NUEVA SOCIEDAD Nº 173.

MAYO-JUNIO 2001
Viejo y nuevo
Partidos y sistemas de partidos en las
democracias andinas
Alfredo Ramos Jiménez
A partir de una aproximación comparativa se aborda la
cuestión de los partidos y sistemas de partidos en los países
andinos en la década de los 90, con sus líneas tendenciales
hasta nuestros días. Si bien es cierto que los partidos no han
tenido buena prensa en los años recientes, debido a su
evidente declive como ormas de participación y de
representación de intereses, su retorno como uer!as políticas
renovadas que impulsan la democrati!ación, se da por
descontado, y comien!a a revelarse como el inicio de
experiencias inéditas, rente a los ensayos neopopulistas de
corte autoritario que se presentan ante los ciudadanos como
órmulas políticas de redención social. Así, la "obernabilidad
en crisis debe encontrar en el ortalecimiento de los partidos y
sistemas de partidos el mecanismo b#sico para el
relan!amiento de la democracia en todos los países del #rea.
La década de los 90 en los países andinos superó con mucho la «movida política»
del decenio precedente, a tal punto que los procesos de democratización en marcha
se vieron amenazados por la inestabilidad e incertidumbre de los resultados. La
visión sobre los hechos relevantes de la política en el área se ha dividido entre
quienes asumieron posiciones pesimistas sobre la transición un tanto traumática en
sus primeros pasos, los optimistas, más abiertos en sus observaciones sobre los
ras!os evolutivos de los diversos procesos orientados hacia el nuevo si!lo. "ero,
parece que #ue "aul $aler quien a#irmó al!una vez que, en cuanto a la política, los
optimistas escriben mal los pesimistas escriben mu poco, por lo que habría que
NUEVA SOCIEDAD Nº 173. MAYO-JUNIO 2001
matizar un tanto nuestras apro%imaciones a #enómenos localizados en el tiempo
espacio correspondientes a la &mérica andina
'
.
&simismo, debemos tener cuidado con el ries!o que representa limitar nuestros
estudios dia!nósticos al e%amen de los meros síntomas de las diversas
situaciones, eludiendo con ello unos cuantos desarrollos que, como veremos en
estas notas, adquieren en otros tantos casos nacionales el carácter de #enómenos
relevantes (con #recuencia asumidos como e%cepcionales( cuando se trata de dar
cuenta de lo que ha pasado e#ectivamente. )ambién es cierto que en la maoría de
los casos los sociólo!os politólo!os traba*amos con hipótesis cate!orías de
análisis ex-post que se quedan cortas ante la dimensión verti!inosidad de los
cambios sociales que preceden a los movimientos de la política.
+ no es para menos, puesto que los principales actores en los diversos procesos de
democratización (especí#icamente de construcción institucional( aparecen ho en
día #ati!ados, si no desacreditados #rente a la población, que observa
desmovilizada pasiva las diversas ne!ociaciones reorientaciones que adelanta
el «nuevo» personal político. + ello ha ocurrido casi uni#ormemente en todos
cada uno de los países andinos. ,e modo tal que una observación detenida del
proceso debería partir del tratamiento de aquellos cambios que anuncian o
comprenden reacomodos (si no reordenamientos( de la sociedad política, si
consideramos a esta -ltima como el elemento dinámico en la instauración de la
democracia política en nuestros países
.
. /n este intento, nos detendremos en
aquella party politics re!ional que a!re!a articula, no sin di#icultades, los
intereses, identidades e instituciones que hasta aquí ha sido estudiada como
participación de actores individuales colectivos, inmersos en una di#ícil
democratización de la vida política.
0i partimos del hecho, a-n no desmentido en la teoría ni en la práctica, de que los
partidos constituen instituciones imprescindibles para el #uncionamiento de la
democracia, entonces debemos admitir que todo el «con*unto de procedimientos
estandarizados», identi#icados con ob*etivos políticos, ha ido entrando en un #ranco
retroceso a partir de la década de los 90, con#i!urando situaciones de crisis política
o de bloqueo institucional, en las que se han ido imponiendo soluciones
'
1it. en 2ohn 3eane4 Reflexiones sobre la violencia, &lianza, 5adrid, .000, p. '6.
.
$. el apartado «"rimacía de la sociedad política en las neodemocracias» en &. 7amos 2iménez4 Las formas
modernas de la política. Estudio sobre la democratización de América Latina, 1entro de 8nvesti!aciones de
"olítica 1omparada, 5érida, '999, pp. :;<;=.
NUEVA SOCIEDAD Nº 173. MAYO-JUNIO 2001
autoritarias de corte populista, cuo costo social parece haber a#ectado
durablemente a las endebles economías de los países del área.
