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LA REHABILITACIÓN EN ADICCIONES
T.S. Pedro Camacho Ramírez
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Antecedentes de la rehabilitación
Históricamente, el desarrollo del tratamiento y la rehabilitación del en-
fermo mental, han dependido en mucho de la actitud y los prejuicios de
la sociedad ante este problema. No obstante, de una u otra forma, ha
prevalecido siempre la filosofía de ayuda y atención al enfermo, defen-
diendo su derecho a la salud, a recuperar su dignidad y funcionalidad
como persona, de manera que pueda reintegrarse a su propia comuni-
dad del mejor modo posible.
Esta situación, entre otras, ha contribuido para que el tratamiento
y la rehabilitación de los enfermos mentales se mantenga en constante
evolución, aunque no en forma conjunta.
El tratamiento, como concepto teórico y su aplicación práctica clí-
nica, ha tenido mayor claridad que el de rehabilitación.
En la rehabilitación encontramos que durante muchos años no hubo
acuerdo de lo que constituía el concepto de rehabilitación, por lo cual
no fue posible establecer, un cuerpo claramente definido de publica-
ciones especializadas sobre la rehabilitación.
En este sentido, es necesario aclarar, en términos precisos, que la
teoría y la práctica de la rehabilitación se hallan aún a la espera de
consolidar su status científico.
Sin embargo, esto no ha impedido que en las últimas décadas la
rehabilitación acumule un desarrollo gradual de evidencias que demues-
tran que la intervención rehabilitatoria es un componente necesario en
cualquier actividad tendente a recuperar la salud
Antes de este desarrollo, las concepciones de rehabilitación ha-
bían sido muy generales y confusas, razón por lo cual resultaba muy
difícil su aplicación.
* Subjefe del Departamento de Consulta Externa.
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En la Europa del siglo XIX, la preocupación moral y social por el
rechazo a los discapacitados e indigentes generó movimientos carita-
tivos tendentes a proporcionarles algún tipo de ayuda; sin embargo, las
actividades instrumentadas, estuvieron dirigidas más claramente a com-
batir la indigencia y el desamparo que la discapacidad, evidenciando,
así, que no había distinción entre pobreza y discapacidad
Varios autores aseveran que el concepto de rehabilitación procede
de la ortopedia (Marcelo Valencia 1996) o tratamiento de los acciden-
tados (rehabilitación física), cuya finalidad era la reconstrucción de las
habilidades dañadas, para un mejor acomodo; si no al nivel anterior, al
menos en la mejor condición posible que le permitieran sus capacida-
des residuales. Desde esta perspectiva, la rehabilitación fue estable-
ciendo sus paradigmas.
También se afirma que la necesidad de atender a los sobrevivien-
tes de la Primera Guerra Mundial dio impulso a los primeros intentos
manifiestos de la rehabilitación psiquiátrica (Douglas Bennett. 1990).
En algunos países de Europa y en Estados Unidos se buscó que
los mutilados de guerra encontraran empleo, otorgando subsidios a
empresas que los emplearan, así como que se diera entrenamiento
a los invidentes por la guerra. Estas tendencias influyen notablemente
sobre las concepciones ya elaboradas, ampliando la meta principal
de la rehabilitación; ahora se trata de colocar a los incapacitados en
la actividad laboral lo más idónea posible (reinserción), tratando de
modificar la incapacidad y contrarrestarla, al perfeccionar otras ca-
pacidades.
Posteriormente, en el desarrollo de los tratamientos para enfermos
mentales, electroconvulsivos, farmacológicos, las psicoterapias y so-
bre todo el hospital psiquiátrico, influyen de manera significativa sobre
los conceptos y procedimientos de la rehabilitación; de hecho, el hos-
pital psiquiátrico se situó como eje fundamental de los actos rehabi-
litatorios, asumiendo que todo enfermo mental debería llegar
ineludiblemente a éste (Carlos Pucheu R. 1989).
Uno de los procedimientos para lograr la rehabilitación en el hos-
pital psiquiátrico fue el “entrenamiento de hábitos” de los pacientes
con trastornos crónicos, donde se intentaba ayudar al enfermo a adap-
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tarse favorablemente a la vida del hospital y reducir el cuidado hacia
éstos.
Después, se utilizó el trabajo remunerado (talleres protegidos) para
contrarrestar la institucionalización de los pacientes en el hospital. En-
tonces, el objetivo era reducir las incapacidades de los pacientes, fa-
voreciendo el desarrollo de habilidades en las áreas laboral, social y
emocional, a fin de que volvieran a estar mentalmente capacitados
y listos para enfrentar el mundo exterior.
