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Salud y Adolescencia
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Prof. Lic. Mariana L. Hack

LA ADOLESCENCIA
En el último siglo, la pregunta qué es ser adolescente ha cruzado los ámbitos de la biología y de las ciencias sociales. En
un principio se la consideró una etapa de tránsito entre la niñez y de adultez, de preparación del cuerpo y de la mente
para la vida. En la actualidad, el concepto está enmarcado desde diversas perspectivas que explican un proceso
atravesado por la cultura, que les sucede a personas con historia y subjetividad propia. Esto hace que haya tantas
adolescencias como adolescentes.
Conocemos diferentes expresiones y formas de llamar a quienes transitan la adolescencia, una etapa que genera
discusiones, incluso entre algunos autores, respecto de su duración y las edades que abarca en la vida de una persona.
El período de la adolescencia, su duración y relevancia dependen de cada cultura, el contexto sociocultural y la época
histórica.
Hasta fines del siglo XIX no se reconocía que los adolescentes atravesaran una etapa particular, sino que las personas
pasaban directamente de la niñez a la adultez. Los niños se incorporaban muy tempranamente al mundo del trabajo,
por lo que este período de transición no era percibido como un estado particular del desarrollo.
El reconocimiento de la adolescencia como una etapa con características específicas es reciente en nuestra sociedad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la adolescencia como el período que transcurre entre los 10 y los 19
años, y lo divide en dos fases: la adolescencia temprana de 10 a 14 años, y la adolescencia tardía, desde los 15 hasta los
19 años. La Convención Internacional de los Derechos del Niño considera a la adolescencia como la última etapa de la
niñez, que se extiende desde los 14 a los 18 años.
Algunos autores llaman pubertad a la adolescencia temprana y juventud a la adolescencia tardía, que llega hasta los 24
años, dado que es un período más vinculado con los procesos de interacción social, la búsqueda de la identidad y la
asunción de responsabilidades.
El concepto adolescencia se desprende de adolecere, una palabra latina que significa "carecer de", "que aún no tiene".
Sin embargo, en diversos ámbitos académicos, actualmente se discute si es pertinente seguir utilizando la palabra
"adolescencia" para designar a esta etapa de la vida dado que implica una carencia, denota a un sujeto incompleto.
Esto se opone al pensamiento actual que considera al adolescente como sujeto de derecho y, por lo tanto, se propone
utilizar conceptos como "jóvenes" y "juventud".
Entendemos entonces que el término adolescencia se refiere al período transicional que ocurre entre la niñez y la vida
adulta, pero también a un proceso de maduración en el desarrollo, que involucra enormes cambios físicos, psicológicos,
cognoscitivos y sociales. Como hemos expresado, este concepto de transición es una invención más bien reciente, pues
anteriormente se pasaba a la vida adulta con la pubertad.
Hasta hace unas dos o tres décadas, la adolescencia era considerada como una época de caos interno extremo, de
confusión y agitación, de estrés permanente acompañado de una marcada reactividad emocional, de comportamiento
volátil e impredecible, de separación drástica de los vínculos familiares y de una ruptura severa en el sentido personal
del sí mismo, lo que llevaría a la separación y la autonomía. Todo esto era considerado normal y necesario para llevar a
una vida adulta sana. Sin embargo, actualmente se considera a la adolescencia como un tiempo de reordenación, de
realineación y de transformación que lleva al desarrollo físico y cognoscitivo, a una maduración relacional y a la
diferenciación psicológica, la interdependencia y a una mayor coherencia consigo mismo.


ADOLESCENCIAS EN DIFERENTES CONTEXTOS
Los estudios sobre la adolescencia son muy recientes si consideramos la historia de la humanidad. Según el autor
argentino Guillermo Obiols, se comenzó a reconocer al adolescente y a otorgarle ciertas características a esta etapa de
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la vida en la segunda mitad del siglo XVIII, con la publicación del tratado filosófico sobre la naturaleza del hombre
Emilio, o De la Educación del filósofo suizo Jean Jacques Rousseau (1712-1778). Rousseau la llamó "etapa del segundo
nacimiento" y la delimitó entre los 12 y los 15 años.
En 1914 el psicólogo estadounidense Stanley Hall (1844-1924) describió a la adolescencia en su libro Adolescencia: su
psicología y sus relaciones con la sociología, el sexo, el crimen, la religión y la educación, como una etapa de tempestad,
tumultuosa, llena de estímulos desmedidos y dramas. Este autor tenía una idea trágica del período de vida que dio
lugar al inicio de su estudio y su análisis.
En 1939 la antropóloga estadounidense Margaret Mead (1901-1978) publicó Adolescencia, cultura y sexo en Samoa a
partir de investigaciones realizadas en un viaje que hizo a la isla; en este texto cuestionó la idea de que la adolescencia
fuera un tiempo de crisis y tormentas en todas las culturas. Indagó sobre los signos de turbulencia de los cuales se
hablaba y concluyó que en Samoa los jóvenes no vivenciaban esta etapa como un tiempo de tempestad, pues las
costumbres hacían que se introdujeran de a poco en la vida adulta. El trabajo de Mead sentó las bases para incluir a los
contextos sociales y culturales en el análisis de la adolescencia, dado que los lugares donde una persona vive y se
desarrolla también determinan sus estados de ánimo, relaciones y conductas.
El psicólogo estadounidense Erik Erikson (1902-1994) describió a la adolescencia como una etapa de moratoria social y
de crisis. Una moratoria es un plazo que se otorga para cumplir con un compromiso establecido; por lo tanto, la idea de
moratoria social hace referencia a un período de espera para llegar a la adultez. Desde este punto de vista, quienes
transitan la adolescencia no serían aún sujetos sociales.
Estas ideas continuaron hasta la década de 1960 aproximadamente cuando, por diversas razones sociales y políticas, los
jóvenes comenzaron a ocupar un lugar diferente en la sociedad. Durante las dos guerras mundiales de la primera mitad
del siglo xx, los jóvenes, en su mayoría varones, habían servido a sus naciones y constituían símbolos de fuerza,
determinación, vitalidad y energía; en consecuencia, la generación de posguerra se desarrolló oponiéndose a las
situaciones de violencia, y muchos jóvenes comenzaron a crear espacios propios de lucha y movilización.
Desde el campo de la psicología aún hoy continúan las investigaciones sobre los cambios que se suscitan en esta etapa
de la vida.
En el ámbito académico, el psicólogo y biólogo suizo Jean Piaget (1896-1980) estudió la construcción y el desarrollo de
la inteligencia y, desde el psicoanálisis, el médico vienés Sigmund Freud (1856-1939) nombró a esta etapa como
"período genital”.

LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD
La adolescencia es un momento evolutivo de búsqueda y consecución de la identidad. Si bien la identidad es el
resultado de una multiplicidad de determinaciones y se construye a lo largo de toda la vida, es en la adolescencia
cuando las preguntas por la identidad son más fuertes y constantes; esa búsqueda colabora en el desarrollo del "yo" de
toda persona.
Durante esta etapa, comenzamos a tejer nuestra propia historia personal y empezamos a tomar conciencia de nosotros
mismos, es decir, nos formamos una idea de cómo somos, a partir de los juicios descriptivos y valorativos propios y de
los que surgen de las relaciones con los demás.
Por lo tanto, la identidad no es algo dado sino el resultado de las relaciones sociales, y se define a partir de la
comparación con los demás. Así, aparecen la identificación y la diferenciación, a partir de lo que los otros dicen de
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nosotros y lo que nosotros hacemos con ello. Gran parte de la construcción de la identidad en la juventud se basa en la
confrontación.
La identidad es confianza, comunidad, nombre y pertenencia. No es un concepto unívoco, sino que implica una
relación. En la adolescencia, la identidad tiene que ver con la elección de música, ropa, cortes de cabello, grupo de
referencia y conductas, ya que todos estos son elementos socializadores, mediante los cuales los jóvenes se relacionan
con el resto de la sociedad.

CAMBIOS BIOLÓGICOS Y PSICOLÓGICOS
Durante la adolescencia, es muy común preocuparse por los cambios que se producen en el cuerpo, y esto genera una
gran necesidad de investigar la propia intimidad. En esta etapa aumenta la atención hacia el propio cuerpo y las
comparaciones con los demás.
El desarrollo cognitivo y social influye en la percepción que se tiene acerca de la madurez física. Por eso, pueden surgir
momentos de tensión entre el estado de madurez del cuerpo (algunos maduran precozmente y a otros les lleva más
tiempo) y la propia personalidad.
La confianza en sí mismo y la auto estima facilitan el acostumbramiento al cuerpo en crecimiento y allanan la
incertidumbre de los cambios físicos. El entorno social también afecta a la seguridad y los sentimientos respecto de uno
mismo; si el entorno es positivo y genera contención, los cambios que se producen se asumen con mayor
conocimiento, y con menos prejuicios y sufrimiento.
La pubertad involucra las variaciones físicas que ocurren entre los la y los 16 años, y que transforman el cuerpo infantil
en adulto. Desde el punto de vista biológico, se caracteriza por la adquisición de la madurez genital y la capacidad
funcional de reproducción. Este proceso de transformación física es activado por una serie de mecanismos hormonales
que desencadenan un largo proceso de modificaciones. Todas estas variaciones a nivel biológico van acompañadas por
cambios psicosociológicos que se manifiestan, por ejemplo, en la necesidad de independencia, la tendencia a reunirse
en grupos, los cambios en el estado de ánimo y las contradicciones, la relación conflictiva con los padres debido a la
comparación con ellos, la preocupación por la elección de una profesión o de una ocupación y la necesidad de formular
un proyecto de vida.

