“El desarrollo de una especie animal no va más allá del desarrollo de su

tipo físico, de sus características anatómicas, fsiológicas, pero el
hombre después de haber completado su desarrollo como especie
biológica sigue cambiando y aun desarrollándose. Comparte una ona
biológica con el animal y otra !ue es e"clusivamente humana.# $Erich
%ahler
De las ruinas de los conceptos de la humanidad e historia
surgió una literatura nueva que puede llamarse
antropología moral. Su tema es éste: ¿Qué es el hombre y
cuál es su unción! "na pregunta tras de la cual hay otras:
¿#$iste una cualidad humana! % ¿desarrollarán los
hombres &en el supuesto de que sean una especie de
animales más desarrollada' cualidades animales cada ve(
más perectas! ¿#stán ligados los hombres unos a otros por
los la(os que supuso la cristiandad) o por una naturale(a
humana com*n) o debe negarse o ignorarse a ambos) y
deben los hombres &al no creerse atados más que por los
la(os que ellos mismos han hecho' romper aquellas
ligaduras y con ellas su civili(ación! ¿#s cosa de que se
vaya todo al diablo!
#ste es el problema medular de la catástroe actual. #s la
cuestión que e$plica la causa de la guerra en todos sus
aspectos: militar) político)
económico e intelectual. +o e$iste otro problema tan
urgente ni tan aterrador como éste) que aecte tan en lo
vivo a todo hombre) aun
cuando no se da cuenta de ello en el discurrir de su vida
diaria. +o es n problema que planteen sólo los eruditos y
los intelectuales) ni que se
plantee sólo a ellos) sino que de él depende la vida de la
humanidad. , cuando volvemos los o-os hacia el pasado de
ésta en busca de respuesta) escudri.amos el uturo del
hombre.
¿Qué es lo humano?
/isto a la lu( de este problema undamental 0 ¿Qué es el
hombre y cual es su unción! 1 la historia no se ocupa de
las sucesivas luchas por el poder) ni de la suma de
UNIDAD 5: EL HOMBRE
&'() E* +, -(./0,1 Erich %ahler
Libro: Hisoria Uni!ersal "el
Hombre
E"iorial: #on"o "e $ulura
E%on&mi%a
Lu'ar: Mé(i%o
2iencias
3umanas
45"D 6 "+2 6 789:
desarrollos de los hombres en determinados campos) sino
del desarrollo de un organismos especí;co) es ser humano)
de determinada cualidad) la cualidad del sur humano.
<rimero debemos preguntar si e$iste una distinción clara
entre el hombre y el animal ¿tiene el hombre alguna
característica especial! Si hay alguna que haga humano al
hombre) esta no nació s*bitamente) sino) al igual de todo lo
que tiene relación con la materia viva) en el curso de un
largo desarrollo. <ero hay un aspecto en el que todo el
mundo reconocerá que el hombre se dierencia del animal.
#l desarrollo de una especie animal no va más allá del
desarrollo de su tipo ísico) de sus características
anatómicas) ;siológicas y biológicas. <ero el hombre)
después de haber completado su desarrollo como especie
biológica) sigue cambiando y a*n desarrollándose= pues
debe admitirse que el cambio desde el hombre de
+eandertal hasta Dante y Sha>espeare) no puede por
menos de ser una clase de desarrollo. 5sí) pues) el hombre
se desarrolla en dos (onas) la biológica) que comparte con
el animal) y en otra que es e$clusivamente humana. De
modo que buscar una cualidad humana especí;ca es lo
mismo que buscar lo que se desarrolla en esta nueva (ona
1 la de la historia.
Si encontramos lo que buscamos) si los hechos de la
historia se pueden interpretar como el desarrollo de una
cualidad humana especí;ca) entonces la historia) a su ve()
cobra coherencia y signi;cado. , si esto es así) si la
historia demuestra que el hombre tiene una naturale(a
com*n) entonces las normas de unidad que se
desarrollaron en el curso de la historia humana no son
abstracciones impuestas de manera arbitraria) uera de la
realidad humana y contrarias a la naturale(a del hombre)
sino inherentes a la e$istencia de una cualidad humana
com*n) y por tanto tiene una valide( orgánica que se
origina en la constitución básica del hombre.
3asta hoy la pregunta ¿qué es el hombre! 3abía recibido
tres clases de respuestas: la teológica) la racionalista &o
idealista' y la biológica &o naturalista'. ?a primera) la teoría
teológica) considera al ser humano desde el punto de vista
de su origen divino. #l hombre es una criatura de Dios
hecha a su imagen y seme-an(a= es en parte material y en
parte espiritual. #n esto reside su carácter de pecador y) al
mismo tiempo) su capacidad) concedida por Dios) para
alcan(ar la salvación por la voluntad y la gracia. ?a historia
del hombre es la historia de la preparación del hombre para
la salvación. 5sí) para esta doctrina) la e$istencia de una
cualidad característica del hombre) lo mismo que la lógica
de la historia humana) están uera de toda duda. <ero se
interpreta a ambos desde uera) arrancando de la premisa
de la e$istencia de Dios) que está comprobada por
revelación.
Durante toda la #dad @edia nadie puso en duda la valide(
de la teoría cristiana del hombre) y desde entonces la han
deendido con dierentes versiones pensadores católicos y
protestantes) de los cuales) en la *ltima década) el más
brillante entre los católicos ha sido Aheodor 3aec>er) en su
libro ¿qué es el hombre!) y entre los protestantes Beinhold
+iebuhr en ?a naturale(a y el destino del hombre.
?a segunda teoría) la racionalista) tiene su origen en la
opinión griega romana sobre el hombre) que adoptó una
orma nueva a partir del Benacimiento. #sta teoría ve en la
ra(ón la característica especí;ca del hombre) ya sea una
ra(ón CespeculativaD) es decir) puramente teórica y
desinteresada) como en la obra de 5lred Ehitehead) o
CpragmáticaD &preocupada por ;nes prácticos y hacia
éstos') como a;rma) por e-emplo) Fohn DeGey) o el
CespírituD de la ;losoía idealista alemana que hace
equivalentes al espíritu de la ra(ón. Seg*n la teoría
racionalista) la ra(ón es virtud y orgullo del hombre. #s
idéntica a derecho y bien) y por lo tanto la historia humana
aparece como un progreso rectilíneo o dialéctico hacia una
meta pre;-ada: el reinado y el pereccionamiento de la
ra(ón. #n esta teoría la ra(ón ha tomado) de hecho) la
cualidad absoluta y providencial de Dios.
?a tercera teoría) la biológica o naturalista) considera al ser
humano en cuanto a su origen natural) es decir) como una
etapa de la evolución gradual de la naturale(a orgánica.
Seg*n esta opinión) el ser humano) como una orma de
naturale(a orgánica) no tiene más característica esencial
que su avan(ada comple-idad anatómica y ;siológica. #l
intelecto) la ra(ón) no es sino una maniestación de esta
mayor comple-idad) que supone una dierencia de grado)
pero no de clase) entre el hombre y el animal.