En los años cincuenta, tanto en Inglaterra como en Estados Uni-
dos, la reubicación o reintegración a la comunidad de los pacientes de
los hospitales psiquiátricos se convirtió en la meta principal de la reha-
bilitación psiquiátrica.
Al igual que en las fases anteriores, el desarrollo de la medicina
social y los programas de salud mental comunitaria amplían el contexto
y las metas de la rehabilitación. El planteamiento, ahora, era propor-
cionar los servicios en la comunidad; establecer unidades razonable-
mente cercanas al hogar del paciente, proporcionar una diversidad de
servicios de manera inmediata, accesibles y continuos hasta lograr la
rehabilitación completa.
Con el movimiento que consideraba la comunidad como parte cen-
tral, se propició, por un lado, que la rehabilitación iniciara en una etapa
más temprana del comienzo de la incapacidad y se tratara de impedir
que se generara incapacidades en las instituciones, y por el otro, que
los profesionales que participaran en la rehabilitación deberían pre-
ocuparse también por los problemas cotidianos de los pacientes
discapacitados, ya que con frecuencia presentaban dificultades en el
establecimiento y mantenimiento de relaciones interdependientes en su
contexto ambiental.
La rehabilitación requería, entonces, reajustar a la persona a su
ambiente social, tanto al sistema de apoyo primario como al secunda-
rio, es decir, promover un proceso de ajuste-reajuste entre personas
que están y no incapacitadas; se ponía de relieve la necesidad de es-
tructurar “intervenciones combinadas” que integraran la cooperación
entre el personal de la unidad de salud, el paciente y los sistemas de
apoyo primario y secundario.
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Así, después de un proceso de desarrollo no largo, la rehabili-
tación incorpora, hoy en día, los elementos esenciales para construir
una concepción más integral de rehabilitación; éstos incluyen, dirigir la
atención a:
Las necesidades específicas de la persona y a los perfiles de la in-
capacidad y la capacidad.
Las exigencias que establece el ambiente del individuo.
La prestación de apoyos específicos.
El tratamiento y la rehabilitación en adicciones
El tratamiento y la rehabilitación con usuarios de sustancias, cir-
cunscrito en el campo de la salud mental, reproducen en su inte-
rior la misma situación de desacuerdos conceptuales y su conse-
cuente variedad de planteamientos metodológicos.
Si bien, se ha podido establecer sin lugar a dudas que son
múltiples los factores que inciden en la aparición y el manteni-
miento de la adicción, también es evidente que hasta este mo-
mento no existe acuerdo en la definición de la misma.
La adicción se ha definido como una condición de vulnera-
bilidad innata o adquirida; un problema de disfunción bioquímica
cerebral; una enfermedad; un síntoma; resultado de una interacción
patológica familiar, o un problema de comportamiento antisocial,
entre otros.
En consecuencia, como ya se comentó, los objetivos, metas y aproxi-
maciones metodológicas difieren unas de otras; por ejemplo, las postu-
ras que enfatizan la adicción como disfunción cerebral, su objetivo es re-
vertir o compensar dicha disfunción a través de la medicación o
tratamientos conductuales.
Las concepciones que concibe la adicción como enferme-
dad, buscan como propósito central terapéutico, disminuir o su-
primir el consumo de sustancias, ya sea mediante la psicoterapia
o por el reemplazo de una sustancia por otra.
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Algunos modelos, derivados de las dos posturas teóricas anterio-
res, marcan la necesidad de establecer acciones diferenciadas en cuanto
al tratamiento y la rehabilitación, pero no les dan el mismo nivel de
importancia, ni la integración debida. Los grupos profesionales, en ge-
neral, dan mayor importancia a las acciones psicoterapéuticas y
psicofarmacológicas en menoscabo de las rehabilitatorias.
De aquí, que en muchos de los casos donde se intentaba reinte-
grarlos a una actividad laboral o escolar, se observó que no lo podían
lograr de manera automática, puesto que su foco de atención sólo se
centró en los síntomas o la conducta problemática, sin incluir el desa-
rrollo mínimo de habilidades para que pudieran enfrentar las exigencias
de su contexto laboral o comunitario, por lo que no tardaba en reapa-
recer el consumo de sustancias.
En cambio, otros modelos que comparten esta misma concep-
ción también reconocen la participación que tienen los factores
conductuales y sociales en la misma “El trastorno cerebral sub-
yacente no es el único factor que debe ser tratado, sino además se
debe enfatizar los componentes conductuales y sociales desencade-
nantes” (Alan I. Leshner 1998).
En los modelos que consideran a la adicción como síntoma, su
objetivo es tratar la patología que sustenta la conducta adictiva, sea
al interior del sujeto o de una familia, asumiendo que los logros
terapéuticos como cambios individuales o familiares permiten la rein-
tegración de habilidades y la reinserción social.
