R e g i o n e s

y r e l i g i o n e s
e n éxi co
Estudios de la transformación sociorreligiosa
Al be r to He r n án de z / Car o l i n a R i ve r a
coordinadores
I N S T I T U C I O N ES P A R T I C I P A N T ES
El C olegio de la Frontera N orte
C entro de I nvestigaciones y
Estudios S uperiores en
A ntropología S ocial (ciEsA s)
El C olegio de Michoacán
2863
Diseño:
Gidi Estefani Loza T orre
BIBLIOTECA
CES AS
P R OG R AM A N OR ES TE
R e g i o n e s
y r e l i g i o n e s
e n M éxi co
Es tudi o s de l a tr an s fo r maci ón s o ci o r r e l i g i o s a
/2e387 3D
Regiones y religiones en México. Estudios de la transformación sociorreligiosa
P rimera edición, 2009
D.R . O 2009 El C olegio de la Frontera N orte A .C .
C arretera escénica T ijuana-Ensenada, km 18.5, S an A ntonio del Mar
T ijuana, Baja C alifornia, C .P . 22560
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R egiones y religiones en México : estudios de la transformación
sociorreligiosa / A lberto Hernández y C arolina R ivera (coordinadores).
— 1 a ed. — T ijuana : El C olegio de la Frontera N orte ; México, D.F. :
C I ES A S , 2009.
304 p. ; 22 cm.
I S BN : 97 8-607 -47 9-005-4
1. Diversidad religiosa - México. 2. México - R eligión. 3. S ectas
cristianas - México. I . Hernández H., A lberto. I I . R ivera Farfán, C arolina.
BR /610/R 4/2009
D.R . C i 2009 C entro de I nvestigaciones y Estudios S uperiores en A ntropología S ocial
Hidalgo y Matamoros s/n, C ol. C entro
Delegación T lalpan, C .P 14000
México, D.F.
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D.R . © 2009 El C olegio de Michoacán, A .C .
Martínez de N avarrete, 505
C ol. Las fuentes
Zamora, Michoacán, C .P . 59699
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I S BN : 97 8-607 -47 9-005-4
I mpreso en C argraphics S.A.
C oordinación editorial: Érika Moreno P áez
C uidado editorial: T ype
A sistencia editorial y última lectura: Luis Miguel Villa A guirre
Diseño de portada: Gidi Estefani Loza T orre
Fotografías de interiores: Guillermo A rias, T omás Bravo,
A lfonso C araveo, Miguel T ovar y Eduardo Verdugo
R e g i o n e s
y r e l i g i o n e s
e n M éxi co
Estudios de la transformación sociorreligiosa
C oordinado por
A lberto Hernández y C arolina R ivera
r
ill El Co l e g i o
de l a Fr o n te r a
N o r te
EL COLEGIO
DE MICHOACÁN, A. C.
CIELIS
-
Índice
I ntroducción  
P rimera parte
R egiones sureste, golfo y pacífico sur  21
I ntroducción  23
C apítulo I - P luralidad confesional en
el sureste mexicano  25
C apitulo I I - La fe que se expande por
la costa del golfo, que cruza montañas
y pantanos  63
C apítulo O axaca: una diversidad
conflictiva  95
C apítulo I V- C ambios religiosos y
re(li)giones en Guerrrero. 1950-2001  119
S egunda parte
R egión centro  135
I ntroducción  137
C apitulo VI - Variables para comprender
las transformaciones sociorreligiosas de
las regiones indígenas de Hidalgo  157
T ercera parte
R egiones centro norte y centro occidente  17 3
I ntroducción  17 5
C apítulo VI I - De lo monolítico a la diversidad.
El centro norte, una región católica en
disputa  17 9
C apitulo VI I I - La articulación de una región
en torno al catolicismo. El centro occidente
de México  199
C uarta parte
R egiones noreste y noroeste  221
I ntroducción  223
C apítulo I X- T endencias del cambio
religioso en la región norte de México  225
C onsideraciones finales  251
Quinta parte
R egiones de la fe: I mágenes de espacios
y prácticas religiosas del México
contemporáneo  257
I ntroducción  259
C ompilación fotográfica  263
S obre los autores  290
R eferencias Generales  292
7  C apítulo y- Las religiones del altiplano
central de México y sus entornos anexos:
una región de creencia en contienda  139
I ntroc ucción
C arolina R ivera y A lberto Hernández
os trabajos contenidos en el pre-
sentelibro confirman queen las
diferentes regiones deMéxico
la religión y la religiosidad han
 experimentado cambios signifi-
cativos durantelos últimos cincuenta años.
La recomposición del campo social religioso
muestra cómo el cristianismo no católico se
ha extendido con procesos distintos al ca-
tolicismo y, a su vez, cómo la pluralidad co-
menzó a ser un signo distintivo dela realidad
mexicana contemporánea. Sepuedeasegurar
queen tan sólo cinco décadas, pero subraya-
damentedurantelas últimas tres, la religión
junto con los procesos sociales quegenera y
particularmentelos actores quela constitu-
yen, ha desempeñado un activo papel en la
estructuración dela práctica social.
Por ello, las aportaciones quesepresentan
en los siguientes trabajos tienen dos caracte-
rísticas principales: por un lado, exploran las
estructuras y relaciones sociales regionales en
quesedesarrollan los proyectos religiosos; y,
por otro, hay una aproximación a las acciones
delos grupos eindividuos dentro deesa es-
tructura. Ambos enfoques complementarios,
como dos tradiciones clásicas en los estudios
sociales, ofrecen la oportunidad deentender
queel cambio religioso en nuestro continen-
teno es producto exclusivo delas decisiones
tomadas en los imperios einstituciones reli-
giosas, sino quetambién los individuos y los
grupos sociales influyen demanera directa en
dicha transformación.
En esesentido, seidentifica el cambio re-
ligioso dentro deun campo social comple-
jo, el cual contempla la dimensión deredes y
relaciones quevan más allá delos proyectos
religiosos que, a su vez, seengarzan en las es-
tructuras delas relaciones sociales. Dentro de
esta complejidad, para conocer las historias de
la construcción en los campos sociales des-
dela perspectiva regional y local utilizamos
la categoría dela región, esta última como el
instrumento metodológico queposibilita la
comprensión dela realidad.
Sabemos lo difícil queresulta comprender
queuna realidad pueda ser tipificada dema-
nera objetiva y concreta; sin embargo, la pro-
posición y construcción deregiones "ideales",
si sequiereal más puro estilo dela sociología
weberiana, nos permiteotorgar valor heurís-
tico al cual seaproxima en diversos grados la
evidencia empírica.
Una herramienta básica para el análisis
delas preferencias religiosas fueen primera
instancia el censo depoblación delas últi-
mas cinco décadas; pero mayor énfasis sedio
a la construcción social ehistórica delos es-
pacios locales-regionales queseproduceen
marcos específicos y quepermiteobservar
"regularidades dehecho". En esesentido, el
análisis cualitativo delo regional, como es-
cala deestudio einstrumento metodológico,
facilitó una mejor comprensión dela reali-
dad proporcionando marcos dereferencia,
tratando deestablecer una ordenación lógica
dela situación religiosa. Dado nuestro inte-
rés por abarcar las 32entidades federativas
deMéxico la información cualitativa con la
quenos encontramos fuedisímil, irregular y,
en muchos casos, notamos ausencias dees-
tudios quenos proporcionaran la posibilidad
deelaborar capítulos con el mismo nivel de
profundidad en las regiones construidas que
agrupan a un conjunto deentidades. Asi-
mismo reconocemos las limitaciones quelos
censos depoblación ofrecen, como una fuen-
tebásica deinformación, y queen algunos
casos pueden sesgar la riqueza y complejidad
quela realidad otorga.
El dato del censo nos permitió visibili-
dad estadística como un elemento más para
la identificación dela preferencia religiosa de
la población, sobretodo durantelas últimas
cinco décadas en queel catolicismo, como re-
ligión mayoritaria, muestra un descenso im-
portantepara algunas regiones y/o estados
y localidades; a su vez, permitió contabilizar
el aumento y preferencia por otras religio-
nes no católicas. Estedato sevisualiza más
a detalleen 2000, ya quehasta el censo de
1990 la composición del campo religioso era
abordada en cinco categoríasi; sin embargo, la
crecientepluralización decreencias motivó la
ampliación del registro censal para identificar
las distintas líneas y tendencias diferentes al
catolicismo. En 2000 el censo desagregó lo
queantes eran agrupamientos amplios, y aho-
ra seregistra: a) "católica", b) "protestantes y
evangélicas", con una subdivisión interna de
"iglesias históricas" (Presbiteriana, Bautista,
Metodista eIglesia del Nazareno); "pente-
costales" (queincluyea toda la amplia gama
deexpresiones pentecostales) y "otras evangé-
licas"; y c) "bíblicas no evangélicas" (Adven-
tistas del Séptimo Día, Iglesia deJesucristo
delos Santos delos Últimos Días —mor-
mones— y Testigos deJehová). Asimismo,
seincluyeron otras adscripciones religiosas
diferentes al cristianismo (Judaica, Budista,
Islámica, Nativista, Espiritualista) y las tra-
dicionales categorías: "otras religiones", "sin
religión" y "no especificado".
Estenuevo registro ha ayudado, entreotros
aspectos, a identificar con más detallela multi-
plicidad decreencias reconocidas por la pobla-
ción, señalar las zonas geográficas con mayor
pluralidad eidentificar las variaciones tempo-
rales, pero sólo para el censo de2000. Signifi-
ca quea pesar del análisis queel último censo
confiere, carecedeposibilidad decomparación
con los censos anteriores. Según Gutiérrez y
Pérez Márquez (s/f), su riqueza sólo puede
emplearseen análisis sincrónicos, por ahora,
para efectos comparativos con los censos pre-
vios, lo cual obliga a reducir tal riqueza.
Otra limitantedeesta sustancial fuente
es queaún no permitereconocer otras tan-
tas expresiones importantes entrela pobla-
ción mexicana. Sólo por mencionar algunas
encontramos las manifestaciones delos dis-
1  
C atólica, P rotestante o Evangélica, I sraelita, otras, ninguna y no indicado o no especificado.
tintos catolicismos (carismáticos, dela teo-
logía india, por mencionar dos delas más
importantes); las creencias costumbristas o
tradicionales, y otras situadas por los estudio-
sos como nuevos movimientos religiosos, que
han ido creciendo demanera llamativa2.
A partir deesa información los autores
del libro logramos entender, en su contexto,
los cambios delas preferencias religiosas en
la actualidad, a pesar decualquier restricción.
Debido a ello, el dato censal sólo fueuna de
las fuentes utilizadas (no la principal) para
entender la transformación regional delas
creencias religiosas. Más importanteha sido
la revisión bibliográfica secundaria, quein-
cluyeun conjunto deestudios con distintos
niveles y objetivos, así como la observación,
el ejercicio etnográfico y sociológico en sí. En
conjunto intentamos combinar varios niveles
deanálisis y considerar el contexto regional
delas preferencias religiosas dela población.
Conscientes delas limitaciones, nos atrevi-
mos a correr los riesgos dela heterogeneidad
y complejidad queimplican los distintos mo-
dos depercibir la realidad, deaprehenderla,
interpretarla y analizarla. En esesentido, lo
queel texto ofrecedebevalorarsecomo acer-
camientos a realidades y transformaciones so-
ciorreligiosas en el México contemporáneo.
R egión y religión.
U n acercamiento
La forma como seorganizan las regiones ayudó a
proponer arquetipos dela realidad y destacar ras-
gos fundamentales deellas. Sabemos queno hay
una definición unívoca del concepto deregión; sin
embargo, nos atrevimos a usarla como una valiosa
herramienta estratégica quepermitió acercarnos
y explicar los comportamientos evolutivos quela
población ha experimentado en cuanto a sus pre-
ferencias religiosas en las 32entidades del país.
Uno delos retos principales a los queseen-
frenta la geografia humana estriba en la ausencia
deuna definición comúnmenteaceptada del con-
cepto deregión. Deacuerdo con Gilberto Gimé-
nez: "La noción deregión es delas más confusas y
ambiguas quemaneja la geografia humana, como
lo demuestra la multiplicidad decalificativos que
sueleacompañarla: región natural, región econó-
mica, región polarizada, región histórica, región
sociocultural, etcétera" (1994: 269).
Desdetiempo atrás, la noción deregión ha
ocupado un lugar importanteen la concepción
delos saberes geográficos. Los primeros estudios
quepueden ser considerados como geográficos
remontan sus orígenes a la antigüedad y estaban
orientados a realizar una descripción depaíses y
pueblos. Dichos trabajos tenían como objetivo bá-
sico disponer dela información necesaria, a partir
dela cual llevarían a cabo actuaciones queseplas-
marían en campos diversos: comercio, ocupación
militar o politica (Ortega, 2000). Hasta mediados
del siglo xvnt predomina en el quehacer geográ-
fico el concepto de"región política". Sin embargo,
a partir deesemomento los criterios para llevar
a cabo la división dela superficieterrestreexpe-
rimentan un cambio radical. El motor deesas
transformaciones es el desarrollo crecientedelas
ciencias naturales, sobretodo a partir delos traba-
jos deAlejandro deHumboldt, dondesurgey ad-
quiereun valor significativo el concepto deregión
natural, basado en la primacía queel determinis-
mo ambiental imperanteotorga al medio como
factor deorganización espacial (Alberdi, 2002).
2  P or ahora, no es nuestro interés directo discutir teóricamente las distintas maneras de estudiar y nominar conceptualmente las creen-
cias religiosas contemporáneas, aunque sí está implícito en varios de los capítulos contenidos en este libro. Desde la antropología y
la sociología se ha demostrado que las instituciones religiosas ya no son las preferidas, o no las únicas, para proveer "los bienes de
salvación", por lo que ha sido necesario reflexionar sobre las emergentes maneras como se construyen las "nuevas" religiosidades.
P ara una revisión rápida al respecto véanse los trabajos presentados en la revista D esacatos, "Mercado y religión contemporánea",
coordinados por R enée de la T orre y C ristina Gutiérrez, México, C I ES A S , mayo-agosto, 2005. T ambién puede consultarse el trabajo de
Daniele Hervieu-Léger, La religión, hilo de memoria, Barcelona, Herder, 2005.
N
T
R
O
D
U
C
C
I
O

Gracias a las contribuciones deVidal dela
Blache(1903) y Gallois (1908), la Escuela Fran-
cesa deGeografía adquirió gran relevancia al
plantear la noción deregión geográfica, definida
como una porción del espacio terrestrecuya in-
dividualización obedecía a la combinación muy
estrecha decaracteres físicos, históricos y delas
actividades delas sociedades quelas ocupan ( H y —
perge). La opinión coincideen queuna región es
un fragmento deespacio quesedistinguedelos
otros; las divergencias aparecen al distinguirlo.
Alberdi (2002) exponecómo el positivismo del
siglo xix puso énfasis en criterios fisiográficos,
destacando el papel delas cuencas hidrográficas.
Las regiones naturales fueron privilegiadas por el
historicismo posterior, ya quedebido a la acción
humana ejercidas sobreellas pasaron a ser desig-
nadas regiones geográficas; los humanistas aña-
dieron el carácter de"espacio vivido", subrayando
la idea deterritorialidad3. Deestemodo, señala
Alberdi, nos encontramos con diversos concep-
tos deregión cuyos criterios son dispares y cuyos
espacios sesuperponen delas más variadas ma-
neras 4. Más aún: si lepreguntáramos a un biólo-
go, epidemiólogo, sociólogo o a un antropólogo,
acerca decómo entiendela noción deregión las
respuestas serían muy diversas.
Para la geografía humana, una región no
puedeentendersecomo un espacio estático sino
como un espacio en constantetransformación,
dondecondensaciones deinstituciones, indivi-
duos y prácticas sociales están íntimamentein-
volucradas en la operación y resultados locales,
trans-locales y trans-regionales. Finalmente, en
esta reflexión cabedestacar cómo el concep-
to deregión ofreceun potencial heurístico, tal
como fueplanteado demanera ilustrativa por
Erick van Young, al concluir que"las regiones
son buenas para pensar" (Van Young, 1992).
El trayecto recorrido hasta ahora nos permite
vislumbrar las dificultades queimplicó dar forma
a un trabajo acerca delas regiones y el cambio re-
ligioso en México. Cuando intentamos entender
el cambio religioso, nos topamos con un hecho
complejo y difícil deanalizar. Las razones son
diversas, pero sin duda en ellas emergen las con-
diciones deun extenso territorio, con una gran
variedad declimas y quesecaracteriza por es-
pacios geográficos y realidades ambientales dis-
tintas. En términos dela distribución territorial
dela población existen fuertes contrastes, como
también en la concentración del ingreso y en la
localización dezonas con alto índicedemargi-
nación y pobreza. Otra diferencia importante
es la presencia o no depoblación indígena. Un
elemento quedestaca para casi todas las regiones
es la relación positiva entrela movilidad dela po-
blación y el cambio religioso. (Mapa 1)Para las
regiones del surestey norte, esteelemento expli-
ca la diversidad religiosa, así como la existencia
degruesas capas dela población quedicen no te-
ner religión. Asimismo, para el caso dela región
centro selogra observar una coincidencia entre
fuertes movimientos migratorios con el aumento
dela diversidad religiosa, sobretodo en el Distri-
to Federal y el Estado deMéxico, particularmen-
teChalco, Ecatepec y Nezahualcóyotl. Aunque
es claro, hay quesubrayarlo, queno todos los que
emigran cambian o seconvierten a otra religión.
El estudio realizado por ClaudeBataillon a
finales delos sesenta constituyela primera re-
flexión integral acerca delas regiones geográficas
en México, cuyas aportaciones continúan vigen-
tes hasta la fecha. En las realidades geográficas y
poblacionales diversas denuestro país sehan ido
consolidando a lo largo denuestra historia enti-
dades regionales con perfiles culturales propios.
Iniciada con los trabajos deBataillon (1969) y
continuada con otras reflexiones decarácter so-
ciocultural (Dela Peña, 1991; Meyer, 2007), hoy
3  S egún Fremont (197 6) las ideas del sentimiento de pertenencia y de apropiación mental precipitan "la región, espacio vivido" hacia
el territorio.
4  Hettne y S óderbaum (2002) distinguen varios tipos de regionalidad a partir de un conjunto de atributos que pueden ser o no exclu-
yentes entre sí, pero que dan origen a una tipología tan amplia como regiones puedan existir.
10 ESIBLOTECA, CIESAS
NORESTE
C ambio religioso de las regiones y subregiones de México
Estados U nidos
_
I
I
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1
*
1
I
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I
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]

N oroeste
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C entro norte
Golfo de México
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P eninsula de
Yucatán
C entro
I
C ambio religioso
El e vado
Eme r g e n te Golfo
Le n to o mo de r ado
P acífico sur
O céano P acífico
Kilómetros Guatemala
230 115 230
Belice
Honduras
Fuente: Elaborado por A lberto Hernández y C arlos V. R uelas basado en los datos del proyecto "P erfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 Base os)", a partir de los C GP y 11, ir,EG, 1950 - 2000
11
en día la diferenciación delas regiones puede
ser observada en una escala mayor en el cam-
po religioso. Por un lado encontramos la región
centro-occidente, cuya importancia poblacional,
histórica y económica ha mostrado elementos de
continuidad a lo largo devarios siglos. Es en esa
zona dondeel catolicismo ha logrado madurar
con mayor fuerza y convertirseen un espacio de
resistencia para la difusión deotras expresiones
religiosas. En el lado anverso, seencuentran re-
giones queregistran una alta proporción depo-
blación cristiana-evangélica, y en las quela iglesia
Católica ha tenido históricamentedificultades
para consolidar su presencia. Sedistinguen por
poseer zonas con un alto nivel demarginación y
pobreza, y en la mayoría deellas existeuna alta
proporción depoblación indígena. Dichas regio-
nes incluyen estados como Chiapas, Campeche
y Quintana Roo, sujetos a un intenso proceso de
colonización, migración interna y extensión de
su frontera agrícola.
Dentro delas regiones con mayor proporción
depoblación no católica seencuentra la mayor
partedelos estados dela frontera norte, quesi bien
no reúnen una alta proporción indígena, ni es tan
marcada la pobreza extrema, son espacios sujetos a
un intenso proceso decambio social. Durantelas
últimas tres décadas la frontera norteseha visto
inmersa en un desarrollo urbano acelerado, un rá-
pido proceso deindustrialización y un álgido cre-
cimiento poblacional. Como resultado deello, han
aumentado también los niveles demarginación en
algunos desus principales municipios.
Siendo nuestro país tan diverso y heterogéneo,
formado por 2446 municipios y realidades econó-
micas y culturales contrastantes, el cambio religio-
so ha tenido diferentes velocidades y matices. Sin
duda la migración ha sido un factor fundamental
en esteproceso, no con la misma respuesta en todos
los casos, ya queexisten otros factores quealientan
o inhiben el comportamiento delos creyentes para
cambiar dereligión.
En el ámbito estatal existen entidades don-
dela presencia evangélica es el resultado deuna
larga tradición, pues seremonta a más deun si-
glo depermanencia, y otras dondeseha dado de
manera más reciente. Encontramos quesehan
visto influenciadas por el comportamiento dees-
tados vecinos, sumándosea la ola decambios que
han propiciado una mayor diversificación desu
estructura religiosa. Resulta necesario subrayar
quealgunas entidades dela frontera nortey del
surestedel país han jugado un papel importante
como centros difusores dela doctrina evangélica,
y en la actualidad, tienden a mostrar una mayor
diversificación deestructura religiosa. Los casos
más conocidos son Chiapas y Baja California.
Observar lo quesucedeen el interior deal-
gunos estados en términos del comportamiento
religioso puederesultar un importanteejerci-
cio deanálisis, pues nos ha permitido localizar
a zonas o microrregiones dondelos cambios se
han producido con mayor celeridad. Por ejem-
plo, la mayor partedelos municipios deSan
Luis Potosí, sin importar su tamaño y actividad
productiva, mantienen una alta proporción de
población católica, salvo los municipios asenta-
dos en la zona huasteca. La afinidad deesa zona
con otros municipios deentidades vecinas es
quecomparten su condición deaislamiento y es
elevada la presencia depoblación indígena.
Para analizar el proceso dediversificación re-
ligiosa en México sehacepreciso entender los
territorios y zonas en dondeseha dado con ma-
yor intensidad dicho fenómeno. Consideramos
queuna delas opciones deunidad territorial idó-
nea para medir estecambio son los municipios.
Si bien la división delos municipios no obedece
a criterios deorden geográfico, sino a criterios
político-administrativos, ellos constituyen una
escala en la queexisteuna gran cantidad dedatos
queposteriormentepueden agregarseen regio-
nes homogéneas o en entidades federativas en
cuanto al cambio religioso y que, a su vez, pue-
den ser comparables entresí. Deesta forma se
puedeagrupar regiones en diferentes escalas: las
conformadas por estados más o menos homogé-
neos (macrorregiones) y las queagregando mu-
nicipios pueden llegar a rebasar limites estatales
(microrregiones).
i


I

Para su exposición, hemos organizado el
libro en cuatro grandes segmentos o macro -
rregiones que, como una ruta a seguir, inician
desdeel sur hasta llegar al nortedel país:
1. En el primer bloqueseagruparon las re-
giones sureste(Campeche, Chiapas,
Quintana Roo y Yucatán), golfo (Veracruz
y Tabasco) y pacífico sur que, por un lado,
contempla al estado deOaxaca y, por otro,
el deGuerrero.
11. El segundo bloqueincluyea los estados
agrupados en la región centro (Distrito
Federal, Estado deMéxico, Morelos, Pue-
bla, Tlaxcala eHidalgo).
111. El tercer bloquecomprendelos estados
constituidos en la región centro occiden-
tey quepara fines analíticos está dividi-
da en dos, centro norte(Aguascalientes,
Guanajuato, Querétaro, San Luis Potosí
y Zacatecas) y centro occidente(Colima,
Nayarit, Jalisco, Michoacán).
1V. Finalmente, en la cuarta parteseinclu-
yen la región nortey noroeste(Baja Ca-
lifornia, Sonora, Chihuahua, Coahuila,
Nuevo León y Tamaulipas).
Si bien esta estrategia metodológica permiteor-
denar los estados queseabordan en el presente
estudio, somos conscientes dequelas divisiones
marcadas para analizar el cambio religioso reba-
san las fronteras delas entidades para integrarse
a la dinámica deestados vecinos; es decir, la diná-
mica religiosa perfila sus propias configuraciones
regionales. En general, en estebloqueregional
sesiguió un formato depresentación en el que
sesintetizan las historias dela instauración y
organización institucional dela iglesia Católi-
ca, la presencia desus diversas expresiones en el
interior (teología dela liberación, movimiento
carismático, así como dela presencia dediversas
órdenes y congregaciones particulares). Luego,
seretoman partes delos antecedentes delos pro-
testantismos y sus variadas ramificaciones y, en
algunos capítulos más queen otros, sedetallan
los contextos socioculturales y las condiciones
queposibilitaron su llegada y el desarrollo desus
proyectos evangelizadores. En primera instan-
cia, en estas partes sedetalla la emergencia delas
iglesias históricas (Presbiteriana, Bautista y del
Nazareno principalmente) y es posiblever que
en algunos estados unas tengan mayor presencia
queotras; posteriormente, seidentifican las con-
gregaciones pentecostales y neopentecostales, así
como las denominadas "iglesias independientes"
o "bíblicas no evangélicas" (Adventistas del Sép-
timo Día, Iglesia deJesucristo delos Santos de
los Últimos días —mormones— y Testigos de
Jehová) queaparecen en el escenario religioso
casi al mismo tiempo quelas pentecostales. Un
apartado especial mereció en esterecuento la
importancia aún muy vigentedelas religiosida-
des locales (costumbrista, popular, tradicional),
sobretodo en el centro y surestedel país. En las
regiones del norte, estas manifestaciones religio-
sas son escasas, cuando no inexistentes.
En el sur/sureste, queincluyen los ocho esta-
dos mencionados, es notoria la predilección por
el catolicismo en la mitad deellos: destaca el más
católico dela región, Guerrero (89.2%), al quele
siguen Oaxaca (84.8%),Yucatán (84.3%) y Vera-
cruz (82.9%); pero también están aquellos quese
reportan como los menos católicos en el ámbi-
to nacional: Chiapas (63.8%), Tabasco (70.4%),
Campeche(71.3%) y Quintana Roo (73.2%). El
caso más llamativo es Yucatán que, estando en
el medio delos menos católicos, tieneuna po-
blación católica por arriba del 80%, aunquepor
debajo dela media nacional (88%). Guerrero se
distinguedeesteconjunto, y su vecindad con
Puebla, el Estado deMéxico y Michoacán (que
están por encima de90% depoblación católica)
explica dealguna manera su preferencia católica,
en correspondencia a una mayor atención quela
institución ha brindado a su feligresía, aunqueen
el interior del estado, el municipio deMochis-
tlán registra el mayor porcentaje(97.8%) y sien-
do el más bajo Cutzamala dePinzón (78.7%), de
los únicos por debajo de80%. Yucatán, aunque
está dentro del conjunto deestados quepresen-
tan un porcentajedecatolicismo menor a la me-
13
'
N
T
R
O
D
U
C
C
I
O

dia nacional, sedistingueen el surestepor estar
rodeado deaquéllos menos católicos del país. Su
trayectoria histórica nos indica quela iglesia Ca-
tólica ha sido un bastión importantedesdeel pe-
riodo colonial y desdesu cabecera seorganizó la
administración parroquial, en distintos periodos,
deChiapas, Tabasco, Campechey últimamente
deQuintana Roo. La carencia deministros de
culto y agentes depastoral, reflejó en su trayecto
poco apego a esecredo religioso. Estas particula-
ridades son registradas en el capítulo deCarolina
Rivera Farfán, "Pluralidad confesional en el su-
restemexicano". En su análisis sobreel cambio
religioso en el surestedestaca la dinámica dela
población en las áreas rurales, medianteproyec-
tos decolonización y creación denuevos muni-
cipios, querevelan una correlación positiva entre
la disminución del catolicismo y el aumento de
religiones cristianas no católicas. Así seexpre-
sa en algunas regiones deChiapas, Campechey
Quintana Roo, estados programados para la co-
lonización con el propósito deampliar la frontera
agrícola, en distintas etapas, y queahora sobresa-
len como las entidades con mayor dinamismo y
pluralidad religiosa, pero también, como las que
presentan un mayor índicedepoblación quese
adscribea la categoría censal "sin religión". La
movilidad implica una adaptación al nuevo en-
torno y, en consecuencia, una reorganización cul-
tural articulada en un proceso selectivo delo que
es válido en el nuevo lugar junto al aprendizaje
denuevos códigos. Trasladar la creencia religiosa
al lugar dedestino puedeser parte, en un primer
momento, deuna estrategia deadaptación delos
inmigrantes, pero también derelacionarsecon la
sociedad dela queproceden.
La región golfo estudiada por FelipeVázquez
y Carolina Rivera Farfán, "La fequeseexpan-
depor el golfo, quecruza montañas y pantanos",
ubica a los estados deVeracruz y Tabasco como
un espacio territorial denominado región golfo a
través del proceso histórico en el quehan interve-
nido diversos factores (ambientales, económicos,
politicos y étnicos, entreotros) queposibilitan
cierto tipo deinteracciones y dinámicas sociales
con sus respectivos cambios y transformaciones
religiosas. Si bien ambos tienen historias des-
iguales en muchos sentidos, en su interior los
estados recrean un mismo campo social más ho-
mogéneo en el contexto del conjunto nacional,
sobretodo el construido en el siglo xx a medida
quela modernización a través del desarrollo in-
dustrial petrolero y la crecienteurbanización fue
configurando un escenario más similar.
Veracruz, con más católicos queTabasco, es
un estado extenso quemuestra importantes con-
trastes en el interior. Por ejemplo, la partecentral
destaca históricamentepor ser la primera en vi-
vir un proceso deocupación urbana y rural fuerte
desdeel siglo xvi, y también por ser la zona con la
mayor diversificación económica y la más católica
del estado, propiciado desdeel periodo colonial
debido a la necesidad deencontrar las rutas co-
merciales hacia el altiplano del país. A través de
la Arquidiócesis deXalapa secoordina el trabajo
delas ocho diócesis con quecuenta el estado, las
ubicadas en Tuxpan, Papantla, Xalapa, Veracruz,
Córdoba, Orizaba, San Andrés y Coatzacoalcos.
Aunquetengan cierta carencia desacerdotes, la
atención querecibela feligresía en el centro es alta
en comparación con las demás regiones dela enti-
dad; aquí hay un ministro deculto por cada 5043
habitantes; y en la partenorte, en cambio, la cifra
llega a 20 252personas atendidas por un sacer-
dote. Estehecho seasimila a las regiones del su-
restedeMéxico dondehay un sacerdotepor cada
22000 personas.Tabasco es, en cambio, una delas
entidades quemantienelos más altos porcentajes
depoblación cristiana no católica en el país, sólo
superado recientementepor Chiapas. Dela into-
lerancia religiosa quepredominó durantelos go-
biernos liberales, sobretodo el deTomás Garrido,
décadas más tardesepasó a la pluralidad religiosa
actual, y pesea las diferencias, la identidad delos
tabasqueños no parecealterada. En el trabajo se
discutela hipótesis queindica el afán deacometer
contra la iglesia Católica y fortalecer la creación
dela iglesia Católica Apostólica Mexicana, an-
helo delos gobiernos liberales, y cómo seimpulsó
explícitamentea otros proyectos religiosos.
14
El siguientecapítulo, titulado "Oaxaca: una
diversidad conflictiva", fuepreparado por Enrique
Marroquín y Alberto Hernández, quienes anali-
zan la pluralidad religiosa del estado con mayor
número depoblación indígena y demunicipios
detodo el país. Al igual quelos estados del sureste,
las transformaciones más notorias seproducen a
partir dela década delos setenta. Como en el res-
to delos estados, Oaxaca exhibedistintos escena-
rios delos cuales destacan dos: por un lado, tiene
a los tres únicos municipios del país con cien por
ciento depoblación católica (INEGI, 2001); y por
otro lado, Nuevo Zoquiapam es un municipio que
muestra el mayor porcentaje(22.8%) depobla-
ción judaica del país. Por su parte, la iglesia Cató-
lica en el estado forma partedela región pastoral
del pacífico sur, junto con las diócesis chiapanecas
deTuxtla Gutiérrez, Tapachula y San Cristóbal
deLas Casas, y la deGuerrero. Ésta destacó desde
finales delos años setenta hasta los noventa por
la confluencia ideológica dealgunos desus obis-
pos queimpulsaron las ideas dela teología dela
liberación a través dela llamada "teología india",
con interés defomentar la formación deuna Igle-
sia autóctona, queconcibea la feligresía indígena
como actor social importante, por lo querecupera
elementos desu ancestral cultura para quepue-
dan expresar a través deellos su fecristiana. Este
proyecto fueimpulsado particularmentepor los
obispos Bartolomé Carrasco (Arquidiócesis de
Oaxaca), Arturo Lona (Tehuantepec), Samuel
Ruiz (Diócesis deSan Cristóbal deLas Casas),
y otros obispos dela región, como el obispo Ser-
gio Méndez Arceo en Morelos. Recientemente,
el proyecto liberacionista ha perdido impulso, no
sólo en México sino en América Latina, desdeel
fin dela gestión pastoral del obispo Samuel Ruiz
y tras el fallecimiento deMéndez Arceo; ambos
son las dos figuras quemás apoyaron a la gente
más necesitada en sus zonas pastorales.
En Oaxaca, como en el resto dela región, las
religiones y proyectos protestantes presentan,
entremediados delos años cincuenta y mediados
delos setenta, el periodo demayor difusión, des-
tacando su presencia en 405 municipios (de570
existentes) queserigen bajo el sistema estatal de
usos y costumbres, caracterizados por mantener
elevados grados demarginación y pobreza. Está
muy claro queOaxaca, como todos los estados
del país, ofrecepuntos decontrasterespecto del
cambio religioso, lo queno permitea los autores
referirsea una homogeneidad. Hoy día los polos
deconcentración católica seubican, por un lado,
en torno a la Arquidiócesis deOaxaca; otro, en la
Diócesis deHuajuapan, y uno más en el distrito
deJuquila. En cambio, en la costa hay un aumen-
to depredilección por credos evangélicos. En el
capítulo seexponen las causantes estructurales
queayudan a entender la diversidad en preferen-
cias religiosas dela población.
El estado deGuerrero, analizado por Isabel
Osorio Salgado y Claudia E. Rangel Lozano, el
más católico dela región, igual quelos anteriores,
presenta heterogeneidad en la preferencia religio-
sa. Intitulado "Cambios religiosos y re(li)giones en
Guerrero, 1950-2000", el capítulo muestra muy
bien lo queproponemos: la división regional in-
terna, en cuanto a su comportamiento religioso,
rebasa las fronteras del estado para equipararse
a los procesos construidos en los estados veci-
nos, particularmentecon Michoacán, Estado de
México y Oaxaca. Ello indica quela dinámica re-
ligiosa perfila sus propias configuraciones regio-
nales relacionadas, asimismo, con las condiciones
socioestructurales desu población. Hacia finales
del siglo pasado, las transformaciones en el esce-
nario religioso, queseaceleran entre1980 y 2000,
serelacionan con tres aspectos relevantes: la inten-
siva explotación forestal, los crecientes flujos de
migración del campo a la ciudad y más reciente-
mentehacia destinos internacionales, así como el
empujea la industria del turismo en determinados
centros (Acapulco, por ejemplo) sin queello haya
beneficiado al sector social más amplio del estado.
La pobreza y el rezago son dos características fun-
damentales. En esta entidad el catolicismo oficial
(89.2% del total), carismático y uso-costumbrista,
concentra los más altos índices en la Costa Chica-
Montaña, poblada mayoritariamentepor indíge-
nas, y en la región norteencabezada por Taxco,
Ixcateopan, Buenavista y Tetipac. En la Costa-
Montaña ha destacado el catolicismo liberacionis-
ta dela teología india. Por su parte, los cristianos
no católicos presentan el porcentajemás bajo en
la región sur-surestecon 6.4% (entreprotestantes
evangélicos y bíblicos no evangélicos) y seubican
preferentementeen Cutzamala dePinzón, Co-
palillo, Cuétzala del Progreso, Leonardo Bravo y
Xochistlahuaca, municipios dondela emigración
hacia Estados Unidos ha ido en aumento.
En la segunda partedel libro presentamos la
región centro, queincluyelos estados deMéxico,
el Distrito Federal, Morelos, Puebla, Tlaxcala e
Hidalgo, cuya preferencia religiosa ha sido en tér-
minos generales apegada al catolicismo, a la vez
queha mostrado una dinámica ascendenteen
cuanto pluralidad confesional. El primer capítulo
"Las religiones desdeel altiplano central deMéxi-
co y sus entornos anexos: una región decreencia
en contienda" fuepreparado por Carlos Garma; la
siguientees analizada por María Gabriela Garrett
Ríos, en un artículo llamado "Variables para com-
prender las transformaciones sociorreligiosas en
las regiones indígenas deHidalgo". En el primero,
Garma nos indica quela religión ha destacado en
los distintos procesos históricos decisivos y que
han dado un carácter particular a la región. Entre
ellos, destacan la concentración elevada depobla-
ción indígena en los valles y zonas lacustres alre-
dedor delos volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl;
el establecimiento deuna capital colonial virreinal
queunía los poderes imperiales con los eclesiales
en una estructura degobierno queperduró tres
siglos; la rivalidad entredos centros urbanos por
la administración eclesiástica, como son la ciudad
capital y Puebla; el reconocimiento dela Virgen
deGuadalupecomo santa patrona, ahora ya no
sólo dela región sino dela nueva nación indepen-
diente; la pugna entresectores liberales y conser-
vadores, en la queciertos sectores dela Ciudad de
México sobresalen por su laicidad y secularización
difundidos desdeallí hacia otros centros regiona-
les del país; el crecimiento sostenido dela zona
metropolitana y queatraea inmigrantes quepre-
sentan la reproducción o emergencia dereligiosi-
dades, y la consolidación deuna gran diversidad
religiosa quevaría según la entidad federativa. El
trabajo permitever quela región es heterogénea,
como lo es su preferencia religiosa, y cuyo grado
decatolicismo es alto: entre93.4% y 90.5% en la
mayoría delos estados (Tlaxcala, Puebla, México
y Distrito Federal, en orden deimportancia); sólo
Morelos está por debajo deeserango (83.6%) y
también del promedio nacional. En contraparte,
las expresiones cristianas no católicas tienen ma-
yor preferencia en Morelos (10.4%), y los demás
estados seencuentran en los rangos decinco por
ciento, a excepción deHidalgo quepresenta el
porcentajemás bajo (4.3%). También sedestaca
el papel dela etnicidad con respecto a la diversi-
dad religiosa y los estados dePuebla, Estado de
México y el Distrito Federal, quemuestran los dos
contrastes queencontramos en el país: por un lado
grupos indígenas convertidos a los evangelismos,
pero también vastos grupos queno abandonan
sus tradicionales sistemas decreencias, ligadas
a las frecuentes peregrinaciones y la asistencia a
santuarios. Es decir, queno vemos un mismo pa-
trón. Asimismo destaca la ausencia dela teología
indígena, ligada a los proyectos liberacionistas de
la iglesia Católica, a excepción del territorio dioce-
sano deTulancingo dondeseha desarrollado una
pastoral india.
Por su parte, el estado deHidalgo, uno delos
cinco estados con más pobreza del país, tieneun
comportamiento levementeinferior (-1.75%) del
promedio, en cuanto a diversificación religiosa.
Gabriela Garrett destaca en su análisis el com-
ponenteétnico y la migración como algunas de
las características principales en su composición
demográfica. En tres delas diez regiones en que
está dividida la entidad predomina la población
indígena (la Huasteca, el valledeMezquital y la
Sierra deTenango) y el catolicismo en la primera,
en tanto queen las otras dos la diversidad cristiana
es más elevada y con crecimiento visible. En am-
bas seencuentran los municipios quetienen una
destacada preferencia por los credos cristianos no
católicos: Huehuetla y Tenango deDoria, cuya
porción es de17.09% y 12.65%, respectivamente.
"
O
D
 
1
4

17
Como ocurreen casi todo el país, el protestantismo
sepresenta hacia finales del siglo mx; aquí lo hace
a través detrabajadores quellegaron a desempeñar
los oficios delas minas, quetraían sus propias ideas
religiosas pero queno sepropusieron evangelizar
a la población asentada, pues esto no ocurrehasta
los años treinta, cuando inician una labor sistemá-
tica deevangelización entrela población indígena.
Duranteel periodo cardenista, en el estado sede-
sarrollaron proyectos del Instituto Lingüístico de
Verano (I v) que"facilitaron" el cambio religioso
local a través dela difusión dematerial didáctico
y religioso entrela población. Pero fueel trabajo
demisioneros evangélicos mexicanos el quemás
tardelogró sentar las bases del crecimiento evan-
gélico en Hidalgo. En el trabajo seanalizan las
transformaciones socioestructrurales queexperi-
menta el centro del país y la entidad, y cómo en
ellas es posibleexplicar las transformaciones del
campo religioso hidalguense.
En la tercera partedel libro seanaliza la región
centro occidente, considerada como "núcleo duro
del catolicismo", dondeseobservan los mayores
puntos decontrastecon respecto a la regiones sur-
sureste. Comprendelos estados deMichoacán,
Colima, Nayarit, Jalisco, Guanajuato, Zacatecas,
Aguascalientes, Querétaro y San Luis Potosí, que
comparten diversos elementos culturales, sociales,
políticos y económicos. Para fines analíticos, hemos
decidido dividir esta gran región en dos.
El primer capítulo estuvo a cargo deElizabeth
Juárez Cerdi y seintitula "Delo monolítico a la
diversidad. El centro norte, una región católica en
disputa"; aquí seubican los estados deQuerétaro,
Aguascalientes, Guanajuato, Zacatecas y San Luis
Potosí. El segundo capítulo, "La articulación de
una región en torno al catolicismo. El centro oc-
cidentedeMéxico", a cargo deCristina Gutiérrez,
aborda los estados deNayarit, Jalisco, Colima y
Michoacán. La agrupación seha hecho tomando
en cuenta tanto los rasgos socioculturales más cer-
canos así como el comportamiento religioso que
estas entidades tienen, según nos indican los datos
tomados del xt Censo dePoblación y Vivienda de
2000. Desdela época colonial sehan visto articu-
ladas y complementadas a través delas distintas
actividades quelos habitantes dedichos estados
han desarrollado, sea la minería, la agricultura o la
comercialización dediversos productos. En este
sentido, sepuededestacar queel principal objeti-
vo dela colonización desdeel centro del país hacia
la región fuela búsqueda deriquezas mineras, lo
quedeterminó una ruta deavancey establecimien-
to poblacional desdeel siglo xvi queinvolucraba
aspectos económicos, el dominio militar y la evan-
gelización religiosa. En los dos capítulos sedestaca
quela región centro occidentedel país seha carac-
terizado porquea lo largo devarias décadas ha sido
evidenteel predominio dela religión católica y la
existencia deprácticas asociadas al catolicismo de
cortepopular, amalgamadas con creencias y ritua-
les delos diversos grupos étnicos quehabitan las
entidades federativas queconforman la región. En
contrasteseha caracterizado por un bajo porcenta-
jedela presencia degrupos cristianos no católicos.
Finalmente, en la cuarta partedel libro, a car-
go deOlga Odgers, Alberto Hernández y Glo-
ria Galaviz, destaca las "Tendencias del cambio
religioso en la región nortedeMéxico", que
abarca un extenso territorio denominado his-
tóricamenteAridoamérica, y queincluyea los
estados deBaja California, Sonora, Chihua-
hua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. En el
capítulo seobserva quela intensidad dela plura-
lidad religiosa sevuelvenotoria durantelas últi-
mas tres décadas del siglo xx, alcanzando tasas de
cambio muy elevadas para algunas localidades y
municipios específicos. Sin embargo, el escenario
religioso es heterogéneo y el trabajo muestra mi-
crorregiones con presencia diversa decristianos; y
otras, en cambio, mantienen predominancia ca-
tólica. Esta realidad actual es explicada a partir de
dos elementos históricos: la especificidad del pro-
ceso deconquista y evangelización en la región y
las características particulares en las queseha po-
blado esevasto territorio a lo largo desu historia
demográfica, mostrando un crecimiento acelera-
do en las últimas cinco décadas a partir del esta-
blecimiento y desarrollo deimportantes centros
industriales (mineros, petroleros y maquiladores
principalmente). Particularmenteen las últimas
dos décadas la población seha duplicado y, antes
definalizar el siglo xx seha triplicado, sobreto-
do en Baja California. En esesentido, los autores
nos indican quela historia moderna del cambio
religioso en el nortedeMéxico es en gran medida
la historia desu poblamiento. Geográfica y poli-
ticamentealejados del centro dela república, los
estados del nortehan tenido patrones dedesarro-
llo diferenciados delas deotras regiones del país.
Al igual queotras microrregiones del sureste, la
ausencia depoblamiento fuemotivo depreocu-
pación gubernamental, pero en esta región no se
obtuvieron grandes resultados debido a la aridez
desu tierra. En muchos casos, a pesar deello, se
consolidaron pequeños núcleos dispersos (Du-
rango, Monterrey, Chihuahua y Hermosillo). Esa
característica marcó el quehacer evangelizador
delas religiones, particularmentela católica, que
tuvo serios problemas para establecersey lograr
una presencia real en la región durantela Colonia
einicios dela vida independiente, peseal apoyo
por partedela administración virreinal. Aun hoy
día seencuentran muchas áreas rurales en donde
ni la Colonia, ni la industrialización, lograron im-
pactar deforma directa las dinámicas poblacio-
nales, haciendo quela presencia deinstituciones
religiosas sea débil eirregular. Con relación a los
credos no católicos, el trabajo muestra queen la
actualidad tienen una vida muy dinámica, plural
y en crecimiento, sobretodo las denominaciones
pentecostales.
Los trabajos contenidos en el presentelibro
fueron concebidos inicialmentepara formar
partedel Atlas de la diversidad religiosa en Méxi-
c os coordinado por Renéedela Torrey Cristina
Gutiérrez; sin embargo, la complejidad del tema
delas regiones nos llevó a trazar una nueva ru-
ta para su realización. Estenuevo libro recuperó
partedelas discusiones formuladas en el proyec-
to Perfiles y tendencias del cambio religioso en
México" y senutrió delas bases dedatos censa-
les y mapas producto deesteesfuerzo colectivo.
Las dificultades para abordar algunas regiones
y entidades del país, como Oaxaca, Guerrero
eHidalgo, obligó a la búsqueda denuevos co-
laboradores, ajenos al proyecto inicial pero sin
cuyas contribuciones el libro no hubiera logra-
do la cobertura deseada. La integración deun
equipo deinvestigadores dedistintas disciplinas
einstituciones enriqueció el análisis y debate
acerca delas transformaciones sociorreligiosas
en el México contemporáneo ehizo posibleob-
servar estefenómeno en diferentes niveles. Es
importantesubrayar queestelibro puedeleerse
demanera independienteal Atlas de la diversidad
religiosa en Méxic o; sin embargo, consideramos
queel presentees una continuidad deaquél y
sin el ejercicio colectivo einterdisciplinario em-
prendido desdeun inicio, esta obra prácticamen-
tehubiesesido imposible. Esperamos contribuir
al conocimiento dela cada vez más compleja
realidad sociorreligiosa del México actual.
Agradecemos infinitamenteel apoyo y alien-
to brindado por las colegas Renéedela Torre
y Cristina Gutiérrez, quienes insistieron en
queestelibro fuera concluido. Asimismo, a las
instituciones dedondeprovienen todos los in-
vestigadores, autores y autoras delos textos, par-
ticularmenteal Colegio dela Frontera Norte, al
Centro deInvestigaciones y Estudios Superiores
en Antropología Social (ciEsAs), y a El Colegio
deMichoacán quehan mostrado gran interés
para queestelibro pudiera publicarse.
A lo largo dela elaboración deestelibro he-
mos contado con el apoyo depersonal deEl Co-
lef, especialmentedel becario Jhonnatan Curiel,
el técnico Carlos V. Ruelas, Luis Miguel Villa y
Erika Moreno del departamento depublicacio-
nes. A su vez, agradecemos la valiosa ayuda dela
Dra. Lina Ojeda en el diseño demapas y la inter-
pretación espacial delas variables analizadas.
5  P ublicado en 2007 por el C I ES A S , el C olegio de la Frontera N orte, El C olegio de Michoacán, El C olegio de Jalisco, el C onacyt, la U niver-
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P R I MER A P A R T E
7 , 11111- "2 1
ntroducció n
n el surestemexicano la plura-
lidad religiosa refleja la realidad
 actual queviveAmérica Lati-
na y el resto deMéxico. En esta
 amplia zona geográfica del país
queincluyelos estados deGuerrero, Oaxa-
ca, Veracruz, Tabasco, Chiapas, Campeche,
Yucatán y Quintana Roo el escenario delas
creencias es mucho más complejo queel de
la región occidente, por referirsea una com-
paración notoria. Algunos credos son devieja
data, por su trayectoria histórica, otros surgie-
ron en la denominada modernidad, producto
detrayectorias liberales, y más recientemente
deexpresiones queno necesariamenteseligan
con instituciones religiosas; también presen-
ciamos manifestaciones dela "recatolización"
a través del guadalupanismo, del movimiento
derenovación en el espíritu santo y deaqué-
llos ligados a reivindicaciones étnicas dela
teología india y teología autóctona queestán
experimentando los grupos indígenas, sobre
todo en los estados deChiapas, Yucatán y
Quintana Roo.
En la primera sección del texto sepresen-
tan cuatro capítulos queanalizan la dinámica
queha adquirido la religiosidad en la quese
ha denominado región sureste. Seanalizan
diferenciados procedimientos y vehículos de
expresión delas creencias, las maneras ins-
titucionalizadas en quevan emergiendo zo-
nas o territorios demisión evangelizadora y
aspectos socioculturales quehan definido su
inclinación por una creencia u otra. Asimis-
mo, seaborda el hecho dequedeterminadas
prácticas religiosas sevan empalmando unas
con otras, conformando una realidad com-
pleja quedista mucho deun conjunto mo-
nolítico en cuanto a religión serefiere.
En los trabajos deesta primera parte,
como en el resto del libro, seha intentado
ubicar la religión dentro deun campo so-
cial amplio porqueconsideramos quees una
manera deexplicar el estado actual del esce-
nario religioso y del porqué delas transfor-
maciones recientes. Sedetallan los contextos
estructurales dela conformación social, de
las condiciones económicas desu población,
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desus rasgos culturales y, en algunos casos
más queen otros, sobrela historicidad delas
propias trayectorias eclesiásticas. Ello nos
permiteadelantar que, por ejemplo, vastas
regiones en los estados deVeracruz, Tabas-
co, Chiapas y Campechesedistinguen como
territorios deexpansión evangélica del país,
aunquecon notorias diferencias internas.
En Oaxaca y Guerrero, aunquesemantie-
neesa dinámica, la tendencia del catolicis-
mo es fuerteaún; en el segundo estado es
más notoria debido a la influencia del vecino
estado dePuebla y delos otros estados del
centro, considerados también dealta pre-
ferencia católica. En esesentido, Guerrero
destaca por ser la entidad más católica del
surestemexicano. Hacia 2000 el censo de
población ubicó 89 por ciento del total de
sus habitantes en esa categoría; en el interior
21 desus municipios, la tercera partedel to-
tal, reportan entre95 y 99 por ciento simi-
lar a los del centro y occidentedel país. En
tanto las otras dos terceras partes tienen un
rango deentre80 a 95 por ciento. El estado
deOaxaca va por esa línea, aunquelos con-
trastes son más marcados, existiendo dos po-
los deconcentración católica: uno en torno a
la Arquidiócesis deOaxaca y otro en torno
a la Diócesis deHuajuapan; en cambio en
el Istmo y Costa semuestra un crecimiento
destacabledepoblación cristiana no católica.
Estas zonas, como otras delos estados veci-
nos (Chiapas, Campechey Quintana Roo)
destacaron, hasta hacepocas décadas, por la
escasa atención dela iglesia Católica.
Un rasgo primordial detres estados, Chia-
pas, Guerrero y Oaxaca, es la identificación de
población pobreo deescasos recursos como
uno delos rasgos sociales quemás los ha ca-
racterizado en las últimas décadas, asimismo
por el rezago económico, particularmenteen-
trela población indígena. Algunas delas loca-
lidades rurales seclasifican como deextrema
pobreza, en las quecoincidentementehabita
población indígena.
Otro aspecto importantea destacar en esta
región es la presencia deprácticas religiosas
denominadas tradicional o costumbrista de
profundas raíces históricas y cuya mutación
ha sido constantey relevante. Las rupturas
con la costumbrey todo lo queello impli-
ca como herencia cultural sehan manifesta-
do todo el tiempo, pero particularmenteha
sido más notoria cuando numerosos grupos
indígenas seconvirtieron a las religiones no
católicas (protestantes, evangélicas, bíblicas
no evangélicas). Las consecuencias deestas
transformaciones seproyectaron demanera
conflictiva, sobretodo en marcadas zonas de
Chiapas y Oaxaca.
Lo más interesantees quelas transforma-
ciones en el escenario religioso son partede
cambios estructurales dela región y del país.
Creemos queentender esas transformaciones
sólo es posiblesi ubicamos el elemento reli-
gioso en un campo social complejo quein-
volucreaspectos ligados a la economía, a la
creación denuevas localidades y municipios,
al crecimiento demográfico, a los crecientes
flujos migratorios, al impulso delas indus-
trias petrolera y turística, entreotros tantos
aspectos. Los ejercicios quea continuación se
presentan van encaminados hacia esefin.
C apítulo 1
P luralidad confesional
en el sureste mexicano
C arolina R ivera Farfán
I ntroducción
 1 objetivo del presentecapítu-
lo es presentar un acercamiento
a la configuración regional dela
adscripción religiosa durantelas
 últimas cinco décadas en los es-
tados deCampeche, Chiapas, Quintana Roo
y Yucatán. Muestra una síntesis histórica dela
implantación delos diversos cristianismos ba-
sada en fuentes secundarias y en algunos casos
en testimonios orales. La perspectiva metodo-
lógica adoptada para explicar la actual plurali-
dad religiosa en la región poneel acento, por un
lado, en la relación entrelos procesos decoloni-
zación-migración y el crecimiento dereligiones
no católicas, particularmenteen determinadas
zonas deCampeche, Quintana Roo y en me-
nor medida en Chiapas. Por otro, seidentifica
el desarrollo deciertas habilidades misioneras,
con miras a la expansión, y el papel asumido por
algunas instituciones religiosas y fieles laicos.
El surestemexicano, sin lugar a dudas, des-
taca actualmentepor la pluralización confe-
sional sobretodo en los estados deChiapas,
Tabasco y Campechequesedistancian deblo-
ques religiosos monolíticos a favor devariadas
creencias y prácticas definidas históricamente
por la posición social y étnica desu población.
Cuatro siglos después dela llegada delas pri-
meras órdenes religiosas esta región ha vuelto a
ser, en palabras deDeVos (2000), tierra demi-
sioneros entreuna población queha sido y for-
ma partedenuevos proyectos evangelizadores.
Sin embargo, la gran diferencia con el lejano
siglo xvi es quela iglesia Católica ya no tiene
el monopolio y ni siquiera lleva la iniciativa. Se
trata deuna reevangelización o, como en mu-
chos casos, deuna primera evangelización ins-
titucionalizada, en sentido estricto, pero ahora
encabezada por Iglesias protestantes históricas
(Bautista y Presbiteriana), pentecostales (con
diversas denominaciones) y bíblicas no evangé-
licas (adventista, Testigos deJehová y mormo-
nes). Esta emergenterealidad seha construido
conjuntamente, o a la par, delas otras prácticas
costumbristas y tradicionales sustentadas en las
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creencias religiosas delas poblaciones locales
devieja data. Lo quesignifica queduranteel
último siglo, pero marcadamentedurantelos
últimos cincuenta años, la interacción demúl-
tiples realidades religiosas seengarza en his-
torias dinámicas, conflictivas y variadas dando
como resultado un campo social y religioso su-
mamentecomplejo.
En consecuencia la característica vigenteen la
región es la fragmentación decredos en una di-
versidad deiglesias y asociaciones con contenidos
doctrinales y organizativos igualmentediversos.
Esta actual heterogeneidad seha construido, de
forma más visible, en las últimas cinco décadas
y seasocia a un proceso derecomposición delo
religioso contextualizado en un movimiento más
amplio deredistribución delas creencias queim-
plica no sólo la disminución porcentual del cato-
licismo sino, demanera particular, la aparición, el
desarrollo y la continuidad deexpresiones detra-
dición cristiana así como las delas consideradas
tradicionales. Para hacerlo explicito, en estecapí-
tulo seidentifica el cambio religioso intercensal
y seubican las tendencias dela orientación delas
preferencias confesionales en los cuatro estados
durantelas décadas de1950 a 2000, lo queper-
miteseñalar quela configuración sociorreligiosa
deesos estados concentran, en conjunto, los por-
centajes más altos del cristianismo no católico
en el país. Dos deellos, Chiapas y Campeche,
mantienen la mayor diversidad decredos religio-
sos en el ámbito nacional, los más bajos porcen-
tajes decatolicismo y los demás inclinación por
las expresiones del cristianismo no católico. De
igual manera la región sedistinguepor contener
el estado queocupa el primer lugar demargina-
ción entrelas entidades del país: Chiapas, que
mantieneel más alto grado demarginación de
la república, condición quesetraduceen los más
acentuados rezagos sociodemográficos. Con re-
lación a la posición según el ÍndicedeDesarrollo
Humano (mil) esa entidad ocupa el lugar 32, o
sea, el último, y Yucatán el 20; en mejor posición
seencuentran Campeche, en el noveno lugar, y
Quintana Roo en el séptimo.
Las politicas decolonización, implementa-
das desdedistintos proyectos estatales en el su-
restemexicano (como el dela "Marcha hacia el
mar", en los años sesenta, por ejemplo) tenían
como propósito poblar territorios eincorporar-
los a la agricultura. Ello motivó la creación de
nuevos centros depoblación ejidal, incitados por
los dinámicos flujos migratorios depoblación
regional y deotras partes del país queencon-
traron en la región la tierra prometida. Poste-
riormentela explotación forestal, hidroeléctrica,
delos recursos petroleros y la industria turística
marcaron otra etapa queatrajo a grandes grupos
defamilias eindividuos para insertarseal traba-
jo asalariado en esas ramas dela economía. En
estecapítulo seretorna la construcción social de
estecontexto socioeconómico para identificar
la relación positiva entrelas dinámicas depo-
blamiento y el aumento depoblación cristiana
no católica en la región. Ello traeaparejado la
movilidad religiosa, a través dela difusión y del
proselitismo evangelizador, y es inherentea la
historia delos grupos; sin embargo, a partir de
la acentuada migración queexperimentan gru-
pos eindividuos y el volumen detraslados ve-
mos quelas instituciones y prácticas religiosas
experimentan cambios.
Para su exposición el capítulo seha organi-
zado en las siguientes partes: la primera hace
una caracterización general sobrelos estados del
sureste; la segunda exponelas distintas expre-
siones religiosas y la última detalla las particu-
laridades delos estados deinterés: Campeche,
Chiapas, Quintana Roo y Yucatán.
1 Frontera sur, México tropical de
reserv a. P oblamiento y religión
La frontera sur deMéxico comprendelos es-
tados deCampeche, Chiapas, Quintana Roo,
Tabasco y Yucatán; sin embargo, para esteca-
pítulo seexcluyea Tabasco quees analizado en
la región golfo deestemismo libro. Deestos
estados sólo Yucatán no es directamentefron-
26
Tasa media
anual de
crecimiento
Posicion
segun el IDH
con relación
a entidades
federativas (a)
ion Anafabeltismo Lugar
(a)
 
(%)
Campeche 754 730 89 084 13.2 1.6% 9 0.8263 10.2 10
Chiapas 4 293459 957 255 26.0 1.6% 32 1  0.7185 21.3 1
Quintana Roo 1 135 309 1 170 982 19.2 4.7% 7 0.8296 6.6 18
Yucatán 1 818948 538355 33.3 1.6% 20 0.7831 10.9 8
Nacional 103 263 388 6 011 202 6.7 2% 0.8031 8.4
Fuente: Conteo 2005, INEGI, México, 2006 (a) InformesobreDesarrollo Humano, México 2006-2007, reo. México. 2007.
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terizo y los otros comparten fronteras; Chiapas
tiene16 municipios quecolindan con Guate-
mala; Campechedos y Quintana Roo uno que
limita con Belice. En total son 19 municipios
quelimitan con Centroamérica y el Caribede
un total de244 quesuman los cuatro estados
del sureste. Estos estados provienen dela im-
pronta cultural mayoritariamentemayal- cuyo
territorio va más allá delas fronteras naciona-
les, compartiendo rasgos con algunos países
centroamericanos. Actualmenteesta frontera,
la frontera sur, es habitada por 8002446 per-
sonas queen conjunto representan 7.6% delos
103.3millones dehabitantes queconforman la
población nacional (INEGI, 2006). Entre1950 y
1980 las tasas decrecimiento medio anual de
su población semantuvieron superiores a tres
por ciento, pero en la década de1980 esas ten-
dencias manifestaron un aumento a 4.2%, en
tanto la tasa nacional disminuyó a 1.9% (Na-
zar et al., 2005: 35). Esto, quesemanifestó de
manera más clara en los ochenta, sedebió sobre
todo en Quintana Roo y Campechea los pro-
cesos decolonización dirigida, al desarrollo de
1  En los estados deChiapas, Campeche, Tabasco, Quintana
Roo y Yucatán conviven grupos indígenas hablantes delas
lenguas tzeltal, tzotzil, chol, tojolabal, maya, kanjobal, mam,
zapoteco, jacalteco, chinanteco, cakchiquel, chontal, lacan-
dón, quiché, ixil y kekchí. Así como hablantes delenguas
zoquey chiapaneca queno son mayances.
la industria petrolera y a la creación decentros
turísticos deatracción internacional. Lo ante-
rior ha permitido a Quintana Roo desarrollar el
sector terciario, 71.1% dela población ocupada,
incluso más queel promedio nacional (53.4%)
y regional (47.2%), como resultado dela acti-
vidad turística. Del lado opuesto, en Chiapas
predomina el sector primario, dondecerca de
60% dela población habita en las áreas rurales y
47.7% sededica a las actividades agropecuarias.
Campechey Tabasco seencuentran en el medio
deesta composición extrema (ibí dem).
El proyecto posrevolucionario seinclinó por
la creación depolíticas queincentivarían la colo-
Tabla 1.1
Población de5  Población de
años y más  5 años y
hablantede más hablante
lengua indigena  delengua
indigena (%)
nización en algunas regiones del país con la idea
degenerar polos dedesarrollo, sobretodo en las
fronteras nortey sur escasamentepobladas. Ello
explica, en alguna medida, el reparto agrario en
terrenos considerados nacionales en el sureste, la
reubicación depoblación campesina para ampliar
el campo agrícola y ganadero, así como el inicio
deuna incipienteindustria turística, petrolera y
comercial queatrajo a una nueva generación de
campesinos al trabajo agrícola combinado con
el trabajo asalariado en los sectores dela cons-
trucción y el turismo. ParticularmenteQuintana
Roo y Baja California, esteúltimo en el norte
del país, tenían extensiones detierras sin cam-
Estado Población
Total



Perfil delos estados del surestedeMéxico, 2005
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pesinos, dondeel presidenteLázaro Cárdenas
reconocía un problema deescasez dehabitantes
(Aboites, 1997: 49). Quintana Roo era territorio
federal y para convertirlo en una entidad el go-
bierno federal inició en los años sesenta un pro-
ceso demigración dirigida para al menos contar
con 80 000 habitantes. Entre1970 y el año 2000
la población pasó de88150 a 874 963habitan-
tes lo quehizo quela tasa media decrecimiento
anual, deacuerdo con los datos del INEGI (2006),
fuesetres veces superior a la del resto del país. La
creación deNuevos Centros dePoblación Ejidal
(NCPE) y municipios, tanto en esteestado como
en zonas colonizables deCampeche, convirtió
a estos territorios en hogar demiles defamilias
campesinas provenientes dediversas partes del
país cuyos estilos culturales y costumbres diver-
sas seenriquecieron con la difusión delos credos
religiosos quecada una portaba. En esa misma
lógica gubernamental en los setenta dieron inicio
fuertes flujos migratorios en una amplia porción
dela selva Lacandona, en la ribera del río Lacan-
tún, Marqués deComillas y en la selva deLas
Margaritas, dondesedotó detierras a campesi-
nos deGuerrero, Puebla, Oaxaca, Michoacán y
del propio estado deChiapas2.
Los perfiles delas múltiples identidades regio-
nales quehoy seidentifican sehan forjado en vastos
territorios colonizados durantelos últimos cin-
cuenta años, y la variada presencia defamilias pro-
venientes dedistintos estados en las zonas pobladas
incidedemanera directa en el tipo depoblamiento
creado, la confluencia multiétnica, la conformación
deestilos devida, la diversidad decredos religiosos
eincluso el reconocimiento y manejo del espacio.
Es posibleentender esto por la evolución delos
patrones migratorios interestatales o dentro delos
mismos estados, definidos por los cambios en la
cuantía y dirección delos flujos queseencuentran
estrechamentevinculados a las distintas etapas del
desarrollo económico dela región o subregiones
particulares delas mismas —como emergencia de
lo queseconsideró serían polos deatracción y que
no necesariamentesetradujeron en ello.
En esesentido, y para el punto queinteresa
destacar, es posiblereferirsea la relación generada
entrelos procesos decolonización-migración y el
crecimiento dereligiones cristianas no católicas
para algunas regiones deCampechey Quintana
Roo principalmente. Las políticas depoblamiento
en determinadas regiones, a través dela creación
denuevas poblaciones, así como la emergencia
demunicipios queincitaron movimientos migra-
torios depoblación regional y deotras partes del
país, muestran una relación positiva entreaquéllas
y el aumento decristianos no católicos. Quintal (en
prensa) indica queen los municipios deCalakmul,
Candelaria y Escárcega, en el estado deCampeche,
la población católica es delas más bajas, con una
población católica de48, 57 y 60 por ciento res-
pectivamente, cuando el porcentajeestatal es de
71 por ciento. Calakmul compartefrontera con
Guatemala, el país deAmérica Latina con mayor
población protestante, y es un municipio derecien-
tecreación y con fuerteinmigración. Éstepresenta
el mayor porcentajedepoblación bíblica no evan-
gélica (Adventistas del Séptimo Día y Testigos de
Jehová) y dela porción quediceno tener religión,
11 y 21 por ciento. En Quintana Roo seregistra el
mismo comportamiento en los municipios deJosé
María Morelos, Solidaridad y Othón P. Blanco cu-
yos porcentajes decatólicos son bajos con relación
al promedio nacional (65, 68y 69 por ciento res-
pectivamente),y han sido espacios colonizados con
orientación agrícola. Algo similar ocurreen los mu-
nicipios quehan recibido a población migranteque
no sólo es deorigen campesino, sino aquélla quese
inserta en el sector turístico como Benito Juárez,
2  N igh (1997 ) identifica cinco fases históricas de la relación humana con la selva tropical del sureste mexicano: 1) Época precolonial
por pobladores mayas de la vertiente del golfo; 2) Durante el siglo > a la explotación forestal que provoca asentamientos de población
temporales; 3) C olonización reciente a través de la ampliación de la frontera agrícola y la ganadería (1950-197 0); 4) Va de 197 0-
1982 y predomina el ejido y la creación de PCPE dedicados a la ganadería extensiva, introducción de cultivos comerciales; es la década
de mayor inmigración y deforestación, y 5) I ncipiente etapa de conservación y restauración.
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dondeseubica Cancún, Isla Mujeres y Cozumel.
En Chiapas esta dinámica serepiteen las regiones
dela sierra y la selva, quereportan una disminución
importantedepoblación católica; más dela mitad
desu población acepta queya no lo es: 43y 49 por
ciento respectivamente. Por el contrario, la región
selva también destaca por presentar los índices más
altos decredos cristianos no católicos, 35.4% desu
población total. Aunqueen Chiapas, hay quedesta-
car, la evangelización protestantey su rápida expan-
sión en el estado debemucho al trabajo misionero
depresbiterianos guatemaltecos queno vieron en
la frontera un obstáculo para el desempeño desu
labor proselitista (Rivera, en prensa).
2. P luralidad religiosa en el sureste
a. C atólicos
Los estados dela región secaracterizan actual-
mentepor un dinamismo religioso degran plura-
lidad; sin embargo, por su profundidad histórica el
catolicismo es la propuesta queha intentado cons-
tituirseen la religión común y aún ahora, a pesar
dela pérdida desu feligresía, continúa siendo la
mayoritaria. El catolicismo ha tenido diversas for-
mas depráctica y expresión. Las más generalizadas
son las quesevinculan con lo institucional, por un
lado, y con lo popular, por otro. La primera depen-
dedela jerarquía católica y del sistema sacerdotal
centralizado queelabora la doctrina ortodoxa y el
culto, y la segunda subyacentesedistinguepor la
escasa doctrina y más por su rico y complejo ritual
ligado al culto a los santos y las vírgenes como una
experiencia religiosa cotidiana.
La religión Católica siguemanteniendo
la preeminencia en la región, cuya presencia
institucional es devieja data. El Obispado de
Yucatán secrea en 1535, institucionalizado en
1700 y convertido en arzobispado en 1906; el
Obispado deChiapas sefunda en 1539; el de
Campecheen 1895; y recientemente, en 1969,
seconstituyela Prelatura Cancún-Chetumal
en Quintana Roo. Actualmentela circunscrip-
ción dela iglesia Católica en México secom-
ponede15 regiones pastorales regidas por la
Conferencia del Episcopado Mexicano; dos
deellas cubren el surestemexicano: Campe-
che, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán seads-
criben a la región sureste(integrada por 142
municipios) y organizada internamentepor
la arquidiócesis en Yucatán, así como por dos
diócesis (Campechey Tabasco) y la prelatura
en Cancún-Chetumal. En tanto queChiapas,
junto a Oaxaca, componela región pacífico-sur
(integrada por 608municipios) y seencuentra
administrada por dos arquidiócesis (Oaxaca y
Tuxtla Gutiérrez) y cinco diócesis (Puerto Es-
condido, San Cristóbal delas Casas, Tapachu-
la, Tehuantepec y Tuxtepec).
La región pacífico-sur seha distinguido has-
ta hacealgunos años por los proyectos pastorales
ligados a la teología dela liberación, lo quecausó
discrepancia entreciertos sectores delas zonas
pastorales y eventualmenteen la Conferencia del
Episcopado Mexicano, queno siemprecompar-
tieron esta perspectiva liberalizadora.
La antigüedad deesta histórica institución
no ha sido sinónimo defortaleza. Su débil pre-
sencia, y en algunos casos ausencia, seacentúa
en las regiones costeras deCampeche, Tabas-
co y Veracruz, así como en vastos territorios del
nortey orientedeChiapas y Quintana Roo.
La escasez declero y seglares es otro aspecto a
considerar y ha sido la constante; sólo en Chia-
pas las diócesis deTuxtla Gutiérrez y Tapachu-
la cuentan, aún hoy día, con un sacerdotepara
13000 y 15 000 personas respectivamente, ci-
fra queen la Diócesis deSan Cristóbal seeleva
hasta 20 000. El promedio del país es de10 000
personas por sacerdote(Casillas, 2003: 87).
La gráfica muestra la evolución queel ca-
tolicismo experimenta en el surestemexicano
durantelos últimos cincuenta años.
Las cifras revelan la trayectoria descen-
dentequeexperimenta el catolicismo en los
últimos cincuenta años. Entre1950 y 2000
destaca demanera llamativa Chiapas cuya
disminución es de33.64 puntos porcentua-
les; lesigueCampechecon 26.25 puntos y
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G r áfi ca 1.1  El sureste mexicano: población "católica", 1950-2000
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1950 1960 197 0 1980 1990 2 000
C ampeche  C hiapas  MI Quintana R oo  Yucatán  mi  N acional
Fuente: Base de datos del proyecto "P erfiles y tendencias del cambio religioso en México, 1950-2000", basado en los datos de los censos de población 1950 a 2000, México.
Quintana Roo con 23.4 puntos. El descenso
más drástico segenera entrelas décadas de
1970 y 1980; en las siguientes décadas parece
mantener cierta estabilización al mostrar me-
nos pérdida. Fuera deesta dinámica seencuen-
tra el estado más católico del sureste: Yucatán,
queen cinco décadas sólo ha reducido 13.8por
ciento desu población católica, aunquees más
alta quela disminución nacional en esas mis-
mas décadas (10.2%). (Gráfica 1.1)
La iglesia Católica ha tenido éxitos y fracasos
en el ámbito dela evangelización, pero sobreto-
do existeuna ausencia notoria en vastos territorios
queno leha permitido un trabajo sistemático y de
cobertura en sus provincias eclesiásticas. A ello se
agregan las confrontaciones quesostuvo con go-
biernos liberales y socialistas durantelas primeras
décadas del siglo XX quepromovieron políticas y
leyes anticlericales3. Más recientementetambién,
la emergencia deotros credos religiosos cristianos
quehan encontrado en la región las condiciones
propicias para su expansión; y el aumento depo-
3 Joaquín Mucel (1914) y Félix Flores (1921) en C ampeche (May, 2002); S alvador A lvarado (1915) y Felipe C arrillo P uerto (1918) en
Yucatán (Joseph, 1992 citado en Quintal, en prensa) y Víctórico Grajales en C hiapas, que entre 1932 y 1936 mantuvo la campaña
antirreligíosa relacionada con la política iconoclasta del centro del país.
30
Mapa 1.1
P resencia de "católicos" en la región del sureste por municipios, 1960
P orcentaje de "católicos", 1960
N ul a
40.06 - 82 .00
82 .01 - 91.00
91.01 - 95.00
95.01 - 98.00
98.01 - 100

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Kilómetros
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1  1
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Fuente: Elaborado por A lberto Hernández y C arlos V. R uelas basado en los datos del proyecto "P erfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base N E)", a partir de los C GP YV, I N EG/ 1950-2000.
31
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P resencia de "católicos" en la región del sureste por municipios, 2000
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P orcentaje de "católicos", 2000
N ul a
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1 - 45.00
45.01 - 62 .00
62 .01 - 7 3.00
7 3.01 - 83.00
83.01 - 100
Veracruz
Belice
O axaca
Guatemala
Fuente: Elaborado por A lberto Hernández y C arlos V. R uelas basado en los datos del proyecto "P erfiles y tendencias del cambio religioso en Mexice 1950-2000 (Base ..u" a partir de los cGprv, I N EGI 1950 - 2000.
Kilómetros
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blación queafirma no profesar ninguna religión.
La gráfica siguientemuestra cómo sedistribuyeen
el año 2000 la población deacuerdo con su prefe-
rencia religiosa. (Gráfica 1.2)
b. C ristianos no católicos
Desdehacemás decien años el catolicismo
convivecon diversas expresiones cristianas no
católicas, llamadas genéricamenteprotestantes,
instauradas en diferentes épocas. Hacia finales
del siglo xIx las iglesias históricas, Presbite-
G r áfi ca 1.2
Estados del sureste: Distribución
de la población de 5 años y más
según su religión, 2000
I S in religión  I  
Bíblica no  I  P rotestante y  
C aldea
evangélica  evangélica
100% 145
969 13.6]  9.16  
l,
80% 8428  -
60%
40%
20%
7 3.17
7 1.28
—  6313


0%
C ampeche  C hiapas  Quintana R oo  Yucatán
Fuente: I N EGI , XI I C enso General de P oblación y Vivienda, 2000.
T abulados Básicos, México, 2001.
liana demanera destacada, iniciaron su labor
evangelizadora en Yucatán y Campeche, y no
es hasta las primeras décadas del siglo xx, pe-
ro sobretodo después delos sesenta, cuando
las pentecostales y bíblicas no evangélicas (ad-
ventistas del séptimo día y testigos deJehová)
emprenden su labor evangelizadora con gran
impulso, cuyo crecimiento sevincula con los
procesos decolonización, poblamiento y crea-
ción denuevos municipios a partir del desa-
rrollo dela industria petrolera, turística y la
explotación forestal. La presbiteriana secarac-
teriza por su estructura eclesiástica sólida con-
formada tras varios años depresencia mundial,
nacional y regional, y quearribó al surestepor
una decisión tomada en Estados Unidos, desde
dondesedistribuyó el territorio deevangeliza-
ción. Los estados deCampeche, Yucatán, Ta-
basco y Chiapas fueron asignados a la Iglesia
Presbiteriana del Nortedelos Estados Uni-
dos quecompartió el trabajo misionero con la
Iglesia Reformada deAmérica4.
Hasta la segunda mitad del siglo xx la
nueva oleada decristianismos no católicos
apareceen el escenario regional. Las expre-
siones pentecostales son las quemás posibi-
lidades deexpansión y adecuación ubicaron
entrela población del sureste. Actualmente
más dela mitad dela población pentecostal
deMéxico seubica en el sur-surestey man-
tieneuna presencia importanteen Veracruz,
Chiapas, Oaxaca, Tabasco, Quintana Roo y
Campeche. Es evidentequeesto corresponde
a los estados del sureste, dondeseencuen-
tra 52.2% desu feligresía nacional. Los es-
tados deVeracruz, Chiapas y Oaxaca tienen
en su conjunto más de560 000 personas que
seadscriben a esta doctrina (I N EGI , 2001).
En Campeche, representan 5.8% dela po-
blación total; en Chiapas 5.7%, en Quinta-
na Roo 4.3% y en Yucatán 2.5%. Lo anterior
confirma lo quelos estudios etnográficos han
indicado: el perfil sociodemográfico desu
feligresía indica su prevalencia y expansión
en localidades rurales, urbanas marginadas y
entrelas poblaciones indígenas. Por cada 10
personas pentecostales en México, dos hablan
alguna lengua indígena; deéstos, diez dos son
monolingües (I N EGI , 2001). Destacan los ha-
blantes denáhuatl, maya, tzeltal, las lenguas
4  En R ivera (en prensa) se detalla la forma como la iglesia P resbiteriana se desarrolla institucionalmente en C hiapas; también se des-
taca el importante papel que hombres y mujeres comunes, desligados inicialmente de cualquier I glesia, desempeñaron en la difusión
de la doctrina cristiana.
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P resencia de "cristianos no católicos" en la región del sureste por municipios, 1960
80 40 0 80
-1111:14..
-441
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1.01 - 2 .00
Veracruz
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Guatemala
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Fuente: Elaborado por A lberto Hernández y C arlos V. R uelas basado en los datos del proyecto "P erfiles y tendencias del cambio religioso en México 950-2000 (Base_ N E)", a partir de los C GP YV, N EO 1950 - 2000
2 .01 - 3.00
3.01 - 11.00
11.01 - 41.00
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P orcentaje de "cristianos no católicos", 1960
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P resencia de "cristianos no católicos" en la región del sureste por municipios, 2000
I
P orcentaje de "cristianos no católicos", 2000
N ul a
1 - 9.00
9.01- 14.00
Veracruz
Kilómetros
Fuente: Elaborado por A lberto Hernández y C arlos V. R uelas basado en los datos del proyecto "P erfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_ N E)", a partir de los C GP YV, I N EGI 1950 - 2000
14.01 - 18.00
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2 9.01 - 57 .00
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Estados del sureste mexicano: población "cristiana no católica", 1950-2000
G r áfi ca 1.3
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C ampeche
1960
C hiapas
197 0
Quintana
1980
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1990 2 000
N acional
Fuente: Base de datos del proyecto "P erfiles y tendencias del cambio religioso en México, 1950-2000' , basado en los datos de los censos de población 1950 a 2000.
zapotecas, tzotzil y chol; tres deellas son ha-
bladas por chiapanecos, aunquecada vez es
más fácil constatar su presencia y crecimiento
en todos los sectores sociales.
Las expresiones del protestantismo, his-
tórico y pentecostal, son producto detradi-
ciones aparentementediferentes: las primeras
surgen dela protesta institucional promovida
en la Europa del siglo xvi, pero reformulada
en Estados Unidos en el siglo xIx, y las se-
gundas proceden del mismo país a principios
del mismo siglo. Una y otra sehacen llamar a
sí mismas cristianas, aunquedemanera espe-
cífica cada una seidentifica con una denomi-
nación particular.
En su inicio la misión evangelizadora de
los cristianos no católicos estuvo marcada
por el interés delas personas locales, muchas
veces convertidas fuera dela región, o por
quienes semotivaron a difundir la Palabra de
Dios, sin tener siquiera nexos oficiales con
instancias eclesiásticas, y gracias a su empe-
ño, el trabajo misionero tuvo éxito en la im-
plantación dedenominaciones en la mayoría
delos casos. Quintal (en prensa) indica las
características quelos protestantes histó-
ricos emprendieron en la península deYu-
catán, quemarca su inicio con la llegada de
un destacado misionero. La difusión religio-
sa seda a partir dedos estrategias exitosas:
1) Inicia con la entrada deun ministro o mi-
sionero en la comunidad, quepropaga poco a
poco su creencia religiosa. 2) A través dela
influencia deun miembro dela comunidad
queemigra temporalmentepor motivos que
no son religiosos; es decir, recibeen el lugar
al quemigra el mensajebíblico y seconvierte.
Cuando vuelve, enseña sus nuevas creencias a
su familia y amistades. En Chiapas, hacia los
últimos años del siglo xix, la tarea difusionis-
ta sedesenvolvió deforma coyuntural cuan-
do algunos guatemaltecos seincorporaron al
trabajo en las fincas cafetaleras en las locali-
dades fronterizas delas regiones Soconusco
y Sierra. No hubo un proyecto misionero es-
tablecido, sino un contacto depersonas que
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no vieron en la línea fronteriza un obstáculo
para la interrelación. Inicialmentela predica-
ción seprodujo sin un programa o proyecto
estipulado. Casi siempreserepiteun mismo
patrón queobedeceal impulso einclinación
depersonas por la vocación bíblica depre-
dicar el Evangelio en un territorio habitado
por gentequeparticipa, en muchos sentidos,
deuna historia y cultura común. Una vez
queesteprocedimiento informal, pero su-
mamenteefectivo, crea las bases y pequeñas
comunidades decristianos entonces sebusca
la "cobertura" dealguna iglesia; o bien algún
ministro deculto queha observado el primer
proceso en las localidades y solicita permi-
so a su Iglesia para hacersecargo del nuevo
grupo naciente. Un segundo paso, aunqueno
necesario, es la incorporación dela congre-
gación a una institución religiosa. El manda-
miento bíblico de"id y predicad el evangelio
a toda criatura", lleva implícita la concepción
eidea dedifusión a partir dela cual secons-
truyen mecanismos y estrategias encamina-
das a estimular el conocimiento einstrucción
del cristianismo y su doctrina quepredica la
fedeJesucristo o las virtudes cristianas; lo
quecomúnmentellamamos evangelización.
A partir deeseprecepto cada creyenteexpe-
rimenta el sentimiento eidea decompartir
su creencia, su fe, su ideología religiosa con
los queestán próximos a él (Rivera, en pren-
sa). Muchas iglesias actualmenteregistradas
institucionalmente, sobretodo pentecosta-
les, empezaron su actividad misionera deesa
manera, encabezada por personas y familias
quemigraron a la región, llevando consigo
su creencia religiosa y quedifundieron en los
nuevos lugares dellegada. En la siguiente
gráfica semuestra el ascenso relativo delos
cristianismos no católicos, quedestaca por
la velocidad mantenida entre1980 y 2000,
particularmenteen los estados deChiapas y
Campeche. (Gráfica 1.3)
c. R eligiones de la costumbre
y la tradición
Estas expresiones seligan a la presencia de
viejas creencias costumbristas y tradicionales
quehacen especialmentecomplejo el escenario
sociorreligioso en vastas zonas del surestey del
país en general. La identidad tradicionalista o
costumbrista combina elementos católicos de
distintas épocas y rituales campesinos del ciclo
agrícola y del ciclo católico. Eventualmente
sevinculan con las relaciones del territorio y
sus recursos naturales, deorganización social y
más recientementecon las variadas expresiones
pentecostales. Estas religiosidades indígenas-
campesinas secaracterizan por no reconocer,
en la práctica, la autoridad deninguna Igle-
sia o denominación, por no tener —según sus
propiaspalabras— "religión" (Viqueira, 2002:
178)5. No es posibleencajarlas, para su regis-
tro, en la categoría censal dereligión, bajo la
concepción convencional ligada a instituciones
y sistemas. Sus expresiones van más allá dela
relación hombre-sagrado y seexpresan a tra-
vés deciclos rituales quesimbolizan visiones
del mundo y permean la cosmovisión, ideas,
creencias y su relación con deidades.
Entrelos mayas deQuintana Roo, Villa Rojas
(1987) encontró quela religiosidad local sevin-
cula a las prácticas agrícolas comunitarias eindi-
viduales queseexplican desdelas relaciones que
seestablecen entreel ser humano y la naturaleza,
mediadas por la organización social queasocia,
en algunos casos, territorio, parentesco, ciclos
productivos y ciclo ritual centrados en la iglesia
Maya decada pueblo atendido por el maestro,
5  En muchos lugares de C hiapas se dice que los evangelistas son los únicos que tienen "religión". En esa percepción los protestantes
son considerados los de la "religión". P robablemente por ello cuando son interrogados, por quien levanta el censo de población, los
costumbristas, e incluso muchos católicos, responderán que no tienen religión para desmarcarse de los evangélicos.
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curandero o el especialista delas ceremonias. Es
dificil identificar el número depersonas quese
adscriben a estetipo dereligiosidad elaborada
mayoritariamentepor grupos campesinos'.
Además deesterico patrimonio simbólico,
queseconstruyedelas prácticas campesinas
degran profundidad histórica, encontramos
creencias sui géneris entresectores dela po-
blación queya no seconsidera indígena, o que
sufrió tempranamenteprocesos demestizaje.
Por ejemplo, en los municipios fronterizos de
Tapachula y Tuxtla Chico, Chiapas, serepro-
ducen creencias y prácticas ligadas a la santería
y espiritismo asociados con los santos católicos
y otros santos regionales como Albino y Jose-
fa Cuschubá (indígena mam guatemalteca) y el
culto a Maximón o San Simón, santo deChia-
pas y Guatemala. En el Soconusco y Guatemala
"los chimanes, médiums, materialistas, hechi-
ceros, brujos y espiritualistas" también forman
partedeuna geografía religiosa tapachulteca-
guatemalteca, y la posición ambigua delos
santos revela las tensiones sociales y la insegu-
ridad y violencia crecientes, además delos in-
fortunios querepresentan las crisis económicas
en esta zona fronteriza. Expresan también los
acercamientos delos santos indígenas o indíge-
6  P ara más información sobre el tema, véase De Vos (2000).
nas ladinizados guatemaltecos al mundo delos
mestizos mexicanos, independientementedela
nacionalidad o del racismo hacia los "cachucos"
y los "paisanos" como llaman a los guatemalte-
cos (Arriola, 2003).
Asimismo es posibleescuchar, en muchas
localidades dela región, constantes testimonios
dela presencia decuatro personajes aparente-
mentedistintos y provenientes dediferentes
ejidos cafetaleros dela zona deCacahoatán y
Unión Juárez: la aparecida del volcán Tacaná,
la del señor del cerro del ejido Toquián, la del
señor del monteo delos cafetales, deMixcún
(estos dos últimos pueden ser variaciones de
una misma matriz) y la del Sombrerón o Dia-
blo, cuya adscripción no semenciona. Según
Guzmán (2007) estos seres merodean en espa-
cios no terrenales, hablan deotra realidad, y en
su "encuentro" con los hombres, éstos "pierden",
son "ganados" o "amarrados", es decir, quepier-
den la razón porqueles es imposiblemanejar
esta realidad o porquetraspasaron las fronteras
desu mundo y accedieron a otros espacios, a los
queprobablementesólo los hombres especiales,
los chimanes tal vez, tienen la posibilidad de
acceder únicamenteen situaciones especiales.
Esto es, por su condición dehombres con cono-
cimiento y cualidades especiales queles permite
entablar comunicación con estos seres y con su
mundo, como intermediarios.
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80 80  40
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P orcentaje de "sin religión", 1960
N ul a
0.01 - 0.50
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5.04 - 19.60
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P resencia de población "sin religión" en la región del sureste por municipios, 1960
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Fuente: Elaborado por A lberto Hernández y C arlos V. Huelas basado en los datos del proyecto "P erfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (13ase_ 11)", a partir de los C GP YV, I N EGI 1950 - 2000
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P orcentaje de "sin religión", 2000
N ul a
O - 3.00
Kilómetros
Fuente: Elaborado por A lberto Hernández y C arlos V. R uelas basado en los datos del proyecto "P erfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_ N E)", a partir de los C O P YV, I N EGI 1950 - 2000
3.01 - 5.00
5.01 - 2 4.00
2 4.01 - 64.00
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P resencia de población "sin religión" en la región del sureste por municipios, 2000