#sta teoría biológica tiene dos interpretaciones: la
mecanicista y la vitalista. Seg*n la primera) la evolución
orgánica avan(a como una máquina con propulsión propia:
seg*n la segunda) surge de un impulso vital. Si bien estas
dos variantes de la teoría biológica sostienen que la ra(ón
no constituye una dierencia básica entre el hombre y el
animal) di;eren mucho en cuanto a su evaluación de la
ra(ón. ?a variante mecanicista admite que ésta es un
adelanto) pero no tiene para nada en cuenta los cambios
que ha introducido en la estructura del mundo en e el
curso) más a*n) en el hecho de la historia. ?a
interpretación vitalista) por el contrario) no considera la
evolución racional como un progreso) sino como una
aberración) y la acultad racional del hombre como la
uente de todo mal) como un distanciamiento respecto de
la armonía de la naturale(a) un debilitamiento de los
instintos y los impulsos vitales. #sta opinión ue
presentada primero por Fean Facques Bousseau como una
protesta contra la sobre valoración de la ra(ón= es amiliar
a los conceptos de +iet(sche y Hergson) quienes e$altaron
los impulsos vitales y pusieron en tela de -uicio la ra(ón. Su
reversión de los valores anteriores ue llevada a grandes
e$tremos por Spengler) para quien el hombre es la orma
más perecta del ave de rapi.a. #s inevitable que para
estos pensadores la historia del hombre care(ca de sentido.
¿%rece alguna de estas teorías una respuesta satisactoria
a la pregunta de qué es el hombre! Si bien la opinión
teológica ve una dierencia esencial entre el hombre y el
animal) interpreta esta dierencia desde un punto de vista
que se encuentra más allá de la e$istencia del hombre) e
incluso más allá del mundo conocido. Deduce la
característica distintiva del ser humano de una decisión
divina) que es en sí misma un supuesto de e humana.
<ero quienes no se contentan con la e) han de buscar
dentro de nuestro mundo conocido nuevas pruebas de la
cualidad humana.
#l punto de vista racionalista) al identi;car la cualidad
esencial del ser humano con la acultad racional del
hombre) orece por lo menos una solución bastante amplia
a nuestro problema. @as ciertas investigaciones recientes
nos muestran que las raíces de la acultad racional del
hombre pueden encontrarse en los animales. ?os
e$perimentos de biólogos y psicólogos modernos) por
e-emplos los de Eolgang Ioehler con monos) han
demostrado que los animales son capaces de sacar
conclusiones sencillas y no sólo de utili(ar instrumentos)
sino de descubrir por si mismos su empleo. ?a capacidad
mental de ciertos mamíeros corresponde a la de un ni.o
de tres a.os. De modo que la ra(ón no es sino una orma
más desarrollada de disposiciones que se encuentran en el
animal) y no puede considerarse como una acultad
e$clusiva del hombre) como pretenden los racionalistas.
?a tercera teoría) la naturalista) que niega cualquier
dierencia esencial entre el hombre y el animal en su
aspecto mecánico) no tiene en cuenta para nada hechos
undamentales que no podría e$plicar de manera
satisactoria. Jgnora los valores que se desarrollaron en la
antigKedad y la cristiandad) el dominio de sí) el domino de
los deseos e impulso) el amor) la caridad y la ;lantropía.
+o tiene en cuenta los logros de la contemplación humana)
de los esuer(os del hombre para reLe-ar al mundo y a sí
mismo en el arte y en la especulación ;losó;ca) para
ormarse y re0crearse mediante la uer(a de su intelecto. ,
cuando los pensadores vitalistas han tomado en cuenta
estas cosas) las han considerado 1 con e$cepción de
Hergson 1 como una perversión de los instintos naturales)
como una deormación insidiosa del poder de la voluntad
mediante la cual los débiles lograron dominar a los uertes.
<ero aun si supusiéramos que la mayor parte de la historia
humana uera un calle-ón sin salida) perversión y
degeneración) entonces estas mismas constituirían una
característica especial del ser humano sin paralelo en los
animales. #s evidente que el arte y la especulación surgen
de la necesidad) del surimiento. Bepresentan un
re;namiento de los impulsos) una sublimación) que implica
una constitución ísica más delicada) un debilitamiento de
los apetitos robustos de la vida. Seg*n la premisa que se
eli-a) se pueden evaluar esos procesos como la generación
de una nueva orma de vida) o como una degeneración de
la antigua. #n cualquier caso) el hecho de que la creciente
vulnerabilidad de la constitución orgánica diera por
resultado una nueva orma de dominar el mundo e$terior)
una nueva esera de vida que es claramente humana) no
puede desecharse por la invalidación de la vida intelectual
que supone la teoría naturalista. 5sí a*n esta
interpretación negativa de una cualidad especí;camente
humana) presupone una dierencia esencial entre el
hombre y el animal. 5l negar esta dierencia) la teoría
naturalista se está contradiciendo.
?a característica e$clusivamente humana que estamos
buscando no se encuentra en ning*n uncionamiento
parcial de la constitución humana) sino más bien en un
cualidad general del hombre que es el e-e de todos los
diversos logros y maniestaciones de su civili(ación) una
cualidad que no puede locali(arse automática o
;siológicamente) sin o que surge de manera gradual de la
totalidad comple-a del organismo humano. Se trata de la
acultad del hombre de ir más allá de si mismo) trascender
los límites de su ser ísico. #sta cualidad) que subrayaron
primero @a$ Scheler y Beinhold +iebuhr) no coincide con la
ra(ón) pues no sólo se mani;esta intelectual sino también
emotivamente. #sta acultad es la que) por e-emplo) hace
al hombre capa( de un amor autentico) basado en la
elección y que aecte a toda su e$istencia) de un amor que
no tiene para nada en cuenta la recompensa.
?a acultad del hombre de rebasar su propio ser es idéntica
a lo que se entiende por la palabra CespírituD. ?as
unciones de esta acultad son dobles.
#n primer lugar) permite e induce al hombre a discernir)
desprendiéndose de él) un se e$terior) y antagónico que se
reconocer en su propia órbita independiente. %) para ser
más e$actos 0 pues el orden es más bien el inverso 0 ) el
espíritu es en un principio la acultad de separa y discernir
un no0yo concreto de un yo concreto. #s la capacidad de
ob-etivar y sub-etivar. #ste acto de discernir y separar) de
ob-etivación y sub-etivación &o auto ob-etivación' es el
requisito previo para dar el paso siguiente) para trascender
en realidad los límites del yo) para entrar en una relación
consciente) supracorporal) con el no0yo. 5l reconocer un
no0yo como entidad distinta) el hombre se coloca en el
lugar del otro ser) llega a ser capa( de sentimientos
CvicariosD y trasciende así sus propios límites. #stos no
pueden trascenderse antes de haber sido reconocidos. 5sí)
pues) el espíritu no es solo la acultad de discernir y
separar) sino) al mismo tiempo) de establecer una relación
entre un yo y un no0yo) la acultad de rebasar los límites del
yo. #s discernir y unir al mismo tiempo. #s la esencia
misma de un ser que se preocupa por algo más que de sí
mismo. "na persona lleva una vida espiritual en la medida
en que se eleva por encima de sus intereses personales)
CprácticosD) en la medida en que es capa( de desprenderse
de su yo propio) como ella lo concibe y llegar a ser más y
más ob-etiva) de integrarse en una ob-etividad más alta y
comprensiva.
