Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de Teología
Siete Sacramentos
Tema: Reflexión sobre, LEÓN Y FRANCIA, Pedro. "Un nuevo laicado para un nuevo
siglo". En: Seminarios, Vol. XLVII, N°159 (Ene.-Mar., 2001); p.19-33.
Estudiante: Emiro Ruiz González. 27-03-2014



“Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies,
vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.”
1


Asistimos a un momento de la historia en el cual los paradigmas que rigieron el mundo
durante siglos, han entrado en una crisis profunda. Este momento de crecimiento y de
evolución en la sociedad humana no es ajeno al vínculo especial y al camino común de la
Iglesia y el ser humano.

Somos parte de la Iglesia los cristianos que nos sentimos comprometidos con ella y que
luchamos porque cada día sea una construcción de vida y de comunión para todos. Por lo
tanto debemos tener en cuenta que “no hay Iglesia sin laicado y que en la propia Institución
eclesial hay una unidad de misión y diversidad de funciones”
2
. La crisis de la
contemporaneidad también se ha desarrollado en los ámbitos de la Iglesia. El problema del
papel del laico en la Iglesia se presenta dentro del todo un panorama de distintas crisis en
todos los niveles sociales.

El problema de la jerarquía eclesial raya con el nuevo concepto de libertad que desde la
revolución francesa ronda en los pensamientos del ser humano. La búsqueda de la dignidad
pasa por este tamiz, esta puesta en balanza, que sin duda pone de manifiesto la necesidad de
un cabio en las relaciones de los fieles que profesamos la fe en Cristo, ya seamos ministros
ordenados, laicos o religiosos. El laico no es solo un elemento pasivo dentro de las
dinámicas de la Iglesia, más bien “es un experto en humanidad que debe desarrollar el

1
Jn. 13, 14
2
LEÓN Y FRANCIA, Pedro. "Un nuevo laicado para un nuevo siglo". Seminarios, Vol. XLVII, N°159 (Ene.-Mar.,
2001), 3.
proyecto de Dios en el mundo”
3
, está llamado a extender ese Reino de justicia y paz que se
nos es propuesto.

El gran reto que tenemos todos juntos como miembros de una misma iglesia no es solo
desde una perspectiva “ad intra”, sino que se presenta como una forma de propuesta ante el
mundo que está cada día más en un proceso acelerado secularización. La necesidad de
ejercer la “potestad” del bautizado, que se traduce en compasión, ayuda mutua, entrega
desinteresada hacia el otro y comprensión de las realidades actuales en “la tarea
evangelizadora que a todos los cristianos nos está encomendada por el Bautismo”
4
, nos
debería mover a encontrarnos con el mundo, a hacer patente nuestra propuesta de
seguimiento de Cristo en favor de un mundo más humano.
Tenemos que examinar cuáles son nuestras responsabilidades evangelizadoras y en
qué campos vamos a desplegarlas. Ante todo y con carácter general, hemos de
mostrar una coherencia lo más honrada posible entre lo que decimos creer y defender
y nuestra actuación en la dura realidad.
5


Hay que despertar de este letargo anquilosado de institucionalidad y dejar actuar al Espíritu
que nos guía y sabe lo que Dios quiere de nosotros y ayuda a que nuestra facultades sean
potenciadas, “tenemos que vivir la fe en el escenario del pueblo, allí donde Dios se hace
presente en los seres humanos creados a su imagen y semejanza”
6
, por lo tanto es necesario
que los ministerios eclesiales se conviertan en verdaderos servicios mutuos que se prestan
entre sí los hijos de Dios para acompañarse y brindarse un amor fraternal indiscriminado.




3
Ibíd. 2.
4
Ibíd. 1.
5
Ibíd. 4.
6
Ibíd. 11.