Asimismo, el marco que le da más importancia a las conductas
problemáticas asociadas que al abuso de sustancias, considera que la
rehabilitación ésta implícita en sus intervenciones terapéuticas. Se es-
tablece como meta que el individuo desaprenda la conducta adictiva,
en una situación concreta asociada, remplazándola con otro compor-
tamiento.
Entre los modelos de tratamiento y rehabilitación de personas con-
sumidoras de sustancias que han tenido un buen nivel de éxito, se en-
cuentran las Comunidades Terapéuticas. Éstas han sido de formas y
principios variados, lo que ha generado una rica historia propia, aun-
que todas se derivan básicamente de proyectos como SYNANON,
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DAYTOP y PHOENIX HOUSE, establecidos en Estados Unidos a finales
de los años sesenta
Una comunidad terapéutica es, en esencia, un sistema cerrado de
pacientes y personal que crean un ambiente que se basa en la seguri-
dad grupal, la jerarquía y en el desarrollo estructurado de actividades
continuas, donde el paciente efectúe cambios importantes en sus acti-
tudes valores y conducta; además, se le proporcionen los medios para
suprimir la sintomatología psiquiátrica y desarrollar la capacidad ne-
cesaria que maximice su potencial adaptativo en su propia comunidad,
sin el uso o abuso de sustancias.(Collier y Hijazi, 1984.)
El aspecto controversial de este modelo en sus inicios fue dar
poco reconocimiento al mundo externo de los pacientes. Esta situa-
ción llevó a que las comunidades terapéuticas hicieran modificacio-
nes en sus principios de residencia, lo que a su vez condujo al desa-
rrollo de una amplia gama de proyectos residenciales “híbridos”.
Ahora, el paciente puede salir a un empleo y continuar asistiendo a la
comunidad terapéutica por la tarde y/o fines de semana; una autentica
casa “en la mitad del camino”.
A partir de estas experiencias, se generaron otras tendencias en
busca de ambientes con características menos residenciales, instala-
ciones más cercanas a su medio natural y, sobre todo, estrategias de
atención combinadas. Dichas tendencias impulsaron el desarrollo de pro-
gramas comunitarios de consulta externa o ambulatorios.
De esta manera, al operar desde unidades médicas comunitarias,
en instalaciones separadas, los programas comunitarios de consulta
externa permiten que muchos consumidores de drogas no necesiten
internamiento, se atiendan a pacientes con diferentes antecedentes de
consumo de sustancias, y que continúen con un apoyo después de al-
gún tratamiento específico, entre otros.
De igual forma, los programas de consulta externa ofrecen a los
consumidores un marco combinado de estrategias terapéuticas que van
desde la terapia individual, grupal, familiar y farmacoterapia, hasta el
entrenamiento específico de capacidades y mecanismos de apoyo en
la resolución de problemas psicosociales asociados o no al consumo
de drogas.
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También, en estos programas se estimula a los pacientes para que
participen con otras instituciones o grupos de la comunidad; se basan
en la idea de que el medio social es otro elemento terapéutico para que
el consumidor de sustancias cambie y desempeñe nuevas conductas,
promoviendo a su vez, que el propio medio modifique además sus es-
quemas de relación hacia éstos.
En este sentido, es claro que ninguno de los modelos por sí mis-
mos, es capaz de explicar y abordar el fenómeno en su totalidad. En-
tonces, también es evidente que los diversos puntos de vista son váli-
dos por sí mismos, dado que cada uno enfoca su atención sobre algún
factor o factores que desempeñan en mayor o menor medida, una fun-
ción parcial en el origen y mantenimiento de las adicciones. Lo anterior
nos indica claramente que los métodos de tratamiento y rehabilitación
de los consumidores de droga deben basarse siempre en una concep-
ción multidimensional que contemple los diferentes factores desen-
cadenantes y consecuentes, de manera que conformen un sistema inte-
grado de respuestas terapéuticas correspondientes.
En conclusión, los métodos de tratamiento y rehabilitación para
los consumidores de drogas están alcanzando su madurez no sólo en
el alivio de los efectos, en lograr la abstinencia y la atención de las dis-
funciones provocadas, sino también, en considerar las exigencias que
establece el contexto social, así como los recursos y apoyos específi-
cos que éste posee para promover el bienestar físico, psicológico y
social que requiere cada uno.
El concepto de la rehabilitación en adicciones
A pesar del convencimiento de numerosas instancias, tanto públicas
como privadas, de establecer sistemas de atención integral, muchos de
éstos no han podido obtener los resultados esperados.
