Sigmund Freud

LA NEGACIÓN
Die Verneinung, en alemán el original, Imago, 11 (3), 217-21, 1925.
Ensayo CX!".

La forma en que nuestros pacientes producen sus asociaciones espontáneas en el
curso de la labor analítica nos procura ocasión de interesantes observaciones. “Va
usted a creer ahora que quiero decir algo ofensivo para usted, pero le aseguro que no
es tal mi intención”. En semeante manifestación del sueto vemos la repulsa, por
medio de una pro!ección sobre nuestra persona, de una asociación emergente en
aquel momento. "# “$e pregunta usted qui%n puede ser esa persona de mi sue&o. $i
madre, desde luego, no”. ' nosotros rectificamos# “(e trata seguramente de la
madre”. En la interpretación nos tomamos la libertad de prescindir de la negación !
acoger tan sólo el contenido estricto de las asociaciones. Es como si el paciente
hubiera dicho# “) la persona de mi sue&o he asociado realmente la de mi madre, pero
me disgusta dar por buena tal asociación”.
En ocasiones nos es dado lograr mu! cómodamente la aclaración buscada de lo
inconsciente reprimido. *reguntamos# “+,u% es lo que le parece a usted más
inverosímil de la situación de que tratamos- +,u% es lo que le pareció más e.tra&o !
aeno a usted-”. (i el paciente cae en el la/o ! designa aquello que más increíble le
parece, habrá contestado con ello, casi siempre, la verdad buscada. 0n acabado
paralelo de este e.perimento surge frecuentemente en el análisis de los neuróticos
obsesivos que han sido !a iniciados en la comprensión de sus síntomas. “1e tenido
una nueva idea obsesiva ! en el acto se me ha ocurrido que podía significar tal ! tal
cosa. *ero no es posible que así sea, pues entonces no podría hab%rseme ocurrido”.
)quello que el sueto recha/a con esta motivación, tomada de las e.plicaciones
recibidas durante la cura, es, naturalmente, el verdadero sentido de la nueva
representación obsesiva.
El contenido de una imagen o un pensamiento reprimidos pueden, pues, abrirse paso
hasta la conciencia, bao la condición de ser negados. La negación es una forma de
percatación de lo reprimido2 en realidad, supone !a un al/amiento de la represión,
aunque no, desde luego, una aceptación de lo reprimido. Vemos cómo la función
intelectual se separa en este punto del proceso afectivo. 3on a!uda de la negación se
anula una de las consecuencias del proceso represivo# la de que su contenido de
representación no logre acceso a la conciencia. 4e lo cual resulta una especie de
aceptación intelectual de lo reprimido, en tanto que subsiste a5n lo esencial de la
represión678 En el curso de la labor analítica creamos muchas veces una variante
importantísima ! harto singular de esta situación. 3onseguimos vencer tambi%n la
negación e imponer una plena aceptación intelectual de lo reprimido, pero sin que
ello traiga consigo la renovación del proceso represivo mismo.
4ado que la misión de la función intelectual del uicio es negar o afirmar contenidos
ideológicos, las consideraciones que preceden nos conducen al origen psicológico de
esta función. 9egar algo en nuestro uicio equivale, en el fondo, a decir# “Esto es algo
que me gustaría reprimir”. El enuiciamiento es el sustitutivo intelectual de la
represión, ! su “no”, un signo distintivo de la misma, un certificado de origen, algo
así como el made in Germany. *or medio del símbolo de la negación se liberta el
pensamiento de las restricciones de la represión ! se enriquece con elementos de los
que no puede prescindir para su función. La función del uicio ha de tomar,
esencialmente, dos decisiones. 1a de atribuir o negar a una cosa una cualidad ! ha de
conceder o negar a una imagen la e.istencia en la realidad. La cualidad sobre la que
ha de decidir pudo ser, originalmente, buena o mala, 5til o nociva. " dicho en el
lenguae de los impulsos instintivos orales más primitivos# “Esto lo comer%” o “lo
escupir%”. ' en una transposición más amplia# “Esto lo introducir% en mí” ! “esto lo
e.cluir% de mí”. " sea# “4ebe estar dentro de mí” o “fuera de mí”. El !o primitivo,
regido por el principio del placer, quiere intro!ectarse todo lo bueno ! e.pulsar de sí
todo lo malo. Lo malo, lo aeno al !o ! lo e.terior son para %l, en un principio,
id%nticos6:8.
La otra decisión de la función del uicio, la referente a la e.istencia real de un obeto
imaginado ;test de realidad<, es un inter%s del !o real definitivo, que se desarrolla
partiendo del !o inicial regido por el principio del placer. 9o se trata !a de si algo
percibido ;un obeto< ha de ser o no acogido en el !o, sino de si algo e.istente en el
!o como imagen puede ser tambi%n vuelto a hallar en la percepción ;realidad<. 3omo