LOS DUELOS EN LA ADOLESCENCIA
La palabra "duelo" deriva de dolor, que es un sentimiento que se desencadena ante una situación inevitable. El duelo es
un proceso que está dado por el tiempo en el que una persona atraviesa una pérdida o un dolor que, generalmente,
está relacionado con la muerte.
En la década de 1960, la psicóloga argentina Arminda Aberasturi (1910-1972) estudió los cambios que se desarrollan en
la adolescencia y llamó "duelos" a esos momentos que ya no van a volver y que inauguran una nueva etapa en los
sujetos. Desde la perspectiva psicoanalítica, los duelos son situaciones que se viven a nivel psicológico como pérdidas y
en las que es necesario readaptarse para vivir sin ellas.
Los duelos psicológicos que tienen lugar en la adolescencia son:
• El duelo por el cuerpo infantil: la pubertad marca esta diferenciación, el cuerpo que se tenía de niño o de niña ya no
está y no va a volver. Muchas veces sucede que -inconscientemente- no se reconoce el propio cuerpo y los
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movimientos resultan más torpes. Es común derramar vasos sin querer, no reconocer la propia altura y golpearse la
cabeza, etcétera. Estas situaciones se resuelven a medida que pasa el tiempo y se asumen los cambios.
• El duelo por el rol y la identidad infantil: es frecuente ver que quienes están iniciando su adolescencia realizan
actividades típicamente infantiles como jugar en un subibaja o en una hamaca. De la misma manera, la forma de
resolver problemas puede estar basada en el niño que aún no ha crecido y, por ejemplo, manifestarse con llantos o
caprichos, evitando responsabilidades o buscando consuelo en los padres.
• El duelo por los padres de la infancia: para los niños, los padres lo pueden todo, son sus héroes, los que resuelven los
problemas. El adolescente confronta con los padres, ya no los ve como aquellos que le resuelven las dificultades;
además, por su parte, los padres también les otorgan a los jóvenes la posibilidad de resolver los problemas por sí solos.
Los jóvenes que están creciendo comienzan a ver a sus padres como adultos y reconocen en ellos dificultades que antes
no veían. Los padres de la infancia no van a volver, ahora esos padres son adultos, como otros y como lo que se espera
de ellos mismos.
En las últimas décadas, las características de estos duelos de la adolescencia han generado numerosos debates entre
los especialistas, ya que el propio comportamiento de los adultos fue cambiando en el contexto de la posmodernidad.
En la actualidad, pueden identificarse en los adultos actitudes y conductas propias de los niños y adolescentes, como el
inconformismo, la rebeldía y la falta de compromiso.

LOS JÓVENES Y LOS GRUPOS SOCIALES
La inserción social involucra la participación de un individuo en la sociedad, incorporando a su individualidad las formas
de vida de un grupo determinado o de la sociedad global. En la adolescencia se modifican las relaciones interpersonales
y esto se manifiesta principalmente en el grupo familiar, los amigos y la escuela.

LAS RELACIONES FAMILIARES
La familia es una institución fundamental, ya que es la responsable de incorporar a las nuevas generaciones a la vida
social y juega un rol principal como referente para la adquisición de valores. En la familia se produce la socialización
primaria que, a través del afecto, introduce a los individuos en la cultura.
Durante la adolescencia, la imagen del padre o la madre y el vínculo con ellos se encuentran en plena reestructuración.
Por lo tanto, es propio de esta etapa la aparición de conflictos intergeneracionales que enfrentan a padres e hijos. Los
adolescentes suelen oponerse con argumentos que los adultos no comprenden, se encierran como producto del enojo,
se conectan solo con los amigos y llegan tarde a la casa; pero también, buscan el afecto familiar que garantiza la
estructura y contención necesaria para seguir creciendo.
Transitar la adolescencia es atravesar una crisis personal y esa crisis puede también trasladarse a la relación con los
miembros del entorno.
Por esa razón es tan importante el acompañamiento que se realice desde la familia.

LOS GRUPOS DE PARES
En la formación del adolescente intervienen dos factores importantes: el grupo de pares y el espacio donde se
desarrollan las acciones de los jóvenes.
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Los grupos son redes de contención afectiva y representan espacios de autonomía en los que se experimentan las
primeras búsquedas de independencia. Los amigos acompañan, consolidan relaciones y colaboran en el desarrollo de
los procesos de identificación.
Según el investigador estadounidense Cole Brembeck (1916-1996), "un grupo de pares comprende a personas que
tienen aproximadamente la misma edad. A diferencia de la familia, que mantiene objetivos de largo alcance para el
niño, los intereses del grupo de pares son inmediatos y temporarios. El grupo de pares, aunque no es una institución
establecida en el mismo sentido que la familia, tiene costumbres y una organización. Los roles de los miembros no
están rígidamente definidos y pueden cambiar frecuentemente. En algunos, incluso, puede no estar claro quién es un
miembro y quién no lo es. Los niños van cambiando su participación en grupos de pares a medida que recorren
diferentes etapas de su desarrollo.
Con frecuencia, pertenecen a más de un grupo simultáneamente. Las relaciones de amistad influyen en la construcción
de la identidad que se basa también en las actividades culturales que se eligen.

