”
53
.

El mismo Alejandro Llano nos hace caer en la cuenta de que en nuestra aldea global, la
llamada sociedad de la información sólo beneficia al 15% de la población mundial; el 65%
de la misma nunca ha hecho una llamada telefónica y en la isla de Mannhatan hay más
conexiones telefónicas que en toda el continente africano
54
. Por su parte, Raúl Berzosa
recoge los datos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) donde se
pone en evidencia el escándalo trágico de la situación mundial actual, con datos de 1989.
En ellos se advierte que la quinta parte de la humanidad se apropia de las cuatro quintas
partes del planeta como consecuencia de la edificación de una cultura basada en el lujo y
con una fehaciente actitud de aversión a la pobreza, pero que sólo ha generado la

48
“Sólo los ricos, poderosos y seguros de sí están en condiciones de resultar condescendientes con los
demás y tolerantes”. BALLESTEROS, Jesús. Postmodernidad: decadencia o resistencia. P. 167 Apud
RORTY, Richard. Contingencia, ironía y solidaridad. P. 235.
49
Ibídem.
50
BALLESTEROS, Jesús. Postmodernidad: decadencia o resistencia. P. 168.
51
BALLESTEROS, Jesús. Ecologismo personalista. P. 100.
52
Cfr. STIGLITZ, Joseph. La globalización y sus descontextos. Es una obra de reciente publicación, escrita
por uno de los fundadores de la economía del desarrollo, exvicepresidente del Banco Mundial y Nobel de
Economía en el año 2001. Desde hace algunos años, este autor ha criticado constantemente al Fondo
Monetario Internacional por imponer políticas de ajuste en el Tercer Mundo que han provocado más pobreza,
además de reclamar aumentos en los tipos de interés durante las crisis financieras de dichos países; así como
las actitudes despóticas de los miembros del FMI con los expertos en esa materia que son miembros de los
países del Sur que han visitado.
53
LLANO, Alejandro. La otra cara de la globalización. Revista Nuestro Tiempo. Abril 2001. P. 15 y 14.
54
Cfr. Ibídem.
13
creación de “islas de abundancia en el océano de la miseria universal”
55
. Así, según el
informe Bruntland, podemos confirmar que el 20% de la población consume la tercera
parte de los recursos: el 25% de los países ricos consumen el 70% de la energía mundial,
75% de los metales, 85% de la madera y el 60% de los alimentos del planeta; mientras
que 250 millones de personas por año padecen episodios agudos de enfermedades
diarreicas, 1300 millones carecen de acceso al agua potable, 2500 millones no tienen
acceso a los servicios sanitarios y cerca de 75 millones de personas dejan sus tierras
todos los años en calidad de emigrantes
56
.

Sin embargo, tal parece que en realidad no se pretende acabar con la pobreza sino con
los pobres, ya que las campañas de esterilización masiva en los países del Sur son cada
vez más agresivas y han creado una mentalidad antinatalista en los miembros de dichas
sociedades. Sin embargo, siguiendo a Amartya Sen (Nobel de Economía), podemos
observar que en realidad las políticas de población han sido promovidas por los países
desarrollados, cuya preocupación real es su vertiginoso descenso poblacional y la posible
<<invasión del sur>>
57
, de seguir las mujeres occidentales con la actual actitud
anticonceptiva en nombre de la liberación y el disfrute del presente. Hoy vemos cómo la
mujer ha adoptado la mentalidad individualista que en la época moderna era exclusiva
para el varón, mientras que hasta ahora, a la mujer se le habían exigido las condiciones
de generosidad y disposición para el cuidado del otro con vistas a la preservación de la
familia, de los niños y de la sociedad en su conjunto. ¿Quién se encargará hoy de esa
labor? Hay que repensar –comenzando por la universidad- muchas cuestiones, si
queremos dejar un legado a las futuras generaciones.

Otra de las conscuencias de la mentalidad racionalista –por lo tanto, excluyente de las
dimensiones naturales y materiales- y dominocéntrica, consiste en la desvinculación y
desprecio de la naturaleza por parte del hombre moderno. Identificado el sistema natural
con el ámbito de la res extensa, se espera por tanto la sumisión de la misma en nombre
del desarrollo industrial cuyos efectos contaminantes todos conocemos. El hombre
moderno ya no pretende vivir en armonía con la naturaleza, tampoco conocerla. Nuestra
relación con ella se convierte en muchas ocasiones de dominación, y esto se debe a que
la hemos dejado de considerar presencia corpórea para transformarla en algo, a través de
los procesos de industrialización cada vez más desarrollados. La naturaleza ya no es
para nosotros cuerpo, sino ecuación
58
, “la verdadera realidad ha dejado de ser natural o
sobrenatural: la industria es nuestro paisaje, nuestro cielo y nuestro infierno”
59
.


55
PAZ, Octavio. La búsqueda del presente. Revista “Vuelta”. México, D.F. 1991. N. 170. P. 13.
56
Cfr. BERZOSA, Raúl. Op. Cit. P. 32.
57
Cfr. Revista Nuestro tiempo. Mayo 2000. Cabe observar que los países más pobres son también los más
despoblados del mundo (Somalia, el Sudán, Eritrea) y su hambruna no se debe sino a las guerras civiles que
han padecido y el sistema político deficiente. Por otra parte, nos parece que valdría la pena recordar dos
intervenciones especialmente interesantes en la Conferencia Mundial de la Población 1974 (Bucarest): En el
Planet del día 28, Dora Obi, portavoz de la African Enviromnent Association, afirmó que el pánico sobre el
espacio para <<andar, respirar y cultivar no tiene fundamento>>. Nigeria, el país más poblado de África, con
un territorio nueve veces mayor que el de Inglaterra (que tenía alrededor de 50 millones de habitantes en
aquellos años), y no llega a los 80 millones. También un profesor de la UNAM otorgó otro voto de confianza al
crecimiento demográfico con su ponencia: “Mi país tiene la más lata tasa de población de América. Nuestro
país necesita muchos hijos. Los hijos traen dinero. Nosotros somos ricos, pero no explotamos lo que
tenemos”. FERRER, Manuel; NAVARRO, Ana María; D’ENTREMONT, Alban. Las políticas demográficas.
P. 93-94.
58
Cfr. PAZ, Octavio. Obras Completas. Tomo I, La casa de la presencia. P. 182-183.
59
PAZ, Octavio. El arco y la lira. P. 261.
14
Jesús Ballesteros nos hace ver que ésta actitud se encuentra muy vinculada a la idea del
homo oeconomicus
60
, donde el hombre se considera Señor despótico de la naturaleza y lo
único que cuenta es el enriquecimiento indefinido de los individuos –abstractamente
considerados- ya que de él se generará el bienestar general, gracias a la famosa <<mano
invisible>>, de la que hablaron sin cesar los economistas burgueses desde Adam Smith.
Sin embargo, lo único que se ha conseguido es desarraigar el sentimiento de compasión
ante la miseria circundante. “Por lo que se refiere a la relación con la naturaleza, hay que
decir que la opinión general de los economistas modernos ha sido la despreocupación
ecológica, debido a la creencia en el carácter ilimitado de los recursos naturales, en
cuanto sometidos al trabajo humano. Desde ésta perspectiva, la noción clásica del
cuidado cede ante la explotación pura y simple”
61
.

Esta ideología del desarrollo económico a toda costa, exige un modo de organización
social cuyo lema es que la sociedad funcione con la precisión de un reloj (mecanicismo).
Tal como describía Schumacher, “el ideal de Modernización industrial sería eliminar lo
vivo, incluyendo lo humano, y transferir el proceso productivo a las máquinas, ya que
éstas pueden trabajar con más precisión y se las puede programar íntegramente, lo que
no cabe hacer con el hombre”
62
. Pensemos por un momento si este estilo de vida aquieta
las necesidades de plenitud de los seres humanos, y hagamos examen considerando el
hecho de que muchas veces inculcamos esta mentalidad economicista a nuestros
alumnos, al menos por omisión: por no considerar en nuestra cátedra, en nuestra
participación pública, la relación ecológica de la persona y de las industrias con el entorno
natural, pensando sobre todo en el bien de los mismos ciudadanos del siglo XXI.

Esta situación de sometimiento de la naturaleza a través de los sistemas industriales
modernos, se acentúa por la evidente primacía de las estructuras abstractas por encima
de las personas singulares y las relaciones interpersonales de vínculos cercanos, como la
familia y las comunidades pequeñas. El hombre de nuestro tiempo se ha visto sometido
a un creciente proceso de mercantilización, politización y burocratización a través de los
mecanismos modernos de racionalización
63
(económicos, empresariales, políticos,
jurídicos, burocrático e informativos) dando lugar a la masificación de seres humanos
donde las empresas son conglomerados fugaces, sin rostro y sin patria; y sus miembros
carecen de sentido de pertenencia a su propia organización. Por otra parte, no podemos
olvidar que las cotizaciones financieras no se encuentran al servicio de la persona sino del
enriquecimiento del vendedor, ya que los precios no corresponden al valor real de las
cosas. Los efectos para la aldea global, es que ésta se está convirtiendo en un coto
privado donde los que dominan pueden vender más caro y comprar más barato, en
detrimento de los que carecen de las mismas posibilidades de dominio mercantil
64
.

