I. De la “Rei vindicatio.


La rei vindicatio es la principal acción in rem, porque es la sanción del derecho más completo que se
pueda tener sobre una cosa; el derecho de propiedad. Gracias a esta acción, un propietario desposeído.
puede hacer valer contra todo detentador su derecho de propiedad para obtener la restitución de la cosa
que le fue quitada.

Ejercicio de la “rei vindicatio”

1.- Del objeto.-La rei vindicatio siendo la afirmación del derecho de propiedad, sólo puede
tener por objeto cosas susceptibles de propiedad privada, muebles o inmuebles.
(1). Pero ésta es una acción especial que sólo se aplica a las cosas consideradas a titulo particular, y no
a las universalidades. Aquel que reclama un patrimonio o una cuota-parte de patrimonio se considera
heredero y debe ejercitar la petición de herencia. En fin, el objeto de la rei vindicatio debe determinarse
perfectamente, porque la intentio precisa de una manera muy clara la pretensión demandante: Si paret
fundum Cornelianum u hominen Stichum ex jure quiritium A. Agerii esse. Bajo esta condición se puede
reclamar hasta una parte indivisa.
2.- De los papeles del demandante y demandado: Es demandante aquel que afirma su propiedad
sobre una cosa de la cual tienen otro la posesión. La perdida de la posesión constituye precisamente el
ataque de su derecho y de su interés en obrar.

La rei vindicatio podía ejercitarse:
A) Contra aquel que posee. Poco importa que sea un verdadero poseedor o un simple detentador, como
un locatario o un depositario; era, por lo menos, la solución que había prevalecido. Pero el detonador
podía desviar de él la persecución designando la persona por cuenta de la cual detenía la cosa.

B) Contra aquel que hubiese dejado de poseer por dolo, es decir, que se hubiese desembarazado por
dolo de la cosa, haciéndola pasar a manos de un tercero. Esta regla se restableció por el senadoconsulto
Juventiano, dado bajo Adriano a propósito de la petición de herencia, extendiéndose después en seguida
a la rei vindicatio.

C) Contra el poseedor ficticio, fictus posseasor; éste es quien, no poseyendo, se hace pasar
fraudulentamente como poseedor, asumiendo el papel de demandado. Esta maniobra no impide que sea
condenado, y que el verdadero poseedor quede aún responsable de la rei vindicatio.

Estas reglas, según las cuales están fijados los papeles de demandante y demandado, pueden ser
modificadas por circunstancias especiales, siendo en efecto muy difícil la prueba que incumbe al
demandante. Aquel que está desposeído y reducido a ejercitar la rei vindicatio, tiene gran interés en
usar los recursos que le ofrece el Derecho, para volver a tomar, si puede, su posesión. Entonces sostiene
a la defensiva, y es el adversario, si persiste en la lucha, quien debe hacer el papel de demandante.
Estos modos de acción eran muy numerosos:
I) El propietario, en primer lugar, puede empeñar el debate a lo posesorio. Si el interdicto se
pronuncia en su favor, le queda asegurado, con la posesión el papel de demandado.
II) Si el poseedor atacado niega su posesión, está obligado a transferirla al demandante.
III) En fin, sabemos que el demandado debe establecer la caución judicatum solvi. Si la rehusa,
el demandante puede ofrecerla en su lugar y obtener la posesión: el magistrado se la concede
por un interdicto llamado quem fundum.



De la prueba: El demandante afirma su derecho de propiedad; debe entonces justificar su pretensión
demostrando que era propietario en el día de la litis-contestatio. Poco importa que después hubiese
dejado de serlo; no triunfará menos, porque es en este momento al que debe trasladarse el juez para
saber si la intentio de la formula estaba ya verificada. A fin de establecer su derecho de propiedad,
debía el demandante demostrar que había adquirido la cosa de una persona que era verdadero
propietario, lo cual implicaba que esta persona la había adquirido ella misma del propietario. De esta
manera se encadenaban las pruebas, y se hubiese llegado a una enorme imposibilidad, a no tener el
recurso de la usucapión. Gracias a esta institución, se simplificaba la tarea del demandante, pues le era
suficiente probar que había poseído la cosa, en virtud de un justo título, durante el tiempo requerido
para usucapir. Si hubiese sido desposeído antes de la terminación de este plazo, podía ejercitar la rei
vindicatio en lugar de la acción publicana. En cuanto al demandado, no tiene mas que combatir las
alegaciones de su adversario. No tiene necesidad para triunfar de demostrar que es propietario, pues
queda absuelto por la sola razón de no haber podido el demandante justificar su pretensión.

