ANÁLISIS FÍLMICO

“ÉL”, LUIS BUÑUEL
(1953)
















Adrián García Díaz
Diego González Fernández
Pablo Huelves Garrido
Javier Marrero López
Guillermo Martínez García
Kenny Mateus Alarcón
Jesús Serrano García



Grupo 42, Comunicación Audiovisual
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El siguiente análisis tiene como objeto de estudio el filme Él, de Luis Buñuel, realizado
en el año 1953. La película, ambientada en México y rodada en blanco y negro, podría
separarse en tres supra---fragmentos:

• El primero relata los sucesos anteriores a la boda entre los protagonistas,
Francisco y Gloria.
• El segundo corresponde al relato de los hechos acontecidos desde que Francisco y
Gloria se casaron hasta la escena del campanario y el posterior encuentro con su
anterior novio, Raúl. La historia tiene como narradora a la propia Gloria, que rellena
el espacio de una enorme elipsis temporal entre el primer fragmento y el encuentro
de Gloria y Raúl.
• El tercer y último fragmento comienza justo cuando Gloria termina su relato y
Raúl la lleva a la casa de Francisco, después de su pelea en el campanario. De aquí
continuará hasta el mismo desenlace de la película.

Partiendo desde el mismo inicio del film, los títulos de crédito aparecen con una
cuidada caligrafía enmarcados en un plano en el que aparece un campanario que, como
posteriormente comprobaremos, volverá a aparecer en una de las escenas más
impactantes. El campanario resultará ser un lugar de importancia para Francisco, ya que le
produce una sensación de poder al contemplar desde las alturas a la gente de a pie,
calificándola despectivamente como “gusanos que se arrastran”.

Centrándonos en este fotograma y uniéndolo a la primera secuencia del filme, se
asienta en la conciencia del espectador la importancia de la cuestión religiosa en el
desarrollo de la película. La moral católica es parte inseparable del protagonista, que se
representa a lo largo de la película a través de la puesta en escena (como el crucifijo del
cuarto de Francisco) o de las declaraciones de los personajes (un clérigo hablando de lo
“buen cristiano” que es el protagonista), además de otras cuestiones que nos remiten una y
otra vez al imaginario religioso: es en la iglesia donde Francisco se obsesiona con Gloria, y
es en la misma iglesia donde luego tiene intención de matarla a ella y a Raúl, cayendo
definitivamente en la locura al final.

El amor que siente Francisco hacia Gloria está tan influenciado por el instinto que deja
atrás toda racionalidad. Desde el mismo principio del romance, Francisco mantiene una
actitud agresiva con Gloria, llegando a traicionar la confianza de su amigo para conquistarla.
Este punto será clave a la hora de configurar la dinámica de la relación entre ambos
protagonistas, dejando de lado el sentido común en muchos momentos y basándose
únicamente en impulsos de amor---odio, fundamentalmente producto de la creciente
inestabilidad mental de Francisco. Y esta violencia se ve acrecentada por la máscara de
persona racional que se pone Francisco al sumergirse en los círculos sociales, desarmando a
Gloria y sus argumentos de defensa contra el maltrato físico (representado por primera vez en
una escena con voces fuera de campo, eludiendo así la posible censura y aumentando la
violencia interna) y psicológico que sufre.
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La escena de Gloria y Raúl
en la cena de casa de Francisco es
muy ejemplificadora. Antes de la
cena se describe la grandeza del
salón de la casa, mientras el clérigo
amigo de Francisco habla del padre de
este como una persona regida por el
sentimiento y la emoción (ya que
estas cualidades fueron necesarias
para construir dicho salón), en
contraposición con el carácter racional y puro que con el que se etiqueta a Francisco. Como
veremos a lo largo del filme, a partir del segundo supra---fragmento se destapará la cara
oculta de Francisco, su degradación y su lado oscuro, pasional y violento.

Con el filme ya avanzado, la casa adquiere una importancia significativa en el relato
por su repetición, ya que acaba sirviendo de metáfora del propio Francisco. Por un lado,
expresa grandiosidad y majestuosidad, al igual que Francisco en toda la película (sus
relaciones con todos sus conocidos, su forma de vestir, el respeto que infunde según Gloria…
), es decir, la fachada o cara externa de la casa y del mismo Francisco. Por otro lado,
vemos un salón oscuro y fúnebre, con una escena en la cual Gloria llora en fuera de campo
(la escena previamente mencionada en la que es maltratada), como símbolo de la fuerza de
la “fachada” de autoridad que Francisco ha escogido. Esto, unido a la construcción irregular
de la escalera, plasma físicamente en pantalla la locura del personaje, o mejor dicho, la
personalidad más privada de Francisco (sólo conocida por Gloria y su mayordomo), que
contrastará con su “persona pública”, noble y respetable.