LOS PROBLEMAS DE SALUD EN LA ADOLESCENCIA
Muchos investigadores se han dedicado a buscar las conexiones entre la salud y el comportamiento de los
adolescentes, tanto en quienes están sanos como en aquellos que padecen alguna enfermedad crónica. A partir de
estos trabajos, la OMS ha determinado que los principales problemas de salud que afectan a este grupo son los
siguientes:
• Salud mental: numerosos problemas de salud mental comienzan en la infancia y se establecen en la adolescencia.
Fortalecer la sociabilidad, la capacidad para resolver problemas y la confianza en sí mismo ayuda a prevenirlos.
• Consumo de sustancias: más allá de las leyes que regulan el uso de sustancias lícitas (tabaco y alcohol) e ilícitas, es
esencial reducir su uso para poder generar condiciones que mejoren la calidad de vida.
Es importante advertir e informar acerca de las consecuencias que las drogas y el alcohol tienen para la salud, y
capacitar a los jóvenes para manejarse emocionalmente ante las presiones de amigos y compañeros.
• Violencia: el desarrollo de programas sociales dirigidos a niños y adolescentes es primordial para disminuir los
comportamientos violentos. El apoyo psicológico y el establecimiento de redes sociales pueden ayudar a reparar los
efectos psicológicos que a largo plazo produce la violencia y reducir la probabilidad de que aparezcan comportamientos
violentos.
• Traumatismos involuntarios: es importante encontrar estrategias que reduzcan los accidentes de tránsito y los
traumatismos que estos provocan. Por ejemplo, mediante el cumplimiento de las normas de tránsito, como respetar la
velocidad permitida, el uso de cinturón de seguridad o casco y realizar controles de alcoholemia y de sustancias
psicoactivas. Por otra parte, es recomendable fomentar medidas que generen un ambiente más seguro, ofreciendo
pautas básicas de primeros auxilios y estrategias que eviten ahogos, caídas y quemaduras.
• Nutrición: la desnutrición y malnutrición en los primeros años de vida produce importantes retrasos en el desarrollo
de la salud física y mental de las personas. Aunque la mejor prevención empieza en la niñez, la adopción de medidas
para mejorar la calidad nutricional también es imprescindible en la adolescencia, ya que requiere principalmente
establecer hábitos saludables relacionados con la buena alimentación. Esto reduce la probabilidad de que, en la
adultez, se produzcan enfermedades producto de la mala nutrición como, por ejemplo, alteraciones crónicas
metabólicas o cardiovasculares.
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• Salud sexual y reproductiva: es necesario fomentar los comportamientos saludables e incluir asesoramiento para que
los adolescentes puedan acceder a los diferentes servicios de salud.

ADOLESCENCIA Y SALUD MENTAL
La salud mental es definida por la Organización Mental de la Salud (OMS) como “no solo la ausencia de trastornos
mentales. Es un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las
tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a
su comunidad”.
Como puede observarse, esta definición apunta hacia un nuevo concepto en donde la visión de la persona se construye
a partir de una red de interacciones donde la salud y la enfermedad se expresan como procesos dinámicos.
Según la Federación Mundial para la Salud Mental, la salud mental tiene que ver con:
 Cómo se siente cada uno consigo mismo.
 Cómo nos relacionamos con los demás.
 Ser capaces de afrontar las exigencias de la vida.

LA SALUD MENTAL EN LA HISTORIA
A lo largo de la historia, las personas que sufrían una enfermedad mental han sido excluidas de la sociedad,
estigmatizadas, "etiquetadas”.
En la Edad Media y el Renacimiento se le daba una explicación religiosa al enfermo, se decía que "estaban poseídos";
"hacían pactos con el demonio como las brujas". Se pensaba que las personas con enfermedades mentales estaban
controladas por las fuerzas del mal.
En el siglo XVII, Descartes dio origen al racionalismo, una corriente filosófica que prioriza el papel de la razón en la
formulación del conocimiento, y a partir de entonces comenzaron a surgir dudas acerca de las causas sobrenaturales.
Apareció la idea del origen orgánico o biológico de una enfermedad, es decir, esta pasó a ser considerada un problema
originado en la mente, en lugar del alma. Esto dio fundamentos a nuevas explicaciones basadas en el origen psicológico
del enfermar.
En 1961, el filósofo francés Michel Foucault (1926-1984) publicó el libro La historia de la locura en la época clásica,
donde clasificó el actuar de la sociedad frente a la enfermedad mental en tres períodos o épocas. Durante la Edad
Media, en el período renacentista o, como él lo llama, del "gran embarco de los locos", las personas con enfermedades
mentales eran excluidas de las ciudades, fuera de los espacios seguros para el resto de la población. En el segundo
período, el clásico o del "gran encierro", que el autor ubica a partir del siglo XVII, es donde aparece la creación de los
manicomios y asilos. En este período se crean instituciones estatales dentro de las ciudades donde se internan a los
enfermos. Sin embargo, no se les brinda ayuda terapéutica, sino que funcionan solo para evitar su presencia en las
calles. Las personas con alteraciones mentales son definidas como incomprensibles, desafiantes y hasta peligrosas para
la sociedad. Más aún, no se diferencia entre el delincuente y el enfermo.
Ya en el siglo XIX, en el tercer período, el moderno o la "ilusión de la liberación pinelaniana de la locura", se observa un
cambio en la actitud del médico y del Estado. El médico francés Philippe Pinel quiso humanizar el tratamiento
intentando descifrar el discurso delirante. Planteó que no toda la locura era originada por factores hereditarios o por
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problemas estructurales en el cerebro, sino que también podía ser adquirida. Además, aportó la idea de que algunas
enfermedades mentales son curables. Sin embargo, el trato a los enfermos continuó asociado a la exclusión social.
En diciembre de 1948, luego de la Segunda Guerra Mundial, la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos constituyó un hito fundamental para el reconocimiento de los derechos de las personas con alteraciones
mentales.