/eamos un e-emplo. <ara un león) un venado no es más
que una presa= sólo sirve par proporcionar alimentos y
satisacer apetitos. <ara un hombre) un venado puede ser
una presa) pero también es un venado) un ser con
e$istencia independiente. #l hombre puede imaginarse a sí
mismo en el lugar de un animal) lo hace así cada ve( que
estudia sus condiciones) necesidades y ormas de vida
especiales. Sin duda) a menudo pretende con ello hacer
que el animal sea una presa a*n mas *til= lo protege y lo
cría para que le proporcione más o me-ores alimentos) a ;n
de que traba-e para él) o aun por el simple placer de
ca(arlo. Jncluso es capa( de una actitud tan paradó-ica
como la de amar al animal que mata. 5un cuando las
;nalidades que persigue el hombre sean iguales a las del
animal) su método es dierente. #n la medida en que
utilice al animal como presa no diere de éste. <ero cuando
protege) cría) estudia y ama al animal) está reconociendo
que éste tiene una órbita propia) establece una órbita
distinta de la suya) en la que él puede entrar
deliberadamente) creando una relación consciente y nueva.
#sta actitud es claramente humana y sólo es posible por la
acultad de discernir y trascender) la acultad del espíritu
#l hecho de que el hombre trasciende y rebasa el yo se
reconoce con mayor acilidad cuando no solo sus métodos)
sino también sus propósitos) di;eren de los del animal)
como al lan(arse desinteresadamente al arte) la ;losoía y
la ciencia. 2uando los métodos del hombre di;eren de los
del animal) su acultad espiritual puede reconocerse como
un hecho. 2uando di;eren sus propósitos) el espíritu ha
llegado a ser reconocido como un valor) a tal grado que se
olvida o niega con recuencia su realidad. Queremos
subrayar que si bien nos ocuparemos del espíritu como
valor en el lugar adecuado de este libro) en estos
momentos no empleamos la palabra espíritu con ning*n
sentido de valoración.
#l espíritu surge de la totalidad de los organismos
humanos. Su evolución gradual solo se pone de mani;esto
por los resultados que produce) por la secuencia de
ob-etivaciones crecientes que hacen del camino por donde
via-a la humanidad una senda conocida: la historia
humana. #l espíritu es al principio una uer(a nueva) un
nuevo ímpetu del hombre. 2omo consecuencia de su
actividad creciente) termina por convertirse en una acultad
pereccionada del ser humano. <or *ltimo) su acumulación
de ob-etivaciones llega a constituir toda una esera de vida
que comprende diversos campos tales como la religión) el
arte) la ;losoía y la ciencia. #n el curso de este desarrollo)
el espíritu se transorma en un valor) un bien por el cual
vale la pena luchar) y esto precisamente a causa de que el
elevarse por encima de su yo corporal es una acultad del
hombre. #s más) al establecerlo como un valor) el hombre
reconoce implícitamente que el espíritu es su cualidad
distintiva. <ero) como vimos antes veremos más tarde)
debe recordarse que el espíritu como un hecho puede
también actuar en un sentido contrario a sí mismo y a su
signi;cado como valor) no hacía lo humano) sino hacia lo
inhumano.
#n consecuencia) el espíritu no signi;ca algo que se
encuentre uera o por encima del hombre) ya sea en
sentido popular o teológico= no debe conundirse con los
espíritus) buenos o malos. Sobre todo no debe conundirse
con la ra(ón) aunque ésta se haya desarrollado y
pereccionado por el espíritu y sea parte de la evolución
espiritual.
2omo el espíritu surge del organismo humano como un
todo) pues es un ímpetu vital) abarca y mueve el organismo
humano como un todo. 5barca tanto la vida emotiva como
la intelectual= orma y aecta a los impulsos humanos y a
toda la actitud vital del ser humano. ?a ra(ón) por otra
parte) sólo es una acultad y unción del intelecto. #s el
acto intelectual) que consiste en relacionar y concretar
e$periencias) en reunirlas en una cadena de causa y eecto)
es decir) en sacar conclusiones. De esto surge otro acto: el
de abstraer generalidades de conclusiones individuales
repetidas) y hacer así que estas *ltimas sean seguras y
estén disponibles para uso general. C#sta piedra corta
porque tiene un ;loD) es un e-emplo del tipo más sencillo de
conclusión. 2uando se dice:Dtodas las piedras que tienen
;lo cortanD) el paso de CmuchasD a CtodasD es el gran ata-o)
el paso de la repetición a la universalidad. #ste acto de
generali(ación es una orma posterior y más alta de
conclusión. 2onduce a una tercera a*n más general y
comple-a) el concepto puramente abstracto de causa y
eecto como tal. , este concepto es requisito previo d
todos los ata-os complicados) la eliminación) descripción y
creación de repetición que constituye la lógica) la ciencia y
la técnica.
De las aplicaciones prácticas de esta reunión de
conclusiones) generali(aciones y abstracciones provienen
todas nuestras maneras de proceder) las instituciones e
instrumentos de la vida= así) la línea de coligación es ra(ón
materiali(ada) es la cadena materiali(ada de causa y
eecto. Desde luego) este esquema de la estructura
racional no debe considerarse como una descripción del
verdadero proceso evolutivo de la ra(ón) pues tal proceso
tuvo lugar en una orma enteramente distinta.
?a estructura es tal que la vida emotiva sólo puede
perturbarla. ?a ra(ón no puede incluir a la vida emotiva=
por el contrario) se impone a ella) y en *ltimo análisis se
opone a ella. @ientras que el espíritu es un educador de la
vida emotiva que la conorma y la sublima) la ra(ón
aparece como un dictador que o tiene para nada en cuenta
las emociones. 2laro que también la ra(ón está incluida y
determinada por la vida emotiva) como ha demostrado el
psicoanálisis en lo que respecta a los procesos psíquicos
del individuo. <ero esta demostración misma pone de
mani;esto el hecho de que esa inLuencia es ilegítima y
contradictoria de la pretensión y principio esencial de la
ra(ón.
#l espíritu 0 la acultad del hombre de discernir y trascender
0 se mani;esta de tres maneras) cada una de ellas esencial
y e$clusivamente humana: la primera es lo que llamamos
e$istencia) la segunda es la historia) y la tercera es el
comportamiento especial y actitud psíquica que
propiamente se denomina humanidad. <odría parecer
tautológico llamar humanidad a una característica del ser
humano. <ero no lo es) porque desgracia no se puede
identi;car a la especie hombre) y por tanto al género
humano) con la conducta que llamamos humanitaria. #sta
conducta es una característica e$clusivamente humana)
pero no es una característica general de la 3umanidad.
?a e$istencia) que es la orma primaria y general en que se
mani;esta el espíritu) es el procedimiento básico de
discernir y trascender) de ob-etivación y sub-etivación &o
auto 1 ob-etivación') que concibe un no0yo) o un yo) como
una entidad e$acta) ;nita. #$istir es algo más que
simplemente ser. ?a palabra e$istencia se deriva del latín
e$ 0 sistere) e$ 0 stare) y signi;ca estar 1 uera) persistir 1
uera. Signi;ca CserD pero de una manera prominente)
distinta y duradera. #l animal vive sin darse cuenta de sí
mismo= sencillamente es. Sólo tiene un ser inmediato)
corporal) un ser en el instante) de momento a momento.
#l hombre vive dándose cuenta de sí mismo) de un todo de
vida personal concebido y sentido constantemente) distinto
tanto del mundo que le rodea como de su propio ser
corporal y de su ser en el instante. De modo que vive uera
y también dentro de sí mismo) uera y dentro del instante.
Su conciencia de sí mismo es una orma de discernir) y su
vida uera de sí mismo y del instante es una orma de
trascender. 5mbas -untas le permiten cambiar los instantes
y undirlos en una continuidad) una vida consciente) en el
cual orma un unidad perdurable) una personalidad) un
carácter= en una palabra) le permiten no sólo ser sino
también e$istir.
?a historia brota de las mimas raíces que la e$istencia.