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A continuación sedetalla la composición delas ads-
cripciones religiosas en cada estado dela región.
C ampeche
Campecheselocaliza en la península deYucatán
en el surestedel territorio nacional. Seconvierte
en estado dela federación, independientedeYu-
catán, en 18577. Colinda al nortecon Yucatán,
al orientecon Quintana Roo, al sur con Tabasco
y la República deGuatemala y al occidentecon
el Golfo deMéxico. Debido al flujo inmigrato-
rio querecibeel estado también hay indígenas
choles, kanjobal y mam (Aranda et al., 2003:
83) provenientes deChiapas y Guatemala. Los
municipios con mayor porcentajedepoblación
indígena seubican al nortedel estado: Calkiní
(89.57%), Hacelchakán (81.49%) y Hopelchén
(79.95%); dondemenos población indígena hay
es en el suroeste: Palizada (2.56%), ciudad de
Carmen (5.12%) y Candelaria (14.43%)8.
El estado secomponeactualmentede11
municipios organizados en dos regiones: la
norte, queincluyeCampeche, Tenabo, Ho-
pelchén, Hecelchakán, Calkiní; y la sur que
comprendeChampotón, Escárcega, Carmen,
Palizada y los dos creados en los años no-
venta: Calakmul y Candelaria (queformaba
partedeCarmen). En el sur sealentaron los
proyectos gubernamentales decolonización y
la industria petrolera lo quehizo queciudad
deCarmen sea actualmentela segunda ciudad
más habitada del estado (200 000 habitantes)
sólo después dela capital Campeche(239 000
habitantes). Ambas concentran más dela mi-
tad dela población estatal y las principales
actividades económicas demayor dinamismo:
petróleo, pesca, comercio y servicios, lo que
originó un notorio crecimiento depoblación
conformada por campechanos y deotros esta-
dos (Vadillo, 2000). Los municipios con menos
población son Palizada y Tenabo con 7410 y
7523habitantes respectivamente. La zona
maya deCampecheseubica en el norestedel
estado y está integrada por los municipios de
Hopelchén, o región deLos Chenes; Calkiní,
Hecelchakán y Tenabo o región del Camino
Real. Es una región integrada por 10 locali-
dades detipo urbano y 178con características
rurales (Gómez, 2001: 48).
Durantelas últimas décadas Campecheha
experimentado una vigorosa diversidad demo-
vimientos poblacionales, lo queha dado a la
entidad un perfil específico en la conformación
desu población. Sin embargo, y como ocurreen
casi todo el país, el estado presenta, durantelos
últimos cinco años, una desaceleración en el rit-
mo decrecimiento como resultado deun efecto
combinado dela disminución en la descenden-
cia delas mujeres, del cambio en el patrón de
la migración interna y del leveincremento en
el flujo migratorio quesedirigeprincipalmente
hacia Estados Unidos (INEGI, 2006).
ActualmenteCampechees el tercer estado
deMéxico con mayor diversidad decredos; el
primer y segundo lugar lo ocupan Chiapas y Ta-
basco. Decada 100 personas campechanas, 71
son católicas, cuatro son protestantes históricos,
nueveson evangélicos, cinco adscritos a la cate-
goría de"bíblicos no evangélicos" y 10 dicen no
tener religión (INEGI, 2001). Sin embargo, este
escenario es reciente, pues hasta 1970 la pobla-
ción católica era de91 por cierto y es durante
las siguientes décadas quela disminución ad-
quiereun ritmo acelerado, al grado queen 2000
representa 71.28% dela población mayor de
cinco años. La diferencia porcentual entream-
bas décadas es de19 puntos. Contrariamentese
7  
O tras fuentes indican que C ampeche se separó de Yucatán en mayo de 1858, fecha en que se firmaron los convenios que establecían
su separación definitiva. P ero fue en abril de 1863 cuando el presidente Juárez firmó el decreto de emancipación de C ampeche y su
reconocimiento como estado de la federación (Monografía G obierno del Estado de Campeche, citada en Espinosa 1989:19).
8  A gradezco el apoyo proporcionado por la Mtra. P atricia Fernández quien colaboró conmigo en la ubicación de material de campo en
el estado de C ampeche.
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G r áfi ca t4
C ampeche: Evolución de las
preferencias religiosas en población
de 5 años y más, 1950-2000
C ristiana no
católica
S in religión  O tras C atólica
100%
80%
20% r-
0%
1950 1960 197 0 1980 1990 2000
da un aumento depoblación adscrita a otras re-
ligiones cristianas no católicas; en 1970 ésta era
de5.53% y en 2000 de17 por ciento, la brecha
entreun porcentajey otro es de11 puntos. Por
otro lado, el porcentajedepoblación queseins-
cribeen el rubro de"sin religión" también ha ex-
perimentado cambios, en 1970 era de2.87% y
en 2000 de9.89%, la distancia entreuno y otro
es desietepuntos porcentuales. (Gráfica 1.4)
El catolicismo seha organizado a partir de
la Diócesis deCampeche, detradición fran-
ciscana, fundada en 1895; sin embargo, hasta
1938adoleció deuna institucionalidad sólida
debido a la fortaleza del Estado influenciado
por las Leyes deReforma, la Revolución, la
Cristiada y la politica anticlerical. Anterior-
menteseestructuró dela siguientemanera: en
ciudad deCampecheseinstauró la vicaría in
cápite, la parroquia principal y San Francisco;
villas-parroquias en Hecelchakán, Calkiní, B o-
lonchén, Hopelchén, S eybaplaya y Champotón;
en ciudad deCarmen seencontraba la vicaría
in cápitey la parroquia principal con dos cu-
ratos anexos en S abancuy y Chicbul (Alpuche,
s/a: 253). Su feligresía, organizada a través de
gremios9 y cofradías10, derivó posteriormenteen
la Acción Católica quedurantecasi todo el siglo
xx centró su atención en los espacios urbanos,
cuyos objetivos eran "remoralizar a la sociedad,
enfrentar los retos demodernidad, tratar de
cambiar la legislación quelimita los espacios de
la Iglesia, luchar por la libertad religiosa, evitar la
infiltración del protestantismo y apuntalar la re-
ligión católica como fundamento espiritual úni-
co delos campechanos" (Serrano, 1994: 47). En
los años cincuenta, propugnando un catolicismo
militante, la Acción Católica impulsó una cam-
paña a favor del orden social cristiano; sin embar-
go, después del Concilio Vaticano II, la Iglesia y
la Acción Católica seseparan, lo queconstituyó
el inicio dela debilidad desus agrupacionesn.
Durantelos años cuarenta la asociación sein-
volucra en un proyecto político nacional a través
del nacientePartido Acción Nacional (PAN) que
posibilitó, en Campeche, la fundación en 1956
dela organización Caballeros deColón, confor-
mada por militantes del PAN y miembros dela
Acción Católica del estado; pretendió fortalecer
el poder empresarial y politico y posicionar a la
jerarquía en estos escenarios. A la par crecieron
otras agrupaciones laicas12. Hacia finales delos
491011.1~1111
3.89
97 .53
93.11
90.99
13.52
— 85.68 —  
17
7 6.32
7 1.28
60%
111111111


5.53


40%
9  
Éstos se mantenían independientes de la jerarquía y destacaban los de la U nión O brera, Labradores, A rtesanos, A gricultores, Marinos,
Mestizas y C arretilleros (Malavé, 2003: 21).
10 Hasta 1950 destacaban: la C ofradía del S anto N iño de Jesús de P raga, la A rchicofradía de N uestra S eñora del P erpetuo S ocorro, la
A sociación de las Hijas de María I nmaculada y el A postolado de la O ración, la C ofradía de N uestra S eñora del C armen, la A sociación
de N uestra S eñora de las Mercedes, las Damas Vicentinas y en 1925 se fundó la A doración N octurna, conformada por católicos de
clase media (Malavé, 2003: 20).
11 Juventud C atólica Femenina de México, A sociación C atólica de la Juventud Mexicana, U nión de C atólicos Mexicanos y la U nión
Femenina C atólica de México.
12 C onferencia de S an Vicente de P aul, C ongregación Mariana, A sociación de Hijas de María I nmaculada, Los C aballeros de C olón y el
Movimiento Familiar C ristiano que desarrollaron su labor en las zonas urbanas.
Fuente: Base de datos del proyecto "P erfiles y tendencias del cambio
religioso en México, 1950-2000" basado en los datos de los censos
de población 1950 a 2000, México.
42
setenta, siendo ya casi inexistentes las asociacio-
nes dela Acción Católica, el carácter laico dela
Iglesia sevivea través del movimiento dereno-
vación en el espíritu santo y deotros apostolados
queseinteresaron más por las experiencias defe
quela predicación dela acción social. Actual-
mentela diócesis está integrada por cuatro deca-
natos (centro, sur, frontera sur y frontera norte),
como cuatro zonas deevangelización quetienen
interés en fortalecer su pastoral anteel avance
delos cristianos no católicos y la pérdida desu
feligresía.
El presbiterianismo, por su parte, emerge
aproximadamentepor el año de1928en el
nortedel estado y hasta los años cuarenta se
construyen los primeros templos. Los adven-
tistas del séptimo día arriban duranteprinci-
pios delos setenta; los testigos deJehová en
1979 y más recientementelos pentecostales,
en los ochenta (Espinosa, 1989: 27-29). Es-
tos últimos han realizado su labor a través de
la estructuración deredes regionales queco-
munican Yucatán, Quintana Roo, Campeche,
Tabasco y Veracruz, al mismo tiempo queel
catolicismo manifiesta un decrecimiento entre
1970 y 1980, como reporta el censo; casos co-
mo Tenabo y Hecelchakán son los más noto-
rios. En cambio, esta dinámica destaca en las
décadas de1990 y 2000, precisamentecuando
aumenta la población, y serelaciona con la am-
pliación dela frontera agrícola y la posterior
creación dedos municipios en el surestedel
estado: Calakmul (1996) y Candelaria (1998).
La emergencia demuchos deestos proyec-
tos religiosos serelaciona con las migraciones
quesehan dado en el estado desde1964, año
cuando fueron trasladados y ubicados 40 000
campesinos como efecto dela reforma agraria
quefavoreció a demandantes detierra del li-
toral del golfo y reubicados en la partesur del
estado, sobretodo en el municipio deCandela-
ria (Gurri, 2005: 100). Lo mismo ocurrió en los
ochenta, cuando la industria petrolera atrajo a
cerca de20 000 personas (Icc, 1987: 255). Des-
pués delos ciclos productivos del palo detinte,
la explotación delas maderas preciosas (defines
del siglo xIx y principios del xx)" y el chicle(en
1950 concluyeel augechiclero), el petróleo fue
desde1982la principal actividad económica del
estado y ha creado nuevos modelos en la econo-
mía regional y también en la organización del
trabajo, generando aumento depoblación. En-
tre1970 y 1980 la población aumenta a 168977
habitantes y entre1990 y 2000 el crecimiento,
menos pronunciado, es de150 247 individuos.
Desde1975 también seregistra la presencia de
menonitas, quienes desarrollan sus propios pa-
trones culturales en sus espacios deresidencia.
A ello seagrega la llegada de30 000 refugiados
guatemaltecos, en la década delos ochenta, ubi-
cados en campamentos circunscritos, más otro
número indeterminado queno sesituó en los
campamentos. En los años recientes los progra-
mas derepatriación hicieron posibleel retorno
demiles deguatemaltecos a su país.
Las consecuencias delas políticas deco-
lonización, así como dela creación dela ca-
rretera Escárcega-Chetumal promovieron el
aumento dela población del sur quecreció de
5000 a más de60 000 habitantes (23115 en
Calakmul y 37 681 en Candelaria) en menos
de30 años (Gurri, 2005: 99). Esa dinámica
ha continuado durantelos últimos años y en-
tre1995 y 2000 Campecheha seguido siendo
lugar deatracción para campesinos deotros
estados. Los municipios quemás inmigrantes
recibieron fueron Carmen, Campeche, Escár-
cega y Candelaria destacando los proceden-
tes deTabasco (15.1%), Veracruz (19.7%) y
Chiapas (39.6%) y deotros 20 estados del
país entrelos quesecuentan Michoacán,
Guanajuato, Durango, Coahuila, Quintana
13 El establecimiento de compañías deslindadoras favorecidas por la Ley sobre O cupación y Enajenación de T errenos Baldíos de 1863
y la Ley de C olonización de 1883 favorecieron la adquisición de grandes extensiones de terrenos nacionales en muchas partes de
C ampeche (Galletti, 1993 citado en S chüren, 2003: 155).
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Roo, Hidalgo, Oaxaca y otros (Cortina et al.,
1999 citado en Gurri, 2003: 115) aglutinando
a una amplia variedad étnica y cultural.
Si nos fijamos en el ámbito municipal ve-
mos quepara el caso dela población católica
las preferencias son desiguales: Escárcega es
el quemás experimenta pérdida, entrelas dé-
cadas de1950 al 2000 la brecha ha sido de
37.86 puntos porcentuales mientras quela de
Hopelchén ha sido de35.68. Por el contrario,
los municipios quepresentan menos cambios
son Palizada, queen seis décadas sufrió una
disminución de10.51%, y Tenabo, de16.8%
dela población católica. Para el año 2000
Palizada y Calakmul muestran los extremos
en el estado: el primero es el más católico y
el segundo el menos católico, y la distancia
entreambos es demás decuarenta puntos
porcentuales. Calakmul y Candelaria son los
municipios dondemenos católicos hay en el
año 2000 (47.76% y 56.78% respectivamen-
te) y Palizada es el quemás alto índicede
catolicismo presenta en seis décadas, mante-
niéndosehasta 2000 (88.43%). EntreCalak-
mul y Palizada existeuna brecha decuarenta
puntos porcentuales.
La relación entreinmigración decampesi-
nos provenientes delos estados con mayor ín-
dicedeprotestantismo (Chiapas y Tabasco) a la
región del sur deCampecheexplica en parteel
crecimiento decongregaciones cristianas no ca-
tólicas. El elemento migratorio, según diversos
estudios, sevuelveun vehículo deideas decon-
versión" y acordea la información decampo se
indica quelos "migrantes choles deChiapas han
sido los quemayoritariamentetrajeron el pro-
testantismo al sur deCampeche"". Sin embar-
go, el aumento deiglesias cristianas no católicas
serefleja en el estado en general, sobresaliendo
los municipios del surestedel estado. La excep-
ción está marcada por el municipio más católico
deCampeche: Palizada.
Con relación a la población adscrita a las
religiones cristianas no católicas destacan
los municipios deCalakmul (30.78%), Ho-
pelchen (25.56%), Candelaria (24.56%) y
Escárcega (23.31%). La mitad delos muni-
cipios del estado está en la franja de8.03%
y 16.23% (Palizada, Tenabo, Carmen, Cam-
peche, Calkini). El protestantismo histórico
predomina en Hopelchén y el pentecostalis-
mo en Champotón, Calakmul y Candelaria.
La Iglesia Presbiteriana Independientede
México es una delas primeras en instaurarseen
la región, como El Divino Jesús, queseorigina
en 1950. La primera iglesia quedó adscrita a la
jurisdicción del Presbiterio Mexicano Indepen-
diente(Ciudad deMéxico) quela consideró
como "la iglesia madredela península, como
iglesia guía" dela península (Rodríguez Herre-
ra, 2001). Ya tenía presencia en Nohakal, Tena-
bo, y Ovala (municipio deTenabo). En 1951 se
organizó el Instituto Regional en Bola, Tenabo
quecongregó a las iglesias deYucatán y Cam-
peche. En 1962iniciaron relaciones con la Igle-
sia Cristiana Reformada deNorteamérica y en
1974 sereorganiza el presbiterio del Surestey
Centro. Por su partelas congregaciones pente-
costales deYucatán (El Camino, La Verdad y la
Vida) empiezan su labor misionera en Calkiní
(Dzibalché) en 1980 a la vez queseextienden
hacia Quintana Roo, Tabasco y Veracruz (Espi-
nosa, 1989: 43).
Si nos acercamos a las preferencias religio-
sas, para el año 2000 encontramos quedentro
dela población cristiana no católica hay mayor
preferencia por las iglesias pentecostales (5.8%),
entrelas quedestacan la deChampotón, Ca-
lakmul y Candelaria. En eseorden lesiguen las
protestantes históricas, sobretodo Presbiteriana
(3.6%), y otras cristianas (3.8%). Por su parte
los testigos deJehová (2.4%) seubican particu-
14 En R ivera, 2003, se analiza la dinámica religiosa que se genera entre migrantes del campo a la ciudad o entre ciudades.
15 I nformación proporcionada por investigadores del C olegio de la Frontera S ur que desarrollan proyectos de investigación en C alakmul
y C andelaria; C ampeche, C ampeche, julio de 2006.
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larmenteen Calkiní, Hecelchakán, Campeche
y Escárcega, y los adventistas del séptimo día
(1.9%) en Campeche, Champotón, Calkiní y
ciudad deCarmen. Los mormones, como en la
mayoría deestados del país, tienen mayor pre-
sencia en las ciudades y aquí no son la excep-
ción; están en Campeche, Calkiní, Champotón
y ciudad deCarmen.
En el rubro depoblación quediceno tener
religión destacan en el año 2000 Calakmul, Can-
delaria, Escárcega, Champotón, Kalkiní, Hecel-
chakán y Hopelchén. Los municipios quemenos
porcentajetienen en estesentido son Palizada,
Campechey Tenabo queson, a su vez, los que
presentan los porcentajes más altos decatolicis-
mo en el estado. La distancia porcentual entreel
municipio más alto "sin religión" (Calakmul) y el
más bajo (Palizada) es de18puntos.
Chiapas
El estado deChiapas limita al nortecon el esta-
do deTabasco, al estecon la República deGua-
temala, al sur con el océano Pacífico, al oestecon
Oaxaca y al noroestecon Veracruz. Actualmente
cuenta con 119 municipios distribuidos en nue-
veregiones administrativas y económicas: Cen-
tro, Altos, Fronteriza, Frailesca, Norte, Selva,
Sierra, Soconusco eIstmo- Costal'. El idioma
predominantees el español/castellano. Los gru-
pos indígenas del estado hablan diferentes len-
guas provenientes dedos troncos linguísticos, el
maya y el mixezoqueano. Las lenguas deorigen
maya son: chol, tojolabal, tzeltal, tzotzil, mam
y lacandón, emparentada con las lenguas mayas
dela península deYucatán y Centroamérica.
El 26 por ciento del total dela población
mayor decinco años y más es hablantede
lengua indígena (24.62% habla alguna lengua
diferenteal castellano) con un monolingüis-
mo del orden de37.47%; el tzotzil es la len-
gua quemás sehabla en la entidad, a la que
lesigueel tzeltal. En enero de1994 el levan-
tamiento armado zapatista puso derelievelos
grandes ehistóricos problemas estructurales
queenvuelven a su población, cuyo 60% habita
en las áreas rurales. Deacuerdo con los Índices
deDesarrollo Humanos' Chiapas seencuentra
sistemáticamenteen la última posición en el
conjunto delas entidades federativas del país;
estedato aludea los temas eíndices desalud,
educación eingreso y orienta sobrela calidad
devida desus habitantes; indica el rezago so-
cial quepredomina sobretodo en las regiones
altos, norte, selva y sierra, habitadas predomi-
nantementepor indígenas; asimismo son las
regiones quehan mostrado una dinámica mo-
vilidad religiosa durantelos últimos cincuenta
años. El catolicismo como opción religiosa ha
dejado deser preeminenteen algunas deestas
regiones quehan optado por las adscripciones
protestantes históricas, pentecostales y bíblicas
no evangélicas, a la vez quesemuestra un cre-
cimiento delos quedicen no tener religión.
El censo de2000 indica quela entidad
ocupa el primer lugar en el ámbito nacio-
nal en diversidad decredos, así como el que
más población cristiana no católica posee, so-
bretodo las mayoritariamentehabitadas por
16 Existen otros criterios para regionalizar el territorio estatal dependiendo del análisis que se priorice, por ejemplo, Viqueira desde la
perspectiva histórica propone una regionalización sociocultural que comprende las siguientes: S oconusco, C osta (o el Despoblado),
de Motozintla (o Mariscal), S ierra Madre de C hiapas, la depresión central (valle del Grijalva y Meseta C entral), Los C himalapas, macizo
central (C omunidades del S ur, T errazas de Las R osas, Llanuras de C omitán y Las Margaritas, Montañas Zoques, Los A ltos de C hiapas,
la selva Lacandona y Las C añadas), Marqués de C omillas, Llanuras de P ichucalco y R eforma y Llanuras de P alenque (Viquiera, 1995).
Esta propuesta permite acercarse de otra manera a la enorme complejidad geográfica, económica, social y cultural del estado. O tra
caracterización se da desde los sistemas geográficos que determinan para C hiapas tres áreas: la región de la altiplanicie, la costera
y la serrana o de Los A ltos. C ada una tiene características ambientales y sociales distintas y detenta diversos grados de desarrollo
económico, urbano y tecnológico que influye en la composición de los grupos humanos que la habitan (C asillas, 2003: 53).
17 P N U D, "I nforme sobre el desarrollo humano", México, 2004.
45
indígenas. Es el estado quetienedos delos
municipios con los más bajos porcentajes de
población adscrita como católica: Chenalhó
16.8% y Bejucal deOcampo con 17.78%, en
la región altos.
En el plano regional la sierra y la selva re-
portan una disminución importantedepobla-
ción católica, más dela mitad desu población
acepta queya no lo es: 43.3% y 49.7% respec-
tivamente. Por el contrario, tres regiones de
nuevedestacan por presentar los índices más
altos decredos no católicos: selva (35.4%), sie-
rra (33.8%) y norte(23.8%); todas con gran
concentración depoblación indígena. Las dos
primeras colindan con Guatemala, país queha
ejercido una fuerteinfluencia en la difusión del
protestantismo histórico, entrelos quepredo-
minan los presbiterianos y pentecostales18. La
región norte, quecolinda con Tabasco, también
destaca por el crecimiento dereligiones no ca-
tólicas, sobretodo los adventistas del séptimo
día, preferida por la población y dondedes-
tacan los municipios deTecpatán (40.44%),
Amatán (34.42%) y Sólosuchiapa (32.43%).
El catolicismo ha tenido en la entidad una
historia compleja y heterogénea. En 1539 Paulo
irr creó la Diócesis deChiapas en San Cristó-
bal delas Casas, la cual sedividió recientemente,
surgiendo las diócesis deTapachula en 1957 y
la deTuxtla Gutiérrez en 1964. Durantelargos
periodos es reconocida más por sus fracasos que
por sus éxitos evangelizadores dondeha primado
la ausencia ocasional deobispos (durante49 años
sólo en el siglo xx)19, pero también desacerdotes
y vicarios y, como consecuencia, la inexistencia o
falta decontinuidad deproyectos catequísticos
delargo aliento20. Las diócesis deTuxtla Gutié-
rrez atienden a 41 municipios (19 urbanos, 14
considerados no urbanos y ocho depoblación
rural) delas regiones centro y norte. La pobla-
ción católica deesta circunscripción asciendea
74.4%, y la no católica a 12.98% (Casillas, 2003:
58). La Diócesis deTapachula abarca 27 muni-
cipios delas regiones del Soconusco, istmo-costa
y la sierra, dondemás dela mitad desu pobla-
ción (60.83%) es católica y 17.20% seadscribea
religiones cristianas no católicas. Desus muni-
cipios 19 son considerados urbanos, destacando
la importanteciudad fronteriza deTapachula, y
los ocho restantes son rurales (Casillas, ibid.: 59).
Ambas diócesis han estado más ligadas a los cri-
terios apostólicos dela Santa Sede. Por su parte,
la Diócesis deSan Cristóbal delas Casas, que
comprende43municipios y atiendelas regio-
nes altos, selva, nortey fronteriza, queconcen-
tran el mayor porcentajedepoblación indígena
(tzotziles, tzetzales, tojolabales, choles y grupos
menores delacandones, zoques y mames), se
caracterizó por adoptar, durantelos últimos 30
años, lineamientos dela teología dela liberación,
adecuando su pastoral a la realidad indígena desu
territorio eclesiástico. Desarrolló una evangeliza-
ción inspirada en los principios dela teoría dela
inculturación, traducida en un proceso dehallar
en la cultura indígena las "semillas del Verbo", o
sea, "la presencia deDios en la vida dela comu-
nidad, en su realidad social, económica, politica y
cultural". Setrató deuna catequesis en la quela
predicación del mensajebíblico y dela tradición
católica "serevistiera dela carnedela cultura y
dinamizara desdeel acontecer histórico la vida
individual y comunitaria denuestros hermanos"
(Samuel Ruiz, 1993citado en DeVos, 1997: 90-
91). El proyecto estuvo a cargo delos misioneros
18 P ara más información al respecto véase R ivera, 2003.
19 Viqueira (2002: 197 ) enumera algunos de los problemas políticos que la iglesia C atólica ha enfrentado con el Estado mexicano y que
impactaron a C hiapas: desde 1821 hasta 1940 se dio la negativa del Vaticano a reconocer la I ndependencia de México; conflictos
suscitados en el marco de las leyes de reforma, la constitución anticlerical de 1917 y las persecuciones religiosas de 1926-1929 y
de 1932-1939.
20 P ara más información sobre la iglesia C atólica en C hiapas véase: Jesús Morales (2005),
Entre ásperos caminos llanos. La D iócesis
de S an Cristóbal de las Casas 1950-2000,
C asa Juan P ablos/uN icA cu/U niversidad I ntercultural/cocrrEcu/México; Juan P edro Viqueira
(2002) Encrucij adas chiapanecas,
T usquets/EI C olegio de México/México y Julio R íos Figueroa, (2002), S iglo > C C muerte y resurrección de
la iglesia Católica en Chiapas, pRoimmsE/ uNA m/ México.
67 .63
63.83
91.22
97 .47  I I I I I I I
92.7 4
12.7 3 13.07
100%
80%
60%
40%
20%
0%
1950 1960 197 0 1980 1990 2000
Fuente: Base de datos del proyecto "P erfiles y tendencias del cambio
religioso en México, 1950-2000". basado en los datos de los censos de
población de 1950 a 2000, México.
C atólica
C ristiana no
católica
del sagrado corazón, dominicos, maristas, fran-
ciscanos y jesuitas queorganizaron una compleja
estructura jerarquizada en la queseotorgó a los
indígenas un ministerio sacerdotal a través delas
figuras dediáconos, prediáconos y tuhuneles. A la
postre, muchos deestos importantes personajes
seconvirtieron en dirigentes zapatistas. Durante
la última década el catolicismo ha destacado por
el crecimiento del movimiento derenovación en
el espíritu santo en casi todas las ciudades medias
desus municipios habitados mayoritariamente
por población mestiza. Ésteseha visto acom-
pañado y/o combinado con el crecienteculto a
la Virgen deGuadalupequehasta hacealgunos
años era casi inexistente.
Los cristianos no católicos, por su parte,
hacen su aparición a principios del siglo xx.
La entrada más importantedel protestantis-
mo en Chiapas sedio a través delas locali-
dades quehacen frontera con Guatemala. Las
incursiones delos presbiterianos, provenientes
deGuatemala en la sierra sedieron deforma
circunstancial; en el Departamento deMaris-
cal el presbiterianismo debemucho a la acción
delos misioneros y líderes laicos deproceden-
cia guatemalteca quearribaron a la región en
1901, concretamenteal pueblo cakchiquel de
Mazapa deMadero (Esponda, 1986). La for-
malidad del movimiento y su institucionali-
zación inició en 1920 cuando los pobladores
serranos tuvieron su primer contacto con la
Iglesia Presbiteriana Nacional cuya Iglesia del
Espíritu Santo quedaría inscrita en la juris-
dicción del Presbiterio del Golfo (fundado en
Comalcalco, Tabasco, en 1896). La fecha for-
malmentereconocida como la iniciación dela
obra presbiteriana en Tapachula, capital regio-
nal del Soconusco, es la del año de1913. La
iglesia Presbiteriana en Chiapas seconsolida
gracias al impulso dela Iglesia Reformada de
América quellega al estado en 1925, así como
el dela Misión Centroamericana eInstituto
Lingüístico deVerano (my). El censo de2000
ubica a las regiones fronterizas como las que
mayor preferencia mantienen por el protes-
tantismo histórico, entreel quesobresaleel
presbiterianismo: selva (15.9%), sierra (9.8%),
istmo-costa (5.2%) y altos (9.5%).
La gráfica 1.5 muestra queel credo católico
mantuvo cierta continuidad hasta 1970 década
cuando 91.22% dela población seconsideraba
católica; sin embargo, treinta años más tardeeste
porcentajesereduceconsiderablementea 63.8%;
significa quehay una pérdida porcentual del or-
den de27.4 puntos. Por el contrario, seha visto
tendencia decrecimiento delos cristianos no ca-
tólicos y dequienes afirman no tener religión. El
ascenso dela población cristiana no católica alte-
ra el mapa delas adscripciones protestantes do-
minado anteriormentepor las iglesias históricas.
Si hacemos un acercamiento al plano regio-
nal vemos quede1970 a 2000 las regiones sie-
rra, selva, nortey Soconusco son las quemenos
católicos reportaron. La Sierra sobresaleen la
disminución decatolicismo, sobretodo entre
las décadas 1970 y 1980: 79.4% y 47.4% respec-
tivamente, entreuna y otra la diferencia es de
32puntos porcentuales. Deesa última década a
2000 semantieneesecomportamiento pero la
a S in religión I O tras

C hiapas: Evolución de las
preferencias religiosas en población
de 5 años y más, 1950-2000

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franja es menor y seregistra una leverecupera-
ción: 1990 equivalea 42.6% y en 2000, 43.3%.
Por el contrario, las regiones dondemás católicos
seregistran son las habitadas mayoritariamente
por población no indígena: centro (75.5%), ist-
mo costa (72.3%) y frailesca (69.9%), situación
quesemantieneen las décadas anteriores.
Entrelas tres décadas de1970 a 2000 la ex-
tensión porcentual delos cristianos no católicos
está en aquellas regiones dondeel catolicismo
ha decrecido. En las últimas tres décadas la Sel-
va mantienealtos porcentajes: 8.8%, 22.9% y
35.2% respectivamente. Entre1979 y 1980 el
impulso es significativo y la franja entreuno y
otro es de14 puntos porcentuales.
Varios municipios dela selva así como los
municipios deCalakmul y Candelaria, en Cam-
peche, comparten características similares con
esta región lo quenos permitepresuponer que
hay una asociación positiva entrela disminución
del catolicismo, el aumento dela población no
católica y delos quedicen no tener religión. La
constantees quesetrata deterritorios decolo-
nización —distintos proyectos y etapas— y los
consecuentes niveles evolutivos en los patrones
migratorios que, gracias al reparto agrario, han
visto aumentar su población provenientededis-
tintos puntos del surestey deotras latitudes del
país. Del lado contrario, están aquellas regiones
quepor ser más católicas mantienen distancia
relativa con los credos no católicos: frailesca,
istmo-costa y centro.
La implantación pentecostal seha agiliza-
do en las últimas décadas, ejemplo deello es el
dela Iglesia Apostólica dela Feen Cristo Je-
sús presentedesdelos años cincuenta en Tuxtla
Gutiérrez, capital del estado. Posteriormente
la Iglesia Sólo Cristo Salva, queinició en los
años sesenta, es una delas más numerosas en
términos defeligresía y actualmenteestá pre-
senteen la mayoría demunicipios deChiapas.
La Primera Iglesia delas Asambleas deDios
en Chiapas, una delas más influyentes del con-
junto pentecostal, seconformó en 1963con el
trabajo depastores originarios deTijuana, que
en esemomento provenían deMérida, Yucatán,
dondetenían un proyecto ya consolidado.
Con relación a las iglesias pentecostales y
neopentecostales, Chiapas cuenta con una feligre-
sía de183864 miembros mayores decinco años
quesetraduce, en términos relativos, en 5.59%.
Esto significa quedetodas las congregaciones
protestantes y evangélicas las iglesias pentecosta-
les y neopentecostales ocupan, junto con las his-
tóricas, el porcentajemás alto. Asimismo rebasa a
las adscritas en la categoría de"bíblicas no evan-
gélicas". Seconfirma la tesis dequeel pentecos-
talismo, a pesar desu instauración tan recienteen
el sureste, es delas corrientes cristianas demayor
preferencia en la actualidad y su única compe-
tencia (dentro delas no católicas) son las iglesias
presbiterianas quetienen más decien años en la
región. Los pentecostales predominan en las re-
giones selva (11.1%) y sierra (8.9%), ambas tie-
nen frontera con Guatemala cuya población es
mayoritariamenteindígena; pero también son re-
giones quesecaracterizan por su alto número de
población quediceno tener religión: sierra con 20
por ciento y selva 12.9%. Deesta última destacan
los municipios deTumbalá, Chilón y Maravilla
Tenejapa con más de16 por ciento desu pobla-
ción total; les siguen Benemérito delas Américas
(14.3%), Marqués deComillas (13.4%), Palenque
y Salto deAgua con un porcentajesuperior a 12
por ciento; otros municipios dela región no lle-
gan a 10 ciento (Ocosingo,Tila, Sabanilla, Sitalá,
La Libertad, Catazajá y San Juan Cancuc). Dela
sierra, El Porvenir y Motozintla apenas rebasan
10 por ciento; en la zonas fronteriza y Soconusco,
los municipios deLa Independencia, Las Mar-
garitas, Unión Juárez y Cacahoatán mantienen el
mismo comportamiento.
La iglesia delos Testigos deJehová empieza
a repuntar en los años sesenta. El censo indica
quesuman 82646 miembros, lo querepresen-
ta 2.5% del total dela población mayor decinco
años. Significa quesu crecimiento en Chiapas no
es tan acelerado como parecería ser. Destacan las
regiones frailesca (en los municipios deLa Con-
cordia, Villa Corzo, Villaflores y Ángel Albino
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Corzo); fronteriza (La Independencia, Frontera
Comalapa, S ocoltenango, La Trinitaria y Tzimol
principalmente); sierra (Bejucal deOcampo,
La Grandeza, Bella Vista y Amatenango dela
Frontera), istmo-costa (Tonalá y Pippapan) y
centro (dondedestacan los municipios deNico-
lás Ruiz, San Lucas, Jiquipilas y Berriozabal). La
Iglesia Adventista del Séptimo Día, por su parte,
inicia su labor proselitista aproximadamenteen
1918(Ortiz, 1989) y si bien ha crecido en todo
el estado, los municipios más destacables son los
delas regiones norte, sierra, centro, selva y So-
conusco. En la Norte, sobretodo los municipios
habitados por población zoque: Tapalapa (41%),
San Andrés Duraznal (40.4%), Amatán (34.4%),
Solosuchiapa (32.4%) eIxhuatán (30%). En la
sierra sedistinguen los municipios deEl Porve-
nir (20 por ceinto), Motozintla (17 por ciento)
y Mazapa deMadero (11 por ciento). El Soco-
nusco, dondeseinstalaron en la década de1940,
sobresalen los municipios deHuehuetán (nueve
por ciento), Acacoyagua (sietepor ciento), Tu-
zantán (sietepor ciento) y Huixtla (5.8%). En
esta región seconstituyó la Misión del Soconus-
co, quecoordina actualmentemás de500 tem-
plos o congregaciones en localidades dela costa
del Pacífico y Soconusco (desdeArriaga hasta el
río Suchiate). Otras misiones son las dela región
Norte, con sedeen Pichucalco y la del Centro
con sedeen Tuxtla Gutiérrez. En conjunto cons-
tituyen la Asociación Adventista en el estado de
Chiapas (García, 1993).
Según el censo de2000 los adventistas del
séptimo día en Chiapas suman un total de
172792personas, queen términos relativos re-
presentan 5.3% (similar al delas iglesias histó-
ricas) dela población mayor decinco años. Por
su parte, la Iglesia deJesucristo delos Santos de
los Últimos Días (mormones) seha establecido
en los principales centros urbanos: Arriaga, Ta-
pachula, aunquetambién en Benemérito deLas
Américas, Tuxtla Gutiérrez y otras ciudades
medianas como San Lucas, Pantelhó y Suchiate.
El control delas "estacas" seencuentra centrali-
zado en Tuxtla Gutiérrez, dondeseconcentran
cinco delas seis existentes en el estado; la otra
seubica en Arriaga (Rivera et al, 2005). Según
el censo de2000 consta de5316 miembros que
representan 0.16% dela población total mayor
decinco años. Por último encontramos que
la población adscrita al rubro "sin religión" en
1970 era de3.5% y en 2000 representa 13por
ciento. Es probablequemuchos católicos que
abandonaron su adscripción al catolicismo se
encuentren en esterubro.
Un rasgo a destacar es la conflictividad social
relacionada con la diversidad religiosa en ciertas
zonas deChiapas. El denominado conflicto re-
ligioso, tanto en números como en la activación
deprácticas violentas, sefocalizó en algunos mu-
nicipios delas regiones altos, fronteriza y selva
que, a lo largo delas tres últimas décadas, alcanzó
altos grados deviolencia21. Asimismo, es impor-
tantemencionar en estecomplejo escenario la
recientepresencia decomunidades musulmanas
sufí y sunni en la periferia dela ciudad deSan
Cristóbal delas Casas. Setrata dela orienta-
ción sufí-murabitun queimpulsaron españoles
musulmanes, a principios delos años noventa,
entrefamilias tzotziles (deSan Juan Chamula,
principalmente) asentadas en el periférico norte
dela ciudad y queanteriormentefueron expulsa-
21 En el texto D iv ersidad religiosa y conflicto en Chiapas. I ntereses, utopí as y realidades, R ivera et al. (2005) se analiza detalladamente este
complejo tema. C omo punto de partida se sostiene que a lo largo de las tres últimas décadas primó una percepción colectiva que
tendió a sobredimensionar el conflicto religioso, pues el crecimiento sostenido de los credos no católicos ocurrió en el conjunto de las
regiones de C hiapas, y las tensiones que alcanzaron altos grados de violencia no fueron hechos que se presentaran en el conjunto
estatal. Esta sobredimensión del conflicto obedeció a la mirada parcial del problema en tanto privilegió las regiones con poblaciones
indígenas donde el conflicto religioso, por la naturaleza de las agresiones activadas, se erigió en el factor catalizador de otras tensio-
nes que posibilitaron la convergencia de mediaciones cuyos intereses iban, incluso, más allá del conflicto propiamente religioso. S e
reconoce que en las localidades indígenas recurrentemente ha estado en juego la defensa de viejas y nuevas relaciones de poder y
la manipulación autoritaria del sistema político e incluso la de los propios movimientos de liberación popular.
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Quintana R oo: Datos porcentuales sobre la evolución de las preferencias
religiosas con relación a la población total 1950-2000
anN I 1~1~11

Tabla 1.2


1950 1960 1960  197 0 1960 199U 2 000
P o bl aci ón
to tal 26 967 _ _ 50169 88 150 !  225 985 1 412 868 í  7 55 442
Catól i ca 96.57 1  91.89 88 82.7 2 ! 7 7 .7 6 7 3.17
P r o te s t / e van g 2.44 5.32  7 .7 4 10.64 ' 12.21 11.16
Bíbl i ca n o
e van g él i ca
1 4.58
Otr as 0.99 1.03 0.67 1.45 2.47 0.23
S i n r e l i g i ón n.d. 1.26  3.54 5.15 6.41 9.61
Fuente: Base de datos del proyecto "P erfiles y tendencias del cambio religioso en México, 1950-2000", basado en los datos de los censos
de población de 1950 a 2000, México.
dos desus localidades deorigen por convertirse
al protestantismo. En 1995 los iniciadores dela
doctrina sufí fundaron la llamada Unión Islámi-
ca deMéxico con sedeen el barrio Ojo deAgua,
en el mismo periférico norte; hacia 2001 abrie-
ron el Centro deDesarrollo Social para Musul-
manes Misión para el Da'wa A. C. Sin embargo,
por conflictos internos algunos indígenas sese-
pararon del grupo inicial y adoptaron la corriente
teológica sunni y seafiliaron al Centro Islámico
deMéxico con sedeen el Distrito Federal. Hoy
sedesconoceel número deafiliados deambas
corrientes del Islam, pero más de90 por cein-
to desu membresía está compuesta por familias
tzotziles y tzetzales delos Altos deChiapas22.
Quintana Roo
El estado deQuintana Roo seubica en la por-
ción oriental dela península deYucatán. Limita
al estecon el mar Caribe, al noroestecon el es-
tado deYucatán, al oestecon Campechey al sur
con Guatemala y Belice. Hasta antes de1935
Quintana Roo, autónomamenteo formando
partedeCampechey Yucatán, era un territorio
escasamentepoblado y mayoritariamenteru-
ral. Actualmenteel estado secomponedeocho
municipios distribuidos en tres regiones admi-
nistrativas: norte, centro y sur. La primera está
formada por los municipios Isla Mujeres, Beni-
to Juárez, Lázaro Cárdenas, Solidaridad y Co-
zumel23. La región centro o zona maya seubica
en FelipeCarrillo Puerto y José María More-
los, quefueel centro dela guerra decastas; y
por último, la región sur está compuesta por el
municipio Othón P. Blanco, dondeseasienta la
capital del estado, Chetumal.
El estado secaracteriza por la variada ofer-
ta religiosa pero también por el aumento dela
población cristiana no católica, queseha in-
crementado vigorosamenteduranteel último
cuarto desiglo xx (Higuera, 2001: 63). Las ex-
presiones del cristianismo pueden clasificarseen
tres categorías: 1) Catolicismo romano y maya;
2) Protestantes históricos y pentecostales, y 3)
Bíblica no evangélica (adventistas del séptimo
día, testigos deJehová y mormones).
22 P ara más información véase las tesis de maestría de A ngélica S chenerock (2005) Más allá de v elos y peihados: Las reelaboraciones étnicas y
genéricas de las chamulas musulmanas suffs en S an Cristóbal de Las Casas, Chiápas; y la de S usana Morales (2005) La conv ersión al islam sunnita
en los A ltos de Chiapas, C entro de Estudios S uperiores de México y C entroamérica, U N I C A H, S an C ristóbal de Las C asas, C hiapas.
23 La población indígena que habita en estos municipios procede de T izimín y Valladolid, del estado de Yucatán (Villa R ojas, 1987 : 140)
pero desde la creación de C ancún, indígenas de C hiapas, T abasco y C ampeche, entre otros, se integran a los servicios derivados de
la industria turística.
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En cinco décadas el catolicismo en Quin-
tana Roo padeceuna pérdida desu feligresía
demás de20 puntos porcentuales (23.4%) y
las preferencias por iglesias no católicas (pro-
testantes, pentecostales y dedenominaciones
independientes) tienen un ascenso significa-
tivo de13.3%; al igual queel aumento dela
población queseadscribea la categoría de"sin
religión", queentrelas décadas de1960 a 2000
aumentó 8.35%.
Setrata deun proceso registrado a lo lar-
go del siglo xx; sin embargo, es durantela dé-
cada delos setenta cuando el crecimiento de
determinada religión o institución religiosa, y
decrecimiento deotra va aparejado al aumento
dela población. Los datos indican queen esas
décadas arriban al estado nuevos habitantes,
provenientes dediversas partes dela región y
del país, quellegan a poblar determinadas re-
giones; por ejemplo, entre1990 y 2000, sólo en
una colonia deChetumal seregistra queestá
compuesta en su mayoría por inmigrantes; se
tienen datos dela creación de20 templos no
católicos (la mayoría pentecostales) y la mitad
deellos impulsados por familias provenientes
deYucatán, Tabasco, Chiapas, Veracruz y Mo-
relos (Ucán Yeladaqui, 2005b). Asimismo el
crecimiento constantedela población quese
adscribea las denominaciones no católicas y
a la categoría de"sin religión" es una realidad
y presenta particularidades en las tres regiones
del estado y en sus municipios.
La iglesia Católica actualmenteseforma a
partir dela Prelatura deCancún-Chetumal y
forma partedela región pastoral del sureste
queademás deésta comprendela Arquidió-
cesis deYucatán y las diócesis deTabasco y
Campeche. La institución católica en el estado
es una delas más jóvenes del país en términos
deestructura eclesiástica. En los años setenta el
territorio deQuintana Roo seorganizó a par-
tir dedos misiones pastorales: Misión Norte
(Lázaro Cárdenas, Benito Juárez, Isla Mujeres
y FelipeCarrillo Puerto), adscrita a la Arqui-
diócesis deYucatán, y la Misión Sur (Othón
P. Blanco y José María Morelos) administrada
por la Diócesis deCampeche. En 1970, Pablo
vi instituyó la jurisdicción eclesiástica con el
carácter dePrelatura deChetumal. Fueen-
comendada a los Legionarios deCristo como
administradores apostólicos, encabezados por
JorgeBernal, y su jurisdicción abarca todo el
estado a través dedos catedrales: la deChe-
tumal y la deCancún. Esta decisión otorgó a
Quintana Roo la capacidad deadministrar su
territorio católico al desligarseadministrativa-
mentedeYucatán y Campeche.
Debido al crecimiento poblacional delas úl-
timas décadas, particularmenteen la zona tu-
rística del norte, en 1997 la Iglesia renombra la
prelatura, ahora deCancún-Chetumal y desde
la sededeCancún organiza su actividad en el es-
tado a través desus dos catedrales. Actualmen-
teestá dividida en tres zonas pastorales: zona
norte, con 19 parroquias (Cancún, Isla Mujeres,
Cozumel, Playa del Carmen y Kantunilkín);
zona centro, con tres parroquias (Tihosuco,
José María Morelos y FelipeCarrillo Puerto),
y la zona sur queatiende10 parroquias (Che-
tumal, Ingeniero Alvaro Obregón y Bacalar)24.
Asimismo coordina y serelaciona con nueve
congregaciones religiosas y con un conjunto
demovimientos y organizaciones entrelos que
destacan la Adoración Nocturna Mexicana en
Cancún, La Legión deMaría, el Movimiento
Familiar Cristiano, La Renovación Carismática
en el Espíritu Santo y el Movimiento deFor-
madores deVida Cristiana. A pesar desu escasa
edad la jerarquía dela prelatura reconocela in-
suficiencia deagentes depastoral para atender
óptimamentea su feligresía. Asimismo secon-
sidera quea ello sedebe, en parte, el crecimien-
to deotras iglesias con las cuales ahora disputan
territorios deevangelización.
24 P relatura de Quintana R oo C ancún-C hetumal, D irectorio eclesiástico 2002-2003, C hetumal, Quintana R oo.
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Entre1960 y 2000 el catolicismo presenta
un decremento al perder 18por ciento desu fe-
ligresía en beneficio delas otras denominacio-
nes religiosas. En el ámbito municipal vemos
quelos ocho municipios del estado presentan
igualmenteun porcentajemás bajo queel de
la media nacional (88por ciento) y sólo dos
deellos están en el rango de83y 81 por cien-
to (Cozumel eIsla Mujeres); dos deellos en la
franja de70 por ciento (FelipeCarrillo Puerto
y Benito Juárez) y los cuatro restantes seen-
cuentran en la franja del 60 por ciento (Othón
P. Blanco, José María Morelos, Lázaro Cárde-
nas y Solidaridad). Significa quela mitad de
los municipios deQuintana Roo seubica entre
68.78% y 64.62% desu población católica y que
durantelas últimas décadas ha reportado un
pronunciado cambio deadscripción religiosa.
Duranteel periodo 1970 y 2000 la institución
católica en Othón P. Blanco y Lázaro Cárdenas
perdió entre21.86% y 22.83% desu feligresía.
Por contraparte, en estos últimos sepresenta un
ascenso depoblación adscrita a iglesias cristia-
nas no católicas (18.05% y 21.74% respectiva-
mente), particularmenteJosé María Morelos es
el quemás reporta en esterubro (24.94%).
Delos ocho municipios dela entidad, Fe-
lipeCarrillo Puerto es uno delos quemayori-
tariamentesecomponedepoblación indígena
(89.18%) la mayoría hablantedela lengua ma-
ya; 76.40% sereporta católica y 15 por ciento se
adscribeal rubro dealguna religión cristiana no
católica. Estedato llama la atención pues en la
mayoría demunicipios en otros estados del su-
reste, eincluso deotras regiones del país, en los
quepredomina la población indígena destaca la
preferencia por los credos protestantes o por las
congregaciones bíblicas no evangélicas (adven-
tistas y testigos deJehová). Aquí no ocurreesto.
Como sí vemos en José María Morelos quetiene
una población indígena elevada (92.28%), pero
aquí el índicedecatolicismo es bajo (64.62%)
y es el más alto depoblación protestanteen el
estado (24.94%). Ello indica queestemunicipio
ofreceun comportamiento parecido al deotras
latitudes del país. Es probablequeen el caso de
Carrillo Puerto semanifiestela vigencia dela
religiosidad maya en la región central del estado
(catolicismo maya quecombina elementos pre-
hispánicos, coloniales y del catolicismo oficial).
Por su lado, Othón P. Blanco es el municipio
del estado quemenos población indígena re-
porta (28.51%) así como uno delos índices más
bajos depoblación católica (68.78%) y un alto
porcentajedecristianos no católicos (18.05%).
Además del catolicismo oficial, seda en algu-
nas zonas del estado la práctica del catolicismo
maya. Por su naturaleza, estetipo dereligiosi-
dad no seregistra en los censos depoblación a
pesar desu importancia en vastos sectores dela
población peninsular. Particularmenteen Quin-
tana Roo y en algunos sectores dela población
deYucatán las prácticas agrícolas comunitarias
eindividuales entrela población maya seexpli-
can desdelas relaciones queseestablecen entre
el ser humano y la naturaleza, mediadas por la
organización social quevincula territorio, paren-
tesco, ciclos productivos y ciclo ritual centrados
en la iglesia maya decada pueblo, atendida por el
H -Men (maestro, curandero, especialista delas
ceremonias) (Villa, 1987: 219). El aprovecha-
miento delos recursos sehacea través dearre-
glos sociales mediantelos cuales seorganizan las
actividades y selegitiman algunas acciones co-
lectivas normadas por la jerarquía religiosa que,
aún ahora, norma la vida religiosa depoblado-
res dealgunas localidades del centro del estado.
Esta expresión sepresenta en nuevelocalidades
al sur deFelipeCarrillo Puerto: Chancah Ve-
racruz, Santa Isabel, Uh May, Xhazil Sur, Kop-
chén, Chancah Derepente, Chan Santa Cruz,
Santa María Ponientey Petcacab, las cuales para
el año 2000 ya están habitadas en conjunto por
4229 personas (INEGI). En Chancah Veracruz
hay uno delos cinco centros ceremoniales dela
entidad, en el queselocaliza la iglesia maya que
agrupa la jerarquía religiosa-militar con diversos
cargos (patrón dela iglesia, rezadores, general y
guardia) a través dela cual senorma la organi-
zación social comunitaria (Estrada, 2005: 127).
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Tabl a 1.
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Los otros centros seubican en Tixcacal Guardia,
Chumpóm y Tulum y el dela Cruz Parlanteen
Carrillo Puerto (Alvarado, 2003: 15).
Santos cristianos y deidades paganas -re-
sidentes en La Gloria y en El Monterespecti-
vamente- semezclan en el imaginario maya,
y sereconocen más por los atributos y los po-
deres especiales quepor sus orígenes históri-
cos; invocan dos tipos derituales queforman el
complejo religioso: el ritual decarácter católico
y el ritual denaturaleza pagana (Villa, 1987:
303). La dinámica deesteorden social quede-
finesu cosmovisión (parentesco-ciclo agrícola
y universo religioso) no está aislada dela vida
estatal y nacional, más bien sobrevivegracias a
su adaptación a los constantes cambios, gene-
rando emergentes formas decreencia y práctica
religiosa. Lo queahora vemos no es una super-
vivencia deun modelo original inalterado, más
bien setrata deuna refuncionalización delas
instituciones a los procesos históricos vividos de
manera singular. Las funciones dela iglesia ma-
ya hoy serestringen al ámbito ceremonial que
coordina la red depueblos dela región, en el
cual el elemento del parentesco, consanguíneo y
ritual es importante, pues posibilita los arreglos
sociales en la organización del espacio ritualiza-
do (Alvarado, 2003: 17).
La migración contemporánea es un elemen-
to queprovoca, como en otras épocas, cambios
en las comunidades mayas como Chan Kom,
Yalcobá y Yaxley, y otras más quehan sido in-
fluidas por la industria turística del estado des-
dehacecasi dos décadas (Daltabuit, 1992; Re
Cruz, 1996; Hostettler, 1996 en Estrada, 2005),
principalmentela inserción al corredor turístico
Tulum-Cancún y Carrillo Puerto. Las transfor-
maciones impactan a los campesinos mayas y a
los procesos productivos dela agricultura dero-
za o milpa, no sólo deQuintana Roo sino dela
península y el sureste, como consecuencia dela
disminución delos periodos debarbecho oca-
sionados por el crecimiento demográfico y la
crecienteimportancia delos ingresos del traba-
jo asalariado como basedela economía domés-
tica (Estrada, 2005: 130). Esto tieneun impacto
directo sobrelas prácticas rituales y la religiosi-
dad maya en general, queseveacompañada de
otros credos protestantes y quehan tenido en
la región una aceptación crecientedurantelas
últimas décadas.
En relación a los cristianos no católicos la
iglesia Presbiteriana es la más numerosa delas
protestantes históricas y registra su presencia
desdehacesetenta años. Inicia su labor mi-
sionera en 1944 y destaca su trabajo educativo
-sin un proyecto formal- en la región maya
(Ucán, 2005b: 91). En 1963seestablecela pri-
mera iglesia en Chetumal y en otras regiones.
Desdelos setenta y sobretodo en los ochenta
el pentecostalismo y las bíblicas no evangélicas
fueron ganando terreno. En el cuadro siguiente
vemos cómo José María Morelos, Lázaro Cár-
denas y Othón P. Blanco son los municipios
quemás destacan; para 2000 más dela mitad
desus municipios está por encima del promedio
estatal en esterubro. Más dela cuarta partede
su población protestantehistórica pertenecea
la iglesia Presbiteriana y es en los municipios de
José María Morelos y Benito Juárez dondetie-
nemayor presencia, aunqueel primero destaca
también por el número elevado depentecostales
y depoblación quedeclara no profesar ningún
credo religioso (I N EGI , 2001: 56).
El municipio Othón P. Blanco, particular-
mentela ciudad deChetumal, ilustra la dinámi-
ca del crecimiento poblacional queha tenido el
Municipios de Quintana R oo.
P oblación "cristiana no católica", 2000
Municipios  P rotestantes  Bíblicas  S in religión
y evangélicas  no evangélicas
Quintana R oo  11.16 4.58  9.61
C ozumel  7 .13 3.59  5.16
i
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E C arrillo P uerto  13.22 1.7 8  6.7 2
I sla Mujeres  9.01 3.62  5.47
O thón P . Blanco  11.89 6.16  11.7 9
Benito Juárez  10.09 4.36 9.14
José Ma. Morelos  21.83 3.11 8.62
Lázaro C árdenas  19.7 4 2.00 7 .39
S olidaridad  10.12  6.21 14.47
Fuente: I N EGI . XI I C enso General de P oblación y Vivienda 2000.
T abulados Básicos, México, 2001.
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estado, queentre1990 y 2000 sereportó como
el más alto en el país y, como consecuencia, el
crecimiento depoblación adscrita a diversas ca-
tegorías religiosas. En la década delos noventa
la progresión dedistintas denominaciones es
significativa, destacando el caso dela colonia
Pro-Territorio queen 2005 tenía 18iglesias no
católicas, en una población de10 000 habitantes
procedentes dedistintos municipios y estados de
la región (Ucán, 2005a: 65). El 66 por ciento son
pentecostales, fundadas o atendidas por perso-
nas provenientes deVeracruz, Chiapas, Tabasco
y Yucatán. Por su parte, la iglesia Bautista ya con-
taba con presencia en el estado (1983) y seinicia
con familias provenientes deTizimín, Yucatán,
aunquetambién hay datos queafirman quealgu-
nas personas deChiapas y Yucatán la promovie-
ron a principio de1980, cuando llegaron a residir
a Quintana Roo (Ucán, 2005a: 100, 107).
La mayoría delas instituciones religiosas tie-
nen sus nexos con congregaciones similares con
las quecomparten doctrina. Algunas desus redes
tienen un alcanceregional, como ocurrecon la
mayoría delas pentecostales; por ejemplo, una
iglesia en Chetumal queforma partedel Minis-
terio Rey deReyes, quetieneinjerencia en seis
estados: Yucatán, Quintana Roo, Tabasco, Chia-
pas, Veracruz y Puebla. Las históricas y bíblicas
evangélicas tienen, además deorganización local
y regional, una dealcanceinternacional. Ejem-
plo deello son los adventistas del séptimo día
queen 1924 organizaron cinco nuevas misiones
en México, entreellas la deYucatán (conocida
actualmentecomo Asociación del Mayab) que
abarca Campeche, Quintana Roo y Yucatán.
Los primeros adventistas llegan a Quintana
Roo desdeMérida en los cuarenta (Poot, 2005:
73); otra fuenteindica quefueen 1938. Desde
el principio construyeron un templo y eventual-
menterecibían a misioneros dePanamá y Belice
(Canul, 2005). La tradición oral indica quelos
pioneros misioneros llegaron a Chetumal entre
1901 y 1910, cuando seestablecieron en la recién
fundada Payo Obispo dondeseorganiza la pri-
mera iglesia reconocida por la misión yucateca.
Actualmenteseconocecomo la Iglesia Central
Chetumal. En 1997 la iglesia local adquirió el
título deIglesia deDistrito (Canul, 2005: 77) y
desdeChetumal, sededel centro del distrito, se
organiza un conjunto deiglesias.
Las iglesias adventistas deQuintana Roo
pertenecen a la Asociación del Mayab, cuya se-
decentral está en Mérida; deésa dependen 30
distritos, uno delos cuales es Chetumal (Dis-
trito Adolfo López Mateos). Aquí la feligresía
adventista correspondea los sectores declase
media a alta.
Por su parte, los Testigos deJehová inicia-
ron su labor proselitista en la década de1950,
en el sur dela entidad. Bacalar y Chetumal fue-
ron las ciudades desdedondeseorganizó y llevó
adelantela difusión desu doctrina. Las congre-
gaciones fueron aumentando poco a poco y si
bien durantevarias décadas efectuaban el culto
en locales sin identificación, a partir de1993se
inició la construcción de"salones del reino" ba-
jo la supervisión dela sucursal nacional. En la
actualidad hay 30 deestos inmuebles en la en-
tidad, mientras queel entorno inmediato puede
ofrecer tanto imágenes cercanas como distantes.
En Campechehay 32salones del reino, en Ta-
basco hay 41, en Yucatán operan 53y Chiapas
contrasta con 178(Antonio Higuera, comuni-
cación personal).
Dela población adscrita al rubro "sin re-
ligión" destacan los municipios Solidaridad,
Othón P. Blanco y Benito Juárez.
Yucatán
El estado deYucatán seubica en la partecen-
tral dela península. Sus límites seestablecen
con Campeche, Quintana Roo y el Golfo de
México y tieneuna extensión territorial de
39 612km2, espacio querepresenta 20 por cien-
to dela superficietotal del país. Actualmentees-
tá habitado por 1 818948personas distribuidas
en 106 municipios, y cuya población representa
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1.8% del total del país. La mayor parte(83por
ciento) selocaliza en las áreas urbanas, el resto
viveen comunidades rurales (17 por ciento).
El criterio deregionalización más común
sevincula con los procesos económicos y pro-
ductivos, dividiendo la entidad en cuatro zonas:
henequenera (en el centro-occidente), maicera-
ganadera (en el oriente), citrícola (al sur) y cos-
tera (al norte, bordeando el Golfo deMéxico).
Recientementesereconocen otras dos subregio-
nes: la zona hortícola-frutícola inserta en la zo-
na maicera mecanizada, y la subzona ganadera,
localizada dentro dela milpera (Guzmán Me-
dina, 2005: 119). Sin embargo, los procesos dife-
renciados incidieron en la conformación dedos
grandezonas: la maicera, considerada la "más
tradicional" dela cultura maya, pues allí habitan
poblaciones campesinas deprocedencia maya y,
por tanto, las más ligadas a formas deorganiza-
ción deritos y ceremonias devieja data. La parte
oriental del estado, junto con el sur-surestedel
actual estado deQuintana Roo, mantuvo relativa
autonomía deValladolid, antigua capital colonial
dela península, y después fuecuna y reducto de
la Guerra deCastas, alejada dela zona hene-
quenera, quedesplazó el cultivo del maíz como
ejedela vida agrícola. Actualmenteesta zona es
considerada la más moderna y desarrollada y la
quemenos vínculos mantienecon la impronta
cultural maya.
Yucatán es el segundo estado deMéxico con
mayor proporción depoblación hablantedelengua
indígena; 33.5% delas personas mayores decinco
años, hablan alguna lengua indígena y deellas dos
por ciento no hablan español —esta cifra sólo es
superada por Oaxaca (35.3%)—; la lengua más
hablada, después del español, es la maya (547 098
hablantes), a la quesigueen menor índiceel chol
(474), el zapoteco (319) y el mixe(283) (INEGI,
2001), el maya sehabla mayoritariamenteen el
municipio deValladolid, anclado en la zona ma-
ya del estado.
Dos elementos han marcado el devenir his-
tórico recientedelos yucatecos: por un lado, la
insurrección indígena conocida como la Guerra
deCastas, iniciada en 1847. Sedesarrolló en el
orientedela península deYucatán eincluía a los
actuales estados deCampechey Quintana Roo'.
Por otro lado, el desarrollo económico impulsado
por el cultivo del henequén queinició a finales del
siglo xix y tuvo su augedurantelas primeras déca-
das del siglo xx en una amplia extensión queabar-
có los limites deMérida, capital del estado, y el
centro-nortedel actual estado yucateco. En 1961
secreó Cordemex, empresa cordelera paraestatal
quedurantedécadas industrializó la producción
dehenequén. Hacia 1984 seestructura el progra-
ma dereordenación henequenera y desarrollo in-
tegral deYucatán, quedealguna manera marcó el
fin deuna industria quehabía sido altamentepro-
ductiva. En las últimas décadas del pasado siglo
la producción del henequén vino a la baja: entre
1960 y 1983la producción disminuyó 54.6%, y
para 1990 la caída fuede74 por ciento. Para 2003
la producción casi había desaparecido. Pesea ello
Yucatán sigueocupando el primer lugar nacional
en la producción dela fibra. Por su ubicación la
zona henequenera ha sido el lugar central, tanto
económico como político, dela entidad pues allí
seha determinado la participación directa y abier-
ta del Estado, ocasionando cambios estructurales
queimpactaron a los habitantes delas comunida-
des inmersas en el cultivo eindustrialización dela
fibra (Guzmán Medina, 2005: 118).
En la región oriente, a pesar dequepredo-
mina aún la agricultura, seobserva una migra-
ción cada vez superior dejóvenes hacia Mérida,
hacia los centros turísticos dela península, sobre
todo Cancún y, en menor medida, hacia Esta-
dos Unidos. La limitación queel campo ofrece
para las familias campesinas las ha obligado a
diversificar sus actividades económicas y, como
25 C ampeche dejó de ser parte de Yucatán en 1858 y se convirtió en un estado independiente; Quintana R oo inicia su proceso de
independencia en 1901 cuando el C ongreso separa el área que ocupaban los rebeldes mayas y lo convierte en territorio federal; en
197 4 se convierte en estado independiente.
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ocurreen toda la región, éstas combinan el tra-
bajo agropecuario con el trabajo asalariado de
varios miembros adultos delos grupos domés-
ticos. Hoy en día, los sectores deactividad eco-
nómica más importantes seubican en el sector
servicios, el comercial, y la industria manufactu-
rera, dondedestaca la industria maquiladora de
exportación, quecuenta con 88maquiladoras
querepresentan 3.1% del total deestetipo de
establecimientos en el país (INEGI, 2006).
En el actual escenario religioso yucateco pre-
domina, como indica el censo, el catolicismo ins-
titucionalizado y aquél quecombina la expresión
popular comunitaria expresada en el culto a los
santos patronos, pero también el queinvolucra a
los grupos deparentesco ligados al quehacer y la
vida agrícola estructurada a partir decomplejas
formas deorganización ceremonial, dondelos
grupos deparientes, consanguíneos y rituales, son
relevantes. Yucatán es una delas sieteentidades
del país con mayor participación decreyentes no
católicos y sin religión. Según los datos depo-
blación, en la seriedelos censos con quecuenta
México, esteestado cuenta con los porcentajes de
población católica más altos hasta 1910 y muestra
un descenso importanteen 1921 y un comporta-
miento irregular dealtas y bajas hasta 1960; a par-
tir deeseaño, como muestra la gráfica presentada
más arriba, la disminución ha sido continua. En
el ámbito municipal las diferencias son marcadas:
en 25 municipios, más deuna cuarta partedela
población ya no seadscribea la religión católica y
en 20, más de90 por ciento sí lo es.
En relación a la población cristiana no católica
destacan las preferencias por los protestantismos
históricos; dehecho, casi 7 por ciento dela su feli-
gresía resideen Yucatán. Destacan tres municipios:
Kaua, Llovían y Sudzal cuya población es menor
a 2500 habitantes; lo mismo ocurrecon los pen-
tecostales y adventistas cuya preferencia seda en
municipios pequeños (INEGI, 2001). Sin embargo,
el mayor dinamismo presentado en el campo reli-
gioso segenera entre1990 y 2000 y correspondeal
sector dela población queseadscribeal rubro "sin
religión" con un porcentajede3.5%, a la quelesi-
guela población queprofesa una religión diferente
a la católica quees de3.1%.
El cristianismo no católico también sedistin-
guepor su vieja presencia. La llegada del reveren-
do Maxwell Phillips en 1877 marcó el inicio de
la primera fasedela expansión del protestantis-
mo histórico en la península deYucatán, a través
dela iglesia Presbiteriana deYucatán (Quintal,
en prensa) —aunqueSantana (1987) sugiereque
desdemarzo de1872el reverendo emprendesu
labor evangelizadora repartiendo biblias y folletos
y celebrando cultos públicos—. Quintal ( ibidem)
señala quedespués dela labor dePhillips, en 1886,
seestableceen Yucatán la primera iglesia Presbi-
teriana en el templo El Divino Salvador (queaún
existe); una década más tarde, en 1893, su proyec-
to misionero seexpandió hacia los municipios de
Ticul, Muna, Maxcanú y Kanasín (Martín, 2000
citado en Quintal). Duranteel periodo revolucio-
nario el presbiterianismo tuvo un momento dificil,
pero aún así su presencia seexpandió hacia el sur de
Yucatán (Akil, Oxkutzcab, Teabo); hacia el orien-
te(Valladolid, Río Lagartos) y ciudad deCarmen
(Campeche). Algo notorio es queen Yucatán el
presbiterianismo, a diferencia deChiapas, tuvo im-
pulso en las zonas urbanas y degran población, y
fueen 1927 cuando seinvolucra en las áreas rurales
eindígenas dela región a través dela Agencia Ex-
ploradora (ThePioneer Mision Agency), siendo
los primeros misioneros los lingüistas David Legs-
ter y su esposa Elva, quienes empezaron a traducir
a la lengua maya el Nuevo Testamento, los himnos
y sermones (Quintal, ibidem). Su labor seextendió
hacia la población rural deCampeche(Campe-
che, Champotón, ciudad deCarmen, Escárcega, y
Hopelchén), sobretodo en la población indígena
pobrey en 1936 en las comunidades deTihosuco,
Xcacal, Tusik, Noh-Señor, Carrillo Puerto, Vigía y
Cozumel, en el estado deQuintana Roo. A decir
deQuintal el uso dela lengua maya en la penínsu-
la deYucatán, como en Chiapas, fueun poderoso
instrumento para difundir las ideas religiosas.
El pentecostalismo, por su parte, comenzó a
través delas Asambleas deDios, organización que
apareceen 1939 y permaneció como única iglesia
56
Es tado s Catól i ca Cr i s ti an a
n o catól i ca
Otr as S i n r e l i g i ón
C ampeche 7 1.28 18.00 0.17 9.89
C hiapas 63.83 21.88  0.04 13.07
Quintana R oo 73.17 15.7 4 0.23 9.16
Yucatán 84.28 11.35 i  0.13 3.45
México 88.00 7 .20 0.40 3.50
Fuente: N EO !. XI I C enso General de P oblación y Vivienda 2000. T abulados Basicos Mexic o, 2001
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Pentecostal desdeeseaño hasta 1957. Fueintro-
ducido por un migranteyucateco (Amado Pérez)
quien seconvirtió en Isletas, Texas (Quintal, en
prensa; Santana, 1987). A partir dela fundación
del Instituto Bíblico Bethel en 1947 seimpulsó el
crecimiento dela iglesia en los estados deCampe-
che, Tabasco y Quintana Roo (Sánchez Molina,
s.f. citado por Quintal). También desdeYucatán
seimpulsó la creación delas Asambleas deDios
en el estado deChiapas hacia 1963(Rivera, 2003:
136). Además delas Asambleas deDios, la difu-
sión pentecostal seimpulsa desdeEstados Unidos
con misioneros deDinamarca y Noruega (Santa-
na, 1987: 44-45).
Como ocurreen los estados vecinos, la segunda
mitad del siglo xx marca el cambio más importan-
tedel escenario religioso en el surestedeMéxico;
entre1951 y 1957 diversas iglesias impulsan pro-
yectos misioneros en varios estados dela penín-
sula. Es el caso dela iglesia Bautista queen 1951
estableceen Progreso el primer templo y a partir
deallí seextiende—apoyada por misioneros de
Estados Unidos— a los estados deTabasco, Cam-
peche, Quintana Roo y el propio Yucatán. Quintal
(en prensa) señala queProgreso fuela punta de
lanza dela iglesia Bautista en el surestey fuetal su
crecimiento queseha logrado instituir nuevecon-
venciones bautistas regionales y dos seminarios en
el llamado Centro Bautista deCapacitación Teo-
lógica y Seminario Bautista Teológico del Sureste
deMéxico. Por su lado la Iglesia Dios del Evange-
lio Completo inició en Yucatán en 1957 y formó
la primera congregación gracias a sus adeptos que
en 1956 provenían deCampeche; sin embargo,
desde1963seimpulsó la formación delíderes en
Tabasco y Chiapas. Esemismo año también ini-
ció la Iglesia deDios dela Profecía a través deun
bracero yucateco queregresó a Yucatán y empezó
a predicar en Telchac Pueblo; después seextendió
hacia Cacalchén, Panabá, Tizimín, Sucilá, Valla-
dolid y Cancún en Quintana Roo. La Iglesia del
Nazareno seinstaura en 1967 y deallí seexpande
hacia Chetumal y Cancún. Por último, en la déca-
da delos ochenta secrea la Iglesia Independiente
dePortales (Quintal, ibidem).
Si bien el estado deYucatán destaca por ha-
ber sido, en diversas maneras, el lugar central a
partir del cual sedispersaron varios proyectos
institucionales deiglesias no católicas hacia los
estados vecinos, actualmentesedistinguepor
tener el mayor porcentajedecatólicos (84.28%)
y el más bajo decristianos no católicos (11.35%)
en el sureste. (Tabla 1.4)
A lgunas consideraciones
generales
Explicar la construcción del actual escenario re-
ligioso en el surestemexicano, quediscrepa de
la media nacional, implica un ejercicio desínte-
sis muy esquemática desu trayectoria histórica
y geopolítica construida a partir delos proyec-
tos deEstado, quepercibió el territorio desdela
época colonial como un espacio vacío, quehabía

Estados del sureste de México. Distribución de la población de 5 años y
más según su religión, 2000

