Módulo3

Oferta Pública de
Títulos – Mercado
de Capitales






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Títulos de crédito


15.1- Nociones preliminares
Terminología y conceptualización
Se han ensayado distintas denominaciones para la materia que nos trae a
estudio, ninguna exenta de críticas, no obstante las utilizaremos como
sinónimos a lo largo del presente trabajo.
Así es que se los puede llamar:
 1) Títulos valores: Denominación amplia que permite la inclusión de
documentos que representando valores, exceden el campo de
estudio de esta materia, pues abarca documentos que no le son
aplicables sus normas.
 2) Títulos de crédito: Denominación, que peca por su estrechez, ya
que al referirse a los títulos cuyo contenido es un crédito dejan
afuera a otros documentos a los que son aplicables las normas de
esta materia, Vgr. Acciones de S.A.
 3) Títulos circulatorios: Es la denominación que más se adecua a la
materia y hace referencia como nos señala Escuti “al fenómeno de
la circulación como elemento sustentador de sus caracteres,
denominador común de todos sus los instrumentos regidos por esta
materia.”

Antecedentes históricos
Los títulos circulatorios, como elementos imprescindibles de las economías
contemporáneas, han ido evolucionando en función al ritmo del derecho
comercial. Esbozando sus primeras líneas junto con el florecimiento del
comercio internacional, y la necesidad de dar certeza y celeridad a las
operaciones comerciales.
En la edad moderna, con la formación del burgo, se perfila un nuevo tipo
de actividad que, originariamente, tiene un campo de actuación que no
trasciende la propia ciudad, cuyo tráfico era satisfecho primero con el canje
y luego con la moneda que se acuñaba en el sus limitadas fronteras.




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Luego con el nacimiento de las ferias entre mercaderes de distintas
localidades surgen dificultades cambiarias. A medida que se incrementa el
intercambio, surge la necesidad de solucionar los problemas cambiarios.
Primero aparece el cambista, comerciante dedicado a solucionar el
problema del cambio. Luego se comienza a hacer cambio trayecticio, es
decir, el cambista recibía una moneda en un lugar y entregaba otro tipo de
moneda en otra localidad.
De este modo aparece el contrato de cambio, en el que el cambista asumía
la obligación de pagar o hacer pagar en otra localidad, a la persona que lo
contrataba (tradens) o a quien ésta indicara una suma de dinero en
cantidad equivalente a la recibida.
En los primeros tiempos, el contrato de cambio se celebraba en forma
notarial y se asimilaba a una confesión judicial, por lo que su valor era
indiscutible. El cambista posteriormente entregaba una carta al tradens
dirigida a su agente que residía en el lugar de pago para que en su
representación cumpliera la prestación pactada.
De la fusión del acto notarial y la misiva o con la superación de la redacción
notarial, nació la letra de cambio. Pero el constante y vertiginoso progreso
del comercio generó otra necesidad, la posibilidad de transmitir el título,
por lo que primero con la utilización del mandato nace el endoso,
considerándose que cada endoso equivalía a un nuevo nombramiento.
Los fundamentos teóricos de los institutos cambiarios nacen muchos años
después, recién en el S. XIX con la aparición de la obra el derecho de
cambio en el siglo XIX de Karl Einer.

15.1.1- Títulos circulatorios - Concepto
– Elemento real y personal
El Título de crédito o títulos circulatorios son, a decir de Vivante
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“el
documento necesario para ejercer el derecho literal y autónomo contenido
en él”.
Esta definición nos identifica claramente los dos elementos de los títulos
circulatorios, el elemento real, es decir el documento, “cosa”, como
soporte de la manifestación de voluntad.
Y el elemento personal que es la manifestación de voluntad,
incondicionada e irrevocable de carácter constitutivo y con al alcance

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Tratado di dirittocommerciale, Vol. III, Pág. 154




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patrimonial, mediante la cual el librador se coloca en una posición de
obligado cambiario ante quien resulte portador legítimo del documento, el
que, tal como la definición lo indica, se independiza del acto que le dio
origen (autónomo) y se atiene al contenido exacto de su literalidad. Estos
caracteres los analizaremos más adelante.