El derecho a la salud mental
La mayoría de los problemas de salud mental ocurren en un contexto de inequidad y exclusión social, y generan en las
personas sentimientos de desesperanza, desconfianza, vergüenza y minusvalía que afectan su capacidad de hacer valer
sus derechos.
En noviembre de 2010, en la Argentina se sancionó la Ley N.O 26.657 de Derecho a la Protección de la Salud Mental
que se funda en las declaraciones internacionales de Caracas (1990) y Brasilia (2005). En estos documentos se propone
salvaguardar la dignidad personal, los derechos humanos y civiles de las personas con sufrimiento mental -dando lugar
a que puedan permanecer en su medio comunitario-, y garantizar esto a través de la conformación de equipos
interdisciplinarios de atención en salud mental. Tiempo después, en 2007, se aprobó en Buenos Aires la Declaración
"Hacia una estrategia de salud para la equidad, basada en la Atención Primaria", que refuerza las anteriores.
La Ley N." 26.657 de Salud Mental establece que se debe partir de la presunción de capacidad de todas las personas. En
ningún caso puede hacerse un diagnóstico en el campo de la salud mental sobre la base exclusiva de la pertenencia a
un grupo cultural, étnico o religioso, o por demandas familiares o laborales.
Tampoco puede diagnosticarse una alteración mental por falta de adecuación a valores morales, sociales, culturales,
políticos o creencias religiosas, por la elección o identidad sexual, o la mera existencia de antecedentes de tratamiento
u hospitalización.
Un diagnóstico positivo en el campo de la salud mental no autoriza en ningún caso a presumir riesgo de daño o
incapacidad y, por otra parte, no considera que el padecimiento mental sea un estado inmodificable.
Las personas que sufren algún problema relacionado con la salud mental tienen derecho a recibir atención sanitaria y
social integral, y humanizada a partir del acceso gratuito, igualitario y equitativo, a conocer y preservar su identidad, a
ser informadas de manera adecuada y comprensible de todo lo relativo a su salud y tratamiento, y ser acompañadas
antes, durante y luego del tratamiento por sus afectos.
En el caso de internación prolongada, sea voluntaria o involuntaria, es necesario supervisar periódicamente que las
condiciones sean adecuadas. Además, el asistido tiene derecho a acceder a sus antecedentes familiares y a su historia
clínica.
Entre las garantías que protegen a las personas con padecimientos mentales se encuentran: no ser identificado ni
discriminado por este motivo; no ser sometido a trabajos forzados. Recibir tratamiento con la alternativa terapéutica
más conveniente, que menos restrinja sus derechos y libertades, promoviendo la integración familiar, laboral y
comunitaria. No ser objeto de investigaciones clínicas ni tratamientos experimentales sin un consentimiento
fehaciente, y recibir un tratamiento personalizado en un ambiente apto con resguardo de su intimidad. En todos los
casos, debe ser reconocido como sujeto de derecho, con el pleno respeto de su vida privada y libertad de
comunicación.
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¿Qué problemas de salud mental tienen los adolescentes?
Muchos problemas de salud mental surgen al término de la infancia y principios de la adolescencia. El hecho de
potenciar la sociabilidad, la capacidad para resolver problemas y la confianza en uno mismo ayuda a prevenir
problemas de salud mental como los trastornos del comportamiento, la ansiedad, la depresión o los trastornos ligados
a la comida, junto con otras conductas de riesgo como las ligadas a la vida sexual, el consumo de sustancias o las
actitudes violentas.
La OMS indica que el 20% de los niños y jóvenes del mundo sufre algún trastorno emocional o de conducta de distinta
intensidad y que, solo una de cada cinco recibe tratamiento.
En un año cualquiera, aproximadamente el 20% de los adolescentes padecen un problema de salud mental, como
depresión o ansiedad. El riesgo se incrementa cuando concurren experiencias de violencia, humillación, disminución de
la estima y pobreza, y el suicidio es una de las principales causas de muerte entre los jóvenes.