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queocupar, poblar y explotar. Concluida la Re-
volución mexicana (1921) el proyecto político
nacional sería posiblemediantela colonización
deciertas regiones deChiapas, Campechey
Quintana Roo. Las politicas colonizadoras asu-
men una característica particular en la segunda
mitad del siglo xx, ligadas a la explotación fo-
restal delas décadas de1901 a 1940 y de1940
a 1960 (Gurri, 2005: 99), así como a la amplia-
ción dela frontera agrícola y el reparto agrario
a campesinos provenientes deotras regiones del
país o dela región, originando el establecimien-
to poblacional. Durantelas últimas décadas la
trashumancia continuó hacia ciertos polos re-
gionales queatrajeron a una nueva generación
decampesinos al trabajo agrícola, ahora com-
binado con el trabajo asalariado en las ramas de
la construcción y el turismo. A ello leantecedió
la extracción del chicley explotación forestal en
Campeche, Quintana Roo y Chiapas; la produc-
ción del henequén en Yucatán; posteriormente
el petróleo en Campeche, Tabasco y Chiapas; la
creación depresas hidroeléctricas; y más recien-
tementela industria turística en la denominada
Ruta Maya. Desdehacepoco la maquila, los
servicios y la construcción hacen dealgunas de
estas regiones polos deatracción alternativos que
conllevan ciertos patrones demovilidad territo-
rial y transformaciones en los estilos devida de
quienes deciden cambios deresidencia.
Las historias depoblamiento, decolonización
y creación denuevos municipios en la región
revelan una correlación positiva entrela poca
presencia del catolicismo y la manifestación cre-
cientedereligiones cristianas no católicas (Quin-
tal, 2003). No es casual queChiapas, Campeche
y Quintana Roo, los estados programados para la
colonización en distintas etapas, destaquen aho-
ra como los menos católicos y los quemás altos
porcentajes decristianos no católicos presenta.
Es pertinentedistinguir los diversos pro-
testantismos instaurados en diferentes épocas.
Inicialmentefueron las iglesias históricas, la
Presbiteriana demanera destacada, las queini-
ciaron su labor evangelizadora hacia finales del
siglo xix, y Yucatán destaca en ello. Hasta las
primeras décadas del siglo xx, pero sobretodo
después delos años sesenta, es cuando las pente-
costales y bíblicas no evangélicas inician su labor
evangelizadora con gran impulso. La Presbite-
riana secaracteriza por su estructura sólida de
varios años dedesarrollo mundial, nacional y re-
gional; arribó a la región por una decisión toma-
da en Estados Unidos desdedondesedistribuyó
el territorio deevangelización. Las pentecostales
sedistinguen por el ímpetu proselitista queen
manos deinquietos fieles han logrado penetrar
en todos los espacios y estratos sociales. Algunas
deestas denominaciones son también dealcance
internacional, pero la flexibilidad en sus estilos de
gobernar dentro dela congregación leposibilitan
involucrarsedemanera exitosa entrela población
local. Ambas expresiones son producto detra-
diciones aparentementediferentes: las primeras
surgen dela protesta institucional promovida en
Europa del siglo xvi y reformulada en Estados
Unidos en el xix; las segundas también proceden
deprincipios del xix deEstados Unidos.
Un rasgo importantepara el surestemexica-
no es el quesetrató desubrayar en el presente
capítulo: la relación entreel poblamiento quese
ha construido en distintas etapas en los estados
deQuintana Roo, Campechey Chiapas y el cre-
cimiento deiglesias cristianas no católicas: 1) el
presbiterianismo y 2) las pentecostales y bíblicas
no evangélicas (Adventistas del séptimo día y
Testigos deJehová). Sin embargo, el crecimiento
delas segundas es el quemás sevincula a los pro-
cesos decolonización, poblamiento y creación de
nuevos municipios a partir del impulso a la in-
dustria petrolera, turística y explotación forestal
en los estados mencionados.
En estecapítulo seintentó identificar ciertas
estrategias eclesiásticas para instaurar su credo
y los impulsos deexpansión en la región. Las
actividades institucionalizadas para el desarro-
llo deacciones misioneras han tenido y creado
centros pioneros deevangelización con la fina-
lidad deatraer la atención dequienes serían, a la
postre, partedesu membresía.
58
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C a 3ÍtU I 0 I I
La fe cue se expande Dor la costa del golfo,
que cruza montañas y pantanos
I ntroducción
1 presentecapítulo proporciona
una visión general dela región
 golfo sobreel aspecto religioso,
situándonos en los estados deVe-
 racruz y Tabasco. Consideramos
quela homogeneidad delos elementos dees-
tos dos estados, en cuanto a sus características
históricas, geográficas y económicas, proporcio-
nan un marco idóneo para examinar el cambio
religioso, asimismo reconciliar una perspectiva
macroscópica con una perspectiva microscópi-
ca. Debido a las características deambas enti-
Felipe Vázquez
C arolina R ivera
dades no es posibleincluir en esta región a los
estados colindantes deTamaulipas y Campeche
asentado, esteúltimo, en la península deYuca-
tán. La opción metodológica optada nos alien-
ta a ubicar a Veracruz y Tabasco dentro deuna
región en el complejo nacional; es claro quese
trata deuna decisión estratégica quefacilita el
análisis sin quepor ello perdamos claridad en el
sentido dequelas regiones no tienen fronteras
marcadas.
En algunos episodios desu historia, parti-
cularmentea partir delos setenta, Veracruz y
Tabasco seasemejan especialmentepor el im-
pulso quela industria petrolera ha tenido en
su territorio. La explotación del petróleo en el
surestemexicano es proyectada durantelas últi-
mas décadas en la región deTabasco-Chiapas y
abarca un área de9 300 km2 queimpulsó a es-
tos estados en su contribución a la explotación
petrolera nacional; Villahermosa seconvertiría,
a principios delos años ochenta, en la capital
petrolera del país. Las reservas halladas en esa
zona sesumarían a las deVeracruz y Campe-
checon las queseincrementó la producción de
petróleo. Esta situación ha generado las trans-
formaciones socioeconómicas, políticas y cultu-
rales quevivehoy la región; si bien es correcto
no sobredimensionar el impacto dela petroli-
zación en la zona sí es importantecomprender
quelos efectos deun recurso natural, como ac-
tividad económica, repercuteen los ámbitos so-
ciales y no es un hecho queselímitea la esfera
económica, ya quesus efectos han transforma-
do la dinámica desu población con impactos en
todos los ámbitos dela vida (social, cultural, po-
lítico, ecológico y dereordenamiento territorial
a partir delos flujos migratorios intrarregional y
extrarregional), entrelos quedestacan los cam-
bios en su escenario religioso quees el quenos
interesa subrayar.
Veracruz y Tabasco conforman un espacio
territorial quehemos denominado región gol-
fo a través del proceso histórico en el quehan
intervenido diversos factores (ambientales,
económicos, políticos, étnicos, entreotros) que
han permitido cierto tipo deinteracciones y di-
námicas sociales con sus respetivos cambios y
transformaciones religiosas, quea continuación
mostraremos. Somos conscientes dequeambas
entidades han tenido procesos dedesarrollo
disímil, posteriores al periodo revolucionario,
vinculados con la historia nacional demanera
también desigual; sin embargo, a pesar deello
optamos por analizar su campo religioso en un
todo inmerso en un espacio regional interna-
mentediferenciado'. Veracruz, por la extensión
desu territorio quecolinda con varios estados
del país y su numerosa población, ha construido
una variada y compleja regionalización y sub-
regionalización interna quedificulta referirsea
una misma entidad con una producción cultu-
ral coherente. La partenortedesu territorio se
identifica más con los estados deTamaulipas,
San Luis Potosí y una fracción dePuebla; la zo-
na central básicamentecon Puebla y la partesur
con Oaxaca, Tabasco y Chiapas. Tabasco, por su
parte, es un estado más pequeño, tanto en ex-
tensión territorial como en población, asentada
en 17 municipios, en tanto en Veracruz es su-
perior a 212municipios. Sin embargo, en su in-
terior, ambos estados recrean un mismo campo
social, en el contexto del conjunto nacional, más
homogéneo sobretodo el construido en el siglo
XX, a medida quela modernización, a través del
desarrollo industrial petrolero y la crecienteur-
banización, fueconfigurando un escenario más
similar. En estemodelo demodernidad convi-
ven también patrones tradicionales en el interior
delas familias y localidades, sobretodo entrelas
sociedades campesinas indígenas, quecada vez
dependen menos dela explotación agropecuaria
para su reproducción debido a la dinámica de
movilidad geográfica queexperimentan vastos
grupos depoblación, expresada en la cada vez
mayor emigración hacia los centros urbanos de
los propios estados, del país y hacia el exterior.
La región golfo seubica en la partecentral-
orientedel país bordeado por la costa del Gol-
fo deMéxico y marcada por zonas montañosas
queatraviesan ambos estados. Comparten una
extensión territorial de96 277 km2, Veracruz
con 71 699 km2y Tabasco con 24 578km2. En
conjunto su población es de9 070 700 habi-
tantes, delos cuales al primero corresponden
7 080 731 habitantes y al segundo 1 989 969. La
región colinda con la porción meridional sobre
la sierra del nortedeChiapas; al nortey cen-
tro con los estados San Luis Potosí, Hidalgo y
Puebla; al sur con Chiapas, al estecon el estado
deCampechey la República deGuatemala y
al oestecon el estado deTamaulipas. El estado
deTabasco seasienta en una llanura deinun-
dación periódica (30 por ciento desu territorio
es inundable) y forma la cuenca hidrológica con
mayor descarga del país. La abundanteprecipi-
tación pluvial alimenta un gran número deco-
rrientes fluviales entrelas quedestaca el sistema
Grijalva-Usumacinta, en los estados deChiapas
y Tabasco, cuyo gasto medio anual en la desem-
bocadura es de2128m3(Hernández Daumás y
Liedo, 2005: 54). Un rasgo a destacar del esta-
do deTabasco (en conjunto con Chiapas) es su
potencial hidroeléctrico, concretado en el plan
integral del río Grijalva, iniciado en 1958con la
construcción decuatro presas que
en el Golfo deMéxico, cuyo conji
des obras integra el sistema hidro
importantedel país. Sin embarg,
deuna infraestructura sólida que
denadamentelas aguas del alto (
el Golfo deMéxico ha vuelto vul
la infraestructura urbana como la
devastos territorios del estado, pi
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tiempos2.
En su historia recienteest(
han caracterizado por abastece
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como alimentos y materias pr
además deser la puerta deentra,
mercancías, sobretodo en el te
cruzano, considerada como tal
conquista española. Lo anterior
diversidad ecológica, propicia (
amplia gama deactividades ec,
han ido generando diversos poi(
llo subregionales3.
Para la exposición iniciamos 1
del capítulo con el estado deVe:
segundo momento con Tabasco.
tenos referiremos al escenario
región; apoyados por cuadros an
y tablas queremos mostrar un pl
prensibledel cambio religioso re
1  S ubyace a esta idea la propuesta metodológica de Lomnitz-A dler (1995) quien hace un estudio de la cultura e ideología en el espacio
nacional mexicano.
construcción decuatro presas quedesembocan
en el Golfo deMéxico, cuyo conjunto degran-
des obras integra el sistema hidroeléctrico más
importantedel país. Sin embargo, la ausencia
deuna infraestructura sólida queencauceor-
denadamentelas aguas del alto Grijalva hacia
el Golfo deMéxico ha vuelto vulnerabletanto
la infraestructura urbana como la agropecuaria
devastos territorios del estado, provocando di-
versas inundaciones registradas en los últimos
tiempos2.
En su historia recienteestos estados se
han caracterizado por abastecer deenergé-
ticos (junto con Campechey Chiapas), así
como alimentos y materias primas al país,
además deser la puerta deentrada dediversas
mercancías, sobretodo en el territorio vera-
cruzano, considerada como tal después dela
conquista española. Lo anterior, aunado a su
diversidad ecológica, propicia quehaya una
amplia gama deactividades económicas que
han ido generando diversos polos dedesarro-
llo subregionales3.
Para la exposición iniciamos la presentación
del capítulo con el estado deVeracruz y en un
segundo momento con Tabasco. Posteriormen-
tenos referiremos al escenario religioso dela
región; apoyados por cuadros analíticos, mapas
y tablas queremos mostrar un panorama com-
prensibledel cambio religioso regional.
Veracruz
El estado deVeracruz es, después del Distrito
Federal y el Estado deMéxico, la entidad que
aloja el mayor número dehabitantes. En datos
absolutos cuenta con poco más de7 000 000
dehabitantes distribuidos en 212municipios
y 21 514 localidades, delas cuales 267 son ur-
banas y 21 247 son rurales (demenos de2500
habitantes)4. En 2005 la población económi-
camenteactiva era de2.6 millones, dela cual
31.6% eran mujeres y 68.4% hombres.
Especial atención merecela población indíge-
na (ver mapa delos grupos indígenas deVeracruz),
querepresenta 10 por ciento dela población dela
entidad y seubica especialmenteen el nortey sur y
en una pequeña partedel centro dela entidad.
En la partenortedel estado destaca el puer-
to deTuxpan y las ciudades dePoza Rica, Álamo
y Papantla, queabarcan una superficiede25 000
km2; allí sedesarrollan actividades agropecuarias,
básicamentedeganadería y el cultivo decítricos,
así como las relacionadas con la explotación depe-
tróleo. Pesea lo anterior, la región ha sido incapaz
degenerar un repunteen su desarrollo quevaya
más allá delas ciudades dePoza Rica y Tuxpan,
puesto queen lo quecorrespondea sus áreas cir-
cunvecinas aún mantienen un nivel demargina-
ción considerable. El flujo económico, comercial, y
consecuentementelas interacciones sociales, giran
principalmentehacia las ciudades deTampico y
Altamira, en Tamaulipas más quea los municipios
veracruzanos. Varias poblaciones indígenas na-
huas, huastecas, totonacas y otomíes seencuentran
fuera del margen del desarrollo. Según los datos
del "Programa estatal deordenamiento territorial
"del estado deVeracruz, el nivel deurbanización
en esta zona es de45 por ciento lo cual evidencia el
limitado impulso dela industrialización y el gran
desequilibrio entrelos niveles devida delas áreas
urbanas, así como el poco efecto para amortiguar
la situación en las zonas rurales, favoreciendo el
flujo migratorio hacia Estados Unidos.
2  La inundación más grave ocurrió entre los meses de octubre y noviembre de 2007 (frente frío número 4) que afectó a casi todo el
territorio estatal. Más de la mitad de la población estatal (1 000 000 de personas) fue severamente dañada a causa de esa inunda-
ción; la ciudad de Villahermosa fue una de las más vulneradas.
3 Ver: Varios A utores (1998).
4  El 56 por ciento de la población vive en zonas urbanas y 44 por ciento en localidades rurales. Es conveniente señalar que Veracruz
representa 3,7 %del territorio nacional, con una extensión de 7 1 7 35 km. A lo largo del Golfo de México de más de 660 km de litoral.
C oncentra alrededor de 35 por ciento de los recursos hídricos del país. Es el estado que dispone de casi 4 000 000 de ha (53.4%
del territorio estatal) con un amplio potencial para la explotación agrícola.
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Guanajuato
P resencia de grupos indígenas en el estado de Veracruz
M apa 2 .1
Grupos indígenas
N ahuatl
Hidalgo
Edo. de Méxicot-
Michoacán
Guerrero
Kilómetros
7 0  37 .5
1  1
Fuente: Elaborado por A lberto Hernández y C arlos y. R uelas, basado en los datos del proyecto "P erfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_ N E)", a partir de los C GP YV I N EGI 1950 - 2000
S an Luis P otosí
To to n aca
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En la subregión centro seubican las ciuda-
des más importantes del estado y son habita-
das por una mayoría dehabitantes veracruzanos
en Córdoba-Orizaba, el puerto deVeracruz y
Xalapa. Esta región de18200 km2seextiende
desdedel río Nautla hasta una línea quecorrea
lo largo delos municipios deBoca del Río, Me-
dellín, Ignacio dela Llave, Cotaxtla, Cuicha-
pa y Tenejapa. Es la región mejor comunicada
del estado debido a la exportación y a su inte-
gración en la economía del altiplano nacional.
Destaca el impulso a los cultivos comerciales
más tradicionales, como las primeras centrales
cañeras o la mejor producción decafé, así como
la ganadería. En el interior hay zonas rurales de
difícil acceso enclavadas en las montañas don-
deseobserva un alto flujo migratorio hacia las
ciudades aledañas como Córdoba, Orizaba, Ve-
racruz, Xalapa, y hacia las ciudades del altiplano
como Puebla y la Ciudad deMéxico, y lo más
atrayenteen los últimos años, Estados Unidos.
El sur dela entidad comprendeuna superfi-
ciede30 000 Km2, quecorrespondecon partedel
municipio deTierra Blanca y bordea por la costa
y la región deSotavento, llegando hasta los limites
con Tabasco y Oaxaca. Históricamenteel desarro-
llo deesta región inició a principio y mediados del
siglo xx; antes deesteperiodo la región no estaba
habitada. Fuea partir del porfiriato, con la apertura
dela red ferroviaria y la erradicación del paludis-
mo, cuando comenzaron a hacersecampamentos
para la explotación y extracción depetróleo. El de-
sarrollo comenzó a tener augeuna vez abiertos los
complejos petroquímicos deCangrejera y Pajari-
tos, a mediados del siglo xx. Con ello, el repunte
tecnológico eindustrial dio paso a una conside-
rablefuentedeempleo por lo queel éxodo inter
eintra estatal no sehizo esperar, formándoseun
corredor habitacional en torno a Coatzacoalcos,
Minatitlán y Acayucan. La economía sedinamiza
asimismo alrededor dela ganadería y la agricultura
deautoconsumo, dela producción decaña y cier-
tos cultivos muy especializados, lo queseconoce
ahora como "agricultura decontrato", como dela
piña, el melón y otros frutales deciclo corto.
Vistas en su conjunto las tres subregiones
deVeracruz es posibleapreciar cómo destacan
las zonas petroleras eindustriales, los cultivos
dela caña deazúcar', el café6 y la ganadería; así
como las zonas citrícolas y defrutas tropicales'
(limón, mango, piña, sandía, entreotras). Los
cultivos tradicionales como el maíz', el frijol o
el chile, entreotros, disminuyen, pues la mayor
partedelos campesinos' tiendea ser mono-
cultivadora. Pesea estas actividades y rique-
za natural, Veracruz ocupa el quinto lugar de
marginación del territorio nacional (26 desus
municipios seconsideran dealto grado demar-
ginación). Lo anterior pareceestar propiciado
por la crisis agrícola y la incertidumbredelas
políticas públicas orientadas a los sectores pri-
marios, como consecuencia del replieguedel
Estado en el sector agrícola y agroindustria11°.
Esta situación demarginación y pobreza seha-
ceevidenteen las zonas queantes fueron gran-
des centros industriales. Por ejemplo, las zonas
5  En Veracruz se produce 37 .2%de la caña del país. S u planta productiva beneficia a 14 000 obreros y en el campo a 64 000 cañeros,
involucrando a más 420 000 personas en esta actividad.
6  En 2002 se registraron 67 000 productores, que representó 27 .3%de la producción nacional.
7  
El estado contribuye con 28.8%de la producción nacional de frutales, con 5.9%en la producción de cultivos básicos y con 4.6%de
otros granos y oleaginosas.
8  
Veracruz no es autosuficiente ni en maíz ni frijol, teniéndose que importar de otras partes de la república e incluso, de otros países.
9  En todo el estado hay un sinnúmero de localidades rurales en las que empieza a ser evidente la disminución de la fecundidad y las
edades avanzadas de sus habitantes. El 54.4%de las actividades agrícolas son realizadas por personas mayores de 55 años.
10 Los apoyos financieros gubernamentales dirigidos a los agricultores —como los programas para el campo "P rocampo" y el destinado
a las familias en situaciones de extrema pobreza: "P rogresa", así como el de "O portunidades y contigo"— son percibidos como pa-
liativos, como se entiende en esta frase popular "sólo han pintado la casa cuando se está cayendo". El modelo económico neoliberal
que el gobierno mexicano implementó en la década de 1980 ha tenido un impacto negativo en la calidad de vida de los ejidatarios y
en la comercialización de los principales productos agrícolas originando la reducción de los ingresos, lo que a la vez se expresa en la
disminución del nivel de calidad de vida que se pretende elevar a partir de la implementación de estos programas.
67
dondeantes había extracción petrolera" ahora
están en receso; también ocurrecon las zonas
sobreexplotadas por la agricultura (citrícola y
cafetalera), quehan dejado a su paso grandes
contingentes depersonas sin empleo. El ejido
como institución normativa dela reproducción
delas familias campesinas seha convertido en
el refugio dela pobreza, lo queha dado impul-
so a la migración12hacia Estados Unidos y Ca-
nadá, dondepasan a formar partedel sector de
servicios y del ejército dejornaleros agrícolas,
respectivamente(Pérez, 2000).
T abasco
La población deTabasco es de2000 000 de
habitantes, asentada actualmenteen 17 munici-
pios; la mayoría (76 por ciento) habita en locali-
dades urbanas en tanto queuna minoría (24 por
ciento) viveen localidades rurales. Esto sere-
laciona con la dinámica poblacional mantenida
durantelas últimas cuatro décadas, ya queentre
1960 y 2000 la población aumentó cuatro veces
en relación a las primeras décadas del siglo xx
en las quecasi no incrementó. En esas décadas
el crecimiento delas ciudades fuenotorio sobre
todo Villahermosa, su capital, así como Cárde-
nas, Comalcalco, Huimanguillo, Macuspana y
Cunduacán. Actualmentesólo 3por ciento de
su población es hablantedealguna lengua in-
dígena, la cual históricamenteha estado asen-
tada en Nacajuca, el territorio delos yokot'anob
(chontales deTabasco, "hablantes dela lengua
verdadera"), quefueel único centro importante
quelogró sobrevivir al embatecolonial y donde
los conquistadores desarrollaron la ganadería,
la explotación del tintey del cacao. A inicios
del xvii sefundó el primer templo cristiano en
Nacajuca; sin embargo hacia finales del mismo
siglo había desaparecido 95por ciento dela po-
blación nativa y la selva había recuperado sus
dominios (Incháustegui, 1992). Actualmente
los yokot'anob están, además deen Nacajuca,
en Centla, en el área delos pantanos, lagunas y
manglares, al nortedel municipio y en Macus-
pana. El territorio queahora habitan fueocupa-
do anteriormentepor la cultura olmeca durante
el periodo comprendido entrelos años 2000 y
100 a.C.
Actualmentesólo 52139 personas mayores
decinco años son hablantes dealguna lengua
indígena (querepresenta 3por ciento dela po-
blación total del estado). Las más representa-
tivas seubican en los municipios deNacajuca,
Tacotalpa, Macuspana, Centla, Centro y Teno-
sique; destaca el chontal deTabasco, hablada por
32367 personas (62por ciento), el chol 11 125
(21 por ciento), el tzeltzal 1900 (3.6%) y el tzotzil
hablado por 722individuos (1.4%) (INEGI, 2005).
Para el año 2005 sólo una partemínima de
la población total era hablantedealguna lengua
indígena, lo queconviertea Tabasco en una de
las entidades con menor porcentajedehablantes
delengua indígena del territorio nacional13. Este
comportamiento seregistra demanera subra-
yada desdefinales del siglo xix (1873) cuando
el estado contaba con 95 600 habitantes, delos
cuales sólo una cuarta parteestaba representado
por los yokot'anob, y en menor medida zoques y
choles, confinados en el nortedela Chontalpa.
El desarrollo del siglo xix trajo consigo un fuer-
teproceso deaculturación, caracterizado princi-
palmentepor la pérdida dela lengua nativa, queha
caracterizado a Tabasco por un temprano proceso
11 En el norte, por ejemplo, encontramos el caso de P oza R ica que fue desplazado como lugar central por T ampico. En el sur Las C hoa-
pas y A gua Dulce fueron desplazadas por T abasco y C ampeche.
12 S egún algunos especialistas, 45%de ejidatarios se ven en la necesidad de emigrar hacia las ciudades cercanas, al norte del país y
a Estados U nidos (P érez, 2000).
13 S egún el I N EGI , C enso 2000, O axaca es la entidad con mayor porcentaje de población hablante de alguna lengua indígena (35.3%) y
Guanajuato la que menos (0.2).
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C unduacán
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División municipal de T abasco
C entla P araíso
Huimanguillo
Balancán Macuspana
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Kilómetros
25 12.5 0  25
1  1
Fuente: Elaborado por A lberto Hernández y C arlos V. R uelas basado en a la división municipal del estado de T abasco, I N EGI .
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demestizaje, acentuado a partir delos años sesenta.
Antes deiniciar el proceso dedesarrollo acelerado
(en la segunda mitad del siglo xx), la lengua delos
yokot'anob seconsideraba casi extinguida, entre
otros factores debido a quepadeció las "politicas
castellanizadoras" dirigidas al grupo indígena e
impulsadas por el gobernador liberal Tomás Ga-
rrido Canabal (1922-1936), queprohibían infor-
malmenteel uso dela lengua indígena. Esto fue
posiblepor el proyecto integracionista nacional
implementado en México desdelos años veinte
quepromovía políticas deintegración indígena.
En Tabasco el bilingüismo y la decadencia del
chontal, como categoría del censo queregistra a
hablantes dealguna lengua indígena, desapareció
entrelas décadas de1940 y 1970 como resultado,
dealguna manera, deaquellas políticas. Signifi-
ca queen esta última década el Estado daba por
integrados al castellano a los yokot'anob, aunque
dehecho siguieran hablando su lengua y conti-
nuaran ciertas prácticas deidentidad ligadas a su
etnicidad (Uribe, 2003: 86). Ahora los descen-
dientes delos yokot'anob seasientan principal-
menteen Nacajuca, Macuspana, Centla y en una
notoria disminución en Jalpa deMéndez.
En las décadas posrevolucionarias la pro-
ducción bananera deexportación tuvo sus me-
jores momentos declinando hacia finales delos
años treinta'''. Sin embargo, en los años sesenta
y especialmenteen los setenta, otro campo social
económico empieza a conformarsea partir del
impulso detres aspectos dela economía: la cons-
trucción delas presas hidroeléctricas en Chiapas
queafectaron el sistema hídrico deTabasco"; la
iniciativa dela industria petrolera y dela gana-
dería extensiva. Estos proyectos estatales, im-
pulsados desdeel gobierno federal, pretendieron
encauzar la modernización regional quetransfor-
marían los sistemas tradicionales dela reproduc-
ción campesina reorientándolos hacia estrategias
más amplias dela economía rural vinculada a la
economía demercado, a la industria del petró-
leo, a la actividad deplantación, a la prestación de
servicios en Villahermosa —la ciudad capital—y
a la migración. Otro deestos proyectos federa-
les para Tabasco fueel "Plan Chontalpa", queen
1963involucró a los municipios deCárdenas y
Huimanguillo y cuyo objetivo fuecrear un área
dedesarrollo del trópico húmedo mediantela
reestructuración detierras húmedas y poder am-
pliar las fronteras agrícola y ganadera (esta última
fuela quemás creció). Una desus estrategias fue
la reubicación decampesinos en 22nuevos eji-
dos creados en más de7000 hectáreas (Martínez,
1996: 198)16. Sin embargo, el descubrimiento de
yacimientos petroleros en Tabasco y Chiapas en
1973creó emergentes formas detrabajo y provo-
có intensos flujos migratorios, incluido deotros
estados, en una industria querequería mano de
obra. La actividad petrolera promovió el creci-
miento depoblación demanera marcada en los
municipios dedicados a su explotación, principal-
menteen Cárdenas, Centla, Paraíso, Comalcalco
y Macuspana. La zona deNacajuca y Macuspana
es estratégica para la industria petrolera; allí se
ubica el campo petrolero Zen y el complejo pe-
14 En su mejor momento la producción bananera era de 7 .7 toneladas por hectárea y bajó a 2.49 en el momento del fin del garri-
dismo. S u mercado principal se asentó en Estados U nidos por las facilidades de comunicación entre Villahermosa, Galveston y
N ueva O rleans sede de la U nited Fruit C ompany. Durante el periodo de Lázaro C árdenas el consumidor estadunidense prefirió la
producción bananera de C entroamérica, debido a las políticas expropiatorias del general C árdenas, de las cuales no se libró la
S outhern Banana C orporation, cuyos bienes fueron nacionalizados en 1939, cuando el acceso al mercado internacional se había
perdido (Martínez, 1996: 183).
15 Desde 1958 la C omisión Federal de Electricidad inició en la cuenca del Grijalva un megaproyecto encaminado a explotar el potencial
hidroeléctrico con el fin de aprovechar los recursos. La entonces S ecretaría de R ecursos Hidráulicos realizó el "P lan integral del río
Grijalva"; en ese contexto se construyó entre 1959 y 1964 la presa hidroeléctrica N etzahualcóyotl (Malpaso). P osteriormente, entre los
años 1968 y 197 5 se edificó la segunda presa Belisario Domínguez (La A ngostura), y en 197 4 dio inicio el trazo de la construcción de
la presa Manuel Moreno T orres (C hicoasén), la más grande de las anteriores por su capacidad generadora (Villafuerte, 2004: 51); final-
mente y como parte del sistema hidroeléctrico se creó la presa P eñitas que en conjunto conducen el flujo hacia el Golfo de México.
16 S e ha dicho que la desecación de vastas áreas naturales afectó el medio ambiente de manera irreversible en aras de la ganadería
extensiva que creció de manera considerable, lo que trajo como consecuencia el fortalecimiento del poder político de los ganaderos,
que se ha convertido en un sector de influencia del estado.
70
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troquímico deCiudad Pemex (Uribe, 2003: 111).
Hacia 1980 el estado seconvirtió en el principal
productor depetróleo, seguido por Veracruz y
Chiapas. Villahermosa, capital del estado y cabe-
cera del municipio Centro, es la principal ciudad
dela zona y agrupa la mayor concentración urba-
na. La zona metropolitana está integrada por los
municipios deCentro y Nacajuca, pero la Chon-
talpa es la zona con la mayor densidad depobla-
ción con importantes centros como Comalcalco,
Cárdenas y Cunduacán.
La industria petrolera desplazó al sector
primario, haciendo queproyectos como el dela
Chontalpa fracasaran, entreotros factores, por el
deterioro y afectación delas tierras ejidales y de
pequeña propiedad, así como la situación poco
favorabledealgunos finqueros y ganaderos. La
respuesta organizada antelo queconsideraron
un agravio al sector primario semanifestó en
el llamado "Pacto ribereño", como protesta de
grupos campesinos quefueron afectados por la
paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex) y que
inicia, su primera etapa, en 1976 y ha continua-
do hasta nuestros días deforma intermitente. El
movimiento semanifestó inicialmenteen el blo-
queo a los pozos en proceso deperforación o ya
en extracción en los campos deTabasco y Chia-
pas. Seexigía a Pemex la indemnización por los
daños causados a sus bienes (tierras, animales,
flora, fauna). La lucha deVernet, Macuspana, en
1997, es otro ejemplo delas complicadas relacio-
nes entrePemex y el pueblo tabasqueño, queha
exigido a la empresa derechos eindemnización
por la afectación delos bienes frenteal deterio-
ro producido por ella. La politización del movi-
miento y la intervención delos gobiernos estatal
y federal lograron negociar con la empresa pa-
raestatal acuerdos quebeneficiaban, en parte, a
los afectados, además dequeponían sobrela me-
sa la necesidad decreación deun sistema depla-
neación local con diversos altibajos. La moderna
reestructuración en la economía estatal propició
reacomodos, debido al reclutamiento deperso-
nal, sobretodo delos jóvenes delas comunidades
maya-chontales quefueron contratados como
trabajadores temporales no especializados para
la exploración y perforación. Esto significó una
derrama dedinero en la región que, aunado a la
proliferación del alcoholismo y la prostitución,
permitió, a decir deIncháustegui (1992), el in-
cremento einfluencia delas religiones evangéli-
cas o protestantes entrela población, así como el
evidentedeterioro del entorno ecológico.
Como consecuencia delo anterior segeneró
una ruptura en la estructura tradicional del gru-
po, quesebasaba en familias extensas, y con la
cultura nativa en diversos niveles y en distintas
áreas. Actualmentelas actividades más impor-
tantes del estado secentran en el sector deser-
vicios, seguido por el del comercio; entreambos
generan 60 por ciento del P I B estatal. Las activi-
dades primarias ocupan el tercer lugar.
Durantelos últimos cincuenta años los re-
sultados dela modernización en Tabasco han
provocado profundas transformaciones estruc-
turales y su impacto en la vida social y cultural
ha perfilado esta entidad, al igual queVeracruz,
como una sociedad dediferenciación socioeco-
nómica muy marcada, dondelas oportunidades
dela petrolización dela economía no son homo-
géneas socialmente. El deterioro y las condicio-
nes actuales ambientales degrandes dimensiones
han demostrado queaún son necesarios cambios
estructurales queinvolucren las actividades pro-
ductivas y la dinámica socioeconómica. En rela-
ción con la nueva tendencia actual deintensos
flujos migratorios registrados en todo el sureste
mexicano, éstos no han logrado aún impactar de
manera importantea Tabasco quemantieneba-
jos grados deintensidad migratoria al extranjero.
El valor del ÍndicedeDesarrollo Humano (IDH)
varía entremedio y bajo en el ámbito estatal; sin
embargo, en la región indígena dispersa en siete
municipios son altos (con I DH de0.8324, 0.8106
y 0.8051) en relación a otras regiones indígenas
del país'.
17 I nforme sobre Desarrollo Humano de los pueblos indígenas de México, C DI /P N U D, México 2006.
7 1
Veracruz y T abasco: Distribución
porcentual de la población de
cinco años por religión, 2000
AMI
R e l i g i ón M éxi co Ve r acr uz Tabas co
C atólicos 87 .9982.87 1
I  
7 0.4
I
P rotestantes
y evangélicos
5.69 8.03 13.6
Bíblicas no
evangélicas
1.57 2.0 4.9
Judaica 0.05 0.02 N S
O tras religiones 0.31 0.18 0.2
S in religión 3.52 5.95 10.0
N o especificado 0.86 0.7 8 0.8
T otal 100 r  100 100
Fuente: Basado en datos del INEGI 2000.
....„  „  „.
Tabla 2.
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72
La región del golfo como
espacio religioso
Si bien México seha convertido en el segundo
país con mayor número defieles católicos en
América Latina, después deBrasil, estesegun-
do lugar en números absolutos no semuestra
tan sorprendenteen términos estatales y/o re-
gionales, pues hay cierta contundencia hacia
el cambio religioso, expresada en el descenso
constanteen el dato relativo depoblación ca-
tólica. Tanto en los ámbitos nacional y regional
semanifiesta un decrecimiento católico frente
al dinamismo quemuestran otras agrupaciones
religiosas, así como una tendencia sobresalien-
tedel contingentedequienes seubican en la
categoría censal de"sin religión"".
Las afirmaciones anteriores sepueden
confirmar no sólo en los censos depoblación,
sino cuando visitamos diversas localidades y
nos damos cuenta delas emergentes edifica-
ciones, delas reuniones o cuando convivimos
con diversas personas quenos comparten su
manera dever el mundo y sus creencias, en
las quepercibimos nuevas formas religiosas
queya no están basadas únicamenteen el ca-
tolicismo.
El hecho dequecada vez menos veracru-
zanos y tabasqueños seconsideren católicos,
es un indicativo decambios quela sociedad
está atravesando en diversos aspectos y con-
ductas, manifestados en una distribución re-
ligiosa desigual y heterogénea. En algunas
localidades la diversidad religiosa puedeal-
canzar a más de50 por ciento dela población
y en el ámbito regional o estatal oscila entre
ocho y 15 por ciento. Si seobserva el mapa re-
ligioso, según el censo de2000 (INEGI, 2001),
podemos identificar quesi bien, en términos
generales, hay una población mayoritariamen-
tecatólica, concentrada demanera especial
en el nortey centro del estado deVeracruz,
también hay una presencia significativa de
agrupaciones no católicas muy marcada en el
sur dedicho estado y prácticamenteen todo
el estado deTabasco, resaltada en el mapa en
color rojo. Esta diversidad es un poco más di-
luida en las zonas coloreadas derosado, en el
estado deVeracruz.
18 El mayor contingente de personas que declaran tener una religión se encuentra en el grupo de los que tienen más de 50 años de
edad, seguido por el grupo de los que tienen entre 15 y cinco años, según se desprende del censo de 2000 (INEGI, 2001). El hecho
se registra tanto entre fieles católicos como entre no católicos, así como entre quienes se declaran sin religión. S in embargo, cuando
uno asiste a los cultos religiosos encuentra que el el grupo comprendido entre las edades de 30 a 49 años el que sostiene económi-
camente a las iglesias, seguido por el grupo de más de 50 años que es el más activo en las labores proselitistas y fieles en asistencia.
P ero sin duda el grupo más llamativo es el comprendido entre los 15 y 19 años por ser el encargado de la música, el grupo empren-
dedor más dinámico en labores de atención y acomodo de las personas en los recintos cúlticos y el personal de representación.
Mapa 2.3 P resencia de población de "cristianos no católicos" en la región del golfo por municipios, 2000
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Porcentajede"cristianos
no católicos", 2000
0 - 5.00
5.01 - 9.00
9.01 - 14.00
14.01 - 20.00
20.01- 36.00
Yucatán
Quintana
R oo
O axaca
C hiapas
Kilómetros
Fuente: Elaborado por Alberto Hernández y Carlos V. Ruelas, basado en los datos del proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_ nr)", a partir delos CGPYV, NEO 1950 - 2000.
C ampeche
73
5, 07 4, 884
Las agrupaciones religiosas existentes en
Veracruz y Tabasco y el número defieles con
quesecuenta en el registro del censo, nos
muestra quela pluralidad religiosa actual de
la región golfo va más allá delos católicos y
cristianos no católicos; es un abanico en el
•C atólicas
 
2 4, 509
 
S in religión
Bíblicas no
 
12 , 660
 
evangélicas
 
11, 2 2 1
 
111111 neopentecostales
P entecostales y
P rotestates y
evangélicas
•O tras
O tras cristianas
(5,37 1)
Espiritualistas
(4,434)
Judaica
(1,813)
N o cristianas
(7 97 )
O rigen oriental
(245)
mi R aíces
pentecostales
O tras evangélicas
queaparecen diversas categorías declasifica-
ción, ponemos el caso deVeracruz en 2000, y
queseencuentran en la proporción especifi-
cada en la gráfica 2.1.
En Tabasco encontramos una situación si-
milar aunqueel porcentajedepoblación cris-
tiana no católica y dequienes seadscriben al
rubro "sin religión" es mayor en Tabasco, ello
porqueen Veracruz hay un alto el porcentaje
decatólicos, comportamiento muy similar al
promedio nacional.
Basándonos en estas clasificaciones encon-
tramos las siguientes agrupaciones religiosas
registradas en Veracruz. (Tablas 2.2y 2.3)
T abasco: datos absolutos y relativos
Tabl a 2 . sobre las preferencias religiosas 2000
ruumautun wayui
de cinco años y más
1 Uf" JULO ...,.
7 0.45
13.62
C atólica 1 17 2 469
P rotestantes
y evangélicos
1  226 683
Bíblicas no
evangélicas
83 111 4.99
Judaica 114 0.01  
O tras religiones 1287 0.08
S in religión 166 993 10.03
N o especificado 13 7 09 0.82
Fuente: •r,,,  C enso General de P oblación y Vivienda 2000.
2 5, 305
2 2 4, 483
C ategorías y clasificación de grupos religiosas según el censo de 2000
Fuente:  C enso General de P oblación y Vivienda 2000
An 1 a l _
Tabl a 2 .3

R eligiones en el estado de Veracruz y su correlato nacional

R e l i g i ón N aci o n al Ve r acr uz R e l i g i ón N aci o n al Ve r acr uz
1
R e l i g i ón N aci o n al Ve r acr uz
C atólicos 7 5 807 194 5 07 4 884 P entecostal 962 682 212 451 Misioneros evangélicos 16 0
P rotestantes y evangélicas 4 485 144 421 196 S ociedades pentecostales 3889 264 Movimientos evangélicos 17 0 0
Históricas 654 966 24 509 P entecostal independiente 3440 340 N ueva Jerusalén 1128 125
A nglicana 3116 808 S ociedades cristianas evangélicas 115 052 7 513 Evangélica
Bautista 207 110 12 196 S ociedades cristianas pentecostales 18 7 12 1212 insuficientemente especificada 90 57 8 6465
C alvinista 156 82 S ociedades evangélicas pentecostales 30 311 5387 Bíblicas no evangélicas 1 832 529 224 483
Del N azareno 32 984 552 S ociedades cristianas A dventista del S éptimo Día 538 226 99 341
Ejército de S alvación 389 30 Evangélicas pentecostales 1240 123 I glesia de Jesucristo de los
Episcopaliana 1926 211 S oldados de la C ruz de C risto 662 45 S antos de los Últimos Días 214 061 19 889
Luterana 3916 40 T abernáculos 512 116 T estigos de Jehová 1 080 242 105 253
Menonita 3934 27 T radicionalistas 1290 89 O tras cristianas 186 209 537 1
Metodista 31 7 40 607 O tras sociedades O rtodoxo 207 5 7 5
P resbiteriana 365 368 9956 evangélicas pentecostales 3656 137 I glesia de C risto C ientífica 445 1
P entecostales y neopentecostales 1 47 5 310 253 050 P entecostal insuficientemente O tras cristianas
A mistad cristiana 5803 458 especificada 23 566 3336 insuficientemente especificadas 183 689 5295
A sambleas de dios 27 513 1527 R aíces pentecostales 63 111 11 221 O rigen oriental 6815 245
C asa de O ración 167 6 226 I glesia del Dios Vivo, C olumna y Budismo 547 3 193
C entro de Fe 2905 83 A poyo de la Verdad, "La Luz del Mundo' 63 111 11 221 Hare krishna 343 13
I glesia A lfa y O mega 908 12 O tras evangélicas 2 291 7 57 132 416 T aoísmo 130 39
I glesia A gua Viva 5113 2605 C ristiana 97 4 544 24 199 Judaica 52 402 1813
I glesia A postólica 120 97 6 4321 Evangélica 1 198 892 100 401 O tras religiones no cristianas 9287 7 97
I glesia de Dios 32 938 2030 A postólica no pentecostal 1240 50 Bahaísmo 802 64
I glesia de Dios de la P rofecía 12 392 865 A sociaciones evangélicas 552 62 I glesia de la cienciología 184 14
I glesia del Evangelio C ompleto 23 299 567 Bíblica 3805 180 Masonería 157 3 138
I glesia Evangélica de Hermanos 569 112 I glesia de C risto 17 692 7 03 Movimiento raeliano 67 8
La Voz de la P iedra A ngular 4990 1665 I glesia de S antidad 231 56 Movimientos NewA ge 1608 13
Misionera P entecostal 925 314 I glesia Mexicana La Mujer Hermosa N eoisraelita 4501 560
S ociedades cristianas 38 97 7 3427 Vestida de S ol" 42 12 Espiritualista 62 615 4434
S ociedades evangélicas 29 859 37 89 Mesiánicas 57 0 S in religión 2 998 405 360 154
Evangélica N eotestamentaria 458 36 Ministerios evangélicos 1503 163
Fuente: I N EGI C enso 2000
Esta pluralidad religiosa asociada tiene
varias aristas deexplicación considerando la
presencia dediversos factores (geográficos, his-
tóricos, económicos, políticos, culturales y so-
ciales) quesemezclan en situaciones diversas. A
continuación detallaremos las particularidades
y comportamientos para cada estado dela re-
gión golfo.
El escenario religioso
en Veracruz
Si observamos las características delos munici-
pios queson más católicos vemos quela mayor
parteseencuentra en la zona colindantecon
los estados dePuebla eHidalgo, con los cua-
les semantieneuna fuerterelación, en especial
con la capital del país. En ellos seubicaban los
municipios enclavados en zonas montañosas de
dificil acceso hasta hacealgunas décadas, con
una agricultura muy ligada al calendario ritual
desus festividades. Destacan La Perla, Cosco-
matepec, Huatusco, Perote, Misantla, Coetzala,
Teziutlán, Landero y Coss, Alto Lucero, Las
Minas, Xico, Teocelo, Cosautlán, Citlaltépetl,
San Andrés Tlanehuayocan, Tatatila, Las Vigas
y Ayahualulco. Estos municipios, caracterizados
por su actividad agrícola, destacan por el cultivo
decafé (cultivo muy afectado por la caída desu
precio internacional en las dos últimas décadas)
junto con el maíz para autoconsumo. La ma-
yoría deestas poblaciones vivecon uno y dos
salarios mínimos, presentando altos índices de
marginación, a excepción deLandero y Coss,
quepresenta el más alto índicedemigración
hacia Estados Unidos y por ello recibeuna bue-
na percepción deremesas".
Históricamentela porción central deVera-
cruz destaca por ser la primera en vivir un pro-
ceso deocupación urbana y rural fuertedesde
el siglo xvi, además deser la zona con mayor
presencia católica del estado y gran diversifi-
cación económica, propiciada desdeel periodo
colonial por la necesidad deencontrar las rutas
comerciales hacia el altiplano del país. Ello ter-
minó por privilegiar al puerto deVeracruz que
rápidamenteseconvirtió en el principal punto
deembarquepara el tráfico trasatlántico, be-
neficiando asimismo las rutas por las actuales
ciudades ubicadas al piemontedel ejeneovol-
cánico (Xalapa, Córdoba y Orizaba) y a su vez
a las localidades rurales aledañas (Palma, 2005).
Todo propició quedesdeel centro semarcaran
las directrices delos aspectos económico, polí-
tico y cultural. En el aspecto religioso, la parte
central deVeracruz tuvo una gran trascenden-
cia pues a través dela Arquidiócesis deXalapa
seha coordinado el trabajo delas ocho diócesis
con quecuenta el estado: Tuxpan, Papantla, Xa-
lapa, Veracruz, Córdoba, Orizaba, San Andrés y
Coatzacoalcos20. Quintín López Cessa, vocero
dela arquidiócesis del estado, opina quela Igle-
sia, como ocurreen todo el surestemexicano,
cuenta con muy pocos sacerdotes para atender
a la feligresía, haciendo quelos párrocos visiten
las iglesias asignadas a veces sólo una vez por
semana o incluso por quincena, o sólo el día de
la fiesta del santo patrón. En el sur hay un sa-
cerdotepor cada 22000 personas; en el centro
el número disminuyea 5043y en la región nor-
tela cifra llega a 20 252personas.
En el catolicismo seobserva —a decir desus
propios dirigentes— una indiferencia en las acti-
vidades litúrgicas: sólo 15 por ciento delos cató-
19 En el municipio de Landero y C oss, pese a que hay un bajo índice de pluralidad religiosa, destacan los protestantes desde los años
sesenta que han mantenido su presencia, aunque en los ochenta disminuyó, coincidiendo con la fuerte migración hacia C hicago que
comenzó por esos años y que continuó durante los noventa.
20 Quintín López C essa, vocero de la arquidiócesis en el estado en una entrevista (publicada el 12 de abril de 2005 en el D iario de
X alapa, p. 10), opina que la arquidiócesis cuenta con una demarcación de 37 municipios y 67 parroquias, organizada en nueve
decanatos 20 rectorías, que a partir de los presbiterios, vicarios, laicos y grupos eclesiásticos, encabezados por un obispo, se
organizan para trabajar.
licos asistea la misa dominical y entredos y tres
por ciento tieneuna participación realmenteac-
tiva; el resto sólo es católico por estar bautizado.
El proceso deurbanización en el centro de
Veracruz fueun factor clavepara el cambio reli-
gioso, pues al llevarsea cabo la concentración de
servicios dediversas instituciones gubernamen-
tales, bancarias y educativas, así como la apertu-
ra decarreteras, industrias y comercios, secreó
un importanteflujo depersonas del centro del
país hacia Veracruz con ideas liberales y con una
educación más laicizante; algunas deellas esta-
ban afiliadas a credos diferentes al catolicismo
propiciando, decierto modo, el establecimiento
deagrupaciones no católicas sobretodo decor-
tehistórico tales como las bautistas, nazarenas,
metodistas, presbiterianas y, en menor escala,
las primeras iglesias bíblicas no evangélicas (ad-
ventistas, testigos deJehová, mormones), y de
cortepentecostal.
Hacia 1970 las iglesias pentecostales, ad-
ventistas y testigos deJehová tienen un impulso
inusitado en la partecentral deVeracruz, al gra-
do tal queen 1980, el catolicismo intentó con-
trarrestar esteincremento mediantela creación
del movimiento derenovación carismática hacia
mediados de1980. A pesar deello los carismáti-
cos no tuvieron el apoyo necesario dela mayoría
delos párrocos, lo queocasionó división y falta
decompromiso por partedesus dirigentes (es-
pecialmentedelos jóvenes los cuales una vez que
contraían matrimonio abandonaban la agrupa-
ción). Tanto en los ámbitos urbano como rural
estemovimiento derivó en cursos y programas
para "recatolicizar" a los feligreses, a la vez quese
fortalecían otras agrupaciones —ya formadas en
el interior del catolicismo— como los grupos de
neocatecumenados y devela perpetua.
Con relación a las iglesias evangélicas histó-
ricas, a pesar dela reducida presencia y recursos,
llevan a cabo su labor difusionista entresectores
rurales depoblación recién llegada del campo
quebusca mejores condiciones devida y satis-
factores para sus necesidades económicas, espiri-
tuales, culturales y políticas en el ámbito urbano
y escasamenteen el rural. En cambio, el sector
rural ha sido atendido por las iglesias decorte
pentecostal, por los adventistas y los testigos de
Jehová, quienes llevan a cabo una fuertelabor
evangelizadora entreestesector depoblación. A
estos acontecimientos sehan sumado una serie
decambios en las relaciones sociales. Por ejem-
plo, las principales ciudades, Xalapa, Veracruz,
Córdoba y Orizaba, han entrado en un proceso
deproletarización decampesinos pobres con la
consecuenteescalada social delos campesinos
ricos, en tanto seamplió y diversificó la produc-
ción y los mercados; por ello empezó a cambiar
el estilo devida tradicional sustentado en la agri-
cultura, por un estilo comercial y depequeña in-
dustria, quefavoreció un ambientepropicio no
sólo para el desarrollo deinteracciones sociales,
sino deideas y creencias religiosas.
Por otro lado, desde1990 a la fecha en la parte
central del estado deVeracruz han surgido nuevas
agrupaciones decorteneopentecostal (Amistad
Cristiana, Iglesia Universal del Reino deDios) y
otras como la iglesia deWilliam Soto Santiago o
agrupaciones budistas, islámicas y pentecostales
independientes, algunas delas cuales incluso no
están oficialmenteregistradas todavía.
La inclusión delos creyentes en las diversas
actividades económicas y sociales delas ciuda-
des va aparejada con lo quemuestran los censos
de1990 y 2000, en relación a una ampliación de
ofertas religiosas quefueron armonizando con el
panorama delas sociedades especialmenteurba-
nas. El mensajedelas agrupaciones cristianas no
católicas fuebien recibido por los comerciantes,
universitarios y empleados delas diversas ins-
tituciones deservicios y por todos aquéllos que
buscaban movilidad social; aunqueno tuvo los
mismos resultados entrelos pobres, quienes ricos
en necesidades, abrazaron la religión pentecostal,
la delos testigos deJehová y adventistas, princi-
palmenteaquéllas relacionadas con la curación y
el mantenimiento dela salud.
En estos últimos seis años la situación econó-
mica, el desempleo, el aumento considerablede
la mancha urbana y la insuficiencia deservicios
para grandes sectores dela población, han gene-
rado un contexto favorablepara la difusión del
mensajedelos testigos deJehová, quienes han
dejado el centro delas ciudades para realizar su
labor evangelizadora en las periferias y zonas
rurales, dondeseconstruyen fraccionamientos
o pequeñas ciudades dormitorios para los traba-
jadores insertos en grandes centros comerciales
einstituciones deservicios delas principales ciu-
dades. El mensajepentecostal y el delos testigos
encuentra acomodo en estos grandes sectores de
población caracterizados fundamentalmentepor
los problemas relacionados con la falta deser-
vicios, los conflictos sociales ocasionados por la
escasez dehospitales, el empleo, la migración, la
fragmentación dela unidad familiar; y otros pro-
blemas sociales como el alcoholismo, la violencia
y la inseguridad, quetambién son habituales. En
los contextos rurales aunqueexisteuna caracte-
rización social similar, entrela problemática des-
taca la disminución demano deobra, la pobreza
y la marginación; cuestiones con las quelos pen-
tecostales y adventistas han aprendido a relacio-
narsea partir denuevas maneras comunitarias
desolidaridad, cohesión social y apoyo espiritual
antelas enfermedades, especialmentedeoración
y curaciones milagrosas, queaumentan enorme-
mentesu actividad en estas localidades.
En estecontexto seproduceel cambio reli-
gioso en el centro deVeracruz cargado dein-
fluencias carismáticas evangélicas y católicas; de
campañas deproselitismo y discursos eimáge-
nes con símbolos apocalípticos y milenaristas,
basados en profecías sobreel fin del mundo. Tan
sólo en la capital del estado21 había en el año
2005 más de250 congregaciones religiosas en-
trelas quesecuentan 70 detestigos deJehová,
70 templos y capillas católicos, más de30 igle-
sias decortepentecostal, 23grupos religiosos
pentecostales independientes, 16 deasambleas
deDios, cinco bautistas, ocho nazarenas, siete
adventistas del séptimo día, cinco iglesias delos
santos delos últimos días, cuatro presbiterianas,
cuatro deapostólicos dela feen Cristo Jesús,
tres dela luz del mundo, dos metodistas, dos de
la iglesia Interdenominacional, dos iglesias de
Dios israelitas, un centro dereunión católico
anglicano, dos deamistad cristiana, uno dela
Iglesia Universal del Reino deDios, un centro
calacoaya, uno desoldados dela cruz, uno de
la piedra angular (William Soto Santiago), uno
desendas antiguas y una israelita. Sin contar los
lugares dereunión, quebajo el nombredecen-
tros deevangelización, misiones, células, grupos
dehogares o lugares deoración, poseen gran di-
námica en la vida religiosa delos jalapeños.
Cuestión diferentepresenta la subregión
nortedeVeracruz, dondeencontramos condi-
ciones distintas. Aquí no sedio un proceso fuer-
tedeurbanización ni decatolización después
dela colonización española; las zonas costeras y
demontaña prácticamentequedaron desoladas
por las comunidades indígenas y la difusión de
enfermedades que, importadas por los primeros
conquistadores, disminuyeron drásticamentela
población nativa (Hoffmann y Velázquez, 1994;
Gerhard, 1986). No fuesino hasta el porfiria-
to cuando cambió el panorama tras la llegada a
Veracruz decapital extranjero, principalmente
deEstados Unidos eInglaterra, quefinanció la
creación del sistema ferroviario dela Ciudad
deMéxico al Puerto deVeracruz y al Istmo, así
como el establecimiento deempresas queper-
foraron el suelo huasteco en busca depetróleo
(B astian, 1989).
Lo anterior propició una lenta recupera-
ción demográfica quebenefició sobretodo las
vertientes serranas dePapantla, Álamo, Cerro
Azul, Naranjos y Poza Rica. En dondeno había
petróleo sedemoró la difusión dela quinina pa-
ra enfrentar el paludismo queasolaba los puer-
tos fluviales y las zonas costeras dela región de
21 En 197 0 había 2801 protestantes, para 2000 más de 38 000 personas se asumen como evangélicas y cerca de 100 000 ya no se
consideran católicas. S i tomamos en cuenta que la población es de más 382 655 habitantes, observamos que 26.13%de la pobla-
ción no es católica.
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Pánuco (Marchal, 1998), diezmando la salud de
los autóctonos y los extranjeros; en la zona se-
rrana deHuayacocotla, Castillo deTeayo, Coat-
zintla, Misantla, Nautla y Martínez dela Torre,
encontramos una situación similar queimpedía
la prosperidad hacia fines del siglo xix. El im-
pacto quelas explotaciones petroleras provocó
en la zona nortedel estado fueesencial, ya que
en poco tiempo dio lugar a queen el entorno de
los productivos pozos seencontrara gran núme-
ro detrabajadores tanto inmigrantes como de
otras partes del país que, junto con sus familias,
cambiaron no sólo el paisajenatural, sino el am-
bientesocial y cultural dela región. Eran porta-
dores decredos diferentes al catolicismo, formas
y estilos devida queimplantaron a su paso por
esta zona difundiéndolos entrelos nativos dela
región. Deestemodo, ciudades como Poza Ri-
ca, Álamo y Tuxpan empiezan a concentrar el
flujo comercial, económico y poblacional queles
permitediversidad económica y religiosa que,
a su vez, trasmiten a los municipios aledaños
a través delas distintas rutas y oleoductos, así
como medianteel ferrocarril establecido desde
los campos petroleros hasta el puerto deTuxpan
para la exportación del petróleo.
Las primeras agrupaciones religiosas no ca-
tólicas queseestablecieron entre1895-1950
fueron metodistas, bautistas, deanglicanos y las
dejudíos. Posteriormente, la crisis del petróleo
entre1950 y 1960, propició queestas iglesias
históricas perdieran impulso. Hoy día encon-
tramos una zona caracterizada por la ganadería
y la agricultura, dondedestacan la producción
delos cítricos, el plátano y alguna queotra re-
gión con cultivo decafé, cuya producción igual-
menteseorienta hacia la frontera nortedel país.
Hay una alta migración hacia Estados Unidos
y al área metropolitana del puerto deTampico,
ciudad Madero, Tamaulipas, San Luis Potosí y
Monterrey. Esta situación, quesegeneró entre
las décadas de1970 y 1980, impulsó el desa-
rrollo delos grupos pentecostales, adventistas,
testigos deJehová, dela luz del mundo, mor-
mones, y en la década delos años noventa, el de
los neopentecostales y otros grupos, queconvi-
ven en los espacios rurales y urbanos, con una
presencia mayoritaria decatólicos y pentecosta-
les. El caso deÁlamo puedeser útil para mos-
trar la diversidad religiosa quevivela región. En
Álamo existían para 2005 unas 19 asociaciones
religiosas registradas en más de42templos o
lugares dereunión. Actualmentesecuentan seis
capillas católicas, cuatro templos pentecostales
del MIEPI, seis delas asambleas deDios, tres
congregaciones delos testigos deJehová, dos
iglesias adventistas, dos iglesias bautistas, una
metodista, una iglesia deDios dela República
Mexicana, una dela confraternidad del buen
pastor, una del séptimo día, una mormona, una
cristiana derestauración, una del movimiento
Cruzada Misionera A.R., deChicago, un centro
cristiano Rey deReyes, un centro cristiano Em-
manuel, la iglesia Ministerio deJesucristo Pen-
tecostés deReynosa, un templo dela Iglesia del
Evangelio Completo, uno dela Iglesia demi-
nisterios Elim y uno dela Iglesia Mexicana del
Evangelio deCristo. Asimismo encontramos
dos asociaciones civiles como Amistad Cristia-
na A.C. y Pozo deAgua Viva A.C., además de
centros dereunión denominados células deme-
tafísicos y la logia masónica.
Como puedeobservarse, el cambio religio-
so seevidencia demanera clara, entreuna po-
blación de107 962habitantes, delos cuales 71
894 son católicos, 9373evangélicos, 2009 están
vinculados a las agrupaciones bíblicas no evan-
gélicas; 79 personas queseadscriben en otras
religiones, 6613personas quesedeclaran sin re-
ligión y 779 queno especifican su religiosidad.
Un punto deobservación interesanteen
cuanto al cambio religioso es quecuando en-
contramos una localidad con actividad religiosa,
ésta seexpandea su alrededor, especialmenteen
los poblados con los cuales tienemayor inter-
cambio económico y social. Lo mismo sucedea
la inversa aunqueno con la misma intensidad, y
esto motivado por los lazos deparentesco y por
el peso delas tradiciones y costumbres quela
gentetieneen las diversas regiones del estado.
79
Por último, en lo queserefierea la subregión
sur del estado, es dondeseencuentra las concen-
traciones más altas depoblaciones evangélicas,
destacando con mucho más fuerza las localida-
des queestán en los límites delos estados de
Tabasco, Oaxaca y Chiapas. La población evan-
gélica parecediluirsecuando seadentra en la
zona delos Tuxtlas y delas grandes montañas;
pero en la medida en queseacerca a los litorales
y los valles, los grupos evangélicos aparecen con
más frecuencia, especialmenteen los núcleos
urbanos y en las zonas rurales dondela pobreza
explica y determina el porqué desu condición de
fragilidad y complicada urbanización. Deigual
modo es determinanteel hecho dequemuchas
familias ven en religiones decortecarismático,
enfocadas en la salud y en las necesidades bási-
cas, una alternativa para mitigar sus escasos re-
cursos, quelas obliga a vivir en estos espacios, y
quea través dedichas agrupaciones encuentran
redes queles permiten relacionarsecerca delos
pujantes mercados detrabajo citadino.
Generalmentelos municipios cercanos a
los estados deChiapas y Tabasco son áreas que
han permanecido inhabitadas hasta haceape-
nas unas cuantas décadas, cuando sehan ido
poblando gracias a programas decolonización,
como "La marcha al mar" (1947), queel gobier-
no federal impulsó en todo el país y queen Ve-
racruz tuvo una gran trascendencia debido a la
gran extensión litoral con quecuenta; además,
gracias a la erradicación del paludismo sehizo
posiblequeestas zonas fueran habitadas. Otros
programas quetuvieron gran impacto en el sur
fueron los vinculados con los proyectos hidro-
eléctricos, el sistema ferroviario del Istmo y el
establecimiento deempresas petroleras quepro-
piciaron obras portuarias; no menos importante
fueel augedelas haciendas cafetaleras, azuca-
reras y ganaderas y delas industrias del azufrey
tabacaleras22. Todos estos factores económicos y
políticos dieron paso a una gran fuentedeem-
pleo quepropició la migración rural/urbana,
generando una interacción no sólo económica
sino religiosa dediversos credos. Según nues-
tros datos etnográficos, es a partir de1950, con
la estancia demisioneros del Instituto Lingüís-
tico deVerano, cuando seempiezan a registrar
los primeros grupos decristianos no católicos
en la zona. Aunquees básicamentecon la cons-
trucción y puesta en marcha delos grandes
complejos petroquímicos enclavados en Coat-
zacoalcos y Minatitlán, y la ganadería impulsa-
da desdeAcayucan, los quevan a dinamizar la
zona sur del estado en todos los aspectos, inclu-
yendo el religioso. Desde1980 a la fecha esta
región ha tenido un flujo poblacional queviene
y va dezonas urbanas (incluso deotros estados
como Chiapas y Tabasco, como principalmente
delas mismas ciudades veracruzanas) a las áreas
rurales delos municipios deTatahuicapam, Pa-
japam, Texistepec, Tenochtitlán, Uxpanapa, Las
Choapas y Mecayapan, cuya población no ca-
tólica supera 30 por ciento. Así lo confirma la
información etnográfica en estas localidades, al
encontrar quelos principales miembros delas
diversas congregaciones cristianas no católicas
sehan convertido en motores principales dela
labor proselitista evangélica, debido a las estan-
cias delos trabajadores en estas ciudades, o bien
por la llegada depredicadores. Las agrupacio-
nes quemás sehan difundido son especialmen-
tedecortepentecostal, adventistas, dela luz del
mundo y en menor escala bautistas y testigos de
Jehová.
Un ejemplo, del cambio religioso quepode-
mos encontrar en las localidades del sur vera-
cruzano es el quenos da la cabecera municipal
deMecayapan. Según los datos del censo del
INEGI de2000, sólo 23.69% dela población del
municipio seasumecomo católica, mientras
que76.31% ha dejado deserlo. En la cabecera
municipal seencuentra un templo católico, nue-
vedeagrupaciones pentecostales, uno neopen-
22 N o fue sino hasta el tercio final del siglo pasado cuando se densificaron los últimos reductos vacíos de la entidad a consecuencia de
la colonización agraria.
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tecostal, tres adventistas, uno bautista, uno de
apostólicos dela feen Cristo Jesús, uno dela
profecía, uno dela luz del mundo, uno delos
testigos deJehová, así como simpatizantes de
William Soto y dela iglesia deGalván. Todas
esas congregaciones en una localidad deaproxi-
madamente5000 habitantes. Como sepuede
observar, el cambio religioso tiendea ampliarse
y a concentrarseen agrupaciones pentecostales
y adventistas, las cuales sepresentan fragmenta-
das, muchas veces sin conexión entreuna y otra,
aunqueconservando el mismo mensajedesani-
dad, haciendo énfasis en los milagros, y mante-
niendo un estilo devida tradicional sustentado
en la agricultura y en la necesidad decontactos
para la obtención detrabajo en las urbes comer-
ciales citadinas.
Visto en su conjunto, el estado deVeracruz
representó duranteun largo periodo una enti-
dad deatracción demiles deinmigrantes que
a su paso introdujeron creencias cristianas no
católicas. La reforma agraria, la industrializa-
ción, la urbanización y la creación degrandes
infraestructuras dieron piea queestas creencias
religiosas, especialmentedecortehistórico23 y
pentecostal, sedifundieran lenta pero progre-
sivamenteaprovechando la dinámica decreci-
miento económico y la estructura ocupacional
que, por ahora, seencuentra en más de50 por
ciento en localidades rurales (en su mayoría al
margen dela interacción económica central), y
en poblaciones urbanas con desarrollo desigual,
distribuidas en 50 ciudades pequeñas y media-
nas24. Ambas, tanto rurales como urbanas, po-
seen fuertes nexos con el centro del país.
Una etapa significativa en el periodo que
va de1950 a 2000 fueel desplazamiento dela
actividad petrolera, primero del nortehacia el
sur y luego hacia la sonda deCampeche. Lo
quesignificó el agotamiento delos sectores de
la construcción eindustria especializada quein-
centivaba la economía así como la pérdida de
competitividad desus puertos marítimos, así
como el desvanecimiento dela posición histó-
rica como puerta deimportaciones y exporta-
ciones nacionales, antelas crecientes ciudades
fronterizas norteñas, queatrajeron todos los
intercambios con Estados Unidos, especial-
mentedespués del TLC, y el augedelas carre-
teras orientadas hacia otros estados fronterizos
del país. Todo provocó queel empleo industrial
registrara una contracción y surgiera el autoem-
pleo, el trabajo artesanal, el fenómeno dela mi-
gración y sobretodo el augedel sector terciario,
principalmenteservicios, como principal motor
en el Producto Interno Bruto veracruzano.
En estecontexto seda la explosión deagru-
paciones cristianas no católicas, especialmente
pentecostales y neopentecostales y en menor
medida las bíblicas no evangélicas (adventistas y
testigos deJehová), en contrastecon la contrac-
ción deagrupaciones históricas, judías y anglica-
nas. Situación queseexplica por la estratificación
social caracterizada por la presencia deun signi-
ficativo estrato medio en dondeseencuentra una
gran partedelos miembros deiglesias históricas
urbanas, y una gran masa detrabajadores agríco-
las y urbanos pobres, queforman el grueso delos
miembros delas iglesias pentecostales y bíblicas
no evangélicas. Lo anterior acelera mutaciones
sociales en varios estratos (la familia, la localidad,
la comunidad campesina)25 y quesereflejan en
la pluralidad religiosa queseconforma durante
estos años en Veracruz26.
23 El presbiterianismo y el metodismo fueron las principales denominaciones históricas que se adentraron en Veracruz (Vázquez,
1991).
24 Esta singular forma de urbanización (tardía y no concentrada), que permite entreverar los mercados de trabajo rurales con los urba-
nos, se explica por la naturaleza misma de los procesos de industrialización y desarrollo agropecuario que pudieron prosperar en el
Golfo de México durante la fase en que prevaleció la estrategia económica de sustitución de importaciones (P alma, 2005).
25 Hay estudios específicos que analizan los cambios sociales y económicos que se dan en Veracruz (Del R ey, 2004; Léonard, Del R ey
y Quesnel, 2004; Quesnel, 2002).
26 Ejemplos sobre diversidad religiosa se pueden encontrar en los trabajos de Vázquez (2005).
81
El escenario religioso
en T abasco
Al sur deVeracruz, esta entidad ha mostrado
durantelas últimas décadas intensas trans-
formaciones en su escenario religioso quese
indican a partir delos cambios en la adscrip-
ción religiosa. Sobresalela presencia cada vez
mayor decredos cristianos no católicos, pesea
queen décadas anteriores padeció las conse-
cuencias delas políticas anticlericales deEs-
tado. Actualmentees una delas entidades que
mantienelos más altos porcentajes depobla-
ción cristiana no católica en el país, sólo supe-
rado recientementepor Chiapas. Su pluralidad
es notoria, aunqueel catolicismo siguesiendo
la religión preferida por la mayoría delos ta-
basqueños (70 por ciento), mientras quecerca
de20 por ciento seadscribea algún credo cris-
tiano no católico y 10 por ciento seubica en la
categoría censal de"sin religión".
En la tabla 2.4 semuestra la evolución que
han tenido las preferencias religiosas dela pobla-
ción durantelos últimos cincuenta años.
Las cifras anotadas en la tabla muestran
una adscripción religiosa al catolicismo menor
quela registrada en el ámbito nacional, queen
las mismas décadas es deentre90 y 80 por
ciento. Es notorio queen Tabasco, como en
otros estados del surestemexicano, el apego
al catolicismo ha disminuido particularmente
en las últimas tres décadas, teniendo una baja
decasi 17 puntos porcentuales, lo quesignifica
un acelerado cambio en el campo religioso no
percibido en los cien años anteriores cuando la
variación había sido imperceptible.
Un dato importantey queaplica a la re-
gión golfo, como al sureste, es quela disminu-
ción del catolicismo no seha traducido en el
crecimiento deuna sola religión, sino quese
expresa en el crecimiento deuna variedad de
creencias, como podemos apreciar para el año
2000 en la tabla 2.5.
T abasco: Distribución porcentual de la
población de 5 y más años por religión, 2000
R e l i g i ón Abs o l uto s
Tabas co  1
1
664
17 2
366
469 C atólica
P rotestantes y evangélicas
Históricas 7 4 662 1
P entecostales 96 290  l
O tras evangélicas 55 7 31  I
Bíblicas no evangélicas
A dventistas del S éptimo Día 58 7 01
I glesia de Jesucristo de los S antos
de los Últimos Días (mormones)  367 6  0.2
T estigos de Jehová  20 7 34 1.2
Judaica
Budismo 9 N S
I slamismo 2 N S
N ativismo 0 0.0
Espiritualismo 892 0.1
O tras religiones 384 0.1
S in religión 166 993 10.0
N o especificado 13 7 09 0.8
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T abasco: datos porcentuales sobre la evolución de las preferencias religiosas
con relación a la población total 1950-2000
1950 1960 197 0 1980 1990 2 000
P o bl aci ón
to tal 362 7 16 496 340 7 68 327 1 062 961 11 288 222 1 664 366
Catól i ca 94.17 90.06 87 .17 7 8.99 r7 2.16 7 0.45
Cr i s ti an a n o
catól i ca 5.18 6.69 8.29 12.21 L  15.02 18.61
Otr as 0.64 0.96 0.7 3 1.65 2.15 0.08
S i n r e l i g i ón n.d 1.44 3.7 0 7 .01 9.64 10.03
Tabl a 2 .
P o r ce n taj e
100.00
7 0.4
4.5
5.8
3.3
3.5
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Fue n te :I N EGI , XI I C enso Genera e P oblación y Vivienda, 2000.
Fuente: N EW, mi C enso General de P oblación y Vivienda, 2000, Memo,

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El catolicismo
En general en el surestemexicano y algunas
subregiones del golfo, como sedetalló, la de-
bilidad dela iglesia Católica ha estado mar-
cada históricamentepor ausencia deproyectos
evangelizadores y escasa capacidad decober-
tura para atender a la población dispersa. Los
cambios contemporáneos tienen su expresión
más profunda a partir delos años setenta y las
transformaciones en el campo religioso no es-
capan a esta percepción. Desde1960 Tabasco
sepronunció como el estado menos católico
del país, comportamiento similar al deChia-
pas y Campeche. La trayectoria dela iglesia
Católica y dela religiosidad en la entidad tie-
necaracterísticas específicas queno comparte
con otras del país, en esesentido es quenos
atrevemos a resumir partedela conformación
compleja desu campo religioso.
Históricamentela evangelización dela
iglesia Católica en la región no ha tenido el
mismo desarrollo eimpacto queen el occi-
dentedeMéxico, como sedemuestra en otros
capítulos del presentelibro; tampoco hubo un
rechazo hacia los evangélicos protestantes y,
particularmente, la intención política liberal
decrear una iglesia reformista, leal al gobierno
posrevolucionario, tuvo, a decir deMartínez
Assad (1996: 207), una excepcional acogida.
En el caso deTabasco una característica co-
mún ha sido la constantey débil presencia y,
por largos periodos, hasta ausencia dela igle-
sia Católica quedurantetres siglos dependió
dela Diócesis deYucatán, vínculo quetantos
conflictos y problemas causó debido a que
consideraban quela atención para sus fie-
les deTabasco era insuficiente. Debido a ello
en 1829 el Congreso del Estado deTabasco
promulgó la separación del ramo eclesiástico,
aunquela anhelada independencia eclesiástica
deYucatán selogra en 1880, año en quefunda
su obispado. Cuando finalmenteTabasco logra
su autonomía eclesiástica lefueron concedidas
áreas ministeriales queeran administradas por
la Diócesis deChiapas, tales como los territo-
rios y departamentos dePichucalco, Palenque,
Rosario, Pueblo Nuevo, Amatán, Sacti, Moyos,
Sabanilla, Almendo, Yajalón, toda la zona ha-
bitada por lacandones, Chilón, Bachajón, Pue-
blo Viejo y El Real ( I bidem: 95). Su territorio
deinfluencia seamplió a pesar dela carencia
desacerdotes: tres o cuatro en 42templos se-
miabandonados. Esemismo año aparecen los
primeros colportores presbiterianos27. Las mi-
siones franciscanas, dominicas, agustinas o je-
suitas permanecieron duranteperiodos cortos
eirregulares y sólo el clero secular logró tener
una actividad más consecuente. La escasa co-
municación, las enfermedades tropicales y el
patrón disperso delos asentamientos indígenas
hicieron complicada la evangelización católica
(Cardiel, 1988).
Sin embargo, hay otros elementos queayu-
dan a entender el alejamiento quela iglesia Ca-
tólica ha tenido con la feligresía en la entidad.
Setrata dela imposición depolíticas anticleri-
cales delos gobernadores deprincipios del si-
glo xx queseenfrentaron abiertamentecon el
clero y queincluían la prohibición deministros
deculto. Otros estados destacaron en su afrenta
con la iglesia Católica: Estado deMéxico, Chi-
huahua y San Luis Potosí, entreotros.
El estudio histórico deMartínez Assad
(2006: 207-212) arroja datos a considerar. Su-
gierequedela intolerancia religiosa quepre-
dominó durantelos gobiernos liberales, sobre
todo el deTomás Garrido, sepasó a la plurali-
dad religiosa queviveTabasco en la actualidad
y que, pesea las diferencias, la identidad delos
tabasqueños no parecealterada. Incluso varios
colaboradores cercanos al líder del surestepasa-
ron del anticlericalismo más radical a ser miem-
bros deotras asociaciones religiosas no católicas
27 C olportor es un creyente que se dedica a la venta y/o distribución de biblias y material bibliográfico cristiano.
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(p. 176). En el afán deacometer contra la igle-
sia Católica y fortalecer la creación dela iglesia
Católica Apostólica Mexicana, un anhelo del
presidenteCalles, seimpulsó explícitamente
otros proyectos religiosos, aunqueno fueasí o si
lo fuesehizo demanera velada.
Entre1915 y 1916 el impulso dela "campa-
ña desfanatizadora" del gobernador Francisco
J. Múgica28hizo queseaplicaran los preceptos
derivados dela Leyes deReforma, caracteriza-
dos por su afrenta al clero, aún en pleno siglo
XX. En materia religiosa Múgica prohibió la
enseñanza dereligión en las escuelas públicas,
incineró imágenes y cambió el nombredela
capital del estado —entonces San Juan Bautis-
ta— a su nombreactual, Villahermosa (Aze-
vedo, 1991; Cardiel, 1988). Duranteesos años
a Tabasco seleautorizó un sacerdotepor cada
30 000 habitantes (Olivera, 1987: 14). Esta ideo-
logía y las prácticas antirreligiosas continuaron
durantela gestión del polémico gobernador
anticlerical Tomás Garrido Canabal, quien en-
tre1922y 1936 realizó una intensa persecución
religiosa y una amplia campaña educativa caste-
llanizadora en la queincluso prohibió, como ya
señalamos, el uso dela lengua tradicional delos
yokot'anob. Su propuesta liberal contextualizó
el radicalismo anticlerical, la enseñanza raciona-
lista, la campaña antialcohólica, la organización
delos profesores y delas mujeres, así como la
estructuración social basada en la Liga Central
deResistencia (Martínez Assad, 1996: 138). El
tipo deeducación quelos liberales pretendieron
implantar en Tabasco tenía como finalidad lo-
grar la emancipación delos trabajadores. Ésta
también estuvo presentecon impactos diferen-
ciados en otros estados del Golfo: Yucatán, Ta-
basco, y Tamaulipas ( I bí dem: 151), y en menor
medida Chiapas (Rivera, 2003). Fuesu radica-
lismo anticlerical el quemás oposición encon-
tró entrevastos sectores del estado debido a la
prohibición decultos, el cierredetemplos para
ser reabiertos como escuelas públicas primarias
y cualquier manifestación religiosa en torno
al culto a los santos, queera catalogada como
expresión fanática. En 1925 selimitó a seis el
número desacerdotes quepodían ejercer los ser-
vicios religiosos y sebrindó el apoyo a la creación
dela iglesia Católica Apostólica Mexicana. En
1929 la legislatura local dispuso quesólo seau-
torizaría un ministro deculto católico por cada
100 000 habitantes ( I bí dem: 138). Estas medidas
también afectaron a los protestantes; pesea que
quizá sólo demanera aislada seha percibido que
eventualmenteno fueron atacados.
En los años cuarenta, una vez concluida la
tendencia iconoclasta anticatólica, las prácticas
religiosas fueron retomadas públicamente. Sin
proporcionar muchos datos, esteautor, como
otros, concluyequela época deGarrido, ca-
racterizada por la persecución religiosa, abrió
el camino a otras iglesias, pero también reco-
nocequeen el momento actual el crecimiento
deno católicos sedebea otros factores, entre
los quedestacan las estrategias deevangeliza-
ción, así como la escasa presencia institucional
católica. En 1950 sólo dos municipios del total
muestran un porcentajepor debajo dela media
estatal: Cárdenas (86.8%) y Paraíso (86.6%);
ambos tienden desdeentonces a la disminución
porcentual desu población católica. Deacuerdo
con los estudios deCardiel (1987 y 1988) y de
Azevedo (1991), las políticas iconoclastas no
impactaron demanera positiva en la creencia
y práctica religiosa desus pobladores; tampo-
co hubo departedel Estado apoyo alguno a los
proyectos locales protestantes, aunqueen algu-
nos casos sereportan simpatías por su labor.
28 S i bien el periodo como gobernador fue breve, Múgica continuó activo en la vida política de su estado y el país, como se ve en la
participación e influencia que mantuvo en la redacción de la C onstitución de 1917 en Querétaro, sobre todo en el cuidado anticlerical
del artículo 130 relacionado con la preeminencia de los poderes federales sobre el culto religioso; el matrimonio es un contrato civil;
no personalidad jurídica a las iglesias, entre otras (C ardiel, 1988: 54-55).
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A partir delos años cuarenta la situación
empezó a cambiar para los católicos, pero en el
campo religioso ya desdefinales del siglo xIx
había presencia presbiteriana; hacia fines de
los treinta, la presencia del adventismo ya era
notoria, sobretodo en el sur del estado, parti-
cularmenteen el municipio deTeapa.
Si nos fijamos en el ámbito municipal en-
contramos municipios quearrastran una tra-
yectoria demenos apego a la iglesia Católica,
particularmentea partir delos ochenta (Hui-
manguillo, Teapa y Cunduacán queapenas
tienen un poco más dela mitad desu po-
blación adscrita a estecredo). Es interesante,
por otro lado, quelos municipios con mayor
presencia depoblación indígena (Nacajuca
y Macuspana, por encima de80 por ciento)
tengan elevados porcentajes depoblación
católica cuando en el país es el sector dela
población queha experimentado más conver-
siones a los credos cristianos no católicos (De
la Torrey Gutiérrez, 2007); hay otros muni-
cipios como Centro y Centla queseubican
por debajo del porcentajeseñalado, como se
muestra en el cuadro siguiente.
En promedio, el porcentajedepoblación
católica dela población indígena total decin-
co años y más (100 074 habitantes hablantes
dealguna lengua indígena) es del orden de
74.9% (INT, 2002).
Municipios de T abasco. P resencia del catolicismo entre 1950 y 2000
T abasco
1950 1960
90.06
197 0
87 .17
1980 -
7 8.99
1990
7 8.99
2 000
7 0.45 94.17
Balancán 94.37 88.80 88.59 7 7 .81 7 7 .81 67 .33
C árdenas 86.82 7 9.92 7 9.7 8 69.7 2 69.7 2 60.16
C entla 96.19 91.69 85.87 81.03 81.03 68.27
C entro 97 .49 95.07  j 92.48 87 .12 87 .12 7 6.7 7
C omalcalco
C unduacán
90.12
95.32
85.17
86.28
83.81
80.33
7 4.45
63.31
7 4.45
63.31
68.7 4
57 .69
Emiliano Zapata 97 .05 97 .97 94.46 92.28 92.28 87 .48
Huimanguillo 92.29 82.82 80.05  67 .41 67 .41 53.50
Jalapa 89.89 83.29 83.09  7 6.19 7 6.19  i
1
7 0.7 1
Jalpa de Méndez
Jonuta
97 .27 95.54
95.66
92.34
90.84
85.11
88.52
85.11
88.52
81.16
80.47 92.07
Macuspana
N acajuca
957 0
97 .43
92.7 1
95.99
92.41 86.12 86.12  ' 80.01
95.50 91.55 91.55 80.64
P araíso 86.66 87 .63 86.56 82.7 7 82.7 7 7 9.27
T acotal pa 96.45 91.00 82.87 7 4.34 7 4.34 j  67 .16
T eapa 97 .03 93.32 86.58 7 3.00 7 3.00 56.59
T enosique 95.80 89.39 91.57 81.55 81.55 7 1.12
Fuente: vr, vv.I x, x, x y xu C enso General de P oblación. México.
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1

Es interesantedestacar quepesea las polí-
ticas anticlericales delos años veintey treinta,
el catolicismo no seviera afectado demane-
ra drástica, como anhelaban los liberales. La
pérdida desu feligresía empieza a ser notoria
a partir delos años setenta, justo cuando las
transformaciones estructurales dela entidad
moldean desdeentonces un novedoso campo
social queorienta la economía hacia la indus-
tria del petróleo, hacia el monocultivo, hacia el
comercio y hacia la extensión dela ganadería
(quehabía iniciado dos décadas anteriores) en
detrimento dela economía local basada en una
organización social y economía menos comple-
jas. Un ejemplo deello es queen 1984 en 14
delos 17 municipios dela entidad sellevaron a
cabo actividades deperforación vinculadas con
las actividades deexploración petrolera y todos
ellos, en alguna medida, sevieron afectados por
las emergentes actividades quecomenzaban a
modificar los sectores dela economía (Tuñón
y Reyes, 2003). En esesentido, la alteración de
los ecosistemas en vastas regiones dela entidad,
los cambios del entramado social, las modifica-
ciones del mercado, la urbanización desigual,
los cambios del comercio, así como también la
expresión demovimientos sociales queseopu-
sieron a las afectaciones petroleras dela vida co-
tidiana, son muestras dela actividad petrolera
adicionadas con las consecuencias delos nuevos
esquemas económicos globales. En eseescena-
rio es posibleentender la gran aceptación de
credos cristianos no católicos quedurantevein-
teaños, entrelos años de1970 y 1990, crecieron
demanera notoria en todo el estado. Muchas de
estas congregaciones, sobretodo las pentecos-
tales, seerigieron como promotoras denuevos
esquemas desocialización altamenteasertivos
entreuna población queexperimentaba cam-
bios radicales en el estilo devida.
C ristianos no católicos
Deentrelos cristianos no católicos la iglesia
Presbiteriana, como ocurreen otros estados
del surestemexicano, es la primera en realizar
la evangelización en Tabasco y también delas
primeras cuya propuestas religiosa tienemu-
cha aceptación. En 1880 arriban los primeros
misioneros a la región dela Chontalpa, donde
seasienta la mayor partedela población in-
dígena, sobretodo en las zonas deNacajuca,
Jalpa y Comalcalco. El primer pastor llegó a
Comalcalco en 1881 dondefundó una con-
gregación queal parecer creció rápidamente,
pues hacia 1895 fueron agredidos por los ca-
tólicos debido a su notoria presencia (Martí-
nez, 1996: 97). En la Finca Esquipulas (entre
Comalcalco y Paraíso) seinstaura en 1881 la
primera casa deoración a la quesiguió una
intensa actividad misionera en una región con
poca presencia desacerdotes católicos. En-
tre1884 y 1888el número deconversos en
la región llegó a 1333, formando las congre-
gaciones San Juan Bautista, Frontera, Jalapa,
Paraíso, Comalcalco y San Antonio deCár-
denas. Medianteel trabajo deseis ministros
deculto, junto con los misioneros locales, lo-
graron asimismo fundar cuatro escuelas a las
queasistían 211 niños (Cardiel, 1987: 21). En
1886 secrea el primer presbiterio del Gol-
fo deMéxico a partir del cual seorganizó la
evangelización presbiteriana en el sureste, a la
par dequesefundaron escuelas evangélicas
en San Juan Bautista (como sellamaba antes
Villahermosa) así como en Cárdenas, Paraí-
so, Frontera, Jalapa y Comalcalco (Martínez,
1996: 97)29. José Coffín, misionero presbite-
riano asignado a realizar su trabajo en el sur y
29 Este mismo autor cita a S amuel R ico en su texto La Rev olución mexicana en T abasco, en el que afirma que el coronel Gregorio Méndez
invitó en la C iudad de México a los presbiterianos Mariano O livera, José N evares, Eligio N . Granados y S alomón Díaz (que eran libe-
rales y masones) para que visitaran S an Juan Bautista y que además viajaron hacia la C hontalpa, y en C omalcalco el mismo Méndez
cedió un terreno para construir el templo (p. 97 ).
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surestedeMéxico también fuedelos pioneros
en esta labor.
La iglesia Bautista, por su parte, funda su
primera misión en julio de1952en Cárdenas y
deallí seorganizó en 1954 la creación deotras
en las rancherías Plátano, en la zona centro de
Tabasco, en Macayo y en Reforma, Chiapas;
sin embargo, y debido a divisiones internas, los
bautistas sesegregaron: unos seafiliaron a la
Iglesia dela Convención deMéxico y otros a
la Iglesia Bautista Independientefundada en
el municipio deFrontera en 1956, y a la que
sucedieron otras entre1956 y 1966 en Comal-
calco, Huimanguillo y Villahermosa (Azevedo,
1991: 257). En Huimanguillo su presencia es
notoria y todas están afiliadas a la Convención
Nacional y a la Asociación Bautista Tabasque-
ña quehasta los años noventa del siglo pasado
contaba con 60 iglesias y proyectaba la funda-
ción demás.
La Iglesia Adventista del Séptimo Día
arriba al estado en 1929 y la primera Iglesia
Independientesefunda en 1956 (Azevedo,
1991). Hacia 1935 su crecimiento es notorio
en la ranchería MonteCristo en el municipio
deHuimanguillo. Inicialmentela misión que-
dó circunscrita a Yucatán queen 1975 fundó
la Asociación deTabasco ( I bidem: 264). Por
su parte, los testigos deJehová también em-
piezan su labor en la misma década en Hui-
manguillo, en Cárdenas y en algunos lugares
del vecino municipio deReforma, Chiapas.
En la década delos cuarenta ya es notoria la
presencia delos adventistas en Teapa quienes
a su vez evangelizaron a un amplio sector de
la población zoquedelos colindantes estados
chiapanecos.
Por su parte, los pentecostales iniciaron
también su labor duranteel mismo tiempo.
Hacia 1944, miembros delas Asambleas de
Dios, La Torredel Vigía y La Iglesia deDios
solicitaron permisos antela Secretaría deGo-
bernación para llevar a cabo sus actividades,
previamentelegitimadas en diversos munici-
pios, a la vez quesedieron a la tarea derecu-
perar algunos templos queseles había retirado
para pasar al servicio dela entidad. Es en la
zona dela Chontalpa dondecuentan con el
mayor crecimiento evangélico; secalcula que
hacia principios del siglo xx había más de
2500 fieles y su crecimiento ha sido constante
hasta la actualidad. La Iglesia Apostólica dela
Feen Cristo Jesús en Tabasco, deperfil pente-
costal y la más antigua deMéxico, inicia su la-
bor misionera en los años setenta; perteneceal
distrito del surestea la queseadscriben tam-
bién las deCampeche, Veracruz y Chiapas.
Las iglesias históricas tienen una presencia
devieja data (1880) y han logrado sostener
un trabajo evangelizador lento pero sosteni-
do —sólo interrumpido o con actividad so-
terrada duranteel periodo anticlerical— y
conviven con las otras propuestas religiosas.
Actualmenteson las pentecostales y las bíbli-
cas no evangélicas las quemantienen la pre-
eminencia. En esesentido, el desarrollo de
iglesias y congregaciones cristianas no cató-
licas, hemos dicho, seasocia a la confluencia
devarios factores vinculados a las transfor-
maciones estructurales degran envergadura:
a la marcada debilidad del catolicismo, al im-
pacto delas políticas liberales posrevolucio-
narias anticatólicas, pero también al efectivo
trabajo misionero y proselitista delos no ca-
tólicos. Un ejemplo seconcreta en la creación
dela nueva Chontalpa en dondela acogida
del protestantismo, en sus inicios, sedebió
a las condiciones depatrón deasentamien-
to social queafectó el entramado social que
provocó cierta fragmentación dela organiza-
ción social al ser reubicados (sobretodo entre
los habitantes deParaíso y Comalcalco) de
forma dispersa y alejados delos centros ce-
remoniales tradicionales católicos-chontales
(Cardiel, 1987: 169). Estos procesos demo-
dernización queimplicaron la reubicación
significaron una dinámica religiosa inusitada;
hasta haceuna década el número detemplos
en la zona era de1288delos cuales 834 son
cristianos no católicos y 454 católicos. Los
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Tabl a 2 .7


Municipios de T abasco. P oblación "cristiana no católica" 197 0-2000

Tabas co
“«“.
8.2 9
• ''''''
12 .2 1
• ''''''
15.02
l .../ V V
18.61
Balancán 6.01 12.98 15.81 18.53
C árdenas  15.33 18.25 19.7 6 24.57
C entla  9.27 13.34 18.34 20.87
--,
C entro 4.81 8.02 11.04 15.27
C omalcalco 11.7 8 16.02 18.68 21.66
C unduacán 9.53 15.20 18.45 24.58
Emiliano Zapata  0.82 2.84 5.64 8.13
Huimanguillo 12.15 15.91 19.47 24.89
Jalapa 14.13 19.04 19.93 19.63
Jalpa de Méndez 3.81 8.44 11.15 12.43
Jonuta 2.11 5.11 10.29 13.36
Macuspana 4.7 5 8.68 11.47 13.29
13.05 N acajuca 1.95 4.61 8.7 0
P araíso 12.07 15.06 15.98 17 .16
T acotalpa 10.89 16.53 19.04 22.17  1
T eapa 6.90 11.62 17 .61 22.68