puede verse, es %sta, de nuevo, una cuestión de lo e.terior ! lo interior. Lo irreal,
simplemente imaginado, subetivo, e.iste sólo dentro2 lo otro, real, e.iste tambi%n
fuera. En esta etapa del desarrollo ha deado !a de tenerse en cuenta el principio del
placer. La e.periencia ha ense&ado que lo importante no es sólo que una cosa ;obeto
de satisfacción< posea la cualidad “buena” !, por tanto, que merece ser incorporada
dentro del !o, sino tambi%n que e.ista en el mundo e.terior, de modo que pueda uno
apoderarse de ella en caso necesario. *ara comprender este progreso hemos de
recordar que todas las imágenes proceden de percepciones ! son repeticiones de las
mismas. )sí, pues, originalmente, la e.istencia de una imagen es !a una garantía de
la realidad de lo representado. La antítesis entre lo subetivo ! lo obetivo no e.iste en
un principio. (e constitu!e luego por cuanto el pensamiento posee la facultad de
hacer de nuevo presente, por reproducción en la imagen, algo una ve/ percibido, sin
que el obeto tenga que continuar e.istiendo fuera. La primera ! más inmediata
finalidad del e.amen de la realidad no es, pues, hallar en la percepción real un obeto
correspondiente al imaginado, sino volver a encontrarlo, convencerse de que a5n
e.iste. "tra aportación a la separación entre lo subetivo ! lo obetivo proviene de una
distinta facultad del pensamiento. La reproducción de una percepción como imagen
no es siempre su repetición e.acta ! fiel, puede estar modificada por omisiones !
alterada por la fusión de distintos elementos. El e.amen de la realidad debe entonces
comprobar hasta dónde alcan/an tales deformaciones. *ero descubrimos, como
condición del desarrollo del e.amen de la realidad, la p%rdida de obetos que un día
procuraron una satisfacción real.
El uicio es el acto intelectual que decide la elección de la acción motora, pone
t%rmino al apla/amiento debido al pensamiento ! conduce del pensamiento a la
acción. =ambi%n del apla/amiento, debido al pensamiento, hemos tratado en otro
lugar. 4ebe considerarse como un acto de prueba, como un tanteo motor, con
peque&as descargas psíquicas. >efle.ionemos# +4ónde llevó antes acabo el yo un tal
tanteo- +En qu% lugar aprendió la t%cnica que ahora emplea en los procesos del
pensamiento- Ello sucedió en el e.tremo sensorial del aparato psíquico, en las
percepciones sensoriales. (eg5n nuestras hipótesis, la percepción no es un proceso
puramente pasivo2 el yo envía periódicamente al sistema de la percepción peque&as
cargas psíquicas, por medio de las cuales prueba los estímulos e.teriores,
retra!%ndose de nuevo despu%s de cada uno de estos avances de tanteo.
El estudio del uicio nos procura, qui/á por ve/ primera, un atisbo de la g%nesis de
una función intelectual surgida del dinamismo de los impulsos instintivos primarios.
El uicio es la evolución adecuada del proceso primitivo por el cual el !o incorporaba
cosas en su interior o las e.pulsaba fuera de sí, de acuerdo al principio del placer. (u
polari/ación parece corresponder a la antítesis de los dos grupos de instintos por
nosotros supuestos. La afirmación ? como sustitutivo de la unión ? pertenece al Eros2
la negación ? consecuencia de la e.pulsión ? pertenece al instinto de destrucción. El
negativismo de algunos psicóticos debe, probablemente, interpretarse como signo de
la defusión de los instintos, por retracción de los componentes libidinosos. )hora
bien, la función del uicio se hace posible por la creación del símbolo de la negación
que permite al pensamiento un primer grado de independencia de los resultados de la
represión ! con ello tambi%n de la compulsión del principio del placer.
3on esta teoría de la negación armoni/a perfectamente el hecho de que en el análisis
no hallemos ning5n “no” procedente de lo inconsciente, así como el de que el
reconocimiento de lo inconsciente por parte del !o se manifieste por medio de una
fórmula negativa. La prueba más rotunda de que un análisis ha llegado al
descubrimiento de lo inconsciente es que el anali/ado reaccione al mismo tiempo con
las palabras# “En eso no he pensado amás”.

Traducción: L. López-Ballesteros.

[1] ;9ota 7@@A del original< El mismo proceso !ace en la base de la corriente superstición que
actarse es peligroso. B,u% estupendo es no haber tenido por tanto tiempo uno de mis dolores de
cabe/aC *ero, en verdad, es esta e.clamación el primer anuncio de un ataque, cu!a cercanía !a la
presiente el sueto, aunque se muestra reacio a creerlo.
[2];9ota 7@@@ del original< Ver los comentarios en Los instintos y sus destinos ;7D7A<.