El consumo en la adolescencia
La cultura juvenil se desarrolla durante la adolescencia y tiene que ver con los aspectos relacionales de las personas
para aceptarse y ser aceptados por los demás, para descubrir sus gustos, sus necesidades, sentimientos y motivaciones.
Estos aspectos se perciben, por ejemplo, en la identificación con un grupo a través del peinado, la ropa, la música, el
vocabulario o las primeras experiencias sexuales.
La sociedad actual hace del acto de consumir uno de los pilares básicos sobre los que se sustenta la actividad humana y,
como resultado, la valoración de una persona termina pasando más por lo que tiene que por lo que es.
Es así que para muchas personas alcanzar el bienestar implica tener, por ejemplo, un determinado auto, ropa, artículo
tecnológico, o cargo jerárquico en el trabajo.
Esta necesidad de consumir cada vez más es alimentada por los medios audiovisuales.
Un ejemplo de este tipo de incentivo es la publicidad, que tiene como meta principal vender un producto particular y,
para alcanzarla, no informa objetivamente sobre las características de ese producto sino que actúa sobre las
motivaciones, los sentimientos y los pensamientos de las personas.
Además, las series de televisión suelen poner de moda determinados peinados y vestimentas, vocabularios y
expresiones con los que una persona se identifica, en especial en la etapa de la adolescencia, y que definen la actuación
ante un grupo y ante la sociedad.
La comunicación audiovisual, principalmente a través de la televisión e Internet, además de proponer modelos de
personajes o personalidades, también ofrece una visión de- terminada de lo que sucede en el mundo. Conocer estos
mecanismos y analizarlos desde una perspectiva crítica permite comprender mejor los mensajes de los medios de
comunicación y formarse una opinión propia al respecto. Porque si bien es cierto que el consumo cultural en la
juventud incide en la formación y en la construcción de la identidad, son los sujetos, con su historia personal y su
entorno social, quienes utilizan los medios a partir de sus necesidades, como la búsqueda de placer o el
entretenimiento.
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El consumo conlleva formas de ver el mundo que son diferentes en cada cultura e incluso varían de un grupo social a
otro. La identidad colectiva, es decir, el fenómeno que hace que una persona sea identificada como perteneciente a un
determinado grupo social, se construye siempre en relación con el contexto personal, familiar y social.
En otras épocas, los jóvenes se emancipaban a través del trabajo, el estudio y el matrimonio. Hoy en día, algunas de las
vías para hacerlo son el consumo y la conectividad, un mundo que suele resultar ajeno a los padres, donde se requieren
otras competencias y saberes. Las informaciones son fragmentadas y con una continua estimulación que conduce a una
cultura de lo simultáneo y lo inmediato. Este mundo de mayor independencia respecto de los adultos convive con
situaciones que favorecen el consumo, como la escasa comunicación con la familia, la exclusión social, la presión del
mercado, el fácil acceso a drogas legales e ilegales, la falta de oportunidades, y la poca tolerancia a la frustración.

Las adicciones
Frente a los cambios que se viven en la adolescencia, en ocasiones se adoptan conductas de riesgo que ponen en
peligro la propia salud y, a veces, la de los demás. El consumo de drogas puede ser una forma de escape, de sentir y
compartir nuevas sensaciones o la posibilidad de pertenecer a determinados grupos de pares.
Pero no todos los adolescentes consumen sustancias peligrosas, ni todos los que consumen son o serán adictos. Para
que esto ocurra deben presentarse diversos factores de riesgo.
Las conductas adictivas hacen que una persona sea dependiente a determinadas situaciones o diversas sustancias. La
adicción se produce por múltiples factores -biológicos, genéticos, psicológicos, socio culturales y familiares- que
interactúan de una manera muy compleja y que determinan la predisposición y, a su vez, consolidan el proceso llamado
adicción.

Tipos de adicciones
Las adicciones pueden clasificarse según el objeto que las provoca y las conductas que desencadenan.
Las adicciones de la conducta incluyen la adicción al juego, al sexo, al trabajo, a la limpieza, a la televisión, a los
videojuegos, a Internet, a un equipo deportivo, al dinero, al poder, entre otras.
Las adicciones de ingestión involucran el consumo de sustancias químicas (medicamentos, alcohol, nicotina, marihuana,
cocaína, etc.) y de comida.
Una adicción que comenzó a registrarse en los últimos años es el uso inmoderado del teléfono celular, que puede
contribuir a desarrollar actitudes de dispersión y ansiedad. En general se detecta en personas jóvenes que desean tener
siempre la última versión tecnológica para mejorar su auto estima y que hablan por teléfono continuamente para evitar
ratos de silencio o de soledad.
Características de las drogas
La OMS considera una droga a toda sustancia que, introducida en el organismo, puede modificar una o varias de sus
funciones. De acuerdo con esta definición, no es correcta la tan utilizada expresión "el alcohol, el tabaco y las drogas",
ya que el alcohol y la nicotina del tabaco también son drogas.
En general, se define a las drogas como sustancias que actúan sobre el sistema nervioso central. Esto es cierto para las
drogas denominadas psicoactivas, como el alcohol o la marihuana, que ejercen una acción directa o indirecta sobre el
sistema nervioso central y actúan sobre la actividad cerebral y el comportamiento psicológico del individuo. Sin
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embargo, esta definición no se aplica a los fármacos que tienen otras funciones, como por ejemplo los antibióticos,
drogas que actúan sobre las bacterias patógenas y no tienen ninguna relación con el funcionamiento del sistema
nervioso.
Los medicamentos son drogas preparadas con una dosis o concentración establecida y presentados de una
determinada manera para su distribución y comercialización. La Farmacopea Nacional Argentina -el código oficial que
reúne toda la información sobre los fármacos que se utilizan en nuestro país- define al medicamento como "una droga
o preparado de drogas que se administra con fines terapéuticos”.