2omo veremos más adelante) al desprender del instante en
que vive ísicamente primero el pasado y después el uturo)
el hombre discierne la dimensión de tiempo como cosa
distinta de su presente corporal. De este modo llega
gradualmente a distinguir su yo temporal) su tiempo de
vida personal) primero de la vida de su casta y después de
la vida de toda la humanidad= es decir) llega a concebir
primero la genealogía y luego la historia. ?lega a ser capa(
de sacar conclusiones del pasado para la ormación del
uturo) de plantear y transormar no sólo su vida propia
sino la de generaciones uturas. , el concepto de historia)
es decir) la unidad de la humanidad en la dimensión del
tiempo) induce al hombre a adaptar su vida a ;nalidades
ideales) universalmente humanas.
?a humanidad) una actitud especi;ca del hombre hacia sus
seme-antes) se basa en su acultad de discernir y
trascender) en su acultad de concebir a otro ser humano
como una e$istencia distinta e independiente y) al mismo
tiempo) a colocarse a sí mismo en el lugar de ese otro ser.
#sto lleva a la sublimación de impulsos eróticos= al amor)
en el sentido más amplio de la palabra) a la verdadera
amistad= en otros términos) a toda clase de relaciones
desinteresadas) establecidas espiritualmente. 2onduce
eventualmente a una actitud de miramiento por los
seme-antes) de respeto por los derechos y la dignidad del
ser humano= y) en ;n) al concepto y al postulado de una
unidad del género en el espacio) de una comunidad
humana real.
Jmporta) pues) tener muy presente que todo el desarrollo
del animal hasta las ;nalidades humanas más elevadas no
es sino un desastre de la acultad primaria de discernir y
trascender) aquellos actos del espíritu que hacen humano
al hombre. #l espíritu como valor deriva su impulso del
espíritu como hecho.
#l tema que he escogido para mi lección magistral es la
relación entre técnica y sociedad) entre innovación y
transormación social. "n tema sin duda que no resulta
nuevo y sobre el que ya e$iste una copiosa literatura.
Desde siempre) pero sobre todo desde el siglo M/JJJ hasta
nuestros días) se han ocupado de dicho tema ;lósoos)
cientí;cos) historiadores) economistas) sociólogos)
antropólogos) pero también técnicos) ingenieros e
inventores. 5demás) recientemente los medios de
comunicación se han apropiado del tema y lo han tratado)
seg*n el humor del día) en términos apocalípticos o
triunalistas.
<ero ¿cuál es el motivo que me ha llevado a elegir como
tema de mi intervención un asunto del que ya tanto se ha
hablado! ¿<or qué he creído necesario volver a proponer
aquí y ahora0un tema sobre el que) con ra(ón o sin ella) se
tiene la sensación de que ya se ha dicho todo! , más
concretamente: ¿cuáles son) en la relación entre técnica y
sociedad) los aspectos que -usti;can querer proundi(ar a*n
más en el tema!
#stoy convencido de que este tema) prescindiendo de las
opiniones &o de las reservas' sobre si es nuevo o no)
debería ocupar un lugar central en nuestros esuer(os para
prever &y eventualmente proyectar y guiar' la
evolución utura de una sociedad democrática. <orque una
cosa debe quedar clara: en el nuevo milenio que acaba de
iniciarse no va a ser posible avan(ar a ciegas) esto es) sin
haber entendido hasta el ondo qué tipo de impacto van a
e-ercer las nuevas tecnologías en el orden global del mundo
en que vivimos. #s in*til) sin embargo) ignorar que) para
alcan(ar seme-ante ob-etivo) a*n son muchas las
di;cultades por superar. 5lgunas de éstas son ciertamente
UNIDAD 5: EL HOMBRE
2)C03C/ 4 *,C3E5/5 62omás .aldonado
Le%%i&n ma'isral %on moi!o "e la
in!esi"ura %omo Do%or Honoris $ausa
Lu'ar: Uni!ersi"a" Na%ional "e $&r"oba
A)o: *++,
2iencias
3umanas
45"D 6 "+2 6 789:
de naturale(a ob-etiva) mientras que otras son sub-etivas.
#ntre estas *ltimas qui(ás la principal es la idea) muy
diundida) de que la técnica es un actor e$ógeno) es decir)
que aecta al Cmundo en que vivimosD desde el e$terior) sin
vínculos de ning*n género) en absoluta autonomía.
<ero una visión autónoma de la técnica lleva) atalmente) a
un determinismo tecnológico e$asperado) a la creencia de
que todas las transormaciones que tienen lugar en la
sociedad dependen de innovaciones en el ámbito de la
técnica. De este modo no se tiene en cuenta algo bastante
obvio: que la técnica no e$iste) por así decirlo) en estado
puro) uera de la sociedad) sino que se sit*a en su interior y
se ve uertemente condicionada por las dinámicas sociales)
económicas y culturales.
#n breve: no es la técnica sino la sociedad la que) para bien
o para mal) cambia el mundo. , cuando la técnica) como
por e-emplo en el caso del medio ambiente) Cnos plantea
problemasD) los problemas) a bien mirar) no son de la
técnica sino de la sociedad.
CAodo es técnicaD. 2on esta a;rmación el historiador
4ernand Hraudel aludía probablemente a que en toda
acción humana siempre hay) en mayor o menor medida) un
elemento arteactual) protésico) en el que se recurre a un
dispositivo instrumental destinado a potenciar nuestras
acciones operativas y comunicativas. 2reo que) desde este
punto de vista) la a;rmación de Hraudel es correcta. %) más
bien) parcialmente correcta. @ucho más a-ustado a los
hechos habría sido decir: CAodo es técnica) ya que todo es
sociedadD.
"na de las ideas que) en los *ltimos tiempos) ha tenido
más é$ito) en particular en los medios) es la de que la
sociedad industrial) y todo lo que ésta comporta) ya ha
cumplido su ciclo histórico y se ha visto reempla(ada por
una sociedad postindustrial. 5unque no sea mi intención
asumir aquí una actitud deliberadamente polémica) tengo
que conesar que el escenario planteado no me parece
creíble. Soy de la opinión que la ase actual del desarrollo
de la sociedad capitalista es hiperindustrial y no
postindustrial. , esta ve( el problema no es meramente
terminológico) sino sustancialmente y de orden)
metodológico.
?a noción de CpostindustrialD &y lo mismo vale para de
postmoderno' es enga.osa en relación a los procesos que
actualmente está viviendo nuestra sociedad. De hecho lo
que está sucediendo actualmente no marca) como algunos
sostienen) ni el ;nal de la industria ni el de la modernidad)
sino) como observa 5nthony Niddens) su radicali(ación. #n
la práctica esto signi;ca una radicali(ación de los
presupuestos en que se basa la producción industrial y la
modernidad.
2reo poder a;rmar que es precisamente con esta
radicali(ación) con sus promesas y sus riesgos eventuales)
con la que tendremos que conrontarnos en el uturo. , no
nos olvidemos de otro hecho= que no hay que ver
seme-ante radicali(ación tan sólo como causa y eecto de
una radicali(ación de la técnica) sino también de la
sociedad.
#s posible poner en entredicho o incluso recha(ar esta
tesis) pero no creo que la realidad a la que se re;ere diste
mucho de la que todos los días tenemos ante nuestros o-os.
