CEIA SAN RAMON. La COLONIA.

Colonia es la extensión imperial, social, política, religiosa y cultural que se estableció en América durante
los siglos XVII, XVIII e inicios del siglo XIX.
En Chile, comienza tras el Desastre de Curalaba en 1598, cuando muere a manos del Cacique Pelantaro el
gobernador de Chile Martin García Oñez de Loyola y, con el establecimiento de la frontera natural entre
españoles y araucanos en el río Bío Bío. Este extenso período de más de dos siglos, se caracterizó por un
constante cambio de gobernadores, cuya preocupación principal fue proseguir la guerra contra los araucanos y
luchar contra los frecuentes cataclismos naturales que sufría el país.
INSTITUCIONES DE ADMINISTRACIÓN COLONIAL.
Desde un comienzo, España centralizó todo lo referente a la administración de las colonias que poseía en
América y Asia, teniendo a la cabeza al rey, quien era asesorado por el Consejo de Indias, allá en España.
 El Consejo de Indias
Proponía al rey el nombramiento de altos funcionarios civiles y eclesiásticos que se desempeñarían en las
colonias. Dictaba las leyes, decretos, reglamentos y ordenanzas que conformaban el derecho indiano. Actuaba
también como tribunal supremo, analizando las apelaciones a las sentencias de las Reales Audiencias y sometía a
virreyes y gobernadores a juicio de residencia, mediante el cual podían presentar acusaciones con las decisiones
tomadas por los funcionarios. Mientras durara su cargo, estos últimos no podían casarse con habitantes del lugar,
establecer negocios, comprar propiedades, etc.
 Casa de Contratación
Creada mediante Real Cédula en 1503, en Sevilla, la Casa de Contratación de Indias se encargaba de regular
el comercio con las colonias americanas. Además de realizar funciones comerciales, la Casa de Contratación
desempeñó un papel fundamental en el ámbito de la cartografía y la navegación, puesto que estableció
numerosas escuelas para navegantes que sirvieron como precedente al resto de Europa.
 Real Audiencia
Era el supremo tribunal de justicia durante la época colonial. Formado por cuatro oidores o magistrados, era
tribunal de primera instancia en algunos casos, y de apelación de las sentencias de los jueces inferiores. Se
estableció en Chile en 1609.
 El Cabildo
Representaba a la comunidad. Se encargaba de administrar las ciudades, y en algunos casos era representante
del rey. Para integrarlo debía ser vecino o encomendero ejerciéndolo por el período de un año.
Estaba formado por dos alcaldes, seis regidores, un secretario y un procurador. Entre sus atribuciones estaban
las de preocuparse de la administración local, del aseo y ornato, la salud pública, aspectos judiciales, legislativos
y políticos.
DIVISIÓN TERRITORIAL DE AMÉRICA
América estaba dividida en virreinatos, capitanías generales y presidencias.
 Los virreinatos eran gobernados por un virrey, quien fue el representante directo de la Corona. En el
siglo XVI se establecieron en América dos virreinatos: el de Nueva España o México (1535) y el de
Perú (1544); en el siglo XVIII se incorporaron otros dos: Nueva Granada (1717) y el Río de la Plata
(1776).
 Las capitanías generales fueron territorios dirigidos por un jefe militar que desarrollaba el poder civil y
judicial. Durante la Colonia eran cuatro capitanías generales: Santo Domingo, Guatemala, Venezuela
y Chile.
 Las presidencias eran gobiernos creados en territorios ya pacificadas. El poder lo ejercía el presidente
de la Real Audiencia, como era el caso de Ecuador y Bolivia.


ECONOMÍA Y COMERCIO COLONIAL
 El siglo XVII:
Estuvo marcado por el hecho de constituir nuestro territorio una simple Gobernación dentro del Imperio Español.
El sistema de Monopolio Comercial limitaba el intercambio con otros países, por lo cual a lo largo de los siglos
XVII y XVIII surgieron mercados regionales en América necesarios para una relativa expansión económica.
Chile mantuvo contacto comercial con el virreinato del Perú y el del Río de la Plata, además del
intercambio con la metrópolis. Sin embargo, el mercado chileno funcionaba en un sistema de autosuficiencia,
donde la mejor representante de esta situación era la Hacienda, verdadera esfera cerrada que consumía lo que
ella producía.
En el siglo XVII la baja en la extracción de oro, bastante mermada en los últimos decenios del siglo anterior,
conjuntamente con la desaparición de la mano de obra indígena ocupada en los pesados trabajos de los lavaderos
de oro, obligó a los colonos a activar la producción agropecuaria (agricultura y ganadería).
La actividad ganadera se centró en las Estancias, donde los animales (vacunos, caballos y mulas) pastaban
en completa libertad. De ellos se aprovechaban los cueros, sebo y grasa. La carne que no era convertida en
charqui se quemaba. De las ovejas aprovechaban la lana y el cuero; de las cabras, el cordobán. Todos aquellos
derivados no perecibles de la ganadería eran comerciados localmente y exportados hacia el Perú.