T enosique 5.19 10.02 13.00 17 .61
9nnn
Fuente: ix, x, x y su C ensos General de P oblación, México.
grupos quesobresalen son los presbiterianos,
adventistas, bautistas, Evangelio completo,
apostólicos, testigos deJehová, soldados dela
cruz deCristo, ejército desalvación, iglesias
unidas cristianas, metodistas y mormones
(Azevedo, 1991).
Es, pues, a partir delos años sesenta cuando
el crecimiento deestos credos no católicos co-
bran relevancia en el estado. En la tabla 2.7 se
aprecia su evolución desdeentonces.
En correspondencia con lo anterior, hacia fi-
nales delos ochenta el registro quehabían he-
cho la Secretaría deGobernación y la S EDU E de
templos cristianos no católicos es también delos
más altos en los municipios en los quehay más
población cristiana no católica: Huimangui-
llo cuenta con 321 templos, Cárdenas con 238,
Centro con 193, Comalcalco con 172y Cundua-
cán con 154. Los municipios con menos templos
deestas características son: Emiliano Zapata con
12, Jonuta con 23, Nacajuca con 17 y Paraíso con
36 (Cardiel, 1987: 116), queson a la vez los mu-
nicipios dondees relativamentebajo el número
decristianos no católicos, como seaprecia en la
tabla 2.7. Deesos templos, los quepredominan
son los presbiterianos (560) a los quelesiguen
los adventistas (442), pentecostales (281) y del
Evangelio completo (134); los demormones y
desoldados dela cruz deCristo son los menos:
sietey cinco respectivamente.
Según los datos de2000 entrelos protes-
tantes históricos destacan los presbiterianos
(88por ciento) y lesiguen los bautistas (12
por ciento) cuya presencia más importantees-
tá en Comalcalco y Paraíso. Los pentecostales
y otros evangélicos sobresalen en Centla, Co-
malcalco y Huimanguillo. Los adventistas del
séptimo día, por su parte, tienen más adeptos
principalmenteen Cunduacán, Tacotalpa y
Teapa. En conjunto, los municipios en los que
seasientan el mayor número decristianos no
católicos son: Huimanguillo, Cunduacán, Te-
Municipios de T abasco. P oblación "sin religión" 197 0-2000
I  IV I OULI I VWV LUIR.;
Tabas co 3.7 0  7 .01 9.64  10.03  
Balancán 4.27 7 .23 11.7 8 13.06
C árdenas  3.90 9.36 12.61 14.21  
C entla 4.62 5.10 8.04  9.66
C entro 2.18 3.7 3 .  5.56 7 .08
C omalcalco 3.64 8.02 10.84 8.84
C unduacán 8.18 18.13 20.85 16.7 7
Emiliano Zapata 4.51 4.12 '  3.80 3.61
Huimanguillo 6.58 13.27  19.37 20.69
Jalapa 2.58 4.17  8.26 9.13
Jalpa de Méndez 3.01 5.10 6.58 5.37
Jonuta 5.51 4.84 4.53 5.32
Macuspana 2.28 4.13 6.22 5.87
N acajuca 2.47 3.43 4.55 5.11
P araíso 1.28 1.64 2.94 2.83
T acotalpa 4.94 5.87 8.69 10.16
T eapa 3.7 3 10.31 16.02 19.91
T enosique 2.27 6.90 8.93 10.44
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apa y Tacotalpa. Es interesantenotar queéstos
no son los municipios con mayor presencia de
población indígena y, como mencionamos, en
Tabasco sedebilita la tesis queindica quelos
municipios mayoritariamenteindígenas son los
más proclives a la conversión a credos protes-
tantes y evangélicos. Por supuesto, quela pre-
sencia decristianos no católicos está presente
en todo el estado, y aun en los municipios con
población indígena entrelos quesecuenta
16 961 cristianos no católicos, delos cuales
13125 seadscriben a las iglesias protestantes
y evangélicas y 3836 en las adscripciones bíbli-
cas no evangélicas (INI, 2002).
P oblación que se ceclara
sin religión
Para el año 2000 la población del estado que
seadscribeal rubro "sin religión" es de10
por ciento y los municipios con los porcen-
tajes más altos corresponden a los mismos
dondehay menos católicos: Huimanguillo
(20.7%), Teapa (19.9%), Cunduacán (16.7%),
Cárdenas y Balancán (14.2y 13por ciento
respectivamente), a la vez queson aquéllos
quemanifiestan altos índices decristianos no
católicos. En la tabla siguienteseaprecia su
evolución en las últimas décadas.
Por otro lado, aunquedemanera paralela,
encontramos manifestaciones religiosas dela
población indígena apegada a creencias que
no seencuentran registradas en los censos
depoblación. Setrata del catolicismo cos-
Fue n te :i x, x, x y xo C ensos General de P oblación, México.
tumbrista o tradicional delos yokot'anob,
los cuales mantienen una concepción deun
mundo sobrenatural, en dondedestaca una
seriedeentidades relacionadas con su entor-
no. Doña Bolom (Ix Bolom) es la dueña del
89
mar y es visitada por seres voladores, "hom-
bres tigre" y "mecaguas". Ix Bolom puede
ser la luna, relacionada con la fertilidad. Sus
creencias, o rasgos deellas, sevinculan a una
cosmovisión ligada al universo en los planos
vertical y horizontal, la delos componentes
del ser humano, plantas, animales y seres so-
brenaturales referidos al medio ambientey
prácticas productivas en tierras depantanos
y manglares dondehan vivido sobretodo los
yokot'anob30. Por supuesto quelas síntesis o
combinación deestas creencias con los san-
tos y vírgenes cristianos y aun con las doc-
trinas cristianas no católicas han permitido
generar expresiones religiosas degran com-
plejidad. Por ejemplo, la gran diosa dela fer-
tilidad, Ix Bolom, seidentifica con la Virgen
dela Asunción y su fiesta secelebra el 16 de
julio. El actual catolicismo costumbrista sos-
tienenexos y, a veces, pugnas con las prácti-
cas religiosas católicas pero también con los
grupos evangélicos.
C onsideraciones generales
Hay queadvertir la impresionanteadap-
tación cultural quehan tenido las diversas
agrupaciones religiosas en cada una delas
regiones y municipios deVeracruz y Tabas-
co, así como su capacidad para comprender y
organizar a la población para la consecución
defines colectivos.
Si bien la dinámica económica contex-
tualizó y en algunas circunstancias fortaleció
la actividad religiosa, esta última no generó
una mayor interacción social y política entre
los pobladores con efectos en el desarrollo
social. Seencontró quelo religioso, si bien
tiendea equilibrar la escasez derecursos (con
el enriquecimiento espiritual y una vida co-
munitaria más intensa al generar un capital
simbólico y social prometedor en el estrato
micro y cotidiano), esto tieneresultados po-
bres en el aspecto social y político".
Dado el panorama presentado, llama la
atención el gran número depersonas quese
clasifican en el rubro de"sin religión". Pare-
ciera, si uno sedeja llevar por el dato censal,
queVeracruz y Tabasco seestán volviendo
ateos, o como lo expresa Garma (2005), unos
"apóstatas dela fe". Si bien no seduda queel
clima depluralidad religiosa refuerza el am-
bientesecular, la tolerancia entrelos diversos
grupos religiosos, así como una flexibilidad
dogmática, quepuedeconducir a un eclecti-
cismo religioso o hacia una mayor facilidad
en interpretación y adaptación dela doctrina
eclesial al punto devista personal o a la con-
fusión y negación dela fe32, esto no significa
queesesector dela población haya dejado de
ser creyente. Si seponeatención a los espacios
en dondeel porcentajeregistrado es más al-
to, observaremos queson los lugares dondela
pluralidad religiosa es alta, lo queseinterpreta
como una variación del compromiso religioso
propio deuna sociedad dondecoexisten dis-
tintos grupos religiosos compitiendo entresí.
Poblaciones con gran diversidad religiosa pue-
den generar una polarización delas creencias
religiosas eincluso estimular más la diversidad
y el trabajo proselitista. Y aquí hay quetener
presentequelos católicos, aún mayoritarios
(objetivo delas estrategias delas campañas de
evangelización, por partedela mayoría delas
30 Los trabajos de I ncháustegui (1992) y Vázquez-Dávila (1992) son un referente para conocer más al respecto.
31 P ara ampliar este aspecto el lector puede recurrir a Vázquez (2005).
32 S e empieza a observar que ciertas prácticas religiosas cotidianas (como orar, ayunar, asistir a los cultos entre semana, pasar al altar,
tomar la comunión, entre otras) ya no se llevan a cabo por algunos miembros con la misma frecuencia, incluso algunos ya no las
practican y han dejado de asistir a estas iglesias. C ada vez es más notoria la diferenciación entre los miembros de estas congrega-
ciones: miembros activos, que son los menos, miembros circunstanciales y miembros marginales que sólo van de vez en cuando.
agrupaciones religiosas existentes), cada vez
son menos y los quequedan sehan arraiga-
do tan fuertementea sus creencias quelo más
probablees queveamos una competencia más
agresiva para obtener conversos. Pero la igle-
sia Católica ha demostrado históricamente
queno sequeda cruzada debrazos, sino que
igual quelas demás lucha por mantenersey
reproducirse, lo queconlleva acciones y estra-
tegias no sólo por partedelos miembros dela
localidad sino por partedelas directrices de
la Iglesia desdeel ámbito diocesano, regional
y nacional para la conservación, desarrollo e
impulso desus tradiciones, como la fiesta del
santo patrono, el fortalecimiento desus cos-
tumbres, como el día demuertos, y otras más,
las cuales deberán estar adaptadas y reconfi-
guradas a las nuevas necesidades y situaciones
queseviven en el área local.
Conseguir conversos será más dificil y qui-
zás la salida será buscarlos en áreas cada vez
más alejadas, lo cual puedeser benéfico para la
localidad ya quepodría reforzar su importan-
cia política y religiosa.
Si bien Veracruz y Tabasco son mayoritaria-
mentecatólicos hay queestar al pendientede
cómo el catolicismo tiendea remarcar y restau-
rar el espacio perdido, así como observar dequé
forma las demás agrupaciones religiosas no ca-
tólicas adquieren nuevas formas sincréticas y/o
dereligiones difusas. Pero también vemos que
los factores sociales decambio son partefunda-
mental queexplican las transformaciones en el
escenario religioso. No necesariamentelos cató-
licos abandonaron la religión católica, pues he-
mos visto queel carácter católico dela región es
deescasa cobertura. Los fieles sevolcaron hacia
las congregaciones cristianas no católicas por-
quefuelo queseles ofreció demanera sistemá-
tica y contundente, lo cual no significa queno
haya agencia en una elección deesta naturaleza,
y el trabajo evangelizador tieneuna cobertura
amplia sobretodo a partir delos años setenta.
Las estrategias para el crecimiento evangé-
lico son efectivas y persistentes en un campo
social queposibilita la construcción estructu-
ral deuna clasedirigentey ministros deculto
entrelos mismos pobladores. En esesentido,
como secomprueba deforma reiterada en este
libro, la explicación del desarrollo delos pro-
yectos cristianos no católicos es multicausal.
El caso deVeracruz y Tabasco, posibilitan en-
tender el entramado deprocesos históricos en
el queel entendimiento deaspectos sociales,
políticos, económicos, culturales y eclesiásticos
son básicos para poder acercarnos a una expli-
cación sobreel porqué regiones como la del
golfo y suresteson territorios dondelos cris-
tianos no católicos encontraron las condicio-
nes propicias para su expansión.
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93
C a Qítulo
O axaca: una diversidad C O ni ic I va
Enrique Marroquin
A l Derto Hernández
1 estado deOaxaca poseeuna
accidentada orografía, formada
 por el nudo mixteco. Su dificil y
agresterelieveseveacompañado
 por la existencia dediferentes cli-
y ecosistemas, los cuales comprenden las
zonas áridas dela región Mixteca, las declima
frío dela Sierra Nortey las selvas semitropi-
cales del Istmo deTehuantepec. En sus 95 364
km2deterritorio sedistribuyeuna escasa pobla-
ción, deunos 3.5 millones dehabitantes, dando
una densidad de31.4 habitantes por km2. Hay
unas 6284 localidades repartidas en 570 muni-
cipios (la cuarta partedel total del país), delas
quesólo tres ciudades tienen más de100 000
habitantes, a las quesesuman otras nuevema-
yores de20 000. Estos municipios seagrupan
en 30 distritos, quea su vez sedistribuyen en
ocho regiones claramentedefinidas, tanto por
su geografía como por su población étnica.
Oaxaca es un escenario degrandes paradojas:
poseeuna gran cantidad derecursos naturales,
es considerado como el más diverso en especies
biológicas del país y es santuario deespecies
protegidas y migratoriasl. Por otro lado, existen
condiciones dedesigualdad y pobreza extrema
quehacen dela población oaxaqueña una delas
más pobres del país. El sector más afectado es el
dela población indígena, dondelos niveles de
analfabetismo, desnutrición y mortalidad infan-
til alcanzan niveles considerables.
En los últimos años, el agro oaxaqueño ha
sufrido transformaciones socioeconómicas deri-
vadas dela política neoliberal: el maíz, producto
básico del consumo indígena, por exigencias del
mercado ha ido siendo sustituido por el café y la
mas
1  El estado de O axaca es considerado como el más diverso en especies biológicas de toda la república, pues alberga aproximadamente
unas 30 000 especies vegetales que representan 5%de la flora total del planeta. O tra de sus riquezas importantes son los bosques,
los cuales conservan grandes extensiones de área forestal. La selva de los C himalapas constituye una riqueza ecológica de gran
significado nacional. El litoral del P acífico oaxaqueño es rico en lagunas, dunas costeras y manglares, y es el espacio de hibernación
de una gran variedad de aves migratorias.
fruticultura. La deforestación debosques y sel-
vas, la construcción depresas y la instalación de
complejos turísticos ha propiciado la reubicación
y éxodo dela población. La escasez deempleos
y la construcción decaminos en zonas dedificil
acceso han favorecido la salida demayor número
demigrantes oaxaqueños hacia centros regiona-
les, la Ciudad deMéxico y el noroestedel país.
Entrelos hablantes delenguas indígenas
registrados por el censo de2000, poco más de
1 120 000 residían en el estado deOaxaca, quere-
úneel 16 por ciento dela población indígena del
país. En eseestado han convivido históricamen-
te16 grupos etnolingüísticos quepertenecen a
los dos troncos mixteco-zapotecas, considerados
como una sola familia cultural. A éstos sehan
sumado, en épocas recientes, indígenas tzotziles,
procedentes delos Altos deChiapas, quesehan
instalado en la zona delos Chimalapas (Her-
nández-Díaz, 2005: 50). Si para conocer la com-
posición étnica tomamos otros criterios —las
tierras comunales, el sistema decargos, algunas
((
costumbres" religiosas, etc.—, algunos analis-
tas consideran que70 por ciento dela población
oaxaqueña seidentifica dealguna manera con las
culturas antes mencionadas.
Estos 16 grupos étnicos, dentro desu diver-
sidad, poseen rasgos comunes, siendo principal
el modelo desincretismo religioso, quesubsiste
hasta la actualidad, en el quesefusionan ele-
mentos autóctonos con otros provenientes del
cristianismo colonial (Marroquín, 1989). La re-
ligión proporciona a los indígenas oaxaqueños el
elemento central desu cosmovisión, la cual a su
vez constituyeel núcleo desu cultura. A partir
del siglo xvii, conscientes delo irreversiblede
su situación religiosa, los indígenas dela región
decidieron reconstruir su identidad étnica con
elementos del catolicismo queincorporaron en
sincretismo a sus antiguas prácticas y creencias
(Carmagni, 1988). Ya desdemediados del siglo
xix, la reforma liberal había roto la unidad re-
ligiosa, gestándoseuna religiosidad urbana que
sedeslindaba dela rural. Curiosamente, en la
cuna del juarismo es dondemenos seobserva
la separación dela religión y del gobierno pro-
puesta por el ideal laico liberal, sobretodo en el
ámbito municipal, dondelos cargos civiles y los
religiosos setraslapan, siendo el ayuntamiento
quien decidesobrecuestiones rituales.
Presencia y diversidad dela
iglesia Católica
Oaxaca perteneceeclesiásticamentea la región
pastoral del Pacífico Sur, junto con las tres dió-
cesis chiapanecas deSan Cristóbal, Tuxtla y
Tapachula. Está constituida por la arquidiócesis
metropolitana central —la antigua Antequera
(quecomprendeunas 120 parroquias)— y las
diócesis sufragáneas deTehuantepec (43), Tux-
tepec (27), Huajuapan (73), Puerto Escondido
(29), así como las prelaturas Mixepolitana (17)
y Huautla (ocho parroquias). Algunas deestas
demarcaciones fueron atendidas por religiosos:
los salesianos con los mixes, los josefinos con los
mazatecos y los combonianos con fuertepre-
sencia en Tuxtepec.
La configuración territorial oaxaqueña fa-
voreceuna fuertepertenencia a la localidad y
condiciona la acción pastoral realizada por la
iglesia Católica: la dificil geografía, las pésimas
comunicaciones, la dispersión delas comunida-
des, la diversidad delenguas indígenas, los con-
flictos con caciques, la falta decatequistas, hacen
del ministerio sacerdotal una labor agotadora y
compleja. Valehacer notar queduranteel tiempo
dela Colonia, los dominicos, a quienes seles en-
comendó la primera evangelización del sureste,
dejaron marcada su impronta uniformeen las
características religiosas regionales. Entre1976
y 1993, la realidad social y la reflexión teológica
sensibilizaron a los obispos demayor influencia
en la región pastoral Pacífico sur —don Samuel
Ruiz (San Cristóbal delas Casas), don Barto-
lomé Carrasco (Arquidiócesis deOaxaca), don
Arturo Lona Reyes (Tehuantepec)— a los quese
=Ea  
T asa de crecimiento del protestantismo en México y O axaca (%)

M éxi co
O axaca
100
80
60
40
2 0
1940  1950  1960  197 0 1980  1990  2 000
Fuente: C ensos de P oblación y Vivienda, 1940-2000.
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añadieron otros obispos dela región. Su acción
pastoral oficial estuvo inspirada en la teología de
la liberación matizada por la antropología cultu-
ralista. Seimpulsó en esta área geográfica la lla-
mada teología india, con vistas a la formación de
"iglesias autóctonas", interesada en quelos indí-
genas mismos, no considerados ya como objeto
pastoral, fuesen verdaderos sujetos, recuperando
elementos desu cultura ancestral para quepu-
diesen expresar en ellos su fecristiana. Bajo esta
línea pastoral formaron conjuntamentea sus se-
minaristas en el Seminario Regional del Sureste
y mantuvieron, por tanto, una fisonomía propia,
distinta dela praxis pastoral ejercida en el resto
del país. Por lo tanto, si estadísticamenteOaxaca
pertenece—juntamentecon Guerrero— a la re-
gión Pacífico sur, desdeel punto devista religio-
so, étnico, social y eclesiástico, sería más propia
su vinculación con Chiapas como región.
En Oaxaca la diversidad decatolicismos se
manifestó poco después del Concilio Vaticano n,
cuando un grupo demisioneros extranjeros
quedesconocían la religiosidad popular, to-
mó acciones contra las costumbres indígenas.
En reacción segestaron grupos tradicionalis-
tas querechazaban las propuestas conciliares
y que, desafiando a la autoridad eclesiástica,
seaferraban al antiguo ritual en lengua lati-
na. Hacia 1970, la Orden deFraternidad San
Pío x, fundada en Econe, Suiza, por monse-
ñor Marcel Lefebvre, obispo emérito deTu-
lle, tuvo sus seguidores en Oaxaca, siendo su
principal impulsor el párroco Manuel Esteban
Camacho. El tradicionalismo seposicionó en
varios barrios deTlaxiaco (en la alta mixteca),
parroquia quetienequeatender unas 80 co-
munidades, siendo finalmenterecuperados por
la arquidiócesis en 1989. Por esemismo tiem-
po, en los municipios deSan Lucas Ojitlán y
deSan FelipeUsila —distrito deTuxtepec, en
La Chinantla—, el sacristán Pedro Ronquillo,
apoyado por las autoridades municipales, se
posesionó del templo, dando entrada a los sa-
cerdotes lefebvrianos, lo queocasionó un fuer-
teconflicto (Marroquín, 2007b).
Diversidad religiosa
Hasta 1970 Oaxaca figuraba dentro delos es-
tados con mayor proporción decatólicos del
país. Éstos representaban 97 por ciento dela
población, mientras quelos evangélicos apenas
alcanzaban 1.5%. En la década siguiente, éstos
avanzaron para ubicarseen 4.4%, y mantuvieron
un crecimiento ascendentequelos llevó en 1990
a 7.3%, promedio muy superior al registrado en
el ámbito nacional (gráfica 3.1). Para el año 2000
la población cristiana no católica era de8.8%, lo
cual indica quela expansión evangélica seacele-
ró aún más en el último decenio del siglo XX.
97

Distribución de las preferencias religiosas no católicas en
O axaca según denominaciones
G r áfi ca 3.2


S in religión • O tras religiones •T estigos de Jehová
 
Mormones •A dventistas  P entecostales I I Históricos
6.82 %
 
6.05%
8.53%
Fuente: 11E61. XII C enso General de P oblación y Vivienda 2000
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El Censo dePoblación de2000, a diferencia de
los censos anteriores, refleja con mayor claridad y
objetividad el tipo detradiciones y movimientos
religiosos queconforman el nuevo mapa religioso
deMéxico. Dicho censo brinda nuevas posibilida-
des deanálisis y permiteconocer deuna mejor ma-
nera aquellas iglesias quetienen más adherentes,
así como el nivel depresencia deéstas en los ámbi-
tos local, regional y nacional (Hernández, 2007).
Como puedeser observado en la gráfica 3.2,
el mayor porcentajedepoblación no católica
en Oaxaca está conformado por los protestan-
tes-evangélicos, con 77 por ciento; lesiguen en
importancia los bíblicos no evangélicos (testi-
gos deJehová, adventistas y mormones), con
16.9%, mientras la población quedeclara pro-
fesar una religión ajena a la tradición cristiana
representa 0.15% del total.
En Oaxaca, la disidencia religiosa no es
conducida tanto por los protestantismos his-
tóricos —bautistas, metodistas, presbiteria-
nos, nazarenos, episcopalistas—, los cuales
muestran ahora un crecimiento estacionario,
sino quesecentra claramenteentreotras
corrientes del protestantismo evangélico. La
mayor expansión seha dado entrelos gru-
pos defiliación pentecostal, pues éstos con-
centran casi 50 por ciento delas preferencias
religiosas no católicas. El número detestigos
deJehová, adventistas y mormones ha venido
aumentado demanera paulatina, lo cual per-
mitedemostrar la versatilidad y capacidad de
expansión deestas mundialmenteconocidas
agrupaciones religiosas.
Breve historia de
la presencia protestante
La primera presencia protestanteen Oaxa-
ca estuvo a cargo delas iglesias protestantes
históricas, cuya actuación seremonta al últi-
mo tercio del siglo xix. Destacaron la Iglesia
Metodista del Sur, la Iglesia Presbiteriana del
Nortey la Iglesia Bautista del Norte. Desde
la Ciudad deMéxico, los misioneros bautis-
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tas avanzaron hacia Puebla y Oaxaca, donde
establecieron estaciones misioneras, clínicas
y escuelas (Hernández, 2006). Sin embargo,
el momento crucial queaumentó la presencia
protestanteen Oaxaca sedio entrelos años
de1930 y 1950. La Revolución afectó las co-
munidades indias en el ritmo devida, en los
desplazamientos poblacionales y en las redes
comerciales, por lo queaquéllas tuvieron que
comunicarsemás con el exterior. Sequías,
plagas y carencia alimenticia obligaron a al-
gunos desus miembros a emigrar, tendencia
favorecida por el plan decontratación del
"Programa bracero". En estetiempo aún no
sereestructuraba la educación pública, pero
ya sehabía afectado el monopolio educativo
dela iglesia Católica. Los protestantes apro-
vecharon la coyuntura para ofrecer su espa-
cio educativo a la nueva claseemergente. La
convergencia entrelos maestros socialistas y
los protestantes en algunas campañas "des-
fanatizadoras y antialcohólicas" ayudaron a
crear un espacio propicio para la difusión de
esta doctrina en las áreas rurales.
La necesidad deinstrumentar una política
lingüística para el medio indígena y la carencia
delingüistas profesionales fueron aprovecha-
das en 1936 por William Cameron Townsend,
para establecer en el país el Instituto Lingüís-
tico deVerano (my), incluyendo un programa
para traducir la Biblia a las lenguas nativas2.
Los presupuestos antropológicos deentonces
impidieron queestos lingüistas misioneros se
dirigieran hacia una evangelización desdelas
propias lenguas autóctonas, sino quemás bien
contribuyeron a la castellanización escolar.
Aunqueel nv no pertenecía a ninguna deno-
minación específica, la mayoría delos misio-
neros quetrabajaron en Oaxaca y queestaban
adscritos al instituto fueron pentecostales.
No fueuna acción dispersa, sino técnica-
mentebien concertada: prefirió aglutinarse
en unos cuantos pueblos, como lo muestra el
censo de1940. Apartedel lugar natural que
representa la ciudad deOaxaca (214 feligre-
ses en eseentonces), la concentración pro-
testanteseobserva en algunos pueblos delos
valles centrales y dela Mixteca en los quetal
vez establecieran escuelas, tales como Naza-
reno Etla (178)3, San Francisco Telixtlahuaca
(181)4, Santo Domingo Nuxaa (583) y Santo
Domingo Yanhuitlán (103). La labor prose-
litista delos lingüistas fue, empero, bastante
discreta, ya quelo queseproponía el nv era
la formación dedirigentes indígenas. Seli-
mitó a canalizar algunos desus simpatizantes
hacia las grandes ciudades, con pretexto de
su capacitación como maestros, o mejor, ha-
cia Estados Unidos, dondesesolicitaba mano
deobra mexicana. Años más tardealgunos de
estos indígenas conversos volvieron a su pue-
blo natal a propagar la nueva fe.
Sepuedeubicar entremediados delos cin-
cuenta y mediados delos setenta el periodo
demayor difusión protestanteen el estado de
Oaxaca. Para 1950, unos 231 municipios con-
taban con protestantes, pero en 1980 ya úni-
camente47 delos 570 municipios existentes
no tenían presencia protestante, y en 1990 se
habían reducido a sólo 17. Fueapenas en este
momento cuando sesembró el protestantismo
entrelos mixes, con un notabledesarrollo en
algunos desus poblados: San Juan Cotzocon
(1872feligreses, quehoy ya son 2282), To-
tontepec (1267), San Miguel Quetzaltepec
(1177), San Juan Mazatlán (889).
2  S egún C owan, en 197 7 más de 37 00 lingüistas trabajaban en 24 países con 67 0 lenguas minoritarias (citado por S chuster, 1982).
3 A ctualmente aumentaron a 606 adscritos, 20 por ciento de la población.
4  Ya han aumentado a 7 21 personas, 8.6%de la población; aparte hay otros 539 conversos hacia "otras denominaciones evan-
gélicas".
99
1950 1980 1990  
i
2 000
311 47 17 6
3 54 87 203
o 10 24 45
o 7 13 19
3 5 4
M un i ci pi o s
 
1940
S in población protestante
 
442
Más de 10%de protestantes
 
3
Más del 25%de protestantes
 
o j
Más del 33%de protestantes
 
o
Más del 50 %de protestantes
 
o
Fue n te :C ensos Generales de P oblación y Vivienda, 1940-2000.
El cambio religioso y
su impacto regional
Presencia protestanteen
los municipios oaxaqueños
Un aspecto común en los municipios de
Oaxaca es queun gran número deellos se
caracteriza por mantener una estructura po-
lítica diferenteal resto delos municipios de
México. En dicho estado existen 405 muni-
cipios queserigen bajo el sistema deusos y
costumbres. Gran partedeestos municipios
muestran elevados grados deruralidad y ais-
lamiento, carecen deservicios públicos, asis-
tencia médica y devías decomunicación,
situación queacentúa sus niveles demargina-
ción y pobreza extrema.
En el estado deOaxaca, los nuevos grupos
religiosos han ido creciendo rápidamentey es-
tán presentes en la mayoría delos municipios
deeseestado. La década de1980 abrió un pro-
fundo cambio en el panorama religioso oaxa-
queño, pues a partir deentonces el porcentaje
demunicipios sin población protestantefue
disminuyendo'. En el seno decada municipio
éstos también crecieron: en 203municipios los
no católicos superaron 10 por ciento dela po-
blación; en 24, fueron más dela cuarta parte;
en 19, la tercera parte, y hay cuatro municipios
en dondelos católicos son ya minoría. Existen
incluso rancherías —como Delicias, en San
Juan Juquila Vijangos— en dondela totalidad
dela población es conversa.
Las regiones golfo y surestesemantienen como
dos delos polos más importantes deexpansión
evangélica del país y en ambas la disminución
dela población católica resulta notable'. Oaxa-
ca compartefronteras con los estados dePue-
bla, Guerrero, Veracruz y Chiapas. Esta cercanía
geográfica parecedeterminar una influencia en
el cambio dela configuración religiosa. Puebla y
Guerrero semantienen como estados con fuer-
tepredominio católico, en cambio Veracruz y
Chiapas registran elevadas tasas decrecimiento
depoblación evangélica.
P resencia protestante en los municipios de O axaca: 1940-2000 (%)
5  Es significativo el caso de S anto Domingo N uxaa, que en 1940
era el lugar donde había mayor población de protestantes (583),
alcanzando ya entonces 39 por ciento de la población. En 1950
descendieron a 30%; en 1980 volvieron a ascender a 39 por
ciento, en 1990 llegaron a 40 por ciento yen 2000, a 41.86%.
6  En el C enso de P oblación de 2000, la cantidad de protestan-
tes y de bíblicos no evangélicos en los estados del sureste
era de 1 314 000 personas, lo cual representa 18.5%de la
población mayor de cinco años (I N EGI , 2000).
Municipios "cristianos no católicos" en el estado de O axaca
P orcentaje de "cristianos
no católicos", 2000
O - 2 .00
2 .01 - 4.00
4.01 - 9.00
9.01 - 2 1.00
2 1.01- 66.00
y
m
t
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a
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k
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4
5
1
1
1
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:

Kilómetros
Fue n te :Elaborado por A lberto Hernández y C arlos V. R uelas, basado en la muestra de 10%del XI I C enso General de P oblación y Vivienda, 2000.
101
I
P orcentaje de "cristianos
no católicos", 2000
7 .01 - 9.00
9.01 - 11.00
MI 11.01 -14.00
P uebla
Veracruz
a C añada
La Mixteca
S ierra N orte
S ierra Madre del S ur
Valles C entrales
R egión del I stmo
R e ión de la costa
111111111112 "
50 25 0
1  I  I
Fue n te :Elaborado por A lberto Hernández y C arlos V. R uelas, basado en la muestra de 10%del xn C enso General de P oblación y Vivienda, 2000.
T abasco

Distribución regional de la población "cristiana no católica"
M apa 3.2


G r áfi ca 3.3
Distribución regional según las denominaciones
- — i
1  a 1
MI S in religión
O tras religiones
T estigos de Jehová
Mormones
A dventistas
P entecostales
I I I I Históricos
R egiones
La región del I stmo
Los Valles C entrales
La S ierra Madre
del S ur
La región de
la costa
La región del Golf
La S ierra Juárez
La C añada
La Mixteca
0.0  1.0  20  3.0  40  50  60 %e n e l e s tado
Fuente: Elaboración propia basada en la muestra de 10%del xn C enso General de P oblación y Vivienda. 2000.
r
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1
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1

Las regiones del estado deOaxaca ofre-
cen puntos decontrasterespecto al cambio
religioso. Las regiones deValles Centrales,
Cañada, Sierra Madredel Sur y la Mixteca,
concentran mayor porcentajedecatólicos, y
en ellas el protestantismo evangélico parece
tener menos avances. A primera vista apare-
cen dos polos deconcentración católica: uno
en torno a la Arquidiócesis deOaxaca, en los
Valles Centrales y sus alrededores (y la parte
baja dela Sierra Norte), y otro en torno a la
Diócesis deHuajuapan, queseextiendehacia
Putla, en la Sierra Madredel Sur. Otro polo
sehalla en el distrito deJuquila. La región
dela Costa muestra un sustancial incremento
dela población evangélica. Desdehacedos
décadas esa región ha estado sujeta a inten-
sas transformaciones sociales y económicas,
como resultado dela instalación decomple-
jos turísticos: Puerto Escondido y Bahías de
Huatulco. En las regiones del Papaloapan y
el Istmo el avancedel protestantismo evan-
gélico resulta considerable. Históricamente
ambas regiones han tenido una amplia con-
vivencia con los estados vecinos.
Otro hecho importantea mencionar es
quelas regiones del Istmo y el Papaloapan
concentran un mayor porcentajedepersonas
quedeclararon no profesar religión. El terri-
torio del Istmo es habitado por los zapote-
cos, los chinantecos, los mixes, los huaves y
los zoques. El área correspondea la Dióce-
sis deTehuantepec, la cual de1971 a 2000
estuvo dirigida por el obispo Arturo Lona,
con una pastoral intensa deaculturación y de
compromiso político en apoyo dela Coali-
ción Obreros Campesinos y Estudiantes del
Istmo (cocEl).
103
"
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S
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G
O
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A
C
Í
F
I
C
O

S
U
'
i


Distribución regional de
las preferencias religiosas
Deacuerdo con los datos censales de2000, los
católicos mantienen su hegemonía en la ciudad
deOaxaca y la Mixteca, regiones dondealcanza
más la acción pastoral dela iglesia Católica, a las
queseañadeJuquila, por su santuario mariano.
Así seexplica quecinco delos únicos seis muni-
cipios con el cien por ciento decatólicos estén
localizados en la región Mixteca y el otro, en la
partebaja dela Sierra Juárez (los otros 14, delos
20 municipios con más de99 por ciento decató-
licos también están localizados en estas áreas).
Los no católicos, por el contrario, secon-
centran en el Istmo y prolongan su influencia
por otras áreas vecinas, como las regiones del
golfo y dela costa. Estas tres regiones seen-
cuentran alejadas dela ciudad capital, disponen
deun bajo número desacerdotes y hasta hace
poco tiempo eran espacios escasamenteaten-
didos por la iglesia Católica, lo cual facilitó la
presencia deotros agentes religiosos. El fortale-
cimiento delas diócesis deTehuantepec y Tux-
tepec, así como la prelatura delos mazatecos y
la nueva Diócesis dePuerto Escondido consti-
tuyen acciones tomadas por la iglesia Católica
para incrementar su presencia territorial en las
regiones deIstmo, golfo y la costa.
Los protestantismos históricos (metodis-
tas y bautistas), seasentaron primeramenteen
pocos municipios delas Sierras Nortey Sur,
así como en los Valles Centrales, dondeen la
actualidad, su presencia todavía es notoria. La
iglesia Bautista seencuentra presenteen la
Mixteca, La Cañada y una porción dela Sierra
Norte, dondeconservan un porcentajerele-
vantedeadeptos.
Los bíblicos no evangélicos tienen mayor
presencia en la Mixteca y en La Cañada, y en
menor proporción, en el Istmo. El componente
más notablecorrespondea los testigos deJeho-
vá, seguidos delos adventistas, y una baja pro-
porción demormones.
Las regiones dela Sierra Nortey partedela
del golfo, habitadas por zapotecos, mixes, chi-
nantecos y zoques, parecen territorios en dis-
puta. Hay también presencia no católica. Estos
distritos secaracterizan por su incipientecon-
tingentemigratorio y registran grados altos de
marginación. Coincidequesean comunidades
de"infrasubsistencia", en proceso dedesarticu-
lación dela comunidad tradicional.
P oblación indígena
según religión
Una delas características queostenta el proceso
decambio religioso en Oaxaca es el crecimiento
queéstetieneen las localidades rurales, es decir,
poblaciones menores de2500 habitantes, y no
así en las ciudades'. En Oaxaca, al igual queen
Chiapas, existeun alto número delocalidades
rurales queseencuentran clasificadas como de
extrema pobreza, y en la mayoría deellas reside
un alto porcentajedepoblación hablantedeuna
lengua indígena.
Un dato quellama la atención delos datos
censales de2000 es el acelerado crecimiento
dela población indígena queha cambiado de
religión. Las estadísticas censales muestran que
la descatolización es más alta en las comunida-
des indígenas queentrela población en gene-
ral. Sin embargo, en estados como Chiapas y
Campecheesteporcentajeoscila entre55 y 65
por ciento dela población (Hernández, 2007).
Al examinar los datos censales de2000 en-
contramos diferencias importantes en cuanto al
proceso deconversión religiosa entrelos princi-
pales grupos étnicos deOaxaca. En dicho esta-
do cada grupo étnico tienen una inserción muy
distinta al protestantismo, lo quecoloca al gru-
po mixecon el menor porcentajedecatólicos 7  De los 20 municipios con mayor porcentaje protestante, sólo uno rebasó los 5000 habitantes.
104

Distribución de la población hablante de lengua indígena en
el estado de O axaca según religión, 2000
Tabl a 3.



Grupos étnicos t T otal  C atólicos
n.
P rotestantes Bíblicos no S in religión
GI I VaA al...a
C hinanteco 91 324 7 0 086  7 6.7 4%
e Vdl iyeliuub
15 691  17 .18%
eviat
1845
genuus
2.02% 37 02 4.05%
Mazateco 197 27 3 17 1 482 86.93% 19 046 9.65% 1829 0.93% 4916 2.49%
Mixe 109 806 7 6 57 6 69.7 4% 12 358 11.25% 7 946 7 .24% 12 926 11.7 7 %
Mixteco 242 619 211 7 94 87 .29% 17 011 7 .01% 57 31 2.36% 8083 3.33%
Zapoteco 361 893 309 353 85.48% 28 162 7 .7 8% 7 466 2.06% 16 912 4.67 %
Fuente: Elaboración propia basada en la muestra del xvii C enso General de P oblación y Vivienda (I N EGI . 2000).
detodo el estado (véasetabla 3.2). Recordemos
queesta etnia nunca fueconquistada (si bien
fuereducida por la pobreza, al tener queremon-
tarsea inaccesibles "zonas derefugio", siendo
ahora oprimida por los zapotecos). Histórica-
mentelos mixes fueron escasamenteatendidos
durantela primera evangelización.
Uno delos elementos queimpulsa el cam-
bio dereligión entrelos indígenas es el factor
migratorio, pues esteproceso propicia un acer-
camiento hacia otras ofertas religiosas distin-
tas del catolicismo. Muchos delos migrantes
indígenas queseconvirtieron al protestantis-
mo conocieron la doctrina evangélica cuando
salieron desus comunidades para trabajar en
los campos agrícolas o en las grandes ciudades.
Una vez convertidos a la feevangélica, busca-
ron difundir dicha doctrina entrefamiliares,
paisanos y compañeros detrabajo.
Cambi o r e l i g i o s o e n
l o s pue bl o s de l a M i xte ca
La Mixteca oaxaqueña es una delas regiones
más pobres deMéxico. Lluvias intensas pero
escasas, topografía accidentada, un suelo fuer-
tementeerosionado, un clima extremo y escasa
disponibilidad deagua, todo ello aunado a una
fuertedensidad poblacional seha traducido en
condiciones poco favorables para abatir la po-
breza y mejorar las condiciones devida dela
población (Butterworth, 1990: 23). La combi-
nación dela pobreza del suelo y el rápido cre-
cimiento dela población han sido dos delos
principales factores quehan alentado la salida,
sea deforma temporal o definitiva, deemigran-
tes mixtecos hacia zonas más prósperas, inclui-
da la ciudad capital' y el noroestedel país.
A pesar dequela migración desdela re-
gión Mixteca seoriginó desdela década de
1920 (Edinger, 1996: 132), ésta ha tenido un
incremento drástico desdeprincipios delos
años ochenta (Zabin, 1997: 401; Palerm, 1994:
20-21). Contratistas empleados por grandes
empresas agroexportadoras delos estados de
Sinaloa, Sonora y Baja California empezaron
a reclutar demanera activa trabajadores delos
estados deGuerrero y Oaxaca. Por medio de
promesas detrabajo bien pagado, con garantías
devivienda, agua y luz, los contratistas conven-
cieron a los mixtecos deemprender el viajeal
nortedel país. Cuando llegaron a los campos
agrícolas encontraron viviendas miserables, sin
8  A lgunos estudios, como el realizado en 1960 por el antro-
pólogo Douglas Butterworth en un pueblo de la Mixteca A lta
llamado T ilantongo, demuestran las condiciones que favore-
cieron la salida de los emigrantes mixtecos hacia la C iudad
de México y el impacto que dicho proceso tuvo en la vida de
ese pueblo (Butterworth, 1990).
agua ni luz, por las cuales tenían quepagar ren-
ta. Como no tenían los recursos para regresar a
su tierra y requerían un trabajo remunerado, se
quedaron y aprendieron toda una nueva forma
devivir bajo condiciones extremas (Quiñones,
2001: 103). Así fuequelos mixtecos seencon-
traron sumergidos en los procesos dela globali-
zación económica, trazando una ruta migratoria
quetrascendería las fronteras deMéxico9.
Es notablequeen muchos pueblos, y hasta
en municipios enteros dela región Mixteca, la
presencia dela iglesia Católica sea escasa o re-
sulteinsuficientepara atender a poblaciones que
seencuentran dispersas a lo largo del territorio.
En algunos casos ni siquiera hay una capilla o
recinto oficial deculto católico. En muchas de
las comunidades rurales quesí tienen un tem-
plo o una capilla, es frecuentequeel sacerdote
lleguesolamenteunas cuantas veces al año para
celebrar la misa en la fiesta del santo patrono,
oficiar los bautizos delos niños nacidos en el
transcurso del año o asistir circunstancialmente
a la celebración deuna boda.
En las condiciones precarias quesehallan
algunos delos pueblos dela Mixteca, muchos
delos locales utilizados como espacios deculto
católico seencuentran en un proceso deaban-
dono y deterioro. Viejas ermitas y capillas han
sufrido el pasar delos años y sus condiciones
derecuperación sehacen cada día más difíci-
les. Gracias a la participación económica delos
migrantes mixtecos existen algunos esfuerzos
para contrarrestar eseproblema, pero dicha co-
laboración también ha servido para favorecer la
construcción delocales deculto evangélico.
En esas circunstancias, y como partedeun
largo proceso histórico, el ciclo del ritual ca-
tólico ha estado bajo la administración delas
propias comunidades indígenas, en tanto queel
contacto con la estructura dela iglesia Católica
ha sido débil y esporádico. En los últimos años
la Diócesis deHuajuapan deLeón ha realizado
un singular esfuerzo para atender a las comuni-
dades mixtecas, pero sehan enfrentado con la
falta desacerdotes y la escasez derecursos eco-
nómicos y medios detransporte".
Al igual quemuchas otras zonas indígenas
del país, desde1940 algunos pueblos dela Mix-
teca han hecho un esfuerzo por divulgar la fe
evangélica. El punto dearranquetuvo lugar con
la llegada depersonal del Instituto Lingüístico
deVerano a esa zona, el que, además derealizar
labores detraducción detextos dedivulgación,
hizo la traducción del Nuevo Testamento a la
lengua mixteca. Otro aspecto llamativo fueel re-
greso demigrantes mixtecos a sus pueblos, luego
dehaber laborado como trabajadores agrícolas
dentro del "Programa bracero", algunos delos
cuales habían sido convertidos a la feevangélica
durantesu estancia en Estados Unidos. A pesar
deello, los esfuerzos dedivulgación fueron len-
tos y el crecimiento dela comunidad evangélica
resultó poco significativo en esa zona.
La segunda oleada deevangelización tu-
vo lugar a finales delos años setenta, como
producto del regreso demigrantes a sus co-
munidades deorigen luego detrabajar como
jornaleros en los campos agrícolas del noroeste
deMéxico. Sin embargo, el retorno delos con-
versos a sus comunidades no siempresedio en
los mejores términos. Rehusarsea participar
en el sistema decargos, dejar deapoyar y asis-
tir a las fiestas religiosas y trabajar a favor de
la conversión defamiliares y paisanos fueron
motivo para quelos mixtecos deorigen evan-
gélico recibieran un severo rechazo.
9  Hablar de la población mixteca es hablar necesariamente de un pueblo que ha estado íntimamente ligado a la migración. Los mixta-
cos oaxaqueños a fines del siglo xix migraban estacionalmente a las plantaciones de caña de azúcar en Veracruz. A partir de 1920, un
nuevo contingente de trabajadores se dirigió a la costa de O axaca, cerca de P inotepa N acional, y la zona del S oconusco, en C hiapas,
para laborar en la pizca de algodón y en los cultivos de café (Domínguez, 2004: 7 8).
10 La Diócesis de Huajuapan de León fue erigida como tal a finales del siglo xix, y es conocida como la Diócesis de la Mixteca; cubre un
amplio territorio, el cual comprende la Mixteca A lta y Baja, la zona T rique y la Mixteca poblana. T iene adscritas un total de 7 5 parro-
quias, y es reducido el número de sacerdotes con los que cuenta para atender a centenares de pueblos y localidades pequeñas.
Veracruz
----_ _ _ _
I I
P orcentaje de "cristianos
no católicos", 2000
0 - 1.00
1.01 - 2 .00
2 .01- 7 .00
7 .01 - 17 .00
17 .01 - 53.00
Kilómetros
40  20
I  I
40
M apa 3.3
Grupos mixtecos según población "cristiana no católica"
Fuente: Elaborado por A lberto Hernández y C arlos V. R uelas, basado en la muestra de 10%del o C enso General de P oblación y Vivienda, 2000.
09
o
o
-
O
N
E
S

S
U
P
E

108
Tabl a 3.
El crecimiento y expansión dela población
evangélica ha tenido lugar en diferentes muni-
cipios y pueblos dela región Mixteca; un aspec-
to sobresalientees queahora existeuna mayor
tolerancia hacia la práctica deotros credos reli-
giosos ajenos a la fecatólica. Las iglesias evan-
gélicas decortepentecostal quemayor presencia
tienen en esta región son: Iglesia deJesucristo
I glesias cristianas no católicas con
mayor presencia en la región Mixteca
Tr adi ci ón
Históricas
 
I glesia Bautista
I glesia P resbiteriana
P entecostales
 
I glesia de Dios
I nterdenominacional
C entros Bíblicos
I glesia de Jesucristo de las A méricas
I glesia La Luz del Mundo
I glesia del Dios Viviente
O tras I glesias  I glesia de C risto
evangélicas  Voz de R estauración
Bíblicas
 
I glesia A dventista del S éptimo Día
no evangélicas
 
I glesia de Jesucristo de los S antos
de los Últimos Días (mormones)
T estigos de Jehová
Fue n te :Elaboración propia con base en la Muestra del xvit C enso General
de P oblación y Vivienda (I ncci, 2000).
11 Enrique Marroquín, 2007 a.
delas Américas, Iglesia deDios, Voz deRes-
tauración, Iglesia del Dios Vivientey La Luz
del Mundo. También mantieneuna presencia
propia la iglesia Bautista y la iglesia Presbiteria-
na, degran tradición y presencia histórica en to-
do México. Pero dicho campo religioso también
es compartido por otras organizaciones degran
presencia mundial, como los Testigos deJehová
y la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
La lealtad a las costumbres y tradiciones
del pueblo natal, aun por partedelos migran-
tes quemuchas veces permanecen fuera del
pueblo duranteaños, es partedela identidad
mixteca, reconocida como algo nuevo por
algunos antropólogos, como Michael Kear-
ney (1995a, 1995b, 2000) y Gaspar Rivera
Salgado (1999). Éstos teorizan la formación
decomunidades trasnacionales basadas en la
identificación con el pueblo. Estas comunida-
des sepueden mantener porquesus miembros
continúan dando servicio, a veces regresando
al pueblo para un año, a veces aunquesea des-
delejos, con pagos dedinero a parientes que
están todavía en el pueblo. Deesta manera,
además demantener su identidad mixteca y
su membresía en la comunidad trasnacional,
la familia mantienesus derechos detener ca-
sa, tierra y animales en el pueblo.
Los efectos dela quiebra con esta tradi-
ción querepresenta la conversión religiosa
no pueden ser exagerados. En combinación
con los efectos dela migración misma que,
a pesar delas esperanzas delos antropólo-
gos, tiendea disminuir la lealtad por parte
delos migrantes al pueblo, la conversión
religiosa sirvepara debilitar las relaciones
entrelos pobladores; entrelos quemigran
y los quesequedan. La trayectoria deestos
cambios va hacia la fragmentación religiosa
(Gross, 2001: 78-148) delas comunidades.
Esteproceso puededurar años, dependiendo
delas historias migratorias y religiosas delos
diferentes pueblos. Sin embargo, aun en los
pueblos quehan expulsado a los no católicos
con el fin determinar con las conversiones
y demantener a sus tradiciones intactas, las
conversiones continúan.
Los conflictos religiosos"
Durantelas primeras décadas del siglo pasado,
la expansión sehabía venido dando sin mayo-
res problemas; pero a mediados delos setenta,
cuando el grupo seconsolida y toma concre-
ción, setrastocaron pautas culturales colectivas.
La comunidad sesienteafectada y, pretextando
su defensa, agredeal grupo evangélico. El con-
Gráfica 3.4 Distribución regional de los conflictos según las denominaciones

90
80
7 0
60
50
40
30
2 0


















10
o JIM  ~II 1111  



C añada
 
C osta
 
I stmo
 
Mixteca P apaloapan S . Juárez  S . del S ur  Valles
Mil Históricos  MI P entecostales
 
Bíblicos no evangélicos MI S in especificar
Fuente: Departamento de C ultos y A suntos R eligiosos. Dirección Jurídica y de Gobierno del Estado de O axaca
z
o
M
M
I
=
M
~

flicto es una coyuntura social privilegiada para
el análisis, pues es entonces cuando las distintas
fuerzas semuestran con toda claridad y mani-
fiestan su verdadera fuerza.
Por fortuna, Oaxaca contó entre1976 y
1992—el periodo más álgido deconflictos—
con un f u ndu s privilegiado: el archivo dela
Dirección Jurídica y deGobierno del Estado
deOaxaca. En 1986, esta dirección creó el
Departamento deCultos y Asuntos Religio-
sos, preocupado por dar un seguimiento más
riguroso a los conflictos. A fines de1992, la
nueva administración dividió la Dirección Ju-
rídica dela deGobierno y, a partir demarzo
de1993, esta última absorbió las funciones del
departamento. El corpus alcanza 352conflic-
tos, incluyendo 44 habidos entrecatólicos, lo
cual da un total de308conflictos entablados
con grupos decorteprotestante, delos cuales
167 casos —es decir, 60 por ciento— tuvieron
lugar en las cabeceras municipales, y los 141
casos restantes, en localidades menores, como
agencias, rancherías y congregaciones.
Impacta la saña dela represión: golpes ein-
jurias, perjuicio, privación deservicios públicos
(14 casos), expulsión dela escuela (para los tes-
tigos deJehová), encarcelamiento (53casos),
ostracismo (28denuncias deexpulsión y otras
41 deamenazas dehacerlo) y en los casos lími-
te, linchamiento (cinco casos).
Hay algunos (apenas 7 por ciento) que
tuvieron como causa motivos cívicos ("no sa-
ludan a la bandera y no cantan el himno na-
cional") o quejas por su escasa participación en
las asambleas del pueblo, queson exclusivos de
los testigos deJehová. Otro 15 por ciento se
debió a queconstruyeron su templo sin per-
miso, lo queremitea una causa anterior que
expliquela reticencia en permitírselo. El resto
delos conflictos, por tanto, fueocasionado por
109
motivos culturales. Si exceptuamos la renuen-
cia a colaborar con el "tequio12" propia delos
adventistas —dispuestos a hacerlo otro día que
no sea el sábado— sepuededecir quedeuna
u otra manera todos los conflictos serefirieron
al sentimiento dela comunidad dequela sim-
plepresencia deun grupo evangélico atentaba
contra su cultura. Los cuatro elementos cultu-
rales rechazados (fiesta, tequio, cargos y tem-
plo) forman un verdadero "complejo cultural"
desuma importancia en estas etnias.
El sistema de santos en las
culturas mesoamericanas
La comunitariedad es la característica fun-
damental delas culturas indígenas. Oaxaca
concentra la mayor partedelas tierras comu-
nales del país, a las quelos ejidatarios tienen
acceso medianteel cumplimiento detareas de
reciprocidad. Esta reciprocidad es la basede
los servicios prestados en los cargos públicos,
en el tequio y a veces también en el templo,
principal bien patrimonial del pueblo. Es en
el desempeño deestas tareas como cada indi-
viduo es valorado y condicionado para gozar
dela comunidad y, consecuentemente, delos
derechos a las tierras. El sentido decomuni-
dad, indispensablepara la reproducción social,
tienequeser periódicamenteritualizado para
mantener su fortaleza, deahí la necesidad de
la fiesta. Estos elementos —tequio, templo,
cargos y fiesta— serelacionan entresí me-
dianteel sistema desantos, ejedela síntesis
sincrética producida a lo largo de500 años de
evangelización (Marroquín, 1989).
Los antiguos mixteco-zapotecas seha-
bían asentado en pequeñas ciudades-Estado
quegozaban deplena autonomía. Sus dioses,
por tanto, fueron númenes territoriales ctóni-
cos: cada "señor del lugar", ligado a la tierra,
era dueño deun territorio y exigía un tributo
ritual por el derecho deasentamiento, con lo
quesegarantizaba su protección. Con la evan-
gelización delos misioneros, aquellas deidades
antiguas seconvirtieron en los nuevos santos,
cuya imagen resultó así "la representación em-
blemática dela comunidad". Los santos no
sólo "significan" la identidad del grupo y cum-
plen la función nominadora (dar nombreal
pueblo), sino queson también su protección
frentea amenazas comunes. Celebrarlesu
"fiesta" al santo constituyeuna inversión sim-
bólica, pues a cambio, el santo garantizaría el
posterior control climático. Los mayordomos,
a cuyo cargo corría la celebración, fungían só-
lo como administradores, pues el santo poseía
sus propios bienes (terrenos, ganado, joyas),
quegeneraban recursos para la fiesta. Con el
transcurrir del tiempo, tales bienes fueron des-
apareciendo. Las mayordomías seconvirtieron
en fuertegravamen. A cambio, el mayordomo
podía ascender en el escalafón del sistema de
cargos. El templo, además deser signo deesta-
tus para la población", fueconsiderado como
la casa delos santos, y sus bienes —organiza-
dos como hermandades o cofradías— pasaron
a ser cajas decomunidad, con funciones dese-
guridad social. Deahí queel mantenimiento
del templo secrea una delas prioridades del
tequio. Los evangélicos no sólo seoponen a
instituciones relacionadas con estecomplejo
cultural, sino quecalifican deidolatría el culto
a las imágenes. Así seexplica la lógica delas
represalias: si no seprestan las cooperaciones
exigidas por pertenecer a la comunidad, ellos
solos sehabrán marginado".
12 T rabajo colectivo no remunerado en beneficio de la comunidad, de reminiscencias coloniales.
13 Los pueblos que tuvieron mejores construcciones en sus templos fueron los que se convirtieron en cabecera parroquial y de allí
pasaron a las de los actuales distritos.
14 Estas mismas sanciones se aplican también a los emigrados que dejan de colaborar con la fiesta, el tequio y los cargos.
Cr i s i s de l a
co mun i dad tr adi ci o n al
Si la nueva religión resulta tan desestabilizadora
para su cultura y si las represalias son tan inten-
sas, ¿por qué parecehaber tanto entusiasmo en
convertirse? Una hipótesis explicativa serelacio-
na con las transformaciones queestán teniendo
las comunidades indígenas. La agresteorografía
del estado había permitido la supervivencia de
algunas formas devida antiguas; pero ya desde
el cardenismo, con las carreteras, las escuelas, la
luz eléctrica (y con ella, la televisión), inevita-
blementellegó la modernidad. La sequía y la
hambruna queazotaron el campo oaxaqueño
obligaron a un sector dela población a emigrar,
ayudados muchas veces por los protestantes.
Otros salieron después para tener acceso a la
educación media y superior, y como los estudios
requieren recursos monetarios, seabandonó el
autarquismo económico y seintrodujo la eco-
nomía demercado, es decir, setuvo queproducir
para vender. La desintegración dela comunidad
seacentuó con la crisis en el medio rural a partir
delos años sesenta. Para entonces, la economía
indígena estaba ya plenamentemonetizada. La
reducción del precio delos productos agrícolas,
específicamentedel maíz, y la reducción del sa-
lario rural provocaron el deterioro delas con-
diciones devida dela población. Gran partede
los miembros deestas comunidades tienen nue-
vamentequeemigrar, con la gran diferencia de
quesi la migración dedécadas anteriores había
sido un fenómeno esporádico, debido a causas
coyunturales, a partir de1970 y, sobretodo, de
1980, el fenómeno obedecea razones estructu-
rales (Ramos, s.f.).
Todo esto provocó algunas transformacio-
nes en las pautas culturales demayor signifi-
cación: a partir de1950, las fiestas, debido a
lo gravoso queresultaban ya las mayordomías,
fueron sustituidas por cooperaciones detodos
los vecinos y a veces para promoción turística.
El sistema decargos perdió su espíritu demo-
crático y sirvió como medio para asegurar al
"partido oficial" un clientelismo político. El
tequio, elevado ciertamentea categoría cons-
titucional en el estado, fueaprovechado como
mano deobra gratuita para abaratar costos de
programas diseñados desdeel exterior. Las
comunidades indígenas dejaron deser homo-
géneas y algunos sectores fueron inducidos a
convertirsea otra religión. Esta hipótesis pue-
deser corroborada atendiendo a los tiempos y
lugares en quelos conflictos seacentuaron.
La distribución geográfica delos conflictos
revela quela Sierra Norte, la Mixteca y los Valles
Centrales fueron las regiones queconcentraron
la mayoría deellos, con unos 80 conflictos en
cada una (véasegráfica 3.5). Pero mientras los
conflictos delos Valles Centrales fueron depo-
ca intensidad, los delas otras dos regiones fue-
ron más graves. Por la historia sabemos queen
estas tres regiones es dondela tradición protes-
tanteha sido más sostenida, estando a cargo de
las tradicionales iglesias histórico-denomina-
cionales15. La Sierra Juárez y la Mixteca son las
quetenían en los noventa mayor población pro-
testanteen números absolutos (17 000); aunque
atendiendo a los porcentajes, seencuentran en
el extremo opuesto (10.3% y 3.6% respectiva-
mente) (véasemapa 3.1).
Otro factor aún más relevantees quetanto
la Sierra Juárez como la Mixteca tienen una
economía calificada como de"infrasubsisten-
cia" (Sorrosa, s.f.), es decir, aquélla queha de-
jado deposibilitar la reproducción social de
la comunidad campesina, por lo quelas fa-
milias deben complementar sus ingresos con
el trabajo asalariado migrando a otras loca-
lidades para enviar sus remesas. También en
15 Desde los cuarenta hubo algunas comunidades florecientes en estas regiones. P or ejemplo, en los Valles C entrales: N azareno Etla,
S antiago T enango, S an Francisco T elixtlahuaca; en la Mixteca: S anto Domingo N uxaa, Yanhuitlán, y en la S ierra Juárez: Yatzachi el
Bajo, entre otras.
los Valles Centrales hay bastantes poblados
pequeños, dealta concentración indígena y
relativamenteaislados, quetienen economía
deinfrasubsistencia.
En cuanto al tiempo, entre1977 y 1982el
Departamento Jurídico del Gobierno del Estado
había registrado un promedio de13conflictos
anuales. El año 1983, sorpresivamente, tuvo uno
sólo, y en los años posteriores la curva fueau-
mentando con ocho conflictos en 1986; pero al
año siguiente, la curva sedisparó bruscamente,
hasta alcanzar los 44 conflictos, y seelevó aún
más para llegar a los 55 en 1989 (véasegráfica
3.6). La curva coincidecon la puesta en práctica
del modelo neoliberal y la aguda crisis por la que
atravesaba el agro oaxaqueño: la producción tra-
dicional del maíz sevino abajo y fuedesplazada
por otros productos más comerciales16.
En la primera mitad delos ochenta la su-
perficiedestinada a los granos básicos decreció
hasta ocupar tan sólo 53.4% dela superficie,
mientras crecía la destinada al café, a los fruta-
les o a los productos semindustrializables. De
1985 a 1990 la situación alcanza su máxima
gravedad, pues el maíz desciende30 puntos
porcentuales, mientras el café seincrementa
40 y los frutales, 24.
Desdesu inicio en los años cuarenta el
cultivo del café aparececomo causantedel
fin del truequey del comienzo dela moneta-
rización del mercado; causantetambién dela
aparición delos acaparadores y sus funciones
caciquiles y dela modificación depautas cul-
turales''. El maíz, por su parte, dependede-
terminantementedela regularidad climática.
El ritual festivo fueacomodado para marcar
otras actividades agrícolas, pues cuando llega
el día del santo no hay dinero para la fies-
ta. Los santos no parecen tan necesarios y su
16 Mientras que en los años cuarenta el cultivo del maíz ocu-
paba 86.1%de la superficie total dedicada a la siembra y
dicha proporción se sostenía durante los cincuenta y sesenta
con 82.3%y 7 4 por ciento respectivamente, en la década de
197 0 a 197 9 el cultivo de maíz no creció y, en cambio, las
frutas tropicales y la caña de azúcar resultaron favorecidas.
17 U n ejemplo de este proceso fue estudiado entre los chatinos
de P enixtlahuaca por Jorge Hernández-Díaz (1987 : 43-52).
G r áfi ca 3.5  
Zonificación de los conflictos
90
80
7 0
50
40
30
2 0
O
C antidad
60

I ntensidad
S . Juárez Mixteca Valles
C entrales
S ierra S ur C añada  P apaloapan C osta I  I stmo
Fuente: Departamento deCultos y Asuntos Religiosos. Dirección Jurídica y deGobierno del estado deOaxaca.
protección deja desentirseen estos tiempos
decrisis. No es casual, entonces, queel de-
clivedel maíz coincida con el debilitamiento
del sistema desantos y con el aumento de
las conversiones. Esteimpacto del cambio de
producción seprodujo demanera desigual
en las diversas regiones. Nuevamente, las zo-
nas más afectadas fueron la Sierra Juárez, la
Mixteca y partedelos Valles Centrales (S o-
rrosa, s.f.; Marroquín, 1995; Montes, 1995).
Traslapando las gráficas, puedeapreciarse
queel mayor número deconflictos religiosos
coincidepuntualmentecon las fechas dede-
cadencia del maíz.
¿N ue va situación
y nueva religión?
La comunidad ha dejado degarantizar la super-
vivencia desus miembros, muchos delos cuales
tienen quesalir para ganarsela vida. Esta situa-
ción es percibida en el estado delatencia propio
delo religioso: ¡los santos fallaron! Los conver-
sos abandonan su sistema con resentimiento y
sepasan a otro alterno, el "sistema del espíritu",
central, sobretodo, entrelos grupos pentecosta-
les. En él, la comunicación con la divinidad se
da directamente, sin mediaciones delos santos
ni dela comunidad. En él, además, encuentran
nuevas identidades (ya no detipo étnico, sino
religioso) y nuevas redes deentreayuda en susti-
tución delas quedejan.
Pero entonces surgeotro interrogante: si en
verdad la religión está tan ligada a la realidad
socioeconómica y si ésta seha transformado tan
profundamente, ¿por qué entonces no son más
los queseconvierten? Robert Wuthnow (1987)
nos ayuda a superar el determinismo economi-
cista al explicar los momentos decrisis ideológica
por analogía con lo queacontececon el evolucio-
nismo biológico. Sepresuponequecuando cier-
to entorno ecológico semodifica, las mutaciones
o "anomalías" queconstantementesepresentan
tienden a proliferar entrelos nuevos miembros
delas especies cuya supervivencia es amenazada.
Algunas deestas anomalías resultan más adecua-
das a la nueva situación, cuyos especímenes son
los quetendrán mayor viabilidad.
Aplicado estemodelo a nuestro caso, secons-
tata quela modernidad provoca en la comuni-
dad indígena tradicional una crisis queseinicia
en los cuarenta, seacentúa en los setenta y se
acelera aún más en los ochenta. Esta crisis, pro-
vocada por los cambios económicos, es resentida
dediversas maneras, dado quelas comunidades
rurales han dejado deser homogéneas. La pro-
liferación deanomalías seda también en lo cul-
tural religioso: un sector, queposiblementehaya
G r áfi ca 3.6  C ronología de los conflictos
60
50
40
30
20
10
0
7 5  7 8  7 9  80  81  82  83 84  85  86 87 88 89 90 91 92
Fuente: Departamento de C ultos y A suntos R eligiosos. Dirección Jurídica y de Gobierno del estado de O axaca.
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tenido mayor experiencia deapertura al exterior,
percibequela situación ha dejado deser lo que
era tradicionalmentey viendo sus costumbres
como causa deretraso antela modernidad, es
más receptivo al proselitismo delos nuevos gru-
pos portadores deun nuevo proyecto teológico
en el quela salvación serealiza individualmente,
sin las mediaciones comunitarias. En cambio, el
sector más tradicional, cuyos intereses dependen
del mantenimiento dela situación vigente(qui-
zás sean ancianos con posiciones caciquiles),
tenderá a resistir los cambios, reforzando sus
costumbres y signos deidentidad y concentrará
toda su energía en la conservación dela fiesta,
pues con ella el santo patrono queda obligado a
propiciar el clima regular adecuado al maíz. Pa-
ra ellos, el nuevo grupo disidenterepresenta un
enemigo quedesestabiliza a la comunidad y que
poneen peligro la subsistencia colectiva, por lo
quesu resistencia lo empujará a la intolerancia.
Otra posibilidad quesedio en aquellos años es-
tuvo representada por la pastoral católica indí-
gena dela región pastoral Pacífico sur, cercana
a la nueva generación deprofesionistas indios
no dispuestos a desculturalizarse, pero tampoco
a defender inalterada la cultura tradicional. Al
ser golpeada esta pastoral culturalista y libera-
cionista es posiblequesus reclamos sean lleva-
dos, ahora sí, por núcleos nativistas o políticos,
al margen delas religiones.
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Introducción
mediados del siglo xx, según
los datos censales, todo Gue-
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to de la población se clasificaba
en 1950. Cincuenta años des-
pués, en el año 2000, su influencia se redu-
jo a 89 por ciento del total de los habitantes,
manteniendo una desigual presencia en los 76
municipios que integraban la entidad hasta ese
momento'. En 21 municipalidades se concen-
tran los más altos porcentajes, de 95 a 99 por
ciento; en 26 de ellos ubicamos rangos de 91
a 95 por ciento, mientras que en los 29 restan-
tes la adscripción al catolicismo se ha reducido
significativamente entre 80 y 91 por ciento.
El cambio religioso que evidencian estas
cifras sugiere un desplazamiento en el plano
de la simbólica social (o) en el plano socio-
cultural (o) de los referentes simbólicos, con
un impacto territorialmente diferenciado. Por
ello, al preguntar qué ha cambiado y qué fac-
tores intervienen para explicar el cambio reli-
gioso en el territorio guerrerense, atendiendo
a un amplio periodo que abarca los últimos
cincuenta años, parece pertinente formular
una tercera interrogante de exploración: ¿qué
procesos ayudan a explicar la diferencial lo-
calización del cambio?
Las religiones, como otros procesos socia-
les, cobran sentido en la medida en que las
ubicamos en los contextos espacio-tempo-
rales en los que se producen, y aun cuando
formalmente se trata del mismo espacio de
estudio, la organización territorial guerre-
rense de los años cincuenta, dista mucho de
la que identificamos más cercanamente para
el año 2000. Igual ocurre al revisar el lugar
que ocupa la población indígena que habita
A
en este rubro
1  En los últimos cinco años se incorporaron cinco nuevas unidades y para 2005, Guerrero cuenta ya con 81 municipios.
en la montaña, que resulta tan diferente del
lugar asignado a la ciudad —región de Aca-
pulco—, así los ubiquemos en una misma or-
ganización estatal.
Aun cuando la respuesta a estas preguntas
no pretenda ser exhaustiva, en esta aproxima-
ción se busca analizar el cambio y la pluralidad
religiosa de forma asociada con los procesos que
cursan en la entidad; para cuando menos tratar
de identificar los factores que pueden incidir en
ese cambio, reconstruir sus antecedentes, pro-
poner re(li)giones y formular hipótesis.
Otros dos aspectos acotan los alcances de
esta reflexión: la escala y el concepto de región.
En cuanto a la escala local, en este caso sólo nos
acercamos al territorio en forma de unidades
municipales, para posteriormente agruparlas y
regionalizar de acuerdo con las tendencias de
dominio religioso y de sus patrones territoriales.
Como referente conceptual, tomamos distancia
de la idea de un recorte geográfico como equi-
valente de región para pensar el territorio como
un entramado regional en el que se establecen
diferentes vínculos e interacciones con otros es-
pacios articulados en otras escalas.
En uno de los periodos de mayor regula-
ción estatal, entre las décadas de los setenta
y los ochenta, la organización territorial se
guiaba en mayor medida por la dinámica de
formación/desarticulación de regiones por
medio de proyectos de planificación regional.
Francisco de Oliveira2 escribía Elegía para
urna re(li)gi&o, como una vehemente argu-
mentación en la que llamaba a enfrentar esta
tendencia y abordar el trabajo regional desde
una perspectiva crítica y comprometida. Su
invitación era la de abordar la región casi co-
mo un apostolado: la "re(li)gión". Hoy pode-
mos retomar el término pero con un sentido
totalmente distinto; ubicarnos en los actuales
procesos de desregulación, incluida la religio-
sa, para reconocer las re(li)giones como espa-
cios autorreferidos, como entramados en los
que se enlazan anteriores creencias y nuevos
procesos, regiones donde se cambian, o donde
se reelaboran los dominios religiosos.
Las re(li)giones en Guerrena3
En la actualidad, el estado de Guerrero está
formalmente dividido en siete grandes regio-
nes a saber: centro, zona norte, Tierra Ca-
liente, Costa Chica, Costa Grande, Acapulco
y Montaña. Algunas referencias incorporan
además otras dos regiones "no oficiales": la re-
gión Sierra del Filo Mayor, que abarca la zona
boscosa de la entidad y que busca constituirse
en una nueva región político-administrativa
en razón de sus características peculiares; y la
llamada región Costa Chica-Montaña. Cada
una de estas regiones mantiene característi-
cas particulares en términos del cambio re-
ligioso, pero la dinámica de este cambio no
está contenida sólo dentro de estos recortes
regionales; no se ajusta a los límites de las
regiones formales y, en algunos casos, su te-
rritorialización rebasa incluso las fronteras
de la entidad para integrarse en la dinámica
de los estados vecinos, particularmente con
Michoacán, Estado de México y Oaxaca; es
decir, la dinámica religiosa perfila sus propias
configuraciones regionales.
2  La crítica de De Oliveira(1985), se centraba en el caso de los proyectos aplicados en Brasil, pero la experiencia de agrupamiento y
planificación regional se generalizó a casi toda América Latina.
3  Los municipios que registran los cambios más significativos se identificaron basándose en el cálculo del "Coeficiente de reestructura-
ción", que nos permite "comparar la estructura regional, en términos de los elementos o variables que la componen, en los momentos
inicial y final de un periodo". El rango de esta variación va de cero a uno.
Cambio religioso
de 1950 a 1970
A la largo del siglo pasado, la pobreza se insti-
tuyó como el rasgo social que más identificaba
a Guerrero'', ubicado también como una de las
entidades de mayor rezago económico, marcada
por la existencia de férreos cacicazgos que han
gobernado en la impunidad bajo el auspicio, en
reiteradas ocasiones, de los gobiernos federales
y estatales en turno. En el estado de Guerrero,
las movilizaciones y protesta social caracterizan
la segunda mitad del siglo xx.
Otros asuntos también cobran presencia en
estos tiempos: a) la intensiva explotación de ma-
dera en los bosques de Guerrero. Desde media-
dos de los años treinta las empresas se radican
en la sierra y arrasan con los recursos forestales,
hasta los años setenta cuando en un contexto de
regulación/intervención estatal la explotación
maderera se canaliza por vía la empresa paraes-
tatal Forestal Vicente Guerrero; b) los crecientes
flujos de población rural hacia los espacios urba-
nos; c) el fomento del turismo como actividad
central del desarrollo de la entidad y, d) los pri-
meros indicios de cambio religioso.
En el sexenio de Miguel Alemán se incenti-
vó la economía a través de la expansión en obra
pública y de inversión privada, nacional y extran-
jera. Se dio prioridad al turismo, lo que permitió
ubicar esta actividad como la más importante de
la entidad. Acapulco, su centro neurálgico, co-
menzó a ser polo de atracción de migración tan-
to inter como intraestatal. (Illades, 2000: 110).
El gran impulso para la funcionalización del puer-
to de Acapulco como un espacio de turismo de
masas, inicia en el periodo de posguerra, en los
primeros años de la década de los cincuenta, en los
años setenta se consolida con el Acapulco Dora-
do y se mantiene con vigor hasta iniciar los años
ochenta. Es un proceso paralelo al pacto regula-
cionista en el ámbito mundial, y simultáneo con
la construcción del modelo urbano industrial del
país. (Osorio, 2002).
En muchos lugares la movilización de población
constituye una razón que ha permitido la acele-
ración de cambio religioso, de cara a la interac-
ción permanente entre la población migrante
con el turismo nacional y extranjero. Pero en el
caso de Guerrero la influencia de las interaccio-
nes por vía del turismo se hace evidente hasta
después de los años setenta.
De acuerdo con los resultados (véase mapa
4.1), las transformaciones más significativas se
encuentran en poblaciones localizadas en la sie-
rra (en los municipios de Heliodoro Castillo y
Tecpan de Galeana), probablemente asociadas al
periodo de explotación forestal, con la llegada de
las empresas madereras y de los grupos de po-
blación que se asentaron allí para trabajar en la
nueva actividad. La predominancia de una agri-
cultura de subsistencia y temporera mantiene a
una importante parte de la población en el rezago
y la pobreza extrema. De acuerdo con el Censo
de 1970, entonces, casi 80 por ciento de la tierra
estaba constituida por ejidos y comunidades; sin
embargo, las tierras más productivas estaban en
poder de latifundistas (Illades, 2000: 111).
Otros municipios que reportan cambios im-
portantes son los que se ubican en frontera con
Michoacán (Zirándaro, Coahuayutla de José Ma
Izazaga) y que desde los años setenta van mar-
cando una tendencia religiosa con municipios
contiguos, que forman parte del territorio del
estado de Michoacán. Una tendencia que clara-
mente se proyecta hacia el año 2000, como vere-
mos en el segundo periodo analizado. Apaxtla y
Tepecuacuilco de Trujano, ubicados en la zona
4  "La realidad era contundente: 70 por ciento de la población indígena continuaba siendo monolingüe y 67 por ciento de la población
total del estado, en 1950, era analfabeta" (Gutiérrez, 1999: 78).