60
Con esta concepción dualista de la realidad, “la tarea de la filosofía práctica consistirá en <<hacernos
dueños y poseedores de la naturaleza>> (Descartes, 1637). La naturaleza queda reducida a simple objeto, a
fuente de recursos, lo que abrirá paso la mentalidad industrialista depredadora, que ve al hombre dependiente
sólo de la civilización, pero no de la tierra: <<Lo cual es muy de desear, no sólo por la invención de una
infinidad de artificios que nos harían gozar sin ningún esfuerzo de los frutos de la tierra, y de todas las
comodidades que hay en ella>> (Descartes, 1637)”. BALLESTEROS, Jesús. Ecologismo Personalista. P.
15.
61
BALLESTEROS, Jesús. Postmodernidad: decadencia o resistencia. P. 28-29. El movimiento pendular
que da respuesta a este sometimiento cartesiano de la naturaleza, lo encontramos en la radical propuesta de
la Deep Ecology, para los cuales “la reducción o aun la eliminación de vidas humanas es indispensable para
la subsistencia de la vida en general. En esta última posición hay una exaltación de la naturaleza salvaje, y el
olvido de la naturaleza cultivada por el hombre”. BALLESTEROS, Jesús. Ecologismo Personalista. P. 23.
62
SCHUMACHER, Fritz. Lo pequeño es hermoso. P. 114.
63
Cfr. CONILL, Jesús; Et. Al. Las Terceras Vías. P. 160.
64
Cfr. LLANO, Alejandro. La otra cara de la globalización. Revista Nuestro Tiempo. Abril 2001. P. 17.
15
Como consecuencia del sometimiento de la persona por la fuerzas impersonales y
burocráticas, actualmente no resulta extraña la aparición del fenómeno de la depresión y
las neurosis de masas
65
. Dicha situación se manifiesta en ocasiones como pérdida la
ilusión por vivir una vida propia, pérdida también de identidad, dignidad y autoestima de
muchos coetáneos nuestros. Pero la persona no ha de ser nunca objeto de uso: hemos
de ayudar a cada uno a realizarse como un ser concreto, biográfico, libre y responsable.
Una vez que la persona ha perdido el rostro y el nombre en aras del progreso de la
humanidad, resulta prioritario ofrecer alguna vía de solución, precisamente desde un
ámbito comunitario y a la vez universitario, a través de un trabajo interdisciplinario con
diferentes líneas de investigación al servicio del entorno.

Para conseguir dar este giro copernicano que vuelva a poner a la persona singular por
encima de las masas o las estructuras, es necesario que nos dediquemos a hacer una
revisión profunda del proyecto moderno, “su sentido y su contenido, las formas de
plasmarse en sus diversas dimensiones (política, económica, ideológica), los resultados
logrados a través de sus principales instituciones (mercado, Estado democrático) y
dinamismos (como ahora la globalización). En definitiva, es necesario preguntarse si es
inevitable que la racionalización moderna produzca deshumanización y falta de sentido
vital, si es posible remediar estas desviaciones desde la propia entraña de la modernidad,
o si bien si –y cómo- sería posible superarla”
66
. Pero lo primero que hemos de conseguir,
es convertirnos en auténticas comunidades capaces de crear vínculos cercanos de apoyo
intersubjetivo, y no permitir por ningún motivo que los miembros de nuestra comunidad
universitaria pierdan el rostro y el nombre.

Así, una vez considerada la situación global de la Modernidad, resulta de especial
importancia la traspolación de la cultura hegemónica occidental hacia el ámbito del
mercado. En la actualidad, éste se ha convertido en la institución central de la sociedad,
por lo que se advierte la tendencia a conceder más importancia al dinero o valor de
cambio que al valor de uso. El problema no es la existencia del mercado –presente en
todos las épocas desde que existe el hombre- sino el hecho de que lo hemos convertido
en un fin en si mismo, cuando sólo es un medio para satisfacer las necesidades básicas.
Por eso Octavio Paz nos recuerda que “el mercado no tiene dirección: su fin es producir y
consumir. Es un mecanismo y los mecanismos son ciegos. Convertir a un mecanismo en
el eje y el motor de la sociedad es una gigantesca aberración política y moral. El triunfo
del mercado es el triunfo del nihilismo. Su resultado está a la vista: la masificación de los
individuos y los pueblos”
67
. Por eso, hemos de encontrar la manera de insertarlo en la
sociedad para que sea la expresión del pacto social y un instrumento de justicia y
equidad
68
.

El mismo escritor mexicano se percataba del absurdo en que podemos caer los hombres
de nuestro tiempo con el espejismo del mercantilismo, afirmando que “la causa de este
gigantesco desperdicio de riquezas –vida presente y futura- es el proceso circular del

65
Cfr. FRANKL, Víctor. Ante el vacío existencial. Toda la obra.
66
CONILL, Jesús; Et. Al. Las Terceras Vías. P. 159.
67
PAZ, Octavio. Itinerario. P. 235. Lo mismo observa Marc Soler, quien en su reciente artículo atisba en el
hecho de que hemos ganado tiempo libre y libertad, pero paradójicamente, nuestra concepción compulsiva y
mercantilista del tiempo nos hace no saber qué hacer con él: “la paradoja radica en que el hombre moderno
se ha forjado una concepción compulsiva y mercantilista del tiempo y no sabe demasiado qué hacer con estas
conquistas traídas por esa misma sociedad industrial que veía de mal ojo la ociosidad”. Por eso sugiere el
retorno a un saber menos economicista que nos dé una visión amplia y humana de la vida. SOLER, Marc. La
ociosidad, a través de los libros. La Vanguardia, sección ideas. Barcelona, 11 agosto de 2000. P. 9.
68
PAZ, Octavio. La búsqueda del presente. Revista “Vuelta”. México, D.F. 1991. N. 170. P. 13.
16
mercado. Es una actividad de alta eficacia pero sin dirección y cuyo único fin es producir
más y más y consumir más y más”
69
. No podemos olvidar que el mercado libre dejado a
sí mismo produce desigualdades terribles, las cuales podemos contemplar en el tercer y
cuarto mundo, esos sectores de la población del Primer Mundo que han sido excluidos del
desarrollo; y además ha fomentado un modo de relación instrumental (yo-cosas) que
provoca la ruptura existencial de los ciudadanos cuya relación con el Estado es
igualmente abstracta, exenta de responsabilidad compartida
70
.

Poner el mercado y el consumo como el fin, ha provocado el envilecimiento de los
corazones. Pero dejemos a Paz en diálogo con el lector, para propiciar una reflexión más
profunda al respecto con el peculiar trasfondo poético del estilo paziano: “el lucro es el
dios que al mismo tiempo aplasta a las almas como obleas idénticas y las enfrenta unas
contra otras con ferocidad de bestias. El signo estampado sobre cada cuerpo y cada
alma es el precio. La pregunta universal es ¿cuánto vales? Las leyes del mercado se
aplican lo mismo a la propaganda política que a la literatura, a la predicación religiosa
que a la pornografía, a la belleza corporal que a las obras de arte. Las almas y los
cuerpos, los libros y las ideas, los cuadros y las canciones se han convertido en
mercancía”
71
, “es ciego y sordo, no ama a la literatura ni al riesgo, no sabe ni puede
escoger. Su censura no es ideológica: no tiene ideas. Sabe de precios, no de valores”
72
.

La crítica que hace este autor al mercantilismo contemporáneo, es una oportunidad para
cuestionarnos el sentido que hemos dado a nuestra labor como profesores universitarios y
como empresarios; ya que podemos ser presa de esta mentalidad utilitarista que tiene
que ver con la propuesta de Claude Henri de Saint-Simon respecto a la valoración de las
profesiones modernas, y que se ha difundido en todos los ambientes de nuestra cultura
neoliberal. El mencionado autor contrapone el trabajo útil de los científicos e ingenieros,
banqueros e industriales, que incrementan la riqueza; con el trabajo inútil de zánganos
como los filósofos, los teólogos y juristas, que sólo están orientados por sentimientos y no
incrementan la riqueza. Así, mientras los primeros sirven para algo claro y preciso, los
otros se pierden en vaciedades
73
.

Esta visión economicista, en la que sólo se reconoce la labor de quienes procuran el
enriquecimiento en términos monetarios, tiene una clara conexión con la violencia, y es
Ballesteros quien explica que “esta conexión viene dada por el hecho de que el
economicismo incurre en aquel <<vulgar desorden>> de que hablaba nuestro Gracian,
consiste en hacer <<fines de los medios y de los medios fines>>. La sobrevaloración de
los medios por excelencia: el dinero, la propiedad en general, conduce a la falta de
respeto por la vida y la dignidad personal. La atención al tener lleva al olvido del ser. La
preocupación desmesurada por las cosas conduce a la violencia sobre las personas”
74
.

