CAPÍTULO XXIII

EL PATRIMONIO
I. PATRIMONIO. CONCEPTOS GENERALES i
1027. DEFINICIÓN LEGAL
La segunda frase del art í cul o 2312 dice: "/•••/ El coiyunto de los bie-
nes de una persona, constituye su 'patrimonio'".
En est e caso la pal abr a bi enes est á t omada en su acepción rest ri n-
gida, esto es, como objetos i nmat er i al es suscept i bl es de valor (derechos),
como se explica en el númer o que sigue.
1028 . ELEMENTOS QUE LO COMPONEN
a) Activo. Derechos patrimoniales
El pat ri moni o se hal l a i nt egrado por derechos, no por cosas. Ést as
constituyen sólo medi at ament e el contenido del patrimonio.
De est e modo lo expresa el codificador en la not a al artículo 2312 al
afi rmar que el pat r i moni o es la uni ver sal i dad j ur í di ca de los der echos
real es y per sonal es bajo la relación de un valor pecuni ari o.
Los derechos que lo i nt egr an son los pat ri moni al es, esto es, aquel l os
que forman l as rel aci ones j ur í di cas de cont eni do económico, y que por
ende, t i enen un valor en di nero.
Los derechos que no tienen contenido económico (derechos de la perso-
nalidad, derechos de familia) no forman parte del patrimonio; pero su viola-
ción puede dar lugar a una reparación de contenido económico.
Bibliografía general: MOLINARIO, Alberto D., Derecho patrimonial y derecho real Buenos
Aires, 1965; CASTRO Y BRAVO, Federico de, "El Patrimonio" en Temas de-Derecho-Civil, Madrid,
197 2, págs. 35 y sigs.; BUSTAMANTE SALAZAR, Luis, El patrimonio. Dogmática jurídica, Santiago
de Chile, 197 9; SALERNO, Marcelo U., El patrimonio del deudor y los derechos del acreedor,
Buenos Aires, 1974; AGUÍAR, Henoch, "Bienes - Patrimonios - Derechos", en Homenaje a Zenón
Martínez, Santa Fe, 1944, pág. 103; LEONFANTI, María Antonia, "El patrimonio", en Homenaje
a Zenón Martínez, Santa Fe, 194 4 , pág. 309.
388 JULIO CESAR RIVERA
b) Pasivo. Distintos criterios
Los autores discrepan acerca de si el pasivo, esto es las obligaciones
de las cuales es deudor el titular del patrimonio, forman parte o no de ese
patrimonio; mientras una corriente doctrinaria significativa (entre noso-
tros, Llambías, Arauz Castex, Salvat) da una respuesta afirmativa, otros
consideran que las obligaciones son cargas que gravan el patrimonio,
pero no forman parte de él (Borda).
Castán Tobeñas, siguiendo a autores como Ferrara y Oertmann,
considera que esta cuestión no puede decidirse de modo axiomático. De-
pende de que el patrimonio forme o no una universalidad jurídica (v. in-
fra n
e
1032). Cuando el patrimonio es tratado por la ley como una unidad,
verbigracia, en la sucesión, las deudas forman parte de él y se transmiten
a los herederos. En cambio, cuando se atribuye al deudor responsabilidad
con todos sus bienes por las deudas que contrae, parece más bien que
ellas cargan sobre el patrimonio y no que forman parte de él.
1029. FUNCIONES DE LA NOCIÓN DE PATRIMONIO
Aunque más adelante nos hemos de referir a la naturaleza del pa-
trimonio, explicando las distintas doctrinas que se han gestado sobre él,
es preciso destacar inicialmente cuál es la principal función del concepto
de patrimonio.
Para ello debe tenerse en cuenta que el patrimonio aparece como
una idea que cohesiona, vincula, liga, los derechos de contenido econó-
mico de una persona (física o jurídica).
Si Pedro es titular del dominio de un automóvil y de un inmueble,
usufructuario de otro inmueble, locatario de un fondo de coii.ercio y
acreedor prendario de unas acciones de sociedad anónima, todos esos
derechos pueden ser concebidos aisladamente, o pueden ser entendidos
como "un patrimonio", en tanto y en cuanto están unificados en un mis-
mo titular.
¿Qué sentido práctico tiene esa vinculación?; ¿qué función se asig-
na a ese patrimonio?
Los autores suelen decir que hay un poder que puede ser ejercitado
sobre esos bienes, que emana de la misma libertad del hombre. Pero para
ello no es necesario recurrir a la noción de patrimonio como conjunto de
los derechos valorables en dinero. Es más, el patrimonio en sí no es ob-
jeto de derechos; el individuo sólo tiene derechos sobre los bienes que lo
integran (Enneccerus), por ello no puede haber transmisiones de todo el
patrimonio por actos entre vivos.
En realidad, la función de identificar un patrimonio, como conjunto
de derechos de contenido económico que pertenecen a un mismo titular,
radica en que ese patrimonio responderá por las deudas de ese sujeto ti-
tular del mismo, cualesquiera sean los derechos actuales o futuros que lo
compongan.
EL PATRIMONIO
3 8 9
De modo que si ma ñ a n a el pat ri moni o de Pedro viene a est ar i nt e-
grado por el dominio de acci ones de soci edades anóni mas , l as j oyas he-
r edadas de su madr e, y u n der echo de concesi ón mi ner a, ser á el mi smo
pat ri moni o que ant es, y r esponder á i gual ment e por las deudas que Pe-
dro hubi er a cont raí do.
El patrimonio es, entonces, como conjunto de los derechos económi-
cos de una persona, la garantía común de todos los acreedores de ese su-
jeto, cualesquiera sean los bienes que lo compongan, y ést a es la principal
función de la idea de pat ri moni o concebi da como cohesi onant e de dere-
chos di versos sobre bi enes di st i nt os.
II. EL PATRIMONIO COMO ATRIBUTO DE LA PERSONALIDAD
1030. ORIGEN DE ESTA DOCTRINA. DESARROLLO 2
La noción de patrimonio se origina en el Derecho Romano cuando, a
part i r de la ley Paetelia Papiria (v. supra, n- 24 7 ), comi enza un proceso
que cul mi na con la supr esi ón del derecho del acreedor de hacer efectivo
su crédito sobre el cuerpo del deudor, y se confiere a aquél, en sustitución,
la facultad de act uar sobre los bi enes del obligado.
Es decir que la responsabi l i dad que emerge de la obligación se hace
efectiva sobre el "patrimonio" del deudor.
Pero la const rucci ón de la doct ri na del pat ri moni o es obra de la dog-
mát i ca del siglo XIX. Se origina en las ens eñanzas de Z achari ae, y su sis-
t emat i zaci ón definitiva es obr a de Aubry y Rau.
1031. EXPOSICIÓN
La noción del pat ri moni o es deduci da di r ect ament e de la per sona-
lidad; es un at ri but o de la personal i dad. Como consecuenci a de ello, sólo
las per sonas (físicas o j ur í di cas agregamos ahora) pueden t ener un pa-
trimonio.
Pero además , si endo u n at r i but o de la personal i dad, t oda per sona
tiene un pat ri moni o.
Y consi derando que los bi enes het erogéneos que forman la mat eri a
de los der echos de una per s ona det er mi nada est án somet i dos a su vo-
l unt ad, const i t uyen por est o u n todo j urí di co, una uni versal i dad de de-
recho (Leonfanti).
* Bibliografía especial: FÓ RMELES, Salvador, "El concepto del patrimonio y la identidad
personal del di f unt oydel her eder o. La doct ri na de Aubry y Rau", Rev. de Derecho Civil Buenos
Aires, 1930- 1- 23; RIVERA, Jul i o César, "El fraccionamiento del patrimonio", en Libro homenaje
a Femando Hinestrosa, Bogotá, 2003; ; ZENATI, Frédéric, "Mise en perspective et perspectivas
de la théorie du patrimoine", RTDC, 2003- 667 ; COHET- CORDEY , F., "La théorie du patrimoine
en droit positif francais", RTDC, 1996- 819; FABRE- MAGNAN, M, "Propriété, patrimoine et iien
social", RTDC, 1997 - 583.
3 9 0
JULIO CÉSAR RIVERA
Es así u n concept o pur ament e i nt el ect ual , en el que caben t ant o los
bi enes act ual es que posee el t i t ul ar, cuant o los que adqui er a en el fut uro.
El pat ri moni o, como uni versal i dad j urí di ca, segui rá si endo el mi smo.
De es as noci ones se deri van como cons ecuenci as , los car act er es
que se asi gnan al pat ri moni o: uni versal i dad, necesi dad, uni dad, i nena-
j enabi l i dad.
1032. CARACTERES QUE ATRIBUYE AL PATRIMONIO
a) Universalidad
Como decí amos, par a est a doct ri na el pat ri moni o es una uni versa-
lidad j urí di ca, en la cual no i nt er esan los derechos concret os que forman
par t e de él. Si empre es idéntico a sí mi smo.
De est e car áct er derivan como consecuenci as f undament al es:
— mi ent r as los acreedores no pr et endan ejercer acci ones concr et as
sobre los bi enes que i nt egran el pat ri moni o, esos bi enes pueden ci rcul ar
l i brement e;
— da f undament o a la noci ón de subr ogaci ón real. Los di ferent es
bi enes que componen la uni versal i dad pueden cambi ar, pero ella sigue
si endo la mi sma. El nuevo bi en ocupa el l ugar del anterior;
— de allí que los bi enes que se i ncorporan al pat ri moni o r esponden
por las deudas que existían ant es.
b) Necesidad
Toda per sona tiene necesar i ament e un pat ri moni o. Es que, a unque
no t enga bi enes act ual ment e, tiene la apt i t ud de poseerlos, y eso es su-
ficiente par a concebi r la exi st enci a del pat ri moni o.
c) Unidad
La per sona puede ser t i t ul ar de u n úni co pat ri moni o, t oda vez que
la idea se vi ncul a al úni co t i t ul ar posible.
d) Inenqjenabilidad
Se pueden t r ansmi t i r los bi enes si ngul ares que lo i nt egran, pero no
el pat ri moni o en su totalidad.
e) Identidad: garantía de los acreedores
Explica V on Tuhr que la uni dad del pat ri moni o no significa sólo que
cada per s ona puede t ener u n solo pat ri moni o, si no que t ambi én se da
desde el punt o de vi st a t emporal ; los derechos egr esan e i ngr esan al pa-
t ri moni o si n sol uci ón de cont i nui dad, y est e si gue si endo el mi smo pat ri -
moni o y como tal, si gue r espondi endo a s us acreedores
3
.
3
VON TUHR, Andreas, Derecho civil -Teoría general del Derecho civil alemán, BuenosAires,
1946, trad. de Tito Ravá, pág. 394 .
EL PATRIMONIO
391
En ese sentido, De Castro también señala el valor de la "identidad
del patrimonio", que hace que el deudor responda con todos sus bienes
actuales y futuros (art. 1911, Cód. Civ. español; el principio es recogido
en muchos otros Códigos de manera expresa o implícita: v. n
a
1045).
De modo que la finalidad de identificar un patrimonio, como con-
junto de derecho de contenido económico que pertenece a un mismo ti-
tular, radica en que ese patrimonio responderá por las deudas de ese su-
jeto que es su titular, cualesquiera sean los derechos actuales o futuros
que lo compongan
4
.
El patrimonio está gravado por las deudas que contrae el titular;
pero los acreedores no pueden ir contra el patrimonio en sí, sino sólo
contra los bienes que lo integran, individualmente considerados. Esto es
una regla general, que obviamente se excepciona en el caso de la quie-
bra; pues en esa hipótesis todos los bienes del deudor quebrado —salvo
los indispensables para conservar una existencia digna— son objeto de
desapoderamiento y se liquidan para formar, con ello, una masa de di-
nero que se reparte entre los acreedores a prorrata de sus acreencias.
J) Transmisión de los bienes del difunto
Leonfanti resume la doctrina de Aubry y Rau sobre el punto, diciendo
que el conjunto de bienes de una persona no pierde, por su muerte, el ca-
rácter de universalidad jurídica; y precisamente, por ese carácter, se trans-
mite bajo el nombre de herencia. Transmisión que se produce en el mis-
mo instante de la muerte, como lo dice Vélez en la nota al artículo 3282.
1033. CRÍTICA
Gran parte de la doctrina ha criticado duramente la concepción del
patrimonio como atributo de la personalidad (v. entre nosotros, particu-
larmente a Fornieles, Aguiar y también Borda).
Se afirma que es falso que el patrimonio sea un atributo de la perso-
nalidad; existen sujetos que no son propietarios de ningún bien y ello no im-
plica desconocer su personalidad (v. Coviello, Bustamante Salazar).
Es falso que el patrimonio sea único; cada vez más se acepta la exis-
tencia de patrimonios separados, creados por una expresa autorización
legal pero aveces, con un componente importante de voluntad individual
(v. infra, n
s
1037).
La idea del patrimonio único ha recibido un embate definitivo con la
sanción de la ley 24 .4 4 1 que regula el fideicomiso. El fideicomiso importa
la creación de un patrimonio separado en cabeza del fiduciario, quien por
lo tanto tiene un patrimonio general, y la propiedad fiduciaria de los bienes
4
RIVERA, Jul i o César, Instituciones de Derecho cluil - Parte General 2- ed., Buenos Aires,
2000, t. II, n
e
1029, pág. 4 08.