Intensidad del cambio religioso en Guerrero en el municipio, 1950 a 1970



Michoacán


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Fuente: Elaborado por Isabel Osario y Angélica Zambrano basado en los datos del proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_er)", a partir de los CGP NEGI 1950 - 2000.
Fuente: Elaborado por Isabel Osorio y Angélica Zambrano basado en los datos del proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_en)", a partir de los CGPYV, INEGI 1950 - 2000.
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Tetipac
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Morelos
norte de la entidad, también participan del dise-
ño de la actual configuración religiosa, pues des-
de este periodo marcan una tendencia asociada
con la migración de carácter internacional.
Finalmente, resalta también el cambio en al-
gunos municipios ubicados en la Región Mon-
taña yen la Región Costa Chica (Huamuxtitlán,
Xoxhistlahuaca y Azoyú), que pueden encontrar
explicación en procesos de interacción más aco-
tados al lugar.

social y económica de la entidad derivada del
nuevo modelo de integración supranacional.
Las décadas de los ochenta y noventa son
marco de fuertes transformaciones socioeconó-
micas y territoriales en Guerrero: a) la refuncio-
nalizacion de la economía estatal en atención
al espacio turístico. Especialmente el caso del
puerto de Acapulco, que pasa de ser un destino
internacional para reconfigurarse como destino
nacional articulado con la Ciudad de México
y la región centro del país (Osorio, 2002); b) el
impacto de las medidas económicas promovidas
durante esos años ha sido muy localizado y fran-
camente limitado; la pobreza se ha recrudecido
en la mayor parte del territorio estatal, con un
mayor impacto en los llamados espacios rurales;
c) uno de los resultados, derivado de los puntos
anteriores, ha sido la intensificación de los flu-
jos migratorios hacia destinos nacionales y más
fuertemente hacia destinos supranacionales.
En referencia a lo anterior, de estos últimos
veinte años vamos a destacar algunos de los fe-
nómenos que pueden haber incidido en el cam-
bio y/o la permanencia religiosa.
Tres fenómenos parecen organizar territo-
rialmente el cambio y la permanencia religiosa
de este periodo:
1. La migración. Más que la pobreza el fenó-
meno que parece estar influyendo de manera mas
notoria en este proceso es la migración, particu-
larmente en las zonas de interacción suprana-
cional. Una de las regiones de cambio religioso
más notable coincide con la región de migración
supranacional: se sobrepone a la mayor parte de
la región norte y por contigüidad integra directa-
mente a tres municipios más de la región de Tierra
Caliente (ambas de larga tradición migratoria a
Estados Unidos). Este mismo fenómeno sugeriría
el cambio en parte de la región de la Montaña, en
aproximadamente 10 municipios caracterizados
por ser los de menor densidad de población indí-
gena (véase mapa 4.3).
2. Los municipios urbanos, sede de las principa-
les ciudades guerrerenses, también se definen como
lugares de pluralidad y cambio religioso. Acapulco,
Chilpancingo, José Azueta (Zihuatanejo e Ixtapa),
Chilapa, Tlapa e Iguala forman parte de esta ten-
dencia. Dos espacios urbanos mantienen una diná-
mica diferente en este proceso; Taxco de Alarcón,
de fuerte arraigo católico, y Pungarabato (Ciudad
Altamirano), más cercano a los perfiles religiosos
de la Tierra Caliente Michoacana. La región Costa
Chica está casi fuera de esa lógica.
También hay que tener en cuenta que es
precisamente en estos lugares en los que se
encuentran asentadas iglesias que constituyen
centros de operación para el trabajo proselitista
en el territorio guerrerense.
3. Dinámicas compartidas con espacios de enti-
dades vecinas. Es el caso más notable de la frontera
1
0


111111
Cambio religioso
de 1980 a 2000

De forma general, se puede anotar que el re-
gistro del cambio religioso para este momento
(1980-2000) nos muestra que ha sido más in-
tenso (valores más altos), con un mayor impacto
sobre 33 municipios, que involucra a la mayoría
de la población estatal y que incluye tanto espa-
cios rurales como urbanos (véase mapa 4.2).
Las regiones del cambio religioso referidas a
este periodo se circunscriben menos a las expli-
caciones locales y dan cuenta más bien del nuevo
entramado territorial del que forma parte Gue-
rrero; de los diferentes vínculos que ha estableci-
do la población para afrontar la crítica situación

I
Grado de migración internacional
Muy bajo
Bajo
Medio
Alto
III Muy alto
Kilómetros
50 25 50

  1

Mapa 4.3



Protestantismo y patrones de migración internacional, Guerrero, 2000




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con el estado de Michoacán, una región adminis-
trativamente separada de Guerrero, que comparte
no solamente el rasgo de cambio religioso sino to-
do un perfil de cultura regional "calentana".
4. La permanencia de la religión católica
corresponde con la permanencia de la pobreza.
La marginación, en este caso, coincide espacial-
mente en las regiones y pueblos indígenas de
Guerrero (véase mapas 4.4 y 4.5).
La organización de la iglesia
Católica en Guerrero
La presencia de la iglesia Católica en Guerrero
se origina con el establecimiento de los agusti-
nos y los franciscanos en el siglo XVI. Debido a
la creación del estado de Guerrero hacia el año
1847, la gestión para el establecimiento de un
obispado se consigue en 1862 con la erección
de la Diócesis de Chilapa; su circunscripción se
formó con partes de los territorios del Arzobis-
pado de México y el Obispado de Puebla (Pau-
cic, vol. 59).
Esta diócesis fue la que atendió espiritual-
mente al territorio guerrerense durante un siglo,
hasta que se constituyó la Diócesis de Acapulco
en 1958 por el Papa Pío XII. Es en la década de
los ochenta cuando se crea la Diócesis de Ciudad
Altamirano (Paucic, vol. 59).
En la Montaña de Guerrero se crea la Dióce-
sis de Tlapa en 1992. La formación de esta dióce-
sis responde, entre otras razones, a la necesidad de
realizar una labor de fortalecimiento de la iglesia
Católica frente al avance sostenido de Iglesias
protestantes de corte histórico y pentecostal. Las
diócesis pertenecientes a Guerrero y algunas del
estado de Michoacán conforman lo que se cono-
ce como la región pastoral sur, en las que se in-
tegran Acapulco, Chilpancingo-Chilapa, Lázaro
Cárdenas, Ciudad Altamirano y Tlapa.
La religión católica mantiene aún un fuerte
dominio sobre el territorio estatal concentrado
especialmente en dos áreas: la región Costa Chi-
ca-Montaña, caracterizada por una fuerte pre-
sencia indígena; y la parte alta de la región norte,
que encabezan la ciudad de Taxco y los munici-
pios contiguos (Ixcateopan, Buenavista,Tetipac),
caracterizados por un fuerte acento católico. Una
de las celebraciones importantes del calendario
religioso estatal es la Semana Santa en Taxco de
Alarcón; es también un evento turístico.
Así, la presencia de población indígena sugie-
re la existencia de relaciones de poder autorita-
rias, de discriminación y explotación económica
contra las etnias ahí asentadas. En las subre-
giones norte y Montaña encontramos pueblos
nahuas, mientras en la Montaña hay también
tlapanecos (me phaa) mixtecos (ñu saavi) y en la
Costa Chica pueblos amuzgos y afromestizos.
Parte de la explicación de la permanencia de
la población indígena dentro de los márgenes
de la religión Católica se encuentra en el hecho
de que en diversos municipios de regiones co-
mo la centro, norte y la Montaña, prevalece una
práctica religiosa más de carácter sincrético, que
se expresa en la combinación de referentes cul-
turales heredados del periodo prehispánico con
algunos elementos de corte católicos, como la
adoración de la Santa Cruz y los rezos (Gonzá-
lez y Guerrero, 1996).
El catolicismo en Guerrero se expresa en la
realización de fiestas para celebrar al santo patro-
no de cada comunidad, pueblo y barrio. El santo
patrono, quien confiere nombre a las comunida-
des, fue introducido por los españoles mediante la
labor evangelizadora. En estas fiestas prevalecen
formas de organización que datan del periodo de
dominación española, como las mayordomías y
los servicios o cargos, en los que existe una com-
binación de actividades políticas y religiosas. Las
mayordomías son cargos que otorgan prestigio y
reconocimiento a quienes las asumen.
Los mayordomos se encargan de acoger
al santo patrono en sus domicilios, así como
ofrecer alimentación y hospedaje a los visitan-
tes que provienen de otros lugares. El sentido
de reciprocidad, en pueblos indígenas y mes-
126
F uen te: Elaborado por Isabel Osorio y Angélica Zambrano basado en los datos del proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_NE)", a partir de los CGPYV, INEGI 1950 - 2000.
Mapa 4.4
Cambios religiosos en Guerrero, 2000. Categorías de "católicos" y "sin religión" según pueblos indígenas.
Puebla
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Buenavista
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1 Porcentaje de población "sin religión", 2000
• 1.6 %
O 6.5 %
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Distribución de los pueblos indígenas

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O
Chilpancingo de los Bravo
Tecoanapa
O
San Marcos
Acapulco de Juárez
O
50 %
Kilometros
70 %
tizos, implica recibir y ser recibidos hospitala-
riamente durante los días de fiesta.
Estas fiestas son una tradición muy arrai-
gada en Guerrero, ya que se acompañan de fe-
rias, instalación del mercado, corridas de toros,
procesiones y convivencia entre vecinos y visi-
tantes. El municipio de Mochitlán registra un
porcentaje de población católica que asciende
a 97.8%. En los lugares considerados como
santuarios religiosos, como el caso la cabecera
de Xalpatláhuac, de la Montaña, se celebra el
Santo Entierro el tercer viernes de cuaresma; a
esta fiesta acuden visitantes de otras entidades
vecinas como Puebla, Morelos y Oaxaca.
En algunas regiones, la presencia de ten-
dencias progresistas como la teología de la
liberación' y, después, la teología indígena',
específicamente en la región conocida como
Costa-Montaña, han incidido en la construc-
ción de formas alternativas de vivir la religiosi-
dad. Hay que advertir la labor de misioneros y
sacerdotes, quienes se han sensibilizado por la
problemática socioeconómica de pobreza, así
como el acercamiento a las prácticas culturales
de los pueblos indios. No obstante, de forma
paralela, la existencia de discriminación por
parte de la iglesia Católica se ha traducido en
la devaluación de prácticas religiosas populares
y de raigambre indígena.
En la región Costa Chica-Montaña, la ex-
periencia conocida como "policía comunitaria",
que nace en 1995, reconoce entre sus raíces or-
ganizativas al CAIN (Consejo de Autoridades
Indígenas), organización orientada por algunos
sacerdotes pertenecientes a la Diócesis de Tla-
pa. Al mismo tiempo, en 1994, se crea Tlachi-
nollan A.C. un organismo no gubernamental
(oNG) que trabaja en la defensa de los pueblos
indios de la Montaña de Guerrero. Esta orga-
nización reconoce una orientación religiosa de
esta misma diócesis; entre los integrantes del
consejo consultivo estuvo su obispo y sacerdotes
adscritos a la teología indígena.
Por su parte, en la región Costa Chica, con
una notable población afromestiza, se expresa
una religiosidad particularmente más vincula-
da con las creencias de los pueblos originarios
que con el catolicismo, aunque con sus dife-
rencias. Para estos pueblos, "quien simboliza
efectivamente la espiritualidad colectiva es la
Virgen de Guadalupe y no el santo patrono.
En el caso de la práctica de la mayordomía, en
Playa Ventura y en general en la región de la
Costa Chica, ésta ha definido la filiación ét-
nica, pues se practica a la 'manera morena', no
indígena" (www. p acifico sur. cies as . edu.mx)
Dentro de la iglesia Católica se han mani-
festado grupos que se escinden de su matriz.
Es el caso de la iglesia Católica Mexicana, con
presencia en Chiepetlán, municipio de Aca-
tepec (Rangel, 2001) y el grupo denominado
Carmonista, de origen lefebvrista que reivin-
dica las misas en latín a partir de un plantea-
miento ortodoxo y cuya presencia se ubica en
el Alto Balsas (Celestino, 2004: 212).
La existencia de grupos auspiciados por la
iglesia Católica, y como respuesta al avance de
los pentecostales y evangélicos denominados de
renovación espiritual o carismática, son vistos
en la región centro del estado. Se caracterizan
por los cantos, alabanzas, testimonios y la exal-
tación de sus feligreses durante las reuniones,
que duran tres horas. En Chilpancingo, están
organizados en pequeños grupos de oración en
sus barrios y colonias.
5  La teología de la liberación es una tendencia de la iglesia Católica que se manifestó en el contexto del Concilio Vaticano ii. Una de
sus premisas centrales es la opción preferencial por los pobres; adquirió su mayor fuerza en las décadas de los sesenta, setenta
y ochenta en países subdesarrollados o periféricos, especialmente en países como Brasil, México y Nicaragua en América Latina,
muchos de los cuales se enfrentaban con dictaduras. Fueron las Comunidades Eclesiales de Base (cEB) su expresión organizativa.
6  La teología indígena abreva tanto de la teología de la liberación como de la denominada inculturación del Evangelio, tendencia que
permite recuperar las prácticas religiosas de los pueblos originarios y, al mismo tiempo, trabajar en líneas pastorales de acompaña-
miento a los pueblos en sus carencias económicas y luchas sociales en los terrenos productivos y organizativos.
Mapa 4.5
Cambios religiosos en Guerrero. Distribución de la población no católica según grado de marginación.
Fuente: Elaborado por Isabel Osorio y Angélica Zambrano basado en los datos del proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 950-2000 (Base_NE)", a partir de los coma, ami 1950 - 2000.
Morelos
Pilcaya
Tetipac
Pedro Ascencio
Alguisiras
GeneJai Canuto
A. Neri
Cutzamala de
Pinzón
Taxco de
Alarcón Buenavista
de Cuéllar Tlalchapa
Zirándato
Puebla Teloloapan Tlape uala
Arceiia
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Huitzuco de
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los Figueroa
Independencia
Atenango
Río
'Tepecoacuilco
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Coahuayutla de
José Ma lzazaga
La Union de Isi.,
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Copalillo
Michoacán
Edo. de México

Benito Juarez
Ajuchitlán
del Progreso
Petatlán
44, 110
Tecpan de Galeana
Atoyac de Alvarez
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Olinala
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Cuilapa
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Ahuacuotzingo
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Jose Azueta
Chilpancin de los Bravo
50 25 50
Cuajinicuilapa
Kiló
2
10
2 0
Porcentaje de población no católica, 2000



I
Grado de marginación
Bajo
Medio
Alto
Muy alto
Población que se adscribe
al rubro "sin religión"
Existe en la entidad un destacado volumen de po-
blación que afirma no profesar una creencia religio-
sa (sea una modalidad real o que no desee revelar su
adscripción religiosa). Esta condición empieza a ser
notoria a partir de 1970 y va a la par del crecimien-
to de las religiones cristianas y de la disminución
del catolicismo. Hasta 1930 esta preferencia apenas
superaba el punto porcentual; para el año 2000 hay
municipios donde representa a 13 por ciento de los
pobladores. Cuando analizamos su localización,
podemos observar que constituye una tendencia
que proyecta una región transestatal.
En Guerrero son nueve los municipios donde la
presencia de los "sin religión" es significativa (véa-
se mapa 4.4). Se trata de Coahuayutla de José Ma
Izazaga (12.07%), Cutzamala de Pinzón (8.78%),
José Azueta (8.21%), La Unión de Isidoro Mon-
tes de Oca (7.92%), Zirándaro (5.86%), Coyuca de
Catalán (4.29%), Petatlán (4.52%), Pungarabato
(4.40%) y en menor medida, Tlalchapa (2.62%).
Por su ubicación forma una amplia región o zo-
na de frontera con el estado de Michoacán, des-
de donde se pueden agregar otros tres municipios
contiguos a Guerrero: Lázaro Cárdenas, Churu-
muco y Susupuato, en los que también se identifica
altos porcentajes de población sin religión'.
Población no católica
Dentro de la geografía religiosa de Guerrero, las
iglesias no católicas (véase mapa 4.5) comien-
zan a reorientar la organización territorial-reli-
giosa. Si bien este proceso no es representativo
en términos cuantitativos, la existencia de igle-
sias evangélicas, pentecostales y paracristianas
constituye una realidad patente en ciudades,
pueblos y comunidades de la entidad. Además,
el avance de éstas y otras denominaciones re-
ligiosas, frente a la pérdida de feligresía de la
iglesia Católica, se expresa en las líneas pasto-
rales de evangelización en planes parroquiales
y diocesanos.
De acuerdo con el documento Diversidad reli-
giosa en México editado por el INEGI, por cada 100
personas mayores de cinco años en el estado de
Guerrero, 89 son católicas, una es pentecostal, tres
se declararon evangélicas, dos son testigos de Jeho-
vá, tres no tienen religión y dos tienen una creencia
distinta de las anteriores (INEGI, 2000:145).
Cutzamala de Pinzón es el lugar donde se re-
gistra el menor porcentaje de católicos; esto es
78.7%. Otros municipios en los que se registra
mayor presencia de protestantes, como lo mues-
tra el mapa, son Copalillo, Cuétztala del Progre-
so, Leonardo Bravo y Xochistlahuaca.
Estos municipios se encuentran dispersos en
el estado, pero la distribución de las iglesias pro-
testantes, como patrón o configuración, cobra
sentido cuando analizamos la correspondencia
que expresa con el patrón de migración supra-
nacional; explica en el ámbito estatal el proceso
del cambio religioso'.
De manera sugerente, los testigos de Jeho-
vá tienen presencia en todos los municipios de
Guerrero, con un índice alto en José Azueta
(INEGI, 2000: 146).
Es en las subregiones norte y nentro, así como
Acapulco, en las que se observa una disminución
importante de población católica. Estos lugares
se caracterizan por estar comunicados por la ca-
rretera Ciudad de México-Acapulco. Las capita-
les económicas y politicas del estado de Guerrero,
Acapulco y Chilpancingo, reciben una movilidad
migratoria importante; esto incide en una mayor
apertura a otras iglesias y credos religiosos.
El tradicional corredor turístico Acapulco-
Zihuatanej o es el que presenta un mayor proceso
7  (Véase el capítulo 8 de la presente obra: La articulación de una región en torno al catolicismo. El centro occidente de México).
8  (Véase "Cambio religioso de 1980 a 2000", supra).
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de conversión religiosa. Al parecer la presencia
de flujos de población temporal, nacional e inter-
nacional, así como la migración intraestatal pa-
ra ocuparse en el sector servicios, permite estos
cambios en las mentalidades.
La incursión protestante
en Guerrero
Si bien la incursión del protestantismo en Gue-
rrero tiene diferentes periodos, es a fines del
siglo xix cuando se cuenta con los primeros re-
gistros en la comunidad de Ahuacatitlán, región
Montaña (Paucic: vol. 59).
Otra etapa importante es la década de los
cuarenta, tras la firma del convenio entre el go-
bierno de Lázaro Cárdenas, a través de la Secre-
taría de Educación Pública (sEP) y el Instituto
Lingüístico de Verano (iLv)9. En este periodo
es cuando se registra la inserción del protes-
tantismo en lugares como Iguala, por parte de
la iglesia Bautista. Al mismo tiempo, la iglesia
Presbiteriana comenzó a tener presencia en
Iguala, Tuxpan, Teloloapan y Tuxtla. En el Alto
Balsas encontramos presbiterianos, de la Mi-
sión Evangélica Mexicana y de la Iglesia Uni-
versal (Celestino, 2004: 218).
Es precisamente en Tlamamacan y San Juan
Tetelcingo en donde estas iglesias tienen presen-
cia. Lo singular de sus prácticas es que incorpo-
ran los rituales agrícolas en los que ofrendan a la
Cruz de Mayo y a la Cruz del Jilote, en el mes de
septiembre. En la Presentación de Dios con la
Milpa realizan cantos, rezos, leen pasajes bíblicos
y, por supuesto, piden buen tiempo para las cose-
chas (Celestino, 2004: 220).
Lo interesante de estas prácticas es que el
cambio religioso no significa la ruptura con los
referentes agrícolas que identifican a los pueblos
nahuas de esta región. Al mismo tiempo plantea
la eventual convivencia entre distintas religiones.
La Montaña de Guerrero
En la región Montaña, aun cuando en base a los
datos del INEGI existe una mayoritaria población
católica, es necesario hacer algunas precisiones
al respecto. El cambio religioso ahí registrado
está vinculado, entre otras situaciones, a la falta
de oportunidades y la pobreza que se asocia con
procesos migratorios, lo que permite la conver-
sión religiosa y, con ello, una labor proselitista de
los conversos en sus comunidades de origen.
El avance, en particular de los pentecostalis-
mos, ha sido posible gracias a la flexibilidad que
muestran estas iglesias con respecto a los referentes
culturales de los pueblos originarios ahí asentados.
Contrario a lo que suele suponerse, la intro-
ducción del pentecostalismo no ha incidido en la
pérdida de la identidad indígena, ya que se observa
una serie de estrategias que permiten recrearla. La
formación de ministros o pastores tiende a reali-
zarse entre las personas oriundas de la región. En
la estructura organizativa de estas iglesias, existen
organizaciones tales como un consejo de ancianos,
paralelo al que encontramos en el sistema de car-
gos comunitario. Los servicios religiosos se hacen
en lengua indígena; al mismo tiempo, suelen pe-
dir lluvia, lo que significa un anclaje a su identidad
campesina. Para servir a la comunidad religiosa co-
mo pastor o lider religioso, se tienen anuncios por
medio de sueños; al mismo tiempo, el ministro es
intermediario entre Dios y la feligresía, tal como
sucede con el pedidor de lluvia (Rangel, 2001).
9  Este convenio plantea la enseñanza, por parte de misioneros protestantes provenientes de Estados Unidos, de lenguas indígenas a
través de la traducción de la Biblia, articulada con la producción literaria, diccionarios, textos de práctica agrícola y la creación de
métodos de aprendizaje. Su prioridad era la integración del indio a la nación por medio de la enseñanza de su idioma para posibilitar
el acceso al aprendizaje del español.
131
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El cambio religioso y
el sustento jurídico
Una vez realizadas las reformas a los artículos
24 y 130 de la Constitución mexicana", en las
que se reestablecen las relaciones diplomáticas
entre el gobierno mexicano y el Vaticano, así
como el reconocimiento jurídico a las iglesias,
se dio la oportunidad de que éstas lograran su
registro ante la Subsecretaría de Asuntos Re-
ligiosos.
En el caso de Guerrero, se han registrado 217
asociaciones religiosas con domicilio legal en la
entidad. De éstas, 90 por ciento forman parte de
las distintas diócesis; el resto corresponde a aso-
ciaciones religiosas no católicas, cinco por ciento
a las denominadas iglesias evangélicas y el otro
cinco por ciento a las denominaciones judaicas.
Entre las evangélicas están: Getsemaní, Cristia-
na Betel, Genezaret, Tabernáculo, Adventistas
del Séptimo Día y Misión Filadelfia. La prolife-
ración de estas iglesias, que además cuentan con
registro ante gobernación, es notoria en las ciu-
dades de Chilpancingo y Acapulco (Subsecreta-
ría de Asuntos Religiosos, 2004).
Conclusiones
En el primer periodo analizado, de 1950 a 1970,
los cambios religiosos identificados son menores e
involucran sólo a 12 de los 75 municipios que in-
tegran la estructura municipal de Guerrero en ese
momento. Los cambios que se reportan se presen-
tan como un fragmentado paisaje de municipios
rurales localizados en las diferentes regiones poli-
tico-administrativas. Dos rasgos que destacan son:
el carácter rural del cambio y la naturaleza local de
los conflictos; es decir, más que grandes tendencias
o zonas, los cambios parecen obedecer a conflictos
y/o a transformaciones acotadas a cada lugar.
Mientras tanto, en la etapa que va de 1980
a 2000 se presenta un notable crecimiento de
otras religiones y, en la última década, la que va
de 1990 a 2000, se manifiesta una pluralización
religiosa, con un avance significativo de los pen-
tecostalismos y de los testigos de Jehová.
En Guerrero confluyen sugerentes procesos
de cambio religioso en la zona norte, vinculados
a la migración internacional, mientras que muni-
cipios de carácter urbano como Iguala, Acapulco,
José Azueta, Ixtapa Zihuatanejo, Chilpancingo,
Tlapa y Chilapa, también presentan cambios re-
ligiosos en razón de una mayor apertura a la ins-
tauración de otras iglesias. Una destacada región
de cambio religioso es la vinculada a la dinámica
de la Tierra Caliente guerrerense—michoacana.
Otros territorios se mantienen con un fuer-
te arraigo católico de carácter sincrético como la
Montaña y la Costa Chica, con población origi-
naria y afromestiza. En todo caso, la regionaliza-
ción tradicional de Guerrero poco coincide con
los procesos de cambio y pluralización del campo
religioso y con las re(li)giones desplegadas.
En Guerrero, el cambio religioso no se expli-
ca de forma directa en razón de la pobreza. Para
el año 2000 la forma crítica de marginación (alta
y muy alta) afectaba a 67 municipios, casi 90 por
ciento de su territorio, haciendo que sean más bien
las diversas respuestas que la población genera an-
te este problema las que sugieren explicaciones: la
reelaboración mediante el sincretismo; el cambio
asociado con la migración, o el encuentro con la
pluralidad en la concurrencia urbana.
Al mismo tiempo, el cambio religioso se vin-
cula con procesos de secularización, en los que la
adopción de nuevos referentes religiosos responde
a la distancia que la población asume con respecto
a la iglesia Católica, la que deja de responder a las
expectativas y necesidades espirituales y terrenales
de los habitantes que ocupan estos territorios.
10 Las reformas en materia religiosa referentes a los artículos 24 sobre tolerancia religiosa y 13 0 acerca de las relaciones diplomáticas, se
formularon en 1991 como una iniciativa del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). Fueron aprobadas en 1992.
132
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Introducción
n esta sección se presenta el pa-
norama y la transformación so-
ciorreligiosa de la región centro
de México durante los últimos
 cincuenta años, la cual agrupa
a un conjunto de estados: Distrito Federal,
Estado de México, Morelos, Puebla, Tlaxca-
la e Hidalgo. Efectivamente, como mencio-
na Carlos Garma en el primer capítulo de la
región centro, la regionalización constituye
una valiosa herramienta metodológica de la
expresión espacial que denota las diferencias
internamente constituidas históricamente. En
ese sentido, lo que a continuación veremos
es la exposición de las distintas preferencias
y manifestaciones de la religiosidad en esas
entidades y la heterogeneidad particulariza-
da. Apoyándose en la perspectiva de Claudio
Lomnitz, los trabajos infieren que la región
implica la interacción simbólica de significa-
dos, que son compartidos y tienen un papel
importante en la construcción de identidades.
Ello no implica una homogeneización sino,
más bien, la posibilidad de articular diferen-
cias que son entendidas por los sujetos socia-
les desde su contexto. Los autores han puesto
especial énfasis en la variable de la etnicidad
y demuestran cómo vastos sectores de la po-
blación hablante de alguna lengua indígena
se han inclinado actualmente hacia los cre-
dos cristianos no católicos, proporcionando
esta realidad la composición de un campo
plural y diverso en cuanto a adscripción re-
ligiosa se refiere. Si bien no es una fórmula
mecánica que indique, para todos los casos, la
correlación positiva entre etnicidad y cambio
religioso, sin duda ésta aparece entre la pobla-
ción indígena de la zona metropolitana de la
Ciudad de México y de estados circunvecinos
que manifiestan una preferencia notoria por
los protestantismos, aunque una excepción es
la del estado de Morelos. Asimismo, en am-
bos trabajos se nos indica la relevancia que los
procesos migratorios tienen en esta emergen-
te realidad. Esto es posible demostrarlo en la
ciudad más grande e importante del país, el
Distrito Federal, en dos de sus delegaciones,
Iztapalapa y Gustavo A. Madero; al igual que
en el Estado de México, la zona conurbada
de Chalco, Ecatepec y Netzahualcóyotl, y en
áreas concretas de Puebla que muestran una
pluralidad religiosa importante.
De forma similar los autores coinciden
en apuntar que es preciso considerar, en esta
explicación, los flujos migratorios del campo
hacia las grandes ciudades, como las del cen-
tro del país, para entender la transformación
del campo religioso. Aunque señalan que no
todos los migrantes cambian de religión o se
convierten a otra religión de forma simple e
inmediata. Sugieren que hay que analizar ca-
da caso para no formular tesis homogéneas en
este punto ya que la relación entre migración y
cambio religioso en la región, como en el resto
del país, no es unívoca.
Gabriela Garrett revela, para el caso de Hi-
dalgo, que las transformaciones sociorreligio-
sas se explican asimismo por el crecimiento y
desarrollo de los centros urbanos regionales y
se convierten en centros "difusores", tanto de
los emergentes credos cristianos no católicos,
como de los catolicismos reformados después
del Concilio Vaticano u. Al mismo tiempo, las
redes comerciales que involucran importantes
contingentes de población indígena y mestiza,
favorecen no sólo la difusión e intercambio de
productos locales y de fuera, sino también las
doctrinas e ideas religiosas.
Se muestra en este escenario religioso re-
gional la relevancia que manifiestan, por su
parte, las expresiones costumbristas y popu-
lares a través de distintos santuarios (del Se-
ñor de Chalma, de la Virgen de los Remedios,
del Señor del Sacromonte); y expresiones en
la vertiente del Espiritualismo Trinitario Ma-
riano; en el peculiar culto a la Santa Muerte
(en el Distrito Federal); en los antiguos ri-
tuales indígenas del culto a los volcanes (en
Morelos), en los santuarios de Huejotzingo,
Tepalcingo y de otros asentados en Cholula,
Puebla, Tonantzintla y Ocotlán en Tlaxcala,
por mencionar algunos.
Para completar el panorama en esta sección
los autores contextualizan la presencia histó-
rica de la iglesia Católica y sus diversas ex-
presiones y estrategias de evangelización con
impactos variados en distintas circunscripcio-
nes. En la Diócesis de Tulancingo vemos los
acotados espacios que ha tenido la teología de
la liberación, y más tarde de la teología in-
dia, que ha pretendido, nos dice Garrett, "en-
contrar a Cristo" en las expresiones culturales
autóctonas, con el objeto de reinterpretarlas y
apropiárselas, y las cuales han tenido relativo
éxito. Sin embargo, el quehacer diocesano en
esta región no se ha visto como una recatoliza-
ción de las comunidades sino como un interés
diocesano para disminuir la tendencia hacia la
disidencia religiosa. Por el contrario, para los
estados de México, el Distrito Federal, Pue-
bla, Morelos y Tlaxcala la teología indígena,
nos dice Garma, "simplemente es inexisten-
te". Finalmente, como en todos los trabajos de
este libro, los autores presentan una apreta-
da pero ilustrativa síntesis de la emergencia y
crecimiento de los protestantismos históricos
que tienen una presencia de más cien años en
la región y, al igual que en otras regiones de
México, la llegada más tardía de los pente-
costalismos y de las recién llamadas iglesias
bíblicas no evangélicas.
Ca 3ítu I o y
as religiones del al ip ano Censa de Véxico y s
e _ornos anexos: una egic'r de creencia en co
Dr. Carlos Garma
a
A la memoria del D r Manuel Marzal
Introducción
e ha señalado que las regiones
son para los científicos sociales
algo parecido a lo que el etnó-
logo Claude Levi-Strauss escri-
be que los animales son para los
pueblos autóctonos; no sólo son útiles, sino ade-
más son buenos para pensar. Al respecto, cabe
pasar a una referencia bíblica, dado que nuestro
tema es precisamente las religiones. En el G é—
nesis versículo 19, Dios le pide a Adán que le dé
un nombre a todos los animales. Así comienza
según la tradición judeocristiana el trabajo aho-
ra científico de la clasificación de los habitantes
vivos del mundo. Para ello se notan las seme-
janzas y diferencias, sustracciones y adiciones,
atracciones y rechazos, diversidad y unidad.
Con este metafórico inicio, empezamos nuestra
tarea asignada.
Como punto de partida es necesario acla-
rar qué se entiende por región. De los diversos
enfoques, me parece que para los propósitos
de este texto la definición básica del conno-
tado antropólogo Guillermo Bonfil es la más
adecuada:
La región cultural es la expresión espacial, en un
momento dado, de un proceso histórico. Cada
época va dejando su huella, su impronta, en un
ámbito geográfico cualquiera; pero esa huella, aun
cuando los acontecimientos históricos sean de
[...] [índole] nacional y afectan a todas las loca-
lidades, no es la misma en cada zona [...]. En ese
proceso histórico ha ocurrido una serie de trans-
formaciones; algunas de ellas son globales o gene-
rales, es decir, afectan diferencialmente a toda la
sociedad, en tanto que otras son las transformacio-
nes particulares, localizadas espacialmente y cuyas
consecuentes modificaciones culturales alcanzan a
expresarse sólo en un área o en ciertas localidades
(Bonfil, 1973: 171).
Dentro de la conformación de una región en-
tra una serie de factores diversos: ambientales,
económicos, políticos, de clases sociales. Sobre
estos aspectos, De la Peña (1988) destaca la im-
portancia de las representaciones y las configu-
raciones simbólicas compartidas en los estudios
sobre las regiones. En un trabajo posterior, sub-
raya que la diversidad religiosa se comprende
mejor a partir del análisis de los contextos re-
gionales (De la Peña, 2004). Lomnitz (1995), a
su vez, destaca cómo la región cultural implica
la interacción simbólica de significados, que son
compartidos y tienen un papel importante en la
construcción de identidades. Esto no implica
una homogenización, sino más bien la posibili-
dad de articular diferencias que son entendidas
por los sujetos sociales desde su contexto. "La
producción de significados siempre depende
de contextos simbólicos preexistentes, y si estos
contextos difieren para cada grupo cultural o
incluso para individuos que ocupan posiciones
diferentes en un mismo grupo, se concluye que
aun las interpretaciones de los signos compar-
tidos [...] [regionalmente] tienen que variar",
(Lomnitz, 1995).
Desde su trabajo pionero sobre la regionaliza-
ción cultural de México, Guillermo Bonfil planteó
la necesidad de una investigación como ésta que el
lector o la lectora tiene en sus manos:
Si se toman como criterio los aspectos de la cultura,
podría hacerse una regionalización [...] [basada en]
la religión: ¿cómo se expresa espacialmente la reli-
gión en México? ¿Dónde hay catolicismo y dónde
protestantismo? ¿Dónde hay variantes de catolicis-
mo popular? ¿Dónde sobreviven elementos de las
religiones prehispánicas? [...]. En otro orden, los
santuarios y las peregrinaciones que son de enorme
importancia en México como factores de relación
y como mecanismos de identidad, también tienen
que entenderse en términos regionales ya que ge-
neran un ámbito de interrelación que no es ni local
[...] [ni] nacional (Bonfil, 1973: 176 y 178).
El centro de México es un escenario de procesos
sociopolíticos y culturales en donde la religión ha
tenido un papel destacado. Sin duda, ha sido un
escenario en el que dichos elementos han con-
formado el destino del país entero. La religión
siempre ha tenido un aspecto importante en los
diferentes procesos históricos decisivos que han
moldeado la región. Mencionaré de forma dia-
crónica y brevemente algunos de estos contex-
tos: 1) Una concentración elevada de población
indígena en los valles y zonas lacustres alrede-
dor de los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl,
con rituales y creencias propias. 2) El estableci-
miento de una capital colonial virreinal que unía
los poderes imperiales con los eclesiales en una
estructura de gobierno que perduró tres siglos.
3) La rivalidad entre dos centros urbanos por la
administración eclesial: la ciudad capital y la ciu-
dad fundada como Puebla de los Ángeles. 4) El
reconocimiento de la Virgen de Guadalupe co-
mo santa patrona, ya no sólo de la ciudad capital,
sino como símbolo de una nueva nación inde-
pendiente. 5) La pugna entre sectores liberales y
conservadores haciendo que desde la Ciudad de
México, que destaca como un espacio donde la
laicidad y secularización, se difundan estos valo-
res a otras partes de la nación. 6) El crecimiento
sostenido de la zona metropolitana amplia, que
abarca actualmente tanto al Distrito Federal, el
Estado de México y parte de Morelos, y que atrae
migrantes que presentan nuevas necesidades es-
pirituales que son un reto para las iglesias. 7) La
consolidación de una gran diversidad religiosa
en el interior de esta región, que varía según la
entidad federativa.
En los apartados que siguen se describirá la
situación actual de la religión según cada estado
de la región centro.
Distrito Federal
El porcentaje católico es todavía alto, 90.3%, pe-
ro hay varios factores que se deben considerar. En
números son 7 738 307 fieles de cinco años o más.
Esta cantidad hace que la Arquidiócesis Primada
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de México sea la unidad territorial administrati-
va más poblada de la iglesia Católica del mundo
(sólo se le acerca la Arquidiócesis de Sao Paulo,
Brasil). Fue fundada el 2 de septiembre de 1530
por una bula del Papa Clemente vii, abarcando
toda la Nueva España. Actualmente su territorio
comprende todo el Distrito Federal (véase www.
arzobispadomexico.org). La organización insti-
tucional que posee es compleja. A su frente está
el cardenal Norberto Rivera Carrera. Está divida
en ocho vicariatos o zonas pastorales, cada uno
de las cuales se encuentra bajo el cuidado de un
obispo auxiliar. Son los siguientes: Santa María
de Guadalupe, Cristo Rey, San Miguel Arcángel,
San Pedro Apóstol, San José, San Pablo Apóstol y
San Juan Bautista. Cada uno se divide, a su vez, en
decanatos, que se conforman por parroquias, uni-
dad básica administrativa católica. También exis-
ten oficinas de pastoral social en cada vicariato. La
arquidiócesis tiene comisiones de Pastoral Juvenil,
Comunicación Social, Pastoral Educativa y Movi-
mientos Laicales, entre otras. Aparte, hay diversas
órdenes religiosas, tanto masculinas como feme-
ninas, que tienen una presencia fuerte en la ciudad
capital. El nuncio papal, representante de la Santa
Sede, reside en el D.F. La catedral de México, la
mayor del país, posee las reliquias de San Felipe de
Jesús, quien murió como mártir en Japón en 1597.
Es el santo patrón de la ciudad y hasta hace poco
era el único santo del país.
El peso del guadalupanismo es muy fuerte to-
davía en la ciudad, donde se ubica el santuario del
Tepeyac, al norte del valle de México, actualmen-
te dentro de la ciudad en la delegación Gustavo
Madero. El santuario de la Virgen de Guadalupe
es administrado por la Arquidiócesis Primada de
la Ciudad de México, bajo cuidado del cardenal
Norberto Rivera Carrera y anualmente recibe
millones de peregrinos de todo el mundo cató-
lico. Sin duda, es el espacio de devoción mariana
más importante del país y probablemente de to-
da Latinoamérica (Garma, 1994). El papel sim-
bólico del guadalupanismo en la construcción
nacional de la identidad mexicana ha sido seña-
lado ampliamente (De La Peña, 2004; Lafaye,
1977; Turner y Turner, 1978; Vázquez, 2001) y
no es necesario retomarlo aquí. Gran número de
barrios y pueblos originales del valle de México,
así como asociaciones laborales y gremiales muy
diversas, peregrinan anualmente a este santuario.
La basílica recibe también un número crecien-
te de visitantes de otros países, sobre todo de la
población latina que reside en Estados Unidos.
El 30 de julio de 2002, el Papa Karol Wojtyla
canonizó a Juan Diego Cuauh-tlatoatzin, quien
según la tradición popular fue a quien se le apa-
reció la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre
de 1531 en el cerro del Tepeyac. Sin embargo, el
proceso de canonización mismo fue controver-
tido, debido a las dudas sobre la existencia his-
tórica misma del visionario náhuatl, expresadas
incluso por algunos sacerdotes católicos que son
historiadores reconocidos (Olimón, 2002). En
contraste con la veneración masiva guadalupana,
la devoción a San Juan Diego no ha tenido ma-
yor repercusión en la capital ni en el país (Zires,
2004).
El crecimiento católico se ha rezagado y dis-
minuye progresivamente en la capital del país,
sobre todo a partir de la década de los setenta
del siglo pasado, bajando desde entonces seis
puntos porcentuales hasta la fecha. El periodo
de mayor disminución de la población católica
se da entre los años setenta y ochenta. Cabe se-
ñalar que esto coincide con un periodo de fuer-
te migración interna a la capital (Nivón, 1998).
La movilidad rural-urbana se ha asociado con el
cambio religioso por varios especialistas (Mar-
zal, 2002; Odgers, 2006).
Aunque su porcentaje no sea tan alto como
otras entidades federativas, numéricamente la
cantidad de no católicos del Distrito Federal sí
es fuerte. Son más de 460 000 personas de cinco
años o más. La diversidad religiosa es la más am-
plia del país según el INEGI.
En comparación con el resto de las entidades fe-
derativas, el Distrito Federal cuenta con el mayor
número de asociaciones religiosas registradas an-
te la Secretaría de Gobernación: 978 A. R. de un
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total de 5 717 registradas [...] [en el país]. Ello
obedece, entre otros factores, a la densidad pobla-
cional, por lo que no se puede dejar de considerar
los factores históricos, culturales y políticos que
han hecho del D.F. , junto con los estados fronte-
rizos, la sede nacional de diversas iglesias o deno-
minaciones religiosas" . (Landázuri, et. al., 2006).
Entre las religiones minoritarias particulares que
se encuentran en el D.F. están la Judaica, la Bu-
dista, la Islámica, la Nativista, la Espiritualista y
asociaciones esotéricas diversas, cuya importancia
es social más que numérica; destaca el Espiritua-
lismo (12 269 adeptos) que se concentra en el sec-
tor popular, y el Judaísmo (18 380 adeptos) en los
sectores de clase alta. A este respecto, cabe señalar
que 40 por ciento de la población judía reside en
el Distrito Federal, siendo ésta la concentración
numérica más importante del país. Hay cinco co-
munidades o congregaciones judías grandes en el
D.F., y son: Ashkenazi, Sefaradi, Alepo, Sinai y
Bet El (Gojman y Hamui, 1997).
Algunas iglesias protestantes tienen más de
cien años de existencia en el D.F.; por ejemplo, los
presbiterianos, bautistas y metodistas, destacando
sobre todo los esfuerzos de esta última denomina-
ción. La Iglesia anglicana se funda en la capital en
1869. La primera Iglesia metodista del centro del
país se estableció en 1873, mediante la compra de la
capilla del ex convento de San Francisco en el cen-
tro de la Ciudad de México. Este espacio religioso
funciona aún actualmente en la calle de Gante, co-
mo espacio de culto de dicha asociación religiosa.
El mismo año, misioneros presbiterianos estable-
cieron congregaciones entre los obreros textiles de
Tlalpan y Tizapán (Bastian, 1989). Después del
establecimiento de iglesias individuales por todo
el país, se funda en 1903 la Convención Nacional
Bautista en la capital. La Ciudad de México fun-
cionaba como un centro de difusión importante
del protestantismo hacia otras ciudades y regiones
del país. La misionera danesa Anna Sanders fun-
daría el primer templo de las Asambleas de Dios
en 1921, ubicado en la colonia Morelos, trayendo
así el pentecostalismo a la capital del país (Garma,
2004). Otra asociación pentecostal importante, la
Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, tiene ya
un pastor en la capital en 1938 (Gaxiola, 1994). La
Iglesia Cristiana Interdenominacional, cuya sede
se encuentra en la colonia Portales, tuvo su origen
en 1922. En 2000, según los datos censales de ese
año, 3.6% de la población del D.F. de cinco años o
más se ubicó como protestante o evangélica. Se-
gún el INEGI son 277 400 personas, sin duda un
número significativo en sí.
La Ciudad de México es un lugar importan-
te para la formación de ministros de culto que
provienen de todo el país. Hay varios seminarios
católicos importantes y la Universidad Pontificia,
que se ubica en la delegación Tlalpan. Tan sólo
la Arquidiócesis Primada tiene siete seminarios
bajo su cargo. Existen numerosos conventos y
casas de formación de órdenes religiosas. Ade-
más, se ubican en la capital numerosos semina-
rios protestantes y evangélicos de tendencias muy
diversas, distribuidas en diferentes sectores de la
ciudad, entre los cuales destaca por sus tendencias
ecuménicas, el Seminario Teológico Bautista. Las
librerías religiosas son también comunes en la zo-
na urbana, particularmente en las inmediaciones
de las iglesias o templos.
En el Distrito Federal, 103 885 personas de
cinco años o más fueron ubicadas como afiliadas
a asociaciones bíblicas no evangélicas. Sin embar-
go, el porcentaje con respecto al total es muy bajo:
1.3% del total de la población. Hay presencia tanto
de adventistas del séptimo día, mormones y sobre
todo de testigos de Jehová. Esta agrupación tiene
74 140 adeptos reportados censualmente en la ciu-
dad capital, pero su impacto social es fuerte debido
a la práctica de proselitismo de puerta en puerta co-
nocido internamente como "publicación7 (Garma,
1994). Por otra parte, la sede nacional de los Santos
de la de Jesucristo de los Últimos Días, común-
mente conocidos como mormones, se encuentra al
norte de la ciudad, al lado del Bosque de Aragón.
Según los datos del Instituto Nacional Indi-
genista, hay 301 247 personas mayores de cinco
años en el D.F. que son indígenas (Serrano, et.
al., 2002). La mayoría son migrantes de comu-
nidades rurales, aunque hay pueblos originarios
nativos de habla náhuad en las delegaciones de
Milpa Alta y Tláhuac. Entre las personas indí-
genas del D.F., 87.7% (264 225 en número) se
consideran católicos y 5.3% (15 860) son protes-
tantes o evangélicos. Las personas "sin religión"
de esta categoría son 3.4% (10 356). Las iglesias
"bíblicas no evangélicas" tienen 1.8% (5513), li-
geramente superior al promedio general de la ca-
pital. Las personas restantes se ubican entre "no
especificado" y "otras religiones". La correlación
positiva entre etnicidad y cambio religioso sin
duda aparece en la población indígena de la zona
metropolitana, sobre todo con respecto al paso al
protestantismo, que es mayor porcentualmente
entre los hablantes de una lengua nativa amerin-
dia con respecto a la población general capitalina
(5.3% vs. 3.6%). No es casual que sean las de-
legaciones Iztapalapa y Gustavo Madero, donde
hay una presencia fuerte de migrantes en asen-
tamientos populares, las que tengan los números
más altos de personas indígenas identificadas co-
mo protestantes y evangélicas; 4759 para la pri-
mera y 2148 para la segunda. Cabe señalar que
Iztapalapa tiene por sí sola casi la tercera parte de
todos los indígenas capitalinos protestantes.
Es relevante mencionar que existen agrupa-
ciones religiosas cuyos miembros fueron ubica-
dos como católicos, pero cuyas prácticas rituales y
creencias los apartan realmente de las tendencias
básicas de este credo. De esta manera hay un sub-
registro del Espiritualismo Trinitario Mariano,
que es la vertiente mexicana del espiritualismo y
cuyos orígenes se dan a partir de su fundación en
Iztapalapa en 1861 (Ortiz, 1990). Esto se debe a
que entre sus adeptos hay muchas personas toda-
vía que prefieren ubicarse como católicos, dado
que el término espiritualista no tiene la misma
aceptación social. Al seguidor espiritualista no se
le exige abandonar la asistencia a las ceremonias
católicas, mientras que a un evangélico, protes-
tante, mormón, adventista o testigo de Jehová sí
se le pide abandonar ritos ajenos a su credo. Ortiz
(1990) señala que la mayor parte de los curande-
ros urbanos del D.F. practican el espiritualismo.
Un caso parecido se da en el culto de la Santa
Muerte, agrupación que tiene un origen institu-
cional muy reciente, pero que cuenta con muchos
adeptos en Tepito, Iztapalapa y el centro del D.F.,
donde se encuentran numerosos santuarios popu-
lares dedicados a la imagen de un esqueleto huma-
no con una túnica y guadaña, que tiene atributos
mágicos, según sus seguidores (Gutiérrez, 2005;
García, 2006). Debido a que comúnmente se aso-
cia en los medios de comunicación con la delin-
cuencia y el narcotráfico (aunque es importante
señalar que sus adeptos no necesariamente man-
tienen estas actividades), muchos de estos creyen-
tes (los que creen en la Santa Muerte) se ubican
simplemente como católicos populares. La única
asociación religiosa centrada en su propagación,
la autodenominada iglesia Católica Tradicional
México-usa, perdió su registro recientemente,
en 2006. Las autoridades de la iglesia Católica (la
mayoritaria, que sigue al pontífice de Roma) han
condenado con vehemencia el culto de la Santa
Muerte como una herejía, lo cual contrasta con la
manera en que ignoran el espiritualismo.
Por otra parte, hay indicios de seculariza-
ción creciente en el D.F. El número de personas
que declararon no tener religión en 2000 fue de
223 066, una cantidad numérica importante. Si
bien el total del porcentaje de personas sin religión
en el D.F. fue de 3.0%, cabe notar que la distribu-
ción de los no creyentes varía según las distintas
delegaciones, siendo la más alta la de Benito Juá-
rez (4.9%) y la más baja la de Cuajimalpa (1.7%)1.
1  El término secularización es polisémico y puede tener muchos significados. Dobbelaere (1994) señala entre sus contenidos los si-
guientes elementos: 1) Pérdida de la religión. 2) Laicidad, entendida como separación de Iglesia y Estado. 3 ) Ubicación de lo religioso
en la esfera de la vida privada. 4) Avance del pluralismo religioso. Estos elementos no se tienen que dar todos en un caso específico;
pueden darse algunos y otros no. Se ha discutido la secularización desde una perspectiva europea en diversos autores como Hervieu-
Legar (2005) Martin (1978) y Díaz-Salazar, Giner y Velasco (1994). Una crítica centrada al concepto de secularización desde una
perspectiva latinoamericana se encuentra en Parker (1996).
Hay otro factor pertinente que se puede con-
siderar. El promedio de hijos vivos nacidos de
mujeres de 15 a 64 años por familia en el Distrito
Federal es el más bajo del país, según los datos
del INEGI ubicados en su página de Internet. La
cifra es de 2.0, lo cual implica dos hijos por fa-
milia. Esto se asocia a un alto grado de urbani-
zación de la localidad y un alto nivel educativo
del sector femenino. Algo que este dato muestra
además es que sí hay una aceptación amplia de
los métodos contraceptivos en la capital del país,
en contra de las normas y preceptos sostenidos
por las autoridades de la iglesia Católica sobre la
reproducción humana. Por lo tanto, hay flexibi-
lidad entre numerosos creyentes en la aplicación
de la normatividad oficial promovida por los mi-
nistros de culto de la religión mayoritaria (Blan-
carte, 1992). Diversas encuestas han señalado
que en comparación con otras ciudades grandes
del país, como Monterrey, Guadalajara y Pue-
bla, los capitalinos son los menos asiduos a las
prácticas del catolicismo oficial y los que aceptan
más la restricción de la religión a la vida privada
(Al, 1998). En este sentido, no es una casualidad
que la despenalización del aborto, aprobado por
la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en
abril de 2007, se diera en esta ciudad de la repú-
blica y no en cualquier otra.
Hay cierta variación dentro de la afiliación
religiosa en las distintas delegaciones. Iztapa-
lapa posee la mayor diversidad religiosa. Cabe
recordar que es una delegación con un número
muy alto de migrantes y una gran densidad po-
blacional. Milpa Alta, que es la delegación más
rural del Distrito Federal, posee la diversidad
religiosa más baja y la mayor población católica
de esta entidad federativa.
Estado de México
El porcentaje de población católica es alto:
91.2%. En esta entidad federativa el censo de
2000 ubicó dentro de esta categoría a 10 122 231
personas. Sin embargo, sí se ha dado una baja
progresiva de afiliados a este credo en décadas
recientes. Cabe señalar que actualmente hay una
gran diversidad de asociaciones religiosas regis-
tradas, que son 317 en número (Casillas, 2005).
En 1960, la pertenencia al catolicismo era casi de
98 por ciento, pero a partir de la década de los
setenta del siglo pasado la disminución de po-
blación católica ha sido progresiva. Al igual que
en el Distrito Federal, en el Estado de México, el
periodo donde la desafinación al catolicismo es
más importante es la década de los años setenta
a los ochenta y puede relacionarse con la inten-
sa migración a la zona conurbada alrededor de
la zona metropolitana de la Ciudad de México
durante este periodo (Nivón, 1998).
Después de Veracruz, el estado de México
es la entidad federativa con el mayor número de
diócesis del país. Tiene un total de siete, lo cual
contrasta con la organización unificada de la ve-
cina Arquidiócesis Primada de México. La ciu-
dad de Toluca tiene ciertamente una diócesis y un
obispo titular; sin embargo, no es la más impor-
tante del estado. La arquidiócesis se encuentra
en Tlalnepantla, en la zona conurbada cercana a
la capital. Esta región metropolitana tiene ade-
más las siguientes diócesis con sus respectivos
obispos: Ecatepec, Texcoco, Valle de Chalco,
Nezahualcóyotl y Cuautitlán. Esta administra-
ción territorial se explica por el reconocimiento
que la iglesia Católica le da al gran número de
población que está concentrada en la zona urba-
na metropolitana contigua a la capital y que tiene
necesidades sociales y espirituales particulares
por las condiciones de vida que enfrenta.
Hay un importante santuario católico: Chal-
ma, localizado en el municipio de Malinalco, que
está cerca de la frontera con Morelos, en el sur del
estado. El santuario del Señor de Chalma (que es
una imagen oscura de Cristo) es administrado por
la orden de los agustinos y recibe múltiples pere-
grinaciones de todo el país diariamente durante
todo el año (Shadow, 2001). El Santuario de la
Virgen de los Remedios, localizado en el munici-
pio de Naucalpan, cerca del Distrito Federal, llegó
incluso a rivalizar en importancia al Santuario del
Tepeyac durante el periodo colonial, destacando
la imagen como la santa patrona de la población
hispana del valle de México (Turner, 1978). Ac-
tualmente su área devocional es sólo local (Cor-
tés, 2004). Por último cabe mencionar el Señor
del Sacromonte, en el municipio de Amecameca.
Esta figura de Cristo se ha asociado con el culto
prehispánico de los volcanes y tiene cierta impor-
tancia entre la población local.
Hay varios seminarios católicos y órdenes reli-
giosas en esta entidad, tanto en Toluca como en la
zona conurbada, donde destaca al respecto Tlalne-
panda, que es la sede de la arquidiócesis estatal.
Hay un alto número de protestantes en el
estado, 423 068 personas de cinco años o más,
aunque su porcentaje (3.8%) no sea tan alto como
en otras entidades federativas del país. El primer
templo protestante del Estado de México se es-
tablece por misioneros presbiterianos en 1876
en Toluca, la capital de la entidad. En los años
siguientes habría congregaciones metodistas y
presbiterianas en Amecameca, Chalco, Mira-
flores, Texcoco y Ozumba, que eran localidades
comunicadas por ferrocarril con la capital del país
(Bastian, 1989).
Actualmente, existe una presencia fuerte de
minorías religiosas en la zona mazahua-otomí
del estado. Esto se da sobre todo en los muni-
cipios de Ixtapan del Oro, Ixtlahuaca, Morelos,
Jiquipilco, Donato Guerra y San Felipe del Pro-
greso (Castro, et. al., s/f). También hay población
mestiza en toda esta área interétnica, sobre todo
en las cabeceras municipales, aunque es notable
la población indígena en todas estas localidades,
si bien un poco menos en Ixtapan del Oro (Oeh-
michen, 2005). En estos seis municipios rurales
destaca una fuerte presencia de protestantes y
evangélicos, con porcentajes entre 29 y 10 por
ciento. Ixtapan del Oro tiene el más alto porcen-
taje de protestantes en el estado, 29 por ciento,
y el porcentaje más bajo de católicos en la enti-
dad federativa, 71 por ciento. Cabe señalar que
esta zona ha sido afectada de forma adversa por
la migración rural-urbana, ya que la expulsión de
población es notable en ella.
Hay que mencionar otras zonas con una pre-
sencia fuerte de minorías religiosas como la zona
conurbada metropolitana que rodea al Distrito
Federal. A este respecto, son importantes: Chal-
co, Solidaridad, Nezahualcóyotl, Chimalhuacán
y Ecatepec. Esta zona particular (que destaca por
el factor de la alta migración de su población) tie-
ne un número destacado de protestantes y evan-
gélicos. Hay diversos seminarios protestantes y
evangélicos en Tlalnepantla y Nezahualcóyotl.
Este último es el municipio con el mayor núme-
ro de asociaciones religiosas evangélicas del esta-
do, 46 en número (Castro, et. al., s/f).
Los municipios de Ecatepec y Nezahualcó-
yotl tienen también una presencia fuerte de per-
sonas "sin religión" y "bíblicos no evangélicos",
que son sobre todo Testigos de Jehová, aunque
también hay mormones y adventistas. La sede
nacional de los testigos de Jehová se encuentra
en una comunidad llamada Bethel, ubicada en
el municipio de Texcoco. El Estado de México
es la entidad federativa con el mayor número de
personas afiliadas a los Testigos de Jehová en to-
do el país. Son 134 468 personas de cinco años
o más. Esta asociación religiosa tiene presencia
en todos los municipios, aun cuando su porcen-
taje no parezca notable con respecto al total de
creyentes (1.2%). Aquí destaca su crecimiento
entre la población urbana migrante.
La tercera parte de la población judaica del
país se encuentra en el Estado de México. Son
14 084 personas en total. Hay una concentra-
ción fuerte en Huixquilucan, donde además se
encuentra la Universidad Hebraica. Si bien en
términos numéricos la población judía es muy
pequeña, dada su inserción en los estratos altos
de la sociedad, se debe señalar que su influen-
cia social, tanto en el campo cultural como en el
económico, es fuerte.
En el Estado de México 197 693 personas
mayores de cinco años declararon no tener una
religión, pero su porcentaje no es alto: apenas
1.8% del total de la población.
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Morelos
Esta entidad federativa tiene el porcentaje más
bajo de católicos de la zona centro, 84 por cien-
to del total de la población. El 16 por ciento de
la población no se considera católica.
Se ha dado un descenso histórico impor-
tante del catolicismo. Desde 1920 hay una ten-
dencia constante al descenso en el número de
afiliados a la religión mayoritaria. A diferencia
de otras entidades del centro, en Morelos la
pérdida de población católica no ha variado
tanto en las últimas décadas, con una dismi-
nución notable de cuatro por ciento cada diez
años, desde los años setenta hasta los noventa.
El estado no tiene un santuario católico
destacado. La diócesis tiene su sede en Cuer-
navaca, capital del estado, y está bajo el cargo
de un obispo titular. El catolicismo en Morelos
ha pasado por distintas tendencias pastorales,
dependiendo de sus obispos en turno. Por ejem-
plo, la teología de la liberación y las comunida-
des eclesiales de base fueron impulsadas por el
obispo Sergio Méndez Arceo, durante su largo
periodo de gestión (1952-1982), durante el cual
tuvo cierto reconocimiento como representante
de la izquierda eclesial. Sin embargo, su sucesor,
el obispo Juan José Posadas Ocampo impulsó
una línea mucho más conservadora, moviendo
y reemplazando muchos de los sacerdotes que
tenían la orientación pastoral "comprometida"
(Ai, 1998). Posadas Ocampo sólo estuvo cin-
co años frente a la diócesis, pasando después a
ser nombrado cardenal de la Arquidiócesis de
Guadalajara, donde murió trágicamente. Algu-
nos especialistas consideran que tales disputas
fragmentaron y debilitaron el campo católico
en Morelos, favoreciendo el desarrollo de la di-
sidencia religiosa y el pluralismo de las creen-
cias (De la Peña, 2004; Fabre, 1986).
Morelos es un estado muy heterogéneo
en cuanto a diversidad religiosa, que contiene
asociaciones religiosas muy diversas. El pro-
testantismo se establece en Morelos a prin-
cipio de la década de 1880 en el municipio
de Jojutla, cerca de Guerrero. Inicialmente, su
difusión es lenta comparada con otras regio-
nes (Bastian, 1989). Actualmente, 7.3% de la
población de más de cinco años es protestan-
te o evangélica y su número de 97 860. Las
iglesias pentecostales y evangélicas aún tienen
una presencia fuerte en el sur del estado, en
Tlaquiltenango, Tlaltizapán y Jojutla, así co-
mo un poco más al este en Tepalcingo. És-
tas son todas localidades rurales. De la Peña
(2004) anota la difusión extensa de agrupa-
ciones protestantes en el estado. Existen dos
seminarios evangélicos importantes en la ciu-
dad de Cuernavaca.
Algunos grupos religiosos tienen porcenta-
jes altos, especialmente los de otras evangélicas,
con 4.4%. En esta adscripción se ubicaron en el
censo a 58 123 personas; 41 258 personas fueron
ubicadas como afiliados a "religiones bíblicas no
evangélicas", con un porcentaje de 3.1%. Aquí
27 084 personas se ubicaron como testigos de
Jehová, cuya presencia más alta se encuentra en
Cuernavaca, Temixco, Jiutepec y Cuautla, que es
una región relativamente urbana, donde además
hay una presencia fuerte de grupos protestantes
y evangélicos (Osorio, 2005).
La población que se declaró "sin religión" fue
de 57 461 personas, con un porcentaje de 4.3%,
que es el más alto para el centro del país. Este
sector se ubica en todo el estado y en todos los
municipios. Cabe señalar que en las entidades
federativas donde hay un pluralismo religioso
creciente, suele darse también un aumento en el
número de personas no afiliadas a una religión
(Bowen, 1996; Garma, 2004).
A diferencia de otros estados, en Morelos no
hay una relación entre etnicidad y cambio reli-
gioso. Cabe señalar que la población indígena
de por sí es muy limitada en esta entidad fede-
rativa. Esto se debe sobre todo a la pérdida de la
lengua náhuatl que se dio en todo el estado a lo
largo del siglo pasado. Hay algunas comunida-
des donde se habla todavía náhuatl: en los mu-
nicipios de Puente de Ixtla, Tepoztlán y Tetela
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del Volcán. Si bien hay presencia de minorías
religiosas en todas las poblaciones arriba men-
cionadas, su situación no es diferente al resto del
estado. Cabe señalar que en diversas localidades
de Morelos se mantienen los antiguos rituales
indígenas del culto a los volcanes (Paulo Maya,
1989, Morayta, et. al., 2003).
Puebla
Tiene un porcentaje muy alto de católicos,
91.6%,y según el censo de 2000 fueron 3 973 386
personas las que se ubicaron como tales. Sí hay
un descenso en el crecimiento de la religión
mayoritaria desde 1970, igual que en otras en-
tidades del centro del país, que sin embargo es
localizado, como veremos más adelante. El pe-
riodo de mayor pérdida de afiliación al catoli-
cismo fue de los setenta a los noventa, aunque
en la última década ha disminuido la desafilia-
ción al catolicismo.
El estado de Puebla es un lugar con un ca-
tolicismo tradicional muy fuerte, sobre todo
en la capital y en la localidad vecina de Cho-
lula (Bonfil, 1973). En estas dos localidades
contiguas hay seminarios católicos importan-
tes y conventos de varias órdenes religiosas,
algunos de los cuales incluso existen desde
la época colonial. Hay numerosas escuelas
y universidades de corte confesional en esta
zona urbana en expansión. La Arquidióce-
sis de Puebla tiene una larga historia, siendo
fundada en 1543. Se ha dado cierta rivalidad
entre Puebla y la Ciudad de México debido
a la antigüedad de sus instituciones eclesia-
les, entre otros elementos (Bonfil, 1973a), y el
apoyo a un catolicismo conservador ha carac-
terizado más a la primera frente a la creciente
secularización y laicidad de los habitantes de
la segunda, como diversos observadores han
anotado (Ai, 1998). La organización eclesial
está dirigida por un arzobispo. Hay otra dió-
cesis en el estado, en la ciudad de Tehuacán,
con obispo propio. El Seminario Palafoxiano,
que dirige la arquidiócesis, es una institución
que ha destacado como formadora de futu-
ros obispos y cardenales, junto con los semi-
narios de Guadalajara y Morelia (Ai, 1990).
Hay varios santuarios regionales, como el de
Huejotzingo, Tepalcingo y otros ubicados en
Cholula y la ciudad de Puebla, así como en
Tonantzintla, que están relativamente cerca
de la capital del estado. Durante el jubileo del
año 2000, el Papa Karol Wojtyla canonizó a
un santo poblano, el sacerdote San José María
de Yermo, hecho que realmente no ha tras-
cendido en el culto popular.
El protestantismo también tiene una larga
historia en el estado. En la ciudad de Puebla se
establece el primer templo metodista en 1873,
dentro de un espacio que era parte del edificio
antiguo de la Inquisición (lo cual sin duda tuvo
un significado simbólico). Esta denominación
también tuvo en la capital del estado una escue-
la destacada para niños, el Instituto Metodista
Mexicano, considerada una de las mejores ins-
tituciones educativas de la región (Ruiz, 1992).
Es interesante que la evangelización protestante
de la Sierra Norte de Puebla, también comienza
en este periodo, impulsada por los líderes libera-
les del área. En 1880 se crearon congregaciones
metodistas en los municipios serranos de Tetela
de O campo, Xochiapulco y Teziutlán (B astian,
1989). Sin embargo, el pentecostalismo llega a
la región serrana en los años setenta del siglo
pasado, aunque posteriormente su difusión en
las localidades de la zona es progresiva y con
el tiempo ha sido exitosa debido a la conver-
sión de miembros de los grupos étnicos locales
(Garma, 1987). A este respecto, es importante
la formación de predicadores y pastores indíge-
nas, como la aceptación de las lenguas autócto-
nas en los ritos. Además, destaca la difusión de
ritos de sanación que presentan semejanzas con
las creencias en milagros de la religiosidad tra-
dicional (Garma, 2004). El número de personas
de cinco años o más afiliado a una asociación
147
protestante o evangélica es de 188 586 perso-
nas, con un porcentaje de 4.3% del total estatal
de población.
Es conveniente constatar la existencia de
diferencias regionales importantes en el in-
terior del estado mismo, destacando aquí el
aspecto étnico de los creyentes. La diversidad
religiosa es mucho mayor en prácticamente
todos los municipios con población indígena
mayoritaria (donde más de 50 por ciento de las
personas hablan un idioma indígena o se au-
toidentifican como tal). En la Sierra Norte de
Puebla, un caso destacado es el de Zongozotla
(un municipio con población mayoritaria toto-
naca), que es de los pocos municipios del país
con una minoría católica (37.4%). Destacan en
esta localidad los protestantes (45%) y perso-
nas sin religión (16.3%). Tienen un número
alto de protestantes y evangélicos también los
municipios serranos indígenas de Ixtepec (to-
tonacos), Jopala (totonacos) y Huitzilan (na-
huas). En Ixtepec son 14 por ciento, en Jopala
17.7% y Huitzilan 16.5%. En Tepetzintla (et-
nia náhuatl) son importantes los evangélicos
con 20 por ciento. Es interesante notar que
la presencia de bíblicos no evangélicos es aún
muy reducida en la Sierra Norte de Puebla.
También hay porcentaje alto de población sin
religión en Pantepec (13%, etnia totonaca), así
como en municipios indígenas serranos de Jo-
pala (9.5%, etnia totonaca) y Tlacuilotepec (6
por ciento etnia totonaca). Como he señalado
en otra parte, es muy probable que los datos de
"sin religión" en las localidades indígenas co-
rrespondan, en parte, a los "grupos domésticos"
que practican ritos y creencias amerindias sin-
créticas conocidas como "la costumbre" (Gar-
ma, 2001). También persisten todavía rituales
sincréticos mesoamericanos vinculados al culto
a los volcanes, en localidades aisladas de esta
entidad federativa (Glockner, 1996).
En todo el estado, 60 085 personas de cinco
años o más se declararon "sin religión", con un
porcentaje bajo, de 1.4% de la población total.
Por su parte, existen varios seminarios evangé-
licos y protestantes en la ciudad de Puebla, que
atienden a los creyentes de toda la entidad.
Hay presencia protestante en el sur del
estado de Puebla (que es una zona agrícola,
étnicamente mestiza en su mayoría), cercana
a Oaxaca, aunque su fuerza no es tan notable
como en la Sierra Norte.
En Puebla, el porcentaje de personas de
más de cinco años ubicadas bajo "religiones
bíblicas no evangélicas" fue de 62 770, con un
porcentaje de 1.4%. Son cifras relativamente
bajas. Hay presencia tanto de adventistas del
séptimo día, mormones y testigos de Jeho-
vá, pero sobre todo de estos últimos, que son
42 415 miembros afiliados.
Tlaxcala
Esta entidad federativa tiene el porcentaje de
católicos más alto de la zona centro del país,
93.4%. Según el censo de 2000 fueron 846 877
personas las que se ubicaron en esta religión.
Tlaxcala se ubica entre los siete estados del país
con mayor población católica porcentual. Es
uno de los estados con menor diversidad religio-
sa. En 1990 sólo tenía 20 asociaciones religiosas
registradas, ocho de las cuales eran católicas; las
restantes son protestantes históricas (sobre todo
bautistas) y pentecostales (Casillas, 2005).
Tiene un santuario mariano de importan-
cia regional, Ocotlán. Su Virgen incluso es
la santa patrona de toda la Arquidiócesis de
Puebla. Continúa el proceso de canonización
de los tres niños mártires de Tlaxcala: Cris-
tóbal, Antonio y Juan, todos de ascendencia
náhuatl, quienes murieron en 1527, durante la
primera evangelización colonial. Fueron bea-
tificados por el Papa Karol Wojtyla el 6 de
mayo de 1990 (Vázquez, 2001); 56 de los 60
municipios tienen un porcentaje más alto de
católicos que el nacional. La disminución his-
tórica del catolicismo es mínima; apenas de
cuatro puntos en los últimos 30 años. La pér-
dida de población católica, que ha sido poca y
paulatina, no muestra variaciones importantes
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en las últimas décadas. La Diócesis de Tlax-
cala tiene su sede en la capital del estado. Está
a cargo de un obispo titular y tiene vínculos
cercanos con la Arquidiócesis de Puebla.
Se funda una congregación metodista en
1876 en el municipio de Apizaco, que era
una localidad vinculada al paso de ferroca-
rriles desde México, Hidalgo y Puebla (Bas-
tian, 1989). La ciudad de Tlaxcala tiene una
congregación metodista a partir de 1888. A
pesar de su larga historia, el protestantismo
en general no ha logrado prosperar mucho
en esta entidad. El número de personas ma-
yores de cinco años que se afiliaron a grupos
protestantes y evangélicos fue de 24 200, re-
sultando 2.9% de la población. Es interesan-
te que hasta la fecha actual, la mayoría de las
agrupaciones evangélicas y protestantes de
la entidad todavía se encuentren en las ciu-
dades de Tlaxcala y Apizaco, que son loca-
lidades cercanas entre sí. La presencia de la
iglesia Bautista es importante en el estado.
Hay también algo de diversidad en San-
ta Cruz Quietla, que se ubica entre la capi-
tal del estado y Apizaco. Santa Cruz es el
municipio con mayor número de testigos de
Jehová. El número de personas que fueron
ubicadas como "bíblicas no evangélicas" fue
de 12 103, con un porcentaje de 1.4% de la
población total. Ambas cifras son bajas en
comparación con otras entidades federati-
vas. Hay 9875 personas que pertenecen a los
Testigos de Jehová.
Aún más reducidas son las cifras para perso-
nas "sin religión"; en todo el estado sólo fueron
8174, con un porcentaje de 1.0 del total.
Siendo un estado relativamente pequeño,
no es sorprendente la escasa variación que
existe en su territorio con respecto a la reli-
gión. Debido a la pérdida generalizada de la
lengua náhuatl, hay poca diversidad étnica en
la entidad (Nutini, 1974), aunque hay trabajos
antropológicos que reportan la persistencia de
rituales indígenas en la zona de los volcanes
(Guevara, 2004).
149
Mapa 5.1
Porcentaje de "católicos" por municipios/delegación, 2000
Porcentaje de "católicos", 2000
O - 1.0 0
1.0 1 - 2 .0 0
2 .0 1 - 7.0 0
7.0 1 - 17.0 0
17.0 1 - 53.0 0
Veracruz
Oaxaca
Kilómetros
F uen te: Elaborado por Alberto Hernández y Carlos V. Ruelas basado en los datos del proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_NE)", a partir de los CGPYV, !NEO 1950-2000.
Mapa 5.2
Porcentaje de "no católicos" por municipios/delegación, 2000
40
I  I
40 20
I  I
I
Porcentaje de "no católicos", 2000
0 - 4.0 0
4.0 1 - 7.0 0
7.0 1 - 12 .0 0
12 .0 1 - 30 .0 0
30 .0 1 - 62 .0 0
Kilómetros
Fuente: Elaborado por Alberto Hernández y Carlos V. Ruelas basado en los datos del proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_NE)", a partir de los CGPYV, INEGI 1950-2000.
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151
Conclusión
Es pertinente ahora hacer algunas observaciones
finales sobre la religión en el Ccentro del país.
Destaca la heterogeneidad que presenta, con mo-
dificaciones importantes de un estado a otro. Esto
confirma que la regiones no presentan un aspecto
homogéneo, como señala Lomnitz (1995), citado
al inicio de este texto. Estas diferencias pueden
ser comprendidas como multicausales; no pue-
den ser entendidas basadas en un solo factor, sino
por la interacción de una diversidad de factores.
Después de todo, esto es una característica de los
sistemas de creencias en las sociedades actuales
(Hervieu, 2005). La diversidad religiosa implica
diferentes procesos de desarrollo en contextos es-
paciales distintos (De la Peña, 2004).
La Ciudad de México presenta un caso espe-
cial, dado que es el núcleo de la región, sobre todo
politica y administrativamente, desde hace por lo
menos quinientos años. La gran cantidad numéri-
ca de creyentes católicos que la habitan es notable,
pero como grupo social presenta elementos pro-
pios. Los habitantes del D.F. son muy tolerantes
con las diferencias y aceptan la convivencia con las
minorías, que se multiplican entre su población.
La composición tan heterogénea de los habitantes
de la capital, que han recibido a muchos migran-
tes, le ha dado a la ciudad elementos de una multi-
culturalidad creciente (Nieto, 1998). Los católicos
de la capital se pueden tipificar como "católicos a
su manera", según la frase memorable del sociólo-
go Christian Parker (Parker, 2002). Muchos son
adeptos a la religiosidad popular y la Virgen de
Guadalupe tiene un peso simbólico importante
en la ciudad. Sin embargo, la mayoría ve con des-
confianza a las instituciones eclesiales y defienden
el Estado laico y la secularización, entendida esta
última como la restricción de la religión a la vida
privada (Blancarte, 1992). Sin duda, faltan más
estudios sobre el Estado de México al respecto
que, dado su cercanía a la capital, curiosamente no
ha recibido la atención que merece.
La posición de la ciudad de Puebla con res-
pecto a la religión permite ver una contraposición
con respecto a la capital del país. Este contraste es
ya histórico y es parte de una rivalidad centenaria,
donde la Ciudad de México obtuvo una superio-
ridad politica, administrativa y económica. Sin
embargo, desde el punto de vista del catolicismo
tradicional, sin duda no obtuvo la supremacía es-
piritual. La ciudad de Puebla continuó como un
bastión del conservadurismo religioso dentro de
la región. A su lado estaba Cholula, de la que se
decía que tenía una iglesia por cada día del año.
Esto incluso aparece en una polémica sobre cúal
es la diócesis más antigua del país, que se puede
notar en las páginas Web respectivas de las ar-
quidiócesis de México y de Puebla. La rivalidad
se expresa también en la importancia de tener sus
propios santos. El D.F. tiene a San Felipe de Je-
sús, mientras que Puebla tiene al beato Sebastián
de Aparicio o a San José María de Yermo (San
Juan Diego Cuauhtlatoatzin, según la tradición,
es mexiquense; nació en Ecatepec o Cuautitlán,
aunque los datos no son certeros). La religiosidad
colonial marcó a la urbe poblana, que fue conocida
también durante un tiempo como la "Angelópo-
lis". Esta herencia cultural se mantiene, a pesar de
los cambios recientes de urbanización y concen-
tración metropolitana que afectan al estado, que lo
acercan más socialmente a la ciudad capital.
Es importante notar aquí el papel que tiene la
etnicidad con respecto a la diversidad religiosa. En
tres entidades federativas, D.F., Estado de México
y Puebla, es claro que las personas que se identifi-
can como indígenas presentan un mayor número
de miembros de minorías religiosas. He notado
en otros escritos los aspectos de las disidencias
religiosas, especialmente las iglesias pentecosta-
les, que los hacen atractivos para los creyentes de
origen indígena (Garma, 1987; Garma, 2001). Sí
se ubica claramente que la iglesia Católica tiene
problemas en llevar su mensaje a las comunidades
autóctonas. Es útil recordar, como lo demuestra
sólidamente, Al Camp (1998), que la gran mayo-
ría de los sacerdotes mexicanos provienen de fa-
milias mestizas del Bajío y poblanas. En donde se
notan mejor estas diferencias es precisamente en
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el estado de Puebla, donde se dan los casos más
extremos, entre la grandeza del catolicismo colo-
nial de la Angelópolis con su magnífica catedral
y la comunidad remota totonaca de Zongozotla
donde predominan los diversos templos pentecos-
tales rústicos y los católicos son una minoría. Si
bien es claro que las conversiones a otras religiones
son más frecuentes entre las personas indígenas,
tampoco se debe ir al extremo y considerar que to-
das las personas indígenas desean abandonar sus
sistemas de creencias. Una prueba clara es la per-
sistencia de los cultos a los volcanes en algunas lo-
calidades de habla náhuatl, sobre todo en Morelos,
Puebla y Tlaxcala, aunque, como hemos señalado,
estas prácticas y creencias son sincréticas2. Cabe
señalar, que la llamada teología indígena que exis-
te en otras partes de la nación como una opción
pastoral católica (Barabas, 2006), simplemente es
inexistente en el centro del país.
Los casos de las entidades federativas donde
la población ha perdido las lenguas y los aspectos
culturales amerindios son difíciles de generalizar.
En el caso de Tlaxcala, es notable la persistencia del
catolicismo, lo cual se fortalece por la religiosidad
popular de santuarios y peregrinaciones locales, y
además por la notable influencia que ejerce la ciu-
dad de Puebla sobre el territorio tlaxcalteca, eco-
nómica y socialmente. Tlaxcala, igual que la zona
metropolitana de la ciudad de Puebla, no presenta
la secularización como pérdida de religión. El mar-
cado contraste se da en el estado de Morelos, donde
la situación es opuesta, dado el crecimiento conti-
nuo y fuerte de las disidencias religiosas en toda la
entidad federativa. No favorecieron al catolicismo
las intensas pugnas internas entre tendencias pas-
torales competitivas ni la ausencia de importantes
santuarios regionales (aunque Chalma en el Esta-
do de México está relativamente cerca).
Los casos de Tlaxcala y Morelos muestran
que el proceso de desetnificación es en sí neutral
con respecto a la diversidad religiosa. El cambio
religioso en localidades que han dejado de ser in-
dígenas va a depender de la presencia de otros
factores. La pérdida de una identidad étnica no
implica necesariamente una mayor disposición a
la adopción de nuevos credos.
Algo parecido se puede decir con respecto a la
dinámica compleja entre religión y la migración.
Periodos de fuertes movimientos migratorios sí co-
inciden con el aumento de la diversidad religiosa en
el D.F. y el Estado de México, donde la situación
de la zona conurbada en Chalco, Ecatepec y Ne-
zahualcóyotl con respecto a la pluralidad religiosa
es importante. Sin embargo, es claro que no todos
los migrantes cambian de religión o se convierten
a otra religión (Odgers, 2006). La presencia de los
migrantes en los santuarios del Tepeyac y Chalma
es una muestra de ello (Guirati-Masferrer, 1998).
El cambio de localidad puede reforzar las tradicio-
nes religiosas en unas personas, mientras que para
otras es la posibilidad de encontrar nuevos caminos
espirituales (Marzal, 2002). Es importante señalar
que la secularización, como pérdida de creencias, no
acompaña la urbanización en esta región. Parker
(1996) ha destacado que Latinoamérica tiene una
dinámica propia al respecto debido a la persistencia
de la religiosidad popular urbana. Una vez más el ca-
so de Morelos nos exige cautela. Aquí el crecimien-
to sostenido del pluralismo religioso se ha dado sin
la recepción de una población migrante importante.
Si bien este factor se da en Cuernavaca y sus ve-
cinos, no se cumple en el sur de la entidad, donde
también se han fortalecido las minorías religiosas.
La relación entre migración y cambio religioso en la
región centro no es unicausal sino multifactorial.
Al final hemos abierto más preguntas, pero por
lo menos hay nuevos cuestionamientos que se de-
ben hacer. La afición del científico social por nom-
brar, cuestionar y clasificar nos ha devuelto al inicio
de este apartado, aceptando que el reconocimiento
del mundo es una tarea que continuará mientras la
humanidad se reconoce a sí misma y su entorno, así
como en las sociedades el humano se pregunta qué
hay en el más allá.
2  Una discusión útil sobre la definición de sincretismo se puede hallar en Marzal, 2002.
153
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http://es.wikipedia.org/: Consultada durante el año
2007.
Caoítulo vi
Variables °ara comorencer las transformaciones
sociorreligiosas ce las regiones incígenas ce caigo
Ma Gabriela Garrett Ríos
1 estado de Hidalgo, ubicado en el
centro de la República Mexicana,
nos ofrece un panorama religioso
diverso, asociado a las condiciones
 sociohistóricas propias de cada
región. En general, el estado está ubicado entre
los cinco estados con más pobreza del país, así
como el quinto en cuanto a población de origen
indígena; sin embargo, su ritmo de diversificación
religiosa se encuentra por debajo de la media na-
cional (Cardiel, 1996: 228) (véase tabla 6.1). Los
datos cuantitativos nos dan sólo una idea aproxi-
mada de ciertos fenómenos que son contrastables
con sus pares estatales, pero ofrecen un panora-
ma confuso sobre las particularidades regionales
que componen la unidad geopolítica. El estado
ofrece enormes contrastes regionales que dificul-
tan una visión de conjunto del fenómeno de la
diversidad religiosa. Las diferencias geográficas,
étnicas, económicas e históricas en el interior, han
incidido de múltiples formas en la construcción
del mapa sociorreligioso estatal. Asimismo, las
-Tabla 6. Porcentaje de población católica
1990 2 0 0 0 Variación
porcen tual
Hidalgo
F uen te: INEG, Hidalgo, Perfil sociodemográfico 2002.
transformaciones nacionales han impactado de
diversas maneras el desarrollo de sus regiones.
En este capítulo sólo hablaremos de aquellas
regiones en donde el componente étnico es una
característica fundamental de la componente
demográfica. En estas regiones étnicas, el con-
junto de municipios que la conforman tienen un
porcentaje mayor a 20 por ciento de población
indígena. Se mostrará el panorama de transfor-
maciones religiosas desde 1950 a la fecha, a partir
de los censos de INEGI y del Conapo, tomando
como base que los grupos indígenas han mante-
nido a lo largo de su historia una fuerte raigambre
al espacio territorial (que puede observarse en la
organización social, la articulación económica y
las expresiones religiosas) y estrechos vínculos de
República Mexicana 89.7
91.7
88  - 1.7
90.8  -0.9
C
E
N
T
R

identidad. La relación de estos grupos con el ex-
terior ha sido asimétrica y, frecuentemente, con-
flictiva, y la conducta respecto a la ampliación de
la oferta religiosa, tiende a variar de su contrapar-
te "mestiza", integrada a la cultura nacional.
Hay que tener en cuenta que las poblaciones
indígenas, aun cuando están asentadas en regio-
nes geográficas definidas, no constituyen grupos
aislados o volcados sobre sí mismos. La relación
de las comunidades con los centros urbanos —nos
referimos a las cabeceras y los centros políticos y
económicos regionales—, que suelen englobar la
mayor población mestiza y ser focos económicos
que inciden en los desarrollos locales, es un fac-
tor que coadyuva a las transformaciones sociales
y económicas locales de dos maneras. Por un lado,
figura como polo de atracción y distribución de la
producción, generando una fuerte dependencia
de la localidad hacia el centro económico; y por
otro lado, favorece la interacción de la población
autóctona con el exterior, convirtiéndose en un
punto de referencia importante para la asunción
de valores culturales ajenos. Este último punto no
significa que la influencia de los centros urbanos
sea tomada de manera pasiva por un grupo. La
historia de los pueblos indios tiene como refe-
rente fundamental la relación con los grupos no
indígenas: conquistadores, colonos y religiosos;
europeos primero, mexicanos después. La relación
con los grupos hegemónicos a lo largo del tiempo
ha quedado marcada en la cosmovisión autóctona
y constituye un punto de referencia fundamental
para comprender los procesos de interacción so-
cial, económica y religiosa locales.
En lo que se refiere a las transformaciones en
el campo religioso del estado de Hidalgo en los
últimos 50 años, consideramos como factor muy
importante el crecimiento y desarrollo de los cen-
tros urbanos regionales, que si bien no son los que
presentan una mayor diversificación religiosa, sí
pueden considerarse como centros "difusores",
tanto de los movimientos no católicos, como de
los catolicismos "reformados" después del Conci-
lio Vaticano 11. Al mismo tiempo, las redes comer-
ciales que involucran importantes contingentes de
población indígena y mestiza, favorecen no sólo la
difusión de productos locales, nacionales y extran-
jeros, sino también de las ideas.
Otro factor clave en la transformación del
campo religioso estatal es la migración hacia las
grandes ciudades como Pachuca y el Distrito
Federal, así como hacia Estados Unidos. La mi-
gración se ha convertido en una de las estrategias
principales de los grupos indígenas y mestizos
de alta marginación, para paliar las condicio-
nes estructurales de pobreza. Este fenómeno ha
impactado de manera ambivalente las regiones
indígenas del estado pero, en general, puede con-
siderarse como un factor fundamental en el creci-
miento de los credos no católicos, sea por quienes
se convierten en el exterior y retornan a sus comu-
nidades para propagar el mensaje del Evangelio, o
quienes se convierten localmente a partir de crisis
vitales generadas directa o indirectamente por es-
te fenómeno. Migración y movilidad son proce-
sos que han transformado significativamente el
rostro de las comunidades indígenas.
Por sus condiciones geográficas, el estado de
Hidalgo se divide en 10 grandes regiones', tres
de las cuales tienen población predominante-
mente indígena: la Huasteca2, ubicada al noreste
del estado, se conforma por un puñado de muni-
cipios que se adscriben como huastecos pero que,
además, comparten una serie de rasgos culturales
y de identidad que los diferencian del resto; el
valle del Mezquital3, en el centro y suroeste, lin-
1  Véase www.hidalgo.gob.
2  Los municipios que pertenecen a la región cultural de la Huasteca hidalguense son: Tianguistengo, Xochicoatlán, Lolotla, Calnali y
Tlanchinol, Yahualica, Huazalingo, Atlapexco, Huahutla, Xochiatipan, San Felipe Orizatlán, Jaltocan y Huejutla (Luna, 1997) tomado de
Camacho.
3  Los municipios del Valle del Mezquital son: Actopan, Ajacuba, Alfajayucan, El Arenal, Atitalaquia, Atotonilco de Tula, Cardonal, Cha-
pantongo, Chilcuautla, Francisco I. Madero, Huichapan, lxmiquilpan, Mixquiahuala, Nicolás Flores, Nopala, Progreso de Obregón, San
Agustín Tlaxiaca, San Salvador, Santiago de Anaya, Tasquillo, Tecozautla, Tepeji del Río, Tepetitlán, Tetepango, Tezontepec de Aldama,
Tlahualilpan, Tlaxcoapan, Tula de Allende y Zimapán.
158
Edo. de México
Mapa 6.1
Municipios de Hidalgo según lengua indígena
San Luis Potosí
111 Grupos indígenas
Náhuatl
Veracruz
III &romí
Q uerétaro
Puebla
F uen te: Elaborado por Alberto Hernández y Carlos V. Ruelas basado en la muestra de 10% del xn Censo General de Población y Vivienda, 2000.
Kilómetros
25 12.5 O
1 1 1
25
159
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G
I
Ó
N

C
E
N
T
R
O

dando con los estados de México y Querétaro; y
la Sierra de Tenango4, que pertenece a la región
cultural de la Sierra Norte de Puebla y el sur de la
Huasteca veracruzana. Los grupos étnicos pre-
dominantes en la primera es el náhuatl, mientras
que en el Valle del Mezquital y la Sierra de Te-
nango es el otomí.
Las tendencias religiosas en ambos grupos
indígenas varían, mientras que en la Huasteca
4  Huehuetla, San Bartolo Tutotepec y Tenango de Doria.
el catolicismo tiende a disminuir al igual que
en todo el estado. Lo hace en una tasa baja,
pues más de 90 por ciento de la población
náhuatl es católica. En contraste, tanto en el
Valle del Mezquital como en la Sierra de Te-
nango, la diversificación religiosa tiende a ser
más acelerada. La mayor o menor rapidez en
que disminuye la población católica no sola-
mente concierne a cuestiones endógenas, si-
no a factores exógenos. Algunos autores han
asociado la diversificación religiosa a procesos
de integración en la cultura nacional o a las
condiciones de marginación que se viven en
las regiones, siendo las zonas indígenas más
proclives por sus condiciones de pobreza a las
ofertas religiosas que prometen vías de ascenso
social y económico. Sin embargo, vemos que
mientras que los otomíes en general tienen
mayor aceptación por las ofertas no católicas,
los nahuas de la Huasteca son más reacios a la
conversión (véase tabla 6.2).
Hacia finales del siglo xIx y la primera mitad
del siglo xx tenemos asentados grupos protes-
tantes. El norte del estado, así como las regiones
Población "católica" Valle del Mezquital
Clave
mpo.
Mun icipio Población Pob.
in dígen a
(%)
G po. é tn ico
predomin an te
(>2 0 % de la
población total)
Pob.
católica
2 0 0 0 (%)
In dígen as
que s e
ads criben
como católicos (%)
Margin ación *
(% PEA
de la
1
47.6
econ ómica
Actividad
por s ector
producción )
2
26.1
3
26.3 6 Alfajayucan 15 248 19.8 otomí 92.96 90.5 a
15 Cardonal 14 926 59.9 otomí 83 .4 81.5 a 3 9.8 3 0 3 0.3
19 Chilcuautla 13 251 42.4 otomí 89.52 88.3 m 47.9 21.7 3 0.4
3 0 Ixmiquilpan 66 607 44.6 otomí 82.78 81.8 b 3 1.9 18.7 49.4
54 San Salvador 25 741 25 otomí 91.96 93 .1 m 3 9.8 24.2 3 6
55 Santiago de Anaya 12 081 46.4 otomí 92.3 1 92.2 m 3 4.8 27.5 3 7.6
58 Tasquillo 14 774 3 9.7 otomí 88.93 88.7 m 3 8.7 20.1 41.3
* a+=muy alta;  a=alta;
 
m=media;  b=baja;
 
b+=muy baja
F uen te: INEGI Censo general de población y viviendo 2000; INI-CONAPO, Indicadores socioeconómicos de los pueblos indígenas de México 2002, Gobierno del estado de Hidalgo: www.hidalgo.gob
160
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Veracruz
92 .0 1 - 94.0 0
Municipios de Hidalgo según población católica
San Luis Potosí
Porcentaje de "católicos", 2000
70 .0 1 - 87.0 0
87.0 1 - 90 .0 0
1111 90 .0 1 - 92 .0 0
94.0 1 -10 0
Puebla
Edo. de México
25 12.5 0  25
1 I  1 I  I
F uen te: Elaborado por Alberto Hernández y Carlos V. Huelas basado en la muestra de 10% del mi Censo General de Población y Vivienda, 2000.
161
Tabla 6.3

Población "católica" Sierra de Tenango

Clave
mpo.
Municipio Población Pob.
indígena
(%)
Gpo. étnico
predominante
(>20% de la
población total)
Pob.  Indígenas
católica  que se
2000 (%)  adscriben
como católicos (%)
Marginación* Actividad
económica
(% PEA por sector
de la producción)
1  2 3
11.6 27 Huehuetla 21 586 62.6
44.3
otomí
otomí
74.43 69.4 a+ 84.7  I 3.7
53 San Bartola Tutotepec 16 211 93.03 92.7 a+ 73.5  8.3 18.1
60 Tenango de Doria 14 981 30 otomí 81.35 70 a 46.7  17.9 28.3
* a+=muy alta;  a=alta;  m=media;  b=baja;  b+=muy baja
Fuente: INEGI Censo general de población y vivienda 2000; INS-CONAPO, Indicadores socioeconómicos de los pueblos indígenas de México 2002, Gobierno del estado de Hidalgo: www.hidalgo gob
o
z
w
cc

z
cc
centro-sur de la comarca minera y los llanos de
Apan, en el centro del estado, fueron proclives
a la presencia temprana de grupos protestan-
tes históricos, abanderados principalmente por
grupos liberales anticlericales, especialmente en
"regiones de antigua pedagogía liberal" como la
Huasteca potosina e hidalguense, así como en
el paso de la sierra oriental de Hidalgo hacia
Veracruz y la Sierra Norte de Puebla (Bastian,
1992). Estos primeros protestantismos influye-
ron más en la población mestiza, asentada en los
centros urbanos como Pachuca y Tulancingo, y
con una mayor receptividad al contexto social y
político inestable de aquellos años. La minería
favoreció asimismo el establecimiento de gru-
pos protestantes históricos, pues los momen-
tos en que las minas pertenecieron a ingleses y
posteriormente a estadounidenses, trajeron sus
contingentes de trabajadores que conformaron
sus propias iglesias en los centros donde esta-
ban asentados. Tal es el caso del metodismo en
Pachuca y Mineral del Monte. Estas primeras
semillas de protestantismo fueron, sin embargo,
poco acogidas por la población indígena, ocu-
pada en conflictos intestinos contra los caciques
regionales y acaparadores de tierras, una cons-
tante en el proceso de construcción del estado.
En general, fue hasta los años treinta cuando
las misiones evangélicas comienzan a hacer un
trabajo sistemático de evangelización entre los
grupos indígenas.
Moisés Sáenz, copartícipe de la creación
del modelo de escuela normal rural y hombre
cercano a Cárdenas, fue quien invitó a William
C. Townsend, fundador del Instituto Lingüís-
tico de Verano (my), a trabajar en México para
poner en marcha su proyecto etnolingüístico en
las regiones indígenas'. El presidente Cárdenas
vio con buenos ojos al ny pues podría constituir 5  Instituto Lingüístico de Verano. Conformado e impulsado en México, 1984: 7-9.
162
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4
1


un puente entre el gobierno y los grupos mono-
lingües para hacer llegar el "progreso" a los pue-
blos. El ny- tendría una enorme influencia en
el proceso de evangelización en Hidalgo, pues
fue uno de los "facilitadores" más consistentes
del cambio religioso local. En el Valle del Mez-
quital, el my se establece en los municipios de
Actopan, Ixmiquilpan y Tasquillo; en la Sierra
de Tenango se asienta primeramente en el mu-
nicipio de Huehuetla. Aun cuando no podemos
afirmar que el iLv tuviera un papel propiamen-
te misionero, sí facilitó la difusión de material
didáctico y religioso entre la población, lo que
permitió que las iglesias cristianas realizaran su
trabajo de evangelización de manera más sen-
cilla. En las regiones indígenas de Hidalgo, si
bien tenemos la incursión de misioneros esta-
dounidenses, que pudieron influir en la pobla-
Tabla 6.