+o hay que e$cluir que alguien) en un momento de
delirante optimismo) pueda sostener que nuestra sociedad)
le-os de radicali(ar sus contradicciones) está intentando)
con é$ito) eliminarlas de;nitivamente. <ero se trata de una
ilusión. #s una ilusión) acariciada por muchos) de que la
me-or manera de salvaguardar lo e$istente es ocultar sus
problemas. Dicha ilusión se basa en la creencia de que es
su;ciente con acicalar al mundo) para que resulte más
aceptable) de que es su;ciente proclamar que no hay
problemas) para que éstos se esumen de golpe. De más
está decir que e$iste también el otro lado de la medalla.
5ludo a la actitud diametralmente contraria a la
mencionada) es decir la tendencia a ponerse siempre en el
lado de los problemas y no en el de las soluciones) la
propensión a un continuo &y algo maniático' interés por los
aspectos problemáticos de los enómenos.
Si en el caso anterior se prometían soluciones milagrosas a
problemas de los que paradó-icamente se negaba la
e$istencia) ahora en cambio) se privilegian los problemas y
se descarta a menudo la b*squeda de soluciones por
considerarla poco clarividente o demasiada pragmática. Si
realmente queremos) como parece) rehuir de los riesgos
intrínsecos de ambas actitudes) yo sugeriría) ante las
comple-as cuestiones relativas a la radicali(ación de la
técnica y de la sociedad) recurrir a un enoque que
avore(ca lo concreto) tanto en la ase de identi;cación de
los problemas) como en la b*squeda de soluciones.
3oy en día) el é$ito de esta actitud orientada hacia lo
concreto) depende de la posibilidad de superar la vie-a
dicotomía entre las Cdos culturasD) es decir) de la
posibilidad de construir un puente entre la cultura
humanística y la cultura técnico0cientí;ca. @e apresuro a
a.adir) sin embargo) que el término Cdos culturasD)
acu.ado como es sabido por un novelista y cientí;co
británico a ;nales de los a.os O8) -amás me ha gustado.
Siempre lo he considerado restrictivo y) en más de un
sentido) enga.oso. 5sí que cuando en mi e$posición me
re;era a Ccultura técnico0cientí;caD y a Ccultura
humanistaD lo haré sólo por comodidad) ya que) bien
mirado) estas dos presuntas culturas no son más que dos
aspectos o acetas que caracteri(an una misma cultura) y
sólo una. <ero si es así) ¿cómo se e$plica entonces la
necesidad de tener que construir puentes para colmar la
distancia que separa las dos orillas! #n resumidas cuentas)
¿por qué sigo admitiendo) en la práctica) la e$istencia de
dos orillas!
#l legendario Dr. Samuel Fohnson) maestro e$celso del
sentido com*n) desaconse-aba negar la e$istencia de cosas
que de hecho e$isten. Se puede hacer) decía) pero sin
duda alguna no es prueba ni de prudencia ni de lucide(. <or
lo tanto) demos por sentado) aun estableciendo todas las
debidas distinciones) que hay) dos orillas.
Beconocer esto) sin embargo) no signi;ca aceptar que a
esas dos orillas corresponden) como se cree) dos culturas
recíprocamente hostiles y siempre antitéticas) sino más
bien dos modos dierentes de comportarse de los su-etos
que se encuentran en una u otra orilla y que no es raro que
demuestren una actitud de intolerancia con los que residen
en la otra orilla. <ese a ello sería un grave error e$plicar
esta diversidad &y la consecuente conLictualidad' sólo con
motivos de naturale(a comportamental) olvidando que hay
aspectos mucho más ob-etivos que tienen que ver) en
especial) con las dierentes posiciones acerca de la manera
de arontar la adquisición) el desarrollo y la proundi(ación
del saber. 5ludo) por e-emplo) a la tendencia a privilegiar el
arquetipo del especialista en el área técnico0cientí;ca y del
generalista en el área humanista.
#n los intentos de de;nir el papel y las características de
estos dos arquetipos siempre se ha usado y abusado de
metáoras. #l especialista) por e-emplo) ha sido de;nido
como un estudioso de saberes verticales mientras que el
generalista lo era de saberes hori(ontales o transversales.
2on;eso que yo mismo) en cierta ocasión) cediendo a la
ascinación de las metáoras) me atreví a comparar al
especialista con un espeleólogo) es decir) con alguien que
e$plora la proundidad y la e$tensión de una caverna de
dimensiones relativamente limitadas y al generalista con
un circunnavegante) es decir con alguien que via-a por
doquier impulsado tan sólo por su curiosidad e intentando
establecer vínculos entre sus eventuales descubrimientos.
#n el ondo se trata metáoras descriptivas sin ning*n -uicio
de valor implícito. +o se a;rma que el especialista0
verticalista0espeleólogo sea una ;gura más seria o
respetable que el generalista0hori(ontalista0
circunnavegante) o viceversa. #n tono de broma &aunque
no demasiado' el ísico +iels Hohr de;ne a un especialista
como Cun hombre que ha cometido todos los errores que se
podían cometer en un campo muy restringidoD.
Siguiendo la estela de Hohr se podría a.adir que un
generalista) por el contrario) es un hombre que ha
cometido todos los errores que se podían cometer en
m*ltiples campos. Si esta interpretación uera correcta) se
le debería reconocer al especialista la capacidad de
cometer globalmente menos errores que los que comete un
generalista. #ste ra(onamiento) sin embargo) sólo
convence en parte. De hecho) alg*n generalista mal
predispuesto y con conocimientos de la teoría de las
probabilidades) podría plantear la cuestión de manera
dierente y argKir con ra(ón que) si bien es verdad que
quien act*a en m*ltiples campos) ciertamente corre el
riesgo de cometer mas errores) también lo es) que éste
también puede tener la posibilidad) al menos en teoría de
cosechar más é$itos.
5 pesar de que estas consideraciones) y otras seme-antes)
resultan estimulantes) no resultan de gran utilidad al tema
que nos ocupa. , ello por el sencillo motivo de que las
nociones mismas de especialista y generalista están
perdiendo lentamente el signi;cado que han tenido en el
pasado. Se puede decir) con ánimo provocador) que hoy en
día) en algunos campos) los me-ores especialistas son los
que lo son cada ve( menos) es decir) los que se muestran
abiertos a establecer vínculos transversales con otros
especialistas.
<or otra parte los generalistas puros del pasado) con su
pretensión de querer ser los *nicos depositarios de la
espiritualidad y la creatividad humanas) con su desdén por
los conocimientos especiali(ados) corren el riesgo de verse
e$cluidos de la circulación de ideas y de e$periencias. .
Si a*n queda espacio para una nueva ;gura de generalista)
y yo creo que sí que lo hay) ésta deberá nacer) a mi
parecer) de una uerte contaminación con el saber técnico0
cientí;co. <oco antes he e$presado mis reservas sobre la
tendencia a anteponer los aspectos comportamentales) a
los relativos al contenido) cuando se e$aminan las posibles
causas o motivos del enómeno del que estamos
discutiendo aquí. Sin embargo) observando) me-or las
cosas) se constata que muy a menudo dichos aspectos
e-ercen una inLuencia considerable en los contenidos) ya0
que al proporcionarnos una versión distorsionada e incluso
caricaturesca de las posiciones adversas nos ale-an de una
interpretación ob-etiva de los hechos. Quisiera detenerme
en algunos e-emplos. #s bien sabido que una de las críticas
más recuentes que se hacen a no pocos e$ponentes de la
cultura técnico0cientí;ca es su escaso interés o incluso su
altanera indierencia por la reLe$ión teórica.