Así podemos comprobar que si convertimos el consumo y el mercado (vivir para comprar
y tener) en el fin de nuestra existencia, la consecuencia natural será la objetivación de los
sujetos, la conversión de la persona en un objeto más de consumo que se puede usar y
tirar, incluso por ella misma. “Para Eliot el proceso circular de la vida meramente natural

69
PAZ, Octavio. La otra voz. P. P. 137.
70
Cfr. PEREZ Adán, José. Diez temas de sociología. P. 21.
71
PAZ, Octavio. Itinerario. P. 123.
72
PAZ, Octavio. La otra voz. P. 125.
73
Cfr. BALLESTEROS, Jesús. Postmodernidad: decadencia o resistencia. P. 32-33 Apud SAINT-SIMON,
Claude Henri. L’Organisateur. P. 102-112.
74
BALLESTEROS, Jesús, Et. Al. Ética y Política en la Sociedad Democrática. P. 271.
17
se reducía a una trinidad animal: birth, copulation and death, that’s all... El mercado
simplifica esta visión negra: producir y consumir, trabajar y gastar, that’s all... Poseído por
el afán de lucro, que lo hace girar y girar sin fin, se alimenta de nosotros, seamos
capitalistas o trabajadores, hasta que, viejos o enfermos, nos avienta como un desecho
más al hospital o al asilo: somos una de las muelas de su molino”
75
.
Esta hegemonía del mercantilismo tiene un especial influjo en la consideración del trabajo
por parte del hombre tardomoderno, originando el fenómeno que han denominado
workaholismus, fruto de la americanización
76
del trabajo. Con esta nueva enfermedad
psíquica, el hombre –y la mujer, hoy más que nunca- cae en la trampa de la divinización
del empleo fuera del hogar en nombre del éxito y el poder; en detrimento del trabajo en el
hogar y la valoración de las labores de servicio: “es la imposición de una dependencia
cuasi adictiva y neurótica al trabajo no doméstico, en prejuicio de los deberes y
responsabilidades privadas, y la obsesión por la opulencia, que mira en los incrementos
de comodidades incrementos de bienestar, con notable prejuicio de las relaciones
sociales, afectivas, solidarias y cooperativas”
77
.

La falta de sentido de responsabilidad en el ámbito privado, tiene especial repercusión en
la dimensión del ejercicio de la maternidad y la paternidad. Desde los años 60’s se ha
conseguido desvincular la sexualidad de las posibilidades de engendrar, en un principio
con la píldora anticonceptiva y paulatinamente, hasta nuestros días, con las conductas
homosexuales. Por otra parte, fruto de la ideología dominadora propia de la Modernidad
Decadente, cada vez es más común que los padres se consideren propietarios de sus
hijos, sobre todo cuando se encuentran en estado embrionario
78
. Por eso, Janne Haaland
vincula este comportamiento con la difusión de la mentalidad individualista, ya que
“muchas mujeres piensan que pueden conseguir un hijo del mismo modo en que
consiguen cualquier objeto. Un hijo es algo que se puede desear o no. Ellas mismas
deciden cuándo y cómo quieren tener hijos. Conseguir un hijo es considerado por muchas
personas como un derecho. Se trata de un grave error. Los hijos son siempre un regalo”
79
.

El hombre tardomoderno se ha olvidado de que el sexo tiene no sólo una dimensión
placentera, sino sobre todo un carácter comunicativo de índole sincrónico (en el tiempo) y
diacrónico (a través del tiempo)

por medio de la procreación
80
. La primera dimensión
sincrónica nos contextualiza en un necesario entorno familiar, en la que los miembros se
comunican por vínculos especiales que diferencian su relación con los demás que no son
familiares: la unión sexual de los padres es fuente de unidad para los hijos y parientes. El
hecho comunicativo diacrónico de carácter sexual, es la solidaridad con las futuras
generaciones, permitiéndoles seguir existiendo a través de la procreación. Sin embargo,
la diacronía se ha divorciado irresponsablemente del sexo en estos últimos años, ya que
incluso hoy se habla de un nuevo modelo de pareja (parejas “Dinks” sin hijos, cuya
finalidad es conseguir el máximo estado de lujo y bienestar). Esto tendrá un elevado coste
social por la baja de índices de natalidad a nivel mundial, con las previsibles

75
Cfr. PAZ, Octavio. Itinerario. P. 120.
76
En Occidente se entiende por América solamente a los Estados Unidos. El resto del continente es
considerado como Sudamérica (países periféricos, del Sur). La americanización del trabajo significa entonces,
adoptar el estilo de trabajo con fundamento en la ética protestante. Cfr. WEBER, Max. La ética protestante y
el espíritu del capitalismo. Toda la obra.
77
PEREZ Adán, José; Et. Al. Las Terceras Vías. P. 237.
78
“Por ello el embrión es la víctima por excelencia en una sociedad individualista; cuando se sustrae el
tiempo, se sustrae también la esperanza de vida y más se sustrae a quien más le queda”. PEREZ Adán, José.
Diez temas de sociología. P. 90.
79
Cfr. HAALAND Matláry, Janne. El Tiempo de las Mujeres. P. 109.
80
Cfr. PEREZ Adán, José. Diez temas de sociología. P. 84-85.
18
consecuencias sociales y económicas por la carencia de niños en las sociedades
europeas, que amenaza con la imposibilidad del reemplazo generacional de los jóvenes
de ésta generación
81
.
Los datos estadísticos al respecto son aplastantes, muestra evidente de que la población
mundial está en descenso y que conllevará consecuencias económicas impredecibles,
pero reales. Las cifras mundiales estimadas para el año 2050, y que nuestros jóvenes
universitarios habrían de conocer para pensar en su compromiso diacrónico con las
siguientes generaciones, son las siguientes
82
:

• 90% de los habitantes del planeta vivirán en países pobres.
• En Europa, 18 por 100 de la población tiene más de 62 años, y dentro de algunos
años esta cifra se habrá duplicado.
• Occidente necesitará 100 millones de inmigrantes anuales para mantener su
población activa.
• España será el país más viejo del mundo (edad media de 55 años).
• Asia y África crecerán a 2000 millones.
• Hoy el 44% de la población mundial tiene tasas insuficientes para asegurar el
reemplazo generacional. Hemos de considerar que para que exista solamente un
reemplazo generacional –es decir, que la población actual se mantenga con el mismo
número de habitantes en la siguiente generación- es necesaria la procreación de por
lo menos 2.1 hijos por matrimonio.
• La fecundidad mundial será de 2.15 hijos por mujer: descenderá en países
subdesarrollados y subirá en los ricos.
• Los países menos fecundos serán Alemania, Italia (1.61), España (1.64) y Austria
(1.65).
• La edad media: a nivel mundial subirá (26.5-36.2), 46.6 en desarrollados, 35 en los
menos desarrollados y 26.5 en pobres.
• El número de personas de más de 60 años, de 606, ascenderá a 2000 millones.
• España perderá el 21.8% de su población actual de 40 millones, para quedarse en
31.2 millones.
• Francia, después de una larga época de descenso poblacional, hoy se encuentran con
un índice de 1.9 de natalidad. Sus políticas para el fomento de la natalidad son
inconcebibles en nuestro México, en el cual se esteriliza a las mujeres sin
consentimiento, o con actitudes de intimidación en los servicios de Salud Sanitaria
para fomentar la anticoncepción.
• Jalisco se encuentra en un índice de natalidad de 1.6 por mujer, y el 60% de la
población tiene madres solteras.

Sin embargo, no son las estadísticas ni las grandes proyecciones mundiales de población
las que han de llamar nuestra atención, ya que si bien es cierto que la universalidad es
una de las notas esenciales de la cultura universitaria, también es verdad que el
verdadero educador aprende a contar sólo hasta uno: cada persona con la que se
encuentra, y con la cual puede encontrar la plenitud en una tarea comunitaria de servicio.

81
En el caso de las universidades españolas, al inicio del curso los profesores jubilados suelen despedirse de
los alumnos. En los últimos años, ha sucedido que cuando los estudiantes alientan al profesor para que vea
con optimismo su jubilación porque ellos se encargarán de pagar su pensión; el profesor recibe los
comentarios de buena gana pero a la vez –para asombro del público- responde a sus alumnos con un
pésame: sus jóvenes estudiantes no tendrán quién pague la pensión, por la ausencia de niños que ha
provocado la baja de natalidad, con la consecuente falta de comunicación diacrónica y solidaria entre las
generaciones. Cfr. Ibid. P. 85.
82
Cfr. ZURFLUH, Anselm. Superpoblación. P. 94ss.
19
Por eso, lo más preocupante de nuestro tiempo es la progresiva sensación del nihilismo
como postura vital de las personas con las que convivimos en el ámbito laboral y en la
cátedra. el verdadero mal de las sociedades capitalistas liberales no está en ellos sino en
el nihilismo predominante. Es un nihilismo de signo opuesto al de Nietzsche, nos dice
Octavio Paz. “No estamos ante una negación crítica de los valores establecidos sino ante
su disolución en una indiferencia pasiva. Más que de nihilismo habría que hablar de
hedonismo. El temple del nihilista es trágico; el del hedonista, resignado. Es un
hedonismo muy lejos también del de Epicuro: no se atreve a ver de frente a la muerte, no
es una sabiduría sino una dimisión. En uno de sus extremos es una suerte de glotonería,
un insaciable pedir más y más; en el otro, es abandono, abdicación, cobardía frente al
sufrimiento y la muerte. A pesar del culto al deporte y a la salud, la actitud de las masas
occidentales implica una disminución de la tensión vital. Se vive ahora más años pero son
años huecos, vacíos. Nuestro hedonismo es un hedonismo para robots y espectros”
83
.