3 9 2 JULIO CESAR RIV ERA
que constituyen ese patrimonio no responde por las deudas del fiducia-
rio ni por las del fiduciante (art. 14, ley 24 .4 4 1).
Se dice también que es inútil concebir al patrimonio como univer-
salidad de derecho, pues las relaciones jurídicas y el poder de agresión
de los acreedores siempre tienen por objeto a bienes determinados. De
allí que al hablarse de la universalidad de derecho y al sostener que el pa-
trimonio se compone de todos los bienes actuales y futuros del sujeto, se
estaría confundiendo patrimonio con aptitud para poseer (Bustamante
Salazar). Sin embargo, esta crítica no es justificada, pues la noción de
universalidad de derecho contribuye a explicar la transmisión del patri-
monio del fallecido como "herencia"; y es útil cuando los acreedores pue-
den perseguir la totalidad de los bienes del deudor en un proceso univer-
sal, como lo es la quiebra, en el que funcionan con intensidad las
acciones integrativas del patrimonio, de modo que "vuelvan" al patrimo-
nio del quebrado los bienes que él hubiese enajenado en fraude a sus
acreedores (v. injra, n
fl
104 8).
1034 . OTRAS CONCEPCIONES
A partir de las ideas de Winscheid, que proclamaba la existencia de
derechos sin sujeto, otros autores, como Brinz y Bekker, construyeron la
doctrina del patrimonio de afectación. De acuerdo con esta concepción,
los patrimonios son complejos de bienes destinados a un fin, que pueden
tener o no un sujeto titular.
Así, los bienes que forman el patrimonio se independizan totalmen-
te de la persona titular, y se vinculan al fin al cual sirven.
De ello derivan las siguientes consecuencias:
— una persona puede ser titular, además de su patrimonio general, de
patrimonios especiales o separados, afectados a destinos particulares;
— los patrimonios especiales o separados pueden ser transmitidos
a título universal, recibiendo el adquirente el activo y pasivo.
Estas doctrinas tuvieron alguna aceptación en Alemania y en Fran-
cia (donde la siguieron entre otros Saleilles y Plastara).
Pero lo cierto es que incurrieron en excesos, como, por ejemplo, des-
vincular al patrimonio de su titular. Así, se perdió de vista que todo de-
recho tiene un titular, sólo un sujeto puede ejercerlo; que no hay dere-
chos sin sujeto y que el hombre es, en definitiva, el titular de poderes y
facultades conferidos por las leyes. De esta manera, se ha concluido en
que mientras la doctrina clásica exageró la vinculación entre el sujeto y
el patrimonio, concibiendo a éste como un atributo de la personalidad,
la doctrina finalista incurrió también en error al separar tajantemente el
patrimonio de su titular, persona física o jurídica (conf. Salerno).
EL PATRIMONIO 3 9 3
1035. LA DOCTRINA NACIONAL
Por ello gran parte de la doctrina nacional considera que algunas
proposiciones de la concepción del patrimonio como emanación de la
personalidad son rescatables.
Así se dice que la doctrina reposa sobre una idea justa, ya que no se
puede desconocer que la relación de patrimonio con la personalidad im-
plica el reconocimiento de una jerarquía de valores; es decir, que los bie-
nes se consideran jurídicamente como medios para la realización de los
fines de una persona (Leonfanti).
Por lo demás, es artificial desvincular los bienes de la persona, para
aceptar que formen masas patrimoniales sin sujeto, ligadas a un fin.
Esto sí que constituye una ficción (Arauz Castex).
De todos modos, coincidimos con los críticos en que el patrimonio
no es un atributo de la personalidad, como el nombre o el domicilio. Pero
esto es en definitiva poco significativo.
Lo cierto es que el gran defecto práctico de la doctrina de Aubry y
Rau radica en su afirmación de la unidad e indivisibilidad del patrimo-
nio, pues ello impide visualizar una realidad innegable, como lo es que
una persona puede ser titular de más de un patrimonio, cada uno de
ellos "responsable" de distintas obligaciones (v. al respecto Spota, Arauz
Castex, Llambías). Lo que se ha acentuado significativamente desde que
se autoriza a las personas a fraccionar su propio patrimonio mediante la
constitución de fideicomisos o la creación de sociedades de responsabi-
lidad limitada al aporte (v. n
9
1037 ).
Pero superado este escollo, no hay inconveniente en aceptar que el
patrimonio sea concebido como una universalidad, siempre idéntico a sí
mismo, y compuesto de todos los bienes actuales y futuros. En definiti-
va, ello es lo que permite el funcionamiento de la idea de que es garantía
común de los acreedores.
III. CONCEPCIONES ACTUALES
1036. LA DENOMINADA CONCEPCIÓN DINÁMICA
DEL PATRIMONIO
5
Bustamante Alsina ha divulgado, entre nosotros, lo que ha llamado
concepción dinámica del patrimonio, que viene a ser el resultado de la in-
fluencia de la economía actual sobre el concepto jurídico del patrimonio.
Partiendo de un conocido estudio de Cátala, Bustamante Alsina en-
seña que se advierte en la actualidad una diversa composición de los pa-
5
Bibliografía especial: BUSTAMANTE ALSINA, Jorge H., "La mor a del deudor y la concepción
di námi ca del patrimonio", L.L., 197 7 - D- 84 1; CÁTALA, Pierre, "La transformation du patrimoine
da ns le droit civil modeme", RTDC, 1966- 185.
3 9 4 JULIO CÉSAR RIV ERA
trimonios individuales si se la compara con la de hace algunos años, y
mucho más con la época de la sanción de los códigos.
Los patrimonios de las personas individuales suelen formarse hoy
con pocas cosas inmuebles, generalmente sólo la casa habitación, pro-
tegida además por legislaciones específicas. Lo demás son bienes mue-
bles, de rápida circulación, que tienden más a satisfacer la expectativa
del bienestar que la tranquilidad del ahorro.
En cambio, los bienes de producción aparecen generalmente en el
patrimonio de las personas jurídicas, que al permitir la limitación de la
responsabilidad, vienen a facilitar la división del patrimonio personal.
Esta realidad impone soluciones dinámicas para enfrentar los fenó-
menos jurídicos que se vinculan al patrimonio, incluyendo los contratos
y las obligaciones que constituyen los medios jurídicos a través de los
cuales se producen las mutaciones patrimoniales.
Esa concepción dinámica es la que se encuentra presente en nume-
rosas reformas de la legislación civil destinadas fundamentalmente a
agilizarlas relaciones jurídicas, despojándolas de formalismos inútiles,
y haciéndolas con ello más expeditivas.
Dos ejemplos son significativos. Uno es la reforma del régimen de la
mora. El Código Civil en su redacción originaria exigía la interpelación
para que el deudor cayera en mora; a partir de la reforma de 1968 ello se
produce por el solo vencimiento del plazo (art. 509). El otro, la aceptación
del pacto comisorio implícito que autoriza la resolución del contrato ante
el incumplimiento de la otra parte (art. 1204 ; art. 216, Cód. Com.).
Esta concepción inspira además numerosas soluciones judiciales
que tienden a dinamizar las relaciones patrimoniales.
1037 . EL FRACCIONAMIENTO DEL PATRIMONIO. LOS PATRIMONIOS
SEPARADOS ESPECIALES
a) Concepto e importancia actual
El patrimonio es prenda común de los acreedores (v. infra, n
a
104 4 ).
Ello significa que los derechos que lo componen responden por las deu-
das de su titular; de modo que el derecho positivo acuerda a esos acree-
dores acciones tendientes a hacer efectivos sus créditos sobre todos los
bienes (acciones ejecutivas, preventivas; integrativas del patrimonio,
ejecución colectiva; v. infra, n
s
104 7 ).
Pero los autores subrayan la importancia que adquieren en el trá-
fico moderno los denominados patrimonios separados; esto es, aquellos
que por una autorización legal y en virtud de determinada finalidad a la
que se destinan los bienes que lo componen, están excluidos de la regla
general de responsabilidad por todas las deudas del titular, para respon-
der sólo a determinadas obligaciones.
Por ejemplo, los bienes con los que se forma el patrimonio de una so-
ciedad unipersonal, en los países que la admiten, responden sólo a las
EL PATRIMONIO 3 9 5
deudas que se cont raen en el ejercicio de la actividad "social". De modo
que los acr eedor es cuyos t í t ul os hayan naci do de esa actividad podr án
cobrarse sólo de los bi enes que forman el pat ri moni o de esa sociedad, no
pudi endo agredi r el pat ri moni o general u ot ros pat r i moni os especi al es
del deudor. A la vez los acreedores cuyos créditos se hayan originado en
caus as aj enas a la gestión social podr án agredir los bi enes del pat ri mo-
nio general , pero no los del pat ri moni o "social".
b) Caracteres
De lo expuest o sur ge cuál es son l as caract erí st i cas de est os pat ri -
moni os separ ados:
— par a su exi st enci a es necesar i a una aut ori zaci ón legal, pues se
t r at a de una excepción al principio general . Ello no descar t a que la au-
torización legal sea ejercida en razón de un acto de voluntad privada, ver-
bigracia, medi ant e la constitución de una empresa individual de responsa-
bilidad limitada en los paí ses en que ella est á admitida;
— son i ndependi ent es del pat ri moni o general;
— r esponden sólo por det er mi nadas deudas y no por ot ras.
c) Casos o supuestos de patrimonios especiales
en el derecho vigente
En el derecho argentino se consi dera que son pat ri moni os especiales:
— el pat ri moni o del caus ant e, mi ent r as se mant enga separ ado del
de los her eder os, sea por la acept aci ón con beneficio de inventario, sea
por la separaci ón de pat ri moni os;
— el pat ri moni o del decl ar ado pr es unt ament e fallecido dur ant e el
denomi nado periodo de prenot aci ón (v. supra, n
s
836);
— el pat ri moni o del emanci pado, const i t ui do con los bi enes recibi-
dos a título grat ui t o (v. supra, n
e
4 4 6).
d) Casos que no constituyen patrimonios especiales
Al gunos aut or es consi der an que el "fondo de comercio" es un patri-
moni o separ ado o especial.
El fondo de comercio const i t uye una uni versal i dad, y por ello cuan-
do se lo t r ansmi t e incluye una serie de component es, t al es como el nom-
bre, la clientela, y todo lo que en general i nt egra lo que se denomi na au-
viamento o valor llave. Y por eso la ley consi dera que hay t r ansmi si ón de
un fondo de comercio cuando se venden los el ement os corporal es o in-
corporal es f undament al es que lo forman, a unque l as par t es no lo hayan
calificado como tal.
Por otro lado, la Ley de Transferencia de Fondo de Comercio, 11.867 ,
est abl ece u n procedi mi ent o dest i nado a que los acreedores del enaje-
nant e de u n fondo puedan hacer valer s us der echos.
3 9 6 JULIO CESAR RIVERA
Pero ello justamente tiende a la protección de los acreedores naci-
dos de las operaciones realizadas con el titular de ese fondo de comercio,
para evitar que aquéllos se vean burlados por el vendedor.
Pero no hay un patrimonio separado, pues su existencia no obsta a
la responsabilidad del patrimonio general.
Tampoco es un patrimonio separado el que se constituye cuando se
decreta la quiebra (como lo sostiene Borda). El desapoderamiento no pri-
va de la propiedad de los bienes desapoderados (v. infra, n
s
1051 e]), por
lo cual ellos siguen siendo de titularidad del quebrado hasta tanto se rea-
lice su venta forzada.
e) La sociedad de responsabilidad limitada como mecanismo
para fraccionar el patrimonio
No entraremos ahora al estudio del origen histórico de estas socie-
dades, pero sí es necesario apuntar que, durante mucho tiempo, las so-
ciedades de responsabilidad limitada al aporte han sido vistas como: (i)
un medio de acumulación de capitales para la realización de negocios de
cierta envergadura; (ii) causadas en un contrato que, por lo tanto, reque-
ría el entrecruzamiento de voluntades entre distintos sujetos; (iii) pero
que de un modo más o menos intenso, requería la intervención estatal
para autorizar su funcionamiento.
Estas características de las sociedades de responsabilidad limitada
han cambiado sustancialmente con el devenir del tiempo y la consecuen-
te evolución de los usos del comercio y de las necesidades individuales
en una economía de mercado.
V eamos cómo.
Con relación a la constitución, en un principio estas sociedades de-
pendían del Estado, que en realidad las creaba mediante el sistema del
octroi (acto de incorporación y de concesión de derechos de soberanía,
llegando a darles su estatuto o imponiendo que éste se ajuste a las bases
dadas en el octroi
6
. Este sistema evolucionó pasando desde el que exigía
la autorización gubernativa hast a terminar en el de las disposiciones
normativas inaugurado por la ley francesa del 24 de julio de 1867
7
. En
la Argentina el sistema de autorización estatal para la constitución de
sociedades anónimas fue el originalmente establecido en el Código Civil
sancionado en 1869. Pero actualmente la intervención administrativa se
limita al contralor de legalidad formal.
En lo que hace a la acumulación de capitales para la realización de
grandes y riesgosas empresas, sin duda la sociedad anónima ha servado
con creces a ese fin y, por ello, se le atribuye haber contribuido al desa-
rrollo del capitalismo, tanto o más que la invención de la máquina de va-
Una sí nt esi s apropi ada puede verse en GARRIGUES, Joaquí n, Curso de derecho mercantil,
7
S
ed., revisada con la colaboración de Alberto Bercovitz, México, 197 9, págs. 4 09/ 4 10.