Esta situación, sin duda se debe, en parte, a que la rehabilitación
como tal, sigue siendo mal entendida y poco valorada, lo que ha oca-
sionado que la estructuración e implementación de los programas de
rehabilitación sean inconsistentes e intrascendentes.
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En general, la rehabilitación se entiende como una serie de activi-
dades y procedimientos que ocupan un lugar, pero no constituyen una
parte importante del conjunto de intervención en la atención de los
pacientes.
En esta línea, lo que hace falta no es hacer un planteamiento único
y brillante de un modelo de intervención rehabilitativa, sino más bien
establecer un marco conceptual claro y amplio, con objetivos y metas
precisos a partir de una perspectiva integral, la cual no es más que la
integración concreta de la dialéctica hombre-medio; ésta permite com-
prender a la persona dentro del ambiente que lo rodea, influye y deter-
mina en lo familiar, comunitario, laboral y ecológico; así, pues, el punto
de partida para entender y desarrollar debidamente la rehabilitación
es considerar a la persona dentro de su contexto ambiental, puesto que
la conducta humana es, invariablemente, la resultante de las interacciones
entre sus capacidades, su personalidad y el ambiente en que habitan.
En este sentido, se necesitan hacer algunas consideraciones y acla-
raciones conceptuales para la elaboración de los programas de rehabi-
litación de las personas con problemas de consumo o abuso de sustan-
cias. Un problema que persiste en el área de la salud mental y, por
supuesto, en la atención de los adictos, son las distinciones técnicas, a
menudo confusas, que se hacen entre tratamiento y rehabilitación. Si
bien, ambos son complementarios e integrantes del proceso de aten-
ción, cuyo objetivo es lograr la abstinencia a la sustancia y promover el
bienestar físico psicológico y social, cada uno posee sus particularida-
des. Al respecto, Rapapor señala: “Propongo, basándome en los re-
sultados de las investigaciones, que los objetivos de la rehabilitación y
el tratamiento deben estar bien delimitados”.
Así, las diferencias entre tratamiento y rehabilitación se establecen
a partir de los objetivos. En este sentido, el Dr. Pucheu, (op. cit.) men-
ciona que “es difícil trazar una línea divisoria definida entre tratamiento
y rehabilitación de los trastornos mentales. El tratamiento tiende a co-
rregir las manifestaciones de la enfermedad, en tanto que la rehabilita-
ción intenta devolver al paciente a sus originales roles afectivos y
sociales”; en concreto, el tratamiento centra su atención en los sínto-
mas, y la rehabilitación en la funcionalidad; dos aspectos mutuamente
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complementarios en el proceso de atención integral; sin embargo, al-
gunos enfermos mentales crónicos presentan síntomas permanentes,
pero aun así pueden ser muy funcionales en algún aspecto de su vida.
En términos de las adicciones, concebimos al tratamiento como el
conjunto de modalidades específicas (por ejemplo, farmacoterapia,
psicoterapias, terapia del comportamiento) tendentes a eliminar sín-
tomas específicos y comportamientos problemáticos; en tanto que
la rehabilitación implica una intervención más duradera, dirigida
hacia un aprendizaje permanente de capacidades y mecanismos
nuevos de superación.
Entonces, la necesidad de rehabilitación supone que prevalece al-
guna disfunción personal y/o social, que preexiste al consumo de
drogas, y que se mantiene durante el tratamiento del mismo o incluso
después de lograr la abstinencia.
Esta situación de disfunción, anomalía o pérdida, se encuadra teó-
ricamente mediante los conceptos discapacidad y minusvalía.
La ventaja de estos conceptos, es que nos proporcionan mucho
más claridad para organizar las acciones rehabilitatorias y asimismo
distinguirlas de los problemas que se vayan a eliminar con el trata-
miento.
Fraser (1990) define la discapacidad como “la pérdida de una ap-
titud funcional por desmejora”; o sea la restricción o pérdida de una o
varias habilidades, que representan un déficit funcional. La minusvalía,
es definida como “la consecuencia social de la discapacidad”. Desven-
taja social que impide o limita el desempeño de un rol y tareas sociales.
Guiuseppe Cardamone y Elvio Sisti (1996).
A partir de tales elementos, se establece entonces una delimitación
más concreta de la concepción y competencia de la rehabilitación, como:
El conjunto de intervenciones tendentes a disminuir o suprimir
la discapacidad y la minusvalía.
Es obvio, pues, que existe una relación directa entre la gravedad de la
discapacidad y el grado de desventaja social. En el plano de las adic-
ciones resulta más patente esta relación, y a la vez más compleja. Hay
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pacientes adictos con un largo historial de consumos de sustancias,
cuyas alteraciones funcionales abarcan los diferentes aspectos y eta-
pas de su vida (físicos, psicológicos y sociales), aunado a las
discapacidades que tenía antes de manifestarse el consumo, lo que,
por supuesto, ocasiona mayores complicaciones en su proceso de
reinserción social; al respecto, es evidente la necesidad de combinar
estrategias de intervención en ambos sentidos.