Literalidad
El primer carácter de estos títulos circulatorios es su literalidad. Esta
literalidad implica que el derecho contenido en el título no es ni mayor ni
menor, ni puede ser condicionado en ningún aspecto más allá de lo que su
literalidad dice.
En el título de crédito se encuentra instrumentado un derecho y como todo
derecho tiene como contrapartida un obligado, por lo que los caracteres de
los títulos circulatorios siempre deben analizarse desde la doble
perspectiva, la del acreedor y la del obligado.
Esta literalidad garantiza, por un lado al deudor, que dicho instrumento no
generará un reclamo superior al que surja de su tenor literal, ni podrá
oponer circunstancia alguna que no surja del mismo título y por otro lado,
para el acreedor, implica la garantía que el deudor no podrá oponer
ninguna defensa mas allá del contenido literal del mismo título.
La literalidad a “contrario sensu” significa dejar afuera de la acción cartular
a toda convención que hayan realizado las partes y que no surja del tenor
literal del documento (por ejemplo si las partes pactaron un pago en
cuotas del crédito contenido en el y no surge del documento, no será
oponible a un tercero que haya recibido el mismo en virtud de su carácter
circulatorio, aún cuando el acreedor acompañe un contrato que diga lo
contrario).

Incorporación
La incorporación implica que lo esencial pasa a ser el título como cosa,
dejando de lado el derecho en el contenido. En palabras simples, quien
posea el título posee el derecho. Derecho y titulo pasan a ser una misma
cosa.
A los fines de una comprensión más acabada citaremos un ejemplo.
Imaginemos que una persona recibe en pago un cheque al portador, que
extravía el cheque y lo presenta al cobro un tercero.




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Este tercero, como poseedor del título cobra la acreencia y quien era
acreedor pierde todo derecho al pago, ya que el derecho quedó
incorporado en el título, pérdida que fuera la posesión del mismo, se
pierde el derecho también.
El derecho quedó adherido al título, sin título, no hay derecho. En virtud de
la función económica de los títulos valores, que es justamente la
circulación de la riqueza de manera rápida y segura, el derecho (contenido
en el título) se incorpora en el mismo (cosa) y pasa a regirse por el régimen
general de las cosas muebles (art. 2412 C.C.) la posesión de buena fe de
una cosa mueble, crea a favor del poseedor la presunción de tener la
propiedad de ella. En el caso de los títulos circulatorios incluso es
indiferente que sea robado o perdido.

Legitimación
La legitimación es la situación jurídica del sujeto habilitado para ejercer
todos los derechos sobre el título y los que devienen de su posesión
(legitimación activa) o para liberarse cumpliendo la prestación debida al
legitimado activo (legitimación pasiva).
Desde el punto de vista activo, la legitimación nos da la facultad de ejercer
el derecho contenido en el documento o transmitir regularmente el
documento (siempre conforme a la ley de circulación del título que se
trate).
En materia cartular de más esta decir que la legitimación activa siempre y
en todos los casos viene de la mano de la posesión del titulo, sin posesión
no hay legitimación.
Es necesario distinguir en este punto lo que es legitimación de lo que es
titularidad. La legitimación, tal como fue definida es la situación jurídica del
sujeto habilitado para ejercer todos los derechos sobre el título. Pero el
legitimado activo, no necesariamente es el titular del derecho contenido en
él.
La posesión del documento, según la ley de circulación, habilita al poseedor
a ejercer el derecho contenido en él, sea o no titular, por lo que el titular
del derecho que no posee el título, carece de legitimación, aún cuando
tenga titularidad. No obstante, los títulos son “a la orden” exigen además la
materialización del endoso de quien resulta titular del derecho.






