Universidad de Santiago de Chile

Facultad Tecnológica
Depto. Tecnologías Generales
“ La Personalidad Madura”

APUNTE Nº 1: “ LA PERSONALIDAD MADURA “

Allport, A. 1964, “La personalidad madura”, pag.329-367

XII LA PERSONALIDAD MADURA

Nuestro -prolongado examen del desarrollo del sí mismo, la motivación y los estilos cognitivos
nos conduce finalmente a la crucial cuestión de cómo es la personalidad madura.
No podemos responder a esta pregunta únicamente en términos de psicología pura. Para que
podamos afirmar de una persona que es mentalmente sana, normal y madura, debemos saber qué
son la salud, la normalidad y la madurez. La psicología por sí sola no puede decírnoslo. Está
implicado hasta cierto punto el juicio ético.
Preguntaron a Freud: « ¿De qué debe ser capaz una persona madura?» Respondió: «Debe ser
capaz de amar y trabajar.» Estamos de acuerdo con esta afirmación, pero nos preguntamos: «¿Es
esto todo lo que una persona normal debe ser capaz de hacer?» Otro medicó, Richard Cabot,
presentó una lista doble: trabajar, amar, jugar y adorar. Éstas son las actividades por las que vive
una persona normal. Tanto si preferimos la primera lista, como si adoptamos la segunda, nuestra
elección se basa en consideraciones de tipo ético, no en hechos científicos. La ciencia por sí sola
no nos dirá nunca lo que es sano, normal o bueno.
La concepción de lo que es sano o normal difiere algo en las diversas culturas. En algunas
regiones, únicamente son normales. Las personas que se pierden completamente a sí mismas
siguiendo las tradiciones y haciendo progresar el bienestar de la tribu. En el mundo occidental se
da más importancia a, la individualidad, a. La realización de las potencialidades propias.

Afortunadamente, en la cultura occidental existe bastante concordancia respecto a las normas de
normalidad, salud o madurez (usaremos estos términos indistintamente). Nos proponemos en este
capítulo examinar y esclarecer esta área de acuerdo general. Pero antes conviene formular cuatro
observaciones:

1. Existe en la actualidad un gran movimiento de interés por este problema. Es estudiado y
examinado por todos lados y por psiquiatras, psicólogos y otros-. Este aumento de interés se debe
en parte a la aguda amenaza de trastornos mentales y perturbaciones emocionales que alarma
actualmente a todas las naciones. Pero también se debe este interés al deseo de hallar valores
comunes entre las personas sanas, con el objeto de hallar una base sobre la que pueda edificarse
una sociedad mundial más pacífica.


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2. No es fácil, describir la considerable riqueza y congruencia de una personalidad plenamente
madura. Existen tantas maneras de desarrollarse como individuos, y en cada caso el producto
final es único. Aunque en este capítulo tratamos de establecer criterios universales de vidas
adultas sanas, no debemos olvidar la amplia variedad de tipos individuales.

3. Difícilmente podremos esperar hallar un modelo de madurez, en una persona concreta. Nos
referiremos más a un ideal que a personas concretas Es significativo que cuando invitamos a
alguien, a que nos cite alguna persona a la que pueda considerarse como una personalidad
madura, casi siempre, cita a alguien que no forma parte de su familia y pertenece al sexo opuesto.
¿A qué se debe esto? La causa consiste posiblemente en que, la familiaridad con una persona nos
hace: conocer sus flaquezas. Hay algunos que se aproximan a la verdadera madurez. Pero ¿habrá
alguien que la alcance por completo?

4. La madurez de la personalidad no guarda necesariamente relación con la edad cronológica. Un
niño de once años bien equilibrado, «más sensato de lo que corresponde a su edad», puede
presentar más signos de madurez que muchos adultos centrados en sí mismos y neuróticos. Un
estudiante universitario juicioso puede tener más madurez que su padre o que su abuelo. Claro
está que lo más frecuente es que la experiencia y la continuada ocasión de obstáculos y
sufrimientos que ha sido preciso superar confieran mayor madurez a medida que se progresa en
edad. Pero el paralelismo dista mucho de ser perfecto.

CRITERIOS DE MADUREZ PROPUESTOS.

Una elegante definición dice que una personalidad sana domina activamente el ambiente presenta
una cierta unidad y posee !a capacidad de percibir correctamente, al mundo y a sí mismo. Una
persona que ha alcanzado tal estado no pierde el contacto con la realidad, no pide demasiado a los
demás. Esta definición es satisfactoria en los aspectos que cubre.
Erikson nos ofrece una lista de criterios más completa. Este autor especifica los atributos que
deben alcanzarse normalmente en cada período de la vida:
Lactante: sentido básico de confianza, Primera infancia: sentido de autonomía, Edad del juego:
sentido de iniciativa, Edad escolar: aplicación y capacidad, Adolescencia: identidad personal,
J uventud: intimidad, Edad adulta: generatividad, Edad madura: integridad y aceptación.

Erikson atribuye especial importancia al sentido de identidad, cuya formación es un problema
especialmente agudo en la adolescencia. Sin; un; firme sentido; de identidad (¿quién soy yo?) no
puede alcanzarse la verdadera madurez.
Aunque en toda definición de salud, madurez o normalidad psíquica hay un juicio ético o de
valor, pueden sernos muy útiles como guía y corrector de nuestro estudio las investigaciones
clínicas y de laboratorio. Veamos un ejemplo.
Con referencia al concepto de «normalidad», el Centro de Estudios e Investigaciones sobre la
Personalidad, de la Universidad de California, empleó el método siguiente: Miembros del
profesorado de diversas secciones de la universidad calificaron a estudiantes de la institución a
base de una escala de nueve puntos para la evaluación de la «solidez o normalidad de la persona
en sus diversos aspectos», definida como «el equilibrio y grado de madurez que muestra el
individuo en sus relaciones con otras personas». Se obtuvieron seis evaluaciones para cada uno

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de los estudiantes y la fidelidad global era buena, con una correlación de .68 entre las
evaluaciones parciales, lo que indica que este método es tan útil como las puntuaciones comentes.
Un grupo de ochenta estudiantes, escogidos al azar entre los evaluados, fue examinado
intensivamente, con administración de tests, durante un período de dos días completos, viviendo
todos juntos. Los psicólogos que los observaron y examinaron en estos dos días eran distintos de
los que habían administrado las primeras pruebas e ignoraban las puntuaciones de «normalidad»
que habían obtenido en aquéllas. Resultó que la correlación entre ambos exámenes fue de .41,
que es significativa, pero en modo alguno perfecta.


Lo que nos interesa aquí especialmente son las diferencias descubiertas entre los estudiantes
considerados normales o sanos y los considerados menos sanos.

En primer lugar, se encontraron, en conjunto, apreciables diferencias en el ambiente del hogar.
<En general los sujetos con puntuaciones más altas habían tenido un desarrollo más regular, con
menor frecuencia de enfermedades o traumatismos importantes en lar infancia, hogares más
estables y padres con mayor éxito en la vida y más respetabilidad, que podían servir de patrón
para el desarrollo del muchacho.» Estas observaciones corroboran nuestras conclusiones
anteriores de que la seguridad y la estabilidad en la infancia permiten formular un buen augurio
sobre un continuado progreso en el desarrollo de la personalidad. Sin embargo, hallaron los
investigadores algunas marcadas excepciones a esta regla, es decir, observaron diversos casos de
jóvenes con personalidad muy equilibrada que habían crecido en ambientes francamente
desfavorables. Estas excepciones nos enseñan que el secreto de la madurez de la personalidad no
consiste en haber tenido una infancia fácil y suave. El secreto radica en «el modo de responder a
los problemas planteados por la vida». Una infancia que transcurre en condiciones favorables
puede ayudar a que se dominen después los problemas en que se encontrará el individuo, pero no
lo es todo.
Las principales diferencias halladas entre los estudiantes con personalidad madura, y los que
tenían una personalidad menos madura (apreciada mediante tests, entrevistas y evaluaciones)
fueron cuatro:

1. Eficaz organización del trabajo dirigido a los objetivos. Los estudiantes con evaluaciones más
altas resultaron ser los más firmes, los más resistentes al stress. Tenían más vitalidad, eran más
adaptables y sabían utilizar más recursos. En los tests de percepción presentaban menos
fluctuaciones y errores visuales.

2. Correcta percepción de la realidad Los sujetos con puntuación alta, no solamente mostraron
mayor precisión en los tests de percepción, sino que tenían en general mejor capacidad de juicio,
un conocimiento de sí mismos más correcto (self-insight) y eran más escépticos respecto a los
acontecimientos «milagrosos».

3. Carácter e integridad en el sentido ético. Se comprobó que los estudiantes con puntuación alta
eran personas en las que podía confiarse más, con mayor seriedad y responsabilidad,, más
tolerantes. Los; «principios, interiormente determinados» eran en ellos fuertes.

4. Adaptación: interpersonal e intrapersonal. Los sujetos de puntuación elevada eran menos

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defensivos, egoístas y desconfiados .que los de puntuación baja. En general, dicen de sí mismos
que «se sienten felices la mayor parte del tiempo». Se observan en ellos pocos indicios de
tendencias anormales, neuróticas o de otra clase.
El mérito de este estudio consiste en permitirnos, en cierto grado por lo menos, definir mediante
algunos aspectos concretos y mensurables, los juicios sobre «normalidad» o «madurez». Aunque
hay en él algunas lagunas, presenta la gran ventaja de confirmar el juicio de los profesores sobre
la madurez con el análisis del laboratorio psicológico.
En un estudio ulterior de Maslow se empleó un método algo menos objetivo, pero útil. Este autor
efectuó un análisis intensivo de diversas personalidades, vivas unas e históricas otras, que eran
consideradas maduras (o, como prefiere decir Maslow, «actualizadoras de sí mismas») según
juicio de las personas corrientes. Se esforzó en excluir a los individuos con fuertes tendencias
neuróticas, pero halló que había pequeñas anormalidades incluso en las personas con más
evidente actualización de sí mismas.