Con base en los postulados anteriores, se revisaron las definicio-
nes que se dan en términos de la rehabilitación en adicciones.
En el plano internacional, se encuentra que el Tesaurus sobre al-
cohol y drogas, define a la rehabilitación como “los programas diseña-
dos para que los consumidores desarrollen las capacidades para des-
envolverse en su entorno social. Pero agrega que el término de
Reinserción social, mismo que define como “el proceso por el cual se
pretende que una persona se incorpore a la vida productiva en una
comunidad” (Instituto Mexicano de Psiquiatría 1990).
En el plano nacional, la Norma Oficial Mexicana también especifi-
ca ambos conceptos: “Rehabilitación del Adicto, el proceso por el cual
un individuo con un trastorno de uso de sustancias psicoactivas alcanza
un óptimo estado de salud, funcionamiento psicológico y bienestar y
reinserción social; el conjunto de acciones dirigidas a promover un es-
tilo de vida mejor al de quien usa, abusa o depende de sustancias
psicoactivas, y logra un mejor funcionamiento interpersonal y social”
(NOM-028-SSA2-1999)
Como se observa, las definiciones del Tesaurus y las de la Nor-
ma Oficial Mexicana retoman los dos aspectos que se establecen
con los conceptos, discapacidad y minusvalía; es decir, uno que
enfoca la condición intrapersonal o individual, y otro que ubica a la
persona en relación con su medio ambiente; entre otras palabras,
enfoca el aspecto interactivo de la relación “individuo discapacitado
y su medio ambiente, dos aspectos integrantes de una realidad con-
creta y dinámica.
Por ello, como ya se comentó, el diseño de las estrategias de abor-
daje en rehabilitación deben articular necesariamente los ámbitos indi-
vidual e interpersonal de los pacientes con el contexto social al que
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pertenecen; dicho de otra manera, debe integrar un proceso de rehabi-
litación y reinserción social, proceso y meta a la vez.
Los procesos individual y comunitario se especifican de la siguien-
te manera:
Proceso individual (rehabilitación)
Tiene como propósito reducir o suprimir la discapacidad de los pa-
cientes adictos mediante el desarrollo de nuevas capacidades y
reforzamiento de las capacidades disminuidas, poco desarrolladas o
conservadas (capacidades positivas), que les permitan estructurar un
sistema de vida autosuficiente y satisfactorio fuera del consumo de sus-
tancias.
Proceso comunitario (reinserción social)
Es aquel donde la persona se va reincorporando, activa y permanente-
mente en sus roles y ambiente comunitario, a través de la participación
y apoyos familiares, sociales (Red social) y materiales, que le permitan
contar con un ambiente favorable a fin de que pueda usar sus “nuevas”
capacidades y recursos personales que lo lleven a asumir sus respon-
sabilidades y enfrentar las situaciones de su vida cotidiana.
Entonces, el proceso individual consiste en la ejecución de una
serie de actividades y procedimientos en orden lógico y dinámico, es-
tructurado en un programa personalizado, que responda a las necesi-
dades concretas de cada persona.
Tales actividades y procedimientos no son sino elementos concre-
tos, como el trabajo, el esfuerzo físico, el deporte, el arte, la recrea-
ción, la interacción, etcétera, que dejan de ser entes abstractos o sim-
bólicos, para convertirse en realidades evaluables y con valor informativo
importante tanto del diagnóstico como del tratamiento. En este senti-
do, cualquier situación dada durante una actividad deportiva, recreati-
va y demás, o ante una vivencia de un producto de su creación artesanal,
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bien puede y debe ser incorporada a su sesión psicoterapéutica co-
rrespondiente, como aspecto clínico a trabajar, reforzar y retroalimentar.
Las actividades llevan al ejercicio; las funciones “normales” ofre-
cen elementos para un contacto activo con la realidad. Conducen al
paciente a plantear y practicar una vida cotidiana sin consumo de
drogas, fortaleciendo la capacidad de adaptación, lo que incluye di-
rigir y estimular al paciente a la conquista de una nueva capacidad
productiva.
Referente a este aspecto en particular, varios autores ponderan en
alto grado el papel del trabajo en la rehabilitación del enfermo mental y
en especial de los consumidores de drogas. El trabajo es indispensa-
ble para la autoestima y la confianza en sí de las personas, y además es
parte esencial de sus aspiraciones para reemprender una vida social
y productiva fuera del uso y abuso de sustancias. (Fraser y Douglas
Bennett 1990, op cit.).
