ADOLESCENCIA Y EDUCACION EN LOS INDIGENAS

Por Carlos Martínez Sarasola
Identidad y convergencias
A lo largo de nuestra historia, los indígenas han sido uno de los
componentes poblacionales -por otro lado el originario, el primero en estas
tierras- más perseguidos y discriminados, lo que ha influido notablemente
en su situación general, su salud y su identidad. Sin embargo y a pesar de
los atropellos sufridos, los indígenas han resistido.
Una de las claves ha sido sin dudas el sostenerse a si mismos en su
identidad, la que han preservado a lo largo de siglos. Hoy los reclamos de
las comunidades giran en torno a esta cuestión. Cuando los indios
reivindican su derecho a la tierra, el derecho a ejercer sus propias formas
de gobierno; el derecho a una educación bilingüe para sus niños y jóvenes;
el derecho a un tratamiento de los temas de salud que tenga en cuenta a su
propia medicina tradicional; cuando reclaman todo esto, están hablando de
su identidad.
Estas reivindicaciones se ponen de manifiesto cada vez con mayor fuerza.
Incluso entre los adolescentes y jóvenes, que hasta hace unos años, tendían
a la emigración desde sus comunidades de origen hacia los ámbitos
urbanos; allí perdían sus valores, generalmente negaban su condición de
indígena y rápidamente “diluían“ su personalidad en lo anónimo colectivo,
desarraigándose definitivamente.
Desde hace un tiempo, -más precisamente desde la década del ochenta, con
el impulso democratizador y un movimiento de recuperación indígena que
se expande por todo el continente- estas tendencias negativas comienzan a
revertirse aunque para nosotros todavía sea imperceptible.
¿Que es lo que está sucediendo? Que aquella revalorización de la identidad,
aquella exteriorización de una visión del mundo y de la vida tan particular,
está también siendo manifestada no sólo por los dirigentes y las
comunidades sino por cada vez más jóvenes del mundo indígena, que
encuentran en sus valores ancestrales la clave de saber quienes son. Este
proceso se está dando incluso entre los jóvenes aborígenes que viven en las
ciudades -el mundo indígena trasciende desde hace mucho tiempo el
tradicional ámbito de la comunidad de origen-. Dicho en otras palabras, los
adolescentes y jóveres indios empiezan a sentir orgullo de pertenecer a las
culturas originarias, dejando de lado la vergüenza y la negación,
sentimientos que no hace mucho tiempo atrás -y que aún se mantienen en
determinados sectores- eran los que prevalecían.
Pero hay una segunda novedad y es que esta recuperación de “lo indigena”
por parte de los propios involucrados y los jóvenes indios se extiende a
otros: los “blancos”, nosotros, que, buscando recuperar valores perdidos por
nuestra sociedad, intentando sortear el mensaje homogeneizador de la
globalización, nos topamos con las culturas indígenas y su sabiduría. Acá se
produce entonces un territorio de encuentro entre ambas culturas, desde
una -la indígena- que recupera sus valores tradicionales y desde otra -la
occidental-que busca una nueva forma de vida que trascienda un modelo de
vida que claramente muestra síntomas de agotamiento.
En ese territorio de encuentro se produce así el intercambio entre la
medicina académica con la medicina tradicional; el encuentro de las nuevas
corrientes en biología como la hipótesis Gaia con la concepciones indígenas
sobre la naturaleza del planeta; el acercamiento entre la moderna
cosmología y la idea del Universo, por mencionar solo algunos ejemplos.
Y en ese territorio de encuentro (en nuestra Fundación hablamos de
“proceso de convergencias”) ¿hay algo en la concepción de la adolescencia
entre los indios que nos sirva ? Si, y sin caer en el “mito del buen salvaje”,
hay una parte de la educación indígena que puede servirnos a todos, no
solamente a los indios, para fortalecer ese espacio de confluencias del que
estoy hablando.