Resumiremos brevemente los atributos descubiertos por Maslow:

1. Más eficiente percepción de la realidad y más fáciles relaciones con ella. Los sujetos
estudiados, como los estudiantes de mente madura de California, juzgaban de las personas y las
situaciones acertadamente. Quizás por esta razón, presentaban uniformemente las características
de no sentirse amenazados y no tener miedo a lo desconocido. A diferencia de las personas
inmaturas, no sentían «una terrible necesidad de certitud, seguridad, exactitud y orden».

2. Aceptación de sí mismo, de los demás y de la naturaleza. Conocen bien a los hombres y a la
naturaleza, humana. Aceptan las necesidades fisiológicas y los procesos naturales sin aversión ni
vergüenza, pero también aprecian las cualidades «elevadas» que completan la naturaleza humana.

3. Espontaneidad. Maslow concede gran importancia a la capacidad de apreciar el arte, las
oportunidades y la alegría de la vida, el sabor de la vida. Los que poseen una personalidad
madura no tienen el lastre de los convencionalismos y saben ver las «experiencias culminantes»
de la vida.

4. Concentración en los problemas, Como en los estudiantes de California con puntuación
elevada, las personas estudiadas por Maslow trabajan con eficacia y persistencia en tareas
objetivas. Pueden abstraerse en el estudio de un problema sin preocuparse de sí mismas.

5. Independencia en las relaciones personales. Las personas actualizadoras de si mismas sienten
la necesidad de retiro, son autosuficientes. Sus relaciones con amigos y familiares no son de tipo
posesivo; no hay en ellas intrusión ni aferramiento.

6. Independencia respecto a la cultura y el medio. Estrechamente relacionada con la anterior,
poseen la facultad de aceptar o no los ídolos o modas dominantes en el medio en que viven. El
curso de su evolución no está fundamentalmente influido por halagos o criticas.

7. Apreciación, libre, no convenida en rígida. Tenemos en esta característica otro aspecto de la
espontaneidad y sentido de responsabilidad que presenta el sujeto frente a experiencias nuevas.


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8. Horizontes ilimitados La mayoría de estos sujetos muestran más o menos interés por la
naturaleza, última de la realidad. Maslow llama a esta característica «mística» u «oceánica». Es el
factor religioso de la madurez.

9. Sentimiento social. Tienen un sentimiento básico de «identificación, simpatía y afecto» a pesar
de los episodios de ira o impaciencia que pueden presentar. La simpatía por otras personas y su
comprensión parece ser uno de los primeros signos de madurez.

10. Relaciones sociales profundas, pero selectivas. Como complemento del atributo, de
«independencia en las relaciones personales», hallamos que las personas actualizadoras de sí
mismas son capaces de relaciones personales muy estrechas asociadas a una mayor o menor
obliteración del ego. El círculo de relaciones, estrechas puede ser reducido, pero incluso en las
relaciones superficiales fuera de esta órbita saben mantener un trato suave, con pocas fricciones.

11. Estructura democrática del carácter. Observó Maslow que estos sujetos sienten y muestran
generalmente «respeto por todo ser humano precisamente porque es un ser humano». También
otras investigaciones revelan que la tolerancia étnica y religiosa se asocia a otras características
de madurez.

12. Certidumbre ética. Ninguno de estos sujetos se sentía inseguro respecto a la diferencia entre
lo justo y lo injusto en la vida cotidiana. No confundían el fin con los medios y tendían
firmemente a la consecución de los fines considerados justos en sí.


13. Humor sin hostilidad. Los juegos de palabras, los chistes y el humor agresivo se hallan en
estas personas menos frecuentemente que «un humorismo filosófico, que sabe tener
consideración para con los demás, que tiende a generar la sonrisa más que la risa, que es
intrínseco respecto a la situación más bien que añadido a ella; espontáneo, no planeado. Es
frecuente que no se preste a la repetición».

14. Creatividad. Maslow destaca, como característica global típica, un atributo que no falta nunca
en estas personas: la creatividad. Su estilo de vida presenta, sin excepción, una cierta intensidad e
individualidad que de carácter a todo lo que hacen, sea un escrito o una composición, la
confección de calzado o el trabajo doméstico.
No pretende Maslow que estos criterios sean independientes unos de otros. Evidentemente, no
lo son, pero parecen emanar conjuntamente de la personalidad en los individuos con
personalidad madura, sana o normal, es decir, en las personas actualizadoras de sí mismas."
Un grupo de psiquiatras estaba charlando sin preocupaciones académicas. Alguien planteó la
cuestión de qué debía entenderse por «salud mental». Se mencionaron numerosas cualidades:
buen humor, serenidad optimista, capacidad de disfrutar con el trabajo, capacidad de disfrutar con
el juego, capacidad de amar, capacidad de consecución de objetivos, ausencia de exceso en la
manifestación de las emociones, conocimiento de sí mismo, adecuada reacción a las situaciones,'
responsabilidad social. Tengamos en cuenta que tales atributos fueron mencionados por
psiquiatras, acostumbrados a tratar con personas mentalmente enfermas. Pero precisamente es
interesante esta lista por basarse en la experiencia profesional con personalidades no sanas.
Sin embargo, es lo cierto que las personalidades sanas no siempre son tan felices y exentas de

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conflictos como parece deducirse de la lista de los psiquiatras. Aceptar el sufrimiento, la
culpabilidad y la muerte y comportarse serenamente a su respecto forma parte de lo que requiere
la naturaleza humana. Shoben intenta derivar los criterios de normalidad de las cualidades
esenciales del ser humano (tales como el largo período de dependencia en las primeras edades de
la vida y la capacidad de operar con símbolos). Este método de estudio le conduce a destacar en
la madurez el aspecto de seriedad. Para este autor, normalidad significa «autodominio,
responsabilidad personal, responsabilidad social, interés social democrático, ideales»

También los criterios propuestos por los existencialistas destacan el aspecto serio de la madurez.
Comprenden el sentido de la significación y la responsabilidad, la aceptación y «la valentía de
ser».
Las guerras del siglo xx, con la miseria que acarrearon, han polarizado la atención en el
sentimiento humano. Parten del sufrimiento dos caminos. Conduce el uno a la destrucción de la
personalidad; lleva el otro a su consolidación. Los traumatismos físicos, las enfermedades, la
cárcel y el lavado de cerebro producen frecuentemente un colapso permanente y la desesperación.
Pero otras veces estos mismos agentes son causa de una mayor firmeza, riqueza y fuerza del
alma. Aunque nadie busca el sufrimiento ni lo desea para sus hijos, es dudoso que, una vida de
comodidades pueda conducir a la madurez.".
Todos los criterios indicados se refieren a un tipo ideal, raramente (o nunca) alcanzado por un
individuo concreto. En la más firme de las personalidades pueden hallarse puntos débiles o
momentos de regresión; la normalidad depende en gran parte del apoyo del medio. De todos
modos es evidente que unas personas s pesar de las circunstancias desfavorables en que pueden
encontrarse se mantienen más próximas a este ideal que otra.

Emprenderemos ahora la tarea de resumir de acuerdo con nuestro punto de vista los criterios de
madurez que acabamos de examinar. Es arbitrario fijar su número en seis, pero la lista que
presentamos parece un término medio razonable, para nuestro propósito, entre las distinciones
demasiado finas y las poco precisas.


EXTENSIÓN DEL SENTIDO DE SI MISMO.

El sentido de si mismo se forma gradualmente en la infancia y no se ha completado a la edad de
tres años ni tampoco a la de diez. Continúa extendiéndose .a compás de la experiencia a medida
que se hace mayor el círculo de participación del individuo. Como señala Erikson, la
adolescencia es una época especialmente crítica. En su lucha contra la «difusión de la identidad»,
el muchacho quiere saber quién es él. ¿Qué hechos, experiencias y papeles corresponden a su
proprium? ¿Cuáles son periféricos o no adecuados a su estilo de vida?
Los amoríos transitorios del adolescente ilustran este punto. El amorío focaliza impulsos
poderosos, pero discordantes: tonicidad sexual, tendencias asertivas y sumisivas, ambiciones,
intereses estéticos, sentimiento familiar, incluso emoción religiosa. Pero lo importante es que esta
íntima oleada establece una conexión entre el individuo y otra persona, extendiendo rápidamente
"los límites del sí mismo. El bien de otra persona es tan importante para el sujeto como el bien
propio; mejor: el bien de la otra persona es idéntico con el bien propio.
Pero no es solamente el amor de adolescente lo que amplía la individualidad. Se incorporan en el

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senado del sí mismo nuevas ambiciones, nuevas pertenencias a grupos, nuevas ideas, nuevos
amigos, nuevos recreos y aficiones y, sobre todo, la vocación de cada individuo. Son factores
nuevos en la identidad propia.

Es necesario aplicar aquí el concepto de la autonomía funcional. Para la persona madura, la vida
es algo más que la comida, la bebida, la seguridad y la sexualidad; es más de lo que puede
explicarse, directa o indirectamente,, por la reducción de las tensiones. Si no se desarrollan en
una persona intereses «fuera de ella, misma» (aunque formando parte del sí mismo), vive en un
nivel más próximo al animal que al humano. Hablamos, claro está, de autonomía funcional del
proprium, no de la autonomía meramente perseverativa.

Considerémoslo de otro modo. El criterio de madurez que examinamos ahora requiere la
auténtica participación de la persona en algunas esferas significativas de la actividad humana. Ser
partícipe no es lo mismo que ser meramente activo.