Entonces, la actividad de rehabilitación, consiste en la aplicación
de un “paquete modular”(programas) de aprendizaje progresivo y de
refuerzo, que favorezca el desarrollo y la aplicación de la habilidad-
ejercicio hacia la dinámica social.
Por tanto, estos paquetes o programas deben basarse en una eva-
luación global de la discapacidad generada a raíz del proceso patológi-
co de la adicción, e incluso, existentes antes de que éste se manifesta-
rá, lo cual significaría que en muchos de los casos, dicha discapacidad
se constituye también en factor determinante en la aparición y el man-
tenimiento de la adicción.
La consideración de un programa que se sustenta en una evalua-
ción global, consiste precisamente en hacer una valoración auténtica
que comprenda las áreas física, psicológica y social, dado que de algu-
na manera la disfunción en un área influye necesariamente en las de-
más.
En este punto, el conjunto estudios diagnósticos (examen físico,
historia clínica, estudios social, psicológico, psicométrico, etcétera) son
básicos para identificar el perfil del o de los problemas, síntomas y
disfunciones que paciente y terapeuta deberán colocar en orden de
prioridad.
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Otra distinción entre el tratamiento y la rehabilitación, es que esta
última constituye un proceso mucho más activo y amplio donde el
paciente tiene que abandonar su papel pasivo de “enfermo” y asumir
su responsablilidad en el esfuerzo colectivo para el mejoramiento y su-
peración de su persona. Dice Cardamone: “A través del ‘medio’ de
rehabilitación se expresa el estilo interactivo y cooperativo del ‘hacer
con el paciente’ en lugar del círculo infinito de hacer por el
paciente”(Op. cit).
De manera esquemática, se presenta un cuadro donde se clasifi-
can las áreas y capacidades que se pueden enfocar a partir de una
evaluación, a fin de determinar las discapacidades y su impacto o in-
fluencia en las otras y, de esa manera, estructurar los paquetes
modulares.
También, se deberán identificar las capacidades que quedaron
conservadas (capacidades positivas), de tal manera que los programas
de rehabilitación se integren tanto por el desarrollo de habilidades es-
pecíficas, como la utilización de los recursos personales y sociales, con
el objeto de que el paciente pueda lograr un funcionamiento lo más
adecuado posible dentro de su comunidad.
ÁREAS: FÍSICA PSICOLÓGICA SOCIAL
C
a
p
a
c
i
d
a
d
e
s
Destrezas
Motoras
Orgánicas
Conductual
Emocional
Cognitiva
Familiar
Escolar
Laboral
Comunitaria
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Con este entendido, el diseño de los programas variará según las
diferentes características, discapacidades y los recursos disponibles;
es decir, deberán diseñarse a la medida de cada paciente. Al res-
pecto, se observa, por ejemplo, que mientras unos pacientes desarro-
llan un programa con ayuda mínima, otros necesitan de mayor direc-
ción, apoyo terapéutico y comunitario; algunos pacientes concluyen las
actividades relativamente rápido, mientras que otros requieren de ma-
yor tiempo, etcétera.
Por ello, es muy útil elaborar, en conjunción con el propio pacien-
te, una estructura con objetivos y metas a corto, mediano y largo pla-
zo, lo más objetivo y realista posible. Cuanto más activa sea la partici-
pación del paciente y más profundo el entendimiento del problema y
los beneficios que obtendrá con la rehabilitación, será mayor la posibi-
lidad de progreso.
Otro aspecto de suma importancia en la rehabilitación es, como ya
se mencionó, la involucración de la comunidad y sus recursos en la re-
habilitación del paciente que usa y abusa de sustancias, lo que haría
posible un proceso de reinserción social, que no es más que adecuar
sus necesidades y responsabilidades con las exigencias y recursos
comunitarios
Si no se considera la aportación concreta de la comunidad en la
rehabilitación, sencillamente ésta no será concretada. Al respecto,
Cardamone (1990) señala que: “La calidad y cantidad de recursos
humanos y ambientales, puestos en juego, representan el principal me-
dio rehabilitador”. Igual afirmación se encuentra en The International
Journal of Social Psychiatry (1994): “El principal recurso de la reha-
bilitación es la gente que interviene”.
En este sentido, es necesario hacer una valoración real de las fuer-
zas de la comunidad, con respecto a cómo pueden ayudar en el desa-
rrollo y la ejecución de las habilidades necesarias para su reinserción,
así como a las condiciones mínimas que se requieren para lograrlo.
Para disponer de esta información, se deberá investigar cuáles son
los vínculos (redes sociales) que ha establecido el paciente en su con-
texto ambiental, así como los recursos materiales y medios útiles en el
desarrollo de los programas.