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Autonomía
La autonomía es la característica de los títulos de crédito que hace que
cada adquisición del título y por ende del derecho incorporado en él,
quede desvinculada de las relaciones existentes entre el deudor y los
poseedores anteriores. Es así que cada nuevo adquirente del título de
crédito recibe un derecho que le es propio, autónomo, sin vínculo alguno
con el derecho que tenía el que se lo transmitió.
Es por eso que cada poseedor adquiere el título ex novo, es decir, como si
lo fuera originariamente; la relación jurídica que originó la emisión del
título circulatorio es irrelevante para el tercero adquirente de buena fe.
Llevado al terreno práctico, por ejemplo, si una persona adquiere un bien y
entrega un pagaré a los fines de imputarlo al pago del mismo y después no
le entregan el bien que compró y un tercero poseedor del título de buena
fe, presenta el documento al cobro. El deudor no podrá excusarse de
pagarlo aduciendo defensa alguna en relación al contrato originario, toda
vez que el título de crédito es autónomo y se independiza de la relación
que le dio origen. No obstante, la autonomía recién cobra plena vigencia a
partir de la primera transferencia posterior a la emisión del documento y
siempre a favor de terceros de buena fe.

15.2- Clasificación
1. Privados y públicos
2. Individuales y en serie
3. Representativos de dinero y prestaciones de otra naturaleza 4. Al
portador, a la orden y nominativos
Según los requisitos para su circulación se clasifican en:
 a- Al portador: La sola posesión del documento legitima para el
ejercicio de los derechos cartulares.
 b- A la orden: emitido a favor de determinada persona y pagadero a
ella misma o a quien tenga la posesión, y aparezca como
beneficiario de un endoso.
 c- Nominativo: puede ser endosable o no endosable. Para la
transmisión del primero es necesario un endoso y la inscripción en
un registro destinado a tales fines. El nominativo no endosable, sólo
puede ser transferido mediante la cesión de créditos.




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5. Causales y abstractos
La causa del título es la relación jurídica fundamental originaria,
subyacente que determina a las partes a que la objetivicen en el
documento, determinando su libramiento o circulación.
 Títulos causales: son aquellos que nunca pierden vinculación con la
causa que les dio origen. En ellos la relación causal es oponible a
todos los portadores del instrumento. Son ejemplo de ellos las
acciones, los debentures, los títulos públicos, etc. Para que el
documento produzca efectos jurídicos, su causa no debe estar
afectada por ningún vicio.
 Títulos abstractos: son aquellos en que la ley les da validez con
prescindencia de la causa que les dio origen a los fines de favorecer
la celeridad y seguridad en el comercio. En este tipo de
documentos incluso ni siquiera es necesario que exista la causa. Por
ejemplo un documento suscripto en el marco de una broma o a los
fines de dar un ejemplo. No obstante, la abstracción protege la
circulación, por lo que la causa, aún cuando se trate de títulos
abstractos, si es oponible entre las partes que dieron origen al
instrumento.
6. Diferencia entre abstracción y autonomía
La abstracción y la autonomía son cuestiones que no pueden confundirse.
La primera desvincula el documento de la relación causal y,
consecuentemente no puede serle opuesta al tercero portador las
excepciones originadas en ella. (Vgr. Excepción de incumplimiento de
contrato bilateral). La autonomía implica la existencia de un derecho
originario, desvinculado de la posición jurídica de sus anteriores
portadores, y por ende, al tenedor legitimado no se le pueden oponer las
excepciones que se tenía contra los anteriores tenedores del título.
Todo ello sin perjuicio de las posibles excepciones fondales que surjan de la
configuración de la relación que le dio base. Ejemplo: si un tenedor del
título era garante del contrato de compra venta que originó el título.
7. Formales y no formales
La formalidad es el conjunto de solemnidades exigidas por la ley para darle
validez a un acto jurídico. Por ello serán formales los títulos en que la ley
exige el cumplimiento de formalidades, como escritura, denominación,
menciones textuales, etc. Ejemplo de ello es la letra de cambio.
En los títulos no formales no se requiere el cumplimiento de solemnidades
taxativamente establecidas por la ley.