Consideremos, por ejemplo, el caso del ciudadano Sam, que vive y se agita en la gran maquinaria
que es la ciudad de Nueva York. Sus horas de inconsciencia! de sueño, las pasa en algún punto
del Bronx. Se despierta por la mañana y coge la botella de leche que le ha dejado ante la puerta
un empleado de una gran empresa de venta y reparto de productos lácteos. No piensa
conscientemente en los empleados de esta empresa, de tan vital importancia para, su salud.
Después de saludar apresuradamente a la patrona, corre a sumergirse en el vasto sistema de
transportes públicos de la ciudad, de cuyos misteriosos mecanismos nada sabe. En la fábrica, se
convierte en una pieza de una maquinaria que escapa a su comprensión. Para él, como para sus
compañeros de trabajo, la empresa en !a que está empleado es una abstracción. Desempeña un
papel puramente mecánico en la «creación de excedentes» (sea lo que fuere tal cosa) y aunque él
no lo sepa, su continua actividad en la maquinaria está regulada por la «ley de la oferta y la
demanda», la «disponibilidad de primeras materias» y «la tasa de interés prevaleciente». A la
semana siguiente, sin que él se entere, le imponen una contribución para el «excedente en el
mercado del trabajo. Un agente oficial le cobra la cuota, sin que él sepa por qué. A mediodía,
engulle la comida que prepara y sirve automáticamente una monstruosa organización en la que
también él es engullido automáticamente. Después de volver a trabajar por la tarde, entra en un
cine en busca de una de las producciones para soñar sin dormir que fabrican en serie en
Hollywood, con el objeto de dar descanso a su mente, que no ha realizado ninguna labor útil,
pero está sometida a una gran tensión. Finalmente, entra en un bar y pide los productos que se
anuncian, víctima inconsciente del ciclo publicitario.

Sam. ha desplegado mucha actividad dura todo el día, una tremenda actividad desempeñando el
papel que le corresponde en diversas áreas de: actividad impersonal, Ha pasado por varios
mecanismos, ha entrado en relación automática con entidades qué son, ¿personas jurídicas», pero
no personas de carne y hueso. Las personas físicas junto a. Las cuales se ha hallado, eran, como
el mismo, piezas, insertadas en sistemas de transmisión, demasiado cansadas para darse cuenta
plenamente de lo que estaban haciendo; Sam está implicado en diversas actividades durante todo
el día, pero ¿puede decirse que ha participado en ellas en el sentido psicológico? Está implicado
en ciclos diversos, pero su yo no está implicado.
¿Qué es, exactamente, lo que no va bien en Sam? No ha extendido su sentido de sí mismo a
ninguna área significativa de la vida. Como ocurre con todos nosotros, entra en contacto con

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muchas esferas de la actividad humana: económica, educativa, recreativa, política, doméstica y
religiosa. Sam se relaciona con todas estas esferas superficialmente, pero no incorpora ninguna de
ellas en sí mismo.

Probablemente, sería pedir demasiado pretender que un individuo, aunque posea una
personalidad madura, se interese apasionadamente por todas estas esferas de actividad. Pero si no
se desarrollan intereses autónomos en algunas de estas áreas, si nuestro trabajo, nuestros estudios
y aficiones, nuestra familia y nuestra relación con la política y la religión no entran en la esfera
del proprium, no podemos decir que somos personalidades maduras.

Una auténtica participación da una dirección a la vida. La madurez progresa en la proporción en
que nuestras vidas dejan de estar centradas en la inmediata proximidad del cuerpo y en el yo. El
amor a sí mismo es un factor preeminente e ineludible, pero no es necesario que sea dominante.
Todos tienen amor a sí mismos, pero únicamente la extensión del sí mismo es signo de madurez.


LA RELACION EMOCIONAL CON OTRAS PERSONAS.

La adaptación social de la personalidad madura se denota por dos "diferentes clases de relación
emocional. En virtud de la extensión de sí mismo, tal persona es capaz de una gran, intimidad
"en su capacidad de amar, ya sea en .la vida familiar, ya en una profunda amistad. Por otra parte,
huye de murmuración y se abstiene de intromisiones y de todo intento de dominar a, los demás,
.incluso dentro de: su propia relaciones, un cierto desprendimiento que le hace respetar y apreciar
la condición humana en todos los hombres. Este tipo, de. Relación emocional puede muy bien
llamarse simpatía. La intimidad y- la simpatía requieren que el sujeto no sea una carga o un
estorbo para los demás ni les impida, la libertad en la búsqueda, de su identidad; Las constantes
quejas y críticas, los celos y los sarcasmos actúan como tóxicos, en las relaciones, sociales. A una
mujer de marcada madurez le preguntaron cuál era a su juicio la regla más importante de la vida.
Respondió: «No emponzoñéis el aire que otros han de respirar.»

El respeto a las personas como tales personas se alcanza mediante la extensión imaginaria de las
duras experiencias de la vida. Acaba uno dándose cuenta de que todos los mortales se hallan en la
misma situación humana. Vienen los hombres al mundo sin haberlo pedido; se les impone el
irresistible instinto de supervivencia; se ven asaltados por impulsos y pasiones; encuentran
fracasos y sufrimientos, pero van siguiendo su camino de un modo u otro. Nadie conoce con
seguridad la significación de la vida; todos avanzan hacia un destino desconocido y envejecen
mientras lo hacen. Toda vida se halla contenida entre dos límites desconocidos. No es de extrañar
que exclamase el poeta: «Alabemos al Señor por cada partícula de compasión humana.»
Es oportuno consignar aquí dos signos de madurez frecuentemente señalados: la tolerancia y. la
«estructura democrática del carácter». Las personas inmaturas, por el contrario, parecen creer que
solamente ellas tienen las típicas experiencias humanas de pasión, miedo y preferencia. Al
inmaturo solamente le importa él mismo y lo que es de él. Su iglesia, su casa, su familia y su
nación forman un firme bloque; todo lo demás es ajeno, peligroso, excluido de su mezquina
fórmula de supervivencia.


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Debemos decir algo más sobre los afectos personales más profundos. Puede afirmarse sin temor a
equivocarse que nadie, maduro o inmaturo, puede amar o ser amado suficientemente. Pero parece
que las personas menos maduras más quieren recibir amor que darlo. Cuando el inmaturo da
amor, lo hace por lo general en los términos que le convienen; no lo hace sin condiciones y el
otro ha de pagar por el privilegio. El amor posesivo y paralizante para el ser amado (como el que
muchos padres imponen a sus hijos) es muy corriente,.pero no es buena para el que lo da ni para
el que lo recibe. –Es muy duro para los padres"(o para el esposo, la. esposa, el, novio, la novia o
el amigo) aprender' a" desear la compañía del" amado y quererle bien aceptándolo al propio
tiempo tal como es, sin ligarlo con rígidos lazos u obligaciones.

Genitalidad, Algunos psicoanalistas acostumbran a equiparar la madurez con lo que llaman
genitalidad». El sexo es un tema, tan dominante en la mayoría de vidas que fácilmente se
comprende que muchos teorizantes sostengan la tesis de que le consecución de una completa
satisfacción sexual orgásmica es un importante signo de madurez. Afirman que el libre ejercicio
de la función sexual es la mejor medida de la capacidad individual de superar las fuerzas
represivas de la sociedad y la presión de las fijaciones sexuales infantiles. Pero como los raptores
y los que tienen perversiones sexuales son capaces de experimentar una satisfacción orgásmica
completa, se hizo necesario modificar este criterio limitando la satisfacción sexual propia de la
madurez a la experimentada «con una persona arrada de sexo opuesto». Erikson establece esta
tesis en la forma siguiente:
Los psicoanalistas han señalado la genitalidad como uno de los principales signos de una
personalidad sana. La genitalidad es la capacidad potencial de desarrollar potencia orgástica en
relación con una persona amada de sexo opuesto. «Potencia orgástica» no significa aquí
descargar los productos sexuales en el sentido de «vías de salida» (Kinsey), sino la comunidad
heterosexual, con plena sensibilidad genital y una descarga de tensión, global, de todo el
organismo... Su idea es, evidentemente, la de que la comunidad de clímax del orgasmo nos da el
mejor ejemplo de la mutua regulación de complicados patrones de acción, que apacigua la
hostilidad generada en la continuada oposición de lo masculino y lo femenino, de la realidad y la
fantasía, del amor y el odio, del trabajo y el juego. Las relaciones sexuales satisfactorias hacen
que lo sexual sea menos obsesivo y convierten en superfluo el control sadista.
El argumento es persuasivo, pero no por ello dejamos de damos cuenta de la existencia, de
excepciones. No se ha demostrado que un individuo genitalmente madura sea normal en todas las
áreas de la vida. Tampoco se ve que claro que el impulso sexual esté tan estrechamente ligado a
todas las regiones de la personalidad como requeriría la teoría. Tenemos; finalmente, los
innumerables: casos, de solteros, y solteras y aun personas con aberraciones- sexuales cuyas
obras; y conducta son tan eminentes que no podemos considerarlas «inmaduras»-.: ¿Qué
concluimos de todo ello? Parece justificado admitir que en: muchos individuos la madurez genital
se asocia a la madurez personal general. Pero, posiblemente, no puede afirmarse que las personas
maduras no experimentan frustraciones y desviaciones en su comportamiento relativo a los
impulsos, incluyendo los ramificados impulsos de la sexualidad. La dificultad deriva del intento
de identificar la motivación adulta casi exclusivamente con el impulso sexual. Reconocemos que
tan importante impulso, regido por el individuo de un modo maduro, puede armonizar bien con la
madurez general y reforzarla, pero no está justificado reducir todo el problema de la madurez a la
genitalidad.



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SEGURIDAD EMOCIONAL (ACEPTACIÓN DE SI MISMO).