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Así, si se desea lograr una rehabilitación real y exitosa se necesita
que los procesos individual y comunitario se integren en un programa
activo, graduado y claro, con respecto a las necesidades y posibilida-
des de cada persona.
Por la importancia que reviste la participación comunitaria en la
rehabilitación de los adictos, conviene hacer unas referencias concep-
tuales para contextualizar nuestra propuesta de intervención terapéuti-
ca en red.
Las redes sociales
Hablar de los conceptos y método de intervención en la red social
necesariamente nos lleva a comentar algunos constructos teóricos que
en conjunto forman la epistemología Ecosistémica.
Se ha señalado que el ser humano es constitutivamente
biopsicosocial, que su conformación actual es resultado del proceso
de su desarrollo, como consecuencia de sus interacciones con el me-
dio al que pertenece. En este sentido, resulta claro que el ser humano
no es un ente aislado y autónomo, ya que junto con el medio forman
siempre una unidad automáticamente congruente: Un ecosistema.
Esta congruencia entre cualquier ser vivo y su medio se llama adap-
tación; por ello, mientras que un ecosistema conserve su congruencia,
mantiene su adaptación, organización y existencia. Así, la construcción
de intercambios e interacciones (red) que establezcan los seres vivos,
se constituye en el medio fundamental para conservar su adaptación y
organización y, por ende, su realización como ser vivo.
En el caso de los ecosistemas humanos, cuando éstos construyen
su sistema de interacciones van definiendo el lugar que ocupan como
individuos en su contexto: su nicho ecológico; esto, a su vez, contri-
buye a su reconocimiento como individuo-persona. En esa línea la red
social se constituye como el elemento fundamental de la experien-
cia individual de identidad, bienestar y competencia, en los que se
incluyen los hábitos de cuidado de la salud y la adaptación de la
crisis (Juan Ramón de la Fuente 1990).
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De esta manera, se puede entender que los problemas de las per-
sonas no son sólo individuales o internos, y que las “soluciones” resi-
den en los sistemas interpersonales que los involucran entre sí.
Entonces, las redes sociales, no son sino la descripción de ciertas
interacciones que establecen un determinado número de personas, lo
que se entiende comúnmente por conocer gente, hacer conocidos, ha-
cer amigos, contactos que generan contactos.
Al respecto, Ralph E. Anderson, en su libro La conducta huma-
na en el medio social, hace una cita bibliográfica:
“Conceptualmente, el análisis de las redes sociales no impone nin-
gún tipo de prejuicio cultural o psicológico más allá de los mínimos
siguientes: hay individuos que tienen contactos constantes entre sí y
hay un carácter acumulativo en estos contactos, de modo que se puede
decir que existe un lazo entre pares de individuos cuando se producen
estos contactos repetidos. Las distribuciones de estos lazos en torno
de un individuo o dentro de una población constituyen entonces las
redes de vinculaciones sociales” (Salzinger, Antrobus y Hamer, 1988,
pág.125).
Para comprender y penetrar en el fenómeno de las redes socia-
les de los individuos, Carlos Sluzky, 1996, propone una manera
esquemática para su descripción: “el mapa de red”. A través de és-
te, el autor muestra al conjunto de individuos con quien una perso-
na interactúa; el mapa comprende tres círculos concéntricos que
representan el nivel de relación que tiene el individuo con las di-
ferentes personas que componen su red; el círculo interior com-
prende las relaciones más intimas (familiares directos, novio(a),
amigos cercanos); el círculo intermedio representa las relaciones
personales con un intercambio de menor grado de intimidad y com-
promiso (familiares intermedios, relaciones sociales), y el último
engloba a los conocidos y las relaciones ocasionales (familiares le-
janos, compañeros de la escuela, del trabajo, buenos vecinos, maes-
tros, etcétera). De igual manera, estos círculos se dividen o demar-
can por cuatro cuadrantes o sectores, a saber: a) Familia, b) Amigos.
c) Relaciones laborales o escolares y d) Relaciones sociales y de
credo (Comunidad).
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Familia
0
1
2
3
Amigos
Trabajo
y estudio
Comunidad
Servicio de salud
El conjunto de todos estos contactos y vínculos constituyen en un mo-
mento dado la red social de una persona. Se debe remarcar que la red
social no es un esquema estático, sino dinámico, que está en constante
evolución con el tiempo y las circunstancias en que se encuentre en un
momento dado. Por tanto, la construcción de la red social, es un pro-
ceso colectivo e individual permanente, donde siempre habrá miem-
bros que son agregados, eliminados o desplazados de un círculo o
cuadrante a otro, tanto práctica como emocionalmente; es decir, según
se modifiquen sus características y funciones.