La actividad agrícola concentraba con especial esmero la vid, el trigo y el maíz. El cáñamo se aprovechaba
en la fabricación de mechas para arcabuces, sogas para arreo y jarcias para el transporte, sembrándose en La
Serena, Aconcagua y otros valles. Los árboles frutales: los manzanos, al sur del Bío-Bío, y el durazno, el olivo y
el almendro, de Santiago al Norte. La arveja, la lenteja, el garbanzo, las hortalizas y los huertos, todo se daba en
las más favorables condiciones, tanto en el Norte Grande como en el centro del país.
Pero ningún producto se cultivó con más esmero que el trigo. Un terremoto ocurrido en Lima, en 1687,
arruinó esta ciudad y esterilizó los campos de sus alrededores. Entonces la exportación del trigo chileno al Perú
creció extraordinariamente. En el propio país su valor se triplicó, fluctuando entre dos a seis pesos la fanega, y
en el Perú su precio fluctuó entre veinte y treinta pesos. Pero esta alza repentina, que estimuló mucho los
cultivos, duró algunos años.
La actividad minera no acompañó el crecimiento económico. El oro era poco abundante y los medios de
extracción demasiado imperfectos para hacer rendir las minas, además, faltaban operarios competentes. La plata,
que fue hallada en algunos minerales, dio también rendimientos poco halagadores.
El único metal que, por su abundancia y fácil explotación, se aprovechó en escala más considerable, fue el
cobre; desde Aconcagua hasta Copiapó se le hallaba en casi todos los cerros, y como en el Perú y en España se
empleaba en la fabricación de cañones, campanas y otros artefactos, su extracción para exportarlo a esos países
constituyó un buen negocio.
La actividad industrial multiplicó las herrerías y las hilanderías. Se hicieron famosas las alfombras y mantas
de Chillán y Concepción. También tuvieron fama las carpinterías de los jesuitas, en las cuales se fabricaban
muebles y los astilleros en que se hacían vajillas y joyas de este metal, aunque toscamente.
Por todo el país la industria de la alfarería de greda tomó gran importancia. Si a estas labores se agregan las
otras y la de la agricultura, como la curtiduría y la molinería, se tendrá un movimiento fabril aún rutinario pero
en todo caso progresivo.
En cuanto al comercio, a pesar de las trabas que lo contenían, tomó también mayor desarrollo. Fuera del trigo
y del cobre, el Perú recibía de Chile frutas secas, vinos y, como antes, grasas, cordobanes, charqui, harina y sebo.
Devolvía, en retorno, armas, objetos de vestido, arroz y azúcar principalmente.
Por cierto que esta internación era escasa a consecuencia del excesivo precio que los artículos europeos
alcanzaban en Chile. Eran éstos los tiempos en que un vestido de seda o una capa española se trasmitían de
generación en generación, de padres hasta biznietos, como una casa o hacienda. El valor de todo el intercambio
fluctuaba alrededor de medio millón de pesos anuales.
A este desarrollo mercantil había correspondido un mejoramiento en los medios de transporte. Se abrieron
caminos anchos y se introdujo es uso de carretas de madera tiradas por bueyes.
Mejoró también el servicio de correos, que antes se hacía de muy tarde en tarde, con las ciudades del Sur y
del Norte, cuando había embarcaciones militares que atender y nada más, el mismo oficial que llevaba la
correspondencia del gobierno cargaba ahora la particular. Algo semejante ocurrió con la correspondencia
marítima, que iba al Perú y de aquí a España, por vía Panamá, en buques mercantes, y que llegaba de esos países,
después de haber hecho el mismo viaje.
 El siglo XVIII:

El núcleo de las actividades agropecuarias era la hacienda, conformando verdaderos latifundios. Las faenas
eran similares a las del siglo anterior, aunque se agregan industrias caseras en manos de las mujeres, telares y
cerámica.
El hacendado ocupaba la cúspide de la jerarquía seguido por el capataz, vaqueros, ovejeros y, finalmente,
los peones.
En las explotaciones agrícolas el trigo seguía siendo el principal de sus productos. Venían después la cebada,
el maíz, el frijol y la lenteja; luego la papa, la arveja y los árboles frutales. Entre todos esos cultivos seguían
prosperando también los del olivo y de la vid. El cáñamo se había constituido en otro tiempo en una no
despreciable riqueza, pero a principios del siglo XIX se le tenía poco menos que abandonado.
En cuanto a la ganadería, los excelentes campos de pastoreo con que cuenta el país alimentaban grandes
piños de vacas y tropas de caballos y mulas; las ovejas, las cabras, los cerdos y las aves de corral no eran menos
numerosos. El queso, la grasa, el sebo, el charqui, la lana y los cueros eran artículos de exportación,
principalmente a España y Perú. La pesca en todo el largo de la costa llegó a constituir una provechosa industria,
que hasta dio margen a alguna exportación de pescado seco, a modo de conserva.