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8. Completos e incompletos
El criterio de esta clasificación es el hecho de que el título sea
autosuficiente o no.
 Así es que título completo es el que contiene todos los elementos
necesarios para su conformación cambiaria. Esto debe diferenciarse
de aquellas circunstancias en que los títulos están incompletos, ya
que no se han completado todos sus datos y posteriormente se
llenan antes del ejercicio de los derechos (ejemplo documentos en
blanco). Son títulos completos la letra de cambio, el pagaré, etc.
 Títulos incompletos son aquellos que su literalidad nos remite a
elementos extracartulares, que completan la totalidad de los
derechos y obligaciones. Ejemplo de ello es la acción.

15.2.1- Relaciones entre literalidad, formalidad y
completividad
La literalidad implica que la existencia, medida y valor del derecho
incorporado en el título debe surgir de manera clara de su literalidad,
prescindiéndose a la hora de interpretarlo de toda consideración
extracartular, ya sea la intensión del autor o documentación.
La completividadsignifica que el título debe tener todos los elementos
constitutivos de la obligación, resultando inoponible cualquier elemento
ajeno a él. Lo que no está en el título no está en el mundo.
El formalismo implica la exigencia de determinados requisitos formales a
los fines de su validez. Por lo que la falta de alguno de los elementos
formales exigidos por la ley lo torna inhábil como título de crédito sin
perjuicio de tener valor como obligación simple y en consecuencia tenga
sólo valor probatorio.
En los títulos abstractos y a los fines de dar mayor celeridad y seguridad al
tráfico comercial los caracteres de literalidad, completividad y formalismo
se encuentran más acentuados.






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15.3- Problemas teóricos sobre las
relaciones cambiarias
Naturaleza jurídica de la obligación cambiaria
La doctrina ha desarrollado numerosos argumentos para dar fundamento
jurídico a las obligaciones emergentes de la letra de cambio, argumentos
que son extensibles al resto de las obligaciones cartulares.
Los primeros desarrollos teóricos al respecto fueron netamente
contractualistas. Buscaban su justificación en función de una serie de
contratos (compraventa, cesión de créditos, delegación, etc.), al igual que
la naturaleza jurídica de la posición de los distintos obligados cartulares. No
obstante dichas corrientes ya han sido superadas, por lo que no
entraremos en su análisis.
Fue determinante a los fines de la superación de estas corrientes el aporte
que hizo EINERT quien decía que:
a) “la letra es el papel moneda de los comerciantes, quienes en ese
sentido actual igual que el Estado sin ninguna reserva ni posibilidad de
impugnar el valor.
b) el título no es un simple documento probatorio, pues es el soporte
de la promesa irrevocable.
c) la letra de cambio opera separadamente respecto de la relación
fundamental.
d) La obligación cambiaria tiene su fundamento en una promesa
unilateral dirigida al público”.

Teoría de la Voluntad unilateral: Adoptado por un importante sector de la
doctrina italiana (Rocco, Navarrini, Mesineo) sostenía que el fundamento
jurídico de la obligación cambiaria encontraba base en el compromiso que
asume el librador por su sola voluntad de pagar el título valor a persona no
determinada pero determinable. Explicando de esta manera la obligación
del librador respecto de un tercero tenedor de buena fe con quien no ha
tenido vínculo alguno.
Esta teoría explica satisfactoriamente el aspecto pasivo de la obligación, no
obstante no da cabida al título creado sin voluntad de obligarse (Ej. Broma
o error).