/n su momento, los investi!adores ecuatorianos estuvieron preocupados con el
«bucaramismo en el poder»
>
, los peruanos con la «persistencia del autoritarismo
#u*imorista»
:
, los venezolanos comienzan a advertir las veleidades personalistas
autoritarias en el «#enómeno 1hávez»
;
. +, si bien es cierto que casi todos han
de*ado de lado la tesis a recurrente de «una crisis de los partidos», los estudios se
orientan cada vez más hacia esa «tierra de nadie» en la que a no es posible eludir
el e%amen de la naturaleza enver!adura de los cambios introducidos en las
#ormas locales o re!ionales de hacer política.
El desencanto democrático
1omo lo a#irmara ?orberto @obbio, la democracia se ha mantenido a pesar del
incumplimiento de sus principales promesas. + lo más que ha podido suceder no
ha sido un clima de desencanto o de «#ati!a cívica», sino de desen!aAo anómico
pasivo, que no a#ecta si!ni#icativamente al ideal democrático que impulsa a los
actores sociales hacia la instauración de unas re!las de *ue!o que les permitan
competir por los puestos de dirección política
6
. + es que en los diversos sistemas
>
$. &lberto &costa4 «/l bucaramismo en el poder» en Nueva ociedad ?B ':6, ''<'.C'996, pp. 6<'6. )b.
0imón "achano4 «"roblemas de representación partidos políticos en /cuador» en )homas 5anz 5oira
Duazo Ecoords.F4 !artidos políticos y representación en América Latina, ?ueva 0ociedad, 1aracas, '99=, pp. '>9<
';;G &le!ría ,onoso 2or!e Hrtiz4 «/cuador4 Los actores políticos de la transición democrática de la
re#orma económica» en 5anuel 5ora &rau*o Ecomp.F4 Los actores sociales y políticos en los procesos de
transformación en América Latina, 1iedla, @uenos &ires, '999, pp. ';'<'99G 2osé 0ánchez "ar!a4 La pu"na de
poderes. An#lisis crítico del sistema político ecuatoriano, "I1/ < 1/L&, Juito, '99=.
$. 1ésar &rias Juincot4 «"er-. /l !élido invierno del #u*imorato» en Nueva ociedad ?B '9', '<.C.00', pp.
4
5irKo Lauer4 «Los partidos políticos peruanos4 Lvíctimas de crisis o de !olpe» en ). 5anz 5. Duazo4 ob.
cit., pp. '69<'99G Mernando )uesta 0oldevilla4 istema de partidos políticos en el !er$, Mundación Mriedrich
/bert, Lima, '99;.
$er &. 7amos 2iménez4 «/l lideraz!o del Nnuevo comienzoO. ?otas sobre el #enómeno 1hávez» en Revista
%enezolana de &iencia !olítica ?B '=, 9<'.C.000, pp. '><>'G Luis /. Lander 5ar!arita López 5aa4
«$enezuela. La he!emonía amenazada» en Nueva ociedad ?B '69, ;<6C.000, pp. ';<.;G tb. )eodoro "etKo##4
La %enezuela de &'#vez. (na se"unda opinión, Pri*albo, 1aracas, .000G 5edó#ilo 5edina4 El ele"ido presidente
&'#vez. (n nuevo sistema político, &urora, @o!otá, .00'.
;
$. la tesis de las «#alsas promesas» o «promesas incumplidas» que derivan de lo que @obbio ha
denominado «los ideales la cruda realidad» en ?. @obbio4 El futuro de la democracia, Mondo de 1ultura
/conómica, 5é%ico, '9=6, pp. '6<>'. Ina crítica de la propuesta de @obbio en ,anilo Dolo4 La democracia
difícil, &lianza, 5é%ico, '99:G v. tb. 2osé ?un4 )emocracia. *+obierno del pueblo o "obierno de los políticos,,
Mondo de 1ultura /conómica, @uenos &ires, .000.
6
/ste modelo democrático ocupa un lu!ar de privile!io en la literatura politoló!ica recienteG v. &. 7amos
2iménez4 Los partidos políticos en las democracias latinoamericanas, Iniversidad de Los &ndes, 5érida, '99;G
5anuel &ntonio Parretón4 !olítica y sociedad entre dos épocas. América Latina en el cambio de si"lo, Qomo
0apiens, 7osario, .000G @ernard 5anin, Los principios del "obierno representativo, &lianza, 5adrid, '99=G
1arlota 2acKisch Ecomp.F4 Representación política y democracia, 1iedla, @uenos &ires, '99=G &dam "rzeRorsKi4
«,emocracia representación» en -etapolítica vol. >, :<6C'999, 5é%ico, pp. ..9<.;9G 5arcos ?ovaro4
NUEVA SOCIEDAD Nº 173. MAYO-JUNIO 2001
políticos de &mérica Latina, temprano en los aAos =0, la democratización arrancó
con el #ortalecimiento de los partidos. ,e aquí que el modelo imperante no haa
sido otro que el de la «democracia de partidos», si bien el mismo aparece
vinculado con problemas cruciales de la representación política de una
ciudadanía casi inalcanzable
9
.