Así podemos observar una de las más preocupantes consecuencias del dualismo
cartesiano y su exacerbación de la razón, ya que hoy es evidente el hedonismo y el
montaje tardomoderno de una cultura centrada en el cuerpo, como respuesta pendular al
desprecio racionalista de las dimensiones naturales y materiales en la época Moderna. Es
la reivindicación de la res extensa donde el narcisismo del cuerpo se preocupa poco
–más bien nada- por la razón y la verdad, inculcando una obsesión por la figura joven
como prototipo de belleza, en la que sólo importan las sensaciones instantáneas y la
belleza corporal
84
. La anorexia y la bulimia son, en este contexto, mucho más
comprensibles para los profesores de jóvenes que sufren semejante tipo de problemas.

Por eso el nihilista experimenta una continua insatisfacción, por considerarse incapaz de
creer y amar a nadie ni a nada, manifestándose como una especie de agitación sin objeto
y sensación de disgusto-narcisismo consigo mismo. Así, aparecen en el horizonte lo que
Alejandro Llano llama “países poblados de animales domésticos humanos, bien cuidados,
invitados a disfrutar de una existencia sin riesgos, sin responsabilidades y sin aventuras:
el espíritu ya no brilla en un mundo en el que las ventajas materiales ahogan la libertad”
85
.

Y es que basta mirar el rostro de las gentes las calles de la gran ciudad para comprobar
que su resignación y activismo no corresponden a las posibilidades que tiene la persona
de encontrar la felicidad: estamos llenos de cosas y actividades, pero muchas veces nos
falta el sentido de la vida porque lo hemos permutado por el placer instantáneo,
permaneciendo escondidos en medio de las masas uniformes de la individualista
sociedad occidental. Así, cada vez es más frecuente encontrarnos con el mencionado
hombre-masa de Ortega y Gasset, el cual vive sin programa de vida y sin proyecto. “No
sabe dónde va porque, en rigor, no va, no tiene camino prefijado, trayectoria anticipada.
Cuando ese Poder público intenta justificarse, no alude para nada al futuro, sino, al
contrario, se recluye en el presente y dice con perfecta sinceridad: <<soy un modo
anormal de Gobierno que es impuesto por las circunstancias>>. Es decir, por la urgencia
del presente, no por cálculos del futuro. De aquí que su actuación se reduzca a esquivar
el conflicto de cada hora; no a resolverlo, sino a escapar de él por lo pronto, empleando
los mayores conflictos sobre la hora próxima. Así ha sido siempre el Poder público cuando

83
PAZ, Octavio. Obras Completas. Tomo IX, Ideas y costumbres I. P. 273-274.
84
“El racionalismo y el idealismo progresista han sido substituidos, en vastas capas de la población de
nuestros días, por un neohedonismo. Pero el culto al cuerpo y al placer implica el reconocimiento y la
aceptación de la muerte. El cuerpo es mortal y el reino del placer es el instante”. PAZ, Octavio. México y
Estados Unidos: posiciones y contraposiciones. Revista “Vuelta”. México, D.F. 1979. N. 27. P. 9.
85
LLANO, Alejandro. Humanismo cívico. P. 105.
20
lo ejercieron directamente las masas: omnipotente y efímero. El hombre-masa es le
hombre cuya vida carece de proyecto y va a la deriva. Por eso no construye nada, aunque
sus posibilidades, sus poderes, sean enormemente superiores”
86
.

La desesperación del mundo moderno de la que hemos hablado, tiene su etiología según
Paz en el hecho de que el hombre postilustrado “se ha visto desposeído de sus antiguas
certezas religiosas, metafísicas, y no sabe con qué reemplazarlas. Es el gran problema de
la dificultad de ser libre, de la dificultad de estar solo en el mundo: sin padre y sin dios”
87
.
Es lo mismo que viene a decirnos Carlos Cardona, cuando afirma que paralelamente a la
pérdida del conocimiento de Dios, “ha aparecido en nuestro mundo, como criterio de vida
y de acción, la búsqueda del placer a toda costa. Y esto está engendrando, masivamente,
una ansiedad creciente y neurótica, porque los objetos en que ese placer quiere lograrse
(Dios no podría ser nunca <<objeto>> de placer) se muestran enseguida insuficientes,
defraudan, y exigen imperiosamente nuevas e interminables experiencias, que van
acumulando vacío en el corazón, un vacío existencial que vanamente se intenta llenar con
evasiones brutales”
88
.

Por su parte, Haaland reflexiona sobre esta situación para afirmar que si nuestra sociedad
está marcada por ideologías nihilistas, es porque las familias están unidas por lazos muy
débiles, en las que los padres dedican poco tiempo a los hijos y a la mejora de una
comunidad que tenga atractivo y solidez
89
. Hoy los padres se preocupan porque los hijos
tengan cosas para que consigan su autorrealización: dos palabras exaltadas de modo
exacerbado, que lejos de conseguir encauzar el sentido existencial hacia la felicidad,
suscita la aspiración existencial hacia la indiferencia universal. Así, cuando los jóvenes se
encuentran en la etapa de comenzar a forjar su vida por ellos mismos, su rebeldía juvenil
se manifiesta bajo la modalidad de la apatía: “no es la rebelión de los desposeídos sino la
protesta de los satisfechos –la protesta contra la satisfacción. No han faltado pedagogos
que se olvidan que el fenómeno es universal, sólo que la actitud juvenil es lúcida en tanto
que los viejos creen saber hacia dónde van: ceguera y, con más frecuencia, hipocresía.
Además, la sociedad industrial muestra que la abundancia no es menos inhumana que la
pobreza. Los monstruos del progreso rivalizan con los de la miseria”
90
.

En estas reflexiones encontramos una gran coincidencia con Ballesteros, quien afirma
que en nuestra época tenemos la tendencia a despreciar lo que tenga que ver con el
cuidado de los otros, con la consecuente marginación de los más indigentes, dada la
primacía de la concepción del hombre como homo labilis: “tendencia a no ver en la vida
otra cosa que una ocasión de placer inmediato, huyendo, por tanto, de cuanto signifique
abnegación, entrega o sacrificio por el otro. Este hedonismo, unido íntimamente a la
mentalidad crematística, favorecería, en el mejor de los casos, la burocratización de tal
cuidado, encerrándoles en guetos más o menos confortables (los niños en las guarderías
y los ancianos en los asilos, ambos alejados de la propia familia), que dejen fuera de la
visibilidad social la radical indigencia de la condición humana en sus situaciones límite”
91
.

86
ORTEGA Y GASSET, José. La rebelión de las masas. P. 77.
87
REVEL, Jean Francois. Entrevista: miradas sobre el mundo actual. Revista “Vuelta”. México, D.F. 1986.
N. 114. P. 31.
88
CARDONA, Carlos. Metafísica del bien y del mal. P. 174.
89
Cfr. HAALAND Matláry, Janne. El Tiempo de las Mujeres. P. 15.
90
PAZ, Octavio. Corriente alterna. P. 171-172.
91
BALLESTEROS, Jesús. Postmodernidad: decadencia o resistencia. P. 49. Sobre el rechazo del homo
patiens en la sociedad actual, véase FRANKL, Víctor. Ante el vacío existencial. Tr. Marciano Villanueva,
Herder, Barcelona, 1980. P. 93ss.
21
Muchas otras cuestiones se podrían abordar, para vislumbrar los rasgos decadentes de la
Tardomodernidad. Sin embargo, no podemos conformarnos con enunciar aquello en lo
que deberíamos rectificar, sino que hemos de ofrecer alternativas para dar el paso de la
decadencia hacia los senderos de la Resistencia, hacia la auténtica Postmodernidad. Y es
que “este permanente baile de máscaras no agota lo que se puede llamar postmoderno.
Como han mostrado Spaemann y Jesús Ballesteros, a ésta débil y permisiva decadencia
procede denominarla más bien tardomodernidad, reservando el vocablo postmoderno
para la verdadera superación del proyecto moderno”
92
.

Por eso, es menester encontrar los puentes precisos para la edificación de una cultura
caracterizada por la resistencia ante los abismos y rupturas provocados por la
tardomodernidad decadente, teniendo como finalidad la abolición de aquellas estructuras
que han sido fuente de injusticias, egoísmo y conflictividad social; con vistas al respeto
inalienable de la persona humana y de la comunidad a la que pertenece. En este sentido,
Amalodoss
93
exhortaba en el Congreso de la Internacional Association for Misión Studies,
a fincar el diálogo con la postmodernidad desde tres campos:

1. La afirmación de la vida y la persona, ante las estructuras abstractas que ocultan los
rostros humanos en medio de las masas.
2. Promocionar la vida en comunidad.
3. Apertura hacia la trascendencia, creando comunidades interreligiosas contraculturales
unidas por la lucha contra el dios dinero-poder como ídolo.

Por esta razón, una de las más notables alternativas ante la cultura individualista
imperante después del derrumbe del comunismo, son las llamadas Terceras Vías
94
que se
encuentran íntimamente ligadas a una ética comunitaria. Consistiría en propiciar un
cambio conceptual hacia el tránsito del yo (individualista) al nosotros-todos-siempre, sin
excluir a nadie. Así, ante el etnocentrismo de la postura tardomoderna, el comunitarismo
sugiere el mestizaje como prototipo de la sociedad postmoderna. “Aquí, el sistema político
y social –nos dice Pérez Adán, inspirador del comunitarismo en el ámbito hispano- estaría
formado por un sujeto colectivo mestizo sincrónico: el yo inclusivo universalizado que
resulta en un nosotros-todos (yo soy no sólo yo sino también el excluido y el lejano); y un
objeto que llamamos mestizo diacrónico, el yo inclusivo proyectado en el tiempo hacia las
futuras generaciones que resulta en un nosotros-siempre (el objeto y meta para la que
trabajo y para la que procuro felicidad es el yo que hay en los que vienen después: mis
hijos y los hijos de los demás)”
95
.