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Y es que la obsesión por las apariencias y lo que se oculta detrás de las mismas en
cada persona es una de los temas centrales de la película, unido a una de las grandes
protagonistas: el engaño y la mentira. Francisco es una persona que no soporta está por debajo
de otra persona. Tiene que ganar cualquier argumento y cualquier batalla, ya sea dentro
de la casa (con su actitud dominante hacia su mujer), o fuera de la misma (en la batalla legal
para recuperar las tierras de su familia). Por ello construye una imagen de solidez y de rectitud
inquebrantables ante los demás: nunca puede dejar que nadie vea en él alguna debilidad.
Pero es ahí donde Gloria entra en acción como su punto débil, amenaza y objeto de deseo,
todo al mismo tiempo.

Por una parte Gloria es el “flechazo” (como alude uno de los amigos de Francisco)
del protagonista. Es un amor que atraviesa cualquier barrera, absolutamente irracional y
pasional, y por lo tanto poderoso. Más poderoso que las barreras que ha erigido Francisco a
su alrededor para protegerse de sus enemigos (encarnados en las personas que pretenden
apoderarse definitivamente de las tierras de su familia, aunque posteriormente esta
encarnación se extrapola a todo el mundo, con la creciente enajenación mental del
protagonista). Es por ello que Gloria juega el doble papel de objeto de deseo y amenaza
para Francisco, haciendo que necesite tomar el control sobre ella. De ahí que veamos en el
filme multitud de planos de Francisco en doble actitud de protección y sumisión de Gloria
(agarrándola constantemente, amenazándola, suplicando que se quede o alabando su
belleza) Tenemos que tener en cuenta que el personaje, es virgen (reiteración del tema
religioso) y nunca ha estado con ninguna otra mujer salvo Gloria, lo que intensifica esta
obsesión por controlar a la mujer.

Esta obsesión, sumada a los celos, hará florecer el lado más loco e instintivo de
Francisco. Este lado oscuro y oculto al público será narrado en este caso por Gloria, en el
trascurso de su paseo en coche con Raúl. Aquí se produce una dilatación del relato frente a
la historia, en el que Gloria rellenará la anterior elipsis con las historias sobre su marido y
sus excesos con ella. En todas estas escenas vemos siempre la búsqueda de superioridad de
Francisco, no solo frente a Gloria, sino frente a todo el mundo.

Un ejemplo de esto ocurre en la ciudad de origen de Francisco. Ellos observan desde
un mirador a la gente, sintiéndose él superior a ellos.
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Esta situación se repetirá en el campanario, pero en este caso la actitud de Francisco
se torna más despectiva, rozando la psicosis, la sociopatía y el instinto asesino del mismo.
Tanto es así que llega a amenazar a Gloria con tirarla desde lo alto del campanario,
traumatizándola aún más y llevándonos al punto en el que esta escapa de él y del resto del
mundo (que no la comprenden a pesar de que está absolutamente subyugada, consecuencia
de la gran fachada planteada por Francisco) y se sube en el coche para confesar a Raúl lo
ocurrido. Justo al acabar esta escena, vuelve a reiterarse la posición de Francisco en lo
superior, observando cómo su mujer sale del coche desde una posición con altura.



Este símil de la altura
con la grandeza también se
repetirá poco después
cuando Gloria fotografía a
Francisco en lo alto de la
escalinata de la Iglesia, no
permitiéndole a ella el
mismo privilegio también. En
este caso vemos cómo se
asocia también el poder con
la altura, y en cierto modo con la Iglesia, con la religión católica, que aparecerá por todo el
film, a través de crucifijos, edificios religiosos, cuadros, las estatuas de los monjes del patio
de Francisco, etc. Este aspecto es muy significativo en el filme, ya que la conducta pública
de Francisco, la que todo el mundo le atribuye, está muy relacionada con la moral católica:
pureza, nobleza y racionalidad (que son algunos de los argumentos que se usan para describir
a Francisco). Pero en la sombra y en la intimidad es un ser cobarde, débil e inestable, que
detesta su propia personalidad.