Población "católica" Huasteca hidalguense

Clave
mpo.
Mun icipio Población pob.
in dígen a
(%)
G po. é tn ico
predomin an te
(>2 0 % de la
población total)
pob.
católica
2 0 0 0 (%)
in dígen as
que s e
ads criben
como católicos (%)
Margin ación *
(% PEA
de la
1
econ ómica
Actividad
por s ector
producción )
2 3
21.4 11 Atlapexco 15 921 83 .6 náhuatl 85.13 86.1 a 70.5 8
18 Chapulhuacan 17 73 2 7.8 91.3 a 57.5 15.3  27.2
25 Huautla 20 855 84.3 náhuatl 95.65 96.1 a 72.2 5.2  1  22.6
26 Huazalingo 9624 74.7 náhuatl 91.98 92.3 a 77.3 7.4 15.2
28 Huejutla de Reyes 94 484 66.7 náhuatl 94.24 95 a 40.8 15.3 43 .8
3 2 Jaltocan 8886 92.7 náhuatl 93 .57 93 .7 a 52.8 18.8  28.4
46 Sn Felipe Orizatlán 3 2 829 65.7 náhuatl 87.22 86.6 a 64.5 12.3  23 .3
49 Pisaflores 13 289 1.1 90.61 a 66.2 13 .3 20.5
62 Tepehuacan de
Guerrero 22 066 43 náhuatl 89.07 90.2 a+ 72.9 11.4 15.7
73 Tlanchinol 27 83 9 54.3 náhuatl 89.85 89.3 a 73 .2 10.4  16.4
78 Xochiatipan 14 496 97.1 náhuatl 94.9 95.1 a+ 83 6.9 10.1
80 Yahualica 17 842 86.3 náhuatl 85.83 86.7 a+ 81.1 6.8 12.1
* a+=muy alta;
 
a=alta;
 
m=media;
 
b=baja;
F uen te: INEGI Censo general de población y viviendo 2000; INI-CONAPO, Indicadores socioeconómicos de los pueblos indígenas de México 2002, Gobierno del Estado de Hidalgo: www.hidalgo.gob
b+=muy baja
A
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163
ción, fueron las iglesias evangélicas mexicanas
las que mayor impacto causaron (Alvarado,
2006: 50), fuera por la cercanía con la población
o el uso de la lengua autóctona, apareciendo la
posibilidad de ruptura con las estructuras socia-
les y políticas comunitarias y las posibilidades
de ascenso económico y social. Tal es el caso de
la Iglesia Cristiana Independiente Pentecostés
que se estableció en Pachuca a principios de los
años treinta y que comenzó una efectiva labor
misionera por todo el estado.
En el Valle del Mezquital se abrió la escuela
normal rural El Mexe, municipio de Francisco
I. Madero, y el internado indígena de Remedios
en Ixmiquilpan; durante largo tiempo ambas
formaron al personal docente que trabajaría en
la alfabetización de la población y la promoción
de nuevas tecnologías de desarrollo agropecua-
rio. La escuela normal rural del Mexe, en el Va-
lle del Mezquital, fue un foco propagadora de
ideas socialistas desde el cardenismo hasta que
fue forzada a cerrar en 2003. Los cuadros de
maestros egresados del Mexe, quienes trabaja-
ban en las diversas regiones del estado, tanto en
la Huasteca como las sierras Alta y de Tenango,
y el Mezquital principalmente, no sólo favore-
cieron la adquisición de una cultura política en-
tre la población; en algunos casos promovieron
el anticlericalismo, que afectó la relación con la
institución católica.
Desde los cincuenta, en el Valle del Mez-
quital comienzan a darse transformaciones que
afectarán el desarrollo regional e impactarán el
campo religioso. Mientras que la demanda de
empleo crecía en las ciudades, las condiciones
del campo ofrecían cada vez menos oportuni-
dades de subsistencia. Se acelera el éxodo hacia
las ciudades. En general, se da bajo el esquema
de hombres y mujeres jóvenes que trabajaban
uno o dos años en albañilería y como domésti-
cas, para retornar a sus comunidades a contraer
matrimonio. La diversidad social en el interior
de las ciudades permitía que se estableciera con
mayor facilidad el contacto con otros grupos
religiosos, quienes primeramente se estable-
cieron en las ciudades y después emprendieron
misiones hacia las zonas rurales. Asimismo,
en la región comienza a darse un proceso de
transformación económica y social producto
de la inversión en los centros industrializados.
De 1940 a 1970 en el corredor Tula-Tepeji, la
región más industrializada del estado, se instala
la refinería de Pemex y la termoeléctrica de la
Comisión Federal de Electricidad. No obstan-
te, estas nuevas industrias en lugar de emplear
la mano de obra local atrajeron numerosa po-
blación externa a través de sus respectivos sin-
dicatos, quienes arbitrariamente asignaban las
plazas (De la Barrera, 2000: 161). Sin embargo,
la población local construyó una economía co-
mercial alrededor de los centros industriales, y
en algunas comunidades, como San Ildefonso,
los vínculos comunitarios y la lengua funcio-
naron como mecanismos de resistencia hacia
el exterior. Asimismo, se ampliaron los siste-
mas de irrigación en el centro y sur del valle,
se invirtió en infraestructura y se remodelaron
algunas cabeceras municipales, como el caso
de Ixmiquilpan. Estos fenómenos, junto con el
trabajo del Patrimonio Indígena del Valle del
Mezquital (Pivm), favorecieron en diferentes
grados el desarrollo económico regional (Mar-
zal, 1968), principalmente el del sur del valle.
La producción agrícola amplió sus mercados
fuera de la región, pero numerosos pequeños
propietarios se vieron obligados a vender sus
tierras y a constituirse como jornaleros agríco-
las. El crecimiento económico del sur del Valle
de Mezquital polarizó las diferencias sociales
y económicas entre municipios y en el interior
de la población. Del norte del Mezquital se
acentuó la expulsión hacia el sur de la región, y
al mismo tiempo se disparó la migración hacia
los grandes centros urbanos y Estados Unidos.
La migración hacia Estados Unidos comien-
za con el "Programa bracero". Con el tiempo, la
práctica entre los otomíes del Mezquital se vol-
verá fundamental, ya no sólo como alternativa
económica, sino como una experiencia cultural
plenamente "habituada" (Berger 1989: 75). La
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migración ha alterado el sistema de valores co-
munitarios, la vida familiar, la organización so-
cial y de género, los ritmos de las celebraciones
religiosas, es decir, todo lo que involucra una so-
ciedad (Durand, 1988: 43), y por ello su impacto
es visible en la conversión religiosa. No obs-
tante, no podemos afirmar que en el Mezqui-
tal haya una correlación exclusiva entre ambos
fenómenos, pues la migración trasnacional, que
se ha incrementado desde los setenta, se disparó
después de la puesta en marcha del Tratado de
Libre Comercio ('rLc), mientras que el periodo
de mayor aceleración de la conversión religiosa
se dio en los setenta. En la actualidad, si bien
tenemos una diversificación religiosa creciente,
la tasa en las dos últimas décadas es decreciente,
mientras que la migración trasnacional en la re-
gión es cada vez mayor.
Correlativo al proceso de industrialización, se
establece en 1969 la Diócesis de Tula. El propósi-
to de la nueva diócesis será tener un acercamiento
a la región y formular estrategias locales facilita-
doras para la evangelización. La nueva diócesis
favorece el ingreso de curas alemanes, quienes se
enfocan en el trabajo misionero en las zonas más
marginales del Mezquital. Estos curas, proclives a
la teología india, junto con iniciativas productivas
para favorecer el desarrollo de las comunidades,
han realizado un arduo trabajo de acercamiento
hacia la población otomí; participan en rituales
agrícolas, hacen presencia en santuarios devocio-
nales locales y regionales y se integran a las fes-
tividades religiosas comunitarias. Sin embargo,
en algunos casos los curas son acaparados por los
grupos de poder para afirmarse durante las fiestas
y ello ha provocado molestias entre la población.
En general, aunque la tendencia a la disminución
del catolicismo en la región es a la baja, lo cual
es tendencia nacional. El trabajo sistemático y
((
apersonado" de los curas de la diócesis no ha fre-
nado la disidencia religiosa, principalmente en los
municipios más marginados de la región; incluso
en algunos casos ha aumentado la polarización
entre católicos y evangélicos.
En los datos cuantitativos apreciamos que
desde los cincuenta aumenta la tendencia a la
conversión en la parte indígena del Mezquital
(centro-norte), mientras que disminuye la tasa
de crecimiento del protestantismo en la región
centro-sur, predominantemente mestiza. En
este periodo vemos también que los munici-
pios indígenas, aquéllos que tienen más de 20
por ciento de población otomí, han vivido un
proceso más acelerado de conversión religiosa
que los municipios mestizos, ubicados princi-
palmente en el sur y, en general, con índices
de marginación menores. En las tablas puede
verse que los municipios indígenas comienzan
tardíamente a "descatolizarse", pero lo hacen
de manera acelerada.
El catolicismo en cicuenta años se ha reduci-
do sensiblemente. Actualmente en el municipio
de Huehuetla 24.85% de la población total con-
firma su adscripción a alguna opción no católi-
ca, mientras que entre la población indígena no
católica es de 30 por ciento; en el municipio de
Tenango de Doria, el porcentaje de población
no católica es de 17.9%, en tanto que aquéllos
que se adscriben como indígenas no católicos es
de 29.5%; en el municipio de San Bartolo Tuto-
tep ec, los porcentajes responden a 6.06% y 6.7%,
respectivamente. Estos porcentajes responden a
la suma de las variables "protestantes y evangé-
licas", "bíblicas no evangélicas", "judaica", "otra"
y "sin religión", que aparecen en el cuadro 6.5,
mientras que para la población indígena de los
tres municipios se suman los valores porcentua-
les "indígenas".
La presencia de las iglesias bíblicas no
evangélicas es significativamente reducida en
la región, mientras que la Luz del Mundo es
prácticamente inexistente, aunque Tulancingo
tiene una célula.
La sierra de Tenango se caracteriza por
su geografía agreste y de difícil acceso. No
obstante la presencia de la iglesia Católica y
las presiones de la sociedad nacional se dejan
sentir en numerosas expresiones de la religión
popular, como son los cultos a los oratorios,
que refuerza las estructuras sociales de linaje,
-J
w
a
z
w
a
z
w
co
z
o
o
w
cr
165
Municipios de Hidalgo según población no católica
Mapa 6.3
San Luis Potosí
o
cc
o
z
o
cr N
I
Porcentaje de "Cristianos no católicos", 2000
0 - 4.00
4.01 - 7.00
7.01 - 9.00
Veracruz
9.01 - 12.00
Q uerétaro
12.01 - 25.00
Edo. de México
Kilómetros
25 12.50  25
1 I  1  1  1
F uen te: Elaborado por Alberto Hernández y Carlos V. Huelas basado en la muestra de 10% del XI/Censo General de Población y Vivienda, 2000.
166
"

A
B
 
F
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S

I
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Í
G
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N
A
S

D
E

H
I
D
A
L
G

las figuras metonímicas de la sociedad nacio-
nal durante el carnaval y el culto a los santos
como emblema de identidad comunitario, en-
tre otros, expresiones que sólo pueden enten-
derse a la luz de los conflictos sociohistóricos
entre grupos hegemónicos y subalternos. La
disidencia religiosa acelerada no dependió
únicamente de estrategias, erradas o no, de la
iglesia Católica para preservar una feligresía,
sino de factores que rebasan lo estrictamen-
te religioso. Hay una serie de elementos que
nos permiten comprender mejor el panorama
religioso regional, pero más que hablar de un
factor detonante, son múltiples variables que
inciden en que un individuo opte por deter-
minada posición religiosa.
La serie de conflictos derivados de la re-
forma, en el siglo xix, hasta ya entrado el
periodo posrevolucionario en los cuarenta,
pusieron en marcha un proceso que ha des-
articulado la autonomía de las comunidades
otomíes. Constantes atentados contra la pro-
piedad comunal provocaron el acaparamiento
de tierras en unas cuantas manos y acentuaron
las diferencias sociales internas. Se generó una
gran inestabilidad regional que se tradujo en
constantes levantamientos indígenas, encara-
dos por caudillos con diferentes posturas polí-
ticas. Tutotepec y Huehuetla fueron escenario
de constantes pugnas entre facciones políticas
y grupos sociales, especialmente en lo concer-
niente a la tenencia de la tierra. Los conflictos
internos del clero católico también se refleja-
ron en la inestablidad regional, a través de la
lucha entre facciones, como ocurrió durante el
gobierno de Matías Rodríguez, durante el ca-
llismo (Galinier, 1990: 94-95; De la Barrera,
2000: 145).
En la actualidad vemos grupos de mestizos
acomodados que se asientan en las cabeceras
municipales, que son los centros políticos y de
actividad económica local. Éstos tienden a do-
minar los mercados locales y fijar los precios
de la producción campesina y, por tanto, con-
tribuyen a mantener las diferencias económicas
y sociales, que pueden verse reflejadas en los
cultos locales (Dow, 1974: 111-115). En lo re-
ligioso, las cabeceras mestizas tienen menores
índices de disidencia religiosa, lo que nos hace
pensar no sólo que éstas son menos proclives a
la influencia de grupos no católicos —además
de ser sedes parroquiales—, sino que la activi-
dad misionera de las iglesias protestantes —y
testigos de Jehová en menor grado— ha sido
el medio de evangelización más eficaz.
La iglesia Católica, a través de la Diócesis
de Tulancingo, ha tenido asimismo diversas
estrategias de evangelización que tienen im-
pacto variado en lo local. Los curas proclives
a la teología de la liberación fueron mal vistos
e incluso expulsados de las comunidades por
prohibir la devoción a los santos e imágenes
e intentar limitar la ritualidad. La teología
india, que pretende "encontrar a Cristo" en
las expresiones culturales autóctonas, con el
objeto de reinterpretarlas y apropiárselas, ha
tenido cierto éxito, pues vemos que hay acep-
tación por parte de la población a que los cu-
ras participen en rituales agrarios. Su impacto
se ha visto, no como una recatolización de las
comunidades, sino como una disminución de
la tendencia a la disidencia.
La migración trasnacional ha sido un factor
importante en la diversificación del mercado
religioso. En la Sierra de Tenango, la pobreza
ha incentivado la migración, primero a las ciu-
dades como Tulancingo y la Ciudad de Méxi-
co, y en los últimos veinte años hacia Estados
Unidos, es decir, una generación menos que en
el Valle del Mezquital. No obstante, los índices
de disidencia católica son similares o más altos
que su coetánea. Tal parece que la correlación
conversión-migración no es tan directa como
en el caso del Mezquital.
Los lingüistas del iLv tuvieron presencia en
la región hacia la década de los cincuenta', tra-
bajaron arduamente elaborando diccionarios,
6  Posterior a Ixmiquilpan durante diez años.
167
o
cc
z
o
z
So
w
cc
manuales y traduciendo el Nuevo Testamen-
to al otomí, con ayuda de fieles informantes,
quienes aceptaron también el Evangelio. Estos
primeros conversos iniciaron labor de evange-
lización en sus comunidades y posteriormen-
te fundaron sus propias iglesias. Estas iglesias
autóctonas a menudo chocaron con grupos de
misioneros evangélicos externos, tanto protes-
tantes históricos como evangélicos. El pente-
costalismo en especial alcanzó gran dinamismo
en la región, lleno de matices y posturas en-
contradas entre la gran variedad de iglesias.
Los discursos son más o menos comunes en el
sentido anticlerical y antifestivo; no obstante,
varían sobre aspectos relacionados al uso de la
lengua en los cultos, el atuendo tradicional, la
medicina con hierbas y la relación con la gen-
te de fuera. El abanico de iglesias evangélicas
en la región es muy amplio. Podemos encon-
trar cinco dentro de una comunidad reducida,
con fuertes pugnas entre ellas y estableciendo
buenas relaciones con su contraparte católica,
mientras hay otras con una sola iglesia protes-
tante, aunque muy activa y contestataria de lo
tradicional. Las relaciones entre católicos y no
católicos son también variadas, normalmente
la experiencia de una comunidad no se repite
en la comunidad vecina.
La Huasteca hidalguense es en la actuali-
dad un caldo de cultivo de movimientos socia-
les y políticos que enfrentan constantemente a
los grupos indígenas con la sociedad nacional.
En general, los gobiernos estatales se han pre-
ocupado más por el desarrollo de las regiones
centro-sur, como la comarca minera, los llanos
de Apan, la cuenca de México y el Valle del
Mezquital, que la parte norte, muchas veces
soslayadas de la atención de los gobiernos esta-
tal y federal. Durante muchos años la población
náhuatl tuvo despojos de las tierras de ricos ga-
naderos que acaparaban grandes extensiones a
la sombra del gobierno estatal (De la Barrera,
2000: 165). La presencia de estos caciques, que
incluso azuzaban a la población con pistoleros,
polarizó la riqueza enormemente. La agricul-
tura de subsistencia, actividad principal de los
grupos indígenas, se vio cada vez más acotada,
pauperizando la región e incentivando movi-
Tabla 6.5

Preferencias religiosas no católicas entre indígenas y mestizos de la Sierra de Tenango
Clave Mun icipio  Protes tan tes  In dígen as  Bíblicas in dígen as Judaica Otra In dígen as Sin religión Actividad
Y  
que s e  n o evan gé licas que s e que s e econ ómica
evan gé licas
(%)
ads criben
COMO
protes tan tes o
evan gé licos
(%)
ads criben a
religion es
bíblicas n o
evan gé licas
ads criben a
otra religión
(% PEA por s ector
de la producción )
(%) (%)
27 Huehuetla 17.09 20.7 0.28 0.2 O 0.06 0.1 7.42 9
53 San Bartolo Tutotepec 3 .9 5.2 0.79 0.4 O 0.04 O 1.3 3 1.1
60 Tenango de Doria 12.65 22.1 1.23 1.8 0.15 0.4 0.4 3 .48 5.2
Fuente: INEGI, XII Censo General de Población y Vivienda; CONAPO, Indicadores socioeconómicos de los pueblos Indígenas de México, 2002.
168
Tabla 6.6


% de la población que se adscribe "sin religión" en la Huasteca hidalguense

Atlapexco
1960
2.60
1970
15.89
1980
18.73
1990
10.81
2 0 0 0
4.30
Chapulhuacán 3.55 3.79 3.58 1.48 1.80
Huautla 4.65 8.71 6.34 1.88 1.04
Huazalingo 0.06 4.46 8.11 2.67 1.57
Huejutla de Reyes 1.10 3.35 2.69 1.02 1.00  
-1-
Jaltocán 0.07 8.55 3.18 2.71 0.71
San Felipe Orizatlán 0.45 3.04 2.76 1.39 1.54
Pisaflores 0.33 2.43 2.91 1.44 1.39
Tepehuacan de Guerrero 2.49 2.35 6.99 3.16 1.77
Tlanchinol 0.50 1.92 2.57 1.35 1.66
Xochiatipan 3.90 13.98 10.32 2.03 1.15
Yahualica 8.82 16.70 11.55 5.78 4.39

F uen te: INEGI, XII Censo general de población y vivienda 2000

mientos de resistencia campesinos. Los parti-
dos políticos de oposición al gobierno, como el
Partido Socialista de los Trabajadores (PsT) y el
Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT),
cobraron fuerza; asimismo, se formaron centra-
les campesinas en pie de lucha que pusieron en
jaque la estabilidad social regional. Llegaron a
instalarse retenes militares en varios municipios
de la Huasteca. Con altibajos, el conflicto se
solucionó "definitivamente" en 1979, cuando el
gobierno federal expropió 23 000 hectáreas de
tierras ganaderas y les fueron entregadas a los
indígenas; compró el gobierno otras 7000 más
y liberó a poco más de un centenar de campesi-
nos. Se invirtieron además fuertes recursos para
mejorar la infraestructura regional y la econo-
mía en general.
La población náhuatl continúa viviendo
en malas condiciones y mantiene centrada su
economía en la agricultura, que se expresa en
una fuerte ritualidad alrededor del maíz y sus
ciclos. También la actividad comercial es una
estrategia tradicional de subsistencia entre los
nahuas. Encontramos un sistema de mercados
rotatorios y de actividades comerciales como el
[(
rancheo", que sostienen en muchos casos a los
pueblos o complementan la actividad agríco-
la. Su radio de acción es muy amplio, pues en
muchos casos recorren parte de la República
Mexicana para comprar y vender diversidad
de productos. Esta movilidad ha tenido conse-
cuencias importantes en la diversificación so-
cial y cultural náhuatl de la Huasteca, cosa que
también ocurre con el municipio náhuatl de
Acaxochitlán en el Valle de Tulancingo. Los
efectos de la globalización pueden verse en
los mercados, que cambian su rostro conforme
lo hacen las necesidades de la población y las
modas. Es decir, en los mercados no sólo se
intercambian bienes; también ideas y cultura.
En el caso de los nahuas, vemos que hay hay
cierto mestizaje en los rasgos culturales, pero
imperan ciertos valores de identidad que arrai-
gan a los individuos a la comunidad y a su et-
nia. En este sentido, en la Huasteca ha tenido
un impacto positivo la influencia de la teolo-
gía indígena católica, pues los curas incentivan
los rituales locales autóctonos y estimulan su
o
CC
o
pervivencia. Este fenómeno, según Jorge Báez,
se acrecienta con la celebración del v Centena-
rio del inicio de la Evangelización en América
(2007: p. 9). Ello ciertamente causó descon-
cierto entre la población, que se extrañó de
que aquellas prácticas que una vez habían sido
satanizadas ahora ya eran "cosa de Dios" (Báez
Jorge, ibidem).
El impacto se deja ver en las cifras de po-
blación católica regional. Mientras que hay un
descenso en el periodo que va de 1950 a 1980,
la tendencia se invierte en la década que va de
los noventa al año 2000. Este movimiento de
retorno al catolicismo es más acentuado entre la
población indígena, pues las cifras de catolicis-
mo en 2000 entre la población náhuatl es más
alta que entre la población mestiza, siendo que
décadas atrás era mayor el número de población
náhuatl que se adscribía como no católica.
Llama la atención que la disidencia católica
no se expresara en una conversión hacia otras
religiones. Aun cuando tenemos población
evangélica y bíblica no evangélica, la variable
que mayor crecimiento tiene es la de "sin reli-
gión" (véase tabla 6.6), tendencia que se revierte
en el censo de 1990 y más aún en el de 2000.
En general, podemos decir que la Huasteca es
más reacia hacia la oferta religiosa no católica,
aunque tampoco ha sido pasiva frente a la inje-
rencia de la institución católica.
Conclusión
En este trabajo se ha mostrado de manera
general cómo los procesos sociohistóricos re-
gionales afectaron el mapa religioso entre los
grupos étnicos dominantes del estado de Hi-
dalgo. Sin embargo, hay que tener en cuenta
que las políticas del Estado hacia los pueblos
indios han favorecido, por negligencia u omi-
sión, a que la intolerancia religiosa en el inte-
rior de las comunidades llegue a la violencia
expedita. El Estado no tiene una política con-
creta que coadyuve a la resolución de conflic-
tos de carácter religioso; esto es porque no le
otorga validez "oficial" a los sistemas jurídicos
indígenas, basados en los usos y costumbres. Se
da, en palabras de Fabre (2005), una colisión
de sistemas jurídicos. Mientras que el Estado
prima al individuo como eje del derecho y, por
tanto, su libertad de decidir la opción religio-
sa que le parezca mejor, los sistemas jurídicos
indígenas le dan prioridad al interés colectivo
sobre el individual.
Considerando la extensión del fenómeno
de diversificación religiosa en comunidades
indígenas, pocos son los conflictos que no se
resuelven internamente o que llegan a la vio-
lencia exacerbada. La mayoría de las veces las
comunidades indígenas resuelven internamente
sus conflictos. En este punto debe considerar-
se la variable étnica como pieza fundamental
para comprender los modos de convivir con la
diferencia religiosa y asumirla; esto es, tanto
la transición de una creencia religiosa a otra,
y la articulación social entre grupos religiosos
dentro de un mismo espacio territorial.
170
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E RCERA PAR  I E
Reg io
y (_;e
es ce ro
ro °cc de
Introducción
Elizabeth Juárez Cerdi
Cristina Gutiérrez Zúñiga
ara la antropología social, definir
una región implica ir más allá de lo
meramente territorial. Las regiones
se construy en en términos de pro-
cesos históricos y culturales, de arti-
culaciones económicas, políticas, incluso religiosas,
destacando estos elementos a partir de las redes re-
lacionales y de interacciones sociales cotidianas.
Otros estudiosos del tema incluy en algunos
elementos distintos o proponen definirlas sobre la
marcha de la investigación. Así, para el historiador
Eric Van Young (1991: 101), las regiones son hi-
pótesis a demostrar, más que entidades existentes
previas a la investigación. De tal forma que como
analistas sociales podemos demarcar una región,
más que por compartir límites administrativos y
geográficos, por los rasgos que comparte. Para el
geógrafo francés Vidal de la Blanche (citado en
Viqueira, 2001: 22), las regiones pueden ser: na-
turales (definidas por una homogeneidad de los
principales rasgos geográficos: geología, fisiolo-
gía, pluviosidad, temperatura, etc.) y aquéllas de-
finidas por una historia compartida.
Partiendo de estos planteamientos y tomando
en cuenta algunos de los parámetros menciona-
dos, mostraremos que se puede considerar a los
estados del centro occidente del país, que com-
prende a Michoacán, Colima, Nay arit, Jalisco,
Guanajuato, Zacatecas, Aguascalientes, Queré-
taro y San Luis Potosí, como una región, y a que
comparten muchos elementos culturales, sociales,
políticos, y cuy as economías, desde la Colonia, se
han visto articuladas y complementadas a través
de las distintas actividades que los habitantes de
estos estados han desarrollado, sea la minería, la
agricultura o la comercialización de diversos pro-
ductos. En este sentido, se puede destacar que la
colonización desde el centro del país hacia el oc-
cidente y el norte tuvo su principal objetivo en la
búsqueda de riquezas mineras, lo que determinó
una ruta de avance y establecimiento poblacio-
nal desde el siglo xvi, que involucraba aspectos
económicos, el dominio militar y la evangeliza-
ción religiosa. La impronta de las modalidades de
poblamiento y control territorial que articularon
esta región continúan apreciándose.
Los pobladores de estas entidades federativas
también han sido partícipes de acontecimientos
históricos significativos, como fue el movimien-
to social denominado la Guerra Cristera. Y que,
por ejemplo, en los casos de Guanajuato, Jalis-
co, Michoacán y Zacatecas, resuenan aún en la
memoria colectiva, sobre todo porque en años
recientes la iglesia Católica está beatificando o
canonizando a muchos de los que murieron de-
fendiendo su fe. Los estados del centro occidente
de México, igualmente, se pueden caracterizar
por su adscripción religiosa, de raigambre pre-
dominantemente católica, por la orientación
ideológica conservadora y de pastoral de la ins-
titución, y por su peso en el conjunto de la admi-
nistración eclesiástica. Debido a estos rasgos, los
estados del centro occidente de México han sido
considerados por diversos historiadores como un
bastión del tradicionalismo católico en el país.
Ahora bien, aunque a veces las interacciones y
redes de relaciones no son evidentes en un ámbi-
to macroestructural, se pueden distinguir cuando
se hacen estudios a pequeña escala, pero siempre
teniendo presente ese contexto más amplio, re-
gional, en las interacciones que se dan cotidia-
namente. Tenemos ejemplos muy evidentes de
estados cuy a interacción cercana es histórica. Tal
es el caso de Guanajuato con Zacatecas, Jalisco y
Michoacán; o de Guanajuato y Querétaro que,
como veremos cuando se hable de la región cen-
tro norte, comparten una población indígena, la
otomí, con características culturales, medioam-
bientales y socioeconómicas similares, y que se
encuentran ubicados en un territorio que no tie-
ne que ver con la delimitación política estatal, la
denominada Sierra Gorda guanajuatense-que-
retana. O en el caso de Michoacán y Querétaro,
cuy os grupos indígenas (nahuas y purépechas)
han mantenido una relación constante en el ám-
bito comercial, político, cultural y religioso desde
la época prehispánica.
De manera particular, nos interesa desta-
car que la región centro occidente del país se ha
caracterizado porque ha sido evidente el predo-
minio de la religión católica y la existencia de
prácticas de corte popular asociadas al catolicis-
mo pero amalgamadas con creencias y rituales de
distintos grupos étnicos que habitan en la región
durante varias décadas (como se puede verificar
en la información proporcionada por los Censos
de Población de los años 1950, 60, 70, 80 y 90).
Aunado a ello, los seminarios y casos de forma-
ción religiosa establecidos en la región han sido
un importante centro de formación de diversos
prelados mexicanos que han alcanzado posicio-
nes importantes no sólo en la estructura nacional,
sino también en la cabeza de la institución en Ro-
ma, como el caso de Javier Lozano Barragán'.
Ahora bien, únicamente para fines analíticos,
hemos decidido dividir esta gran región en dos:
la centro occidente, que comprende los estados
de Nay arit, Jalisco, Colima y Michoacán; y la
que llamaremos centro norte, donde ubicamos a
los estados de Querétaro, Aguascalientes, Gua-
najuato, Zacatecas y San Luis Potosí. La agru-
pación se ha hecho tomando en cuenta tanto los
rasgos socioculturales más cercanos así como el
comportamiento religioso que estas entidades
tienen, según nos indican los datos tomados del
xi Censo de Población y Vivienda de 2000. A
continuación hablaremos más detalladamente
de cada una de estas regiones, destacando sus
rasgos y peculiaridades en los ámbitos econó-
mico, social y religioso.
1  
Miembro del Consejo Pontificio para el Diálogo con los No Creyentes (1988); miembro de la Congregación para la Evangelización de
los Pueblos (1989); miembro del Consejo Pontificio para la Cultura (1993); consejero de la Pontificia Comisión para América Latina,
(1997); presidente del Departamento de Educación del CELAM (1986-1991); presidente del Departamento de Catequesis del CELAM
(1991-1995); presidente del Comité Económico del CELAM (1995-1997). Fue uno de los promotores del reconocimiento jurídico de la
Iglesia en México. Presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud (1997). Miembro de Congregación para los Obispos
(2000). Doctor Honoris Causa en Teología de la Universidad Católica Fu-Jen de Taiwán (2001). Miembro del Comité Pontificio para
los Congresos Eucarísticos Internacionales (2001). Doctor Honoris Causa en Teología de la Universidad Pontificia de México (2003).
Electo Cardenal por el Papa Juan Pablo u (2003). En la curia romana es miembro de las Congregaciones para los Obispos y para la
Evangelización de los Pueblos. Pertenece al Pontificio Consejo para la Cultura.

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Capítulo vii
De lo monolítico a la civersidad. El centro norte,
una región católica en disputa
Elizabeth Juárez Cerdi
Introducción
A
guascalientes, Zacatecas, Coli-
ma, Nay arit, Jalisco, Michoacán,
Guanajuato, Querétaro y San
Luis Potosí forman parte de la
denominada zona centro occi-
dente del país. De estas entidades federativas
se ha tomado en consideración solamente a
cinco, para agruparlas en lo que llamaremos su-
bregión centro norte; conformada por: Aguas-
calientes, Guanajuato, Querétaro, San Luis
Potosí y Zacatecas. Al hacer esta delimitación,
la primer pregunta que podría surgir es: ¿se
puede decir que estos estados conforman una
región?; y si es así, ¿cuáles son los criterios uti-
lizados para agruparlos?
Uno de los elementos que se ha tomado en
cuenta para establecer la relación y su inser-
ción en la denominada subregión centro norte,
ha sido la adscripción, las prácticas y creencias
religiosas. Basándonos en los datos del Censo
de Población y Vivienda del año 2000, encon-
tramos que gran parte de los habitantes de esos
estados se siguen identificando como católicos;
el porcentaje de la población total que declaró
tener esa adscripción religiosa va de 95 a 98 por
ciento, lo que ubica a estas cinco entidades den-
tro de los primeros lugares con may or número
de católicos del país. Aunque también hay que
tener presente que en el interior de cada estado
existe una diversidad de confesiones y creencias
no católicas, empero éstas no han sido tan signi-
ficativas como para impedir que consideremos a
estas cinco entidades como parte de una región
donde sigue prevaleciendo el catolicismo como
confesión principal.
Al analizar los datos que proporcionan los
censos de población y vivienda podemos perca-
tamos de que el comportamiento que siguen los
grupos religiosos, incluy endo el catolicismo, en
el interior de los estados (sobre todo si nos enfo-
camos en el análisis en el ámbito municipal), es
disímil. Por ejemplo, según el Censo de Pobla-
ción y Vivienda de 2000, Aguascalientes, uno de
los estados que se encuentra entre los principales,
con un porcentaje alto de población que se decla-
ra católica (97.21%), tiene municipios, como San
José de Gracia que agrupa a 98.80% de los cató-
licos, pero también tiene municipios, como el del
Llano, con un porcentaje significativo (con refe-
rencia al resto del estado) de evangélicos (en este
caso es de 1.41% de la población). Otro ejemplo
lo ofrece Guanajuato, que ocupa en la repúbli-
ca uno de los tres primeros estados con may or
población que se declara católica (96.72%), que
tiene municipios como Coroneo con 99.18% de
católicos y otros como Romita con 2.34% de po-
blación evangélica (y si sumamos el porcentaje de
todos los grupos no católicos en el municipio, el
número sube a 7.58%).
Otros de los factores que se han considerado
para hablar de estos estados como una subre-
gión son: la presencia de grupos étnicos, espe-
cíficamente, de población hablante de alguna
lengua indígena; las actividades económicas y el
monto del Producto Interno Bruto producido
en cada rama productiva; su participación en un
evento histórico, social y cultural de gran rele-
vancia para el país y que marcó un hito en la
manera como la iglesia Católica se presentaba
ante el Estado y ante la misma sociedad. Esto
fue el movimiento armado conocido como La
Cristiada. Finalmente, aunque no menos im-
portante, consideramos la movilidad geográfica
que se observa de manera evidente entre los ha-
bitantes de estas entidades federativas.
Para desarrollar este capítulo, se han toma-
do como referencia los datos que proporciona el
Censo de Población y Vivienda de 2000, organi-
zados en diversas bases de datos, unas elaboradas
por mí y otras por Diana E. Ávila, en el marco del
proy ecto "Cambio Religioso en México1".
Acercamiento al centro norte
Los estados de Aguascalientes, Guanajuato, Que-
rétaro, San Luis Potosí y Zacatecas están ubica-
dos entre el territorio que los arqueólogos llaman
Mesoamérica y Aridoamérica2. Una buena parte
de la población indígena que existía antes de la
Colonia en este territorio, fue desplazada de sus
originales propiedades por los conquistadores,
que se apropiaron de terrenos para sus cultivos
y de aquéllos donde se descubrían y acimientos
minerales. La colonización en la zona también
trajo consigo la repartición de tierras a españoles
(mediante mercedes y encomiendas), el desarro-
llo de la ganadería, la fundación de pueblos' (y
de regimientos militares que los protegieran), el
establecimiento de distintas órdenes religiosas y
sus misiones, y la construcción de obras hidráuli-
cas y numerosos caminos que permitían sacar la
producción agrícola y de metales. Siendo desde
entonces estados con buenas vías de comunica-
ción que les permitían estar ampliamente conec-
tados con la capital del país.
El tipo de colonización, mediante mercedes,
que se dio en la zona dio origen en estos estados
a un sistema de tenencia particular de tierra de
grandes extensiones, el de la propiedad privada,
lo que permitía un tipo de agricultura extensiva,
algunas veces, de riego. Este sistema de tenen-
cia, a pesar de la reforma agraria, persiste hasta
la fecha. Con la explotación minera, agrícola y
ganadera en estos estados, también se dio un
crecimiento demográfico y un incremento en la
actividad comercial y manufacturera. Algunos
de estos estados se fueron caracterizando por
lo que más producían, por ejemplo, Zacatecas,
minerales; Guanajuato, minerales y granos (que
servían para alimentar a las zonas mineras de
1  Proyecto interinstitucional realizado con fondos el Conacyt y coordinado por las doctoras Renée de la Torre (ciEsAs-occ) y Olga Odgers
(El Colef).
2  Por su parte, algunos historiadores consideran que estos estados formaban parte de la Gran Chichimeca.
3  Los pueblos eran de españoles, pero que trajeron indígenas (más sedentarios que los chichimecas que originalmente poblaban la
zona) de otras regiones para realizar diversos trabajos; entre éstos destacan: tlaxcaltecas, tarascas, otomíes y mazahuas.
estados circunvecinos); Aguascalientes, granos
(principalmente maíz y trigo) y manufacturas
(que igualmente servían para surtir a las zonas
mineras). Actualmente esa bonanza que los cin-
co estados de la subregión vivieron durante la
Colonia ha decaído; las fuentes de empleo no
son suficientes para retener a la población, por
lo que sus habitantes tienen como una opción,
quizás la principal, la migración.
Los estados de Aguascalientes, Guanajuato,
Querétaro, San Luis Potosí y Zacatecas tienen
en común, además de la vecindad territorial, un
alto índice de movilidad poblacional: del campo
a la ciudad, intramunicipal e interestatal; mo-
vimiento asociado a la apertura y existencia de
polos de desarrollo económico como los corre-
dores industriales y las zonas de producción a
gran escala de productos del campo destinados
a la exportación internacional. La movilidad de
los habitantes de estos estados no sólo se da en
los márgenes del país, sino que desde hace dé-
cadas es cada vez más numerosa hacia Estados
Unidos. En estas entidades encontramos que
el PIB ha ido decreciendo en el sector primario
y aumentando en el terciario; sin embargo, un
buen porcentaje de los ingresos que perciben
los habitantes de las diversas localidades de los
estados de Guanajuato, Aguascalientes, Zaca-
tecas, Querétaro y San Luis Potosí provienen
de las remesas enviadas por familiares (esposo,
hijos, hermanos, padres) que viven y trabajan en
diversos estados de la Unión Americana'.
La alta movilidad física de sus habitantes
le da características muy peculiares a las enti-
dades federativas de esta subregión. Según los
censos de población y vivienda de diversas dé-
cadas —de 1960 a 20005— estos estados no
han tenido un crecimiento poblacional notorio,
aunque algunos de ellos tengan una tasa de na-
talidad alta. Esta paradoja se explica más por la
migración internacional que por el decremento
natural. Podemos ejemplificar esto con el caso
de Guanajuato, que pasó de una tasa de creci-
miento de 5.32% en 1940 a 4.78% en 2000.
Los cinco estados también comparten pro-
blemáticas similares. Por ejemplo, Guanajuato
y Querétaro forman parte de una importante
zona geográfica, conocida como el Bajío, que en
términos económicos y productivos había sido
relevante para el país, por lo que durante mucho
tiempo fue considerado "el granero de México",
pues provey ó de diversos productos agropecua-
rios a los estados vecinos. La producción era
posible gracias a la riqueza del suelo, el clima, la
inversión en el campo, los cambios tecnológicos,
los diversos programas de desarrollo implemen-
tados, etc. Las otras tres entidades federativas,
Aguascalientes, Zacatecas y San Luis Potosí
contaron con menos recursos agrícolas, pero
supieron desarrollar su economía basándose en
sectores como el industrial y el de servicios. Sin
embargo, a partir de la década de los noventa,
quizás en parte debido a "las ventajas" del Tra-
tado de Libre Comercio, la economía de estos
cinco estados, sobre todo en el sector primario,
ha sufrido una variación descendente.
En las últimas décadas, Guanajuato,
Aguascalientes, Querétaro, Zacatecas y San
Luis Potosí han visto impulsado el desarrollo
industrial gracias a un monto considerable de
capital extranjero que se ha invertido, prin-
cipalmente en las ramas textil, alimentaria y
automotriz. Cabe aclarar que dicha inversión
y la presencia de industrias en los municipios
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4  Del Censo de 2000, en lo que respecta a factores y grado de intensidad migratoria a Estados Unidos, podemos destacar que de los
11 municipios de Aguascalientes, siete tienen un grado de intensidad migratoria, alto; uno, muy alto; dos, medio; y sólo la ciudad de
Aguascalientes tiene un grado bajo. De los 46 municipios de Guanajuato, ocho tienen un grado de intensidad migratoria muy alto; 20,
alto; 16, medio y sólo tres, bajo (que corresponde a las grandes ciudades). De los 18 municipios de Querétaro, seis tienen un grado
de intensidad migratoria alto; dos, medio y 10, bajo. De los 57 municipios de Zacatecas; 23 tienen un grado de intensidad migratoria
muy alto; 18, alto; nueve, medio y siete, bajo. San Luis Potosí es la entidad que presenta el mayor número de localidades con un índice
bajo. De los 58 municipios que lo componen: ocho tienen un grado de intensidad migratoria muy alto; 14, alto; 13, medio y 23, bajo.
5  La década de 1970 a 1980 fue la excepción, ya que la tasa de crecimiento demográfico del país aumentó. La tasa más baja se
presentó en la década de 1990.
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Tabl a 7.1
Entidad
federativa
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de los cinco estados, no es homogénea, de tal
manera que en una misma entidad federativa
encontramos zonas que son polos de atracción
de mano de obra, y otras que debido a la ca-
rencia de empleos, son expulsoras.
Ahora bien, el Producto Interno Bruto
(PIB) es uno de los indicadores más represen-
tativos para medir el crecimiento económico
general de un país o región. Su representación
numérica es la suma del valor total de bienes
y de servicios producidos por una sociedad
durante un periodo de tiempo determinado,
generalmente un año. Y aunque puede darnos
una idea general del desarrollo de toda una en-
tidad federativa, habría que tomar con cautela
los datos cuando hablamos de los municipios,
pues dentro de un mismo estado se da un cre-
cimiento económico desigual por zonas y mu-
nicipalidades, debido a la propiciación de las
condiciones ambientales, la disponibilidad de
mano de obra, los estímulos u obstáculos para
la inversión privada, estatal y federal y al inte-
rés de las clases sociales en el poder político y
económico para fomentar, reprimir o deprimir
determinadas actividades económicas.
Como podemos observar, la may or parte
del Producto Interno Bruto de estos estados es
generado en el sector terciario o de servicios,
seguido por el secundario (o de transforma-
ción). El sector primario ha ido decreciendo y
el PIB generado es mínimo en comparación con
los otros dos sectores, por lo que podríamos
interpretar que nos encontramos con estados
que y a no tienen como actividad principal la
agricultura, aspecto que igualmente se puede
observar en el número de personas dedicadas
a esta actividad.
En algunos casos ha ido disminuy endo la
extensión de tierra del Bajío principalmente
de riego y enfocada al cultivo de productos
para la exportación y abastecimiento del mer-
cado regional y nacional, como por ejemplo
Guanajuato donde, como en otras zonas si-
milares, es cada vez más evidente la existen-
cia de corredores industriales con empresas
procesadoras de productos del campo, en las
que trabajan principalmente las mujeres. Otro
Producto Interno Bruto por entidad federativa.
Participación por sectores en la entidad
(participación porcentual)
Total Primario Industrial Servicios
Total nacional  100 3.8  !  26.3 69.9
62.4 Aguascalientes 100 3.4  !  34.2
Guanajuato 100 4.6  36.4 58.9
Querétaro Arteaga 100 3.2  35 61.8
San Luis Potosí 100 6.5  34 59.4
Zacatecas 100 14.2  23.8 62.1
Fuente: INEGE Censo Económico 2004. Datos referentes a 2004. La suma de
las cifras parciales puede no coincidir con el total debido al redondeo
Población ocupada por sector de actividad
Entidad
Federativa
Sector de  Pobl ación
A ctividad  ocupada
Porcentaje
Total  33 730 210 100
Estados Unidos
Primario 24 392 0.07
Mexicanos
Secundario 9 384 109 27.82
Terciario 17 995 223 53.35
No especificado 1 012 579 3.00
Total 331 083 100
Primario 24 392 7.37
Aguascalientes Secundario 116 936 35.32
Terciario 181 334 54.77
No especificado 8421 2.54
Total 1 460 194 100
Primario 193 189 13.23
Guanajuato
Secundario 532 008 36.43
Terciario 690 497 47.29
No especificado 44 500 3.05
Total 353 6281 100
Primario 73 1261 20.68
Zacatecas
Secundario 94 4621 26.71
Terciario 174 9781 49.48
N o especificado 11 0621 3.13
Total 479 9801 100
Querétaro
Primario 41 479 l 8.64
de Arteaga
Secundario 177 2741 36.93
Terciario 244 5211 50.94
No especificado 16 706T 3.48
Total 715 731 1 100
Primario 152 565 21.32
San Luis Potosí
Secundario 193 590 27.05
Terciario 348 7001 48.72
No especificado 20 876 2.92
/11111-, -  .~ 1.111.111.1~ 0 11111M I  
Fuente: NEO, XII Censo General de Población y V ivienda, 2000
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ejemplo lo tenemos en Aguascalientes. Mien-
tras que el número de corredores industriales'
es importante en la región por las industrias
establecidas y por su producción, la extensión
de tierras dedicadas al cultivo ha disminuido
desde hace tiempo debido a la baja producti-
vidad, falta de recursos técnicos y económicos
para seguir invirtiendo y a los bajos precios de
los productos cultivados que se pagan en el
mercado nacional.
Con respecto a la composición étnica, es-
tos cinco estados de la subregión centro norte
comparten la notoria presencia de grupos in-
dígenas, panorama que nos habla no sólo de
una diversidad cultural y social sino también
de una diferencia en la explotación y apro-
vechamiento de los recursos naturales, de
economías basadas en la agricultura de sub-
sistencia, de formas de producción precapita-
listas que cohabitan con otras más modernas
y mecanizadas, y que abarcan grandes ex-
tensiones de tierra. Igualmente encontramos
distintos grados de marginación y pobreza
y de multiplicidad de prácticas, cosmovisio-
nes y concepciones religiosas propias de cada
grupo indígena, que pueden ir unidas, unas,
al catolicismo institucional, otras amalgama-
das con concepciones del catolicismo popular
y , las menos, con confesiones protestantes y
pentecostales.
Durante la Colonia, los habitantes origi-
narios de estos cinco estados convivieron con
negros, mulatos, españoles e indígenas de otras
partes del país. Esa diversidad sociocultural ac-
tualmente se ve reflejada en elementos presentes
en algunas manifestaciones culturales, como las
danzas en las fiestas patronales, las artesanías, las
celebraciones litúrgicas, las comidas y otras for-
mas diversas de expresar la religiosidad, como
las prácticas de cultivo agrícola, el aprovecha-
miento y la explotación de los recursos natura-
les de los distintos medio ambientes. Y, aunque
no es una generalidad, se puede destacar que las
poblaciones indígenas se ubican actualmente en
zonas pauperizadas, de baja productividad agrí-
cola y de muy bajo desarrollo industrial.
A partir de lo que el Censo de Población y
Vivienda de 2000 específica como hablantes de
alguna lengua indígena, podemos destacar que
en Aguascalientes hay nahuas (10.8%) y ma-
zahuas (6.4%); en menor proporción otomíes
(2.9%), huicholes y tarahumaras. El grupo de
los hablantes de náhuatl se ubica principal-
mente en los municipios de Aguascalientes
(17.68%), Calvillo (0.64%) y en el de Pabellón
de Arteaga (0.64%).
En Guanajuato hay chichimecas jonaz
(14.6%), nahuas (7.5%) y otomíes (7.2%);
en menor proporción, mazahuas (6.4%) y
purépechas (3.4%). De la población indíge-
na, 94.43% se declaró católico. Se localizan
principalmente en las grandes ciudades como
León, Celay a, Irapuato y San Luis de la Paz.
Este estado y Querétaro comparten la pre-
sencia de grupos otomíes y chichimecas en la
parte denominada Sierra Gorda.
En Querétaro encontramos, además de oto-
míes (81 por ciento) y chichimecas, nahuas y
huastecos, concentrados en los municipios de
Tolimán, San Juan del Río, Amealco de Bonfil,
Caderey ta de Montes y Querétaro. De la pobla-
ción indígena, 95.55% se declaró católica.
De los cinco estados, San Luis Potosí es el
que concentra el may or número de población
indígena; 15.16% de su población total. Hay
nahuas (56.5%) y huastecos (37. 4%) y en me-
nor proporción pames, kikapús y tarahumaras,
concentrados en los municipios de Matlapa,
Xilitla, Axila de Terrazas, Tamazunchale, Tan-
lajás, Ciudad Valles, Aquismón, Coxcatlán y
Tancahuitz de Santos. De la población indíge-
na, 80.90% se declaró católica.
6  Parques industriales en Aguascalientes: Ciudad Industrial, Parque Industrial del V alle de Aguascalientes, Parque Industrial El V ergel,
Parque Industrial Altec, Parque Industrial Siglo xxi, Parque Industrial San Francisco, Parque Industrial Tecnopolo Pocitos, Parque
Industrial Chichimeco, Parque Industrial Calvillo, Parque Industrial El Llano "Proyecto".
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En Zacatecas hay tepehuanos de Durango
(14.1%) y huicholes (14.3%) y en menor núme-
ro, nahuas (8.6%), huastecos (2.6%) y mazahuas
(3.3%), concentrados en los municipios de Fres-
nillo, Guadalupe, Valparaíso y Zacatecas.
Otros tres elementos que pueden darnos un
panorama más complejo de la situación socioeco-
nómica de estas cinco entidades federativas, son:
el grado de marginación, el de urbanización y la
población de 15 años y más que es analfabeta,
datos que tomamos del Censo de 2000.
La may or parte de los municipios de Aguas-
calientes presenta un grado de marginación bajo
(tres presentan un grado medio: Asientos, San Jo-
sé de Gracia, y Villa García). Sólo dos municipios
presentan un grado de urbanización alto: Aguas-
calientes y Jesús María, en ellos predominan las ac-
tividades del sector terciario y secundario; y 4.84%
de la población de 15 años y más es analfabeta.
En Guanajuato, la may or parte de los mu-
nicipios presenta un grado de marginación alto
(siete municipios cuentan con grado de bajo a
muy bajo y otros 15, medio). Los municipios
que cuentan con el may or grado de urbaniza-
ción son Celay a, San Miguel de Allende, León,
Irapuato y Silao, donde predominan las activi-
dades del sector secundario y terciario (aunque
Celay a está ubicada en un rica zona agrícola co-
nocida como el Bajío guanajuatense); y 11.99%
de su población de 15 años y más es analfabeta.
Querétaro presenta un grado de margina-
ción medio (el municipio de Querétaro es el
único que presenta un grado de marginación
muy bajo, tres municipios bajo y 10 alto). Los
municipios con may or grado de urbanización
son Querétaro, San Juan del Río y El Marqués,
donde predominan las actividades del sector se-
cundario y terciario; 9.80% de su población de
15 años y más es analfabeta.
San Luis Potosí presenta un grado de mar-
ginación alto (sólo los municipios de Cárdenas,
Matehuala, San Luis Potosí y Soledad de Gra-
ciano Sánchez tienen un grado de marginación
bajo y 28 municipios, medio). El may or grado
de urbanización lo presentan ciudad Valles, San
Luis Potosí, Soledad de Graciano S. y Río Ver-
de (en los que predominan las actividades del
sector terciario). En Matehuala y Ciudad del
Maíz (en los que predominan las actividades
del sector primario), 11.29% de su población de
15 años y más es analfabeta.
La may or parte de los municipios de Zaca-
tecas presentan un grado de marginación alto;
sólo el de Zacatecas se ubica en el de muy ba-
jo; 12, bajo y 21 municipios medio. El may or
grado de urbanización lo presentan los mu-
nicipios de Zacatecas, Fresnillo y Guadalupe;
en ellos predominan las actividades del sector
terciario. El 7.97% de la población de 15 años
y más es analfabeta.
Cristiada
Los estados que comprenden la zona centro
norte han sido parte de uno de los movimien-
tos más significativos en la vida religiosa de
México: el levantamiento en armas de aquellos
católicos que luchaban por defender sus prác-
ticas y creencias, de las ley es y prescripciones
del gobierno federal. 1926 y 1927 son años de
templos cerrados, campanas mudas, tabernácu-
los vacíos, liturgia suspendida, vida sacramental
clandestina (Mey er, 1999: xi). "El que por regla
general no participa en la pelea, el que se ca-
racteriza por su resignación, por su marginali-
dad (anciano, niño, mujer, indio), participa en la
cristiada" (Ibidem. , p. mi).
Aparte de la defensa de la fe, uno de los ras-
gos distintivos de este movimiento fue que se
crearon gobiernos cristeros en distintas zonas
del centro de nuestro país.
[...] esta aspiración a la democracia pueblerina y a
la justicia fue fortificada por la necesidad militar y
encarnó, allí donde fue posible, en administración
civil y militar, un verdadero gobierno paralelo y a
veces único en las "repúblicas autónomas" de las
que el ejército federal había sido expulsado (Me-
y er, 1997: 8).
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Hubo gobiernos cristeros en Guanajuato,
Zacatecas y Sierra Gorda (Querétaro-Gua-
najuato). En éstos, el territorio se dividía en
diversos sectores; uno de los más importantes
correspondía al occidente del estado de Gua-
najuato. A su vez, cada sector estaba organi-
zado en subsectores, que se dividían en tres
mandos civiles. Por ejemplo, en Guanajuato
eran: municipios, caseríos y ranchos. Hacia
1929 había 11 municipios cristeros en el su-
doeste de Guanajuato'.
En estos municipios cristeros también ini-
ció la denominada Unión Popular, cuy o obje-
tivo fue la lucha cívica en contra de las ley es
persecutorias. El estado en que ésta tuvo ma-
y or presencia fue Guanajuato, donde, junto
con Jalisco, llegó a tener 100 000 afiliados con
una eficaz organización.
Religión
¿Qué transformaciones vive el centro norte del
país en cuestiones religiosas?
En términos generales, se puede destacar
que estos cinco estados se siguen caracteri-
zando por tener los porcentajes más altos de
habitantes que se declaran católicos (ver mapa
7.1), por contar con una, dos o hasta tres dió-
cesis en su territorio' (algunos también tienen
arquidiócesis), y porque la iglesia Católica, de
tendencia conservadora, aún mantiene un alto
nivel de influencia en la vida política y social.
Sin embargo, como vemos en el mapa 7.2, ha
habido un decrecimiento, aunque mínimo, en
la adscripción al catolicismo, como se puede
apreciar en la aproximación al ámbito munici-
pal durante tres distintas décadas.
A partir de los datos del censo del año 2000,
vemos que el número de los que se declaran
católicos en los cinco estados que componen
esta subregión va disminuy endo con respecto
a las tres décadas anteriores, como muestra el
mapa 7.3.
Como se puede apreciar, en el campo re-
ligioso de la subregión centro norte, el ca-
tolicismo sigue siendo predominante. Las
muestras del catolicismo popular se muestran
en las fiestas patronales y en las festividades
propias de esta religión como las de Semana
Santa, Día de Muertos, Corpus Christi, Na-
vidad (pastorelas, posadas, coloquios), Virgen
de Guadalupe, Día de Rey es, días de la Can-
delaria y de la Santa Cruz. Además de las y a
mencionadas, en cada estado se celebran algu-
nas más específicas y que tienen que ver con la
cosmovisión y creencias de los grupos étnicos
establecidos en la región.
Sin embargo, hay que destacar que el pa-
norama religioso en esta subregión es cada vez
más diversificado, de tal forma que actualmente
es notoria la presencia de iglesias protestantes
históricas, evangélicas, pentecostales9 y bíblicas
no evangélicas (testigos de Jehová, mormones y
adventistas), además de otras de origen oriental.
Dentro de la iglesia Católica ha surgido una serie
de movimientos laicos, de tal manera que bien
se puede hablar, también, de una diversificación
dentro del catolicismo. El cuadro 7.3 permite
mostrar este panorama en porcentajes.
7  Al respecto véase Meyer, 1997; González 2000, 2001 y 2003.
8  Por ejemplo, la Diócesis de Aguascalientes comprende todo el estado, parte del de Jalisco, una pequeña porción del estado de Zaca-
tecas y un poblado del de Guanajuato. Este último estado tiene en su territorio tres diócesis: las de León, Celaya e Irapuato, y algunos
de sus municipios pertenecen, por su ubicación, a las Diócesis de Querétaro y a la de Morelia. Querétaro cuenta con una diócesis
que atiende a las poblaciones del estado y a las ubicadas al noreste de Guanajuato. San Luis Potosí cuenta con dos diócesis, la de
Ciudad V alles y la de Matehuala, y una arquidiócesis, ubicada en la ciudad de San Luís Potosí.
9  Aunque llegan al país en el siglo xix, su presencia en la región centro occidente no fue muy notoria hasta los años 60-70 del
siglo xx,
185
186
Kilómetros
60
I  I
60 30
I  
M apa 7.1
Durango  Nuevo León
Porcentaje de católicos en los estados de Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro, San Luis Potosí, Zacatecas, 2000
Tamaulipas
Zacatecas
San Luis Potosí
Aguascaliente
Guanajuato
Querétaro
Jalisco
Hidalgo
Michoacán
Edo. de México
Yknirt
\MI»
Fuente: Elaborado por Alberto Hernández y Carlos V . Huelas basado en la muestra del 10% del xn Censo General de Población y V ivienda. 2000.
I
Porcentaje de "católicos", 2000
0 - 92.0 0
92.0 1 - 95.0 0
95.0 1 - 96.0 0
96.0 1 - 10 0
M
I=

r-
w
z
-
o
1
50-2000. Fuente: Elaborado por Alberto Hernández y Carlos V . Huelas basado en los datos del proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_rie)" a parir de los C,CY,/, MEG > ,
Porcentaje de católicos por municipios de 1950, 1970 y 1990
1970
1990
Nota: La categoría censal "no identificada" fue redistribuida porporcionalmente en las demas categorías.
Kilometros
60  30
1  1
60
I
Porcentaje de "católicos"
50 .0 0 - 92.49
92.50 - 94.99
95.0 0 - 97.49
97.50 - 99.89
99.9 -10 0
1950
LLI
z
M apa 7.3
Porcentaje de católicos por municipios, 2000
F
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I
Porcentaje de "católicos", 2000
50 - 92.49
92.50 - 94.99
95.0 0 - 97.49
97.50 - 99.89
99.90 - 10 0
11111Milá
60 30 0
1 1  I  I
,?*
Nota: La categoría censal "no identificada" fue redistribuida proporcionalmente entre las demás categorías.
Fuente: Elaborado por Alberto Hernández y Carlos V . Ruelas basados en los datos del proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_NE)", a partir de los CGPYV Y NEO 2000.
188
Estados Catól icos Protestantes
y evangél icos
Bíbl icos
no evangél icos
Sin rel igión
Aguascalientes 95.64% 1.93% 0.75% 0.82%
Guanajuato 96.41% 1.31% 0.70% 0.68%
Querétaro 95.27%  1.91%  0.89% 0.93%  
San Luis Potosí 91.96% 4.63% 1.00% 1.53%
Zacatecas 95.13% 1.94% 0.96% 1.09%

Fuente: Elaboración personal basada en los datos del Censo de Población y V ivienda de 2000

»
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N

D
I
S
P
U
T
Á

Ahora bien, aun cuando cada vez es más notoria la
presencia de organizaciones religiosas no católicas,
tenemos que en términos estatales cuatro de las
cinco entidades federativas presentan, con respecto
a su población total, la presencia más baja de iglesias
protestantes y evangélicas; a diferencia de lo que
sucede, por ejemplo, en estados de la región pacífi-
co sur y golfo. Estas entidades son: Aguascalientes
con 1.93%, Guanajuato, 1.31%, Zacatecas, 1.94% y
Querétaro con 1.91%. La excepción la constituy e
San Luis Potosí, que cuenta con 4.63% de iglesias
no católicas, aunque cabe aclarar que no todo el
estado tiene el mismo comportamiento religioso.
Por ejemplo, hay municipios donde la presencia de
católicos sigue siendo predominante,y otros donde
éstos conviven con una población significativa de
crey entes de confesiones diferentes.
En la may oría de los cinco estados, los muni-
cipios que se destacan por su alto porcentaje de
católicos son predominantemente rurales o con
un gran número de localidades con menos de
2500 habitantes. En Zacatecas, es el municipio
de Fresnillo y el de Benito Juárez (99.31% de los
habitantes se declararon católicos); en San Luis
Potosí, son los de Soledad de Graciano Sánchez
y Santa María del Río (98.39% católicos). En
otros casos son municipios donde se asienta una
diócesis o una sede importante del catolicismo;
tal es el caso de León, Irapuato, Salamanca y
Celay a, en Guanajuato (en dos de estas ciudades
hay una diócesis: Irapuato y Celay a, y una arqui-
diócesis en León) y conventos o casas sedes de
órdenes religiosas femeninas y masculinas, como
las de los jesuitas, franciscanos, dominicos, legio-
narios de Cristo, agustinos, carmelitas, merceda-
rios y maristas, entre otros.
En Aguascalientes destacan: el municipio del
mismo nombre, donde se asienta la capital del
estado y la sede del obispado; y el municipio de
San José de Gracia con 98.80% de católicos. En
Querétaro son relevantes por el número de ca-
tólicos, el de San Juan del Río y el de Querétaro,
dos municipios importantes no sólo por su desa-
rrollo industrial, sino también por ser receptores
de un amplio número de individuos originarios
de otras entidades federativas; sin embargo, se
destaca particularmente el municipio de Peña-
miller, con 98.69% de católicos.
Los municipios en la región centro norte que se
destacan por su menor porcentaje de católicos son:
en Zacatecas: Mazapili° y Miguel Auza"; munici-
pios que colindan con Durango (y donde encontra-
mos a los tepehuanos); en San Luis Potosí: Xilitla,
Axila de Terrazas, Tampamolón Corona, Mafia-
pa, Tampacán, San Martín Chalchicuautla, Tan-
quián de Escobedo, San Antonio, Tamazunchale
y Coxcatlán (33.18%). Estos municipios tienen un
alto porcentaje de población indígena (11.7% de
10 Tiene 200 localidades, 151 con menos de 100 habitantes y 42 con menos de 500 habitantes.
11 Tiene 58 localidades, 49 con menos de 500 habitantes,
189
Tabl a 7.5
o
w
O
rr
w
uf
z
z
cc
o
cc
la población total) y colindan con Veracruz e Hi-
dalgo, entidades que se han caracterizado por la
presencia importante de grupos no católicos. En
Aguascalientes, es el municipio del Llano (1.41%).
En Guanajuato, Romita (2.34%); en Querétaro,
Amealco de Bonfil, con 2.60% de evangélicos. En
Municipio
 
Estado Cambio  Grado
 
Población  Grado de
religioso intensidad analfabeta marginación
migratoria
 
15 años y más
Mazapil
El Salvador
ZAC
ZAC
Medio
Medio
Medio
Medio
Bajo 14.10%  Alto
Muy bajo 20.19%  Alto
Miguel Auza ZAC Alto 6.16%  lBajo
Xilitla SLP Muy bajo 16.37%  Alto
Auxtla de T. SLP Alto  Muy bajo 14.68%  Alto
Tampamolón SLP Medio Muy bajo 22.26%  Muy alto
Matlapa SLP Alto Muy bajo 20.87%  Alto
Tampacán SLP Alto Muy bajo 20.53%  Alto
Chalchicuautla SLP Medio Muy bajo 28.12%  Muy alto
Tanquián SLP Medio Bajo 19.42%  Medio
Tamazunchale SLP Medio Muy bajo 22.83%  
j  
Alto
Coxcatlán SLP Alto Muy bajo 20.07%  Alto
El Llano AGS Bajo Alto 8.58%  Medio
Romita GTO Bajo Alto 16.21%  Medio
Amealco ORO Bajo Medio 25.15%  Alto
Estados Aguascalientes Guanajuato  Querétaro San Luis Potosí  Zacatecas
Población total 821 404  4 049 950 1 224 088 2 010 539 1 188 724
Catolicos (%) 95.64  96.41 95.27 91.96 95.13
> , co
a, o  Históricas %
=,
0.11  0.11 0.13 0.57 0.29
03
...
lf, =:'  Pentecostales y
2 > neopentocostales (%)
o-  Cl>
0.32  0.28 0.35 1.74 0.47
Adventistas (%)
o
ti

0,05  0.04 I  0.14 0.16 0.21
==
2
o
kr,  Mormones (%) 0.16  0.07 0.12 0.12 0.10
,- .. • =
ea  Testigos
.3 1
de Jehová (%)
0.55 0.60 0.64 0.72 0.67
Otras evangelistas (%) 1.48
-,--
0.92 1.44 2.31 1.18
Sin religión (%) 0.85 0.69 0.93
--4
1.54 1.10
Índice cambio religión Bajo Bajo Bajo 1
1
Bajo Bajo
Zacatecas, El Salvador (con 5.08%). De manera
sintética podemos observar este panorama en el
mapa 7.4.
Con el siguiente cuadro se puede tener una
mejor idea de cuáles son las condiciones que
imperan en estos municipios. Para ello se han
tomado en cuenta factores como intensidad mi-
gratoria, analfabetismo y grado de marginación.
Ahora bien, a partir de la especificidad de los
grupos religiosos, mencionados en el Censo del
año 2000, en términos estatales se puede obser-
var el siguiente panorama religioso:


Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos creada por Diana E. Ávila en el proyecto Cambio Religioso
en México, tomando la información de NEO, Censo de Población y V ivienda de 2000.

Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos creada por Diana E. Ávila, tomando la información de INEGI,
Censo de Población y V ivienda de 2000.

190


Mapa7.4
Municipios con menor presencia católica, 2000
I
Menor porcentaje de "católicos"
Región centro norte
Kilómetros
Nota: La categoría censal "no identificada" fue redistribuida proporcionalmente entre las demás categorías.
Fuente: Elaborado 'or Alberto Hernández Carlos V. Ruelas basado en los datos del proy ecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_NE)", a partir de los CGPYV Y INEGI 2000.
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cc
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(1)
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92
Iglesias protestantes
y evangélicas
La may or presencia de estas iglesias las encon-
tramos en los municipios de Ciudad Valles, San
Luis Potosí, Xilitla, Matlapa, Tamazunchale
Axtla de Terrazas y Coxcatlán, en el estado de
San Luis Potosí; en León, Irapuato y Celay a, en
Guanajuato; en el municipio de Querétaro, en
el estado del mismo nombre; en el municipio de
Aguascalientes, en el estado del mismo nombre;
y en Miguel Auza, en Zacatecas. De este grupo,
destacan las siguientes iglesias protestantes his-
tóricas: en Aguascalientes: Bautista, Calvinista,
Ejército de Salvación y Presbiteriana. En Gua-
najuato: Bautista, Calvinista, Luterana y Pres-
biteriana. En Querétaro, Bautista, Calvinista
Y Presbiteriana. En San Luis Potosí, Bautista,
Calvinista, Cuáquera, Metodista Y Presbiteria-
na. En Zacatecas, Bautista, Calvinista, Ejército
De Salvación, Menonita (19.5%)12 y Metodista.
Las iglesias protestantes históricas, sobre to-
do la Presbiteriana, Metodista, Congregacional
Y Bautista han estado presentes en los estados de
la región centro norte desde fines del siglo xix,
cuando llegaron misioneros norteamericanos de
la Sociedad Bíblica a propagar el Evangelio. Esta
labor también la llevaron a cabo algunos comer-
ciantes ambulantes, que junto con sus mercancías
iban difundiendo la "nueva fe". Es importante
mencionar que debido a que en algunos de los
estados de la región centro norte la minería fue
una actividad importante, llegaron ingenieros
metalúrgicos ingleses y norteamericanos, desde
el siglo xIx hasta mediados del xx, que eran pro-
testantes; aunque ellos no hicieron una abierta
labor de proselitismo entre los trabajadores.
Al respecto, Casillas (2005) menciona:
En unos cuantos años, las prácticas confesionales
prohibidas salieron de su clandestinidad, o bien
llegaron abiertamente del exterior. Así, para 1876
se registra la presencia de 129 congregaciones pro-
testantes en el país, particularmente localizadas en
las regiones centro, occidente y norte". Para 1883,
es decir, pocos años más tarde, y a había 12 juntas
misionales y 264 congregaciones". Durante esta
segunda mitad del mx, serán los misioneros de las
iglesias, Presbiteriana, Bautista, Congregacionalis-
ta y Metodista, todas procedentes de los Estados
Unidos, los que realizarán la labor evangelizadora y
educativa del protestantismo en México.
Otra rama de las protestantes y evangélicas son
las iglesias pentecostales y neopentecostales, que
han crecido en número en esta subregión du-
rante los últimos treinta años; y aunque su pre-
sencia no es muy notoria si la comparamos con
la de otros estados de las regiones golfo, pacífico
sur y península, sí representan un elemento di-
ferente que irrumpe en el campo religioso, tra-
dicional y may oritariamente católico. Algunas
de estas iglesias llegaron a la región a principios
del siglo xx (alrededor de 1930), pero su exis-
tencia no se hizo muy evidente debido a la per-
secución y agresión a la que se vieron sometidos
por parte de la población católica, así como a
las descalificaciones que recibían de miembros
de iglesias protestantes históricas que veían mal
sus manifestaciones emotivas.
De la línea pentecostal y neopentecostal en-
contramos en Aguascalientes, principalmente gru-
pos llamados Amistad Cristiana, Casa de Oración,
Centro de Fe, Iglesia de Dios, Sociedades Evan-
gélicas, Sociedades Pentecostales y Sociedades
Cristianas Pentecostales. En Guanajuato: Amis-
tad Cristiana, Iglesia de Dios, Iglesia de Dios de la
Profecía, Sociedades Evangélicas, Sociedades Pen-
12 Dato tomado de INEGI, La div ersidad rel igiosa en México, México, 2000.
13 Bastian,1988: 469.
14 Balwin, 1986: 289.
1


M

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tecostales, Sociedades Cristianas Pentecostales,
Sociedades Evangélicas Pentecostales. En Que-
rétaro: Amistad Cristiana, Iglesia de Dios de la
Profecía, Sociedades Evangélicas, Sociedades Pen-
tecostales, Sociedades Cristianas Pentecostales. En
San Luis Potosí: Amistad Cristiana, Casa de Ora-
ción, Iglesia de Dios, Iglesia de Dios de la Profecía,
Iglesia Evangélica de Hermanos, Misionera Pen-
tecostal, Evangélica Neotestamentaria, Sociedades
Pentecostales, Sociedades Cristianas Pentecostales
y Sociedades Evangélicas Pentecostales. En Zaca-
tecas: Amistad Cristiana, Casa de Oración, Iglesia
de Dios, Iglesia de Dios de la Profecía, Evangélica
Neotestamentaria, Sociedades Pentecostales, So-
ciedades Cristianas Pentecostales.
Cabe destacar que en los cinco estados en-
contramos la presencia importante, numérica-
mente hablando, de miembros de la Iglesia de
Dios Vivo, Columna y Apoy o de la Verdad y la
Luz del Mundo, conocida simplemente como
Iglesia de la Luz del Mundo.
Iglesias bíblicas
no evangélicas
Tienen una may or presencia en el municipio de
Fresnillo en Zacatecas; en el de Aguascalientes,
en el estado del mismo nombre; en los munici-
pios de San Luis Potosí y Ciudad Valles, en el
estado de San Luis Potosí; en León, Irapuato,
Salamanca y Celay a en Guanajuato; en el muni-
cipio de Querétaro, en el estado del mismo nom-
bre. Dentro de esta rama, los testigos de Jehová
están creciendo rápidamente en la región, de tal
forma que son el grupo que may or presencia tie-
ne en los cinco estados (le sigue el de los mormo-
nes y en menor medida el de los adventistas). No
se tiene el dato preciso del establecimiento de
cada uno de los tres grupos en los cinco estados;
sin embargo, se tienen algunas inferencias de su
presencia entre 1960 y 1980, siendo más notoria
su existencia en la década de los noventa, cuando
empiezan a despuntar los Testigos de Jehová.
Otras evangélicas
Tienen may or presencia en el municipio de Aguas-
calientes, en el estado del mismo nombre; en los de
Soledad de Graciano Sánchez y Ciudad Valles, en
San Luis Potosí; en el municipio de Querétaro, en
el estado del mismo nombre; en León, Irapuato,
Salamanca y Celay a, en Guanajuato.
Un caso que debe ser considerado aparte es
el de la zona de la Huasteca potosina, y a que
presenta un comportamiento religioso diferen-
te al del resto del estado y de las otras cuatro
entidades federativas. En la Huasteca encon-
tramos una importante presencia de iglesias
protestantes, tanto históricas como pentecosta-
les y neopentecostales. Dichas congregaciones
están ubicadas en localidades donde existe un
alto porcentaje de población indígena, náhuatl
y huasteca; localidades que, aunque cuentan con
recursos naturales, presentan altos índices de
marginación y problemáticas sociales, de salud
y educativas, asociadas a niveles de pobreza.
Sin religión
Los municipios con may or porcentaje de indivi-
duos que se declararon sin religión son: Mazapil
(6.53%), Melchor Ocampo (4.10%), Río Gran-
de (3.33%) y Apulco (3.33%), en Zacatecas;
Vanegas (4.71%), Cidral (3.61%), Guadalca-
zar (4.06%), Villa Hidalgo (4.11%), Coxcatlán
(4.31%) y Axtla de Terrazas (4.45%), en San
Luis Potosí; El Llano (4.02%), en Aguasca-
lientes; Cortázar (4.11%), Jaral del Progreso
(5.35%), Romita (5.88%), Salamanca (4.08%),
Uriangato (4.43%) y Valle de Santiago (5.14%),
en Guanajuato.
193
Estados Catól ica Protestantes
y evangél icos
Bíbl icos  Sin rel igión
no evangél icos
Aguascalientes 95.64% 1.93% 0.75% 0.82%
Guanajuato 96.41% 1.31% 0.70% 0.68%
Querétaro 95.27%  1.91% 0.89% 0.93%
San Luis Potosí 91.96%  4.63%  1.00% 1.53%
Zacatecas 95.13% 1.94% 0.96% 1.09%
•1 •  el  el e el e  un  es r  e  e e• el e. 14 y V •e e• lel
Gráfica7.3
Distribución de la población por edad,
sexo y adscripción religiosa, 2000.
GUANAJUATO
Protestantes  Bíblicas no
mi Judaica g Otra 111 Sin religión
y evangélicas  evangélicas
bree::  Mujeres
50 o más
45 a 49
40 a 44
35 a 39
30 a 34
25 a 29
-2718
-1272
-1350
-3243
882
-1080  602
e
970
I
4131
848
261
-1510 2180
20 a 24
1691 2291
15 a 19
-1E84
10 a 14
-1685 3661
5 a 9
-1721 -3701 3620
0 a 4
500 000 -2500 500
Fuente: INEGI. XII Censo General de Población y Vivienda 2000
500 5 000
9
1060
1110
1385
1633
1537
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1
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M
M
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g
«
-
• I
M
M
I
M

En general, el número de individuos que se de-
claran sin religión en las cinco entidades federativas
que componen la región centro norte representan
un porcentaje muy bajo de la población total (el
porcentaje más alto lo tiene San Luis Potosí), en
comparación con otros estados de las regiones golfo,
pacífico sur y península. Una explicación hipotética
acerca del número tan bajo de los que se declaran
sin religión en la región centro norte puede deberse
a, por una parte, la presencia e influencia que aún
tiene la iglesia Católica en la región; la existencia y
Distribución de la población por edad,
Gráfica 7.1  
sexo y adscripción religiosa, 2000.
AGUASCALIENTES
Protestantes  Bíblicas no  
Judaica  IOtra  Sin religión
y evangélicas  evangélicas
50 o más
45 a 49
40 a 44
35 a 39
30 a 34
25 a 29
20 a 24
15 a 19
10 a 14
5 a 9
0 a 4
Nombres
-277  402  1081
450  158,
BB  -511  635
 
-599  750  327 III
 
-615  770  332
858  390II
 
-710  873
 
-:.,  -941  972  375
 
IIIID  
-1125  1037  439
 
MEI  -1025  1075  
6
kali
 
I  i  i
-200000  -100000  0  100 000  200 000
Fuente: IIJEGI. XII Censo General de Población y Vivienda 2000
Gráfica 7.2
Distribución de la población por edad,
sexo y adscripción religiosa, 2000.
QUERETARO
Protestantes  Bíblicas no  I
Judaica  IOtra  ISin religión
y evangélicas  evangélicas
50 o más
45 a 49
40 a 44
35 a 39
30 a 34
25 a 29
20 a 24
15 a 19
10 a 14
5 a 9
O a 4
Hombree
-656
-619
-756
-804
-821
-676
- 497
-369
-1219
-592
-753
417
-894
-1065
-1351
-1547
-1560
e
1596  430
633  218
912  355
1093  369
1198  931
1253  508
1335  606
1512  590
1601  544
1483  691
-300000  -200000  -100000  0  100 000  200 000  300 000
Fuente: mear. os Censo General de Población y Vivienda 2000
194
Distribución de la población por edad,
sexo y adscripción religiosa, 2000.
SAN LUIS POTOSI  -
Protestantes  Bíblicas no  1.1
y evangélicas  - - evangélicas lum
Judaica IOtra ISin religión
50 o más
45 a 49
40 a 44
35 a 39
30 a 34
25 a 29
20 a 24
15 a 19
10 a 14
5 a 9
0 a 4
0 000  -5000 000  10 000
Fuente: INEGI. XII Censo General de Población y Vivienda 2000
1988
566  196
719
903 az
1008
11
1785 -1774
17110 -1713
500  5000 000  7 500
1542 -1277
Gráfica 7.5
Distribución de la población por edad,
sexo y adscripción religiosa, 2000.
ZACATECAS
I
y evangélicas  - evangélicas  
Judaica  Otra ISin religión

Hombres
Protestantes  77.y Bíblicas no
-928
Fuente: INEG . XII Censo General de Población y Vivienda 2000
50 o más
45 a 49
40 a 44
35 a 39
30 a 34
25 a 29
20 a 24
15 a 19
10 a 14
5 a 9
0 a 4
trabajo de diversas órdenes religiosas (que manejan
escuelas, hospitales, dispensarios médicos, etc.); y la
presencia de distintos movimientos laicos en el in-
terior de la institución católica, como el Movimien-
to Familiar Cristiano, Renovación Carismática,
Talleres de Oración, etc. Aunado a ello, recordemos
que varios de los estados que componen la región
centro norte fueron activos protagonitas durante la
Guerra Cristera (1926-29).
Por otra parte, este cambio en el credo religio-
so también puede deberse al trabajo misionero
y la labor proselitista de las distintas organiza-
ciones religiosas que se han establecido en estos
cinco estados, de tal forma que aquéllos que y a
no encuentran satisfactores a sus necesidades re-
ligiosas en la iglesia Católica, tienen otras opcio-
nes o universos plausibles de significado.
Resumiendo, tenemos por estado lo siguiente:
Si consideramos otros elementos en el ámbi-
to estatal, como la edad y el sexo de los crey entes,
encontramos un panorama mucho más detalla-
do, tal como veremos a continuación.
Aguascalientes
El 1.93% de la población total se ubicó en la ca-
tegoría de "iglesias protestantes y evangélicas", en
donde las mujeres predominan en el rango de 20
a 49 años, aumentando en el de 50 años y más. En
la categoría de "iglesias protestantes y evangélicas",
las pentecostales y neopentecostales cuentan con
may or membresía. Ahora bien, 0.75% de la pobla-
ción total pertenece a "iglesias bíblicas no evangéli-
cas", predominando las mujeres principalmente en
el rango de 20 a 44 años, aumentando en el de 50
años y más; dentro de este grupo, los testigos de
Jehová cuentan con la may or membresía.
Gráfica 7.6
Distribución de la población por edad,
sexo y adscripción religiosa, 2000
neopentecosta les
Pen i ecostal e  T e stigos
"Históricas a Adventistas  Mormones  
de Jehová
50 o más
45 a 49
40 a 44
35 a 39
30 a 34
25 a 29
20 a 24
15 a 19
10 a 14
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5 a 9
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-149
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196
119
114
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246
236
271
249
293
332
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-500  -250  2s0  500
Fuente: inroi. XII Censo General de Población y Vivienda 2000  •
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Distribución de la población por edad,
sexo y adscripción religiosa, 2000
Gráfica7.7