<or reLe$ión teórica no entendemos sólo la de tipo más
genérico sino también) y sobre todo) la que guarda
estrecha relación con la labor cotidiana del cientí;co y del
técnico. Dicha actitud) muy com*n) se e$plica al menos en
parte por su idea) de evidente procedencia neopositivista)
de que la reLe$ión teórica es una inructuosa especulación
entorno a alsos problemas. , se considera) como
consecuencia) que de-arse tentar por ella signi;ca) en
resumidas cuentas) distraerse de la propia labor
investigativa. #n breve: que es una pérdida de tiempo.
Quedaría por entender cómo se han podido desarrollar esos
pre-uicios contra la teoría) cuando) como se sabe desde
hace tiempo) los más avan(ados progresos técnico0
cientí;cos de nuestros días han sido) sin duda alguna) el
resultado de la investigación empírica pero también) y no
en menor medida) de la más abstracta especulación
teórica.
+uevamente nos encontramos ante una subversión
e$asperada y alseada de un discurso en principio correcto.
De hecho es -usto reconocer que nuestra época) tanto si
nos gusta como si no) es la de la primacía de la práctica. %
a*n me-or: la de la primacía de las prácticas. +o cabe duda
alguna de que) en la sociedad actual) nosotros somos
actores y espectadores de un vasto sistema de prácticas.
+o sólo de prácticas sociales) políticas) culturales)
productivas) comunicativas) administrativas e
institucionales) sino también) y no en *ltimo lugar) de
prácticas cientí;cas y técnicas. 5 pesar de ello) la primacía
de la práctica &o de las prácticas' no debe conundirse) que
quede bien claro) con la primacía de quienes renuncian a
pensar en las implicaciones de su propio quehacer. 3ay
buenas ra(ones para creer que) si bien tienen un presente)
los prácticos de este tipo lo que no tienen es uturo.
5 mi parecer estos e$presan un pragmatismo cerrado) o
sea) un pragmatismo que se cierra al mundo) mientras que
en las sociedades altamente comple-as del uturo será
necesario: un pragmatismo abierto) es decir un
pragmatismo que se abra al mundo. Aodo lleva a pensar
que las mu-eres y los hombres prácticos del nuevo siglo no
serán obtusos practicones) sino mu-eres y hombres dotados
de una atenta conciencia crítica.
De esta e$igencia) a decir verdad) ya era plenamente
consciente) en el le-ano siglo M/J) el gran literato y médico
Babelais. <or boca de su persona-e Nargant*a) deseoso de
brindar sabios conse-os a su hi-o <antagruel) Babelais
pronuncia su amosa e incomparable sentencia: C?a ciencia
sin conciencia es la ruina del almaD. Jndudablemente hoy
en día los eectos perversos de una ciencia huérana de
conciencia no acabarían sólo por arrumar el alma de sus
cultivadores &lo que sería un mal menor') sino muchas otras
eseras de nuestra vida.
@e doy cuenta) sin embargo) de que abogar a avor de la
conciencia &y a*n peor: de la conciencia crítica' no
encuentra hoy e$cesivo seguimiento. 5l contrario) es ob-eto
de mal disimulado astidio. , ello porque se tiene la
sospecha de que ba-o la invocación a la conciencia se
esconde otra cosa: la tendencia de algunos) se dice) a
complicar in*tilmente las cosas) a turbar la calma de quien)
para bien o para mal) tiene la diícil tarea de operar en la
realidad.
5 decir verdad) la sospecha está en parte -usti;cada.
<orque la conciencia es) por su propia naturale(a)
desasosiego) y su tarea es trastornar y no preservar la
tranquilidad) es decir) que su tarea consiste en plantear
incansablemente preguntas) enunciar dudas y pedir
e$plicaciones. ?a conciencia) por tanto) siempre es crítica.
Hien mirado) la intolerancia para con la conciencia puede
no ser más que la intolerancia con la crítica. 2ualquier
crítica) en cualquier campo. <or eso no debe maravillarnos
que entre las muchas Csociedades postD que hoy se nos
anuncian) también ;gure la Csociedad post0críticaD. <ara
e$presarlo sucintamente: una sociedad en la que no habría
nada que criticar y en la que habría que aceptarlo todo.
3ay otro aspecto que) desde siempre) ha sido ob-eto de
disputa entre los e$ponentes del área técnico0cientí;ca y
los de la humanista. #s lo que se llama) muy a menudo) la
Ccuestión de la técnicaD.
<ara los primeros) con pocas) rarísimas e$cepciones) no hay
duda sobre la naturale(a de la técnica. Detrás de la técnica
no hay ning*n misterio que develar. Psta e$presa y se
resume totalmente en la inmediate( de su unción. <ara
entenderla) no se necesita ning*n tipo de tesis au$iliar. #s)
en de;nitiva) autoevidente.
<ara los segundos) al contrario) la técnica es cualquier cosa
e$cepto autoevidente. #n realidad) está repleta de
signi;cados celosamente escondidos que el ;lósoo) en
plena autonomía) tiene el derecho deber de sacar a la lu( e
interpretar.
, de este modo se e$plica que la técnica) ese reino que
hasta hoy se había caracteri(ado por la más descarnada
concreción) se haya convertido de repente en ob-eto de
e$quisitos e-ercicios hermenéuticos y de arrolladores
interrogantes ontológicos.
<ersonalmente estoy más cerca del primer modo de
entenderla técnica) pero con algunas distinciones que me
parecen de rigor. #stoy de acuerdo) y sin reservas) en que
no hay nada arcano en la técnica) pero esto no signi;ca) e
insisto en ello) que deba suspenderse necesariamente la
reLe$ión sobre ésta. 2reo que es -usto descon;ar de cierta
;losoía especulativa que habla de misterios que desvelar y
en la que) por deba-o) es ácil entrever un ambiguo
enconamiento contra la técnica y una oto.al nostalgia por
presuntos paraísos preindustriales. <or otra parte) sería
equivocado creer que la técnica) por el hecho de ser
autoevidente) deba) considerarse también autorreerente)
es decir como una realidad que se mira a sí misma) y sólo a
sí misma) indierente a la dialéctica de las ideas) a los
problemas de la sociedad y a las ense.an(as de la historia.
%lvidando precisamente que la técnica siempre ha sido)
hoy como ayer) un prodigioso actor dinami(ador de las
ideas) de la sociedad y de la historia.
¿<ero de dónde proviene esta e$igencia de superar la
autoreerencialidad de la técnica) de buscarle una
conte$tuali(ación de amplio espectro! <ese a que las
ra(ones son m*ltiples) me parece que la principal qui(ás
haya que buscarla) en la naturale(a proyectiva) o me-or
CproyectualD de la técnica.
5 veces se olvida) o no se tiene lo bastante presente) el
hecho más bien obvio de que la ;nalidad *ltima de la
técnica es proyectar ob-etos técnicos) es decir) contribuir a
la creación de la parte arti;cial de nuestro medio ambiente.
3ay que a.adir) sin embargo) que la técnica) entendida en
estos términos) precisamente por el hecho de participar en
la producción de cosas arti;ciales asume de hecho no
pocas responsabilidades para con el mundo. 2on el mundo
arti;cial y con el no arti;cial.
<royectar ob-etos técnicos puede signi;car) y a menudo es
así) introducir en el mundo cosas superLuas y nocivas. <ero
no sólo algunas cosas) muchas de ellas) tienen una unción
letal. +o podemos &ni debemos' olvidar) por e-emplo) que
los ob-etos técnicos hoy más innovadores son aquellos
destinados) directa o indirectamente) a sembrar
destrucción) e$terminio y muerte. 5ludo) está claro) a los
armamentos y a los instrumentos y aparatos a su servicio.