/n los países andinos, que habían su#rido un autoritarismo menos represivo que en
los del 1ono 0ur, los partidos habían «convivido» con los diversos re!ímenes
militaristas. Las e%pectativas de la democratización en los aAos =0 alimentaron las
ambiciones de una clase política en ciernes, si bien es cierto que en $enezuela
Edesde '9;=F en 1olombia Edesde '9;9F, un bipartidismo con características
duopólicas se había venido consolidando, ocupando casi por completo los espacios
de la competición político<electoral de la estructura !ubernamental se!-n los
casos. La presencia partidista revela entonces una he!emonía que reducía las
posibilidades de incorporación a las eventuales terceras #uerzas
=
. /llo no ocurre en
el resto de países andinos4 en "er-, el desarrollo de los «pequeAos» partidos de la
izquierda socialista a se hacía sentir electoralmente en la década de los =0,
ocupando un espacio de*ado por la derecha tradicional el centro populista del
&"7&G en /cuador, ni el sistema electoral de dos vueltas había lo!rado atenuar el
#raccionamiento de un pluripartidismo irreductible, aunque una maor presencia
de dos principales partidos con vocación centrista Ela 8zquierda ,emocrática S8,T,
socialdemócrata la ,emocracia "opular, democristianaF de*aba, hacia la derecha,
a los partidos tradicionales E1onservador LiberalF a un renovado "artido
0ocialcristiano, hacia la izquierda a los partidos herederos del populismo de
2aime 7oldósG en @olivia, la #uerza del 5ovimiento ?acionalista 7evolucionario
E5?7F de "az /stenssoro, a#ianzada con sus triun#os electorales, de la &lianza
Representación y lideraz"o en las democracias contempor#neas, Qomo 0apiens, 7osario, .000.
9
/n $enezuela, hasta '99>, los terceros partidos nunca sobrepasaron el «histórico» =U del electorado. /n
1olombia, los intentos por incorporar terceros partidos al sistema competitivo se revelaron ciertamente
traumáticos no representaron una real amenaza para el lon!evo bipartidismo. 1#. &. 7amos 2iménez4 Los
partidos políticos..., cit., pp. >:9<>;0G Mrancisco Leal @uitra!o4 «Los movimientos políticos sociales4 un
producto de la relación entre /stado sociedad civil» en An#lisis !olítico ?B '>, ;<=C'99', pp. 9<'0G v. "ierre
Pilhodes4 «0istema de partidos políticos en 1olombia» en Hscar ,el!ado et al.4 -odernidad. democracia y
partidos políticos, Midec < Mescol, @o!otá, '99>, pp. 69<'':G &l#redo 7amos 2iménez4 «$enezuela. /l ocaso de
una democracia bipartidista» en Nueva ociedad ?B '6', pp. >;<:..
=
$. 7ené &ntonio 5aor!a4 Antipolítica y neopopulismo, 1ebem, La "az, '99;G Mrancisco Puerra Parcía4
«7epresentación política crisis de los partidos en el "er- de los 90» en &!ustín 5artínez Ecoord.F4 &ultura
política. partidos y transformaciones en América Latina, 1lacso < )ropKos, 1aracas, '999, pp. 9<>>G 1arina
"erelli4 «La personalización de la política. ?uevos caudillos, NoutsidersO, política mediática política
in#ormal» en 1. "erelli, 0onia "icado ,aniel Dovatto Ecomps.F4 !artidos y clase política en América Latina en
los /0, 88,Q < 1apel, 0an 2osé, '99;, pp. '6><.0:G Par QosKin Pabriel 5urillo4 «1an 1olombia 1opeV» en
1ournal of )emocracy vol. '0 ?B ', 'C'999, pp. >6<;0.
NUEVA SOCIEDAD Nº 173. MAYO-JUNIO 2001
,emocrática ?acionalista E&,?F de Qu!o @anzer, de*aba hacia la izquierda tanto
al populismo nacionalista de 1onciencia de "atria E1ondepaF de la Inidad 1ívica
0olidaridad como a la socialdemocracia del 5ovimiento de 8zquierda
7evolucionaria E587F. &sí, en estos tres países el pluripartidismo traduce
netamente las principales líneas de cliva*e de orden socioeconómico, el
realineamiento posterior, que se produce en los aAos 90 con la implementación de
políticas neoliberales, habría de establecer una nueva línea de ruptura que, al
tiempo que ponía a prueba a los partidos del !obierno Edestaquemos las
e%periencias !ubernamentales del &"7& de &lan Parcía en "er-, de la 8, de
7odri!o @or*a en /cuador, del 587 de "az Damora en @oliviaF, acusados de
incumplimiento de sus promesas electorales, #ortalecía en esos países las opciones
neopopulistas de corte autoritario.