--- Históricas
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Adventistas  Mormones I
111 TdrJ1191Ová
50 o más
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10 a 14
5 a 9
0 a 4
Hombres
Fuente: INEGI. xii Censo General de Población y Vivienda 2000
Gráfica7.9
Distribución de la población por edad,
sexo y adscripción religiosa, 2000
nig Pentecostales y  I
Históricas mi  Adventistas
neopentecostales
Mormones•T
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50 o más
45 a 49
40 a 44
35 a 39
30 a 34
25 a 29
20 a 24
15 a 19
10 a 14
5 a 9
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Guanajuato
El 1.32% de su población total se ubicó en la ca-
tegoría de "iglesias protestantes y evangélicas",
predominando ligeramente las mujeres en los ran-
gos de edad de 15 a 11 años, aumentando en el de
50 años y más. Dentro de este grupo, las "iglesias
pentecostales y neopentecostales"presentan may or
número de miembros. De la población total, 0.70%
se adscribió a "iglesias bíblicas no evangélicas", en
la que predominan las mujeres de 15 a 49 años, au-
mentando en el grupo de 50 años y más. Los Testi-
gos de Jehová cuentan con la may or membresía.
Querétaro
El 1.92% de la población total se adscribe a "igle-
sias protestantes y evangélicas", predominando
ligeramente las mujeres en los rangos de edad de
15 a 39 años, aumentando en el de 50 años y más.
Las Iglesias pentecostales y neopentecostales
cuentan con may or membresía. De la población
total, 0.89% se ubicó en la categoría de "iglesias
bíblicas no evangélicas", en la que predominan las
mujeres en los rangos de 15 a 49 años, aumentan-
do en el de 50 años y más. Los Testigos de Jehová
son los que cuentan con may or membresía.
San Luis Potosí
El 4.64% de la población total se ubicó en la cate-
goría de "iglesias protestantes y evangélicas", pre-
dominando ligeramente las mujeres en los rangos
de edad de 15 a 49 años, y levemente aumenta en
el de 50 años y más. Las iglesias pentecostales y
neopentecostales cuentan con may or membresía.
De la población total, 1.00% pertenece a "iglesias
bíblicas no evangélicas", en las que predominan
las mujeres en los rangos de 15 a 49 años, aumen-
tando en el de 50 años y más. El grupo con may or
membresía es el de los Testigos de Jehová.
Gráfica7.8  
Distribución de la población por edad,
sexo y adscripción religiosa, 2000
iii Históricas I
neopentecostales
P e n teco st a 1 es  I
Advent i stas  Mormones  I
Testigos
de Jehová
50 o más
1
I
-336 315  564
45 a 49
35 a 39
30 a 34
25 a 29
20 a 24
Hombres
40 a 44

80
-225  -,35t-T139
 
-289  144
 
-252  -165
 
-274  -165
121
187
185
225
2119 Mujeres
321
398
423
420
15 a 19
10 a 14
- 5 60
5 a 9
0 a 4
-323  -191
-464  -232
-289
2  -327
 
219  476
 
311  523
 
311  565
530
-1 005  -500  0  500  1 000
Fuente: INEGI. XII Censo General de Población y Vivienda 2000 Fuente: INEGI. xii Censo General de Población y Vivienda 2000
196
Zacatecas
El 0.94% de su población total se ubicó en la
categoría de "iglesias protestantes y evangéli-
cas", donde la población femenina es superior,
principalmente en los rangos de 15 a 44 años,
aumentando en el de 50 años y más. Las igle-
sias pentecostales y neopentecostales cuentan
con may or membresía. De la población total,
0.96% declaró pertenecer a "iglesias bíblicas no
evangélicas", en las que predominan las mujeres
notoriamente, sobre todo en los rangos de edad
de 15 a 49 años, aumentando notablemente en
Gráfica7.10  
Distribución de la población por edad,
sexo y adscripción religiosa, 2000
Históricas
II nPeontplteta colesstaYles  
I
Adventistas  Mormones I
ideesrová
50 o más
45 a 49
-155
Hombres
-399  '  ,  553
-153  244
40 a 44
187  184  296
35 a 39
-251 -151  222  001
30 a 34
- 245 -170  218  038
25 a 29
20 a 24
- 239 -183  264  381
15 a 19
-199  314  I  456
10 a 14
363 5 31
5 a 9
-318  427
a 4
-523
631
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- 382  -298  877  371 498
-1500  -150 0  750  1 500
Fuente: INEGI. XII Censo General de Población y V ivienda 2000
el de 50 años y más. Cabe destacar que el nú-
mero de hombres en la Iglesia de Jesucristo de
los Santos de los Últimos Días es ligeramente
may or en los rangos de 20 a 24 años y en el de
45 a 49 años. El grupo con más membresía es el
de los Testigos de Jehová.
Consideraciones finales
El centro norte del país sigue siendo una
zona predominantemente católica; sin em-
bargo, los datos del censo del año 2000 nos
permiten apreciar la complejidad y dinámica
de los procesos y transformaciones que se es-
tán dando en el campo de lo religioso en esta
subregión de México; complejidad que no
sólo tiene que ver con la reconfiguración y
renovación del campo debido a la presencia
de una may or diversidad de grupos religiosos
(con nuevas propuestas de contenido y formas
de culto), sino también con la composición
de éstos en términos de género y edad. En
este sentido, encontramos que en la may oría
de los cinco estados de la subregión centro
norte (al igual que sucede con otras entidades
en nuestro país) existe una diferencia entre la
membresía femenina y la masculina, en don-
de el may or número de mujeres se localiza,
principalmente, en el rango de los 14 a los 44
años; es decir, son mujeres jóvenes que están
en un periodo biológica y económicamente
productivo. Podríamos pensar que la may oría
son madres de familia y que como elementos
propagadores de la fe, resultan de vital im-
portancia para extender y lograr la conversión
de los miembros de su familia.
Cabe aclarar que en las cinco entidades
federativas, en todos los grupos religiosos,
debido a que en el censo no se desagrega la
información para el grupo de 50 años y más,
en éste encontramos el may or porcentaje de
crey entes y /o practicantes de alguna religión,
siendo predominante la membresía femenina.
Al respecto, podríamos repetir la hipótesis de
que los individuos, conforme avanzan en edad
y se van acercando a la vejez, se vuelven más
religiosos; empero, no queremos destacar que
el may or porcentaje de crey entes en este gru-
po de edad sea debido a esta razón, ni que la
disparidad de adscripción religiosa por géne-
ro igualmente tenga esta explicación, pues el
promedio de vida de las mujeres es más alto
que el de los hombres, y la diferencia entre
hombres y mujeres en este rango puede de-
berse más a la condición de que las mujeres
viven más años, que a una adhesión religiosa
voluntaria diferenciada.
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Ahora bien, en la subregión centro norte,
además de caracterizarse por un bajo porcen-
taje en la presencia de grupos no católicos,
encontramos que en la categoría de "iglesias
protestantes y evangélicas", las diferencias
entre el número de mujeres y hombres es po-
co significativo (va de 0.10% a 0.50% más de
mujeres). La diferencia más notoria se ubica
en el rango de edad de los 15 a los 39 años,
aumentando en el de 50 años y más. En la
categoría de "iglesias bíblicas no evangéli-
cas", la diferencia es un poco may or: va de
0.10% a 0.60%, predominando las mujeres,
sobre todo en el rango de edad de los 15 a
los 49 años. El grupo que tiene una presen-
cia más significativa es el de los Testigos de
Jehová; le siguen en importancia las iglesias
pentecostales, después la Iglesia de Jesucristo
de los Santos de los Últimos Días; y final-
mente ese encuentran las "iglesias protestan-
tes históricas".
Por último, sólo podemos añadir que ante
la diversidad interna que presenta cada uno
de los cinco estados, es importante tomar en
cuenta la conformación geográfica y socio-
cultural específica en la que esté inmerso el
grupo religioso que se pretenda analizar, y a
que esto juega un papel importante, tanto
para inhibir su crecimiento como para po-
sibilitarlo.
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Michoacán, México.
198
Capítulo vi~ i
La articulación ce una región en torno al
catolicismo. El centro occicente de México
Cristina Gutiérrez Zúñiga
in duda, uno de los elementos que
resultan constantes en los estados
de Jalisco, Nay arit, Colima y Mi-
choacán, es la importante presencia
del catolicismo a lo largo del tiem-
po, elemento expresado en la actualidad en térmi-
nos porcentuales en las altas cifras de población
católica, por encima de la media nacional. Jalisco
se encuentra en primer lugar con 95.4%, le sigue
Michoacán con 94.8%, Colima con 93 por ciento
y Nay arit con 91.8%, por lo que su promedio co-
mo subregión es de 94 por ciento. Esta constante
nos habla de una continuidad territorial en las di-
námicas culturales a lo largo del tiempo, elemento
que sostiene su tratamiento como unidad regional,
en conjunto con los estados del centro norte.
Gráfica 8.1
Porcentaje de "católicos" (1950-2000). Región centro occidente
10 0
90
80
70
60
50
1950  1960  1970  1980  1990  20 0 0
MI Colima Jalisco Michoacán  Nayarit
Fuente: Base de datos del proyecto Perfiles y Tendencias del Cambio Religioso en México (1950-2000), a partir del xll Censo General de Población y V ivienda,
arel 2000, base_bs.xls. Elaboró V erónica Briseño.
Mapa8.1
Porcentaje de "católicos", 2000. Región centro occidente
I
Porcentaje de "católicos"
1 - 69.99
70.00 - 79.99
80.00 - 89.99
90.00 - 100
Kilómetro
60 30 0  60
1  1  1  1  1
Nota: La categoría censal "no identificada" fue redistribuida proporcionalmente entre las demás categorías.
Fuente: Elaborado por Alberto Hernández y Carlos V. Ruelas basado en los datos del proy ecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_NE)", a partir de los CGPW, INEGI 2000.
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X
I
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En los paisajes de la subregión, particular-
mente los de Jalisco y Michoacán, abunda la
presencia de antiguos santuarios en torno a
vírgenes y cristos, que han fungido histórica-
mente como polos articuladores no sólo de una
identidad cultural de fuerte tinte católico, sino
también como polos de circuitos de produc-
ción y comercialización de la región desde la
época colonial. Como se explica en el apartado
anterior, el poblamiento y la expansión coloni-
zadora hacia el centro norte y centro occidente
tuvo su móvil primordial en la búsqueda de
riquezas mineras, y atrajo como consecuencia
un desarrollo agrícola y comercial que durante
siglos fue la base económica de la zona. A este
hecho debemos sumar la importancia estraté-
gica creciente que para esta modalidad coloni-
zadora tuvo el acceso al Océano Pacífico y , por
tanto, el desarrollo de asentamientos costeros
como base de la continuación de las labores
de descubrimiento, para el aseguramiento del
territorio y el desarrollo de rutas comerciales
ultramarinas.
La articulación del territorio del occidente
en la etapa colonial es entonces incomprensi-
ble sin el proceso evangelizador. Las circuns-
cripciones eclesiásticas no sólo pueden ser
observadas como un elemento de administra-
ción interna católica, sino como continuación
de la creación colonial de una infraestructura
de control territorial que, iniciada con la in-
tensiva labor de las órdenes monásticas desde
los primeros años, permanece hasta nuestros
días, así como permanece la "densidad" de las
devociones del catolicismo popular a que dio
origen dicha estrategia evangelizadora'.
Podemos observar en el croquis 8.1 cómo
a cincuenta años de la conquista militar de
Tenochtitlán, las órdenes religiosas se habían
desplegado desde el centro metropolitano, lo-
grando una presencia consistente en el Bajío
y hacia el occidente del país. Diversos autores
han señalado cómo esa concentración de re-
cursos eclesiásticos en ese "corredor" perma-
nece hasta la actualidad, y constituy e un eje
geopolítico católico con una fuerte orienta-
ción conservadora2. De estas consideraciones
proviene la importancia clave del criterio de
la pertenencia religiosa en la actualidad, en la
delimitación de esta región.
Si revisamos algunos factores socioeconó-
micos de la actualidad, podemos observar que la
región continúa compartiendo diversos rasgos,
a pesar de que nos encontremos en un momen-
to de agudas transformaciones.
En lo que respecta a la economía, la may or
parte del Producto Interno Bruto (PIB) de los
estados de la región centro occidente es gene-
rado en el sector terciario o de servicios (con
porcentajes de alrededor de 70%), seguido por
el secundario o de transformación (alrededor de
20%). El sector primario, por su parte, represen-
ta para Jalisco y Colima alrededor de cinco por
ciento de su producción, mientras que para Na-
y arit y Michoacán más de 10%. Hay que decir
que aunque la producción de este sector sigue
constituy endo la may or aportación de estos cua-
tro estados en términos de contribución al PIB
nacional por sector, la actividad de éste ha ido
disminuy endo con el tiempo, por lo que podría-
mos interpretar que nos encontramos con esta-
dos que, aunque con una importante tradición
agrícola, y en menor medida minera, ambas han
dejado de ser sus actividades principales'.
1  Fuentes históricas fundamentales sobre la evangelización y el proceso de articulación regional del occidente son: José Francisco
Román (1993), Thomas Calvo (1991), Luis González y González (1982). Sobre los casos específicos de los santuarios marianos del
occidente, véase: Ángeles Gallegos, 1997a, 1997b y 2006, y Mario Alberto Nájera, 2002. Sobre la importancia de la región en la
administración eclesiástica mexicana, véase: De la Torre, 2002.
2  Al respecto, consúltese en el primer tomo de esta obra el apartado "iglesia Católica" de Renée de la Torre, 2007b. El caso particular
de la Diócesis de Zamora fue estudiado por Miguel Hernández (1999).
3  V éase INEGI, Sistema de Cuentas nacionales, Tablas: "Producto Interno Bruto por entidad federativa 2006. Participación sectorial por
entidad federativa" y "Producto Interno Bruto por entidad federativa 2006. Participación por sector en la entidad." www.inegi.gob.mx
(consultado en octubre de 2008).
201

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• ZACATECAS
Repartición de las fundaciones conventuales hacia 1570
o
cf3
O
Como entidades estatales, en cuanto a grados
de marginación, podríamos distinguir a Co-
lima y Jalisco con nivel bajo, mientras que Mi-
choacán y Nay arit tienen un grado alto. También
en cuanto a presencia étnica indígena, esta zona
del país se ha caracterizado por niveles bajos en
su composición poblacional; pero es preciso su-
bray ar que si bien esto es cierto para el conjunto
de los estados, puede observarse una diferencia
entre Jalisco y Colima, por una parte, con por-
centajes menores a la unidad, y Michoacán con
3.5% o Nay arit con 10 por ciento, por la otra. La
presencia indígena en estos estados se encuentra
concentrada en ciertos municipios. Tanto Jalisco,
como Michoacán y Nay arit tienen municipios
con alta proporción de población indígena, co-
mo pueden ser respectivamente Mezquitic, Del
Nay ar o Cherán. Es en estos estados donde se
encuentra asentada buena parte de la etnia hui-
chol y purépecha.
Un rasgo compartido por Jalisco y Mi-
choacán, así como por Zacatecas de la región
centro norte, es su larga tradición migratoria
hacia los Estados Unidos. Esta migración no
siempre ha significado despoblamiento, si-
no el establecimiento de circuitos migratorios
con importantes consecuencias: en la dimen-
sión económica por el flujo de remesas—;
en la dimensión política —por la gestación de
grupos transnacionales de interés—; y en la
cultural —por la dinámica de ampliación de
((
repertorios" culturales, hibridaciones y retradi-
cionalizaciones, como fruto de la nostalgia y la
reconstrucción de la identidad en medio de la
experiencia transnacional.
Sin embargo, al calor de los cambios eco-
nómicos derivados de la apertura del comercio
nacional y de los geopolíticos derivados de las
nuevas políticas de seguridad interna estaduni-
denses, se observan cambios recientes importan-
tes en estos patrones migratorios que incluy en la
ampliación de las zonas expulsoras a estados con
menor o nula experiencia migratoria, la creciente
incorporación de las mujeres, la creciente dificul-
tad de la circularidad migratoria y el no retorno.
Con estos elementos comunes suby acen-
tes, realizaremos un ensay o de descripción del
cambio religioso en la región, privilegiando la
fuente censal. Lo haremos primeramente en el
ámbito estatal, y luego en el municipal, buscando
caracterizar los municipios que aparecen como
más "resistentes" al cambio, como aquéllos que
podríamos considerar "iniciadores" del mismo
en el contexto de la subregión, para finalizar con
un balance acerca de las dinámicas territoriales
observables en este contexto y la pertinencia de
la hipótesis de regionalización propuesta en este
trabajo colectivo.
Esta fuente censal sólo nos permite observar
el cambio religioso, en tanto éste implique un
cambio en la pertenencia religiosa declarada. Da-
do que la pertenencia histórica y may oritaria ha
sido el catolicismo, es fundamental señalar que el
propio mundo católico de la región se encuentra
atravesado por una intensa dinámica de trans-
formación y de diversificación interna impercep-
tible por esta vía, por lo que el análisis del cambio
religioso debe extenderse más allá de la perte-
nencia religiosa formal. En efecto, por medio de
otros enfoques de investigación se ha dado cuen-
ta, por ejemplo, de los procesos de individuación
y subjetivación religiosa en sociedades como la
tapatía; de la existencia de movimientos espiri-
tuales de signo New Age que atraviesan a la apa-
rentemente homogénea feligresía católica, y la
instrumentación de estrategias pastorales enfo-
cadas a la reactivación de las devociones tradicio-
nales, los rituales carismáticos y la "reconquista"
4  La realización de encuestas en 1996 y 2006 orientadas no a buscar la pertenencia religiosa, sino la autoidentificación con diversos
imaginarios de lo trascendente, con valores y con prácticas, revelan una fuerte tendencia a la individuación que hace de la pertenen-
cia religiosa un factor escasamente predictivo entre los jaliscienses. V éase Fortuny, et al , (1999), y Gutiérrez y De la Torre (2007a);
sobre el movimiento espiritual N ew A ge en Guadalajara, véase: Gutiérrez (1996); sobre las estrategias de administración de la hete-
rogeneidad laical, véase: De la Torre (1998 y 2007).
z
rx.
b
z
o
j
z
41
z
D
o
41
203
Distribución de las preferencias religiosas en el ámbito estatal
de la subregión centro occidente


Estados Catól ica Protestantes  1311311CO S
y evangél icos  no evangél icos
Sin rengion
Colima 93.05% 2.89%  1.43% 1.77%
Jalisco 95.39%  1.99%  0.89% 0.90%
Michoacán 94.76%  1.83%  1  1.08% 1.33%
Nayarit 91.82%  2.98%  '  1.29% 2.90%
* Nota: Los porcentajes no suman 100% porque faltan las categorías de otras religiones, judaicas y no especificadas.
Fuente: Base de datos del proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México (1950-2000)", a partir del xii Censo General de Población y V ivienda,
INEGI 2000, base_er.xlslaboración propia, tomando los datos del Censo de Población y V ivienda de 2000.
Preferencias religiosas
en el ámbito estatal
Las preferencias religiosas no católicas son en
consecuencia minoritarias, y muestran las si-
guientes cifras porcentuales en 2000.
La presencia más importante en el con-
junto de las preferencias no católicas corres-
ponde a las agrupadas bajo el nombre de
((
protestantes y evangélicas"; en segundo lu-
gar, a "sin religión"; y en tercer lugar, a las
"bíblicas no evangélicas". Las cifras de las
iglesias protestantes y evangélicas son las más
altas en este contexto regional. Esta categoría
censal incluy e una amplia variedad de deno-
minaciones como son las iglesias históricas,
cuy a presencia en la región data del siglo xIx
(Dorantes, 1996, 2005), y la Iglesia del Dios
Vivo, Columna y Apoy o de la Verdad, la Luz
del Mundo, de la que Guadalajara es sede
fundacional e internacional (De la Torre,
1995). Las pentecostales y neopentecostales
apenas empiezan a ser estudiadas, mientras
cobran creciente visibilidad. Sin embargo, es
preciso subray ar que la may or proporción de
estas cifras no se debe a estas iglesias como
componentes del grupo censal, sino a las cla-
sificadas en el rubro "otras evangélicas", una
categoría censal residual que como tal no
enuncia a un grupo homogéneo sino a una
multiplicidad de organizaciones que reivin-
dican para sí una interpretación fiel —prác-
ticamente literal— del Evangelio. Entre las
asociaciones religiosas que se sabe fueron
incluidas en esta categoría se encuentra la
Nueva Jerusalén, de quien se ha señalado su
escasa afiliación a la tradición doctrinal pro-
testante, y su continuidad con las prácticas
de un catolicismo popular rural reinterpreta-
das en torno a un líder religioso carismático
(Leatham, 1996).
La preferencia por la opción "sin religión"
en estos estados no rebasa la media nacional
de 3.5%; sin embargo, ocupa el segundo lugar
en las preferencias no católicas y resulta parti-
cularmente importante en Nay arit.
Por su parte, las iglesias bíblicas no evan-
gélicas —que agrupan a mormones, adventis-
tas y testigos de Jehová— muestran también
una distribución dispareja, en la que se ve el
claro predominio de la más joven de ellas: los
Testigos de Jehová, que constituy e en todos
los estados de la región más de las tres cuartas
partes de esta categoría censal. Sin embargo,
por los niveles minoritarios de estas cifras, só-
lo en el caso de Colima y Nay arit equivale a
una preferencia may or a uno por ciento.
Las preferencias r:
en el ámbito munii
términos porcentu
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región más de las tres cuartas
ategoría censal. Sin embargo,
dnoritarios de estas cifras, só-
Colima y Nay arit equivale a
nay or a uno por ciento.
Las preferencias religiosas
en el ámbito municipal en
términos porcentuales
La consistencia y homogeneidad religiosa que
muestran estos estados en su conjunto hace más
necesario un análisis en el ámbito municipal que
nos permita discernir la heterogeneidad interna
de esta subregión, las polarizaciones existentes
pero ocultas por su carácter minoritario y los pro-
pios procesos de cambio religioso por los que está
atravesando. Sólo después de este acercamiento
podremos valorar si la dinámica de este subcon-
junto regional está obedeciendo a una lógica par-
ticular, o si por el contrario se encuentra inmerso
en transformaciones sociorreligiosas que están
cambiando las configuraciones territoriales con
las que estamos acostumbrados a dividir —y en
cierta medida a explicar— el país.
El ámbito municipal nos permite constatar
que en esta zona los porcentajes de presencia
católica son extraordinariamente altos: entre
los 20 municipios con may or porcentaje de ca-
tólicos en el centro norte y centro occidente,
podemos observar que 15 pertenecen a Jalis-
co y dos a Michoacán. Entre los municipios
jaliscienses podemos observar que la may oría
se encuentra ubicada en la microrregión de los
Altos de Jalisco: Valle de Guadalupe, San Ju-
lián, Unión de San Antonio, Encarnación de
Díaz, San Miguel el Alto, Arandas, Jesús Ma-
ría, Acatic y Jalostotitlán, todos con porcentajes
arriba de 99.5% de pertenencia católica decla-
rada en el último censo. Entre sus habitantes
permanece la memoria de su participación en
la Guerra Cristera5, y es en la actualidad se-
de de nuevas devociones a los mártires de esa
gesta recientemente canonizados'. Esta zona
se ha convertido en un símbolo de la identidad
católica tradicional de cierto corte nacionalista
que vincula elementos religiosos con los de la
práctica de la charrería, la producción y con-
sumo del tequila. Estos municipios alteños, al
igual que otros en Michoacán, como Villamar,
ostentan por un lado niveles de marginación
bajos y medios y , por otro, grados altos y muy
altos de migración internacional, que como
anticipábamos, es fenómeno iniciado desde el
siglo antepasado y que en la actualidad forma
parte de una dinámica regional tan importan-
te en el aspecto económico como en el social,
demográfico y cultural, sin may or afectación
hasta el momento de la pertenencia religiosa
católica'.
¿Cuáles son los municipios en donde, por
el contrario, puede percibirse una menor per-
tenencia católica? ¿Son "iniciadores" de un
cambio religioso?
Podemos observar que los municipios con
menor porcentaje de católicos se encuentran
ubicados en dos áreas: la microrregión huichola,
que incluy e los municipios jaliscienses de Mez-
quitic y Bolaños; y los municipios nay aritas Del
Nay ar y La Yesca, más los michoacanos Lázaro
Cárdenas, Susupuato y Churumuco, que aun-
que no son colindantes están cerca, y parte de la
llamada Tierra Caliente.
Aunque la may or parte de estos porcentajes
no sobrepasaran la media nacional, tres casos
de la microrregión huichola sobresalen con
porcentajes de pertenencia católica de entre
79 (El Nay ar) y 65 por ciento (Mezquitic). ¿A
qué se debe esa importante ausencia del cato-
licismo en medio de las altas cifras de perte-
nencia católica de la región?
5  Sobre esta guerra civil que fue particularmente importante en el centro occidente de México, consultar Jean Meyer (1997).
6  V éase, por ejemplo, los trabajos sobre Santo Toribio Romo, quien se ha convertido en patrón de los migrantes, de Guzmán (2002 y
2004), De la Torre (s/f); y sobre el conjunto de mártires cristeros, véase: V ázquez (2004) y Elías y Contreras (2004).
7  Para comprender el tipo de cambio religioso generado en el contexto social de las poblaciones de larga tradición migrante es pre-
ciso acudir a otras dimensiones del mismo, más perceptibles en trabajos de orientación cualitativa, pero invisibles en la estadística
censal. Sobre la región alteña consultar Fábregas (1986); y en perspectiva comparativa, Fábregas y Tomé (1999). Sobre la relación
migración-religión, consultar: Hernández (2003), Odgers (2002) y Odgers y Rivera (2007).
Porcentaje del
Porcentaje de "católicos" por municipio, 2000
M unicipio
Santa María del Oro
V alle de Guadalupe
San Julián
Ejutla
Unión de San Antonio
Encarnación de Díaz
San Miguel el Alto
Ojuelos de Jalisco
Arandas
Jesús María
I
Porcentaje de "católicos"
Tonaya
50 - 92.49
Epitacio Huerta
92.50 - 94.99
Acatic
Jalostotitlán
95.0 0 - 97.49
97.50 - 99.89
V illamar
99.90 - 10 0
Kilómetros.
60  30 60
Nota: La categoría censal "no identificada" fue redistribuida proporcionalmente entre las demás categorías.
Fuente: Elaborado por Alberto Hernández y Carlos V . Rudas basado enlos datos del proyecto 'Perfiles y tendencias del cambio religioso enMéxico 1950-2000 (Base_NE)". a partir de los caP y v, ! NEO 2000.
Fuente: Elaborado por V erónica Briseño, basado en los
OH por municipios.xls (índice de desarrollo), base del pr
San Juan de los Lagos
Totatiche
V illa Hidalgo
San Martín de Bolaños
Lagunillas
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Tabl a 8.

Porcentaje de católicos por municipio, 2000. Región centro occidente (rangos regionales)

M unicipio Entidad
Federativa
Catól icos
(%)
Grado de
marginación
Índice de
D esarrol l o
0.629
Pobl ación
indígena
1.12
Intensidad
migratoria
Alto Santa María del Oro Jalisco 99.87 Alto
V alle de Guadalupe Jalisco 99.85 Bajo 0.760 0.34  Alto
San Julián Jalsco 99.69 Bajo 0.767 0.75  Alto
Ejutla Jalisco 99.68 Medio 0.738 0.74 Muy alto
Unión de San Antonio Jalisco
Jalisco
99.66
 -1--
99.65
99.60
Medio
'  Bajo
Bajo
0.715
0.738
0.767
0.704
0.756
0.49
0.38
0.62
0.33
0.69
Alto
Medio
Alto
Alto
Alto
Encarnación de Díaz
San Miguel el Alto Jalisco
Ojuelos de Jalisco Jalisco 99.58 Medio  j
Bajo Arandas Jalisco 99.55
Jesús María Jalisco 99.54 Medio  Í 0.703 0.71
 4  
Alto
Tonaya Jalisco 99.51 Medio  i 0.730 0.52 Muy alto
Acatic Jalisco 99.50 Bajo 0.752 0.72 Muy alto
Epitacio Huerta Michoacán 99.50  Alto ,  0.663 0.95 Bajo
Jalostotitlán Jalisco 99.50  Bajo 0.755 0.49 Muy alto
V illamar Michoacán 99.46 Medio 0.684 0.68 Muy alto
San Juan de los Lagos Jalisco 99.42 Bajo 0.766 0.48 Alto
Totatiche Jalisco 99.33 Medio 0.719  1.49 Muy alto
V illa Hidalgo Jalisco 99.30 Bajo 0.773  0.66 Alto
San Martín de Bolaños Jalisco 99.29 Medio 0.735  2.59 Medio
Lagunillas Michoacán 99.29 Medio 0.696  0.18 Alto
Fuente: Elaborado por V erónica Briseño, basado en los datos obtenidos de las siguientes bases: Municipios.xls (pertenencia religiosa porcentual, grado de marginación, intensidad migratoria), indige_mpios.xls (poblaciónindígena),
ion por municipios.xls (índice de desarrollo), base del proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 11950-2000)", a partir del xii Censo General de Población y V ivienda. meco, 2000.
207
M apa 8.3
Municipios con menor presencia "católica", 2000. Región centro occidente
60 60  30
Menor porcentaje
de "católicos"
Región centro norte
M unicipios
Kilómetros
Fuente: Elaborado por Alberto Hernández y Carlos V . Ruelas basado en los datos del proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_uz)", a partir de los CGP y V , INEGI 2000.
209
Tabl a 8. Municipios con menor presencia católica 2000. Región centro occidente
M unicipio Entidad Catól icos  Grado de Índice de Pobl ación
Federativa
(%)  
marginación D esarrol l o indígena
Mezquitic 35.26 Jalisco  35.26  Muy alto 0.576 66.70
Bolaños Jalisco  33.05  Alto 0.653 51.33
Susupuato Michoacán  27.23  Muy alto 0.586 5.71
El Nayar Nayarit 20.06  Muy alto 0.506 86.77
Churumuco Michoacán 1  11.88  Muy alto 0.630 0.36
Lázaro Cárdenas Michoacán  11.64  Muy bajo 0.793 2.50
La Yesca Nayarit  10.97 Alto 0.637 34.19
Huetamo Michoacán  10.52 Alto 0.704 0.68
Bahía de Banderas Nayarit  10.00 Bajo 0.780 1.81
Tuxpan Michoacán 9.77 Medio 0.721 0.40
Ruíz Nayarit 9.64 Medio 0.722 13.31
San Lucas Michoacán 9.34 Alto 0.696 0.39
Múgica Michoacán 9.24 Medio 0.731 0.81
Puerto V allarta Jalisco 8.98 Muy bajo 0.824 2.30
San Blas Nayarit 8.94  Medio 0.740 3.57
Rosamorada Nayarit 8.33  Medio 0.714 8.40
Juárez Michoacán 8.28  Medio 0.737 0.76
Manzanillo Colima 8.28 Muy bajo 0.816 1.60
Tecomán Colima 8.16 Bajo 0.761 2.07
Tepic Nayarit 7.99  Muy bajo 0.817 3.11
Intensidad
migratoria
Medio
Bajo
Alto
Bajo
Alto
Medio
TAlto
Alto
Medio
Medio
Alto
Muy alto
Alto
Bajo
Medio
Medio
Alto
Bajo
Medio
Medio
Fuente: Elaborado por V erónica Briseño, basado en los datos obtenidos de las siguientes bases: MURICINIOS.XIS (pertenencia religiosa porcentual, grado de marginación. intensidad migratoria), indige_mpios.xls (población indígena),
ion por municipios.xls (indice de desarrollo), base del proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México (1950-2000)", a partir del xii Censo General de Población y V ivienda. INEGI, 2000.
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1

A diferencia de otros municipios con impor-
tante presencia indígena, como los chiapanecos,
los bajos porcentajes de catolicismo no corres-
ponden a una presencia importante de iglesias
cristianas no católicas, aunque sí las hay . Un
ingrediente fundamental son las altas cifras de
población que se declara sin religión en la zo-
na huichola: Bolaños y Mezquitic, con 30 por
ciento, El Nay ar, con 14 por ciento y La Yesca,
con 10 por ciento. Se recordará que la media
nacional es de 3.5%. A la par de esta caracte-
rística común, los cuatro municipios muestran
grados de marginación, de altos a muy altos'.
A este respecto se ha señalado la posibilidad
de que dentro de la cosmovisión huichola, co-
mo de otras etnias de nuestro país, las prácticas
y creencias relativas a lo ultramundano que se
mantienen ancestralmente en sus comunidades
no sean identificadas por ellas con el concepto
occidental de religión, sino simplemente como
parte de sus costumbres, y que incluso recha-
cen la pertenencia religiosa como una forma
de resistencia cultural. Asimismo, la presencia
activa de misioneros cristianos católicos y no
católicos ha sido ocasión de conflicto social,
frente al cual bien puede ser deseable mante-
nerse sin identificación alguna (INEGI, 2005 y
Gutiérrez Zúñiga, 2007: 116-123).
En otros municipios de bajo porcenta-
je relativo de católicos frente a la media de
la región, también se presenta un importante
componente de población sin religión, como
es el caso de Ruiz (Nay arit), donde también
existe un porcentaje de población indígena de
13 por ciento, por encima aún del promedio de
este estado, el que alberga las may ores cifras
de la subregión. Rosamorada también tiene
un porcentaje de ocho por ciento de población
indígena. En ambos casos se trata may oritaria-
mente de población hablante de cora.
Por su parte, los municipios michoacanos
con may or presencia de población sin religión,
con cifras ligeramente superiores a la media
nacional, no se distinguen por altas proporcio-
nes de población indígena: Lázaro Cárdenas
y Susupuato, más los colindantes Churumu-
co, Huetamo y San Lucas, vecinos del Estado
de México; sin embargo, se encuentran en un
proceso de transformación económica y social
importante como consecuencia de fuertes in-
versiones derivadas en parte de la dinámica
económica de Lázaro Cárdenas, que ha moti-
vado la sustitución de cultivos, la introducción
de ganadería a gran escala y el aumento de po-
blación migrante en búsqueda de trabajo, de
frecuente origen náhuatl9.
Es muy importante señalar que estas zonas
de menor presencia porcentual católica son,
en todos los casos, municipios limítrofes de la
región, y a sea colindantes con otros estados o
integrados a una microrregión limítrofe, o bien
costeros, como el caso de San Blas en Nay arit y
Lázaro Cárdenas en Michoacán. Es aquí donde
se percibe una clara diversificación de estructura
religiosa. En el caso de la microrregión huicho-
la, no se trata de un fenómeno reciente sino, por
el contrario, de un largo proceso de resistencia a
los procesos de evangelización y articulación te-
rritorial que caracterizaron a la may or parte de
la subregión; los casos de Michoacán y Nay arit
muestran una notable ampliación de la diver-
sificación religiosa durante las últimas décadas,
lo que inevitablemente interpretamos en el
conjunto de las transformaciones de la micro-
rregión. El may or impacto en la estructura de
las preferencias religiosas se da en los márgenes
de la región, en microrregiones que trascienden
los límites estatales y regionales y muestran una
continuidad territorial que vale la pena estudiar
en sí misma.
8  Sobre el contexto del norte de Jalisco como región de frontera, véase: María del Carmen V elásquez (1961) y la compilación de
lecturas históricas de Caldera y Muriá (2000), más las reflexiones de Andrés Fábregas (2003); sobre la zona huichola, véase Phil
Weigand (2002).
9  Sobre esta microrregión, véase: Eduardo Zarate (coord.), 2001.
210
I
Porcentaje de "católicos"
50 - 92.49
92.50 - 94.99
95.0 0 - 97.49
97.50 - 99.89
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1970
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M apa 8.4
Porcentaje de católicos por municipios 1950-1970 y 1990. Región centro occidente
Fuente: Elaborado por Alberto Hernández y Carlos V . Ruelas, basado en los datos del proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en México 1950-2000 (Base_NE)", a partir de los CGPYV , INEGI 1950 - 2000.
1990
211
Tábfá 8.4
 
Católicos por municipio 2000. Región centro occidente (rangos regionales)
M unicipio Entidad
Federativa
Catól icos
(%)
1 399 825
 
Grado de  Índice de
marginación  D esarrol l o
 
Muy bajo  0.834
Pobl ación
indígena
Intensidad
migratoria
Guadalajara Jalisco 0.83 Bajo
Zapopan Jalisco 835 688 Muy bajo 0.839 1.49 Bajo
Morelia Michoacán 520 002
393 891
Muy bajo
Muy bajo
0.818
0.812
1.32
1.27
Bajo
Bajo Tlaquepaque Jalisco
Tonalá Jalisco 275 399  I Muy bajo 0.788 0.89 Bajo
Tepic Nayarit  250 623 Muy bajo 0.817 3.11 Medio
Uruapan Michoacán  219 556 Bajo 0.771 8.69 Medio
Puerto V allada Jalisco 144 802 Muy bajo 0.824 2.30 Bajo
Zamora Michoacán 136 035 Bajo 0.773 1.89  
l
Medio
Lázaro Cárdenas Michoacán  131 363 Muy bajo 0.793 2.50 Medio
Zitácuaro Michoacán  111 665 Medio 0.734 8.01  i Medio
Lagos de Moreno Jalisco  110 243 Bajo 0.764 0.44  I Ato
Colima Colima  106 736 Muy bajo 0.837 0.84 Medio
Tepatitlán de Morelos Jalisco 102 887 Muy bajo 0.781 0.66 Alto
Tlajomulco de Zúñiga Jalisco 102 680 Bsjo 0.781 0.89 Medio
Apatzingán Michoacán  94 889 Bajo 0.788 1.04 Medio
Manzanillo Colima 94 744 Muy bajo 0.816 1.60 Bajo
Hidalgo Michoacán 89 756 Medio 0.732 0.47 Alto
Santiago Ixcuintla Nayarit 79 288 Medio 0.748 1.81 Medio
Tecomán Colima  76 860 Bajo  0.761
 I—
2.07 Medio
Fuente: Elaborado por V erónica Briseño, basado en los datos obtenidos de las siguientes bases: Municipios.xls (pertenencia religiosa porcentual, grado de marginación, intensidad migratoria), indige_mpios xls (población indígena),
I H  r  "nui nll  ny•"P rfil  n i  r  ios  1  -  )",  ir '•I  nr I  Pu.I. ión y i • .  .
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212
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M
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X
I
C
II

Un acercamiento a las poblaciones absolutas
por religión nos dará una perspectiva más
específica.
¿En dónde están las may ores concentracio-
nes de población no católica en la subregión
centro occidente?
El occidente —y de una manera muy acu-
sada el estado de Jalisco—, tiene una concen-
tración poblacional importante en las ciudades
capitales. La zona metropolitana de Guada-
lajara concentra la mitad de la población del
estado, mientras que Morelia y Tepic son ciu-
dades de medio y un cuarto de millón de habi-
tantes, respectivamente. Colima, por su parte,
es la entidad que muestra una distribución
menos polarizada de su población. Los cuatro
estados tienen a su vez ciudades portuarias de
relevancia que se han convertido en focos de
desarrollo económico y de concentración po-
blacional. Esta dinámica poblacional se hace
evidente al observar los datos sobre la pobla-
ción absoluta de las principales religiones no
católicas de la zona: Guadalajara y Zapopan,
municipios de la zona metropolitana de Gua-
dalajara que ocupan el primer y segundo lugar
en población absoluta de iglesias protestantes
y evangélicas, como de bíblicas no evangélicas.
Se suma, aunque no en los primeros lugares,
otros dos municipios metropolitanos tapatíos:
Tlaquepaque y Tonalá. En conjunto tienen
una población protestante de alrededor de
70 000 crey entes, sin que ello impacte de ma-
nera importante sus cifras de preferencias reli-
giosas porcentuales. Lo mismo observamos en
Morelia y Tepic, con comunidades protestantes
históricas de más de 10 000 crey entes, y de bí-
blicas no evangélicas —en su may oría testigos
de Jehová— de alrededor de 5000 feligreses.
Por su parte, Guadalajara constituy e la única
capital de la zona que figura entre las may ores
concentraciones nacionales de "sin religión",
que es común a la may or parte de las sedes
gubernamentales estatales en todo el país, ex-
cepto en la zona centro occidente.
Otros municipios importantes en población
absoluta cristiana no católica son los puertos
de Lázaro Cárdenas (Michoacán) y Puerto
Vallarta (Jalisco), cuy as actividades industria-
les y turísticas, respectivamente, han atraído
numerosos habitantes nacionales y extranje-
ros así como generado un crecimiento urbano
importante en la zona. En estos núcleos urba-
nos, tanto el grado de marginación municipall°
como de migración es bajo, mientras que, de
acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano,
se encuentran en buenas condiciones. Sin
embargo, es preciso recordar que no obstante
la visión a través de este tipo de indicadores
puede ser optimista, las condiciones en las lo-
calidades que atraviesan por una transforma-
ción para convertirse, por ejemplo, en destinos
turísticos internacionales, lo hacen a costa de
una desestructuración de sus economías y re-
laciones sociales tradicionales, condiciones que
propician el cambio religioso.
En el conjunto de los municipios existe un
incremento de la presencia de denominaciones
cristianas no católicas en la subregión en los
últimos años dentro de sus propios rangos, que
se hace presente en términos absolutos en las
principales localidades urbanas y , en especial,
en la zona metropolitana de Guadalajara. És-
ta parece convertirse en bastión de feligresías
tanto católica como de diversas iglesias cris-
tianas. En ese sentido su dinámica no diferiría
de otras grandes ciudades del país, excepto por
su significado histórico como la may or ciudad
católica de provincia. Acaso sea ésa la lógica
de las estrategias proselitistas de diversas orga-
nizaciones eclesiales.
10 El índice de marginación municipal del CONAPO se refiere a los valores de todo el territorio del municipio, abarcando localidades tanto
urbanas como rurales, y no reporta las condiciones de marginalidad en zonas específicas de las ciudades, como son los "cinturones
de miseria". Esto da por resultado la sobrevaloración positiva de las condiciones urbanas.
213
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214
Gráfica 8.2
Presencia de los agrupamientos censales en los municipios del centro occidente (%)
Testigos de Jehová
Adventistas
Otras evangélicas
Luz del Mundo
Pentecostales
Históricas
90.4
95.9
97.7
100
Mormones 43.2
111111~1~1~1.
]
6.1
7,5
45 5
7.9
61
65
42.8
49.9
60.6
62
68
90.6
34.
9.9
24
0.0 10.0 20.0 30.0 40.0 50.0 60.0 70.0 80.0 90.0 100.0
Cobertura municipal nacional  go Municipios con más de 100 feligresas
1111. Cobertura municipal en región centro occidente
Fuente: Elaborado por Cristina Gutiérrez y V erónica Briseño, basado en los datos del proyecto" Perfiles y tendencias del cambio religioso en México (1950-2000)",
a partir del xn Censo General de Población y V ivienda. INEGI, 2000, estruc_mpios.xls.
El análisis de la presencia de los distin-
tos agrupamientos censales en los munici-
pios del centro occidente nos revela que ésta
no es menor que en el ámbito nacional: por
ejemplo, los Testigos de Jehová se encuentran
presentes en 90.4% de los municipios del
país, mientras que en la subregión lo hacen
en 97.7%. La única diferencia importante en
este comparativo se encuentra en los grupos
pentecostales y se da a favor de los munici-
pios de la región: mientras que su presencia
nacional es de 60.6%, en los municipios de
esta subregión es de 90.6%. Se puede afirmar
que no obstante la presencia de estas orga-
nizaciones, su éxito en la región es relativo,
lo que las hace invisibles cuando se trata de
estimar su impacto en la diversificación de la
estructura de las preferencias religiosas. Sólo
han logrado una presencia may or a los 100
feligreses en menos de la mitad de los mu-
nicipios en donde se encuentran presentes.
El caso de may or éxito es el de los Testigos
de Jehova, 45 por ciento de municipios re-
gionales con más de 100 adeptos, seguido
por "otras evangélicas" con 42 por ciento, y
pentecostales con tan sólo 24 por ciento. Un
caso llamativo es el de la Luz del Mundo,
que en los datos censales muestra una pre-
sencia en menos de la mitad de los muni-
cipios de su región de origen, así como una
notable concentración en tan sólo nueve por
ciento de ellos. Por su parte, la presencia de
esta asociación religiosa es de 34.9% en los
municipios de todo el país.
Sin embargo, estas presencias no católi-
cas, aun en rangos tan minoritarios, podrían
volverse significativas en el futuro. ¿Qy é nos
dice al respecto su estructura demográfica?
Un análisis comparativo de
la composición demográfica
de las feligresías
La realización de pirámides de población constitu-
y e un instrumento de análisis demográfico clásico,
que en caso de las feligresías nos puede dar pis-
tas sobre la dinámica de la conversión religiosa en
contextos específicos como el que nos ocupa. Este
ejercicio compara las pirámides de sexo y edad de
los grupos no católicos con los grupos católicos,
que por su carácter may oritario se ofrecen como
un referente de la población en general. ¿Existe
alguna especificidad en estas pirámides? Salvan-
do la diferencia inevitable de las escalas para la
representación de ambos grupos (hay que consi-
derar para el caso de los católicos por estado que la
escala debe abarcar cifras de un orden de 400 000
hombres y 400 000 mujeres, mientras que para el
resto de los grupos por estado la may or cifra es de
20 000), podemos observar diversos rasgos.
La relación hombre (H)-mujer (M) (compáre-
se la mitad izquierda de la pirámide con la mitad
derecha) es favorable a M en el conjunto, excepto
"sin religión", grupo en el que el predominio mas-
culino es claro. En los primeros grupos de edad la
relación H-M es equitativa o ligeramente favora-
ble a H. El cambio se inicia a partir de los 15 años,
en donde la proporción de mujeres comienza a
Gráfica 8.3  Colima
Protestantes  as Bíblicas no  I
Judaica  IOtra  ISin religión
y evangélicas  11.11  evangélicas
50 o más Eilli
45 a 49
40 a 44
Hombres
-374  -791
321
I  
_
al
111  -427
1__
349  re II 102
an  277
92,  263
35 a 39
- 466 -464 5 68  281  2A6
30 a 34
25 a 29
ea l° .
49 3 621 312  285
20 a 24
- 5 29 -249  -507 638  378  299
15 a 19
- 61 9  2921  -602 697  427
10 a 14
-830 -372  -775 905  402
5 a 9
- 49 5 -474  -696 915  429  390
-431 -9;3
O a 4
840  406
-1 500  -1 000  - 500  0  500  1 000  1 500
Fuente: Elaborado por Elizabeth Juárez Cerdi, Verónica Briseño y Cristina Gutiérrez,
basado en los datos del XII Censo General de Población y Vivienda 2000. INEG1.
Gráfica 8.3a  Colima
Católicos
50 o más
45 a 49
Hombres .
40 a 44
35 a 39
30 a 34
25 a 29
32 443  33993
10397  10]59
13 441  13 997
15 947  17 161
16 721  18 741
19 191  21 290
Mujeres
20 a 24
21 599  23 952
15 a 19
25 385  25 661
10 a 14
26 950  26 429
5 a 9
26 555  25422
O a 4
-20000  0  20 000
Fuente: Elaborado por Elizabeth Juárez Cerdi. Verónica Briseño y Cristina Gutiérrez,
basado en los datos del xii Censo General de Población y Vivienda 2000. axxi.
Gráfica 8.4  Jalisco
Protestantes  IN aldeas no  I
Judaica  IOtra  Sin religión
y evangélicas  lim evangélicas
50 o más
45 a 49  i
40 a 44
35 a 39
30 a 34
25 a 29
20 a 24
15 a 19
10 a 14
5 a 9
0 a 4
Hombres
-6965
868  -2517
-3380
-3922
-2757  4745
-3131 -4816
-3789
35 63  -6505

-2679  -7280
-2870  -] 133
8572
2900  984
3974  1200
4692
5207
5869  2120
6214  2531
6745
7213
7090  ,
2337
2639
2163
-15000  -10000  -5000  0  5 000  10000  15 000
Fuente: Elaborado por Elizabeth Juárez Cerdi, Verónica Bríseño y Cristina Gutiérrez,
basado en los datos del en Censo General de Población y Vivienda 2000. INEGI.
Gráfica 8.4a  Jalisco
Católicos
50 o más
393 954  442 005
45 a 49
40 a 44
35 a 39
30 a 34
25 a 29
20 a 24
15 a 19
10 a 14
5 a 9
O a 4
Hombres
119 302
151 060
177 823
202 238
237 393
263 402
316 942
342 752
342 006
133 080
168131
201 687
230 774
268 784
300 238
32]703
334 564
332 132
Mujeres
400 000  200 000  0  200 000  400 000
Fuente: Elaborado por Elizabeth Juárez Cerdi, Verónica Briseño y Cristina Gutiérrez,
basado en los datos del xii Censo General de Población y Vivienda 2000. INEGI. L
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215
Bíblicas no
evangélicas
Protestantes
y evangélicas
IJudaica E Otra ai Sin religión
1336
5725
11111
214311. 06
255 4
145 282
Hombres
50 o más
45 a 49
40 a 44
35 a 39
30 a 34
25 a 29
20 a 24
15 a 19
10 a 14
5 a 9
0 a 4
-15 000  5 000  0  5 000  15 000
Fuente: Elaborado por Elizabeth Juárez Cerdi, Verónica Briseño y Cristina Gutiérrez,
basado en los datos del en Censo General de Población y Vivienda 2000. INEGI
4731
-4415  4350 2855
- 1 60  -1374
El -1744
-1978
el-1976
ROI - 2246
11:11 -2533
1662
2227
Mujeres
2612
2757
-3615
-4520
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Michoacán
Gráfica 8.5a Michoacán
Católicos
50 o más
45 a 49
253 419  281 448
Hombres
40 a 44
35 a 39
30 a 34
25 a 29
20 a 24
15 a 19
10 a 14
5 a 9
O a 4
69 476  77 018
87 829  98 397
101 851  119 614
109867  133 176
125 657  154 269
151 824  .  188 695
197009  217 68.3
238 554  234 796
230 214  226 263
Mujeres
400 000  200 000  0  100 000  200 000
Fuente: Elaborado por Elizabeth Juárez Cerdi, Verónica Briseño y Cristina Gutiérrez,
basado en los datos del xii Censo General de Población y Vivienda 2000.11El
Gráfica 8.6 Nay arit
Protestantes  $ Bíblicas no  I
Judaica  IOtra  Sin religión
y evangélicas  evangélicas
590 más
45 a 49
40 a 44
35 a 39
30 a 34
25 a 29
20 a 24
15 a 19
10 a 14
5 a 9
O a 4
Hombres
-2344  -1762
2
-659
-968
-1083  280
-1248
-1543
-1894  -1327
-1712  -8677
-1836  -1657
2328
664  
Mujeres
840  •_
616
1040  724
 
1160  875
 
1323  1115
 
1514  1329
1694
 
1615  1632
-4 000  - 2 000 0  2 000  4 000
Fuente: Elaborado por Elizabeth Juárez Cerdi, Verónica Briseño y Cristina Gutiérrez,
basado en los datos del xii Censo General de Población y Vivienda 2000. INEGI.
Gráfica 8.6a Nay arit
Católicos
I  I
50 o más
64 563  64 619
45  49 a
Hombres
40 a 44
35 a 39
30 a 34
25 a 29
20 a 24
15 a 19
10 a 14
5 a 9
0 a 4
18 192  19 012
22 037  23 676
25 416  27 533
27 368  30 009
31 729  34 792
35 627  39 456
44 965  44 955
50 137  48 700
48660  47133
Mujeres
50 000  25 0000  25 000  50 000
Fuente: Elaborado por Elizabeth Juárez Cerdi, Verónica Briseño y Cristina Gutiérrez,
basado en los datos del x17 Censo General de Población y Vivienda 2000. [NEM
crecer y se mantiene favorable a M en todos los
grupos de edad may ores a 15 años, particular-
mente en Michoacán. En este contexto es pre-
ciso considerar que es posible que la forma de la
pirámide esté representando efecto de la migra-
ción masculina (hay menos hombres en las loca-
lidades). También se ha señalado la importancia
del papel de las mujeres en la conversión hacia
grupos no católicos que favorecen la organiza-
ción familiar tradicional y se oponen activamente
al alcoholismo (Garma, 2007). De esta afirma-
ción se podría suponer una may or proporción de
mujeres en los grupos no católicos. Sin embargo,
este señalamiento se deriva de observaciones de
casos particulares y en el caso de esta región no
parece afectar la dinámica de las poblaciones, y a
que las mismas proporciones de sexo y edad se
encuentran presentes en la feligresía católica de
esta región. Un análisis más detallado y minucio-
so podría obtener conclusiones más precisas.
Podemos observar que las pirámides comien-
zan a cambiar la típica forma triangular de las
poblaciones en crecimiento, en la cual la base de
la pirámide, conformada por los grupos de me-
nor edad es la may or, y va disminuy endo con-
forme aumenta la edad. Esta transformación es
indicativa de una "transición demográfica" en la
que el periodo de may or crecimiento ha pasado:
y a no es el primer grupo de edad el may or, sino
el grupo 10-14, excepto en Nay arit. De cualquier
216
manera, el grupo etario base que va de cinco a
nueve años por lo menos duplica al grupo 45-49
en todos los grupos, lo que habla de una pobla-
ción may oritariamente joven y sostenible en tér-
minos demográficos para todas las feligresías.
La observación de las pirámides de sexo y
edad resulta útil para revelar dinámicas de cre-
cimiento específicas de cada feligresía. También,
para dar una idea del crecimiento natural futuro
de las organizaciones en cuestión. En el caso de
la región podemos señalar que la especificidad
más importante es la que presenta el grupo "sin
religión" que atrae especialmente a la población
masculina a partir de la adolescencia. En cuanto
al crecimiento natural de las poblaciones, obser-
vamos una población may oritariamente joven y
sostenible en términos demográficos para todas
las feligresías, tanto católicas como no católicas.
Conclusiones
Al término de este ejercicio regional, conviene
recordar los principales resultados encontrados
sobre el cambio religioso a través del análisis de la
fuente censal. Por una parte, se refrenda la perma-
nencia de altos porcentajes de adscripción católi-
ca a lo largo del tiempo en correspondencia con la
longeva presencia de la iglesia Católica y su papel
en los procesos de articulación regional. El diseño
de rangos adecuados a la región nos permitió, sin
embargo, descubrir heterogeneidades en la distri-
bución territorial de la adscripción may oritaria,
y microrregiones con una may or presencia no
católica. Podemos afirmar que existe una diver-
sificación de la estructura de las preferencias re-
ligiosas en los márgenes de la región: al norte y al
este —de larga data y relacionada con la presencia
indígena— y al sur y costa oeste —más reciente y
relacionada con cambios debidos a nuevos impul-
sos económicos—, cuy a amplitud sobrepasa los
limites de la región. Ello contribuy e a pensar en
el surgimiento de dinámicas extrarregionales que
sustraen a ciertas áreas de la articulación regional
histórica con la que agrupamos regionalmente a
los municipios del centro occidente, que podría
contribuir al diseño de nuevas delimitaciones re-
gionales con finalidades heurísticas. Por ejemplo,
el cambio observado en Puerto Vallarta puede
tener may or relación con otros puertos turísticos
de flujo internacional que con los municipios ja-
liscienses contiguos.
El escaso éxito de las organizaciones no católi-
cas en el conjunto de esta región no se debe a una
falta de presencia: la "cobertura municipal" que
han logrado estas iglesias es semejante e incluso
superior a la nacional, pero con menos respues-
ta hasta la fecha. La concentración de población
absoluta no católica se registra en los municipios
de la zona metropolitana de Guadalajara, en las
capitales de los estados y en zonas turísticas y de
recepción de migración, sin pluralizar necesaria-
mente la estructura de preferencias religiosas. Por
último, constatamos dinámicas demográficas muy
semejantes entre católicos y no católicos en esta
región. La amplia diseminación de feligresías cris-
tianas no católicas se da en la may oría de los mu-
nicipios de la región aunque sea en proporciones
muy pequeñas; pero en el contexto religioso del
bastión católico del país es en sí mismo un cam-
bio notable: denota por un lado una importante
vitalidad misionera o por lo menos expansiva de
las distintas organizaciones religiosas, y por otro, la
existencia de debilidades en la "inexpugnabilidad"
del monopolio religioso católico, que de acuerdo
con la perspectiva inicial de este trabajo, no puede
ser interpretada simplemente como una transfor-
mación religiosa. Debe interpretarse en relación,
primero, con debilidades "originales" en el modelo
colonizador-evangelizador, que marginó territo-
rios y poblaciones —que el modelo de desarrollo
impulsado por el Estado posrevolucionario no pa-
rece haber revertido—, y segundo, con las transfor-
maciones sociales y económicas —terciarización
económica, apertura comercial y desplazamiento
poblacional— que ahora erosionan la articulación
regional creada y vigente durante siglos. ¿Qué
otras articulaciones se están gestando?
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Bi b og
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220
CUAS  I A PAR  I E
Introd caó
ste último apartado corresponde a
un extenso territorio denominado
 históricamente Aridoamérica, el
cual incluy e a los estados de Ba-
 ja California, Baja California Sur,
Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila, Duran-
go, Nuevo León y Tamaulipas. En este capítulo,
se subray a la intensidad de la pluralidad religiosa
a partir de las tres últimas décadas del siglo xx,
periodos donde la heterogeneidad del escenario
religioso muestra tasas de cambio muy elevadas
para algunas localidades y municipios específi-
cos. Este trabajo destaca que la acentuación del
cambio religioso en algunos contextos y su re-
lativo estancamiento en otros, ha contribuido a
conformar un panorama heterogéneo, donde se
identifica microrregiones con presencia diversa
de cristianos no católicos; y otras, en cambio, con
predominancia católica.
La realidad del escenario religioso actual es
explicado a partir de dos elementos históricos:
el primero subray a la especificidad del proceso
de conquista y evangelización en la región, y el
segundo, las características particulares que fa-
Vorecieron poblar este vasto territorio a partir
del establecimiento y desarrollo de importantes
centros industriales. Bajo esta perspectiva los
autores nos indican que la historia moderna del
cambio religioso en el norte de México, es en
gran medida la historia de su poblamiento.
Geográfica y políticamente alejados del cen-
tro de la república, los estados del norte fueron
motivo de preocupación gubernamental debido
a la ausencia de pobladores, aunado a las áridas
condiciones del territorio, pero aún con estas
limitantes, se identifica la consolidación de pe-
queños núcleos religiosos dispersos en Durango,
Monterrey , Chihuahua y Hermosillo, los cuales
influirán de manera directa en la diversificación
del escenario religioso de la región.
El presente artículo muestra la región norte
como un espacio heterogéneo en donde alternan
regiones con acentuados procesos de diversifica-
ción religiosa, y otros donde el catolicismo aún es
predominante, por lo que resulta imprescindible
destacar las circunstancias históricas que han ge-
nerado esta dinámica y sus continuas transfor-
maciones en el escenario religioso actual, como
se verá a continuación.
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_
Capítulo ix
Tendencias cel cambio religioso
en la región norte de V éxico
Gloria Galaviz
Olga Odgers
Alberto Hernández
Introducción
1 extenso territorio que confor-
ma la región norte de México,
tal como la hemos definido pa-
ra efectos de este libro, com-
 prende los actuales estados de
Baja California, Baja California Sur, Sono-
ra, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila, Durango,
Nuevo León y Tamaulipas (54 por ciento del
territorio nacional, aproximadamente). Este
vasto espacio corresponde esencialmente a la
región que históricamente ha sido llamada
Aridoamérica. Esta denominación, centrada
en las características ecológicas de la región,
nos habla en realidad de una larga historia
compartida cuy o impacto, como veremos
más adelante, todavía hoy se ve reflejado en
las características sociales y culturales de las
poblaciones del norte del país.
Una primera lectura de los mapas de ads-
cripción religiosa de esta región nos permite
notar que, a diferencia del centro de Méxi-
co, su diversificación es mucho más pronun-
ciada en los municipios norteños, aunque el
decremento porcentual del catolicismo no es
tan acentuado como en el sur del país. Este
proceso inicia, para algunas áreas del norte,
desde los años sesenta. Sin embargo, la in-
tensidad de la diversificación religiosa en la
región tiene lugar principalmente en las tres
últimas décadas del siglo xx, alcanzando
tasas de cambio muy elevadas para algunas
localidades específicas. Como veremos más
adelante, la acentuación del cambio religioso
en algunos contextos, y su relativo estanca-
miento en otros, ha contribuido a conformar
un panorama religioso heterogéneo, en el
que es posible identificar microrregiones con
diversidades religiosas importantes, y locali-
dades que, por el contrario, mantienen una
presencia católica predominante.
Dentro de su heterogeneidad, los procesos
de diversificación religiosa de esta región com-
parten al menos dos elementos históricos fun-
damentales que permiten identificarlos como
región y que aportan importantes pistas para la
comprensión del cambio en las adscripciones
religiosas de sus habitantes: por una parte, la
especificidad del proceso de conquista y evan-
gelización de la zona; y , por la otra, las caracte-
rísticas históricas de su poblamiento.
En efecto, como se verá más adelante, la es-
casez, movilidad y dispersión de la población
indígena del norte de México impidió a los con-
quistadores/evangelizadores el establecimiento
del sistema de sometimiento implementado en
la región mesoamericana, por lo que el control
de este amplio territorio fue más tardío y , sobre
todo, más superficial que en el resto del espacio
colonial. Al iniciar el siglo xIx la población del
norte de México era may oritariamente católi-
ca, pero no se contaba con un verdadero control
hegemónico del campo religioso por parte de la
iglesia Católica. Es más, podemos afirmar que
ésta en ningún momento de la historia ha lo-
grado tener una cobertura real de las poblacio-
nes de la región, menos aún su control.
La dificultad constante para fundar y someter
núcleos poblacionales relativamente amplios y
estables se verá reflejada en la historia demográ-
fica de la región, que hasta el inicio de la segunda
mitad del siglo xx contaría únicamente con poco
más de 5 000 000 de habitantes. Sin embargo,
en las últimas cinco décadas de este siglo se ob-
serva un cambio radical, con el establecimiento
y desarrollo de importantes centros industriales
—mineros, petroleros y maquiladores principal-
mente— que se refleja en un crecimiento ace-
lerado de la población: en sólo dos décadas se
duplica la población y , antes de que finalizara el
siglo xx, y a se había triplicado. Este proceso es
aún más notorio en Baja California, cuy a pobla-
ción para el año 2000 era casi diez veces may or
que la existente en 1950. En este sentido, la his-
toria moderna del cambio religioso en la región
del norte de México es, en gran medida, la histo-
ria de su poblamiento.
A lo largo de este capítulo trataremos de
mostrar en qué forma se van delineando algu-
nas de las características principales del cam-
po religioso del norte de México (mismas que
constituy en la unidad de esta región, por lo de-
más, notoriamente heterogénea), tales como: las
dificultades que se presentaron para el estable-
cimiento de un control hegemónico por parte
de la iglesia Católica y la especificidad de la his-
toria de su poblamiento.
La formación de la diversidad
religiosa en el Norte de México
A pesar de que la diversidad religiosa en el
norte de México adquiere una gran visibili-
dad, solamente hasta la segunda mitad del
siglo xx, para comprender su origen y su he-
terogeneidad es necesario observar el proceso
de formación histórica de esta amplia región.
En efecto, a pesar de las importantes diferen-
cias en las distintas instituciones religiosas
que constituy en su espectro en los estados
del norte del país, éstos comparten una serie
de procesos históricos que permite hablar de
ellos como una región. Uno de estos procesos
es el que tiene que ver con su poblamiento.
De manera muy esquemática, abordare-
mos este proceso en tres grandes etapas: pri-
/
mera, su integración en el periodo colonial;
segunda, los esfuerzos por poblar el área en la
etapa independiente; y , tercera, el rápido cre-
cimiento poblacional que inicia desde fines
de siglo xix —motivado entre otros aspectos
por el desplazamiento de la línea fronteriza
y la solicitud de mano de obra en Estados
Unidos— y que se acelera hacia la segunda
mitad del siglo xx, marcando un punto de
inflexión importante en los procesos de for-
mación de las sociedades norteñas.
Así, podemos ver que existen por lo me-
nos dos tipos de poblamiento de la actual
región norte: la que data de tiempos colo-
niales y la que corresponde al periodo de in-
dustrialización.
La Colonia
Para desgracia de la corona española, la región
norte del país representó, desde el inicio, un reto
may or en su expansión al no contar de manera
notable con las dos condiciones principales que
permitieran concretar sus objetivos: recursos
explotables y núcleos estables y relativamente
cuantiosos en población. A diferencia de otras
regiones del país, en donde los grupos indígenas
contaban con sistemas de organización social
fuertemente estratificados, con asentamientos
estables y de población cuantiosa, en el norte,
la escasez, dispersión y movilidad de la pobla-
ción indígena constituy ó un gran obstáculo en
el proceso de sometimiento militar y espiritual
de sus pobladores.
Esto hace el proceso de integración más
lento y oneroso, no sólo por el costo y desgaste
del sometimiento indígena, sino por las distan-
cias y por la frecuente carencia de agua y tie-
rras fértiles que posibilitaran la manutención de
los soldados y misioneros encomendados para
la conquista del norte. El resultado fue, por lo
tanto, un proceso de conquista y colonización
tardío y disímil en su interior.
La frontera de la evangelización, perpe-
tuamente frágil e inestable, integró progresi-
vamente esta región al catolicismo, antes de
manera nominal —por la implantación de mi-
siones aisladas y sin recursos suficientes para
atender a sus integrantes— que como un pro-
ceso profundo de construcción de un territorio
de hegemonía católica. Este proceso se dio en la
medida en que la frontera de la colonización se
amplió y el establecimiento de provincias se fue
consolidando (Cramaussel, 2006: 21), que de-
pendió, en gran parte, del sometimiento de los
indígenas de la región, así como del incremento
de la población —tanto indígena como espa-
ñola— y la capacidad para establecer redes de
comunicación y abastecimiento con los lugares
que concentraban víveres y servicios.
Una de las zonas del norte que se integró re-
lativamente rápido, aunque no sin dificultades,
al sistema y control colonial fue la provincia de
Santa Bárbara de la Nueva Vizcay a (hoy la zona
sur de Chihuahua y el norte de Durango), don-
de los exiguos esfuerzos por colonizar el área
se vieron reforzados desde finales del siglo xvi
tras haberse descubierto y acimientos de plata en
la región, lo cual causó la movilización de solda-
dos, misioneros, esclavos e indígenas de otros
lugares para llevar a cabo las labores de explo-
tación del mineral. Pronto se abrieron caminos
que comunicaron esta región con los principales
centros de abastecimiento de víveres y las sedes
administrativas de la corona; no obstante, la
consolidación de los poblados y de las redes de
comunicación y abastecimiento, tomaría casi un
siglo para afianzarse y ser funcionales.
Terminado el auge minero, la región sufrió
nuevamente la inestabilidad poblacional. Sin
embargo, el proceso de integración a los do-
minios coloniales se había iniciado siendo di-
fícilmente reversible. Monterrey , Hermosillo,
Chihuahua y Saltillo fueron, por diversos mo-
tivos, lugares estratégicos para la consolidación
de los procesos arriba descritos y , por lo tanto,
prioridad en los intereses de la corona, convir-
tiéndose en las principales sedes administrati-
vas tanto civiles como religiosas del norte.
Lo anterior se observa en la sucesión cro-
nológica del establecimiento de las diócesis y
arquidiócesis hasta el siglo xix. Durango fue
hasta 1621 la única sede episcopal del norte.
Siglo y medio después, en 1777, se crea la Ar-
quidiócesis de Monterrey , desprendida de la de
Guadalajara, dando cobertura a la zona noreste
del país —Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas y
Texas (Bravo, 1965: 23-25)—. La parte noroes-
te quedaría en manos de la Diócesis de Gua-
dalajara hasta la creación de la de Sonora en
1883, y las de Chihuahua (Bastian, 1989: 118) y
Coahuila en 1891 (Bravo, 1965).
Mientras tanto, el extremo noroeste del país
sería colonizado con otros fines, principalmente
el que tiene que ver con ampliar la frontera del
Imperio Español antes que otra nación recla-
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mara para sí dichos territorios. En este sentido,
factores externos obligan a la corona a apresurar
la consolidación y resguardo de dicha área. Un
ejemplo es el intento de Francia en 1719 por
extender sus territorios de Luisiana hacia Texas,
bajo una declaración de guerra a España por no
respetar los Tratados de Utrecht (Velásquez,
1994: 57), lo cual obligó a España a reforzar
la frontera del territorio mediante el estableci-
miento de nuevos poblados.
De igual modo, cuando el imperio Español
tuvo conocimiento de la presencia de rusos e
ingleses en la región, ordenó en 1771 el esta-
blecimiento de quince presidios en las fronteras
de las provincias internas para crear una especie
de cordón que impidiera su avance. En el es-
fuerzo por crear divisiones y jurisdicciones para
la administración de los territorios, el primer
criterio utilizado era constituirlas por número
de localidades; sin embargo, este procedimiento
originaba jurisdicciones de grandes extensio-
nes, resultando poco funcionales económica y
administrativamente. Cada nueva división se
enfrentaba al mismo problema: recursos limi-
tados y pocos habitantes en grandes extensiones
territoriales (Ibidem: 63-71).
Las misiones de Sonora y California tendrán
precisamente este carácter de frontera, pues sa-
bemos que el sistema misional se enfrentó a se-
rias dificultades para mantenerse y sin prosperar
como se deseaba. El número de indígenas con-
gregados en las misiones fue siempre inestable
por varios motivos, entre ellos: 1) la congrega-
ción de los indígenas en un lugar específico fue
dificil porque se entraba en contradicción con la
lógica de movilidad que tenían la gran may oría
de ellos antes del periodo colonial; 2) cuando se
les logró mantener cautivos en las misiones, las
epidemias se encargaron de reducirlos por mi-
llares, y 3) las limitaciones que imponía el me-
dio para alimentar a grupos numerosos orilló a
los misioneros a restringir la cantidad de indí-
genas congregados en las misiones.
Finalmente, durante este periodo en los lu-
gares donde el poblamiento del norte logró cier-
ta estabilidad, se debió al crecimiento natural de
la población, al que ay udaron poco el mestiza-
je y los emigrantes de las poblaciones sureñas
(ibidem: 72). El hecho de que los núcleos po-
blacionales y el número de sus integrantes no se
incrementaran de forma notoria, imposibilitó el
proceso de integración generalizado al control
real de la corona española y la consolidación del
proceso de evangelización. En muchas pobla-
ciones no había sacerdote alguno o, si lo había,
residía en ellas sólo temporalmente; incluso,
muchas ciudades tuvieron que conformarse con
la presencia de un sólo clérigo para todas ellas
hasta finales del siglo xIx. En consecuencia, la
iglesia Católica ejercía una menor influencia en
estos territorios. A pesar de que la población se
declaraba católica, su mentalidad estaba me-
nos impregnada de valores religiosos y sociales
tradicionalmente católicos y se mostraba más
abierta a otras ideologías, religiosas o no (Bas-
tian, 1989: 119).
Los inicios del
periodo independiente
Una vez consumada la independencia del país,
los nuevos gobernantes se toparon con un norte
todavía poco poblado, irregularmente integra-
do y comunicado de manera incipiente con lo
que se convertiría en el centro administrativo
del país. La combinación de estos tres factores
acentuaba la idea de la lejanía norteña. El ob-
jetivo principal, entonces, sería la integración
efectiva de estos territorios a la nueva nación.
Aunque de fondo las motivaciones parecían
distintas, el reto seguía siendo el mismo: poblar
el norte. La solución: implementar políticas pa-
ra fomentar el crecimiento poblacional.
La autoridad de la iglesia Católica, escasa
en posesiones materiales, había mantenido una
influencia reducida en la administración de las
comunidades del norte, con algunas excepcio-
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nes, como fue el periodo jesuita (1697-1768) en
la península bajacaliforniana, durante el cual sus
facultades llegaron a imponerse sobre las civiles
(Del Río, 2003: 119).
Los esfuerzos de la iglesia Católica y del Esta-
do por fortalecer su presencia en el norte derivarían
en conflictos diversos a lo largo de este periodo.
Así, por ejemplo, una de las primeras ley es del
periodo independiente tuvo por objeto incentivar
la creación de asentamientos, como lo muestra la
Ley General de Colonización emitida en 1822,
apenas consumada la independencia (Mármora,
2002: 222). Los gobernantes buscaron atraer la
inmigración europea bajo la premisa de que contri-
buiría a la modernización, sin embargo, ésta se veía
obstaculizada por la prohibición de la libertad de
culto en el naciente país (Sánchez, 1992:6).
El sentimiento anticlerical del periodo in-
dependentista no podía menos que aumentar
cuando obispados como Sonora y Coahuila
hacían eco entre la población, amedrentando
su participación bajo amenaza de excomunión
a quienes se pronunciaran a favor de los rebel-
des (Cavazos, 1994: 21). Este tipo de acciones
aumentaron en el periodo liberal afectando en
may or medida a la y a endeble institución ecle-
sial; los liberales se pronunciaban por un Esta-
do laico y , como mencionaremos más adelante,
serían más afectos a otras expresiones religiosas
distintas a la doctrina católica.
Una de las consecuencias de la especificidad
del proceso de poblamiento de la región, como
bien sabemos, fue que el establecimiento de co-
lonias de extranjeros favoreció la demanda y final
anexión de territorios otrora mexicanos a Esta-
dos Unidos, como fue el caso de Texas, Nuevo
México y la Alta California. Este acontecimien-
to no fue menor en la historia del norte, pues no
olvidemos que el territorio perdido representaba
alrededor de la mitad del que en ese tiempo ocu-
paba México. Con la anexión de este territorio a
Estados Unidos y el establecimiento de la fron-
tera binacional, una nueva dinámica se iniciaría
para lo que quedó del norte mexicano.
La formación político-econó-
mica de la frontera norte y las
primeras sociedades
protestantes (1872-1910)
La formación político-económica
c e la frontera norte
Hacia 1848, al finalizar la guerra con Estados
Unidos, la recién formada frontera estaba prác-
ticamente sin gente: se componía de un puñado
de localidades con escasa población. A mediados
del siglo XIX apenas sobrevivían Nuevo Laredo
(1283 habitantes en 1856), Rey nosa (3724 en el
mismo año) y El Paso del Norte (hoy Ciudad
Juárez, 4000 en 1850). Ciudades ahora impor-
tantes por su tamaño como Tijuana y Mexicali,
por citar dos de las principales localidades fron-
terizas mexicanas, fueron fundadas hasta 1889 y
1906 respectivamente. El único poblado fron-
terizo de regular tamaño era Matamoros, con
13 740 habitantes en 1856 (aunque disminuiría
a 7390 en 1910). Pero, curiosamente, ni siquie-
ra Matamoros era un sitio consolidado. Estaba
condenado a decaer tan pronto terminara la
Guerra Civil de Estados Unidos (Castellanos,
1981: 93).
La verdadera frontera de mediados del siglo
xIx la constituían ciudades norteñas más o me-
nos distantes. Las más pobladas eran Monte-
rrey , Saltillo, Chihuahua y Hermosillo. En ellas
se establecieron las capitales estatales, las únicas
del territorio norte con una vida política y social
más o menos activa.
Las políticas de colonización emprendidas
por el presidente Porfirio Díaz no favorecieron
tanto a las fronteras mexicanas aunque sí sus po-
líticas de fomento económico. Díaz logró atraer
capitales del vecino país del norte con una legis-
lación liberal y facilidades fiscales. Desplegando
una actividad nunca antes vista en México, los
229
Evolución de la población de
las ciudades fronterizas
Localidad  1856  1900 1 1910
,-----  ---+—
Matamoros 13 740 8347 7390
Reynosa 3724 1915 1475
Nuevo Laredo 1283 6548 8143
Ciudad Porfirio Díaz
Nd 7888 8518
(Piedras Negras)
El Paso del Norte
Nd
(Ciudad Juárez)
Nogales Nd 2738 3177
Mexicali 462
Tijuana 242 733
Fuente: Margulis y Tuirán, 1990, y Martínez, 1990
estadounidenses tendieron líneas ferroviarias
y abrieron minas, fábricas y fundidoras, la ma-
y oría en regiones cercanas a su propia frontera
—como el noreste de Sonora (Cananea, Na-
cozari, Oputo), el centro de Chihuahua (Santa
Eulalia, Parral) y el noreste de Coahuila (Mon-
clova, Nueva Rosita)— y en las capitales de los
estados del norte mexicano: Monterrey , Saltillo,
Hermosillo y Chihuahua.
Dicho auge económico provocó un sensible
aumento de la población fronteriza. Surgie-
ron nuevos asentamientos y resurgieron otros
que habían decaído. Gracias a los ferrocarriles,
que habrían de unir el centro de México con
Estados Unidos, las localidades fronterizas se
convierten en verdaderos puestos de entrada y
salida del país (Coastworth, 1976). Nunca an-
tes, como entonces, la línea fronteriza había si-
do tan frecuentada por los habitantes de uno y
otro país. Sin temor a exagerar, puede decirse
que fue la primera vez que las localidades fron-
terizas sirvieron de puerta a México.
En 1890 las principales rutas ferroviarias
de México partían de algún punto fronterizo:
Nogales a Mazatlán (inaugurada en 1888); Ciu-
dad Porfirio Díaz (hoy Piedras Negras) a la
Ciudad de México (1884); El Paso del Norte a
la Ciudad de México (1884) y Nuevo Laredo
a la Ciudad de México (1888). Además de los
ferrocarriles, desde 1885 la economía de las ciu-
dades fronterizas recibió may or impulso con la
formación de la llamada "zona libre": un régimen
aduanal de excepción que y a había sido ensay a-
do en 1858 en las localidades de Tamaulipas.
Las orimeras sociecades protestantes
No hay noticias de la presencia de socieda-
des

protestantes en la actual frontera norte de
-  - -
México sino hasta finales del siglo_ xIx. Su tar-
día presencia podría explicarse por tres razones:
la oposición de la iglesia Católica; la poca po-
blación que por tanto tiempo tuvo la región y
el escaso interés de las naciones protestantes en
las campañas misioneras. De igual forma, la lle-
gada del protestantismo a tierras fronterizas se
explica por las razones inversas: el apoy o de los
regímenes liberales, el poblamiento de la región
y el repentino interés misional de las iglesias de
Estados Unidos.
La que sería la primera modernización
económica y social de México allanó el traba-
jo de las sociedades misioneras protestantes,
sobre todo en el norte del país donde la "[...]
modernización favoreció la difusión de credos
protestantes por las migraciones que provocó
el progreso económico". (Bastian, 1989: 119).
Si bien la victoria de los liberales sobre los
conservadores y la iglesia Católica fue el primer
paso para el cambio religioso en nuestro país, el
siguiente y definitivo lo constituy ó la llegada a la
Presidencia de la república del general Porfirio
Díaz, en cuy o gobierno (1876-1911) las socie-
dades religiosas protestantes recibieron may o-
res garantías y oportunidades para asentarse en
México. Las políticas gubernamentales para me-
jorar las comunicaciones del país y abrir el campo
y las ciudades a la inmigración y las inversiones
foráneas favorecieron la incursión de los credos
protestantes. Gran parte de esas políticas fueron
enfocadas al norte del país y sus fronteras; algu-
nas fallaron, como el proy ecto de poblar la fron-
tera con colonos de Europa y Estados Unidos.
Entre 1878 y 1910 se registró 156 contratos de
colonización, pero sólo llegaron a crearse 60 colo-
Sociedades misioneras según localidades atendidas, 1870-1910
M apa 9.1
Estados Unidos
Altar
Magdalena

Hermosillo
Paso del_ Nort
Sociedades misioneras, 1870-1910
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1
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Guatemal Presbiterianos
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Kilómetros
o El Salvad
210 210  105
1 1
Fuente:Elaborado por Alberto Hernandez y Carlos V . Ruelas basado en Baldwin. 1979: Bastan, 989"
231
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E
N
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E