Fácilmente observamos la diferencia que existe entre la persona con equilibrio emocional y la
que es emocionalmente exaltada y presenta accesos de ira o de apasionamiento. Incluimos en el
segundo grupo a los alcohólicos y a los que tienen arrebatos de blasfemia y obscenidad. Los
egotistas, los. que se abandonan a sus pasiones, los «infantiles», no han pasado con éxito por las
fases de desarrollo normales. Todavía se hallan preocupados con algunos fragmentos de su
experiencia emocional.
Muchos autores hablan de aceptación de .si mismo. Esta característica de madurez incluye la
capacidad de evitar reacciones excesivas frente a cosas correspondientes a impulsos
segmentarios. El individuo maduro acepta su impulso sexual y se esfuerza cuanto puede en
comportarse respecto al mismo de modo que se origine el mínimo de conflicto consigo mismo y
con la sociedad. .No busca constantemente lo libidinoso, pero tampoco es mojigato ni deprimido.
Todos tenemos miedo de algunas cosas, de la muerte y de peligros inmediatos, pero, en general,
el individuo hace frente a estos temores con aceptación. Si no ocurre así, se forma una
preocupación neurótica, que puede ser, por ejemplo, de cuchillos y otros instrumentos cortantes,
de puntos elevados, de alimentos salubres o insalubres, de medicina, etc., con supersticiones y
rituales protectivos.

Es especialmente: importante la cualidad llamada «tolerancia a la frustración». Cada: día.- se-
producen cosas que. Irritan o; contrarían. El adulto inmaturo, como el niño,, reacciona a loa
contratiempos con accesos: de mal humor o irritación; se queja, culpa a-otras personas, ser
compadece a sí mismo. En cambio, el individuo maduro tolera la frustración. Si ha habido falta o
error en él, sabe aceptar este hecho (siendo «intropunitivo»). Espera un momento oportuno, busca
un medio de sortear el obstáculo y en caso necesario se resigna, a lo inevitable. No es cierto que
el individuo maduro esté siempre tranquilo, sereno y de buen humor, pero sus fases de mal humor
son transitorias. Hasta es posible que sea por temperamento pesimista y deprimido. Pero ha
aprendido a vivir sus estados emocionales de modo que no le conduzcan a actos impulsivos ni
perjudiquen el bienestar de otras personas.
Probablemente, no podría comportarse de este modo si no hubiese desarrollado un continuo
sentido de seguridad en su vida. Las experiencias de «confianza básica» en la primera infancia
tienen algo que ver con este desarrollo. Y en fases ulteriores ha aprendido más o menos que no
todo alfilerazo contra su orgullo es una herida mortal y que no todo temor es confirmado por un
desastre. Al expansionarse el sentido de sí mismo, se asumen nuevos riesgos y nuevas
posibilidades de fracaso. Pero el individuo maduro considera tales inseguridades con un sentido
de la proporción. Aprende a ser cauto sin dejarse dominar por el pánico. El dominio de sí mismo
es reflejo del sentido de la proporción. El sujeto maduro expresa sus opiniones sus sentimientos
guardando consideración a las opiniones y los sentimientos de los demás. No se siente
amenazado por sus propias expresiones emocionales o por las de otras personas. Este sentido de
la proporción no es un atributo aislado de la personalidad. Se forma porque el modo de ver las
cosas es-ordinariamente de tipo realístico y porque el sujeto posee valores integrativos que rigen
y encauzan los impulsos emocionales.




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PERCEPCIÓN REALÍSTICA. APTITUDES Y TAREAS.

Como se ha visto en el capítulo precedente, el pensamiento es parte integrante de la personalidad.
Podríamos decir que la vida de los sentimientos y las emociones es la urdimbre y los procesos
mentales elevados la trama.

También hemos visto que en la personalidad sana, las percepciones y los conocimientos
cotidianos se caracterizan en conjunto por la eficacia y la exactitud. La persona sana- posee
disposiciones que conducen a la verdad en mayor grado que en las personas inmaturas EI
individuo maduro no tuerce la realidad para acomodarla a las necesidades y las fantasías del
sujeto.
¿Significa esto que nadie, puede, tener una mente sana y madura sin un elevado cociente
intelectual? Hay en esta afirmación una parte de verdad, pero es peligrosa. Se requiere,
evidentemente, un mínimo de memoria, de capacidad verbal (simbólica) y de capacidad general
de solución de problemas. Ser maduro implica la posesión de estas capacidades intelectuales
básicas. Pero la ecuación no es reversible. Son muchas las personas con una elevada inteligencia
a las que falta el equilibrio emocional y la organización intelectual que constituye una
personalidad madura.

El psicólogo Terman estudió un grupo de niños superdotados cuyas puntuaciones en los tests de
inteligencia eran tan altas que cada uno de ellos era literalmente «uno entre mil». No solamente
era grande su dotación intelectual sino que, considerados en grupo, poseían ventajosas
condiciones de salud, aspecto físico, social y económico.

Examinándolos veinticinco años después, se halló que las anormalidades en la organización de la
personalidad no eran menos numerosas que en la población en general del mismo grupo de edad.
La proporción de psicosis y de alcoholismo era igual a la que presentaban los individuos de la
misma edad en el conjunto de la población. Se observaron casos de mala adaptación, incluso
graves, pero es difícil comparar su extensión con la existente en la población en general. Es cierto
que en muchos de ellos se había realizado lo que prometían en su niñez”. Pero, en conjunto,
preciso es admitir que una inteligencia excepcional no garantiza por sí sola la madurez.

No solamente son más verídicas las percepciones y las operaciones cognitivas exactas y realistas,
sino el que el individuo maduro posee aptitudes apropiadas para la solución de los problemas:
objetivos. Una persona, normal en otros aspectos,, que no sabe conducirse : acertadamente en su
profesión (intelectual o mecánica, de ama de; casa o de cualquier otra clase) no tiene la
seguridad, ni los medios que requiere, la "madurez para la extensión de sí misma.Aunque vemos
frecuentemente personas hábiles que son inmaturas, no vemos nunca personas maduras que no-
posean- aptitudes- orientadas a- la solución de los problemas ante los que se encuentran.

J unto con la percepción verídica y la aptitud, debemos situar la capacidad de perderse a sí mismo
en la realización del trabajo. Hallamos consignada esta condición en Freud, en Maslow y en los
investigadores de California. La persona madura se centra en el problema. Le gusta trabajar
objetivamente. Significa esto que es capaz de olvidar los impulsos egoístas de la satisfacción de
los instintos, el placer, d orgullo y la defensa durante largos períodos de tiempo mientras está

12
absorta en su tarea. Este criterio puede relacionarse con el objetivo de «responsabilidad», en el
que insisten los existencialistas. En el espíritu del existencialismo se hallaba Harvey Cushing, el
cirujano del cerebro, cuando dijo: <El único modo de soportar la vida es tener una tarea por
completar.»
Una persona madura está en estrecho contacto con lo que llamamos <<mundo real». Ve los
objetos, las personas y las situaciones tales como son. Y tiene ante sí una importante tarea.
Añadiremos algunas palabras sobre la «madurez económica». Para la mayor parte de las
personas, la lucha para ganarse la vida, para ser solvente, para hacer frente a la dura competición
económica, es el mayor requerimiento que encuentran en la vida. Exige muchos esfuerzos y
origina a menudo crisis peores que las- del sexo y de la identidad consigo mismo. No siempre los
estudiantes de universidades y escuelas superiores se dan completa cuenta del porfiado combate
que deberán librar para ganar dinero. Los jóvenes, antes de entrar en esta dura competición,
parecen a veces relajados e incluso serenos. Pero poder sustentarse a sí mismo y a una familia a
un nivel de vida que aumenta constantemente es una empresa terrible. Hacer frente a esta difícil
tarea sin ser dominado por el miedo, sin sentirse des¬graciado y sin caer en una conducta
defensiva, hostil y autoengaña-dora es uno de los más duros tests de madurez.


AUTOOBJETIVACIÓN: CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO Y SENTIDO
DEL HUMOR

Decía Sócrates que hay en la vida una regla fundamental; conócete a ti mismo. Pero no es tarea
fácil. Santayana escribió: «Nada hay que requiera tanto heroísmo intelectual como ver escrita la
ecuación de uno mismo.» Lord Chesterfield estaba quizá demasiado satisfecho de su personalidad
cuando escribía a su hijo: «Me conozco a mí mismo, lo que puedo asegurarte que no es comente.
Sé lo que pueda hacer y lo que no puedo 'hacer y, por consiguiente, sé lo que debo hacer.»-
Son muchos los que piensan que tienen un buen conocimiento de sí mismos. En diversos cursos
de filosofía se ha comprobado que el 96 % de los estudiantes afirman poseer un conocimiento de
sí mismo igual o superior al término medio. Solamente el 4 % admiten una posible deficiencia.
Como la parte de nuestro tiempo que dedicamos a pensar en nosotros mismos es muy grande, es
confortador suponer que nuestro pensamiento es verídico, que conocemos verdaderamente el
tema.
El término inglés insigh o self-insight (conocimiento profundo de sí mismo) procede de la
psiquiatría. Se dice que un paciente mental tiene insight (se da cuenta de la situación) cuando
sabe que es él (no otra persona) quien sufre desorientación. Extendiendo su empleo a la población
normal, diremos, que el conocimiento de sí mismo es una magnitud o escala en la que las
diversas personas ocupan posiciones que van desde un gran conocimiento de sí mismo a un
conocimiento muy escaso o nulo.
Son muy interesantes a este respecto las autobiografías. Algunos escritores creen que tienen el
deber de reconocer sus defectos; lo consideran una virtud. Escriben sus confesiones
«objetivamente», para que todos las lean. Sin embargo, es muy probable que reserven algunos
tabernáculos secretos en los que nadie puede penetrar, ni tan sólo ellos mismos. Hay en la vida
algunos episodios de bajeza o vergüenza que sería demasiado humillante descubrir o,
simplemente, contemplar interiormente. Muchas autobiografías no son otra cosa que elaboradas
auto justificaciones

13

En qué se basa el psicólogo para decir que un individuo tiene o no conocimiento de sí mismo? Se
ha dicho qué todo individuó es de tres modos:

1. tal como realmente es,
2. tal como él cree que es,
3. tal como los otros creen que es.