7
GARRIGUES, op. cit, pág. 4 11.
EL PATRIMONIO
3 9 7
por. Pero lo cierto es que hoy la sociedad anónima se usa para cualquier
tipo de emprendimiento, grande o pequeño, y hasta para la sola finalidad
de que estas personas jurídicas sean titulares de bienes
8
.
Se advierte así que la sociedad anónima está siendo utilizada para
limitar el riesgo en emprendimientos individuales o familiares.
Lo notable es que esto ha llegado a poner en crisis la noción misma
de la sociedad- contrato.
Es que, como se señala en la doctrina, la práctica se ha esforzado en
usar diversos medios a fin de obtener las ventajas derivadas del recono-
cimiento de universalidades distintas del patrimonios de la persona
9
.
Ello comenzó con la empresa individual de responsabilidad limitada,
cuyo origen se encuentra en la ya citada regulación de Licchtenstein, de las
personas físicas y jurídicas mercantiles, del 20/ 1/ 1926 (PGR), sobre la
base del proyecto del jurista austríaco Osear Pisko (arts. 834 a 896)
!0
.
Los autores vieron en esta figura un mecanismo de fraccionamiento
del patrimonio. Romero del Prado señalaba que las nuevas concepciones
sobre el patrimonio se invocaban en apoyo de la posibilidad, en el ámbito
del derecho comercial de la denominada "empresa individual de respon-
sabilidad limitada", que implica "organizar la separación jurídica y ma-
terial de una parte del patrimonio de una persona que se afecta a un fin
especializado"; separar el patrimonio general de las personas afectando
una parte de sus bienes a un fin, y sólo responder con los bienes afecta-
dos y no con el resto del patrimonio, por las obligaciones que resulten de
la actividad de la empresa
H
.
Pero aun en 1960, un distinguido comercialista argentino escribía
que el ejemplo de la legislación del principado de Licchtenstein no había
sido imitado
12
.
Mas hoy en día existe en muchos ordenamientos responsabilidad li-
mitada del empresario individual. Entre estos sistemas, podemos men-
cionar el de Costa Rica (Código de Comercio, reformado en 1989); Pana-
má (1966); El Salvador; Perú; Brasil, y Paraguay (1983). Portugal en
1986 creó el Establecimiento individual de responsabilidad limitada so-
bre la base del patrimonio de afectación, que corresponde a una persona
8
En la doctrina argentina, hay ciertos euest i onami ent os a la utilización de la figura so-
cietaria con la sola finalidad de que sea propietaria de bienes: v. BOLLINI SHAW, Carlos, "Socie
dades apar ent es e inexistentes", en el vol umen Congreso Argentino deDerecho Comercial Bue-
nos Aires, 1990, t. II, pág. 33.
9
WEIL, Alex - TERRÉ, Francois, Droit civil - ¡ntroduction genérale, 4 eme. ed., Paris, 197 9.
pág. 362.
1
° La t raducci ón al castellano de la ley puede verse en SAN MARTÍN, Pedro G. - FRIK ER, Eduar-
do, La empresa individual de responsabilidad limitada en la legislación de Liechtenstein, Bue-
nos Aires, 1960.
1
' ROMERO DEL PRADO, SU anot aci ón a SALVAT, Raymundo, Tratado de Derecho civil - Parte
General 10
a
ed. actualizada, Buenos Aires, 1954 , t. II, n- 1307 , pág. 11.
12
FONTANARROSA, Rodolfo, Derecho comercial argentino, 2- ed., Buenos Aires, 1963, n
9
266,
pág. 307 .
3 9 8 JULIO CESAR RIVERA
física que no puede multiplicar los centros de explotación autónomos ni
el fraccionamiento sin límite del patrimonio.
Sin embargo, la práctica más usual para crear patrimonios separa-
dos por la sola voluntad de la persona ha sido la utilización de personas
jurídicas, fundamentalmente, sociedades con responsabilidad limitada.
Señalaban los citados Weil y Terré que "para crear un patrimonio comer-
cial separado del resto de la fortuna del comerciante, este provoca la
creación de una sociedad anónima o de una sociedad de responsabilidad
limitada [...] Esto ha contribuido al crecimiento del número de socieda-
des dotadas de personalidad moral [...] Su desarrollo atestigua sino la
idea de fraude a la ley, al menos la existencia de desvíos hábiles dirigidos
a favorecer, con complicidades más o menos numerosas, la aparición de
sociedades más o menos ficticias, lo que ha conducido a sostener fre-
cuentemente que hay una hipocresía lamentable y que más valdría reco-
nocer francamente la posibilidad de constituir sociedades de una sola
persona [...]"
13
.
Y ello es lo que ha sucedido en muchos países
14
.
En Alemania se incorporó la sociedad inicialmente unipersonal en
la ley que entró en vigor el 1/1/1981; en Dinamarca, desde 197 4 .
En Francia se incorporó con la ley 85- 697 , del 11 de julio de 1985;
tiene 177 artículos divididos en dos títulos: el primero para la EURL, y el
otro para la empresa agropecuaria de responsabilidad limitada. Francia
sigue la técnica societaria, de modo que la sociedad es "instituida por dos
o más personas [...]. Ella puede ser instituida en los casos previstos por
la ley por acto de voluntad de una sola persona [...]".
Bélgica introdujo la "societé privée á responsabilité d' une personne"
(ley del 14 /7 /1987 ). Italia introdujo, en 1993, la sociedad de responsa-
bilidad limitada.
Claramente estas sociedades no son contratos, desde que no hay
entrecruzamiento de voluntades, por lo que son creaciones de una sola
persona, que por un acto de voluntad, separa una parte de sus bienes del
patrimonio general y los atribuye al patrimonio de una "sociedad", con la
cual ha de emprender una actividad económica. Y de ese modo logra su
objetivo de fraccionar su patrimonio general, crear una universalidad se-
parada del patrimonio general, que responderá exclusivamente por las
deudas causadas en la gestión, las cuales no podrán alcanzar el patrimo-
nio general (salvo fraude). Esa sociedad individual de responsabilidad li-
mitada es vista como una pura ficción y más que como persona jurídica,
como técnica de afectación patrimonial
15
.
1 3
WEIL - TERRÉ, op. y lug. cit.
14
La revisión del derecho comparado puede verse en PIAGGI DE V ANOSSI, op. cit, cap. V, a
partir de pág. 100.
15
ZÉNATI, Fréderic, "Législation francaise et communaut ai r e en mat i ére de droit privé",
RTDC, 1985- 7 7 2.
EL PATRIMONIO
3 9 9
En el ámbito europeo, la XII Directiva del 21/ 12/ 1989 propone la
sociedad unipersonal, con adecuados mecanismos de control que permi-
tan la separación del patrimonio personal del patrimonio social.
En la República Argentina, no está aun consagrada la sociedad de
un solo socio ni tampoco la empresa individual de responsabilidad limi-
tada. Prácticamente, todos los proyectos de reforma de la legislación so-
cietaria han previsto la sociedad unipersonal; y en la práctica son utili-
zadas las sociedades con un socio controlante al 99%, cuando no las
sociedades ojfshore, cuya titularidad sigue siendo absolutamente anó-
nima y que, en general, pertenecen a una sola persona, y muchas son
utilizadas tanto por personas físicas como por grandes corporaciones,
como "spv" (special purposes vehicles).
Es evidente que estas prácticas se prestan a veces al fraude, y por
ello exisíen cuestionamientos a la creación de la figura de la sociedad
unipersonal
1(i
, proposiciones de imponer a los socios una suerte de obli-
gación de capitalizar a la sociedad
17
, o atribución de fraudulencia a la
sociedad controlada por un solo sujeto.
Sin embargo, la práctica mostraba una utilización cada vez más fre-
cuente y extendida de: las sociedades de responsabilidad limitada como
un medio de fraccionamiento del patrimonio general, ya por la sola vo-
luntad del titular, desde que la sociedad puede ser constituida sin nece-
sidad de autorización estatal alguna y su funcionamiento no estará so-
metido a contralor alguno, que exceda de lo meramente formal. En
tiempos muy recientes, la Inspección General de Justicia —organismo
nacional que concentra las atribuciones de control societario y del regis-
tro mercantil— ha dictado una serie de resoluciones —de vigencia limi-
tada a la Capital Federal— para limitar la actuación de las sociedades ex-
tranjeras y de las "sociedades al 99%". Estas medidas han creado una
gran polémica, pues exceden notoriamente la competencia del organis-
mo que las ha dictado cuando no representan, lisa y llanamente, un
apartamiento de la Ley de Sociedades Comerciales vigente.
J] Los patrimonios de destino o administración
Algunos autores reconocen los "patrimonios afectados a un fin" (de
Castro y Bravo). Esa figura ha perdido gran parte de su interés al elimi-
narse los mayorazgos, censos, capellanías, vinculaciones, que sometían
alguna cosa a determinados fines (sostenimiento de una capilla u otra
obra pía, un hospital, etc.).
v; iv recientemente NISSEN, Ricardo, "Resulta inconveniente la incorporación a nuestra
le.,;:-.;., : ;> positiva de las sociedades de un solo socio", E.D., 7 / 5/ 2003.
" K 'ücardo,"Lainfracapitalizacióndesociedadesylaresponsabilidaddelossocios",
en Panoro¡ ¡ ¡a actual de derecho societario, Buenos Aires, 2000, págs. 23ysigs.; con lo cual se
pretende desvirtuar la responsabilidad limitada propia del tipo societario, pues el accionista
que no ha cumplido con esa obligación de capitalizar la sociedad asumiría —según esta tesis—
una responsabilidad exigíble sobre el resto de su patrimonio.
400
JULIO CESAR RIVERA
Por lo demás, las funciones que podían cumplir esas instituciones
en su mayor caso las satisfacen las fundaciones que tienen un patrimo-
nio propio, personal de la persona jurídica fundación, con cuya gestión
se trata de cumplir la finalidad de la institución. Pero como veremos se-
guidamente, también las fundaciones están siendo utilizadas como me-
canismos de fraccionamiento del patrimonio.
Sin embargo, estos patrimonios de destino o administración surgen
hoy como consecuencia de los trust o fideicomisos, figura originada en el
derecho anglosajón que se vierte al derecho de origen romano germánico
(v. por ej., Cód. Civil de Québec, arts. 1260 y sigs.).
g) Las fundaciones
La fundación vincula un patrimonio a un fin socialmente útil
18
.
En general para justificar esa vinculación se ha personificado a la
fundación, exigiendo por lo tanto, que ella sea organizada como una perso-
na jurídica que requiere autorización estatal para funcionar y que está ade-
más, sometida al control del Estado en su funcionamiento. Esta aproxima-
ción a las fundaciones tiene un doble fundamento: por un lado, que se
satisfaga efectivamente la finalidad pía, de interés general o socialmente
útil, que justifica la existencia de la persona jurídica; por otro, es un tri-
buto a la doctrina clásica del patrimonio que no acepta la posibilidad de
que exista un patrimonio sin un sujeto que le sirva de soporte
19
.
En algunos ordenamientos en cambio, la fundación es efectivamen-
te tratada como un mero patrimonio de afectación.
De todos modos, lo que queremos destacar en este punto es que los
avances en la materia han llevado a la desvinculación de la fundación de
la finalidad socialmente útil, para ser usadas con fines egoístas.
Ejemplo de esta orientación es la fundación de familia del derecho
de Licchtenstein de las personas y las sociedades (20 de enero de
1926)
20
. El capítulo II, del título V, de ese ordenamiento (conocido bajo
la sigla PGR) se refiere a estas fundaciones, que son una de las institu-
ciones destinadas a la "afectación general de bienes a uso particular",
denominación que de por sí indica que el fin pío o de interés general está
omitido. Por el contrario, la fundación de familia consiste en una afecta-
18
DE LORENZO GARCÍA, Rafael, El nuevo derecho dejundaciones, Madrid, 1993, n
9
3.1, págs.
29 y sigs.
l y
Señalamos las notas que caracterizan a las fundaciones en los países romano- germá-
nicos, que son compatibles con el derecho de los Estados Unidos (v. BERMANN, George A., 'The
legal framework offoundatioins in the United States", en Lefondazioni, Quadernide diritto com-
páralo, materiali raccolti da Guido Alpa, Padova, 1988, págs. 105 y sigs,), pero que no son ne-
cesariamente universales. Así, en el derecho sueco no es necesaria ni la autorización estatal
ni que la finalidad sea de interés general o social: v. STROMHOLM, Süg, "Le régime juridique des
fondations en droit suédois", en Lefondazioni.., cit., págs. 125 y sigs.
20
Tomamos los datos de GÜGGI, Bruno B., Lajondation defamille dans le droit liechtens-
tenois, 7eme. ed., Vaduz, 1989.
EL PATRIMONIO 4 0 1
ción de bienes destinada a satisfacer una finalidad determinada que
puede ser cubrir los gastos de educación, de establecimiento como a la
asistencia de los miembros de la familia; también puede tener por fina-
lidad crear una suerte de "autoseguro" (fundación de previsión). Se dice
que la fundación no puede tener una finalidad puramente lucrativa o co-
mercial, sino que los resultados de la gestión del patrimonio son puestos
a disposición de los miembros de la familia para la atención de sus ne-
cesidades. Más allá de esta apreciación, es clarísimo que se trata de fun-
daciones que tienen una finalidad que no está ligada en nada a un inte-
rés general o de utilidad social.