T



nias, 10 de las cuales eran de estadounidenses y de
éstas nueve estuvieron formadas por mormones
(Ceballos, 1995: 12). Como es sabido, a partir de
1887 comenzaron a llegar los colonos mormones
para protegerse de la persecución en su país por
practicar la poligamia'. Asimismo, dirigentes de la
Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos
Días negociaron con el gobierno del general Díaz
la adquisición de más de 70 000 hectáreas de terre-
no entre Sonora y Chihuahua, terrenos que fueron
convertidos en prósperos campos agrícolas (Aboi-
tes, 1995: 108).
Un paso trascendente para la divulgación del
protestantismo en tierras mexicanas fue la llegada
de 17 sociedades misioneras procedentes de Esta-
dos Unidos, acontecimiento que tuvo lugar entre
los años 1870 y 1880. Gran parte de estas socie-
dades misioneras estuvieron presentes en el norte
de México, estableciendo bases de operación en
localidades como Monterrey , Matamoros, Tampi-
co, Saltillo, Múzquiz, Torreón, Parral, Chihuahua,
Ciudad Juárez y Hermosillo (Hernández, 2006).
El irlandés James Hickey (1800-1866) fue
el primer bautista en predicar en México (Reid,
1952: 71). Hickey llegó a Monterrey en 1862 y
dos años después formó junto con su esposa la
primera iglesia protestante en México conocida
como la Primera Iglesia Bautista de Monterrey
(Detweiler, 1930: 1 y Reid, ibidem).
En 1880 llega a México la Southern Baptist
Foreign Mission Board (ssFmB) de Richmond,
Virginia. El primero de sus misioneros fue tam-
bién un inglés, John Westrup, hermano menor de
Thomas Westrup. John estableció una congrega-
ción protestante de habla inglesa, a la que se agre-
garon varias familias mexicanas; fundó también
otras congregaciones en las localidades coahui-
lenses de Progreso, Villa de Juárez y San Juan de
Sabinas (Arderson, año: 27).
Los cuáqueros (la Iglesia de los Amigos) fueron
los primeros en llegar a la frontera tamaulipeca. Se
establecieron en Matamoros, donde Pardie abrió
en 1871 una misión que también funcionaba como
escuela. Un año después de haber llegado, contaba
y a con 36 miembros. En 1881, inaugura en Ma-
tamoros el primer templo del país la Iglesia de los
Amigos (Báez-Camargo, 1954).
En el mismo Matamoros los presbiterianos
establecieron su propia misión; abierta en 1874
por J. Pardie y Anthony Gray bill. Fue ésta la pri-
mera Iglesia presbiteriana organizada en todo el
norte de México (Martínez, 1972: 170-172).
Samuel G. Igman se incorpora al equipo
de misioneros que llegaron a la parte noreste
de México. Bajo su dirección, los discípulos de
Cristo se extienden a algunos pueblos mineros
y otras localidades cercanas a la frontera con
Texas, como Fuente, Esperanzas, Rosita, Sabi-
nas, Nava, La Agujita y Ciudad Porfirio Díaz
(hoy Piedras Negras). La primera tarea reali-
zada por Samuel G. Igman en Piedras Negras
fue fundar el Instituto del Pueblo, institución
educativa que llegaría a ser muy famosa en el
norte de Coahuila. Durante sus primeros años,
en sus aulas aprendieron a leer y escribir au-
toridades como el alcalde de Piedras Negras.
Además de él, egresaron otros alumnos que
más tarde se incorporaron a las funciones pú-
blicas (Baldwin, 1986: 299).
Misioneros como James Hickey , Melinda
Rankin, Thomas Westrup, John Powell, Santia-
go Eaton, Anthony Gray bill y Samuel G. Igman,
jugaron un importante papel en la difusión del
protestantismo en el norte de México (Her-
nández, 2006). Cada uno de estos misioneros
optó por un estilo diferente de evangelización:
promovieron obras educativas y asistenciales y
lograron que las principales corrientes del pro-
testantismo se hicieran presentes en esta amplia
porción geográfica del territorio nacional.
1  Desde 1862 había vigente en Estados Unidos una ley federal contra la poligamia; sin embargo, no había sido aplicada en Utah por
la resistencia de las autoridades estatales, controladas por la Iglesia de Jesucristo los Santos de los Últimos Días. Pero la presión
existía, y la posibilidad de huir a México siempre estuvo latente. En 1882 fue aprobada una segunda ley más restrictiva que obligó
a los mormones a salir del país.
Población protestante en la República Mexicana: estados del norte, 1910
Tabl a 9.2
1
Protestantes
190 0
Pobl ación
total
Protestantes
1910
Pobl ación
total
República mexicana 51 988 j 13 293 190 0.39 68 787 15 505 031  0.44
Estados del norte 13 869 1 1 392 784 0.99 21 822 1 647 818 1.32
Baja California 315 7583
i—
4.15 384 9 650 3.98
Sonora 1913 '  221 660 0.86 3419 265 344 1.29
Chihuahua 2774 319 760 0.87 4542 396 363 1.15
Coahuila 3446 297 038 1.16 6289 361 775 1.73
Nuevo León 3062 327 807 0.93 4491 365 084 Í1.23
Tamaulipas 2359 218 936 1.08 2697  1 249 602
En relación con las pautas de difusión geográ-
fica, se ha destacado que las primeras sociedades
protestantes prefirieron el norte y el centro de
México. En lo que se refiere específicamente al
norte, los datos censales disponibles confirman
claramente esta conclusión. A principios del siglo
xx, los estados de la frontera norte concentraron
gran parte de la población que se declaró protes-
tante (27 por ciento en 1900 y 32 por ciento en
1910: 51 988 y 68 787, respectivamente). Asimis-
mo, los estados fronterizos con may or porcenta-
Fuente: Censos de población de 1900 y 1910. INEGI
je de población protestante durante ese periodo
eran Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León.
Siglo xx
Si la frontera norte fue la región más olvidada
hasta el siglo xix, en el siglo xx, y sobre todo
en su segunda mitad, se convierte en una de las
zonas predilectas del gobierno federal por las
ventajas económicas que le representa. Después
del "Programa bracero", hubo otros proy ectos
que pretendieron aprovechar el desarrollo que
el norte estaba teniendo.
En 1947 se instituy e la "Junta de mejoras ma-
teriales", programa que pretendía promover la
creación y mejoramiento de la infraestructura ur-
bana; precaria, para la cantidad de actividad que
empezaba a advertir la región. En 1961, se lanza
el "Programa nacional fronterizo", con el objetivo
de promover el desarrollo económico y social de las
localidades y estados del norte. Entre sus metas es-
pecíficas está el promover la creación de industrias
locales para producir satisfactores básicos y aumen-
tar las actividades turísticas, así como incrementar
los vínculos dentro de la misma región fronteriza.
Otro programa que sin duda alguna fue de
gran impacto para la región, fue el llamado "Pro-
grama magulla", en 1965, que se instituy ó como
una alternativa (Bustamante, 1986) al recién ter-
minado "Programa bracero", y el cual pretendía
sacar ventaja de la relación binacional permitien-
do el establecimiento de una industria y redes eco-
nómicas entre ambos países. En ese mismo año
se lanza el "Programa de industrialización de la
frontera", que básicamente fue un complemento
del anterior. Finalmente, el Tratado de Libre Co-
mercio que se implementa a partir de 1994 —no
sin una gran polémica nacional, pues se cuestionó,
y se cuestiona mucho su efectividad—, termina
por cerrar un ciclo de relaciones y estrategias co-
merciales que han afectado a la economía nacio-
nal, principalmente a la sociedad de los estados
fronterizos (Barajas, 2002: 269-271).
La década de 1970 se caracterizó por una gran
promoción de las actividades económicas en la
frontera, sobre todo en lo que respecta a las indus-
triales, fomentadas por una política de incentivos
fiscales a los empresarios nacionales y de ordena-
mientos jurídicos entre México y Estados Unidos
(Bustamente, 1986: 847). Baja California es uno
de los estados en los que estas medidas han tenido
may or impacto, pues tenía las localidades más pe-
queñas y en pocas décadas se crearon sendos com-
plejos industriales. Baste señalar "que en la franja
fronteriza se concentra más de 90 por ciento del
total de los establecimientos maquiladores, de los
cuales la may or proporción se ubica en Tijuana
(21.5% en 1988)" (Gómez, 1991: 193).
Este impulso económico como resultado del
auge maquilador produjo un crecimiento caótico
de las ciudades fronterizas, las cuales recibieron
grandes cantidades de población migrante con
intenciones de cruzar la frontera hacia Estados
Unidos y para aprovechar la rica fuente de em-
pleo en que se convirtieron los estados del norte.
A la par que los estados fronterizos recibieron
un impulso económico y demográfico intenso, las
dos estructuras religiosas principales ampliaron
su cobertura institucional. Todavía hasta la déca-
da de 1960 la may oría de la población continuaba
considerándose católica2 pese a la dinámica tan
cambiante y a pesar del trabajo de grupos misio-
neros evangélicos en la región (Molina y Her-
nández, 2002: 339-347). En la década siguiente,
Sinaloa presenta un notable decrecimiento por-
centual del catolicismo, al reportarse en el censo
de 1970, 6.55% de población no católica. Cabe
señalar que este dato, atípico dentro de la región,
obedece al elevado porcentaje (4.97%) que de-
claró no profesar religión alguna, pero es hasta la
siguiente década cuando puede constatarse, para
el conjunto de la región, un sensible incremento
de la diversidad religiosa.
A partir de mediados del siglo xx, la iglesia
Católica incrementa el número de las diócesis en-
la región. En 1950, para dar cobertura a los seis
estados, sólo existían cinco diócesis y una arqui-
diócesis. De 1950 a la fecha, se crearon 17 y tres
fueron elevadas al rango de arquidiócesis (Her-
mosillo, Chihuahua y Tijuana). Este afán por dar
may or cobertura también se refleja en la creación
de las Regiones Pastorales en 1970 (Soriano,
1999: 116-117), las cuales, según la definición de
la Conferencia del Episcopado Mexicano, (cEM)
fueron creadas teniendo en consideración los
problemas sociales y culturales de las diócesis que
las conforman (cEm, 2005), dando así una inte-
gración may or entre ellas a través de la promo-
ción de trabajos conjuntos, unión que no fue fácil
lograr, pues la gran distancia existente entre una
y otra diócesis dificultaba la creación de una red
regional de trabajo, igual que para las metrópolis
del norte ha sido difícil integrarse económica y
socialmente con el centro del país.
Esta lejanía entre episcopados, en el caso
del catolicismo, se tradujo en una autonomía
diocesana promovida por los propios obispos,
los cuales más que responder directamente a
un centralismo episcopal, están en un contacto
directo con la sede romana. Esto significa que
lejos de promover un trabajo conjunto con la
Iglesia mexicana, sus acciones estaban más vin-
culadas a las órdenes papales, quedando en se-
gundo lugar las nacionales (Ai, 1998: 94).
Además de su expansión institucional, el cato-
licismo vivió las transformaciones que el Concilio
Vaticano trajo como consecuencia. Este evento no
es menor en la historia de la iglesia Católica. En
el norte ningún estado como Chihuahua viviría
estos postulados. Con el cambio de arzobispo en
1969, la responsabilidad queda en Adalberto Al-
meida: durante los veinte años que estuvo al fren-
2  En la subregión norte solamente 4.77% de la población se declaraba no católica, descendiendo este dato a 4.48% y 3.58% para las
regiones noreste y noroeste respectivamente.
te de la arquidiócesis dio gran impulso al laicado
y desarrolló las comunidades de base (Vázquez,
2003: 125). En 1986, ante el fraude electoral en
Chihuahua, el arzobispo mostró una actitud ra-
dical al considerarlo como "pecado social". En
consecuencia se convocó a la feligresía a manifes-
tar su indignación ante las circunstancias. Al no
contar con el respaldo de la cúpula católica, fue
presionado hasta su destitución en 1989.
Por el contrario, la Diócesis de Sonora ha
mantenido siempre una línea tradicionalista. Su
primer arzobispo, Juan Navarrete, permaneció al
frente alrededor de cincuenta años (1919-1968).
En 1968, con el Concilio Vaticano se establece
que los sacerdotes may ores de 75 años deben reti-
rarse de sus cargos: Navarrete, con 86 años, debió
abandonar el mando. Al cambio de arzobispo la
arquidiócesis intenta dar may or unidad entre las
distintas diócesis, por lo cual se articula el trabajo
de las parroquias, pero la participación del laica-
do disminuy e debido, sobre todo, a la negativa de
la población de colaborar en las disposiciones del
nuevo sacerdote (Flores, 2003: 233-235).
El punto anterior es importante, pues en el
norte la incursión del laicado en las actividades
religiosas ha sido de gran importancia para el de-
sarrollo de la iglesia Católica porque, debido a la
falta de sacerdotes, los laicos han sufragado parte
del trabajo. Tal es el caso de Baja California, So-
nora y Chihuahua. En los dos primeros, los laicos
fueron esenciales para dar atención religiosa en el
área correspondiente (Valenzuela, 1992: 51-54),
sobre todo en la época en que las actividades re-
ligiosas estaban prohibidas en espacios públicos;
a través de estos laicos, podían crearse círculos de
apoy o a la Iglesia (Mojica, 2005: 32).
Las dos guerras mundiales fueron también
decisivas por la demanda de mano de obra ba-
rata en esta región. En 1942 se implementa el
"Programa bracero", que permitiría la entrada
legal de mexicanos para trabajar en Estados
Unidos (Gil, 1994: 192). Los flujos migratorios
no fueron unilaterales, pues durante los perio-
dos de crisis de la economía estadounidense,
se generaron regresos masivos de inmigrantes
mexicanos, situación que propició la consolida-
ción de algunas de las localidades fronterizas.
Todos estos vaivenes fueron causa de un inten-
so movimiento poblacional de entrada y salida al
país, así como de cruce por los estados fronterizos.
En el periodo de 1900 a 1950,1a población total
de las seis entidades fronterizas pasó de poco me-
nos del millón y medio a 3 762 965 habitantes: un
aumento de casi 2.5 (Piñera, 1994: 229-230). Esta
cifra nos da una idea de la dinámica poblacional
que estaba adquiriendo el norte del país.
Lo que interesa resaltar, para el caso de los
estados de la frontera norte, es que este impulso
o cambio de directiva religiosa, tanto católica co-
mo de otras denominaciones, no hubiera existido
sin la intensa dinámica demográfica que experi-
mentó la región a raíz de su auge económico.
El crecimiento acelerado de las ciudades en
los estados del norte le cambió el rostro de forma
drástica a muchos de los espacios rurales olvida-
dos por inhóspitos, aislados, de difícil acceso o
carentes de recursos explotables. No obstante,
el poblamiento del norte se sigue concentrando
en núcleos específicos, que corresponden princi-
palmente a las ciudades fronterizas, capitales y
algunos puertos. Al interior aún quedan grandes
extensiones rurales en las cuales los procesos de
formación y desarrollo actuales no guardan una
relación directa con los procesos de la Colonia,
ni con la industrialización del siglo xx. Como se
verá más adelante, al finalizar el siglo xx el pano-
rama de la región norte seguía caracterizándose,
entre otros aspectos, por su heterogeneidad.
Puntos a destacar
Geográfica y políticamente alejados del centro
de la república, los estados del norte han tenido
patrones de desarrollo diferentes a los de otras
regiones del país. Durante siglos su poblamien-
to fue materia de preocupación gubernamental,
sin obtener grandes resultados. Su posición geo-

Crecimiento poblacional y crecimiento de población católica
Gráfica 9.1
20 000 000
18 000 000
16 000 000
14,000 000
12 000 000
10 000 000
8 000 000
6 000 000
4 000 000
2 000 000
MI Población total
 
1111 Católica

















1950 2000
Fuente: Elaboración propia basada en MCI. CENSOS nacionales de población.
gráfica y la aridez de su tierra influy eron en gran
medida en ello, pues dificultó el asentamiento
de pobladores y el desarrollo de complejos urba-
nos. A pesar de la gran extensión territorial en su
conjunto, a fines de siglo xIx sólo existían peque-
ños núcleos poblacionales dispersos: aquéllos en
donde, desde épocas relativamente tempranas,
fue factible consolidar poblados que fungieron
como sedes administrativas y religiosas (Duran-
go, Monterrey , Chihuahua y Hermosillo).
En lo que respecta a la iglesia Católica —aun-
que fue privilegiada por la administración virrei-
nal y en los primeros años de vida independiente
para su desenvolvimiento e institucionalización—,
su presencia en la región no pudo contrarrestar ni
evitar el enfrentamiento de serios problemas para
asentarse y lograr una presencia real en dicho terri-
torio. En este sentido, fueron pocos los lugares en
donde pudo establecer, de manera ortodoxa, el sis-
tema de administración de sus servicios religiosos.
Durante el periodo independiente la cober-
tura institucional de la iglesia Católica no varía
mucho. Sin embargo, el norte protagoniza la
entrada de nuevos grupos religiosos, lo que in-
crementa la oferta de servicios, poniéndose aún
más en entredicho la autoridad del catolicismo
en las sociedades norteñas.
El proceso de diversificación religiosa con-
tinuará a lo largo del siglo xx. Sin embargo, la
heterogeneidad de las regiones, subregiones
y microrregiones irá acentuándose progresi-
vamente, identificándose a primera vista tres
grandes tipos de procesos históricos: el primero
corresponde a los enclaves fuertes de catolicis-
mo que parecen responder a las áreas que se in-
corporaron relativamente rápido a la estructura
eclesial y civil de la Colonia; el segundo es el
que presenta may or grado de diversificación re-
ligiosa y tiene que ver con el área de crecimiento
poblacional durante el siglo xx, correspondiente
a las ciudades fronterizas o con gran dinamis-
mo industrial; y el tercero, aquellas áreas rurales
donde ni la Colonia ni la industrialización han
terminado por impactar de forma directa sus
dinámicas poblacionales y que son quizá la ma-
y or parte del territorio norteño, áreas sobre las
que tenemos menos conocimiento acerca de su
desenvolvimiento religioso y que corresponden
en su may oría al amplio espacio rural del norte,
que sigue siendo una dimensión por estudiar.
Jn caso de re gosidad (- a no e a
el Va le de os Cros.
a principal localidad del municipio
de Ensenada, Baja California, es la
ciudad del mismo nombre que se
encuentra justo en el extremo norte
 del municipio. Dado que ella es el
punto de referencia principal para establecer los
criterios de ubicación del resto de las localida-
des, prácticamente todo lo que se encuentra al
sur de la ciudad es considerado el sur del mu-
nicipio. En este sentido, el sur de Ensenada es
muy vasto y heterogéneo, pero la may or parte
corresponde al área natural protegida Valle de
los Cirios, ubicada dentro del denominado De-
sierto Central Bajacaliforniano. Comprende
48 por ciento del municipio (35 por ciento del
estado) y , aunque sus dimensiones geográficas
sorprenden por su extensión, en realidad es un
área con una densidad de población muy baja,
9.66 km2 por habitante (INEGI, 2000)3. En el
censo del año 2000 se registraron 111 localida-
des, de las cuales 81 estaban por debajo de los
diez habitantes y sólo siete superaban los 100.
Con poco más de 2600 personas, es una de las
regiones del país menos pobladas y más tardía-
mente integradas a la dinámica religiosa actual.
Se trata de localidades de reciente forma-
ción; las más antiguas datan de finales del siglo
xix, nacidas del auge minero que las políticas
de modernización y apertura económica moti-
varon. Las principales actividades económicas
son la pesca, la ganadería y el turismo. Hasta
fines de la década de 1970 la inaccesibilidad de
los poblados, rancherías y campos pesqueros,
así como su poca y dispersa población, parecen
ser algunas de las razones que mantuvieron
alejada cualquier intención de la iglesia Cató-
lica, u otro grupo religioso, de enviar personal
de planta a la zona para asistir a la población
en sus necesidades espirituales o materiales. El
crecimiento de Guerrero Negro y San Quin-
tín, así como la construcción de la carretera
transpeninsular, aumentó el tránsito de perso-
nas por la zona, de igual modo que propició un
incremento de la movilidad de sus habitantes.
La gente comenzó a desplazarse con más fre-
cuencia a San Quintín, El Rosario y Guerre-
ro Negro, lugares donde existían previamente
grupos religiosos establecidos y con los cuales
los habitantes del Valle de los Cirios tuvieron
contacto a través de amistades y familiares
que radicaban en ellos. En este periodo, pro-
cedentes de Guerrero Negro y San Quintín,
en la zona comienzan a tener presencia grupos
evangélicos y testigos de Jehová, quienes harán
3  Estimación propia basada en los datos del Censo de 2000 (INEGI, 2000).
esfuerzos por arraigarse. En lo que respecta a
la iglesia Católica, no tuvo presencia perma-
nente sino hasta 1994, cuando se establece la
primera parroquia con un sacerdote de planta
en el poblado de Jesús María, y en el año 2000
otra en Bahía de los Ángeles.
Ningún grupo religioso, según opinión de
sus propios dirigentes, ha sido víctima de algún
tipo de agresión por parte de la gente. Se les ha
dejado entrar sin may ores dificultades y asentar-
se en los poblados, pero de la misma forma en
que no han sido molestados, tampoco han sido
muy solicitados. El porcentaje de población que
participa formalmente en las actividades que
ofertan estos grupos religiosos (evangélicos, tes-
tigos de Jehová y católicos) no llega ni a 10 por
ciento. En este sentido lo que observamos en
el área es que pese a la existencia de una oferta
religiosa formal, la may oría de la gente parece
vivir una religiosidad fuera del marco de una
institución religiosa específica, incluy endo a la
iglesia Católica, lo cual vuelve más interesante
el estudio de su religiosidad.
Panorama actual: la geografía del
camoio religioso en la región Norte.
Para avanzar en la comprensión de los procesos
de diversificación religiosa, es conveniente rea-
lizar un análisis georeferenciado, en el ámbito
municipal'', que permita identificar subregiones
donde se concentra el crecimiento de opciones
religiosas diferentes de la católica, así como en-
claves fuertes de catolicismo (cfr. Galaviz, 2005).
La distribución espacial de la diversidad reli-
giosa que presentaremos a continuación puede
apreciarse con may or claridad en el Mapa 9.2.
Porcentaje de población católica, 2000, donde
se observa varias subregiones en el interior de
los estados norteños. Hemos dividido dichas
subregiones en dos tipos:
A) Las subregiones de menor estampa católi-
ca, que a su vez pueden dividirse en dos tipos:
a. Las que presentan un alto grado de di-
versificación religiosa:
1. Noroeste, conformada por Baja Cali-
fornia y el noroeste de Sonora.
11. Norte centro de Coahuila.
11 Este, conformada por Tamaulipas y
el sur de Nuevo León.
1V. Una subregión discontinua confor-
mada por los municipios fronterizos.
b. Aquéllas en las cuales el bajo porcentaje
de catolicismo obedece a la existencia de
altos porcentajes de población sin religión,
presencia may oritaria de una confesión
en particular o municipios con población
principalmente indígena.
1. Centro de Chihuahua
11, El sureste sonorense
El triángulo que forman las fron-
teras de Sinaloa, Sonora y Chihuahua,
extendido hacia el sur hasta abarcar los
municipios colindantes de Durango
con Sinaloa.

B) Las subregiones que se perfilan como nú-
cleos duros o enclaves del catolicismo al no re-
flejar cambios significativos en los porcentajes.
a. Los municipios del centro de Sonora
b. Un corredor de municipios que inicia en
el sureste de Chihuahua, extendido hasta
el sur de Durango.
4  Es importante señalar que por el tipo de fuente utilizada para el análisis las reflexiones presentadas a continuación son más represen-
tativas de la dinámica social urbana que rural, pues la concentración poblacional en puntos geográficos bien identificados y acotados
opaca o limita la observación de aquellos lugares donde la densidad poblacional es baja. Un ejemplo de ello es el municipio de Ensena-
da, en el cual la ciudad concentra 77.17% de la población, mientras 48 por ciento de la extensión geográfica del municipio concentra
sólo 0.88%; es decir, existe una brecha enorme entre el porcentaje poblacional y el porcentaje geográfico de representatividad que
tienen los datos censales. No obstante, el análisis municipal constituye un primer filtro o prisma de descomposición del comportamiento
religiosos de los estados, a través del cual se hace patente la necesidad de seguir descendiendo la escala de la mirada y el análisis.
Kilómetros
M apa 9.2 Porcentaje de la población católica en la región norte de México, 2000
San Luis
Potosí
Guanajuato
11119911.  
Estados Unidos
Golfo de México
Zacatecas
Jalisco
Océano Pacífico
Michoacán
190 95 0  190
I  1  1 1  I
Nayarit
I
Porcentaje de "católicos", 2000
O - 26.0 0
26.0 1 - 79.0 0
79.0 1 - 86.0 0
86.0 1 - 91.0 0
91.0 1 - 10 0
Fuente: Elaborado por Alberto Hernández y Carlos V . Huelas basado en la muestra de 10% del xn Censo General de Población y V ivienda, 2000 INEG.
En el caso de las subregiones con menor pre-
sencia católica, debido a la diversificación de
las opciones religiosas, podemos decir que
coinciden con las áreas que experimentaron
un gran crecimiento demográfico con motivo
de los múltiples programas estatales que pro-
movieron la creación de fuentes de empleo,
atray endo fuertes flujos de población que ter-
minaron por hacer efectivo el poblamiento de
una gran parte de los territorios norteños.
Los municipios de la franja fronteriza
fueron, indiscutiblemente, los que cobraron
may or dinamismo económico y poblacional a
lo largo de todo el siglo xx, constituy endo la
principal subregión de diversificación religio-
sa en el norte del país; pese a las diferencias
en cuanto a sus procesos de poblamiento y
crecimiento de las opciones religiosas, es po-
sible encontrar similitudes religiosas entre las
principales ciudades fronterizas (Hernández,
1996: 107-132).
Además del crecimiento poblacional ne-
tamente fronterizo, hubo otras regiones que
participaron del mismo fenómeno por razo-
nes distintas. Aunque la subregión noroeste
que forman Baja California y el noroeste de
Sonora tiene gran relación con los procesos
fronterizos, la pesca y la agricultura que per-
mite el Río Colorado también fueron facto-
res que permitieron el desarrollo de grandes
proy ectos comerciales que atrajeron grandes
flujos de trabajadores. En Coahuila los mu-
nicipios que tienen los menores porcentajes
de catolicismo corresponden a aquéllos rela-
cionados con la minería (Cúellar, 1979: 286).
De 1958 a 1978, Múzquiz y San Juan Sabi-
nas, por ejemplo, tuvieron un crecimiento po-
blacional y de empleos muy acelerado, tanto
que fueron receptores de mano de obra de los
municipios aledaños. En general, en la región
carbonífera se tuvo un aumento de 213.92%
de empleados (Contreras, 2002: 71, 131), y
aunque el auge termina a finales de la década
de los noventa, fue un polo económico que
creó una nueva región poblacional (Bassols,
1986: 727).
Por su parte, el sur de Nuevo León fue re-
ceptor de mano de obra para el trabajo del
ixtle (Cavazos, 1994: 49-51), mientras que en
Tamaulipas los bajos porcentajes católicos se
extienden de norte a sur. Consideramos que
las características pueden estar relacionadas
con el desarrollo económico descentralizado
del estado, desde el norte con el desarrollo
fronterizo, hasta el sur con la actividad petro-
lera. Sólo una pequeña porción del suroeste
no ha formado parte de esta transformación
(Herrera, 1999: 247-257).
Lo que es importante destacar es que es-
tas subregiones fueron lugares donde hubo
un abrupto crecimiento poblacional y por di
versos motivos atrajeron la atención de diver
sos grupos religiosos, los cuales rápidamente
dieron cobertura espiritual a esos nacientes
núcleos poblacionales. Al ser asentamientos
recientes, sin la presencia institucional con
solidada de una iglesia en particular, no es
dificil entender que dichos grupos lograran
implantarse entre la población y ser acogidos
por un sector de ella, lo cual no deja de ir en
aumento.
Ahora bien, como mencionamos, existen
otras subregiones en las cuales la merma ca-
tólica obedece, más que a la diversificación de
las opciones religiosas, a otro tipo de factores.
El primero, el ingreso y crecimiento de un
grupo religioso en particular, como es el ca-
so de varios municipios de Chihuahua (Riva
Palacio, Cuauhtémoc y Janos), en los cuales
la presencia de comunidades menonitas logra
imponerse incluso sobre la población católica
(Riva Palacio, 1988: 66, 178 y 263).
Los menonitas del nor e c e éxico
na primera mirada al mapa de
adscripciones religiosas de la re-
gión norte permite identificar un
pequeño grupo de municipios
de Chihuahua (especialmente
Cuahutémoc, Janos y Riva Palacio) que presen-
ta un comportamiento notablemente diferen-
ciado del resto de la región: en los tres casos se
encuentran elevados porcentajes de población
no católica, principalmente debido a la presen-
cia de comunidades menonitas, establecidas en
la región desde comienzos del siglo )(x.
El origen de las asambleas menonitas data
del siglo xvi, cuando el pastor Menno Simons
(1496-1559) se convierte al anabaptismo pací-
fico y se transforma en uno de los principales lí-
deres reformadores, tanto en Holanda como en
Alemania y Suiza. Esta corriente crece progre-
sivamente, y tras la muerte de Menno Simons ,
la may oría de los anabaptistas pacíficos adoptan
el nombre de Menonitas (Séguy , 2000).
Debido a la persecución de que fueron objeto,
los menonitas se vieron obligados a migrar en re-
petidas ocasiones, dentro y fuera de Europa. Hacia
1683 tuvo lugar la primera migración hacia el con-
tinente americano; se establecieron en Pennsy lva-
nia, en donde tuvieron lugar diversas escisiones a
lo largo del tiempo (Roy ston, 1996). Entre ellas,
destaca la que daría lugar a la comunidad Amish,
presente todavía en dicha región.
Otro importante flujo migratorio lleva a los
menonitas hacia Prusia y después a Rusia, en
donde se establece una comunidad numerosa.
Desde este punto geográfico parte un nuevo
desplazamiento hacia finales del siglo xix, que
se establecerá en la región de Manitoba, Ca-
nadá. En 1922, más de 9000 menonitas proce-
dentes de Manitoba se asientan en el norte de
Chihuahua, al amparo de un permiso especial
otorgado por el gobierno de Álvaro Obregón
que garantizaba la libertad religiosa, eximía del
servicio militar y permitía el establecimiento
de escuelas propias (Tay lor, 2005).
En la actualidad, los Menonitas —que
conservan los rasgos distintivos del anabaptis-
mo— se distinguen por su rechazo a prestar
juramento a la bandera nacional, llevar armas
y servir al Estado. Su organización social se
caracteriza por la voluntad de vivir en comu-
nidades alejadas de la vida moderna —algunas
rechazan el uso del teléfono y la electrici-
dad—, en colonias dedicadas principalmente a
la agricultura.
La población menonita de México, regis-
trada en el censo del año 2000 dentro del gru-
po del "protestantismo histórico"' se encuentra
aún fuertemente concentrada en el estado de
5  Conviene señalar que, en el censo del año 2000, la población menonita aparece registrada con una categoría propia.
H
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o
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Chihuahua, en donde residen alrededor de
70 000 personas. En el caso de Riva Palacios
y Janos, son municipios con una población re-
lativamente escasa (poco más de 8000 habi-
tantes en el año 2000); esta situación permite
entender, en parte, la razón por la cual Riva
Palacio es el municipio con menor población
católica del país desde hace varias décadas.
Al sur de Chihuahua también encontra-
mos un racimo de municipios con una marca-
da inclinación indígena, mismos que colindan
con los del sur de Sonora, también de presen-
cia indígena y que en las últimas décadas se
han distinguido por su pronunciado "no" reli-
gioso, al presentar, junto con el norte de Sina-
loa y el noroeste duranguense, los porcentajes
más bajos en todo el país de población "sin
religión". Desgraciadamente es un área no
explorada y , por lo mismo, todavía es impreci-
so determinar los factores que motivan dicho
comportamiento religioso.
En lo que respecta a la ubicación de las
localidades en donde la presencia del catoli-
cismo es más acentuada, conviene destacar
que corresponden, en términos generales, a
aquéllas en donde la iglesia Católica logró un
arraigo más estable desde tiempos coloniales;
esto es, las poblaciones de más larga data en
el norte de México, como es el caso del centro
de Sonora y Chihuahua que, junto con Du-
rango, constituy en las principales subregiones
católicas del norte. Este fenómeno nos permi-
te postular la hipótesis de que el catolicismo
colonial, aunque fue may oritario en toda la re-
gión, únicamente logró un control hegemóni-
co del campo religioso en algunas localidades
específicas, que siguen siendo hoy los núcleos
principales del catolicismo norteño. Esta dis-
tinción entre catolicismo may oritario y catoli-
cismo hegemónico permite leer el mapa actual
de la diversificación religiosa y contribuy e a la
comprensión de los procesos de cambio.
Sin embargo, no basta con mostrar cuá-
les fueron los espacios del norte que la iglesia
Católica no logró controlar para comprender
cuáles son hoy los rasgos distintivos de la di-
versidad religiosa de la región.
En este sentido, en el siguiente apartado
presentaremos algunas características de esta
población no católica.
La diversidad religiosa en
la región norte
La diferencia capital de la frontera norte con el
resto de México, en las últimas décadas, es su
inusitada capacidad para crear empleos de ma-
nera constante y en una magnitud que dificil-
mente podría haber pasado desapercibida. Este
gran dinamismo económico ha generado un
foco de atracción para los trabajadores de otras
regiones, quienes junto con sus familias se tras-
ladan a las principales ciudades fronterizas. La
oferta de empleo en la industria maquiladora ha
detonado la llegada de nuevos inmigrantes pro-
venientes de estados del sureste del país como
Veracruz, Chiapas y Tabasco.
El arribo de amplias corrientes migrato-
rias a Tijuana, Nogales, Ciudad Juárez, Ciudad
Acuña, Rey nosa y Matamoros ha propiciado un
crecimiento voraz de la mancha urbana fronte-
riza. En todos los casos, la carencia de vivien-
da y la falta de servicios e instituciones sociales
públicas son evidentes. En este contexto, resalta
la extraordinaria facilidad que han encontrado
las iglesias cristianas evangélicas para crecer en
asentamientos irregulares y , en general, en la
zona periférica de estas seis ciudades.
En la frontera norte, al igual que en otras
regiones de México, existió durante mucho
tiempo una falta de información respecto a
las dimensiones y características de las iglesias
evangélicas, pues muy pocos templos se cono-
cían por su nombre y adscripción de denomi-
nación, y la may or parte de los locales de culto
no se encontraban registrados ante las auto-
ridades locales o federales. Sin embargo, esta
242
Crecimiento de la diversidad religiosa por estado
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situación cambió de manera radical a partir de
1992, como consecuencia de las modificacio-
nes constitucionales que se hicieron en mate-
ria religiosa'. Desde entonces, muchas iglesias
y otras agrupaciones de carácter confesional
obtuvieron su registro como "asociaciones reli-
giosas", además de que conquistaron derechos
que hasta entonces les habían sido negados
(Hernández, 1996).
La representación territorial de las iglesias
evangélicas en México es muy diversa. Sin em-
bargo, sólo un reducido número de ellas ha lo-
grado mantener una presencia nacional con una
actividad que ha sido consolidada a lo largo de
varias décadas (ibidem, 2007). En la frontera
norte, al igual que en otras regiones de Méxi-
co, el crecimiento de las iglesias protestantes
históricas se ha visto detenido. En ciudades co- _
moMonterrey , Matamoros y Nuevo Laredo, la
iglesia Bautista ha seguido perdiendo adeptos y
la may or_parte de sus congregantes rebasan y a la
edad de 40 años. En Tijuana y Ciudad Juárez,
muclas iglesias bautistas se han visto obliga-
das a utilizar los métodos de las pentecostales,
a fin de hacerse más atractivas para todo tipo
de público, principalmente los jóvenes, y ello les
ha posibilitado un crecimiento en el número de
congregaciones. La iglesia Presbiteriana sólo
tiene una presencia importante en localidades
del norte de Tamaulipas, entre ellas Matamo-
10 0
98
96
94
92
90
88
86
84
82
80
ros, cuna histórica de ésta en México. En años
recientes, la Iglesia Nacional Presbiteriana ha
mostrado planes de expansión en ciudades lo-
calizadas al otro extremo de la frontera norte,
como Mexicali y Tijuana.
El cambio más significativo que se puede
observar en el campo religioso fronterizo es el
avance constante de las iglesias pentecostales,
cuy a capacidad de reproducción resulta sor-
prendente. En la región noroeste, las iglesias de
may or crecimiento son: Asamblea de Dios, del
Evangelio Cuadrangular, Apostólica de la Fe en
Cristo Jesús e Iglesia del Evangelio Completo.
En la región noreste sobresalen: la Iglesia Pen-
tecostal Unida de México, Evangélicas Inde-
pendientes e Iglesia del Buen Pastor. Cada una
Nacional
IIIIII Baja Califonia
IN Baja California Sur
Coahuila
Chihuahua
Durango
Nuevo León
Ell Sinaloa
Sonora
RIN Tamaulipas
Fuente: Elaboración propia basada en NEO, Censos de población
6  Las reformas constitucionales a los artículos 3, 5, 24, 27 y 130 emprendidas en 1992 produjeron un cambio sustancial en las rela-
ciones entre el Estado y las Iglesias.
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de ellas tiene un origen distinto y no siempre
existen lazos con otras de Estados Unidos.
En Tijuana podemos observar un rápido as-
censo de las Asambleas de Dios. En 1962, esta
denominación contaba con sólo dos templos en
toda la ciudad, pero para 2006 su número ascen-
dió a 75. Lo mismo sucedió con otras iglesias
pentecostales que extendieron su presencia a
otros espacios localizados al oriente de esta ciu-
dad, restando importancia a la iglesia Católica'.
En el caso de las pentecostales, podemos
observar un alto grado de heterogeneidad,
sobre todo por lo que corresponde a tamaño,
crecimiento y representación territorial. La
separación y cisma entre las iglesias pente-
costales es una práctica constante, de ahí la
dificultad que resulta su clasificación y aná-
lisis. La llamada "periferia pentecostal" está
conformada por pequeñas congregaciones;
muchas de ellas producto de un cisma, y no
logran sobrevivir por mucho tiempo. Estas
organizaciones religiosas tienen una confor-
mación muy diversa.
Si algo distingue a la vida religiosa fron-
teriza es su gran diversidad, que se expresa
en una amplia corriente de iglesias afines a
la cristiandad, la gran may oría de tipo pente-
costal y con diversidad de estilos y formas de
organización. Así, podemos encontrar desde
iglesias con estructuras verticales altamente
burocratizadas, donde sus pastores tienen un
escaso poder de decisión y las mujeres no tie-
nen acceso a ningún cargo de dirección, hasta
otras que poseen una estructura horizontal,
versátil y flexible, en los que las mujeres sí
tienen derecho a ocupar cargos directivos y a
desempeñarse como ministros de culto.
La tendencia hacia la pluralización del
campo religioso fronterizo coincide también
con una clara división entre iglesias de gran
tamaño, bien representadas territorialmente
y con grandes estructuras de organización, e
iglesias, quizá la may oría, con presencia local
y cuy o número de congregantes no supera
las 100 personas (Hernández, ibídem). Pero
también existen otras de tamaño mínimo,
constituidas mediante redes familiares o de
vecinos. Otro aspecto que hace aún más di-
ficil contar con datos confiables acerca de su
membresía, es la alta movilidad de personas
que ingresan y salen de ellas, sobre todo de
las más pequeñas.
En el escenario pentecostal, pero sobre todo
en el neopentecostal, siguen dominando los li-
derazgos de tipo carismático. Las personalidades
fuertes, que afirman tener poderes o cualidades es-
pecíficamente excepcionales, continúan conquis-
tando la fe y el corazón de cientos y hasta miles de
personas. En el norte de México podemos encon-
trar varios ejemplos de estos lideres carismáticos,
como Roger T.Wolcott (Castillo del Rey ); Víctor
Richards (Vino Nuevo); Fermín García (Unidad
Cristiana de México) y Aurelio Arrache (Amis-
tad Cristiana de Mexicali), entre otros.
En ciudades capitales, como Monterrey , han
surgido nuevas iglesias evangélicas que han ge-
nerado una verdadera revolución en los métodos
de evangelización y en las formas de recluta:-
miento de nuevos miembros. Desde su arribo a
esa ciudad, en 1980, Roger T. Wolcott, creador y
fundador de Castillo del Rey , rompió con los es-
quemas establecidos por otras iglesias. La forma
ecléctica de presentar y llevar a cabo los servi-
cios religiosos, junto con la mezcla de activida-
des como aplaudir, bailar y cantar, hizo que sus
reuniones resultaran atractivas. Su gran carisma,
aunado a sus dotes histriónicas, hizo de Wolcott
un personaje que atrajo a un gran número de vi-
sitantes, entre niños, jóvenes y adultos, todos de
clase media (Hernández, ibidem).
Asistido por un equipo de colaboradores
mexicanos, Wolcott consiguió proy ectar un
7  Las iglesias de mayor expansión en ese mismo año fueron: la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, con 43 templos; y la Iglesia
del Evangelio Cuadrangular de México, con 42 templos.
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movimiento religioso que alcanzaría gran no-
toriedad entre la gente de la próspera Monte-
rrey (Zapata, 1990: 203). Además, los espacios
de intervención social de esta Iglesia se fueron
ampliando, de manera que al movimiento tam-
bién fueron incorporados empleados y obreros.
Dicha experiencia muestra otro de los rostros de
los cambios que de manera reciente han tenido
lugar en el campo religioso del norte de México.
La imagen que se tenía acerca de las iglesias
cristianas evangélicas como aglutinadoras de
pobres y marginados ha ido cambiando. En el
caso de la frontera norte dichas sociedades reli-
giosas no sólo se inclinan por los estratos socia-
les de menor ingreso, sino que se incorporan a
ellas personas de otros estratos (Jaimes, 2006).
La opción de trabajar con los pobres y margi-
nados, sin embargo, no es extensiva a todas las
denominaciones evangélicas. Por ejemplo, los
bautistas trabajan preferentemente con personas
de bajos ingresos y los metodistas se concentran
en zonas de clase media. Iglesias pentecostales
de viejo cuño, como la Iglesia Apostólica de la
Fe en Cristo Jesús, se encuentran presentes en
zonas marginadas y áreas residenciales de re-
ciente creación.
En todas las ciudades fronterizas son co-
munes el hacinamiento y los cinturones de
miseria, el equipamiento urbano de algunas
de esas ciudades muestra grandes rezagos.
Existen iglesias y organizaciones misioneras
que se encargan de la construcción de casas para
familias de escasos recursos, manejan dispensa-
rios médicos y clínicas con servicios a bajo costo
o gratuitos, asumen labores de enseñanza o fun-
cionan como gestores ante el gobierno para la
provisión de algún servicio público. Asimismo,
existen otras que se dedican de forma habitual a
repartir despensa, ropa y comida a familias po-
bres, indigentes y niños de la calles. Otro núme-
ro de iglesias ha ampliado sus actividades para
atender a personas con problemas de adicción a
las drogas y al alcohol.
La idea de que las iglesias evangélicas se si-
guen sosteniendo gracias a la ay uda financiera
de organizaciones misioneras estadounidenses,
es una vieja tesis que durante mucho tiempo
ha sido apoy ada por la iglesia Católica. Los
estudios sociográficos realizados por El Cole-
gio de la Frontera Norte a finales de 1980 en
varias ciudades fronterizas demostraron que la
inmensa may oría de las congregaciones evangé-
licas se mantenían gracias a la ay uda directa de
sus miembros. De la misma forma, el inventario
de organizaciones no católicas, hecho en 2002
por José Luis Molina, en Mexicali, vino a corro-
borar esa afirmación.
Provenientes de Estados Unidos, los testi-
gos de Jehová, mormones y adventistas han lo-
grado construir importantes enclaves en varios
países de América Latina, entre los que figura
México. El crecimiento de los Testigos de Jeho-
vá en territorio mexicano resulta sorprendente,
como lo demuestran los datos del último censo
de población. En Sinaloa y Baja California, han
mostrado gran habilidad para cubrir pequeñas
localidades y grandes ciudades. En Baja Califor-
nia, los llamados Salones del Reino han sufrido
una transformación radical, para convertirse en
locales modernos y funcionales. En el año 2000,
éstos aglutinaban a cerca de 50 000 personas.
Los mormones, por su lado, han cambiado su
estrategia de proselitismo, pues desde hace al-
gunos años ampliaron su universo de trabajo
misionero para incluir a los sectores populares
urbanos o de menor ingreso. En ciudades como
Tijuana se observa un rápido crecimiento de es-
te grupo, con la construcción de 24 modernas
capillas y canchas deportivas en zonas residen-
ciales y barrios populares.
8  V ale la pena señalar que existe una corriente de iglesias evangélicas, entre ellas Las Asambleas de Dios, que no recuren al uso de
prácticas asistencialistas o de socorros mutuos; incluso ven con enorme rechazo la utilización de este tipo de prácticas, pues la
consideran una práctica anglosajona, que no siempre llega a arrojar buenos resultados.
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En México, los Adventistas han concen-
trado su may or esfuerzo en atender a co-
munidades rurales, realizando de manera
paralela labores de evangelización, acciones
educativas y de asistencia médica. En la fron-
tera norte la presencia de los adventistas es
poco perceptible, salvo en algunas localidades
del estado de Nuevo León, como Caderey ta y
Montemorelos.
Para concluir
La región norte es un espacio heterogéneo en
donde alternan regiones con acentuados pro-
cesos de diversificación religiosa con localida-
des en donde la presencia del catolicismo es
predominante. Esta heterogeneidad puede ser
comprendida como parte de una historia com-
partida, en donde los caminos de la conquis-
ta y colonización fueron creando, en algunos
casos, enclaves de catolicismo hegemónico,
mientras que en el resto del territorio se per-
filó progresivamente un catolicismo may orita-
rio, más abierto al cambio. De esta manera, la
geografía actual de la diversidad religiosa, aún
hoy , permite ver en claroscuro los éxitos y los
fracasos de la empresa colonial. Mientras que,
en las regiones en donde hubo asentamientos
coloniales exitosos se mantiene cierta hege-
monía (actualmente se observa elevados por-
centajes de adscripción al catolicismo), en las
localidades que surgen y se desarrollan por el
crecimiento industrial así como la migración
interna correspondiente, se presenta una diver-
sificación religiosa más acentuada.
Pero hay , además, al menos otros dos ca-
sos que completan el panorama de la región
norte actual. Por una parte, el de las regiones
con una especificidad étnica acentuada —los
espacios en donde se asientan las comunida-
des menonitas, y la región del sur de Chi-
huahua, colindante con Sinaloa y Durango,
por citar dos casos— que presentan también
comportamientos diferenciados en lo relati-
vo a las adscripciones religiosas. Y por otra,
el de las áreas rurales, marcadas en su ma-
y oría por un ecosistema de desierto, con po-
blaciones poco numerosas y aún sumamente
dispersas por los vastos territorios norteños.
En ambos casos la experiencia religiosa de
sus habitantes dista mucho de ser aprehen-
sible mediante análisis cuantitativos de sus
adscripciones religiosas, pues es la población
misma la que sigue marcando la geografía de
lo posible y lo imposible en buena parte del
norte de México.
246
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Considerac ores finales


Alberto Hernández y
Carolina Rivera

os trabajos presentados en el libro
Regiones y religiones en México re-
velan un esfuerzo de sus autoras y
autores por identificar la relación
entre dinámicas nacionales, regio-
nales, estatales y locales, así como las implemen-
tadas por las instituciones y creencias religiosas
de los actores sociales. Nuestra intención fue si-
tuar procesos históricos, económicos y cultura-
les del campo social, cómo éstos impactan en los
campos religiosos y , a su vez, cómo los proy ectos
religiosos se insertan en los procesos sociales de
gran escala. Las religiones y religiosidades están
inmersas dentro de las estructuras de la historia
y las políticas contemporáneas. Desde esa pers-
pectiva, en este libro nos acercamos a analizar
las transformaciones sociorreligiosas emergen-
tes a partir de regiones construidas, como herra-
mienta metodológica, y que van de la mano con
los cambios sociales del contexto social amplio.
Ese interés nos situó en una estrategia metodo-
lógica de ir de lo global a lo local y viceversa;
el uso de técnicas y fuentes diversas, así como
el desarrollo del ejercicio etnográfico estuvieron
en primera línea para construir los resultados
que ofrecemos ahora.
A la par de la transformación en marcos
socioestructurales registramos el papel que
los actores locales construy eron y perfilaron
en una labor misionera de predicación que en
casos particulares fue más eficiente que la de-
sarrollada por los propios ministros eclesiásti-
cos. Por otro lado, se muestra un intento de
explicar la relación entre la conformación de
las estructuras políticas y de la particularidad
económica, esto, con la instauración de credos
no católicos específicamente.
Es obvio que el resultado de las investigacio-
nes es, como todo trabajo, inacabado e irresuelto,
pero creemos que es una de las maneras de cons-
truir aportaciones colectivas, las cuales esperamos
nos permitan dialogar, pero también comunicar,
con un público amplio sobre las formas en que
se ha construido históricamente la fascinante y
legítima diversidad religiosa de México.
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En cada sección regional sugerimos una
breve introducción que ay udará al lector a
identificar rápidamente los escenarios que se
le presentarían, creímos, de alguna manera,
que ello contribuiría a leer el texto de forma
separada, aunque aspiramos a más. Estas bre-
ves introducciones nutrieron a la introducción
general de la obra.
Es interesante notar las similitudes que
presentan los estados fronterizos del país en
cuanto al comportamiento mostrado en el
cambio religioso. Pese a las enormes diferen-
cias estructurales, culturales, físicas y carac-
terísticas generales que presenta la población
de ambas fronteras, norte y sur, podemos ver
comportamientos similares en cuanto a la
adscripción religiosa, particularmente a partir
de la década de los años setenta del siglo pa-
sado. Los rasgos de comparación no siempre
son los ideales, sin embargo, una característica
común es el despoblamiento que vastos terri-
torios de esas regiones presentaron histórica-
mente, razón por la cual, en su momento, los
gobiernos federales se preocuparon por poblar
las fronteras; en el norte para demarcar límites
nacionales ante un país vecino que también
tuvo francos territorios vacíos y donde hasta
el período independiente las líneas fronterizas
no tuvieron la connotación de Estados nacio-
nales como las conocemos actualmente. En la
frontera sur, donde la impronta cultural ma-
y a y el distanciamiento de la iglesia Católica
no tuvo capacidad de cobertura, se presentan
escenarios particulares. Efectivamente, como
en el norte, esta región también fue objeto de
políticas colonizadoras con la finalidad de am-
pliar las fronteras agrícolas y de poblamiento
a través de la creación de nuevos centros de
población ejidales, sobre todo en extensos
territorios de Chiapas, Campeche y Quinta-
na Roo. En éstos, la diversidad de credo, so-
bresaliente desde la década de los setenta, ha
marcado la recomposición de lo religioso re-
presentado principalmente por una diversifi-
cación sin precedente en su historia moderna.
Si bien, esta realidad se da en todo México y
América Latina, en estas regiones es notoria
la progresión de los grupos protestantes tanto
históricos como pentecostales, pero también
de los bíblicos no evangélicos, como los tes-
tigos de Jehová y adventistas del séptimo día,
así como el resurgimiento de nuevas expre-
siones indígenas de vieja data, aunque con un
discurso reetnizado.
A la par detectamos, como mencionamos
líneas arriba, el impulso a programas de desa-
rrollo gubernamentales en nichos particulares
regionales. La explotación petrolera, el impul-
so a la industria del turismo y a la infraestruc-
tura acompañaron los procesos de crecimiento
demográfico. De igual manera, en la región
golfo se nota claramente la correlación entre
el llamado desarrollo regional, impulsado so-
bre todo desde la década de los setenta, con el
crecimiento de ciudades y aumento de la masa
trabajadora, los cuales llegaron de la mano con
credos protestantes, evangélicos y de los llama-
dos bíblicos no evangélicos, mismos que con-
tribuy eron a configurar el escenario religioso.
Los nuevos mapas religiosos se alteraron
drásticamente desde esa década: la casuística
referida en los trabajos muestra cómo el cato-
licismo estaba cediendo espacios a los evan-
gélicos pentecostales y más tarde a los testigos
de Jehová y adventistas del séptimo día. Entre
el período de 1970 a 1990 la configuración
del mapa religioso mexicano mostró cambios
significativos, sobre todo en los estados fron-
terizos del país, pero aun en aquellos donde
la iglesia Católica formó su bastión más pre-
ciado. A menudo surge la pregunta si la igle-
sia Católica ha "perdido" feligresía en todas
las regiones, o se trata sólo de reacomodar la
adscripción en territorios donde no afianzó
una evangelización efectiva antes; de ser es-
to último, no estaríamos refiriéndonos a una
"pérdida", pues para perder algo, primero debe
ser propio, y los trabajos del norte y sureste
indican que en muchas regiones la iglesia Ca-
tólica no logró apropiarse cabalmente o no
logró instaurar tradiciones religiosas apegadas
a su credo.
Los estados del pacífico, Oaxaca y Guerre-
ro, aunque incluidos en la región sureste mos-
trando sus propias dinámicas, presentan polos
de concentración católica en medio de protes-
tantismos de diverso cuño, pero también de
expresiones usocostumbristas de gran vigen-
cia, al igual que en Yucatán, Quintana Roo y
Chiapas. En Oaxaca destacan los catolicismos
en torno a la Arquidiócesis de Oaxaca, en la
Diócesis de Huajuapan y Juquila. En cambio,
en la zona de la costa se muestra un aumento
de predilección por credos evangélicos. En el
capítulo se expone las causantes estructurales
que ay udan a entender la diversidad en prefe-
rencias religiosas de la población.
Guerrero, en cambio, se asemeja más a las
dinámicas de sus vecinos Puebla y Michoacán,
en cuanto a catolicidad se refiere. Las autoras
de este análisis corroboran la tesis que atraviesa
el libro: La división regional interna en cuanto
a su comportamiento religioso rebasa las fron-
teras de un estado particular para equipararse a
los procesos construidos en los estados vecinos,
y también, que el uso de la división regional sir-
ve como una valiosa herramienta metodológica
para explicar realidades particulares.
La serie de mapas incluidos en la sección
denominada región centro nos permite ob-
servar los cambios crono espaciales en cuanto
a la diversificación religiosa_de esa extensa y
poblada zona geográfica del país, misma que
concentra a un tercio de la población a nivel
nacional. La sede de los poderes políticos ha
sido a lo largo de varios siglos uno de los ba-
luartes indiscutibles para la iglesia Católica.
A partir de 1980, los habitantes de la capital
iniciaron un cambio gradual en sus preferen-
cias religiosas. A pesar de la predominancia
de crey entes católicos, uno de los factores que
contribuy en a la diversidad religiosa es la hete-
rogeneidad de los habitantes de la Ciudad de
México, la cual contribuy e a un multicultura-
lismo que hace posible la convivencia con las
minorías y permite el desarrollo de adscripcio-
nes religiosas ajenas al catolicismo. El caso de
Puebla es contrastante frente al de la capital
del país y el de otras entidades vecinas, y a que
continuó como un bastión del conservaduris-
mo religioso católico, a diferencia de Morelos,
Hidalgo y la propia Ciudad de México.
Es importante destacar el papel de la et-
nicidad en la diversidad religiosa dentro de
este contexto, y a que tanto en Distrito Fede-
ral, como en el Estado de México y Puebla, se
vuelve evidente que las personas que se iden-
tifican como indígenas presentan un may or
número de miembros de minorías religiosas.
A su vez, se advierte que la disidencia religio-
sa, sobre todo en iglesias pentecostales, es un
elemento atractivo para los crey entes de ori-
gen indígena.
Si bien es claro que las conversiones a otras
religiones son más frecuentes entre indígenas,
tampoco se debe considerar que todos ellos
desean abandonar sus sistemas de creencias.
Una prueba clara, según lo- señalado por Car-
los Garma en esta obra, es la persistencia de
-  _
los cultos a los volcanes sobre todo en More-
los, Puebla y Tlaxcala. Asimismo, cabe señalar,
que la llamada "teología indígena" que existe
en otras partes de la nación, como una opción
pastoral católica, simplemente es inexistente
en el centro del país.
Los casos de Tlaxcala y Morelos muestran
que el proceso de desetnificación es en sí neu-
tral con respecto a la diversidad religiosa. El
cambio religioso en localidades que han dejado
de ser indígenas va a depender de la presencia
de otros factores. La pérdida de una identidad
étnica no implica necesariamente una may or
disposición a la adopción de nuevos credos.
Hidalgo nos ofrece otros puntos de contras-
te. Siendo una entidad con presencia de iglesias
protestantes de vieja data, hoy el crecimiento
evangélico se hace evidente en las comunidades
indígenas y no así en las localidades urbanas de
may or tamaño poblacional. En comunidades
indígenas de ese estado se han registrado casos
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de violencia exacerbada en contra de personas
que se han convertido a la fe evangélica, en
tanto que existen nuevos acomodos y arreglos,
donde la variable étnica es una pieza funda-
mental para comprender los modos de convivir
con la diferencia religiosa y asumirla, así como
la articulación social entre grupos religiosos en
un mismo espacio territorial.
El Estado de México representa aspectos
interesantes en cuanto al cambio religioso. Los
municipios de may or tamaño poblacional de
esa entidad (Nezahualcóy otl, Ecatepec, Tlal-
nepantla, Chalco, etc.), continúan siendo re-
ceptores de fuertes contingentes de población
inmigrante, a su vez, éstos representan zonas
emergentes de diversificación religiosa, marca-
da por la presencia de evangélicos y testigos
de Jehová. Junto con ello existe una amplia
cantidad de pequeños poblados y localidades
rurales, donde la religiosidad popular católica
se mantiene cohesionada o es muy sólida.
En lo que respecta al centro occidente, la
permanencia del catolicismo se evidencia en
los altos porcentajes de adscripción así como
su longeva presencia en cuanto a los proce-
sos de evangelización y articulación regional.
La diversidad de las preferencias religiosas
es notoria, al norte y al este de la región, de
larga data y relacionada con la presencia in-
dígena, y al sur y costa oeste, más reciente y
relacionada a los nuevos impulsos económicos,
pero sin pluralizar necesariamente las prefe-
rencias religiosas de manera significativa. La
concentración de población no católica se
registra may ormente en los municipios de la
zona metropolitana de Guadalajara, en las ca-
pitales de los estados y en zonas turísticas y
de alta recepción de inmigrantes. Por último,
se advierte un cambio notable en el contexto
religioso del bastión católico, por un lado se
distingue una labor misionera constante y ex-
pansiva de distintas organizaciones religiosas y ,
por otro la "inexpugnabilidad" del monopolio
religioso católico, el cual se interpreta en rela-
ción con debilidades "originales" en el modelo
colonizador-evangelizador, la marginación de
territorios y poblaciones, así como las trans-
formaciones sociales y económicas que han
contribuido a erosionar la estructura regional
creada y vigente durante siglos, y que ahora
abre la posibilidad para reflexionar sobre nue-
vas articulaciones en este contexto regional.
Las entidades que conforman la región cen-
tro norte guardan entre sí ciertas semejanzas
de carácter histórico, económico y social. En
todas ellas el porcentaje de población que ha
inmigrado hacia Estados Unidos es conside-
rable. Aguascalientes, Guanajuato y Zacatecas
comparten su condición de ser las entidades
con may or porcentaje de católicos de todo el
país. Se trata de entidades con fronteras rígidas
en cuanto al cambio religioso, pero la que más
se aparta de este comportamiento es San Luis
Potosí. El caso de San Luis Potosí vuelve a ser
representativo de cómo el factor étnico puede
ser una variable sobresaliente para explicar los
procesos de transformación religiosa ocurridos
en una entidad de fuerte arraigo católico. La
presencia de evangélicos es notoria en zonas
indígenas y muestra cómo la cercanía de estas
zonas con el norte de Veracruz y el estado de
Hidalgo indican un factor de contagio, crean-
do microrregiones que actúan como elementos
difusores de otras expresiones religiosas.
La región norte representa un extenso te-
rritorio del país; durante mucho tiempo ésta
se mantuvo aislada y con núcleos poblacio-
nales reducidos, a excepción de las llamadas
capitales provinciales. Los colonizadores en-
contraron escasos recursos explotables, así
como escasez, dispersión y alta movilidad
de la población indígena, lo que implicó un
obstáculo may or en el proceso de conquista
espiritual. Ello indica que el proceso evange-
lizador fue tardío y disímil.
El trazo de la nueva frontera de México
con Estados Unidos, a mediados del siglo mx,
implicó un lento pero constante proceso de
poblamiento de la región norte, misma que
se vió favorecido por los procesos de explo-
254
tación minera, el fomento de las actividades
comerciales y la llegada del ferrocarril. El
arribo de las primeras sociedades misione-
ras protestantes a México tuvo como punto
de contacto inicial a diversas localidades del
norte del país. Dichas sociedades misioneras
emprendieron un modelo de difusión que te-
nía como vector el establecimiento de nuevos
núcleos de congregantes, frente a una iglesia
Católica con escasa capacidad de movilidad.
Su feligresía demostró desde muy temprano
sobrellevar un catolicismo nominal con esca-
so apego a la práctica religiosa.
A partir de mediados del siglo XX la región
norte generó una amplia transformación de su
estructura productiva y tuvo lugar un acelera-
do proceso de urbanización, mismo que fue
acompañado por la llegada de población inmi-
grante de todas las entidades del país. El pro-
ceso de urbanización favoreció el surgimiento
de nuevas expresiones religiosas.
Otro caso que permite visualizar la diver-
sidad religiosa en la región norte se encuentra
al sur de Chihuahua, donde se identifica mu-
nicipios de inclinación indígena colindantes
con los del sur de Sonora, también de mar-
cada presencia indígena y que en las últimas
décadas se han distinguido por su pronunciado
no religioso, al presentar junto con el norte de
Sinaloa y el noroeste duranguense, los porcen-
tajes más bajos a nivel nacional de población
sin religión.
En cuanto a localidades de la región norte
donde el catolicismo es más acentuado, convie-
ne destacar que corresponden, en términos ge-
nerales, a aquéllas en donde la iglesia Católica
logró un arraigo más estable desde tiempos de
la Colonia.
En síntesis, el escenario religioso mexicano
ha seguido una tray ectoria caracterizada por
una correlación de fuerzas históricas, sociales y
económicas generales, a la vez que los proy ectos
de instituciones religiosas y las creencias de las
personas, y cómo las adaptaciones internas ejer-
cen su impacto reforzando y suplementando esas
tendencias de la historia, que van mucho más allá
de los confines del campo estrictamente religioso.
Se examinó lo religioso dentro de una démarche
más amplia de la historia y de la política con-
temporánea, particularmente la que se inaugura
en el tiempo posrevolucionario que es cuando se
impulsa con otras perspectivas las grandes trans-
formaciones demográficas, económicas y socia-
les en México. En consecuencia, coincidimos
con Segato (2008), concluimos con que se partió
del convencimiento de que los agentes religio-
sos han sido influenciados por las tendencias de
la cultura política de una época, y las elecciones
entre alternativas internas del campo religioso se
articulan a una gramática particular.
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QUIN  I A PAR  I E
Reg cres de a e mageres
de espac os y grao cas ig osas
de V ex cc) con-eTporweo
Introducción
Alberto Hérnandez
1 presente capítulo tiene como
objetivo brindar al lector un pa-
norama visual de algunos de los
espacios y prácticas que articulan
 la diversidad religiosa del México
contemporáneo. Autores como Patricia Arias
(2003:89), han señalado cómo la "geografía
mexicana, especialmente lo que se refiere a la
región centro-occidente del país, está poblada
de santuarios surgidos al calor de la devoción
y la fama que cobraron imágenes —femeninas y
masculinas, pintadas y de bulto— a lo largo de
la historia, primero novohispana, más tarde re-
publicana". Dichos espacios han sido un factor
clave para la devoción católica y con el tiempo
dieron lugar a centros de peregrinación que reci-
ben a miles de fieles año con año. La importan-
cia de estos afamados y concurridos santuarios
se ha mantenido, pero advertimos el surgimien-
to de nuevos espacios devocionales y manifesta-
ciones de culto alejados de la fe católica.
La fotografía, el video y el cine documental,
han pasado a convertirse en unas útiles herra-
mientas para el análisis etnográfico, lo mismo
que para otras disciplinas de las ciencias socia-
les. Dichas herramientas nos permiten aguzar
los sentidos respecto de la presentación y di-
vulgación de las formas en que distintos actores
sociales articulan sus ideas y prácticas cotidia-
nas en torno al fenómeno religioso. La cámara
se convierte así en una especie de testigo que
se sumerge en el trasiego de la vida del crey en-
te, sus emociones y exaltaciones de fe. Se trata
de una realidad marcada por espacios masivos
y perennes, así como personales, igualmente fu-
gaces y móviles.
Este recorrido que se presenta a continuación
quedó integrado por imágenes captadas por re-
conocidos fotoperiodistas pertenecientes a las
agencias Associated Press (AP) y Reuters, así co-
mo por el coordinador del archivo fotográfico de
El Colegio de la Frontera Norte, quienes, debido
a su formación y experiencia, abordan el fenóme-
no religioso desde una visión íntima y compro-
metida, mostrando no sólo una documentación
fotográfica de lugares y prácticas, sino revelando
su grado de involucramiento perceptivo entre lo
que retratan y lo que la gente manifiesta creer.
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Esta característica les permitió hacerse partíci-
pes directos en peregrinaciones y rituales lleva-
dos a cabo en sitios de difícil acceso o de ingreso
restringido para los no crey entes, brindándonos
imágenes de sumo valor al tratar de comprender
la diversidad religiosa en el México de hoy .
El capítulo inicia con la expresión de lo cató-
lico como un referente de permanencia e influen-
cia persistente dentro de nuestro actual mapa
religioso; la presencia de religiosas católicas en la
plancha del Zócalo de la Ciudad de México ba-
jo el cobijo de una imponente bandera nacional,
imagen capturada por Eduardo Verdugo, sirve
para ilustrar cómo un espacio público tan simbó-
lico puede convertirse igualmente en escenario
para una celebración como la del Corpus Cristi;
la tradición votiva del mexicano se hace presente
en la romería dedicada a la Virgen de Zapopan
y la reciente introducción de grupos de conche-
ros, así como la presencia de dos símbolos por
excelencia de la perla tapatía: la Catedral y los
mariachis de Guadalajara.
La fiesta del Día de muertos en la isla de la
Pacanda, Michoacán, el Pud'shcu (Semana Santa
cora), y la conmemoración de la pasión de Cristo
( Jueves Santo) en una comunidad indígena de
Los Altos de Chiapas, son expresiones de los
espacios y prácticas que prevalecen en festejos y
rituales de los pueblos indígenas de nuestro país.
Aunque no es fácil que los na'y are (coras) acep-
ten observadores y menos que se tomen fotogra-
fías o materiales fílmicos, el fotógrafo Guillermo
Arias logra introducirse en dicha celebración
para ofrecernos un rico material fotográfico, lo
mismo sucede con el seguimiento que hace de
la cacería del pey ote (Hikuri) a lo largo del via-
je realizado por indígenas huicholes hacia zonas
semidesérticas de los estados de Zacatecas y San
Luis Potosí. Esta primera parte cierra con una
imagen en la Plaza de la Liberación en Guada-
lajara, donde miles de devotos expresan su cons-
ternación por el fallecimiento de Juan Pablo u.
La idea de que los santuarios "nacen en lu-
gares alejados de las poblaciones, lo cual favore-
ce la peregrinación"' se verá contrastada con la
creación de templos y centros de culto en con-
textos urbanos, así como espacios cerrados don-
de lo privado es parte sustancial de sus formas
de expresión religiosa.
La comunidad amurallada de La Nueva
Jerusalén, localizada en Turicato, Michoacán,
ilustra un ejemplo de espacio cerrado. El acceso
a maestros, médicos, funcionarios de gobier-
no e incluso policías, estuvo prohibido y a que
ésta se regía por sus propios cánones y reglas.
El ingreso del fotoperiodista Miguel Tovar fue
particularmente especial pues permitió captar
imágenes inéditas de la vida cotidiana de esta
comunidad, así como capturar los momentos de
la agonía de Papá Nabor, líder espiritual y fun-
dador de La Nueva Jerusalén.
Por su parte, Tomás Bravo, quien nos pre-
senta imágenes del santuario dedicado al Ni-
ño Fidencio, localizado en un árido espacio de
Nuevo León, al cual, desde los años treinta del
siglo xx llegan peregrinos en busca de bienes-
tar y salud. Dicho santuario recibe durante dos
épocas al año a cientos de peregrinos, quienes
son recibidos por los llamados "sacerdotes ca-
jitas", y sumergidos en la poza donde Fidencio
curaba a los enfermos.
El culto a Jesús Malverde se ha extendido
por diversos lugares del noroeste del país y sus
devotos le piden todo tipo de favores. De pro-
tector de narcotraficantes, Malverde pasó a ser
una figura socorrida. Lo mismo al lado de la
Virgen de Guadalupe que del Sagrado Cora-
zón, hacía cumplir aquello que se le clamaba.
Guillermo Arias se hizo presente en la llama-
da Catedral de Malverde, situada a escasos pa-
sos del Palacio de Gobierno en la ciudad de
Culiacán, Sinaloa, y a su vez capturó imágenes
1  V argaslugo, 1996:83. Citado por Patricia Arias, "Exvotos y especialidad en el siglo xix. La apropiación social de una práctica misione-
ra", en Miguel J. Hernández Madrid y Elizabeth Juárez Cerdi (edits.), Rel igión y Cu l tu ra, México, comcn/Conacyt, 2003, p. 89.
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de la devoción que le brindan en los centros
penitenciarios de Nay arit.
Adicionalmente, Alfonso Caraveo nos
muestra una imagen de la devoción a Juan Sol-
dado, cuy a tumba y centro de culto se localiza
en el panteón municipal número 2 de la ciudad
de Tijuana. De protector de reos injustamente
culpados, los méritos de Juan Soldado se exten-
dieron para recuperar a personas extraviadas,
curar enfermedades difíciles, recuperar amores
perdidos y proteger a los migrantes en su difícil
y peligroso camino hacia Estados Unidos.
Siguiendo con el recorrido fotográfico, Mi-
guel Tovar se adentra en el corazón histórico de
la Ciudad de México y recoge imágenes del cul-
to a la Santa Muerte. En el barrio de San Anto-
nio Tomatlán se localiza el llamado "Santuario
Nacional a la Santa Muerte" dirigido por David
Romo y exsacerdotes católicos, los cuales for-
man parte de la iglesia Católica Tradicionalista
Mex-usA. Además de este santuario, existen en
la capital múltiples espacios donde se venera y
se rinde culto a la Santa Muerte. La forma más
tradicional es la colocación de altares o capillas
instaladas en plena vía pública, como el dirigido
por Doña Queta, en el populoso barrio de Te-
pito. En torno a la Santa Muerte se encuentra
una amplia iconografía representada a través de
vistosos escapularios, esculturas, tatuajes, play e-
ras y veladoras.
El notable incremento de la población
evangélica en algunos estados del país ha pro-
piciado el surgimiento de numerosos templos
y centros de culto. Pequeños o grandes, ricos o
pobres, lo mismo que propios o rentados, es-
tos espacios son una expresión más de la di-
versidad religiosa que hoy se vive en nuestro
país. En estados como Chiapas los evangélicos
constituy en más de un tercio de la población
haciendo visible su presencia en diferentes
contextos; son constantes sus manifestaciones
en espacios públicos, sus expresiones de gozo
y de júbilo. Las peticiones particulares de los
presentes para familiares, enfermos, amigos,
desempleados, entre muchos otros, quienes no
pudieron asistir a orar esa tarde o algún otro
día de la semana, muestran testimonio de su
compartida e inquebrantable fe. En este caso
el fotógrafo Eduardo Verdugo nos presenta
imágenes de dicho entorno religioso.
La ciudad de Guadalajara es otro más de
los escenarios donde figura la diversidad re-
ligiosa. Esta ciudad es sede de la iglesia La
Luz del Mundo y los adeptos a ella han visto
incrementar su feligresía de manera notable.
A su vez, encontraremos esta expresión de
corte evangélico dentro de un contexto pre-
dominantemente católico con fotografías que
muestran algunas prácticas de esta comuni-
dad religiosa.
Por otro lado, se advierte que el modo perso-
nal de vivir la fe por los mexicanos se encuentra
cada vez más distante de las formas institucio-
nalizadas, produciendo con ello una suerte de
catolicismo difuso, extraeclesial, fluctuante y
volátil (Champion, 1995:709-724). Se puede
ser católico guadalupano, lo mismo que budista
o practicante de otra religión, y estar presente
en la ceremonia del equinoccio de primavera en
la pirámide del sol en Teotihuacán.
Por todo ello, pensar que las religiones y las
expresiones religiosas tienen fronteras es algo
irreal. Si bien las nuevas búsquedas espirituales en
la transformación religiosa parten de escenarios
disímiles, confluy en en las problemáticas sociales
que aquejan a determinados espacios, como es el
caso de la inseguridad vivida en la frontera de
Tijuana-San Diego, donde por medio de la ora-
ción y la meditación hay quienes buscan atenuar
la severidad del conflicto. La imagen de y oga en
la frontera ejemplifica el lazo espiritual como
una característica de la nueva realidad.
Así pues, a lo largo de este recorrido foto-
gráfico se pretende brindar un enfoque parti-
cular tanto de espacios como de prácticas que
articulan el escenario religioso del México ac-
tual, el cual, a pesar de no reunir la totalidad de
las expresiones espirituales de hoy , es una valio-
sa muestra de la diversidad religiosa que poseen
las distintas regiones de nuestro país.
261
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Romería V irgen de Zapopan, Zapopan, Jalisco. Fotografía: Guillermo Arias.
Concheros celebrando romería V irgen de Zapopan, Zapopan, Jalisco. Fotografía: Guillermo Arias.
Ceremonia por el fallecimiento de Juan
Pablo  Plaza de la Liberación, Guadalajara,
Jalisco. Fotografía: Guillermo Arias.
Festejo de aniversario de la fundación de Guadalajara frente la catedral, Guadalajara, Jalisco. Fotografía: Guillermo Arias.
Celebración Día de Muertos en isla de la Pacanda, Michoacán. Fotografía: Guillermo Arias.
Celebración de Puá shcu (Semana Santa Cora), sierra de El Nay ar, Nay arit. Fotografía: Guillermo Arias.
Marakame huichol en la peregrinación Hikuri (caza de
pey ote), frontera de San Luis Potosí y Zacatecas.
Fotografía: Guillermo Arias.


Procesión de indígenas Coras, Puá shcu (Semana Santa),
Sierra del Nay ar, Nay arit. Fotografía: Guillermo Arias.
Feligresía en la comunidad amurallada de La Nueva Jerusalén,
Turicato, Michoacán. Fotografía: Miguel Tovar.
Niño en los festejos de La Nueva Jerusalén,
Turicato, Michoacán. Fotografía: Miguel Tovar.
ADRE PECADOR IN
ME AMARAS A MI.
ABORRECE A MI MADRE
YO TE ABORRECERE A
PARA SIEMPRE.
Exvotos dedicados a la V irgen del Rosario, La Nueva Jerusalén, Turicato, Michoacán. Fotografía: Miguel Tovar.
Papá Nabor en
víspera de
su muerte,
fundador de La
Nueva Jerusalén,
Turicato,
Michoacán.
Fotografía:
Miguel Tovar.
Altar al Niño
Fidencio, Espinazo,
Nuevo León.
Fotografía:
Tomás Bravo.
Ritual de sanación, Santuario del
Niño Fidencio, Espinazo, Nuevo León.
Fotografía: Tomás Bravo.
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Rituales de sanación, Santuario del Niño Fidencio, Espinazo, Nuevo León. Fotografía: Tomás Bravo.
Altar a Juan Soldado. Panteón municipal #2. Tijuana, Baja California. Fotografía: Alfonso Caraveo.
Celebración de culto en el templo a
la Santa Muerte, San Antonio Tomatlán, D.F.
Fotografía: Miguel Tovar.
Celebraciones de culto en el templo a la
Santa Muerte, San Antonio Tomatlán, D.F.
Fotografía: Miguel Tovar.
Capilla de Jesús Malverde, Culiacán, Sinaloa.
Fotografía: Guillermo Arias.
Devotos a Jesús Malverde,
Centro Penitenciario Federal
(CEFERESO), Tepic, Nayarit.
Fotografía: Guillermo Arias.
Crey entes evangélicos en culto de sanación, Altos de Chiapas, Chiapas. Fotografía: Eduardo Verdugo.
Mujeres indígenas en templo evangélico, San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Fotografía: Eduardo Verdugo.
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Ceremonia de bautizo evangélico, Guadalajara, Jalisco.
Fotografía: Guillermo Arias.
Ceremonia, presidida por el líder espiritual
de la Luz del Mundo, Guadalajara, Jalisco.
Fotografía: Guillermo Arias.
Creyente solitaria en oración. Fotografía: Guillermo Arias.
Hombres en oración en templo evangélico, Guadalajara, Jalisco. Fotografía: Guillermo Arias.
Creyentes de diferentes religiones
durante equinoccio de primavera, Pirámide
del Sol, Teotihuacán, Estado de México.
Fotografía: Guillermo Arias.
LIMITE
DE LA
REPLIBLICA
MEXICANA
La destru cción
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de este monu mento
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Yoga binacional en el Parque de la Amistad, Frontera Tijuana-San Diego. Fotografía: Guillermo Arias.
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Sobre los autores

CA RLO S GA RM A N A V A RRO es doctor en Antropología. Se de-
sempeña como profesor-investigador titular en el Depar-
tamento de Antropología de la Universidad Autónoma
Metropolitana de lztapalapa. Es miembro del SNI, nivel 2.
Autor de, entre otros trabajos: Protestantismo en u na co-
mu nidad totonaca. Instituto Nacional Indigenista, México,
1987; B u scando el E sp í ritu , p entecostal ismo en l z tap a-
l ap a y l a Ciu dad de México. Plaza y V aldés/uAly, México,
2004; Protestantismo en el mu ndo may a contemp oráneo
(coeditado con Mario Ruiz). UNAM/UAM, México, 2005,
CRISTIN A GUTIÉRREZ ZUÑIGA es profesora-investigadora del
Programa de Estudios Jaliscienses de la Universidad de
Guadalajara, con sede en el Colegio de Jalisco. Doctora
en Ciencias Sociales. Miembro del SNI, nivel 1. Entre sus
principales publicaciones destacan Congregaciones del
éxito. Interp retación socio-rel igiosa de l as redes de mer-
cadeo en Gu adal ajara. El Colegio de Jalisco/cucsH, 2005;
N u ev os mov imientos rel igiosos, La "nu ev a era" en Gu a-
dal ajara. El Colegio de Jalisco, 1996; y la obra colectiva,
coordinada por Patricia Fortuny, Crey entes y creencias en
Gu adal ajara. México, Conaculta/mn/ciEsAs, 1999,
A LBERTO H ERN ÁN D EZ H ERN ÁN D EZ es doctor en Sociología por
la Universidad Complutense de Madrid. Es profesor-inves-
tigador del Departamento de Estudios de Administración
Pública en El Colegio de la Frontera Norte. Es miembro
del SNI, nivel 1. Participó con José Luis Molina en la elabo-
ración del Catál ogo de rel igiones en México, mismo que
fue utilizado en el xu Censo de Población y V ivienda. De
igual modo formó parte del equipo de investigación del
proyecto "Perfiles y tendencias del cambio religioso en
México", auspiciado por el Conacyt. Entre sus publicacio-
nes más destacadas se encuentran: "Urbanización y cam-
bio religioso" y "Los rostros étnicos de las adscripciones
religiosas", este último en coautoría con Carlos Garma,
ambos artículos en Renée de la Torre y Cristina Gutiérrez
(coords.), A tl as de l a div ersidad rel igiosa en México, ciE sA s/
El Colef/coLmicá (2007); "El cambio religioso en México:
crecimiento y auge del pentecostalismo", en Carolina Ri-
vera y Elizabeth Juárez Cerdi (coords.); Más al l á del esp í ri-
tu . A ctores, acciones y p rácticas en igl esias p entecostal es.
CIESAS/COLMICH (2007); T ransf ormaciones social es y cam-
bio rel igioso en l a f rontera norte de México, Universidad
Complutense de Madrid, Madrid (2006).
ELIZA BETH JUÁREZ CERD I es doctora en Ciencias Sociales con
especialidad en Antropología Social (ciEsAs/UdeG). Es
profesora-investigadora de El Colegio de Michoacán y
miembro del SNI, nivel 1. Entre sus principales publica-
ciones están: ¿D e l a secta a l a denominación? E l caso
de l os p resbiterianos en Y ajal ón, Chiap as. INAH, Colección
Científica, México, (1995); Mi reino sí es de este mu ndo.
El Colegio de Michoacán, (1997); Model ando a l as E v as.
Mu jeres de v irtu d y rebel dí a, El Colegio de Michoacán,
(2006).
O LGA O D GERS es doctora en Sociología por la École de Hautes
Études en Sciencies Sociales, donde sustentó la tesis
Identités f rontal iéres. • Immigrés Mexicains au x E tats-U nis.
Desde 1999 es profesora-investigadora del Departa-
mento de Estudios Sociales de El Colegio de la Fronte-
ra Norte (El Colef), de Tijuana. Entre sus publicaciones
destacan: Identités f rontal iéres: Immigrés Mexicains
au x E tats-U nis, París, LHarmattan (2002); "Movilidades
geográficas y espirituales: cambio religioso y migración
México-Estados Unidos", en E conomí a, Región y Socie-
dad, vol. y, núm. 22, (2006); "Migración e (In)tolerancia
religiosa: aportes al estudio del impacto de la migración
internacional en la percepción de la diversidad religio-
sa", en E stu dios Fronteriz os, núm. 12, (2006); "Cam-
bios religiosos en la frontera norte: aportes al estudio
de la migración y las relaciones transfronterizas como
factores de cambio", en Frontera N orte, vol. xwu, núm.
31, (2006),
CA RO LIN A RIV ERA FA RFÁN es profesora-investigadora del Cen-
tro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropo-
logía Social (casAs). Miembro del SNI, nivel 2. Entre sus
principales publicaciones están: D iv ersidad rel igiosa y
conf l icto en Chiap as, Intereses, u top í as y real idades, en
colaboración con María del Carmen García y Miguel Lis-
bona, México, ciEsAs/uNAm/Gobierno del Estado de Chia-
pas (2005). —Esta obra obtuvo el Premio INAH 2006 Fray
Bernardino de Sahagún, a la mejor investigación—;
Más
al l á del esp í ritu . A ctores, acciones y p rácticas en igl esias
p entecostal es, Carolina Rivera y Elizabeth Juárez, edito-
ras, México, ciEsas/EIColegio de Michaocán (2007);
Vida
nu ev a p ara T arecu ato. Cabil do y p arroq u ia ante l a nu ev a
ev angel iz ación, Michoacán, El Colegio de Michoacán
(1998).
EN RIQUE M A RRO QUÍN ZA LETA
es doctor en Ciencias Sociales
y licenciado en Filosofía Medieval; sacerdote católico y
maestro titular en el Instituto de Formación Filosófica
Intercongregacional de México, con sede en la Universi-
dad Marista La Salle. Entre sus principales publicaciones
están: La contracu l tu ra como p rotesta, Joaquín Mortiz,
México (1975);
La cru z mesiánica. ' A p roximación al
sincretismo de Oaxaca,
Palabra/Instituto de Investiga-
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FELIPE V ÁZQUEZ
Palacios es doctor en Antropología Social
por la Universidad Iberoamericana, profesor-investigador
del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de
Antropología Social del Golfo y miembro del
SNI, nivel 1.
Coautor de
Coop erativ as agrarias y conf l ictos p ol í ticos
,en el su r de Jal isco, UAMI (1985); autor de Protestantis-
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E v angel io. U n estu dio de interacción social (1999); Con-
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v ejez (2003); Historias de gente grande [ video] (2004);
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M A RÍA GA BRIELA GA RREIT
Ríos. Investigadora del Museo
Nacional de Antropología-Subdirección de Etnografía.
Participa en el proyecto "Etnografía de las regiones
indígenas hacia el nuevo milenio", equipo estado de
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sus publicaciones están: "Conflicto religioso e identidad
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Bartolomé (2005) y "'Cuida las cosas que el pueblo te
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es profesora-investigadora adscrita a
la Unidad Académica de Filosofía y Letras de la Univer-
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GaLaviz es licenciada en Historia por la Universidad
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1950-2000". Maestra en Ciencias Sociales por el Cole-
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Regiones y rel igiones en México.
E stu dios de l a transf ormación sociorrel igiosa
Fue producido por Type, Av. V allada 1282, Col. Americana,
C.P.44160, Guadalajara, Jalisco, México y se terminó de imprimir
en Cargraphics S.A. el 29 de junio de 2009.
El cuidado de la edición estuvo a cargo de Type y El Colet.
El tiraje consta de 2 000 ejemplares.
.
BIBLIOTECA
CESAS
PROGRAMANORESTE
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C.I.E.S.A.S.
NORESTE
El lector se obliga a devolver
este libro antes del vencimiento
del préstamo
 
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CESAS

COORDINADORES
ALBERTO HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ
Doctor en Sociología, es profesor-investigador del
Departamento de Estudios de Administración Pública
en El Colegio de la Frontera Norte. Es miembro del
SNI, nivel 1. Participó junto con José Luis Molina en la
elaboración del Catálogo de religiones en México,
mismo que fue utilizado en el XII Censo de Población
y V ivienda; a su vez, formó parte del equipo de inves-
tigación del proyecto "Perfiles y tendencias del
cambio religioso en México", auspiciado por el
Conacyt. Entre sus publicaciones más destacadas se
encuentran: "Urbanización y cambio religioso" y "Los
rostros étnicos de las adscripciones religiosas" este
último, en coautoría junto a Carlos Garma, ambos
artículos en Renée de la Torre y Cristina Gutiérrez
(coords.) A tl as de l a div ersidad rel igiosa en México,
ciEsAs/EI Colef/Colmich (2007). "El cambio religioso
en México: Crecimiento y auge del pentecostal-
ismo", en Carolina Rivera y Elizabeth Juárez Cerdí
(coords.) Más al l á del esp í ritu . A ctores, acciones y
p rácticas en Igl esias p entecostal es, ciEsAs/Colmich
(2007); T ransf ormaciones social es y cambio rel igioso
en l a f rontera norte de México, Universidad Com-
plutense de Madrid, Madrid (2006).
CAROLINA RIV ERA FARFÁN
Doctora en Antropología, es profesora-investigadora
del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores
en Antropología Social (clEsAs). Miembro del SNI,
nivel 2. Entre sus principales publicaciones están:
D iv ersidad rel igiosa y conf l icto en Chiap as. Intereses,
u top í as y real idades (en colaboración con María del
Carmen García y Miguel Lisbona) México,
ciEsAs/uNAm/Gobiemo del estado de Chiapas, 2005.
Esta obra obtuvo el Premio INAH 2006 "Fray Bernar-
dino de Sahagún" a la mejor investigación; más al l á
del esp í ritu . A ctores, acciones y p rácticas en igl esias
p entecostal es
en coedición con Elizabeth Juárez,
México, clEsAs/El Colegio de Michaocán, 2007;
Vida
nu ev a p ara T arecu ato. Cabil do y p arroq u ia ante l a
N u ev a E v angel iz ación,
Michoacán, El Colegio de
Michoacán, 1998.
CIESiIS
Regiones y rel igiones en México es un libro accesible tanto al público en general como especializado en el que se muestra, a
partir de una perspectiva regional, cómo la transformación sociorreligiosa ha experimentado cambios significativos durante los
últimos cincuenta años. Las aportaciones brindadas en los presentes estudios fueron realizadas por antropólogos, sociólogos,
geógrafos e historiadores, que utilizaron el concepto de región como un instrumento metodológico útil que posibilitó establecer
una representación espacial de la situación religiosa a escala municipal. El libro explora las estructuras y relaciones sociales en
que se desarrollan los proyectos religiosos y realiza una aproximación a los grupos e individuos que articulan este escenario,
dando una distribución espacial de los fenómenos religiosos con fronteras menos rígidas.
La obra está organizada en cuatro grandes segmentos o macrorregiones; comenzando su exploración por las regiones
sureste, golfo y pacífico sur, que constituyen la primera parte; en seguida la región centro; luego, una tercera comprendida por
la región centro occidente, la cual, para fines analíticos está dividida en dos, centro norte y centro occidente; para finalizar con
la cuarta y última parte compuesta por las regiones norte y noroeste. Al final del libro se incluye el apartado fotográfico
Regiones de la fe, integrado por imágenes de reconocidos fotoperiodistas y en el que se brinda una muestra de algunos de los
espacios y prácticas que articulan la diversidad religiosa del México contemporáneo.
ri
l l il l El Col egio
de l a Frontera
N orte
EL COLEGIO
DE MICHOACÁN, A. C.
ISBN 978607-479-0054
18607 4
1111 DI
790054
111011
9 7