/n la medida en que la condena de los partidos del estatus #ue canalizada
ori!inalmente por #uerzas políticas «innovadoras», la estrate!ia de estas -ltimas
incorporaba el e%tendido sentimiento de #rustración de electorados que comienzan
a vivir el desen!aAo de la «promesa democrática». + si bien es cierto que el
desencanto es masivo, la #ati!a cívica a#ecta también a los principales partidos,
particularmente a la base militante, provocando con ello no solo el sur!imiento de
las condiciones para el advenimiento de una política del «!ran rechazo» (
crecimiento del «voto casti!o» en todos los países( sino de #órmulas antipolíticas
que promueven candidaturas de outsiders, que en todos los países del área
representan la entrada en la arena política de claras opciones antipartido
9
. /n las
#uentes de ese «!ran rechazo» se ha observado tanto el «miedo social» a la crisis
económica al terrorismo, particularmente en "er- 1olombia, como la
de!radación de los equipos diri!entes de los principales partidos4 en $enezuela, el
crecimiento de la corrupción las políticas neoliberales del se!undo !obierno de
1arlos &ndrés "érezG en /cuador, la ine#iciencia de los !obiernos socialdemócrata
democristianoG en "er-, el #racaso del primer !obierno del &"7& , en #in, en
@olivia, la parálisis de los !obiernos sucesivos del 587 del 5?7, habían minado
todos los intentos por con*urar la !ravedad de la crisis, dando como resultado el
inevitable des!aste de los principales partidos en el !obierno en la oposición
'0
.
9
1#. Hlivier ,abene4 Améri2ue latine. la démocratie de"radée, 1omple%e, "arís, '999, pp. '0=<''.G Peraldine
Lievesle4 )emocracy in Latin America. -ovilization. !o3er and t'e earc' for a Ne3 !olitics, Iniversit "ress,
5anchester, '999, pp. :.<:9.
'0
1#. &. 7amos 2iménez4 «La política sus trans#ormaciones. 7e#le%iones sobre el #in de si!lo» en Revista
%enezolana de &iencia !olítica ?B '6, '<6C.000, pp. ''<.>G 1ésar 1ansino4 «1risis trans#ormación de la
política. 7e#le%iones sobre el /stado #inisecular» en -etapolítica vol. ; ?B '9, '<.C.00', 5é%ico, pp. 90<99.
La tesis de que la política ya no es lo 2ue fue deriva de una proposición metapolítica, se!-n la cual «la política
a no puede ser el centro natural de control de sociedades enteras», e%puesta ori!inalmente por 3laus von
NUEVA SOCIEDAD Nº 173. MAYO-JUNIO 2001
Los triun#os de Mu*imori E'990F, 1aldera E'99>F, 0ánchez de Losada E'99>F, 0amper
E'99:F de @ucaram E'996F, todos portadores de #órmulas alternativas que
comportaban unos cuantos matices antipartido, unos más populistas que otros,
representaron en su momento la aco!ida popular de políticas re#ormistas
destinadas a acabar con la #rustración, rápida ampliamente identi#icada con la
democracia.
Los partidos en la época del desmantelamiento institucional
La década de los 90 puede tomarse, para los países andinos, como la del inicio de
un proceso de desestructuración partidista, #enómeno que va paralelo con un cierto
estrechamiento del ámbito de la política. La crisis política va u%taponiéndose a la
a lar!a crisis económica, a#ectando pro#undamente al endeble entramado
institucional de una democracia en construcción. ,e aquí que en nuestras
investi!aciones se haa impuesto con #uerza la hipótesis se!-n la cual «la política
a no es lo que #ue», demandando por tanto la utilización de nuevos instrumentos
de análisis, que incorporen observaciones relevantes sobre la dimensión del
cambio social sus e#ectos políticos
''
.
/n relación con los partidos se produce en esta época un #enómeno doble4 por una
parte, avanza la pro#esionalización de la clase política, provocando una suerte de
corporatización de los partidos , por otra, la emer!encia, al parecer imprevista, de
los «!randes desarticuladores» de la institucionalidad democrática.
"rimero, Lcómo se ha producido esta reorientación corporativa de los principales
partidosV /s cierto que con la creciente desideolo!ización la consi!uiente
b-squeda electoralista de las posiciones políticas de centro, los partidos han ido
consolidando equipos diri!entes especializados con maor capacidad para
administrar el do ut des, que les servirá para rea#irmar la tradicional política de
@eme en su libro 4eoría política del si"lo 55. )e la modernidad a la posmodernidad, &lianza, 5adrid, '99:, p.
.6. 1#. 7ené 7émond4 La politi2ue n6est plus ce 2u6elle était, Mlammarion, "arís, '99:G ?orbert Lechner4 «La
política a no es lo que #ue» en Nueva ociedad ?B '::, 9<=C'996, pp. '0:<''>. $. tb. "aolo Mlores dO&rcais4
«/l desencantamiento traicionado» en ". Mlores dO&rcais et al.4 -odernidad y política. 7z2uierda. individuo y
democracia, ?ueva 0ociedad, 1aracas, '99;, pp. '><'';.
''
,entro de su penetrante re#le%ión sobre los «mecanismos perversos de la democracia», Mlores dO&rcais ha
destacado así el #enómeno de la pro#esionalización corporativa de los partidos4 «/l político de pro#esión es
en líneas !enerales, una persona Nsin arte ni parteO. ... /l -nico o#icio para el que ha sido entrenado es para
obtener consenso distribuir recursos. 0abe de comités, de componendas, de mane*o de asambleas del do
ut des» Ep. ;6F.