Los siete principios
Las modernas teorias de managment (conducción y desarrollo de recursos
humanos) en las empresas, tienen muchos puntos en común con el proceso
educativo de niños y adolescentes en los grupos indígenas.
A principios de 1999, un consultor de empresas llamado Jorge Hambra
publicó un articulo llamado “Los siete principios sioux”. Para esta cultura
objetivos principales eran la cacería y la defensa. El joven sioux, entre los
doce y catorce años debía convertirse en un cazador y guerrero. Pero antes
cumplía tres etapas: en la primera, de niño, el padre lo proveía de un
pequeño arco y flecha, con los cuales traía en algún momento su primera
presa lo que era objeto de grandes agasajos por su familia; en la segunda
etapa, ya cerca de los diez años, se lo entrenaba con un arco mucho más
grande, con el cual cazaba un venado; ya adolescente, en la tercera etapa,
salía a cazar con las armas verdaderas un bisonte. Si volvía con la presa se
había convertido en un adulto.
Los siete principios son:
- el sentido de finalidad (ninguno de los aprendices desconocía la finalidad
para la que estaba siendo educado)
- la ausencia de acciones avergozantes (la herramienta/arma con la que
aprendían estaba a la altura de sus posibilidades).
- la presencia de un maestro que habilita el aprendizaje.
- el proceso de aprendizaje estructurado en etapas. (resulta más alentador
conocer los objetivos intermedios que un larguisimo camino sin escalas)
- la valoración relativa (todo era valioso:cazar un bisonte o cazar un ratón,
Todo estaba en relación con las capacidades de la persona, evitando una
vez más las humillaciones frente a los más fuertes y experimentados)
- la celebración social de los éxitos personales (todo éxito personal era
considerado un aporte a la tribu como ente colectivo)
- el cuidado de la autoestima del individuo. (evitaban no solo abochornar a
los adolescentes aprendices sino que no se otorgaban premios que no
correspondieran)

La educación en nuestras culturas originarias
Si volvemos la mirada a la educación de los adolescentes en nuestras
culturas originarias, podemos mencionar algunos ejemplos:
- iniciación de la educación después de ciertos rituales específicos. Por
ejemplo la horadación de las orejas de las niñas a los cuatro años entre los
pampas (ceremonia chilquen) y los mapuches (catan cahuin). No reprender
sistemáticamente al niño/jóven para no desanimarlo y no coartar su
iniciativa, muy importante para su futuro como persona (“pampas”).
Tratarlos con dulzura, paciencia y mucho afecto (wichí); algo semejante
ocurre entre los abipones.La enseñanza de la palabra como don, la
importancia del decir, el expresarse (mapuches). Junto a ello, aprender
desde niños los relatos miticos de la comunidad de labios de los mayores.
- el “plan de vida” a partir de ciertas revelaciones (entre los mapuches, el
gran jefe Calfucurá inició su camino luego de encontrar su mágica piedra
azul). Algo similar sucede entre los adolescentes sioux luego de su regreso
de la búsqueda de visiones.
- el respeto por los ancianos, el desprecio por el robo y la envidia, ser
generosos y hospitalarios (guaraníes)
- la observancia de los ritos de pasaje para las niñas: la casa bonita
(tehuelches) el vilchatum (mapuches) y también la construcción de una
casa especial entre los guaraníes.
- el baño como purificación. No solo el baño del recién nacido sino los baños
cotidianos a lo largo de toda la vida. La purificación como costumbre ritual
(“pampas”, tehuelches, guaraníes, abipones)
- pasaje paulatino del mundo adolescente al de los adultos (los niños
chiriguanos eran iniciados en los secretos de la guerra a través de los
juegos; “pampas”, tehuelches y mapuches de 10 a 12 años participaban de
las excursiones de caza y después de los 15 o 16 participaban de los
combates como retaguardia de los guerreros; entre los guaraníes el símbolo
del pasaje a la adultez era la colocación del tembetá)
- elección de sanadores adolescentes por su condición de diferentes
(mapuches)

Conclusión
Existe un hilo conductor en toda la concepción indígena para con los niños y
adolescentes que es la integración de la cosmovisión a la formación de la
persona; es allí adonde se encuentra permanentemente con la sensación de
Totalidad que lo cobija como persona y lo que en definitiva le da sentido; el
refugio de su identidad, el amparo para alguien que todavía tiene en
construcción su personalidad. Este es, en breve síntesis, una parte del
mensaje que los indios tienen para si mismos y para nosotros y
especialmente para los adolescentes que salen a la vida.
http://www.desdeamerica.org.ar/pdf/texto10_ind.htm