92
LLANO, Alejandro. Humanismo Cívico. P. 87.
93
Cfr. BERZOSA, Raúl. Op. Cit. P. 33 Apud AMALODOSS, M. Misión in a Post-Modern World. A Call to be
Counter-Cultural: “Vidyajyoti”. P. 569-581.
94
Nos referimos a las Terceras Vías propuestas por Amitai Etzioni, que consideramos superadora de la
alternativa de Anthony Giddens, que lleva la misma denominación. Éste último centra su debate sobre el
futuro de centro izquierda a nivel mundial, cuya consecuencia es que acentúa la separación existente entre el
ámbito público y el privado, en beneficio de lo público. Por otra parte, el partidismo de Giddens hace que
atribuya todo el mérito de la renovación mundial a los partidos de centro izquierda. Su argumento suele ser
por tanto exclusivista, y da mayor importancia a la legislación positiva que al diálogo moral. Por su parte,
Etzioni no considera relevante la adscripción ideológica de los partidos que propugnen por las Terceras Vías,
con la condición de que sean democráticos. De esta manera, se salva de la politización del discurso e incluso
da mayor importancia al diálogo moral aunque no propugna la supresión de la legislación positiva. Para
Eztioni, lo que cuenta es la sociedad civil, considerando que el éxito de una política depende del protagonismo
que otorgue al pueblo, recuperando la armonía entre el ámbito de lo privado y lo público. Cfr. ETZIONI, Amitai.
The Third Way to a Good Society. Toda la obra.
95
PEREZ Adan, José. Diez temas de sociología. P. 21.
22
Esta moción se ve plenamente completada con la del escritor contemporáneo que con
más acierto ha glosado los rasgos de la Postmodernidad como Resistencia, Jesús
Ballesteros. De esta manera, si el etnocentrismo se había visto estimulado por la idea de
perspectiva única, y la contraposición entre sujeto y objeto, en la que el hombre blanco se
situaba por encima de los demás para reducirlos a objetos; “la superación del
etnocentrismo requiere la recuperación del conocimiento basado en la simpatía y la
connaturalidad con lo que se desea conocer, introduciendo la dimensión del tú, frente al
puro objetalismo de la Modernización. Es necesario amar para juzgar rectamente”
96
.

Este modo de concebir las relaciones desde la perspectiva de la superación del
etnocentrismo a través del mestizaje inclusivo, implicaría por tanto la anulación de la
clasificación de las personas y las culturas en superiores e inferiores (paternalismo); para
dar el paso hacia la mutua reciprocidad y ayuda en la que se afirma el mutualismo (ayuda
a todos) frente al voluntarismo (ayuda al necesitado). Ello implicaría el enfrentamiento
con la postura liberal –donde cada uno define su propio criterio de bondad, muchas veces
a pesar o en contra de los otros- para aprender a compartir formulaciones morales
comunitarias de lo bueno o lo óptimo, tomando en cuenta tanto la realidad de la persona
humana como las condiciones culturales: “la función de la comunidad no es sólo proveer
un marco para que se desenvuelvan las relaciones interpersonales, sino proponer una
tácita cultura moral”
97
.

Se trata, por lo tanto, de llegar a los fundamentos propios de la persona, con vistas a la
participación en la cual ésta se realiza <<junto con los otros>> y trasciende en las
relaciones intersubjetivas. “Lo que interesa saber –sugiere Karol Wojtyla- es si una
persona que pertenece a una comunidad de actuación, en su acción comunitaria puede
ejecutar verdaderas acciones y autorrealizarse en ellas; lo cual depende de su capacidad
de participación. Sin embargo, aun cuando esté junto con otros, el hombre puede quedar
fuera de la comunidad”
98
. Reflexiones que se convierten en una exhortación a los
miembros de la comunidad universitaria, para que no olvidemos que nuestra universidad
es parte nuestra, y nuestros alumnos son también personas que han de realizarse a
través de la participación activa por el bien de esta pequeña sociedad, que puede ser
anónima (y de capital variable...) o auténtico punto de encuentro entre seres humanos con
un profundo sentido de identidad dentro de la pluralidad.

Para conseguir la consolidación de dicha cultura postmoderna basada en la participación,
hemos de contar también con las bases del diálogo, lo cual implica la existencia de un
logos común para ser compartido. Ante el lema materialista de que <<la fuerza viene de
abajo>>, los profesores universitarios tenemos la consigna humanista de persuadir para la
erradicación de la búsqueda desenfrenada del poder o el ejercicio de la fuerza, confiando
en la capacidad humana de conversar y buscar bienes compartidos basados en la
benevolencia y la amistad social. Tal como proclama Llano, “el Humanismo Cívico nos
ofrece la clave para superar la dicotomía entre el perfeccionamiento privado y el provecho
público. Es la noción de la vida buena orientada hacia un bien común. Se trata de un
planteamiento dinámico y cooperativo. La vida humana no es la simple pervivencia
biológica: constituye un vector de optimización cualitativa que nos impulsa a ir siempre a
más, ganando tanto en intensidad como en alcance. Intimidad y apertura se coimplican”
99
.


96
Ibid. P. 120.
97
Ibid. P. 166.
98
WOJTYLA, Karol. Persona y acción. P. 327.
99
LLANO, Alejandro. Humanismo Cívico. P. 96.
23
Así, la consolidación de una ética auténticamente comunitaria y postmoderna dependerá
de la capacidad de dolerse de la exclusión en la que nos encontramos, para dar paso a
una inclusión social. De esta manera, a través de la cooperación sería posible crear
comunidades de vínculos cercanos y no abstractos, donde la gente siempre es fin y no
medio para nada. El reconocimiento del ciudadano deberá tener ciertas manifestaciones
en el orden sociopolítico, lo cual implicará la dolorosa pero liberadora acción de los ricos
para la redistribución de la riqueza ante la creciente desigualdad social-, la afirmación de
los deberes sobre los derechos
100
; el ejercicio de la autoridad apoyada en la persuasión
de los miembros de la sociedad sobre la bondad de las políticas propuestas, dejando de
lado el autoritarismo despótico del poder o la imposición de códigos morales
101
: menos
autoridad legal (Estado) y más autoridad moral (comunidad).
Sobre todo, la buena sociedad etziniana “apuesta por el devolucionismo estatal y la
desregulación política de la vida social en el marco de una comunidad de comunidades
(más precisa que una comunidad de naciones); argumenta la conveniencia de formalizar
(como se ha hecho con los derechos básicos) las responsabilidades básicas (es erróneo
pensar que no hay derechos sin responsabilidades o viceversa); y sobre todo, aboga con
insistencia por la redimensión de la misión educativa más allá de la ciudadanía social
hacia la civilidad sustentada en virtudes
102
. Todo un programa de cambio de rumbo
cultural más que un programa de gobierno”
103
.

Antes de seguir con las propuestas del comunitarismo, hemos de reconocer que el eje del
debate de lo que llamamos Las Terceras Vías no se agota en una mera función
conciliadora entre las disyuntivas habituales. “Ya no se trata de esforzarse por encontrar
un camino entre la economía planificada y el libre mercado, o entre el Estado y las
empresas privadas. El dilema entre liberalismo y socialismo no tiene al comunitarismo
como su diagonal. De hecho, el comunitarismo por momentos rescata elementos del
liberalismo y por momentos hace lo mismo del socialismo, pero a diferencia de ambos,
encuentra en la comunidad, no en el Estado ni en el individuo, la piedra basal del orden
social”
104
.

Por eso es precisa la edificación de una comunidad equilibrada con tres puntos de apoyo:
la comunidad, el mercado y el estado; donde el estado deberá permitir más protagonismo
comunitario (retirarse de un terreno conquistado) y a su vez velar para que el mercado se
respete a sí mismo y a las personas (conquistar un terreno nuevo y en el que muchas
veces sucumbe)
105
. De esta manera, sería preciso un cambio del paradigma dominante
-que es de corte individualista- hacia un paradigma cultural alternativo que pueda ser
considerado una verdadera superación de la postura anterior, lo cual se compendia en el
siguiente cuadro propuesto por José Pérez Adán:





100
“El comunitarismo afirma los deberes sobre los derechos. Piden derechos los oprimidos, ofrecen deberes
los libres”. PEREZ Adan, José. Diez temas de sociología. P. 161.
101
Cfr. Ibid. P. 156-166.
102
En palabras de Alejandro Llano hemos de considerar que “la ética no es sólo el reflejo de la conciencia
individual, el fruto de un presunto consenso dialógico o el resultado de un cálculo utilitarista de placeres y
dolores. La ética se incorpora efectivamente a la vida a través de las virtudes y se refiere a bienes reales,
poseedores de un fundamento ontológico, que son válidos para todos, aunque haya lugar a diversas
interpretaciones y no siempre se consiga llegar a un acuerdo sobre tales bienes”. LLANO, Alejandro.
Humanismo cívico. P. 94.
103
PEREZ Adán, José; Et. Al. Las Terceras Vías. P. 28.
104
GUERRA, Pablo; BARG, Gabriel; Et. Al. Ibid. P. 28.
105
Cfr. PEREZ Adan, José. Diez temas de sociología. P. 164.
24
Paradigma cultural dominante Paradigma cultural alternativo
Énfasis y actualización del presente Énfasis y proyección de futuro
Valores masculinos Valores femeninos
Asociación Comunidad
Consumismo Educación
Ecología mercantil Ecología integral
Materialismo Postmaterialismo
Seguridad y elección de riesgos Libertad con responsabilidad
Estado, trabajo, ocio Familia, trabajo y naturaleza
(Cfr.
106
)

Asimismo, ante la primacía de las estructuras abstractas en el mundo tardomoderno, es
necesario recuperar a la persona como un ser concreto y a la vez interdependiente de los
otros, con un claro llamado a transformar el modo como concebimos la realidad, de la
perspectiva del poder hacia la donación: “Cambiemos corazones –uno a uno, poco a
poco, y al paso de cada uno- al mismo tiempo que estructuras. Cambiemos contravalores
por valores: éxito, fama, poder, tener; por solidaridad, justicia, interioridad, diálogo,
verdad. Aún estamos a tiempo”
107
.