NUEVA SOCIEDAD Nº 173. MAYO-JUNIO 2001
clientela entre los diri!entes (el partido( «su» p-blico
'.
. ,esde el punto de vista
de la or!anización, como lo han advertido al!unos autores europeos, a los
«partidos de masas» vinieron a superponerse los «partidos atrapatodo», más
e#icaces para !estionar la política electoral. "ero estos -ltimos, a su vez, poco a
poco van siendo desplazados por estructuras más pro#esionales, más cercanas al
e*ercicio !ubernamental , por lo mismo, más en contacto con el /stado que con la
sociedad civil
'>
. /n los países andinos, este #enómeno se revela en la casi
indetenible separación de las diri!encias partidistas en su relación con la base
militante en la consi!uiente disociación con amplios sectores de la sociedad civil,
terreno en el que parecen haberse impuesto, aunque esporádicamente, los así
llamados movimientos sociales. ?o obstante debe precisarse que éstos en momento
al!uno contaron con posibilidades reales para competir con los partidos, tanto en
el terreno de la articulación de los intereses como en el de la implementación de la
política p-blica
':
.
&simismo, en se!undo lu!ar, la pro#esionalización de los partidos ha provocado
en aAos recientes una maor personalización del leaders'ip, dando paso con ello al
sur!imiento de los «!randes desarticuladores». Mu*imori, en "er-, procederá al
proceloso desmantelamiento de las instituciones de la incipiente democracia4
partidos, parlamento, aparato *udicial, #uerza armada, etc. ,espués del precedente
peruano, sur!irán @ucaram en /cuador 1hávez en $enezuela, es!rimiendo una
«soberanía popular» e%cluente de «los políticos que han sido» a*ustándose a una
política restrictiva que promueve en la práctica la despolitización de los
ciudadanos<electores la anomia social. ,e aquí que los niveles de abstención se
haan elevado en los tres países, rompiendo con una tradición de alta participación
electoral, el terreno de la lucha política se haa desplazado desde los partidos
hacia los medios, con#i!urando así al!o cercano a lo que @ernard 5anin ha
'.
/l politólo!o italiano &n!elo "anebianco los ha denominado «partidos pro#esionales<electorales» en la
medida en que los equipos diri!entes son pro#esionales políticos que poseen débiles lazos or!anizativos de
tipo vertical se diri!en ante todo al electorado de opinión. 1#. &. "anebianco4 -odelos de partido, &lianza,
5adrid, '990, p. :9.. /n la evolución más reciente de las estructuras partidistas en las democracias
occidentales, se ha venido imponiendo el así llamado «partido cartel», caracterizado por «la
interpenetración entre el partido el /stado también por un modelo de colusión interpartidista», lo que
ha dado como resultado el hecho de que «los partidos sean una asociación de pro#esionales, no
asociaciones de o al servicio de los ciudadanos»G c#. 7ichard 0. 3ats "eter 5air4 «1han!in! 5odels o#
"art Hr!anization and "art ,emocrac4 )he /mer!ence o# the 1artel "art» en !arty !olitics ?B ', '99;,
pp. '9 ..G "iero 8!nazi4 «Le pouvoir du parti politique» en MranWoise ,re#us Edir.F4 Nouveaux partis.
nouveaux en8eux, "ublications de la 0orbonne, "arís, .000, pp. ;'<9:.
'>
1ontra una hipótesis e%tendida entre los investi!adores, la posibilidad de un desplazamiento de los
partidos por los nuevos movimientos sociales ha sido desmentida por la evidencia en países diversos como
1hile, "er- /cuador. 1#. Mrances Qa!opian4 «,emocrac and "olitical 7epresentation in Latin &merica in
the '990s4 "ause, 7eor!anization, or ,eclineV» en Melipe &!Xero 2e##re 0tarK Eeds.F4 9ault Lines of )emoc:
racy in !ost-4ransition Latin America, ?orth<0outh 1enter<Iniversit o# 5iami, 5iami, '99=, pp. '.:<'.;.
':
1#. @ernard 5anin, ob. cit., pp. .=0<.='.
NUEVA SOCIEDAD Nº 173. MAYO-JUNIO 2001
denominado «democracia de audiencia», en la cual las opciones electorales
resultan más personalizadas el dominio de las encuestas establece líneas de
división di#erentes a las de los partidos, respondiendo me*or a las preocupaciones
de un electorado desmovilizado que se presenta, sea como «audiencia», o bien
como «opinión p-blica»
';
.