#stos *ltimos llamados) un poco abusivamente)
CinteligentesD.
<or otro lado) hay que admitir que proyectar puede ser
también un acto de esperan(a) de con;ada e$pectativa de
que mediante los ob-etos técnicos sea posible contribuir a
me-orar la calidad de nuestra vida. @ás con los Qactos de
esperan(aQ) como se sabe) hay que proceder con cautela)
porque no siempre las cosas se desarrollan como previsto.
<ara e$presarle con palabras tomadas en préstamo de
Hertold Hrecht) muy a menudo nos hemos puesto) a correr
detrás de la esperan(a y la esperan(a se ha puesto a correr
detrás nuestro.
3ace treinta a.os publiqué un ensayo en italiano con un
título signi;cativo: ?a speran(a progettuale. #n este
ensayo) escrito durante los a.os que siguieron a los
acontecimientos convulsivos del 9RST) yo me oponía a la
tendencia nihilista entonces dominante) en cuanto trataba
de rede;nir los ob-etivos de la protesta -uvenil) en términos)
precisamente) de esperan(a como proyecto.
+o se me oculta que la idea de esperan(a como proyecto si
no se quiere degradarla a0la categoría de mera retórica) a
una especie de sermón sentimental de las Cbellas almasD)
ella debería ser siempre) y siempre de nuevo) sometida a
un análisis crítico. <orque mientras la esperan(a del
creyente se adscribe en la e religiosa y por tanto se coloca)
digámoslo así) uera de la historia) la esperan(a de los
laicos) y yo me incluyo entre ellos) está proundamente
enrai(ada en la historia y por tanto está sometida
obligatoriamente a una revisión permanente de sus
presupuestos.
@uy a menudo surgen hechos) situaciones o cambios que
se oponen o menoscaban &volviéndola incluso obsoleta' la
esperan(a. #n estos casos) nos vemos obligados a ponderar
de manera dierente nuestros deseos y aspiraciones. , ello
sin duda no resulta ácil. Sobre todo cuando se trata no
sólo de volver a ormular genéricamente nuestra
esperan(a) en términos más o menos en sintonía con las
demandas del presente) sino también de proponer una
versión actuali(ada de la esperan(a como proyecto) es
decir) de una esperan(a) que adquiere concreción
operativa) mediante proyectos especí;cos. <ero si esto es
así) surge una pregunta: ¿en qué se dierencia la nueva
esperan(a de la que yo mismo teoricé hace treinta a.os!
#n todo y en nada. #n todo) porque el conte$to técnico0
cientí;co) político) social y cultural ha cambiado
drásticamente) en estos *ltimos treinta a.os. #n nada)
porque nos topamos) siempre con la misma di;cultad al
identi;car en términos plausibles nuestras e$pectativas.
2ada ve( que intentamos volver a de;nir nuestras
e$pectativas) de delinear los contornos de nuestra
esperan(a) tendemos) casi sin darnos cuenta) a caer en el
terreno de la utopía. , eso depende sobre todo de que) en
los albores del nuevo milenio) la tentación utopista es
omnipresente.
?a llegada del a.o 7888) presunta echa bisagra entre dos
épocas) ha reavivado el aán de utopías) la demanda de
escenarios que nos permitan so.ar un mundo dierente)
que sea me-or que el actual. Desde siempre las utopías)
sobre todo las grandes utopías) han desempe.ado un papel
importante. Sin ellas) no cabe duda de que la historia
habría sido un desierto árido e inhóspito. <ese a ello) las
utopías) como nos ense.a la historia) en algunos casos han
surtido eectos unestos. ?levando al e$tremo) este
ra(onamiento) se puede a;rmar que las utopías son buenas
siempre que no se hagan realidad. 2on esto no quiero
sugerir que haya que cortarle las alas a la utopía por
principio) sino que tenemos que ser conscientes de sus
riesgos. #$isten utopías en las que el aspecto consolatorio
prevalece sobre el ideal. Se trata de utopías alaces) de
utopías destinadas sólo a omentar el autoenga.o) es decir
a hacer que nos hagamos ilusiones de que ciertos ob-etivos
ya están al alcance de la mano) cuando no lo están en
absoluto.
#n el ondo) muchas de nuestras prospecciones) de
nuestros escenarios del uturo) no son más que proecías
consolatorias. #$presiones de un deseo de aplacar) en el
plano imaginario) no pocos de nuestros temores e
incertidumbres ante un uturo que se yergue ante nosotros
huidi(o y en cierto sentido amena(ador. <ero) como se
sabe) los enga.os) y sobre todo los autoenga.os) tienen
vida breve. +inguna utopía basada sobre el enga.o) ni
siquiera la más cautivante) puede impedir que) a la larga)
su verdadera índole salga a la lu( con toda su crude(a.
?legados a este punto) la situación se vuelve más clara.
<ero ni siquiera así somos capaces de saber con antelación
si los elementos positivos acabarán por prevalecer sobre
los negativos o no. Se me ob-etará) y con ra(ón) que
siempre ha sido así. De hecho) escrutar el uturo siempre
ha consistido en interrogarse sobre la credibilidad de
nuestras previsiones positivas o negativas al respecto. 2on
todo hay una dierencia: nunca como en la actualidad el
riesgo implícito en nuestras previsiones ha sido tan
elevado. +unca como en la actualidad no saber sopesar
con e$actitud los aspectos positivos o negativos de
nuestras previsiones ha podido provocar da.os tan
irreparables. <ero lo que vuelve más arduas seme-antes
valoraciones es que dichos aspectos aparecen íntimamente
unidos unos con otros. 3asta el punto de que) en. ciertas
condiciones resultan indistinguibles00
/eamos un caso concreto. 5ctualmente) entre las muchas
hipótesis circulantes sobre nuestro uturo) hay una que
go(a de particular credibilidad. @e re;ero al escenario que
con-etura una inLuencia altamente positiva de parte de
algunos recientes ormidables progresos cientí;cos y
tecnológicos en los campos de las telecomunicaciones) de
la inormática) de las biotecnologías) de las neurociencias)
de la medicina y de la robótica.
+o hay duda que) al menos algunos de esos progresos
abren) en eecto) perspectivas muy prometedoras para
nuestro uturo. <ero la credibilidad de tales perspectivas se
esuma) o al menos resulta muy ouscada) cuando se
intenta presentarla nada menos que como una estrategia
destinada a liberarnos de todos los males dramáticamente
presentes hoy en día en nuestra sociedad.
#s diícil intuir en qué hechos evidentes se basa una
hipótesis tan ambiciosa. #n realidad) en el estado actual de
nuestros conocimientos) nada nos autori(a a pensar que la
miseria) la violencia) la marginación) el desempleo) la
contaminación) el terrorismo) el racismo) la violación de los
derechos humanos y los conLictos armados pueden
desaparecer solamente mediante el recurso a los nuevos
progresos tecnológicos mencionados anteriormente.
