CRÍTICA Y MALESTAR

Sobre el gran mal que podemos acarrear con nuestras censuras y criticas.

Generalmente, podemos definir la crítica como la creación de juicios positivos o negativos
acerca de una obra artística. Es también con este término que comúnmente designamos la
acción de crear juicios con respecto a una persona, una situación o una cosa. En la concepción
de muchos, la crítica es el medio apropiado para corregir, exhortar y buscar el bienestar de
otra persona; es el medio que nos permite avanzar, progresar y crecer como buenos
ciudadanos. No obstante esta acción definida en un primer momento de manera tan positiva,
puede tomar el carácter contrario. Honestamente, la crítica, lo primero que evoca es el acto
de censurar, la acción de hacer notar los defectos de una persona o una cosa. Por supuesto, es
útil e importante reflexionar en torno a la crítica que sin ningún provecho o buen propósito se
hace, esa crítica que todos, de una u otra manera, hemos hecho. Con el favor de Dios, cada
uno de nosotros termine deseando mejorar en esta actitud.

Es muy común que comentemos lo hecho por otras personas, sus actitudes y sus maneras de
pensar. También es muy común que en tales conversaciones resultemos evidenciando las
fallas y errores que las otras personas puedan realizar y porque, no decirlo, podemos llegar a
convertirnos en expertos a la hora de enumerar los defectos de los demás. No es difícil notar
que con ciertos comentarios y actitudes olvidamos considerar el hecho de que no hay ninguna
falta lo suficientemente grave, como para que nosotros no la podamos cometer. En esta
medida nuestro discurso sobre el prójimo puede llegar a ser hiriente, pesimista y falto de
misericordia. En otras palabras y aunque sea muy triste expresarlo, hablar mal de las otras
personas es algo muy fácil de hacer.

Destruir el buen nombre de otras personas con fines afectivos, económicos, políticos, etc., es
algo que lastimosamente reúne muchos ejemplos a diario. Por esto, surge la imperiosa
necesidad de recordar que es bueno cuidarnos de juzgar, sin conocer apropiadamente la
situación y la vida de las otras personas. La crítica vista desde este punto de vista es la acción
que fomenta la envidia, nos consigue enemigos, nos trae malestar y nos impulsa a realizar una
cantidad de actividades con el fin de agradar a otros, perdiendo así nuestra autenticidad.

La sociedad actual reclama a gritos la prudencia que hace verdaderos sabios, el interés por el
otro y la búsqueda sincera del bien común, contribuyendo al menos, con no crear dificultades
a partir de nuestros comentarios, generando división en una comunidad y el malestar en una
persona. Con franqueza debemos reconocer, que es mucho lo que no conocemos de una
persona y por tanto, no tenemos ningún derecho a juzgar. Debemos en honor a la verdad,
respetar la vida del otro y callar aquello que no nos consta y que además solo trae como
consecuencia el descredito del prójimo. Sólo en ese momento podremos acoger
verdaderamente a nuestro hermano, estimar a los otros por lo que son y no por lo que
deseamos que sean. Sólo en ese momento encontraremos sentido en lo que hacen nuestros
hermanos y de la misma manera en nuestras propias acciones. Solo hasta entonces,
acogeremos la enseñanza del maestro del amor, que nos ha indicado que de la misma manera
en que juzguemos, seremos juzgados. (cf. Mt 7, 1-2)



Juvenal Casallas León