En la práctica, la fundación de Liechtenstein sirve como un instru-
mento de gestión de la fortuna personal. Muchas veces son usadas para
ocultar bienes al fisco, cuando no para eludir las reglas sucesorias de los
países que tienen legítima o reserva para ciertos herederos.
También puede constatarse que en algunos países la fundación está
siendo utilizada para ser titular de acciones de sociedades anónimas (fe-
nómeno que fue común en algún tiempo en la Argentina con la finalidad
de conformar una mayoría de control) y para la realización lisa y llana de
actividades empresarias
21
.
De modo que puede señalarse una cierta tendencia a la desnatura-
lización de la fundación como vinculación de un patrimonio a una fina-
lidad de interés general, en tanto ella está siendo reemplazada por obje-
tivos egoístas.
Desde este punto de vista, la fundación aparece así como un frac-
cionamiento del propio patrimonio con la finalidad de excluir cierta masa
de bienes del poder de agresión de los acreedores o la realización de ac-
tividades con la responsabilidad limitada a los bienes afectados a la fun-
dación, obteniendo así las ventajas fiscales u otras que se atribuyen por
el ordenamiento a las fundaciones.
h) Patrimonio fiduciario (ley 24.441)
Decíamos antes que, en el año 1995, entró en vigencia la ley 24 .4 4 1,
que regula el contrato de fideicomiso. Define a este contrato diciendo:
"Habrá contrato de fideicomiso cuando una persona (fiduciante) trans-
mita la propiedad fiduciaria de bienes determinados a otra (fiduciario),
quien se obliga a ejercerla en beneficio de quien se designe en el contrato
(beneficiario), y a transmitirlo al cumplimiento de un plazo o condición,
al fiduciante, al beneficiario o al fideicomisario" (art. l
e
).
De modo que se reconoce de manera explícita la posibilidad de que por
contrato se transmita una propiedad fiduciaria (regulada por el art. 2662,
Cód. Civ.), que se caracteriza por:
STRÓMHOLM, op. cit, denunci a la mi sma práctica en Suecia.
402 JULIO CESAR RIVERA
— no ser per pet ua —como lo es el domi ni o pl eno— si no que dur a
sólo has t a el cumpl i mi ent o de un plazo o condición (no puede ext enderse
más allá de t rei nt a años de la cel ebraci ón del cont rat o, salvo que el be-
neficiario fuese un i ncapaz, s upues t o en el que puede dur a r mi ent r as
s ubs i s t a la i ncapaci dad);
— t ener una finalidad de admi ni st raci ón;
— const i t ui r un pat ri moni o separ ado del pat ri moni o general del fi-
duci ari o (art. 14 );
— el no somet i mi ent o al poder de agresión de los acreedores del fi-
duci ant e y del fiduciario (art. 15), por lo que los bi enes fideicomitidos sólo
r esponden por l as deudas que generen ellos (i mpuest os, t as as , expensas
comunes , etc.) o su admi ni st raci ón;
— al t er mi nar el fideicomiso por cumpl i mi ent o del plazo o la condi-
ción, los bi enes fideicomitidos se t r ansmi t en en propi edad pl ena a qui en
haya sido desi gnado en el cont rat o; puede ser el mi smo beneficiario, el
mi smo fiduciante o un t ercero que, en ese caso, se denomi na fideicomi-
sario.
La i ncorporaci ón del fideicomiso a nues t r a legislación ha generado
enormes beneficios prácticos, pues se lo utiliza para todo tipo de negocios
en los cual es es necesario preservar los bienes de la agresión de los acree-
dores. Funci ona así en la securitización de activos, par a la administración
de paquet es de acciones de un grupo de per sonas (por ejemplo, t odas las
acci ones de los t rabaj adores de l as soci edades pri vat i zadas), par a la pro-
tección de bi enes de i ncapaces, et cét era.
i) Patrimonios colectivos
Al guna doct ri na, i nfl uenci ada por la dogmát i ca al emana, habl a de
los pat r i moni os colectivos, i ncl uyendo por ejemplo, a la comuni dad de
bi enes gananci al es de los esposos. En nuest r o derecho, no parece posi-
ble sost ener que esa comuni dad const i t uya u n pat ri moni o de t i t ul ari dad
conj unt a de los cónyuges.
IV. LOS DERECHOS PATRIMONIALES
1038. INTRODUCCIÓN
Hemos dicho que el pat ri moni o no se compone pr opi ament e de co
s as , si no de los derechos que se t i enen sobre ellas o sobr e bi enes en sen-
tido est ri ct o.
De modo que el pat ri moni o est á i nt egrado por los denomi nados Yie
rechos patrimoniales" (v. supra, n
e
1028), que conforme a \¡n eri kn; :••-.:•;•
cional son de dos clases: derechos reales y derechos personal es o m- i üu-
rios, a los que se han agregado hace ya tiempo los der echas u iteleei.;..- ¡ !-••-.
EL PATRIMONIO 4 0 3
Est e criterio dual de clasificación de los der echos pat ri moni al es en
reales y per sonal es se hal l a pl asmado en nues t r o Código Civil, que ha se-
guido en esto las ens eñanzas de Frei t as.
Se evidencia en que después del t rat ami ent o de los derechos extrapa-
trimoniales (vinculados a la persona y la familia, Libro I), se t rat a de los de-
rechos personal es (Libro II), de los derechos reales (Libro III) y de las dispo-
siciones comunes a los derechos reales y personal es (Libro IV). Por ello es
consecuent e con el pensami ent o del codificador la not a al artículo 2312
donde dice que "el pat ri moni o de una per sona es la uni versal i dad j urí di -
ca de s us derechos real es y per sonal es [...]".
1039. LOS DERECHOS REALES
22
a) Definiciones de la doctrina clásica
Nuest ro Código no define los derechos real es, pero a lo largo de l as
not as, V élez ha t r anscr i pt o al gunas concepci ones doct ri nari as.
En la not a al artículo 4 97 cita a Ortolán, par a qui en "derecho real es
aquel en que ni nguna per sona es i ndi vi dual ment e sujeto pasivo del de-
recho [...]. Un derecho real es aquel que da la facultad de sacar de una
cosa cual qui era un beneficio mayor o menor".
Y en la not a puest a al Título IV del Libro III, t r anscr i be a Demolom-
be, par a qui en derecho real es el que crea ent re la per sona y la cosa una
relación di rect a e i nmedi at a, de tal maner a que no se encuent r an en ella
sino dos el ement os, la per sona que es sujeto activo del derecho y la cosa
que es el objeto.
En sent i do semej ant e, Aubry y Rau decí an que hay derecho real
cuando una cosa se encuent r a somet i da, total o parci al ment e, al poder
de una per sona, en virtud de una relación i nmedi at a oponible a t oda ot ra
persona.
b) Elementos
De modo que las definiciones de los aut ores seguidos por nuest ro co-
dificador ponen el acent o en la exi st enci a de sólo dos el ement os:
— el sujeto, t i t ul ar del derecho (propietario, usuf r uct uar i o, acreedor
hipotecario);
— la cosa sobre la cual recae el derecho real.
•" Bibliografía especial: Es muy ext ensa la bibliografía naci onal en mat eri a de derechos
reales. Además de los clásicos, en la doctrina nacional de los últimos años v.: GATO, Edmundo -
ALTERINI, Jorge H., El derecho real Buenos Aires, 197 4 ; GATTI, Edmundo, Teoría general de los
derechos reales, Buenos Aires, 197 5; HIGHTON, Elena I., Derechos reales, V ol. 1, Buenos Aires,
197 9; LÓ PEZ DE ZAVALÍA, Fernando, Derechos reales, V ol. 1, Buenos Aires, 1989; par a el
concepto de derechos reales fundament al , MOUNARIO, Derecho patrimonial y derecho real ya
citada. Tambi én Mozos, José Luis de los, "Los derechos reales en la sistemática de V élez
Sarsfield", RDP, 1986- 4 91.
404
JULIO CÉSAR RIVERA
Est e criterio t radi ci onal t i ene todavía acept aci ón en la doct ri na.
Pero lo cierto es que ha t eni do desarrollo, par t i cul ar ment e en Fr an-
cia, una doct ri na según la cual los derechos real es t i enen t ambi én un su-
j et o pasivo; a ello nos referimos en el apar t ado que sigue.
c) Qui d del sujeto pasivo. La obligación pasivamente
universal
Est a doct ri na fue desar r ol l ada por Roguin en 1889, difundida por
Planiol y más a ún por Mi chas, ya comenzado el siglo XX; aunque es co-
noci da desde ant es por Savigny y a un por Frei t as.
Desenvuel ve la t esi s según la cual no hay una diferencia esenci al
ent re el derecho real y personal , por cuant o el derecho real tiene t ambi én
un sujeto pasivo, compuest o por t odas las per sonas con l as cual es el ti-
t ul ar puede est ar en cont act o, qui enes tienen la obligación de r espet ar
ese derecho (obligación pasi vament e universal).
Como ya decí an Savigny y Frei t as, el error de la t esi s expuest a ra-
dica en calificar como obligación el deber de respet o general i zado a los
derechos oponibles erga omnes de los demás í; orno lo son los derechos
reales o los derechos de la personal i dad).
Ese deber de respet o no es obligación en sent i do j urí di co, a un cuan-
do suponga un no hacer, una abst enci ón.
La abst enci ón, el no hacer, const i t uyen obligación cuando hay sa-
crificio de u n derecho propio; verbigracia, cuando al vender un fondo de
comercio me obligo a no i nst al ar me dent r o de un radi o de t rei nt a cua-
dr as, estoy sacrificando un derecho propio, el de ejercer el comercio don-
de me plazca.
Cuando me limito a r espet ar la propi edad del vecino, o la i nt i mi dad
de mi s amigos, no estoy sacrificando ni ngún derecho propio. Por lo que
esa abst enci ón no es una obligación en sentido j urí di co. De allí que no fi-
gur a en el "pasivo" de mi pat ri moni o.
Por est as razones est a t esi s ha sido en general r echazada en nues t r a
doct ri na y ha perdido pr edi cament o t ambi én en Fr anci a donde fue crea-
da (conf. Weill - Terré).
Cuadr a ahor a subr ayar que en los derechos real es t ampoco existen
suj et os pasi vos individualizados; el propietario del i nmuebl e gravado por
una hi pot eca o por una ser vi dumbr e son sujetos pasi vos de una carga,
pero no de obligación (conf. López de Z avalía).
Exami nado el t ema de los el ement os del derecho real, t r at ar emos a
cont i nuaci ón de los principios f undament al es que los r egul an en nues-
tro derecho positivo.
d) El principio del número cerrado
La ley impone el marco de los derechos reales, pues no rige aquí el prin-
cipio de la aut onomí a de la voluntad. Las personas pueden utilizar sólo los
EL PATRIMONIO
405
derechos reales autorizados por la ley, y conforme a las reglas tipifican-
tes que ella ha dado para cada uno de los derechos reales autorizados.
A esta idea se la identifica como principio del numero clausus (nú-
mero cerrado); y está expresamente consagrada en el artículo 2502, con-
forme al cual: "Los derechos reales sólo pueden ser creados por la ley.
Todo contrato o disposición de última voluntad que constituyese otros de-
rechos reales, o modificase los que por este Código se reconocen, valdrá
sólo como constitución de derechos personales, si como tal pudiese valer".
e) Derechos reales de posible creación en nuestro Derecho
De acuerdo con la norma precedente, el Código enumera en el ar-
tículo 2503 los derechos reales autorizados, que son el dominio, el con-
dominio, el usufructo, el uso y la habitación, las servidumbres activas,
la hipoteca, la prenda y la anticresis.
Sin embargo, no debe verse en esta enumeración a todos los dere-
chos reales.
Por empezar, otras leyes pueden crear derechos reales no previstos
por el Código Civil. Así, existen derechos reales autorizad'>« por la Lev
General de la Navegación (hipoteca y prenda naval), por el Código Aero-
náutico (hipoteca aeronáutica), por el Código de Minería, etcétera.
Pero además, dentro del Código Civil hay otros derechos reales,
amén de los enumerados, como los censos y rentas que pueden consti-
tuirse por el término de cinco años (art. 2614 ).
Algunos autores asignan también el carácter de derecho real al de-
nominado derecho de retención (tesis de Molinario, Spota, Salvar), exis-
tiendo otras figuras dudosas respecto de su calidad de derechos reales
o personales.
f) Brevísimo concepto de cada uno de los derechos reales
enumerados en el artículo 2503
"El dominio es el derecho real en virtud del cual la cosa se encuentra
sometida a la voluntad y acción de una persona" (art. 2506).
El condominio es el derecho real de propiedad [rectius: dominio) que
pertenece a varias personas, por una parte indivisa (art. 267 3). Es decir
que en este dominio de sujeto múltiple todos los condóminos ejercen las
facultades de uso y goce sobre la cosa objeto del derecho real, pero stricto
sensu, el derecho real recae sobre la parte indivisa, pues es de ella que
el titular puede disponer en cualquier momento y sin necesidad del con-
sentimiento de los otros condóminos.
Estos derechos reales, junto con la propiedad horizontal, regulada
por la ley 13.512, constituyen los derechos reales sobre cosa propia o
parcialmente propia.
Los derechos reales sobre una cosa ajena se dividen en dos grupos:
derechos reales de goce de la cosa ajena (usufructo, uso, habitación, ser-
vidumbres), y derechos reales de garantía (hipoteca, prenda, anticresis).