Idealmente, el conocimiento de sí mismo se mediría por la relación entre el segundo y el primero,
es decir, por lo que el hombre cree que es en relación con lo que realmente es. Esto nos daría una
perfecta definición e índice del insight. Pero en la práctica es difícil obtener pruebas positivas de
lo que un hombre es en el sentido bio-físico. Por consiguiente, en definitiva, el índice más
utilizable es la relación entre el segundo punto y el tercero, es decir, la relación entre lo que un
hombre cree que es...y lo-que-los-otros (especialmente el psicólogo que lo estudia) creen quedes.
Si el hombre objeta que todos los demás (incluyendo al psicólogo) se equivocan, nada puede
argüirse en contra de esta opinión. La evaluación del conocimiento de sí mismo, en tal caso, no es
asequible al hombre.
Los psicólogos saben que existen ciertas correlaciones referentes al conocimiento de sí mismo o
insighr. Se sabe, por ejemplo, que las personas conocedoras de sus cualidades desfavorables son
menos propensas a proyectarlas en otras personas que los individuos desconocedores de su
existencia en ellos16. Además, las personas con un buen conocimiento de sí mismas son mejores
jueces de otros individuos y es más probable que sean aceptadas por ellos. Se ha comprobado que
los individuos que tienen un buen conocimiento de sí mismos son por término medio -bastante
inteligentes. Recordemos que los estudiantes que fueron evaluados como «normales» tenían un
buen conocimiento de sí mismos.
Sentido, del humor. La más destacada correlación del conocimiento de sí mismo es tal vez el
sentido del humor. En una investigación no publicada en la que los sujetos se evaluaron unos a
otros respecto a un número de características, la correlación entre las evaluaciones del
conocimiento de sí mismo y las del sentido del humor resultó ser de Tan elevado- coeficiente-
significa que, las personalidades con un buen conocimiento de sí mismas poseen también un
elevado- sentido del humor o que los evaluadores no sabían distinguir, entre ambas cualidades.
En todo caso, el resultado es importante.
La personalidad de Sócrates nos muestra la estrecha asociación de ambas características. Nos
dice la leyenda que en una representación de Las Nubes, de ARISTÓFANES, permaneció
Sócrates de pie a fin de que los divertidos espectadores pudiesen comparar su rostro con .la
máscara que pretendía ridiculizarlo. Poseyendo un buen insigh(, fue capaz de contemplar la
caricatura de un modo objetivo, contribuyendo a la broma riéndose de sí mismo.
¿En qué consiste el sentido del humor? El novelista Meredith dice que es la capacidad de reírse
de lo que uno ama (incluyendo, naturalmente, al propio sujeto y a todo lo que le pertenece). El
verdadero humorista percibe en cualquier acontecimiento el contraste entre lo que se pretendía
alcanzar y lo que ha resultado.
El sentido del humor debe distinguirse netamente del mero sentido de lo cómico. Este último lo
posee' casi todo el mundo, tanto los niños como los adultos. Lo que se considera corrientemente
cómico (en la escena, en las historietas ilustradas, en la televisión), consiste por lo general en
absurdos, juegos de palabras o broma gruesa. En su mayoría, se basa en ridiculizar a alguien. El
impulso agresivo está muy poco disimulado. Aristóteles, Hobbes y otros autores han visto en este

14
«súbito ensalzamiento» del propio yo el secreto de toda risa. Relacionado con lo cómico agresivo
(que ridiculiza a otros), hay la risa provocada por las historietas «subidas de tono», que parece
debida a la liberación de las prohibiciones. Los instintos agresivo y sexual se hallan, al parecer,
en la base de gran parte de lo que se considera cómico.
El niño pequeño tiene un agudo sentido de lo cómico, pero raramente o nunca se ríe de sí misino.
Incluso en la adolescencia, es más fácil que los defectos exciten en el muchacho dolor que risa.
Se ha comprobado que las personas menos inteligente, que tienen bajos valores estéticos: y
teóricos, prefieren lo cómico y carecen del sentido del humor, basado en las relaciones reales de
La vida.
La razón de que el conocimiento de sí mismo y el: sentido del humor se presenten asociados
consiste probablemente en que se trata en el fondo de un mismo fenómeno, que es la
autoobjetivación. El hombre que tiene un gran sentido de la proporción relativamente a sus
cualidades y a sus más apreciados valores es capaz de percibir sus incongruencias y. absurdidades
en ciertas situaciones.
Al igual que vimos ocurría con- el insight, casi todo el mundo afirma que posee un notable
sentido del humor. Los mismos estudiantes que habían evaluado su conocimiento de sí mismos
en comparación con el término medio de las personas fueron interrogados sobre la evaluación de
su sentido del humor. Noventa y cuatro por ciento respondieron que era tan bueno o mejor que el
promedio.

STEPHEN LEACOCK ha observado el mismo hecho. En My Discovery of England escribe:
«Tiene siempre especial interés por el sentido del humor. Por ninguna otra cualidad de la mente
se muestra tan susceptible su posesor como por el sentido del humor. Un individuo reconocerá
fácilmente que no tiene oído para la música o gusto para juzgar las novelas y hasta confesará que
no se interesa por la religión. Pero todavía no he encontrado a una persona que afirmase no tener
sentido del humor. Cualquier individuo piensa de sí mismo que está excepcionalmente / dotado
en este aspecto...»
En honor de la verdad, debemos reconocer que, hasta ahora, los psicólogos han tenido muy poco
éxito en la evaluación del conocimiento de sí mismo y del sentido del humor. Se trata de aspectos
muy sutiles, de la personalidad, de una esfera en la que esperamos tengan los psicólogos en el
futuro más éxito del obtenido en el pasado.
Afectación. En el polo opuesto del criterio anterior hallamos la tendencia de algunas personas a
aparecer exteriormente como lo que no son. La persona en la que se presenta este fenómeno no se
da cuenta de que su engaño es transparente, de que su '«pose»- no le va.
Vil que el adolescente trata de imitar a otras personas para hacerse más importante. Pero" el
adulto sabe que no puede pasar por otro, a menos de: hacerlo por: juego.
Es cierto que la mayoría de las personas procuran presentarse en el aspecto más favorable
posible y que pretenden a veces poseer buenas cualidades y obtener éxitos, exagerando la verdad.
Pero el individuo maduro no llega- hasta el punto de que esta táctica social choque demasiado
violentamente con la verdad. El conocimiento de sí mismo y el sentido del humor mantienen un
cierto freno sobre este egotismo.





15
FILOSOFÍA UNIFICADORA DE LA VIDA.

Hemos afirmado que el sentido del humor es indispensable para ver la vida de un modo maduro.
Pero no es suficiente. Una filosofía de la vida exclusivamente humorista conduciría a! cinismo.
Todo sería considerado trivial, desplazado e incongruente. No se confiaría en la razón y se
rechazaría toda solución seria. El cínico puede divertirse siguiendo este camino, pero en el fondo
se siente solo, porque le falta la compañía de un objetivo en la vida.
Dirección. Un estudio psicológico sobre este tema es el de Charlotte Bühler dedicado al examen
de la biografía de muchos individuos, famosos unos y de tipo medio otros20.
La investigadora juzgó necesario introducir el concepto de Besíimmung, palabra alemana que
puede traducirse con cierta impropiedad al inglés por directedness (dirección). Analizando unas
doscientas biografías, observó que cada vida estaba ordenada u orientada hacia uno o varios
objetivos. Hay en cada individuo algo especial por lo que vive, un propósito principal. Los
objetivos varían en los diversos individuos. Hay personas que se concentran en-un gran objetivo
único; otras, tienen una serie de propósitos definidos. Un estudio paralelo en suicidas muestra que
la vida únicamente se hace intolerable a los que no encuentran ningún objetivo al cual puedan
orientarla
En la infancia, faltan los objetivos al principio; en la adolescencia están, vagamente
enlozado; en la madurez, pronto se definen. Pero todos encuentran obstáculos Si el individuo no
obtiene éxito en los objetivos primeramente fijados, quizá los trueque por otros más modestos,
con descenso* del «nivel de aspiración». Otras, veces persevera obstinadamente aunque tenga
muy pocas esperanzas de éxito«_Algunas personas que ven deshechas sus aspiraciones
permanecen ligadas a la vida por «mera indignación», pero, incluso esto les sirve de objetivo para
el combate.
Empleando este concepto, podemos decir que en las personalidades maduras la Bestimmung es
rnás marcada, más enfocada al exterior, que en las vidas menos maduras. Surge un problema en
Los jóvenes que no tienen a la vista una dirección. En una universitarios resultó que
aproximadamente la quinta parte de ellos/ «no sabían por qué vivían». Parecían no tener ninguna
motivación, excepto las circunstanciales del momento; no eran maduros ni felices íl. En algunos
de estos jóvenes puede desarrollarse ulteriormente la dirección a objetivos, pero las perspectivas
son desfavorables, ya que es en la adolescencia cuando se encuentran generalmente altas
ambiciones e idealismo.
Es corriente en los años consecutivos a la adolescencia una crisis que es 'frecuentemente
descuidada. Bühler observa que en el sexto lustro de la vida, cuando los ideales de la
adolescencia, han experimentado el choque con la realidad, aparece la decepción. En esta época
de la vida, cuando el yogase aproxima a los treinta años, es muy posible que vea la necesidad de
aceptar la evidencia de un nivel inferior al esperado en sus aptitudes y en las circunstancias de la
vida. Ya hemos señalado la dificultad que se encuentra en alcanzar la «madurez económica». El
sueldo puede no ser tan elevado como se había supuesto; el matrimonio puede no- salir tan bien;
es -posible que el individuo no sea capaz de superar sus defectos y puntos flacos. Sin embargo, a
pesar de esta fase de desilusión, parece ser de mejor pro-nóstico en un joven tener al principio
aspiraciones elevadas, para disminuirlas mis o menos después, que carecer de una firme
orientación a objetivos.