Así, el fenómeno social de la red social, según Sluzki, se puede
discernir a través del descubrimiento de sus características y las fun-
ciones sociales que cumple el intercambio de contactos o vínculos, así
como los atributos que tienen éstos.
Las características estructurales de una red social, incluyen:
Tamaño. Número de personas que integra la red.
Distribución. En qué círculo y sector se ubican.
Densidad. Conexión entre los miembros.
Homogeneidad-heterogeneidad demográfica y sociocultural de
la red.
Dispersión. Distancia geográfica
Con estas características se puede considerar que las redes sociales
se conforman a través de la relación de muchas personas, algunas de
ellas se conocen entre sí, pero otras no; sin embargo, cada una es un
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eslabón de unión entre todas ellas, aunque en muchas ocasiones se
ignoren los nexos que tienen dentro de la red. Por ejemplo, la persona
A puede conocer a B, y B conoce a C, pero A y C pueden ignorar que
conocen a B.
Asimismo, se entiende que la red no se limita a una relación con-
sanguínea por muy extensa que sea, que pertenezca a la misma clase
social o que necesariamente se ubique o pertenezca a un lugar geográ-
fico determinado; por ello, es que tiene una representación espacio-
temporal amplia y, en consecuencia, su grado de visibilidad es bajo,
principalmente en las zonas urbanas: también tiene pocas reglas for-
males (menos exigentes) y menos roles fijos que las distingue de los
grupos, organizaciones o la comunidad; en cambio, tiene numerosas
propiedades, según su contenido o función.
Los tipos de relación entre los miembros de una red, según
Sluzki, son conocidos como “funciones de la red” y éstas son:
Compañía social. Hacer cosas juntos.
Apoyo emocional. Clima de comprensión.
Guía cognitiva y consejos. Modelo de roles, compartir informa-
ción, aclaración de expectativas.
Regulación social. Reafirmación de roles y responsabilidades, con-
trol de las desviaciones.
Ayuda material y servicios.
Con estos elementos, se constituye la red social como sustentadora de
la vida de los sujetos que la integran. Su meta consiste en estimular,
centralizar y reflejar todas las potencialidades existentes en la red para
que sus miembros resuelvan mutuamente sus problemas cotidianos y
en situaciones de extrema tensión. En este sentido, es que Mony Elkaim
define a la red social como:
“El grupo de personas, miembros de la familia, vecinos, amigos y
otros personas, capaces de aportar una ayuda y apoyo real y duradero
a un individuo o familia”.
Ahora bien, es importante enfatizar que la propuesta del trabajo o la
“intervención en red” subraya la utilización del prefijo “en”, puesto
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que toda intervención que se haga en la red “llega tarde”, puesto que
ésta ya se encuentra formada. Elina Nora D., en su libro Red de redes,
hace este señalamiento: “Consideramos que la gente, los grupos, las
comunidades preexisten a nuestra conceptualización”. (pág. 24)
Así, la tarea de intervención en la red, equivale a “querer actuar
en“, “Tomar parte en”, hacerse mediador entre. En este sentido, se
entiende que la idea básica de la intervención en la red social del
individuo y la familia es mejorar la conexión, el apoyo y la solidaridad
de los miembros entre sí y con los individuos o familias en problemas;
es restablecerse en y restablecer la red.
Los atributos teórico-prácticos del proceso de rehabilitación y la
intervecion terapéutica en red permiten enriquecer ambos modelos para
construir una estrategia integral de abordaje en la rehabilitación y reinserción
social de las personas que usan o abusan de sustancias; dicha estrategia
posee la capacidad de sistematización del proceso a seguir.
Determinar el “porqué” de la propuesta de la intervención rehabi-
litatoria.
Lo anterior entraña también el “hasta cuándo”, que implica la
estructuración del proceso con metas mínimas.
Para lograr lo anterior se debe considerar la definición de los pro-
blemas, en este caso, las discapacidades.
Asimismo, se propone la exploración de todas las perspectivas que
permitan elaborar una mayor variedad de propuestas alternativas.
Otro aspecto que se considera fundamental, es incluir el rastreo y la
evaluación de los resultados obtenidos por dichas intervenciones, ubi-
cando también los obstáculos presentados en el desarrollo de la misma.
En resumen, la característica más importante y significativa de nuestro
modelo de rehabilitación, es su enfoque orientado hacia metas especí-
ficas con un plazo prefijado; que se centra en la movilización de la red,
como sistema de apoyo cooperativo, vía de acceso al crecimiento de
la capacidad de autoafirmación y autoindependencia de las personas,
ya que proporciona la posibilidad de transformar a la persona-objeto,
en persona-sujeto a través de la autoestima lograda por ellos.
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