406 JULIO CÉSAR RIVERA
El usufructo es el derecho real de usar y gozar de una cosa, cuya
propiedad pertenece a otro, sin alterar su sustancia (art. 2807 ).
El uso es un derecho real que consiste en "la/acuitad de servirse de
la cosa de otro, independiente de la posesión de heredar alguna, con el
cargo de conservar la sustancia de ella; o de tomar, sobre los frutos de un
fundo ajeno, lo que sea preciso para las necesidades del usuario y su fa-
milia" (art. 294 8).
Los derechos reales de dominio, condominio, usufructo, uso y habi-
tación pueden recaer sobre cosas muebles o inmuebles; pero en el caso
de los derechos de uso y habitación, si son cosas muebles no deben ser
fungibles (art. 2951). En cambio la ley admite el denominado cuasi usu-
fructo, que es el que recae sobre las cosas consumibles como los granos,
el dinero, etcétera, figura de difícil distinción con el contrato de mutuo
(art. 2808) y considera perfecto el usufructo sobre mercaderías para ena-
jenar (art. 2809).
El artículo 297 0 define las servidumbres como: "El derecho real per-
petuo o temporario sobre un inmueble ajeno, en virtud del cual se puede
usar de él, o ejercer ciertos derechos de disposición, o bien impedir que el
propietario ejerza algunos de sus derechos de propiedad".
Los derechos reales de garantía aseguran el cumplimiento de una
obligación actual o eventual de dar dinero o de otra especie, pero estima-
da en dinero, gravando un inmueble (hipoteca: art. 3108) o un mueble
del deudor (prenda: art. 3204 ). En el caso de la hipoteca, el inmueble
gravado permanece en poder del deudor; mientras que en la prenda, la
tenencia de la cosa se desplaza al acreedor.
El decreto ley 15.34 9/194 6 incorporó la prenda sin desplazamien-
to, también llamada prenda con registro.
La anticresis es un derecho real por el cual se entrega al acreedor la te-
nencia de un inmueble, autorizándolo a percibir los frutos para imputarlos
anualmente, primero a los intereses del crédito y luego al capital (art. 3239).
Los censos o rentas no están enunciados en el artículo 2503, pero sí
en el artículo 2614 , aunque limitando su constitución al período de cinco
años. Alterini y Gatti definen al censo como el derecho accesorio, en función
de garantía, constituido sobre un inmueble, en seguridad de un crédito
que facilita a su titular a exigir del dueño, en cuyo poder permanece, pe-
riódicamente y por no más de cinco años, toda o parte de su renta, en di-
nero o en especie.
Como decíamos, otras leyes han creado muchos derechos reales,
pero entre los prohibidos subsisten la enfiteusis, la superficie (cuya in-
corporación propicia el Proyecto de Unificación Legislativa), las vincula-
ciones, el tanteo o retracto concebidos como derechos reales, y los cen-
sos o rentas por más de cinco años.
g) El principio de convalidación
El artículo 2504 establece otro de los principios generales de los dere-
chos reales en nuestro sistema. Es el denominado principio de convalida-
EL PATRIMONIO 407
ción, que se expresa diciendo que: "Si el que transmitió o constituyó un dere-
cho real que no tenia derecho a transmitir o constituir, lo adquiriese después,
entiéndese que transmitió o constituyó un derecho real verdadero como si lo
hubiera tenido al tiempo de la transmisión o constitución".
Est e principio se excepciona en mat er i a de hi pot eca (art. 3126).
h) Efecto absoluto de los derechos reales
La pri nci pal caract erí st i ca de los derechos real es es su efecto abso-
luto. Est o significa que el t i t ul ar del derecho real lo puede oponer erga
omnes, a t odos, a un a aquellos que no ha n sido par t e de los negocios j u-
rídicos que dieron l ugar a la const i t uci ón o t r ansmi si ón del derecho real
en favor de su t i t ul ar act ual .
De modo que todos tienen que respet ar mi propiedad, pero esto parece
demasi ado lato y en realidad se puede aplicar t ambi én al necesario respeto
hacia todos los derechos de que soy titular, aun los no patrimoniales.
De modo que todos son en realidad los denomi nados terceros inte-
resados, esto es aquellos que t i enen o pr et enden t ener un derecho sobre
la mi sma cosa sobre la cual r eposa un derecho real de otro.
Por ello, el efecto absol ut o se ve con cl ari dad en los derechos de ga-
rant í a: los demás acreedores de mi deudor deben soport ar el efecto de la
hi pot eca que tengo const i t ui da a mi favor, por lo que cobr ar án su crédito
una vez que haya sido pagado el crédito garant i zado con la hi pot eca (es
lo que se denomi na tus preferendi).
Y qui en compr a un i nmuebl e hi pot ecado debe soport ar el derecho
real que lo grava, por lo que deber á en su caso soport ar la ejecución de
la hi pot eca si n ser deudor de la obligación que ella gar ant i za (v. ar t s.
3162 y sigs.). Es lo que se denomi na ius persequendi.
Más, a unque hemos ejemplificado con los derechos de garant í a, no
debe dejar de subr ayar se que tal calidad de absol ut ez existe en todos los
derechos real es. Por ello, en principio, no pueden coexistir sobre la cosa
dos derechos de la mi sma nat ur al eza y en el mi smo rango. Así, dos per-
s onas no pueden ser al mi smo t i empo propi et ari as del todo de la cosa
(art. 2508).
i) La publicidad de los derechos reales
J us t a me nt e por el efecto absol ut o que t i enen est os derechos, es que
se vi ncul an necesar i ament e con la idea de publ i ci dad.
Es necesario que los terceros conozcan la situación j urí di ca de los bie-
nes; si mi s bi enes no est án gravados me dar án crédito; o los comprarán sa-
biendo que no deberán soportar el efecto de una hipoteca o una prenda.
En la not a al artículo 57 7 , se r epr oduce a Frei t as qui en dice: "Por la
nat ur al eza de l as cosas, por una si mpl e operaci ón lógica, por u n sent i -
mi ent o espont áneo de j ust i ci a, por el i nt erés de la seguri dad de las rela-
ci ones pri vadas a que se liga la prosperi dad general , se compr ende desde
408 JULIO CESAR RIVERA
el pri mer moment o que el derecho real debe mani f est ar se por otros ca-
r act er es, por ot ros si gnos que no sean los del der echo personal , y que
esos si gnos deben ser t an visibles y t an públ i cos cuant o sea posible. No
se concibe que una soci edad est é obligada a r espet ar un derecho que no
conoce". He ahí el f undament o de la publ i ci dad de los der echos reales ex-
pr esado de modo i nsuper abl e.
Ori gi nari ament e, nues t r o Código organizó r egi st r al ment e sólo la
publ i ci dad hi pot ecari a (v. ar t s. 3135 y conc.; así como la not a ubi cada al
final del título de la hipoteca). Pero estableció la t radi ci ón como r ecaudo
i ndi spensabl e par a la t r ansmi si ón de derechos real es; y aunque la t ra-
dición no es de por sí publ i ci dad, sí lo es la posesi ón exteriorizadora que
sigue a la tradición, como lo ha reconocido nues t r a j ur i spr udenci a.
Con el correr de los años, se organi zaron regi st ros domi ni al es, y ello
encont ró reflejo en el art í cul o 2505, reformado por la ley 17 . 7 11, par a los
derechos real es sobre i nmuebl es. La ley 17 . 801, sanci onada poco des-
pués, es la Ley Nacional del Registro Inmobiliario.
104 0. LOS DERECHOS PERSONALES O CREDITORIOS
a) Concepto
Derechos personales o creditorios (obligaciones si se los mira desde el
punt o de vista pasivo) son las relaciones j urí di cas establecidas entre dos
per sonas, acr eedor y deudor, en vi rt ud de l as cual es el pri mero puede
exigir del segundo una det er mi nada conduct a, denomi nada prest aci ón.
b) Elementos
Del concept o pur ament e i nt roduct ori o que hemos dado en el núme-
ro precedent e, se despr ende que la obligación o derecho de crédito tiene
t res el ement os:
— el sujeto activo, o acreedor, t i t ul ar del derecho subjetivo;
— el sujeto pasivo o deudor, t i t ul ar del deber correlativo al derecho
subjetivo;
— la prest aci ón, que es la conduct a debida, y que puede consi st i r en
dar, hacer o no hacer.
c) Libertad de creación
En mat er i a de derechos personal es, rige el principio de la libertad de
creación, de modo que l as par t es pueden dar a luz t odas l as figuras de
derecho personal que sean út i l es a la satisfacción de s us i nt ereses pat ri -
moni al es.
Ello se evidencia con el reconoci mi ent o de la legislación de los deno-
mi nados contratos i nnomi nados (art. 114 3), mejor l l amados atípicos, que
son t odos aquel l os que no es t án r egl ament ados expl í ci t ament e por la ley.
EL PATRIMONIO 4 0 9
Hoy en dí a los cont r at os atípicos son pr obabl ement e más i mport an-
t es que los t í pi cos, en c ua nt o est os úl t i mos r es ponden a una real i dad
económi ca deci monóni ca; la complejidad act ual de l as rel aci ones econó-
mi cas i mpone la creaci ón de ñgur as cont r act ual es cada vez má s varia-
das y sofisticadas, y ellas nacen de la práct i ca negocial, esto es, en defi-
nitiva, de la libre vol unt ad de l as par t es (regla de la aut oconfi guraci ón del
cont rat o: v. supra, n
e
4 2).
d) Efecto relativo
Los der echos per sonal es sólo pr oducen efectos ent r e l as par t es
(acreedor y deudor), por lo que no pueden perj udi car a t erceros (arts.
1195, injine; 1199).
104 1. DIFERENCIAS DE RÉGIMEN ENTRE LOS DERECHOS
REALES Y PERSONALES
De lo expuest o has t a aquí , sur gen al gunas diferencias i mpor t ant es
ent re los derechos reales y per sonal es, que nos l i mi t aremos a enunci ar
(para un anál i si s muy prolijo, v.: Gatti - Alterini).
a) Rol de la voluntad individual
Es en el ámbi t o de los derechos personal es que la vol unt ad indivi-
dual se mani fi est a con su espl endor, a t ravés de la facultad de aut ocon-
figuración.
En los derechos real es, en cambi o, el espaci o de la vol unt ad indivi-
dual es mucho más reduci do. Los derechos real es que se pueden est a-
blecer est án enunci ados por la ley; y su cont eni do, sust anci al ment e pre-
det er mi nado por ella.
b) Determinación del sujeto pasivo
Los der echos per sonal es t i enen neces ar i ament e u n sujeto pasivo,
l l amado deudor.
Y a hemos visto que en los derechos real es no existe sujeto pasivo, ni
general ni individualizado.
c) Ventajas propias de los derechos reales
El ius persequendiy el ius preferendi son vent aj as propi as de los de-
rechos real es, corolarios de su efecto absol ut o.
De modo que no existen en los derechos per sonal es que, por defini-
ción, t i enen u n efecto relativo, limitado a l as par t es.
Sin embargo, a veces la ley acude en auxilio de los acreedores que
no es t án provistos de un derecho real de garant í a, acordándol es un cier-
to ius preferendi, por vía del est abl eci mi ent o de privilegios, que son ven-
t aj as da da s excl usi vament e por la ley a ci ert os crédi t os par a que sean
pagados ant es que otros (arts. 387 5 y 387 6).
4 10
JULIO CÉSAR RIV ERA
d) Nacimiento y extinción por prescripción
Los derechos reales se pueden adquirir por el ejercicio de la pose-
sión de la cosa durante cierto tiempo (prescripción adquisitiva). No así
los derechos personales.
Las acciones que emanan de los derechos personales se pueden
perder por su no ejercicio durante cierto tiempo (prescripción liberato-
ria). Los derechos reales no se pierden por el no uso (salvo que durante
un cierto tiempo otro haya poseído la cosa, supuesto en el que ése adqui-
rirá por prescripción adquisitiva); exceptuados: el usufructo, el uso y la
habitación, que se extinguen por el no uso (arts. 2924 y 2869), lo mismo
que las servidumbres (art. 3059).
104 2. VIGENCIA ACTUAL DE LA DISTINCIÓN ENTRE
DERECHOS REALES Y PERSONALES ^
Algunos autores, particularmente en la doctrina francesa, han
puesto en tela de juicio la utilidad actual de la distinción entre derechos
reales y personales.
Así, se ha predicado un monismo personalista, tendiendo a reducir
todos los derechos patrimoniales a los creditorios, lo que se ha hecho al
influjo de la doctrina de la obligación pasivamente universal. Ya hemos
analizado las objeciones que se hacen a esta tesis.
También se ha sostenido un monismo realista, proponiendo reducir
todo al derecho real, sobre la idea de la existencia de una "prenda co-
mún" de los acreedores sobre el patrimonio del deudor.
Esta tesis, que ha tenido su exposición en la obra de Rigaud, no re-
siste el menor análisis, pues la circunstancia de que el patrimonio del
deudor responda por las obligaciones contraídas por el titular, de modo
alguno importa la existencia de un derecho real, desde que no hay potes-
tad ejercida de manera directa sobre ningún bien, los que pueden egre-
sar libremente del mismo.
Por ello, la tesis tradicional sigue manteniéndose en nuestro país, y
también en Alemania e Italia (Guarneri).