La auténtica postmodernidad implicará entonces una tarea educativa que los profesores
universitarios tenemos en nuestras manos: formar a cada alumno para que se reconozca
a sí mismo y a los otros como sujetos, nunca como objetos, actitud que superaría la
mercantilización y el cuantitativismo de los individuos. “Podemos ser personas, podemos
tener dignidad y no precio, por eso no debemos vendernos por cualquier cosa, ni por
valores afectivos, ni por valores comerciales; sólo vales, porque vales, por nada más. Es
decir, ¿para qué vale una persona? Para nada, ¡eso es lo fabuloso! Porque no vales para
nada; ése es el máximo valor, no valer para nada. Porque, si vales para algo, ya estás
vendido”
108
.

Por su parte, las reflexiones del personalista Mounier
109
resultan de lo más esclarecedoras
en la búsqueda de puentes hacia una vida auténticamente humana, ya que sugiere la
distinción entre individuo y persona de una manera brillante. Mounier se percata de que
el término individuo se basa en un principio egoísta y material, en el que sólo se mira
para sí mismo y los propios intereses: dispersión y avaricia son los signos de la
individualidad; la noción de persona, en cambio, se fundamenta en el principio o tendencia
generoso y espiritual, cuya orientación se polariza en inversa a la del individuo liberal,
para dar paso a la sociedad de personas (con rostro y con nombre) que propugna el
personalismo comunitario. Tal vez por la misma razón, Jesús Conill concluye que
deberíamos “hablar de persona en vez de individuo y, por tanto, de personalismo en vez
de individualismo, es decir, fórmulas que den mejor cuenta de la complejidad de la
realidad humana, incapaz de ser absorbida por el término <<individuo>>”
110
, que se
considera a sí mismo como aislado y emancipado de los otros.

Aunada a esta exhortación para reemplazar la noción de individuo desarraigado, por la de
persona abierta a los otros; Edith Stein
111
sugiere dar el paso de la sociedad anónima
hacia la comunidad. El fundamento de este nuevo modo de concebir las relaciones

106
Cfr. Ibid. P. 162.
107
Cfr BERZOSA, Raúl. Op. Cit. P. 33.
108
CONILL, Javier; Et. Al. Las Terceras Vías. P. 145.
109
Cfr. MOUNIER, Emmanuel. El Personalismo. Toda la obra.
110
CONILL, Javier. Op. Cit. P. 140-141.
111
Cfr. ESPARZA, Michel. El pensamiento de Edith Stein. P. 79-80 Apud STEIN, Edith. Beiträge. P. 217-
218.
25
interpersonales, se encuentra en el hecho de que en la comunidad las personas están
unidos por lazos más fuertes: de sujeto a sujeto. Por su parte, la unión en las sociedades
es más débil, ya que suele suceder que en este tipo de asociaciones, una persona se
contraponga a otras como sujeto a objeto; y entonces el individuo es considerado, como
máximo, un sujeto objetivado que se une conscientemente a otros en vistas a un mismo
fin. La comunidad es comparable a un organismo donde las personas se enriquecen
mutuamente por medio de la comunicación empática, mientras que la sociedad es como
una máquina con distintas piezas destinadas a un fin. A este último modo de relacionarse,
se añade la posibilidad de llegar a la masificación –de la que nos prevenía Ortega y
Gasset
112
- por medio del fenómeno de sugestión colectiva, comparado por Stein con una
infección, que lleva a una pluralidad de individuos a defender una idea, sin estar
auténticamente convencidos de ella o sin haberlo premeditado.

La persona se entiende entonces, como un ser abierto al otro como un tú. Ya no es el
individuo aislado del liberalismo, sino un ser eminentemente social y comunitario y, si se
acepta su trascendencia, se convierte en un valor en sí mismo que podrá superar tanto el
colectivismo y la masificación, como los totalitarismos del cientificismo y el economicismo.
“Tampoco hay un camino excesivamente largo entre la persona y la teoría social o política
ya que la comunidad no es otra cosa que un conjunto de personas en acción”
113
. De este
modo, en la auténtica cultura Postmoderna de trasfondo personalista, habría que procurar
los medios para crear una sólida alianza natural entre la persona y las comunidades a las
que pertenece, considerando la Vocación fundamental que tenemos todos hacia la
comunión.

Asimismo, habría que tirar por la borda la falacia individualista que pretende concebir al
ser humano desde la atomización social en la que cada uno se encuentra desvinculado
del todo, para subrayar que la persona no puede encontrarse a sí misma, sino dándose a
la comunidad en la que se encuentran personas singulares
114
. Volver a establecer
vínculos cercanos es una tarea prioritaria en todo entorno social, pero es precisamente en
la universidad donde se puede descubrir el fundamento del carácter abierto de la persona,
entendiendo que “el yo humano no es un recinto cerrado y agobiante: es un vector de
proyección y de entrega. En cierto modo es un vacío que clama por su planificación.
Ahora bien, para que esta plenitud de la vida lograda comience a desarrollarse es
necesario proceder, simultáneamente al vaciamiento de uno mismo y a la apertura
amorosa a los otros: mi peso interior no son mis ocurrencias, experiencias o caprichos, de
los que más bien he de liberarme; lo que me afirma en la vida y me aporta voluntad de
aventura es mi amor personal, definitivo e irreversible”
115
.

Esta apertura y receptividad hacia el otro hace énfasis en la dimensión humana de la
donación de la propia libertad para la realización de los otros, como respuesta a la
obsesión por la propiedad y dominación de los otros que caracteriza la actitud moderna y
tardomodera (el paso de las relaciones yo-cosas, hacia las relaciones tú-yo). El punto de
partida sería la convicción de que el encuentro entre personas caracterizado por la mutua
ayuda, aumenta la potencialidad humana y moral de quien trasciende a través del entrega
a los otros: sólo en la afirmación primigenia del Tú se encuentra el auténtico Yo. Por otra
parte, implica una lucha continua contra el egocentrismo o mimeísmo, poniendo en primer
lugar el respeto a la dignidad de las personas, cuyo único modo de relación posible es el

112
Vid Infra.
113
Cfr. BURGOS, Juan Manuel. El Personalismo. P. 107.
114
Cfr. Ibid. P. 63.
115
LLANO, Alejandro. Humanismo cívico. P. 87-88.
26
que se fundamenta en el amor desinteresado hacia el otro, concretado en la comunión de
bienes. ¡Qué distintas serían nuestras comunidades –tal vez nuestra misma universidad-
si nuestras relaciones estuvieran basada en el bien común (buscando el enriquecimiento
de la persona entera) y no en el interés (económico o político)!

Con esta propuesta personalista, el famoso “pienso, luego existo” de Descartes se
transformaría en “amo, luego el ser es y la vida vale la pena ser vivida”
116
. Reconociendo
que las personas lo son sólo mutuamente (sólo soy persona para otras personas), el
contacto empático supera la visión desencarnada del dualismo –para el cual, el ser
humano es un operador racional unido de manera yuxtapuesta a una máquina-
recuperando al cuerpo como manifestación de la persona entera, tal como señala Edith
Stein, “la empatía es el inmediato conocimiento del otro en su cuerpo. Porque el cuerpo
no es una especie de envoltura accidental de la mente: yo soy mi cuerpo. Y el cuerpo
representado en una pantalla o en una fotografía ya no es cuerpo: no se parece nada aun
cuerpo humano, por la fundamental razón de que no está vivo y ni siquiera es real”
117
.

Por eso, en esta búsqueda de la instauración de la Postmodernidad como Resistencia en
la que se procura la creación de puentes ante los abismos provocados desde la
Modernidad, ha de introducirse necesariamente un nuevo modo de pensar en el que se
pueda dar paso a la superación del dualismo antropológico entre res extensa y res
cogitans. Así, hemos de entender que “el cuerpo no es una herramienta o mercancía más
de la que puedo disponer, no es algo que tengo, sino es algo que soy, como ha destacado
entre otros concienzudamente Gabriel Marcel, a lo largo de toda su obra, y especialmente
en su escrito Etre et avoir. De ahí que no quepa hablar de derechos sobre mi propio
cuerpo, en el sentido de libre disponibilidad, sino un derecho-deber de uso y cuidado
diligente y responsable”
118
.