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Y la única persona que puede verle
en estado puro es Gloria, que le consuela
y sufre las consecuencias de ser la única
persona en verle en sus momentos más
bajos. Si tomamos como ejemplo la escena
en la que la pareja está redactando un
documento para la batalla legal de
Francisco, vemos cómo este pasa a estar
en un plano inferior a ella, lloroso y con
ansias de cariño. Ella, en actitud maternal,
le consuela. Sin embargo, no pasa demasiado tiempo en esta posición y se levanta, quedando
por encima de ella y reprochándole una vez más. De nuevo amor---odio, deseo---amenaza,
que se repiten constantemente en la relación de ambos personajes. Francisco se define a sí
mismo como una persona absolutamente justa, sorprendiéndose de que Gloria le califique
como alguien injusto. Anteriormente, le agradece que ella alabe su fortaleza ante las demás
personas. Esto dice mucho del carácter del personaje, que no permite que nada resquebraje
su “muralla social”.

Un recurso visual utilizado en esta
sucesión de planos, que también se utiliza en
diversos momentos del filme, es la utilización de
diferentes encuadres como “zonas” más públicas
o privadas de cada personaje. Así vemos que
en la mesa hay dos personas hablando con
actitud más privada, pero que el cuadro se
abre para una conversación más abierta con
una tercera persona y finaliza en un plano
general de la mesa. De la misma forma, en la
escena en la que Francisco expone su carácter
débil e inestable a Gloria se pasa de un plano
conjunto de los dos a un plano corto de cada
uno, dándoles privacidad de mostrar sus
verdaderos sentimientos (uno indefensión y
violencia, la otra resignación y ansias de
desahogo)


El anterior recurso es utilizado de forma recurrente para reiterar las esferas de lo privativo
y lo público a lo largo de la película. En una situación realista, un cruce de miradas o una
conversación sería fácilmente detectable si se prestara atención, pero en el mundo fílmico los
límites del cuadro crean una barrera psicológica para el espectador. Un plano conjunto de dos
personajes cruzando miradas y palabras de acercamiento (el contacto de Francisco y Gloria en
la cena de la casa del primero) hace que parezca que estos dos personajes están
completamente solos, a pesar de que el salón esté abarrotado. Al abrir el plano, se incluye la
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esfera de lo público, en el que hay que mantener las apariencia.
El uso de la música extradiegética es también algo que refuerza la intensidad de
determinados puntos de la historia. La tensión en momentos violentos (gran potencia la
escena en que Francisco le pega tres tiros de fogueo a Gloria), de sospecha (la presencia
incesante y depredadora del protagonista) y de melancolía y calma.

A modo de conclusión serviría el uso del
color negro en el vestuario de los
personajes y la secuencia e imagen finales.
Por una parte, la secuencia final de la
iglesia es un ejemplo del paso final de
Francisco hacia la locura por medio de
alucinaciones, ejemplificada con su doble
visión de la realidad, en la que unos
personajes que no le prestan atención son
vistos riéndose de él en actitud de burla y
ridículo. Entre ellos, el clérigo (en posición superior a Francisco) también se burla de él,
acentuando el carácter de locura del personaje y su aislamiento absoluto de la realidad. El
ataque al clérigo es la confirmación de que se ha vuelto completamente loco (“Suéltenle, es mi
amigo. Se ha vuelto loco”), con ese plano en el que quedan contrapuestos lo blanco (la
racionalidad, el bando del clérigo y la anterior fachada de Francisco) y lo negro (la locura, el
verdadero ser que ha dominado a Francisco).

Como hemos dicho, el uso del color es muy simbólico. En la primera escena, Gloria viste de
blanco. Cuando se encuentra con Raúl, vestirá de negro. Es el efecto del paso de Francisco por
su vida, en la que la violencia y la locura han invadido su existencia. Asimismo, el plano final de
Francisco como monje, tras una elipsis temporal, le vemos llevando el negro, cargando con su
“pecado” de forma constante en forma física. Camina sin rumbo hacia un túnel oscuro, un
camino que él mismo se ha labrado a base de engañarse a sí mismo con pretensiones de una
realidad inventada, en la que la obsesión por la victoria y la superioridad le han abocado a un
abismo de locura. Ese túnel negro puede simbolizar tanto el descenso definitivo a los infiernos
como el primer paso por el purgatorio para expiar sus errores pasados y lograr así su
paz interior.

En resumen, una película que habla
sobre las apariencias, la obsesión y la locura
(todo ello sintetizado en el personaje de
Antonio) y la antítesis del amor---odio y el
perdón ante la violencia (cristalizado en la
figura de Gloria, sufridora, traumatizada,
golpeada e insultada, pero comprensiva y
cariñosa hasta el final). Una reflexión sobre
la integridad y el verdadero carácter de las
personas, la importancia del perdón y de la
honestidad con los demás, pero sobretodo
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con uno mismo.
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