104 3. LOS DERECHOS INTELECTUALES
24
a) Concepto
Se denomina derecho intelectual al derecho patrimonial que tiene el
autor de una creación del intelecto, en virtud del cual puede aprovechar
23
Bibliografía especial: GUARNERI , Attilio, Diritti reoXi edtrittidi crédito: valore attuale di una
distinzione, Padova, 197 9; RIGAUD, Luis, El derecho real, t rad. de J . R. Xirau, Madrid, 1928;
FAYES HAGE, Chahi ne, "Essai d' une nouvelle classiflcation des droits prives", RTDC, 1982- 7 05.
2 4
Bibliografía especial: JESSEN, Henry, Derechos intelectuales, t rad. de Luis Grez Z uloaga,
Sant i ago de Chile, 197 0; MOUCHET, Carlos - RADAELU, Sigfrido, Derechos intelectuales sobre las
EL PATRIMONIO 4 1 1
económi cament e esa creaci ón en beneficio propio, dent r o de los límites
mar cados por el or denami ent o j urí di co.
b) Especies
Dent ro del concept o de creaci ón i nt el ect ual , quedan compr endi das
l as obr as l i t erari as, musi cal es, científicas, así como t ambi én pi nt ur as,
dibujos, et cét era. Est o es lo que comúnment e se ha denomi nado propie-
dad aut or al , derecho de aut or o derecho i nt el ect ual .
Pero act ual ment e se extiende la noción a creaciones del intelecto que
tienen una finalidad más di rect ament e económica, como lo son las pat ent es
de invención, las mar cas y designaciones industriales y comerciales, que
conforman lo que se ha dado en denomi nar propi edad i ndust ri al .
Nuevos avances en la mat er i a se pr oducen como consecuenci a del
i mpact o tecnológico. Así, se propicia el reconoci mi ent o de un derecho in-
telectual de los bancos de dat os sobre s us propi os dat os y, par a muchos ,
el software es mat er i a compr endi da en los der echos i nt el ect ual es, de
donde su "copia" const i t uye un delito sanci onado por la ley 11. 7 23 de
Propiedad Int el ect ual , como se ha decidido ya en nuest r o país en la j u-
r i spr udenci a del fuero criminal.
Tambi én existe una protección de est a especie sobre los videos, y en
muchos or denami ent os, se reconoce un derecho i nt el ect ual en favor de
los ar t i st as y. ej ecut ant es que part i ci pan en l as grabaci ones de fonogra-
mas (discos, caset es, videoclips, etc.).
c) Naturaleza. Diferencias con los derechos reales
Si bi en t radi ci onal ment e se ha utilizado la pal abr a "propiedad" par a
identificar a los der echos i nt el ect ual es, como sucede en nues t r a ley
11. 7 23, e i ncl uso en el art í cul o 17 de la Const i t uci ón Nacional, lo cierto
es que no se t r at a de un derecho real de dominio.
Es que no r eposa sobr e u n a cosa en los t ér mi nos de los art í cul os
2311 y 2312, sino sobre un bi en absol ut ament e i nmat eri al , y en ello ra-
dica s u aut onomí a, respect o de los derechos real es (Molinario).
Obsérvese, a título de ejemplo, que el aut or de una novela conserva su
derecho de propiedad intelectual, que consiste j ust ament e en la explota-
ción económica de aquélla, medi ant e la vent a de cada uno de los ejemplares
de su obra; de modo que el dominio de los ejemplares, de cada libro, pasar á
a qui en lo compre, pero el derecho intelectual lo tiene sin duda el aut or.
Por otro lado, en nues t r o der echo positivo, el dominio es per pet uo
(art. 2510), mi ent r as que los der echos i nt el ect ual es son limitados en el
t i empo (art. 17 , Const . Nac) .
obr as literarias y artísticas, Buenos Aires, 194 8; SATANOWSKY, I., Derecho intelectual Buenos
Aires, 194 4 ; PÉREZ CUESTA, Emilio, "Una perspectiva histórico j urí di ca sobre el derecho de
autor", RDP, 1981- 333.
4 1 2 JULIO CÉSAR RIV ERA
En consecuencia, constituye el tercer género de los derechos patri-
moniales.
d) El derecho moral del autor
Además del derecho intelectual, que es de contenido patrimonial y
autoriza la explotación económica de la creación intelectual, se reconoce
la existencia del llamado derecho moral del autor, que consiste en el re-
conocimiento de la paternidad sobre la obra y el derecho de oponerse a
su deformación por cualquier modo que fuere.
Se dice en la doctrina que el derecho moral comprende las siguien-
tes atribuciones:
— el derecho al inédito, esto es a no publicar o difundir una obra;
— el derecho a la integridad de la obra, impidiendo que otros la de-
formen, mutilen o adulteren;
— el derecho al repudio de la obra ajena, cuya paternidad pretenda
ser atribuida;
— el derecho al arrepentimiento, que permite modificar la obra ya pu-
blicada, o incluso retirarla de la circulación. El ejercicio de estas facultades
es absoluto, pero puede dar lugar a las indemnizaciones que correspondan
en favor de quienes tuvieren expectativas de ganancia sobre la base de re-
laciones contractuales establecidas con el autor (por ejemplo, el editor de
un libro cuyo autor decide retirarlo de la venta).
Éste es un derecho extrapatrimonial que en la doctrina francesa es
identificado con los derechos personalísimos (v. entre otros Kayser), y
que por lo tanto, se extingue con la muerte del autor.
Pero su voluntad expresada en vida puede ser hecha cumplir por
sus herederos.
ej Legis faetón argentina
Nuestro derecho positivo ha sido siempre generoso en la tutela de
los derecho intelectuales, comenzando por la Constitución Nacional
que en su artículo 17 establece que todo autor o inventor es propietario
exclusivo de su obra, invento o descubrimiento, por el término que le
acuerde la ley.
En cumplimiento de la previsión constitucional, en 1864 se sancio-
nó la ley 111 de Patentes de Invención, aún vigente.
En 1910 se dictó la ley 7 022 de Propiedad Científica, Literaria y Ar-
tística, sustituida por la ley 11.7 23 a partir de 1933, también en vigor en
la actualidad.
En materia de marcas, la primera ley fue la 397 5 sustituida por la
22.362.
EL PATRIMONIO
4 1 3
V . EL PATRIMONIO COMO PRENDA COMÚN
DE LOS ACREEDORES
104 4 . CONCEPTO
Dijimos ant es que la función de identificar u n pat ri moni o, como
conj unt o de derechos de cont eni do económico que pert enecen al mi smo
t i t ul ar, r adi ca en que ese patrimonio responderá por las deudas de ese
sujeto titular, cualesquiera sean los derechos actuales o futuros que lo
compongan.
En forma sintética, est a i dea se expresa diciendo que el pat ri moni o
es la pr enda común de los acreedores.
Y a hemos también anticipado que la idea de prenda no se asimila a la
de derecho real, sino que identifica sólo la imagen de que los acreedores
pueden agredir los bienes que componen el patrimonio, de modo de obtener
la satisfacción de s us crédi t os medi ant e la ejecución j udi ci al de ellos.
En concr et o ent onces, pr enda común de los acr eedor es significa
que t odos los bi enes que i nt egr an el pat ri moni o o que se i ncorporen a él,
r esponden por las deudas de su titular, por lo que los acreedores pueden
obt ener la vent a judicial de los mi smos par a cobrarse de su produci do.
104 5. RECEPCIÓN LEGISLATIVA
En nuest r o Código no hay u n a disposición que si ent e el principio de
maner a expresa, como sí lo hay en el Código francés (art. 2092), en el Có-
digo español (art. 1911), en el Código italiano de 194 2 (art. 27 4 0), el Có-
digo por t ugués (art. 817 ), el nuevo Código Civil del Par aguay (arts. 4 30
a 4 33), el de Bolivia (art. 1335).
De t odos modos es un principio obvio, que se despr ende de mul t i t ud
de di sposi ci ones de la ley civil, como la que aut ori za al acreedor a ejercer
t odos los medi os legales par a obt ener el cumpl i mi ent o de las obligacio-
nes en especie o las i ndemni zaci ones sust i t ut i vas (art. 505), las que re-
gl ament an la acción revocatoria, o la acción de simulación, las que regul an
los privilegios en cuant o ést os s uponen la concur r enci a de acreedores
sobre los bi enes que i nt egran el pat ri moni o, et cét era.
104 5. 1. CONSECUENCIAS
Del principio expuest o deri va que:
— los acr eedor es pueden ejercer i ndi vi dual ment e acci ones par a
agredi r el pat ri moni o de su deudor a los efectos de obt ener satisfacción
de s us créditos;
— en caso de insolvencia, t odos los acreedores deben part i ci par del
procedi mi ent o colectivo (la qui ebra, y t ambi én en l as sol uci ones preven-
tivas de ella que t odos los or denami ent os organizan) y ese procedi mi ent o
4 1 4
JULIO CESAR RIVERA
compr ende t odos los bi enes que forman el pat ri moni o del deudor, salvo
excl usi ón legal expresa. Es la uni versal i dad propi a de los procedi mi ent os
colectivos caus ados en la insolvencia (en la Argent i na: ar t s. l
e
y 111, Ley
de Concursos);
— en caso de fraude —enaj enaci ón de bi enes que i nt egran el pat ri -
moni o del deudor de modo de provocar o agravar la insolvencia— los
acreedores pueden ejercer una acción i nt egrat i va del pat ri moni o que en
el derecho común es la acci ón paul i ana y que cuando se ejerce en la qui e-
br a es —en la Argentina— denomi nada acción revocat ori a concur sal
25
.
104 6. DISTINTAS CLASES DE CRÉDITOS
a) El principio de igualdad de los acreedores
Un principio f undament al en la mat er i a es el de la i gual dad de los
acreedores. Est o significa que en el supuest o de la i mpot enci a del pat ri -
moni o par a r esponder a l as obligaciones que lo gravan, el produci do de
los bi enes que lo i nt egran se debe repart i r ent re los acreedores en propor-
ción al mont o del crédito de cada uno.
Est e pri nci pi o es car di nal en mat er i a concur sal , pero en real i dad
como enunci a Molinario (en su Tratado de los privilegios) es una regla de
derecho común (v. infra, n° 14 7 0).
De allí que, como sever a, los créditos provistos de privilegio son una
excepción a esa regla, y por ello, los privilegios son de i nt erpret aci ón es-
tricta.
De acuer do con est e principio y s us excepci ones, se reconocen di-
ver sas cl ases de créditos, que t r at amos a cont i nuaci ón.
b) Créditos quirografarios
Son los créditos comunes , no acompañados de ni nguna preferencia
(privilegio o gar ant í a real). En caso de insolvencia, perci ben s us créditos
des pués de que ha n sido sat i sfechos los créditos preferidos, a pr or r at a
del mont o de s us acreenci as.
c) Créditos privilegiados
El artículo 387 5 dice que: "El derecho dado por la ley a un acreedor
para ser pagado con preferencia a otro, se llama en este Código privilegio".
El privilegio es ent onces una causa legítima de preferencia, que tie-
ne l as si gui ent es caract erí st i cas:
25
En el caso de quiebra, se llega a presumir que los actos de enajenación otorgados en un
periodo anterior a la cesación de pagos (o insolvencia) están afectados de este vicio, y ello se
traduce en la facilitación de la procedencia de la acción integrativa. Todos los ordenamientos
de los países occidentales prevén tanto la acción de integración del patrimonio cuanto el pe-
riodo denominado, entre nosotros, de sospecha.
EL PATRIMONIO
4 1 5
— es creada exclusivamente por la ley; de donde el deudor no puede
crear privilegio en favor de ninguno de sus acreedores (art. 387 6);
— es accesoria al crédito, por lo que se transmite junto con el crédito
(art. 387 7 );
— por ser una excepción a la regla general de igualdad de los acreedo-
res, es de interpretación estricta; por lo que salvo disposición legal expresa,
asegura sólo al capital debido y no a los intereses de éste.
Las razones por las cuales la ley acuerda preferencia a ciertos créditos
están vinculadas al interés general (privilegio en favor de los impuestos de-
bidos al Estado general o particular), o a la tutela de personas que no pue-
den reclamar una garantía para el pago de sus créditos (privilegio en fa-
vor de los salarios, de los gastos de última enfermedad, de sepelio).
Pero todos estos privilegios son desplazados por el reconocido a fa-
vor de los gastos de justicia, que son los que se hacen para facilitar a los
acreedores la percepción de sus créditos (v. la nota al art. 387 9).
d) Créditos con garantía real
Los derechos reales de garantía (hipoteca, prenda y las garantías
reales del derecho mercantil y otras ramas), son también una causa le-
gítima de preferencia, por lo que también se traducen en el derecho a per-
cibir el crédito garantizado excluyendo a los restantes acreedores del
producido del bien afectado a la prenda o hipoteca, hasta el límite de la
satisfacción del crédito garantizado.
Estas garantías son:
— de origen convencional, pues no existen garantías reales legales
o judiciales;
— son accesorias siempre de un crédito al que garantizan;
— generan el derecho del acreedor de perseguir la cosa en poder de
quien se encuentre y ejecutarla judicialmente, excluyendo de su produ-
cido a los restantes acreedores.
104 7 . EFECTOS DE LA REGLA DE LA PRENDA COMÚN
Como decíamos arriba, el principio de que el patrimonio es prenda
común de los acreedores, autoriza a éstos a ejercer las acciones judicia-
les tendientes, en definitiva, a vender judicialmente los bienes que inte-
gran ese patrimonio, para cobrarse con su producido.