Mrente a los partidos tradicionales, las #órmulas alternativas, que canalizan las
nuevas articulaciones de intereses e identidades, se presentan #uertemente
desideolo!izadas sus líneas de división o cliva*e no representan en modo al!uno
las tradicionales de clase , menos a-n, de carácter étnico
'6
. /llo obedece a las
características del reducido «mercado político», más inclinado a la relación directa
«sin intermediarios» con el líder de turno, desembocando en un espe*ismo
electoral que ha servido de base para la reivindicación de una «democracia
';
1ontra una idea mu e%tendida, las e%periencias indi!enistas de corte movimientista no han
representado #racturas históricas que se e%presen como modi#icaciones sustanciales en los sistemas de
cliva*es. 0i bien es cierto que el Katarismo boliviano el pachaKutiK ecuatoriano han canalizado en buena
parte opciones electorales de carácter étnico en su de#ensa de los intereses de la masa indí!ena, no lo es
menos que la base del con#licto<cliva*e ha sido siempre socioeconómico. Las masas pobres campesinas
han sido hasta aquí más proclives a sumarse a las más amplias clientelas neopopulistas o a lo que
soicioló!icamente se ha de#inido como «!rupos emer!entes». /n el caso boliviano 7ené &. 5aor!a ha
observado4 «1omo movimientos sociales, I10 1ondepa son, en realidad, #enómenos peculiares de
Npolitización no políticaO de masas urbanas con ras!os derroteros bastante di#erentes, pero ambos han
or!anizado a los !rupos sociales emer!entes, han contribuido a inte!rarlos al sistema político miti!ando el
potencial de con#lictos sociales, han modi#icado el escenario político sin provocar un ries!o serio de
desestabilización antisistémica» Eob. cit., p. ''0F. + en /cuador, el movimiento indí!ena, representado por
la 1on#ederación de ?acionalidades 8ndí!enas del /cuador E1onaieF se convierte a partir de '990 en
interlocutor con los !obiernos de turno, pero sin constituirse en una #uerza social autónoma. )rátase más
bien de una cate!oría social dispersa entre el campesinado pobre la mar!inalidad de las ciudades que
cuenta entre sus diri!entes a pro#esionales de ori!en indí!ena, pero inte!rados a las luchas políticas de
clase. 7ecientemente se ha observado que «&ntropoló!icamente, por conductas #ormas de vida, los
e%pertos estiman el n-mero de indí!enas en Nalrededor de un millónO, lo que equivaldría a al!o menos de
'0U de la población ecuatoriana. )ampoco se sabe a ciencia cierta cuántos indí!enas se sienten
!enuinamente representados por la 1onaie por las otras or!anizaciones, pero está claro que su capacidad
de convocatoria movilización es e%tensa sostenida» E&le!ría ,onoso 2or!e Hrtiz4 ob. cit., p. '9;F.
'6
,e acuerdo con encuestas realizadas entre '99> '999, la con#ianza o valoración de los partidos en los
países andinos resulta demasiado ba*a E'.UF si la comparamos con el promedio del resto de países
latinoamericanos E.0UF, anotándose el hecho de que la misma no alcanza ;U en $enezuela /cuador Ec#.
5arcelo Lasa!na4 «"olítica desarrollo4 la brecha institucional de &mérica Latina» en Revista de Estudios
!olíticos ?B ''0, '0<'.C.000, 5adrid, pp. ..0<.... /l clima antipartidista adquiere dimensiones esotéricas
en la 1onstituente venezolana de '9994 la e%presión «partido» desaparece es sustituida por la anodina
«asociación con #ines políticos». &sí, en el art. 69 de la 1onstitución @olivariana se lee4 «)odos los
ciudadanos ciudadanas tienen derecho de asociarse con #ines políticos, mediante métodos democráticos
de or!anización, #uncionamiento dirección. 0us or!anismos de dirección sus candidatos candidatas a
car!os de elección popular serán seleccionados o seleccionadas en elecciones internas con la participación
de sus inte!rantes...». 1omo la teoría la práctica de las democracias occidentales nos lo demuestra, esos
«métodos democráticos de or!anización, #uncionamiento dirección» esas «elecciones internas con la
participación de sus inte!rantes» son #orman parte de una realidad identi#icada con la e%presión partidos
políticos. Qasta nuevo aviso.
NUEVA SOCIEDAD Nº 173. MAYO-JUNIO 2001
participativa», más abstracta que real, como #órmula superior a la democracia
representativa, que prescinde de la or!anización de partidos políticos.