16
El problema se presenta de un modo diferente en la vejez Aunque las personas ancianas emplean
mucho tiempo, en la evaluación, de su esfuerzo total, todavía quieren: mantener su orientación: a
objetivos.; a-pesar de que les es forzoso disminuir, considerablemente su actividad; El objetivo
puede ser entonces muy modesto. Recordamos el caso de una anciana, recogida en un asilo que,
según manifestaba, tenía como única aspiración la de. que «alguien la recordase con afecto
cuando se hubiese ido de este mundo». En general, constituye una pérdida para la sociedad
impedir a las- personas de edad que prosigan sus direcciones de desarrollo, retirándolas o
aislándolas. Cuando, finalmente, ya no son capaces de trabajar, pueden ocupar el tiempo
provechosamente considerando en su conjunto los conocimientos de la vida que han adquirido y
buscando un patrón ideal en el estudio y el pensamiento filosófico y religioso.
Orientación a valores. Un modo de estudio de este criterio esta estrechamente relacionado,
consiste en buscar una filosofía" unificadora en términos de algún tipo de clasificación de valores
.Podemos decir de una persona determinada qué es por ejemplo, un comunista, un cristiano, un
pacifista o. un beatnik. Podría deducirse de esto que la unidad en la vida procede parcial o
preponderantemente de seguir la orientación de valores de uno u otro de estos tipos. Merecen
citarse a este respecto dos investigaciones psicológicas.
Morris explicó en un largo párrafo trece «tipos de vida». Se "Basan principalmente en la
ideología, en el concepto de la actitud ante el mundo. En una persona, por ejemplo, destaca «el
interés y la simpatía en relación con los demás»; en otra, «un estoico autodominio»; en una
tercera, «la actividad de grupo y la alegría en la acción»; en una cuarta, la «dinámica integración
de la diversidad». Se preguntó a jóvenes de muchos países cuál de estos trece grupos preferían.
Resultó que los jóvenes de Estados Unidos señalaban con mayor frecuencia que los de otros
países «la dinámica integración de la diversidad», mostrando con ello que deseaban una vida rica
y llena y aborrecían la rutina v la monotonía en su existencia'

Esta, investigación tiene el merito de mantener la proximidad a las ideologías culturales e invita
a establecer comparaciones entre los jóvenes de diversos países. Es un método básicamente.-
propio de la- antropología cultural. La investigación de Morris y la que describimos a
continuación difieren de la Bestimmung de Bühler, que permite considerar una; infinita;
diversidad de- direcciones en- las vidas humanas. Esta autora no predetermina el número de
modos de vivir.
Spranger, análogamente a Morris, describe seis- principales tipos de valores. Afirma que toda
persona, en nuestra época, puede considerarse próxima a una o a varias de estas direcciones de
valores, aunque no encaje perfectamente en ninguna. Existirían en la vida humana seis
principales tipos de valores, que corresponden en grado variable a los individuos que edifican la
unidad de sus vidas a base de ellos.
Entiéndase bien: Spranger no dice que existan seis principales tipos de personas. Se trata de una
tipología de valores, no de personas realmente existentes. Se usa a este respecto el término tipo
ideal. Esta denominación no significa que los tipos sean necesariamente buenos ni que existan
concretamente en su forma pura. Un tipo ideal es más bien un «esquema de comprensibilidad»,
una medida que nos permite determinar cuan lejos ha ido una determinada persona en la
organización de su vida siguiendo uno o varios de estos esquemas básicos.

1. El teórico. El interés predominante del hombre teórico <<ideal>>es el descubrimiento de la
verdad. En la prosecución de este objetivo adopta una actitud «cognitiva» característica; busca
identidades y diferencias y hace abstracción, de sí mismo en los juicios sobre la belleza o la

17
utilidad de los objetos, buscando únicamente observar y razonar. Como los intereses del teórico
son empíricos, críticos y racionales, ha de ser necesariamente un intelectual frecuentemente un
científico o un filósofo. Su principal objetivo en la vida consiste en ordenar y sistematizar sus
conocimientos.

2-El Utilitario. El hombre utilitario «ideal»se interesa característicamente por lo que es útil
Basado originariamente en la satisfacción .de necesidades corporales (autopreservación) el interés
por lo útil se desarrolla, abarcando los asuntos., prácticos, del mundo de los negocios:
producción mercado;.consumó de mercancías; elaboración de crédito; acumulación; de riqueza-
tangible. Este tipo es completamente «práctico» y concuerda bastante bien con el concepto
corriente del hombre de negocios americano.

La actitud utilitaria entra frecuentemente en conflicto con otros valores. El hombre utilitario
quiere que la educación sea práctica y considera el conocimiento no aplicado como un
despilfarro. Muchas realizaciones de ingeniería, de trabajos científicos técnicos y de «psicología
aplicada» resultan de los requerimientos que hace al conocimiento el hombre utilitario. El valor
de utilidad también entra en conflicto valor estético, excepto cuando el arte tiene finalidades
comerciales. Es muy posible que el hombre utilitario estropee un hermoso paisaje por
conveniencias industriales o ensucie el agua de un río con detritus de la fabricación. En su vida
personal, es probable que confunda el lujo con la belleza. En sus relaciones, tenderá
probablemente más a procurar sobrepasar a los demás en riqueza que a dominarlos (valor
político) o servirlos (valor social). En algunos casos, 'puede decirse que el hombre utilitario hace
de su religión un culto a Mammón. En otros casos, puede tener ciertos miramientos por el Dios
tradicional, pero se inclina a considerarlo como el que concede los dones de la riqueza, la
prosperidad y otros bienes tangibles.

3. El estético. El hombre estético considera que los valores más altos son "la forma y la armonía.
Cada experiencia es juzgada desde el punto de vista de la gracia, la simetría y la finura. El
estético ve la vida como un conjunto de numerosos acontecimientos y cada impresión solamente
tiene valor en lo que le afecta a él. No es necesario que sea un artista creador; basta para
calificarlo de estético que halle su principal interés en los episodios artísticos de la vida.
El valor estético es en cierto sentido diametral mente opuesto al teórico. Concierne al primero la
diversidad en la experiencias y al segundo, la identidad; el hombre estético considera que Kegts,
que lo verdadero es equivalente a lo bello o afirma, con Mencken, «hacer que una cosa sea
hermosa y mil veces más importante más hacer; que sea verdadera. En la esfera económica; el
estético ve en los procesos de fabricación, anuncio y comercio una destrucción en masa de los
valores más importantes para él. En lo que- respecta a las cuestiones- sociales, se interesa por las
personas, pero no por el bienestar personas; tiende al individualismo y a la autosuficiencia. Es
frecuente que les gusten a los individuos estéticos las hermosas insignias de la pompa y el poder,
pero son opuestos a la actividad política cuando ocasiona una represión de la individualidad. En
el campo de la religión, es probable que confundan la belleza con la experiencia religiosa pura.

4. El social Para este tipo ideal, el más elevado valor es el amor a otras personas, a una o a
varias, conyugal, filial, de amistad o filantrópico. El hombre social ama a otras personas como
fines y es amable, simpático, sin egoísmo tiende a considerar frías e inhumanas las actitudes
teórica, utilitaria y estética. En oposición al tipo político, el hombre utilitario considera el amor

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como la única forma adecuada de poder o bien repudia completamente el concepto de poder
como atentatorio a la integridad de la personalidad. En su forma más pura, el interés social es
altruista y tiende a aproximarse estrechamente a la actitud religiosa.

5. .El político. El hombre político se interesa primariamente por el poder. Sus actividades no se
limitan necesariamente a la política, pero sea la que fuere su vocación, siempre busca el poder.
Los dirigentes de cualquier campo de acción conceden gran valor al poder. Como la competición
y la lucha desempeñan un papel de gran importancia en toda vida, muchos filósofos consideran el
deseo de poder como la más universal y más de las motivaciones. Sin embargo, pueden
distinguirse de las demás las personalidades en las que el deseo de una expresión directa de esta
motivación es dominante, personalidades que desean ante todo personal, influencia y fama.

6. EL religioso. El más alto valor del hombre religioso puede denominarse y unidad. La persona
perteneciente: a este tipo es mística y trata de comprender el cosmos como un todo, a relacionar a
sí misma, con la abarcadora totalidad. Spranger define el hombre, religioso como el individuo
<<cuya estructura mental está permanentemente orientada a la creación de la experiencia de valor
más elevada y absolutamente satisfactoria>>. Algunos hombres de este tipo son; «místicos
inmanentes», es decir, hallan su experiencia religiosa en la afirmación de la vida y su activa
participación en ella. Un Fausto, con su ardor y su entusiasmo, busca una punta de divino en todo
acontecimiento. El «místico trascendental», por otra parte, busca la unión de sí mismo con una
más elevada realidad, apartándose de la vida del mundo. Es un asceta y, como los hombres santos
de la India, halla la experiencia de la unidad a través de la negación de sí mismo y la meditación.

Una ventaja de estos tipos, a pesar de que son demasiado homogéneos para existir en la vida real,
es la de prestarse a la medición. Un test de personalidad titulado Un estudio de los valores
(descrito en el capítulo XVIII) permite determinar en qué grado un individuo determinado
participa en cada una de estas direcciones de valores !(. Resulta de las investigaciones practicadas
con este medio que las mediciones indican una igual difusión en la población considerada en
conjunto, pero la atracción que ejercen sobre los diversos individuos es distinta. Vemos, por
ejemplo, que una persona se interesa por lo teórico y lo bello, pero no por el poder y la religión.
En otro individuo, los intereses son posiblemente inversos o de otro tipo cualquiera.

Cabe preguntarse si estas orientaciones de valores agotan todas las posibilidades ciertamente no.
También podría objetarse que tienden a sobre valorar la naturaleza humana, ya que muchas
personas no tienen valores que vayan más allá de lo hedonista, lo sensual, las necesidades
primarias de la vida y los transitorios requerimientos de la adaptación. Igualmente puede
formularse la crítica de que los valores están definidos en esta clasificación de un modo
impreciso.