La recuperación del cuerpo en su carácter unitivo con respecto a la persona entera
implicaría, por otro lado, recuperar la importancia de la experiencia sensible en el
conocimiento, con vistas a la integración de la persona. Siguiendo a Mounier, hemos de
ser conscientes de que ya no es tolerable la postura racionalista o idealista en la que se
pretende reducir la realidad al pensamiento –primero mis ideas y luego intentar que la
realidad se adecue al propio razonamiento- sino que es preciso volver a la noción realista
del conocimiento, que antecede la experiencia y el contacto directo con la realidad: “No
puedo pensar sin ser, ni ser sin mi cuerpo; yo estoy compuesto por él a mí mismo, al
mundo, a los otros; por él escapo a la soledad de un pensamiento que no sería más que
pensamiento de mi pensamiento. Al impedirme ser totalmente transparente a mí mismo,
me arroja sin cesar fuera de mí en la problemática del mundo y las luchas del hombre. Por
la solicitación de los sentidos me lanza al espacio, por su envejecimiento me enseña la
duración, por su muerte me enfrenta con la eternidad. Me hace sentir el peso de la
esclavitud, pero al mismo tiempo está en la raíz de toda conciencia y de toda vida
espiritual. Es el mediador omnipresente de la vida del espíritu”
119
.

116
Cfr BURGOS, Juan Manuel. El Personalismo. P. 63.
117
LLANO, Alejandro. La otra cara de la globalización. Revista “Nuestro Tiempo”. Pamplona, España. 2001.
N. 562. P. 21. Esta judía conversa al catolicismo, también manifiesta que al otro se le debe estimar como una
persona con cuerpo viviente (Leib) a la que debo respetar como otro Yo; de no ser así, se reduce al otro a
Körper, cuyo cuerpo se entiende como una realidad-físico material sin dinamismo, y a la que se puede
manipular. Sólo la empatía –el reconocimiento de su otredad- nos permite apreciar a los otros no sólo como
Körper sino también como Leib. Cfr. ESPARZA, Michel. Op. Cit. P. 69.
118
BALLESTEROS, Jesús. Postmodernidad: decadencia o resistencia. P. 154.
119
MOUNIER, Emmanuel. El personalismo. P. 22.
27
Estas reflexiones del personalista Mounier, nos conducen al ámbito educativo en el que
los profesores universitarios nos encontramos naturalmente inmersos, ya que al recuperar
el cuerpo como algo que soy y no tengo, recobramos también la experiencia como fuente
de conocimiento. De esta manera se podría superar tanto la coerción epistemológica del
metodologismo cartesiano, como la pretensión pragmática consistente en la aniquilación
de la razón, buscando la mediación entre el logos abstracto y la experiencia meramente
sensorial a través de lo que Conill denomina razón experiencial
120
. Este modelo de
enseñanza e investigación habría de caracterizarse por la crítica de la razón impura (es
imposible razonar acertadamente sin la impureza del contacto directo con lo conocido a
través de nuestra sensibilidad), buscando el encuentro con la realidad desde la
experiencia vital; para lo cual argumenta que “no nos encontramos ya siempre sólo, ni
prioritariamente, en la razón reflexivo-formal, o en el diálogo o en la argumentación, sino
que estamos ya siempre y primordialmente en la experiencia”
121
.

Siguiendo con la línea de la sensibilidad, hemos de reconocer que otro abismo
tardomoderno que queda por reparar, es la recuperación de la capacidad de escucha del
otro. No podemos seguir con el acelerado ritmo de vida en el que vemos muchas cosas
pero poca capacidad tenemos para oír a las personas: la sucesión de imágenes
televisivas, informáticas o radiofónicas no pueden ser el punto de referencia para la vida
del hombre del siglo XXI, porque necesitamos del encuentro con los demás. Aprender a
escuchar es aprender a ser persona, porque nos abre los horizontes existenciales a
través de la entrega, mientras que “el primado del ver sobre el oír, del hablar sobre el
escuchar, acaba en indiferencia ante lo otro: la persona que es capaz de ver, pero es
incapaz de oír, es mucho más indiferente que la persona que es capaz de oír pero
incapacitada para ver. Esto es algo característico de la gran ciudad”
122
.

Sin embargo, esta afirmación no pretende ser determinista para los habitantes de las
grandes ciudades sino más bien un llamado a ser conscientes de que podemos caer en la
trampa de la indiferencia, como consecuencia del vertiginoso ritmo de vida y la tendencia
moderna a convertir al otro en imagen. Se trata de ser conscientes de que existe la
posibilidad de vivir volcados en el <<hacer>> olvidándonos del <<ser>>, ante lo cual
siempre se puede rectificar si aprendemos a recuperar el sentido de la distancia.
“Volvamos a valorar la lentitud y el sosiego. Seamos conscientes del lugar que ocupamos
en el mundo. No nos resistiremos a una relación con los demás que se pueda reducir a
las dimensiones de la pantalla. Porque entonces habríamos perdido la capacidad unitiva
de la mirada, que nos abre la intimidad de las personas con las que nos relacionamos”
123
.

De esta manera, si una de las alternativas para superar la mentalidad tardomoderna es la
consideración unitiva del cuerpo y de la mirada, ante la escisión del hombre del siglo XXI
al que le ha costado recuperar las dimensiones relacionadas con la res extensa, aún nos
queda una labor más por emprender: la recuperación del respeto a la naturaleza. En
párrafos anteriores habíamos observado que la mentalidad tecnocrática ve al hombre
fuera y sobre la naturaleza. Sin embargo, el ecologismo personalista aparece como una
solución postmoderna para restablecer la relación armónica con el mundo natural, ya que
es una llamado a recuperar la actitud contemplativa, destacando nuevamente la

120
Esta sería una fórmula que continuaría la tradición filosófica española contemporánea, a la que anteceden
Machado (pensamiento poético), Ortega y Gasset (razón vital), María Zambrano (razón poética), Xavier Zubiri
(razón sintiente), etcétera.
121
CONILL, Jesús; Et. Al. Las terceras vías. P. 158.
122
BALLESTEROS, Jesús. Postmodernidad: decadencia o resistencia. P. 157.
123
LLANO, Alejandro. La otra cara de la globalización. Revista Nuestro Tiempo. Abril 2001. P. 24.
28
importancia de recuperar el sosiego y la intimidad con referencia al otro, en este caso el
mundo natural –y con la persona misma-, lejos de toda mentalidad dominadora. “El
ecologismo personalista “ve al hombre dentro de la naturaleza, dependiendo del resto de
seres, pero al mismo tiempo dotado de una propia excelencia. Excelente, pero dentro de
la naturaleza”
124
.

Asimismo, la Socioeconomía propuesta por Pérez Adán suscita un cambio de mentalidad
orientado hacia el cuidado del otro y de los otros. Ante las tendencias ecológicas actuales
que no dejan de promover el consumismo y se limitan a promulgar leyes
medioambientales regidas por criterios económicos o superficiales, una de sus
preocupaciones es el deterioro ecológico que ha surgido en los últimos años, como
consecuencia de la desvinculación de la tecnología con el medio ambiente y la vida ético-
comunitaria del individuo. Por eso la Socioeconomía propone como uno de los retos de
la globalidad, el intentar “alcanzar un mínimo de acuerdo que debe estar basado en dos
puntos de partida: la necesidad de establecer normas globales, y el carácter que deben
tener las mismas para ser ecológicamente aceptables”
125
, para lo cual habrá que dar el
paso de la ecología mercantil a la ecología integral (
126
):



ECOLOGÍA INTEGRAL ECOLOGÍA MERCANTIL
Un nuevo estilo de vida ecológico; contaminación cero. Quien contamine que pague
Énfasis en los mecanismos de obtención y elaboración de
productos.
Fomento del consumo ilustrado.
Enfoque global: la tierra es de todos. Énfasis en el entorno local: los problemas microecológicos.
Alternativas al capitalismo Hacia una empresa con marketing ecológico en un mercado
receptivo: el capitalismo verde.
Ruptura con el vigente sistema de producción y consumo Autorregulación en el mercado mediante leyes
medioambientales.

La recuperación de la armonía entre el hombre y la naturaleza también ha sido inspirada
por el pensamiento de Octavio Paz, cuando afirma que “no estamos hechos para vivir en
ella (la naturaleza), como ella, sino con ella. Somos, para siempre, los descontentos del
universo. Los que siempre pedimos más. Jamás entenderemos su simplicidad y su fuerza,
porque cuando lo intentamos lo reducimos a un seco, trunco sistema”
127
. Por eso, vale la
pena considerar detenidamente la propuesta paziana en la que se procura la armonía y la
vinculación con la naturaleza, tal como queda reflejado en el poema Hermandad:

Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben.
Sin entender comprendo,
también soy escritura
y en este mismo instante
Alguien me deletrea
128




124
BALLESTEROS, Jesús. Ecologismo Personalista. P. 35.
125
PÉREZ ADÁN, José. Socioeconomía. P. 99.
126
Ibid. P. 102.
127
PAZ, Octavio. Obras Completas. Tomo XIII, Miscelánea I. P. 139-140.
128
PAZ, Octavio. Itinerario. P. 155.
29
Si nos detenemos un poco a contemplar con actitud reflexiva el poema que acabamos de
leer, observaremos que este poeta mexicano no sólo ofrece la vinculación de la persona
con la naturaleza, sino con Alguien más que Le deletrea constantemente. Efectivamente,
parece ser que Paz se reconocía como una criatura más del universo, llamado a
reconocer las diferencias y semejanzas con los demás hombres y seres de la naturaleza.
Para este autor, el universo es –al igual que la poesía- un tejido vivo de afinidades y
contradicciones que se encuentran en armonía a través de de lo que él llamaba
fraternidad cósmica
129
, que no puede darse sino con un Padre común, al que siempre
siguió buscando
130
.