Efectos de la rei vindicatio: Como en toda ación arbitraria, el juez debe declarar lo primero de qué
parte está el derecho, y sacar después las consecuencias de esta declaración.

Si es desfavorable para el demandante, debe ser absuelto el demandado. Pero si es el demandante quien
gana el proceso, el juez, antes de pronunciar una condena pecuniaria contra el demandado, fija en
virtud de su poder (arbitrarium,) las restituciones que debe operar, dándole orden de ejecutarlas
(jussus.)

Estas restituciones comprenden la cosa reclamada con todos sus accesorios, cum umni causa. En cuanto
a los frutos, son necesarias algunas distinciones:

A) Antes de la litis-contestatio, el poseedor de buena fe guarda, en Derecho clásico, todos los frutos
que haya hecho suyos, separatione. Pero bajo Justiniano no se beneficiaba más que en los frutos que
hubiese consumido, debiendo devolver los que naturalmente conservara. En cuanto al poseedor de mala
fe, es responsable de todos los frutos que haya percibido, consumidos o no consumidos. Pero hasta el
tiempo del Bajo Imperio, el demandante no pudo obtenerlos en la instancia de reivindicación de la cosa
que los ha producido, pues no podía reclamarlos nada más que por una acción distinta: la rei vindicatio,
existiendo naturalmente en manos del poseedor; y la condictio ob injustam causam, habiendo sido
consumidos o enajenados. Fue en el año 369 cuando una constitución de Valentiniano y Valente, daba
al juez del proceso en reivindicación de la cosa principal el poder de comprender los frutos en las
restituciones a operar por el demandado.

El demandante conservaba, sin embargo, el derecho de reclamarlos por una acción especial. La misma
constitución obliga al poseedor de mala fe a devolver, con los frutos percibidos, el valor de los que
hubiese descuidado de percibir. Estas soluciones subsistieron en el Derecho de Justiniano.

Después de la litis contestatio, el poseedor de mala fe debe cuenta de todos los frutos que haya
percibido o que hubiese descuidado en percibir.

El poseedor de buena fe es tratado de la misma manera; y no es porque haya que considerarle como de
mala fe, desde la litis contestatio, puesto que puede estar convencido de su buen derecho; pero es una
consecuencia del principio, según el cual el demandante debe ser colocado en la situación donde estaría
si la sentencia se hubiese dado en el día de la litis contestatio. El importe de las restituciones puede
disminuirse en razón de los gastos que el poseedor hubiese hecho por la cosa reivindicada. Todo
poseedor tiene derecho a la deducción de los gastos habidos para la producción de los frutos.
En cuanto a las mejoras de otra naturaleza. se concedía el mismo favor al poseedor de buena fe para las
que hubiesen sido útiles o necesarias; pero el poseedor de mala fe sólo le disfrutaba para los gastos
necesarios. El demandado debe hacer insertar la excepción de dolo en la fórmula de la rei vindicatio,
para que el juez tenga el poder de tener cuenta de los gastos; esto, según la equidad, debe de hacerlo
deduciendo, según los casos, bien el gasto, o bien la plus valía.

Después de haber fijado las restituciones, el juez ordena al demandado de ejecutarlas, y suministrar si
ha lugar la caución de dolo o de persequendo servo. Cuando el demandado solicita de buena fe un
plazo, debe obtenerle, con tal que dé caución de pagar el valor
del litigio si no restituye en el plazo fijado.

Como consecuencia del jussus, pueden presentarse 3 hipótesis:

I) El demandado obedece bien inmediatamente o bien en el termino que se le haya concedido; el juez
pronuncia entonces en su favor una sentencia de absolución.

II) El demandado está en la imposibilidad de restituir, porque la cosa haya perecido por caso fortuito,
desde la litis-contestatio;; entonces debe ser también absuelto, aunque, sin embargo,
estando en demora, es responsable de la perdida, y debe ser condenado.

III) En fin, el demandado no obedece a la orden del juez, bien sea por mala voluntad, coniumaesa,
o bien por haberse colocado por dolo o culpa en la imposibilidad de restituir; en este caso debe ser
condenado.

El importe de la condena, que es pecuniaria, se fija con mayor o menor severidad, según el favor que
merezca el demandado:

a) Si no ha obedecido a la orden del juez por mala voluntad, o haber cesado de
poseer por dolo, la condena se valuá por el mismo demandante, con ayuda
del juramentum in litem, que el juez le difiere.

b) Si el demandado ha cesado de poseer por simple falta, es el juez quien estima la condena.

El demandante que ha incurrido en la condena pecuniaria, y ha pagado el importe, se encuentra en
seguida en la misma situación que si, después de haber comprado la cosa reivindicada, hubiese recibido
tradición y pagado el precio.