Un Individuo se interesará tal vez por las teorías, filosóficas, pero nada le importarán las teorías
físicas; Habrá quien busque poder en una sociedad pero no en la política. Respondemos a tales
objeciones que estos esquemas no se proponen, abarcar todos los casos individuales. A pesar de
ello, ofrecen una importante contribución al estudio de las orientaciones de valor como factor
integrante en la personalidad madura.

El sentimiento religioso. Cuando hablamos de la “filosofía unificadora de la vida”.de una

19
persona, pensamos probablemente, ante todo, en su religión. Ya vimos que Spranger la
consideraba como la más comprehensiva e integradora de todas las orientaciones de valor.

Pero debe establecerse inmediatamente una distinción. Los sentimientos religiosos de muchas
personas (quizá de la mayoría) son decididamente inmaturos. Frecuentemente, son formaciones
infantiles que persisten sin modificación en la edad adulta. Son construcciones centradas en si
mismas en las que se adopta una deidad que favorece los intereses inmediatos del individuo, una
especie de Reyes Magos o de padres complacientes. O bien se trata de un sentimiento de tipo
tribal: «Mi iglesia es mejor que la tuya. Dios prefiere a mi pueblo.» En los casos de este tipo, la
religión está puesta al servicio del egoísmo. Es utilitaria y tiene en la vida un carácter accidental.
Es un mecanismo de defensa (frecuentemente, un mecanismo de huida) y no abarca a la vida
como un todo ni la tiene bajo su guía. Es un valor «extrínseco» en el sentido de que el individuo
la considera “útil” para servir a sus fines inmediatos.

Las investigaciones efectuadas a este respecto nos enseñan que los prejuicios étnicos son más
corrientes en los que van a la iglesia que en los que no asisten a ella. Este hecho nos indica que la
religión es más frecuentemente factor de división que de unificación. La religión extrínseca
tiende a fortalecer las exclusiones, los prejuicios, y las aversiones, opuestos a todos nuestros
criterios de madurez. En tales casos no hay una extensión del sí mismo; no hay una relación
afectiva del sí mismo con los con los demás: no hay seguridad emocional, percepción realista,
conocimiento de sí mismo ni sentido religioso sea siempre una filosofía unificadora de la vida.

Al propio tiempo, el sentimiento religioso puede ser de tal suerte que proporcione una solución
inclusiva a los enigmas de la vida a la luz de una teoría inteligible. Puede ser así si la religión es
vista como un fin en sí misma, coma un valor subyacente a todas las cosas y deseable por sí
mismo. Sometiéndose el individuo a este fin (no usándolo como medio), la religión viene a ser un
valor «intrínseco» para el individuo y como tal es comprehensivo, integrativo y motivacional.

Puede ayudarnos a comprender el sentimiento religioso así definido su comparación con el
sentido del humor. Solamente son semejantes en un aspecto. Ambos sitúan un hecho
desagradable en un marco nuevo, rompiendo, por decirlo así, el contexto literal. El humorismo y
la religión lanzan nueva luz sobre las tribulaciones de la vida al verlas con una nueva perspectiva.
Ver un problema de un modo humorista es verlo como si tuviese poca importancia; verlo
religiosamente es verlo situado en un esquema de distinta significación. En arabos casos, se ve el
problema con un nuevo aspecto.

Pero el humorismo y la religión son diferentes en todo lo demás. El humorismo se basa en ver
incongruencia en los hechos; la religión ve su congruencia última. Como un hecho determinado
no puede ser visto al propio tiempo como trascendente y como trivial, se deduce que no podemos
adoptar una actitud que sea simultáneamente reverente y humorista. Es posible ver un
acontecimiento perturbador unas veces en broma y otras religiosamente, pero nunca de ambos
modos simultáneamente.

Lo que hace que una persona religiosa no se convierta en cínica (como debe ser un humorista
completo) es la convicción de que, en el fondo, hay algo más importante que la risa y este algo es
el hecho de que la risa, como también el que ríe, tienen su lugar en el esquema general. Cuando

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se ha adoptado esté camino, todavía hay mucho lugar para la broma; Citamos el caso del superior
sentido del humor de la persona religiosa que ha fijado de una vez para siempre qué cosas son
sagradas y de valor definitivo. Establecido esto, ya no es necesario tomarse seriamente ninguna
otra cosa en el mundo. Tal vez se dé cuenta una persona en tal situación de que muchas de las
cosas que ocurren son ridículas y de que hombres y mujeres, incluyéndose a sí mismo, incurren a
veces en risibles manifestaciones de vanidad. Los ve como si fuesen actores en el teatro. Para tal
persona, nada de lo que ocurre es de esencial importancia si no afecta a cuestiones definitivas en
su esquema del mundo.

Solamente el núcleo y el fin del pensamiento religioso se halla fuera del alcance del
humorismo. Las flaquezas humanas relacionadas con la religión son posibles fuentes de
diversión, como ocurre con algunos episodios que pueden producirse en la iglesia. Pero se trata
de incidentes que no afectan a la prioridad de lo definitivo.

La religión implica siempre más que los procesos cognitivos de un hombre no obstante, siendo
una respuesta del sí mismo total, no está, excluido el pensamiento racional. Toda fe (religiosa o
no) es una afirmación en la que el conocimiento, aunque se haga uso de él, no es el factor
decisivo. Es un hecho patente que todos los hombres viven por la fe, ya que nadie puede dar
razón plena del fundamento de los valores por los que se rige: le basta la fe en ellos: El hecho
religioso difiere de otros valores principalmente en su carácter abarcador. Afirma que si
tuviéramos el conocimiento pertinente veríamos que el universo en conjunto, los hechos de la
existencia y la enigmática oposición del bien y el mal forman un conjunto coherente y con
sentido. En cuanto al contenido de la fe religiosa, el individuo adopta lo que a él le parece mejor
y a lo que más se adapta. La religión madura (intrínseca) es una teoría de la vida que abarca todo,
pero no puede probarse en detalle.

Debemos rechazar la opinión de que todos los impulsos religiosos son infantiles, regresivos o
medios de huida. No cabe duda de que exista realmente este tipo de religiosidad «extrínseca»,
pero no es general. Tampoco podemos aceptar la opinión de que la religión institucional y
ortodoxa sea siempre una infantil sumisión a la autoridad y, por consiguiente, inmatura. Multitud
de personas de profundo pensamiento hallan en las formas de religión histórica y tradicional la
doctrina que más se acomoda a su búsqueda de la verdad por su significación y por lo que abarca.
La religión tradicional puede reflejar algo más que temor infantil y hábitos inculcados; puede
reflejar una filosofía de la vida cuidadosamente escogida, madura y productiva.

Pero tampoco debemos caer en el error contrario, suponiendo que la religión es el único
sentimiento unificador. Tal vez sea así desde un punto de vista lógico, porque la religión se
propone abarcar todo lo que está en la experiencia y también todo lo que está, fuera de ella, por
lo que es idealmente lo apropiado para conferir unidad. Pero queda el hecho de que muchas
personas hallan un elevado grado de unificación en otras direcciones.

W. H. Clark obtuvo las respuestas a este respecto de aproximadamente tres centenares de
personas instruidas, la mitad de las cuales, poco más o menos, figuraban en el Who”s Who.
Preguntadas sobre la evaluación que daban a los factores tendentes a la creatividad en sus vidas,
el principal factor resultó ser «el interés y la satisfacción en el trabajo en sí», seguido del «deseo
de conocer y comprender». Viene en tercer lugar el deseo de ayudar a la sociedad. Por término

21
medio, la «motivación» religiosa ocupa un lugar bajo en la lista, aproximadamente como «el
deseo de crear belleza». Un hecho que interesa señalar es el de que se observan grandes
diferencias entre las personas en cuanto a su evaluación de la importancia de la religión. Tienden
a situarla en un lugar o muy elevado o muy bajo. La situación más bien central, aunque baja, en
el promedio, se debe a que la mayoría de las personas consultadas no la consideraban como
principal fuente de motivación.
.
Esta investigación no nos permite afirmar con seguridad la frecuencia con que las personas
estudiadas tienen el sentimiento religioso comprehensivo como filosofía unificadora de la vida.
Se ha observado en personas con estudios superiores que diez o veinte años después de
terminados aquéllos son más religiosas que durante los tiempos de estudiante. La búsqueda de
una significación religiosa parece progresar al aumentar en edad.

Conciencia genérica. Como dice J ohn Dewey, la conciencia moral es lo que se acepta como justa
autoridad en la dirección de la conducta. Si la conciencia establece en un individuo una guía
completa, que comprende toda la conducta, o casi toda, constituye, evidentemente, una fuerza,
unificadora. La aceptación de la responsabilidad es un ideal existencialista de madurez, pero el
deber y la responsabilidad son el factor de cohesión en muchas personas, que no tienen una
filosofía articulada.
En el capítulo VI se ha trazado la evolución de la conciencia moral. Hay en esta evolución
diversas fases. Los seres humanos están construidos: de tal modo que no solamente sienten gusto
o aversión por determinadas cosas, sino que este gusto o esta aversión los sienten respecto a sí
mismos por gustarles o disgustarlos ciertas cosas o por realizar ciertos actos. Esta conciencia es
una posesión universal del hombre, excepto en ciertos individuos llamados psicópatas, que tienen
el sentido moral obtuso. Sin embargo, hay una enorme diferencia entre la conciencia errática del
niño pequeño o el hombre tribal y la conciencia genérica de la madurez.

Una persona madura tiene una imagen de sí misma relativamente clara en virtud de la cual puede
imaginar lo que le gustaría ser y lo que debería hacer en cuanto a su calidad de individuo único,
no meramente como miembro de una tribu o como hijo de sus padres. Se dice a sí misma: «Tengo
el deber de procurar en todo lo posible ser la clase de persona que soy parcialmente y que espero
ser totalmente.» Este tipo de conciencia moral no es el «estoy obligado a hacer» del niño; hay en
la conciencia moral madura menos preocupación por las reglas específicas y por los mandatos. El
individuo con esta conciencia no se siente abrumado por los pequeños deslices y las faltas que
pueda haber cometido. No confunde las costumbres culturales con la personalidad moral básica,
aunque, como es natural, acepta del medio cultural ciertos modelos que parecen concordar con su
ideal de sí mismo.