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Teoría de la apariencia: Desarrollada por Jacobi, Bolaffio y Mossa intenta
superar las deficiencias de la teoría de la voluntad y sostiene que la Funes
de la obligación cambiaria no se encuentra en la voluntad del librador sino
en la apariencia jurídica de una declaración de voluntad válida. Así el sólo
hecho de haberse creado un título con las formas exigidas por la ley hace
que el suscriptor quede obligado cambiariamente.
Toda la teoría se desarrolla sobre la base de dos postulados: 1.- la
prescindencia de la voluntad de obligarse cambiariamente en el acto de
firmar el título. 2.- la fuerza creadora que se acuerda a la apariencia
emergente del documento, en aras de la protección de terceros.
Se cuestiona a esta teoría el hecho de darle valor nulo al acto de voluntad
creadora, ya que si bien la falta de voluntad de obligarse cambiariamente
no es fundamento para repeler la acción emergente de ellos frente al
tercero tenedor de buena fe. Si es necesario un mínimo de voluntad, al
menos aquella dirigida a la incorporación de la firma (no es importante
desconocer qué se está firmando o si se hizo en broma, pero sí el hecho de
haber querido firmar.)
Es por eso que Yadarola afirma que la obligación cambiaria nace en virtud
del acto voluntario del obligado por el cual crea la letra o facilita su
creación (ej. Firma en blanco), sin necesidad que su intensión esté dirigida
a generar un vínculo obligacional, siempre que un tercero esté en aptitud
de ejercer ese derecho.
Momento en que se perfecciona el acto cambiario
Existen dos grandes teorías (entre otras) al respecto, en directa relación
con las posturas que se asuma en con respecto a la naturaleza jurídica de
las mismas, éstas son:
1) La doctrina de la creación (Ascarelli y Ferrara) sostiene que la obligación
cambiaria surge con la firma del documento prescindiendo de que la letra
salga o no del ámbito del librador.
2) La teoría de la emisión (Rocco), que sostiene que la obligación cambiaria
no surge con el libramiento sino que recién se perfecciona con la entrega a
un tercero.
La teoría de la creación aparece como la más acertada, ya que explica que
aún cuando el título no haya sido entregado, como puede ser el caso del
robo, no se afecten los derechos del tercero de buena fe.







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Legislación cambiaria
Sistemas legislativos
En el transcurso del Siglo XIX se delinearon tres sistemas legislativos:
a- el sistema del antiguo Código de Comercio Francés en el que la letra
conserva plenamente su carácter causal.
b- el sistema germano que se consagra a la letra como un título literal,
autónomo, formal y abstracto. Sistema adoptado por la Convención de
Ginebra y en líneas generales por la legislación argentina.
c- el sistema anglosajón que considera a la letra como un documento
probatorio de un convenio (no admite la abstracción y puede estar sujeta a
condición).

Tendencias a la unificación
La letra tiene un carácter netamente internacional, es por ello que las
necesidades del comercio internacional exigen la unificación en su
regulación.
En este rumbo es que desde el año 1863 se ponen de manifiesto la
voluntad de unificar la legislación en la materia. Como resultado de este
intento unificador, en el año 1873 de dictaron las veintisiete reglas
conocidas como “Reglas de Bremen” que fijaron las bases para la
unificación cambiaria y sentaron las reglas sobre las que se aprobó el
primer proyecto de ley uniforme.
En la Conferencia de La Haya de 1910 se confeccionó el “anteproyecto de
una convención sobre la unificación del derecho relativo a la letra de
cambio y de los pagarés a la orden” y el “Anteproyecto de una ley uniforme
sobre la letra de cambio y pagaré”. En la Segunda Conferencia de La Haya
(1912) se trabajó sobre los resultados de la primera conferencia.
En 1930 se convocó a una conferencia en Ginebra decisiva en el camino de
la evolución de la unificación legislativa en la que se aprobaron:
1) Una Convención que contenía la ley uniforme sobre letra de cambio y
pagaré y las reservas de los Estados.
2) Una Convención destinada a regular ciertos conflictos de leyes en
materia de letra de cambio y pagarés.
3) Una Convención relativa al derecho de timbre en materia de letras de
cambio y pagarés.




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Este importantísimo intento de unificación legislativa, sin embargo, no tuvo
los resultados esperados debido a la cantidad de reservas. La mayoría de
las legislaciones se han dictado con arreglo a ellas pero no se ha logrado la
tan buscada unificación legislativa.