Y es que la recuperación de lo inalienable conduce también a la recuperación de lo
sagrado y lo religioso, lo cual podemos ratificar con el ejemplo de otro promotor de las
metas postmodernas como es Fritz Schumacher, quien afirmaba análogamente que “el
término <<regresar>> al hogar tiene por supuesto una connotación religiosa. Porque
requiere una gran dosis de coraje para decir <<no>> a las modas y a las fascinaciones de
la época y para cuestionar los principios de una civilización que parece destinada a
dominar el mundo”
131
. “El moderno experimento de vivir sin religión ha fracasado y, una
vez que hemos entendido esto, sabemos cuáles son nuestras metas postmodernas”
132
.

Muchas más cuestiones habríamos de plantearnos en el ámbito universitario para ofrecer
a los miembros de nuestro entorno local, nacional e internacional, aquellas vías que nos
puedan conducir a la auténtica felicidad humana en un contexto comunitario. La
Postmodernidad como Resistencia ha sido una propuesta con la que algunos coincidirán y
otros se encontrarán en desacuerdo. Sin embargo, no es el camino de la imposición sin
razón la que se pretende al poner tales reflexiones a nuestro servicio, sino todo lo
contrario: se trata de que a través de la capacidad de diálogo (que implica saber
escuchar) y la empatía (ponernos en el lugar del otro), encontremos de manera conjunta
aquellos puentes que nos conduzcan a la conjunción y la complementariedad. Sólo
queda mencionar que “existe la posibilidad de la decadencia, pero existe también la
posibilidad de la plenitud. La elección entre decadencia y plenitud está en función de la
respuesta a los retos de la sociedad actual. La decadencia supondría la carencia de
vibración ante tales problemas, mientras que la plenitud supone la creatividad, el afrontar
tales retos con sentido de responsabilidad”
133
.

Nuestra misión como universitarios en este siglo de la globalización presenta una
multiplicidad de posibilidades. La cosecha dependerá de nuestra capacidad para abrir
senderos acordes a la dignidad y el bien de las personas concretas que coexisten con
nosotros. En nuestras manos está la tarea de crear una cultura que se encuentre al
servicio de las generaciones futuras, lo cual dependerá de nuestra responsabilidad en el
presente y la gratitud con nuestros antecesores. Confiemos en que vale la pena apostar
por la persona y en las comunidades de vínculos valiosos, porque sólo en este contexto
del sacrificio y la entrega alegre a los demás, será posible encontrar la plenitud humana.

129
PAZ, Octavio. La otra voz. P. 139.
130
Sin embargo, vale la pena evocar el agnosticismo que impregnaba el pensamiento de Octavio Paz, que
podemos apreciar en la siguiente entrevista que le hizo Carlos Castillo Peraza, cuando al preguntarle si se
consideraba a sí mismo como hombre de religión, hombre de Iglesia, respondió: “No lo sé. Mentiría si digo
que lo sé. Yo sigo buscando. Alguien me deletrea...”. CASTILLO Peraza, Carlos. Entrevista: Alguien me
deletrea. Revista “Vuelta”. México, D.F. 1990. N. 162. P. 51 y 52.
131
SCHUMACHER, Fritz. Lo pequeño es hermoso. P. 163.
132
SCHUMACHER, Fritz. Guía para perplejos. P. 198.
133
BALLESTEROS, Jesús. Postmodernidad: decadencia o resistencia. P. 101.
30
Consideraciones finales


I. La época postmoderna que estamos viviendo y cuyo rasgo más sobresaliente es
la globalización, puede entenderse desde la perspectiva de la bipolaridad. Los
rasgos decadentes tienen que ver con la exclusión y la creación de posturas
disyuntivas-dialécticas. La plenitud la encontraremos en la medida que seamos
capaces de resistir ante las rupturas provocadas por el planteamiento
tardomoderno, para trascender hacia la búsqueda de la complementariedad y la
conjunción: la capacidad para crear puentes ante los abismos creados en la
Modernidad.

II. La modernización económica entiende al hombre como un ser que intercambia
mercancías y se preocupa sólo por su lucro individual, potenciando lo visual, lo
cuantitativo y lo disyuntivo. Aparecen entonces los totalitarismos del cientificismo y
el economicismo, con la consecuente primacía del mercado y la economía sobre la
persona misma. Las Terceras Vías aparecen como una alternativa en la que se
consiga conciliar la armonía entre comunidad, estado y mercado; en la medida en
que se ponga la comunidad como piedra basal del orden social.

III. Si el cuantitativismo materialista ha sido hasta ahora el rector de muchas acciones
–económicas, políticas y jurídicas-, la resistencia de este nuevo tiempo habrá de
consistir en recuperar la valoración cualitativa –sobre todo de la persona, que
nunca habrá de ser objeto de cuantificacion- y la capacidad de sosiego. Sólo así
podremos liberarnos profesores universitarios y alumnos, la comunidad entera, del
activismo materialista contemporáneo.

IV. Esto implicará la creación de una cultura universitaria compuesta por personas con
rostro y con nombre, erradicando la masificación de los alumnos. La educación ha
de tener el sentido felicitario correspondiente a las necesidades de nuestros
alumnos, superando el reduccionismo en el que caemos con la mera búsqueda de
adiestramiento de profesionistas para que consigan el éxito y el poder en el futuro.
Para esto, habría que procurar la formación de alumnos de tal modo que sean
capaces de encontrar el sentido de su vida y la unidad vital con la empresa, las
familias que van a formar, la comunidad, sus creencias y el medio ambiente.

V. Ante el dualismo racionalista, se propone un modelo educativo dirigido a la
integración de la persona en el que se potencie –en un ambiente de plena libertad-
la capacidad del alumno para entregarse a los demás (donación como peculiaridad
de la persona que ha de desarrollarse en el entorno universitario). Así, habría que
recuperar la armonía entre los planteamientos disyuntivos acerca del individuo y la
sociedad, entre el espíritu y el cuerpo, entre varón y mujer, Oriente y Occidente,
Norte y Sur, lo público y lo privado; y sobre todo educar a los alumnos para que
puedan integrar la razón y el corazón, incluyendo al cuerpo.

VI. Resulta de especial relevancia el reconocimiento de uno mismo y de los otros
como sujetos y no como objetos. En esta misma línea, la consideración del cuerpo
implicará pasar del cartesianismo –que lo considera objeto de usar y tirar,
herramienta o mercancía- a la aceptación de que cada persona es su cuerpo, el
cual es la vía natural para el encuentro empático con los otros.
31
VII. Una vez que el progresismo ha actuado a espaldas del hombre real en nombre de
la Humanidad, hemos de recuperar a la persona como un ser concreto y no
abstracto, dada la dimensión biográfica que vislumbra la necesidad de arraigo en
el pasado y el presente. De esta manera, es prioritaria la afirmación de la primacía
de la vida y de las personas, ante las estructuras abstractas que ocultan los
rostros humanos en un mundo objetocéntrico donde rige la obsesión por tener
cosas y vivir según la trilogía dinero-poder-éxito.

VIII. La superación del individualismo habrá de consistir en dar el paso de la
concepción de individuo (aislado y desarraigado) para recuperar la noción de
persona (un ser con intimidad y a la vez abierto a los otros). También convendría
propiciar el tránsito de las sociedades anónimas a las comunidades de encuentro,
basadas en la promoción de la unidad dentro de la pluralidad. Ello implicaría un
ambiente dotado de plena libertad, entendida no como desvinculación sino como
interdependencia que clama el ejercicio de la responsabilidad. La búsqueda del
bien liberaría al hombre moderno –a nuestros estudiantes que a veces sólo
buscan el interés- del inmanentismo mimeísta.

IX. Reconocido el etnocentrismo Occidental, las Terceras Vías ofrecen la edificación
de la cultura desde el mestizaje inclusivo, en el que se pase de la relación objeto-
sjeto (yo-cosas) a la de sujeto-sujeto (tú-yo); superando el paternalismo con el
mutualismo. Para llevar a cabo esta tarea, hemos de comenzar creando una
cultura universitaria basada en las virtudes privadas y públicas. Esta sería la
ocasión más excelsa para educar a los alumnos con el ejemplo de una vida
comunidad auténticamente comunitaria y postmoderna.

X. En este contexto, la universidad del siglo XXI se enfrenta hoy ante el gran reto de
ofrecer alternativas para la humanización de la globalización. Los frutos de su
investigación, publicación y cátedra universitaria habrán de ser elementos
generadores de una cultura inclusiva en la que se revisen las propuestas
socioeconómicas para conducirlas hacia el bien de la comunidad. Si la universidad
es capaz de mirar más allá del beneficio del instante, pensando primero en las
personas que forman parte de su comunidad más cercana, esto se verá reflejado
en su participación pública por medio de las líneas de investigación que cada una
ofrece. Vale la pena: las futuras generaciones dependen de nuestra solidaridad
diacrónica.















32
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