1on la reciente caída de Mu*imori del #u*imorismo ha quedado demostrado hasta
qué punto los partidos creados con el ob*etivo de apuntalar el poder personal de su
líder #undador carecen de uno de los requisitos esenciales de todo partido4 la
permanencia, que les permite sobrepasar la vida política #ísica de sus
#undadores. Htro tanto se podría decir de los partidos 7oldosista, de &bdalá
@ucaram, del 5ovimiento Juinta 7ep-blica, de Qu!o 1hávez. /n la medida en
que se mantienen estrechamente dependientes de la personalidad de su líder,
éste no tiene otro poder que aquel que su popularidad le procura, no poseen
maores esperanzas de vida. ,e aquí que se pueda a#irmar el hecho de que en el
conte%to de los países andinos, los casos de 1olombia @olivia, con sus partidos
tradicionales que cuentan con orientaciones histórico<ideoló!icas mínimas
#uertemente arrai!ados en el te*ido social (al abri!o de las amenazas
neopopulistas( son más bien la e%cepción, porque si bien es cierto que la presencia
de candidatos outsiders antipolíticos en los procesos electorales recientes en los
dos países E5ocKus, 0anín $aldivieso en 1olombia, 1arlos "alenque 5a%
Mernández en @oliviaF no ponía en peli!ro en modo al!uno la estabilidad de los
sistemas partidarios, no lo es menos que una cierta solidez de la clase política le
habría permitido neutralizar los avances electorales de tales alternativas. )al vez en
el /cuador pos<@ucaram, el #enómeno se reproduce con el retorno de la ," de
2amil 5ahuad del "01 de Mebres<1ordero, en el "er- pos<Mu*imori, con el
imprevisto re!reso del &"7& de &lan Parcía, ello en circunstancias tales que el
descrédito de los partidos en los países andinos se ha mantenido más alto que en el
resto de países latinoamericanos
'9
.
/l hecho de que los partidos se presenten como los le!ítimos portadores de los
intereses e identidades ha sido, por consi!uiente, consa!rado por el derecho por
la práctica política. /n aAos recientes, tanto en "er- como en /cuador @olivia, la
política de partido ha resultado ampliamente reivindicada a partir de la
desmiti#icación de las soluciones propuestas neopopulistas de carácter
'9
2unto a la conocida tesis de Lipset 7oKKan sobre el «con!elamiento» de los sistemas de partidos, dos
investi!adores norteamericanos habían observado hace al!-n tiempo el hecho de que en los re!ímenes
democráticos t'e old parties never die, no importando el nivel de «su des!racia» que, en todos los casos, no
pasaría de ser temporal. /sto parece aplicarse ho en "er- $enezuela, como a había sucedido en
&r!entina Ela I17 de 7a-l &l#onsínF @olivia Eel 5?7 de "az /stenssoroFG c#. 3e LaRson "eter 5erKl4
;'en !arties 9ail. Emer"in" Alternative <r"anization, "rinceton Iniversit "ress, "rinceton, '9==, pp. ;6'<
;6.. Ina reactualización de esta tesis en el apartado «1ontinuities, 1han!es, and the $ulnerabilit o# "arY
t» en "eter 5air4 !arty ystem &'an"e. Approac'es and 7nterpretations, 1larendon "ress, H%#ord, '999, pp.
'9<::.
NUEVA SOCIEDAD Nº 173. MAYO-JUNIO 2001
autoritario. /n el caso de 1olombia, la #uerza electoral de las opciones antipartido
se ha revelado e%itosa solo en el plano local, puesto que, en el ámbito nacional, las
candidaturas emer!entes e%teriores al bipartidismo no parecen contar con #uerza
movilizadora para convencer a un electorado escéptico temeroso ante los e%cesos
de la violencia !uerrillera paramilitar. /n $enezuela, el descrédito de la clase
política tradicional, que #ue arrasando con los partidos lo que quedaba de ellos,
no ha sido su#iciente para anunciar su #inal. "or el contrario, ho en día asistimos a
los «preliminares» de la reconstitución del sistema partidario, que deberá sortear
ciertamente unos cuantos obstáculos, que van desde la reestructuración de los
aparatos partidistas hasta la movilización de las *óvenes !eneraciones, que se
mani#iestan apolíticas reacias hacia la actividad militante.
¿Tienen futuro los partidos políticos?
0i al desencanto democrático (que, de paso, no se revela tan drástico en las
encuestas( a!re!amos el desmantelamiento de las instituciones, los nuevos
escenarios de la política en los países andinos deberían diseAarse con los partidos
en #ranco retroceso o minusvalía. /llo no sucede, si bien es cierto que el dé#icit de
representatividad de los mismos ha dado lu!ar, en uno otro país, al sur!imiento
de alternativas electorales independientes antipolíticas, el resur!imiento en
nuestros días de los vie*os partidos, que se daban mu rápidamente por
desaparecidos, reactualiza una hipótesis de traba*o aparentemente abandonada, si
no desmentida, por los investi!adores. /s el caso del &"7& peruano la &,
venezolana
'=
, en el sentido de que el #in de la era Mu*imori en "er- terminaría por
dar nueva vida al &"7& el deterioro de la «solución 1hávez» en $enezuela
terminará por reivindicar a la &,, sin posibilidades de retorno hasta hace poco
'9
.
,e hecho, las posibilidades de desmantelamiento de los sistemas partidarios
'=
1omparativamente, las posibilidades de reestructuración del &"7& han sido maores a las de &,.
"oseedor de una lar!a e%periencia como partido de oposición, el primero pudo reconstituir después de '0
aAos lo más esencial de sus cuadros, convirtiendo nuevamente a su líder, &lan Parcía, en una e#ectiva
opción de poder. "or el contrario, la lar!a e%periencia de &, como partido de !obierno, se cuenta entre las
causas de un resquebra*amiento de la estructura partidaria de arriba hacia aba*o, de*ando unas cuantas
tendencias disidencias irreductibles, lo que le ha impedido hasta ho constituirse en la principal #uerza
política de la oposición a 1hávez al chavismo.