2onsiderar que esto es plausible es una demostración de
candorosa) patética ingenuidad. % de premeditada mala
e. ¿<esimismo! +o. Sencillamente es tomar buena nota)
con ob-etividad) de la naturale(a de los problemas con los
que tenemos que enrentarnos. #s preciso convenir) en
eecto) que no es prueba de ob-etividad pintar el uturo
todo de rosa. #sto nos lleva a perder contacto con el
mundo real y nos entrega indeensos a sus insidias) ya que
quienes se obstinaron en proporcionar) cueste lo que
cueste) una versión halagKe.a del uturo obstaculi(an la
posibilidad de hacer rente a sus problemas con
conocimiento de causa. <ero no es tampoco prueba de
ob-etividad pintar el uturo sólo en tonos oscuros. De este
modo se inunde ansiedad) desasosiego y consternación y
se avorece) al ;nal) la resignación. 5 uer(a de turbios
pronósticos se acaba por enturbiar nuestra capacidad de
-uicio y por entristecernos más de lo necesario. , esto en
un mundo) como el actual) que ya de por sí no es ni
placentero ni acogedor. Haste pensar a cuanto está hoy
acaeciendo en el campo internacional) a la secuencia de
eventos atroces y de represalias no menos atroces.
5unque el momento no sea) como vemos) muy avorable)
debemos esor(arnos en guardar las distancias tanto de los
e$ultantes proetas de sublimes y cautivadoras arcadias
virtuales) como de los tenebrosos proetas de desventuras)
con su sombría y taciturna visión del uturo. 2reo que esta
actitud de equidistancia crítica) de rigurosa) intransigente
ob-etividad) debería necesariamente resultar de una vasta
y articulada convergencia entre el área técnico0cientí;ca y
el área humanista.
#n la práctica) se trataría de una convergencia de
conocimientos operativos y de valoraciones ideales. <or
este camino) es probable &no digo seguro' que podamos
crear las bases de un mundo diverso) un mundo más -usto)
libre y solidario del presente. 5l menos) así me lo auguro.
-Enre lo 'lobal . lo lo%al/
#l con-unto de los productos) los servicios y la
comunicación que representa la CinteraseD entre las
empresas &instituciones') los clientes &su-etos' y la
sociedad) es un terreno undamental de diálogo entre las
cuestiones de la globali(ación. "n terreno en el que se
deciden las características) los posibles atributos o no0
atributos) del conte$to donde) en el uturo) tendremos que
vivir y traba-ar. , un terreno en el que tal ve() es posible
promover y establecer un nuevo y más ecundo dialogo
entre lo ClocalD y lo CglobalD.
#s posible decir a la CNlobali(ación) como la intensi;cación
de las relaciones sociales mundiales que unen lugares entre
si) haciendo que los acontecimientos locales sean
modelados por acontecimientos que se producen a miles
de >ilómetros de distancia y viceversaD &Niddens) 9RR:'.
UNIDAD 5: EL HOMBRE
+/ +,C/+37/C3,0 E8,+(238/ C,., E*CE0/93, 5E+
:9,4EC2, ; Eio .anini y *ilvia 8ugliano
Re!isa E(0erimena n1 2,3
E"i%iones "e "ise)o
Lu'ar: Ma"ri"
A)o: *+++
2iencias
3umanas
45"D 6 "+2 6 789:
3ay globali(ación cuando e$iste una red de interacciones
CdensasD) rápidas y de amplio alcance. #l paso de un
mundo no globali(ado a uno globali(ado se presenta como
una discontinuidad causada por la imprevista e imprevisible
combinación de micro0transormaciones. Se plantea la
globali(ación porque muy diversos actores han podido
e$plorar
y e$perimentar nuevas oportunidades. <orque se ha abierto
un nuevo Ccampo de lo posibleD en donde no estar
condicionados) como antes) por las limitaciones de la
pro$imidad ísica.
2orrientes materiales e inmateriales representan los
actores de globali(ación. 2orrientes continuas de
personas) cosas) dinero) imágenes e ideas en un
movimiento continuo que genera un cambio continuo)
interact*an a escala planetaria. 4uer(as que impulsan hacia
un mundo cada ve( mas interconectado. , es
precisamente el n*mero de estas uer(as lo que hace que
la globali(ación no produ(ca solo homologación) sino
también nuevas ormas de locali(ación al generar
combinaciones distintas logrando así una gama in;nita de
ormas que caracteri(an los conte$tos locales especí;cos.
2ualquier conte$to local al surir una combinación
determinada de actores de transormación) se convierte en
el lugar de una orma de globali(ación particular y
localmente determinada.
#l proceso de globali(ación se actuali(a locali(ándose) es
decir) presentando características especí;cas para cada
conte$to especi;co. 5hora bien) cómo y porqué se genera
ese especial con-unto de convergencias y divergencias
entre los actores de globali(ación que caracteri(a un
conte$to especi;co. "na posible respuesta se halla en la
contraposición entre las dos ormas de coordinación de la
actuación social: las CredesD) relaciones de intercambio y
comercio &actores de globali(ación' y los Cmundos0de0
vidaD) colectivos que se han ormado una identidad com*n
&dimensión local de la e$periencia'.
#s posible identi;car una serie diversi;cada de actores de
locali(ación:
0 los actores biológicos) relativos a la dimensión ísica de
los seres humanos y a su necesidad de situarse en un
ecosistema) mas o menos arti;cial pero vivible.
0 ?os actores antropológicos) relativos a la naturale(a
social de los seres humanos y a su inevitable necesidad de
ormar parte de una comunidad.
0 ?os actores culturales) relativos a la especi;cidad de las
tradiciones) los conocimientos y las habilidades de una
comunidad en un determinado lugar) y que pueden actuar
como uer(as de resistencia rente a la homologación o
como recursos culturales locales que se introducen en los
circuitos globales.
Sin duda estos actores de locali(ación tendrán
características) uer(as y tendencias evolutivas distintas)
creando sinergias y separaciones que) en *ltima instancia)
interactuando con los actores de globali(ación)
representarán los aspectos caracteri(adores de cada
maniestación concreta de los procesos de globali(ación.
+o solo lo global genera nuevas ormas de lo local sino que
también lo local) con su diversidad) genera y transorma lo
global) representando) a largo pla(o) el requisito necesario
para su e$istencia. ?o local) como las raíces) condiciona
pero a la ve() alimenta las corrientes globales.
#s preciso introducir en el debate sobre la globali(ación) la
cuestión de la calidad del habitar. <uesto que los seres
humanos hacen lo que hacen partiendo de su e$periencia
como habitantes de un lugar) ning*n debate sobre los
procesos de globali(ación puede prescindir de la evaluación
de la habitabilidad de los conte$tos locales que esta
genera. , viceversa.
#l habitar un lugar no puede prescindir de dos premisas
undamentales: la e$istencia de un conte$to ísico y la de
un conte$to social biológica y socialmente adecuados. 5
partir de ahí se podrá evaluar los procesos de globali(ación
y las transormaciones que estos inducen en la
habitabilidad de los lugares anali(ando si conducen a
procesos de Clocali(ación involutivaD) hacia el consumo y la
degradación de los recursos medioambientales y sociales
e$istentes= o si) al contrario) conducen a procesos de
Clocali(ación evolutivaD es decir que hacen evolucionar)
regenerando esos mismos recursos.
?a e$presión Clocali(ación evolutivaD se re;ere a un
proceso de globali(ación que) al locali(arse) se convierte en
un proceso de regeneración) es decir) un con-unto de
actividades cuyo resultado es un buen aprovechamiento de
los recursos ambientales y sociales e$istentes. 5l hablar de
regeneración no se trata de CcongelarD lo e$istente)
deendiéndolo de cualquier posible contaminación) sino de
acilitar su evolución hacia ormas nuevas y distintas) pero
no por ello menos salidas y llenas de posibilidades que las
del pasado.