Por ello, se organizan diversas medidas judiciales que se ordenan a
ese fin. A ellas nos dedicaremos seguidamente.
a) Medidas precautorias
También llamadas medidas cautelares, tienden a asegurar el cum-
plimiento de una sentencia futura. Desde antes de la iniciación del pro-
ceso hasta el momento de su conclusión, pueden disponerse por el juez
4 1 6 JULIO CESAR RIV ERA
ci ert as medi das aut or i zadas por las leyes procesal es, que per si guen in-
dividualizar ciertos bi enes en el pat ri moni o del deudor que r espondan al
cumpl i mi ent o de esa sent enci a (embargo), o a impedir el egreso de bi enes
no conoci dos (inhibición), al mant eni mi ent o de una si t uaci ón exi st ent e
(prohibición de innovar), a la exteriorización de la exi st enci a de un pro-
ceso j udi ci al (anot aci ón de litis), et cét era.
Es t as medi das pueden ser solicitadas y concedi das a ú n ant es de ser
promovi do u n j ui ci o, pero no pueden subsi st i r aut ónomament e, por lo
que es preci so iniciar el proceso j udi ci al dent r o de cierto plazo, muy br e-
ve, post eri or a la concreci ón del embargo, inhibición o la medi da de que
se t r at ar e.
b) Medidas ejecutivas
La idea de que el pat ri moni o es la pr enda común de los acreedores,
i mpor t a que ést os pueden agredi r ese pat ri moni o, obt eni endo la ejecu-
ción forzada (venta judicial) de los bi enes que lo i nt egran, par a cobrarse
de su produci do.
De modo que los procesos j udi ci al es de cont eni do pat ri moni al per-
si guen, en pri mer lugar, decl arar el derecho del acreedor, con lo que se
obt i ene u n a sent enci a de condena que manda al deudor pagar lo debido,
bajo aperci bi mi ent o de que si no lo hiciere en det er mi nado plazo, se se-
gui rá cont r a él una ejecución sobre s us bi enes.
El Código Procesal organi za ent onces la ej ecuci ón de sent enci a,
a unque existen t ambi én procesos abrevi ados denomi nados "ejecutivos",
en los que el derecho del acreedor aparece primajacie expedito y por ello,
limita l as defensas del deudor y comi enza por el embargo de s us bi enes.
c) Acciones integrativas
Son las acci ones subrogat ori a, de si mul aci ón y revocatoria; l as ana-
lizamos en el númer o si gui ent e.
d) Ejecución colectiva
En el s upues t o de insolvencia del deudor (impotencia del pat ri mo-
nio par a hacer frente a las obligaciones que lo gravan), se procede a la
ejecución de t odos s us bi enes en beneficio de t odos los acreedores en u n
pie de i gual dad —sal vadas l as excepci ones legales a est a regla de igual-
dad— lo que se hace dent r o del procedi mi ent o de la qui ebra. Lo est udi a-
remos en el númer o 104 9.
104 8. ACCIONES INTEGRATIVAS
Cuando el deudor se encuent r a insolvente o somet i do a la acción de
s us acreedores, puede i nt ent ar el udi r la acción de ést os medi ant e la ena-
j enaci ón de s us bi enes, real o ficticia, y despr eocupar se de la percepci ón
de s us crédi t os.
EL PATRIMONIO 4 1 7
Para evitar el efecto dañoso que tales conduct as producen a los acree-
dores, se organizan t res acciones que est udi amos a continuación.
a) Acción subrogatoria
La acción subrogat ori a es concedi da a cual qui er acreedor par a que
sust i t uya a su deudor en l as acci ones j udi ci al es t endi ent es a la percep-
ción de los créditos o reconoci mi ent o de ot ros derechos pat ri moni al es de
que ést e fuere t i t ul ar.
Así, si el deudor es compr ador de un i nmuebl e en vi rt ud de un bo-
leto de compr avent a y no ejerce la acción de escri t uraci ón, puede ser su-
brogado por su acreedor en el ejercicio de la mi sma.
Est a acción est á reconocida en el derecho de fondo por el artículo 1196
y reglamentada por el Código Procesal (arts. 111 a 114); y su estudio porme-
norizado corresponde al curso de derecho de las obligaciones.
b) Acción de simulación
Si el deudor ha enaj enado ficticiamente s us bi enes par a evitar la ac-
ción de s us acreedores, cual qui er a de ést os puede promover la acción de
si mul aci ón dest i nada a anul ar el acto si mul ado.
Est udi aremos det eni dament e su régimen, tri/ra Capítulo XXXII.
c) Acción revocatoria
La ley consi der a act os hechos en fraude a los acreedores aquel l os
act os de enaj enaci ón que provocan o agr avan la insolvencia (arts. 962 a
97 2), por lo que cual qui er acreedor quirografario de fecha ant eri or al ne-
gocio j urí di co de que se t rat e, puede promover la acción dest i nada a que
ese acto sea decl arado inoponible a él.
Est a acci ón se est udi ar á en el Capí t ul o XXXIII.
104 9. LA EJECUCIÓN COLECTIVA. ANTECEDENTES HISTÓRICOS
a) Orígenes: el Derecho Romano
2 6
Pese a que t radi ci onal ment e se afirma que la fuente de l as i nst i t u-
ciones mercantiles se encuent r a en el derecho estatutario, esto es, el de las
ci udades est ado italianas a part i r del siglo XII, lo cierto es que los ant ece-
dent es de la qui ebr a como l i qui daci ón colectiva de todos los bi enes del
deudor i nsol vent e apar ecen en el Derecho Romano.
Concr et ament e con la bonorum uenditio, aut ori zada por pri mera vez
por el pret or Rutilio Rufo. Consi st í a en desposeer al deudor de todos s us
-
6
Bibliografía especial: Rocco, Alfredo, II falimiento. Teoría genérate e origine storíca,
Milano, 1962; JAUREGUIBERRY, L. L., Antecedentes históricos de ¡aquiebra, Sant a Fe. 1959.
4 18
JULIO CESAR RIV ERA
bienes, los que a partir de ese momento eran administrados por un cu-
rador [curator bonorum); se hacía un inventario de ellos, y un magister
honorum procedía a su venta en bloque.
Los acreedores eran pagados con su producido, a prorrata de sus
créditos, y si quedaban insatisfechos podían perseguir al deudor en los
nuevos bienes que adquiriera. Este procedimiento importaba la califica-
ción defraudator con la correspondiente tacha de infamia.
Asimismo, en el Derecho Romano aparecen otras instituciones que
tienen importancia para el derecho de quiebra, como la in integrum res-
titutio, el interdictumfraudatorium y la acción pauliana, todos medios
destinados a la integración del patrimonio del insolvente.
En la larga evolución del Derecho Romano, aparece el pacíus ut mi-
ráis solvatur, convenio celebrado entre los herederos y los acreedores del
difunto por el cual éstos consentían la reducción de las obligaciones que
aquéllos asumían. Este pacto llegó a ser aprobado por mayoría siendo
obligatorio para los ausentes y disidentes, con lo que constituye el pri-
mer antecedente del concordato por mayoría.
Este pacto se generalizó en la época del Bajo Imperio siendo autorizado
para todo tipo de deudor; y en esta época aparece también el moratorium,
convenio entre los acreedores y el deudor por el cual aquéllos conceden un
plazo para el cumplimiento de las obligaciones.
b) Evolución: el derecho estatutario
Como se vio, la simiente de las instituciones de la quiebra se en-
cuentra en el Derecho Romano. Pero el nacimiento de los conceptos téc-
nicos: cesación de pagos, desapoderamiento, período de sospecha, se
produce en el derecho estatutario.
Así, la palabra cesante es usada por primera vez en el Constituto de
Siena de 1262, y se emplea como equivalente a insolvente.
De modo que el presupuesto de la quiebra no es ya el incumplimien-
to, sino la insolvencia, concepto distinto al que nos hemos de referir más
adelante.
Como consecuencia de ello, aparecen los hechos reveladores de la ce-
sación de pagos, como la fuga, la confesión de insolvencia, etcétera.
El desapoderamiento es la privación de la posesión de todos los bie-
nes actuales y futuros del deudor, y seguramente encuentra su origen en
la missio in possessionem del Derecho Romano.
El período de sospecha es el que se extiende entre la fecha de cesa-
ción de pagos y la declaración de bancarrota, y los actos celebrados en
él están bajo sospecha y pueden por ello ser revocados.
Por otro lado, el sistema seguía siendo muy severo e incluía penas
para los insolventes [decoctus ergofraudator).
EL PATRIMONIO 4 1 9
c) Evolución posterior
27
Estas instituciones han pasado al derecho contemporáneo, pues se
extienden por toda Europa continental a través de las "ferias" de los co-
merciantes, y se consagraron en las diversas legislaciones posteriores
(ordenanzas de Bilbao en España, ordenanzas sucesivas en Francia has-
ta el Código de Comercio de 1807 , etc.), de donde pasaron con diversas
modificaciones a las leyes actuales.
Sin embargo, en los últimos años se advierte una evolución en el de-
recho concursal, que abandona su carácter represivo y si bien persigue
siempre la satisfacción de los créditos, lo hace teniendo en cuenta otros in-
tereses generales significativos, vinculados a la subsistencia de las activi-
dades empresarias (v. infra, n
s
1050 d). De modo que se privilegian las so-
luciones preventivas por encima de las liquidatorias, y aún en el supuesto
de quiebra, se trata de conservar las empresas en actividad para evitar ma-
yores perjuicios a la comunidad, y tratando de obtener su venta como uni-
dad productiva en marcha.
1050. LA QUIEBRA EN EL DERECHO POSITIVO ARGENTINO
a) Antecedentes
En 17 94 se instala el Consulado de Buenos Aires, organismo admi-
nistrativo y de justicia encargado de resolver las cuestiones entre comer-
ciantes con estilo, a buena Je sabida y verdad guardada, por lo que ac-
tuaba con la comparecencia personal de los interesados y sin asistencia
letrada.
Este Consulado aplicaba las ordenanzas de Bilbao, extremadamen-
te severas con los insolventes. Y como en tantas otras materias, las or-
denanzas subsistieron a la emancipación, y prolongaron su aplicación
con escasas variantes hasta la sanción del Código de Comercio de 1862.
Este Código, originariamente redactado para el Estado de Buenos
Aires y sancionado como tal en 1859 (v. supra, n- 219), mejoró algunos
aspectos de la regulación del procedimiento de quiebra, pero mantuvo el
arresto del deudor y la presunción de fraude.
Reglamentó las moratorias, otorgamiento de plazos para que el deu-
dor cumpliera sus obligaciones, susceptibles de ser aprobadas por ma-
yorías, inclusive poco significativas, por lo que se prestaron a abusos.
Las reformas de 1889 y 1902 (ley 4 156) no avanzaron demasiado,
pues mantuvieron la idea de que la única finalidad del procedimiento
27
Bibliografía especial: ALEGRÍA, Héctor, Al gunas cuestiones de derecho concursal Buenos
Aires, s/f; PAILLUSSEAU, J ean, "Del derecho de la qui ebra al derecho de las empresas en
dificultades", RDCO, 17 - 101; GUYENOT, J ean, "Las innovaciones de la quiebra en relación con
l as empr esas y s us dirigentes", L.L., 124 - 94 4 ; ROJO, Á ngel, "Crisis de la empresa y crisis de los
procedimientos concúrsales", RDCO, 14 - 269; PAJARDI, Piero, "El proceso de quiebra ent re el
pasado y el futuro", RDCO, 15- 361; CÁMARA, Héctor, "La falencia de la falencia", RDCO, 13- 393.
420 JULIO CÉSAR RIV ERA
concur sal es la satisfacción de los créditos; de donde er an los acreedores
los que t ení an poder de decisión, per maneci endo el j uez en un papel de
mero cont rol ador de l as formas del proceso.
La verdadera modificación sust anci al aparece con la ley 11.7 19, san-
cionada por inspiración de Ramón S. Castillo, pues desterró el voluntaris-
mo dando al j uez atribuciones de real importancia, como la facultad de ho-
mologar o no los acuer dos vet ados por los acreedores.
b) El concurso civil
La Const i t uci ón Nacional habí a otorgado al Congreso Nacional la fa-
cul t ad de di ct ar una ley naci onal de bancar r ot as (antiguo art . 67 , inc.
11), por lo que no cabí a dudas de que el Código de Comercio podía con-
t ener la regul aci ón de la qui ebr a de los comerci ant es.
Pero el Código Civil no trajo una regul aci ón de la insolvencia de los
no comer ci ant es, por lo que la mat er i a fue r egul ada por los códigos de
pr ocedi mi ent os l ocal es. Es t as l egi sl aci ones locales er an dudos ament e
const i t uci onal es, pues muc ha s veces no eran sólo de forma sino que au-
t ori zaban qui t as o morat ori as, efectos de fondo que debí an est ar imple-
ment ados en una ley naci onal .
La legislatura nacional dictó una úni ca ley par a el concurso civil, la
11.07 7 , promul gada el 16 de octubre de 1920, que estableció los casos en
que se ext i nguí an las obligaciones de los concur sados no comerci ant es.
c) La unificación del régimen (leyes 19.551, 22.91 7
y 24.522)
En 197 2 se sanci ona la Ley de Concur sos, 19. 551.
Or i ent ada haci a el publ i ci smo, convi ert e al j uez en el director fiel
proceso, ot orgándol e facul t ades como la de la homol ogaci ón o no de los
acuer dos vot ados por los acreedores, la de i mpul sar el procedi mi ent o,
etcétera.