'9
La resistencia civil (no necesariamente violenta( en conte%tos autoritarios con#i!ura una de las
principales «condiciones de emer!encia» de los nuevos partidos4 es el caso de "er- "osible de &le*andro
)oledo de "rimero 2usticia en $enezuela. /llo obedece también al hecho de que los nuevos "overnment
parties en tales situaciones no constituen sino soluciones provisionales poco duraderas, demasiado
dependientes de su líder #undador en el Pobierno, por lo que sus esperanzas de vida no van más allá del
tiempo que se manten!an en el poder. "iénsese en los casos de 1ambio 90<?ueva 5aoría en el "er- en
el 5$7 en $enezuela. /ste -ltimo cuenta con un precedente de talla4 1onver!encia ?acional de 7a#ael
1aldera, rápidamente desaparecido con el !obierno de su #undador.
NUEVA SOCIEDAD Nº 173. MAYO-JUNIO 2001
siempre estuvieron vinculadas con la desaparición de los partidos principales o
relevantes. &sí, a medida que tales partidos iban entrando en declive pro#undo, su
sustitución por otros nuevos se revelaba como una tarea de lar!o aliento, que
presuponía la presencia de líderes provistos de convicciones democráticas
antiautoritarias
.0
.

0i en aAos recientes se han advertido unos cuantos #actores de cambio en la
dinámica política, particularmente aquellos que venían vinculados con la maor
presencia política de los medios con los avances de la política<espectáculo, es
preciso incorporar en nuestros análisis aquella dimensión socioló!ica, que se
e%presa ba*o la #orma de lo que Ilrich @ecK ha denominado sub-política que
consiste en el desarrollo de opciones que van más allá de la política institucional
.'
.
/sto -ltimo nos parece en el ori!en de la desmovilización apatía de las *óvenes
!eneraciones del retiro espontáneo de un buen n-mero de electores. /n tal
sentido, el #uncionamiento de las democracias en nuestros días debe incorporar
acciones especí#icas orientadas hacia la rehabilitación de la política, que por lar!o
tiempo se ha mantenido como actividad de!radada. /llo implica es#uerzos
correctivos de la política de partido, e%traviada entre la corporatización de los
intereses la devaluación de las identidades políticas.
1ontar con sistemas de partidos #uertes estables #orma parte, desde hace al!-n
tiempo, del desa#ío democrático en nuestros países. ,e modo tal que el
debilitamiento de las estructuras partidarias tradicionales el enve*ecimiento de
una clase política tradicional, que luce acorralada e incapaz de desentraAar la
naturaleza de los cambios operados en la sociedad, son solo síntomas de una crisis
de la participación de la representatividad, que a#ecta ho en día todo proecto
de construcción democrática. "orque las tentaciones plebiscitarias de los nuevos
desarticuladores, reacios ante el !obierno de las lees que el ré!imen democrático
presupone, están allí para demostrarnos que la democratización de la política
implica participación cívica del maor n-mero no aclamación o dele!ación de
todo el poder en el poderoso de turno.
+, si bien es cierto que el sistema de partidos ha sido identi#icado como un sistema
político de privile!ios, no es menos cierto que en la re!ión las tentativas
.0
1#. Ilrich @ecK4 La invención de lo político. !ara una teoría de la modernización reflexiva, Mondo de 1ultura
/conómica, @uenos &ires, '99=, pp. '.9<'>0.
.'
?o es coincidencia que lo dicho por Mu*imori, lue!o de su amplio cuestionado triun#o electoral de '99;,
en el sentido de que «"er- se enrumba hacia una democracia plebiscitaria» EMu*imori la llamó también
«democracia directa»F, se reproduzca en el discurso de 1hávez en las elecciones sucesivas de '999, hacia la
construcción de una «democracia participativa prota!ónica» Ec#. 5. Lauer4 ob. cit., pp. '9'<'9.G &. 7amos
2iménez4 «/l lideraz!o del Nnuevo comienzo...O», cit., pp. ''<>>.
NUEVA SOCIEDAD Nº 173. MAYO-JUNIO 2001
antipartidistas, cuando se han impuesto, se han revelado poco democráticas
proclives a la arbitrariedad al autoritarismo. &sumir a los partidos sistemas de
partidos como instituciones que contribuen al desplie!ue de una democracia
e#ectiva no es ciertamente una idea nueva, pero habría que rea#irmarla en los
procesos de cambio que se adelantan en nuestros países.
Alfredo Ramos Jiménez: politólo!o venezolano, director del 1entro de
8nvesti!aciones de "olítica 1omparada, Iniversidad de Los &ndes, 5éridaG autor
de Los partidos políticos en las democracias latinoamericanas EIL&, '99;F Las
#ormas modernas de la política. /studio sobre la democratización de &mérica
Latina E1<8"1, '999F.
Palabras clave: partidos, sistemas de partidos, democracia, área andina.