Clasificación de las drogas psicotrópicas
Las drogas psicoactivas o psicotrópicas se clasifican según su efecto.
• Los estimulantes son drogas que, como su nombre lo indica, estimulan al sistema nervioso central. Actúan sobre
receptores específicos de las membranas plasmáticas de las neuronas favoreciendo la actividad de los
neurotransmisores. Algunos ejemplos de estas drogas son: la nicotina, la cocaína, las anfetaminas, el éxtasis y las
xantinas como la cafeína.
• Los depresores son sustancias que enlentecen o inhiben al sistema nervioso central: inducen el sueño, disminuyen la
ansiedad, y producen efecto anestésico o analgésico. El alcohol etílico, los barbitúricos, los solventes volátiles
(pegamento de contacto), el opio y sus derivados como la morfina y la heroína, y la ketamina son ejemplos de este tipo
de drogas.
• Las drogas alucinógenas se caracterizan por producir distorsiones en la percepción de la realidad como las
alucinaciones visuales, auditivas o táctiles. Además producen sinestesia, es decir, la distorsión en la percepción de los
sentidos como por ejemplo "oír los colores" o "ver la música”. Además pueden producir pérdida de la noción del
tiempo y del espacio, y la sensación de "flotar”. Ejemplos de estas drogas son la marihuana y el hachís, el LSD o ácido
lisérgico, la psilocibina, el cucumelo y la mescalina del peyote.

Formas de consumo
El uso, el abuso y la dependencia son las tres formas de consumo de drogas.
Se denomina uso cuando una persona prueba o consume esporádicamente, sin ninguna regularidad en tiempo o
espacio. Por ejemplo, tomar medicamentos con prescripción médica o beber un vaso de vino.
El abuso se produce cuando existe una frecuencia en el consumo, representa una actividad sistemática situada en
tiempo y lugar. La persona sabe que en determinado momento o lugar consumirá esa sustancia. Por ejemplo, cuando el
consumo se realiza antes de ir a bailar para "animarse y pasada bien”, o cuando se consumen varias drogas psicoactivas
a la vez.
La dependencia o adicción ocurre cuando la persona no puede dejar de consumir ya que siente deseos compulsivos de
tener la conducta o tomar la droga para experimentar sus efectos y evitar el síndrome de la abstinencia, es decir, el
malestar de la privación. En el caso de personas adictas, el síndrome de abstinencia se manifiesta de diferentes
maneras frente a la falta de la sustancia. En el caso del alcohol se denomina delirium tremens y el síntoma distintivo es
el temblor en las manos.
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A fines del año 1966, un comité de expertos de la OMS recomendó sustituir los términos "toxicomanía" y "hábito" por
el de "dependencia". Así, queda más claro que no todas las personas que usan o abusan de una droga dearrollan
dependencia, ya que se requiere de múltiples factores para que esto ocurra.

Factores de riesgo que influyen en la dependencia
Para que exista dependencia o adicción deben combinarse varios factores: los antecedentes, los condicionantes y los
desencadenantes.
• Antecedentes: están determinados por la historia personal del individuo. Se relacionan con la estructura psicológica
como, por ejemplo, problemas de identidad, baja autoestima, insatisfacción con el estado físico, y con predisposiciones
genéticas o antecedentes familiares de adicción. También influye la identificación con modelos negativos y la visión
negativa de la vida: ausencia de intereses o proyectos, incapacidad de tolerar los límites y las frustraciones.
• Condicionantes: estos factores se establecen con el medio sociocultural, por ejemplo con la familia por situaciones de
abuso, violencia o abandono; con el grupo de pares, la escuela o el club, en donde pueda existir escasa comunicación,
ausencia de estímulos, sobreexigencia, etcétera.
• Desencadenantes: se generan a partir de situaciones límite, por ejemplo, la pérdida de un familiar querido, la
separación de los padres, un accidente con secuelas permanentes, o la pérdida de la escolaridad, entre otros.
Por otra parte, existen dos tipos diferentes de dependencia: la física y la psíquica. En la dependencia física se genera un
estado de adaptación y se manifiestan trastornos biológicos intensos cuando se interrumpe la administración de la
droga. Estos trastornos dependen de qué droga se haya consumido y constituyen lo que se conoce como síndrome de
abstinencia. La dependencia psíquica se manifiesta cuando existe un sentimiento de satisfacción o un impulso psíquico
para producir el placer o evitar el malestar.
A la adaptación del organismo a una droga se la denomina tolerancia. La consecuencia de este mecanismo es que el
individuo debe consumir una dosis mayor para obtener la misma respuesta que en los inicios del consumo. La
tolerancia cruzada se genera cuando una persona que depende de una droga, desarrolla tolerancia con otra sustancia
similar. Por ejemplo, las personas dependientes de la heroína desarrollan tolerancia a la morfina, o las personas adictas
al alcohol poseen tolerancia a los barbitúricos.
Algunos síntomas externos que pueden ser indicadores de una posible dependencia a las drogas son:
• Los relacionados con la conducta, como el cambio de actitudes, el desinterés por cosas que antes sí eran importantes,
los estados de aburrimiento que luego se transforman en nerviosismo y angustia, la aparente madurez repentina.
También el retraimiento y la búsqueda de soledad, y el rechazo a caricias o mimos habituales.
• En cuanto a los entornos sociales, se producen cambios en las amistades y ausencias injustificadas en la casa, la
escuela o el trabajo.
• A nivel biológico se genera somnolencia excesiva, adelgazamiento y disminución en el rendimiento escolar o en otras
actividades.
Para evitar caer en una adicción o para intentar salir de esta, es muy importante darle importancia a los indicios y no
huir del problema; no esperar a ver si las cosas se solucionan por sí solas como tampoco echarse la culpa de lo que
sucede. Por otro lado, si conocemos a alguien que pueda estar teniendo este tipo de dificultad es imprescindible no
darle la espalda ni enojarnos, pero tampoco ser cómplices del problema.
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Los factores de protección
Existen factores, llamados de protección, que inciden positivamente en la persona. Entre estos se encuentran el
desarrollo individual y las redes sociales que involucran:
• La identidad, la manera de ser y de sentir cuya construcción surge a partir de las experiencias a lo largo de la vida.
• La autoestima, es decir, la valoración personal, que influye positivamente cuando es alta. Los sentimientos positivos
sobre uno mismo dan fuerza para actuar y enfrentar las situaciones problemáticas y los conflictos.
• El autocuidado, que existe cuando la persona se valora, se quiere y toma decisiones saludables sobre su persona y las
personas que la rodean.
• La tolerancia a la frustración, es decir, la comprensión y aceptación del error; entender que en la vida no siempre las
circunstancias se resuelven con éxito.
También involucra aspectos como ser asertivo, es decir, saber expresar de manera clara y adecuada las necesidades, los
pensamientos y los sentimientos. Además, influye la capacidad de analizar críticamente cada situación y resolverla de
manera efectiva sin verse manipulado por otras personas.
La problemática del consumo de drogas psicotrópicas ha dejado de ser un problema individual y ha pasado a ser un
problema social de consumo.
En una sociedad en la cual el éxito transita por "tener más" para "ser mejor'; en el consumo de sustancias se encuentra
instalada esta misma idea.
El rol de la familia, la escuela y el Estado es fundamental para guiar, educar y prevenir acerca de las dudas o
incertidumbres de qué, cómo y cuánto consumir.
La sociedad es un factor de protección importante, siempre que los adultos asuman su rol de protectores y
responsables en el crecimiento saludable de los niños y adolescentes. Lamentablemente, en muchas ocasiones existe
una indiferencia, un dejar hacer, frente a prácticas riesgosas para la salud. Por ejemplo, es muy frecuente que no haya
ningún adulto en la casa al momento de realizar "la previa”. En una estructura familiar donde ambos padres trabajan y
están muchas horas fuera del hogar, es importante que no se desliguen de su responsabilidad en cuanto a la protección
y el acompañamiento de sus hijos.

Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA)
Los Trastornos de la Conducta Alimentaria son fenómenos muy complejos, que están determinados por múltiples
causas. Los factores que influyen en el desarrollo de este tipo de enfermedad y que, al mismo tiempo, están
interrelacionados, son los siguientes.
• Los factores individuales: aparecen problemáticas relacionadas con los ideales, los afectos, la organización de la
personalidad y su vulnerabilidad. Además, intervienen factores del desarrollo.
• Los factores familiares: pueden surgir problemáticas por la identificación con un familiar que tiene algún tipo de
afinidad sintomática (es decir, un familiar que tenga algún TCA) o por la tendencia a procesar somáticamente (o sea, a
través del cuerpo) los conflictos. Muchas veces las situaciones de tensión familiar terminan afectando campos como el
de la alimentación, por ejemplo aquellas familias en las que surgen peleas a la hora de la comida y eso provoca que
disminuya el interés o las ganas de comer o que se coma con un sentimiento de angustia o enojo. La comida termina
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resultando un factor angustiante y se puede desarrollar un TCA cuando, en realidad, el factor específico es la crisis y los
problemas familiares que se manifiestan en mayor medida durante las comidas.
Las familias sobreprotectoras y exigentes, con grandes expectativas de éxito, pueden favorecer el desarrollo de un TCA.
• Los factores socio culturales: las características de la cultura son determinantes para la aparición de este tipo de
trastornos. Los factores socio culturales están relacionados con los ideales representados por la sociedad, con el éxito y
con la presión sobre determinadas características del cuerpo. Los medios de comunicación y la publicidad, por ejemplo,
asocian lo bello con lo bueno: los personajes exitosos y populares tienen cuerpos perfectos.
Es muy difícil que uno de estos factores de manera aislada sea capaz de generar este tipo de enfermedad. Para que se
desarrolle un TCA tiene que haber algún tipo de problemática individual enlazada con una problemática familiar y, a su
vez, relacionada con conflictos o presiones socioculturales.
Los trastornos de la conducta alimentaria son consecuencia de una profunda insatisfacción con el cuerpo y derivan de
lo que es percibido respecto de la imagen corporal.
En general, son problemáticas que se desarrollan en la adolescencia y que están relacionadas con el comienzo de la
sexualidad y con las transformaciones que ocurren en el cuerpo en esa etapa de la vida.
Es en la adolescencia en donde aparece la tensión entre "lo que somos" y aquello que "deseamos ser”. El 90% de los
TCA se da en mujeres y el 10% en varones. Una de las explicaciones de este hecho es que las transformaciones en el
cuerpo de la mujer son un factor que predispone para este tipo de trastorno.
En general son problemas que se sufren en silencio, se los oculta y se los padece en soledad.