Ya en su redacci ón original, preveía la unificación del régimen con-
cur sal par a comerci ant es y no comerci ant es, por cuant o cont eni a un ca-
pítulo par a el denomi nado concur so civil, que se r educí a a det er mi nar
ci ert as par t i cul ar i dades mí ni mas par a el concur so del no comerci ant e.
Fi nal ment e, la ley 22. 917 , sanci onada en 1983, estableció la unifica-
ción casi absol ut a del régimen de la insolvencia par a comerciantes y no co-
mer ci ant es. La vigente ley 24 . 522 mant i ene el mi smo criterio.
A cont i nuaci ón, exami nar emos los principios general es de la Ley de
Concur sos vigente.
d) Principios orientadores de la Ley de Concursos
La ley vigente, 24 . 522, que ha sust i t ui do a la ley 19. 551, conserva
l as ori ent aci ones pri mordi al es, ent r e l as que podemos dest acar :
EL PATRIMONIO 4 2 1
— universalidad patrimonial, que significa que el concurso (preven-
tivo o quiebra) produce sus efectos sobre la totalidad del patrimonio del
deudor, salvo las exclusiones legales;
— colectividad de acreedores, por lo cual todos los acreedores del
deudor deben participar del proceso universal de concurso preventivo o
quiebra, para hacer valer sus derechos;
— igualdad de tratamiento para los acreedores {pars conditio credí-
torum);
— protección adecuada del crédito;
— facilitación del acceso a la solución preventiva;
— actuación de oficio del tribunal, particularmente en la quiebra;
— la extensión de la responsabilidad patrimonial a quienes actua-
ron por el deudor y en ese rol actuaron conductas ilícitas.
A la vez, la ley 24 .522 ha pretendido:
— realzar el papel de los acreedores, particularmente en el concurso
preventivo;
— hacer que la quiebra sea un procedimiento liquidativo y no una
última oportunidad para reanimar al fallido (por ello limita sustancial-
mente la continuación de la actividad de la empresa quebrada);
— rehabilitar de manera expeditiva al quebrado persona física; de io
que se trata es de que el quebrado pueda reinsertarse en la vida laboral
y productiva, por lo que la ley 24 .522 limita los efectos de la quiebra.
1051. LA QUIEBRA Y EL CONCURSO PREVENTIVO.
EXPOSICIÓN DE LAS REGLAS FUNDAMENTALES
a) Presupuesto: la cesación de pagos
Tanto el concurso preventivo cuanto la quiebra requieren como presu-
puesto de hecho la existencia de cesación de pagos (art. l
e
, ley 24 .522).
La doctrina actual considera de manera unánime que la cesación de
pagos es la impotencia del patrimonio para hacer frente de manera regu-
lar a las obligaciones exigibles que forman su pasivo, cualquiera sea el
carácter de ellas y las causas que las generan (art. 7 8, ley 24 .522).
De modo que la cesación de pagos, o insolvencia, que es un término
sinónimo, no exige que el pasivo sea mayor que el activo.
Por el contrario, puede suceder que el activo sea mayor que el pasi-
vo, pero que de todos modos, el titular no pueda hacer frente a sus obli-
gaciones, por carecer de liquidez actual, con lo cual está insolvente.
A la inversa, el pasivo puede ser mayor que el activo, pero si las obli-
gaciones que forman el pasivo no son exigibles, por ejemplo, porque exis-
te una deuda a pagar a largo plazo, ese patrimonio no está insolvente.
Finalmente, se trata de hacer que el deudor cumpla de modo regu-
lar; por lo que está insolvente si para pagar malvende sus bienes, o asu-
me deudas usurarias, etcétera.
422 JULIO CESAR RIV ERA
b) Hechos reveladores de la cesación de pagos
De acuer do con el concept o que hemos dado, la ley consi dera he-
chos revel adores de la cesaci ón de pagos, la mor a en el cumpl i mi ent o de
una obligación, la ocul t aci ón o ausenci a del deudor (la fuga del derecho
medieval), la vent a a precio vil, la utilización de medi os r ui nosos par a ob-
t ener r ecur sos, et cét era (art. 7 9, ley 24 . 522).
c) El concurso preventivo
La ley organi za dos j ui ci os concúr sal es bási cos: el concur so preven-
tivo y la qui ebra.
Comenzamos por el pri mero, diciendo que es lo que en la ant eri or ley
11. 7 19 se l l amaba convocat ori a de acr eedor es, denomi naci ón t odaví a
utilizada en la práct i ca.
Para obt ener la formación del juicio de concur so preventivo, el deu-
dor debe cumpl i r ciertos r ecaudos formales (art. 11), t al es como exponer
las caus as de la cesaci ón de pagos, t raer un listado de s us acreedores,
poner a disposición del j uzgado t odos s us libros y papel es de comercio,
etcétera.
Una vez abi ert o el j ui ci o, se convoca a todos los acreedores par a que
verifiquen s us crédi t os, de modo de poder part i ci par en la j unt a (o as am-
blea) de acreedores, en la que se somet erá a votación un acuer do preven-
tivo pr opuest o por el deudor, que puede consi st i r en u n a espera, una
qui t a, a mba s a la vez, u ot ros acuer dos (hacer soci edad con el deudor,
por ejemplo).
Si los acreedores apr ueban el acuer do (por mayor í as de capital y de
personas) el j uez debe homol ogarl o. Si no se obt i enen l as mayorí as, el
j uez debe decret ar la qui ebra, salvo que el deudor sea u n a sociedad anó-
ni ma, de responsabi l i dad l i mi t ada o cooperativa, caso en el cual se abr e
una nueva i nst anci a —denomi nada en la ley sal vat aj e (art. 4 8, ley
24 .522) y que en la práct i ca, t odo el mundo l l ama cramdown— en la cual
t erceros (acreedores o no) pueden formul ar una pr opues t a de acuer do
con los acreedores. Si la pr opuest a de un tercero obt i ene l as mayorí as le-
gales, los dueños de l as acci ones o cuot as de la soci edad concur s ada es-
t án obligados a enaj enar s us part i ci paci ones sociales a favor de ese ter-
cero, por u n preci o que ha sido pr evi ament e est abl eci do dur ant e el
procedi mi ent o del concur so.
d) La quiebra
El otro juicio concur sal regul ado por la ley es la qui ebra, que se de-
cret a a pedi do del mi smo deudor o de un acreedor, o por la frustración
del concur so preventivo.
Su finalidad es l i qui dar t odo el pat ri moni o del deudor par a distri-
bui r su produci do ent r e los acreedores a pr or r at a de s us créditos.
EL PATRIMONIO 423
e) Efecto de la quiebra: el desapoderamiento
El principal efecto de la quiebra es el desapoderamiento del deudor,
quien es privado de la tenencia material de los bienes que conforman su
patrimonio, no pudiendo realizar ningún acto de administración ni de
disposición sobre ellos, pues esos actos resultarían inoponibles a sus
acreedores (art. 109, ley 24 .522). La administración de los bienes, hasta
tanto se produzca la liquidación, es llevada a cabo por el síndico.
El desapoderamiento se extiende a los bienes que el deudor adquie-
ra hasta la rehabilitación; la ley vigente, 24 .522, ha limitado el período
del desapoderamiento, pues el fallido puede pedir su rehabilitación al
año de haberse decretado la quiebra. De este modo, el fallido puede rá-
pidamente reinsertarse en la actividad laboral y productiva.
Pero el desapoderamiento no implica privación de la propiedad de la
que es titular el quebrado. Ésta sólo se transmitirá a los adquirentes de
los bienes cuando se concrete el procedimiento liquidatorio, mediante la
venta judicial de ellos. Hasta tanto el quebrado conserva la propiedad;
tanto es así que si la quiebra se levanta (por pago, por avenimiento con
los acreedores, por acuerdo resolutorio), el quebrado recupera la tenen-
cia de los bienes y su administración.
Finalmente, la quiebra y el desapoderamiento tampoco afectan la
capacidad del fallido. Éste es un sujeto capaz, aunque los actos que ce-
lebre sobre los bienes desapoderados serán, como ya se dijo, ineficaces
respecto de los acreedores. Pero como en el caso anterior, si la quiebra
concluye, esos actos serán válidos y eficaces, obligando al ex fallido a su
cumplimiento (v. supra, n
Q
381).
f) Bienes excluidos del desapoderamiento. Remisión
Ciertos bienes están excluidos del desapoderamiento. Lo veremos
en el número siguiente.
1052. BIENES EXCLUIDOS DE LA AGRESIÓN DE LOS ACREEDORES
a) Principio general
El deudor responde con todos sus bienes, lo que llevado hasta sus
últimas consecuencias sería más grave que la prisión por deudas; la
muerte por desnutrición y desnudez del deudor (De Castro).
De allí que en realidad no todos los bienes del deudor responden por
sus deudas, pues existe un extenso catálogo de bienes que están exclui-
dos de la agresión de los acreedores, respondiendo a criterios humanita-
rios y, a veces, a la protección de la familia del deudor (caso de la protec-
ción de la vivienda familiar en el bien de familia).
Más aún, la idea se ha extendido y no sólo se preserva aquello inne-
cesario de manera indispensable para la vida, sino también lo que es ra-
zonable tener de acuerdo con un nivel medio de vida (v. infra, este número,
ap. c]).
424
JULIO CESAR RIVERA
b) Reglas generales
Al gunas leyes especi al es h a n det er mi nado la i nembargabi l i dad de
ciertos bi enes:
— el crédito por al i ment os (art. 37 4 );
— el lecho cotidiano del deudor, su familiay s us hijos, l as ropas y mue-
bles de su i ndi spensabl e uso, los i nst rument os necesarios par a su profe-
sión, art e u oficio (ley 12. 296, modificatoria de los ar t s. 387 8 y 3883);
— los suel dos y sal ari os sólo son embargabl es has t a el 20%, salvo
que l as deudas t engan caus a en obligaciones al i ment ari as;
— l as j ubi l aci ones y pensi ones son t ot al ment e i nembar gabl es, salvo
t ambi én que l as deudas de que se t r at e t engan su caus a en obligaciones
al i ment ari as;
— l as i ndemni zaci ones por acci dent e de trabajo, despi do y falta de
preaviso;
— el bi en de familia const i t ui do conforme a la ley 14 . 394 ;
— los muebl es y útiles domésticos del agricultor, y s us i nst r ument os,
útiles y ani mal es de l abr anza (ley 11.17 0).
c) Regla del Código Procesal
El art í cul o 319 del Código Procesal di spone la i nembargabi l i dad de
los bi enes de i ndi spensabl e us o del deudor.
De acuer do con ello, la j ur i spr udenci a ha sost eni do que el caráct er
de i ndi spensabi l i dad est á det er mi nado por el dest i no del bi en de que se
t rat e en conjugación con el nivel medio de vida al canzado por la comu-
ni dad. Si bi en est e módul o de apreci aci ón debe, necesar i ament e, excluir
aquello que es mero lujo o recreo, no puede det er mi nar der echament e la
embargabi l i dad de bi enes que, si bi en no son i mpresci ndi bl es, at añen a
l as exigencias comuni t ar i as pri mordi al es acerca de la posibilidad de de-
senvolverse en la vida moderna, ya —verbigracia— por el ahorro de inver-
sión de t i empo que posibilitan, ya porque proporci onan u n mí ni mo bie-
nest ar congr uent e con r azonabl es expect at i vas general es
28
.
Conforme a este criterio, la j ur i spr udenci a ha reconoci do el caráct er
de i nembar gabl es a la hel ader a, el l avarropas, el calefón, el estabilizador
de t ensi ón eléctrica, el apar ador , la cocina, la mes a y l as sillas del come-
dor, la radi o portátil, la máqui na de coser, y otros muebl es; r est ando in-
concl usa la di scusi ón acerca de la embargabi l i dad del televisor
29
.
Por lo demás, t ambi én son inembargables los bi enes indispensables
par a el ejercicio de una profesión u oficio, dentro de los que se incluyen las
herrami ent as de los art esanos, la máqui na de coser del sast r e o la cost u-
rera, la colección de j ur i s pr udenci a del abogado, el sillón del dent i st a.
28
Este criterio ha sido sostenido muchas veces por la CNCom., Sala B, siendo juez de ese
tribunal el Dr. Atllio A. Alterini.
29
Ver notas de jurisprudencia en E.D., 104 - 621: L.L., 1980- C- 618; L.L., 1985- D- 618.
EL PATRIMONIO
425
d) Bienes excluidos del desapoderamiento según la ley 24.522
El artículo 108 de la ley 24 .522 declara excluidos del desapodera-
miento producido por la quiebra, a los siguientes bienes:
— los derechos no patrimoniales, lo que constituye una declaración
innecesaria;
— los bienes inembargables, con lo que se remite a las reglas impues-
tas por las leyes especiales ya comentadas y el catálogo creado por la juris-
prudencia por aplicación del artículo 319 del Código Procesal;
— el usufructo de los bienes de los hijos menores del fallido (con lo
que se aplica la regla del art. 292, Cód. Civil);
— la administración de los bienes propios del cónyuge, pues éstos
no responden por las deudas del cónyuge quebrado;
— las indemnizaciones que correspondan al fallido por daño a su
persona física o agravio moral, pues ellas ingresan al patrimonio para re
parar una pérdida sufrida por el deudor quebrado.