Atención preferente continuaban prestando los colonos a la minería, con regular fortuna. Aun cuando los
imperfectos métodos empleados en la extracción del oro y de la plata, la escasez de capitales y la dificultad de
comunicaciones eran inconvenientes poderosos, se obtuvieron beneficios apreciables; pero el cobre siguió
constituyendo la más preciosa fuente de riqueza mineral, y aunque su precio era bajo, salía ya en grandes
porciones para el Perú y España, o en pago a los contrabandistas.
La industria manufacturera había mejorado muy poco. Se dedicaba exclusivamente a la transformación más
ordinaria de los productos de la agricultura y la ganadería. La industria indígena de la alfarería de greda había sí
adquirido gran desenvolvimiento y llegado a una mediana perfección. Otra de estas industrias fue la fabricación
de embarcaciones, que en algunos sectores de la costa, como en la desembocadura del Maule, tuvo gran
desarrollo.

LA IGLESIA
Durante la época de la Conquista, los sacerdotes tenían como misión evangelizar a los indígenas y
convertirlos al cristianismo, cumpliéndose con ello el propósito espiritual de la colonización.
Los sacerdotes que se establecieron en Chile fueron capellanes de ejército, los que participaron en combates
más de una ocasión. Posteriormente, se dedicaron a convertir a los aborígenes sometidos tras dichas guerras, y
otros fueron misioneros en tierras de Arauco.
La Iglesia jugo un papel muy importante en la colonización americana, especialmente en Chile. Los Reyes
Católicos y sus sucesores estaban obligados a impulsar la evangelización, constituyendo el Patronato Real sobre
la Iglesia, por el que se aseguraba la remuneración en dinero hacia el clero, la construcción de iglesias,
catedrales, conventos y hospitales.
El estrato religioso aumentó considerablemente. Solo en Santiago, a mediados del siglo XVII, existían 200
religiosos. Para la Corona era mucho más fácil “dar el pase a América” a las órdenes religiosas y no a muchos
sacerdotes en forma individual. De esta forma, los dominicos y franciscanos desarrollaron una labor misionera
alrededor de los pueblos indígenas utilizando el convencimiento. Sin embargo y en contrapartida con los
anteriores, también llegaron evangelizadores que solo hicieron riqueza en América.
Los franciscanos fueron los primeros en llegar a Chile, a los cuales se sumaron los agustinos, los mercedarios
y los jesuitas. Estos últimos, gracias a la influencia del padre Luis de Valdivia y de la guerra defensiva,
consiguieron extenderse en la región araucana.
LA SOCIEDAD
Uno de los procesos más interesantes que se desarrollaron durante la Colonia fue el mestizaje. Desde la
llegada de los españoles, las relaciones establecidas entre conquistadores e indígenas tejerían una intrincada
trama social. Hasta las más altas autoridades, tanto políticas como eclesiásticas, consentían la unión entre
españoles e indígenas, dada la desproporción entre los sexos existentes en el grupo blanco. Casi todas las
expediciones hispanas estaban conformadas solo por hombres, por lo que las jóvenes indias eran codiciadas entre
las huestes.
Sin lugar a dudas, la sociedad colonial era estratificada. Resultaba fácil identificar los niveles en los que esta
se dividía, ya que cada uno de ellos poseía rasgos característicos. Es así como en la parte alta de la escala social
se encontraba la aristocracia, conformada por españoles y criollos (hijos de españoles nacidos en Chile). Su
principal fuente de poder residía en el control de la tierra (eran dueños de enormes haciendas) y en las relaciones
que mantenían con la corona española. Poseían, además, encomiendas.
En el estrato del medio se encontraban los españoles pobres, que arribaron a nuestro país después de la
Conquista, y los mestizos. Los primeros poseían menos privilegios por carecer de la gloria alcanzada tras la
aventura, pero, sin lugar a dudas, poseían conocimientos que los distinguían de un simple sirviente. Si bien los
segundos actuaban como subordinados, ellos desarrollaban tareas de artesanía fina, comercio y servicios, entre
otras.
Los indígenas, mulatos y zambos integraban el nivel más bajo. Por su condición y origen, eran
menospreciados, marginados y obligados a realizar los trabajos más forzosos y sacrificados. Los mulatos eran
hijos de blancos y negros; los zambos eran hijos de negros y aborígenes. Todos estos grupos eran marginados y
humillados por la clase más acomodada.
LA CULTURA
Cuando hablamos de cultura colonial nos referimos a lo que se relaciona principalmente con las obras
literarias, expresiones artísticas, costumbres, ritos y fiestas que se realizaron en la época colonial, los cuales
permiten otorgar identidad a un pueblo.
En la época colonial se escribieron muchas crónicas, que eran relatos que buscaban dejar el recuerdo de los
hechos y los acontecimientos más importantes. Entre las más destacadas se cuentan "El cautiverio feliz", de
Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, que nos relata pormenores de la vida de los araucanos. El padre Alonso
de Ovalle en su "Histórica Relación del Reino de Chile" nos describe con gran cariño las ciudades y costumbres
de la Colonia.