Legislación argentina
Nuestro Código de comercio de 1962 siguió la ordenanza Alemana,
reconociendo a los títulos valores la mayoría de los caracteres modernos,
pero no se encontraba sistematizado, sino que legisló en particular.
En el año 1963 se introdujeron modificaciones al Código de Comercio a
través del decreto 5965/63 que reguló las relaciones derivadas de la letra
de cambio siguiendo la Ley Uniforme de Ginebra.
15.4- Caracteres de los títulos de
crédito en la legislación argentina
1. Autonomía
Como lo he expresado, autonomía significa que cada adquisición del título
y, en consecuencia del derecho incorporado en él es ajena a las relaciones
personales que ligaban al anterior poseedor con el deudor.
2. Independencia
Es un carácter demostrativo de la autonomía e implica que cada deudor
tiene una obligación originaria y por tanto la falta de validez de alguna de
las firmas en el instrumento no priva de eficacia al documento contra los
restantes firmantes.
3. Literalidad
Significa que la cantidad, calidad y contenido del derecho incorporado se
delimita exclusivamente por lo que se menciona en el documento.
4. Formalidad
Los títulos de crédito abstractos están envueltos de un cierto formalismo
como forma de proteger la seguridad y la celeridad que debe tener el
tráfico. El formalismo se manifiesta fundamentalmente en el acto de
configuración del título que debe contener determinadas menciones
esenciales, que normalmente se identifican como requisitos formales.
Un vicio formal afecta la validez del título.




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Un vicio sustancial (ej. Incapacidad) sólo afecta al que la sufre y no afecta la
validez del título.
La firma hace nacer el título y crea la obligación cartular.
Depende la ubicación de la firma es la posición del obligado cambiario (Vgr.
anverso es deudor o fiador y en el reverso es endoso).
5. Completividad
Significa que el título debe bastarse a si mismo, ser autosuficiente y
contener todas las relaciones y todos los derechos emergentes de él, sin
referencia alguna a otros documentos (la completividad es la literalidad
llevada a su máxima expresión).
Constituye una excepción el aval por documento separado.
6.- Legitimación
La legitimación para el ejercicio del derecho mencionado en el título es la
habilitación formal para exigir el cumplimiento de los derechos
incorporados o para transmitir legítimamente el documento. Tanto la letra
como el pagaré son transmisibles por un acto cambiario denominado
endoso, que es de carácter incondicional y no puede ser parcial.
En los títulos cambiarios “no a la orden” sólo pueden ser transmitidos con
los efectos de la cesión ordinaria.
7. Abstracción
Es la desvinculación del documento respecto de la relación causal, más aún
carece de importancia si la obligación tiene o no causa.
8. Incondicionalidad
La promesa contenida en el cheque, la letra y el pagaré debe ser
incondicionada, al igual que los avales y endosos.
9. Solidaridad
Todos los que intervienen en la circulación de los títulos cambiarios quedan
solidariamente obligados respecto del portador. Y se van convirtiendo en
tales en forma sucesiva, todos prometen la misma cosa, aunque con causas
diferentes.
Los adquirentes sucesivos, conforme la ley de circulación, se convierten en
obligados al pago siempre y cuando hayan transferido el título como
endosantes.




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No obstante en el derecho cambiario, sólo se extingue la obligación cuando
paga el obligado principal que es el librador. Entre sujetos que ocupan la
misma situación cartular no existe acción y sus relaciones se rigen por las
disposiciones de la solidaridad común (coendosantes, coavalistas).
Los demás obligados que, al abonar el título, cumplen la prestación debida,
no sólo no liberan a los anteriores y al obligado directo, sino que tienen
acción cambiaria contra todos ellos.
No son obligados cambiarios los que reciben el título por endoso en blanco
y lo transfieren mediante simple tradición o lo completan a nombre de otra
persona.