La conciencia moral puede tener una tonalidad religiosa y puede no tenerla. La tendrá
ciertamente si el individuo es religioso en un sentido u otro. Los sentimientos religiosos
utilitarios, de carácter extrínseco, se acompañarán de una conciencia moral inconstante y
fragmentaria, fácilmente aplacada con excusas o tal vez con obsesiones neuróticas por
fragmentos específicos de culpabilidad. En cambio, el sentimiento religioso intrínseco y maduro
se acompaña de una conciencia genérica caracterizada por una completa orientación.

Presenta considerable interés el dato de que muchas personas (cómo se observó en la

22
investigación de Clark, pág. 361) afirman que su deseo de servir a la sociedad es un incentivo
genérico de mayor importancia para ellas, que la realización de un destino religioso. Podemos
concluir, por consiguiente, que un sentido integrado de obligación moral proporciona una
filosofía unificadora de la vida esté o no esté unido a un sentimiento religioso igualmente
desarrollado.


PSICOTERAPIA.
Cuando un individuo está descontento de su personalidad, puede buscar la ayuda de consejos, de
psicoterapia o de psicoanálisis. ¿Qué objetivos se proponen estos tratamientos? Hasta cierto
punto, cada terapeuta elige su objetivo. Horney destaca la importancia de la seguridad y la
liberación de la ansiedad, Fromm, la superación de la alienación respecto al mundo y el aumento
de la productividad; Frankl se propone intensificar la significación y la responsabilidad en la vida
del paciente; Erikson quiere reedificarlos fundamentos de la identidad del paciente.

Sin entrar en el examen de los diversos puntos de vista individuales, creemos poder afirmar que
la mayoría de los terapeutas se proponen tres objetivos: 1) suprimir síntomas inconvenientes: 2)
adaptar la persona a la sociedad en que vive, 3) fortalecer su experiencia de bienestar.
El primer objetivo es evidentemente insuficiente, aunque deseable. Al librarse de los síntomas, el
individuo no es fundamentalmente diferente de como era antes del tratamiento. Por otra parte, es
dudoso que puedan eliminarse los síntomas sin realizarse los otros dos objetivos.

En cuanto al segundo objetivo, parece un dudoso beneficio. La sociedad está enferma. ¿Por qué
debe estar una persona conforme con sus injusticias, hipocresías y luchas? ¿Y a qué sociedad
debe adaptarse el paciente? ¿A su clase social, teniendo de este modo horizontes limitados y
privándose de aspiraciones? ¿A su nación, sin la visión de la humanidad como un todo? Es
dudoso que podamos aceptar la sociedad (cualquier sociedad) como modelo adecuado para una
personalidad sana. Una sociedad de cazadores de cabezas requiere de sus componentes que estén
bien adaptados a la caza de cabezas, pero ¿deberemos considerar inmaturos a todos los miembros
de tal sociedad que no acepten como bueno el sistema?

La sensación de bienestar es un criterio, engañoso. Nadie pretenderá que deba buscarse la
sensación contraria, pero la felicidad y las «experiencias culminantes» dan solamente una
aparente sensación de madurez: Por otra parte, el bienestar únicamente puede experimentarse por
contraste con el sufrimiento. Por consiguiente, debe haber en 1a madurez una cierta proporción
de sufrimiento, pero no tanto que no pueda ser superado.

Aunque adoptamos una actitud crítica frente a estos objetivos terapéuticos corrientes,
reconocemos que todos ellos son valiosos si se complementan con alguna concepción más plena
del destino humano. En concordancia con la psicoética de este capítulo, afirmamos que el ser
humano plenamente elaborado busca en la madurez alguna forma de crecimiento y desarrollo
continuo. Sugerimos que los objetivos de la psicoterapia deberían establecerse en este sentido, y
que los seis criterios de madurez antes escritos se deberían aceptar como objetivos por todos los
consejeros, padres y terapeutas que quieran ayudar a otras personas en el camino de la Vida:


23
Deseamos añadir una importante observación. ¿Es la madurez el único valor definitivo para la
personalidad? Todos sabemos de personas inmaturas altamente creadoras, heroicas en ciertos
aspectos, poseedoras de otros estimables atributos. Especialmente el valor de la creatividad existe
en muchas vidas que en otros aspectos son desviadas, retrasadas y hasta neuróticas y psicóticas
en algunos casos. El mundo necesita creatividad. Es preciso reconocerlo y admitir que hay en la
vida muchas cosas buenas, además de la solidez y la madurez de la personalidad. No obstante,
mantenemos la opinión de que el desarrollo de la personalidad tendente a alcanzar el más alto
nivel posible de madurez es un objetivo generalmente deseable. Siempre nos quedaremos cortos
en este caminó, pero si seguimos esta dirección persistirán muchos valores sanos.

ENVEJECIMIENTO.
Anteriormente se ha señalado que el proceso del envejecimiento no es necesariamente lo mismo
que la «maduración» de la personalidad. Pero la vejez es una fase normal en la vida y merece un
estudio especial en el campo de la teoría de la personalidad. El gran aumento de interés por este
tema que se ha producido en estos, últimos años se debe al hecho de que desde1900 hasta ahora
el promedio de duración de. La vida, ha pasado de unos cuarenta años a unos setenta. En el
futuro, serán cada vez más numerosas, las «personalidades» que se hallarán en edad avanzadas
El problema de la actitud de la sociedad para con los ancianos, es particularmente agudo porque
las «familias extensas», no limitadas a un matrimonio e- hijos menores, son cosas del pasado.
Actualmente, son pocos los padres que viven con sus hijos casados y los abuelos que están en el
mismo hogar que sus nietos. La salud de los ancianos, su bienestar económico, su aislamiento y
su utilidad para la sociedad son cuestiones palpitantes.

Recientes estudios nos muestran que la mayor parte de los ancianos distan mucho de ser
incapaces de realizar trabajos útiles. Aunque estén retirados de la vida activa y se encuentren
obligados a vivir en su aislamiento virtual, poseen a menudo todavía grandes aptitudes y una
fuerte dirección a objetivos. Es cierto que el vigor fisiológico declina después de los Treinta .años
y de los cuarenta; también disminuye la agudeza sensorial y la habilidad en la realización de los
«tests de inteligencia». Pero la capacidad de comprensión, de razonamiento y de juicio no
disminuye de modo mensurable. Por el contrario, puede mejorar gracias a la mayor experiencia
de que dispone el sujeto.

Las investigaciones muestran que el rendimiento de las personas ancianas en la industria es
sorprendentemente bueno. Se observa en ellas pocos accidentes y menos faltas de asistencia al
trabajo (por enfermedad u otros motivos); la cantidad de trabajo realizado es igual a la de los
obreros jóvenes. Los obreros de más edad tienden a ser más estables y leales cuando no están
sometidos a una estrecha supervisión. Pero sonmenos eficientes en las tareas que requieren una
acción continua y rápida.

Es muy ilustrativo el estudio de los accidentes de automóvil con relación a la edad de los
conductores. Aunque los jóvenes de menos de veinticinco años tienen puntuaciones
constantemente más elevadas en los tests de coordinación motora y de habilidad, la proporción de
accidentes es en ellos mucho más elevada que en los conductores de más de sesenta años. Las
compañías de seguros tienen en cuenta este hecho y fijan primas más altas para los conductores
más jóvenes. Se "comprueba que las personas de edad compensan sobradamente lo que han
perdido en habilidad motora con su mayor precaución y juicio.

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Pero es relativamente superficial estudiar el envejecimiento únicamente en términos de capacidad
y de actitud y de problemas más corrientes. El anciano ha desarrollado durante toda su vida una
personalidad única, por lo que ninguna persona de edad puede considerarse adscrita a un tipo
determinado. La unicidad persiste hasta la tumba. La lección más importante que se desprende de
los muchos estudios psicológicos sobre el envejecimiento es la de que las personas retiradas del
trabajo no son muy diferentes de lo que eran antes. No se ha acabado lo que pueden pedir a la
vida. La tragedia consiste en privarlos de la oportunidad de buscar un mayor desarrollo. Lo que
pierde la sociedad sofocando la actividad y el desarrollo durante los últimos decenios de la vida
es incalculable.

RESUMEN.
Los psicólogos no pueden decirnos el significado de los términos normalidad, salud y madurez
(de la personalidad). Pero toda persona con sentido práctico, incluyendo a los psicólogos y los
psicoterapeutas reconoce esta cualidad. Examinando la extensa literatura sobre este tema,
hallamos gran concordancia entre los diversos autores, por lo menos en lo que concierne a las
concepciones de la cultura occidental. Hallamos especialmente seis criterios que resumen el área
de acuerdo. La personalidad madura: 1) tiene una amplia extensión del sentido de sí mismo;- 2)
es capaz de establecer relaciones emocionales con otras personas, en la esfera íntima y en la
esfera no íntima; 3) posee seguridad emocional fundamental y se acepta a sí misma; 4) percibe,
piensa y actúa con penetración y de acuerdo con la realidad exterior ) es capaz de verse
objetivamente a sí misma (de conocerse así misma) y posee el sentido del humor; 6) vive en
armonía con una filosofía unificadora de la vida..


Los objetivos de la psicoterapia y de los consejos se formulan-en ocasiones de una manera que no
reconoce lodos estos criterios de madurez. Análogo error encontramos en el modo de tratar a las
personas de edad. Sería más propio de una sana ética y una sana psicología estimular el desarrollo
de las potencialidades humanas en las seis direcciones mencionadas desde la infancia hasta el fin
de la vida.